lunes, 7 de mayo de 2018

BERKELEY EN RETORTILLO, UNA EMPRESA SIN ESCRÚPULOS

Retortillo: matrimonio entre especulación y nuclear

La presencia de Berkeley en Salamanca con el objetivo de explotar una mina de uranio ha despertado un movimiento popular de oposición a la tala de encinas centenarias y a falsas promesas que solo obedecen a la mera especulación financiera, como se desgrana en este artículo que publica hoy elsaltodiario.com y cuya lectura es más que recomendable. Este Lazarillo ha leído el artículo de José Ramón Barrueco Sánchez, además, el día en que advierte que uno de los diarios que más respetaba entre los que se publican en la provincia, La Crónica de Salamanca, no ha podido resistirse al negocio de publicitar a la empresa minera. En La Crónica publicó este Lazarillo algunas colaboraciones espontáneas, no remuneradas y por lo tanto sin más interés que ofrecer opiniones críticas acerca de la actualidad política o cultural, sin sospechar que los objetivos de la publicación se centraban en hacer del periodismo una empresa estrictamente mercantil, donde lo que prima es el negocio, no la profesionalidad ni el compromiso con el objetivo social de la comunicación.
Estas cosas empiezan por publicitar a la empresa, con el consiguiente beneficio económico para el periódico, y acaban por censurar al articulista que critique a la empresa sin cobrar por sus colaboraciones en el medio.

Mina uranio Salamanca 2

El río Yeltes, a su paso cerca de la mina de uranio de Berkeley en Retortillo, puede verse afectado por la contaminación tras los procesos de tratado del uranio. Sergi Rugrand 

En Salamanca llevamos una década sufriendo las consecuencias de la situación creada por una empresa sin escrúpulos que pretende explotar mineral de uranio al oeste de la provincia. La pérdida de masa forestal (1.800 encinas taladas) o el deterioro de la convivencia en Campo Charro se deben a la actuación de Berkeley Minera, filial de una multinacional australiana, que ha puesto sus ojos en esta zona despoblada de la península Ibérica.

Cuando Berkeley comenzó a ver la posibilidad de reabrir la minería de uranio en nuestro país, a mediados de la década pasada, la energía nuclear aún no había sufrido las consecuencias que supuso para esa fuente de energía el desastre de Fukusima. Parecía que el mundo se había olvidado pronto del accidente de Chernóbil y el poder que ejercen los favorables a esa opción energética había conseguido que muchos países decidieran abrir centrales nucleares para el suministro eléctrico. 

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