viernes, 27 de abril de 2018

SENTENCIA CONTRA UN DERECHO HUMANO: NO SER OBJETO DE VIOLACIÓN

 Lo más político que una diputada puede escribir  es que fallos de sentencias así nos lo ponen más difícil para decirles a nuestros hijos varones que la sociedad les hará creer que tienen derecho a discriminar, a abusar, a dominar, a agredir, a intimidar, a violentar; y que no es cierto.
Sofía Castañón

Ahora mismo todo está aturdido. En las últimas horas he leído cientos de páginas de una sentencia y miles de opiniones. He hablado con una feminista del otro lado del charco y con muchísimas compañeras y compañeros del Grupo Confederal y de Podemos. He hablado con las amigas, las hermanas, con los compañeros. Vienen a la cabeza poemas, textos, filósofas a las que agarrarse porque sí, toca asirse, como habrá que asirse en toda España a otras mujeres que con la misma indignación saldrán, saldremos, a la calle. Toca agarrarse ante el desconcierto frente al fallo de una sentencia que tenía todos los focos encima y todos los elementos para ser ejemplo de avance y han sido prueba de reafirmación en la voluntad por negarnos los derechos. Leo el comunicado de Amnistía Internacional: No ser objeto de violación es un derecho humano.
Me piden unas líneas sobre el fallo de la sentencia. Decir algo entre el aturdimiento y la indignación, intentando leer rápido, comprender rápido, alejar el ruido. Reformulo las prioridades. Escribo lo más político que ahora mismo se le ocurre a una diputada de la tercera fuerza de un país con cuarenta millones de habitantes: escribo lo que hoy quiero que entienda mi hijo.
Tiene cinco años y no sabe nada de lo que ha pasado hoy. No entiende el fallo de la sentencia y además una no quiere que con su edad entienda nada del contenido de esa sentencia. Pero me niego a que crezca en una sociedad cuyo sistema judicial no reconoce que cinco hombres arrinconándote en un portal no necesitan hacer uso de la violencia, porque está presente en el espacio, en la imagen, en tu piel. ¿Cómo te defiendes de cinco hombres, tú sola, en un portal? Pero mi hijo no tendrá probablemente que defenderse de cinco hombres en un portal. Puede que su amiga Paula, sí. O su amiga Julia. Él, difícilmente.
Mi hijo crece en una sociedad cuyos jueces pueden llegar a decir que lo que ha sido una violación es una escena de sexo en un ambiente de jolgorio. Mi hijo crece en una sociedad en la que la mitad de la población no tiene garantías de no sufrir una violación cuando va sola por la calle, cuando vuelve a casa de noche, cuando está en una fiesta. ¿Qué entiende mi hijo de esa sociedad en la que el peso de la culpa y la responsabilidad recae sobre la víctima? ¿Qué entiende mi hijo de una justicia que no ve violencia cuando lee “gemidos de dolor”?
De nuevo: no ser objeto de violación es un derecho humano. Y yo hoy, más que ningún otro día, quiero que mi hijo sea plenamente consciente de que si él y cuatro colegas acorralan a una chica y tienen sexo con ella, que ella no se resista no quiere decir que  quiera. Quiero que ni se le pase por la cabeza que eso es algo que le pueda hacer a nadie. Quiero que no esté con una persona que no quiera estar con él. Quiero que entienda que el sexo no es algo que en el mejor de los casos la otra persona consienta, sino que sea algo pactado, de mutuo acuerdo. No quiero que espere a saber si hay un no, quiero que espere a que haya un sí. Quiero que si un día en una conversación de amigos alguno hace chistes sobre las mujeres, habla de violaciones como un plan de fin de semana o  presume de abusar de una chica, él no se quede en silencio. Quiero que jamás piense que otra persona existe sólo para hacer con ella lo que quiera, quiero que no asuma que tiene el derecho de dominar a nadie.
Lo más político que una diputada puede escribir en un día como este es que fallos de sentencias así nos lo ponen más difícil para decirles a nuestros hijos varones que la sociedad les hará creer que tienen derecho a discriminar, a abusar, a dominar, a agredir, a intimidar, a violentar; y que no es cierto. Que el derecho es el de no ser objeto de ninguna de esas violencias.
Salgo a la calle, hasta el Ministerio de Justicia, porque hermana, yo sí te creo. Y porque hijo, me niego a que crezcas en una sociedad que te da la posibilidad de ser uno de esos agresores, o uno de esos jueces que emiten votos particulares que atentan contra los derechos humanos de esa manera, por el hecho de ser hombre. Mañana hablamos del Gobierno.

DdA, XIV /3832