sábado, 14 de abril de 2018

LOS ULTRABOYS DEL SPORTING NO CABEN EN EL MOLINÓN


Félix Población

Con frecuencia asistimos, cada vez que se celebra algún importante partido de fútbol de caráter internacional -generalmente entre clubes- que una manada de indeseables acompaña al equipo visitante a la ciudad en donde se juega el encuentro y es noticia no sólo por lo que puede pasar, que suele pasar, sino antes de que ocurra. 

A fin de evitar males mayores, a esa jauría conviene prestarle una cobertura policial con objeto de que perturben lo menos posible la convivencia ciudadana. Cada equipo se reparte sus respectivas turbas de descerebrados -aguna vez con muertes de por medio-, de modo que si el vandalismo se produce en Madrid, pongamos por caso, la respuesta vandálica se reproduce en Lisboa, como ha ocurrido recientemente con los ultras del Atlético de Madrid en la capital protuguesa. 

Pero no es de internacionalidades de lo que quiero hablar, sino del Sporting de Gijón, que a pesar de no jugar por ahora en esas lides, sí tiene su agrupación de brutos, capaces de personarse en un determinado establecimiento y apalear sin venir a cuento a una peña de parroquianos que alternan amigablemente en un bar de un barrio de la la ciudad. 

Son los mismos energúmenos que corean insultos o cánticos racistas en el estadio del club y que, pese a tan impresentables antecedentes, fueron al parecer nada menos que asesores del Sporting para organizar el homenaje a uno de los deportistas más modélicos que el equipo ha tenido en su historia, recientemente fallecido: Quini. 

El consejero del Sporting, Fernando Losada, ha dicho que no conocía la orden de alejamiento de los miembros de Ultra Boys -así se dan en llamar las criaturas- con los que se reunió para organizar dicho homenaje. Si eso es verdad, es que esa canalla no solo sigue entrando en el estadio de El Molinón para general bochorno de una de las mejores aficiones de España, sino que sus individuos pueden llegar a ser imprescindibles para un evento tan señalado como el aludido.

Lo que tiene que hacer la directiva del club, y ya está tardando, es prohibir la entrada de esa panda en el recinto deportivo y dejar de consideralos como peña del club. Desconozco por qué han sido solo los partidos de izquierda del Ayuntamiento de Gijón los que ha pedido que se desaloje de un modo definitivo a los grupos violentos del estadio. ¿Es que la derecha gobernante de aquella ciudad no cree indispensable expulsar a esa gentuza? 

¿Y la directiva del club? Está tardando en pedir disculpas por su negligencia al tratar nada menos que sobre un homenaje a Quini con quienes merecerían por parte del Brujo el más rotundo de los desprecios.

SALUD Y TERCERA REPÚBLICA


DdA, XIV/3819