viernes, 9 de marzo de 2018

EL ROTO: HAY QUE SACAR A LUZ LA MALDAD Y SEÑALAR A SUS RESPONSABLES

 No es preciso que el entrevistado responde con largas parrafadas para que una interviú sea interesante, sobre todo si el entrevistado es Andrés Rábago, más conocido por El Roto, al que el entrevistador ha puesto un titular que invita a leer cuanto dice el protagonista de la charla: La maldad es minoritaria pero poderosa. Debemos exponerla a la luz y señalar a sus responsables:


José Antequera

Un hombre levanta los brazos, mira al cielo con desconsuelo y grita desesperado: “¡Libertad de expresión, pero sin tener que pensar!” Un millonario bien trajeado sostiene a su bebé y le susurra al oído: “Vamos, vamos, no estás cumpliendo con los objetivos de crecimiento”. Un trabajador con el casco de obrero reflexiona marxistamente: “¿Y cómo voy a saber yo que soy un proletario si vengo en coche a trabajar, hablo por el móvil y tengo un chalecito?” Ninguno de esos tipos es una persona de carne y hueso (aunque bien podrían serlo) todos ellos son personajes de ficción, sombras de tinta negra, pero son tan reales y dramáticos, tan mortales y agonísticos, que parecen recién salidos de la calle. Todo el arte cabe en el humor gráfico de Andrés Rábago, El Roto (Madrid, 1947): aforismos, reflexiones filosóficas, diálogos de la vida cotidiana, escenas del existencialismo más absurdo y pesimista, lecciones prácticas de teoría política o corrosivos actos de subversión y denuncia social. El Roto, probablemente el ilustrador que más ha influido en la prensa española de nuestro tiempo, se define como un ser “analógico” que no quiere saber nada de lo digital. También en eso es un adelantado a su tiempo. Para escapar del ruido de las redes sociales, lo mejor es “apagar el receptor, no es obligado escuchar…”, asegura tirando de sentido común, mientras lamenta que los seres humanos nos hayamos “olvidado de preguntarnos quiénes somos y cuál es nuestra tarea en la Tierra”. Desde las páginas de El País –un periódico que “muchos medios desearían que no existiera para ocupar su lugar, aunque lo veo difícil”, según dice–, Andrés Rábago El Roto sigue bombardeando nuestras conciencias con su explosivo silencioso y sutil compuesto por una combinación perfecta de icono y texto, de humor (casi siempre negro, cuando no ácido) y descarnada tragedia, de lo más miserable de la sociedad y lo más sublime del ser humano. Renacentista en vías de extinción, maestro indiscutible del realismo –”sucio o limpio, pero siempre en el territorio del realismo social”, como él mismo define sus creaciones–, los personajes de El Roto, unas veces naturalistas hasta la crudeza más deshumanizada y tenebrista, otras llenos de luz y dignidad, casi siempre pincelados en riguroso blanco y negro, nos revelan a diario todo lo malo que anida en el mundo y en nosotros mismos.

Léase la entrevista en La Crónica del Pajarito 

DdA, XIV/3788