lunes, 12 de marzo de 2018

EL PROSTÍBULO, MI CAMPO DE CONCENTRACIÓN, POR AMELIA TIGANUS

relojes rotos

 Lazarillo

Tras su entrevista con Jordi Évole en Salvados, el programa de La Sexta ofrecido ayer y que versaba sobre la prostitución, a este Lazarillo le parece oportuno y necesario participar a los lectores de este modesto DdA el texto que la protagonista de la interviú, Amelia Tiganus, presentó en las Jornadas Internacionales sobre Prostitución y Trata que tuvieron lugar el pasado mes de octubre en la ciudad de Pamplona. En ese texto se nos propone leer y escuchar el relato de las víctima, un relato silenciado por la industria del sexo y el Estado proxeneta. En el mismo se nos narran las vivencias dentro del prostíbulo, al que Amelia describe como auténtico campo de concentración del siglo XXI. Si ayer nos impresionó la versión oral de esta mujer fuerte e inteligente en Salvados, más lo ha hecho con esta crónica detallada de su experiencia, ilustrada con la fotografías de su trayectoria biográfica, cuya niñez y adolescencia podría haber llevado el mismo derrotero vital que la una cualquiera de nuestras hijas:  
Queridas hermanas putas -escribe Tiganus-, recuerdo lo difícil que se me hacía pensar dentro del campo de concentración. Tener todos los sentidos puestos en sobrevivir no deja margen para pensar y cuando me recuerdo a mí misma teniendo que tomar decisiones, el miedo me invade y me paraliza igual que lo hacía entonces. Me estremece el recuerdo de nosotras en fila esperando nuestro turno para cobrar el dinero que nos tocaba después de 12 horas de lo que la industria del sexo llama “trabajo”. Nosotras en fila esperando el cambio de sábanas, nosotras en fila dirigiéndonos a la sala del bar, nosotras en fila hablándoles a los puteros, en fila esperando el turno para comer, nosotras en fila haciendo cola para entrar a un cuarto con un putero. Aún recuerdo el olor a ambientador (juraría que todos compraban la misma marca y la misma fragancia), el humo de nuestros cigarros, el alcohol, la cocaína, la música alta y esas canciones de amor que nos poníamos con monedas, las películas porno que ellos ponían con monedas, las luces rojas de neón... Recuerdo nuestras risas, llantos, peleas, nuestras pequeñas conversaciones y planes de futuro. Todas, absolutamente todas, soñábamos con salir de esa vida cuanto antes.


DdA, XIV/3791