
Lazarillo
Tal como se dice en la entradilla de la entrevista que publica el diario El País en su suplemento cultural Babelia y que es aconsejable leer, no hay lucha en la que no haya estado Noam Chomsy en los últimos sesenta años, desde la causa kurda al cambio climático. Y en lucha sige cuando está a punto de entrar en una edad nonagenaria, con un último libro que acaba de salir a la luz: Réquiem por el sueño americano (editorial Sexto Piso). Inmerso en la agitación permanente, el
joven que en los años cincuenta deslumbró al mundo con la gramática
generativa y sus universales, lejos de dormirse en las glorias del
filósofo, optó por el movimiento continuo. Toda la interviú tiene indudable interés y podrían elegirse varios y sugerentes titulares para mover a su lectura, pero me quedo con el que responde al auge neoliberal:
El neoliberalismo existe, pero solo para los pobres. El mercado libre es
para ellos, no para nosotros. Esa es la historia del capitalismo. Las
grandes corporaciones han emprendido la lucha de clases, son auténticos
marxistas, pero con los valores invertidos. Los principios del libre
mercado son estupendos para aplicárselos a los pobres, pero a los muy
ricos se los protege. Las grandes industrias energéticas reciben
subvenciones de cientos de millones de dólares, la economía high-tech
se beneficia de las investigaciones públicas de décadas anteriores, las
entidades financieras logran ayudas masivas tras hundirse… Todos ellos
viven con un seguro: se les considera demasiado grandes para caer y se
los rescata si tienen problemas. Al final, los impuestos sirven para
subvencionar a estas entidades y con ellas a los ricos y poderosos. Pero
además se le dice a la población que el Estado es el problema y se
reduce su campo de acción. ¿Y qué ocurre? Su espacio es ocupado por el
poder privado y la tiranía de las grandes entidades resulta cada vez
mayor.
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