jueves, 1 de febrero de 2018

HUELGA FEMINISTA: MI ABUELA DECÍA QUE SI LAS MUJERES PARAN, SE PARA EL MUNDO

Ana Cuevas

Se rumorea que un nutrido grupo de mujeres están tramando algo contra papá-patriarcado. Comentan que andan reuniéndose a lo largo y ancho de nuestra geografía empoderadas hembras de toda edad y condición. Jubiladas, ecologistas, científicas, obreras, , escritoras, abogadas, sindicalistas... Un batiburrillo de seres humanos con  circunstancias diferentes pero conscientes de tener un enemigo común. Dicen, que no son solo féminas las que promueven esta especie de aquelarres conspirativos. Que acuden hombres que también se sienten afectados por un sistema que relega a la mitad de la humanidad a un papel secundario. Hombres que se consideran feministas de la misma forma que serían abolicionistas ante cualquier abuso de poder de un grupo de individuos sobre otros. Por una cosas que se llaman conciencia y sentido de la justicia. Algo de lo que carecen muchos hombres y, no me duele admitirlo, también muchas mujeres.
La sociedad que vivimos, para bien o para mal, la hacemos entre todos. En la intimidad de nuestras casas con el ejemplo que les transmitimos a nuestros hijos. En la calle, minimizando los abusos y situaciones vejatorias. Aceptando, unos y otras, unos roles prefabricados por nuestra condición sexual y transmitiéndolos a las siguientes generaciones.
Decía Leguina el otro día que hay que educar a las mujeres para que no se dejen pegar. ¡Ah claro! Que aprendan a esquivar las hostias porque eso de educar a los niños en el respeto y la equidad da mucha pereza. El septuagenario ex-presidente socialista de la comunidad madrileña no se sentía cómodo hablando de feminismo. Más o menos vino a decir que el feminismo está bien, siempre que no se traspasen los límites que marque el patriarcado. ¡Pero si ya nos dejan hasta votar! ¿Qué diantres reclamamos con esa cantinela feminazi sobre la igualdad?  Como ya dijo Mariano, aunque haya tenido que rectificar mi pobriño, no nos metamos en esas cosas. Al fin y al cabo, solo afectan a la mitad de la población. Una nimiedad.
Sin embargo, ya les digo que algo grande está tomando forma. De momento, el día 8 de marzo se convoca a una huelga general feminista a todas las personas que entiendan que hay que equilibrar la balanza. A quienes se indignan porque crece el número de mujeres que viven en la precariedad, que sufren violencia sexual, laboral o física. Que cobran sueldos miserables para sostener una economía que sirve para seguir explotándolas. Que renuncian a realizarse como seres humanos plenos por tener que dedicarse obligatoriamente a labores de cuidadoras de niños, ancianos o enfermos. Como si en nuestro adn femenino viniera grabado a fuego el irrevocable destino de asumir en carne propia toda clase de penosas situaciones.
Mi abuelita decía que si las mujeres paráramos, el mundo se pararía. El día 8 puede ser el ensayo general de esa revolución feminista que ella, a su manera, ya preconizaba. Por supuesto, todos los hombres cabales estarán codo con codo, compartiendo la trinchera.
Esto es tarea de todas y todos. De momento, puede que solo parezca un pequeño paso. Un gesto simbólico que puede que no sea masivamente secundado. Pero como decía Machado:
 "Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar."
Que en la prosa del barrio de "El Gancho" zaragozano donde vive servidora viene a decir: ¡Agárrate los machos patriarcado! ¡Que no pensamos reblar ni para coger impulso!

DdA, XIV/3761