lunes, 15 de enero de 2018

¿POR QUÉ SUSANA RIVERA, VIUDA DE ÁNGEL GONZÁLEZ, FUE NINGUNEADA EN UN DOBLE HOMENAJE AL POETA?

Félix Población
 
El doble ninguneo a que ha sido sometida la viuda de Ángel González en los respectivos homenajes celebrados días atrás en Madrid y Oviedo, con motivo del décimo aniversario de la muerte del poeta,  solo se entiende si ha existido un propósito expreso de privar a ambos actos de la presencia de Susana Rivera. 

En origen, por lo tanto, la razón puede estar en las diferencias existentes entre Susana Rivera, única heredera universal de Ángel González, y los patronos de la fallida fundación que iba a llevar el nombre del poeta e iba a tener su sede en Oviedo. En los medios se habló bastante de este asunto en su día y a ellos de debe acudir para discernir en lo posible el enredo. Los homenajes por partida doble de estas fechas han recuperado la polémica y se han escrito cartas y artículos al respecto. 

También, en el caso del poeta García Montero, un texto en Infolibre sobre la obra de González, en el que quien era uno de los patronos de la fallida fundación glosa elogiosamente el valor esa obra, pero introduce en el artículo una confidencia que personalmente me ha extrañado en el contexto de crítica literaria que respira el artículo. ¿Por qué cuenta Montero que Ángel González le daba a veces su tarjeta bancaria para que sacara dinero, especificando incluso el número de la clave (3139) y vincularlo de modo ridículamente simbólico con los años de inicio y término de la segunda República? Se me antoja que para reflejar algo más que el grado de íntima amistad  que los unía, sustitutivo acaso del papel que en todo caso le correspondería en ese trámite a la mujer del poeta, que además me ha dicho que ese no era el número de la clave. 

En este mismo sentido no parece que tenga mucha relación con la entidad y dimensión literaria de la obra del poeta el vídeo difundido con ocasión del homenaje en Madrid en el que aparecen el cantante Sabina, la escritora Grandes, Ángel González y otros, y todos se muestran muy alegres, bromistas y cantarines, pero sin que el testimonio sirva para otra cosa que no sea mostrar a los protagonistas en una animada francachela y dar a entender lo amiguísimos que eran con unas copas de más, guitarra y canción.

El diario asturiano La Nueva España publica hoy una amplia entrevista con la viuda del poeta, en la que Rivera reincide una vez más en el cariño que su marido sentía por Oviedo, aunque también señalase que en esa ciudad se solía encontrar la Vetusta clariniana a la vuelta de cualquier esquina, como prueba el embrollo de la fundación que debería llevar su nombre. En la entradilla de la interviú, Susana Rivera afirma que trató por todos los medios de contactar con Manolo Lombardero, "el único amigo íntimo" de su marido involucrado en la fundación y nunca respondió a sus mensajes. En referencia a algunos de los del grupo de amigos de González que han intervenido en el homenaje de Madrid, dice Rivera que todos saben que lo que más le dolería a Ángel es difamarme a mí. Lo que le hicieron a él ya se lo habían hecho a otros y seguirán así porque como son poderosos se lo permiten y hasta se lo celebran. Cita a este respecto los casos de Rafael Alberti y Francisco Ayala, y resalta su condición de escritores mayores y vulnerables que pasan temporadas fuera de su familia. Los adulan, les hacen algún favorcito, y luego los apuñalan con la posibilidad de una fundacion para adueñarse ellos de todo, porque lo más probable es que la viudita permaneza en su país, si es extranjera. Si hay interés institucional por la fundación, como ocurrió con Ayala, no pasa nada, pero si hay problemas como en el caso de Alberti y Ángel difaman a la viuda desobediente y hacen todo lo posible por destruirla.

En cuanto al homenaje en sí, la viuda del poeta no tiene reparo en calificarlo de insulto y humillación a su marido porque la mayoría de los participantes lo traicionaron. Si quisieran homenajearlo de verdad, levantarían la fundación y/o limpiarían mi nombre. Algunos de los que participaron en el homenaje son personas muy poderosas  y podrían conseguir el apoyo necesario, pero no les conviene porque me nombró a mí su heredera universal y presidenta de la fundación, y yo no soy manipulable ni me deslumbra la fama. No iba a permitir que la fundación entrara en la red de corrupción de Luis García Montero.

Hace días, ante la posibilidad de que su carta de respuesta a la del exalcalde de Oviedo Antonio Masip, publicado el pasado viernes, pudiera no ser publicada por el diario La Nueva España en el que Masip firmó su escrito, la viuda de Ángel González difundió su contestación en las redes sociales. Rivera lo hizo previa publicación del artículo que firma  Masip, otro de los patronos de la malograda fundación, para que los lectores puedan analizar y sacar las consecuencias de uno y otro texto. 

Personalmente, y gracias a la aportación de quienes admiran con discreción y dedicación la obra de Ángel González y no tienen más interés que el de darla a conocer, creo que no está mal introducir ambas misivas con unos versos. Los primeros corresponden a mi estimado Eusebio Ruiz, amigo del poeta, y hacen alusión al entierro de Ángel González con una ironía que el propio Ángel celebraría. Se tituan Desorden funerario y dicen así: 

Los amigos de siempre,
por arte de esas cosas del morirse,
son desplazados por otros,
no cercanos,
los recientes.
Esos recién llegados
se acercan tanto al hoyo
que uno piensa:
a poco se descuide el pobre muerto
le quitan, si hace falta,
la plaza de descanso.
Esto lo arreglaría
—esti bulliciu—
un acomodador
en acto de servicio.

Del autor de Palabra sobre palabra, lo mejor para la ocasión me parece este breve poema titulado Ambigüedad de la catástrofe, que me recordó mi amigo leonés Juanmaría Campal. Pertenece a su libro póstumo Nada grave:

Lo había perdido todo:
amor, familia, bienes,
esperanzas.
Y se decía casi sin tristeza:
¿no es hermoso, por fin,
vivir sin miedo?




DIEZ AÑOS SIN ÁNGEL
Antonio Masip
Ayer hizo diez años de la muerte de Ángel González; un ayer que es, éso, simple y desnudo ayer, de los ayeres frailuises, desprovistos del enorme lapso marmóreo del largo tiempo, que en el poeta ovetense significaba mentiroso espacio. La llamada emocionada desde Esplutges de Manolo Lombardero, hoy en pie pese a los achaques añosos, me dio la mala noticia. Antes me había llamado el periodista Luis Mugueta, que había conversado con Ángel la noche anterior, presagiando ya lo peor. El Comité Federal del PSOE se encontraba reunido y a mi vez hice llegar el triste mensaje, supongo que a través, como tantas veces, de Álvaro Cuesta, a J.L. Rodríguez Zapatero que improvisó breve homenaje. No en vano ZP había querido conocer al poeta para lo que le recogí en su habitual cafetería Kon Tiki llevándolo a Ferraz junto a Carme Chacón, entusiasta declarada de sus versos. Emociona, en las obras póstumas de Jorge Semprún y del abogado Manolo López López, cómo Ángel refugió a Jorge, Federico Sánchez, el más buscado, y nunca detenido, por la policía llamada con eufemismo social.
La última vez que oí la voz de Ángel fue diez días antes de su fallecimiento. Estaba en el hall del Hotel de La Reconquista, puesto ya en el estribo de su nunca ultimado viaje a Alburquerque, vía Madrid, y quería que tranquilizara a su mujer y a Josefina Martínez, sobre la modificación de sus disposiciones testamentarias ante José Antonio Caicoya, pero no las conocía con exactitud pues habían sido dictadas mientras yo convalecía de uno de mis ictus.
La frustrada historia de la Fundación mortis causa que Ángel quiso, idea tomada de Pepe Caballero Bonald y Joaquín Sabina, ya se conoce. Lombardero, incondicional de la fratía, término caro a Carmen Gómez Ojea, Luis García Montero y yo nos reunimos en casa de Luis y Almudena Grandes, que tanto cuidaron al autor de Áspero Mundo, para contrastar voluntad irrevocable de dimitir. Cesamos, pues, en escueto escrito al Presidente del Principado, Álvarez Areces, al que Ángel mucho quería desde la lejana clandestinidad de los sesenta. El entonces Presidente asturiano había delegado la representación regional de la Fundación en otro buen humanista, todo cordialidad, Miguel Munárriz, autor y editor de obra muy importante sobre Ángel en vida y, luego, póstuma. Pepe Cosmen, q.e.p.d., me telefoneó también pues quería difundir una nueva antología entre los viajeros de autobús.
Correspondió a Galo, abogado de mi antiguo despacho, ejecutar las obligaciones fiscales de Ángel, tan riguroso y moralista siempre con sus impuestos aunque sus rentas hubieran sido generadas fuera de España. A la estricta lealtad angeliana nos atuvimos los amigos. De la misma, sin embargo, se esfumó la iniciativa de biblioteca especializada que, con los manuscritos y mil primeras ediciones poéticas hispanas, pensábamos montar en Porlier/Palacio de Toreno. Aquel proyecto entusiasmaba al benéfico donante, a Ruiz de la Peña, director del Ridea, y al concejal de Cultura, Suárez Arias-Cachero, pero no convencía a Areces, por el lugar, ni a otros/otras por las pretensiones fundacionales que albergábamos.
La memoria poética no la perpetúa, en cualquier caso, testamentos ni descendencias naturales ni, en el viejo y cruel lenguaje iuscivilista, adulterinas, o amorosamente buscadas, sino versos imperecederos y su bondadoso y democrático carácter irrepetible. ¡Me prestaría que García Montero, autor del magnífico "Mañana no será lo que Dios quiera", editado por Alfaguara, el sello de Juan Cruz, Benjamín Prado y Munárriz, tan próximos al poeta de Oviedo, de nuevo ahí, o en Chus Visor, tan de Ángel también, completara su gran aportación a la biografía, terminando la ficciorealidad desde que el funcionario y escritor en ciernes llega al Madrid de los cincuenta, reencontrándose con Carlos Bousoño, que le llevó a Vicente Aleixandre!
No debo olvidar que me acompañó en la primera lista al Ayuntamiento, que era hijo, pronto huérfano, de un concejal republicano en el consistorio monárquico anterior a Primo de Rivera, Pedro González Cano, Cano, del que apenas se sabe. Algo más conocemos de Manuel, su hermano, asesinado en la guerra civil, y de su hermana, maestra represaliada, que tanto influiría en su consolidación creadora. El expediente de depuración de Maruja con destierro a Páramo del Sil se guardaba como la daga que fue en la casa que le ayudé a vender. A su muerte descubrí que de forma exquisita en las decenas de conversaciones que tuvimos omitió la existencia del tal expediente a su querida hermana para, sin duda, evitar que yo mismo me incomodara pues había sido encomendado, e instruido, por mi abuelo Rogelio Masip Pueyo, director del Instituto Masculino.
En fin, diez años...Jaime Gil, al que tuvimos en Tribuna y en los Premios, sostenía en sus amenes que Áspero Mundo nunca envejecía ni envejecería. ¡Cuánto me gusta que toda la obra de Ángel también la asuman, editen inéditos y sigan hogaño jóvenes escritores de Maremágnum, Anáfora, Oliver...que apenas pudieron tratarle!¡ Y la lengua española, que enriqueció con su ritmo y la fabulosa magia de palabra sobre palabra!

ANTONIO MASIP MIENTE PARA ENCUBRIR SU DESLEALTAD A ÁNGEL GONZÁLEZ
Susana Rivera
Un su artículo titulado “Diez años sin Ángel”, Antonio Masip cuenta varias mentiras y dos verdades importantes para entender “la frustrada historia de la fundación en honor del poeta”. Dice que oyó su voz por última vez diez días antes de su fallecimiento porque Ángel “quería que tranquilizara a su mujer (yo) y a Josefina Martínez, sobre la modificación de sus disposiciones testamentarias ante José Antonio Caicoya, pero no las conocía con exactitud pues habían sido dictadas mientras yo convalecía de uno de mis ictus”. Es mentira, yo no tenía ninguna necesidad de que ni él ni nadie me tranquilizara a mí porque sabía perfectamente que mi marido me había nombrado su heredera universal y presidenta de la fundación y tenía la última palabra en todo. Josefina Martínez no tenía ningún motivo para inquietarse porque ella no figuraba para nada en el testamento de Ángel González, como es lógico. No obstante, es posible que ellos sí hayan tenido la necesidad de tranquilizarse mutuamente. Seguramente Josefina Martínez estuviera temiendo ya que el testamento estipulara algo que le hiciera sombra a la Cátedra que ella creó en memoria de mi queridísimo y admirado Emilio Alarcos. Masip estaría temblando porque sabía que el testamento le impedía adueñarse, a través de la fundación, del patrimonio de mi marido, tan sólo lo nombró patrono fundador encargado de levantar la fundación, encargo que no cumplió. Es falso que no conocía la modificación de sus disposiciones testamentarias, Ángel y yo acudimos, junto a él, al despacho del notario, José Antonio Caicoya, para firmar el documento definitivo, no hubo más modificaciones, y yo estaba totalmente de acuerdo con lo que allí disponía, si no, no lo hubiera firmado. Antes, Ángel lo había repasado conmigo minuciosamente para que no hubiera ninguna posibilidad de engaño. Antonio Masip tiene que decir esto ahora para protegerse a sí mismo y a los otros dos patronos, Manuel Lomberdero y Luis García Montero, porque continuamente citaron incorrectamente el testamento en la prensa. Cito su manipulación con lo que eliminaban en mayúsculas y negrita: "La dotación de la Fundación, según sus estatutos, asciende a 40.000 euros, además de la NUDA propiedad (QUE SERÁ PLENO DOMINIO AL EXTINGUIRSE EL USUFRUCTO QUE SE ORDENARÁ EN LA CLAÚSULA TERCERA) de todos los derechos de autor y cualesquiera otros económicos e intelectuales sobre su obra literaria…". La cláusula tercera dice así: "En el resto de todos sus bienes, derechos y acciones, incluyendo el USUFRUCTO VITALICIO de sus derechos de autor y demás derivados de su obra intelectual, instituye heredera universal a su mencionada esposa, con sustitución vulgar y fideicomisaria de residuo a favor de la Fundación creada en el presente instrumento público, LA CUAL RECIBIRÁ SÓLO AQUELLO DE QUE SUSANA NO HUBIERE DISPUESTO CON ENTERA LIBERTAD EN ACTOS INTER-VIVOS Y A TÍTULO ONEROSO". Creo que pensaban que una americanita no sabría interpretar el lenguaje jurídico y que no me atrevería a defenderme de un auténtico desahucio de hombres poderosos.
Tanto Antonio Masip y Josefina Martínez fueron los que provocaron el fracaso de la fundación. En el 2009 recibí una carta de Masip donde decía: “La Fundación no puede convertirse en una organizadora de eventos culturales en competencia con la Fundación Alarcos (sic, es una Cátedra), Tribuna Ciudadana o el Club de la Nueva España. EL ACTIVO PRINCIPAL DE LA FUNDACIÓN DEBERÍA SER LA BIBLIOTECA DE POESÍA HISPANA DE MANUEL LOMBARDERO…”. Me consta que ni Tribuna Ciudadana ni el Club de la Nueva España tenían miedo a la competencia. Cuando yo aclaré que el activo principal tenía que ser lo que Ángel había estipulado en su testamento que yo iba a vigilar para que acataran al pie de la letra, abandonaron el proyecto y al amigo que tanto dicen admirar y querer porque no les beneficiaba a ellos.
Masip dice que Ángel quería la fundación, no es exacto, lo presionaron para decir que la quería para aprovecharse de él, el que más fue Joaquín Sabina que luego no hizo nada para levantarla. José Manuel Caballero Bonald no tiene absolutamente nada que ver con todo esto y lo sigo viendo cuando estoy en España, los instigadores le mencionaban su fundación modélica para convencerlo.
Luis García Montero y Almudena Grandes no cuidaban a Ángel, éramos amigos, o por lo menos así parecía, que nos veíamos de vez en cuando para cenar y tomarnos unas copas, nada más. A Ángel le parecería humillante que se diga eso, nosotros teníamos todo preparado para cuando necesitara cuidados, y se trataba de profesionales médicos, Ángel jamás hubiera aceptado que lo cuidaran amigos, ni siquiera me lo permitía a mí porque le daba pudor.
Los tres patronos abandonaron el proyecto porque se dieron cuenta que no me podían engañar, pero el escueto escrito que dice Masip que enviaron al Presidente del Principado, Álvarez Areces, no figura en el Registro de Fundaciones, por lo tanto, siguen siendo patronos de una fundación inexistente. Pensarán que si me muero podrán, ¡por fin!, heredar a Ángel González, pero mi testamento se los impide, ja, ja.
Verdad muy importante que lo aclara todo: “NO CONVENCÍA A ARECES”. Nunca hubo ningún apoyo económico del Principado ni del Ayuntamiento, creo que por diferencias políticas ni siquiera llegaron a hablar con el Ayuntamiento, podían haber enviado a Manuel Lombardero que es del PP. Así era imposible levantar una fundación, y se tratraba tan sólo de desahuciarme y adueñarse ellos de todo.
Dice Masip que le prestaría mucho que Luis García Montero continuara la biografía de Ángel González, lo cual es otra deslealtad porque sabe que Ángel se lo prohibió tajantemente. Sabe también que ese libro es otro de los muchos engaños de Luis García Montero porque tenía que haberse publicado como sus memorias que dejó grabadas, y Ángel como único autor, pero Montero se aprovechó de su muerte para publicarlo como una novela exclusivamente suya y cobra derechos de autor por las palabras de Ángel González.
Es todo una ignominia y grave falta de respeto a una persona tan digna como Ángel González, no se lo merece.
Susana Rivera, mujer de Ángel González.


DdA, XIV/3746