domingo, 28 de enero de 2018

¿CÓMO QUE REPÚBLICA CATALANA SI ESTÁ VACIADA DE IGUALITARISMO Y JUSTICIA SOCIAL?

¿Cómo pueden hablar de república unos partidos que han blindado los recortes en sanidad y educación, han financiado las escuelas del Opus, han votado en contra de poner freno a los alquileres abusivos y se han negado a subir los impuestos a los más ricos?

Adrià Rodríguez/ Francisco Jurado

Toda constitución de un nuevo cuerpo político exige controlar la producción del derecho. En Catalunya, quienes nos han gobernado estos últimos años, nos han prometido repetidas veces que, pronto, Catalunya sería un sujeto soberano, una República que produce su propio derecho, capaz de hacer nacer un nuevo ordenamiento jurídico marcadamente justo y social.
Hasta aquí, ésta parece la historia de una Nación-sin-Estado oprimida cualquiera en busca de un proceso de autodeterminación y autonomía (auto-nomos). Pero las diferencias empiezan a emerger cuando consideramos que poco tiene que ver la inserción política y cultural de Catalunya con la que pudo tener la India colonial o la que tiene el Kurdistán.
Más allá de esta especificidad hay otra: un ordenamiento singular en el que está insertada Catalunya, que es la Unión Europea. “Tomemos el ejemplo de las repúblicas bálticas”, dicen algunos, esgrimiendo las posibilidades de hacer emerger un nuevo ordenamiento jurídico en el marco de la UE. Esta otra falsa analogía implica pasar totalmente por alto no solo la historia de Europa, sino el papel del poder atlántico, mano visible del mercado y principal árbitro de las relaciones geopolíticas a nivel mundial. El ninguneo absoluto de la UE y los estados miembros a la DUI habla por sí solo.
Desplazadas las dos hipótesis basadas en el derecho nos queda la de los hechos: la de un supuesto poder popular insurreccional capaz de tomar el control de fronteras, hubs de comunicación y transporte, durante el tiempo suficiente hasta lograr el reconocimiento internacional y el repliegue del Estado español, y así poder desplegar su propio cuerpo jurídico-político.
Si bien estas tres hipótesis carecen del más básico realismo, quienes nos han gobernado -y posiblemente nos volverán a gobernar- siguen empecinados en que la República está a la vuelta de la esquina. Esto dice mucho de una noción de república que podríamos calificar de meramente declarativa, donde, por decirlo de forma simple, cuenta más un zasca de Rufián que procesos de constitución material, jurídica e institucional. Y es que, en estos años de procés, la constitución jurídica e institucional ha brillado por su ausencia y se ha reducido a una política de grandes gestos y palabras, textos jurídicos sin validez y hasta una Declaración de Independencia que no fue tal, sino una simple instancia al Gobierno que no supo cómo formalizar. Como declaraban recientemente los miembros de la Diputación Permanente del Parlamento de Catalunya, “una mera declaración retórica”.
Pero lo preocupante no solo es esta noción de República diametralmente alejada de la realidad y de las condiciones materiales dadas, sino una noción de República vaciada de los contenidos de todo punto de partida republicano: el igualitarismo y la justicia social. ¿Cómo pueden hablar de república unos partidos que han blindado los recortes en sanidad y educación, han financiado las escuelas del Opus, han votado en contra de poner freno a los alquileres abusivos y se han negado a subir los impuestos a los más ricos? Si bien las acciones emprendidas, en dirección al contenido de autodeterminación de la República, han carecido de validez jurídica, las acciones dirigidas a vaciar de contenido republicano a la supuesta República sí que han tenido efectos jurídicos: han blindado las enormes desigualdades sociales y la concentración de poder político y económico. El resultado de la legislatura es una Catalunya igual de alejada de la autodeterminación nacional y aún más alejada que antes de constituirse como república social.
Todo republicanismo no se opone simplemente a la monarquía sino a la oligarquía, a la concentración del poder sea en una o en pocas manos. Pues no hay libertad sin reparto de la riqueza, ni democracia sin distribución del poder. Elementos claves del republicanismo son la lucha contra la corrupción, la protección y garantía de los derechos humanos, la radicalización democrática, la laicidad, el federalismo como reparto equitativo del poder territorial, la fraternidad, la libertad y la igualdad, como valores primordiales. Teniendo en cuenta estos elementos y la situación social y política en la que se encuentra Catalunya, se hace difícil pensar que el bloque independentista pueda llamarse republicano. Veremos lo que nos depara la siguiente legislatura pero, sea como sea, habrá que seguir vigilantes para llenar de republicanismo lo que ahora mismo no es más que un significante vacío.

Elsaltodiario  DdA, XIV/3757