lunes, 11 de diciembre de 2017

Y TÁBARA SE QUEDÓ HUÉRFANA DEL PADRE RAMOS GORDÓN



Félix Población

José Manuel Ramos Gordón, a la derecha, durante un acto en el Centro de los Beatos de la localidad zamorana de Tábara.

Las contó a Jordi Évole el exalumno de aquel centro Virgilio Ramos. Sus compañeros tenían entre 6  y 13 años, y no ocurrió en la negra noche de la dictadura sino bajo el régimen del 78. Esos alumnos no sabían con quién hablar para comunicar sus zozobras y angustias por miedo a que no les creyeran.
Discurrían los años ochenta del pasado siglo y, mucho después, el propietario de los cines de la ciudad en donde resido me vino a reconvenir porque llevara a mi hija a ver una película tan dura como Los niños de San Judas. A mí me parecía necesario, evitándole -por supuesto- algunas escenas especialmente violentas. Recuerdo que mi hija me preguntó a la salida si esas cosas seguían pasando en nuestros días y yo le respondí que podrían ocurrir como de hecho habían ocurrido, y era conveniente tenerlas en cuenta por lo mucho que podían hacer sufrir a sus víctimas.
  
Las primeras líneas de la información publicada por La Opinión/El Correo de Zamora, cuando informó de la partida del párroco pederastra -sin que nada se supiera de esto-, después de 26 años en Tábara, son de recordar: "Su ausencia ha generado un vacío en la feligresía del que costará tiempo reponerse. "Nos hemos quedado como huérfanos", confesaba el alcalde tabarés, José Ramos San Primitivo, tras la partida del párroco hacia Astorga, donde el obispo le ha encomendado nuevas misiones en la Casa Rectoral, además de continuar con la delegación de Patrimonio de la diócesis que ha estado compatibilizando con su misión en la comarca de Tábara".

Todo mi ánimo y solidaridad para con Virgilio Ramos y cuantos, en este régimen o en aquel -sobre el que tenemos tan fundadas sospechas los que lo soportamos de niños y supimos de más de un caso-, han sufrido esos nauseabundos delitos tantas veces impunes.
 

DdA, XIV/3715