jueves, 21 de diciembre de 2017

LOS CADÁVERES DESCOMPUESTOS DE LOS ANCIANOS SOLITARIOS

Félix Población

Cuenta el juez Joaquín Bosch, de la asociación Juezas y Jueces para la Democracia -¿no deberían ser todos los jueces para eso y no para Guardabosques de Valsaín?-, que cada vez se encuentra como juez de guardia con más cadáveres de ancianos que llevan muchos días muertos y en avanzado estado de descomposición. El magistrado, ante esa realidad, se pregunta si lo que está fallando es la intervención social o los lazos familiares. Sí tiene claro Bosch que eso indica el tipo de sociedad hacia el que nos dirigimos.

Al decir esto último, yo creo que se está respondiendo a su pregunta: no sólo está fallando el apoyo familiar a los mayores sino la intervención social. Esto es así porque lo uno y lo otro están relacionados. Si el sistema social en el que nos movemos, marcado por la sobreexplotación y el consumismo, se aleja de los valores humanísticos que deben configurar el talante de una sociedad humanizada, la repercusión de los valores mercantiles se impondrá también sobre los que deben primar en las relaciones familiares, deshumanizando lo que debería ser una constante de convivencia: el respeto y afecto a los mayores.

Cuando se critica al neoliberalismo, también convendría tener en cuenta los efectos que el dominio del dinero en la sociedad actual comporta en las relaciones humanas, y más concretamente en las relaciones familiares. En este sentido creo que ha sido en verdad alarmante la pérdida de respeto que han sufrido las personas mayores en los últimos años, con relación a la que se les dispensaba varias generaciones atrás. 

No es sólo que políticos como los del partido Popular o Ciudadanos se opongan a una miserable subida de las pensiones de un 1,2 por ciento, como hemos sabido recientemente, ni que ancianos dependientes se mueran cada año por miles sin recibir la ayuda correspondiente de las administraciones públicas, ni que en el invierno de 2014 a 2015 hayan fallecido 26.000 mayores como consecuencia de la penuria energética en sus casas, según acabo de leer en un excelente reportaje publicado en elsaltodiario.com. Es que ya hasta los jueces de guardia se están alarmando porque cada vez están viendo más cadáveres abandanonados de ancianos solitarios sin que nadie los haya echado de menos, y esto me parece propio de una sociedad seriamente enferma.

Habla Bosch del avanzado estado de descomposición en que encuentra a quienes han entregado durante cuarenta o más años su contribución en trabajo a su país. Entre ellos están aquellos pensionistas a los que el Partido Popular y Ciudadanos niegan un miserable incremento del 1,2 por ciento en su paga, ya de por sí precaria, siendo el uno un partido corrupto y el otro su sustituto o aliado. Dice el juez que ese hallazgo cada vez más frecuente de los ancianos muertos y abandonados indica el tipo de sociedad al que nos dirigimos. También podría haber dicho que la descomposición de esos cadáveres en el olvido es la de la propia sociedad que los ignora. Por lo tanto, esa sociedad ya está entre nosotros y deberíamos hacer algo más que lamentar el mal olor que despide.


DdA, XIV/3724