miércoles, 15 de noviembre de 2017

LA DIFÍCIL MIRADA: LO QUE MIRAMOS NOS CONFIGURA

Jacint Torrents

Se trata de una persona abierta al mundo. Mira la tele unas horas cada día. Las noticias más importantes son las catástrofes, las guerras, y aquella parte obscena de la actividad de los políticos (innobles ambiciones, corrupciones, despropósitos...) Sigue con atracción morbosa, los desvaríos sentimentales de los toreros y de las top-models. A menudo se estremece... Como está el mundo! Poco a poco, sin embargo, aceptando que el mundo es así.

Frecuenta el cine y el teatro. En muchas películas, la violencia es presentada como una forma natural de resolver los conflictos. Se llena los ojos de violencias y de violaciones contra los bienes, contra la integridad psíquica y corporal de las personas. El cine le quiere seducir con personajes neuróticos, psicóticos, inmaduros..., un muestrario psiquiátrico extenso. En el teatro, encuentra, hoy más que nunca, la estupidez y la banalidad que quieren hacer reír. Y ocurre que el mundo le empieza a parecer trivial, ligero e intrascendente. Y se le va haciendo normal que todo sea así.

                Lee la prensa, escucha la radio. Encuentra también páginas y programas que insisten en airear el hedor de las fechorías humanas, palabras e imágenes que no respetan intimidades personales, que prenden fuego en el mundo. A toda costa, la libertad se convierte en una permisión sin límites.

                Cuando mira el mundo a través de la lupa de los medios de comunicación, ¡cuánta tristeza, cuánta desesperanza, cuánta decepción sobre la realidad, cuánta ansiedad! Porque el paisaje que nos describen -con la ayuda de los profetas de calamidades- es desolador como una tierra devastada.

                Lo que miramos nos configura, se quiera o no, a su imagen y semejanza. ¿Qué se puede esperar de nosotros?¿Qué podemos llegar a ser, si tenemos los ojos fijados permanentemente en un mundo cruel, donde se nos dice en cada momento que el mal ha plantado su tienda entre nosotros y ha impuesto su dominio?

                Sí. El mal existe y tiene su lugar en el mundo. Y la primera victoria del mal es hacernos creer que impera, que gana la batalla, que se ha establecido con poder en nuestro territorio, en todos los ámbitos. Para desanimarnos en el combate. El mal quiere propaganda. Su primer objetivo es reclamar nuestra mirada.

                Pero hemos de decirlo: la inconmensurable belleza, la desbordante bondad, la gozosa alegría de vivir, la fecunda paz, la vida equilibrada, la verdad buscada y deseada, que llenan nuestro mundo de uno al otro extremo, que habitan en el corazón de tantas y tantas personas y de tantos hogares, que son el entramado de tantas actividades... hoy, no tienen cartel, han sido aparcadas, escondidas. Y continuarlas ocultando no ayuda a edificar personas ni a mejorar el mundo. Porque lo que miramos nos configura, diseña nuestro esqueleto interior, nos vertebra. Y nosotros construimos inicialmente el mundo desde lo que somos.

                La difícil decisión del hombre de hoy es elegir lo que mira. Decidme qué miráis y os diré cómo sois, podríamos decir. Lo que no significa que debamos negar el mal. No. El mal existe. Como la hierba mala habita entre el trigo. Pues bien, una vez seleccionado el mal, delimitémoslo, rodeémoslo, pongámosle límites. Ponderemos su verdadera dimensión. Y no lo agrandemos con altavoces ni imágenes, ni con lupas que provocarían un incendio.

                Y, a continuación, que nuestros ojos enfoquen la belleza tan extraordinaria que se nos ha dado, la bondad que se manifiesta en el día a día de la gente, y el sentido que puede permitir integrarlo todo y comprender la vida. Entonces la realidad se nos hará digna de crédito, de esperanza y de amor.

DdA, XIV/3691