viernes, 27 de octubre de 2017

PATRICIA ESTEBAN ERLES, PREMIO DOS PASSOS

Me declaro lector asíduo de Patricia Esteban Erles
 desde que leí por primera vez sus breves textos poniendo pie literario a una fotografía en las redes sociales. De Patricia solo sé que es profesora y colabora regularmente en un periódico de Aragón. Hoy me acabo de enterar de que ha ganado el Premio Dos Passos a la primera novela y que el título de la misma es Las madres negras. Este Lazarillo está deseando leer el libro, porque aunque la dotación del premio no sea muy elevada (12.000 euros), estoy convencido de que esta escritora zaragozana no me va a defraudar con su contenido ni con la forma de contarlo. Ya es bastante en tiempo literarios tan fraudulentos. Vaya como adelanto de la valía literaria de Patricia este texto, con el que expresa lo que la noticia del premio le ha sugerido. Mi más sincera enhorabuena.
Una mañana de diciembre me levanté obsesionada con encontrar una novela de Shirley Jackson que hablaba de una casa dotada de vida. No hay nada que me guste más que una casa maldita, así que no paré hasta encontrar el último ejemplar que quedaba en la ciudad de "La maldición de Hill House". Me senté a leer en un café de la calle San Miguel y sólo llegué a acabarme el prólogo, un estudio maravilloso sobre edificios endemoniados. Cuando me tropecé con el fragmento que hablaba de la casa Winchester me vino a la mente una novela completa. Me marché corriendo a casa y comencé a escribir. Cerrando un ciclo, la terminé las navidades pasadas, dos años después de aquella visión tan turbadora y maravillosa que me invadió y me obligaba a escribir y llenar un extraño convento, Santa Vela, de niñas y monjas, Sin la voz de los que escribieron antes, sin sus obsesiones compartidas, sin aquello que no se sabe por qué nos arrastra a amar a un autor, los que escribimos seríamos simplemente loros parlantes. Quiero creer que somos enanos a hombros de gigantes y sé que les debo mucho a los amados monstruos que me han hecho desear que mi vida sean libros, historias, personajes. En "Las madres negras" rindo homenajes claros a Ray Bradbury, Shirley Jackson, Angela Carter, Gabriel García Márquez, Rulfo, Silvina Ocampo, Ana María Matute, Daphne du Maurier y muchos otros y muchas otras que no podría citar aquí.
"Las madres negras" tampoco sería posible sin esas personas que me ha animado a escribirla. Las primeras lectoras fueron dos amigas que han estado siempre al otro lado de la pantalla, recibiendo la novela por entregas. Cada capítulo enviado ha sido convenientemente destripado y saboreado por Zana y Mireya, que me devolvieron el manuscrito hecho unos zorros y bien que se lo agradezco, por el cariño y la fe incondicional, por las risas y los subrayados y todas las veces en que me pidieron que escribiera más rápido. Gracias a Juan Casamayor, que olvidó que era una novela y la leyó y editó como hace con todos los cuentos de sus autores, con pasión y generosidad sin límite. Gracias a mi hermana Monse, que siempre está para escuchar las penas de la pobrecica hermanica pelma y para poner la vela pertinente al santo que toque.
Gracias al jurado, cuyas hermosas palabras nunca voy a olvidar. Puede que yo haya escrito esta novela solo para coleccionar la opinión de autores tan admirados y de dos críticos de renombre que eligieron por unanimidad mi historia y la llamaron cuento gótico lleno de poesía. Gracias a Palmira Márquez, que me llamó ayer para comunicarme la noticia y lloró conmigo, porque este es el momento que ni me había atrevido a soñar y de pronto cobró vida, y se convirtió en la oportunidad de trabajar con una gran agente y publicar en una gran editorial.
Y, por último, aunque no menos importante, gracias a todos los que alguna vez léeis algún texto mío y encontráis en él algo que os hace deteneros. Gracias por animarme a seguir , porque gracias a vosotros la literatura es un diálogo que no me canso de mantener. Gracias por las incontables muestras de afecto, por la alegría sincera y por todo lo que dais en cada uno de los mensajes que me habéis enviado. 

DdA, XIV/3672