miércoles, 18 de octubre de 2017

EL TRIPLE CONCIERTO DE BEETHOVEN POR LA SINFÓNICA DE BOCHUM Y STORIONI TRIO



Alicia Población Brel
Rótterdam
El pasado sábado 14 de Octubre, la Orquesta Sinfónica de Bochum acompañó al Storioni Trio en el Triple Concierto en do mayor, Opus 56 para violín, violoncello y piano de Beethoven. El concierto, junto al número dos de Haydn para cello, fue compuesto para el que se consideraba mejor cellista de la época, Antonín Kraft, checo, pero no es seguro si fue el hijo de este o el propio Antonín quien lo estrenara. Se dice también que Beethoven lo compuso para su pupilo, el archiduque Rodolfo de Austria, quien tenía menos de veinte años de edad en el momento del estreno, por lo que el compositor hizo la parte del piano más vistosa y accessible que las otras.

Storioni Trio se fundó en 1995 con Bart van de Roes al piano, Wouter Vossen al violín y Mare Vossen como cellista. El nombre lo origina el violín de Wouter Vossen, fabricado por Lorenzo Storioni, uno de los últimos maestros lutieres de Cremona (1744-1816).

Pese a un molesto y agudo pitido al principio del concierto, que luego desapareció, el trío hizo una interpretación magistral del concierto. El poco espacio obligaba al pianista a dar la espalda a sus compañeros, y el contacto visual era difícil, pero no por ello se perdió la conexión entre el trío. En el primer movimiento, y hasta acabar el tercero, el pianista nos sorprendió gratamente con su limpieza y sus contrastes. A veces parecía como si al pulsar las teclas estuviera amasando un pan, enérgico pero con cuidado, para no dejar de ser compacto; otras, como si esculpiera una piedra de mármol, justo en el punto, a veces un movimiento pequeño, a veces grande, pero con decisión y carácter.

Me llamó la atención la tranquilidad en cuerpo y dedos y la sonrisa, que rara vez se le borró de la cara durante el concierto. El cello y el violín, que sí podían mirarse sin problema, se cedían el protagonismo en los pasajes difíciles pero sin dejar solo al otro, apoyándose con la mirada, como ese personaje que permanece discretamente en escena cuando el otro dice su pequeño monólogo. Cada uno iba por su lado pero siempre con sentido hacia el otro. Las fusiones de ambos apenas eran perceptibles, de repente te los encontrabas paseando la música de la mano, como si ambos mundos se juntaran en una misma rotación. Como bis nos regalaron el sexto movimiento del trio Dumky número 4 de Dvorak.

Parece que este otoño Beethoven está el primero de la lista en la programación del Doolen, el auditorio de Rotterdam, porque tras el descanso la orquesta nos deleitó con una Heroica algo diferente a la dirigida por Yannick Nézet-Séguin unas semanas atrás. Para empezar, la colocación era diferente, esta vez los contrabajos estaban repartidos a los dos extremos del escenario, sonando en estéreo, los cellos en medio y los violines y las violas a los lados; eso permitía un sonido mucho más compacto y equilibrado en cuanto a graves y agudos. El color de las secciones y los pianos y pianísimos, tan apurados prácticamente hasta el susurro en la dirección del canadiense, no se percibían tanto en esta ocasión con Steve Sloane (Los Ángeles, 1958), director titular de la orquesta desde 1994. Entre movimiento y movimiento no faltaron las toses, pero Sloane no levantó las manos hasta que no hubieron callado todas, excepto en el attaca del cuarto movimiento, claro.

A destacar la entrada justa y precisa del segundo movimiento, esta vez sin ningún sobresalto, y la unidad de la sección de cellos, que cada vez que se alzaba era como uno solo, potente y claro, como un tenor o un bajo de ópera cantando un aria; en su entrada de la fuga del segundo movimiento se levantaron por encima de la orquesta. Noté más coraje esta vez que hace dos semanas en la entrada de las trompas del tercer movimiento; no salió perfecto, pero la decisión y las ganas estaban mucho más presentes.

Mención especial para el primer viola, que vivió muchísimo toda la música y se pasó parte del concierto medio de pie en su silla, casi haciendo sentadillas, sin poder dominar la emoción mientras guiaba a su sección.

DdA, XIV/3664