jueves, 19 de octubre de 2017

A CADELA (PERRA) DE CHANDEBRITO Y SU CRÍA CALCINADA

Félix Población

De la localidad pontevedresa de Chandebrito posiblemente nunca se vuelva a saber palabra en los medios, como posiblemente muy poco se haya sabido antes del incendio. Pero de allí eran Angelita Otero y Maximina Iglesias, dos ancianas de 78 y 86 años respectivamente, que habían quedado para jugar la partida como todos los domingos en casa de la primera y se vieron sorprendidas por el fuego.

Como tantísimas ancianas viudas de modesto pasar en nuestros pueblos y ciudades, Angelita y Maximina se dedicaban a cuidar de su casa y a pasear al sol de la tarde mientras la vida les ofreciera ese cotidiano solaz que tanto complace a quienes llegan al arrabal de senectud. La partida del domingo quedó interrumpida por las llamas, cuando la Policía Nacional acudió para evacuar la parroquia. Una vecina se ofreció a llevar a las dos mujeres en su vehículo en dirección a la localidad de Camos. Casi al punto de salir de Chandebrito, un pino ardiendo cayó sobre la furgoneta y las dos ancianas murieron abrasadas, sin que la conductora, que resultó herida, pudiera evitarlo. De su memoria no se borrará posiblemente la desesperación y el pavor que habrá sentido en esos momentos. 
 
También en  la parroquia de Chandebrito, en Nigrán, 16 policías nacionales de la comisaría de Vigo se vieron acosados por una lengua de fuego hasta el punto de temer por su vida.  "Ayuda, mandar medios aéreos, vamos a morir, vamos a quemarnos aquí", suplicaban desde el punto en el que se vieron atrapados durante casi cuatro horas, junto a un centenar de vecinos, los mismos por los que arriesgaron sus vidas para rescatarlos.  "Pensábamos que no íbamos a salir; nos mirábamos y nuestras caras reflejaban el pánico", afirman. La misma desesperación refleja la carta de uno de esos policías, facilitada por el sindicato UFP. "Hubo compañeros que llamaron a su familia para despedirse o desenfundaron la reglamentaria por si se avecinaba el desastre morir sin sufrir".

Además de la furgoneta quemada en donde perdieron la vida las dos ancianas y del entorno negro de muerte en que han quedado sumidos sus alrededores de bosque y sombra, de la tragedia de Chandebrito nos quedará también como no menos significativo testimonio la fotografía de Salvador Sas, de la agencia EFE , en la que vemos a una perra llevar en su boca el cadáver  carbonizado de uno de sus cachorros. No encuentro para glosar la imagen, que tan bien habla de quienes no tienen voz para expresar ese comportamiento, mejor texto que este fragmento de Patricia Esteban Erles, dotada siempre de una sabia perspicacia para acertar a decir con palabras lo que sentimos a ojos vista:

"Un perro sabe que la muerte es un juego torpe aunque venga el fuego y arrastre a su cachorro a una guarida oscura. Por eso buscará hasta encontrarlo en el cementerio de huesos y escarbará y lo reconocerá entre todos y lo traerá de vuelta, para que el cuerpecito quemado de su cría sepa que está de nuevo a salvo. (Mamá gallega después del horror)".

Galicia deitada e queda
transida de tristes herbas
.
García Lorca. 

PS. Muy de lamentar que ayer, antes del partido internacional disputado por el Barcelona FC, no se dedicara un minuto de silencio en memoria de las víctimas de los incendios en Galicia. Sí lo hubo en el disputado el día antes por el Real Madrid en Madrid.

DdA, XIV/3665