jueves, 28 de septiembre de 2017

PARLEM ANTES DE QUE LAS BOTAS ACABEN CON LOS VOTOS


Félix Población  

Alguien, a pocos días de la jornada del 1 de octubre en Cataluña, ha tenido la feliz idea de colgar de unos de los balcones que se asoman a la Gran Vía madrileña la palabra, el verbo que nos puede salvar en última instancia de hacer una vez más el ridículo, tal como ocurriera en aquella esperpéntica fecha del 23 de febrero de 1981. Lo peor del caso es que, tal como se presentan los hechos y gracias a la obstinación de unos y otros, ese primero de octubre puede derivar en lo que ni unos ni otros deberían propiciar con su intransigencia.

La pancarta colgada en esa terraza madrileña ha empleado el verbo hablar en catalán y me parece que lo ha hecho con la idea de confiar más en que sea en Cataluña donde se pueda conjugar, desconvocando el referendo antes del domingo. Dado el dispositivo represor montado por el gobierno central, no cabía emplear por su parte ese verbo en castellano. Si fuera así, que el gobierno de la Generalitat desconvocara en última instancia la consulta ante el riesgo de que se pudiera producir altercados y desgracias personales que nadie desea, y ese gobierno reincidiera en su empeño de celebrar el referendo en un futuro inmediato buscando nuevos cauces de diálogo, creo que no se podría entender esa decisión como derrota, sino como preservación del mal mayor, que es el de la violencia.

Tanto los términos rendición como retirada, utilizados por el presidente Puigdemont en su entrevista del pasado domingo con Jordi Évole, son vocablos más propios del lenguaje de las botas que de los votos. Hay muchas botas en Cataluña en disposición de acabar por la fuerza con la convocatoria apañada de modo irregular por el gobierno catalán sin contar con una mayoría cualificada en el Parlament. 

Si la Generalitat desconvocara esa jornada de referendo para reconvertirla en una movilización política de protesta contra la falta de cauces políticos para que esa consulta se pueda verificar de modo legal y acordado, se podría evitar lo que acaso ocurra el próximo domingo y no dejaremos luego de lamentar mucho. Antes de que las botas acaben a patadas con los votos, mejor sería que los votos aguardasen la vía de diálogo que más tarde o temprano se abrirá. Parlem antes de que hablar se ponga mucho más difícil.

PS.-Una vez escrito este artículo y difundido por las redes, Lourdes Prieto ha suscrito este comentario desde Salamanca: Está mañana, cuando en uno de los balcones de mi edificio apareció la bandera española, me pregunté si yo debía poner ¿Hablamos? en el mío. Fue duro responderme: tengo miedo. Yo, aquí, en mi ciudad, también tengo miedo de invitar al diálogo. Estamos muy mal.
 

                                         DdA, XIV/3648