martes, 4 de julio de 2017

DE MARICA A GAY: DEL CINISMO Y LA HIPOCRESÍA

Habrá quien recuerde la masiva manifestación que se celebró en Madrid hace doce años con motivo de la aprobación de la ley del matrimonio entre homosexuales por parte del gobierno de Rodríguez Zapatero. El carácter histórico de aquella convocatoria lo cifró la asistencia de hasta veinte obispos, veinte, que con visera, pancarta y ray-ban encabezaron la marcha, en la que figuraban asimismo algunos exministros del Partido Popular y la que luego sería alcaldesa de Madrid Ana Botella, esposa de Aznar el de las Azores. Pues bien, Pérez de Albéniz -a la vista de lo observado estos días atrás con motivo de la multitudinaria celebración del Orgullo Gay en la capital del reino-, glosa en el siguiente artículo la colmada ración de cinismo e hipocresía que comporta la actitud de algunos políticos:

Javier Pérez de Albéniz
Cuarto Poder

¿Tiene usted un amigo gay? Pues entonces ya está libre de toda homofobia, y puede dedicarse a la política con absolutas garantías: con este sencillo detalle se garantiza el voto incluso de aquellos sectores sociales a los que hasta hace cuatro días consideraba marginales e irrelevantes. Ya solo le falta buscarse un amigo negro, por aquello del racismo. Y si quiere bordarlo, otro gitano. Y por último, ya no le aprieto más, uno moro. Con estos colegas tiene cubierto su cupo de tolerancia, solidaridad, responsabilidad social y amor por el prójimo.
Grandes políticos, como Mariano Rajoy o Albert Rivera, han seguido tácticas igual de sencillas y les ha ido de maravilla. El cinismo y la hipocresía son valores en constante alza.
El matrimonio siempre ha sido una institución entre un hombre y una mujer. Es una manía del Gobierno por parecer moderno y no una reclamación de los homosexuales”, dijo el actual presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en una entrevista publicada en 2005. Afortunadamente el tiempo le hizo madurar, y le obligó a reflexionar sobre sus ideas retrógadas. Tres años después realizó unas declaraciones mucho más progresistas: “Yo hubiera hecho la misma ley sin llamarle ‘matrimonio’, porque la palabra matrimonio, creo yo que es un poco meter el dedo en el ojo a los católicos, y sin embargo los mismos derechos y libertades se hubieran podido dar con otro nombre”. Dos miembros de su partido encabezaron, con absoluta naturalidad, la manifestación del orgullo gay celebrada el pasado sábado en Madrid. Mientras tanto, Cristina Cifuentes se subió al escenario para bailar el trenecito.
Una posición de privilegio en la que también se pudo ver al líder de Ciudadanos. Sí, el mismo Albert Rivera que en unas declaraciones realizadas en 2006 dijo que “llamar matrimonio a una unión homosexual genera tensiones innecesarias y perfectamente evitables en la sociedad, sin aportar ninguna mejora a las parejas homosexuales ni a la calidad de su ciudadanía”.
En política nada es para siempre. Esa es su grandeza. Donde toda la vida dijo maricón, diga ahora gay. ¿Habló en alguna ocasión de negratas, moracos y gitanos? Ahora refiérase a ellos como minorías. Étnicas, religiosas, linguísticas o sexuales, elija. Adapte su viejo y casposo lenguaje franquista a los tiempos actuales, a la democracia y la tolerancia, y nadie le reprochará su pasado ultraconservador, sus devaneos homófobos, su tufo rancio. Parece ser que esta sociedad nuestra no tiene ni memoria ni criterio, y lo aguanta todo, lo perdona todo, lo olvida todo. Triste.

DdA, XIV/3577