martes, 4 de julio de 2017

LAS MUJERES DEL PAN EN LA REVOLUCIÓN RUSA*

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Félix Población

Para el título de este breve, clarificador e interesante estudio de los acontecimientos revolucionarios que tuvieron lugar en Rusia en 1917, se sirve Julián Casanova de la explicación dada a sus ministros por el príncipe Lvov, jefe del gobierno provisional en junio de ese mismo año: “Es la venganza de los siervos…el resultado de nuestro –y ahora hablo como un terrateniente- pecado original…el comportamiento tosco y brutal durante siglos de servidumbre…Si Rusia hubiera sido bendecida con una verdadera aristocracia terrateniente, como la de Ingleterra, que tuvo la decencia humana de tratar a los campesinos como personas en vez de como perros…entonces quizá las cosas podrían haber sido diferentes”.

Con esta cita introduce el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza este libro, escrito en Budapest a lo largo de sus estancias en la capital húngara como investigador y profesor visitante en la Central European University. La mayoría de las fuentes en inglés consultadas al respecto proceden de los valiosos fondos sobre Rusia que posee la biblioteca de la citada universidad. Tal como nos indica el autor en la introducción, la principal tendencia de la historiografía reciente es subrayar que lo ocurrido en Rusia a principios del pasado siglo forma parte de un proceso de crisis constante entre 1914 y 1921 (guerra mundial, revoluciones y guerras civiles), sin claros puntos de separación.

La narración de este estudio del profesor Casanova  se atiene de principio a fin a esa cronología básica. Tras la caída de la Unión Soviética, los investigadores tuvieron la posibilidad de interpretar con una mayor y mejor perspectiva histórica esa espiral de conflictos desatada a partir de la primera guerra mundial y seguida por los años revolucionarios y las guerras civiles. Como en buena medida esos estudios no están disponibles en español, lo que se ha propuesto Casanova es un trabajo de síntesis de poco más de 200 páginas sobre las miles de páginas escritas por diferentes especialistas, aportando además sus propios puntos de vista.

Se puede asegurar que el resultado no defraudará al lector que cuente con un minimo conocimiento  de unos hechos que marcaron decisivamente la historia del siglo XX y para los que no hay explicaciones simples, dada la complejidad de los mismos. Se trata, en este caso, de un conjunto de revoluciones simultáneas y superpuestas frente al sistema autárquico, encarnado por una monarquía absoluta y anquilosada con cuyo análisis el historiador abre el libro, para pasar en el segundo capítulo a la guerra de la que surgieron todas las calamidades, según reza el correspondiente epígrafe, y que Lenin consideró positiva para la revolución, según le participó a Gorki en 1913. ¿Se hubiera dado el proceso revolucionario sin el estallido de la primera guerra mundial?

Es de significar el papel jugado por las mujeres en el movimiento popular de los soviets, tal como señala el autor y sin que esa circunstancia se haya tenido muy en cuenta hasta ahora. Entre ocho y nueve millones de mujeres (soldatki) participaron en las protestas porque sus maridos estaban en el frente y no recibían el estipendio que les habían prometido. Fueron las mujeres las primeras en levantar sus voces y manifestarse contra las muchas horas que debían esperar para conseguir pan. Paz y pan fue el exitosos mensaje movilizador emitido por Lenin, al margen de planteamientos teóricos.

El autor pasa después a tratar la sucesión de acontecimientos que discurren entre los meses de febrero y octubre de 1917, hasta el momento en que se produce el acceso de los bolcheviques al poder, con la consiguiente revolución previa a la instauración de la dictadura. Julián Casanova trata en el epílogo este último tránsito, al que dedica en los últimos párrafos la distinción analítica que establece su colega Hanna Arendt entre violencia y terror: “Terror no es lo mismo que la violencia; es, más bien, la forma de gobierno que nace cuando la violencia, tras destruir todo poder, no abdica, sino que, por el contrario, mantiene todo el control”.

Finalmente, como conclusión, el profesor Casanova resume las causas, desarrollo y consecuencias de esas revoluciones analizadas en el libro, a la luz de las investigaciones más recientes, un siglo después de que se produjeran los hechos. “Para ver cómo y por qué los bolcheviques bloquearon la consolidación de una democracia popular tal y como había sido concebida por las masas en 1917, tema esencial de parte de la reciente historiografía, conviene recurrir de nuevo a ese concepto de crisis continua y de caleidoscopio de revoluciones. En síntesis –afirma el historiador-, la revolución de febrero significó la destrucción del viejo orden y la creación de los sóviets como expresión del poder de las masas. La segunda revolución, la de octubre, se plasmó inicialmente en la democracia directa sin compromisos con las clases propietarias y en la inmediata ejecución del programa popular sobre la tierra, la paz y el control obrero de las industrias”.

La venganza de los siervos. Rusia, 1917, Julián Casanova.
Ed. Crítica, Planeta, 2017
195 pags. 

*Publicado también en el número de julio/agosto de El viejo topo.


DdA, XIV/3578

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