martes, 30 de mayo de 2017

PERFIL DEL ESPAÑOL ANTISISTEMA

Jaime Richart


Voy a procurar aclarar a quienes no lo tengan claro, qué es ser antisistema y quién es antisistema...

Porque se es antisistema de diversas formas y en diver­sos gra­dos. Pero quien acusa a otro de antisistema es por­que él está muy conforme con el sistema, tanto porque el sis­tema le es favorable como porque no piensa en ab­so­luto en los demás. Téngase en cuenta que el nivel de efica­cia o aceptación general de un sistema se mide por el hecho de que todo el mundo viva relativamente insatisfe­cho, no porque unos vivan muy satisfechos y otros dramá­ticamente insatisfechos. Ni qué decir tiene que en el adverbio relativamente reside el grado de verdad...

El antisistema rechaza la estructura de las leyes penales, unas por injustas en su propio enunciado y otras por la in­terpretación sesgada a que se prestan.
El antisistema rechaza al juez, al tribunal, al fiscal y al abo­gado que no han superado el diseño cultural que de ellos ha hecho el sistema para defender el sistema.
El antisistema rechaza el mayor derecho, la preeminen­cia o supe­rioridad de unas clases sociales sobre otras y de unos individuos sobre otros.
El antisistema, independientemente de los aspectos técni­cos y pedagógicos, cuestiona los fundamentos de una edu­cación reglada o en sumisión.
El antisistema no está conforme con los constantes cam­bios en la sociedad que afectan a la desenvoltura coti­diana, manteniéndose por el contrario blindado un orden político y un ordenamiento jurídico deplorables sobre los que no hay atisbos de voluntad alguna de cambiar.
El antisistema rechaza la economía del mercado en lo más odioso de un mercado, que no es libre salvo en lo ac­cesorio y está intervenido en lo esencial por lobbys y ma­fias en perjuicio de millones.
El antisistema denuncia al dinero, no como instrumento de cambio sino como exclusiva medida de valor.
El antisistema está contra el consumo sin responsabili­dad, inducido por el propio sistema.
El antisistema maldice a ladrones públicos y a corrup­tos,  a quienes condescienden con ellos y a quienes les vo­tan.
El antisistema propugna la eliminación de la tauroma­quia, como toda convocatoria cuyo fin sea presenciar la muerte de cualquier ser vivo.
El antisistema rechaza la ganancia por encima de cual­quier otro valor.
El antisistema niega la prevalencia y la razón de unos te­rritorios sobre otros.
El antisistema denuncia el manejo político de mayorías en las urnas conseguidas con fraude o maquinación.
El antisistema rechaza la defensa de la Constitución y de leyes en cuanto conviene al defensor, que oscurece las leyes no favorables a su causa o interés.
El antisistema defiende a los más débiles frente al abuso de  fuertes, mediocres e ineptos sin más mérito que el fa­vor del poderoso o su alianza con el poderoso.
El antisistema denuncia los hechos consumados deriva­dos de la prepotencia y del abuso.
El antisistema incluye otras formas de refugio psicoló­gico, espiritual o moral ajenas a la religión mayoritaria.
El antisistema está en contra del asunto religioso por en­cima del sentimiento de un Dios eventual.
El antisistema ve en el trabajador de este tiempo a un siervo o a un esclavo.
El antisistema se enfrenta a quien dice que el que no tra­baja es porque es vago y odia a quien dice que el pobre lo es porque lo merece.
El antisistema condena a los autores de ignominias, a quie­nes las propician y a quienes son severos con el débil y permisivos con el poderoso.
El antisistema reclama la abrogación de una Constitu­ción, de una forma monárquica de Estado, de una ley electoral y muchas que refuerzan el sistema,  muñidas por los herederos directos del fran­quismo.

DdA, XIV/3550