sábado, 20 de mayo de 2017

EL QUIJOTE Y LA FORJA DE LA SEGUNDA REPÚBLICA

Francisco García Pérez

El profesor Luis Arias Argüelles-Meres (1957) es autor de ensayos, novelas y, acaso sobre todo, veterano cultivador de artículos periodísticos en los que siempre, creo, predominó una atención especial a la Segunda República española, a José Ortega y a Manuel Azaña, así como a los maestros de la llamada Generación del 98. Nada resulta, pues, menos extraño que a la nómina de sus publicaciones se sume ahora La reinvención del Quijote (con subtítulo explicativo) que une el personaje cervantino a los antedichos. Quiero decir que tarde o temprano tenía que ocurrir este libro. Entiéndase su Primera Parte como una introducción general al modo en que fue interpretado o, mejor, valorado don Quijote por estos escritores españoles que cabalgaron entre dos siglos, y léase la Cuarta como un continuación y conclusión de aquella, donde Arias incluye sabrosos comentarios a la conferencia que en 1860 el gran estilista Turgueniev pronunciara bajo el título "Hamlet y don Quijote" (dos obras geniales, publicadas ambas en 1605), que podría haberse llamado "Hamletianos y quijotescos", pues "estos dos 'tipos' encarnan dos características fundamentales y opuestas de la naturaleza humana, los dos polos del eje sobre los que gira aquella". El primero es el individualista, la duda, lo trágico. Por el contrario, Alonso Quijano sería la fe, el ideal de cambio para instaurar la verdad y la justicia, lo sublime de un empeño y el ridículo en que incurre. (Acoto que estoy parafraseando: a mi juicio, Quijano no incurre en ridículo alguno, es la realidad chata y ruin la que lo degrada a lo grotesco). Y entre estas dos Partes del libro viene su núcleo duro, la ejemplificación de lo sostenido: "El Quijote en la Generación del 98", o sea, en Unamuno (muy punteado por las opiniones de María Zambrano) y Maeztu, y "El Qujote en la Generación de 1914" (es decir, en el citado Ortega, en Pérez de Ayala, Madariaga, Américo Castro o Azaña.
Pues bien: ¿por qué unos intelectuales que mucho tenían de 'hamletianos' y que ellos mismos creaban personajes ficticios con tantas indecisiones como las del príncipe danés deciden no ya releer sino reinventar una novela clásica del XVII, deciden, como escribiría Azorín, escribirla de verdad: "El 'Quijote' no fue estimado ni comprendido por los contemporáneos de Cervantes (?). El 'Quijote' no lo ha escrito Cervantes; lo ha escrito la posteridad". Deciden, tan hamletianos, hacerse quijotescos por completo precisamente porque en su vida de moral pública necesitaban crear una utopía moderna, aquella "que se hizo realidad el 14 de abril de 1931", la Segunda República española. Y es que los anhelos de recrear, reinventar, hacer presente la caballería andante que animaban a don Quijote, corren parejos a los de noventayochistas y novecentistas: "El bagaje caballeresco del que se indigestó el discurso de don Quijote no estaba más fuera de su tiempo que la doctrina del liberalismo y la democracia que sostenía a aquellos intelectuales que fraguaron la proclamación de un nuevo Estado".
Por lo tanto, ensayo este de Luis Arias, no exento de polémica (por la tesis recién expuesta), imprescindible para cervantistas, necesario para hablar con cabeza de la vida pública y la Historia en estos tan hamletianos días que tanto quijote precisan.

DdA, XIV/3541