jueves, 5 de enero de 2017

EL CICLISTA Y LA CENCELLADA


Lazarillo

Está entre los más regulares y saludables hábitos de este discreto Lazarillo el de subirse a su bicicleta muy de mañana, asomarse al camino cabe el río y proseguir una plácida marcha hasta alguno de los amenos y sencillos rincones que hay en el entorno donde vive, sito en la alta meseta. Por muy bajas que sean las temperaturas y esté el camino cuajado por la albura de la cencellada, es improbable que el ciclista desista de cumplir con los pedales a primera hora del día, como se puede advertir en la imagen que ilustra estas líneas. El silencio es tan intenso entonces que se escucha el pálpito de las ramas heladas ante los primeros rayos del sol naciente. Ese latido del invierno tiene la emoción de la vida al despertar. Un año tras otro, han sido decenas de miles los kilómetros que el ciclista acumula en sus piernas por los caminos transitados, que han sido muchos. Suele hacerlos con un libro de versos en el transportín porque la poesía crece en hondura cuando se pone en los versos el aliento nuevo de cada amanecer, a la luz recién abierta que lo alumbra hasta tal punto que parece encendernos la voz. Salud cordial a todos los lectores de este modesto DdA.

DdA, XIV/3431