jueves, 5 de enero de 2017

EL CARDENAL CAÑIZARES HABLA DE "LA MALDAD DE ADOCTRINAR EN IDEOLÓGIA DE GÉNERO"

El cardenal arzobispo de València, Antonio Cañizares (1940), reemprende su lucha contra el colectivo LGTBI, ahora a razón de la  Ley integral del reconocimiento del derecho a la identidad y expresión de género en la Comunitat Valenciana, y especialmente por su adaptación y normalizacion en los centros educativos. Ante esta nueva etapa el arzobispo clama en el semanario diocesano 'Paraula' contra la Ley afirmando que "adoctrinar a los niños en ideología de género es una maldad". (Eldiario.es).

La escuela del nacional catolicismo: La ley de enseñanza primaria de 1945

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La Ley de Enseñanza Primaria de 17 de julio 1945 está basada en la primacía de la religión sobre cualquier otro componente, y sobre la necesidad de introducir en las mentes y en los corazones de los niños las excelencias de la patria. De esta combinación de principios nace la escuela del nacional-catolicismo.
Fue José Ibáñez Martín (Valbona, Teruel, 1898-Madrid, 1969), ministro de Educación Nacional desde 1939 hasta 1951, el encargado de presentar esta ley en las Cortes. En la exposición que hizo recordó que, ya en la antigüedad, España "alumbraba césares para el Imperio de Roma" y señalaba que había una tradición pedagógica netamente española representada por autores como Lulio, Nebrija, Vives, San José de Calasanz o Andrés Manjón.
Y concluía afirmando que la Ley de Educación Primaria que se sometía a la consideración de las Cortes era, lisa y llanamente, "un claro exponente de política cristiana de Franco, basada en la Doctrina inmortal de la Iglesia, maestra de la verdad y de la vida".
Unos años antes, en 1938, José Talayero Lite, Director del Hogar José Antonio de Zaragoza, un centro docente modelo de Falange de existencia muy breve, en su aportación al Curso de Orientaciones Nacionales de la Enseñanza Primaria celebrado en Burgos en 1938, afirmaba:
"Vivimos en su plena realidad el sentido ascético y militar de la vida porque lo religioso y lo militar son los únicos medios serios y enteros de entender la vida. Mitad monjes y mitad soldados, como decía José Antonio. La pedagogía del sacrificio. La pedagogía de vivir crucificado con Cristo. Precisamente todo lo contrario a esa pedagogía biológica que acabamos de exponer, la cual se funda en el juego como instrumento de placer para satisfacer una necesidad.
(...) A esta Pedagogía nuestra, la bautizamos con el nombre de pedagogía del dolor, en contraposición a la que se adueñaba de nuestras escuelas, llamada del placer. Pero no ese angustioso y mortificante dolor que agota las energías, sino el dolor que las eleva, que estimula, que vivifica, que perfecciona".

"Mitad monjes, mitad soldados": maestros al servicio de la patria

El magisterio se presentaba como el colectivo profesional idóneo para socializar a los niños en los principios del Estado Nuevo. Junto a la iglesia, la escuela -y el maestro como su principal agente-, fue el instrumento de indoctrinación que se servía de los cantos, de los rezos, de los símbolos, de las celebraciones, y de otros rituales escolares que tenían como objetivo, además de evidenciar la estética y el discurso del franquismo, la humillación y el sometimiento de las posibles voces y conciencias discordantes. Para realizar esta tarea no era necesario contar con un magisterio bien formado. Bastaba con un magisterio obediente y temeroso que dedicara la mayor parte de su energía y de su trabajo a legitimar el Nuevo Estado.
Si analizamos los procedimientos establecidos para seleccionar a los maestros, descubriremos algunas de las claves que permiten entender qué tipo de maestro pretendía el régimen del general Franco. Las notas características de la formación del magisterio durante este período pueden resumirse en la constante presencia de la dimensión religiosa en su formación, en el control que ejerce la administración y la propia iglesia en el cumplimiento de la norma moral, religiosa y política del momento, y, por fin, en el trato de favor que recibieron algunos colectivos por su adhesión al régimen (por ejemplo, podemos mencionar el caso del Cuerpo de Mutilados de Guerra por la Patria). El favoritismo se reconoció legislativamente. Así, una Ley de 26 de enero 1940 convocaba un concurso para proveer en propiedad 4.000 escuelas al que podían concurrir exclusivamente los oficiales provisionales, de complemento y honoríficos que poseyeran el título de maestro, bachiller o certificado de estudios equivalentes y siete meses, al menos, de servicio activo en el frente de batalla. En esta misma línea, según la convocatoria de oposiciones de 17 de octubre de 1940, sólo podían presentarse quienes, junto al título académico, acreditaran su adhesión absoluta al nuevo Estado, y fueran, además de militantes de Falange, oficiales provisionales o de complemento, o excombatientes, o excautivos, o miembros de la extinguida Corporación del Magisterio o de los Cruzados de la Enseñanza, o huérfanos de guerra, o miembros del SEM con cinco años de servicios interinos en escuelas o entidades de sentido católico y nacional. Hay que esperar hasta 1945 para que la convocatoria de oposiciones esté abierta a todos los españoles, aunque continuaría siendo necesaria –prácticamente hasta el final del régimen como un requisito formal- la adhesión al Movimiento. Aún durante los primeros años setenta, para acceder a los estudios de magisterio había que presentar certificado de buena "conducta moral pública y privada" de las fuerzas vivas (cura, guardia civil). En la misma época, en los tribunales de oposiciones estaban representados la Iglesia Católica y el Movimiento (por la presencia de un sacerdote y de un vocal del Frente de Juventudes o de la Sección Femenina).


DdA, XIV/3431