miércoles, 14 de diciembre de 2016

EL BESO DE PABLO IGLESIAS A ANA PASTOR


Lazarillo

Se diría, a la vista de la imagen que ilustra este post y da razón al sentido del mismo, que aparte de sentar a los periodistas en las alfombras del Salón de los Pasos Perdidos -como hiciera ayer para informarles sobre liderazgos en su partido-, el secretario general de Podemos va a dejar también huella por sus besos. Lo hizo de modo fehaciente cuando le estampó hace meses uno en la boca a su compañero Domènech, de En comú podem, ante la perplejidad o asombro del hemiciclo. Entendido aquel como expresión de afecto entre amigos y camaradas, cuesta más comprender la efusividad de la que hizo patente muestra ayer Iglesias al besar a la presidenta del Congreso de los Diputados, con motivo de la entrega de los premios concedidos por los periodistas parlamentarios. A pesar de que a don Pablo le tocó el de distinguir al político que peores relaciones mantuvo con los medios, no pareció el secretario general de Podemos excesivamente afectado cuando saludó a doña Ana Pastor. Contrasta el abrazo de manos que Iglesias dispensó a doña Ana en el momento del ósculo -con tierno tacto de oreja incluido- con la distancia con que hace días, con motivo del Día de la Constitución, la señora Pastor saludó a Pablo Echenique, a un palmo al menos de la mejilla de este. Yo no sé a ustedes, pero a este Lazarillo le parece que la expresión de doña Ana al no alcanzar la mejilla de Iglesias y quedarse con el beso en el aire dibujado en los labios, deja a la señora presidenta una tanto confusa, suspensa y pasiva ante la efusividad de don Pablo. Habrá quien diga que entre el ósculo de Iglesias y los asépticos de don Mariano no hay color, al margen de idearios.

PS.- ¿Aprovecharía la ocasión don Pablo para susurrarle a doña Ana Pastor si recordaba cuando, como ministra de Fomento, aseguraba que las autopistas tendrían un coste cero para los españoles?

DdA, XIII/3412