miércoles, 9 de noviembre de 2016

CRISTINA CIFUENTES: DE RISA, BOCHORNO Y ASCO


Félix Población

En cualquier país con un democracia asentada y una clase política medianamente decente, en el que el acceso a puestos de responsabilidad política no obedeciera tanto como en el nuestro a mangoneos, peloteos y otras inercias más o menos cutres propias de la vida interior de los partidos que se han venido turnando en el poder a lo largo de cuarenta años, las declaraciones de Cristina Cifuentes respecto al piso de Pablo Iglesias no hubieran podido darse más que en los escalafones de mentalidad y nivel intelectual más precarios de una organización. 

Si en este supuesto caso ya habrían sido indicativas tales manifestaciones de la carencia de argumentos de un partido consumido por su impotencia para criticar al que sin duda será el adversario a combatir en la próxima legislatura, ¿qué decir cuando quien así se expresa es nada menos que la presidenta de la Comunidad de Madrid? ¿Cómo puede una persona en la que ha concurrido tal responsabilidad, máxima mandataria del gobierno de una región, reprochar a Iglesias que viva con su sueldo en un piso de protección oficial, propiedad de su madre, sin que al hacerlo no se le caiga la cara de vergüenza? ¿Acaso prefiere que lo haga en el Palace, como durante años lo estuvo disfrutando un diputado catalán ya retirado? ¿O que cobre las dietas por alojamiento que reciben algunas señorías pese a disponer de vivienda en Madrid? 

El secretario general de Podemos, Pablo Echenique, se reía ayer sin disimulo en Las Mañanas de Cuatro cuando el presentador de este programa reclamó su opinión al respecto y Echenique no tuvo reparo en suponer que a doña Cristina se le había ido la olla. Ciertamente, sería de risa la crítica de la presidenta -al modo que va adquiriendo el periodismo sectario de Ana Rosa o Indainfamia-, a la que enseguida se apuntó Rafaelito Hernando el portavoz macarra del PP, pero viniendo de quien viene y contando con el refrendo del mentado, más bien sería cosa de bochorno y asco, sensaciones que no conviene acumular y afectan al menos a cinco millones y pico de votantes.

DdA, XIII/3382