sábado, 11 de junio de 2016

DOS PROYECTOS DE PAÍS: EL DE MANUEL MONEREO Y EL DE CARLOS TAIBO

Topo 341

Félix Población

Como no podía ser menos en una publicación de las características de la que comentamos, el último número de El viejo topo toma decidido partido por lo que durante la elaboración de la revista aún no se había logrado y sus editores Miguel Riera y Víctor Ríos suscriben: Unidos sí se puede, titular del artículo, aboga por la coalición Podemos/Izquierda Unida/Equo más confluencias para construir un nuevo futuro para nuestro país y poner fin al robo sistemático de dinero público que unas élites políticas corruptas han llevado a cabo durante décadas con total impunidad.

En línea con ese texto que abre el número de junio, Ferran Gallego firma un largo artículo que toma como fuente de debate el que Manuel Monereo publicó el mes anterior en la revista (Podemos. Del “populismo de izquierda” a la estrategia nacional popular) y el que también apareció en Cuarto Poder bajo el título El dilema de España. Entiende el autor que la defensa de la soberanía y de lo nacional-popular se encuentra en el ADN de la izquierda socialista. Para Gallego, el bipartidismo no es un sistema de alternancia, sino un régimen de dominación. La identidad de la izquierda no se agota ni en siglas ni en genealogías. Habrá que desterrar sectarismos, pero también evitar pérdidas gratuitas de identidad. El compromiso histórico, según el autor, no es un  programa, sino una definición del régimen al que se considera adversario a batir. 

Siguiendo con el debate, Ignacio Fiz contrasta a continuación dos proyectos situados en los “ismos” de la izquierda a través de sendos libros: el de Manuel Monereo y Héctor Illueca (Por un proyecto de País, Ed. El viejo topo 2015, y el del profesor Carlos Taibo (Tomar el poder o construir la sociedad desde abajo, Ed. La Catarata, 2015). Ambos persiguen la ruptura o sustitución del sistema. El primero, desde una visión transformadora de carácter marxista y el segundo a partir de una perspectiva anarquista. Leyendo ambas quizá nos pudiéramos encontrar con puntos comunes.

Sumamente interesantes son las dos entrevistas que aparecen en el número 341 de la revista. Salvador López Arnal dialoga con el autor de un magnífico libro, La dictadura del videoclip, Jon E. Illescas. Sostiene este que las élites toman muy en serio algo aparentemente tan divertido y banal como la cultura popular, revelando hasta qué punto la industria musical mayoritaria y sus estrellas son cómplices –más o menos conscientes- de los poderes dominantes. En el libro se denuncian los contenidos violentos y machistas que conforman buena parte de los videoclips. La que Illescas denomina arquitectura capitalista “conspira” para que los videoclips hegemónicos sean como son, con el sexo y la música como dos pilares básicos de seducción audiovisual.

Enric Llopis entrevista a David Becerra, autor de La Guerra Civil como moda literaria, a partir del titular ¿A quién sirve la literatura?, pues Becerra ha sido asimismo coautor del libro colectivo Qué hacemos con la literatura. Este reputado crítico, fundador y director la Revista de Crítica Literaria Marxista, sostiene que la literatura interviene en la sociedad, tanto para cuestionarla como para legitimar y reproducir la ideología dominante, ya sea activa o pasivamente, consciente o inconscientemente. Para Becerra, novelas de la no ideología son aquellas que desde 1989 (con la caída del Muro de Berlín) hasta hoy son funcionales al relato dominante. Muchas de las novelas que se autoproclaman de la memoria histórica, en realidad no lo son. La Guerra Civil funciona en ellas como un mero decorado. Si se entiende que la memoria –en un sentido político- es un instrumento para traer el pasado a nuestro presente  con el objeto no solo de reparar el pasado sino de transformar el presente, en estas novelas la memoria brilla por su ausencia. Son novelas que desconectan pasado y presente, que nos muestran el pasado como un tiempo lejano que no nos pertenece, que no tiene nada que ver con nosotros. Eso hace que no nos comprometamos con él, ni para intervenir en el pasado ni para transformar un presente en el que sigue viviendo el pasado, aquel pasado que ganó la Guerra Civil.

De destacar finalmente el artículo que firma Higinio Polo sobre los años romanos del poeta Rafael Alberti, que también incluye su regreso a España en 1977 en compañía de Teresa León, su elección como diputado por el Partido Comunista y su viaje a Granada en 1980, una promesa que Alberti le había hecho a García Lorca medio siglo antes.

                           DdA, XIII/3292