sábado, 21 de mayo de 2016

POLÍTICA COMUNICATIVA DEL PP DESDE EL BASURERO DE LA HISTORIA


Es lo que tiene ser hija del  abogado y político falangista Fernando Dancausa, uno de los fundadores de la Fundación Francisco Franco, entre cuyos objetivos está "difundir el conocimiento de Francisco Franco en su dimensión humana y política": que durante su educación familiar, Concepción Dancausa pudo haber escuchado demasiadas veces que el separatismo independentista es una peste condenable para este país o que el ideario nacionalcatólico redimió a España del comunismo bolchevique. En atención a esos principios, la delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid prohibió que ondearan las esteladas en el partido de fútbol de la final de la Copa del Rey, rescatadas finalmente de tan bochornosa decisión política por la justicia. Lo que sí ha logrado la señora delegada gubernativa es permitir que este sábado la capital del reino acoja una manifestación antifascista y otra de ideología neonazi convocada por Hogar Social Madrid, el grupo que atacó la mezquita de la M30 tras los atentados de Bruselas: "Queremos demostrar que Madrid no es hogar para este tipo de gente", afirma Pablo Santana, uno de los portavoces de la plataforma Madrid para Todas
El Ayuntamiento de Madrid ha pedido a Delegación del Gobierno que no permita la marcha neonazi porque "se muestra una clara intención de criminalizar a las personas extranjeras y refugiadas".- Lazarillo

Emilio Silva

Cuando un partido político carece de cualquier límite de contención ética, como es el caso del PP, la defensa de sus intereses está por encima de cualquier comportamiento decente. Ese comportamiento se extiende a todas sus esferas y si estamos hablando de la comunicación, alguno de sus comportamientos son insultos a la ciudadanía.
En mayo de 2012 el Estado intervino en Bankia, uno de los grandes agujeros del liberalismo del Partido Popular que por su intervención en la caja nos pasó una factura de 24.000 millones de euros. La gran lideresa de la Comunidad de Madrid y responsable política de parte de lo ocurrido, Esperanza Aguirre, escurrió el bulto y lo hizo quitándose de en medio y con unas declaraciones, ante la proximidad de la final de la Copa del Rey, de que había que suspenderle si se pitaba al himno nacional. En ese momento, desplegó la cortina de humo, que corrió por los medios y dejaron de perseguirla para hablar de Bankia.
A principio de esta semana, el juez Velasco ha abierto el sumario de la Púnica, lo que faltaba por abrir, haciéndonos conocer otra vez la capacidad del Partido Popular para el ejercicio de la delincuencia organizada. Y claro, casualmente estaba cerca la final de la Copa del Rey, así que si había funcionado una vez podía hacerlo otra. Entonces, la delegada del Gobierno, prohíbe sin poder hacerlo, que las esteladas puedan entrar en el campo de fútbol y de ese modo vuelve a tensar en periodo prelectoral la confrontación de su rancio españolismo y el independentismo catalán. La bronca estaba servida y era perfecta para enturbiar la nueva información sobre otra trama corrupta, que es la misma.
Podría creer en las casualidades, en la inocencia, incluso en los accidentes o tic autoritarios. Pero el Partido Popular se juega muchas cosas en estas elecciones; si hubiera un poder judicial verdaderamente independiente quizá algún juez habría iniciado un proceso de ilegalización de una parte del partido que es una organización de delincuentes.
Otra cosa es pensar cuál es el deber del periodismo ante una situación así.

DdA, XIII/3274