jueves, 12 de mayo de 2016

CELEBREMOS EL CENTENARIO DE CELA CON LA HAZAÑA DEL CIPOTE DE ARCHIDONA



Lazarillo

Con motivo del centenario del nacimiento del escritor gallego Camilo José Cela, que se celebra este año y a quien este Lazarillo debe en parte su interés por la literatura desde los ya muy lejanos tiempos en que de muy joven leyó libros como Viaje a la Alcarria, La colmena y La familia de Pascual Duarte, no me resisto a traer a colación uno de los episodios a los que este autor prestó con su pluma suma gracia y sazón con ocasión de las singulares características y circunstancias del noticioso evento.  

Se trata del que Cela y el poeta malagueño Alfonso Canales -a quien tuve el gusto de conocer y escuchar al respecto- calificaron como La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona, y de la que el escritor de Padrón dejó constancia con el libro del mismo título. Sucedió en los últimos años de la dictadura, concretamente en 1971, cuando un obrero agrícola de la localidad de Archidona (Málaga) sembró la escandalosa alarma en un cine del pueblo durante un espectáculo flamenco. 

Según el acta de la causa seguida contra el fornido muchacho de 24 años, quedó "probado que el día 31 de octubre de 1971, en el cine Archidona, durante la presencia de un espectáculo de cante flamenco, la procesada masturbó a su novio, el procesado, teniendo éste el órgano viril fuera del pantalón, lo que motivó que salpicara de semen a los también espectadores (. . . ) y su esposa (. . . ) [sentados dos filas más atrás], causando desperfectos en sus ropas, pericialmente valorados en 3.500 ptas. y 1.600 pesetas, respectivamente". 

"¡Bendito sea Dios Todopoderoso, que nos permite la contemporaneidad con estos cipotes preconciliares y sus riadas y aun cataratas fluyentes ! Amén. ¡Viva España ! ¡Cuán grandes son los países en los que carajos son procesados por causa de siniestro!", exclamó al especto el académico Camilo José Cela y, con él, cuantos lectores siguieron a través de la prensa las consecuencias de tan asombroso atentado a la estricta moral pública y a las buenas costumbres propias de la época.

En homenaje a tan insólita y gloriosa hazaña, Cela preparó la edición de estos documentos del acta del juicio, que constan en su propia correspondencia, con el concurso del también académico  Alfonso Canales, a los que aportó asimismo una selección de cartas, poemas y dibujos enviados espontáneamente al escritor por algunas y algunos españoles enardecidos por tan admirable muestra de hombría hispánica. A propósito del  hecho, escribió Canales una carta dirigida a Cela en estos términos: "El caso es que, en arribando al trance de la meneanza, vomitó por aquel caño tal cantidad de su hombría, y con tanta fuerza, que más parecía botella de champán, si no géiser de Islandia”. 


DdA, XIII/3265