viernes, 5 de febrero de 2016

PABLO IGLESIAS VISITA A SU PADRE EN EL HOSPITAL DE SALAMANCA

Lazarillo

La publicación en la prensa local salmantina de la breve estancia de Pablo Iglesias en el Hospital Clínico de la ciudad, con motivo del trasplante de riñón a que ha sido sometido mi apreciado amigo Javier Iglesias, ha despertado una serie de infames comentarios que enuncian a las claras el clima de cainita animadversión que Podemos ha despertado en los sectores más conservadores del país. Esa gente miserable refleja con su insidia la que gestan a diario los opinadores de la inquina y del odio en prensa, radio y televisión. Renuncio a exponer aquí los comentarios que en algún medio de Salamanca he podido leer. Difundir la mierda solo contribuye a extender su hedor. Es preciso resaltar, sin embargo, que mi estimado Javier Iglesias lleva muchos meses esperando la oportunidad de un trasplante renal y que durante ese tiempo siempre ha sorprendido a este Lazarillo por su fortaleza de ánimo y su resignación a la hora de sobrellevar las siempre cansinas sesiones de diálisis a las que estaba obligado. La última vez que nos vimos, el pasado 20 de diciembre, pude comprobar hasta qué punto este país merecería mostrar el máximo respeto a quienes como su hijo han comprometido su vida para mejorar la de sus conciudadanos, porque tanto a él como a su padre los mueve un gran corazón. Dirá más de uno que es la amistad lo que me mueve a decirlo. Pues sí, pero no espero ni quiero más que eso, porque merece la pena.

DdA, XII/3205