domingo, 31 de enero de 2016

UNOS VERSOS DE FERNÁN CORONAS, 77 AÑOS DESPUÉS DE SU MUERTE

El padre Galo.
 Lazarillo

Leo que se ha recordado el pasado jueves en Asturias al padre Galo Antón Fernández, conocido como Fernán Coronas, de cuyo fallecimiento se cumplen setenta y siete años. Antón García, que ha publicado la antología más importante en asturiano de este escritor valdesano, calcula que son más de 5.000 sus poemas escritos en asturiano, de los que solo han visto la luz unos 400. Coronas fue uno de los poetas más representativos de la esa literatura regional. Fue, además, un hombre de mundo, políglota, traductor de varias lenguas, que dedicó los últimos años de su vida en cuerpo y alma a la creación y el estudio de la lengua asturiana.
Antón García, publicó la recopilación en 1993. Considera al autor una excepción en la literatura en llingua asturiana y una referencia, pues con él arranca la poesía asturiana del siglo XX: "Fue una persona que vivió intensamente para la lengua asturiana, que prácticamente todos los días escribe uno o dos poemas y que echa al mundo una mirada en asturiano, con un criterio que es muy moderno, más de nuestro tiempo que del suyo". Según García, el Padre Galo no se dedicaba a "cantar los paisajes de la tierra, sino que tiene una clara intención literaria que va más allá".
Nacido en Cadavéu el 7 de agosto 1884, Fernán Coronas entró de niño en la Congregación Misioneros Oblatos de María Inmaculada de Urnieta (Guipúzcoa) y su vida religiosa le llevó a viajar por muchos lugares de Europa y a llegar casi hasta el Polo Norte, recuerda García. Aprendió buena parte de las lenguas romances (entre ellas todas las de la Península Ibérica junto con el francés), y otros idiomas como el inglés o el alemán.
En castellano publicó dos libros: Cantares floridos (1915) y Un lirio del valle (1924). Hasta mediados de los años veinte su obra en asturiano se limitaba a algunos poemas que escribía puntualmente, muchos de ellos insipirados por la nostalgia de su pueblo natal. Es precisamente en esa época cuando regresa a Cadavéu y toma conciencia de su tierra y de su lengua. A partir de ahí, y hasta el fin de sus días (1939), Fernán Coronas se dedicó íntegramente a escribir en el asturiano de Valdés y Cadavéu.
La mayor parte de su obra asturiana data de esos años: unos 5.000 poemas según el investigador, de los que solo algunos aparecerán publicados en la prensa local valdesana de entonces, mientras que la mayoría quedarán inéditos. García investigó la vida y obra de Coronas y localizó a Carlos Rico Avello, un madrileño que guardaba buena parte del trabajo poético en asturiano de Coronas. Con esta base aparece la primera publicación en 1984, Rimas y refranero, de Fernán Coronas, firmado por Avello. Una década después, en 1993, Antón García completará este trabajo con Introducción a Fernán Coronas. Poesía asturiana y traducciones. En estos dos volúmenes se recogen unos 400 poemas.
García utiliza el ejemplo de Coronas para contradecir a los que contraponen el cultivo de una lengua autóctona minoritaria con la universalidad y lo internacional. "Todos los escritores en asturiano de los últimos años 200 años podían escribir perfectamente en castellano y si lo hicieron en asturiano fue por voluntad y con idea de proyectar la llingua hacia el futuro". El caso del Padre Galo lo demuestra: su mucha cultural global no le impidió recurrir a la lengua que había mamado en su niñez.
Vayan como breve ejemplo de la poesía en asturiano de Fernán Coronas estos pocos versos, enviados a este Lazarillo recientemente por un querido ciudadano en paro de aquella región, que con edad, disposición y ánimo para ser útil a la sociedad en cualquier tipo de trabajo que se le presente y viene buscando desesperadamente desde hace años, decía sentirse como el poema de Fernán Coronas expresa y que probablemente fue escrito no mucho antes del fallecimiento de su autor:
Escurézseme outra tarde
Desta mi vidina breve:
Tou solín na mi solana
Cula lluz del sol que muere,
Ascuitandu que aquí en dientru,
Nu mieu peitu, sonan güelpes:
Diz que son las martelladas
D’un martiellu persistente
Que martiella ya esmartiella,
Ya de día, ya de nueite.
Sin parar ta clabuñandu
La gadaña de la muerte.

DdA, XII/3200