jueves, 29 de octubre de 2015

SANTIAGO ALBA: "EL 20-D NOS JUGAMOS EVITAR O NO LA RESTAURACIÓN"

  Lo urgente, lo sensato, es impedir la restauración el próximo 20 de diciembre. La otra alternativa es el llanto.
Santiago Alba Rico
De su interesante artículo, publicado en Cuarto Poder, "Podemos, el 20-D y la restauración", donde se puede leer completo.

Seamos radicalmente realistas. Lo que nos jugamos el 20D no es la diferencia poco/mucho o derecha/izquierda ni, desde luego, revolución/continuidad: es la alternativa reforma/restauración. No se trata, pues, de conseguir el cambio -que ya se ha producido- sino de evitar la restauración. Como he indicado en las primeras líneas de este artículo y es de general aceptación, la disrupción podemita derrocó simbólicamente el régimen del 78, imponiendo nuevas reglas de juego y abriendo una fisura entrópica entre las propias fuerzas del bipartidismo. La única manera de mantener abierto el campo político y de confirmar materialmente la ruptura simbólica del régimen, es impedir ahora su restauración material, una restauración que pretende apoyarse precisamente en la nueva legitimidad de esa ruptura simbólica. ¿Nos damos cuenta de lo que nos jugamos? Un bipartidismo trinitario (un dios único y tres personas distintas), aupado en el aura y la legitimidad podemitas pero sin Podemos, sería la restauración áurea, blindada, perfecta, y tardaríamos años en cuestionarla social y electoralmente desde la izquierda.
El régimen del 78 ha comprendido muy bien de dónde procede la amenaza. Como prueba el uso de las encuestas y el ninguneo creciente de Podemos por parte de la trinidad restauradora (PP, PSOE y Ciudadanos), en esa restauración no caben cuatro. No caben los cuatro. ¿Por qué? Sus rivales saben muy bien (incluido el Ibex y los bancos) lo que a veces la izquierda olvida: que Podemos es la única fuerza estatal con apoyo social y opciones electorales -la primera en décadas- decididamente no-restauradora. Por eso no cabe ahí. Es cierto que incluso si ganara Podemos las elecciones, no habría de inmediato mucho cambio, pero sólo una fuerza real de cambio -percibida así por los que tienen el interés y los medios para evitarlo- puede dificultar la restauración concreta que se avecina. Podemos impuso un nuevo marco de legitimidad que las viejas fuerzas quieren utilizar ahora para dejar fuera a Podemos y con Podemos las condiciones mismas de cualquier cambio futuro. O bien Podemos (+ las ciudades del cambio) tiene una presencia fuerte, muy fuerte, en el futuro Parlamento central o la fisura entrópica se cerrará por mucho tiempo, pues el propio contexto europeo, muy desfavorable, convierte a España en una excepción. Si no conservamos esa excepción, que es también vacuna y palanca, será imposible revertir la derechización amenazadora del continente.
Podemos tiene un poco menos de dos meses -una eternidad en el nuevo e impredecible tiempo podemita de España- para retomar la iniciativa y hacer converger todas las variadas fuerzas de cambio con ese 19% de indecisos que está esperando. En cuanto a los que aspiramos a mucho, tenemos que ser conscientes de que esta vez habrá que conformarse con disputarlo todo. Con más o menos entusiasmo, sin perder el espíritu crítico, para poder seguir dialogando con la historia y trabajando despacio fuera del tiempo, lo prioritario, lo urgente, lo sensato, es impedir la restauración el próximo 20 de diciembre. La otra alternativa es el llanto.

DdA, XII/3119