jueves, 15 de octubre de 2015

RAJOY, ME ESTOY ACORDANDO DE TU PADRE

 Este affaire es uno de los mil o cien mil que nos restriegan por la cara cada día, pero hay hechos que tienen la negativa capacidad de provocar descomposición de estómago.
Paco Bello

No se me vaya a entender mal, no hay juego de interpretaciones: lo digo con toda la mala leche del mundo. Sí, Mariano, me estoy acordando de tu padre, porque, como el 80% restante de los políticos profesionales de este país y con mención extraordinaria para los de tu partido, eres un auténtico malnacido.
Ahora resulta que tu papá, ese nada entrañable carcamal que tiene un pasado más oscuro que el fondo de tu boca –incluso más que el tuyo–, está viejo, enfermo, y necesita cuidados. Y claro, como a la familia Rajoy-Fernández no le viene bien hacer frente a los gastos que genera su cuidado a pesar de tener una capacidad económica suficiente para ni notarlo en sus cuentas, pues ha decidido que es mejor que para que ellos sigan amasando fortuna al mismo ritmo, seamos otros los que paguemos la factura –también aquellos que no tenemos ni donde caernos muertos, o aquellos otros a los que en el mismo caso dejarán desatendidos–.
Es lo que tienen los clasistas (necios pero sinvergüenzas). Tú vales mucho, ¿no, Mariano? Vales mucho más que nosotros. Que no haya presupuesto para esa Ley de Dependencia que has dejado morir de inanición y que resulta imprescindible para gente que de verdad necesita esas atenciones y no se las puede permitir, no quiere decir que no se pueda aplicar excepcionalmente y con recursos especiales para tu puñetero padre; ese al que en ningún caso le faltarían atenciones, ni le hace ninguna falta ahorrarse nada, como tampoco te hace falta ahorrártelo a ti.
Este affaire es uno de los mil o cien mil que nos restriegan por la cara cada día, pero hay hechos que tienen la negativa capacidad de provocar descomposición de estómago. Y este en particular da hasta para quedarse bloqueado.
A estas alturas no hay que pecar de inocencia, ni hacerse el sorprendido por nada. Porque aunque ha sido siempre la idea teórica, no sé si alguna vez ha habido un Gobierno que de verdad pretendiera gestionar los recursos públicos con el fin de mejorar la vida del pueblo. Seguramente nunca ha existido esa prioridad, e incluso ni esa voluntad. Lo que sí sé es que tampoco nunca la desvergüenza había llegado al grado de obscenidad actual, porque encima tienen la desfachatez de llenarse la boca con la palabra democracia para a continuación reírse de nosotros cuando se dedican carantoñas y practican la ideología-fusión pluripartidista en el bar o los corrillos del Congreso.
Aunque esto no es lo peor. Lo peor de todo es que siguen teniendo no pocos espectadores entusiastas de esos que se comen los mocos y se ríen con el caca, culo, pedo, pis, de su particular Barrio Sésamo 24 horas. Y peinando canas. A lo mejor al final tiene razón Mariano, y él –o un Rivera o un Sánchez– es lo que nos merecemos.
Hay días en los que sueñas con haber nacido en otro mundo. Hoy es uno de ellos. Uno más.

Iniciativa Debate DdA, XII/3105