jueves, 15 de octubre de 2015

RADIOGRAFÍA DEL ELECTORADO ESPAÑOL

 Siendo llama­tivo que el electorado haya venido eligiendo al sa­queador que ya venía precedido del estigma de haber metido al país en una invasión bélica, lo peor es que los sondeos y pronós­ticos diver­sos aun le atribuyen una importante mayoría.
Jaime Richart

Con lo que sabemos por  medios de información, que no son precisamente de izquierdas (el uno es neoliberal y el otro lo fue pero ahora es tibio), tenemos bastante. No es preciso esperar a  sentencias que se dictarán a adivinar cuándo pero que en la mayoría de los casos probablemente serán benévolas o absolu­torias.

Partimos de un hecho incontrovertible: grandes porciones del partido del gobierno se han dedicado al desvalijamiento de las arcas públicas durante al menos 20 años; y quienes no han practicado la rapiña, la han consentido. El electorado, como todo colectivo y como las ma­sas, tiene alma propia. Y a ella, por el resultado final de sus reiteradas decisiones en las urnas, apunto. El caso es que el cuerpo electoral español viene vo­tando sistemáticamente de modo masivo a ese partido, con in­dependencia de que casi la mitad de ese alma haya respondido con cierta sensatez votando al otro partido de los dos que confi­guran el bipartidismo virtual de este país. Pero, siendo llama­tivo que el electorado haya venido eligiendo al sa­queador que ya venía precedido del estigma de haber metido al país en una invasión bélica, lo peor es que los sondeos y pronós­ticos diver­sos aun le atribuyen una importante mayoría.

Y esto resulta cuanto menos sorprendente cuando ese metó­dico sa­queo ha causado una hecatombe social en el país: millo­nes de personas han quedado en la miseria como consecuencia de la crisis financiera mundial. Pero lo cierto es que el inmenso caudal de dinero derrochado y el inmenso monto de di­nero desviado de los fines a los que estaba destinado para ir a parar a las cuentas de unos malhechores que siguen viviendo del producto del saqueo, ha origi­nado un cataclismo de tal magni­tud que de no haberse produ­cido no hubiera sido necesario “rescatar" a la banca con millo­nes de dinero ajeno cuyo capital e intereses el país y millones de habitantes pobres habrán de devolver. En todo caso, por las vías normales de la lógica más elemental, resulta inexplicable que cuando el partido del go­bierno debiera ser borrado del mapa de las opciones electorales porque ha castigado se­veramente a una gran parte de la pobla­ción española a la priva­ción y a la miseria, de nuevo previsi­blemente formará parte del próximo gobierno.

Visto todo lo cual, las interrogantes que se le plantean a cual­quiera dotado de sentido común son:


El electorado ¿ignora qué ha venido sucediendo?

El electorado ¿refrenda la rapiña?

El electorado ¿prefiere a ladrones de lo público que a hones­tos a priori?

El electorado ¿prefiere a cínicos que a sin­ce­ros?

El electorado ¿prefiere a gente atildada que a los que visten con sencillez?

El electorado ¿es tonto?

Y la última opción: ¿el escrutinio está manipulado?


Estas preguntas, de difícil respuesta por separado puesto que todas forman parte de una respuesta imposible, son absoluta­mente perti­nentes para un extraño fenómeno de desvarío co­lectivo que no resulta sorprendente dado el carácter veleidoso de la España superficial que históricamente domina al resto de la sociedad.

DdA, XII/3105