viernes, 2 de octubre de 2015

LA CATALUÑA DEL EMPATE INFINITO

En este empate infinito, media Catalunya no puede imponerse a la otra media. Urge romper la dinámica de bloques, hallar espacios de consenso y fijar hojas de ruta realistas que huyan del todo o nada

Enric Hernández 

Esta vez el pueblo catalán aspira a su libertad y a construir un Estado en pie de igualdad con el resto de naciones». Con este mensaje remató Artur Mas la campaña electoral. No la del 27-S sino la de noviembre del 2012, que cerró junto a su entonces socio, Josep Antoni Duran . Con la promesa de forzar la consulta y el «Estado propio», CiU convirtió aquella cita en la primera vuelta de unas plebiscitarias que este domingo cursaron su segunda entrega.
El independentismo (CiU, ERC, CUP y Solidaritat) sumó entonces 74 escaños y 1,8 millones de votos (49,2%), los mismos que en el proceso participativo del 9-N. Este domingo, con Junts pels Sí y la CUP, 72 escaños y más de 1,9 millones de sufragios (47,7%). Ahora, mediante imaginativas técnicas de ingeniería contable, algunos tratan de segregar del bloque del no las papeletas de Catalunya sí que es Pot y Unió Democràtica, con el argumento de que ambas apuestan por una consulta. Cuando lo único cierto es que la hoja de ruta independentista, pese a cosechar un amplísimo respaldo electoral, no ha alcanzado la mitad de los sufragios imprescindible para ganar un plebiscito, como reconoce la propia CUP. Todo lo demás son meras maniobras de distracción.
La mitad de los catalanes ansían la independencia, como fin en sí misma o como medio para cambiar de estatus dentro de España, pero la otra mitad la rechaza de plano o pide que, al menos, se someta a un referéndum legal y vinculante. En este empate infinito, media Catalunya no puede imponer sus sueños (o sus temores) a la otra media. Urge, pues, romper la dinámica de bloques, hallar espacios de consenso y fijar hojas de ruta realistas que huyan del todo o nada. 

Antes de dirimir si Mas repite o no como president, disquisición que en campaña sus edecanes tachaban de banal e interesada pero ahora juzgan de vida o muerte, el frente independentista debería medir bien sus fuerzas y ritmos para que ni la impaciencia ni la testosterona lo hagan descarrilar. Embarcarse en un choque de trenes con la caldera tan justa de carbón resultaría, más que temerario, suicida. 

El Periódico  DdA, XII/3095