jueves, 17 de septiembre de 2015

¿ES ABURRIDA UNA VIDA SIN PROBLEMAS?

 Si, como dice el papa, "la vida sin problemas es aburrida", lo cierto es que la vida en general y la vida política en particular, con incontables problemas insolubles o sin salida, son precisamente las causas que desencadenan la decadencia de una sociedad o una civilización entera.
Jaime Richart

"Una vida sin problemas es aburrida", ha afirmado el papa Francisco en Radio Renascença.... Ya se sabe que las frases no hay que tomarlas siempre en su sentido literal por aquello de que en "la noticia" están por norma sacadas de contexto. Pero esta frase rotunda, a mi juicio vale por sí misma como fruto de la deformación y distorsión que el sistema capitalista y ahora el financiero en tiempos locos y caóticos arroja a las conciencias. Y de ellas, de la deformación o distorsión de la realidad, por lo que se ve, parece que ni siquiera se libra el mismo papa.

Pero resulta que -y de esto no parece percatarse Francisco, si no no diría eso- si en la sociedad no hay individuo alguno al que falte nutrición bastante, un techo digno y energía doméstica indispensable, se acabaron los problemas (incluso la educación reglada es prescindible y canjeable por el autodidactismo en este tiempo tan accesible). Por lo menos se acabaron los problemas más allá de lo que la ambición o la codicia, el desmedido deseo de "mejorar" y otros muchos espejuelos puestos ahí por un sistema decadente que infravalora la cultura, el arte, la lectura y el ocio constructivo puedan provocar. Pero esto es otro cantar. Lo cierto es que si todo el mundo dispone en "esa" sociedad de lo "indispensable", digo, bien venidos sean "los emprendedores" y las aventuras crediticias y la excitación que les acompaña. Pero quienes no desean alpinismo, escaladas y otros placeres de riesgo o de alto riesgo, también tienen derecho a vivir con sosiego y disfrutar de los saludables estímulos para no aburrirse que ofrece la sociedad; para realizarse y para ser feliz en lo posible...

Por eso entiendo que, en esta materia, el papa patina más o menos voluntariamente. Lo que parece razonable es hacer un llamamiento a los responsables del mundo para que busquen la "sencilla" solución para todos los que no son capaces por sí mismos de encontrarla por muy diversos motivos, incluido el desaliento, la abulia y la depresión. ¡Como si no fuese posible una vida en paz y con las necesidades básicas cubiertas para todos en cada sociedad! ¡Y como si no hubiese maneras de hacer de la vida personal un avatar ameno, interesante y divertido sin necesidad de buscarse problemas artificiales o estúpidos, que es a lo que parece se refiere el papa!  Aunque para ello, claro está, es preciso que  aquellos -gobernantes y poderes de toda clase- que se sienten obligados a aglutinar a una población para alejarla de la horda, le hayan allanado antes y en lo posible esos problemas que este papa ve necesarios para no aburrirse.

El caso es que si no fuese por la intriga que suscita el resultado de las elecciones catalanas y las expectativas que ofrecen las elecciones generales, según la teoría papal España se aburriría y se notaría mucho más que entre nosotros se ha enseñoreado una psicología colectiva en descomposición. Y si no fuese por la inquietud que ocasiona en Europa la súbita irrupción de miles de refugiados solicitando asilo que amenaza colapsarla, se agravaría aún más la sensación dominante de que la Unión Europea se encuentra en franca decadencia. Quizá, mira qué bien, todo eso nos hace la vida menos aburrida según ese punto de vista tan curioso...

Pero creo que no todo es cuestión de la disyuntiva divertimento/aburrimiento. En España, por ejemplo, aparte la corrupción salvaje, el brutal desempleo y la miseria que afecta ya a millones de personas existen muchas razones para el desaliento. Y hay una especialmente llamativa por ser recurrente en toda su historia. Y es, la constatación de que hay dos clases de leyes: las destinadas a los ciudadanos comunes, por un lado, y las que tienen por objeto preservar el interés y los privilegios de las clases dirigentes, por otro. Sólo se cumplen y se hacen cumplir las primeras. Las otras, pese a la aparatosidad que suele acompañar a la noticia y el revuelo que levantan los casos aislados de prisión preventiva de testaferros y víctimas propiciatorias, parecen pensadas justo para favorecer la benevolencia de jueces, tribunales y fiscales hacia los delincuentes de delitos económicos que sólo están en condiciones de cometerlos quienes manejan fondos públicos. Dándose la paradoja de que precisamente por estar la comisión de ese tipo de delitos sólo al alcance de un cargo público, en sí mismo el delito debiera hacerse acompañar de una agravante en lugar de acabar siendo por anticipado en la práctica una atenuante, cuando no una eximente de hecho: la pronta prescripción, unas veces, y la dilación interminable provocada o consentida de la investigación del delito, otras, cumplen el papel de eximentes virtuales. ¿Quizá también este problema es para que no nos aburramos?

Por lo que concierne a la Europa Comunitaria ocurre que, salvo en la materia de fondo que es la bancaria pura, en lo demás la normativa y directivas prescritas por sus órganos se incumplen por sistema en España; un país patológicamente inclinado a legislar  y a incumplir las leyes los de arrriba en la medida que los de arriba las hacen cumplir implacablemente a los de abajo. Una típica actitud de los prebostes españoles: intransigentes con los demás en la misma medida que son permisivos consigo mismo. ¿También esto nos hace la vida más excitante?

El caso es que la Europa política no puede con la Europa económica, y la política no puede con la economía: libre en teoría ésta, pero embridada por el dirigismo de lobyys, de bancos y de redes mafiosas revestidas de solemnidad. Lo mismo: ¿es esto divertido?

Si, como dice el papa, "la vida sin problemas es aburrida", lo cierto es que la vida en general y la vida política en particular, con incontables problemas insolubles o sin salida, son precisamente las causas que desencadenan la decadencia de una sociedad o una civilización entera, y a menudo desgraciadamente las guerras. Tenga todo esto, por favor, un poco en cuenta Su Santidad, habida cuenta la sencillez y sensatez que, usualmente, le hacen santo, sabio y grande.
DdA, XII/3082