viernes, 7 de agosto de 2015

LA ÚLTIMA LITERATURA EN PAPEL HIGIÉNICO DE MIGUEL HERNÁNDEZ

En la imagen hoja manuscrita de Miguel Hernández

Lazarillo


La Biblioteca Nacional de España (BNE) ha adquirido recientemente un manuscrito de Miguel Hernández (Orihuela, 30 de octubre de 1910 - Alicante, 28 de marzo de 1942). Se trata de seis pequeñas hojas de 12 por 19 cm, escritas y con dibujos, cosidas en la parte superior por un hilo de color ocre y con los bordes envejecidos e irregulares. Llama la atención, por el tamaño y la descripción,  que se trate de hojitas de papel higiénico con las que se formó un pequeño cuaderno que tiene al final varias hojas en blanco.
El texto consta de cuatro relatos infantiles: El potro oscuro, El conejito, Un hogar en el árbol y La gatita Mancha y el ovillo rojo. Se supone que los escribió entre junio y octubre de 1941, en el Reformatorio de Adultos de Alicante, a donde llegó desde el Penal de Ocaña, en los años más duros de la represión franquista. Poco antes de su muerte en prisión, el poeta tiene dos obsesiones: el reencuentro con su mujer y poder ver a su hijo Manuel Miguel, para quien escribió estos relatos. Son por tanto estos cuentos los últimos escritos del poeta, entregados por Hernández a Eusebio Oca Pérez- maestro, periodista, dibujante- con quien se reencontró en el Reformatorio. Eusebio confeccionó con dos de ellos un libro lleno de dibujos: El potro oscuro y El conejito, para que Miguel se lo entregara a su hijo.
Como dice José Carlos Rovira en el capítulo Últimas ausencias de Miguel Hernández, del libro Miguel Hernández: la sombra vencida, Madrid, 2010, p. 149-153 – que es el catálogo de la exposición celebrada en la Biblioteca Nacional de España con motivo del centenario del nacimiento del escritor –  los cuentos son metáforas explícitas de libertad para que las leyera su hijo. Esas explícitas metáforas quedaron escritas en papel higiénico porque la voz del poeta, que combatió en las trincheras por la segunda República, murió encarcelada y enferma en 1942. Como es sabido, Miguel Hernández también creó en prisión las Nanas de la cebolla, dedicadas igualmente a su hijo Manolillo y popularizadas por Joan Manuel Serrat.

DdA, XII/3047