sábado, 1 de agosto de 2015

ÁLVARO OJEDA, UN BUFÓN DEL RÉGIMEN QUE PIDE RESPETO

Luis Martínez Campo

Ayer, echando un vistazo a la prensa digital, me encontré con una noticia que decía así: “El portavoz de IU en Sevilla denuncia incitación a la violencia en su contra en redes sociales”. Soy de los que creen que la libertad de expresión no tiene límites y no tiene que ser penada. Pero eso conlleva que ciertos mensajes cargados de falacias y verborrea barata sean desmentidos bajo un punto de vista crítico.

El portavoz de IU se refería ni más ni menos que a Álvaro Ojeda. Este personaje es un periodista deportivo jerezano que ha trabajado para diversos medios. Se refiere a sí mismo en su página web como “periodista, comunicador, publicista, polemista y showman”. Dio el salto a la fama tras la retransmisión de uno de sus vídeos en el programa El Intermedio de Wyoming. Con solamente ver diez segundos de cualquiera de ellos, se puede inferir el nivel intelectual y dialéctico de esta persona. Y con ver treinta, se puede comprobar. Es de esos oradores que, por falta de argumentos o por miedo a que no se les escuche, se dedican a gritar la mayor parte del tiempo.

Algunos de sus “pelotazos” (como él los llama) incluyen “Mis razones como andaluz para no creer en Pablo Iglesias” o el vergonzoso “Estoy hasta la polla de Grecia” grabado con mucha seriedad y profesionalidad con un móvil desde la arena de la playa. En este último, también nos muestra su nivel de información respecto a los temas que trata diciendo “los griegos nos deben a los españoles 26.000 millones de euros”. Los griegos. Y se queda tan ancho. Sin análisis de ningún tipo. Sin ninguna sola palabra sobre los bancos griegos, alemanes o españoles. Luego se queja de los mitos sobre los andaluces, que difunde gente como él, y además se cree portavoz de todos ellos por haber nacido en el mismo sitio. Patético.

En el vídeo citado al principio, Ojeda arremete contra el concejal de IU por unas declaraciones en las que decía “dios no existe, esto es un muñeco”, rescatadas por el ABC de Sevilla fuera de contexto. Veamos una a una las ideas que Álvaro Ojeda transmite en su vídeo con la excusa de la frase.

En primer lugar, la libertad de expresión. Dice “lo puedes pensar, pero no lo puedes decir públicamente”. Toma ya. Si todos siguiéramos el mismo razonamiento, él no podría decir ninguna de las absurdeces (cargadas de incoherencias) que él dice, porque aboliríamos la libertad de expresión. En segundo lugar, el anticomunismo. Una de las ideas preferidas del franquismo. “Comunista” se convierte en un insulto, sobre todo cuando el “comunista” come jamón “con el dinero de los contribuyentes”. Claro, todo el mundo sabe que los comunistas no comen jamón. De hecho, algunos no comen ni comida. Gracias a esta falacia, llega a la tercera idea: los insultos físicos. “Tú delgadito, no estás” le grita a colación de una fotografía en un bar con unos jamones de fondo. Discurso no tiene, pero se ve que derrocha fuentes. Otra idea es el machismo, diciéndole al alcalde de Sevilla “yo espero que tengas hombría como alcalde de Sevilla y que los tengas bien puestos para decirle a la opinión pública que gente como esta sobra en Sevilla”. Me hubiera gustado oír lo que le hubiera dicho a la alcaldesa de Sevilla.

Ahora llegan dos de mis ideas favoritas: la importancia de la caridad cristiana frente a cualquier cosa y el “aquí cabemos todos” pero si no te gusta, vete de Sevilla. La primera viene porque le molesta mucho que el concejal se meta con un crucifijo, y eso incluye a las hermandades de Sevilla. “Recogen a niños huérfanos, a familias de la calle”. “Esa es la labor social y no tú”. Aquí podemos ver también la idea de que solamente la Iglesia Católica puede ayudar a los demás. Eso sí, desde el prisma de la caridad cristiana, no de la solidaridad. Te doy de comer, pero no vivas en mi barrio. Ahora bien, yo no digo que las hermandades sevillanas no hagan una labor. Simplemente digo que no tienen el monopolio y que con la caridad no se arreglan los problemas de raíz.

La segunda afirmación es simplemente una contradicción en sí misma. No hace falta comentarla porque habla por sí misma. En solamente dos minutos dice las frases “aquí cabemos todos” y “si no te gusta, vete de Sevilla”.

Por último, quiero analizar la idea base (obviando las contradicciones) de su discurso: el respeto. Todo viene porque pide al concejal de IU un respeto. Las personas e instituciones que tratan diferente a los que nos son como ellos siempre piden respeto. Pero yo me pregunto ¿el respeto se pide o se tiene que ganar?


DdA, XII/3043