martes, 16 de junio de 2015

LA DECREPITUD Y MISERIA MORAL DEL PARTIDO POPULAR

Foto de Joaquin Manuel Alvarez Gonzalez.
 
Félix Población 

Ya después de las elecciones de 2004, que el Partido Popular perdió por deméritos propios y falacias muy graves y flagrantes sobre la autoría de los mayores atentados terroristas cometidos en la historia de España, el PP mostró a lo largo de toda una airada legislatura su mal perder, sumamente resentido por haberse dejado arrebatar la gobernación del país de tan sucia, mala y torpe manera. Todos recordamos la miserable oposición llevada a cabo por el partido conservador, cuyas páginas más negras fueron escritas en todo lo relativo a la política antiterrorista verificada por el gobierno de Zapatero y que finalmente logró acabar con la sangrienta ejecutoria de ETA.

Pues bien, a pesar de haber presumido ostentosamente de seguir siendo el partido más votado tras las recientes elecciones municipales y autonómicas, la dirigencia del PP está volviendo a demostrar con su actitud en los últimos días -desde don Mariano a la extinta lideresa- que no ha aprendido de aquel ruin proceder y sigue asimilando muy mal las derrotas, pues por tales hay que considerar la pérdida de los más importantes municipios del país y algunas comunidades autónomas.

Con esto quiero decir ni más ni menos que, así como el Partido Popular se ganó una segunda derrota en las elecciones generales de 2008 por su asilvestrada oposición -jaleada por los medios afines-, la actitud del PP tras los últimos comicios locales y autonómicos puede llevar a don Mariano y los suyos a un segundo y más rotundo varapalo en las elecciones de otoño.

Por mucho y muy suciamente que jueguen en contra de los nuevos ayuntamientos, tal como ha empezado a intentar hacer Aguirre o la cólera del dios de la insidia que la reconcome, la llegada de las nuevas alcaldesas de Madrid y Barcelona, o de los nuevos alcaldes de Santiago de Compostela y Valencia, Cádiz y Zaragoza, presagia aires limpios y rumbos nuevos. Si a eso añadimos las cifras que constan en sus emolumentos, en comparación con las de sus agostados y caducos predecesores, es de esperar que todo contribuya a que las venideras urnas se colmen de mucho mayores afanes de decencia, sobre todo si la gestión en esos municipios empieza a dar pronto sus frutos.

Si frente a ese posibilidad nada aventurada el Partido Popular se mantiene en su cerril actitud, incapaz de hacer la más mínima autocrítica y actuando a base de insidias y mala baba, tengo por seguro que su derrota en otoño puede ser masiva, sobre todo porque ahora tiene a su izquierda un partido (Ciudadanos) que va a servirse de su decrepitud para seguir creciendo. Porque nadie duda de que el éxito de Ciudadanos es, sobre todo, una consecuencia de un Partido Popular corrupto.


DdA, XII/3031