miércoles, 4 de marzo de 2015

GIJÓN Y SUS MUJERES VITALES: ÁNGELES FLÓREZ PEÓN


Félix Población

Lamento mucho no poder estar presente en el acto de presentación del cuaderno fotográfico «Un instante... Toda una vida. Mujeres vitales por las calles de Xixón» que el próximo viernes tendrá lugar LABoral Centro de Arte y Creación Industrial, presentado por acciónenred Asturies. Según leo, la publicación recoge la semblanza de diversas mujeres que han contribuido a gestar la ciudad que hoy conocemos y que no siempre reciben el reconocimiento que se merecen: Artistas, escritoras, dramaturgas, activistas de la lucha sindical, de los derechos humanos y los derechos civiles, feministas, cooperantes, mujeres que abanderaron la lucha antifranquista y conquistaron los espacios de libertad e igualdad que dieron alas a las nuevas generaciones.

Se trata de una iniciativa puesta en marcha durante cuatro meses por un grupo de alumnos y alumnas del IES Padre Feijoo de Gijón. La presentación servirá, a su vez, para homenajear a las 37 mujeres que protagonizan el cuaderno, que estarán presentes en el evento y entre las que figura -además de mi estimada y excelente escritora Pilar Sánchez Vicente-  Ángeles Florez Peón, la nonagenaria miliciana socialista a la que tuve el gusto de conocer recientemente, residente en Gijón luego de su regreso del exilio en Francia, y cuya vitalidad y activismo político sorprende a propios y extraños.

De Maricuela, como se la conoce desde que participó en una montaje teatral en su adolescencia republicana, he leído estos días sus memorias, relatadas con la sencillez de quien solo pretende dejar anotada -por necesidad y vieja querencia hacia la escritura- una detallada sucesión de recuerdos, acumulados a lo largo de una dilatada y dura existencia: desde la Revolución de Asturias, en la que mataron a su hermano, hasta los años de prisión en la cárcel de mujeres de Saturrarán -de la que salió pesando 40 kilos-, pasando por la Guerra Civil y sus vínculos con "Los fugaos", entre ellos su marido Chano (Graciano Rozada Vallina), con el que finalmente se reuniría en Francia para hacer allí juntos una nueva vida.

Ángeles cuenta también el trágico final de quien pudo ser su primer novio, que no lo llegó a ser porque la madre del chico se oponía a esa relación. Quintín, que así se llamaba, abandonó el barco en el que podía haber salido de Gijón con Belarmino Tomás, en las horas previas a la ocupación de la ciudad por las tropas franquistas,  con el solo objeto de buscar a Maricuela y a su hermana Argentina para que lo hicieran juntos. Esa decisión comportó su detención, encarcelamiento y posterior ejecución un año más tarde.

El 24 de mayo de 2009, más de  setenta años después, Maricuela tuvo noticia de esas circunstancias gracias a la información que le facilitó una hermana de Quintín. Ángeles Florez glosa con estas palabras el capítulo correspondiente a ese pasaje de su vida:  "Quintín, no estas muerto. Estás en mi corazón. Un corazón de diecisiete años".

DdA, XII/2937