martes, 20 de enero de 2015

RODRIGO RATO RECLAMA SUS COJINES TURCOS A CARITAS

La tienda de los cojines




Lazarillo

Resulta que Rodrigo Rato, bien conocido por sus obras y tarjetas black, encomendó a una pequeña tienda de costura de Gijón la reparación de unos grandes cojines descosidos el pasado verano. Una vez hecho el arreglo y sin que el susodicho volviera a por ellos al cabo de un tiempo, entendió la costurera -por la vejez y mal estado de los mismos y el estorbo que le causaban en el pequeño local, pues se trataba de dos grandísimos cojines- que quizá don Rodrigo había perdido interés en recuperarlos, por lo que se los regaló a Caritas. Es de hacer constar que el precio de la reparación no pasó de veinte euros y que al señor Rato le pareció excesivo. Bien, pues una vez entregados a Caritas los dos grandes cojines de don Rodrigo, éste se presentó en la tienda unas fechas después, a finales del pasado mes de diciembre. Conocedor de su destino y tras insistir que se trataba de unos cojines muy valiosos hechos con alfombras turcas, no aceptó la devolucion del dinero por parte de la costurera, pero sí exigió en cambio la devolución de los mismos en la propia sede de Caritas. La historia la cuenta con muy buena costura Enrique Arenas, en El Comercio. No acaba con un ¡manda cojines! Para eso está el lector:

«La primera vez que vi a Rodrigo Rato fue en la mañana del 23 de agosto de 2014, en mi tienda de costura de la calle de Emilio Tuya. Me pidió un presupuesto para reparar dos grandes cojines, que estaban rotos por un lateral. 'Son veinte euros', le dije, y le pareció caro, pero dijo que me los traería. Fue el inicio de una extraña historia que aún me intriga». Lo cuenta Patricia Vázquez, propietaria de PV Entre Costuras, una pequeña tienda de reparación de ropa y diseño a medida en la que también se imparten clases de corte y confección. Antes de dedicarse a la costura, Patricia, natural de Avilés, fue administrativa en el Ministerio de Medio Ambiente y Vivienda y también comercial de una multinacional americana. Nunca, sin embargo, había vivido una experiencia tan rocambolesca como la que tuvo lugar en diciembre, con el ex presidente del Fondo Monetario Internacional y ex presidente de Bankia como protagonista.
En agosto hay poca actividad en la pequeña tienda de Patricia y por eso, a media mañana, cerró aquel día tras esa primera conversación con Rato para hacer unos recados y colocó un cartel: 'Regreso en 15 minutos'. A la vuelta, se encontró con dos grandes cojines a la puerta de su establecimiento. «Supuse que tenía mucha prisa y que los había dejado allí para que los reparara, así que los metí en la tienda y los cosí a mano, algo bastante complicado. Pasaron los días, las semanas y los meses y Rato no volvió a aparecer». La costurera pensó que no regresaría para recuperarlos y, debido a las molestias que le provocaban en una tienda tan pequeña, inició gestiones para desprenderse de ellos. Se los ofreció a varias amigas y clientas, pero nadie los quiso y el día 23 de diciembre decidió donarlos a Cáritas.
Poco después, el 29 por la mañana, apareció Rodrigo Rato. «No me lo podía creer», explicaba ayer Patricia Vázquez. «Le dije sin rodeos que los había regalado a Caritas y se enfadó muchísimo. Me dijo que eran unos cojines de gran valor, hechos con alfombras turcas y que su recuperación era imprescindible. Me pidió que hiciera algo y le dije que no podía porque estaba ocupada».
Lo más sorprendente vino después. «Esa misma tarde -explica- me llamó cuatro veces por teléfono para insistir en lo mismo y me dijo que, de no aparecer, tendría que vérmelas con sus abogados. Por el medio, la representante de Cáritas en Gijón se presentó en la tienda para pedir información sobre los ya famosos cojines y me explicó que Rato se había presentado allí exigiendo la mercancía. No me lo podía creer porque una de las veces que me llamó le dije que con mi seguro se podía recuperar el dinero, pero él quería los cojines a toda costa».
El misterio de los cojines de Rato aún llena de estupor a Patricia Vázquez. Le sorprendió que los dos «estuvieran descosidos por la misma costura» pero asegura que no se le ocurrió de ninguna forma que dentro hubiera material sensible. «Miré un poco en el interior», dijo, «pero solo vi relleno de espuma. Eso sí, pesaban mucho». ¿Como eran?: «Muy grandes. Cada uno medía más de un metro de alto y medio metro de largo. Eran como alfombras turcas cosidas y rellenas, horrorosos y muy sucios. Los metí en bolsas de plástico porque pensé que podían tener bichos».

DdA, XII/2901