lunes, 27 de octubre de 2014

¿POR QUÉ FELIPE VI NO SE ACERCÓ EN OVIEDO A LAS MARCHAS DE LA DIGNIDAD?

Esther Canteli

¿Todo hubiera sido tan distinto, verdad? Si el Rey en Oviedo el 24-0, con un simbólico gesto de saludo y aproximación a los manifestantes, hubiera escenificado de forma sencilla su preocupación por la realidad española, todo sería diferente a estas horas. Habría instaurado un nuevo código de conducta institucional. Seguro que hubiera sorprendido, que habría sido criticado por algunos sectores, o que tal vez hubiese escuchado algún improperio, pero habría llegado a sus conciudadanos y plantado cara con valentía a los males casi pandémicos de opacidad y corrupción estructural que tiene España.

¿Qué sentido tiene entregar a bombo y platillo unos premios a lo mejor y los mejores en distintos ámbitos del conocimiento y la conducta humana, y no escuchar las voces ciudadanas? A priori, resulta un poco contradictorio estar entregando altas distinciones a personas que luchan por los derechos humanos en el mundo, y dar la espalda a la libertad de expresión ciudadana que pone sobre la mesa la degradación de los derechos fundamentales que vivimos en España, ¿no?

¿Cómo es posible que un joven rey europeo venga a un pequeño e inofensivo territorio del norte de su país pertrechado de gladiadores -que nos cuestan un pastizal-, como si se tratara de un auténtico imperator?

Los discursos sobre la unidad, sobre la honestidad, o sobre el conocimiento y sus benévolos efectos sobre la conducta y la convivencia humana, tienen que traducirse en hechos coherentes con la secuencia discursiva. Es hora de romper barreras, encorsetados protocolos, falsas expectativas. Es hora de ser valientes ante una realidad que no es nueva ni viene de seis años a esta parte. Lleva construyéndose varias décadas, y arrastra herencia genética del siglo XX, del XIX, del XVIII, del XVII, del XVI, y se hunde directamente en las sombras medievales.

¿Es que nadie va a dar la cara nunca? ¿Es que todos los que tienen poder jamás van a dar explicaciones? ¿Nadie va a tener un gesto sincero de humanidad? El Rey Felipe podría ser pionero en un nuevo “modus operandi”, una nueva filosofía, que fuera la primera piedra para finiquitar la indecencia y la impunidad en este país…porque además necesitamos referentes verdaderos y no puro marketing político o institucional, necesitamos urnas verdaderamente democráticas y no de cartón-piedra como las de Artur Mas.

De lo contrario, la burbuja de opacidad, de vicio, de soberbia, de falso e histriónico elitismo en la que están instalados nuestros poderes fácticos, cualquier día nos estallará en los morros…, o lo que es más grave, igual nos la hacen estallar desde el exterior con la excusa de una “yihad” cualquiera.

Asturias24