lunes, 22 de septiembre de 2014

ROBERTO RIVAS, EL BOMBERO DE LA CORUÑA, NO QUIERE HÉROES

Antonio Aramayona

Quisiera que en mi país no hubiese héroes, que nadie descollase entre la población por sus hazañas o virtudes, pues todos ya estaríamos siendo y haciendo lo que deberíamos ser y hacer. Famoso fue, por ejemplo, hace año y medio, un bombero que se negó a colaborar en el desahucio de una anciana de A Coruña. En el fondo, se negó a atentar contra el derecho de todo ser humano a una vivienda digna, tal como proclaman el artículo 25.1 de la Carta Universal de la ONU y el artículo 47 de la Constitución Española de 1978. Pero si todos los bomberos gallegos, españoles y del mundo hiciesen lo mismo que ese bombero, Roberto Rivas, es decir, dar preferencia a su conciencia frente a las órdenes recibidas, no habría más héroes bomberos o de cualquier otro tipo, y mi país funcionaría de maravilla.
Según la Subdelegación del Gobierno, aquel bombero alteró el "orden público" al negarse a cortar una cadena que impedía la entrada a la vivienda de la anciana desahuciada, por lo que se le impuso una multa de 600 euros y se le llevó al banquillo de los acusados. Pero si la población española se preguntara entonces de qué le sirve un orden que priva de uno de los derechos fundamentales (y obrara en consecuencia), mi país iría como la seda.
Sueño con que un día no muy lejano el Cuerpo de Bomberos y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y los funcionarios públicos y toda la ciudadanía en general antepongan los derechos fundamentales a las leyes y normativas dirigidas a lesionar tales derechos, y no renieguen de su conciencia ética frente a unas normativas y unas leyes que benefician primordialmente a los intereses de las grandes fortunas y las grandes empresas.
Cuentan las crónicas que, al llegar el día de la vista del juicio de aquel bombero de A Coruña, se congregaron en el Juzgado portavoces, viceportavoces, concejales y personalidades políticas de la ciudad apoyando al bombero sancionado y pugnando quizá también por salir en las fotos de portada y en las primeras noticias de los telediarios nacionales y locales. Sin embargo, quedaban lejos de allí las lágrimas, la desesperación y los suicidios de otros miles de damnificados por desahucio y de las víctimas de la sordomuda indiferencia de la maquinaria legal y gubernamental.
He asistido a vergonzantes juicios en los que la maquinaria del sistema tritura hasta el último hueso de víctimas indefensas. Por ejemplo, un juicio por denuncia de un hipercorpulento policía local, presuntamente lesionado (varias semanas de baja) por un minúsculo inmigrante de unos cuarenta y muchos años y de apenas cincuenta y pocos kilos, que un mediodía, al llegar a casa, vio todos sus enseres en la calle y su casa cerrada a cal y canto por cumplimiento de un desahucio. Aquel pobre hombre subsahariano acabó multado y en la calle, con la única compañía de sus compañeros de Stop Desahucios, y la lacerante ausencia de unos supuestos representantes políticos locales y autonómicos (que minutos antes habían hecho declaraciones a la prensa, fotos incluidas, y se habían largado raudamente después por donde habían venido, en cuanto desaparecieron los medios).
Dicen que Nelson Mandela afirmó que "los verdaderos líderes deben estar dispuestos a sacrificarlo todo por la libertad de su pueblo", y de esa clase de líderes solo restan los vestigios históricos de algunas personas que lucharon incondicionalmente por los derechos de la gente en el pasado. Por consiguiente, sueño igualmente con que en mi país no haya un solo héroe político, porque todos y cada uno de ellos se dedican a luchar denodadamente, día y noche, por salvaguardar y fomentar los derechos y las libertades fundamentales de la gente que les ha votado y que les paga para ello con el poco dinero que aún les resta.
Hoy, lamentablemente, casi todos los dirigentes están medio aletargados o totalmente adormecidos entre los plácidos engranajes del sistema. No basta decirse de izquierdas, hay que encabezar activamente los movimientos y las luchas diarias para oponerse al desmantelamiento de los derechos y las libertades que aún restan a la ciudadanía. No basta apoyar mediante una nota escrita las protestas y las acciones de la ciudadanía que combate y que sufre, también hay que estar y luchar incondicionalmente con el pueblo a pie de calle, y no solo a pie de alguna pancarta de relumbre con el fin de que los medios dejen constancia de su imagen y de su nombre.
No obstante, sin duda quedan héroes en mi país. Entre otros, conozco a tres: Diana, Diego y Jara, con quienes tú también puedes contactar fácilmente en el portal de Internet Esto no es una escuela e incluso, si quieres, mandarles un abrazo.


                         DdA, XI/2796