
Julián Casanova
Está mañana he pasado por la avenida Ciudad de Barcelona en Madrid y he
visto un colegio público, bilingüe dice además, que lleva el nombre de
José Calvo Sotelo.
Cuando fue asesinado en julio de 1936, el dirigente monárquico Antonio Goicochea pronunció en una oración fúnebre en su sepelio las palabras después tan repetidas: “empeñamos solemne juramento de consagrar nuestra vida a esta triple labor: imitar tu ejemplo, vengar tu muerte y salvar a España”.
Y así fue. Pero ya la vengaron y en una democracia, un colegio público no puede lleve el nombre de Calvo Sotelo. Me imagino que en un campo de fútbol daría igual. Los colegios públicos, sin embargo, deberían llevar el nombre de gente que se ha distinguido por amar la educación, investigar la mejor forma de mejorarla, cambiarla, inquebrantables creyentes en que la cultura y la educación mejoraría la condición de las clases menos favorecidas, limitando las desigualdades sociales. No sería extraño que dentro de cincuenta años algún colegio lleve el nombre de José Ignacio Wert, que todo es posible cuando los libros de texto blanquean la historia y elevan a los altares a gente indigna de merecerlo.
Nota de Lazarillo: "Si lo hubiera (un solo militar dispuesto a sublevarse en favor de la monarquía y en contra de la República), sería un loco, lo digo con toda claridad, aunque considero que también sería loco el militar que al frente de su destino no estuviera dispuesto a sublevarse en favor de España y en contra de la anarquía". Con esta amenaza incendiaba el parlamentario José Calvo Sotelo -antes de ser asesinado- el debate del martes 16 de junio de 1936 en el Congreso de los Diputados. El día 12 había sido asesinado por cuatro pistoleros de extrema derecha el teniente republicano José del Castillo Sáenz de Tejada.
Cuando fue asesinado en julio de 1936, el dirigente monárquico Antonio Goicochea pronunció en una oración fúnebre en su sepelio las palabras después tan repetidas: “empeñamos solemne juramento de consagrar nuestra vida a esta triple labor: imitar tu ejemplo, vengar tu muerte y salvar a España”.
Y así fue. Pero ya la vengaron y en una democracia, un colegio público no puede lleve el nombre de Calvo Sotelo. Me imagino que en un campo de fútbol daría igual. Los colegios públicos, sin embargo, deberían llevar el nombre de gente que se ha distinguido por amar la educación, investigar la mejor forma de mejorarla, cambiarla, inquebrantables creyentes en que la cultura y la educación mejoraría la condición de las clases menos favorecidas, limitando las desigualdades sociales. No sería extraño que dentro de cincuenta años algún colegio lleve el nombre de José Ignacio Wert, que todo es posible cuando los libros de texto blanquean la historia y elevan a los altares a gente indigna de merecerlo.
Nota de Lazarillo: "Si lo hubiera (un solo militar dispuesto a sublevarse en favor de la monarquía y en contra de la República), sería un loco, lo digo con toda claridad, aunque considero que también sería loco el militar que al frente de su destino no estuviera dispuesto a sublevarse en favor de España y en contra de la anarquía". Con esta amenaza incendiaba el parlamentario José Calvo Sotelo -antes de ser asesinado- el debate del martes 16 de junio de 1936 en el Congreso de los Diputados. El día 12 había sido asesinado por cuatro pistoleros de extrema derecha el teniente republicano José del Castillo Sáenz de Tejada.
DdA, X/2.622
No hay comentarios:
Publicar un comentario