miércoles, 19 de junio de 2013

¿POR QUÉ NO JUZGA A BÁRCENAS Y COMPAÑÍA UN JURADO POPULAR?

Jaime Richart

Este país es un dechado de imperfecciones, de sinrazones y de disparates. Sea cual fuere el ámbito, pocas cosas organizativas e institucionales, es decir ideadas por el poder público interpretado luego por mentes con multitud de prejuicios, se libran de la impresión de desatinos. Y no me refiero sólo a la materia hipotecaria y los desahucios: tampoco a los indultos del ejecutivo; ambas tratadas por leyes mostrencas que datan de 1870. Tampoco me refiero a la falta de adecuación entre la letra de normas ampulosas como la Constitución, que reconoce a la ciudadanía derechos básicos, como la vivienda y el trabajo, y luego se insulta a la ciudadanía desde la praxis negándole vivienda y trabajo con los hechos de la gobernabilidad. Por ejemplo, cuando la misma norma proclama la laicidad del Estado, y luego protege a la Iglesia católica y persigue de manera directa o indirecta al resto de iglesias competidoras, etc

 Ahora me encuentro con el dislate de que se va a juzgar a un presunto criminal por un jurado popular compuesto por seis ciudadanas y tres ciudadanos. Nunca, a lo largo de los 36 años de imaginaria democracia, se ha atacado tanto la presunción de inocencia como en este caso. La autoría está contaminada de tal manera nauseabunda por el influjo de los medios televisivos, que la condena está servida.

 ¿Qué espera la Justicia, ciega en teoría, de ese jurado cuando escuche la exposición y argumentario de la fiscalía y de la acusación particular, por un lado, y los de la defensa, por otro? ¿Imparcialidad, objetividad, ecuanimidad? ¿Alguien duda de que el procesado no está ya condenado por la opinión pública? ¿Alguien duda de que la opinión pública no está a su vez acuñada en bronce por los medios? ¿Alguien duda de que el periodismo oficial, principalmente televisivo, configura la opinión pública? ¿Alguien duda de que esa opinión pública ha venido presentando al encausado como el más infame de los criminales "sólo" porque un dictamen, que contradice a otro anterior, afirma categóricamente que los restos óseos hallados en un horno para animales son humanos, y precisamente de dos niños de esa edad? ¿Alguien duda de que el jurado, en estas condiciones, no es un peligro, siendo así que además no hay  prueba de ADN; siendo así que está rota la cadena de la custodia de los restos; siendo así que los cuerpos de los niños desaparecidos no han aparecido... Este asunto recuerda casi punto por punto a tantos otros históricos. Como el de Jean Callas en Francia en 1772, o como el de crimen de Cuenca en 1910.

  Menos mal que, a diferencia de los casos citados, no está en juego la vida propiamente dicha de este desgraciado. Pero en cualquier caso y ya que se considera tan adecuado el jurado popular por la resonancia del caso, ¿por qué no juzga un jurado, en esos otros casos con tanta o más resonancia que el de la desaparición de dos niños, a Bárcenas y a esa tropa de saqueadores de las arcas públicas que ha venido asolando a este país y contribuyendo poderosamente a la gravísima crisis que padece? Precisamente ningún otro como estos, para que resplandezca la justicia popular y esa canalla conozca el exacto alcance y repercusiones de su infamia. 
DdA, X/2.413

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