miércoles, 11 de julio de 2012

ENVENENARNOS DE DIGNIDAD PARA HACERNOS INDIGESTOS A LA BESTIA



Ana Cuevas


Si tuviéramos que poner banda musical al momento que atravesamos los españoles, yo escogería la de un tango escrito en los años 30. La letra de Cambalache cobra una actualidad brutal ahora mismo. Su creador ya lo predijo: sin ética ni valores, el mundo fué y seguirá siendo una porquería plagadita de chorros maquiavelos, estafados contentos, amargados y doblés. No se equivocaba el hombre.

En el siglo XXI continuamos revolcándonos en el merengue de la desaprensión y del fraude. Nos mienten a diario, desdiciéndose fanfarronamente de sus anteriores trolas. Las promesas electorales de ayer arden para ser remplazadas por la única verdad que les importa, mantenerse en la esfera del poder. Aunque sea como esbirros y eso suponga traicionar al pueblo al que deberían servir. El cinismo argumental que emplean resulta cada vez más pornográfico.

Dicen que para la salvación es inevitable el sacrificio de los trabajadores, pensionistas, discapacitados, estudiantes, enfermos y demás estratos gravosos de la sociedad. Descontando a todos éstos, ¿a quién se pretende entonces salvar? También nos suben el IVA con la rocambolesca excusa de combatir la economía sumergida. Pero las finanzas de altos vuelos, sus evasiones de capitales y fraudes fiscales manifiestos, seguirán en ese limbo inaccesible a las arcas recaudatorias del estado.

La pobreza crece a paso de gigante. El desempleo, los desahucios, la desesperación que empuja hasta el suicidio... todo son expiaciones necesarias para sanar al enfermo. Lo que pasa es que el enfermo (esa insaciable avidez de bancos y mercados) es incurable. Pero como todo monstruo que se precie, piensa morir matando. Con la connivencia de los títeres políticos, succionará cada gota de nuestra anémica sangre antes de reventar. Solo nos queda una carta: envenenarnos de dignidad para hacernos indigestos a la Bestia. Como están haciendo los mineros.

Puede que acabemos todos triturados en las perversas fauces de este sistema, que la porquería del mundo nos persiga hasta la extinción de nuestra estupida especie y que luchar contra ella sea un esfuerzo estéril. Pero prueben a soñar un poco. Imaginen que, a golpes de valor y honradez, los victimables le hacemos la eutanasia a este psicópata enfermo que se nos quiere llevar a todos por delante. ¿A que sería precioso poder enmendar la trágica sentencia de este tango?

Foto: multitudinario recibimiento nocturno de Madrid, ayer, a la Marcha Negra de los mineros, reducido por los medios al uso a "miles de personas". ¿Dosmil, tresmil quizá?

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