viernes, 31 de julio de 2026

MARAVALL NO ENTIENDE LA POSICIÓN POLÍTICA ACTUAL DE FELIPE GONZÁLEZ

 

Lazarillo

Me parece oportuna la entrevista que el diario El País publica con quien fuera ministro de Educación del primer gobierno de Felipe González, José María Maravall, que además es una personalidad intelectual respetable, con 16 libros publicados, a la que conviene tener en cuenta cuando, como es el caso, no elude respuestas a algunas cuestiones que le plantea el entrevistador, sobre las que quizá preferiría guardar silencio. La última de sus obras se acaba de publicar ahora en inglés (sin traducción por ahora al castellano). Su título en español podría ser: Intrigas políticas: socialdemocracia, rendición de cuentas electoral y manipulación. El contenido parece muy prometedor, aunque el título debería ser más breve. En la entrevista, quien fuera por aquellos años demiurgo político y electoral de Felipe González, al que conoció en la mili, considera que el expresidente no ha contribuido a nada con sus últimas intervenciones  en el debate público sobre el PSOE: "No entiendo su posición política actual", afirma. Comparto plenamente lo que sostiene como titular. (Pinchar sobre el recorte para leer la entrevista)*.

*Mi recuerdo afectuoso para María Jesús, la esposa de Maravall, con la que este Lazarillo trabajó cuando su marido era ministro.

DdA, XXII/6423

EL MAESTRO RIPOLL, ÚLTIMO EJECUTADO POR LA INQUISICIÓN, MERECE MEMORIA

Un 31 de julio de 1826, el maestro Gaietà Ripoll era ahorcado en la plaza del Mercado de València por orden de la Junta de la Fe, órgano continuador del Santo Oficio. Valencia tiene el dudoso honor de ser la ciudad donde la Inquisición ajustició a la última víctima en el mundo. Sin embargo, la mayoría de ‘patriotas’ valencianos no sabe quién fue Ripoll. Casi un siglo después, la España franquista de la victoria (no de la paz) impondría tribunales como el de la Represión de la Masonería y el Comunismo, que por sus procedimientos recordaron a los del Santo Oficio. Europa, y no sólo Valencia -se dice en el artículo-, tiene una gran deuda con el maestro Gaietà Ripoll. Y en ello están varias entidades (Cullera Laica, València Laica, Associació Valènciana d’Ateisme i Lliurepensament), que, con pocos medios y mucha dejadez institucional, intentan aflorar su memoria, recuperando documentos y pidiendo al ayuntamiento erigir una estatua en lugar digno, tal como ya disponen Miguel Servet, Giordano Bruno y François-Jean Lefebvre.

Gaietà Ripoll | Levante-EMV

Marc Cabanilles, Levante

Fue hace doscientos años, un 31 de julio de 1826, el maestro Gaietà Ripoll era ahorcado en la plaza del Mercado de València por orden de la Junta de la Fe, órgano continuador del Tribunal del Santo Oficio. Tenemos el dudoso honor de ser la ciudad donde la Inquisición ajustició a la última víctima en el mundo. Pero también ostentamos el triste récord, no ya de haber olvidado, sino que tan siquiera la mayoría de patriotas valencianos sabe quién fue Gaietà, cuyo proceso, constituye uno de los episodios más nefastos de represión ideológica y religiosa en nuestra historia contemporánea.

Por supuesto que antes de Gaietà Ripoll hubo muchísimas más víctimas, y algunas siguen presentes en la memoria.

Miguel Servet, médico y teólogo aragonés, descubridor de la circulación pulmonar sanguínea, quemado vivo en Ginebra a causa de sus “errores” teológicos. Tiene dedicadas calles, plazas, hospitales, estatuas en numerosos países (Suiza, España, México, Francia, Estados Unidos, …) y hasta un asteroide lleva su nombre.

Giordano Bruno, astrónomo, matemático, filósofo y poeta. Por sus opiniones científicas y sus dudas respecto a algunos dogmas de católicos, la Inquisición le condenó a morir quemado, previo amarre de su lengua a una estaca, para que no pudiera hablar durante su ejecución. En 1889 se erigió la actual estatua en la plaza del Campo dei Fiori en Roma. El cardenal que dirigió el proceso inquisitorial (Roberto Belarmino), fue canonizado en 1930.

François-Jean Lefebvre, acusado de blasfemia por no quitarse el sombrero al paso de una procesión. La Inquisición registró su casa y encontró libros prohibidos de Voltaire. Fue condenado a morir en la hoguera junto a uno de los libros prohibidos, previa amputación de la lengua, una mano y su decapitación. En 1897 una comisión de librepensadores le erigió una estatua junto a la Basílica del Sacre Coeur en París. Anualmente, cada primer domingo de julio, una manifestación parte del monumento y finaliza en el sitio donde sufrió el suplicio.

Todos estos ajusticiamientos, no tenían únicamente la finalidad de castigar a cada persona en particular por haberse apartado del rebaño, por haberse atrevido a pensar por su cuenta, sino que servía como un mecanismo de control social, de inculcar miedo a la población, de demostrar quien tenía el poder, un recordatorio de cuáles son las normas de obligado cumplimiento, de quienes se encargan de aplicarlas y de hasta dónde están dispuestos a llegar para que se cumplan.

Ubicación de la barraca escuela del Mestre Ripoll, según Guillermo González en la calle Jesús Morante Borras

Gaietà Ripoll, nuestra víctima, ejerció la docencia en el barrio de La Punta (Russafa). Era deísta, por lo tanto, creía en la existencia de un dios creador, que diseñó el cosmos y estableció las leyes naturales, pero que no se involucra en los asuntos humanos, ni altera el curso de los acontecimientos del mundo. Por tanto, Ripoll cree en los Diez Mandamientos, pero no en milagros, no practica ritos religiosos ni rezos, no cree en Jesucristo, ni en la Santísima Trinidad, ni el misterio de la Encarnación, ni en la virginidad de María, ni en los Evangelios, ni en la infalibilidad del Papa, no obligaba a sus alumnos a decir “Ave María Purísima”, ni hacer la señal de la cruz, no creía necesario ir a misa, retiró el crucifijo de su aula, tampoco sacaba a sus alumnos a la calle al paso del “señor sacramentado”…

Con esas creencias y comportamientos, y recién creadas las Juntas de Fe, en pleno reinado absolutista del borbón Fernando VII, fue declarado fuera de la comunión de la Iglesia Católica, condenado a la horca y a ser quemado como hereje pertinaz y acabado, con plena confiscación de sus bienes (Salustiano Olózaga, periódico Las Novedades, Madrid, 1863).

Dado que, en 1826 ya no se quemaba, una vez ahorcado, fue introducido en un barril pintado con unas serpientes y unas llamas figuradas.

Su detención se prolongó durante dos años, encerrado en la cárcel de San Narciso, antigua prisión histórica de la ciudad de València, ubicada cerca de las actuales Cortes Valencianas. Dos años de acoso y derribo, de sufrir los constantes interrogatorios por parte de sacerdotes de conocido celo y buen saber que lo desengañasen de sus creencias” (Cirilo García. Periódico El Pensamiento Español, 1869). Dos años buscando testigos que corroborasen los atentados, blasfemias y herejías vertidas por Ripoll”. El maestro nunca se retractó de sus creencias.

Gaietà Ripoll, símbolo de coherencia y honestidad, fue enterrado, como apestado, en lugar profano, fuera del Cementerio General, mientras que el responsable de su muerte, el obispo Simón López, enterrado en la catedral de València, dijo sobre la ejecución: Dios quiera que sirva de escarmiento para unos y de lección para otros”.

El pensamiento conservador nos ha ganado la partida. El olvido de Gaietà Ripoll, es todo un síntoma de una sociedad poco conocedora de su historia y que no demuestra ningún interés en recuperarla. Si Ripoll hubiera vivido en la antigua Grecia, sería discípulo aventajado de Sócrates. En Roma lo hubiera admirado Catón. Pero vivió en València, donde cabría esperar la progresía (o lo que queda de ella), no sólo supieran de Jaume I (un rey conquistador) o de Vicente Ferrer (bestia negra del judaísmo).

Todo esto pasó hace doscientos años, pero siguen ocurriendo episodios de señalamiento público de quienes no aceptan ciertas “verdades”, campañas para difamar o arrinconar a quienes ejercen un pensamiento crítico, uso de instituciones o poderes del Estado para perseguir al discrepante, y ahora, en plena democracia, nos arrasa una corriente de incultura, intolerancia y autoritarismo que, de no reaccionar, nos devolverá a los tiempos oscuros del asesinado Gaietà Ripoll.

Europa, y no sólo València, tiene una gran deuda con el maestro Gaietà Ripoll. Y en ello están varias entidades (Cullera Laica, València Laica, Associació Valènciana d’Ateisme i Lliurepensament), que, con pocos medios y mucha dejadez institucional, intentan aflorar su memoria, recuperando documentos y pidiendo al ayuntamiento erigir una estatua en lugar digno, tal como ya disponen Miguel Servet, Giordano Bruno y François-Jean Lefebvre.

Marc Cabanilles Ateneo Libertario Al Margen de València | Associació Valenciana d’Ateisme i Lliurepensament (AVALL).

ASTURIAS LAICA  DdA, XXII/6423

LA DIPLOMACIA DE VECINDAD NO EQUIVALE A SOMETIMIENTO



Félix Población

Tanto la derecha como la extrema derecha española, ante un problema de grave calado internacional como el que ha supuesto la entrada ilegal y organizada en Ceuta y Melilla de miles de marroquíes, han reaccionado como acostumbran desde hace años: haciendo politiquería partidista y culpando al presidente del Gobierno de un hecho del que, como ocurrió también hace cinco años cuando se ofreció asistencia médica en nuestro país al presidente de la República Árabe Saharui Democrática, sólo cabe responsabilizar al gobierno marroquí. No es, lógicamente, la postura que debería primar en una oposición política seria que defienda ante todo los intereses de España ante el conflicto que nuevamente se plantea con el reino de Marruecos. Tal conflicto bien podría estar originado por la sumisión del vecino país a la política exterior de la Casa Blanca y al expansionismo sionista, con los que el presidente español ha manifestado reiteradamente su discrepancia. No parece aventurado pensar que con este acceso masivo y programado marroquíes a territorio español, transportados en camiones hasta la frontera de Ceuta con la colaboración permisiva de la policía marroquí, Trump y Netanyahu se hayan unido con la colaboración del rey sátrapa marroquí al intento de desestabilizar  al gobierno de Pedro Sánchez*, visto que la oposición por sí sola es incapaz de hacerlo con la política nacional. Aquí tendríamos por lo tanto la razón de por qué Feijóo y Abascal a dúo, y casi al dictado de una tercera voz, culpen a Sánchez, en lugar de mantener la dignidad que les correspondería defendiendo ante todo al gobierno de su país de este inadmisible episodio revestido de estratégica presión migratoria contra España y la Unión Europea por parte de un Estado extranjero con pretensiones de ocupar Ceuta y Melilla. Tan patriotas son que culpan a su gobierno democrática de lo que organiza una dictadura. Ahora le toca a Pedro Sánchez dirimir con Rabat que la diplomacia de vecindad no puede resolverse en sometimiento. No debería volver a ocurrir lo que ahora se ha repetido y ha costado casi veinte muertos.


*La dictadura marroquí al servicio de EEUU e Israel chantajea un verano más a España y Europa convirtiendo a su propia gente en carne de cañón arrojadiza. Algo que en lugar de ser objeto de politiqueo partidista debería ser objeto de un pacto de Estado transversal. Gabriel Rufián

Léase@también: Así normaliza Marruecos la ocupación del Sahara: La autopista Donal Trump, los viajes de Ryanair y el rodaje de La Odisea

OJOEl embajador de Israel en la ONU critica a España por su colonialismo en Ceuta y Melilla y el ministro Puente le da una inquietante réplica.

DdA, XXII/6423

jueves, 30 de julio de 2026

PIEDRALAVES: YA NO VIVIRÉ LOS ÚLTIMOS AÑOS DE MI VIDA EN EL LUGAR QUE AMABA

Conozco gente que lo ha perdido todo, salvo la vida: animales, fincas, tierras, negocios. Aún no hemos podido volver, pero sé que mi casa está a salvo; pero sé también que, fuera del casco urbano, el grado de devastación en Piedralaves alcanza el 80% del territorio: en mi caso, sesenta años de biografía visual y afectiva han desaparecido para siempre. Ya no viviré los últimos años de mi vida en el lugar que amaba. Muchas veces temí morir antes de poder volver a España e instalarme en el valle del Tiétar a vivir hasta el final de mi existencia. Nunca pensé que era el lugar el que iba a desaparecer antes que yo. Ojalá este soplido letal sirviera al menos para hacernos mejores. No estoy seguro. En España ha habido dos incendios. Uno estructural de estallido aleatorio, fruto del estrés climático, la mala gestión y la composición misma de los bosques. Y otro provocado de orden político.


El fuego es antiguo, hermoso y terrible.

Santiago Alba Rico

El jueves 23 de julio por la mañana, muy temprano, al mirar por la ventana vimos una herida roja en la cresta de la Serradilla, uno de los picos de Gredos. En la penumbra de la madrugada parpadeaba como una estrella caída, con tan tímido fulgor que la montaña se erguía contra el cielo más alta y misteriosa que nunca. Durante dos días vimos la llaga crecer, cambiar de lugar, alargarse como una procesionaria incandescente. El pueblo se había vaciado de turistas, pero no teníamos miedo. La fuente de amenaza era al mismo tiempo una fuente de inesperada belleza. Nos sentábamos a beber cerveza frente a la sierra salpicada de hogueras, en un silencio atronador. El sábado por la mañana, de hecho, el peligro parecía conjurado. La temperatura había bajado y se anunciaba una lluvia que nunca cayó. Casi estábamos decepcionados. Y de pronto a las diez toda esa lentitud se derritió. Por primera vez comenzó a oler a quemado. El cielo se cubrió de una capa de plomo y empezaron a nevar pavesas. Enseguida sonaron las alarmas. En medio de una atmósfera de sueño todos reunimos cuatro enseres y bajamos hacia el Prao. En dos horas el pueblo estaba vacío. En cuatro el fuego había llegado a la carretera.

Desde el sábado somos refugiados climáticos. No somos afganos ni sirios ni palestinos. Tenemos tarjetas bancarias y amigos generosos que nos ofrecen sus casas. Pero viendo la fila de castellanos contritos arrastrando sus bártulos hacia el polideportivo de Arenas de San Pedro era inevitable evocar imágenes de otros lugares de la tierra. No está en el ADN de los otros pueblos la guerra, la desgracia y el destierro; ni en el nuestro el bienestar, la estabilidad y la calma. Creemos que nuestras casas son sólidas, que nuestros objetos nos esperarán siempre sobre la mesa, que nuestros bosques nos sobrevivirán. Es un milagro -un milagro también de buena gestión- que el mayor incendio de la historia de España no haya ocasionado hasta ahora ninguna muerte, pero lo cierto es que un soplido de fuego se ha llevado en un instante décadas y siglos de trabajo -humano y natural- solidificado ante nuestros ojos. Se ha llevado en un instante -aún peor- la idea misma de solidez: de confianza en la materialidad de las cosas. Conozco gente que lo ha perdido todo, salvo la vida: animales, fincas, tierras, negocios. Aún no hemos podido volver, pero sé que mi casa está a salvo; pero sé también que, fuera del casco urbano, el grado de devastación en Piedralaves alcanza el 80% del territorio: en mi caso, sesenta años de biografía visual y afectiva han desaparecido para siempre. Ya no viviré los últimos años de mi vida en el lugar que amaba. Muchas veces temí morir antes de poder volver a España e instalarme en el valle del Tiétar a vivir hasta el final de mi existencia. Nunca pensé que era el lugar el que iba a desaparecer antes que yo.

Ojalá este soplido letal sirviera al menos para hacernos mejores. No estoy seguro. En España ha habido dos incendios. Uno estructural de estallido aleatorio, fruto del estrés climático, la mala gestión y la composición misma de los bosques. Y otro provocado de orden político. En estos días de dolorosa itinerancia no he dejado de escuchar en las farmacias, en los bares, en los comercios, a gente honrada y, al mismo tiempo, bocazas; gente solidaria y, al mismo tiempo, fanática; gente generosa y, al mismo tiempo, envenenada por el odio: "Sánchez está quemando España para instalar placas solares", "el gobierno nos ha abandonado", "los ecologistas impiden desbrozar los campos y recoger piñotes”, "la UME no hace nada", y todo ello con el aplomo gritón del que identifica su relato con la verdad verdadera, sin esperar jamás de su interlocutor un contraste o un desmentido. No pienso perder un minuto en desmontar estos bulos en un diario que no leerán los que los difunden. Estos honrados bocazas -que no me van a leer- tienen miedo, como todos. Frente al horror  necesitamos siempre una explicación sencilla, es decir, un culpable en el que descargar la angustia de la incertidumbre. La política de la derecha consiste en proporcionarles uno. Es el victorioso populismo expiatorio que, en un mundo de complejidad abstracta y pasiones negativas, proporciona a los perdedores el goce de un odio visceral. La gente verdaderamente honrada de estas tierras de Castilla combina de un modo muy destructivo la fragilidad neoliberal y el casticismo ancestral. Fruto del individualismo consumista y del abandono secular, esta combinación fatal se manifiesta en la desconfianza más feroz hacia el Estado: en la España de hoy, en efecto, la izquierda urbana y periférica es institucionalista mientras que la derecha reaccionaria y rural es "libertaria". No se puede dejar de admirar un poco la cabezonería irracional del castellano que sólo confía en sí mismo para salvar sus cabras, apagar los incendios y vengar sus agravios. No se puede tampoco dejar de temerla, como tememos los tsunamis de fuego.

Puede ser una alucinación de cercanía, pero me atenaza la sombría convicción de que estos dos incendios, el estructural y el provocado, acabarán dando el gobierno a los incendiarios. La izquierda, en lugar de regañar y dar lecciones, debería aprovechar el paréntesis de desolación para hacer propuestas. Mi amigo Dani Iraberri, experto en agricultura regenerativa, me decía el otro día que el paisaje del que estaba yo enamorado y cuya desaparición tanto me duele no era un paisaje: era una herida: lo que él llama "paisajes simplificados" o "no naturales" ("desiertos verdes"), por eso mismo mucho más vulnerables al fuego. En Castilla, me insiste, no había bosques: había monocultivos de pinos plantados por el franquismo e incapaces de resistir el cambio climático: el trágico fuego se ha limitado a "retirar una costra". El mayor incendio de la historia de España es, por tanto, la oportunidad de restaurar el bosque nativo con sus robles, encinas, castaños, alcornoques, y todos los arbustos ignífugos y todos los pájaros y todos los mamíferos que desaparecieron con él. ¿Por qué no se hará? El pasado jueves, cuando el fuego se apoderaba de San Martín de Valdeiglesias, tardé seis horas y media en recorrer setenta y un kilómetros. Venía de El Escorial, en cuyo curso de verano otro buen amigo, Emilio Santiago, tras describir la revolución luminosa ya en curso, preñada de un futuro de abundancia racional, resumía los obstáculos: "No tenemos un problema, tenemos un enemigo". Ese enemigo, si gana las elecciones, aprovechará su oportunidad para culminar proyectos devastadores que la resistencia ciudadana había contenido provisionalmente: autopistas, campos de golf, parques temáticos. O paraíso o infierno: no hay ya lugar para neoliberales purgatorios intermedios. Sólo la propuesta firme de un paraíso sostenible podrá salvar España y, de paso, este gobierno.

Ojalá viva lo bastante para ver surgir de las cenizas de Piedralaves un paisaje que, lujuriante de verdes diferentes, me haga olvidar el que el fuego ha quemado estos días. Ojalá lo vean al menos mis hijos. Mi casa está a salvo. Ahora hay que salvar la de la humanidad entera.

PÚBLICO  DdA, XXII/6421

VACIAR DEL TODO LA ESPAÑA VACIADA


Félix Población

A veinte kilómetros del lugar en el que se produjo ayer a mediodía un nuevo incendio en la provincia de León (San Cipriano del Condado, en el municipio de Vegas del Condado), llegó la hoja quemada de roble que ilustra estas líneas. No hay vuelo que comporte mayores indicios de riesgo para el patrimonio natural y el vecindario de estos pueblos leoneses de la España vaciada. 

A falta de saber la evolución del incendio, hay lugareños de Castro del Condado que se preguntan, a la vista de algunos edificios calcinados de la localidad, si la tónica de los incendios sufridos en la provincia, desde el gran desastre del verano pasado, puede ser a partir de ahora que ardan las casas, como ocurrió en 2025 en Palacios de Jamuz, con el incendio de Molezuelas de la Carballeda que el 10 de agosto calcinó 37.000 hectáreas. 

Fueron aquellas imágenes de las casas ardiendo durante la noche, en el interior de la localidad, las que sin duda más impresionaron de aquel desastre. Las llamas se han repetido ayer en Castro del Condado, tal como vemos en los periódicos, aunque con menor voracidad. 

Como el gobierno competente en esta materia es más o menos el mismo que teníamos en Castilla y León hace un año y en las localidades afectadas por los incendios entonces ha vuelto a ser mayoritario el voto a su favor en los pasados comicios autonómicos, parecería que lo que cabe esperar, cuando los incendios se repiten un año más tarde en el recinto urbano de los pueblos, es que esta España vaciada de la que León es tan cabal ejemplo se quede vacía a fuerza de votar a los mismos gobernantes ineptos, incapaces de prevenir lo que va siendo habitual cada verano. Incluso cuando, como el año pasado, hubo víctimas mortales. (No olvidemos que este verano se registraron catorce en el incendio de Almería).

Como aún queda verano por delante, y después de lo adelantado que esta canícula viene el fuego, se tiene la sensación de que lo ocurrido hasta ahora puede ir a más. Las hojas quemadas de los robles, desplazadas por el aire a veinte kilómetros de donde han muerto, trasmiten eso al vecindario que tiene más conciencia del problema en la admirable montaña leonesa. Todo cuidado debería ser poco con ella. Y toda negligencia, ineptitud o incapacidad de gestión, delito*.

*Publicado también Heraldo de León.


Ahí está, la casa de mi sobrina Julia, que con toda la ilusión del mundo arreglaba en Fornillos de Fermoselle. Dando vida a estos pequeños pueblos donde viven personas que luchan a diario, tan abandonados por los gobiernos que no dejamos de votar. (De las redes).

DdA, XXII/6421

CONCHILLA LA DEL PERNALES, ULTIMA AMANTE DEL BANDOLERO ANDALUZ

 


Fotografía difundida hoy en facebook

Félix Población 

Los de mi generación, o al menos quien esto escribe como integrante de la que fue niño en los cincuenta y sesenta del pasado siglo, siempre que tenemos oportunidad de observar imágenes como la que quedó impresa en esta fotografía, tenemos en cuenta que el periodismo propio de aquella época formó parte de la vida cotidiana de la generación de nuestros abuelos

Esto quiere decir que por antiguas y hasta violentas que nos parezcan instantáneas como esta publicada en los periódicos, formaron parte de la vida más joven de quienes nos dejaron en nuestra infancia y no están tan lejos en la historia de este país, nuestro, teniendo en cuenta, además, lo que el pasado siglo representó para la historia de España con la crudelísima guerra de 1936 y la subsiguiente dictadura como periodos regresivos. 

La fotografía (retocada) la publicó el diario ABC en su edición sevillana en los primeros días de septiembre de 1907 y corresponde a la exposición pública en la plaza de Villaverde de Guadalimar (Albacete) del cadáver (1) de quien es considerado el último bandolero romántico, Francisco Ríos González (Pernales), y el de su compañero Antonio Jiménez Ramírez (Niño de Arahal), ambos sevillanos, nacidos en 1879 y 1881, respectivamente. (Hablando de periodos regresivos, este tipo de exposiciones intimidatorias que servían para amedrentar a la población, se recuperaron con frecuencia durante los primeros años de la dictadura franquista, cuando el régimen ejecutaba a los guerrilleros republicanos que se emboscaban en los montes).

La cuadrilla de Francisco Ríos, que actuaba tanto en Andalucía como en La Mancha asaltando cortijos y robando a hacendados y terratenientes, ganando entre el pueblo fama de generosidad hacia los  pobres, estaba formada por Antonio López (el Niño de la Gloria), Juan Muñoz (el Canuto) y Antonio Sánchez (el Reverte), si bien al comienzo El Pernales fue un bandolero solitario, casado y con fama de mujeriego.

El Pernales y el Niño de Arahal fueron abatidos el 31 agosto de 1907 en una emboscada de la Guardia Civil en la Sierra de Alcaraz*, cuando pretendían huir de Andalucía, dejando atrás su vida de forajidos obligados por la miseria en la que nacieron y emprender desde Valencia rumbo a América, tierra de promisión para tantos y tantos españoles entonces y muchos años después. 

La eliminación de los dos bandoleros, por lo mucho que incomodaban a las autoridades, fue muy celebrada por el ministro de la Gobernación, Juan de la Cierva. La autopsia demostró que un disparo en la ingle había roto la femoral de Pernales y otro disparó en el corazón acabó con la vida de su compañero. Cinco personas identificaron los cadáveres, dando por cierto que se trataba de los dos bandoleros, si bien dos de ellas no estaban seguros pues no tenía Pernales el mechón de pelo que llevaba siempre sobre la frente. 

Se cuenta que en Valencia esperaban a Pernales su amante Concepción Fernández Pino (Conchilla la de Pernales) y la hija de ambos, un bebe de pocos meses. La historia tiene trazas de guión cinematográfico: "La joven aguardaba ansiosa verle aparecer cuando escuchó en las calles el grito de los vendedores de periódicos que voceaban la muerte de «el Pernales». Sintióse totalmente desamparada y estuvo todo un largo día sin saber qué hacer. Al fin decidió regresar a El Rubio, aunque no había tenido contacto alguno con sus padres desde la mañana en que huyó con el bandido. Hizo el viaje en ferrocarril hasta Puente Genil y allí encontró a un arriero que por tres pesetas le llevó a El Rubio. Llegó al anochecer del miércoles 4 de septiembre. Su presencia en el pueblo con una niña de poco más de un mes produjo el natural revuelo. Halló refugio, como esperaba, en casa de sus padres, y el párroco don Ángel González Valencia se ofreció desinteresadamente para cristianar a la hija del bandido al día siguiente. Brindóse para madrina una señora viuda llamada doña Isabel Jardón García, natural de Osuna, quien costeó todos los gastos del acto. Recibió por nombre el de Juana Isabel Cristina, hija natural de Concepción Fernández Pino".

No terminarían aquí las tribulaciones de Conchilla la de Pernales, pues el juez de instrucción de Écija, encargado de los asuntos relacionados con el bandolerismo, ordenó la detención de la joven madre, para lo que requirió contar nada menos que con nueve guardias civiles y dos cabos, como si fueran a enfrentarse a la misma cuadrilla de su amante: "Este exagerado alarde de fuerza para conducir a la cárcel de Écija a una desgraciada e indefensa mujer, que ningún delito había cometido, indignó a no pocos, y la prensa se hizo eco de ello con las lógicas censuras".

En el momento de la detención se la intervinieron una serie de alhajas, procedentes todas ellas de los regalos con los que la obsequiaba el bandolero: "unos pendientes de oro con nueve brillantes cada uno, los cuales llevaba puestos; un alfiler de plata en forma de guitarra y unas arracadas hechas con monedas de plata de a peseta. En el dedo anular de la mano izquierda, vuelto, como queriendo ocultarlo, llevaba un grueso anillo de oro con las iniciales F.R. (Francisco Ríos). También le fue ocupado un lío de ropa que permanecía aún atado, tal como lo trajo de Valencia. Contenía tres camisas de hombre, tres calzoncillos blancos y algunas prendas de mujer de escaso valor. Cuidadosamente liado en una de ellas apareció un mechón de pelo rubio oscuro. ¿Era el famoso tupé de «el Pernales», que dos de las personas echaron de menos en la identificación? Puede ser. Tal vez le fue entregado por el bandido como prenda de amor la noche en que conoció a su hija y se vieron por última vez en aquel caserío, junto a la estación de Cabra".

En la cárcel de la localidad de El Rubio, antes de salir para la de Écija,  Conchilla se encontró "con una arrogante morena, no mayor de veinte años, también detenida el día anterior y que llevaba su mismo destino. Se trataba de Encarnación Ruiz Vargas y era la viuda de Antonio López Martín, «el Niño de la Gloria», activísimo elemento de la cuadrilla de «el Pernales» que fue muerto, cerca de Villafranca, en el mes de mayo. Hasta entonces no se habían conocido. Ahora la desgracia las unía y juntas caminaron esposadas, entre civiles, para responder de no se sabe qué cargos, hacia Écija, la noble ciudad del sol".

"Digamos, como final -según leemos en el recomendable libro del que extraigo la información y del que es autor Luis Joaquín Bermúdez López Francisco Ríos, El Pernales, realidad y leyenda del bandolerismo español,  que en los años que siguieron a la muerte de «el Pernales», las gentes de los campos, impresionables e imaginativas, comenzaron a airear una noticia que, por lo que tenía de insólita, se extendió  pronto por toda Andalucía. Decíase con insistencia que el muerto de la sierra de Alcaraz no fue el famoso bandido, sino un anónimo malhechor a quien las autoridades adjudicaron aquella personalidad para así encubrir los repetidos fracasos de sus campañas de persecución y justificarse ante el país. Aseguraban que «el Pernales» había marchado a Méjico, con nombre supuesto, como uno más de la cuadrilla de Antonio Fuentes, dueño de la finca la Coronela, en la que dos habían tenido ocasión de verse algunas veces. Luego se dijo que, rayando en la treintena, había muerto, oscuramente, en aquel país hermano, de una vulgar pulmonía".

En el citado libro, ciertamente, se hace responsable a la imaginación del pueblo andaluz, que ante la figura del Pernales había sentido tantos temblores como admiraciones, de que  el bandolero siguiese viviendo muchos años después de su muerte en la narrativa oral que inicia y nutre la leyenda, de la que en este caso nos ha interesado subrayar como titular las penalidades que para la amante del bandolero supuso seguirle con la intención de vivir juntos allende la mar Océano. Me parece lo debido al último bandolero romántico y a quien quiso embarcarse con él en otra vida con una nueva vida en los brazos.



*Leo que en el término municipal de Villaverde de Guadalimar se encuentra la llamada Cruz de Pernales, que recuerda la muerte de los dos bandoleros, pero la tumba de ambos se encuentra en el cementerio de la citada localidad, sin que falten en ella las flores cada año en la fecha de su muerte. Personalmente desconozco si este extremo forma parte de la realidad o la leyenda, por si alguien de esa zona geográfica me lo puede puntualizar. Las flores que aparecen junto a la lápida, que identifica a los dos bandoleros y la temprana edad de su muerte, parecen de plástico.

DdA, XXII/6422 

miércoles, 29 de julio de 2026

SIETE MEDIDAS PARA QUE LA EXTINCIÓN DEL FUEGO NO CUESTE MÁS QUE LA PREVENCIÓN

Repitiéndose como viene ocurriendo desde hace años los grandes incendios forestales que asolan cada verano este país, y que este año con el incendio de Almería registró el mayor número de personas fallecidas (13), habría que hacer un balance de lo que al Estado le cuesta extinguirlos frente a lo que invierte en prevenirlos, teniendo en cuenta, sobre todo, que algunas comunidades autónomas han reducido los presupuestos correspondientes. De seguro que la cifra de gasto sería muy superior, sobre todo si se tiene en cuenta que no no sólo se trata de millones de euros sino de las graves consecuencias medioambientales que comportan para el país, con una grave pérdida del patrimonio natural. Cañamero, ciudadano del campo, expone aquí siete medidas imprescindibles para que la extinción del fuego no nos siga saliendo a más caro que su prevención año tras año y el próximo más y más y más. Lazarillo



Diego Cañamero

Que ningún gobierno autonómico o del Estado "escurra el bulto" ante los incendios forestales que están arrasando el monte y, con ellos, ocasionando pérdidas humanas, de animales, aves y todo tipo de seres vivos.
¿Por qué hace 60 años no había estos incendios forestales?
Esto tiene una explicación muy sencilla: antes, la ganadería extensiva como las vacas, ovejas, yeguas o cabras, andaban sueltas por el monte, el campo estaba poblado con familias que vivían de él, el matorral se utilizaba para hacer cisco, picón, carbón... casi a todas horas el campo estaba frecuentado por personas, la gente vivía, en parte, por lo que generaba el monte.
Éste estaba cuidado, toda la maleza baja era el alimento del ganado, por eso estaba limpio y no se prendía fuego, ya que el fuego empieza desde el suelo, pero claro, los gobiernos no han puesto remedio a la despoblación de las zonas rurales y ha desaparecido la ganadería extensiva, y la gente ha abandonado el campo, entre otras razones, por la falta de apoyo de las Administraciones Públicas. ¿Qué deberían de hacer los gobiernos ante esto?
1. Adquirir todos los montes privados (el 72% es privado), entre otras razones, porque cuando se queman se "apagan" con dinero público.
2. Volver a apoyar la ganadería extensiva, porque éstos son los mejores bomberos forestales.
3. No permitir cotos privados de caza en los montes públicos, y que éstos, sean gestionados por sociedades municipales.
4. Ampliación de las plantillas de bomberos forestales con salarios dignos.
5.Trabajo de prevención de incendios en invierno y primavera, desbroce, cortafuegos, limpieza de cunetas…
6. Abrir todas las vías pecuarias para que se pueda pasar por ellas con total libertad.
7. Facilitarles a las Brigadas Forestales los medios técnicos necesarios para detectar y detener los incendios (drones, helicópteros, maquinarias y vehículos adecuados).
De esta manera, se podrán parar estos incendios naturales y provocados.
Los gobiernos disminuyen los presupuestos para prevenir los incendios, y yo me pregunto:
¿Cuánto dinero se están gastando ahora? ¿No sería mejor prevenir?
¿Quién le devuelve la vida a las personas fallecidas?
¿Y el daño ecológico, cuántos años se necesitan para reponerlo?
¿Y las pérdidas económicas se les compensarán a los afectados/as?
Ya está aprobado el decreto de las ayudas, esperemos que la burocracia no lo guarde en el cajón del olvido.

DdA, XXII/6421

EL DIONI FOR ALCALDE DE VOX


Félix Población

Se llama Dionisio Rodríguez y trabajaba como vigilante de seguridad, después de haber sido escolta de importantes personalidades. Dicen que al sentirse degradado, tomó la decisión de llevarse el furgón en el que custodiaba casi trescientos millones de pesetas. Ocurrió en 1989. Lo hizo sin ejercer violencia alguna. Antes de salir  de España metió las sacas en el maletero de un coche, se citó con tres amigos y les repartió una parte del botín. Aquella suma serían hoy en euros algo más de cuatro millones. Lo demás es bien conocido. Pasaporte falso, peluquín, gafas oscuras y un destino: Río de Janeiro. En Brasil vivió de lujo, a todo tren, pero por más que quiso cambiar de aspecto mediante cirugía, acabó siendo detenido y condenado a tres años y cuatro meses de cárcel por un delito de apropiación indebida. En 1995, tras cumplir tres cuartas partes de la condena, salió de prisión. Más de una vez pensé que El Dioni, por su pedigrí mediático, podría llegar a formar parte de alguna lista electoral. Por eso, que a sus 76 años, siendo un apacible abuelo que juega a la petanca y cuenta con el respaldo de algunos vecinos de la localidad madrileña de El Molar, no me parece nada improbable que esa lista sea la de Vox. Al menos esto es lo que pretende el del robo del furgón para los próximos comicios municipales, tal como contó en una entrevista, asegurando que ya mantiene conversaciones al respecto. Basa su deseo Dionisio Rodríguez en que su madre era natural de la citada localidad, a unos cuarenta kilómetros de la Puerta del Sol. De momento, el partido de extrema derecha no se ha manifestado en ningún sentido. Se supone que El Dioni ha elegido representar a Vox por afinidad ideológica, aunque en cualquier otra lista quizá fuera descartable, por su edad y condición. Sin embargo, con Vox, doy por hecha su candidatura y hasta por posible su victoria. Lo primero lo sabremos pronto.

DdA, XXII/6421

GRITOS CON CITA Y GLOSA (LXXXVI): SOBRE GUERRAS, COBARDÍAS… Y ERRORES QUE NO SE EQUIVOCAN



José Ignacio Fernandez del Castro

«Las guerras las comienzan los cobardes. Le temen a la guerra, pero más que eso le temen la alternativa de no empezarla, supongo.» Thomas, Tom, Leo CLANCY Jr. 
(Annapolis, Estados Unidos, 12 de abril de 1947 - Baltimore, 1 de octubre de 2013): Red Rabbit (002)

Nunca he leído nada (al menos conscientemente) de Tom Clancy... No, no lo digo con orgullo. Sé, claro, que es un autor de novelas de suspense con un  trasfondo político  frecuentemente “interpretado” desde la perspectiva del espionaje internacional, o sea desde los ojos de personajes como su Jack Ryan, iniciado con gran éxito como analista de la CIA (Central Intelligence Agency) en 1984 (The Hunt for Red October -La caza del Octubre Rojo-), y convertido en Presidente de la Agencia en 1994 (Debt of Honor -Deuda de honor-) y del país en 1996 (Executive Orders –Órdenes ejecutivas-), para ceder el protagonismo a su hijo. Jack Ryan Jr., desde 2003 (The Teeth of the Tiger -Los dientes del tigre-) hasta las postrimerías recientes de la serie en 2012 (con Threat Vector, en la que colabora Mark Greaney).

Sé que, con frecuencia y voluntad, mostraba sin muchos tapujos sus convicciones conservadoras, su cosmovisión neoliberal, su impulso militarista (aunque, paradójicamente, fuese uno de los más frontales detractores de la intervención en Irak), hasta el punto de que, en 1996, cuando su Jack Ryan se convirtiera nada menos que en Presidente de los Estados Unidos todos, articularía políticas más duras en las formas de lucha contra la droga y más laxas y nada redistributivas en lo fiscal, con un impuesto plano.

Sé que a él se debe la idea original, aunque no el desarrollo, de sagas televisivas como OP Center (Lewis Teague, 1995), aventuras de un grupo paramilitar que ejecuta acciones al margen de las Naciones Unidas y al servicio de los intereses de la Casa Blanca, o Net Force (Robert Lieberman, 1999), historias del quehacer cotidiano de una unidad de vigilancia de amenazas potenciales en la red para el gobierno estadounidense.

Sé que sus ideas, más o menos precisas, están den la base de más de una decena de videojuegos, aunque en sentido estricto sólo pueda considerársele el creador de Rainbow Six: Critical Hour (2006).

Sé algunas de estas cosas porque me gusta estar informado de los fenómenos literarios comerciales, y porque he visto, seguramente sin mucha atención (o con la que se merecían), algunas de las adaptaciones de sus novelas a la gran pantalla (La caza del octubre rojo, 1990, de John McTiernan; Juego de patriotas, 1992, y Peligro inminente, 1994, de Phillip Noyce; o Pánico nuclear, 2002, de Phil Alden Robinson).

Pero no puedo estar orgulloso de no haber leído nada de Tom Clancy, porque quienes pretendemos analizar críticamente cuanto nos rodea no podemos honestamente, como mostraran de formas tan diversas Manuel Vázquez Montalbán o François Truffaut, permanecer al margen del devenir de la cultura de masas...

Y acaso por ello, Kenneth Branagh (probablemente poco menos distante de la ideología, cosmovisiones, imaginarios sociales y gustos literarios de Tom Clancy que lo pueda estar yo mismo) dirigiría en 2014 Jack Ryan: Shadow One (Código Sombra: Jack Ryan), una película realizada siguiendo el largo rastro del famoso personaje clancyniano.
Así que lo único que me justifica parcialmente en esa desatención es el hecho constatable de que no hay tiempo para leer todo lo que a uno le apetece (y mucho menos lo que no le apetece tanto). Por contra, no tenemos más remedio que sospechar que la tramoya de este teatro del mundo presente, con tantos cobardes impulsando guerras genocidas, con tantos apologetas del negacionismo aireando sus proclamas asesinas contra la lucha frente al cambio climático ante todo desastre vinculado a los fenómenos climáticos extremos, cada vez se parece más a las narraciones y las pulsiones ideológicas de Tom Clancy.

Pese a todo, sigo sin intenciones de leerlo.
Pueda que sea un error, pero hay errores que no se equivocan… Porque no es por cobardía: no hay ninguna guerra personal.

DdA, XXII/6421

EL BLOQUEO ES UN MURO, PERO NO ES MÁS FUERTE QUE LA GENTE QUE SE ABRAZA

Tenemos encima el bloqueo más genocida que haya conocido país alguno -escribe Raúl en este impactante artículo desde La Habana-, un cerco que no distingue entre medicinas y alimentos, que castiga a los niños y a los ancianos con la misma saña fría con que castiga a nuestra economía. Pero ese muro, ese bloqueo que nos asfixia, podemos seguirlo tumbando entre todos, ladrillo por ladrillo, con lo que sabemos hacer mejor que nadie: con creatividad, con unidad, con esa inteligencia colectiva que ha dado al mundo vacunas desde esta isla bloqueada, desde este pedazo de tierra que la historia quiso pequeña pero que la ciencia ha vuelto enorme. Porque mientras nos cercan, nosotros inventamos. Mientras nos niegan una jeringa, nosotros fabricamos un anticuerpo. Mientras nos cierran una puerta, nosotros abrimos un laboratorio. Mientras nos condenan al silencio, nosotros hacemos música con el ruido de los motores viejos y poesía con el cansancio de nuestros pies.


Raulito Torres/ Aquí en La Habana

Ecobio, mi hermana, vecino...: permíteme que empiece contándote una historia que me persigue como un fantasma bueno, como uno de esos estribillos que no se olvidan aunque pasen los años. Fue hace mucho tiempo en Madrid, una ciudad que no es la mía pero que por un instante se volvió mi trinchera. Yo bajaba las escaleras de la estación de Fuencarral, con mi laptop bajo el brazo y la cabeza llena de ruidos, como todos los días, como todos los mortales que caminan sin mirar. Y de repente, entre el bullicio de los trenes y el murmullo indiferente de la multitud, vi a un joven. No era un joven cualquiera. Era un muchacho que se tambaleaba en medio de la línea con los brazos abiertos, como esperando darle su último abrazo al metro que le faltaban unos escasos tres minutos en llegar al andén, con los ojos perdidos y el cuerpo tembloroso, visiblemente drogado, visiblemente roto aquel chico.... justo donde los trenes pasan como bestias de acero, justo donde la vida se vuelve un instante y la muerte un segundo. El metro estaba lleno mi gente, lleno de personas de negocios, de señoras con bolsos y paraguas, de obreros con cascos, de estudiantes con mochilas. Lleno de personas que vieron lo mismo que yo vi. Y todos se quedaron clavados. Paralizados por el horror, petrificados por el miedo, convertidos en estatuas de sal con los ojos abiertos. Nadie se movía. Nadie hablaba. Nadie hacía nada. Era como si aquel joven ya hubiera muerto para ellos, como si su salto hubiera sido un acto de magia que los dejó sin voluntad. Yo no sé de dónde saqué el valor, hermano. No sé si fue instinto, o rabia, o esa cosa que llevamos dentro y que solo sale cuando la vida nos exige que seamos más de lo que creemos. Pero solté mi laptop en un banco, sin mirar atrás, sin pensar en el plástico y los circuitos que llevaba dentro, y me tiré a las vías. Me tiré al mismo abismo donde el muchacho lloraba y temblaba, y lo agarré, y le hablé con la voz más suave que pude encontrar, la voz que uno usa para acunar a un niño o para despedir a un muerto. Le dije que no estaba solo, que yo estaba allí, que el mundo no se acababa en ese túnel oscuro, que había luz más arriba, que había gente que lo esperaba, que había un mañana aunque él no pudiera verlo. Y el muchacho, entre sollozos y espasmos, me escuchó. Me escuchó y colaboró. Me tomó la mano y me dejó ayudarlo. Y entre los dos, con la fuerza de quien ya no tiene nada que perder y la ternura de quien lo ha perdido todo, logramos subir al andén. Cuando la policía llegó, no vinieron a felicitarme. Vinieron a llevarme a mí, a mí, el que había saltado a las vías, el negrito que había interrumpido el orden, el que había armado líos en el metro. No importa, no me importó entonces ni me importa ahora. Porque mientras me conducían, mientras me alejaban de aquel joven que ya veía volviendo mi cabeza a duras penas por los empujones de la policía y la incomodidad de las esposas....el chico ya estaba en manos del personal médico, yo supe algo que nunca voy a olvidar: que la masa no se mueve por si sola, que la multitud es un río congelado esperando una chispa para volverse combustible, que la mayoría prefiere mirar antes que mojarse si no existe alguien que les despierte. Y supe también que nosotros, los cubanos, no somos así. Que nosotros, los de esta isla de sol y sal, los de esta cintura de mar entre dos aguas, no somos esa multitud europea. Porque nosotros, cuando alguien cae, no miramos. Nos tiramos. Nos tiramos con el alma y con el cuerpo, sin calcular riesgos, sin preguntar credos, sin pedir permiso. Nos tiramos porque sabemos que el que está abajo podría ser nuestro hermano, nuestro vecino, nuestro hijo.
Nos tiramos porque la solidaridad más que una teoría, es un reflejo. Pero ese reflejo, compañero, lo hemos ido perdiendo. Lo hemos ido enterrando bajo el peso de las colas, bajo el cansancio de las escaseces, bajo la desesperanza de un bloqueo que no perdona. Hoy he visto el desmayo del mediodía en una esquina de Centro Habana. Y sigo viendo la mano añosa y débil que tiembla al contar las monedas para la leche. He visto los ojos de un niño que pregunta por qué el pan no llega y la boca de una abuela que responde con un silencio que es más elocuente que todas las palabras.
Y he recordado aquel metro de Madrid, y he pensado que no podemos convertirnos en aquella multitud enmudecida. No podemos ser los que miran sin moverse mientras nuestros niños, nuestros ancianos, nuestras embarazadas se caen de fatiga. Porque el hambre de uno es el hambre de todos. La fatiga de una embarazada es el cansancio de la especie. La caída de un anciano es el vértigo de la humanidad entera. Yo no doy de los que piden resistencia ni heroicismo, pero pido memoria y realidad. Porque hoy tenemos que estar a la par de lo que este tiempo nos exige. No podemos quedarnos anclados en el lamento ni en la espera. La realidad actual es dura como el pedernal, sí, pero también es cierto que en esta tierra hemos aprendido a sacar fuego de las piedras. Tenemos encima el bloqueo más genocida que haya conocido país alguno, un cerco que no distingue entre medicinas y alimentos, que castiga a los niños y a los ancianos con la misma saña fría con que castiga a nuestra economía. Pero ese muro, ese bloqueo que nos asfixia, podemos seguirlo tumbando entre todos, ladrillo por ladrillo, con lo que sabemos hacer mejor que nadie: con creatividad, con unidad, con esa inteligencia colectiva que ha dado al mundo vacunas desde esta isla bloqueada, desde este pedazo de tierra que la historia quiso pequeña pero que la ciencia ha vuelto enorme. Porque mientras nos cercan, nosotros inventamos. Mientras nos niegan una jeringa, nosotros fabricamos un anticuerpo. Mientras nos cierran una puerta, nosotros abrimos un laboratorio. Mientras nos condenan al silencio, nosotros hacemos música con el ruido de los motores viejos y poesía con el cansancio de nuestros pies. ¿Que el bloqueo es real? Claro que es real, y duele como una mordida en el alma. Pero no es la primera vez que nos cercan, ni será la última, y nosotros seguimos aquí, de pie, con la frente alta y la mano tendida. Porque este pueblo, este mismo pueblo que ve a sus hijos caerse de fatiga, es el mismo que hasta hace poco ha puesto en el podio olímpico a sus atletas con el pecho lleno de medallas y el alma llena de dignidad. Es el mismo que hizo del deporte una bandera, del béisbol una religión, del boxeo un arte y del atletismo un acto de rebeldía contra todas las predicciones. Es el mismo que ha llevado su música a todos los rincones del mundo, que ha hecho bailar a París y a Nueva York con su son, su rumba y su timba, que ha puesto en las venas del planeta el ritmo de una isla que no se resigna. Es el mismo que ha escrito literatura que duele y que cura, que ha hecho cine con la migaja, que ha pintado con la escasez y ha esculpido con la necesidad. Cuba no es solo un país que sobrevive al bloqueo. Cuba es un país que lo trasciende con la fuerza de su inteligencia, con la profundidad de su revolución, con esa revolución que no es un cartel ni una consigna, sino un músculo que se flexiona cada día en cada barrio, en cada consultorio, en cada escuela, en cada fábrica que no se apaga aunque le falte el combustible. Porque la revolución profunda y nuestra es la que no espera permiso, la que no se doblega. Y a esta revolución tenemos que pulirla hoy con más fuerza que nunca, porque el tiempo pasa y los niños siguen esperando, los ancianos siguen esperando, las embarazadas siguen esperando. No podemos permitir que el cansancio nos vuelva pasivos, que el desaliento nos convierta en esa multitud de Madrid que miraba sin moverse. Nosotros somos los que nos tiramos a las vías, los que hablamos con ternura al que está al borde, los que resolvemos en la calle porque en la calle está la vida. Hay que hablar con los guajiros, con los mipimeros, con los comerciantes, con los estatales y los privados, con los creyentes y los ateos, con los de la izquierda de siempre y los que están despertando. Todos los sectores, todos los brazos, todas las mentes. El que no se integre, que se quede fuera, pero que sepa que la historia no va a esperarlo. Y no me importa que alguien se enriquezca mientras su comunidad no pase hambre, mientras la escuelita del barrio tenga uniformes y libros, mientras el consultorio tenga medicinas, mientras el anciano tenga quien lo mire a los ojos. Porque la verdadera riqueza no es la que se acumula, es la que se reparte. La verdadera grandeza es más que la que se mide en cuentas bancarias, es la que se mide en cuentas de solidaridad. Regresemos a esa costumbre nuestra de no esperar que el Estado lo haga todo, ni de culpar al Estado por no poder hacerlo todo. La política es lo que ocurre en las colas, en los consultorios, en las aulas, en los campos, en los mercados, en las esquinas. La política es esa mujer que organiza la guardia en su centro de trabajo, ese joven que repara los libros de la biblioteca, ese abuelo que cuenta historias para que los nietos no olviden. No pido heroísmo. Pido humanidad, esa humanidad es la que nos tiene que guiar. Que esta gira de la unidad no sea un recorrido de aplausos, sino una espiral de abrazos. Que cada paso que demos sea para levantar a alguien. Que cada palabra que digamos sea para recordar que somos una sola carne, un solo pueblo, una sola promesa. Cuba no es sólo un país. Cuba es un pacto. Y el pacto se renueva cada mañana, en cada esquina, en cada mirada que se encuentra y se reconoce. Vamos, pues, que el tiempo pasa, y la historia nos mira con sus ojos de siglos, preguntándose si esta vez, como otras tantas, el pueblo cubano sabrá hacer de la necesidad, virtud; de la escasez, hermandad; del dolor, canción. Porque de eso se trata: de cantar juntos mientras construimos, de construir juntos mientras cantamos, de recordar que el bloqueo es un muro, pero nosotros somos el mar que lo rodea y lo erosiona día tras día. Sí, tenemos el peor de los bloqueos genocidas. Pero entre todos, con nuestra ciencia, con nuestro deporte, con nuestra cultura, con nuestra revolución de cada día, podemos tumbar muchos bloques a ese muro. Porque el muro no es más fuerte que la gente que se abraza. Y nosotros, hermano, sabemos abrazarnos. Como aquel día en el metro de Madrid, cuando aquel chamaco y yo salimos del túnel y la luz nos encontró, y supe que el verdadero milagro no era haberlo salvado, sino haber recordado que salvar a otro es salvarse a uno mismo. Con la mano izquierda en el corazón y la derecha extendida para alcanzarte a tu pecho. Un cubano que cree que todavía podemos.
Bueno...acuéstense ya que mañana hay que resistir...

DdA, XXII/6421