jueves, 30 de abril de 2026

LA RASTRALLA ENGAÑADA, NUEVO LIBRO DE LUIS MIGUEL DOMÍNGUEZ

Acabo de tener noticia y tengo muchas ganas de leer el libro del que nos habla el firmante, conociendo sobre todo el contenido y la autoría del mismo. Tantas ganas que lo acabo de pedir a la editorial para leerlo con el gusto y delectación que Luis Miguel pone en sus trabajos y querencias por todo cuanto habita y respira en Natura: Con el protagonismo de un pajarillo al que llaman restralla en el zamorano Campo de Aliste, el autor nos invita a transitar por los vallejos fecundos de la cultura popular, la vida de los pastores trashumantes y la persecución del lobo ibérico, a partir de un hecho que hubiera podido pasar desapercibido si no fuera por la capacidad de observación, y la necesidad de entender el mundo en el que viven, de algunas gentes del campo.




Carlos Lozano Robledo

El pasado viernes, Luis Miguel Domínguez presentó su libro La Restralla Engañada (Tundra Ediciones) en el búnker naturalista de Mar López y Javier Marquerie. El comunicador madrileño templó el Barrio de Salamanca para hablar de parasitismo, de Campo de Aliste, de Tribu y de lobos.

Pero no solo eso...Domínguez confesó que, aun a riesgo de que le maten una segunda vez, decidió, desde el lugar en el que se había perdido, volver a nacer para terminar el trabajo que comenzó en su anterior vida.

Cerca del final de su charla, pregunté qué consejo le daría a mis más inconscientes alumnos: aquellos revolucionarios que han decidido que van a estudiar Biología o que tienen inquietudes conservacionistas.

Barruntando una respuesta con trazas de pesimismo y soplando un viento de electricidad estática entre las piernas de los parroquianos del Nido de El Vuelo del Grajo, escuché a Luismi pronunciar: "diles que les estamos esperando: les necesitamos".

Sancho Panza, que vio cómo se diluían sus últimas esperanzas escurridas entre los majanos de La Mancha, sabía muy bien quién y qué era Don Quijote: precisamente por eso le seguía.

DdA, XXII/6330

PATRIOTAS DE DERECHA ESPAÑOLISTAS Y CATALANISTAS SE ENTIENDEN CONTRA LA GENTE

Quiero que este país se convierta en un agujero de mierda. Quiero que este país se hunda en una puta pesadilla”, decía Paul Golding, joven líder del ultraderechista partido Britain First (Británicos Primero) pillado en una grabación en la que hablaba de estrategias para llegar al poder. Que el líder de Britain First tenga como objetivo primero joder a los británicos encaja bien con que en España, patriotas de derecha españolista y catalanista hayan encontrado un punto de entendimiento a la hora de joder a la gente. Vía salarios, gasolina o alquileres. Si para construir un agujero de mierda hay que empezar por la familia, pues se empieza.

Carlos Hernández dice que ha votado junto al PP y los antiguos criminales de Junts –hoy conocidos como socios respetables– que a su hermana le suban el alquiler de su piso.

Gerardo Tecé

Los más jóvenes quizá no lo recuerden, pero hubo un tiempo, hace un par de años, en el que votar junto a Junts te convertía en enemigo de España. En cómplice de cosas horribles. El Gobierno pacta con delincuentes prófugos, decían los titulares y en las sobremesas españolas se hablaba más de Puigdemont que de Mbappé. ¿Qué habrá sido de él? De Puigdemont, digo. Le perdimos la pista cuando Junts decidió que sus socios parlamentarios habituales fuesen PP y Vox. Entonces dejó de ser noticia Junts. En las bodas más pijas hace tiempo que ya no se canta durante la barra libre aquello de “Puigdemont, te vamos a meter en prisión”. Y es cuestión de tiempo y aritmética electoral que, tras sonar el himno nacional, novio y novia coreen “Puigdemont, hazme presidente a Feijóo”. Se llaman valores sólidos y abundan en la España fetén.

Miro perplejo la intervención en el Congreso del chaval de Vox que no es pijo. Sí, hay uno. La empresa de Abascal, aunque presume de antiwoke, apuesta por hacerle contrato a gente que representa a minorías. Hay algunas mujeres, un negro e incluso este diputado llamado Carlos Hernández Quero en lugar de Carlos Javier De Hernández y Quero-Quero, que hubiese sido lo normal. Escucho al working class hero de la cuota inclusiva de Vox y no doy crédito. Dice que ha votado junto al PP y los antiguos criminales de Junts –hoy conocidos como socios respetables– que a su hermana le suban el alquiler de su piso. Que esta decisión va en contra de su familiar hasta el punto de que la pobre tendrá que cambiar de barrio, no llegará a fin de mes e incluso tendrá dificultades para formar una familia y tener hijos, explica el hermano del año. Pero que se joda Pedro Sánchez, concluye. Soy ateo, pero juraría que hay algo en la Biblia que hablaba de lo frito que tienes que tener el cerebro para sacrificar a un familiar porque tu dios –una ideología enferma en este caso– así te lo pide.

Continuaba el diputado Carlos Sinape –lo llaman así en el Grupo Parlamentario de Vox porque no tiene apellidos– explicando que, en España, además del precio de la vivienda, tenemos otros graves problemas como que los salarios no den para vivir o que estén por las nubes los alimentos, la luz o la gasolina. Su hermana, que lo estaría viendo por la tele mientras buscaba empresa de mudanzas, no sabría si aplaudir la lista de merecidas hostias sociales al Gobierno más progresista de la historia o recordarle al diputado de barrio –le gusta presentarse así– que su partido Vox ha votado sistemáticamente en contra de todas esas medidas sociales. En contra de subir los salarios, en contra de topar precios de la energía, en contra de subir las pensiones y a favor del genocida israelí y el millonario norteamericano que han provocado que en la gasolinera del barrio la gasolina esté a dos euros. No quiero ni imaginarme la próxima comida familiar, pero es fácil hacerlo.

“Quiero que este país se convierta en un agujero de mierda. Quiero que este país se hunda en una puta pesadilla”, decía Paul Golding, joven líder del ultraderechista partido Britain First (Británicos Primero) pillado en una grabación en la que hablaba de estrategias para llegar al poder. Que el líder de Britain First tenga como objetivo primero joder a los británicos encaja bien con que en España, patriotas de derecha españolista y catalanista hayan encontrado un punto de entendimiento a la hora de joder a la gente. Vía salarios, gasolina o alquileres. Si para construir un agujero de mierda hay que empezar por la familia, pues se empieza. Escuché hace años decir a un tipo muy sabio que no entendía a los patriotas. Pues yo creo que cada vez se les entiende mejor.

CTXT  DdA, XXII/6330

NO SON NIÑOS SOBRE PIEDRAS, SON UNA MEMORIA QUE SE RESISTE A SER BORRADA

Foto del autor, desde Gaza

Khaled Alsabbah

En un suelo agotado por la espera, se sentaron en un silencio que se sintió como una oración. No tenían escritorios, ni paredes, ni pizarra, pero poseían algo más consistente que todo eso: un deseo irrompible de aprender.
Sus libros blancos eran como pequeñas ventanas, abriéndose a pesar de que todo se cerraba a su alrededor. Sus bolígrafos no eran solo herramientas; eran voces que se niegan a ser silenciadas, escribiendo la vida en un lugar donde todo trata de escribir un final.
El viento pasa, el polvo se levanta, y el suelo es duro... Sin embargo, sus cabezas permanecen inclinadas sobre sus cuadernos, como si protegieran un frágil sueño de la caída. En esta escena no se oye el ruido de la guerra, se oye determinación, el sonido de las letras que nacen con dificultad, pero aún naciendo.
No son solo niños sentados sobre piedras... son una memoria que se resiste a ser borrada, y un mensaje de que la educación no es un lujo, sino una forma de supervivencia. Cada palabra que escriben es un paso más allá del asedio, y cada línea es un pequeño espacio de libertad que tallan desde el corazón de la oscuridad.
Las piedras debajo de ellas pueden parecer frías, pero no pudieron extinguir el calor de su sueño.
Y el lugar puede parecer estrecho, pero sus mentes eran más anchas que todos los límites.
En ese rincón pequeño, no estaban escapando de la realidad... Lo estaban reescribiendo.

DdA, XXII/6330

EL EMBUSTE ES EL CABALLO DE ATILA DEL PENSAMIENTO

Dice Monterrubio en este magnífico artículo, donde sostiene que la esfera pública se ha transformado en un reality show, que dos personajes nefastos invaden con sus proclamas la rutina cotidiana: el mentiroso y el propagador de chorradas. Del primero se presume, quizás con optimismo, que no ignora la verdad, pero la retuerce, disimula, oculta o elimina en función de sus intereses. El otro,  ni la conoce ni le interesa en absoluto. El discurso del Poder adopta cada vez más la forma de un galope de Gish perpetuo. Los embustes se suceden a una velocidad tal que es imposible desmentirlos. Es el caballo de Atila del pensamiento. Por donde pasa no vuelve a crecer la hierba de la reflexión. Y con ella se marchitan el diálogo y la tolerancia. No dar respiro al cerebro es una modalidad sibilina y sumamente eficaz de censura. En ese ecosistema hostil, «¿qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?» (Lorca: Oda a Walt Whitman).



Antonio Monterrubio 

Hay coyunturas históricas en las que la irresponsabilidad no tiene excusa. Hoy el discurso del odio, la irracionalidad y la violencia está lejos de ser patrimonio de demagogos ultramontanos y gamberros de las redes sociales amparados en el anonimato. Prolifera, como una floración de nenúfares malignos, desde las gentes de la calle hasta los charlatanes radiotelevisivos con licencia especial para insultar. Son las funestas secuelas de blanquear y dar esplendor a los usos y costumbres de tribus poco respetuosas con las reglas democráticas, por decirlo suavemente. Se normalizan las expresiones, gestos y conductas del trumpismo cañí de modo que ya no escandalizan a nadie. Cuando a todas horas y en todas partes oímos utilizar un léxico y una sintaxis que harían sonrojar a la niña de El exorcista, es que vamos sin frenos hacia el precipicio. Consolarse pensando que, con el tiempo, las aguas volverán a su cauce es de una ingenuidad alarmante. El último verso del poema de Philipp Larkin MCMXIV dice «never such innocence again». En este primer cuarto del siglo XXI, con la vista puesta en los años treinta y cuarenta del anterior, el consejo se torna perentorio. La realidad no se va a evaporar porque nos neguemos a verla por demasiado dura e incómoda.

Dar carta de naturaleza a la zafiedad, el mal gusto, el lenguaje soez y la incultura arrogante en todos los foros, de la prensa al Parlamento, tiene graves consecuencias. La banalización de la barbarie atenta contra la dignidad humana y es letal para la convivencia. Significantes que estuvieron un día repletos de vida han sido vaciados y rellenados con eslóganes de garrafón. Así, si la libertad consiste en ser dueño de sí mismo, difícilmente se aplicará el término a veletas movidas por el capricho de unos vientos de los que no saben ni el nombre. En las experiencias existenciales predominan las interpretaciones, las suposiciones y los espejismos. Lo fáctico y lo ficticio generan un entramado de múltiples dimensiones por las cuales se cuela y desaparece lo real.

Dos personajes nefastos invaden con sus proclamas la rutina cotidiana: el mentiroso y el propagador de chorradas. Del primero se presume, quizás con optimismo, que no ignora la verdad, pero la retuerce, disimula, oculta o elimina en función de sus intereses. El otro no tiene el más leve contacto con ella; ni la conoce ni le interesa en absoluto. El discurso del Poder adopta cada vez más la forma de un galope de Gish perpetuo. Los embustes se suceden a una velocidad tal que es imposible desmentirlos. Es el caballo de Atila del pensamiento. Por donde pasa no vuelve a crecer la hierba de la reflexión. Y con ella se marchitan el diálogo y la tolerancia. No dar respiro al cerebro es una modalidad sibilina y sumamente eficaz de censura. En ese ecosistema hostil, «¿qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?» (Lorca: Oda a Walt Whitman).

Las situaciones vitales que exigen una toma de postura ética son más numerosas de lo que nos gusta creer. Esto conlleva una cuota de responsabilidad que muchos se niegan a asumir. Cuando el vivir colectivo está contaminado por la irracionalidad y sujeto a una lluvia ácida de bilis, la sociedad corre peligro de naufragar en una profunda crisis moral. El recurso profuso y continuado a las emociones más convulsas, las bajas pasiones, las pulsiones violentas y la inquina como motores de la conducta social acarrea una caída en el fango y una marcha hacia la disolución de la conciencia. «El mundo es ético solo en la medida y porque nosotros lo vivimos» (Negri: Spinoza subversivo). El ser humano es el agente único que puede introducir en él la moral. El acto ético es constructivo, propositivo, trabaja a favor de la vida. Vehicula una alternativa a la destrucción, la esterilidad y la muerte. Es una verdad rebelada, que no revelada.

La esfera pública se ha transformado en un reality show donde argumentos, propuestas y programas no tienen la menor importancia. El criterio propio y el juicio autónomo dormitan en el depósito de los objetos perdidos ni encontrados ni buscados. Se sigue la corriente, el sujeto se abona a lo que más suena, a lo que está en candelero. La era del individualismo a ultranza es la de la necesidad compulsiva de reconocerse en grupos anónimos y amorfos, cimentados muchas veces en la aversión al otro. El miedo a la insignificancia, a quedar al margen, a no estar en el cortejo de los triunfadores, fomenta la adhesión a convicciones nefastas.

La ideología posmocapitalista abomina de la Modernidad, lo cual explica su empeño en achacarle todos los males habidos y por haber, reales o imaginarios. Pero lo que les molesta de ella se resume en tres palabras: libertad, igualdad, fraternidad. Porque cuando dejan de ser inscripciones mohosas en las fachadas de edificios oficiales y vuelven a la tierra nutricia, la mente de los hombres, son ideas cargadas de futuro. En cambio, el Tinglado prefiere el presente continuo, y para mantener ese tiempo verbal único echará mano, si es preciso, de las más siniestras sombras del pasado o las más distópicas profecías del porvenir. De ahí su interés en una cultura degradada y provinciana o, mejor aún, en sucedáneos envilecidos y risibles. 

DdA, XXII/6330

CASI UN SARCASMO PENSAR QUE UN INSTITUTO ES UN CENTRO DIFUSOR DE SABERES


Sentimos que se vayan los que piensan como el firmante, porque algunos de los que nos educamos en otros institutos (durante la dictadura) sabemos de su importancia en nuestra vidas: Toda emoción, toda forma de entusiasmo por el conocimiento queda disuelta ante una lógica que convierte la escuela en un mixto entre club de animadores, hospital psiquiátrico, cárcel y garaje. La idea de un instituto de enseñanza media como centro de difusión de los saberes suena hoy casi a sarcasmo, a pesar de que a los profesionales se nos contrate como expertos en tal o cual disciplina científica, técnica o artística.


David Pablo Montesinos

Como mis amigos saben he solicitado mi jubilación.
Soy vocacionalmente enseñante, pero hace tiempo que no siento apenas nada cuando ingreso por las mañanas en el Centro. A veces se reactiva el poder seductor del aula porque unas crías hacen una exposición magnífica sobre la historia del feminismo. O porque dos chavales de origen hindú me explican cómo se relacionan con los dioses y me miran con atención cuando yo les explico por qué no creo en Dios. Se va enseguida. Toda emoción, toda forma de entusiasmo por el conocimiento queda disuelta ante una lógica que convierte la escuela en un mixto entre club de animadores, hospital psiquiátrico, cárcel y garaje. La idea de un instituto de enseñanza media como centro de difusión de los saberes suena hoy casi a sarcasmo, a pesar de que a los profesionales se nos contrate como expertos en tal o cual disciplina científica, técnica o artística.
Puedes creer que accedes un aula para que tus alumnos aprendan francés, música o biología, pero esa es sólo una neurosis tuya que no tardarán en arrebatarte. Descubrirás que en realidad solo eres un burócrata que expende títulos, un carcelero que custodia las llaves del lavabo y un paraterapeuta que, sin preparación ni vocación, tiene que sofocar los fuegos del disturbio mental que parece estar apoderándose del mundo desarrollado, donde todos, empezando por los jóvenes, estamos cada vez más locos.
El juego tiene truco, hay –como es habitual- un trasfondo político. Cada vez es más evidente que la educación que te permite distinguirte en el mercado tienes que pagártela. Lo público queda reducido a una especie de beneficencia. Es el resultado de treinta años de neoliberalismo o, si lo prefieren, de habernos educado en el principio de que cualquier forma de cooperación solidaria está destinada al fracaso en un mundo que ya solo apuesta por el individualismo. Estupendo…para las élites, claro.
Les diré de una vez lo que me pasa: no soporto la apatía, sin pasión el entorno en que vivo se me hace insoportable. El dictador no es el Gran Hermano de Orwell, ni siquiera el tonto a las tres de Trump. El verdadero déspota es la indiferencia. Disculpen la arrogancia, pero mis alumnos no me miran con esa cara de tedio atroz -deberían ustedes verlo- porque yo sea aburrido o porque lo que cuento no sea interesante. Lo siento, soy un gilipollas y un mamarracho, pero también un buen profesor de filosofía. Mis alumnos se aburren porque llevan el aburrimiento consigo y porque a la inmensa mayoría no les interesa nada, especialmente si requiere esfuerzo.
Sé desde pequeño que lo exquisito cuesta, que la vida es un laberinto, que la pereza es el verdadero gran enemigo del sapiens y que sin esfuerzo no vas a ningún sitio. Por suerte para mis alumnos este tipo empeñado en hacerles currar, y lo que es peor, en hacerles pensar, se va al retiro. Vendrá otro que cometerá idénticos errores o que, por el contrario, se creerá todo eso de que lo importante son las emociones, que se aprende jugando, que en todo profe hay un dictador en potencia y que todo aquello de alcanzar conocimiento es el residuo de una sociedad victoriana por fortuna ya extinta. Tiempo tendrá para el desencanto.
Entre tanto, sigamos produciendo dóciles consumidores, escépticos a la política y mano de obra barata. O que sigan otros, yo me piro.

DdA, XXII/6330

EL PARTIDO POPULAR Y EL PERIODISMO DE PERSECUCIÓN Y ACOSO



Félix Población

Hubo un tiempo, que sólo recordarán los mayores en edad y memoria, en que una mayoría de electores en España se caracterizaba por pensar y votar a lo que se llamaba el centro político. Ni la derecha de Fraga, franquista, ni el PSOE de Felipe, tibiamente socialdemócrata. Los de ahora no son aquellos tiempos. A la derecha de Fraga, tan derecha casi como entonces, y a la extrema derecha, se la vota hasta el punto de que su suma podría llevarnos al pasado más pasado que dábamos por pasado. El centro no existe y asistimos a lo que no ocurriría cuando este país ostentaba su centrismo para olvidarse un poco del viejo régimen: un tipo, al que algunos medios llaman agitador y otros periodista -aunque no llegó a terminar la carrera-, persigue y acosa a la esposa del Presidente del Gobierno en un restaurante, siguiendo la tónica que lo caracteriza con aquellos políticos o periodistas progresistas. Pesan sobre este individuo, al que también se le llama agitador, varias querellas y causas con la justicia por su entendimiento agresivo de la profesión, pero el tipo -respetado, alabado y hasta pagado por la derecha extrema- persiste en su actividad, manteniéndola incluso en el propio Congreso de los Diputados, donde el resto de periodistas parlamentarios ha planteado su expulsión. Todos los partidos de aquella España centrista de la transición -sin mayúscula santificadora- hubiesen condenado a este acosador, de haberse dado entonces este espécimen, pero al día de hoy, el Partido Popular no sólo no lo condena sino que, además de invitarlo a sus mítines fin de campaña como hizo no hace mucho en Aragón, toma frívolamente a chufla la reciente persecución y acoso contra Begoña Gómez, que ha denunciado al sujeto, al que vuelve a defender el PP y su lideresa Ayuso, y  sobre el que la Fiscalía pide una pena de dos años de cárcel por denigrar en una entrevista a una mujer con discapacidad intelectual del 75 por ciento. Se está llegando demasiado lejos en tolerancia con quienes, siendo capaces de esto último, ganan con sus episodios de provocación y acoso una notoriedad que no merecen en las redes sociales y también en los medios de información. Si en este país un agitador, acosador o activista hiciera lo mismo que este sujeto con políticos o periodistas de derecha o extrema derecha, todos estamos convencidos de que su trayectoria profesional hubiera sido fugaz. También deberíamos estar convencidos de que sólo desde posturas contrarias a la democracia, o que tratan de socavarla, pueden aflorar individuos como el citado, pagados en origen por el mayor partido de la oposición, que también ha vuelto a ser el de su origen.

DdA, XXII/6330

INTERESANTE ESTUDIO SOBRE EL REVISIONISMO HISTÓRICO EN ESPAÑA (2010-2024)

Dos historiadores españoles, Pablo Molejón y Julio Iglesas Doval, acaban de publicar un artículo científico con un largo pero explícito título: “Antiacademicismo, nacionalismo y extrema derecha en la divulgación histórica española (2010- 2023): análisis bibliométrico y estudios de caso”. Exponen ahí con claridad la estrategia de la ultraderecha en las pasadas dos décadas, basada en la descarada manipulación de la historia para reforzar un discurso nacionalista de odio contra la izquierda, los migrantes y el islam y contra todo lo que no sea su “España una, grande, libre”. Para ello los autores han estudiado la autoría y temática de todas las obras de las secciones de Historia correspondientes a las editoriales Espasa, La Esfera de Los Libros, Planeta y Taurus entre 2010 y 2024. El autor del siguiente artículo cree necesario un estudio así en México.

Pedro Salmerón Sanginés

Termino de constatar (tras haber leído en el último par de años a gente como Carmen Iglesias, Elvira Roca Barea, Santiago Armesilla, Javier Rubio Donzé o el argentino Marcelo Gullo), que si los revisionistas mexicanos de derecha son unos farsantes y unos falsificadores, los españoles son peores, aunque también hay que decir que allá los historiadores serios empiezan a ocuparse del asunto, lo que en México no hemos hecho. 

Esa derecha ultranacionalista ha hecho del invento de los reinos godos y la “reconquista” (sí, son inventos, tanto como lo es el “imperio mexica” y el “aztecocentrismo que nos agobia a nosotros), de la conquista de América y el imperio español de los Austria, sus grandes banderas de batalla. Para ello, tienen que mostrar como bárbaros, salvajes o caníbales al islam y a los amerindios, y descalificar con ofensiva violenta a los mexicas o a los libertadores de América, empezando por Bolívar (¡ah, claro!, y a los rojos o zurdos). “Con ello, intentan generar un sentimiento de nostalgia hacia esa versión manipulada del pasado, en la línea de aquello que Zygmunt Bauman llamó retrotopías. 

Por otro lado, cuando se hace referencia a episodios del pasado sucio (guerra civil, dictadura...), el discurso cambia: no se trata de glorificarlos ni tampoco de rechazarlos, sino de relativizarlos, como hace buena parte de la extrema derecha europea, de eliminar sus partes más incómodas y venderlos como algo que hay (que)… reivindicar.” 

El estudio cuantitativo (cuya metodología está perfectamente explicada) muestra que los divulgadores de derecha no son profesionales, no tienen ningún respeto por el método de los historiadores y suelen mentir con descaro o tergiversar sin rubor (que no nos lean Juan Miguel Zunzunegui, Macario Schettino, Catón, Reidezel Mendoza ni Julio Patán), legitimando “fraudes historiográficos”. 

Su mecanismo es el mismo de los falsificadores de la historia de este lado del Atlántico que acabo de mencionar entre paréntesis: “El antiacademicismo y la desprofesionalización de la historia... Algunos de los autores lo reivindican abiertamente; por ejemplo, denunciando a las universidades públicas” como “centros de adoctrinamiento” de la “izquierda woke”, y a los profesionales de la historia de estar “subordinados a la visión negrolegendaria” (o en México, “oficial”). Por tanto, y lo mismo que hacen nuestros falsificadores, éstos tienen en su mano “la verdad” y así lo anuncian en sus portadas las editoriales comerciales que hacen negocio con ellos: “su relato es el verdadero y todas las pruebas que los investigadores profesionales puedan aportar para desmentirlo quedan automáticamente invalidadas por proceder de esa academia”. 

Luego, los autores exhiben el nulo rigor metodológico de esos propagandistas, su carácter anticientífico y su presentismo. Esta oleada parece invencible tanto en España como en México. Los autores dicen que es habitual escuchar entre los profesionales a quienes denuncian a estos farsantes (la palabra es mía), sin embargo, más que de los historiadores, muchos de los cuales quisieran (quisiéramos) acceso a las editoriales comerciales (aunque hay que señalar que un historiador profesional no puede escribir un libro al año, si quiere ser serio, como presume un ingeniero Alberto Bravo (goo.su/ UUFKFO1) o peor aún, tres mamotretos en dos años como Marcelo Gullo). 

Por tanto, buena parte de la responsabilidad “la tienen una industria editorial y mediática que favorece la difusión de productos con una falta manifiesta de calidad historiográfica y con un claro contenido político, habitualmente reaccionario. Sin obviar el carácter hermético de la academia española, algo que daría para cientos de estudios (lo mismo que en México, apunto yo), creemos poco acertado, en vista de los datos expuestos, reducir la responsabilidad de la mala calidad del grueso de la divulgación histórica a dicha hermeticidad… 

Esta responsabilidad se aprecia, por ejemplo, cuando las editoriales deciden publicar a aficionados de derechas en lugar de contactar y dar promoción a historiadores profesionales interesados en difundir su trabajo entre un público más amplio”. Ante esto, “¿qué deben hacer los profesionales de la historia? Es la pregunta evidente, pero no nos toca responderla aquí.” El artículo, que no tiene desperdicio y que deberíamos replicar en México, se descarga aquí: https:// goo.su/e8SWbp

LA JORNADA MX  DdA, XXII/6330

miércoles, 29 de abril de 2026

QUE LA MENTIRA POLÍTICA QUEDE IMPUNE ES UNA ANOMALÍA DEMOCRÁTICA GRAVE

El día, lejano al parecer, en que el pueblo, todos sin exclusión, entendamos que la mentira en general y en especial en política es imperdonable, y como consecuencia de ella, retiremos nuestra confianza y apoyo a quienes nos mienten con un descaro absoluto y arrogancia al hacerlo, entonces, y sólo entonces, seremos un pueblo serio, responsable y ecuánime. Mientras tanto, chapotearemos en la ciénaga de la estulticia. Si la mentira no le pasa factura a quien la comete, y los ciudadanos dejamos que eso pase, estamos abriendo una puerta muy peligrosa a un mundo cada vez más hostil, más deshumanizado y más injusto. Porque la mentira persigue fines que siempre tiene que ver con desprestigiar a algo o a alguien para denigrarlo. Manipular la opinión de las personas para que tomen partido por algo o alguien.


Fernando Rodríguez Calleja

Ser un cínico es el cenit de la perfección en la mentira. Porque, al delito impúdico de la mentira – aunque algunos afirmen que mentir no es ilegal -- hay que añadirle la insolencia y la arrogancia. Una persona cínica es aquella que actúa con falsedad y además con absoluta desvergüenza y descaro extremo. No lo digo yo, lo dice la definición del diccionario de la RAE. El cínico, además de todo esto, utiliza el desprecio como una constante para expresar burla e incluso hace esfuerzos para que se le note por medio del sarcasmo y la ironía, utilizando ambas en lo que él considera “humor”.
El cínico es tan pérfido, tan taimado y artero, que es tremendamente peligroso. No solamente porque, al faltar a la verdad, causa males de toda índole. Sino también, porque puede causar un mal todavía mayor, como el de hacernos dudar de nuestra propia certeza. El cínico miente con un aplomo y una flema que puede hacer dudar hasta al propio Papa de Roma de la existencia de dios. Ante un cínico hay que tener una convicción y una certeza absoluta para no caer en el abismo de la duda ¡Cuidado con ellos! Claro que el cínico nos puede engañar, pero su mentira sólo vale para una vez. En la siguiente, a menos que se sea un lerdo babeante – que también abundan -- ya no cuela.
No todos los mentirosos son cínicos: hasta para eso hay que “valer”. Al mentiroso “normal” se le descubre con facilidad: no tiene el cuajo y la frialdad del profesional experimentado, es más zafio y descuidado. El mentiroso “normal” se recrea en explicaciones redundantes que nadie le pide, metiéndose en “charcos” de los que luego no pueden salir ni en directo, ni en “diferido”. Abunda en detalles sin importancia repitiéndolos constantemente con el objeto de desviar la atención hacia otro lado, es el famoso “Y tú más” El mentiroso “normal” suele afirmar cosas que son de fácil comprobación, por lo que su mentira tiene poco recorrido. Por poner un ejemplo: cuando el “cadáver político” de Toni Cantó afirmó en Twitter que <<"La mayor parte de las denuncias por violencia de género son falsas y que las comisarías estaban llenas de denuncias falsas”>> O quizá sirviera también de ejemplo el eurodiputado de VOX, Hermann Tertsch, asegurando que <<”El abuelo de Pablo Iglesias participó durante la Guerra del 36 en la caza de civiles inocentes en la retaguardia madrileña,”>> por lo que fue condenado a una multa de 12.000 € por vulnerar el derecho al honor. Este último podría tener la eximente de que, supuestamente, viera todo eso del abuelo de Iglesias en un brote de “Delirium tremens”. Ya conocen al personaje.
Cínicos los ha habido siempre, por haberlos los ha habido hasta en la Biblia, y el primero fue Caín que tras matar a su hermano, y ante la pregunta de su dios, dijo aquello de << "¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?">> Pero no quisiera yo remontarme tan lejos: volvamos a nuestros días, que haberlos, haylos, y de todos los colores y condiciones. Hay cínicos que afirman que jamás dormirían tranquilos si tuvieran que gobernar con ciertos fulanos “perroflauteros”. O aquellos que juraban que había armas de destrucción con impuestos añadidos. Alguno que afirmó que estaba perfectamente informado y localizado, mientras la riada se llevaba a sus conciudadanos. También había otros que acusaban a fiscales generales con argumentos espurios basados en que tenían “el pelo banco”. Pero de todos los conocidos, el mayor cínico de todos ellos, es un tipo que nadie sabe quién es, aunque todo el mundo lo conoce, excepto, claro está, el Poder Judicial: un tal M. Rajoy.
NO LO SHÉ, NO ME CONSHTA, LO DESHCONOZCO.
La actitud de M. Rajoy no sería la que es si estuviera ante un tribunal normal: ecuánime, imparcial y objetivo. Pero el gallego “shisheante” juega en casa y además con los árbitros comprados. Se sabe impune porque el “entrenador- instructor” anterior, llamémosle García Castellón – lo sacó en la lista de convocados y ahora está solamente de testigo en el banquillo. Es decir, que asiste al partido desde la banda – entiéndase “banda” como el lateral del campo y no como organización criminal con ánimo de lucro -- No es la primera vez que un “entrenador- instructor” mete un gol desde medio campo, pero este en especial, es un experto, es más, no sabe jugar de otra manera. Menos mal que ya no está en activo.
M. Rajoy tiene facetas añadidas a ese cinismo que todavía lo hacen más peligroso, una de ellas es esa expresión en la cara de pasmarote, de despistado atolondrado, de ensimismado simplón. Ese semblante de alelado no deja de ser una impostura para parecer indefenso, desamparado y perdido. Pretende con ello dar ese efecto de sorpresa ¿Y qué hago yo aquí? Es una técnica muy ladina y que M. Rajoy domina a la perfección y que además le ha dado mucho juego. Aunque yo no descartaría que, de tanto usarla, el “personaje” haya sustituido a la “persona”.
M. Rajoy es ya perro viejo, lleva en la política desde los años 70 del siglo pasado. Procedía de Unión Nacional Española (UNE) un partido fundado en 1975 por el exministro de Franco, Gonzalo Fernández de la Mora, un defensor a ultranza de la figura política del dictador, un tecnócrata del régimen franquista y firme defensor del inmovilismo. Un partido cuya ideología era el catolicismo, el franquismo y el tradicionalismo y que su posición política era marcadamente de extrema derecha. Después se afilió a la Alianza Popular de Manuel Fraga, un falangista de la vieja guardia, destacado exministro de Franco de infausta memoria, y que al final refundió a toda la extrema derecha en lo que dura hasta hoy que es el Partido Popular, también conocido hoy en día como la O.C.Á.L (Organización Criminal con Ánimo de Lucro). Una trayectoria brillante en la mejor escuela posible. Una escuela cuyo lema en latín es <<” Mendacium non est illicitum”>> lo que en román paladín es <<”Mentir no es ilegal”>>
M. Rajoy ha sido de todo, bueno de todo no, especifiquemos. No ha sido “sincero” nunca, es más no sabe ni el significado de esa palabra. Otra cosa que no es, es ser “demócrata”. Tampoco sabe su significado porque nunca le ha interesado esa palabra. Al fin y al cabo alguien que cree en el franquismo no puede ser demócrata. Fue parlamentario gallego con AP en el 81, fue Director General de Relaciones Institucionales de la Xunta, presidente de la Diputación de Pontevedra y Vicepresidente de la Xunta de Galicia entre 1986 y 1987. Después pasó a ser diputado en el Congreso de los Diputados durante diez legislaturas de 1986 a 2018, cuando lo echaron. En ese mismo periodo fue Miembro del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Popular. Fue Vicesecretario General del Partido Popular: 1990 – 2003. Secretario General del Partido Popular: 2003 – 2004. Termina de Presidente Nacional del Partido Popular: 2004 – 2018. Eso en cuanto a cargos en el partido nacional en Madrid.
Pero lo cargos no terminan ahí, también los ocupa en el gobierno de España, con “Mr. Ánsar”. Es nombrado Ministro de Administraciones Públicas: 1996 - 1999. Ministro de Educación y Cultura: 1999 – 2000 Ministro del Interior: 2001 – 2002. Ministro Portavoz del Gobierno: 2002 – 2003. Ministro de la Presidencia: 2002 – 2003. Vicepresidente Primero del Gobierno: 2000 – 2003 y finalmente Presidente del Gobierno: 2011 - 2018 (X, XI y XII legislaturas, esta última incompleta por la moción de censura) Ya ven, 43 años en política de los cuales 37 con cargos públicos, o lo que se ha dado en llamar <<”A la sopa boba”>>
MENTIR NO ES ILEGAL
Que la mentira política quede impune es una anomalía democrática grave. Que desde la dirección de un partido político se afirme que “mentir no es ilegal” da pie a pensar cuál es la catadura moral y ética de todos sus integrantes y por añadidura de sus votantes, que son los que lo sustentan en el poder. Admitir como argumento y excusa que los adversarios mienten y como ciudadano seguir apoyando a los propios, que también mienten, es una incongruencia absurda, porque los que perdemos siempre somos los mismos: nosotros, los ciudadanos, y no ellos, los políticos.
La mentira se ha instaurado de tal forma en el poder político que se admite con normalidad e incluso es tolerada. Nos mienten con tal descaro que resulta obsceno escucharlos. Pero hay gente, gente corriente, ciudadanos, a los que la mentira no les hace mella porque prefiere transigir con ella mientras sea la propia. Saben que les mienten, pero aceptan que lo hagan mientras que critican las mentiras de los adversarios políticos. ¿Recuerdan aquel refrán? <<” Quédeme yo tuerto si mi enemigo se queda ciego”>> Pues algo de eso hay. Es patético, pero es así.
El día, lejano al parecer, en que el pueblo, todos sin exclusión, entendamos que la mentira en general y en especial en política es imperdonable, y como consecuencia de ella, retiremos nuestra confianza y apoyo a quienes nos mienten con un descaro absoluto y arrogancia al hacerlo, entonces, y sólo entonces, seremos un pueblo serio, responsable y ecuánime. Mientras tanto, chapotearemos en la ciénaga de la estulticia. Si la mentira no le pasa factura a quien la comete, y los ciudadanos dejamos que eso pase, estamos abriendo una puerta muy peligrosa a un mundo cada vez más hostil, más deshumanizado y más injusto. Porque la mentira persigue fines que siempre tiene que ver con desprestigiar a algo o a alguien para denigrarlo. Manipular la opinión de las personas para que tomen partido por algo o alguien. Y por último engañar a la opinión pública dándoles esperanza y prometiéndoles la luna, para luego hacer todo lo contrario.
Si queremos ser una democracia sería, ecuánime e igualitaria. Si queremos ser respetados y respetables. Tenemos que cambiar el “chip”. La mentira tiene que ser desdeñada y desdeñable. MENTIR SI TIENE QUE SER ILEGAL. No sólo eso, tiene que ser punible y condenable con graves sanciones. A quien se le demuestre que miente, bien sea en la vida civil o en la política, hay que hacerle pagar por su delito, y además debe ser ejemplarizante. Ahora eso es imposible porque uno de los poderes del Estado está absolutamente corrompido ¿Se puede impartir justicia contra los mentirosos cuando es la justicia la que los ampara? Eso sólo depende de nosotros. A llegado la hora de elegir.

DdA, XXII/6329

EN EL PP SIGUEN HASTA 20 DIRIGENTES VINCULADOS A LA ETAPA KITCHEN

Si quienes estaban entonces siguen ahora, escribe Miñano, no hay ruptura, no hay limpieza, no hay regeneración. Hay continuidad. Y ahí está el núcleo del problema: no es solo lo que ocurrió, sino lo que se mantiene. Cuando un partido intenta cerrar en falso sus episodios más oscuros apelando al tiempo, pero conserva a los mismos protagonistas en posiciones de poder, la corrupción deja de ser pasado para convertirse en presente.



Ricardo Miñana

Es Javier Arenas: toda una vida instalado en la política, ejemplo de esa cultura de poder que convierte lo público en una carrera perpetua. Un “señorito” político sostenido por los impuestos de los ciudadanos, con un historial de declaraciones cuestionadas y una forma de actuar que muchos consideran ajena a cualquier exigencia real de responsabilidades.
Declaró en la trama Kitchen, uno de los episodios más graves por el presunto uso de recursos del Estado para tapar corrupción. Y aquí llega el argumento recurrente del Partido Popular: dicen que eso ocurrió “hace cuatro legislaturas”, como si el paso del tiempo borrara los hechos o diluyera las responsabilidades. Pero lo que no dicen es lo importante: que hasta una veintena de dirigentes vinculados a esa etapa siguen hoy dentro del partido, ocupando cargos o influyendo directamente en su rumbo.
Ese silencio no es casual. Porque desmonta el relato de renovación. Si quienes estaban entonces siguen ahora, no hay ruptura, no hay limpieza, no hay regeneración. Hay continuidad.
Y ahí está el núcleo del problema: no es solo lo que ocurrió, sino lo que se mantiene. Cuando un partido intenta cerrar en falso sus episodios más oscuros apelando al tiempo, pero conserva a los mismos protagonistas en posiciones de poder, la corrupción deja de ser pasado para convertirse en presente.
No es una cuestión de memoria, es una cuestión de coherencia. Y mientras esa coherencia no exista, el discurso de cambio no será más que eso: discurso.
La conclusión es incómoda pero difícil de esquivar: cuando no hay una ruptura real, cuando los protagonistas siguen siendo los mismos dentro del PP, la corrupción deja de ser un episodio para convertirse en una característica persistente. No es algo que “pasó”, es algo que no se ha resuelto.

DdA, XXII/6329

PACO IBÁÑEZ, EN EL TEATRO REAL, EN UN TIEMPO DE IGNOMINIA


Félix Población

Habiendo sido y siendo la de Paco Ibáñez una de las carreras más dilatadas como cantor y compositor, nada menos que setenta años, es muy posible que ni el propio Ibáñez imaginara, cuando se subió por primera vez a un escenario, que cumplidos los 91 años de edad cantaría en el mismísimo Teatro Real de Madrid. Lo hizo el pasado lunes, presentando su disco Vivencias, que pretende ser una reivindicación del humanismo frente a la barbarie, una luz en tiempos de ignominia como los de ahora. Quizá por esto, lo primero que se escuchó en el concierto que dio Ibáñez junto a su guitarrista Mario Mas, ha sido la grabación de unos versos de José Agustín Goytisolo: Por eso digo una vez más:/ que nadie piense o grite ‘no puedo más y aquí me quedo’./ Mejor mirarles a la cara y decir alto:/ ‘Tirad hijos de perra, somos millones y el planeta no es vuestro'. La primera canción compuesta por Ibáñez tiene por letra el poema de Luis de Góngora La más bella niña y el primer disco, que data de 1964, tiene a Góngora y a Federico García Lorca como los primeros poetas musicados por el cantor. Que Paco Ibáñez llegue al Teatro Real en un tiempo que tiene otra vez carácter de barbarie, debería ser una buena noticia, porque se le otorga una proyección al cantautor que se ha ganado con creces desde que rompió el silencio oscuro de la dictadura. Nunca se cantaron en el Real palabras tan necesarias como las que Ibáñez cantó hace unos días en tan carismático escenario. Paco Ibáñez en el Teatro Real con los poetas de nuestra vida en un tiempo de ignominia. El cantautor no se olvidó de nombrar y calificar a los genocidas. Todo el teatro cantó al finalizar el concierto el poema de Rafael Alberti A galopar. Una frase quedó inscrita en el escenario junto a las imágenes de los poetas que hicieron camino y cantar, verso a verso, durante nada menos que siete décadas junto a Paco Ibáñez: Nos queda la palabra. 

DdA, XXII/6329