jueves, 9 de abril de 2026

FIDEL CASTRO PESCADOR Y LA PICÚA


Tere Felipe

Hace unos días vi un vídeo de Fidel en una de sus tantas intervenciones. En él relataba una anécdota ocurrida durante uno de esos escasos momentos de ocio que se permitía. Contaba que un día salió a pescar y, estando mar adentro, se le apareció de pronto una enorme picúa. Su primer instinto, como el de cualquiera, fue huir, alejarse del peligro. Entonces, la picúa al verlo retroceder, se volvió más agresiva y se lanzó tras él con mayor ferocidad.
Fidel explicaba que, al verse acorralado, decidió cambiar de táctica. En lugar de seguir huyendo, resolvió enfrentar al animal, hacerle frente sin titubeos. Y fue justo en ese instante, cuando la postura pasó de ser defensiva a ser firme y desafiante, que la picúa dio media vuelta y huyó despavorida.
Él utilizaba esta imagen como una poderosa analogía de lo que deben hacer los pueblos cuando se sienten amenazados, en este caso, por el imperio más poderoso del mundo. La lección es clara, cuando nos sentimos acechados por el imperio, no cabe ni la rendición ni el acobardamiento. Si el imperio despliega su agresividad en su empeño por doblegarnos y ponernos de rodillas, nosotros tenemos todo el derecho, y el deber, de mostrar la misma agresividad, la convicción de lucha en defensa de nuestra vida y nuestra soberanía.
Pero, sobre todo, se trata de enviar un mensaje inequívoco, y contundente, que vamos a luchar sin descanso, sin miedo hasta las últimas consecuencias y que, para el imperio, esta batalla no será fácil ni exenta de consecuencias. Que sepan que aquí hay un pueblo dispuesto a erguirse y a demostrar que, ante la amenaza que acecha, la firmeza es la única huida posible para el agresor. Fin

DdA, XXII/6311

LOS VALORES DE LA IZQUIERDA NO SON ETIQUETAS DE UN CLUB EXCLUSIVO



José Antonio Garmón Fidalgo

Nadie debería tener que demostrar que es suficientemente progresista.
Conozco muchas personas que se definen como progresistas, que votan a la izquierda, que defienden la sanidad y educación públicas, que creen en la igualdad y en la justicia. Algunas de ellas me han dicho en voz baja, casi avergonzadas, que ya no se sienten cómodas en ciertos ambientes o con ciertos discursos. No porque hayan cambiado sus valores. Sino porque alguien ha decidido, sin preguntarles, que están equivocados. Que cosas que llevan años haciendo, cosas que les gustan, incluso que les apasionan, que su vida, en definitiva, está mal. Y eso es un error enorme.
La izquierda, el pensamiento progresista, nació precisamente de la rebeldía contra quienes pretendían dictar la verdad absoluta. Nació de la Ilustración, de la libertad de conciencia, del derecho a disentir. Es una tradición que ha dado al mundo figuras tan distintas como Simone de Beauvoir y Albert Camus, Nelson Mandela y Václav Havel, Rosa Parks y Bertrand Russell. Personas que no pensaban igual en todo pero que compartían algo esencial: la convicción de que el mundo puede ser más justo, más libre y más solidario.
Hoy, sin embargo, hay una tendencia creciente en las redes, en ciertos discursos, en determinadas militancias, a convertir la identidad progresista en un catecismo. A vigilar quién dice las palabras correctas, quién adopta los gestos adecuados, quién ha pasado el examen de pureza ideológica. Y quien no lo supera, queda fuera y queda señalado. Eso no es progresismo. Eso es Inquisición con otra bandera.
Los valores que históricamente han definido a la izquierda como la libertad, la igualdad, la solidaridad o la justicia, no son etiquetas de un club exclusivo. Son valores universales, humanos, que pertenecen a todo el que los abraza con sinceridad, independientemente de cómo vista, cómo hable, qué música escuche, qué películas disfrute o, incluso, qué errores haya cometido en el pasado.
Y aquí quiero reivindicar algo que me parece profundamente progresista y que, sin embargo, se nombra poco: el deseo genuino de ser mejores personas. No la perfección inalcanzable, sino la voluntad. La disposición honesta a escuchar cuando nos equivocamos, a reconocerlo sin excusas y a intentar que no vuelva a ocurrir. Eso es madurez moral. Y eso, también, es izquierda.
Porque la izquierda que más debemos admirar no es la que nunca se equivoca. Es la que tiene el coraje de mirarse al espejo. La que sabe que la coherencia no se demuestra siendo inflexible sino siendo honesto.
Hay millones de personas en este país que se sienten progresistas en lo más profundo. Que creen en los derechos laborales, en la educación pública, en la sanidad universal, en la igualdad entre hombres y mujeres, en una España que conviva en paz consigo misma. Pero que se han ido alejando, poco a poco, no porque hayan abandonado sus convicciones, sino porque el espacio donde deberían sentirse en casa se ha vuelto, a veces, rígido, hostil y excluyente.
A esas personas les quiero decir algo muy claro: vuestro sitio sigue estando aquí. No hace falta que seáis perfectos. No hace falta que habléis con los términos exactos que alguien ha decidido que son los válidos. No hace falta que os disculpéis por pensar con matices. Solo hace falta que creáis, como creéis, que la libertad importa, que la igualdad importa, que la solidaridad importa, que nadie debería quedarse atrás.
El progresismo más auténtico no es un muro. Es una puerta abierta. Y al otro lado no hay un tribunal esperando juzgarnos. Hay personas, imperfectas y comprometidas como vosotros, intentando, juntas, construir algo mejor.
Somos muchos en este país quienes, cuando apagamos el ruido de las redes y de los medios y nos quedamos a solas con nuestra conciencia, seguimos queriendo lo mismo de siempre: que nuestros hijos tengan oportunidades, que nuestras mayores sean cuidadas, que nadie enferme sin atención, que la dignidad no dependa de la cuenta bancaria. Eso es la izquierda. Y eso nunca ha dejado de ser tuyo.

EL COMERCIO DdA, XXII/6311

ISRAEL ES UNA MÁQUINA DE GUERRA QUE SE OXIDARÁ ANTE NUESTROS OJOS


Vijai Prashad*

Me encanta Beirut, me encantó vivir allí.
El horrendo y genocida ataque israelí contra la ciudad hoy y contra toda la mitad sur del Líbano no sólo es ilegal, sino que está absolutamente fuera de control.
Israel no es un país, sino una máquina de guerra que parece no tener otro propósito.
Esta pintura es del gran artista libanés Abdel Hamid Baalbaki y se llama 'Guerra'. Es de 1979, y representa - para mí- el corazón de la situación libanesa contra (en ese momento) la Operación Litani, cuando israelí invadió el sur del país.
Líbano es fuerte y prevalecerá.
Israel no es un país, sino una máquina de guerra que se oxidará ante nuestros ojos.

Vijay Prashad (1967) es historiador, periodista Y comentarista político indio. Director ejecutivo de Tricontinental: Institute for Social Research , editor de LeftWord Books, corresponsal jefe de Globetrotter y miembro sénior no residente del Instituto Chongyang de Estudios Financieros de la Universidad Renmin de China.

DdA, XXII/6311

LECCIÓN AL MUNDO Y A SUS VERDUGOS DE LA SOCIEDAD IRANÍ

La sociedad iraní dio a sus verdugos y al mundo una admirable, conmovedora e histórica lección de integridad y valor, se nos dice en este editorial del diario La Jornada: millones se ofrecieron para defender a su país y cientos de miles formaron cadenas humanas para resguardar las plantas de energía, puentes, centrales eléctricas, desalinizadoras y otras infraestructuras civiles críticas marcadas como blancos de los bombardeos con los que había amenazado Trump. Este reconocimiento es independiente del juicio que se tenga sobre su sistema de gobierno; apunta, en cambio, a la voluntad de resistencia y el protagonismo evidente de las mayorías, una realidad que desmonta la demonización occidental levantada contra Irán desde que este país decidió ser independiente.


EDITORIAL

El presidente estadunidense, Donald Trump, anunció ayer, minutos antes de que venciera su enésimo ultimátum con la amenaza de una “aniquilación total” de Irán y “la muerte de una civilización entera en una noche”, un alto el fuego con esa nación de Asia central, condicionado a que Teherán abra el estrecho de Ormuz en forma “completa, inmediata y segura”, aunque calificó de “una base de negociación viable” las 10 condiciones establecidas por el gobierno iraní para poner fin al conflicto al que fue arrastrado por Washington y Tel Aviv. Paradójicamente, entre esas condiciones se estipula el reconocimiento del control iraní sobre el paso marítimo mencionado y el establecimiento “de un protocolo de tránsito seguro y negociado”.

Lo que Trump admitió como “una base de negociación viable” y Araghchi denominó “la aceptación por parte del presidente estadunidense de los 10 puntos (propuestos por Teherán) como un marco general como base para negociaciones” habría resultado del todo inaceptable para el ocupante de la Casa Blanca si no se hubiera encontrado en una situación límite –por decirlo suavemente– en el escenario del conflicto: tales puntos incluyen el inmediato cese de las agresiones bélicas de Tel Aviv y Washington en contra de los aliados de Irán en Líbano, Irak y Yemen, el retiro de las fuerzas militares estadunidenses de la región del golfo Pérsico, el fin de las sanciones internacionales a las que ha estado sometida la república islámica, el pago por los daños que le causaron los bombardeos israelo-estadunidenses, la liberación de los fondos y activos iraníes en el extranjero confiscados por naciones occidentales, especialmente Estados Unidos, y el reconocimiento de la legalidad del programa de desarrollo nuclear con fines pacíficos que ha realizado Teherán, y que incluye cierto grado de enriquecimiento de uranio. De todos esos puntos, sólo el último puede ser presentado por Trump como una muy relativa victoria, dado que la república islámica ha manifestado desde siempre su negativa a fabricar armas atómicas. El resto constituye una derrota en toda la línea, por más que el magnate se esfuerce en presentar el alto el fuego como resultado de una exitosa negociación de paz.

Este desenlace –provisional e incierto, como todo lo que tenga que ver con Trump– pone en evidencia el contraste entre la determinación defensiva con la que Irán ha construido su estrategia militar durante décadas y lo que para Washington fue una aventura bélica descabellada, inescrupulosa e improvisada, sin más propósito visible que acatar los designios expansionistas, belicistas y genocidas del régimen de Tel Aviv. Pero marca también la diferencia entre el muy menguante respaldo social del presidente republicano y la admirable cohesión nacional del pueblo iraní.

En efecto, la sociedad del país agredido dio a sus verdugos y al mundo una admirable, conmovedora e histórica lección de integridad y valor: millones se ofrecieron para defender a su país y cientos de miles formaron cadenas humanas para resguardar las plantas de energía, puentes, centrales eléctricas, desalinizadoras y otras infraestructuras civiles críticas marcadas como blancos de los bombardeos con los que había amenazado Trump.

Este reconocimiento es independiente del juicio que se tenga sobre su sistema de gobierno y de cualquier evaluación que pueda hacerse del régimen de los ayatollahs; apunta, en cambio, a la voluntad de resistencia y el protagonismo evidente de las mayorías, una realidad que desmonta la demonización occidental levantada contra Irán desde que este país decidió ser independiente.

LA JORNADA MX. DdA, XXII/6311

EN DÍAS COMO ESTOS, IMPORTANTE VIAJE DEL LLAMADO "LÍDER DE EUROPA" A CHINA

 


Félix Población


Como es obvio en una oposición de lo más airada como la que se soporta en este país desde hace unos decenios, los medios de información a su servicio suelen escamotear los elogios que procedentes de los medios internacionales, así como de personalidades de contrastado prestigio de otros países, suelen hacer del presidente del gobierno español desde que Netanyahu y Trump se han lanzado a la barbarie. Está bastante claro que, con no ser la postura de Sánchez todo lo satisfactoria que para los pacifistas a ultranza podría ser, la suya es de las más dignas que se están dando entre los primeros ministros de la Europa a la que pertenecemos, tanto ante la masacre genocida en la Franja de Gaza como ahora ante la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán y Líbano. Lo hemos vuelto a comprobar tras el alto el fuego entre Irán y USA. Sánchez no se ha conformado con el mismo si no se incluye en el acuerdo Líbano, sometido ayer al más cruel de los ataques perpetrados por el gobierno de Netanyahu. Nuestro presidente se ha significado una vez más exigiendo que a Líbano también llegue esta tregua de dos semanas. Sin que se cumpla esto, es muy probable que el alto el fuego se malogre. Por estas cosas, Mark Seddon, director del Centro de Estudios de las Naciones Unidas de la Universidad de Buckingham (Reino Unido) y profesor de Estudios de las Naciones Unidas y Diplomáticos, ha sido rotundo al decir que España debe sentirse orgullosa de su primer ministro y añadir: "Ojalá pudiéramos decir lo mismo del nuestro". También el prestigioso economista británico Owen Jones elogió la postura de Sánchez y ha dicho de él que "se ha convertido en el líder de Europa". Por su parte, el escritor portugués Bruno Maçães, exsecretario de Estado para Asuntos Europeos del gobierno de Portugal, cree que "Pedro Sánchez sale de esto como el único líder europeo que puede ver más allá del día siguiente". En unos días, nuestro presidente visitará China, donde también es muy valorado su papel frente a Donald Trump. Se trata del cuarto de sus viajes oficiales y está proyectado como el más ambicioso en proyectos de colaboración entre los dos países. Planeado desde hace meses y de marcado carácter económico, la estancia de Sánchez va a coincidir con un momento clave para poner fin al conflicto en Oriente Medio. También podría suponer el comienzo de unas relaciones comerciales más intensas con China, a modo de avanzadilla para que la Unión Europea haga otro tanto frente a las guerrillas de aranceles impuestas por Donald Trump. Se habla igualmente de despejar el camino para que las empresas españolas puedan vender sus productos en los mercados de aquel país y garantizar el acceso del nuestro a materias primas críticas y "tierras raras". No ha podido ser en mejores fechas este viaje de quien empieza a ser llamado el "líder de Europa".


DdA, XXII/6311

QUE LA CORROSIÓN NO OXIDE NUNCA LA MEMORIA DE SATURRARÁN

La Prisión Central de Saturrarán se demolió en 1987. Fue una de las jaulas para mujeres más represiva del franquismo. Entre 1938 y 1944 más de un centenar de reclusas y no se sabe cuántas pequeñas criaturas desaparecieron en ella. En 2007, el Gobierno Vasco inauguró un memorial para recordar (no olvidar)…¿Por qué se dejan oxidar los metales? Al Ayuntamiento de Mutriku, ¿no le corresponde mantenerlos lustrados? El hecho de que solo 3 de las 118 reclusas cuyos nombres aparecen grabados en el díptico fuesen vascas, ¿resta peso a la cimentación de nuestra memoria? ¿Pondera menos el reconocimiento de la violencia cuando ésta se ejerce sobre las mujeres y sobre determinadas mujeres? 

Memorial de la prisión de mujeres de Saturraran

Cristina Gutiérrez MeursGARA-NAIZ

La Prisión Central de Saturrarán se demolió en 1987. Fue una de las jaulas para mujeres más represiva del franquismo. Entre 1938 y 1944 más de un centenar de reclusas y no se sabe cuántas pequeñas criaturas desaparecieron en ella.

En 2007, Gobierno Vasco inauguró un memorial para recordar (no olvidar) a las mujeres (¿más de 4000?) que sufrieron el horror de una arquitectura de piedra que, según cuando, también fue balneario, hotel, seminario o cuartel militar. Un díptico de hierro, obra del gran artista vasco Néstor Basterretxea.

Sobrevivientes, familiares y ciudadanía contemplaron esperanzadas cómo la memoria parecía abrirse camino. Un espejismo. En 2019 visité el memorial por primera vez. Me costó encontrarlo, descontextualizado, en una campa despeluchada y compartiendo espacio con un merendero cutre y degradado.

Resultaba entonces obsceno interiorizar el grado de abandono y deterioro de la obra. En 2021 volví a visitarlo. En esta ocasión no tardé en localizar las dos partes del todo, pero la corrosión ya afectaba a toda la estructura. Esta semana de Pascua he aprovechado para acercarme de nuevo a fotografiar la obra de Basterretxea y constatar que el homenaje ha perdido literalmente la vertical (una parte no tardará mucho en caer). El daño es irreversible. Reparo en cómo las olas arrastran la huella en la arena y me vienen las preguntas.

¿Por qué se dejan oxidar los metales? Al Ayuntamiento de Mutriku, ¿no le corresponde mantenerlos lustrados? El hecho de que solo 3 de las 118 reclusas cuyos nombres aparecen grabados en el díptico fuesen vascas, ¿resta peso a la cimentación de nuestra memoria? ¿Pondera menos el reconocimiento de la violencia cuando ésta se ejerce sobre las mujeres y sobre determinadas mujeres? Está documentado cómo a las madres allí enjauladas les fueron arrebatados sus hijas e hijos pero, ¿hasta qué punto puede desplegarse el negacionismo del crimen del robo de bebés en el Estado español? En el molde vacío de Saturrarán, algunas respuestas.

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Notas Asturias Laica
Sobre la prisión de Saturrarán en el blog de Asturias Laica

– El infierno estuvo en Saturrarán (2026)

– Asturianas en la cárcel de Saturrarán. 1938-1944 · Los papeles de la Trókola (2025)

 Prohibido recordar: La cárcel de Saturrarán (Vídeo) (2018) En 2018 se presentó en Gijón el documental «Prohibido recordar: La cárcel de Saturrarán», de Josu Martinez, Txaber Larreategi (2010). En el coloquio se pudo contar con Ángeles Flórez Peón «Maricuela», socialista histórica, miliciana y presa en Saturrarán entre 1938 y 1942. 

ASTURIAS LAICA  DdA, XXII/6311

miércoles, 8 de abril de 2026

EL HOTEL "PALESTINE" DE BAGDAD: LA IMPUNIDAD ASESINA SE MULTIPLICÓ DESPUÉS

Aquel hotel de Bagdad se llamaba Palestine, no lo hemos olvidado porque veinte años después la impunidad se repitió en la Franja de Gaza, atrozmente multiplicada. Tras aquel 8 de abril de 2003 EEUU mató a más civiles y periodistas en Irak. No pasó nada. La impunidad del ayer, nos recuerda Olga Rodríguez, que vivió y transmitió desde allí aquel atentado terrorista perpetrado por Estados Unidos contra periodistas que costó la vida a tres de ellos, facilitó la gigantesca impunidad de hoy. Si no se exige justicia se consolida el mensaje de que asesinar a civiles sale gratis, comenta Olga. Y también profesionales de la información, como ocurrió en la Franja de Gaza con 270 asesinatos de periodistas, ayudantes de sonido y camarógrafos, en su mayoría palestinos, y ha empezado a suceder igualmente en Líbano con los ataques de Israel contra este país, que prosiguen con más violencia aún a pesar del alto el fuego en Irán. 

Olga Rodríguez Francisco

Hace 23 años el Ejército de EEUU lanzó 3 ataques en menos de 3 horas contra 3 sedes de la prensa en Bagdad y mató a los reporteros José Couso, Taras Prosyuk y Tarek Ayoub.
En el hotel Palestine, donde vivíamos los periodistas, el proyectil estadounidense impactó contra 3 pisos: en uno de ellos estaba el balcón desde el que Reuters enviaba señal en vivo a todos los medios del mundo.
Como consecuencia de aquellos ataques no hay ni sola imagen de la toma de Bagdad por EEUU en las siguientes horas, porque los periodistas estábamos intentando salvar a los heridos trasladándolos a hospitales, llorando a nuestros muertos y evitando cualquier riesgo para que no nos mataran.
Varios testigos declaramos ante la Audiencia Nacional. Hubo investigación judicial durante años y órdenes de busca y captura emitidas por la Interpol contra varios militares de EEUU, pero la modificación de la Ley de Justicia Universal española obligó a cerrar el caso.
Tras aquel 8 de abril de 2003 EEUU mató a más civiles y periodistas en Irak. No pasó nada. La impunidad del ayer facilitó la gigantesca impunidad de hoy. Si no se exige justicia se consolida el mensaje de que asesinar a civiles sale gratis.
Una sociedad mal informada, sin protección a la libertad de información, es fácilmente manipulable.

Hay recuerdos que mantienen la misma intensidad pese al paso del tiempo.

DdA, XXII/6310

ACEPTAR LAS CONDICIONES DE IRÁN O EMPANTANARSE EN UNA "GUERRA SIN FIN"

El Dr. Harlan Ullman, asesor sénior del Atlantic Council en Washington D.C., también preside Killowen Group, su firma de asesoría estratégica. Junto con el mariscal de campo Lord David Richards, es coautor del libro «Who Thinks Best Wins: How Decisive Strategic Thinking Will Prevent Global Chaos» (Quien piensa mejor, gana: cómo el pensamiento estratégico decisivo evitará el caos global). En este artículo, publicado por Al Jazeera (lectura íntegra aquí), tras referirse a los anteriores fracasos bélicos de Estados Unidos en Vietnam, Afganistán e Irak, cree Ullman que el éxito de Irán en esta guerra radica en el bloqueo del estrecho de Ormuz, del que depende el 20 por ciento de la energía mundial. Ahora Trump puede aceptar las condiciones impuestas por Teherán o continuar la escalada y empantanarse en un conflicto sin fin. De momento sigue a Churchill: es mejor dialogar que guerrear.


Harlan Ullman

Una de las razones de estos fracasos radica en que los sucesivos presidentes estadounidenses no estaban preparados para las exigencias de su cargo en materia de guerra y paz. Adolecieron de una profunda falta de conocimiento y comprensión de las condiciones para el uso de la fuerza; de la incapacidad para cuestionar los supuestos que justificaban la guerra; de una arrogancia que daba por sentada la superioridad intelectual y militar estadounidense; del pensamiento grupal; y de la ineptitud burocrática que les impedía evaluar todos los posibles escenarios, por muy competente que fuera el ejército estadounidense. Todo ello condujo a juicios estratégicos erróneos.

Ahora parece que estos fracasos del pasado influyeron negativamente en la guerra en Irán. En todos los ejercicios militares realizados en el Golfo, el estrecho de Ormuz permanecía cerrado. ¿Acaso nadie le advirtió a Trump de esta contingencia o simplemente no hizo caso? ¿Y por qué optó por ir a la guerra o, en sus propias palabras, lanzar una "incursión" en Irán, repitiendo el colosal error de cálculo del presidente ruso Vladimir Putin al afirmar que Kiev caería en pocos días?

La explicación más plausible provino del secretario de Estado Marco Rubio, quien primero admitió y luego se retractó de su declaración de que, dado que Israel estaba a punto de atacar primero a Irán, Estados Unidos no tenía otra opción que unirse al ataque. La acción preventiva es una razón engañosa para declarar la guerra. Estados Unidos podría haberle dicho a Israel si debía proceder o no.

Pero la arrogancia y la total falta de comprensión eran evidentes incluso antes de que los israelíes presionaran a Trump para que tomara una decisión. Sus principales negociadores, Steve Witkoff y Jared Kushner, carecían de conocimientos técnicos sobre armas nucleares, lo que los hizo ineficaces en las negociaciones con los iraníes. La Casa Blanca calculó mal y exageró enormemente el tiempo que le tomaría a Irán desarrollar un arma nuclear y misiles avanzados de largo alcance.

Además, el éxito de la operación en Venezuela y las expectativas exageradas sobre la destreza militar estadounidense cegaron a Trump, quien creyó fácilmente la versión israelí de que el régimen de Teherán estaba a punto de colapsar.

Ahora, la realidad se ha impuesto. Ganar todas las batallas no garantiza la victoria en la guerra. Al igual que con los norvietnamitas y los talibanes, la estrategia iraní de ganar sin perder fracasó. El cierre del estrecho de Ormuz demostró ser el arma más formidable que los iraníes utilizaron. Con el 20% de la energía mundial, gran parte de los fosfatos necesarios para fertilizantes y el helio indispensable para la fabricación de chips atrapados en el Golfo, las consecuencias de un conflicto prolongado eran evidentes: un desastre económico.

Para Irán, el indicador de éxito no era el número de aviones de combate estadounidenses derribados ni las bases militares estadounidenses atacadas. Era el precio de la gasolina en Estados Unidos y el pésimo estado de los mercados bursátiles.

Incluso desde sus inicios, la guerra fue muy impopular, con casi dos tercios de los estadounidenses en contra. Los altos precios de la gasolina y el riesgo de una inflación galopante provocaron un creciente descontento social antes de unas elecciones de mitad de mandato cruciales en Estados Unidos.

Ahora Trump se enfrenta a dos opciones insatisfactorias. Al igual que el presidente Lyndon Johnson durante la guerra de Vietnam, Trump puede aceptar las condiciones de Irán para poner fin a la guerra o continuar la escalada y empantanarse en un conflicto prolongado: una "guerra sin fin".

Por el momento, el presidente estadounidense ha optado por la idea del primer ministro británico Winston Churchill de que "es mejor dialogar que guerrear". Sea cual sea la decisión que tome Trump, dado que se encuentra atrapado sin buenas opciones, la guerra contra Irán resultará ser la decisión más catastrófica que haya tomado como presidente.

AL JAZEERA  DdA, XXII/6310

EL MUNDO CADA VEZ SE PARECE MÁS A UN ESTADIO DE FÚTBOL

La pensadora Martha Nussbaum, nos recuerda Cano en CTXT, lleva años advirtiendo de que las democracias son erosionadas cuando se cultivan deliberadamente sentimientos negativos como el miedo o el desprecio hacia determinados grupos. Agravio, miedo, orgullo. Tres emociones básicas, repetidas hasta el infinito, que convierten la convivencia en una sucesión de reflejos irracionales. El problema de nuestro tiempo no es que haya demasiadas emociones, sino que está dominado por pasiones intensas, mientras la razón duerme. El miedo y la ira son fáciles de producir. El amor, el perdón, la empatía o la compasión requieren más esfuerzo. Querer requiere tiempo, odiar es inmediato. El artículo que sigue es muy recomendable:


Paco Cano

...provoca que el mundo se vaya pareciendo cada vez más a un estadio de fútbol. Gritos, banderas, insultos racistas, insultos homófobos, emociones inflamadas y una adscripción a tu equipo por encima de si juega bien o mal, si merece ganar o no. En el estadio no se razona, se vibra y quien no vibra es sospechoso. El sueño de la razón produce el imperio dictatorial de la emoción. La religión, la política y la convivencia diaria parecen haberse adaptado con gusto a ese rito.

Durante mucho tiempo, la modernidad aspiró a otra fórmula. Algo así como aquello de “cabeza fría y corazón caliente”. La razón debía ordenar las pasiones. La emoción tenía su lugar –porque nadie es una máquina– pero debía convivir con el pensamiento autónomo, con la deliberación, con la duda. Hoy esa ecuación equilibrada parece haber saltado por los aires. La cabeza, en lugar de pensar, se llena de sangre y el corazón se desboca. Incluso instituciones poco sospechosas de racionalismo empiezan a advertirlo. 

Hace unas semanas, los obispos españoles mostraron preocupación por ciertos movimientos religiosos juveniles como Hakuna o Emaús, donde la llamada constante a la emoción puede convertirse en una forma de reducción de la fe ante la intensidad del sentimiento. No es que la emoción sea mala –la fe, al fin y al cabo, tiene su base en una dimensión irracional– sino que cuando todo se transforma en experiencia intensa con música o griterío envolvente, la frontera entre espiritualidad y enajenamiento se vuelve peligrosamente difusa. Algo así como lo que ocurre con ciertas drogas.

Ese mismo mecanismo funciona también en política, donde la sobredosis emocional se ha convertido en estrategia central. Partidos como Vox o Aliança catalana lo saben bien. Su objetivo no es convencer, sino excitar. Construir relatos simples que o bien golpeen directamente en el estómago o bien aumenten el sentimiento de pertenencia. Agravio, miedo, orgullo. Tres emociones básicas, repetidas hasta el infinito, que convierten la convivencia en una sucesión de reflejos irracionales.

La pensadora Martha Nussbaum lleva años advirtiendo de que las democracias pueden ser erosionadas por el mal uso político de las emociones. No porque las emociones deban desaparecer –algo tan imposible como indeseable– sino porque cuando se cultivan deliberadamente sentimientos negativos como el miedo o el desprecio hacia determinados grupos, el espacio racional de la democracia se estrecha. El ciudadano deja de serlo para convertirse en hincha o en hooligan

En la multitud, en el grupo, la racionalidad individual se diluye y lo que domina es la sugestión pasional. La masa siente más, pero piensa menos. Lo inquietante es que hoy esas masas no necesitan reunirse en una plaza, un patio de colegio o un estadio porque viven conectadas en redes que incrustan en sus cabezas un amplificador que les anula toda autonomía.

La antipolítica contemporánea ha aprendido esa lección con rapidez. Estamos asistiendo a una forma de guerra cognitiva donde conquistar el territorio ya no significa ocupar una ciudad, sino colonizar los cerebros. No se trata de convencer a la ciudadanía con argumentos complejos, sino de ponerle tanta sangre en la cabeza que el cerebro no pueda pensar. 

En Israel, el gobierno criminal de Benjamin Netanyahu alimenta una narrativa emocional permanente que convierte el miedo y el odio en anfetamina política. El genocidio de Gaza se explica también así. Israel es una sociedad atrapada en una espiral emocional donde la seguridad se ha transformado en una pasión colectiva que apenas admite disidencias y que brinda por la pena de muerte para palestinos. Pocas voces quedan en Israel que se rebelen contra esa lógica del exterminio y reclamen que la justicia no puede construirse sobre la deshumanización del otro.

Freud llamaba tánatos a la pulsión de destrucción y muerte que habita en los individuos y también en las sociedades. Durante décadas pensamos que la política democrática había logrado domesticarla con instituciones, leyes y conciencia humanística. Hoy sabemos que tánatos ha vuelto a ocupar el mapamundi y nuestras calles, apareciendo no solo en los conflictos armados sino también en la conversación cotidiana, donde cada desacuerdo se convierte en una batalla. 

Por eso la metáfora del fútbol no es tan inocente. En el estadio, la lógica es un nosotros contra ellos. Los nuestros siempre tienen razón, los otros, nunca. El árbitro está comprado, el rival es un enemigo, musulmán el que no bote y la victoria lo justifica todo. Es una lógica tan simple, tan desbordada, como profundamente peligrosa. Viva el rugby.

El problema de nuestro tiempo no es que haya demasiadas emociones, sino que está dominado por pasiones intensas, mientras la razón duerme. El miedo y la ira son fáciles de producir. El amor, el perdón, la empatía o la compasión requieren más esfuerzo. Querer requiere tiempo, odiar es inmediato. 

Recuperar una política que combine razón y emoción no es una tarea sencilla. Quizás, podríamos empezar por recordar algo que la vieja Ilustración advertía; las sociedades que renuncian a pensar acaban siendo gobernadas por quienes mejor saben excitar sus pasiones y cuando eso ocurre, el mundo deja de parecerse a una mesa donde compartir y se convierte en un patio de colegio o en un campo de fútbol de infantiles donde la sangre corre demasiado deprisa por la cabeza de padres y familiares y donde nadie escucha el silbato que intenta detener la violencia.

CTXT  DdA, XXII/6310


LEÓN XIV Y TRUMP, UNA COLISIÓN SIGNIFICATIVA


Ana Cardo

Por fin el Papa ha sido expeditivo y rotundo, después de escuchar las amenazas de Donad Trump contra todo el pueblo de Irán. Hasta ahora, sus llamadas a la paz en aquel país y Líbano no habían pasado de ser las habituales que desde El Vaticano se cumplimentan cada vez que hay un conflicto armado con cierta repercusión mediática. Pero lo de ayer desde Castel Gandolfo, la residencia papal en las afueras de Roma, ha sorprendido tanto por utilizar calificativos como inadmisible e inaceptable como por la inmediatez con la que León XIX ha replicado en cuestión de horas al presidente de su propio país, síntoma posible de que las relaciones entre El Vaticano y la Casa Blanca podrían colisionar. En el ánimo del pontífice está el claro intento político de apropiarse de la fe cristiana desde la ultraderecha. Es una deriva que se ha hecho aún más patente con la guerra, con continuas citas bíblicas y religiosas en las arengas bélicas de la Casa Blanca. El Domingo de Ramos, por ejemplo, el Papa respondió que Jesús es el rey de la paz: “Un Dios que rechaza la guerra, a quien nadie puede usar para justificarla, que no escucha las súplicas de los que la libran y las rechaza, diciendo: ‘Aunque multiplicaras tus súplicas, no te escucharía; tus manos están manchadas de sangre”. Si León XIV está reaccionado así, puede que  le esté dando un adiós adelantado al presidente por el poco futuro que le queda*. 

* Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos condenó formalmente el mensaje del presidente Donald Trump, en el que advirtió que “una civilización entera podría morir”, en medio de la escalada del conflicto con Irán. El arzobispo Paul S. Coakley, presidente del organismo, fue directo: aseguró que amenazar con destruir una civilización y atacar infraestructura civil “no puede justificarse moralmente” y pidió al presidente dar marcha atrás antes de que la situación escale aún más.

DdA, XXII/6310