Diario del Aire
martes, 16 de junio de 2026
JUEGOS Y TRAMPAS SANGRIENTAS DE ANCIANOS QUE ACTÚAN COMO NIÑOS PSICÓPATAS
LA SEMÁNTICA DEL ODIO EN LA BOCA IMPECABLE DE LOS JÓVENES
Marta Marco Alario
MARCO RUBIO, EL VERDUGO DE SEDA. GENEALOGÍA DE UNA SOMBRA
Lástima te tengo, sombra. Porque has hecho de tu vida una larga y penosa ceremonia de muerte. Y cuando mueras, la vida en Cuba seguirá bailando sobre tu restos de recuerdo y tú memoria será entonces, el polvo culpable y barrido en una oficina de intereses .
*Licencia del autor. Me da la gana.
DdA, XXII/6380
LEOPOLDO ALAS "CLARÍN", CRONISTA Y MEDIADOR EN "LA HUELGA DE LA PESETA"
Félix Población
Agradezco a mi estimado Luis Miguel Piñera la publicación de este artículo en el diario La Nueva España, cuando se cumplen 125 años de la muerte del protagonista, en el que se nos informa de que lo último que escribió con toda probabilidad Leopoldo Alas "Clarín", autor de La Regenta y de un relato que para algunos de los que formamos parte de mi generación fue decisivo para acercarnos en la infancia a la literatura (Adiós Cordera), fueron cinco crónicas periodísticas publicadas en el mes de febrero de 1901 sobre la primera gran huelga que tuvo lugar en la villa de Gijón y que popularmente fue conocida por La huelga de la peseta.
Se trata de los últimos textos impresos firmados por Clarín en el citado periódico, cuya labor como crítico literario conocíamos, pero no como cronista de lo que hoy en día sería la sección de Laboral de un diario. Sólo cinco meses más tarde falleció el escritor al que "nacieron" en Zamora en 1852, al ser su padre Genaro García-Alas gobernador ese año de aquella provincia. La esquela se publicó en el diario ovetense El Carbayón, haciendo constar su profesión de catedrático de Derecho de la Universidad de Oviedo, así como los nombres de su esposa Onofre García Argüelles y sus hijos e hija: Leopoldo, Adolfo y Elisa.
En el artículo de Piñera se habla de la relación que tuvo Clarín con Gijón, en donde asistió a la inauguración del Ateneo Casino Obrero en 1881. También, del día en que Benito Pérez Galdós y Leopoldo Alas, buenos amigos, pasaron la jornada paseando por la villa asturiana un 15 de junio de 1894. Fue con ocasión del estreno de dos obras del escritor canario en el Teatro Jovellanos, La de San Quintín y La loca de la casa.
Lo más interesante del artículo escritor por Luis Miguel son esas cinco crónicas que Clarín publicó en el diario El Imparcial sobre La huelga de la peseta, de la que no sólo fue cronista contando sus peculiaridades en la primera página del citado periódico, sino también mediador entre los obreros y la patronal, labor elogiada en el diario El Socialista por Manuel Vigil Montoto, dirigente asturiano del PSOE y director de La Aurora Social.
"Los obreros del Muelle [puerto interior gijonés] -cuenta Piñera-, nucleados en torno a la sociedad "La Cantábrica", iniciaron una huelga en febrero de 1901 que terminó con cierre patronal y con la paralización de toda la ciudad. No hubo periódicos en Gijón durante todo el mes de febrero (volvieron a estar en la calle el día 1 de marzo) y el día 9 de marzo se levantó el estado de guerra que se había decretado semanas antes. Los trabajadores gijoneses -seguimos leyendo en La Nueva España- pedían una jornada de ocho horas (antes hacían diez horas y media); un aumento de salario hasta llegar a una peseta al día (de ahí el nombre popular que se le dio a la huelga) y una prestación en caso de accidente de trabajo. No atendidas las peticiones y convocada la huelga general en la ciudad, Óscar Olavarría, que era el dirigente de la patronal, reclutó a varios cientos de obreros castellanos para suplir a los gijoneses y, en varias tandas, se incorporaron a los trabajos durante el mes de febrero. Digamos que en no pocos casos esos obreros leoneses terminaron por sumarse al paro y que su llegada a la ciudad era contestada multitudinariamente".
Por si alguien tiene interés en esos últimos escritos de Clarín publicados en El Imparcial, aquí va el primero como muestra, gracias a la amabilidad que ha tenido en procurármelo el cronista oficial de Gijón. Los siguientes se publicaron los días 10,14,16 y 20 de febrero en la primera página y se pueden consultar digitalmente en la Hemeroteca Nacional:
El Imparcial, Madrid, 9 de febrero de 1901
LA
CUESTIÓN OBRERA EN GIJÓN
Me encarga El
Imparcial que hable a sus lectores, en artículos breves, del conflicto
económico de Gijón. Mucho me honra la confianza que en mí se pone; pero es tan
difícil el empeño, que casi me pesa de haberlo aceptado. Seguro estoy de mi
conciencia, pero no de los medios con que puedo contar para el acierto. Que empiece
enseguida el trabajo se me pide; mas como necesito informes seguros,
inmediatos, precisos, que sólo puedo adquirir hablando directamente con los que
dirigen la acción de la lucha, iré a Gijón y procuraré ver las cosas de cerca,
y juzgar por algo mejor que apariencias y rumores. Verdad que los rumores y las
apariencias también pueden tener su importancia, en cuestiones como ésta, en
que se trata de intereses que tienen un aspecto de vida pública por referirse a
la suerte de grandes masas. La opinión, así del público neutral, como de los
mismos obreros y patronos que no intervengan en la dirección de los sucesos,
como la de las mismas autoridades, puede influir no poco en las vicisitudes de tales conflictos; y esa opinión puede estar
fundada en noticias vagas, inexactas.
Así, por ejemplo,
la medida de gobierno, que ya es un hecho, de declarar en estado de guerra
(para que haya paz) toda la provincia de Oviedo, obedece, pues buena intención
hay que suponerla, a malos informes. Si se hubiera ido a beber en las fuentes a
que yo he acudido, ya para este primer artículo, se hubiera adquirido la
convicción que yo tengo de que podrá haber chispazos parciales de desorden,
pero sin que se deba temer el contagio, que sería el que pudiera justificar
esos alardes preventivos, y algo provocativos, de fuerza.
Si público
“burgués” y gobernantes estuvieran un poco más enterados de cómo está
organizada en España parte de la llamada “clase” obrera, para procurar ir
mejorando sus condiciones en su relación con el capital, hubieran podido notar
estos días, en la marcha que llevan los sucesos de Gijón, en lo que dependen de
los obreros (escuela de “sociología práctica” muy digna de atención), que de
las dos grandes tendencias que se disputan el predominio en la dirección de la
conducta solidaria de los obreros organizados, ha vencido aquí hasta ahora, y
todo indica que seguirá venciendo, el criterio de los prudentes, de los cautos,
de los que “se apresuran despacio”. Sus fines no son más anodinos que los de
los otros, pero son más pacíficos sus medios “actuales”, y menos favorables a
la propagación de los conflictos, y sobre todo, de los desórdenes. Como estos
artículos han de ser muy cortos, pero han de ser varios, y no puede decirse
todo a la vez, prefiero hoy insistir en este aspecto de la cuestión, que es el
que perentoriamente interesa al público en general.
¿Debe temerse que
la crisis de Gijón se propague a otros grandes centros obreros, por lo menos a
los de la provincia? Creo que no. No hay que confundir la asistencia que a los
huelguistas pueden prestar los obreros organizados de otras partes, no sólo de
Asturias, sino de toda España, con el contagio de la huelga y menos con una
actitud levantisca. Los que hablaron, por ejemplo, del viaje de dos mil obreros
de Langreo a Gijón, no debían de estar bien informados.
La organización de
“clase” de los obreros de España se divide hoy en las dos grandes tendencias
indicadas, que “a grosso modo” podemos denominar socialista y anarquista; pero
entendiéndose que ni estas dos tendencias dejan de prestarse auxilio y ofrecer
cierta solidaridad cuando se trata de intereses comunes de “clase”, ni de tales
asociaciones, en la relación meramente “económica, obrera”, están excluidos los
trabajadores neutros en punto a ideal de “partido”. La tendencia que en general
puede llamarse socialista, tiene una especie de órgano supremo en la “Unión
General de Trabajadores”, cuyo comité está en Madrid; institución organizada en
forma que podemos llamar federal. “Federación regional de resistencia” creo que
se llama otro gran centro, que, como indica su nombre, tiene, entre otros
casos, el fin de organizar la resistencia cuando hay que poner en práctica la
solidaridad económica, amparando a los obreros sin trabajo por causas que
importan a la acción común, como verbi gracia, las huelgas; es decir, ciertas
huelgas. Creo que en este organismo predomina, por lo menos, el elemento
anarquista. Por supuesto, que aunque su nombre lo indique, también la “Unión
General de Trabajadores” tiene entre sus fines el de la resistencia. Parece ser
que hay otras asociaciones de obreros, de cierta importancia, desligadas de las
dos anteriores, ni de tendencia socialista ni anarquista, a lo menos dentro de
partidos oficiales; y creo que es en Andalucía donde radican, teniendo
principalmente por objeto intereses del trabajo agrícola. Se me dice que a
pesar de las diferentes tendencias, las dos grandes agrupaciones arriba
mencionadas prestan su apoyo material a los obreros que lo necesitan, siendo de
los organizados, sin distinguir de partido. Más reacias parece que se muestran
en este punto esas otras asociaciones que podemos llamar independientes.
En la huelga
general de Gijón han empezado a llegar ya auxilios, para la resistencia, de
muchos núcleos de España; pero, según mis informes, hasta ahora casi todas las
cantidades recibidas provienen de las sociedades que constituyen la “Unión
General de Trabajadores”. La “Federación Regional”, por ahora, ha mandado poco,
dicen. También se han recibido socorros, pues así pueden llamarse, de entidades
obreras ajenas a todos los organismos citados. Naturalmente, los obreros
asociados del resto de Asturias también contribuyen a la resistencia; pero hay
que notar que el criterio de la tendencia socialista, la predominante, con
mucho, entre los organizados y de partido, es que “no deben vaciarse las cajas”,
sino ayudar a los de Gijón, con prudencia, pensando en posibles contingencias
futuras. Además, y esto es muy importante, repugna esta tendencia -la mejor
dirigida, la más disciplinada, creo- un paro más general, que invada a la
provincia. Esta conducta es sistemática. Se funda en dos principales razones,
una de oportunidad, de “táctica”; otra de “crédito social”, a que atienden
mucho estos disciplinados socialistas. Si se extiende el paro, menos dinero hay
para ayudar a los de la huelga actual, menos podrían éstos defenderse; pues no
se les podrá mandar recursos y habrá que distraer para los nuevos huelguistas algo
de lo que hoy va a los de Gijón. Estas huelgas de contagio, inmotivadas,
desacreditan, y a la que hay que atender es a la originaria, a la que
“simboliza” ahora la lucha con el patrono. No hay que dividir la atención ni la
fuerza.
La otra razón para
rechazar el paro por “contagio” (para asustar al “burgués” o para irritar al
obrero hambriento y provocar la lucha) es que a la “clase” le conviene que sepa
el mundo que ella no provoca conflictos “por qué sí”; si viene el paro, que
venga por culpa de los patronos. Pues bueno, este criterio templado, que aleja
los temores de desorden y de extensión del conflicto, fue el que los elementos
de la tendencia pacífica y prudente hicieron triunfar en Gijón cuando, reunidas
las diferentes “juntas” de las asociaciones obreras, prevaleció la idea de no
provocar el paro general. Hubo quien lo propuso, quien quería intimidar al
patrono y al pueblo neutro, llevando a la masa obrera a una situación
desesperada, que la arrojara a la violencia. Pero predominó el sentido de
orden. Y el paro general, o poco menos, vino, pero por acción de los patronos.
Podrían éstos acaso justificarlo (de eso hablaré otro día), pero vino porque
ellos quisieron, no por huelga general.
¿No lo ve el
gobierno? En Asturias predomina una acción obrera orgánica, seria, disciplinada,
que tal vez obra con “las de Caín” para ciertos intereses, pero que aborrece el
desorden, la propagación injustificada de los conflictos. Estos obreros,
siguiendo tal camino, podrán dar mucho que pensar a los patronos, como
capitalistas, pero no es probable que susciten cuestiones de orden público.
Claro que precauciones de policía, nadie las hubiera censurado, ni los mismos
obreros “cautos”, los de “las manos en los bolsillos”, como diría Iglesias,
pues no se puede responder de incidentes aislados, esporádicos, desagradables;
pero de eso a declarar la provincia entera en estado de guerra, hay mucha
distancia. Malo fuera que el gobierno, con tal aparato militar, provocara aquí
un nuevo ejemplar del “Gran Galeoto”, de Echegaray. ¿Para qué sirve, por ahora,
el estado de guerra? Para evitar, o dificultar a lo menos, que se junten los
núcleos directivos de patronos y de obreros, que, de llegar a una inteligencia,
son los que tienen que deliberar y convenirse. Para concluir por hoy, y con
objeto de que se vea que ese criterio pacífico y disciplinado que hasta ahora
reina entre los obreros ofrece garantías de fuerza para seguir predominando,
presentaré algunos datos de la organización obrera en Asturias.
Hay centros
meramente “económicos” en que entran obreros con partido y sin partido, y hay
centros que llaman “políticos”, es decir, que son socialistas. También hay
centros mixtos, económicos y políticos. En Gijón, Oviedo y Avilés hay
asociaciones económicas y políticas (socialistas). En Felguera, tres,
económicas. En Langreo mixtas (con 2.000 asociados). En Mieres igual, con
4.000. Lo mismo que en Oviedo, aunque no faltan anarquistas, predominan
socialistas, cuya regla de conducta queda explicada en Mieres, Langreo y
Avilés. En mi próximo artículo empezaré tratando de la historia de la huelga
actual; y anticipo que, según informes, no tuvo origen en la concesión de las
ocho horas hecha por el Ayuntamiento a sus operarios, cuando el viaje de la
reina. De otras “ocho horas” se trata. CLARÍN
DdA, XXII/6380
GRITOS CON CITA Y GLOSA (LXXX): SOBRE DEMOCRACIA, TIRANÍA Y RELIGIÓN, UN CLÁSICO
lunes, 15 de junio de 2026
EL MUNDIAL RESPETA MÁS LA CAJA REGISTRADORA QUE AL FÚTBOL
Ana Cardo
Con ocasión del Mundial de Fútbol ya en curso y en la jornada previa al primer partido de la selección española -decepcionante para un equipo al que se le da por favorito, digan lo que digan de su marca comercial los tediosos cronistas de nuestra televisión pública-, se nos ofreció por TVE un programa en el que se dieron rasgos biográficos de la trayectoria deportiva de cada uno de los integrantes de La Roja, empezando por su entrenador. Entre las preguntas que se le hicieron no pudo faltar una referida a las dos breves pausas para hidratación que el árbitro señala en cada uno de los dos tiempos de cada partido, pausas que el entrenador español considera necesarias si el calor aprieta y menos necesarias si no hay calor. Esas pausas se nos han querido vender como una atención a la salud de los futbolistas, cuando lo que prima, según el entrenador alemán Jürgen Klopp, son los intereses de los patrocinadores, con los tiempos de televisión dictando el ritmo del partido: "Un partido de la Copa del Mundo debería fluir como un río. En cambio, estamos construyendo presas en medio de él para que los comerciales puedan pasar. Eso es peligroso para el espíritu del juego. El fútbol alguna vez fue el evento principal, pero ahora corre el riesgo de convertirse en la música de fondo de un espectáculo publicitario. Nos dicen que estos descansos son por el bienestar de los jugadores, y por supuesto la salud de los jugadores importa. Pero cuando el juego empieza a doblar sus rodillas ante los tiempos de la televisión, la gente va a hacer preguntas. El balón se supone que es la estrella. No un descanso comercial. La Copa del Mundo es la catedral del fútbol. Sin embargo, a veces da la sensación de que la hemos convertido en un centro comercial donde la caja registradora recibe más respeto que el propio partido. Si este es el futuro, entonces el fútbol ya no está siendo interrumpido por los anuncios. El fútbol se está convirtiendo en la interrupción entre los anuncios". Nada que añadir, salvo que la caja registradora podría acabar con el fútbol por aquello de que la codicia rompe el saco. Yo dejé de ver a La Roja en la segunda de las pausas y sólo lamenté que la modesta selección de un pequeño país africano que habla portugués no hubiera vencido al final. Sí le dieron a España una lección de humildad, como tituló un diario de aquel país.
DdA, XXII/6379
TATY ALMEIDA SE FUE SIN LOS HUESOS DE SU HIJO, PERO SIN DEJAR DE MILITAR EN LA VIDA
Lydia Estela Mercedes Miy Uranga nació el 28 de junio de 1930. La llamaban “Taty”. Su padre, que se retiró con el grado de teniente coronel, integraba el arma de caballería; su madre era ama de casa. La familia, por el destino militar del padre, vivió en varias ciudades del interior hasta que se asentaron en Lacroze y Cabildo, pleno barrio de Belgrano. En su hogar, no simpatizaban con el peronismo. Las hermanas se casaron con integrantes de la Fuerza Aérea. Su hermano Carlos llegó a ser coronel del Ejército.
En Buenos Aires, Taty se recibió de maestra y, a los 21 años, se casó con Jorge Almeida, que también venía de familia castrense. Un accidente lo dejó fuera de las fuerzas, y se dedicó a trabajar como despachante de aduanas. Con Jorge tuvieron tres hijos: Jorge Martín en 1953; Alejandro Martín en 1955 y María Fabiana en 1956. El matrimonio duró hasta 1970. Entonces, Taty habló con sus hijos y les dijo que se iba a divorciar. Les pidió que consiguieran un trabajo y que terminaran sus estudios de noche. Ella empezó a trabajar como secretaria en un consultorio. Juntaba otros pesos haciendo encuestas: era una buena opción porque a ella le encantaba conversar con la gente.
Taty le consiguió empleo a Alejandro en Télam. Uno de sus cuñados era el interventor de la dictadura de la Revolución Argentina. Alejandro no dudó en organizar protestas contra su propio tío. Con el carnet de periodista, pudo cumplir un sueño: entrar a un recital de Joan Manuel Serrat, acercarse y regalarle una de las pulseritas que fabricaba. En 1974, Alejandro ingresó a trabajar al Instituto Geográfico Militar. Para entonces, estudiaba medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP).
–Esta gorilita de mierda… Sin embargo, yo la quiero tanto– le decía a su mamá mientras la abrazaba.
Cuando lo desaparecieron, Taty empezó a peregrinar. Fue a golpear las puertas de militares conocidos: Orlando Ramón Agosti, Leopoldo Fortunato Galtieri, Albano Harguindeguy y Ramón Camps, entre otros. El 24 de marzo de 1976, ella tuvo cierta esperanza. Pensó que, con la irrupción de los militares –los conocidos de su familia–, iba a tener alguna respuesta. Nada de eso ocurrió. Tardó en sumarse a las Madres de Plaza de Mayo. Temía que la consideraran una espía por su entorno familiar.
Tomó coraje y se acercó a la Casa de las Madres, que estaba en la calle Lavalle. Lo primero que vio fue la pared repleta de los rostros de los desaparecidos. Por primera vez, sintió que la tragedia que estaba viviendo desde junio de 1975 no la afectaba únicamente a ella.
La atendió María Adela Gard de Antokoletz, entonces vicepresidenta de la asociación.
–¿A vos quién te falta?– le preguntó María Adela.
Taty hizo catarsis. Lloró, maldijo y finalmente se enojó con ella misma.
–No, mi hijita –la reprendió con cariño María Adela–. Cada Madre tiene su momento, y este es el tuyo.
En septiembre de 1979, hizo fila en Avenida de Mayo para denunciar la desaparición de Alejandro ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). El 10 de diciembre de 1983, volvió a colgar la bandera argentina en su casa. Estaba esperanzada con la democracia.
A pesar de que las Madres querían una comisión bicameral, no dudó en ir a contar su caso a la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep). “Si me dicen que hay un brujo acá en la esquina con datos de Alejandro, yo voy”, argumentó entonces.
Dentro del movimiento de derechos humanos, Taty fue promotora de entender que la represión estatal no había comenzado el 24 de marzo de 1976. De hecho, a ella la había golpeado nueve meses antes.
“Yo me siento parida por Alejandro. Me bajó de esa burbuja en la que toda la vida había vivido. Y estoy muy orgullosa de que él haya sido quien me parió. Yo era una gorila fatal. Me afeité. Todo eso fue después de lo de mi hijo”, se sinceró en una entrevista para el Archivo Oral de Memoria Abierta.
“Es mentira eso que te dicen que el tiempo cura las heridas –continuó–: yo cada vez lo extraño más. Yo querría tener aunque sea un huesito de Alejandro”.
Una despedida
Taty no sabía que Alejandro escribía poesías. Encontró los textos en una agenda después del secuestro.
“Si la muerte me sorprende lejos de tu vientre, porque para vos los tres seguimos en él, si me sorprende lejos de tus caricias que tanto me hacen falta, si la muerte me abrazara fuerte como recompensa por haber querido la libertad, y tus abrazos entonces sólo envuelven recuerdos, llantos y consejos que no quise seguir, quisiera decirte mamá que parte de lo que fui lo vas a encontrar en mis compañeros. La cita de control, la última, se la llevaron ellos, los caídos, nuestros caídos, mi control, nuestro control está en el cielo, y nos está esperando. Si la muerte me sorprende de esta forma tan amarga, pero honesta, si no me da tiempo a un último grito desesperado y sincero, dejaré el aliento el último aliento, para decir te quiero.” La conmovió profundamente descubrir que Alejandro, a sus 20 años, sabía que iba a morir y se despedía de ella.
A lo largo de los años, Taty cumplió: fue encontrando parte de lo que fue Alejandro en sus compañeros. A través de ellos, supo de su militancia en el PRT. Ella solía recordar con gracia que una vez vio una estrella de cinco puntas y le preguntó a su hijo si era la estrella de David –totalmente ajena a la militancia por el socialismo que abrazaba su hijo–.
Con más pena, contaba otra anécdota: cuando fue a visitar a su hijo Jorge a España y juntos viajaron a Marruecos, ella les bajaba las chilabas a los hombres que se tapaban la cabeza con la intención de comprobar si alguno de ellos era Alejandro. No perdía las esperanzas de volver a abrazarlo.
No pudo encontrar los huesos de su hijo, como tanto quería. Tampoco pudo saber qué hicieron con él después del secuestro. Durante todas estas décadas, Taty siguió viviendo en el departamento de Palermo desde donde lo vio partir para no volver.
Defender la alegría como trinchera
Desde 2024, Taty presidió Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora. Como tal visitó a Cristina Fernández de Kirchner en su prisión domiciliaria. Fue la cara y el empuje de la mesa de organismos de derechos humanos, que organizó la masiva movilización del 24 de marzo pasado, al cumplirse medio siglo del inicio de la dictadura.
Ni la tristeza ni la derrota estuvieron jamás unidas a su nombre. Ella solía repetir “no nos han vencido” como un mantra. Gozaba de la compañía y las buenas charlas, como lo mostraba en cada emisión de ¿Qué me contás? por la AM750. Compartía el programa con “Charly” Pisoni y Paula Maroni, dos H.I.J.O.S. Para ella, era muy importante saber que las Madres habían pasado la posta de la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia.
En abril pasado, celebró y lloró cuando la Universidad de Buenos Aires (UBA) la distinguió con el honoris causa, que recibió rodeada de su hija Fabiana y sus nietos. “Le demostramos a (Javier) Milei que la resistencia continúa”, se entusiasmó.
Cada vez que recibía un reconocimiento, Taty imaginaba que Alejandro la miraba y se reía: “Mirá en lo que se convirtió la gorilita”. Tenía la tranquilidad de saber que su hijo estaría orgulloso de todo lo que ella hizo –por él y por tantos otros–. “Quisiera que me recuerden con mi carácter –chinchuda–, con mis discusiones y con esa alegría de vivir. Y esa alegría dársela a la que está caída por algún motivo”, dijo en la entrevista con la que Página/12 inauguró el ciclo de charlas por los 50 años del último golpe de Estado.
Taty no dejó nada librado al azar. Será despedida en la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina (FOETRA), donde tantas veces festejó sus cumpleaños. El velatorio será el lunes, de 14 a 24, y el martes, 8 a 12, en Hipólito Yrigoyen 3171. No querían que llevaran flores, sino que ayudaran al sostenimiento del organismo que ella presidía. Taty estaba internada desde hacía casi tres semanas en el Hospital Italiano. El sábado había estado animada. Tanto que se maquilló y posó para unas fotos. También se tomó un rato para enviar un mensaje a este diario para pedir que se publicara una actividad sobre los 71 años de los bombardeos en Plaza de Mayo. Ella, que era una gorila depilada, como bromeaba.
“Luchadora incansable que honraste la vida”, la despidió CFK en X. “Taty querida, donde estés, con tu hijo Alejandro, descansando al fin en paz, queremos decirte que acá las locas seguimos de pie, y somos millones”, la saludaron sus amigas de Abuelas de Plaza de Mayo en un comunicado. “Gracias por enseñarnos que amar es resistir, que la única lucha que se pierde es la que se abandona y que no existe fuerza más grande que la del amor”, escribieron sus compañeras de la Línea Fundadora en redes sociales.
Su partida deja una herida profunda en el movimiento de derechos humanos y para gran parte de la sociedad que no olvida a sus desaparecidos ni perdona a los criminales. En cada marcha, el vozarrón de Taty seguirá gritando que los 30.000 desaparecidos están presentes. Como ella.
PÁGINA/12 DdA, XXII/3679
¡QUÉ FRÁGIL ES LA CIVILIZACIÓN CUANDO EL ODIO RECIBE UNIFORME!
Ángel Pedrosa







