jueves, 4 de junio de 2026

A ESTA FORMA DE GENOCIDIO GOTA A GOTA LO LLAMAN SANCIONES

Como aprendiz de trovador de la verdad profunda, como sabio que ha vivido en el monstruo y que ausculta la ética de los imperios, lo digo sin ambages: esto no es una disputa. Es un crimen de lesa humanidad cometido en cámara lenta, una tortura psicológica masiva donde el potro es la vida cotidiana. Hoy tengo el puño lleno de versos y los ojos llenos de lágrimas de rabia, les grito a esos ingenieros del caos que el humilde pueblo que intentan matar es el mismo que le enseñará al mundo que se puede vivir, crear y amar bajo un bloqueo inmoral.



Raulito Torres/Aquí en La Habana

Es esa forma de terrorismo que no necesita explosivos. Se ejerce con la tinta fría de un memorándum, con la firma temblorosa de un funcionario que, desde su oficina con aire acondicionado, decide quién come y quién no, quién respira y quién se asfixia en la penumbra de un apagón. Lo llaman “sanciones”, lo visten de política exterior, le ponen corbata y lenguaje jurídico. Pero su nombre verdadero, desnudo ante la conciencia de la humanidad, es genocidio. Un genocidio lento, gota a gota, diseñado para no dejar huellas dactilares pero sí cadáveres.
Y en el centro de esta maquinaria de asfixia se sienta ahora, como un dios menor y vengativo, Marco Rubio. Hay que observarlo bien: hijo de quienes huyeron de una isla, hoy empuña contra esa misma isla el látigo del verdugo. Es la encarnación más retorcida del síndrome de Estocolmo histórico: besar la bota que patea el suelo del que vienes. Rubio, con su sonrisa de depredador de cocteles, no solo firma decretos; firma sentencias de hambre. Cierra grifos de remesas con la misma fruición con la que un pirómano observa el fuego. Sabe que cada hotel cerrado, tarjetas bancarias y dólar bloqueado es un abuelo que no compra su medicina, una madre que revuelve agua con polvo y le llama “leche” a la desesperación. Lo sabe, y aun así, duerme tranquilo.
Miren las últimas medidas, las más recientes. No son simples restricciones administrativas: son la ingeniería social del sufrimiento perfeccionada. Es la orden ejecutiva que estrangula los envíos de combustible, condenando a un quirófano a la oscuridad en mitad de una cirugía. Es el acoso a las navieras que transportan petróleo y alimentos, pintándolas de criminales para que el miedo congele la solidaridad. Es la inclusión en la lista de “Estados patrocinadores del terrorismo”, una mentira tan cruel y cínica que sirve como pretexto legal para aislar, multar y perseguir a cualquiera que ose tender un puente de pan hacia la isla. Han creado un terrorismo burocrático para combatir el delito de la resistencia.
Y todo esto con un ensañamiento que ya no es ni político, es casi teológico. Es el odio del hereje contra el dogma al que renunció por ignorancia, la furia del converso. Rubio y sus secuaces no quieren siquiera un “cambio de régimen”; lo que desean, en su enanismo geopolítico, es la humillación del alma cubana, verla arrodillada pidiendo clemencia. Quieren matar de penurias la alegría, desconectar los ventiladores del trópico para que el calor derrita también la esperanza. Quieren que el cubano se avergüence de haber sobrevivido a más de 60 años de bloqueo con dignidad.
Pero no entienden nada de la física del espíritu. Olvidan que el hambre, cuando es infligida desde la soberbia imperial, no doblega: siembra una rebeldía mineral que se transmite en los genes. No han entendido la poesía de un pueblo que aprendió a hacer milagros con la nada, a convertir una chatarra en cosecha y la carencia en una canción de esperanza. No saben, en su mediocridad moral, que están labrando sus propios nombres en el mármol de la infamia, donde ya residen otros tristes artífices del dolor humano.
Como aprendiz de trovador de la verdad profunda, como sabio que ha vivido en el monstruo y que ausculta la ética de los imperios, lo digo sin ambages: esto no es una disputa. Es un crimen de lesa humanidad cometido en cámara lenta, una tortura psicológica masiva donde el potro es la vida cotidiana. Hoy tengo el puño lleno de versos y los ojos llenos de lágrimas de rabia, les grito a esos ingenieros del caos que el humilde pueblo que intentan matar es el mismo que le enseñará al mundo que se puede vivir, crear y amar bajo un bloqueo inmoral.
Pasarán ustedes, burócratas del sufrimiento, con sus comunicados y sus vanidades de senador. Se los tragará el olvido o, peor, la historia los recordará como lo que son: los herederos de Caín, pero sin la fuerza de su alfanje, solo con la cobardía del que mata con un formulario. Mientras, Cuba, pobre pero limpia, oscura pero luminosa, hambrienta pero jamás derrotada, seguirá siendo la prueba viviente de que hay una dignidad humana que ningún decreto puede ilegalizar.
Y cuando las luces se enciendan de nuevo, los aplausos no serán para ustedes. Serán para los que resisten, para los que bailan en la penumbra, para los que inventan el futuro con las manos desnudas. La vida, siempre la vida, se vengará de sus verdugos floreciendo entre las ruinas que ustedes torpemente sembraron...

Mi abrazo extenso y mis lágrimas sobre el hombro de mi amado, humilde y valiente PUEBLO CUBANO!

DdA, XXII/6367

OBRADOR LE DICE A TRUMP QUE MANDE AL CARAJO A QUIENES LO AZUZAN CON MÉXICO

Hay campaña de la ultraderecha internacional en contra de la transformación en México, ha dicho Claudia Sheinbaum, después de agradecer el respaldo de su predecesor. Aparte de ofrecer su apoyo sin condiciones a la presidenta Sheinbaum, el expresidente mexicano López Obrador aconseja a Trump, ante su actitud de fortalecer a la derecha mexicana y volver a disponer de un gobierno entreguista en México, que el inquilino de la Casa Blanca rectifique a tiempo, volviendo a gobernar como cuando lo hizo bajo la presidencia de López Obrador de manera personal, no delegando lo fundamental, confiando en su juicio práctico y en su instinto certero, y que mande al carajo a las rémoras que lo rodean y azuzan, trátese de quien se trate, sean paleros, manipuladores, caciquillos, vividores, ladrones, polizontes, tinterillos, especuladores, filibusteros, potentados, trepadores o malvados. Por el bien de todos, que regrese el otro Trump.



Andrés Manuel López Obrador

No me extraña que en la embestida del gobierno de Estados Unidos contra el de México se utilicen las prácticas intervencionistas y nada escrupulosas de siempre, ahora con el pretexto del combate a la migración y al narcoterrorismo. Es claro que estos ataques no son motivados, como bien lo dijo nuestra presidenta Sheinbaum el pasado domingo, por un interés genuino de resolver el grave problema que lamentablemente sufren los estadounidenses por la prolongada pandemia de adicción al consumo de drogas; no, se trata de un asunto de carácter político y electoral.
Para ser más claros: algunos funcionarios de Estados Unidos están tramando debilitar a Morena y fortalecer a la oposición de derecha en México con la idea de volver a disponer de un gobierno entreguista, corrupto, mafioso y cruel y, por lo mismo, vulnerable, subordinado y fiel a sus designios intervencionistas. Además, confían en que podrán engañar de nuevo a muchos ciudadanos estadounidenses con la táctica propagandística hitleriana de repetir y repetir mentiras, con miras a las próximas elecciones de noviembre, para seguir culpando a México de todos y cada uno de sus males. Aunque reitero, nada de ello es novedoso y la prepotencia siempre suele ser predecible, sobre todo en épocas de decadencia.
Lo único que me llama la atención es el sorprendente cambio de actitud del presidente Donald Trump, en especial en la relación con México. Hablando de lo que me consta y puedo probar, el Trump de ahora es distinto al que traté. En mi experiencia, fueron varios los asuntos que resolvimos, en bien de nuestros pueblos, mediante el diálogo argumentado y sin confrontación. En pocas ocasiones tuvimos discrepancias; es más, sólo recuerdo una acalorada controversia, cuando, por el asunto migratorio, amagó con imponer aranceles, lo cual nos iba a llevar a responder de la misma manera, pero afortunadamente llegamos a un acuerdo antes de que escalara el conflicto.
Mientras fui presidente, se abstuvo de hablar mal de los mexicanos y de mencionar el muro; firmamos el nuevo tratado comercial; no puso trabas a las exportaciones con pretextos sanitarios, ambientales o de otra índole, como es frecuente con el tomate, el atún o el ganado. Tampoco aumentó los cobros por el envío de remesas; aceptó nuestra propuesta de no incluir el petróleo de México en el tratado, por respeto a nuestra soberanía energética. Nos ayudó durante la epidemia de COVID; en dos ocasiones me ofreció apoyo de agentes o de fuerzas especiales para el combate a la delincuencia y comprendió mi desacuerdo. Al final de su mandato, eran tan buenas las relaciones y había tanta confianza en nuestro gobierno que, cuando elementos de la DEA y del Departamento de Justicia, en venganza contra el Ejército Mexicano fabricaron un expediente en contra del general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa durante el gobierno del presidente Peña, y lo detuvieron en Estados Unidos, solicité al presidente Trump que nos permitiera revisar las pruebas, porque dudábamos de la autenticidad de las mismas, a lo cual accedió, ordenando que se radicara el caso en México; aquí, en efecto, se demostró que se trataba de una represalia política fraguada para someter a una institución fundamental del Estado mexicano que, según la mentalidad y los intereses de los funcionarios de Washington y de la embajada estadounidense, debía alinearse a ellos, como lo habían logrado con la Secretaría de Marina en el sexenio de Calderón.
Más aun, en una ocasión me consultó si era conveniente calificar a los narcotraficantes de terroristas; le dije que no debía cometerse ese garrafal error y al día siguiente dio a conocer que había tomado en cuenta mi opinión y que no firmaría ningún ordenamiento legal en ese sentido. Tengo presente que le advertí lo que ocurriría y que, ahora, luego de que lo hicieron cambiar de parecer, lamentablemente está sucediendo, no sólo en México, sino también en otras partes del mundo: que con el simple señalamiento de narcoterrorista o de representar una supuesta amenaza para la seguridad de Estados Unidos, se cuenta con licencia para secuestrar, cazar y ajusticiar de manera extraterritorial a cualquier persona sin pruebas, juicio o sentencia alguna. Es como la “ley fuga” o el “mátalos en caliente”, la más abominable violación a los derechos humanos. Aquel Donald Trump, en un acto público que celebramos en la Casa Blanca, reconoció que los migrantes mexicanos eran trabajadores y contribuían al desarrollo de Estados Unidos. Por eso me intriga y me pregunto: ¿Por qué cambió tanto, en pocos años, el presidente Trump? Se podría responder que son otros tiempos y cambiaron las circunstancias; que se trata de su último mandato como presidente y que no está obligado a moderarse por no estar de por medio la reelección; o que sencillamente no ejerce como antes su liderazgo de manera directa y depende con mayor frecuencia en la toma de decisiones de sus inexpertos, resentidos y fanáticos consejeros, que no son precisamente hombres de Estado.
No creo en lo primero; es decir, en el cambio de circunstancias, porque en el caso de México, la presidenta Sheinbaum ha sido eficiente, responsable, prudente y respetuosa. En esencia, por sus hechos y sus obras, ha resultado la mejor presidenta de México de nuestro tiempo. Tampoco considero que el nuevo modo de gobernar del presidente de Estados Unidos tenga que ver con el fin de su mandato, porque a una persona como Trump le interesa más la historia que el cargo y no le gustaría ser recordado como responsable de una crisis económica y de bienestar social que además causara la pérdida de elecciones a su partido y, sobre todo, el ser identificado como un mandatario atrabancado que se peleó con casi todo el mundo, incluido el papa y hasta con sus vecinos de Canadá y México, nuestro querido país de donde son originarios 40 millones de personas que viven, luchan con creatividad y trabajan honradamente en Estados Unidos y que, aun agradeciendo las oportunidades que encontraron en esa gran nación, nunca podrían olvidar la lección, parafraseando a Calle 13, según la cual: “el que no quiere a su patria, no quiere a su madre”.
Más bien atribuyo el sorprendente cambio de Trump a sus falsos amigos y consejeros internos y del exterior que lo han estado embarcando en viles y siniestras aventuras. Por lo mismo, no descarto –y deseo– que el presidente Trump rectifique; ojalá que vuelva a gobernar como antes, con entusiasmo, de manera personal, no delegando lo fundamental, confiando en su juicio práctico y en su instinto certero, y que mande al carajo a las rémoras que lo rodean y azuzan, trátese de quien se trate, sean paleros, manipuladores, caciquillos, vividores, ladrones, polizontes, tinterillos, especuladores, filibusteros, potentados, trepadores o malvados. Por el bien de todos, que regrese el otro Trump.
Andrés Manuel López Obrador
Quinta La Chingada, Palenque, Chiapas, 03 junio 2026.

DdA, XXII/6367

LA MIRADA DE VICENTE DÍEZ FEIXAT SOBRE EL PUENTE DE MOSTAR



Paco Álvarez

Yo empezaba como periodista cuando él y otra gente estaban organizando el que iba a ser uno de los mayores envíos de ayuda humanitaria desde Europa Occidental a Bosnia durante la guerra de los Balcanes. Un variopinto grupo de transportistas, cooperantes y periodistas nos apuntamos a aquella expedición por carretera para transportar varias toneladas de ropa, medicinas y material escolar. Salimos desde el estadio gijonés de El Molinón y llegamos a Mostar, capital de Herzegovina, al cabo de una semana. Abría la marcha una furgoneta de alquiler que cruzó medio continente con una rosa pinzada en el limpiaparabrisas y un cartel que decía: “Humanitarna Pomôc” (Ayuda Humanitaria). Y el personal de las autopistas francesas e italianas iba levantando a nuestro paso las barreras para dejarnos pasar sin cobrarnos el peaje en algún caso, mientras intercambiábamos con ellos aplausos y toques de claxon, que son términos del idioma universal de la solidaridad humana.
Vicente fue uno de los promotores de aquella locura, de aquella hazaña en la que recorrimos el último tramo sin protección alguna, avanzando a tientas por el corredor del Neretva con un cargamento de morfina que valía más que nuestras vidas y que llevábamos escondido bajo un asiento de la furgoneta para entregar en persona al cirujano Zlakto Skikic en el hospital de Mostar. Así que cada vez que nos paraban en un control militar (sin saber si eran serbios, croatas o bosnio-musulmanes) enseñábamos nuestra sonrisa más convincente. Yo tenía 22 años, pasé miedo, pero traté de disimularlo porque iba con gente a la que admiraba y a la que sigo admirando por su irresistible capacidad para sonreír, como Vicente. Y por si no bastara la sonrisa, siempre tuvo una mirada cargada de belleza y de esperanza, de esas que sobresalen de cualquier mascarilla. De esas que te serenan cuando te asomas con él a un puente volado sobre el río Mostar.
Después de aquella hermosa locura de Bosnia, Vicente Diez Faixat, reputado arquitecto y militante endémico de la solidaridad, siguió y sigue empeñado en lo mismo: trazando líneas hacia un mundo mejor, ayudando a pie de obra a quien lo necesite de aquí o de allá (nadie mejor que un arquitecto comprometido para saber que el aquí y el allá siempre hallan líneas y puntos de encuentro). Y juraría que continúa creyendo que las fronteras no son mucho más que barreras arquitectónicas que se pueden alzar haciendo sonar los aplausos y el sonido del claxon mientras alguien las cruza con el frescor de una rosa pegado al parabrisas.

DdA, XXII/6367

¡QUÉ DESVERGÜENZA!: RUBIO LE DICE A CUBA "QUÉ HACER PARA RECUPERAR SU ECONOMÍA"


Ana Cardo

Después de la acción armada y el secuestro del presidente de la República Bolivariana de Venezuela y su esposa, perpetrados por su país y que se saldó con la muerte de un centenar de ciudadanos entre los que estuvo la guardia cubana de Nicolás Maduro Moros, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, de ascendencia cubana, nos viene con el cuento -resaltado con titular en el diario El País- de "hemos hablado con ellos y les hemos dicho lo que tienen que hacer para recuperar su economía". Se trata sin duda de un titular insultantemente provocativo. El cinismo y la desvergüenza de Rubio, tanto en esto como en seguir haciendo creer que Cuba representa un peligro para Estados Unidos con inverosímiles historietas de acechanzas rusas o chinas, es auténticamente repugnante. Para que la economía cubana se recupere sólo bastaría con que los sucesivos gobiernos estadounidenses desde el lejano 1962 no hubieran aplicado a la isla el brutal bloqueo que viene padeciendo su ciudadanía. El gobierno del actual secretario de Estado, haciendo aún más dura esa situación con un bloqueo energético y diciendo lo que Rubio ha manifestado, sólo debería merecer y de hecho merece la repulsa que la mayoría de los países del planeta viene expresando repetidamente en la asamblea de la ONU: ¡Dejen vivir a Cuba! 

DdD, XXII/6367

MÁS DE 240 MENORES ASESINADOS EN LÍBANO EN TRES MESES


Félix Población

He aquí la imagen de otra familia masacrada. Israel prosigue en Líbano, ante la indiferencia e ineptitud política y humanitaria de esta Europa nuestra sometida al Estado sionista, los mismos procedimientos de barbarie ejecutados en la Franja de Gaza con el apoyo político y militar de Estados Unidos y otros gobiernos de la OTAN. Las broncas de Donald Trump por teléfono a Netanyahu son sólo parte del abominable espectáculo que uno y otro vienen protagonizando con falsos altos el fuego, tanto en la Franja arrasada de Gaza como en Líbano. Esta familia libanesa, según nos informa Marta Maroto desde el mismo lugar en que se celebró el entierro de las víctimas, la formaban los padres y cinco hijos, personas con nombres y apellidos, algo en lo que suele insistir la excelente periodista española en cada una de sus crónicas para personalizar lo que no pasan de ser números en otras informaciones. Dice Marta que cada vez que se daban órdenes de expulsión sobre su localidad, transmitidas por el ejército israelí a través de las redes sociales, la familia Abdullah se marchaba a zonas más seguras. El pasado lunes -cuenta-, después de varios ataques contra el pueblo, la familia regresó a su vivienda pensando que el peligro había pasado. Pero de madrugada dos misiles israelíes acabaron con seis de los miembros mientras dormían. Especifica la cronista que el primer misil no explotó, pero que el segundo les calcinó, salvo a Ahmad, un niño de diez años que resultó herido y fue ingresado en el hospital sin que sepa por ahora que ya no verá más a sus padres y hermanos Lin (22 años), Ali (18), Ibrahim (9) y Julia (6). (Desconozco porqué aparecen en la imagen dada a conocer con el vídeo de la información solo seis de los siete miembros de la familia). Dado que funerarias y cementerios son también bombardeadas por los invasores, la familia Abdullah será enterrada en una necrópolis habilitada en las proximidades de Sion, con capacidad para 900 personas, en donde se hacen enterramientos para dos personas en cada hueco. Todo esto está ocurriendo -el bombardeo israelí incluso de funerarias y cementerios- bajo un ficticio alto el fuego, con un balance de 750 personas asesinadas durante el pasado mes de mayo y un total de 3500 víctimas mortales desde hace tres meses. De ellas, más de 240 son menores. Para quien escribe estas sencillas anotaciones, tomadas de la concisas, documentadas e intensas crónicas de la periodista madrileña, comprobar que el periodismo vocacional, comprometido vital y profesionalmente, libre e independiente, aún tiene voz en medio de un panorama mediático general cada vez más más mediatizado por los grupos de poder, a expensas crecientemente del bulo y su contagio como incentivo para acaparar audiencias poco escrupulosas, el amarillismo sensacionalista o la información-espectáculo, es muy reconfortante, aunque duela e indigne tanto el contenido de lo que nos cuentan periodistas free-lance tan dignos de seguimiento como Marta.

DdA, XXII/6367

UNA IA SIN REGULACIÓN SERÁ LA NUEVA BABEL

 Las primeras palabras del Papa en la encíclica denotan su intención metodológica muy al estilo de San Agustín, y así arranca: “la magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”. Una IA sin regulación será la nueva Babel

Esta foto distribuida el 25 de mayo de 2025 por The Vatican Media, muestra al Papa León XIV firmando su primera encíclica, «Magnifica Humanitas», centrada en el auge de la inteligencia artificial, en el Vaticano. Foto
Esta foto distribuida el 25 de mayo de 2025 por The Vatican Media, muestra al Papa León XIV firmando su primera encíclica, «Magnifica Humanitas», centrada en el auge de la inteligencia artificial, en el Vaticano. Foto Afp / archivo

Bernardo Barranco 

La revolución digital está redefiniendo profundamente nuestra civilización, transformando nuestros estilos de vida, trabajo, interacción, el poder y formas de gobierno. El advenimiento de una nueva era ya está en marcha, marcada por la inteligencia artificial y la conectividad. Se presentan oportunidades de empoderamiento así como desafíos éticos preocupantes. 

León XIV ha puesto el dedo en la llaga. Frente a todos los avances tecnológicos ¿dónde queda la dignidad humana? La inteligencia artificial (IA) incide ya en la vida de las personas, afecta a sus derechos, oportunidades, reputación, desarrollo y libertad. Las decisiones delicadas que repercuten en el trabajo, el acceso servicios, créditos y la reputación de las personas, corren el riesgo de ser confinadas completamente a sistemas automatizados. 

Y más aún, el gran temor del Papa y de la humanidad es el uso de la IA en la guerra y la violencia. Todos estos desafíos están plasmados en la primera encíclica de León XIV Magnifica Humanitas, que lleva como subtítulo “sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. 

El texto fue presentado el 25 de mayo en el Nuevo Salón del Sínodo. El Papa quiso fortalecer el evento, asistiendo personalmente a la presentación, flanqueado por tres cardenales, dos teólogos (uno inglés y otro congoleño) y Christopher Olah, el cofundador ateo de la empresa de inteligencia artificial Anthropic . La encíclica Magnifica Humanitas se publicó el 25 de mayo, pero está fechada el 15 de mayo, el mismo día en que León XIII publicó la encíclica Rerum Novarum en 1891. 

Hace 135 años, el papa Gioacchino Pecci dedicó su encíclica social a la revolución industrial de su tiempo. León XIV sopesó la revolución digital de nuestra época, con especial atención a la inteligencia artificial, en el centro de la reflexión de la Iglesia. Hay que recordar que dos días después del cónclave que lo eligió explicó, en su primera alocución ante 249 cardenales reunidos, que la elección del nombre papal es en homenaje a León XIII para continuar con su legado, buscando la defensa de la dignidad humana. 

Así como León XIII enfrentó problemas sociales, morales y laborales del siglo XIX, en la actualidad la humanidad encara la revolución digital y en especial la inteligencia artificial. ¿En 1891, el catolicismo corría riesgos? ¿La nueva burguesía industrial no era incondicional a la iglesia católica? Recordemos que hubo un tercero en discordia: el socialismo. Por ello, Rerun Novarun es en el fondo un planteamiento antimoderno contra un capitalismo voraz y un socialismo acechante entre, especialmente, la clase obrera. 

¿En la actualidad, la fe católica corre riesgos con la revolución digital? En principio sí. La IA no tiene credo, alma ni compasión según el Papa. La IA no es neutra: responde a grandes intereses de tecnoempresarios insaciables y ambiciosos. Hablamos del selecto grupo de magnates de Silicon Valley. Ahí están Apple, Google, Meta, Facebook, Nvidia y Netflix, entre otros. Varios de estos monarcas de la tecnología apoyan decididamente a Donald Trump como los multimillonarios Elon Musk y Peter Thiel. 

Este último, fundador de Palantir, durante una serie de conferencias recientes en Roma, llamó a León XIV “hereje y anticristo” porque sus condenas impiden el pleno desarrollo de las nuevas tecnologías. Por su parte, el papa Prevost, en su encíclica, critica abiertamente los postulados y modelo tecnológico de oligarcas como Thiel, abogando por “desarmar la IA” y defendiendo que ésta no puede dominar al ser humano ni desvanecer su dignidad. Por cierto, Peter Thiel es mentor del vicepresidente JD Vance. 

Otro riesgo es el apoyo a Trump y las empresas tecnológicas por parte de cristianos evangélicos fundamentalistas con gravitación política. Es claro que una facción de estos radicalismos religiosos apoyó a Trump en la guerra contra Irán: nos referimos a los cristianos sionistas de Estados Unidos. Recordemos que el papa León XIV sabe de lo habla: tiene una formación en ciencias exactas. Robert Francis Prevost, antes de ingresar a la vida religiosa, obtuvo una licenciatura en Ciencias Matemáticas por la Universidad de Villanova en 1977. 

Las primeras palabras del Papa en la encíclica las llama imágenes bíblicas que acompañan todo su texto, denota su intención metodológica muy al estilo de San Agustín, y así arranca: “la magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”. Una IA sin regulación será la nueva Babel. 

También se rememora el acercamiento a la teoría de la dualidad, desarrollada por los sociólogos Anthony Giddens y Pierre Bourdieu, en los años ochenta del siglo pasado. Filtraciones indican que el capítulo cinco fue modificado a raíz de las confrontaciones provocadas por las bravatas de Donald Trump contra León XIV. 

El pontífice es tajante contra el uso de lo religioso para justificar la guerra y la violencia. En la guerra, la cuestión no se refiere únicamente a la eficiencia de los nuevos el instrumentos, sino al riesgo de que la tecnología, separada de la ética, sea más destructiva en decidir sobre la vida y la muerte. Hay muchísimos puntos que se quedan en el tintero. La Iglesia ha tocado la fibra civilizatoria de la tecnología como instrumento sagrado de la civilización actual. El Papa y la iglesia católica están en riesgo, se exponen a campañas negativas en las redes y la conformación de narrativas negativas y desprestigio. Lo veremos…

LA JORNADA MX  DdA, XXII/6367

miércoles, 3 de junio de 2026

CONFUNDIÓ LA DEMOCRACIA CON EL DERECHO A PROTESTAR


Francisco Luis M. Brasero

La culpa fue de la profesora y de la camiseta verde.
La culpa fue de la profesora. Más aún, siendo profesora, debería haberlo sabido. A estas alturas resulta imprudente salir a la calle con una camiseta verde para defender la educación pública. Hay códigos no escritos que conviene conocer. Si hubiera acudido envuelta en una bandera preconstitucional, gritando consignas ultras o luciendo una esvástica, probablemente nadie la habría confundido con una amenaza. Pero apareció vestida con una camiseta verde de profesora.
Las imágenes muestran a una jubilada en el suelo con el tabique nasal roto. Sin embargo, conviene no precipitarse. Antes de juzgar hay que analizar el contexto, estudiar los protocolos, escuchar todas las versiones y redactar diecisiete artículos explicando que quizá la gravedad no estaba en el empujón, sino en la peligrosa actividad que desarrollaba la víctima. Porque enseñar nunca ha dejado de ser sospechoso para ciertos sectores.
Especialmente enseñar a pensar.
Lo curioso es que en este país uno puede encontrarse manifestaciones donde desfilan neonazis, fanáticos y nostálgicos de la camisa azul sin que cunda semejante alarma. Ahí suele respirarse un ambiente más relajado. Más cordial. Más paciente. Como si el odio formara parte del paisaje y una profesora jubilada representara una amenaza para la seguridad nacional.
Será casualidad. O quizá algunos siguen sintiéndose más cómodos con los grises del pasado, aunque ahora lleven otros uniformes, que con quienes preguntan por qué faltan recursos en las aulas. Quién sabe.
Y, por supuesto, tampoco conviene descartar la explicación científica. Siempre aparece alguien dispuesto a invocar complejas leyes de la física para demostrar que las lesiones no las provoca un golpe, sino una desafortunada interacción entre la masa corporal, la aceleración, el pavimento y la mala suerte.
Lo único seguro es que la profesora cometió un error imperdonable. Confundió la democracia con el derecho a protestar.
Y salió con una camiseta verde cuando quizá habría estado más segura disfrazada de fascista.

DdA, XXII/6366

NICANOR PIÑOLE Y JOSEPHINE BAKER EN GIJÓN


Lazarillo

El pintor gijonés Nicanor Piñole, a quien tuve el gusto de conocer en su ancianidad, estuvo en París en su juventud, como todo artista que se preciase en aquel tiempo, y allí tuvo oportunidad de ver a la cantante, bailarina y actriz Josephine Baker. Lo que quizá no pensaría entonces es que, pasado el tiempo, cuando el pintor rebasaba los cincuenta años, la mítica Venus de Bronce visitara su villa natal y Piñole tuviera oportunidad de asistir al espectáculo que en funciones de tarde y noche ofreció Baker en el viejo teatro Dindurra el sábado 29 de marzo de 1930, siete años antes de que fuera bombardeado por la aviación cuando Gijón ya no ofrecía ninguna resistencia al avance de las tropas sublevadas en 1936. Dos apuntes hizo Piñole desde su butaca que ha tenido el acierto de rescatar mi estimado Luis Miguel Piñera, cronista de Gijón, como acuarelas en color para su artículo sobre la presencia y actuación de Josephine Baker en la ciudad. "La artista de príncipes y emperadores cuyo nombre hace eco en cinco partes del mundo", según la describió el diario local El Noroeste, se hospedó en el hotel Savoy, en la calle Corrida, y tenía entonces 24 años. Piñera califica de acontecimiento la actuación de la celebérrima artista en el Dindurra. Mi padre, chico de los recados en una tienda de ultramarinos de la calle San Bernardo, fue uno de los muchos adolescentes que se conformaron repetidas veces con ver los carteles del espectáculo.

DdA, XXII/6366

"¡DEJEN VIVIR A CUBA!", ESCUCHÓ MARCO RUBIO EN EL SENADO



Ana Cardo

Ayer se escucharon voces humanidad en la audiencia del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos. Comparecía Marco Rubio y se le dijo que dejara de matar cubanos, que dejara vivir a Cuba. El secretario de Estado de Donald Trump escuchó en directo que las sanciones de su país contra la isla están asesinando a personas en Cuba. Se trataba de integrantes de la organización pacifista CodePink. “El papa León dijo ‘Dejen vivir a Cuba’, gritó el activista Tighe Barry, quien acudió a la audiencia con vestimenta religiosa. “Arrepiéntete, arrepiéntete Marco Rubio» y “Dios perdonará tus pecados”, se escuchaba mientras era extraído por agentes del orden fuera del recinto. Mientras millones de cubanos soportan apagones, escasez de combustible y medicamentos, y las consecuencias diarias de un asedio económico de décadas, los funcionarios estadounidenses continúan defendiendo políticas que hacen la vida más difícil para la gente común, acotó Medea Bejamin en su cuenta en X. “Marco Rubio nunca ha tenido que vivir un apagón que dura días, nunca ha tenido que preguntarse si un hospital tendrá los suministros que necesita. Los cubanos sí. Deja vivir a Cuba”, subrayó el texto que acompañó el video de la protesta. En la sesión, el secretario de Estado repitió, en respuesta a preguntas de los legisladores, las mismas calumnias que forman parte del discurso contra Cuba. Acusó falsamente a la isla de «patrocinar el terrorismo» y de albergar supuestas bases de inteligencia de China y Rusia, algo que de forma categórica ha rechazado La Habana. Desde el retorno a la Casa Blanca de Trump, en enero de 2025, apretó las clavijas del bloqueo contra Cuba, que ha alcanzado niveles sin precedentes a partir del 29 de enero tras decretar en una orden ejecutiva un cerco energético que priva al país de los suministros de petróleo, mientras escalan las amenazas de una eventual agresión militar.



DdA, XXII/6366

NO HAN TIRADO AL SUELO A UNA PROFESORA JUBILADA SINO A TODAS LAS PROFESORAS

El titular pertenece a un ciudadano que lo ha compartido por las redes. Si tengo que elegir quién va a retrasar mi llegada al trabajo -escribe Javier Erro en El Salto-, ojalá sea una profesora jubilada que está peleando por sus compañeros y compañeras de profesión. Ojalá cada interrupción de mi tiempo tuviese como fin la colectividad y el refuerzo de lo público, ojalá poder elegir sacrificar nuestra paz por una mejora de la vida que vivimos. “La calle es de todos”, sí, pero también “la educación es de todos”, y también se está viendo estorbada y entorpecida por la privatización y los recortes. Necesitamos pensar en qué estorbos estamos dispuestos y dispuestas a aceptar, y entre cuáles de ellos distribuir nuestro sentimiento de indignación. 



Javier Erro

La huelga del profesorado lleva varias semanas siendo masiva, el seguimiento es un éxito y el apoyo social es prácticamente total. Puede verse en todas partes un hormigueo de manifestaciones, gritos y cortes de tráfico, es difícil no escuchar sus pitidos y silbidos, ver sus pancartas colgadas, encontrarse grupos andando con camisetas verdes… Valencia hierve. Sin embargo, las negociaciones no avanzan, algunos de los sindicatos han decidido ignorar a las asambleas de docentes y firmar un acuerdo a cambio de migajas, quienes se están movilizando señalan el cansancio, la dificultad para sostener tanta lucha, el esfuerzo de tener que paralizar la ciudad cada día… Y de repente esto.

Una profesora jubilada cortando la calle, andando despacio, visiblemente tranquila. Un policía pasa por su lado, le empuja y cae al suelo, de boca, de cara, de cuerpo entero, teniendo como resultado el tabique nasal roto y puntos de sutura en la barbilla. La noticia ha corrido como la pólvora y sabemos por qué: se trata de un acto de violencia gratuito, innecesario y por la espalda, de una injusticia evidente. La rabia retuerce el cuerpo de cualquiera que lo vea. 

Leo en los comentarios de un periódico local: “la calle es de todos, no tienen derecho a interrumpir el tráfico”. Creo que refleja una determinada idea del espacio público como un lugar en el que nadie molesta, estorba ni interrumpe. Idea imposible, no solo porque es evidente que, de hecho, nos molestamos mutuamente, sino porque el espacio público puede considerarse como un lugar concebido precisamente para molestarse, y si tengo que elegir quién va a retrasar mi llegada al trabajo, ojalá sea una profesora jubilada que está peleando por sus compañeros y compañeras de profesión.

Ojalá cada interrupción de mi tiempo tuviese como fin la colectividad y el refuerzo de lo público, ojalá poder elegir sacrificar nuestra paz por una mejora de la vida que vivimos. “La calle es de todos”, sí, pero también “la educación es de todos”, y también se está viendo estorbada y entorpecida por la privatización y los recortes. Necesitamos pensar en qué estorbos estamos dispuestos y dispuestas a aceptar, y entre cuáles de ellos distribuir nuestro sentimiento de indignación. 

Al día siguiente leo que el policía va a ser expedientado, y por supuesto, hay una parte de mí que se alegra. Pero hay otra que va más allá de la búsqueda de castigo. Es el cariño, el calor o el afecto que siento por quienes protestan, y que no solo me lleva a indignarme por las agresiones que reciben, sino también a que me enorgullezca de esos enjambres vestidos de verde que están electrificando la ciudad.

Cada pelea produce una comunidad afectiva, un núcleo de malestar y daño que al organizarse se convierte en un cierto tipo de amistad. Pero esta comunidad no está formada únicamente por las personas que pelean de manera activa o visible, sino también por cualquiera que sienta que lo social es la casa en la que vive, una casa necesaria, una casa importante. Cuando la profesora cae contra el suelo, la sociedad cae con ella. Cuando el policía le empuja por la espalda, nos está empujando a todo el mundo, rompiendo nuestro tabique nasal, hiriendo nuestra barbilla.

Creo que la fuerza no solo proviene de la rabia, sino también del cariño. La agresión policial no solo nos revuelve por su arbitrariedad, sino porque nos gustaría que alguien les dijese a todas esas personas que están peleando que lo que están haciendo es importante y necesario, que sentimos un tremendo orgullo por ellas, que les animamos a seguir cortando las calles y a colgar las pancartas que quieran. La ciudad es nuestra. La cedemos como la cedimos a las víctimas de la DANA y a cualquiera que la solicite para amplificar el carácter compartido de la vida.

Me gustaría cambiar la frase de antes: “la calle es de todos, y precisamente por eso podemos decidir si se utiliza para el tráfico o para la reivindicación, para el transporte o para la celebración, para moverse o para encontrarse”. ¿Qué mundo hemos creado en el que es más importante defender el paso de unos pocos coches que la educación pública o la integridad de una profesora jubilada?

Pido un momento de reflexión, no quiero que la siguiente frase se lea a la ligera. Alguien está, ahora mismo, luchando por mejorar la sociedad en la que tú y yo vivimos. No lo pasemos por alto, ni lo demos por sentado, porque cuesta una enorme cantidad de esfuerzo. En esta huelga, como en todo movimiento reivindicativo, se pone en juego mucho más que lo meramente reivindicado. No solamente se está dirimiendo la cuestión de los sueldos o las ratios escolares (que también), sino también lo que tiene cabida, o no, en la vida en común. Pero solo con la rabia no podremos participar, necesitamos también un profundo sentimiento de calor y afecto, una costumbre de abrazar a quien nos hace sentir orgullo y rema a nuestro favor. De hecho, este afecto, por sí mismo, supone ya una cierta propuesta, un esbozo de mundo.

Hay un vídeo en el que se muestra el momento en que la profesora, después del empujón, se levanta y recibe un largo abrazo por parte de un compañero. La cámara capta su expresión asustada y confortada al mismo tiempo. Es un abrazo que todo el mundo querríamos dar y recibir en esas circunstancias. Dolor y amor, todo junto. Eso somos.

EL SALTO  DdA, XXII/6366