Diario del Aire
miércoles, 24 de junio de 2026
GOLPES DE CALOR EN CENTRO NIEMEYER DE AVILÉS
CON LAS AUTORAS DE "UNA MUJER CONTRA LOS TALIBANES": CÓMO SE CONSTRUYE LA OPRESIÓN
DdA, XXII/6388
LAS LECCIONES DE LA HISTORIA QUE SIGUE NETANYAHU: GENGIS KHAN ANTES QUE CRISTO
Ana Cardo
En un polémico discurso pronunciado cuando se inició el ataque el pasado 28 de febrero, Benjamin Netanyahu quiso justificar la guerra de su país y Estados Unidos contra Irán. Para ello, el premier israelí señaló que Cristo no tiene ninguna ventaja sobre el conquistador Gengis Khan, considerado uno de los sujetos más sanguinarios de la historia. “La historia demuestra que, desafortunadamente e infelizmente, Jesucristo no tiene ninguna ventaja sobre Gengis Khan, porque si eres lo suficientemente fuerte, despiadado y poderoso, el mal se convierte en bien y la agresión se convertirá en moderación". Así que, según el genocida del pueblo palestino, "no tienes opción si ves al mundo como es actualmente: tendrías que estar ciego para no ver que las democracias, lideradas por los Estados Unidos, deben retomar su voluntad para defenderse a ellas mismas”. Netanyahu detalló que los “bárbaros”, en referencia a las fuerzas iraníes, no se quedarán a las puertas de sus ciudades, sino que intentarán derrotarlos para imponer sus estilos de vida. Este es el momento en el que estamos ahora. El hecho de que la gente no lo vea, de que los medios que fabrican noticias falsas no vean la lucha histórica en la que estamos, no significa que no exista”, concluyó. Las palabras de Benjamin Netanyahu aluden una vez más al libro Las lecciones de la historia, de Ariel y Will Durant, publicado en 1968, en el que se defiende el hecho de que los más violentos suelen imponer su ley. No es la primera vez que el político israelí se refiere a este libro. En 2023 ya había hecho una referencia, al señalar que no se podía derrotar a Hamás solo con buenas intenciones. Lo idóneo es lo que está haciendo: un genocidio, ratificado por la ONU al afirmar que se asesinó a menores palestinos con tal propósito.
DdA, XXII/6388
¿TOCA REZAR POR NUESTROS MONTES UN AÑO DESPUÉS?
Félix Población
Al poco de que fuera noticia el proyecto del Gobierno de construir una nueva central hidroeléctrica reversible llamada Valdepiélago en el Valle del río Curueño, se produjo en el Pico Muela, en las proximidades de la citada localidad de la Montaña Central de León, un incendio forestal, originado al parecer por un rayo durante la tormenta que nos sorprendió muy cerca del lugar en la madrugada del pasado lunes.
Quienes conocemos y disfrutamos de ese valle, al que Julio Llamazares prestó relevancia literaria a pie de ruta (El río del olvido), sentimos preocupación -creo que justificada- tanto ante la posibilidad de que esa central eléctrica vaya adelante como ante el riesgo de incendios que amenaza cada verano la montaña leonesa en general y el Valle del Curueño en particular, especialmente sugestivo por sus especies protegidas, sus hoces calizas y la espesura de sus magníficos bosques de ribera.
Si entonces se gestionó mal la prevención y el auxilio a las zonas arrasadas, con tres víctimas mortales entre los agentes y operarios forestales, la falta de medidas tomadas por el anterior y el nuevo y reciente gobierno de Castilla y León (con Vox incorporado al mismo), nos hace temer que pueda repetirse lo ocurrido en 2025.
Otra vez se volverían a redactar los mismos titulares alarmistas en los periódicos y telediarios, quizá con nuevas pérdidas de vidas humanas, porque el que debería ser uno de los asuntos que, junto a la sanidad en el ámbito rural -con las consultas telefónicas cada vez más espaciadas-, más atención preventiva debería merecer por parte del ejecutivo del presidente Mañueco, se tradujo en un cambio de consejería en el nuevo gobierno para el titular de Medio Ambiente que tan nefasto papel tuvo en los años anteriores, con las mayores superficies quemadas en la historia de la comunidad.
La ciudadanía de esta comunidad unitariamente forzada y que preferentemente votó al partido gobernante en la anterior legislatura, podría tal vez mal-consolarse observando que un gobierno como el de Extremadura, formado también por el partido Popular y Vox, sextuplicó el presupuesto dedicado al espectáculo y tortura de un toro, pasando de 30.000 a 180.000 euros.
Aquí al menos no se ha llegado de momento a eso -espérate a ver-, pero sí a que varios sindicatos sigan alertando de que la disponibilidad de medios para combatir el riesgo de incendios sigue siendo insuficiente, algo que con el precedente del año pasado debería indignar. Con esa insuficiencia, y más temprano que nunca, ya tenemos fuego en nuestros montes.
DEFENSA DEL VALLE DEL CURUEÑO
David Henales
HERALDO DE LEÓN DdA, XXII/6388
CÉSAR ANTONIO MOLINA, ZAPATERO Y LA UNIDAD DEL ARCHIVO DE LA GUERRA CIVIL
Un artículo reciente de César Antonio Molina en The Objetive sobre su relación con Zapatero (Zapatero y yo, 14 y 15 de junio de 2026) ha logrado el aplauso y la difusión de los medios de la trinchera, a los que gusta ver cómo uno de sus exministros le cubre de gloria hablando de su "impericia" para gobernar y de su carencia total de valores morales. Y más aún le aplaude el coro mediático local cuando critica la restitución de los documentos incautados durante la Guerra civil a sus propietarios de Cataluña, País Vasco, Asturias y otros lugares. Unos fondos depositados en el llamado Archivo de la Guerra civil de Salamanca, que cohabita con el Centro Documental de la Memoria Histórica. Que diga Molina ahora, habiendo sido ministro de Zapatero, que trató de frenar ese proceso es muy poco elegante, sobre todo echando mano de burdos tópicos, verdades a medias y olvidos flagrantes. NO es propio de un socialdemócrata, como dice ser, ni siquiera de una demócrata.
Luis Castro
Que al presidente Rodríguez Zapatero, inmerso
en su charca judicial, le lluevan zarpazos de la oposición tiene su pase. No
tanto que individuos que en su día fueron de su entorno y cuya carrera política
fue amparada por él, ahora le ataquen zafiamente.
Un artículo reciente de César Antonio Molina
en The Objetive sobre su relación con Zapatero (Zapatero
y yo, 14
y 15 de junio de 2026) ha logrado el aplauso y la difusión de los medios de la
trinchera, a los que gusta ver cómo uno de sus exministros le cubre de gloria
hablando de su "impericia" para gobernar y de su carencia total de
valores morales. Y más aún le aplaude el coro mediático local cuando critica la
restitución de los documentos incautados durante la Guerra civil a sus
propietarios de Cataluña, País Vasco, Asturias y otros lugares. Unos fondos
depositados en el llamado Archivo de la Guerra civil de Salamanca, que cohabita
con el Centro Documental de la Memoria Histórica.
Molina era ministro de cultura cuando empezó
ese proceso, gestionado por su departamento, y hubiera debido asumirlo (o
dimitir, si tan mal lo veía), de modo que es muy poco elegante que ahora diga
que trató de frenarlo y que intente justificar su actitud echando mano
de burdos tópicos, medias verdades y olvidos flagrantes.
- Molina
invoca una vez más la supuesta "unidad del Archivo" rota con la
restitución, mantra que movilizó en su momento al votante españolista del
interior, haciéndole creer que estaba en juego poco menos que la
integridad de España frente al separatismo. Pero alegar eso es tanto como
ignorar qué es un archivo y cuál fue el origen y la función del que
hablamos. El Archivo de la Guerra civil se formó a partir de la
incautación de documentos de particulares e instituciones (ayuntamientos,
partidos, sindicatos) por parte del ejército de ocupación franquista en
zonas "desafectas al Movimiento Nacional", para
"suministrar al Estado información referente a la actuación de sus
enemigos", según el decreto oficial que está en su origen. Es decir, hablamos
de un archivo con finalidad policiaco-represiva, del que salió el
gigantesco fichero de antecedentes políticos depositado en Salamanca, al
que no tuvieron acceso los investigadores hasta finales de los años
setenta. Su formación supuso la ruptura, cuando no la destrucción, de los
archivos de origen, de muy distintas procedencias, con el fin de formar
un totum revolutum al
que solo con mucha imaginación cabe llamar "Archivo de la Guerra
civil"
- En
tiempos de Molina se creó un patronato del archivo. Así lo recuerda él,
pero silencia que el comité de expertos nombrado por ese patronato apoyó
el traslado de los documentos por muy amplia mayoría, considerándolo
"justo y legítimo". Incluso la Asociación de archiveros de
Castilla y León criticó el “enfrentamiento irresponsable entre comunidades
autónomas”, mientras pedía una solución consensuada y una mayor atención
al propio patrimonio documental de Salamanca y de la región, que consideraban
abandonado. Qué raro, pensó más de uno, ¿cómo es que se preocupan tanto
por los fondos catalanes cuando se descuidan los de aquí?
- Hablar
del asunto como mera iniciativa de "independentistas catalanes y
vascos" es simplificar demasiado, como limitarlo al burdo interés
electoral por parte de Zapatero. Si finalmente salió una ley en el
Congreso para la restitución de los documentos fue porque había consenso
político más amplio, del que salieron también la primera Ley de Memoria
histórica y los inicios de una ya tardía política de memoria democrática.
El PP y la Junta de Castilla y León obstruyeran cuanto pudieron el proyecto
y sacaron sus masas a la calle pulsando irresponsablemente el botón del
anticatalanismo y de la "unidad de España", pero sus recursos
judiciales chocaron con varias sentencias avaladoras del proyecto, una de
ellas del Tibunal Constitucional. Y no faltaron masivas
manifestaciones de signo contrario y mucho más legítimas, pues se
limitaban a reivindicaban lo que era suyo.
Es más que probable que Zapatero captara la
escasa fiabilidad de un ministro que boicoteaba la agenda política de la que
era responsable, lo que parece razón más que suficiente para su destitución (y
no la melonada de tener una mujer con "glamur" en el gobierno, como
dice Molina en su artículo, empeñado en presentar a Zapatero como frívolo y sin
altura intelectual).
Por lo demás, la ejecutoria posterior de Molina
le muestra como típico espécimen de lo que Gregorio Morán llamó el
"mandarín" intelectual: el literato o periodista que, habiendo
protagonizado la vida cultural en ciertos momentos desde posturas más o menos
progresistas, evoluciona hacia un derechismo bronco y mal encarado, implacable
con el "independentismo", la izquierda "comunista" y el
"sanchismo". Un exministro que se define como
"socialdemócrata", pero que en este caso no llega ni a demócrata.
DdA, XXII/6388
martes, 23 de junio de 2026
LA NUEVA PROPIEDAD PRIVADA EN CUBA: 15 REGLAS CONTRA LA INFLACION Y EL ABUSO
CUANDO LAS FUERZAS DEL ORDEN DISPARARON A MATAR EN LA ASTURIAS DE LA TRANSICIÓN
El Gobierno ha presentado un informe sobre vulneraciones de derechos humanos a personas por su lucha por la consolidación de la democracia para reparar la memoria de las víctimas mortales de los abusos policiales cometidos durante la Transición (entre 1979 y 1983), en el que incluye un listado de 63 víctimas mortales, dos de ellos, un camionero en Oviedo y un estudiante de 19 años en Gijón, fueron asturianos.

Diego Díaz Alonso, Nortes
Una comisión impulsada por el Gobierno sobre vulneración de derechos humanos entre 1979 y 1983 ha identificado a 63 víctimas de la extrema derecha o de fuerzas de seguridad en el periodo inmediatamente posterior a la aprobación de la Constitución, dos de las cuales murieron en Oviedo/Uviéu y en Xixón por la actuación de la Guardia Civil y la Policía Nacional, respectivamente. La primera de las víctimas registrada en Asturias es el transportista Valeriano Martínez Pérez, de 41 años, quien murió en Oviedo/Uviéu el 19 de septiembre de 1979 en el contexto de una huelga del ramo.
Casado y con tres hijos, Martínez Pérez formaba parte de un piquete y recibió un disparo de un cabo de la Guardia Civil en un forcejeo entre camioneros y la escolta de un convoy, en el barrio de La Tenderina, cuando los huelguistas trataban de bloquear los accesos a la capital asturiana.
Según la crónica los camioneros en huelga lanzaron piedras y trataron de pinchar un camión de la Central Lechera Asturiana, empresa que había despedido días atrás a varios transportistas. Fue en este contexto en el que la Guardia Civil abrió fuego contra el camionero ovetense, que fallecería horas más tarde en el hospital a consecuencia de las heridas de bala. Nadie sería juzgado ni condenado por el caso.
La huelga de los transportistas asturianos, agrupados en la central Cesintra, sería uno de los conflictos más largos y violentos de la Transición asturiano. Los trabajadores, autónomos, exigían mejores precios o ser contratados como empleados por las principales empresas asturianas, ENSIDESA, HUNOSA y Central Lechera.
En el piquete serían detenidos dos líderes huelguísticos, uno de ellos, Alejandro Bárcenas, militante socialista, expulsado de la FSA-PSOE por sus críticas a la falta de apoyo a la huelga del Consejo Regional de Asturias y de la UGT. Tras las movilizaciones de los trabajadores sería puesto en libertad.

Si algo llama la atención de las crónicas periodísticas de esos días es la falta de solidaridad con la huelga, así como la nula exigencia de responsabilidades por el asesinato del trabajador. Ha tenido que pasar casi medio siglo hasta que su memoria sea reparada.
Estudiante gijonés asesinado por la policía
La segunda víctima registrada en Asturies es el joven Juan Abel Muñiz Corral, de 19 años, quien también murió por impacto de bala en la avenida Galicia de Xixón, en el Natahoyo, a primeras horas de la madrugada del 13 de mayo de 1981, cuando un agente de la Policía Nacional, de paisano, realizó varios disparos, uno de los cuales alcanzó mortalmente al estudiante, después de que este se negara al requerimiento de su documentación para su identificación.
Como en el caso del transportista llama la atención el poco interés despertado por el suceso en los medios, así como la ausencia de condenas o peticiones de explicaciones a un claro caso de abuso policial.
Informe
No fueron caso aislados. En su informe la comisión reconoce un total de 63 víctimas -dos de ellas en el primer año del Ejecutivo socialista de Felipe González- siguiendo dos criterios: que los casos acabaran en muerte y que ocurriera en un contexto de violencia por motivaciones políticas.
En concreto, hay 34 víctimas de actuaciones de la extrema derecha y 29 de excesos policiales entre el 29 de diciembre de 1978 (la fecha de entrada en vigor de la Constitución) y el 31 de diciembre de 1983, todas ellas acordadas tras un intenso debate en el seno de la comisión, prevista en la Ley de Memoria Democrática de 2022 y presidida por el secretario de Estado, Fernando Martínez.
La mayoría de víctimas son de 1980 (28 casos), seguido de 1979 (22 casos), 1981 (9 casos), 1982 (tres casos) y 1983 (un caso).
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Nota Asturias Laica
Informe en el blog: De un joven de 15 años a un niño de 2 tiroteados por la Guardia Civil: la lista de víctimas de abusos policiales y grupos ultras en la Transición (incluye listado).
DdA, XXII/6387
OYE, JUEZ PEINADO, ¿ESTO NO ES UNA MOFA DE LA PROPIA JUSTICIA?
Lazarillo
Las semanales intervenciones en el programa A vivir que son dos días del escritor Juan José Millás, que se acaba de estrenar con la lucidez que le caracteriza en la edad octogenaria, nos suelen sorprender a la temprana hora de la mañana en la que habla en la Cadena SER por las consideraciones sagaces que en ocasiones hace a propósito de la actualidad. La actualidad este pasado fin de semana estuvo marcada por el despropósito del juez Peinado al solicitar de la esposa del Presidente del Gobierno la entrega de su pasaporte, habida cuenta la posibilidad barajada por el magistrado de que los funcionarios policiales pudiesen facilitar la fuga de Begoña Gómez del país. Las declaraciones de Peinado, incluidas en una resolución judicial y aludiendo en concreto a los escoltas de la señora Gómez, han sido motivo para que el Consejo del Poder Judicial abra un expediente disciplinario al juez, un proceso que si al final acabase en sanción podría pillar a Peinado disfrutando de su jubilación, dado que en septiembre pasará a ser pensionista. Millás dijo en la SER que está muy sorprendido de que los jueces no tengan jefes, porque de tenerlos alguien le habría dicho a Peinado: Oye, Peinado, ¿esto no es una mofa de la propia justicia?. Pronto, de seguir así algunos magistrados*, ese casi 50 por ciento de la población que ya cree que la justicia no es imparcial, rebasará la mitad de la ciudadanía. Sería más que grave para el porvenir de la democracia.
*A Aldama, la corrupción le sale a devolver. Caso inédito en un corrupto. Artículo de Nacho Escolar.
DdA, XXII/6387
IMPAGABLE LABOR DEL JUEZ PEINADO PARA EXPLICAR ESTE TIEMPO
La labor del juez Peinado con el caso de la esposa del Presidente del Gobierno, a partir de unos recortes de prensa presentados por un sindicato ultra que resultaron ser falsos, resultará impagable para explicar este tiempo que vivimos, comenta Tecé. Un tiempo en el que casi la mitad de la población considera que la justicia no actúa de modo imparcial. Peinado, al que ha abierto expediente el Consejo del Poder Judicial, está satisfecho con su trabajo ha cerrado el caso de su vida, subraya el articulista. Ese en el que intentó responder a qué huelen las nubes, a qué huelen las cosas que no huelen y si la sospechosa falta de olor es un indicio imputable.
Gerardo Tecé
Tengo un amigo que es un prestigioso jurista con el que me río más que aprendo. No es que aprenda poco, es que me río mucho. Hasta hace unas semanas, mi amigo, fervoroso defensor y creyente de la Justicia, defendía que Peinado era un juez de dudosa calidad técnica, sin más. Hasta me ponía ejemplos futboleros para que lo entendiese: un Chygrynskyi en el Barça, un Gravesen en el Real Madrid. Un tipo que de verdad cree en lo que hace, solo que lo hace con tal torpeza que levanta sospechas, me decía. Un accidente puntual en el generalmente virtuoso mundo de la judicatura. Los amantes pasajeros en la filmografía de Almodóvar, un disco de Pitingo que no nace con el ánimo de joder a nadie: al autor le suena bien. Un tipo que había logrado llegar al final de su carrera como juez mediocre y que, debido a cierta desinhibición, se jubilará siendo ejemplo para los alumnos de Derecho que quieran saber cómo no deberían conducir una instrucción, defendía mi amigo. El pasado viernes, tras conocerse que Peinado le había imputado a primera hora de la mañana un par de nuevos delitos a Begoña Gómez –terrorismo o falsificación de obras de arte, ya no recuerdo cuáles eran las ofertas last minute– y que, al cabo del rato, ya no consideraba que hubiera cometido tales delitos –no encajaban bien con el plan de un jurado popular, dicen los expertos–, mi amigo me llamó. Te reconozco que estoy empezando a tener dudas porque hasta Chygrynskyi sabía que la pelota era redonda. Como siempre, nos acabamos riendo un rato.
Mientras el CGPJ expedienta a Peinado –también en El Padrino Sonny apaliza a su cuñado para que guarde las formas– por decir que la mujer del presidente podría fugarse de España con ayuda de la policía, conocemos una encuesta. La mayoría de los ciudadanos de este país cuestiona la imparcialidad de la Justicia. El 47,8% considera que la Justicia no actúa de forma imparcial en España, frente a un 34,9% que cree que jueces y fiscales siempre son objetivos. Y que Arriba España, coño, añaden los últimos. La mayoría de encuestados, además, siente que la Justicia, por lo que sea, tiende a inclinarse hacia la derecha. ¿De dónde se sacará la gente estas conclusiones? El deterioro social de la Justicia, institución respetada por la mayoría absoluta de la población hace no tantos años, es hoy evidente. No era fácil que esto sucediese. No hay una línea directa entre lo que ocurre en los tribunales y la cola de la panadería, pero los jueces más descarados del planeta y de la historia han permitido que la gente se haga una buena idea de lo que se mueve políticamente en esos despachos. Tanta pedagogía es de agradecer.
El origen del caso Begoña Gómez arrancó por unos recortes de prensa presentados por un sindicato ultra. Aquellos recortes se demostraron falsos, pero las continuas ampliaciones de la investigación se convirtieron en el sello de Peinado. Luego, las conclusiones más exóticas. Tras eso, las visitas a La Moncloa o las negativas a permitir que el presidente ejerciese su derecho a declarar por escrito, sin una cámara delante. Continuas filtraciones de la investigación que nunca eran investigadas –oh, dios mío, en España se filtra– o intentos de imputaciones de ministros que sus propios compañeros de carrera tenían que frenar, recordándole a Peinado que se necesitan indicios para imputar a alguien. Los cierres de las vías de investigación. Las reaperturas cortando un lacito con la bandera de España y la banda municipal tocando por Manolo Escobar. Las advertencias de detención a la mujer de un presidente democráticamente elegido si esta no se presentaba el sábado a las diez en el juzgado o en misa de doce. La retirada del pasaporte para evitar el supuesto de que la policía, sanchista como todos sabemos, se alíe con la delincuente Gómez preparando la gran huida a Brasil y dejando así impunes los más terribles delitos. Cayéndose de los maletines fajos de mails personales enviados por una secretaria o lingotes de software universitario. Quizá Begoña no robó en el sentido estricto del asunto, pero en la calle se le llama corrupta. Cuando se convirtió en mujer del presidente y la gente la percibía como mujer de un presidente, cada buenos días recibido está bajo sospecha de tráfico de influencias. Anda anonadada Ana Botella. Peinado, satisfecho con su trabajo, cierra el caso de su vida. Ese en el que intentó responder a qué huelen las nubes, a qué huelen las cosas que no huelen y si la sospechosa falta de olor es un indicio imputable.
Probablemente Peinado crea pasar a la historia de España como salvador de algo, pero lo hará por algo diferente. Su macrocausa –podemos llamarla así tras haberse extendido en el tiempo tanto como las investigaciones contra el narcotráfico gallego en los noventa o los atentados del 11M a principios de milenio– ha sido en demasiadas ocasiones polémica, repiten hoy columnas y editoriales, incluso en la prensa de derechas tras el señalamiento de Peinado a la escolta policial. Hablando de prensa de derechas, El País denuncia que la actuación de Peinado le da alas a todos esos conspiranoicos que creen, absurdamente, que en la justicia española pasan cosas extrañas últimamente. Cómo están las cabezas, ¿verdad?
Ha hecho Soto Ivars carrera literaria explicando, en mitad de un drama con decenas de mujeres asesinadas al año en España, que existen algunas denuncias que son falsas. Ya. Claro. El foco puesto en la anécdota en mitad de un mar de normas. Siguiendo su ejemplo, la derecha trata de explicarnos en estos momentos de descrédito judicial que existen casos Ábalos reales y jueces que, como el de Zapatero, no retiran pasaportes a lo puto loco. Ya. Claro. Lo cual vendría a decirnos que, si el caso Ábalos es real, significa que no existen casos “exóticos”. No existe el tufo, ni el descaro que percibe la mayoría de la población. Es burdo pero lo burdo funciona, así que irán con esta estrategia. Este es el método elegido porque, como diría hoy aquel diputado del PP pillado in fraganti presumiendo de controlar la Justicia por detrás, si la gente deja de creer en ella, ¿de qué sirve controlarla? Serán muchas las capas de maquillaje que extenderán en el rostro judicial cuando este tiempo pase. Todo se hizo de manera profesional y escrupulosa, repetirán como loros coordinados los altavoces políticos, mediáticos y judiciales intentando que la propaganda machacona se convierta en realidad. Será entonces cuando el legado de tipos como Peinado salga a la luz. Será ahí cuando sea recordado. No por la derecha como él piensa, sino por la izquierda. Su labor fue impagable para explicar este tiempo, dirán.
CTXT DdA, XXII/6387




