miércoles, 12 de agosto de 2026

DOS MOROS ENSUCIANDO LA PLAYA...



Leticia Gondi

Esta mañana, en vez de salir corriendo desde casa, decidí pedalear hasta la playa para iniciar —rumbo al Acuario— el entrenamiento desde allí. Estas son las intrascendencias de la vida burguesa: trabajos cero físicos que exigen un desgaste artificial del remanente energético. Ruedas de hámster para adultas que se pasan las horas ante un Mac. Qué lejos quedó aquella versión veinteañera de mí misma, descargando camiones de productos químicos para caer desplomada sobre la cama tras una jornada interminable de trabajo, mejor o peor remunerado.
No obstante, el verdadero contraste me esperaba a pie de arena. Parapetados contra el paseo, acurrucados bajo unas mantas que poco o nada resguardan del frío y húmedo Cantábrico, dormían dos veinteañeros magrebíes. Junto a ellos, como un faro ineludible de precariedad contemporánea, una mochila de Glovo. Dos inmigrantes sin techo, sin familia, sin recursos; repartidores que sostienen el confort ajeno al refugio inmediato de la intemperie. Al mirarlos, la mente me devolvió de golpe la imagen de mi propio hijo, de su misma edad, durmiendo a esa misma hora a salvo de todo en su cama. Su única preocupación para este día, decidir si quedarse a ver el eclipse en Gijón —asumiendo el riesgo de una bruma obstinada en reventarlo— o subir a Peña Ubiña. Pensé en su futuro encarrilado, en su billete para Brno —República Checa— y en la residencia donde pasará el próximo año cursando tercero de Física. Pensé en su coche, en su dentadura perfecta modelada a golpe de ortodoncia —y de talón, todo sea dicho—. Pensé en la insultante ligereza de tenerlo todo.
Entonces la escena se volvió amarga; se me indigestó la vista al recordar el ruido social que nos atrona y trata de hacernos monstruos insensibles. Cuesta encajar la mezquindad de quienes miran esa misma estampa y solo ven una infracción que denunciar a la policía. Se escudan en el civismo y en la cosmética para esconder su falta de humanidad: que si la playa no es lugar para pernoctar, que si ensucian el paisaje con su presencia, que si van en patinete sin casco —como si la seguridad de estos chavales les importara un cojón—, que si carecen de papeles. Una burocracia moral que camufla la aversión al pobre mientras se espera, cómodamente desde el sofá, a que uno de esos «moros» o «panchitos» saque nuestra cena de una de esas ortopédicas mochilas para servírnosla, todavía caliente, en casa.
La única verdad en la materia es que la meritocracia es un mito y la geografía, un par de coordenadas al azar, una puta lotería. Yo tuve la inmensa fortuna de ser parida en Canarias, un rincón privilegiado de Europa donde, con todas sus fisuras, la educación y la sanidad no dependen del apellido. De haber nacido a apenas 100 kilómetros al este, seguramente hubiera sido, yo misma en su día y mi hijo hoy, uno de esos dos cuerpos exhaustos tirados en Poniente. Trabajando de sol a sol y todavía con los bolsillos y el estómago vacíos, durmiendo al raso al lado de una mochila de reparto. Con la ilusión propia de la edad todavía intacta; ignorando que, más pronto que tarde, sabrán que incluso en el acceso a determinados sueños hay clases sociales, colores de piel y acentos.
Qué tristeza tan grande pensar, ya no en ellos, aún jóvenes, sanos, fuertes, sino en sus pobres madres…

DdA, XXII/6434

VIOLENCIAS EXTREMAS SIN FRONTERAS CONTRA NIÑAS Y MUJERES

En cocinas de Camerún, aldeas de Indonesia, comunidades de Yemen, barrios de Londres o familias de Nueva Delhi se siguen perpetrando actos de violencia extrema contra niñas y mujeres. Piedras calientes aplastan pechos en desarrollo. Cuchillos mutilan genitales. Niñas de doce años son entregadas en matrimonio a hombres mayores. Viudas son sometidas a rituales de «purificación» sexual forzada.

Iñaki Errazkin 

Sin embargo, estas realidades, aunque devastadoras, no son un cuadro estático. Paradójicamente, conviven con avances significativos en varias regiones del mundo. Reconocer estos progresos no es relativizar el sufrimiento, sino entender que el cambio cultural es posible y que ya está en marcha allí donde las comunidades han decidido romper el silencio.

El mapa de la mutilación y sus matices

La mutilación genital femenina ha marcado ya a más de doscientos treinta millones de mujeres y niñas que viven hoy en todos los continentes. África concentra una parte muy importante de los casos, pero la práctica se documenta en decenas de países del planeta: desde Indonesia, Malasia, India, Yemen e Irak hasta comunidades indígenas de América y diásporas asentadas en Europa, Estados Unidos o Australia.

Ahora bien, para entender realmente el problema, es imprescindible mirar las tendencias, no solo las cifras brutas. Según los informes más recientes de UNICEF, la incidencia de la mutilación entre las adolescentes ha descendido de forma notable en países como Kenia, Etiopía o el centro de Nigeria en las últimas dos décadas. Este descenso no ha venido impuesto desde fuera, sino impulsado por activistas locales, matronas y supervivientes que han conseguido plantar cara al discurso tradicional. El problema, por tanto, no es uniforme ni irreversible. Es profundamente dinámico.

El planchado de senos, originario de África occidental, también ha llegado a Europa a través de las diásporas. El matrimonio infantil continúa condicionando la vida de cientos de millones de mujeres (más de 640 millones de mujeres vivas contrajeron matrimonio antes de cumplir los 18 años, según UNICEF), y a ello se suman rituales de viudedad, alimentación forzosa y otras formas de violencia menos conocidas, pero igualmente devastadoras.

El falso debate religioso y las verdaderas raíces estructurales

Estas prácticas no pertenecen a una sola religión, una sola cultura ni una sola región del mundo. Son transreligiosas y transcontinentales. La mutilación genital femenina se practica entre comunidades musulmanas, cristianas, hinduistas y seguidoras de religiones tradicionales. No aparece prescrita en el Corán, la Biblia ni en los textos sagrados; es anterior a todas ellas. De hecho, numerosos líderes religiosos de distintas confesiones la han condenado de forma expresa.

Cuando alguien invoca la religión o la cultura para justificarlas, suele hacerlo desde interpretaciones patriarcales y normas sociales profundamente arraigadas, no desde los propios textos religiosos. Pero hay un factor que el debate habitual pasa por alto: estas justificaciones se agudizan y endurecen en contextos de inestabilidad política, conflictos armados o colapso económico.

En Yemen y en distintas zonas del Sahel, los conflictos armados y el desplazamiento forzoso han dificultado los avances logrados durante años y, en algunos lugares, existen indicios de una mayor persistencia o incluso de un recrudecimiento de determinadas prácticas. Cuando las comunidades viven bajo una amenaza constante, tienden a aferrarse con más fuerza a aquellos rituales que identifican con su identidad colectiva.

Su permanencia responde, además, a un mecanismo colectivo especialmente difícil de combatir: la normalización. En muchas comunidades no son percibidas como actos de crueldad, sino como tradiciones necesarias para garantizar el honor familiar, la aceptación social o el futuro matrimonial de las niñas. La violencia deja así de presentarse como una excepción para convertirse en una costumbre transmitida de generación en generación.

Conviene recordar que estas prácticas no siempre son ejecutadas por hombres. En numerosas comunidades son mujeres (madres, abuelas o mutiladoras tradicionales) quienes organizan o perpetúan estas prácticas, convencidas de que garantizan el honor, la aceptación social o el futuro matrimonial de las niñas. Lejos de eximir la responsabilidad del sistema patriarcal, este hecho muestra hasta qué punto sus normas pueden ser interiorizadas y transmitidas por toda la comunidad.

Más allá de la pobreza: el papel de la impunidad

La pobreza y la desigualdad de género son combustibles evidentes. Sin embargo, hay un tercer factor estructural que suele quedar en la sombra y que es determinante: la fragilidad del Estado de derecho. En muchas de estas regiones, aunque existan leyes nacionales que prohíben la mutilación o el matrimonio infantil, la corrupción, la ausencia de juzgados accesibles y la impunidad de las autoridades locales convierten esas normas en instrumentos prácticamente ineficaces.

Sin un sistema judicial que llegue a las aldeas, las prohibiciones legales no protegen a las niñas; simplemente empujan la práctica a la clandestinidad, donde se realiza con peores condiciones higiénicas y mayor riesgo para la salud.

Consecuencias humanas y marco jurídico

Las consecuencias son devastadoras: infecciones, hemorragias, fístulas, infertilidad, complicaciones obstétricas, trastornos psicológicos profundos, abandono escolar y pérdida de oportunidades durante toda la vida. Todas estas prácticas comparten un mismo denominador: privan a las niñas de cualquier capacidad real para decidir sobre su propio cuerpo y sobre su propio proyecto de vida. Estas prácticas vulneran derechos fundamentales reconocidos por la Convención sobre los Derechos del Niño, la Convención sobre la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer y numerosas resoluciones de Naciones Unidas.

Soluciones reales: de la ley al diálogo comunitario

Afortunadamente, el cambio ya ha comenzado, y cada vez más supervivientes alzan la voz. Pero para acelerar el proceso, la comunidad internacional y los gobiernos locales deben complementar las respuestas tradicionales con estrategias más integrales.

Combatir estas atrocidades exige algo más que «leyes eficaces y educación» como meras consignas. Exige, en primer lugar, estrategias de base que han mostrado resultados en distintos contextos: formar y empoderar a matronas y enfermeras rurales para que disuadan a las familias en el mismo momento del parto o la crianza; crear círculos de diálogo periódicos con líderes religiosos y ancianos reformistas; y ofrecer incentivos económicos tangibles (becas escolares o microcréditos) a las familias que mantengan a sus hijas sin mutilar y sin casar antes de los 18 años.

La experiencia comparada muestra que la prohibición penal sin el respaldo de un consenso social activo suele fracasar. Los países que han logrado reducciones significativas en determinadas regiones y generaciones, como Senegal o Etiopía, no han impuesto el cambio por decreto, sino que han combinado la legislación con un trabajo puerta a puerta en las comunidades, donde el discurso de los derechos humanos se ha traducido a los valores locales de salud, bienestar y futuro familiar.

Universalismo frente a relativismo cultural

Los derechos humanos no pueden aplicarse con excepciones culturales, porque precisamente su carácter universal consiste en proteger por igual a todas las personas, nazcan donde nazcan y crean en lo que crean. Esta defensa de la dignidad humana no debe confundirse jamás con racismo, xenofobia ni intolerancia religiosa. Criticar estas prácticas no significa condenar a un pueblo, a una etnia o a una religión en su conjunto. Significa defender a las niñas y mujeres frente a una violencia que puede aparecer bajo muy distintas tradiciones.

La verdadera solidaridad no consiste en relativizar el sufrimiento en nombre de un mal entendido respeto cultural. Consiste en situar siempre a las víctimas en el centro y, además, en escuchar y financiar a los movimientos feministas autóctonos, que son quienes realmente arriesgan su vida y conocen las claves culturales para desmontar estas prácticas desde dentro.

Conclusión: ni silencio ni simplificaciones

Cada pecho aplastado, cada genital mutilado y cada matrimonio impuesto durante la infancia representan una derrota de toda la humanidad. El silencio nunca ha protegido a las víctimas; solo ha protegido a quienes las dañan. Pero tampoco el discurso catastrofista que omite los avances logrados hace justicia a la lucha de quienes están consiguiendo doblegar estas tradiciones.

La única respuesta moralmente aceptable es la erradicación completa, pero esta solo será sostenible si se construye desde el conocimiento profundo de cada contexto, reconociendo los progresos ya alcanzados, atacando la impunidad judicial y apoyando a los agentes de cambio locales.

La erradicación solo será posible si combina la firmeza ética de unos derechos humanos verdaderamente universales con el apoyo decidido a quienes, desde el interior de sus propias comunidades, están demostrando que el cambio es posible. Mientras una sola niña siga siendo mutilada, obligada a casarse o sometida a cualquier forma de violencia en nombre de la tradición, los derechos humanos seguirán siendo una tarea pendiente para toda la humanidad.

NUEVA REVOLUCIÓN  DdA, XXII/6434

SEÑOR BARBÓN: LA LEY DE DEPENDENCIA NO SE CUMPLE


Fernando de Silva

Señor Barbón, presidente del gobierno de Asturias:

Se hace omiso a los plazos legalmente establecidos, las ayudas son irrisorias y no cubren las necesidades reales, y nadie te informa adecuadamente. Y esto no se resuelve con promesas reiteradamente incumplidas ni con buenas palabras, sino con hechos.
La solución es fácil y sencilla: mayor inversión, aportación de los medios necesarios y exigencia de sus obligaciones a los funcionarios que deben de velar porque se cumpla.
Conozco el caso de una mujer con dependencia total que lleva esperando mas de dos años para que la Administración del Principado le resuelva un recurso. ¿No les da vergüenza tanto desprecio a una persona necesitada de protección?. Sr. Barbón ¿sabe vd. que estas cosas ocurren?; a buen seguro que si.
Confío en que esta carta llegue a su destinatario; depende de vosotros y su difusión. Cuando la derecha gobierne, que lo hará más pronto que tarde si seguimos por este camino, la solución será peor; pero esto no me consuela.

DdA, XXII/6434

EL COMPORTAMIENTO ANIMAL EN GIJÓN DURANTE EL ECLIPSE DE 1905






Ana Cardo

Hace unos días tuvimos ocasión de ver en este mismo DdA la portada del folleto, editado en La Felguera (Asturias), que con ocasión del eclipse total de sol vivido en Gijón en 1905 ilustraba a sus lectores acerca de la descripción e instrucciones para observarlo. El Muséu del Pueblu d'Asturias, el mismo que nos facilitó aquella información, nos aporta ahora un segundo folleto con las observaciones verificadas por quienes lo tuvieron a bien en el Colegio de la Inmaculada Concepción de aquella villa, dirigido entonces y ahora por los PP. Jesuitas. Una de las descripciones que se tiene en cuenta en las páginas del folleto Eclipse total de sol del 30 de agosto de 1905 es la del comportamiento que tuvieron en el momento del histórico fenómeno algunos animales. Esta publicación, de la que apenas hay ejemplares, la donó ayer mismo al museo gijonés Ignacio Urrutia López de Robles -según nos comunican desde el centro-, y viene acompañada de una fotografía original de la corona solar que se vio en el cielo de Gijón el 30 de agosto de 1905. En el folleto de 62 páginas se publican las observaciones magnéticas, espectroscópicas, de temperatura y de la corona solar, cuyo desarrollo fue fijado con dibujos del magnífico pintor asturiano Ventura Álvarez Sala (1869-1919). Las fotografías, hechas con ocho cámaras especiales, se pueden ver en esta curiosa y valiosa publicación. Quienes tengan mascotas cerca en los momentos en que ocurra el eclipse, tendrán oportunidad de comprobar lo que los observadores del colegio gijonés captaron y dejaron escrito hace más de un siglo.

DdA, XXII/6434

EL MÉXICO DE SHEINBAUM REDUCE LOS HOMICIDIOS A LA MITAD

Según la información publicada ayer en el diario La Jornada y como resultado esperanzador de la estrategia Nacional de Seguridad, la presidenta de los Estados Unidos de México, Claudia Sheinbaum Pardo, anunció que entre septiembre de 2024 -último mes de la pasada administración- y julio de 2026, la reducción de homicidios alcanza ya el 51 por ciento. Esto es, en ese periodo se pasaron de cometer 86.9 asesinatos diarios a 42.5 en julio pasado, esto es, 44 homicidios menos por día. Sheinbaum destacó que la reducción a la mitad de los homicidios en el país obedece al funcionamiento integral de la estrategia, destacando que en esta administración se ha detenido a sesenta mil delincuentes. 



Lazarillo

Al referirse al incremento de detenciones, Sheinbaum reconoció que esto ha tenido repercusiones en la población penitenciaria particularmente en penales estatales. Por ello, dijo que ya se trabaja en la posibilidad de ampliar seis penales estatales bajo un nuevo enfoque humanista, que no tiene nada que ver con los esquemas que se han desarrollado en otros países.

Al desglosar la evolución de este delito, la titular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Marcela Figueroa, aseveró que siete entidades concentran el 49 por ciento del total de muertes violentas registradas en el país. Destacó que Guanajuato sigue siendo la entidad más violenta , subrayó que los homicidios en el estado pasaron de 12.7 homicidios diarios en febrero de 2025 a 3.1 en julio pasado, esto es, una reducción de 76 por ciento. Para la primera mandataria, la consolidación de la Guardia Nacional ha sido fundamental para enfrentar a la delincuencia, además de que se ha fortalecido la utilización de la inteligencia, destacando que hoy se gradúan 220 nuevos investigadores en inteligencia para reforzar el uso de la inteligencia en la estrategia de seguridad.

Como es sabido, la violencia es el principal problema de aquella república, por lo que la reducción a la mitad del número de asesinatos es una buena noticia que acaso no encontremos en determinados medios de información de nuestro país, que sí suelen resaltar la violencia en México antes que el respaldo popular con el que sigue contando su presidenta y los logros de la Cuarta Transformación .

DdA, XXII/6434

martes, 11 de agosto de 2026

GRITOS CON CITA Y GLOSA (LXXXVIII): TODO ES IMAGEN DISTORSIONADA, REFLEJO DE REFLEJOS



José Ignacio Fernández del Castro

«Luciente espejismo que vi
en los idus de agosto por la linde
crepuscular de la marisma, cerca
del arenal de Argónida,
mientras las monocordes
dependencias del sueño disputaban
su parte de ficción al predominio
de la brumosa realidad,
¿cómo podría yo olvidarme
no de lo incierto de esa historia
por nadie atestiguada,
sino de la razón que me ha asistido
desde entonces, habitante
de otro espejismo donde sólo

sigue siendo verdad lo que aún no conozco?.»
José Manuel CABALLERO BONALD (Jerez de la Frontera, Cádiz
11 de noviembre de 1926- Madrid, 9 de mayo de 2021), Premio Cervantes 2012: 
“Argónida, 13 de agosto” en Descrédito del héroe (1977).

Vivimos en la sociedad del espectáculo, inmersos en un juego de espejos tan intrincado que ya nadie sabe distinguir las historias más inciertas de las verdades posibles intuidas por una razón precaria... Gigantesco espejismo, el mundo se abisma en los límites, interesadamente confusos, que separan la apariencia de la realidad; y no porque no haya testigos de los hechos más claros y distintos, sino porque, bien lo sabemos, el creciente colectivo de las gentes dispuestas a cumplir esa función está al sumiso servicio de los intereses y designios, más o menos caprichosos, de los amos del cotarro… Que cada día tienen en sus manos herramientas más precisas y sofisticadas (desde los viejos pero aún eficaces media hasta la invasiva y disparada Inteligencia Artificial) para insertar sus relatos en los imaginarios colectivos más convenientes para sus intereses.


Aquí y ahora todo es imagen distorsionada, reflejo de reflejos, representación paródica o trágica, imaginario impuesto...
Así que arrastrados por la proliferación inconexa y contradictoria de los relatos sobre lo que pasa, prendidos del resto de conciencia que nos aconseja la permanente sospecha, sólo podemos sentir como única verdad posible lo que aún no conocemos... Pero, sin duda, tememos.

Y refugiarnos en los muros casi abandonados, pero capaces aún de gritar mientras la buscan.

DdA, XXII/6433

¿NO LES ESPERA NADIE EN MARRUECOS? ¿NADIE LOS NECESITA?



A 10 de agosto de 2026, las autoridades españolas han identificado a 1.342 niños y adolescentes no acompañados tras la entrada masiva en Ceuta del pasado 30 de julio. ¿Qué está haciendo el Gobierno de Marruecos para identificar a esos 1.342 muchachos, localizar a sus familias y procurar, cuando sea posible y beneficioso para ellos, que regresen a sus hogares? ¿No está haciendo nada? ¿Será posible, de ser así, que haya sucesivas oleadas de menores como la pasada?

José Sarria

España, como país democrático y respetuoso con el Derecho y con los tratados internacionales, tiene la obligación de acogerlos, protegerlos y garantizar su seguridad mientras permanezcan bajo su jurisdicción: proporcionarles alojamiento, alimentación, asistencia sanitaria, educación y tutela. Porque antes que migrantes son niños, porque su condición de menores prevalece sobre su situación administrativa.
El Tribunal Supremo ya declaró ilegales las devoluciones colectivas de menores realizadas desde Ceuta en 2021. Cualquier eventual retorno exige garantías, un procedimiento individualizado y, por encima de cualquier otra consideración, atender al interés superior del menor.
España está cumpliendo con su obligación. Y debe seguir haciéndolo.
Pero hay una pregunta que no deberíamos dejar de formular: ¿qué está haciendo el Gobierno de Marruecos para identificar a esos 1.342 muchachos, localizar a sus familias y procurar, cuando sea posible y beneficioso para ellos, que regresen a sus hogares?
Imaginemos por un instante que Japón, Canadá, Suecia o Australia recibieran la noticia de que más de mil de sus menores se encuentran solos, sin sus familias, en otro país. ¿Cuánto tardarían en movilizar consulados, servicios sociales, policías, jueces y administraciones para saber quiénes son, dónde están, de qué hogares proceden y quién los está esperando?
Han pasado ya once días. Y cuesta comprender que todavía no conozcamos con claridad qué mecanismos han puesto en marcha las autoridades marroquíes para buscar a sus familias, reconstruir los vínculos rotos y devolver a estos muchachos, cuando sea posible, a su hogar, a su familia.
Porque detrás de cada cifra hay un nombre. Detrás de cada número, una madre, un padre, unos hermanos, una casa, una escuela, un barrio.
Detrás de esa cifra, 1.342, hay 1.342 seres humanos que alguien debería estar buscando.
Y entonces adquieren una profundidad estremecedora las palabras del escritor Tahar Ben Jelloun, pronunciadas recientemente en una entrevista para el diario "El País": “Me sentí triste e indignado al verlos marchar hacia un destino lleno de incertidumbre [...] ¿No les espera nadie en Marruecos? ¿Nadie los necesita?”.
Quizá esa sea la pregunta más dolorosa de todas. ¿Nadie los está esperando al otro lado?, ¿nadie los necesita?

DdA, XXII/6433

ENTREVISTA CON CARLOS TAIBO: DECRECER ES LA CUESTIÓN

 


Ana Cardo

Es de agradecer al podcast Vida Ajenas que entreviste al profesor Carlos Taibo, que lo fue de Ciencia Política y Relaciones Internacionales durante treinta años en la Universidad Autónoma de Madrid. No suelen los medios de comunicación al uso contar con los valiosos puntos de vista que siempre aporta Taibo. Su especialidad de origen fue la política soviética y postsoviética, y desde hace veinte años es el referente académico del Decrecimiento en España. Ha publicado más de treinta libros en castellano y en gallego, entre ellos «Decrecimiento. Una propuesta razonada», asunto sobre el que versa la entrevista. Taibo acostumbra a difundir sus lúcidos análisis y conocimientos por todo nuestro país, allá donde se le invite, y siempre con una audiencia muy interesada en sus disertaciones. Recomendamos a quienes escuchen esta entrevista que lean también en este enlace abierto de Solidaridad Obrera su libro El decrecimiento explicado con sencillez, publicado en 2019 por La Catarata, y ya con cinco ediciones.

DdA, XXII/6433

VÍCTIMAS SON DEL IMPERIO,/ UN ASUNTO GRAVE Y SERIO/ DE INJUSTICIA Y DE TERROR

 




Félix Maraña

CEUTA


Ceuta es otro cementerio 

de gente necesitada 

que viene desesperada.

Víctimas son del imperio, 

un asunto grave y serio 

de injusticia y de terror.

Gentes llenas de dolor 

que buscan trabajo y pan, 

empeñados como están

en buscar tiempo mejor.


Con la muerte por delante, 

corriendo su desafío, 

luchando contra el vacío, 

abriendo su interrogante 

para pasar de emigrante 

a ciudadano del mundo.

A no ser un vagabundo 

sin patria, sueños, amor.

A luchar con pundonor 

y salir del inframundo.


Si somos todos iguales, 

hijos de la misma Tierra, 

¿por qué la paz y la guerra 

son asuntos comerciales?

¿Y qué humanos ideales 

quitan a los africanos 

el derecho a ser hermanos 

de la patria universal?

¿Quién ha sembrado este mal?

¿Quién castiga a los tiranos?

DdA, XXII/6433

¿CÓMO ES ESO DE QUE UN PARTIDO QUE NIEGA LA VIOLENCIA MACHISTA LA VALORE?


Félix Población

Desde 2003, bastante después de cuando más mataba ETA, han sido asesinadas en nuestro país 1.376 mujeres. Entre 1969 y 2011, año en que ETA dio por acabada su ejecutoria violenta, esta organización terrorista asesinó a 669 personas. La violencia machista acabó con la vida de 1.376 mujeres en 23 años. La violencia etarra acabó en 43 años con la vida de 669 personas. La violencia machista fue a más en el transcurso del periodo citado. La terrorista fue a menos gracias a la gestión de los sucesivos gobiernos, con especial referencia al de Rodríguez Zapatero, que la puso fin. Si durante la ejecutoria criminal de ETA fue mucho el dolor y la rabia que originaron sus asesinatos, siempre pensamos algunos que aquellos, más tarde o más temprano, tendría que acabar con una política que, sin excluir el rigor policial con los terroristas, también tendiera puentes de diálogo con los partidos políticos abertzales. Mucho me temo que con la violencia machista, después de casi cinco lustros, no sólo no se ha avanzado para tratar de erradicarla, sino que se tiene la sensación de que desde los gobiernos habidos y los estamentos jurídicos y policiales se carece de capacidad y eficacia para reducir esa lacra. Que estando así la cosa, con un partido de extrema derecha que niega la violencia machista, en el gobierno autonómico de Andalucía se le haya dado a Vox nada menos que el departamento de valoración de las víctimas de la violencia contra las mujeres, nos da idea de hasta qué punto no se avanza en contra de la misma, sino de lo que supondría para este país un gobierno central de coalición entre el Partido Popular y Vox. No sólo lo debería evitar la memoria de 1.376 víctimas mortales en 23 años -a las que se le ha prestado una cobertura mediática e institucional incomparablemente menor que a las víctimas del terrorismo-, sino la conciencia de la mayor parte de la ciudadanía ante la posibilidad de que un partido que niega la violencia contra las mujeres pueda llegar a ser en España, como en Andalucía ahora, el que la valore.

DdA, XXII/6433