jueves, 15 de octubre de 2026

REPRESIÓN POLICIAL EN MADRID Y MARLASKA DE NÚMERO 5 POR EL PSOE


Ana Cardo

Ayer la Universidad Complutense de Madrid (UCM) dio a conocer un comunicado en el que condenaba las violentas cargas policiales llevadas a cabo en la Ciudad Universitaria con motivo de la huelga y el paro académico de la enseñanza en Madrid en defensa de la educación pública. En el texto se hace constar que el citado centro académico no solicitó ni promovió la presencia de la Policía Nacional ni su intervención en el campus. Tenemos, por lo tanto, que el piquete informativo se dedicaba a informar, que la UCM no llamó en ningún momento a la policía y que, por lo tanto, la Delegación del Gobierno de Madrid o el ministro Marlaska deberían dar explicaciones sobre una violencia que causó varios heridos entre quienes ejercían su derecho de manifestación, expresión y huelga. Ayer precisamente supimos que el ministro del Interior ocupará en las listas por Madrid del Partido Socialista la quinta plaza, cuando quedan aún algunas semanas para la celebración de elecciones y las movilizaciones del profesorado y el alumnado, que se prometen masivas en la capital del reino, sólo acaban de empezar. Quizá al Partido Socialista le conviniera un número cinco en sus listas menos represor de los derechos que que se ejercen en la calle y más enérgico con las algaradas de los antidemócratas. 

DdA, XXII/6497

NAZA: CONTRA LA TECNOLOGÍA DEL EXTERMINIO



Alejandro Álvarez

Hace diez años visité el campo de exterminio de Auschwitz. Allí vi con claridad el funcionamiento de una industria perfectamente planificada para el exterminio de personas (judíos, comunistas, gitanos y otros grupos étnicos o políticos). El conocimiento de aquella maquinaria de aniquilación de personas me produjo una conmoción que, si bien no con la misma intensidad, aún siento siempre que recuerdo aquella visita y me vienen a la mente algunos de los espacios de aquel macabro lugar. Entonces, tenía la vana esperanza de que tal grado de elaboración técnica e industrial para exterminar a personas no volviera a repetirse y que la razón y la ética impedirían la reproducción de semejante barbarie.
Ayer fui al cine a ver NAZA. Salí del documental con una mezcla de rabia, indignación, impotencia, abatimiento y ganas de gritar al mundo que esto no puede ser, que Gaza es Auschwitz, que es imprescindible frenar al monstruo, no solo por el genocidio que está cometiendo con los palestinos sino porque, sabiéndolo, pues ya no es posible ignorarlo para quien no se niegue a ver la realidad, tenemos el deber ético y humano de pararlo si no queremos ser parte de esa barbarie. No podemos ser indiferentes, no tenemos derecho a mirar para otro lado, nuestra humanidad ni nuestro sentido moral no pueden permitirnos la inacción ante semejante depravación, ante tal desarrollo de la tecnología, ante tal refinamiento técnico y deshumanizado para aniquilar a un pueblo.
NAZA no nos presenta a antisionistas o antisemitas o antijudíos criticando, descalificando o injuriando a Israel sino a los protagonistas de las masacres, miembros de las Fuerzas de Defensa de Israel o miembros de su aparato de inteligencia desvelando con precisión cómo la tecnología israelí se ha desarrollado al máximo para controlar y llevar al exterminio al pueblo palestino, hasta qué punto todas y todos los miembros de ese pueblo están controlados por Israel y cómo este Estado da órdenes de matar palestinos sin importar si los aniquilados son niños, mayores o ancianos indefensos, combatientes de Hamás o mujeres cuidando a sus hijos, porque ninguno de ellos cuentan como personas, simplemente son NAZAs, "daños colaterales", unos daños que cada vez son menos colaterales y más objetivos a abatir sin otra consideración que su condición racial, individuos, independientemente de su edad o género, a los que hay que exterminar para quedarse con su tierra, borrándolos de la Historia.

Los testimonios de los que han accedido a darlos sobre las acciones y los métodos llevados a cabo por Israel en su empeño en acabar con el pueblo palestino para ocupar toda su tierra ponen de manifiesto con claridad que el Estado de Israel prioriza sobre cualquier otra consideración su voluntad de anexión de todo el territorio palestino, y esa prioridad ha llevado a quienes dirigen el Estado y a buena parte de la sociedad israelí a arrinconar o enterrar toda sensibilidad humana que cuestione ese objetivo primordial. Y para justificarlo han generado un relato que ha deshumanizado a los palestinos, los ha cosificado y les ha negado la condición de seres humanos para así no sentir culpa ante el genocidio que están cometiendo contra ellos.

La persecución que ya ha iniciado el gobierno de Israel contra los directores del documental y de quienes han participado en el mismo, desvelando las estrategias de exterminio de los palestinos, no se fundamenta en que el documental traslade mentiras sobre la actuación israelí, sino todo lo contrario, los persigue porque desvelan una verdad terrible que, por un lado, sitúa a Israel en la misma orilla genocida que los nazis y, por otro, echa por tierra las pretendidas justificaciones israelíes sobre el tan falso como manido relato del derecho a defenderse o del combate al terrorismo. Porque lo que el documental desvela, por boca de los que han estado fijando los objetivos o disparando las bombas, es que hay una planificación tan afinada como perversa para matar palestinos ya sea por bombas, por hambre o por enfermedad. Ese es el gran valor de NAZA y por eso ese documental debería ser visto por millones de personas en nuestro país y muchas más en todo el mundo. Es una tremenda lección y también una inyección de sensibilidad para poner en acción nuestros cuerpos y nuestras mentes contra la barbarie que nos acecha. Que nadie se pierda este valiosísimo documental.

DdA, XXII/6497

EL SOFISMA DE LA "UNIDAD" Y LA TRAMPA DEL DEDAZO

 


@JotaEmeGcNew en X

El sofisma de la “unidad” y la trampa del dedazo, o cuando Javier Aroca da en el clavo. Hilo dedicado a mi admirado tertuliano, antropólogo y hombre de izquierdas.

Lo ha explicado con una claridad demoledora Javier Aroca: la “unidad” se ha convertido en un sofisma al que apela la izquierda cuando cunde la desesperación. Una trampa de la retórica política usada para exigir sumisión, no para sumar desde abajo.
Resulta paradójico, y casi sarcástico, escuchar dar lecciones de “unidad” a formaciones como Izquierda “Unida” o las ruinas de Sumar, plataformas compuestas por decenas de pequeñas siglas de aparato. ¿De qué unidad nos hablan quienes han sido incapaces de cohesionar nada?
La realidad es que, para estos actores, el concepto “unidad” nunca ha significado trabajar en pie de igualdad. En su diccionario, “unidad” significa única y exclusivamente que Podemos se integre aceptando las condiciones e imposiciones que los demás decidan en despachos.
La “unidad” como fetiche se utiliza para tres cosas:
1. Tapar la falta de programa transformador.
2. Justificar la ausencia de primarias abiertas.
3. Culpabilizar a quien no trague con el “dedazo” de la división de la izquierda.
Pretenden que la militancia y los votantes olviden que el “Frente Amplio” rehúsa poner urnas abiertas para ordenar sus listas. Llaman “intransigencia” a exigir que la gente decida y llaman “generosidad” a la imposición de sus propios candidatos prefijados.
Como bien advierte Aroca, cuando la política se reduce a un mercadeo orgánico entre cúpulas de partidos en lugar de movilizar a la ciudadanía, el resultado no es la unidad: es la parálisis y el desencanto del electorado progresista.
La verdadera unidad no se impone por decreto ni mediante chantajes emocionales frente a la extrema derecha. La unidad real se construye respetando la autonomía de las partes, reconociendo la plurinacionalidad y dando la palabra a la gente en primarias abiertas.
Basta de sofismas. Que no nos vendan “unidad” quienes solo buscan la subordinación de la izquierda transformadora. Menos política de despacho y más democracia de base.

DdA, XXII/6497

EL CIS ACLARA POR QUÉ PP Y VOX SE INVENTARON LO DEL PUCHERAZO



Félix Población

Casi al tiempo que Pedro Sánchez disolviera las Cortes y convocara un adelanto de elecciones generales para el 29 de noviembre, el CIS promovió una de sus encuestas entre los día 1 y 6 de octubre. Como la convocatoria se hizo el día 5, muchos de los encuestados no estaban al tanto de la noticia fechada este día, por lo que el resultado demoscópico quizá podría haberse incrementado más a favor del Partido Socialista de lo que el CIS refleja. 

Según el barómetro de este mes, los socialistas se recuperan de la caída experimentada en septiembre y llegan al 34 por ciento de votos, a casi doce puntos (22,2 por ciento) que como estimación de voto lograría el Partido Popular. Lo perdido por este partido lo ganaría en parte su extrema derecha, con algo más del 17 por ciento, a poco más de un punto de su récord del pasado mes de febrero. 

El PP lograría 94 escaños y 63 obtendría Vox, para hacer entre ambos un total de 157, cinco menos que los que conseguiría el PSOE sin contar con los once del Frente Amplio, los tres de Podemos, los nueve de Bildu y los once de Esquerra Republicana, con cuyas aportaciones la izquierda conseguiría en el Congreso 186 escaños. 

Falta saber, hasta que comience la campaña electoral, la evolución en los próximos días del asunto de la unidad de la izquierda y otras eventualidades que puedan hasta el día en que se abran las urnas. Hasta entonces que estos guarismos de expectativas de voto pueden crecer o decrecer a favor o en contra de los partidos concurrentes. Hay que tener en cuenta que las encuestas del CIS en las pasados comicios fueron las que más se acercaron a los resultados finales. 

De la que acabamos de conocer este mes de octubre se puede colegir por qué tanto el Partido Popular como Vox se pusieran nerviosos ante la convocatoria adelantada de elecciones, sacando de sus respectivas mangas la patraña trumpista de un posible pucherazo o fraude electoral. No olvidemos que esta convocatoria la planteó el presidente Sánchez tras negarse las derechas a aprobar los decretos sobre vivienda, fruto de las movilizaciones ciudadanas por el inhumano desahucio de la vivienda en que residía Maricarmen Abascal, fallecida pocos días después*.

*Leído hoy en el diario El País: Los expertos consultados creen que la izquierda está sobrerrepresentada porque muchos votantes de derechas rechazan participar en las entrevistas. El organismo público lo niega. Pero lo cierto es que en 2023, el CIS se acercó más que en ninguna otra encuesta al resultado final.

DdA, XXII/6497

miércoles, 14 de octubre de 2026

POLICÍAS, BANDERAS Y PAULOV


La Policía Nacional ha reaccionado con censurable brutalidad a las manifestaciones organizadas este miércoles en el campus de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Varios vídeos difundidos en redes sociales han recogido cómo los agentes han cargado contra los estudiantes, que se concentran para protestar por la infrafinanciación de la educación pública en la Comunidad de Madrid. Según las autoridades, hay cinco personas detenidas y siete heridas, seis de ellas manifestantes. La Universidad Complutense de Madrid (UCM) expresa su condena y profunda preocupación por las cargas que se han producido esta mañana en la Ciudad Universitaria durante las movilizaciones con motivo de la huelga y el paro académico en defensa de la educación pública. Lamentamos que una jornada de reivindicación haya desembocado en enfrentamientos, personas heridas y detenciones. Ante estos hechos, la UCM quiere dejar constancia de que no ha solicitado ni promovido la presencia o intervención de la Policía Nacional en el campus.


Alejandro Álvarez

Estoy muy agradecido a la policía nacional porque me ha hecho entender muy bien, con actuaciones clarificadoras en directo, el concepto de "pauloviano" (respuesta automática con la que alguien reacciona de manera predecible ante un estímulo que asocia consciente o inconscientemente con algo distinto): la policía nacional reacciona paulovianamente, es decir, de forma automática, con gestos de ira y soltando porrazos a trochemoche cuando ve enfrente banderas rojas, pero lo hace con palmaditas, caricias y sonrisas cuando enfrente tiene banderas rojigualdas, con o sin aguiluchos. Lo que aún no sé con total seguridad es si esa respuesta pauloviana es conducta inconsciente nacida del hecho de haberse puesto durante un tiempo largo un tricornio o gorra policial o si se trata de una conducta aprendida en el medio ambiente existencial en el que habitan los miembros de ese grupo humano. Tengo sospechas, eso sí, pero, vamos, solo sospechas.

DdA, XXII/6496

TRES AÑOS DESPUÉS DEL ÚLTIMO BOCHORNO, LA IZQUIERDA INSULTA A SUS VOTANTES

Rufián, Santaolaya y Delgado

Cuando se hacen las cosas a la carrera y con ansias de protagonismo para gobernar pequeños reinos, todo suele ser cutre, muy cutre. Tan cutre como pedir la unidad de la izquierda y no hacer nada para lograrla. Hasta que acabe el plazo de inscripción, la izquierda será una Miss Universo pidiendo la paz mundial. Pasada esa fecha, será la protagonista de una telenovela en la que todos son traidores menos los míos. Tres años después del último bochorno no hay método, ni hoja de ruta, ni intención de minimizar en las urnas el impacto de la derecha. Que tres años después anden haciendo como que están a la carrera, buscando una solución in extremis, es un insulto a sus votantes que sufrirán la llegada de los ultras.

Gerardo Tecé

Poco se valora el arte de no estar, el saber quitarse de en medio. Lo practico con bastante devoción. No voy a sitios si creo que me han invitado por compromiso o educación. He dejado trabajos en los que nunca me enseñaron la puerta de salida, pero estaba claro que no tenía sentido seguir. No aguanto en las fiestas por aguantar ni voy a cumpleaños de amigos de amigos. Mis ex pueden confirmar que, cuando se dice hasta aquí ha llegado la relación, no hay mensajes de madrugada. No estar no es sencillo. Primero hay que haber estado mucho para aprender a no hacerlo. Del FOMO también se sale.

Queda poco para que la izquierda decida quién estará encabezando y quién no sus listas electorales. No pasaría nada si el 99% de quienes se empeñan en estar no estuvieran. En una reunión de CTXT posterior al anuncio de elecciones el 29N, debatimos sobre la unidad de la izquierda. Fue un debate breve porque todos estábamos de acuerdo en algo: no contribuir al circo de las últimas generales 2023. También acordamos sacar un editorial pidiéndoles a los numerosos líderes con ganas de liderar que no abochornasen en esta ocasión a sus propios votantes. Que facilitaran un bloque útil matemáticamente o que se echasen a un lado dejando de cabezas de lista a personas acampadas por la vivienda o a abuelas desahuciadas. Ni caso, por supuesto. Y aquí estamos. Teniendo que hablar de lo que prometimos no hablar. No son los políticos los únicos que incumplen promesas.

Muchos tenemos en boca la unidad de las izquierdas, pero nadie tiene la fórmula para conseguirla. A unos días de que finalice el plazo de inscripción de listas, el trending topic en estos momentos es que Gabriel Rufián es un traidor que ha dinamitado el espacio de la izquierda cuando había prometido reforzarlo. ¿Pues no va el tipo y se presenta por Esquerra? Menudo rostro. Dentro de una hora la tendencia podría ser otra. Por ejemplo, que Rufián es un héroe. Quién sabe. Cuando se hacen las cosas a la carrera y con ansias de protagonismo para gobernar pequeños reinos, todo suele ser cutre, muy cutre. Tan cutre como pedir la unidad de la izquierda y no hacer nada para lograrla. Hasta que acabe el plazo de inscripción, la izquierda será una Miss Universo pidiendo la paz mundial. Pasada esa fecha, será la protagonista de una telenovela en la que todos son traidores menos los míos. Tres años después del último bochorno no hay método, ni hoja de ruta, ni intención de minimizar en las urnas el impacto de la derecha. Que tres años después anden haciendo como que están a la carrera, buscando una solución in extremis, es un insulto a sus votantes que sufrirán la llegada de los ultras.

La falta de método no es casual, es una decisión. Tres años después, muchos seguimos sin entender cuál es el problema de celebrar unas primarias. ¿Por qué no dejar que sea la gente la que decida cómo ensamblar esas diferentes izquierdas con idénticos programas electorales e idénticos problemas de narcisismo? Es curioso que quienes se oponen a las primarias sean, precisamente, quienes desde los altavoces mediáticos madrileños aseguran representar a la mayoría y dibujan a sus posibles competidores como irrelevantes. Si quienes no quieren primarias tienen un método mejor, estaría bien que lo compartiesen. Arrancar una conga, y llamar traidor a quien no se une a la cola, parece no estar funcionando. Entre el método científico de las primarias y la creación de congas, parece haber una tercera vía llamada Rufián. El liderazgo por consenso, por aclamación popular.

Lejos de decepcionar que Rufián lidere las listas de Esquerra en estas elecciones, debería ser de agradecer que quien llegó al Congreso para hablar de Catalunya, haya terminado, como Matute de Bildu o Rego del BNG, hablando de pensiones, salarios mínimos y viviendas en España. No se me ocurre un perfil con mayores garantías que aquel que no gana nada ante los suyos, sino que pierde y lo hace por responsabilidad. Con las primarias descartadas por falta de tiempo, el teléfono de Rufián echando humo parece ser la única esperanza de que la izquierda no tire votos a la basura en unas elecciones cruciales, según la propia izquierda dispuesta a tirar votos. Tirar de liderazgos como el que representa Rufián en estos momentos es muy pobre. Es la prueba de que todo falló antes de llegar a este punto. Fallaron los protagonistas condenados a entenderse, fallaron los métodos, los vetos, los odios personales y el exceso de ganas de estar. Pero el liderazgo de Rufián es lo único que queda hoy como opción viable. Si el método no son las primarias, sino la conga, la conga buena es la del líder de ERC. Pónganse cada uno donde le toque y no usen los mismos altavoces que burdamente lograron dinamitar a la izquierda hoy dividida para repetir que el culpable es el otro. Y no se engañen: ya nadie espera votar con ilusión, sino con efectividad.

DdA, XXII/6496

DEL ROMANTICISMO Y SUS RAZONES (PARA HACER LA VIDA MÁS VIVIBLE)


GRITOS CON CITA Y GLOSA

José Ignacio Fernández del Castro

«El amor, ¿a qué huele?. Parece, cuando se ama,
que el mundo entero tiene rumor de primavera.
Las hojas secas tornan y las ramas con nieve,
y él sigue ardiente y joven, oliendo a rosa eterna.
Por todas partes abre guirnaldas invisibles,
todos sus fondos son líricos -risa o pena-,
la mujer a su beso cobra un sentido mágico
que, como en los senderos, sin cesar se renueva...
Vienen al alma música de ideales conciertos,
palabras de una brisa liviana entre arboledas;
se suspira y se llora, y el suspiro y el llanto

dejan como un romántico frescor de madreselvas...»
Juan Ramón JIMÉNEZ MANTECÓN (Moguer, Huelva, 23 de diciembre de 1881 – San Juan, Puerto Rico,  29 de mayo de 1958), Premio Nobel de Literatura 1956: 
“El amor, ¿a qué huele?” en Laberinto (1913).

Como el amor, la vida no huele a nada y huele a todo lo radicalmente hermoso o desgraciado, puede hacernos sentir una calidez estival en pleno invierno o llenarnos de nostalgias otoñales en medio de la primavera, extiende su magia para transmitir acariciante placidez o gemir maléficos desasosiegos... Suspira y llora, atesora esperanza y se desespera, lucha y se rinde, se hunde y se eleva...
Como el amor, la vida merece ser vivida con romántica vehemencia porque, al menos, esa actitud no nos la podrán recortar los correveidiles de los amos del mundo... Dolerse con los dolores de la vida, amar sus amores, sentir sus sentimientos, pisar sus pasos, es ya un principio de resistencia ante el oprobio globalizado, ante un sistema que quiere que gocemos o padezcamos lo que nos dice la publicidad (el mercado) que debemos gozar o padecer.
El resto es ya una cuestión de recomponer, lírica y colectivamente (o sea, desde el discurso divergente y los actos disidentes), la verdad de nuestras risas y nuestras penas. En la propia casa (si tenemos) o en las plazas. Precisamente porque las calles no son un lugar para vivir… Pero sí para luchar porque nadie tenga que vivir en ellas.

DdA, XXII/6496

EL GALLINERO DE LAS MIL IZQUIERDAS

FÁBULA SOBRE LA UNIDAD, EL PODER Y EL HAMBRE DE LOS ZORROS

Paco Arenas

En una granja había un gallinero cuyos habitantes llevaban generaciones defendiendo la igualdad entre todas las gallinas. Unas eran rojas, otras moradas y algunas lucían plumas multicolores. Todas proclamaban que el grano debía repartirse justamente, que ningún polluelo debía pasar hambre y que los zorros constituían el mayor peligro para la convivencia.
En eso estaban de acuerdo. En casi todo, en realidad.
Una mañana, la gallina más vieja anunció que una manada de zorros se acercaba por el camino.
—¡Hay que organizar la defensa del gallinero!
—¡Por supuesto! —respondieron todas.
—¡Unidad! —cacarearon las rojas.
—¡Unidad verdadera! —replicaron las moradas.
—¡Unidad transformadora! —precisaron las multicolores.
Y, como todas estaban de acuerdo en lo fundamental, comenzaron a discutir.
La primera propuso levantar una empalizada. La segunda estuvo conforme, siempre que se reconociera que la idea original había sido suya. La tercera apoyó la iniciativa, pero exigió decidir quién dirigiría las obras. Una cuarta reclamó una asamblea constituyente para determinar democráticamente el orden en que las gallinas ocuparían los puestos de vigilancia.
—Lo importante es impedir que entren los zorros —recordó una gallina joven.
—¡Nadie discute eso! —le respondieron indignadas.
Entonces llegó la noticia de que los zorros habían alcanzado el primer cercado.
—¡Compañeras, los tenemos encima!
—Precisamente por eso no podemos precipitarnos —dijo la gallina de la cresta más encendida—. Una defensa sin liderazgo legítimo sería un error histórico.
—¡Lo que sería un error histórico es que la dirigieras tú! —replicó otra.
—¡Unidad, unidad! —corearon todas, cada una desde su propio rincón.
Ante la imposibilidad de ponerse de acuerdo, decidieron crear una comisión para estudiar las distintas propuestas. La comisión se dividió en tres.
Una gallina propuso entonces algo verdaderamente revolucionario:
—¿Y si dejamos de discutir y cerramos la puerta?
Se hizo un silencio sepulcral.
—Compañera —respondió la portavoz de las moradas—, nadie puede cerrar una puerta en nombre de todas sin haber consensuado previamente el procedimiento.
—Además —añadió la representante de las multicolores—, habría que determinar de qué lado se cierra. No podemos permitir que una decisión unilateral fracture el gallinero.
La gallina insistió:
—¡Pero nos comerán!
—No dramatices. Ese discurso alarmista favorece a los zorros.
La joven volvió la cabeza hacia el camino. Los zorros ya habían atravesado el primer cercado y avanzaban tranquilamente hacia el segundo.
—¡Pero vienen hacia aquí!
—Precisamente por eso debemos evitar improvisaciones —contestó la gallina más veterana—. La precipitación siempre ha sido enemiga de los procesos históricos.
La asamblea aprobó por unanimidad una declaración en defensa de la unidad. Después se dividió en cuatro grupos para discutir cómo alcanzarla. Al mediodía desaparecieron las primeras gallinas.
La noticia causó una profunda conmoción. Todas condenaron enérgicamente los hechos y guardaron un minuto de silencio, interrumpido únicamente por una discusión sobre quién debía iniciar el homenaje.
Las rojas acusaron a las moradas de haber debilitado la vigilancia con sus constantes exigencias. Las moradas denunciaron que las rojas pretendían apropiarse de la defensa común. Las multicolores lamentaron que ninguna de las dos comprendiera la necesidad de construir un espacio nuevo, aunque discreparon entre ellas sobre el nombre que debía recibir.
Mientras tanto, los zorros cruzaron el segundo cercado.
Uno de ellos, sorprendido por la ausencia de resistencia, se asomó al gallinero. Dentro se celebraba una votación para decidir si la futura alianza debía denominarse Frente Unido, Unidad Popular o Plataforma de Confluencia para la Defensa Democrática del Gallinero.
El zorro entró sin hacer ruido y se llevó a una de las candidatas.
Su desaparición obligó a repetir la votación.
Por la tarde, las gallinas supervivientes alcanzaron un principio de acuerdo histórico: todas estaban dispuestas a renunciar a sus diferencias personales en beneficio del bien común, siempre que las demás hicieran lo mismo primero.
El pacto se celebró con grandes muestras de entusiasmo. Algunas lloraron de emoción. Otras se abrazaron, aunque procurando no rozar sus respectivas crestas.
Se redactó un documento de cuarenta y siete puntos. Los primeros cuarenta y seis recogían principios que ninguna discutía. El último establecía quién debía dirigir la coalición.
Fue imposible aprobarlo.
—¡Nos están comiendo! —gritó una gallina joven, que había pasado toda la jornada junto a la puerta.
—No emplees el miedo como argumento político —le reprochó una de las dirigentes.
—¡Pero es que ya están dentro!
—Eso demuestra la necesidad de una respuesta contundente —replicó otra—. Propongo una declaración conjunta.
—¡Y yo una movilización unitaria! —añadió la tercera.
—Siempre que quede claro quién la convoca —advirtió la cuarta.
En aquel momento, un zorro cruzó tranquilamente la sala y se llevó a la encargada de levantar acta.
La reunión quedó suspendida por falta de secretaria.
Al anochecer apenas sobrevivía una docena de gallinas. Algunas habían empezado a sospechar que quizá estaban equivocando las prioridades, pero ninguna quería exponerse a que la acusaran de romper la unidad.
La más vieja tomó la palabra.
—Compañeras, ha llegado el momento de hacer autocrítica.
Todas asintieron con gravedad.
—Debemos reconocer que hemos cometido errores —continuó—. Hemos sido incapaces de transmitir a nuestras compañeras la importancia de nuestro proyecto. Nos ha faltado pedagogía.
—Y generosidad —añadió una morada.
—Sobre todo generosidad ajena —precisó una roja.
La discusión se prolongó hasta medianoche. Finalmente, acordaron convocar unas primarias abiertas, participativas y vinculantes para elegir a quien encabezaría la defensa común. Cada grupo presentó su propia candidata, convencido de que era la única capaz de garantizar la unidad.
Como ninguna obtuvo la mayoría necesaria, se decidió celebrar una segunda vuelta.
No llegó a celebrarse.
Al amanecer, el gallinero estaba prácticamente vacío. La última gallina permanecía encaramada en el palo más alto, rodeada de plumas dispersas y de los documentos aprobados durante la jornada.
Un zorro viejo entró despacio y se sentó a contemplarla.
—¿Queda alguien más? —preguntó.
—Quedan los principios —respondió ella con dignidad.
El zorro miró alrededor.
—¿Y para qué os han servido?
—Para no traicionarnos.
El animal guardó silencio un instante.
—¿Y qué fue de todas las demás?
La gallina alzó orgullosamente la cabeza.
—Murieron defendiendo sus ideas.
El zorro contempló la puerta abierta, los cercados intactos y las actas esparcidas por el suelo.
—Curioso —murmuró—. Yo diría que murieron discutiendo quién debía defenderlas.
La gallina se indignó.
—¡Eso es una manipulación! ¡Siempre estuvimos de acuerdo en que había que deteneros!
—Ya lo sé —respondió el zorro y se la comió.
Aquella mañana, la manada de zorros celebró una breve reunión para organizar el reparto del gallinero. No hubo discursos, ni candidaturas, ni necesidad de votar. Cada zorro ocupó su lugar y se puso a trabajar.
Antes de marcharse, el más viejo encontró entre las plumas un documento encabezado por unas letras enormes:
«POR LA UNIDAD DEL GALLINERO. NI UN PASO ATRÁS».
Lo leyó con cierta dificultad, se limpió el hocico y dejó el papel donde estaba.
Al día siguiente, el granjero encontró el gallinero vacío. Sobre la mesa permanecía el último acuerdo, firmado por todas las organizaciones.
En su párrafo final podía leerse:
«Las abajo firmantes nos comprometemos solemnemente a no permitir, bajo ningún concepto, que nuestras legítimas diferencias faciliten la entrada de los zorros».
La puerta seguía abierta y los zorros, que nunca habían necesitado ponerse de acuerdo sobre quién debía dirigir la manada, ya habían encontrado otro gallinero.
Moraleja: Todas querían salvar el gallinero. Ninguna estaba dispuesta a que lo salvara otra.
DdA, XXII/6496

¿ESTAMOS ANTE UNA ESTRATEGIA FALLIDA DE PODEMOS?


Félix Población

La entrevista de Silvia Intxaurrondo con Irene Montero ayer en La hora de la 1 no se puede calificar de dura o agresiva, como podrían argumentar quienes consideran que todo y todos están contra Podemos, tal como ha ocurrido sin ningún genero de dudas con este partido y sus dirigentes desde sus mismos orígenes hasta el día de hoy, con una permanente campaña mediática y política de descrédito que ningún otra formación política ha sufrido en la reciente historia de este país. 

En este caso estamos ante una periodista de incuestionable y contrastada profesionalidad de la televisión pública que preguntó a Montero lo que había que preguntar acerca de su acuerdo con Gabriel Rufián y Esquerra Republicana. La candidata de Podemos se limitó a responder lo sabido acerca del pacto de campaña electoral hasta que a la pregunta de la periodista de Baracaldo sobre si hay posibilidad de que el partido morado se integre en el Frente Amplio, Irene Montero contestó concisa y rotundamente que no, para añadir a continuación que el acuerdo con Rufián está abierto a que se incorpore quien quiera. ¿En qué quedamos?

Sin embargo, ustedes -alegó la periodista- siguen negociando con el Frente Amplio, dando a entender Intxaurrondo que no tendría sentido esto si a priori Montero ha respondido con una negativa. Es que para llegar a esos acuerdos Podemos ha planteado unas primarias, replica la candidata del partido morado, por lo que su negativa al acuerdo con el Frente Amplio parece obedecer,  hasta el momento al menos, a que este se niega a realizar unas primarias.  

Finalmente, la periodista hace la pregunta que toca a fin de que el oyente no se líe más de lo que puede comportar esta alianza entre un partido estatal y otro independentista, aunque ambos sean de izquierdas: ¿Si el Frente Amplio no accede a primarias, Podemos concurrirá por separado con ERC?". Nada se aclara con la contestación la entrevistada, que vuelve a ser elusiva: "Vamos a seguir hablando y vamos a seguir intentando todas las formas de colaboración, Silvia". Nunca antes habíamos visto a Montero tan cautelosa y parca en el uso del verbo, manejado esta vez por la eurodiputada con sorprendente concisión y alguna sonrisa nerviosa.

La conclusión a la hora de valorar su intervención de ayer, muy distinta por insustancial a las habituales en ella, es que su presencia en el plató a la hora de dar explicaciones no aportó información clarificadora alguna, como si sobrara tiempo para hacerlo con la campaña electoral a la vista. Sólo vale como titular una negativa que quizá esté adelantando ya un más que probable desenlace. 

Ese desenlace sería infausto para la izquierda y también para Podemos, que ha preferido colaborar con un partido independentista cuyos intereses históricos se centran en Cataluña antes que con partidos estatales ideológicamente próximos. Creo que al partido morado no le va a bastar sólo con el reconocido carisma mediático de Rufián como portavoz de Esquerra en el Congreso para que el refuerzo de este sea importante en la campaña que  desarrolle en el resto de España. Podría no serlo tanto. 

Quiero recordar que hay sectores de la ciudadanía progresista de este país que no han olvidado el grotesco papel jugado por Esquerra en el llamado Procés, donde colaboró en un episodio esperpéntico con Junts, un partido que hoy compite con la extrema derecha catalana y se alía con la derecha extrema española contra las políticas sociales del Gobierno. 

Me temo que estamos ante una estrategia electoral fallida de Podemos. De ser así, nos puede llegar en el peor momento para España desde aquel infausto 23-F. No será preciso esta vez que en el Congreso entren las botas. Bastará  con los votos, un PSOE medroso y la contribución decisiva de unas izquierdas que hacen de sus respectivos ombligos campo de disidencias, en lugar de encauzar en un programa común la política social que las movilizaciones populares han llevado otra vez a calles y plazas (con la vivienda en el centro) ante las insuficiencias de un gobierno que se vino llamando progresista*.

*Última hora: Leído en El Constitucional: El Frente Amplio mueve ficha para sumar a Podemos el 29N: proponen a Irene Montero como número dos por Madrid tras Emilio Delgado, según fuentes del entorno de las negociaciones. La oferta busca desbloquear uno de los principales obstáculos del acuerdo, mientras la formación morada conserva la opción de presentar una lista propia encabezada por la exministra de Igualdad. La propuesta modificaría el reparto que Más Madrid hizo público el domingo, cuando situó a Delgado como primero y a la ministra de Sanidad, Mónica García, como segunda. Las fuentes consultadas describen ahora margen para ceder posiciones e incorporar a Podemos, aunque esa distribución todavía debe concretarse entre las organizaciones y no se ha anunciado oficialmente.

DdA, XXII/6496

martes, 13 de octubre de 2026

PARA QUE EL PSOE GANE HAY QUE ACTIVAR EL BLOQUE DE IZQUIERDAS

La única certeza que tenemos es que durante las próximas semanas el votante progresista se va a ir activando, haciendo cada vez más ajustada una carrera cuyo resultado es aún difícil de predecir. En cualquier caso, el recuerdo del 23J debería ser suficiente para convencernos de que todavía queda mucho partido por delante, y de que 50 días son más que suficientes para armar una victoria.



 Stephan Zhao

Cuando el 29 de mayo de 2023 se convocaron elecciones, llevaba trabajando casi dos años como asesor en La Moncloa, y puedo ahora confesar que no tenía ninguna esperanza de que ese llamamiento anticipado a las urnas pudiese salir bien. Era muy difícil pensar lo contrario, si se tiene en cuenta que no habíamos tenido ni 24 horas para digerir los resultados de las elecciones municipales de la noche anterior. En esa madrugada en la que la izquierda perdió siete gobiernos autonómicos y multitud de ayuntamientos, nadie imaginaba que la espada de Damocles del adelanto electoral iba a caer nada más llegar el amanecer. Lo que siguió ya forma parte de la historia de España.

El pasado lunes, al igual que hace casi cuatro años, la legislatura finalizó de manera abrupta y, de nuevo, son muchos los que solo atisban en el horizonte una inevitable mayoría de derechas, empezando por todas las encuestas publicadas en las últimas semanas. No obstante, si algo demostró el 23J es que “las encuestas son como los perfumes: están hechas para olerlas, no para tragártelas”. Recordemos lo que anunciaban los sondeos en aquel momento: “La suma de Feijóo y Abascal llega a los 180 escaños [...], suficientes para desalojar a Sánchez de La Moncloa”, se podía leer en ABC.

Como bien se observa en el gráfico anterior, prácticamente todos los institutos demoscópicos infraestimaron a la izquierda. Las encuestas situaban al PSOE en el 25% el día que se convocaron las elecciones. Al comienzo de la campaña electoral, esta cifra escaló al 28%, pero en ningún caso se consideró la posibilidad de que los socialistas pudiesen alcanzar el 32% (a punto de empatar al PP), como finalmente ocurrió.

La clave de este ascenso meteórico de siete puntos fue la activación del electorado de izquierdas, algo que sin duda va a ser de nuevo decisivo. Según los últimos datos, los votantes progresistas están mucho más desactivados que los de derechas, algo que no es ninguna novedad. Como puede verse en el gráfico con el que abre este artículo, el 23J la izquierda se lanzó a las elecciones con menos del 60% de sus votantes movilizados, frente a una derecha que partía con más del 70% de su electorado totalmente convencido de su voto. Esta brecha se fue reduciendo a lo largo de la campaña, lo que fue fundamental para la remontada de la izquierda.

Por tanto, el camino hacia la victoria el próximo 29N pasa de nuevo por activar al bloque de izquierdas. No obstante, debemos ser conscientes de que, casi cuatro años después, las coordenadas del debate son otras. El llamamiento a frenar a la extrema derecha, que prendió el fervor progresista las anteriores elecciones, da cada vez más signos de agotamiento. La ola de indignación por la situación de la vivienda se ha llevado por delante cualquier otro asunto, lo que entraña enormes desafíos tanto para la izquierda como para la derecha.


Gracias al último estudio de 40dB., sabemos que el problema de la vivienda interpela esencialmente al votante progresista, y que la mayoría de votantes sigue considerando al PSOE el partido más capacitado para gestionarlo. Ahora bien, el Gobierno central es también percibido como el principal responsable de resolver este problema, y es ineludible el hecho de que la izquierda ha gobernado durante los últimos ocho años. La vivienda encierra así una paradoja que puede resultar determinante: es un problema que puede movilizar al electorado progresista, pero también una de las principales fuentes de frustración con el Gobierno.

Por el momento, la izquierda ha sido muy hábil trazando la línea que divide a los que “son parte del problema” de los que “son parte de la solución”. A esto ha contribuido que PP, Vox y Junts votasen en contra de dos decretos cuyas medidas eran bien valoradas incluso entre sus propios votantes. Pero se va a necesitar algo más para construir la credibilidad necesaria que empuje al votante progresista a acudir a las urnas, con la convicción de que ir a votar tiene algún tipo de propósito.

Entonces, ¿puede la izquierda ganar las elecciones? Todavía es pronto, pero probablemente el PSOE está mucho más cerca de ser primera fuerza de lo que muchos vaticinan. Si recopilamos las encuestas publicadas el mes pasado, las corregimos por su error histórico (cuánto se equivocaron el 23J) y simulamos 10.000 elecciones generales, veremos que los socialistas ya le pisaban los talones al PP. Todo esto antes del comienzo de las movilizaciones por la vivienda y en pleno debate sobre la crisis de Ceuta.

No sabemos si esto va a ser suficiente para formar una nueva mayoría progresista, mucho menos si tenemos en cuenta que aún se desconoce qué forma va a adoptar el artefacto electoral que se está armando a la izquierda del PSOE. La única certeza que tenemos es que durante las próximas semanas el votante progresista se va a ir activando, haciendo cada vez más ajustada una carrera cuyo resultado es aún difícil de predecir. En cualquier caso, el recuerdo del 23J debería ser suficiente para convencernos de que todavía queda mucho partido por delante, y de que 50 días son más que suficientes para armar una victoria.

CTXT  DdA, XXII/6495