José Ignacio Fernández del Castro
José Ignacio Fernández del Castro
Félix Población
Alguien, cuyo nombre lamento no recordar ahora, escribió lo que sigue en las redes días atrás, sin que sepa la fecha exacta del suicidio al que se refiere:
"Anteayer se suicidó Javi, el zapatero del barrio La Florida, en L'Hospitalet. Tenía 60 años y llevaba años atendiendo en el local de su edificio. Lo hizo porque le habían subido el alquiler de una forma que no podía asumir. Los propietarios del edificio tienen cuatro locales más en la zona, todos en venta. Han dejado de renovar alquileres y están cerrando pisos, uno a uno, sin importar a quién se llevan por delante. A quienes defienden las subidas abusivas, a los propietarios que solo miran el beneficio, a los family office y a los fondos de inversión que llegan a los barrios a exprimirlos, les deseo que ellos y sus familias conozcan de cerca las penurias que provocan. Y que ardan en el infierno. Porque eso es lo que son: unos miserables. Un barrio no se pierde solo cuando cae un edificio, se pierde cuando se apaga la luz de quienes lo hacían habitable".
Cada vez que escucho en las calles y plazas de este país a los jóvenes gritar estos días lo que tantas veces gritaron las generaciones que los precedieron para defender que gente como Javi no pierda la esperanza y no haga lo que hizo, siento que la frase Aquí están los antifascistas puede tener cada vez un mayor cauce y fuerza en España, como reacción necesaria de urgencia ante los vientos retrógrados que vuelven a soplar a favor de un capitalismo depredador desbocado.
Las manifestaciones y concentraciones populares han sido multitudinarias este fin de semana diversas ciudades del país, defendiendo al derecho constitucional a la vivienda, convertido en los últimos años en un miserable y desmesurado negocio especulador, sin los más mínimos escrúpulos de conciencia, que hasta ha llamado la atención del papa León XIV sin que su ejemplo cundiera entre sus obispos españoles.
Nadie hubiera pensado que una anciana desahuciada de su vivienda a los 87 años en un céntrico barrio madrileño, a la que se echó a la calle en camilla hace poco más de una semana, iba a dar como resultado estas movilizaciones populares históricas, cuyo desenlace queda pendiente de que pueda resolverse en las urnas, si Pedro Sánchez convoca elecciones en unos meses*, que pueden ser algunos más de los que se especula desde que los decretos sobre vivienda no salieron adelante en el Congreso.
Hasta que lleguen esas elecciones generales, el grado de concienciación ciudadana ante los desahucios de jóvenes con salarios precarios, ancianas y ancianos vulnerables, o suicidios como el de Javi, el zapatero del barrio de La Florida en L'Hospitalet, no debería dejar de crecer, porque lo que se impuso en el Congreso la semana pasada con los votos de las derechas extremas es un precedente más de lo este país arrostraría en la pérdida de derechos sociales, caso de que esas derechas volvieran a gobernar, esta vez a través de las urnas.
Los votos de la ciudadanía demócrata deberían ser en esta ocasión, con la vivienda como nexo reivindicativo, un cabal reflejo del grito de los jóvenes que estamos escuchando de modo masivo en las calles y plazas de España: Aquí están los antifascistas. Es un grito que interpreta la voz del poeta Miguel Hernández acerca de la juventud: Sangre que no se desborda,/ juventud que no se atreve,/ ni es sangre, ni es juventud,/ ni relucen, ni florecen./ Cuerpos que nacen vencidos,/ vencidos y grises mueren:/ vienen con la edad de un siglo,/ y son viejos cuando vienen.
DdA, XXII/6487
Monedero ve desde la distancia nubes de tormenta (más allá del PSOE, que siempre es el PSOE y da de sí lo que da de sí): las divisiones dentro de la izquierda; egos que florecen en las moquetas y las televisiones pero no en las plazas; el abaratamiento de los nombres y las siglas (no hay frente amplio si no es verdaderamente amplio). A Europa, la internacional del odio la tienen en la mira. Y en especial a España. Hace mucha falta estar a la altura. ¿Lo estamos?
Juan Carlos Monedero
De la migración a la vivienda, de Ceuta a la madrileña Puerta del Sol y de la tumba casi segura de Pedro Sánchez a la posibilidad de volver a obrar el milagro electoral. Observar el péndulo de la actualidad política española tiene algo de fascinante. Sánchez empezó septiembre tocado de muerte por la mala gestión de la crisis de Ceuta, pero un desahucio traumático ha cambiado por completo la conversación pública en el Estado español, prendiendo la mecha de un malestar que lleva acumulándose años: la dificultad cada vez mayor de acceder a una vivienda digna. Sánchez tiene ante sí la posibilidad de convocar una campaña que se salga del marco de la migración y la supuesta corrupción, y tenga una preocupación material real, como el acceso a la vivienda, como eje central, un terreno de juego que beneficia sin duda a la izquierda. Al desahucio traumático hay que añadir sus efectos movilizadoras, puestos de manifiesto en cincuenta ciudades de España con grandes manifestaciones este sábado como la de Madrid.
Beñat Zaldua
Recapitulemos. El miércoles 23 de septiembre, una comitiva judicial acompañada por un fuerte dispositivo policial ejecutó el desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años que tuvo que salir en camilla de la vivienda que habitaba desde hace siete décadas en Madrid.
La conmoción fue descomunal, gracias en gran medida al trabajo del Sindicato de Inquilinas, que lleva años predicando en el desierto de la crisis habitacional. El pasado sábado, una multitudinaria manifestación reclamó en la capital española garantías contra los desahucios y medidas para garantizar el acceso a la vivienda, un derecho consagrado en la Constitución, pero vulnerado día a día.
Al acabar, varias tiendas de campaña afloraron en la céntrica Plaza del Sol, convirtiendo la protesta en una acampada permanente que sigue en pie con un eco fenomenal, réplicas en otras ciudades y mucho espacio en los medios. Efervescencia.
El desahucio atrapó a Sánchez en el despacho del alcalde de New York, Zohran Mamdani, una bonita plataforma desde la cual ponerse al frente de la protesta. ¿Cómo capitalizar una protesta cuando se es gobierno? Recordemos: durante buena parte de esta legislatura ha estado en vigor una suspensión de los desahucios, pero en abril, los miembros más díscolos de la mayoría que en su día hizo presidente a Pedro Sánchez, los conservadores catalanes de Junts, tumbaron la renovación del decreto, por lo que la protección para los inquilinos más vulnerables decayó. Sánchez estaba en condiciones de recoger ese malestar de la gente y confiar en que, ahora sí, Junts aprobaría medidas algo más ambiciosas bajo presión popular.
El gobierno se puso manos a la obra no sin tensiones entre el PSOE, de Sánchez, y sus socios de gobierno, Sumar, que exigía aprovechar el momento para aprobar políticas más contundentes en la materia.
El resultado fueron dos decretos. Una primera norma con medidas coyunturales para frenar los desahucios, poner cierto freno a los fondos buitres y a otras prácticas que encarecen la vivienda, y una segunda con una propuesta algo más valiente y estructural: la prórroga automática de los contratos de alquiler, algo que ya se aplica en muchos países y que, en contra de lo que argumenta la derecha, no perjudica a los pequeños propietarios –a los que ofrece garantías y un mercado estable–, sino a quien pretenda especular y sacar el máximo beneficio de un bien de primera necesidad como la vivienda.
La lógica de trocear las medidas en dos decretos era lograr sacar adelante el primero de ellos, con las medidas coyunturales a modo de «mínimo humanitario», y forzar a las derechas a retratarse con la segunda, sabiendo que no la iban a apoyar.
De fondo, la compleja mayoría que invistió a Sánchez, formada por partidos estatales a la izquierda del PSOE –Sumar y Podemos– y por partidos vascos, catalanes y gallegos, tanto de izquierdas como de derechas.
Podemos, muy díscolo en el reciente periodo, escuchó la voz de la calle y se avino a apoyar los dos decretos, a los que ya habían dado el visto bueno los partidos progresistas de las naciones sin estado. Los conservadores vascos del PNV cumplieron el guion y anunciaron su apoyo al primer decreto y el rechazo al segundo.
Todo quedaba en manos de Junts, que parecía inclinarse por la misma pauta, lo que hubiera dado un importante balón de oxígeno a Sánchez. Para seguir o para convocar elecciones, a estas alturas tanto da.
En un giro de los acontecimientos, y demostrando que les da igual que gobiernen quienes reprimieron violentamente al independentismo catalán en 2017 o quienes lo amnistiaron años después, Junts decidió tumbar los dos decretos, dejando a Sánchez en el alambre.
¿Y ahora? El momento es fascinante y pese al peligro, ofrece una incierta ventana de oportunidad. La mayoría que hizo a Sánchez presidente es una entelequia ahora mismo, no sirve para hacer frente a las necesidades de la sociedad, es inoperante. Las encuestas siguen hablando de una mayoría de PP y Vox, pero también la anunciaban en 2023. Y aunque sea desde la debilidad de haber perdido una votación importante, Sánchez tiene ante sí la posibilidad de convocar una campaña que se salga del marco de la migración y la supuesta corrupción, y tenga una preocupación material real, como el acceso a la vivienda, como eje central, un terreno de juego que beneficia sin duda a la izquierda.
Por delante tiene un fin de semana para calibrar si en los próximos meses va a tener una pequeña oportunidad, arriesgada, como la que ahora se le ha abierto.
LA JORNADA DdA, XXII/6485
Félix Población
Visto que estos días los buitres (con nuestras disculpas a estas imponentes y necesarias aves) hicieron imposible que la vivienda se acercara siquiera un poco al derecho que se le otorga constitucionalmente, es más que probable que el curso de la vida política en este país no siga la trayectoria de conformidad y desencanto político que nos viene de unos años atrás, cuando las izquierdas se dieron de palos para frustrar las expectativas que despertó el 15 de mayo de 2011. Es de prever que las movilización ciudadana in crescendo que se está dando en las calles y plazas del país pueda suponer un cambio político hasta ahora impensable en la disposición de escaños del Congreso. Adelantar a noviembre las elecciones para hacerlas lo más próximas posibles al clima de protestas y reivindicaciones populares, quizá sea un poco precipitado, pero no debería haber duda de la necesidad de que ese clima sobrevenido de concienciación ciudadana ante el problema de la vivienda, no resuelto en ocho años de gobiernos progresistas y totalmente ajeno a los partidos que defienden a los especuladores, tiene que desembocar y encauzarse en las urnas. Antes de esto, sin embargo, debería contarse con la posibilidad de que la izquierda que aprobó los decretos planteados por el gobierno días atrás y algún otro partido más, sume también para darles si es factible mayor alcance en un programa de vivienda común. Así, sí pienso que sería posible espantar a los buitres de la viñeta en la que han sustituido a los leones en las escaleras del palacio de San Jerónimo.
DdA, XXII/6485
Recibimos esta nota del alcalde de Zamora haciéndole notar al presidente del gobierno autonómico de Castilla y León, bajo cuya gestión soportó la provincia de Zamora en los últimos años los incendios forestales mayores de su historia, que las gratitudes debería darlas Mañueco a quien corresponde por haber dado agua potable a una decena de localidades del alfoz de Zamora. No importan las palmaditas -escribe Guarido, que deja la alcaldía el año que viene con una gestión excelente por su parte y la de su equipo-, pero ya que se ponen a felicitarse ellos mismos y a darse las gracias unos a otros, bien podrían haberse acordado de quien ha hecho posible que hoy estén allí tomando unos canapés con agua potable: el ayuntamiento de Zamora.
Francisco Guarido
Hoy el Presidente Mañueco en un acto en Morales del Vino daba las gracias a la Diputación de Zamora y a la decena de pueblos que van a tener agua potable limpia y transparente, y que van a dejar de beber agua contaminada de sus pozos…pero no daba las gracias a quien lo ha hecho posible: la ciudad de Zamora y su ayuntamiento. Hace semanas que el Ayuntamiento de Zamora anunció que había recibido el visto bueno a la ampliación de la captación de agua del Duero por parte de la Confederación Hidrográfica y que ya podía abrir el grifo para estos pueblos del alfoz. Porque hasta eso ha hecho el ayuntamiento de Zamora: ponerse al frente de una “comunidad de usuarios” para hacer posible esa solicitad ante la CHD. No importan las palmaditas, pero ya que se ponen a felicitarse ellos mismos y a darse las gracias unos a otros, bien podrían haberse acordado de quien ha hecho posible que hoy estén allí tomando unos canapés con agua potable: el ayuntamiento de Zamora. En el gráfico elaborado por el concejal Miguel Ángel Viñas pueden verse los datos del convenio.
DdA, XXII/6485
Félix Población
Al dirigirse en el Congreso el portavoz de Esquerra Republicana a la señora Nogueras, cuyo partido hizo imposible la aprobación de los decretos del Gobierno sobre vivienda que había impulsado el brutal desahucio de Maricarmen Abascal y la presión popular consiguiente, Gabriel Rufián* dijo que haría todo lo posible por conseguir que Junts acabara en el más desolador (le faltó el calificativo pero se sobreentendía) ostracismo político. Al margen de que esto se llegue o no a cumplir, también hizo Rufián promesa de que con el citado partido nunca más pactaría el suyo, recordando quizá la vergüenza a la que asistimos hace años con aquel esperpéntico capítulo del procés català, en el que la derecha y la izquierda independentistas de Cataluña protagonizaron uno de los más deplorables episodios de su historia, que jugó, a la postre, no sólo en contra del propio independentismo sino a favor de la floración o re-floración (más bien) de la extrema derecha en España, entrañada en el Partido Popular (PP) desde sus orígenes como Alianza Popular. Lo que bien podría esperarse a partir de ahora, vista la estrecha colaboración en el voto junto a PP y Vox de esa extrema derecha catalana contra el gobierno de coalición de Pedro Sánchez, es que después de las ya más que próximas elecciones generales, Junts, con su patriótico grito de Visca Catalunya Lliure, pueda ayudar al Partido Popular y a Vox a formar el siguiente gobierno de coalición de la derecha extrema, si es menester.
*¿Quién llamó ayer a Junts para que cambiaran un voto que ya tenían pactado con el PSOE?
DdA, XXII/6484
Coincidimos totalmente con la firmante del siguiente artículo respecto al protagonista de ayer en La Revuelta: Hay una juventud insultante en José Mariano, esa juventud del espíritu que se confirma cuando confiesa que, a su edad, sigue esquivando el tráfico de Madrid a lomos de su moto. No es una excentricidad; es el reflejo de un hombre que se niega a detenerse, que viaja ligero y que conserva la agilidad mental de un treintañero. A medida que avanza la noche, la pantalla se llena de un vasto conocimiento y una experiencia asombrosa. Escucharlo es asistir a una cátedra viva de la historia judicial española, salpicada de anécdotas memorables e hilarantes. José Mariano Benítez de Lugo demostró ante millones de espectadores que la verdadera aristocracia no reside en los títulos heredados del norte de Tenerife, sino en la nobleza de poner el derecho al servicio de los vulnerables.
Fidela Velázquez
Ana Cuevas