martes, 13 de enero de 2026

TRUMP ES UN MATÓN Y LA UE NO LE DEBE TRATAR CON RESPETO

Poch cita en este artículo al analista británico Anatol Lieven:  “Para defender a Ucrania, un país que no es miembro de la OTAN ni de la UE, la UE y la OTAN tendrían que aceptar la invasión del territorio de un miembro real de la OTAN, Dinamarca. Si esto ocurre, será una humillación que nos convertirá en el hazmerreír del mundo. Hace tiempo que la imagen de la UE se ha roto en todo el mundo, ahora la pérdida de Groenlandia la haría añicos a los ojos de los propios europeos”. Trump es un matón y la UE le trata con respeto. A un matón no se le puede tratar con respeto, porque te pisará aún más.



Rafael Poch

La única manera de tratar a un matón que te agrede es, como dijo el cenetista catalán Joan Peiró hace muchos años, darle una patada “en la cruz de los pantalones”. Sin embargo, la UE le ríe las gracias a Trump  y muestra una actitud contraria a la que han mantenido con notable eficacia China, Brasil y hasta los llamados hutíes del Yemen. 

China respondió a las amenazas de guerra comercial total de Trump con el corte de toda exportación de tierras raras a Estados Unidos, un recurso del que Pekín dispone de alrededor del 45% global y Estados Unidos menos del 2%. Trump tuvo que desdecirse.

El presidente de EEUU amenazó a Lula con gravámenes del 50% sobre todo el comercio brasileño si se encarcelaba por tentativa de golpe de Estado a su amigo Bolsonaro. Brasil no cedió, los precios del café y la soja subieron en Estados Unidos y Trump reculó.

Trump atacó Yemen causando gran destrucción y muerte, pero no consiguió su objetivo de que cesaran los ataques contra buques israelíes o con destino a Israel y, al final, tuvo que firmar un alto el fuego en Omán, el pasado mayo, mientras el propio matón dijo que sus adversarios tenían “mucho valor”.

En América Latina, China es el principal socio comercial de casi todos. La pretensión de que países como Chile, Ecuador o Brasil, que mantienen enormes relaciones económicas con China, renuncien a ellas por miedo a lo visto en Venezuela es completamente irreal. Es incluso improbable que funcione con la propia Venezuela, por lo que la agresión del 3 de enero se parece mucho más a un gesto de debilidad que de fortaleza que se acabará volviendo contra los propios Estados Unidos.

En Oriente Medio hay un realineamiento desfavorable para Israel. Netanyahu está más amenazado que nunca por los escándalos de corrupción de su entorno, particularmente el llamado “Qatargate”, por lo que  el escenario de un nuevo ataque contra Irán se hace cada día más probable, mientras el tráfico de armas estadounidenses hacia Israel, vía la base alemana de Ramstein, está siendo muy fluido en los últimos días. El ministro de exteriores de Omán, un país de tradición mediadora, Badr Al-Busaidi, ha abandonado toda ambigüedad al declarar que la fuente de inestabilidad en la región no es Irán, sino Israel.

El mundo está girando y, en ese contexto, la Unión Europea continúa lamiéndole las botas a Trump sin recibir más que nuevos y mayores desprecios. El de Groenlandia podría ser sensacional. El lunes 5 de enero, el subdirector del Gabinete de Políticas de la Casa Blanca, Stephen Miller, dijo que debe ser territorio de Estados Unidos. “Nadie luchará militarmente contra Estados Unidos por el futuro de Groenlandia”, dijo. ¿Por qué la UE mantiene hacia Estados Unidos una actitud tan contraproducente y demencial? La derrota militar de la OTAN en Ucrania está servida y va a fracturar aún más eso que conocemos como “Occidente”.

Como dice el analista político británico Anatol Lieven, “para defender a Ucrania, un país que no es miembro de la OTAN ni de la UE, la UE y la OTAN tendrían que aceptar la invasión del territorio de un miembro real de la OTAN, Dinamarca. Si esto ocurre, será una humillación que nos convertirá en el hazmerreír del mundo. Hace tiempo que la imagen de la UE se ha roto en todo el mundo, ahora la pérdida de Groenlandia la haría añicos a los ojos de los propios europeos”.

En solo un año, Trump ha cancelado el derecho internacional, toda diplomacia y cualquier derecho humano y nacional, apoyando y armando el genocidio israelí, atacando a Irán en medio de una negociación, bombardeando Nigeria, colocando a un líder yihadista en el gobierno de lo que queda de Siria, atacando a Venezuela, secuestrando a su presidente y manteniendo y profundizando los ataques contra Rusia vía Ucrania. La UE colabora activamente en casi todo eso.

Cuando Ucrania sea derrotada, los reproches entre Estados Unidos y la UE subirán de tono. Los gobiernos e instituciones europeas se resquebrajarán aún más y ¿qué será de la OTAN?, se ha preguntado incluso la ahora amenazada primera ministra danesa.

Trump es un matón y la UE le trata con respeto. A un matón no se le puede tratar con respeto, porque te pisará aún más.

CTXT DdA, XXII/6226

LAS AGRESIONES SEXUALES DE JULIO IGLESIAS A SUS EMPLEADAS DOMÉSTICAS


Lazarillo

Si por algo se ha caracterizado El Diario desde su fundación, aparte de por ser un periódico gestionado y trabajado por periodistas con el respaldo económico de sus suscriptores, ha sido por haber revelado a lo largo de su considerable trayectoria una serie de casos de corrupción de la política española, tan pródiga en esa lacra. Ahora lo que nos cuenta El Diario, con la colaboración de Univisión, es el trato vejatorio y las agresiones sexuales a las que sometía Julio Iglesias a sus empleadas de servicio doméstico, denunciadas por dos de ellas: penetraciones, bofetadas y vejaciones físicas y verbales. Lo cuenta una de las víctimas. "Hoy en el podcast, escuchamos el testimonio de esas mujeres, unas mujeres de origen humilde que han tenido que acumular valor para romper amarras con su ‘señor’, alguien con mucha fama y mucho poder en República Dominicana. Escuchamos de primera mano qué pasaba en aquella casa y vamos desgranando las primeras claves de una investigación de la que publicaremos varias entregas esta semana". Estamos ante un episodio verdaderamente relevante del periodismo de investigación por el que hay que felicitar al periódico de Ignacio Escolar.

DdA, XXII/6226

¿COLAPSARÁ USA O DESTITUIRÁN A TRUMP?


Félix Población

Como los medios de información españoles, sobre todo los canales de televisión, siguen focalizados en Trump sin que presten demasiada atención al clima de protesta que vive el país que preside y tengamos una dimensión real de las imágenes que se están registrando en muchas ciudades a raíz del asesinato de la poeta y escritora Renee Good, con manifestaciones en algunos casos multitudinarias como las de Nueva York en contra de la política de deportaciones del presidente Donald Trump, es probable que tardemos en leer artículos y editoriales acerca de la posibilidad de que el gobierno de este individuo y su persona se estén metiendo en más problemas de los previsibles. Trump ha dicho que si pierde las elecciones de medio mandato que se celebrarán en noviembre buscarán una excusa para destituirle. Es de prever, sin embargo, que no haya excusa sino razón sobrada para ello, basada en la desbocada caída de respaldo popular del presidente. Si en noviembre pasado era de sólo el 37 por ciento, es seguro que con lo que está ocurriendo ahora en el país habrá descendido aún más y que tenga muy difícil recuperar algo de lo perdido en el futuro. Ayer Juan Carlos Monedero, en su interesante artículo publicado en la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (REDH), apuntaba tres escenarios posibles para Estados Unidos: una guerra civil, una guerra mundial o la destitución/fallecimiento de Donald Trump. El más deseable, desde luego, sería este último, no sólo fuera del país sino también en su interior. Es temprano aún para saber en qué desembocarán las protestas y enfrentamientos con la ICE en las ciudades del país, pero se puede tener la sensación de que van a continuar y hasta podrían incrementarse, con la posibilidad de que a la muerte de Renee Good puedan seguirle otras que elevarían la tensión social, ya de por si preocupante. (Acabo de leer que hay en las calles de Filadelfia miembros armados de Panteras Negras). Súmese a todo esto, ya de por sí muy preocupante, la probabilidad nada descartable de que la Corte Suprema de Estados Unidos dictamine que algunos de los aranceles impuestos por el gobierno son ilegales, después de que la tasa arancelaria efectiva de ese país fuese elevada a su más alto nivel desde la década de 1930. De anularse los aranceles sería una catástrofe, dicho por el propio Trump. 


Durante una conferencia de prensa, el jefe de policía de Portland rompió en llanto al enviar un mensaje directo a la comunidad latina. Con la voz entrecortada, habló del miedo, la angustia y la impotencia que viven miles de familias día tras día.
Dijo que ha intentado escuchar, comprender y ponerse en el lugar de quienes cargan con ese dolor silencioso. Pero también fue claro: nada de eso borra lo ocurrido, ni calma por completo a una comunidad que hoy se siente vulnerable.

DdA, XXII/6226

DE LA LEGITIMIDAD Y NECESIDAD DE HACER TRAMPAS AL DIOS MERCADO



José Ignacio Fernández del Castro

«Entonces Abraham alzó de nuevo la mano y tomó el cuchillo y degolló un carnero que antes había escondido en un zarzal, trabado por sus cuernos. Y fue Abraham y soltó a su hijo y tomó el carnero y ofrecióle en holocausto en lugar de su hijo.

Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y Abraham respondió: Heme aquí, mi hijo. Y habló Isaac y dijo: Pues no vino el ángel de Jehová dando voces por el cielo para traer el carnero. ¿Vas a hacer lo que no hizo Jehová? ¿Pretenderás engañar a Jehová y suplantarle cuando no cumple lo que está escrito?.
Y dijo Abraham: ¿Y tengo yo que dar explicaciones para que tú y yo nos comamos un carnero como Dios manda?.»
 Juan BENET GOITIA (Madrid, 7 de octubre de 1927 – 5 de enero de 1993):  Final de la “Fábula Quinta” en 
Trece fábulas y media y fábula decimocuarta (1987).

Cuando los dioses tratan de probarnos con desmesuras y horrores, ¿quién puede reprocharnos que hagamos trampa?. Cuando los dioses del mercado (léase los amos del mundo) y sus testaferros políticos (Donald John Trump, Javier Gerardo Milei, Benjamín “Bib”» Netanyahu, Vladímir Vladímirovich Putin, Emmanuel Jean-Michel Frédéric Macron o cualesquiera que se les ocurra aquí o allá) nos someten a pruebas de resistencia sin cuento, ¿quién puede reprocharnos por el desafecto político y el resquebrajamiento de nuestra probidad ciudadana?.


Mientras la política se va rindiendo a una ideología neoliberal (vendida en los medios como “la economía”, aunque sólo esconda el imperio del más fuerte, ya sin disimulo), los países que emergen son, precisamente, los que, abandonando las imposiciones del Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional de las décadas de los setenta y los ochenta, han negado, en la práctica, ese credo

Frente a los viejos fisiócratas del “laissez faire, laissez passer” y los primigenios liberales del menos Estado, más mercado”, con su fiera confianza en el egoísmo como principio más eficiente de la acción económica dirigida a la producción y distribución de bienes y servicios (tan explícitamente sostenido por Adam Smith), los modernos neoliberales no dejan hacer ni pasar, sino que han consagrado el lema de “privatizar las ganancias, socializar las pérdidas” para sacar tajada de cuanto produce beneficios monetarios directos y relegar a “lo público” lo que produce pérdidas de dinero contante y sonante, por muchas ganancias sociales (no mensurables en los balances de cuentas) que puedan derivar... Además, para redondear el círculo vicioso, se denunciará luego “lo insostenible de esas pérdidas” para derivar los recursos públicos “ahorrados” por los recortes (la famosa motosierra argentina tan grata a algunos ultras hispanos) de las mismas hacia la “estimulación y sostenimiento de la actividad privada” cada día menos productiva y más especulativa (hace casi medio siglo que la inmensa mayoría de la “generación de riqueza” en el mundo procede en su inmensa mayoría de la economía financiera, o sea de mover dinero de una sitio para otro sin que medie aparición de bienes o servicios tangibles).

En tales condiciones, ¿a qué dios, mercado o ministro de cualquier ramo tenemos que dar explicaciones por reunirnos y alentar el ejercicio colectivo de la protesta y la resistencia, aunque pueda derivar en algún momento en algarada?... Pero no equivoquemos los destinatarios creyendo que son Trump, Milei, Netanyahu, Putin o Macron los principales responsables e indagamos, como los buenos detectives, en quiénes salen (económicamente) beneficiados con sus acciones. Aunque sólo sea para fundirnos en un abrazo/banquete colectivo conscientes de quiénes (realmente) mandan. Y, en lo posible, hacerles trampa para buscar un destino común en el que quepa todo el mundo.

GRITOS CON CITA Y GLOSA (LVIII)  DdA, XXII/6226

MARCO RUBIO, PRESIDENTE DE VENEZUELA, GOBERNADOR DE CUBA Y SHA DE IRÁN

Trump tiene el deliberado propósito de rendir por hambre al país y devolver a Cuba a la condición colonial como  hasta el 31 de diciembre de 1958. Pocos pueblos han sido tan castigados como el cubano por no someterse al dominio imperial; por empeñar sus fuerzas en la defensa de la soberanía, y pocos han sido objeto de una guerra de desinformación tan virulenta para culpar a quienes resisten de los males que infligen los agresores. El bloqueo impuesto por Estados Unidos desde hace más de siete décadas puede compararse con el que Francia estableció contra Haití para obligarla a pagar a los esclavistas una indemnización por cada uno de los esclavos liberados, acto de inhumanidad que marcó para siempre a la mitad occidental de La Española y la puso en la trayectoria que la mantiene como la nación más pobre del hemisferio occidental. La ironía de Musk (léase titular) es el pensamiento del dictador Trump.

EDITORIAL

El presidente Donald Trump comentó que “le parece bien”, al compartir una publicación de redes sociales, que plantea en tono sarcástico el nombramiento del actual secretario de Estado, Marco Rubio, como presidente de Cuba. El hombre más rico del mundo y mayor donante de la segunda campaña presidencial de Trump, Elon Musk, ya había ironizado respecto al papel de Rubio en la política imperialista estadunidense, al caracterizar al halcón como “próximo presidente de Venezuela, gobernador de Cuba y sha de Irán”.

La hostilidad de Washington hacia La Habana, que desde hace tres cuartos de siglo se ha mantenido en niveles inaceptables bajo los estándares del derecho internacional, ha alcanzado el paroxismo desde que la política exterior estadunidense es conducida por Rubio, ultraderechista descendiente de cubanos que forman parte del ala más recalcitrante del exilio radicado en Miami. Desde el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su traslado ilegal a Estados Unidos, Trump y Rubio han insistido en la idea de un inminente colapso de la revolución cubana, con una siniestra ambigüedad acerca de si creen que ésta se producirá espontáneamente o se están preparando para precipitarla mediante una intervención.

En este contexto, la “broma” del mandatario constituye la enésima agresión de su régimen contra Cuba. Debe recordarse que en sus dos periodos en la Casa Blanca, Trump ha impuesto presión máxima para destruir la isla, en la que se incluyen prohibición de viajes en cruceros y aviones privados; limitación de remesas a mil dólares por trimestre; cierre forzoso de las operaciones locales de Western Union; sanciones a quien le suministre petróleo; prohibición de hacer transacciones con toda empresa que, a juicio del Departamento de Estado, sea controlada por las fuerzas armadas cubanas; inclusión en la lista de países patrocinadores del terrorismo; sanciones a quienes hagan convenios de prestación de servicios médicos con la isla; bloqueo de toda plataforma de pagos digitales que transfiera fondos allí, y castigos a toda naviera que atraque en puertos cubanos, entre muchas otras.

Está claro, y el trumpismo es transparente al respecto, que estas medidas tienen el deliberado propósito de rendir por hambre al país y devolver a Cuba a la condición colonial a la que estuvo sometida hasta el 31 de diciembre de 1958. Pocos pueblos han sido tan castigados como el cubano por no someterse al dominio imperial; por empeñar sus fuerzas en la defensa de la soberanía, y pocos han sido objeto de una guerra de desinformación tan virulenta para culpar a quienes resisten de los males que infligen los agresores. El bloqueo impuesto por Estados Unidos desde hace más de siete décadas puede compararse con el que Francia estableció contra Haití para obligarla a pagar a los esclavistas una indemnización por cada uno de los esclavos liberados, acto de inhumanidad que marcó para siempre a la mitad occidental de La Española y la puso en la trayectoria que la mantiene como la nación más pobre del hemisferio occidental. Lejos de denunciar el sadismo de los imperios, las derechas y no pocas seudoizquierdas persisten en trasladar la responsabilidad por las penurias económicas de los pueblos a quienes se plantan por la libertad.

Por ello, la decisión del gobierno mexicano de proseguir los envíos habituales de petróleo acordados con la isla debe ser motivo de orgullo para todos los mexicanos, por pertenecer a una sociedad que no da la espalda a los damnificados del colonialismo y que mantiene su independencia diplomática y económica en un escenario tan desafiante como la aplicación trumpiana de la doctrina Monroe.

LA JORNADA MX  DdA, XXII/6226

lunes, 12 de enero de 2026

USA: ¿GUERRA CIVIL, GUERRA MUNDIAL O DESTITUCIÓN/FALLECIMIENTO DE TRUMP?

El profesor Juan Carlos Monedero, al que en su país se le privó de tribuna pública para exponer sus indudables conocimientos geopolíticos, no deja de hacerlo en medios internacionales como REDH (Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad). Según Monedero, Venezuela puede ser para EEUU el detonante del fin de su hegemonía. De los tres escenarios en el horizonte norteamericano -guerra civil en EEUU, guerra mundial desencadenada en América Latina y destitución/fallecimiento de Trump-, son muchos, dentro y fuera, que apostarían por esto último. Al tiempo, la opción que menos apoyo recaba el presidente norteamericano en el mundo es la de la guerra mundial. Trump, salvo el apoyo de las oligarquías latinoamericanas que están en la oposición y algunos gobiernos reaccionarios como los de Argentina, Bolivia, El Salvador o Perú, no tiene apoyos para hacer sonar sus tambores de guerra. Al tiempo, sabe que pocos llorarían su desaparición. Junto a la desestabilización interna que crece con sus ataques a los lugares donde gobiernan los demócratas -el último, el Nueva York del nuevo alcalde Zohran Mandani-,  está  su cacería de migrantes o de personas de origen migrante que está prendiendo fuego al país en un clima cada vez mayor de oposición entre la ciudadanía.


Juan Carlos Monedero

Decía el filósofo español Ortega y Gasset que lo que genera levantamientos populares no es el abuso de poder por parte de los gobernantes, sino la quiebra de los usos. Es decir, que lo que los pueblos ven con menor tolerancia no son los excesos, aunque claro que enfadan y soliviantan, sino los comportamientos de un dirigente o de un gobierno que van contra lo que está generalmente aceptado en una sociedad. Una parte de El príncipe de Maquiavelo se dedica advertir sobre estos errores, propios de los nuevos reyes que no han terminado de entender que dirigir un Estado no es igual que dirigir una empresa. Conducen al fracaso. El comportamiento de Donald Trump está quebrando los usos y costumbres de la región latinoamericana.

El establishment económico de los países occidentales lo configuran quienes expresan la alianza entre el capital, el Estado (especialmente su parte financiera y la jurídica), los medios de comunicación y las élites sociales. El establishment define como interés del país sus propios intereses, eso sí, bajo la apariencia de neutralidad y consenso. Hasta que tensan demasiado la cuerda y se rompe. La crisis de Lehmann Brothers en 2008 desató el plan B al que siempre las élites recurren cuando se ponen nerviosas. Fue en el entorno de esa crisis que presidentes como Sarkozy -que ha terminado en la cárcel- o Ángela Merkel, la entonces canciller alemana, dijeron que se debía suavizar el capitalismo para que el pueblo no les colgara de una farola. Pero como el pueblo no colgó a ningún responsable de la crisis de ninguna farola, lo que decidieron las élites es darle una vuelta de tuerca más al neoliberalismo. Y es cuando la extrema derecha -que estaba en el congelador mientras que la derecha y la socialdemocracia garantizaran el funcionamiento de las sociedades occidentales-, fue convocada y, lo que parecía imposible, se hizo realidad. Es decir, que las extremas derechas se comieron a las izquierdas y a las derechas democráticas. Milei, Trump, Kast, Bukele, Noboa, Abascal son expresiones de la crisis del neoliberalismo y de los errores de la izquierda.

Las extremas derechas, como gestores de la crisis neoliberal, han decidido dinamitar lo que llamaban, en su lucha contra China y Rusia, “un mundo basado en reglas”. El derribo alcanza a la propia democracia y al derecho internacional. El privilegio es incompatible con la democracia. El 10% de la población concentra el 76% de la riqueza mundial. Y esa brecha cada vez se agranda más, ya que en los últimos años, ese 1% se apropia de más del 60% de la nueva riqueza que se crea.

Esa pobreza es la que se ve en las calles de Chicago, de Boston o de Nueva York y también en París, Londres o Madrid. EEUU, como el hegemón del modelo neoliberal, está en un callejón sin salida. Es de donde quiere salir Donald Trump intentando recuperar ocho grandes controles que tenía EEUU y que, o bien ya no tiene o los pretende atesorar desde la debilidad. Serían los siguientes: el control de las rutas marítimas (donde discurre más del 80% del comercio mundial y tiene en los puertos sus atractores); el control del comercio mundial (con la desbordante competencia de China);  el control de los recursos energéticos (donde aparece Venezuela como el país del mundo con más reservas de petróleo reconocidas); el control tecnológico (con una lucha a cuchillo por controlar la IA y el  mercado de semiconductores vinculado a la primacía militar. Acaban de nombrar tenientes-coroneles del ejército norteamericano a ejecutivos de Palantir, de Meta y de Open IA. Además, Palantir, dirigida por Alex Karp, una persona con ideas fascistas, está concentrando toda la inteligencia política militar norteamericana, al tiempo que recibe jugosos contratos con la CIA y el FBI); el control de la moneda de reserva internacional (que es el dólar desde 1945) y del sistema financiero internacional (FMI, CIADI, mecanismo Swift); el control de las armas y del curso de las guerras (que explica las más de 200 intervenciones norteamericanas entre 1950 y 2025, cuyos últimos episodios son el genocidio en Gaza, el asedio a Venezuela y la voladura con misiles de pequeñas lanchas en el Caribe); el control de la diplomacia global (EEUU se está quedando mayoritariamente sola en importantes votaciones en Naciones Unidas, entre ellas en asuntos relacionados con Cuba y Venezuela, al tiempo que constata que su antaño obediente “patrio trasero” ya no le obedece); y el control de la hegemonía cultural (que perdió con el auge de otras culturas, como la latina -muy evidente en la música y la literatura-, con el nombramiento del Papa Francisco y luego de León XIV o con la soledad de Trump con asuntos como el negacionismo climático o la concesión del Premio Nobel “de la paz” a una enemiga de los derechos humanos como la venezolana María Corina Machado).

Es en este desesperado intento de mantener la primacía en estos ámbitos está llevando a que una parte del establishment norteamericano dé por perdida la batalla contra China y proponga concentrar sus esfuerzos en lo que Monroe llamó en 1823 su “patio trasero” (no es extraña la advertencia de Bolívar hace dos siglos acerca de los objetivos de lo que ya se veía como la amenaza del norte). Y es aquí donde cobra toda su fuerza el ataque permanente contra la soberanía de Venezuela, primero con Hugo Chávez, y ahora con Nicolás Maduro, a donde se suman las controversias con la Colombia de Gustavo Petro, el México de Claudia Sheinbaum, el Brasil de Lula Da Silva e, incluso, el Canadá de Mark Carney o la España de Pedro Sánchez. Y Venezuela sigue siendo el villano universal porque la recuperación de su soberanía con Chávez y su mantenimiento con Maduro es un firme obstáculo para la recuperación de la hegemonía global que ha perdido EEUU.

Por eso las élites han llamado a Trump: para que les haga el trabajo sucio que no terminaban de finalizar ni los republicanos ni los demócratas. Pero Trump, como le pasa a la generación Z, llega tarde. Estamos en 2026 y Venezuela puede ser para EEUU el detonante del fin de su hegemonía. De los tres escenarios en el horizonte norteamericano -guerra civil en EEUU, guerra mundial desencadenada en América Latina y destitución/fallecimiento de Trump-, son muchos, dentro y fuera, que apostarían por la desaparición del presidente condenado. Al tiempo, la opción que menos apoyo recaba el presidente norteamericano en el mundo es la de la guerra mundial. Trump, salvo el apoyo de las oligarquías latinoamericanas que están en la oposición (y prefieren una invasión norteamericana a estar fuera del poder), o de países fracturados como Argentina o El Salvador, no tiene apoyos para hacer sonar sus tambores de guerra. Al tiempo, sabe que pocos llorarían su desaparición. Junto a la desestabilización interna que crece con sus ataques a los lugares donde gobiernan los demócratas -el último, el Nueva York del nuevo alcalde Zohran Mandani-, está su cacería de migrantes o de personas de origen migrantes está prendiendo fuego al país.

Las bestias heridas suelen dar zarpazos e ignorarlo es ingenuo. Pero también en esos zarpazos se les suele ir la última fuerza que tienen.

REDH  DdA, XXII/6225

NÉBEDA, EL FUTURO SABOR DE LA MEMORIA


 


Después de leer este magnífico texto de Mestre, tan estimulante como todos los que suele escribir, no queda otra que interesarse por la novela recientemente publicada de Emilio Silva y leerla en cuanto la tengamos entre las manos. Este Lazarillo lo hará con la necesidad y el interés de que la literatura recree lo que Silva ha vivido desde que se propuso, con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, lo que debió haber sido un objetivo de los gobiernos democráticos: que la memoria democrática nutriera a la democracia española. Esa carencia la estamos notando hace unos pocos años con el resurgimiento  de la extrema derecha.

Juan Carlos Mestre

Hace décadas que “bajo las águilas silenciosas”, dónde “la inmensidad carece de significado”, según la memorable dicción del poeta Antonio Gamoneda, un joven Emilio Silva asumía los deberes que tiene par con el infinito el imperativo categórico de la memoria: el de la restitución moral de la memoria de las víctimas, el quebrantamiento de los edictos de silencio que seguían sojuzgando desde el fin de la dictadura franquista el discurso civil de la democracia.
Hace más de dos mil años que el naturalista romano Plinio el Viejo, a su paso por El Bierzo, catalogó en su tratado de botánica Historia Natural, una humilde hierba que brota en las cunetas del “agua que no desemboca”, entre las ruinas de las viejas casas donde se apagó el fuego justo en el momento en que debía arder.
Pero la vida, según la profecía laica del insurrecto E.E.Cumming, cabeza de la generación perdida, venga siempre las ofensas de los hombres con las salvas de la primavera. Los ríos remontan su corriente hacia la aldea de las lágrimas, las raíces de los árboles rozan la boca de los muertos y los descendientes del mandato de la dignidad humana buscan, más allá del territorio de las ensoñaciones, a sus antepasados desaparecidos.
Es el día de la nobleza irrefutable del que acude a testificar ante el bosque de los símbolos, del que retoma el relato de la historia tras el incumplimiento de la obligación contraída con los silenciados, la ominosa connivencia del poder político con el olvido, la preterición que entroniza la impunidad como discurso dominante entre los leguleyos del Estado.
Es el aroma de la nébeda el que fluye y no como una consolación en estas páginas, es la materia medicinal de la memoria de esa modesta hierba, la remota “nepeta” latina que según la creencia antigua curaba la picadura de los escorpiones y cuyas flores divisas evocaban al naturalista Plinio los pies de una cama. Nada significa dos veces lo mismo, ni la neutralización de los venenos ni el lecho donde permanecen expectantes los sueños pendientes de ser soñados y los preceptos de lo justo jamás cumplidos.
No viene esta novela de Emilio Silva a restañar en su sentido moral las heridas del pasado, la literatura no alivia las heridas irreversibles con las que el autoritarismo marca el cuerpo dañado de la historia de los pueblos, es la presencia irradiante de alegorías del ausente en busca rostro, son las huellas que avanzando hacia el futuro amplían los horizontes significativos del porvenir, el tiempo presente que contiene todas la figuraciones constructivas del pasado para devenir en una ética que contenga la gran visión del humanismo crítico, la radical conciencia de ese ineludible pensamiento que retorna a recordarnos que, ante cualquier circunstancia de adversidad, los seres humanos somos responsables unos de otros.
En estas páginas, casa de amparo de los forzados al exilio, morada indestructible de los inmolados por defender con la única fuerza de sus convicciones la repoblación espiritual de un mundo resquebrajado por los privilegios y la usura, está “el testimonio de alguien que aprendió a callar antes incluso de saber hablar”, es decir, las delicadas formas de un conjuro poético contra las figuraciones del mal. Está la topofilia de Pereje, el amor por el lugar natal, donde da comienzo la historia que se bifurca y confluye con la de incontables personas tras la execrable catástrofe del golpe de estado nazi-franquista.
Una voz en la que se aúna el coro concertado de la inmensidad de los sufrientes, una crónica que desde la intimidad gravitante de lo propio, el vil asesinato de su abuelo, Emilio Silva Faba, un hombre honrado, vecino del barrio de La Cábila, en Villafranca del Bierzo, asesinado por pistoleros falangistas en 1936. No enuncia Nébeda una voz que se constituya en réquiem sobre las cenizas de la II República, sino la revelación de la música callada del silencio que acompañó durante abominables épocas la esperanzadora valentía de cuantos sostuvieron, como ahora mantiene con indeclinable resistencia Emilio Silva, autor de esta tan imprescindible como conmovedora novela, la lampara que ha de iluminar la senda a los dignos y bienaventurados habitantes del futuro.
Acaso la memoria sea la manera de estar de lo que ya no es, la voz sin boca de los impacientes, la conciencia de los muertos que reinician la imaginación del mundo desde la zona oculta donde el encargo maravilloso de las palabras, única facultad del discernimiento humano que sobrepasa la velocidad de la luz, la de hacer rebrotar la nébeda, la de volver a percibir su aroma sobre la tierra donde permanece inmaculada y pura la sonrisa de los inocentes frente a la infructuosa y repugnante mueca del verdugo. Escrito está, ya nada podrá borrar esta remembranza escrita sobre las lápidas de papel de la alteridad, la narración moral y ética de unas vidas que fundaron su existencia sobre la justicia y la verdad, las aún pendientes aspiraciones a lo justo que reivindican como principio impostergable de la vida estas páginas donde arraiga la memoria, tan personal como generosamente colectiva, de Emilio Silva, Nébeda, editada por Alkibla.

DdA, XXII/6225

LA VILEZA PATRIÓTICA DE LA DERECHA ESPAÑOLA

Escribe Muñoz Molina, en su artículo del pasado sábado, publicado en el diario El País: El líder del PP incurre en una extraña falta de elocuencia cuando le toca decir algo que no sea denostar a Pedro Sánchez, a su familia y a su Gobierno. Aparte de eso, no se sabe lo que piensa de nada, menos aún en asuntos internacionales, quizás porque el hombre sigue concentrado en aprender inglés. Pero los jóvenes de su partido, han difundido por los vertederos de las redes sociales una foto manipulada en la que se ve a Rodríguez Zapatero esposado y con los ojos cubiertos con un antifaz, como Nicolás Maduro en el helicóptero donde lo llevaban secuestrado. Siendo tan patriotas, ¿están proponiendo que a un conciudadano suyo lo rapte un poder extranjero, vulnerando nuestra soberanía nacional, nuestras leyes, nuestra pertenencia a la Unión Europea?



Antonio Muñoz Molina

“En las imágenes de la segunda toma de posesión de Donald Trump, va a hacer justo un año, cuesta mucho distinguir a uno de los pocos invitados extranjeros. En la primera fila está su propia familia, alineada con la misma prominencia orgullosa que la familia de don Corleone en El Padrino; en la segunda fila, siguiendo una jerarquía visual parecida a la de un friso bizantino, se agrupan los oligarcas de las compañías tecnológicas, satisfechos y dóciles, pues el nuevo déspota va a desvivirse por asegurarles una primacía mundial que ningún gobierno extranjero se atreverá a resistir; hay que llegar a la tercera fila para encontrar a los miembros del gabinete, o consejo de ministros, que en un país tan presidencialista como Estados Unidos son poco más que comparsas, destinados a rendirle una pleitesía nunca suficiente, transmitida en directo por la televisión, sin que haya noticias de que a ninguno de ellos se le caiga la cara de vergüenza, ni tenga límites siquiera de verosimilitud en una bajeza no inferior a la de un cortesano del líder supremo de Corea del Norte.

Así es el mundo ahora. Muy al fondo, relegada a un espacio estrecho contra la pared, y más difícil de ver por su baja estatura, está la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, ávida de visibilidad en la corte de Trump pero casi invisible, como una azafata o camarera que intentara abrirse paso entre una compacta multitud de gente poderosa, dotada de esa facultad de los muy ricos para no ver a sus inferiores, aunque estén a un paso de ellos. La gran adalid de la patria italiana, la defensora de una soberanía nacional amenazada por inmigrantes de piel oscura y burócratas europeos de traje azul, está dispuesta a aceptar cualquier postergación con tal de aparecer en una foto en la que apenas se la ve, aunque se ponga de puntillas para lograr que al menos una parte de su cabeza rubia pueda verse entre los pectorales y los hombros de levantadores de pesas de magnates del petróleo o agentes del servicio secreto sobrealimentados de carne roja y anabolizantes.

La sorpresa de los patriotas más extremos es que celebren con tanto fervor la invasión de un país desgobernado pero soberano, y que muestren una admiración sin reservas por un bárbaro emperador borracho de poder que está dispuesto a pisotear la independencia de cualquier país que no sea el suyo o que no sea una dictadura. Pero aún más indigna que la sumisión de la extrema derecha es el nerviosismo, el desconcierto, la confusión de la otra derecha que hasta hace poco hacía algún esfuerzo para alejarse de la extrema, aunque ahora se desviva en contorsiones y guiños para atraer a sus fieles y comprar de un modo u otro a sus dirigentes. Las derechas españolas han querido apropiarse de los símbolos del Estado y de la exclusiva del patriotismo, lamentablemente en colaboración con esa parte de la izquierda que no pronuncia la palabra España para no parecer centralista, o incluso fascista, y que lleva medio siglo adorando cualquier forma de separatismo. La derecha que hace no tantos años colgaba en todos los balcones la bandera de España, con o sin el escudo constitucional, y con una agresividad no inferior a quienes la quemaban en público, ahora aplaude cuando bajo las banderas enfáticas de Estados Unidos se impone el poder imperial en Venezuela, y se amenaza sin el menor reparo no ya a países de América Latina, a los que es fácil considerar inferiores, sino a la misma Europa, y por lo tanto a España. El líder del PP incurre en una extraña falta de elocuencia cuando le toca decir algo que no sea denostar a Pedro Sánchez, a su familia y a su Gobierno.

Aparte de eso, no se sabe lo que piensa de nada, menos aún en asuntos internacionales, quizás porque el hombre sigue concentrado en aprender inglés. Pero los jóvenes de su partido, con la irreverencia creativa propia de la edad, han difundido por los vertederos de las redes sociales una foto manipulada en la que se ve a Rodriguez Zapatero esposado y con los ojos cubiertos con un antifaz, como Nicolás Maduro en el helicóptero donde lo llevaban secuestrado. Siendo tan patriotas, ¿están proponiendo que a un conciudadano suyo lo rapte un poder extranjero, vulnerando nuestra soberanía nacional, nuestras leyes, nuestra pertenencia a la Unión Europea?

A ver si va a resultar que los patriotas son otros. La siniestra edad de oro de los nacionalismos llenó Europa de partidos y gobiernos enajenados por la mitología de las patrias, la sangre y el suelo, el irredentismo de los pueblos siempre aplastados por otros, amenazados por enemigos interiores y exteriores, pero sobre todo inte-riores, judíos, comunistas, refugiados que huían de otras patrias. Todos y cada uno de aquellos campeones sanguinarios del patriotismo -en Francia, en Flandes, en Eslovaquia, en Hungría, en Rumania, en Croacia, en Ucrania, en la Italia de la república de Salò— se sometieron voluntariosamente a Hitler y colaboraron en sus políticas de exterminio, con una saña hacia sus compatriotas que llegaba a sorprender a los invasores alemanes. En España, el ejército y los poderes reaccionarios, con la piadosa ayuda de la Iglesia, se sublevaron en defensa de la pureza de la patria y de la sangre, frente a lo que en mi niñez se llamaba todavía la anti-España. Pero a aquellos grandes patriotas no les importó que aviadores alemanes e italianos masacraran a gente inerme que era tan española como ellos. En su propaganda, la República identificaba su lucha con la resistencia del pueblo frente a los invasores franceses en 1808. En plena guerra, Rafael Alberti dirigió un montaje de la Numancia de Cervantes: era el sueño antiguo de la Constitución de Cádiz de 1812, la nación no como bloque identitario, sino como la expresión política de una soberanía colectiva cifrada en los derechos civiles y la igualdad ante la ley. Se llamaban patriotas, como recuerda Galdós en las primeras series de los Episodios, a los defensores de la nueva legalidad emancipatoria: serviles, servilones, eran los partidarios de Fernando VII, es decir, de la monarquía absoluta y de la religión inquisitorial.

La resistencia en Europa la lideraron comunistas, cristianos progresistas, judíos, gente a la que se le había negado el derecho a tener una patria. Como la bandera portuguesa en el 25 de Abril, la tricolor italiana era el símbolo alegre de una liberación nacional que congregaba a la inmensa mayoría después del referéndum que estableció la república, aboliendo una monarquía envilecida por la sumisión al fascismo, banderas cívicas y no embestidoras ni arrojadizas.

Va a pasar con el patriotismo algo semejante que con el conservadurismo, y con la defensa de la ley y el orden. Revolucionarios son ahora los que asaltaron a mano armada el Congreso de Estados Unidos, los que invaden países con una insolencia de potencias coloniales, saltándose una legalidad internacional que costó tanto construir, y que en realidad nunca fue muy sólida; revolucionarios son los plutócratas de la tecnología que no tienen ningún miedo de destruir las mentes humanas y los derechos de los trabajadores, en nombre de un utopismo delirante de ciencia ficción.

La ley y el orden los defendemos nosotros: la ley que incluye la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y la del ordenamiento europeo y español; y el orden que nace no de la miseria y el terror, sino de la garantía razonable de que cada uno podrá vivir su vida en libertad, sin quedarse inerme frente a la enfermedad, la pobreza y el miedo. Yo creía de joven que los patriotas, los conservadores y las personas de orden eran los adversarios contra los que me rebelaba. Ahora son los sucesores de aquella gente los que quieren arrasarlo todo, con una furia de bolcheviques o camisas pardas. Nosotros somos tan conservadores que estamos empeñados en conservar la integridad de la condición humana, la supervivencia digna de la especie humana en la tierra.”

EL PAÍS DdA, XXII/6225

"LA CASA DE BERNALDA ALBA", EL ASESINATO DE LORCA Y LA CENSURA FRANQUISTA


Félix Población

Nos recuerda la excelente escritora Irene Vallejo, a propósito de la fecha del estreno en la España de la dictadura de La casa de Bernarda Alba en el Teatro Español de Madrid el 10 de enero de Madrid en 1964 y después de su visita a la casa-muso de Francisca Alba en Valderrubio (Granada), lo que la censura franquista escribió tres años antes para ejercer como tal y prohibir la extraordinaria obra dramática de Federico García Lorca, estrenada en el Teatro Avenida de Buenos Aires en 1945, con la actriz Margarita Xirgu en el papel principal. 

Según el estudio del investigador Miguel Caballero, experto en la obra del poeta y autor dramático,  Lorca se inspiró en Francisca Alba Sierra. En Lorca: basado en hechos reales (Carpe Noctem) aporta a la biografía de Federico García Lorca datos poco conocidos o absolutamente desconocidos hasta su publicación y refuerza la hipótesis de que el asesinato del autor fue motivado tanto por su posición progresista y homosexualidad como por el rencor de los familiares que aparecen con sus nombres cambiados no sólo en La casa de Bernarda Alba sino también en Bodas de sangre. 

Francisca de Alba Sierra, formaba parte de la pequeña aristocracia rural de la Vega de Granada. Era oriunda del pueblo de Asquerosa, precisa Caballero, tras haber consultado el archivo parroquial, tuvo varios hijos de su primer matrimonio, de los cuales sobrevivieron Magdalena, Prudencia y José y, del segundo matrimonio, Marina, Amelia, Consuelo y Alejandro. Tras la muerte de su segundo esposo, no ejerció en el seno de su casa un poder despótico, incluso Caballero la tilda de “generosa”. Sí hay disputas entre sus tres hijas  por casarse con José Benavides Peña, que había nacido en Romilla. Lorca transforma a este hombre en un personaje al que sólo se alude con el apodo de Pepe el Romano, sin que aparezca en escena. 

Hay indicios suficientes, según esa misma investigación, para suponer que Antonio Benavides, hermano de José, agricultor y propietario, militante del partido de la derecha Acción Popular,  formaba parte del grupo integrado por vecinos de la localidad de Asquerosa que entró el 9 de agosto de 1936 en la Huerta de San Vicenteresidencia de los padres del poeta, para interrogar violentamente al casero acerca del lugar en el que se había refugiado García Lorca, detenido una semana después por la Guardia Civil en la casa del poeta Luis Rosales para ser asesinado en la madrugada del 18 de agosto por las tropas sublevadas. En cuanto a José Benavides Peña, del que Irene Vallejo nos muestra la fotografía de su carné de identidad, estuvo implicado en el asesinato del gitano protagonista del poema lorquiano “Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de Sevilla” (1928). Los dos hermanos le tenían a Federico, por lo tanto, una cierta inquina.


Según Miguel Caballero, Antonio Benavides ya conocía, a través de dos terratenientes del mismo partido que también participaron en la acción violenta de buscar al poeta (los hermanos Horacio y Miguel Roldán), que el dramaturgo había utilizado como referencias a Francisca Alba, a sus hijas y a él mismo con el apodo de Pepe el Romano  para escribir un drama sobre “la sexualidad andaluza”, titulado La casa de Bernarda Alba, y que habían anunciado los periódicos de Madrid unos meses antes

Hasta 1964,  tal como cuenta Vallejo, el régimen franquista pretendió seguir matando la memoria del poeta y dramaturgo granadino en una de sus más sobresalientes obras, pero fue tan inútil como enterrar su asesinato y hacer de su nombre una víctima más del olvido luego de la masacre represora. Que no sepamos donde inhumaron su cadáver al día de hoy es todo un símbolo de los miles de represaliados enterrados en fosas y cunetas que aún no han encontrado la reparación debida a la dignidad de sus restos mortales y sus nombres. Escribe Irene Vallejo:

"El 10 de enero de 1964, un día como hoy, sucedió el estreno oficial de “La casa de Bernarda Alba” en España. El estreno mundial, protagonizado por Margarita Xirgu, tuvo lugar mucho antes y fuera de España, en el Teatro Avenida de Buenos Aires, en 1945. La razón de esos casi veinte años de desfase se llama censura. En Valderrubio (Granada) visité la casa de Francisca Alba, que inspiró a Lorca. Hoy es un museo que permite caminar por las habitaciones, contemplar el vestido verde de Adela y el documento de identidad de Pepe el Romano. También vi (aunque me advirtieron que está prohibido fotografiarlo aún hoy, y me pregunto por qué) el informe de la censura que la prohibió. Anoté algunas frases de ese respetabilísimo señor censor:
«La presente obra de teatro es inmoral en el desarrollo de la trama e inmoral en cuanto a la solución o desenlace. Se despierta en el espectador una curiosidad morbosa por los relatos de estas deshonestas. Va abiertamente en contra del precepto del Señor “no fornicarás”, cuando sienta el principio de que los desahogos sexuales buscados fuera de los cauces establecidos, son necesarios (sic, con coma criminal y subrayado). Estimo sinceramente que debe prohibirse. Madrid, 16 de mayo de 1961». Por suerte, el tiempo ha dado la victoria a los inmorales, a las deshonestas, a la tribu lectora que sucumbe a la curiosidad morbosa".
El texto de Irene Vallejo concluye con una cita muy pertinente de la escritora Virginia Woolf: «Cierra con llave tus bibliotecas si quieres, pero no hay puerta ni cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente». Esa libertad es la que se renueva en los lectores y espectadores de las obras de García Lorca cada vez que recurrimos a su voz y talento creador. El fascismo asesino no pudo enterrar la vida que nos dejó el poeta escrita en su corta e intensa vida*.

*Lo que se desprende del caso es, una vez más, la crueldad de las guerras civiles al margen de las que se viven en los frentes de combate.

DdA, XXII/6225

EL ULTRACAPITALISMO Y EL ADOCENAMIENTO MASIVO A TRAVÉS DE LA PALABRA FALSARIA

 Una verdad que pocos quiere oír hoy es que un programa radicalmente ultracapitalista como los que pretenden implementarse aquí o allá está rigurosamente reñido con la democracia, afirma el escritor zamorano. Hace tiempo que la palabra falsaria copa una importante cuota de mercado entre las herramientas destinadas al adocenamiento masivo. Falacias, mentiras y calumnias acaparan primeros planos y horas de emisión radiotelevisiva. Desde las teorías conspirativas más infantiles o paranoicas hasta la descarada manipulación de datos o la tergiversación de los hechos, no es que el peligro, como se dice a veces, venga solo de la desinformación. El problema es que la información ha pasado a ser de-formación y, en muchos casos, antiinformación. Con ella se extiende y viraliza, a velocidad de vértigo, la ignorancia. Todo, curiosamente, merced al concurso de artilugios y tecnologías de punta, fruto del ingenio humano más sofisticado. Si el ultracapitalismo se riñe con la democracia y utiliza la palabra falsaria para el cultivo de la ignorancia, el resultado es fácil de prever: se está más que re-asomando entre nosotros. 



Antonio Monterrubio
        
En el campo sociopolítico, la retórica imprudente lleva siglos siendo moneda de curso legal. Los delirios de grandeza, las bravatas carentes de sustento real, los compromisos incumplidos desde su misma formulación o las promesas hechas cruzando los dedos se han repetido ante audiencias sin o con derecho a voto. Declaraciones ampulosas acerca de la gloria y el honor han desembocado en catastróficas derrotas –o victorias– cimentadas sobre miles de cadáveres. Decisiones erróneas, mantenidas contra viento, marea y evidencias, han generado apocalipsis ecológicos que condujeron al colapso a civilizaciones enteras. Axiomas económicos absurdos trajeron la miseria y la hambruna a pueblos desdichados. Y ese circo de la palabra sigue vivo hoy. Lo hace incluso en boca de presuntos y bien pagados técnicos en las materias más diversas.
«Creo en Dios y creo en los mercados», pontificó, en los momentos próximos al cambio de milenio, Kenneth Lay, presidente de Enron, la megaempresa energética estadounidense. Tras poner una vela a Dios y otra al diablo, en la mejor tradición del ultracapitalismo beato, se atrevió a disfrazar al mismo Jesucristo de neoliberal a la moda afirmando enfáticamente que «Él quería que la gente pudiera escoger». A pesar de la falta de respaldo, tanto escriturario como patrístico, a sus dudosos dogmas de fe, se dedicó con evangélico empeño a consolidar su obra apostólica. Y la Providencia lo recompensó con creces. En el año 2000 su remuneración ascendió a 141’6 millones de dólares, un 184 % más que el anterior (Ramonet, Cao, Wozniak: Abecedario (subjetivo) de la globalización). Pero las burbujas tienen la fea costumbre de ser altamente sensibles al estallido. El 2 de diciembre de 2001 Enron, la mayor energética del mundo, se declaró en quiebra. ¿Qué podía haber salido mal? Bueno, no tardó en saberse –a destiempo– que la política económica de la empresa se había encaminado durante años a un único objetivo: el enriquecimiento obsceno. Todo, además, a base de trampas legales y en las narices de las agencias encargadas de velar por esa quimera conocida como buenas prácticas económicas.
Las palabras rimbombantes de los sacerdotes y monaguillos del Capital solo son imprudentes a oídos de quienes se dejan seducir por ellas, de quienes confían en la buena fe y la competencia de los potentados, sus mayordomos y sus sicarios. Ellos saben muy bien lo que dicen y por qué lo dicen. Y, sobre todo, están seguros de lo que quieren conseguir. En su día Chateaubriand, que no era precisamente un rojo irrecuperable, dijo: «Los suizos se enriquecieron con las desgracias de los demás, y con las calamidades humanas, fundaron una banca». No hay que ver aquí una simple definición de los paraísos fiscales donde se desvanece el dinero evadido, sino un conciso retrato del capitalismo depredador, globalitario o nacionalitario.
Milton Friedman, mentor y gurú de los tristemente célebres Chicago boys, llegó a Santiago en la primavera de 1975 llevando su mágica pócima neoliberal a la Junta militar que tenía al país bajo sus botas. En diversas intervenciones públicas, discursos, conferencias y entrevistas, habló repetidamente de un concepto de nuevo cuño para aplacar las crisis económicas. «Un tratamiento de choque es la única cura posible», afirmó una y otra vez, según recuerda Naomi Klein en su imprescindible La doctrina del shock. Cinco años más tarde, una revista tan seria y libre de toda sospecha como la Quaterly Economic Review diagnosticaba: «En Chile la economía de mercado va inextricablemente ligada a una política de campo de concentración».
Una verdad que pocos quieren oír hoy es que un programa radicalmente ultracapitalista como ese o los que pretenden implementarse aquí o allá está rigurosamente reñido con la democracia. Solo regímenes autocráticos, consentidos o no por la población, serían capaces de imponerlo en sus exigencias máximas. De ahí que en el lenguaje verbal y gestual circense que predomina en el discurso político, mediático e ideológico, el término imprudente ya no baste. Hace tiempo que la palabra falsaria copa una importante cuota de mercado entre las herramientas destinadas al adocenamiento masivo. Falacias, mentiras y calumnias acaparan primeros planos y horas de emisión radiotelevisiva. Desde las teorías conspirativas más infantiles o paranoicas hasta la descarada manipulación de datos o la tergiversación de los hechos, no es que el peligro, como se dice a veces, venga solo de la desinformación. El problema es que la información ha pasado a ser de-formación y, en muchos casos, antiinformación. Con ella se extiende y viraliza, a velocidad de vértigo, la ignorancia. Todo, curiosamente, merced al concurso de artilugios y tecnologías de punta, fruto del ingenio humano más sofisticado.
DdA, XXII/6225