martes, 12 de mayo de 2026

EL EDITOR DE LOS ESCRITOS DE GUERRA DE MIGUEL HERNÁNDEZ RESPONDE A TRAPIELLO

Un autor es su obra y la obra es la biografía de un autor; por encima de la calidad literaria está la capacidad de esos escritos de dar fe de un periodo crucial. Las prosas periodísticas de Hernández no fueron textos literarios concebidos para perdurar como poesía, sino piezas urgentes, comprometidas y funcionales dentro de un conflicto. No estoy de acuerdo -escribe Joaquín Riera Ginestar en el siguiente artículo publicado en CTXT- con ninguna de las difamatorias afirmaciones gratuitas y de trazo grueso que Andrés Trapiello arroja en su escrito, pero quisiera agradecerle su labor, mucho más importante de lo que pudiera entenderse a tenor de sus resultados. El tiempo de un escritor, ya lo dijo Proust, es irrecuperable, y que Miguel Hernández haya recibido la atención de Andrés Trapiello es de justicia. Mi labor apenas es valiosa, he sido un mero instrumento para recuperar una parte representativa e importante de la obra de Miguel Hernández, una parte olvidada, y hasta censurada, por molesta. Sin duda, gracias a Trapiello ahora podemos empezar a entender el porqué de ese olvido y del malestar que provoca todavía, en la actualidad, en determinadas esferas. 


Joaquín Riera Ginestar

Con motivo de la publicación en Alianza Editorial de El hombre acecha al hombre. Escritos periodísticos de guerra: 1937-1939, que reúne prologadas, anotadas y editadas las prosas que Miguel Hernández publicó en diversos periódicos durante la guerra civil española, el escritor Andrés Trapiello ha publicado una reseña en la revista La Lectura del diario El Mundo. El motivo de esta carta abierta es dar respuesta cabal y ponderada, como editor de la obra, a las afirmaciones difamatorias que el mencionado escritor vierte en su crítica.

Andrés Trapiello, si no he entendido mal el mensaje que desea lanzar sirviéndose del libro que presuntamente reseña, opina que 1) no era necesario publicar los escritos periodísticos de guerra de Miguel Hernández; 2) que su publicación desmerece la calidad literaria del corpus poético hernandiano y que, por tanto, de Miguel Hernández solo merece la pena conservar su obra poética (se supone que la no bélica); 3) que las prosas de guerra de Miguel Hernández están repletas de falacias y que, por tanto, no tienen valor histórico; 4) que el editor del libro, Joaquín Riera, manifiesta en el prólogo y en las notas una intención aviesa (RAE: “Torcido, fuera de regla; Malo o mal inclinado”); 5) que Miguel Hernández era un comunista sobrevenido y elemental; 6) que Miguel Hernández redactó sus escritos en oficinas de retaguardia; 7) que Miguel Hernández saqueo las casas de los pueblos que visitaba durante sus labores de comisario político y le parecían apropiados los asesinatos de represores fascistas; 8) que el editor del libro, Joaquín Riera, ha editado los textos adulterándolos e incluso reescribiéndolos; 9) que, en definitiva, las prosas periodísticas de Miguel Hernández, escritas durante la Guerra Civil, son pobres, restan valor a su obra y lastran (sic) la vida de Miguel Hernández. 

Soy consciente de que, de tener mayor espacio del que proveen las limitadas dimensiones de una reseña, Andrés Trapiello hubiera aderezado con argumentos más elaborados su crítica, que en el fondo no es sino una famélica declaración ideológica, sin argumentación de peso ni desarrollo sistemático, logrando con ello elevar su discurso. Pero el espacio de las reseñas es el que es, y es de lamentar que el fino estilista que habita en la persona de Trapiello no haya tenido a su disposición mayores posibilidades de desarrollo y exposición de su ideología. Esta es, sin duda, una de las contraindicaciones de servirse del subterfugio de una reseña para realizar una torticera reescritura de la historia y de banalizar el sufrimiento perpetrado por unos y experimentado por otros durante la Guerra Civil.

Pasamos a responder, punto por punto, las afirmaciones del escritor Andrés Trapiello.

1) No era necesario publicar los escritos periodísticos de guerra de Miguel Hernández. El valor documental, que reconoce Trapiello, sería ya suficiente para ofrecer a los lectores, los estudiantes y los estudiosos la posibilidad de acceder, en una edición crítica, a los escritos que un intelectual redactó acerca de un conflicto que vivió en primera persona, ya fuera en las trincheras en primera línea del frente (Madrid y Teruel), ya fuera en la retaguardia (Jaén y Castuera). 

2) Su publicación desmerece la calidad literaria del corpus poético hernandiano (no bélico, se supone) y, por tanto, de Miguel Hernández solo merece la pena conservar su obra poética (no bélica, se sobreentiende). Es sabido que un autor es su obra y que la obra es la biografía de un autor; por encima de la calidad literaria, que parece evidente que Andrés Trapiello no puede, no quiere o no sabe apreciar, está la capacidad de esos escritos de dar fe de un periodo crucial, el más importante de hecho, de la vida de Miguel Hernández y uno de los más destacados y dramáticos de la propia historia contemporánea de España. De esta manera, afirmar que esas prosas rebajan la calidad de la obra hernandiana, es tanto como afirmar que su implicación en el conflicto al lado del pueblo rebaja la calidad humana de su vida. Parece que la lucha contra el fascismo no produce estos efectos en una vida. Más bien lo contrario: la dignifica. Por eso, la afirmación de Trapiello sorprende, sobre todo viniendo de un escritor que, como muchos en la actualidad, usan su Bic Cristal para defender en sus textos, sin tapujos, determinadas ideologías de una dignidad más bien dudosa. 

3) Las prosas de guerra de Miguel Hernández están repletas de falacias y, por tanto, no tienen valor político. El ejemplo que aduce Andrés Trapiello es uno, el referente a la toma del Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza. Lo curioso de este ejemplo es que el propio Miguel Hernández reconoció su inexactitud y pidió disculpas. Aquí, el escritor Trapiello comete un error semántico: la reconstrucción literaria de hechos históricos también contiene valor político, ya que expresa deseo y esperanza, ¿Qué puede haber más político que fabricar deseos y promover esperanzas? Volviendo al asunto de los errores históricos que pudiera haber cometido Miguel Hernández, ¿conoce alguno más Trapiello o se ha limitado a exponer el ya reconocido por el autor?

4) El editor del libro, Joaquín Riera, manifiesta en el prólogo y en las notas una intención aviesa (RAE: “1. Torcido, fuera de regla; 2. Malo o mal inclinado”). No sabemos a qué definición de “aviesa” se refiere Andrés Trapiello; si es la primera es una cuestión de gustos, temperamento o sensibilidades, es sabido que los escritores, por su oficio de medidores y mediadores de la realidad social, son personas sensibles en grado sumo. Si es a la segunda, aludiendo a la mala fe o la falta de probidad intelectual del editor, no nos sentimos aludidos, y solo podemos garantizar que el máximo rigor intelectual ha presidido la recopilación, edición, presentación y anotación de las prosas periodísticas de guerra de Miguel Hernández. Aunque no es menos cierto que cuando alguien acusa a otro de tener intenciones aviesas, bien pudiera colegirse que quien de verdad las esconde es el acusador, cuya capacidad de argumentación y de crítica rigurosa es, por otra parte, palmariamente inexistente. 

5) Miguel Hernández era un comunista sobrevenido y elemental. No sabemos qué ley humana o divina está en vigor para acusar a alguien de cambiar de ideología o credo. Es decir, que ley no escrita habilita a ciertos popes a condenar a alguien por evolucionar mentalmente de manera libre según las circunstancias de la vida. Pudiera ser que el escritor Andrés Trapiello desee que todos nos mantengamos estancos e incólumes ante los avatares y las injusticias de la historia. Miguel Hernández, un autor radicalmente inserto en la historicidad, evolucionó de un catolicismo naif a un comunismo colectivista, lo que no es sino reflejo de cómo muchos hombres y mujeres de principios del siglo XX sintieron que debían responder ante el ascenso del fascismo en Europa.

6) Miguel Hernández redactó sus escritos en oficinas de retaguardia. Esta afirmación demuestra que el atrevimiento de la ignorancia no tiene límites. Ahora bien, ser ignorante a sabiendas agrava la patología. Y es que en el libro que se supone que ha leído el señor Trapiello se recogen varios testimonios de personas que estuvieron con Miguel en las trincheras (Rosario Sánchez Mora, la Dinamitera; el mayor Enrique Líster; el soldado Bonifacio Méndez; y el comisario Santiago Álvarez Gómez) y que afirman que Hernández no solo estuvo codo con codo con los combatientes en los alrededores de Madrid en el otoño y el invierno de 1936, cavando trincheras, empuñando el fusil y viendo morir a compañeros, así como en primera línea de combate en la Batalla de Teruel en diciembre de 1937, con -20 Cº, sino que escribió todo lo que vio en esos sitios, así como en otros, como en la Jaén criminalmente bombardeada, desde el mismo lugar de los hechos. Qué fácil es juzgar desde el mullido sillón de la distancia histórica, ensalzando a personajes como Chaves Nogales, que salieron corriendo de la Guerra Civil, y denigrando a aquellos que, como Hernández, estuvieron a pie de trinchera hasta el final y fueron carne de cárcel por ello.

7) Miguel Hernández saqueó las casas de los pueblos que visitaba durante sus labores de comisario político y le parecían apropiados los asesinatos de represores fascistas. Otra muestra más de ignorancia supina o de malevolencia, si no un caso grave de nula comprensión lectora. En primer lugar, la alusión de Miguel Hernández a la inspección de las casas vacías de un pueblo de la sierra madrileña se produce en un momento en que él es un mero combatiente voluntario, nada de comisario político (todavía). En segundo lugar, acusar de saqueador a Hernández por pura inquina y sin argumentos ni pruebas de ningún tipo es una acción que define por sí misma a quien la realiza. En tercer lugar, Miguel Hernández no aplaude ninguna acción violenta, simplemente, en el caso que cita Trapiello, se limita a recoger lo que le cuenta un guerrillero gallego. Lo que es extraño es que Trapiello no diga que en esa misma crónica se alude a cómo dos fascistas le descerrajaron dos tiros en la cabeza a un niño que iba a llevarle una muda a su padre, que estaba escondido en el monte. El excelso reseñador prefiere quedarse con la historia de un alcalde fascista que había propiciado el asesinato de varios de sus vecinos y al que los guerrilleros le ajustaron las cuentas. Parece claro por quién toma posición Andrés Trapiello.

8) El editor del libro, Joaquín Riera, ha editado los textos adulterándolos e incluso reescribiéndolos. Esta afirmación roza el puro delirio. Menos mal que de manera más o menos explícita, Trapiello reconoce el trabajo real del editor al aludir a “la profusa glosa y anotación de los textos”. Como el reseñador es capaz de reconocer, toda la labor esclarecimiento de los textos se ha realizado con un propósito pedagógico y científico, y no se ha reescrito ni una sola línea. En cuanto al uso de los corchetes, permite que el lector vea el texto original de Hernández y, solo si le interesa o le es útil, acceda a una aclaración encapsulada. Por otra parte, el propio editor, al final de su introducción, explica al lector su labor de edición: “Reproducimos los textos originales literalmente, si bien en alguno de ellos hemos intercalado entre corchetes posibles reconstrucciones de líneas perdidas y también hemos insertado texto para completar o aclarar ciertas frases, nombres y expresiones. Además, en ocasiones se ha eliminado la coma delante de la “y” y la “o”, según las normas de la Real Academia Española (RAE), y también, siguiendo dichas normas, se han realizado unas modificaciones mínimas del texto original en algunos signos de puntuación como la coma, el punto y coma, los dos puntos y el paréntesis”. Lo más surrealista de esta zafia acusación es el hecho notorio de que Andrés Trapiello se atrevió, no hace muchos años, a darnos, como muestra de su excelsa originalidad y sabiduría, una versión modernizada de Don Quijote de la Mancha, la cual, según han reconocido todos los expertos y también los lectores de a pie, adolece de pérdida de la musicalidad y el ritmo original, empobrecimiento léxico, alteración de pasajes muy conocidos, falsa necesidad de traducción y mezcla de interpretación y traducción. En fin: consejos vendo y para mi no tengo. O mejor: piensa el ladrón…

9) Las prosas periodísticas de Miguel Hernández, escritas durante la guerra civil, son pobres, restan valor a su obra y lastran la vida de Miguel Hernández. Esta afirmación, además de discutible, es insostenible. Para empezar, reducir las prosas periodísticas de Miguel Hernández a la categoría de “pobres” ignora el contexto en que fueron escritas: la Guerra Civil. No eran textos literarios concebidos para perdurar como poesía, sino piezas urgentes, comprometidas y funcionales dentro de un conflicto. Juzgarlas con los mismos criterios estéticos que su obra poética es un error de enfoque. Además, esas prosas no restan valor a su obra, sino que la amplían. Permiten entender mejor su evolución ideológica y humana, y cómo su escritura se convierte en una herramienta de compromiso. Poemarios como “Viento del pueblo” (1937) y “El hombre acecha al hombre” (1939) no se entienden plenamente sin ese contexto de implicación política y social que también aparece en su prosa y en su dramaturgia. Por otra parte, solo un ignorante cum laude en la obra de Miguel Hernández puede afirmar que las prosas bélicas y los dos poemarios de guerra citados son de segunda división, porque de hecho todo ese conjunto de escritos (más el teatro bélico) supone más del 50% de la creación literaria hernandiana. En otro orden de cosas, decir que esas prosas periodísticas “lastran su vida” también es problemático, por utilizar un adjetivo suave. La represión que sufrió Hernández tras la guerra no se debió a la calidad literaria de sus textos, sino a su posicionamiento político comunista y a su participación activa en el bando republicano. Es decir, el problema no fue escribir prosa periodística, sino vivir en un contexto donde la expresión ideológica y la militancia política tenían consecuencias letales. Por último, incluso si algunos textos pueden considerarse menos logrados desde el punto de vista literario, eso no los invalida: forman parte de una obra coherente con su tiempo. Pretender que un autor solo produzca piezas “perfectas” descontextualizadas de la realidad histórica es una expectativa poco realista. En resumen, más que empobrecer su obra, esas prosas la hacen más completa, más comprensible y más profundamente humana, resituando al idealizado poeta etéreo en las entrañas de la historia viva. 

Por último, entre las inexactitudes que expresa el escritor Andrés Trapillo en su supuesta reseña, queremos destacar una que es descaradamente sesgada y tendenciosa: no hay constancia, escrita ni de otro tipo, que permita afirmar en la actualidad que el falangista Sánchez Mazas (cuya prosa bélica se atreve Trapiello a equiparar con la de Hernández) fuera la persona que promoviera con sus esfuerzos la conmutación de la pena capital que pesaba sobre Miguel Hernández por una de 30 años de reclusión. Tal afirmación incurre, por tanto, en un despropósito histórico, además de evidenciar los apaños y las componendas con los que hoy, por parte de cierta intelectualidad complaciente, se intenta blanquear las actitudes de personas cuya ideología desembocó en el asesinato, la represión y la miseria de miles de españoles tras una guerra provocada por un golpe de Estado fascista; una guerra que, en ningún caso, perdimos todos. No estoy de acuerdo con ninguna de las difamatorias afirmaciones gratuitas y de trazo grueso que Andrés Trapiello arroja en su escrito, pero quisiera agradecerle su labor, mucho más importante de lo que pudiera entenderse a tenor de sus resultados. El tiempo de un escritor, ya lo dijo Proust, es irrecuperable, y que Miguel Hernández haya recibido la atención de Andrés Trapiello es de justicia. Mi labor apenas es valiosa, he sido un mero instrumento para recuperar una parte representativa e importante de la obra de Miguel Hernández, una parte olvidada, y hasta censurada, por molesta. Sin duda, gracias a Trapiello ahora podemos empezar a entender el porqué de ese olvido y del malestar que provoca todavía, en la actualidad, en determinadas esferas. 

CTXT  DdA, XXII/6343

EL SIONISMO NO RESPETA NI TEMPLOS, NI CONVENTOS, NI VIDAS HUMANAS



Cristina Runas Dos Lunas

Una semana después del salvaje ataque perpetrado por un colono extremista israelí, la imagen de esta monja francesa sigue golpeando las conciencias como un puñetazo en el estómago. Su rostro, hinchado y marcado por moretones y heridas, es el rostro de la impunidad colonial. Una religiosa de 48 años, investigadora en la École Biblique et Archéologique Française, paseaba pacíficamente cerca de la Tumba de David cuando un hombre de 36 años descrito en múltiples fuentes como colono, la embistió por la espalda, la arrojó al suelo y la pateó con saña mientras yacía indefensa. No fue un “incidente aislado”. Fue un acto de terror racista en plena ciudad ocupada.
Miren esa foto. Miren sus ojos: el dolor, la humillación, el miedo. Esta mujer no portaba armas. No representaba ninguna “amenaza demográfica”. Solo era una sierva de la fe cristiana en la tierra que el sionismo pretende monopolizar con sangre y fuego. La policía israelí lo detuvo sí, lo detuvo, pero el mensaje es claro: los colonos actúan con la certeza de que el Estado los ampara. No es la primera vez. Es parte de una escalada sistemática de agresiones contra cristianos, musulmanes y cualquier presencia no judía que se atreva a existir en los territorios palestinos ocupados.
Esto no es “violencia religiosa”. Es la lógica del colonialismo settler en su máxima expresión: expulsar, humillar, borrar al “otro” para consolidar un proyecto étnico-nacionalista financiado y blindado por el imperialismo occidental. Mientras el mundo se horroriza ante la imagen de esta monja francesa víctima que no puede ser silenciada porque su agresor fue captado en vídeo, miles de palestinos sufren agresiones idénticas o peores cada día sin que Occidente parpadee. La doble vara de medir es obscena.
Esta agresión no surge del vacío. Es el fruto podrido de décadas de ocupación, de colonos armados hasta los dientes que operan bajo la protección del ejército sionista, de un régimen que llama “democracia” a lo que es, en realidad, apartheid y limpieza étnica. Líderes cristianos palestinos y voces internacionales ya han condenado con vehemencia este “despreciable” acto de terrorismo judío. No puedo quedarme callada. Esta monja no es solo una víctima individual: es la encarnación de la resistencia silenciosa de los pueblos oprimidos ante el monstruo imperialista. Su rostro herido nos grita lo que el sionismo quiere ocultar: que su proyecto no respeta ni templos, ni conventos, ni vidas humanas. Solo respeta la fuerza bruta y el apoyo incondicional de sus aliados en Washington y Bruselas.
Exigimos justicia plena. Exigimos que se juzgue no solo al agresor, sino al sistema que lo engendra. Y exigimos que la comunidad internacional deje de mirar para otro lado mientras el colonialismo israelí sigue pisoteando la dignidad humana.
La foto habla por sí sola. Ahora nos toca a nosotros no callar.
Solidaridad con todas las víctimas del colonialismo sionista. Desde Palestina hasta el último rincón del mundo donde el imperio aplasta al débil.

DdA, XXII/6343

DURANTE DÉCADAS, LOS MIGRANTES FUIMOS NOSOTROS


Paco Arenas

En los años 50, 60 y 70, la escena de la foto se repitió millones de veces. Más de dos millones de españoles —algunas fuentes hablan de hasta cuatro— cruzaron la frontera buscando lo que aquí se les negaba: pan, salario y un mínimo de dignidad. La España franquista presumía de orden y grandeza, pero se sostenía, en buena parte, sobre las remesas de quienes se dejaban la espalda en fábricas suizas, obras alemanas o vendimias francesas.
Se iban como se van ahora muchos que cruzan el Estrecho: con miedo, con rabia, con una maleta pobre y la cabeza llena de esperanza. La mayoría, contra lo que ahora sermonea la extrema derecha, se marchaba sin papeles en regla, con contratos dudosos o directamente sin ellos. Llegaban a Francia, Alemania o Suiza y descubrían que, como ya se decía entonces, «allí tampoco hartaban los perros con longanizas»: cada franco, cada marco, cada franco suizo había que sudarlo.
Muchos se iban seis meses a Suiza y, trabajando ocho horas al día, cinco días a la semana, lograban reunir lo suficiente para dar la entrada de un piso en España. En aquella España que presumía de ser la séptima potencia económica mundial —siendo mentira, pues era profundamente tercermundista— habrían necesitado años de salarios de miseria para conseguir lo mismo.
«De España para los españoles» se llamaba un programa diario dedicado a aquella diáspora. Era casi una metáfora involuntaria: España para los españoles… siempre que fuera a distancia, mandando el dinero desde fuera.
En esos países hacían el trabajo que no querían hacer ni los franceses, ni los alemanes, ni los suizos: minas, siderurgia, construcción, turnos de noche, habitaciones que olían a lejía y a soledad. Y, aun así, muchos eran acusados —sin pruebas, con el veneno de siempre— de ser ladrones, violadores, problemáticos. Para cierta derecha europea, África empezaba en los Pirineos; los «panchitos», «moros» o «negros» de entonces se llamaban Manolo o María y hablaban castellano, o cualquiera de las otras lenguas de la piel de toro.
Por eso resulta tan obsceno escuchar hoy a los herederos ideológicos de aquellos que expulsaban a su pueblo por hambre decir que «nos invaden» quienes llegan ahora a nuestra tierra a trabajar. Olvidan que si los españoles buscaron el pan en el extranjero fue porque allí la economía iba bien. Exactamente lo mismo que sucede hoy aquí: quienes llegan no lo hacen por turismo, sino porque en sus países el futuro está hipotecado y aquí, a pesar de todo, hay una oportunidad de trabajar y de vivir. A nadie le gusta abandonar su tierra para ir a limpiar la basura ajena.
Los migrantes de ahora hacen el trabajo que muchos españoles ya no quieren hacer: recoger fruta al sol, limpiar hoteles a destajo, cuidar ancianos que levantaron el país con sus manos. Y, como antes nuestros abuelos, escuchan que «vienen a quitarnos algo», mientras sostienen parcelas enteras de la economía. La historia tiene muy mala leche cuando se repite, pero es todavía peor cuando se repite con amnesia.
Mira otra vez la foto: ese hombre podría ser tu abuelo, tu padre, tu tío. Podría estar saliendo de una casa de Jaén, Galicia o Cuenca para irse a Lyon, Zúrich o Essen. Hoy, esa misma imagen se puede tomar en cualquier punto del Mediterráneo: cambia el color de la piel, el idioma y la barca por el tren, pero el gesto es el mismo. Una mano en la maleta, otra aferrada a la familia, los ojos puestos en un horizonte que siempre parece más lejos de lo que marca el mapa.
Sería de justicia que la España que un día fue expulsada por el hambre fuese hoy refugio digno para quienes huyen de otras hambres. Que el país de las maletas de cartón y los «manolos» en Alemania no se convierta en el país que levanta muros contra los nuevos «manolos» de otras geografías.
Porque aquella familia de la foto —él, ella y los tres críos— no son solo pasado. Siguen caminando: ahora hablan castellano, portugués, árabe, quechua, francés o ucraniano, pero llevan en la mirada el mismo miedo y la misma esperanza. Cuando los vemos llegar y solo vemos «extranjeros» o, peor aún, «problemas», estamos olvidando algo sencillo y rotundo: durante décadas, los migrantes fuimos nosotros. Y no hay frontera más decente, ni más justa, que la memoria.

DdA, XXII/6343

LA BANDERA PALESTINA DE LAMINE YAMAL



Félix Población

Partiendo por principio de mi renuencia a los grandes espectáculos callejeros que celebran los triunfos futbolísticos al termino de cualquier competición nacional o internacional, en los que subidos a un autobús los integrantes del equipo vencedor hacen gala de un regocijo un tanto histriónico como principales actores del espectáculo entre las aclamaciones de la multitud, bienvenidas sean estas celebraciones si uno solo de los futbolistas tiene a bien acordarse de que, en medio de tan festivo evento, se está perpetrando un genocidio en Palestina y hay una bandera que representa al pueblo que lo sufre. 

Siguen siendo contados entre los protagonistas del fútbol con un cierto renombre los que se han acordado de lo que está ocurriendo en la Franja de Gaza, antes sin tregua y ahora con una falsa tregua, y se han manifestado en contra de la masacre perpetrada por el gobierno israelí. Todos recordamos, en este sentido, lo excepcional que fueron las declaraciones hace unos mes del entrenador Pep Guardiola en un acto público, denunciado el genocidio del pueblo palestino. 

Ahora, más discretamente, desde el autocar de su club celebrando la victoria en la competición española, ha sido el joven y magnífico futbolista Lamine Yamal, de ascendencia marroquí, quien ha hecho ondear la bandera palestina. No sé si esto sería posible en el autobús del Real Madrid, habitual competidor del Barcelona en la conquista del título de liga, pero sí lo ha sido en el del club catalán y me parece que conviene destacarlo. 

Todos recordamos que, en su día, Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, prohibió la exhibición de banderas palestinas en el estadio del club. Aunque sólo fuera por esta bandera en el autobús del Barça, simbolizando la más espantosa matanza de menores de un pueblo acosado y perseguido durante decenios, celebramos la victoria del equipo blaugrana*. 

*Nos dice Zurbano que Lamine Yamal cogió la bandera de uno de los seguidores del Barça al paso del autobús. Con todo, la imagen es la que es y la que vale, porque Yamal tiene millones de seguidores en las redes sociales.

DdA, XXII/6343

PARA EVITAR EL CONFORMISMO DE ENGAÑARNOS CON LA MENTIRA PREFERIDA

 


José Ignacio Fernández del Castro

«Cualquiera que piense que tiene algo que enseñar es por lo menos sospechoso.»
 Jorge, Ray, LORIGA TORRENOVA (Madrid, 5 de marzo de 1967)
Lo peor de todo (1992).

Lo que Paul Ricoeur comenzara a llamar filosofía de la sospecha (en su De l'interprétation. Essai sur Sigmund Freud de 1965) estableció, con pertinente afán y diversidad de enfoques (Marx, Nietzsche, Freud), la necesidad de recelar de toda pretensión moderna de razón unitaria y total, por cuanto ello, de una u otra forma, habría siempre de hacerse arrinconando alguna parte significativa de la realidad... Del mismo modo, cualquier persona que se pretende poseedora de alguna verdad absoluta que puede y debe ser enseñada (y hasta socialmente impuesta) debe resultar, con independencia de la mayor o menor verosimilitud de su verdad, sospechosa, por cuanto siempre relegará a una parte de la humanidad a la triste ignorancia (cuando no a la herejía). Véase, al respecto, a Isabel Díaz Ayuso cuando, iluminada por la clarividencia de Miguel Ángel Rodríguez, se pone a enseñar a la ciudadanía española en que consiste la libertad, o la mexicana los muchos méritos de Hernán Cortés y su decisiva contribución (a base de derramar sangre, eso sí) al mestizaje… O a ambos de los muchos males del gen sociocomunista, que diría Antonio Vallejo-Nágera en sus Eugenesia de la Hispanidad y regeneración de la raza (1937), Política racial del nuevo Estado (1938), Higienización psíquica de las grandes urbes (1941),…

Enseñar, igual que saber, son verbos que conjugan mal con la imposición y lo absoluto, pero bien con la argumentación y el debate. No son cuestiones de poder o  tener, sino de querer y ser.
Por eso quien, desde el poder, pretende sustituir los viejos dogmas de cualquier cmonoteísmo por los nuevos dogmas del mercado como única verdad política de la que todos debemos participar, merece muy especialmente nuestras más desconfiadas sospechas y más suspicaces recelos. Para evitar el conformismo de engañarnos con la mentira preferida.

DdA, XXII/6343

lunes, 11 de mayo de 2026

LEELA, LA PERRA DE ECHENIQUE

La imagen es simpática. Seguro que se va a quedar con Pablo para siempre. Vaya para él un abrazo, porque nos consta que el adiós habrá sido duro. Esa mirada se nos queda dentro y sólo muere con nosotros.

Pablo Echenique

Anoche se nos fue Leela. Estuvo por aquí un poquito más de ocho años y no paró de dar compañía, amor y felicidad ni un solo día. Dejó el mundo mejor que como se lo encontró —algo que bien podría ser el sentido de la vida— y lo hizo como lo hacen ellos: como si fuera sin querer y sin pedir nada a cambio.

Leela quiso y fue querida, corrió por un montón de campos y se bañó en un montón de ríos. Jugó mil veces con su hermano Luffy y muchas más veces todavía nos pidió comida, con esa mirada que cualquiera que la haya visto sabe que no se le puede decir que no. Como yo no se la puedo dar con la mano, aprendió a cogerla de mi boca como si fuera un pajarito. La habilidad con la que apoyaba las dos patas delanteras en la silla para hacer la maniobra era propia de un gato.
Y no es lo único que tenía Leela de gato. Tenía la lengua un poco áspera, una querencia por la soledad poco frecuente en perritos y una lista inusualmente pequeña de comidas aceptadas que escapaba a la comprensión de Luffy, que se lo come absolutamente todo sin dudar ni un segundo. Salía corriendo cuando había un ruido fuerte y había convertido la parte de abajo de mi cama en su primera vivienda.
A Leela gustaba correr al galope hasta perderse y acechar a Luffy como si ella fuera un depredador y él un gran herbívoro. Le gustaba revolcarse por la tierra y tuvo una temporada en la que eso incluía caca y animales muertos, porque Leela también era un poco terrorista a su manera. Nos hizo reír un montón de veces con su personalidad y vamos a seguir sonriendo cuando la recordemos.
Leela era noble, inteligente, única y buena y los que hemos tenido la inmensa suerte de haberla conocido nunca la vamos a olvidar.

DdA, XXII/6342

NUEVE PERSONAS DESAGRAVIAN A AYUSO ANTE LA EMBAJADA DE MÉXICO

 


Ana Cardo

La convocatoria de desagravio a la presidenta de la Comunidad de Madrid, después de su fracasado viaje y estancia reducida en México, reunió el pasado domingo, ante la embajada de este país en Madrid, a nueve personas. Según cuenta el diario El País en su edición de hoy, la convocatoria la hizo una cubana anticastrista que, al parecer, no incrementó la concurrida asistencia por causa de una lesión. La cita era a las cinco de la tarde en la Carrera de San Jerónimo, frente al Congreso de los Diputados, lugar en el que está ubicada la sede de la embajada en España de los Estados Unidos de México. Junto a los reunidos había casi tantos periodistas y fotógrafos, alguno de los cuales dejó testimonio para la historia de esta imagen. Obviamente, la noticia no se pasó por alto en algunos medios de información de México. Se eludió, por supuesto, en aquellos que asumieron los agravios que la presidenta profirió contra el país que la recibió, exaltando la figura del conquistador Hernán Cortés contra la opinión de la mayoría de la ciudanía mexicana y del gobierno al que mayoritariamente votó en las urnas y también mayoritariamente respalda. 

DdA, XXII/6342

CUBA: LA OPINIÓN PÚBLICA INTERNACIONAL DEBE OPONERSE A UNA AGRESIÓN MILITAR

Pese a las renovadas amenazas de una agresión militar directa de Washington contra Cuba, no le será fácil concretarla al grupo que detenta el poder en la Casa Blanca. En este contexto, la opinión pública de Estados Unidos y la internacional deben movilizarse para evitar que el trumpismo perpetre lo que sería uno más de sus crímenes.


EDITORIAL

De acuerdo con los registros del sistema de monitoreo aéreo FlightRadar24, el gobierno de Estados Unidos ha incrementado en forma significativa los vuelos de aviones y drones de inteligencia militar alrededor de Cuba, particularmente cerca de La Habana y de Santiago. Ello se suma a los recientes amagos de Donald Trump contra la isla y al paquete de nuevas agresiones económicas impuesto la semana pasada por la Casa Blanca, que criminaliza toda cooperación internacional con el gobierno cubano.

El régimen estadunidense se ha embarcado así en una ofensiva cuádruple contra Cuba: económica, militar, mediática y sicológica, en la que alterna amenazas, endurecimientos del bloqueo y mentiras llanas, como la que profirió hace unos días el secretario de Estado, Marco Rubio, sobre una supuesta “ayuda humanitaria” por 100 millones de dólares a la isla, la cual habría sido rechazada por La Habana.

La preocupación por una posible agresión armada estadunidense en la Antilla mayor tiene sobrados fundamentos, si se considera que Trump anda en desesperada búsqueda de algún asunto que le permita alejar los reflectores del desastre estratégico al que llevó a su país al atacar a Irán, de la caída estrepitosa de su popularidad –incluso entre sus propios seguidores y aliados–, del mal desempeño de la economía de Estados Unidos, del multiplicado descontento político y de las dudas crecientes sobre su salud física y mental y sobre sus capacidades para seguir en el cargo; todo ello, a pocos meses de una elección de término medio que se augura como catastrófica para él y para su partido, el Republicano.

Por otra parte, debe considerarse que una incursión bélica contra la isla tendría escasas probabilidades de éxito a corto plazo y muchas de convertirse en un nuevo pantano para el régimen trumpista. El viernes pasado el canciller cubano, Bruno Rodríguez, advirtió que de concretarse, los amagos belicistas contra su país procedentes de la Casa Blanca podrían desembocar en “una catástrofe humanitaria, un genocidio, la pérdida de vidas cubanas y de jóvenes estadunidenses” y en “un baño de sangre” en la isla.

Debe advertirse, adicionalmente, que los nunca superados designios militares de Estados Unidos contra Cuba han perdido respaldo en la sociedad en general, e incluso en la comunidad cubanoestadunidense, en la que la trasnochada fobia anticomunista ha perdido hegemonía y ha ido cediendo paso a nuevas posiciones que, por elemental sentido humanitario o por mero pragmatismo, se oponen a tales fantasías de agresión.

En otro sentido, el sádico bloqueo económico originado hace más de seis décadas y acentuado en las dos administraciones trumpistas no sólo degrada hasta niveles inimaginables las condiciones de vida de la población cubana, sino que es un agravio contra la soberanía de otros gobiernos –incluido el de México– y contra los intereses de actores económicos que se ven impedidos de realizar negocios en la isla.

Así pues, pese a las renovadas amenazas de una agresión militar directa de Washington contra Cuba, no le será fácil concretarla al grupo que detenta el poder en la Casa Blanca. En este contexto, la opinión pública de Estados Unidos y la internacional deben movilizarse para evitar que el trumpismo perpetre lo que sería uno más de sus crímenes.

LA JORNADA MX. DdA, XXII/6342

UN DRON ISRAELÍ LA PERSIGUIÓ HASTA MATARLA EN LÍBANO: 12 AÑOS



Lazarillo

Lo cuenta desde Sidón Marta Maroto, periodista free lance, en una breve crónica que aterra difundida por las redes sociales. Este fin de semana Israel ha causado cuatro decenas de muertos en Líbano. La estrategia aniquiladora puesta en marcha en la Franja de Gaza continúa en aquel pequeño país. El proceder asesino de los invasores lo describe la periodista tal como el gobierno de Netanyahu lo ejecutó sobre territorio palestino. Un misil destruye una vivienda y cuando acuden las ambulancias, un segundo misil asesina al equipo sanitario o cualquier otro servicio de emergencia que acude a socorrer a las víctimas. Dos paramédicos en concreto este fin de semana, más de un centenar desde el pasado 2 de marzo, según Maroto, que encomiablemente mantiene toda su entereza dándonos noticia de tanta barbarie. La limpieza étnica continúa aniquilando a familias enteras en Líbano, dice. Y nos habla de una niña, que podría ser la de la imagen que nos facilita Aisha desde Gaza, también a través de las redes sociales, con estas líneas: "Ella tenía 12 años. Ayer, un dron israelí la apuntó a ella y a su padre en el sur del Líbano. El primer ataque mató a su padre. Ella sobrevivió. Aterrorizada, herida, corrió por salvar su vida. Entonces otro dron la siguió. Y la mató también. Maldito sea todo el mundo cómplice". Lo está, maldito, por permitir que se masacren las jóvenes flores crecidas de vida y nada ni nadie lo evite. 

DdA, XXII/6342 

PROHIBIDOS LOS SÍMBOLOS SOVIÉTICOS EN LOS MEMORIALES DE BERLÍN


Uno de los tres memoriales que hay en Berlín como homenaje a los soldados del Ejército Rojo

Félix Población

Las autoridades de Berlín han vuelto a prohibir los días 8 y 9 de este mes  la exhibición de banderas y símbolos de la Unión Soviética, Rusia y Bielorrusia en el recinto de los tres principales memoriales soviéticos erigidas en aquella ciudad después de la Segunda Guerra Mundial.

Según detalla la policía de Berlín y el portal oficial berlin.de, la medida afecta a los memoriales de Treptower Park, Tiergarten y Schönholzer Heide, donde permanecen enterrados miles de soldados del Ejército Rojo que perdieron la vida en la llamada Batalla de Berlín. No obstante, y a pesar de la prohibición, en Schönholzer Heide hubo congregación de berlineses y una ofrenda floral a cargo del embajador ruso en Alemania. 

El Tribunal Administrativo de Berlín ha ratificado estas prohibiciones alegando "la necesidad de preservar la paz pública" y evitar un "efecto de marcha victoriosa" que pudiera interpretarse como "instrumental" para "expresar apoyo a Rusia" en la actual guerra de Ucrania. La prohibición pasa por alto el hecho de que no existe una correlación directa entre los símbolos soviéticos y los nacionalistas rusos, y que de hecho millones de ciudadanos soviéticos de otras nacionalidades murieron o fueron asesinados durante la invasión de la Alemania nazi contra la URSS. De hecho, después de los rusos, los ucranianos representan la mayoría de las víctimas, alrededor de 6,8 millones. 

El número de soldados del Ejército Rojo que perdieron la vida en la Segunda Guerra Mundial supera los nueve millones, con más de 17 millones de bajas mortales entre la población civil y un territorio con sus pueblos y ciudades en gran parte arrasado por los combates. Prohibir los símbolos bajo los que esos soldados lucharon contra el nazi-fascismo y murieron en combate, y por lo que se les rinde homenaje en los memoriales berlineses, no va a evitar -aunque se pueda pretender- que se olvide su historia.  Tampoco su importante papel en aquella guerra, en la que fue decisivo la intervención militar de la Unión Soviética para lograr la victoria. Ningún otro país ni ejército entre los de los aliados que combatieron en el conflicto para derrotar hace 81 años a las llamadas potencia del eje lo pagó con un balance de víctimas tan elevado.

Es lo que tiene haber visto hasta el hartazgo en el occidente europeo sojuzgado por la OTAN tantas pelis en las que Estados Unidos se erige en ejército salvador, siendo incomparablemente menor -aunque igualmente lamentable- el número de víctimas entre sus soldados, combatiendo además sin que su país sufriera daños en su territorio. Nuestra cultura occidental está empapada de esa óptica hollywoodense. 

Estamos convencidos de que las autoridades administrativas de Berlín que prohibieron las banderas y símbolos soviéticos, aplicarían normas muy distintas si otros fueran los países que tuvieran memoriales similares y otras fueran las banderas y los símbolos. Como por ejemplo los de Estados Unidos, cuyo gobierno viene colaborando durante más de dos años con el de Netanyahu en el genocidio del pueblo palestino arrasando la Franja de Gaza, inició junto a Israel una guerra ilegal en Irán y secuestró previo ataque armado al presidente de Venezuela.

DdA, XXII/6342

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