viernes, 14 de agosto de 2026

MORENO BONILLA BATE RÉCORDS: 45.000 HECTÁREAS QUEMADAS EN NIEBLA Y SIGUE...


Nunca antes ardió tanto en España, ni nunca tan tarde se incorporó un presidente autonómico (de vacaciones) al cometido que le toca: más de una semana en dar la cara.

Ana Taboada Coma

El Sur arde. Día a día miramos con preocupación las noticias y el avance del fuego.
El incendio de Niebla, Huelva, ya ha arrasado más de 45.000 hectáreas. Es el más grande de Andalucía y de España en lo que va de siglo. Y sigue fuera de control.
Mi solidaridad total con los pueblos afectados, con los vecinos que lo han perdido todo, y con quienes están dejando la piel para apagarlo.
¿Falta de recursos? ¿Falta de prevención? Unas temperaturas tan exageradas que hicieron saltar los termómetros, un viento traicionero y probablemente también negligencia humana...
Mientras tanto Moreno Bonilla disfrutaba de sus vacaciones y tardó más de una semana en aparecer públicamente y dar la cara.
En fin. Esto son las consecuencias de sustituir bomberos por toreros. Prevención por circo.
Ahora toca lo más duro: recuperación, reforestación y planificación responsable. Devolverle la vida a una tierra herida que llevan años abandonada a su suerte.

DdA, XXII/6436

LOS HUESOS DE LOS REYES DE ARAGÓN


Lazarillo

Lo acabamos de leer y desde la Fundación José Antonio Labordeta nos llega una impactante fotografía que revela hasta qué punto el fuego cerca al antiguo monasterio de San Juan de la Peña, en la provincia de Huesca. La información se refiere a la retirada del histórico lugar de cuadros, esculturas y huesos, los de los primeros reyes de Aragón. Tal retirada la ha llevado a cabo la Unidad Militar de Emergencias. Las llamas han llegado hasta casi el mismo edificio, sin que al parecer haya afectado a su estructura. La fundación del cantautor aragonés, al que tuvo el gusto de conocer este Lazarillo, nos participa el vacío y el dolor que supone este incendio, otro incendio más en esta España que no deja de arder cada verano, casi por costumbre y sobre todo por nefasta gestión forestal, y que en este caso ha dejado arrasadas zonas extensas de La Hoya y La Jacetania, hasta llegar a los pies mismo del histórico monasterio. Pueblos y aldeas vienen siendo desalojadas estos últimos años cada vez que las llamas queman los montes. En esta ocasión, ha sido el arte y la historia lo que se ha preservado en San Juan de la Peña. Las imágenes de los restos mortales de los reyes de Aragón siendo retiradas del monasterio por la UME son una variante singular en estos episodios de desastre que cada año sufre el país.

DdA, XXII/6436

LAS VÍCTIMAS DE LAS "HORDAS ROJAS" Y SU PRIVILEGIO DE BANDO


Félix Población

Siempre es un buen momento para recordar las atenciones que la dictadura franquista tuvo para con sus víctimas durante la Guerra de España. Más que nada porque entonces, durante la dictadura, no valía argüir que aquello era "levantar heridas", tal como se viene haciendo desde que hace un cuarto de siglo, pasado otro cuatro de siglo desde la muerte del dictador, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) inició la exhumación de las víctimas republicanas asesinadas por los sublevadas y enterradas sin identidad en fosas y cuentas. Cofundador de esa asociación fue mi estimado Santiago Macías, que tiene nombre de trovador medieval gallego, autor de un excelente y documentado libro que recupera la historia del luchador antifranquista Manuel Girón, así como la memoria de la primera guerrilla creada en El Bierzo después de la guerra (El monte y la muerte). Santiago nos aporta hoy este documento, que data del 14 de mayo de 1940, un mes después de que se proclamara en España la Victoria de los sublevados, no la paz, pues la represión se prolongaría en el tiempo. La orden del ministro de Gobernación, aparecida en los Boletines Oficiales de cada provincia, dice literalmente: «...todo aquel que desease exhumar el cadáver de alguno de sus deudos asesinados por la horda marxista, para ser inhumado en el cementerio, podía solicitarlo dentro del plazo de seis meses, sin que tuviera que abonar derechos sanitarios de ninguna clase». Que noventa años después de iniciada aquella barbarie con la sublevación militar, todavía haya habido y siga habiendo quienes digan a los descendientes de las víctimas republicanas, por querer hacer lo propio, que esto es "levantar heridas" resulta indignante. Como dice Santiago, "la memoria del franquismo fue un privilegio de bando; la que hoy se reivindica no es revanchismo, sino una cuestión de humanidad básica. Es, sencillamente, pura empatía y derechos humanos elementales". Lo deplorable es que esta vindicación siga siendo al día de hoy una deuda de las más vergonzosas de la democracia coronada española.

DdA, XXII/6436

CONDENADO MILANS DEL BOSH, FUE HOMENAJEADO EN UNA CAPITANÍA GENERAL


Sucedió una noche de guardia en la Capitanía General de Sevilla en octubre de 1982, el mismo mes que el Partido Socialista ganó las elecciones generales con las promesas del "Cambio". Lo cuenta el autor, uno de los soldados de guardia, en su siempre interesante blog y es sin duda un recuerdo relevante sobre aquel periodo histórico, aunque a quienes vivimos aquellos años no nos sorprenda en exceso: "Al otro lado de la pared -escribe Serna- se estaba celebrando el homenaje clandestino a un militar de máxima graduación. Oíamos las reverencias sin verlas. Oíamos los saludos y los taconazos preceptivos, ejecutados con el mayor énfasis. Oíamos las voces de generales y jefes de Estado Mayor que se cuadraban ante alguien a quien trataban como superior jerárquico. Le presentaban sus respetos, lo felicitaban, se declaraban orgullosos, decían, de haber sido sus subordinados". El así homenajeado era el general Milans del Bosh. "Semanas antes -anota también Serna- en la II Sección, la de Información, a la que yo estaba destinado como ordenanza, me habían hecho triturar unos expedientes comprometedores. La orden había sido tajante. Me la había dado mi teniente coronel.—Serna, destruya esos documentos uno a uno sin leer su contenido. No se le ocurra —me gritó". Justo Serna, que es historiador, añade: Entre las carpetillas que destruí, pero que pude leer fugazmente, estaba el expediente dedicado a Jaime Milans del Bosch y Ussía". Sigo confiando en que, cuando llegue la Tercera, sabremos todo lo que se sigue ignorando de aquel 23-F y sus efectos derivados.


Justo Serna

A pesar de haberlo anunciado en otra parte, aún no he revelado cómo conocí a Jaime Milans del Bosch y Ussía. Casi me da pereza contarlo. E incluso algo de miedo. Algo de miedo me queda, sí.
Durante años solo a muy pocas personas relaté la inquietante anécdota. Eso sí, más de una vez. Uno puede convertirse en un tipo pesado, fastidioso, cuando cree haber sido testigo mudo de un episodio histórico. Vale, de acuerdo: un episodio minúsculo, pero histórico.
Al final lo revelo aquí y ahora, sin adornos, sin añadidos, sin fantasías. Revelo, sí, públicamente un secreto oficial. Es modesto, pero desconcertante y efectivamente reservado: máximo secreto. Este asunto menor dice mucho de lo que era la España castrense de 1981 y 1982.
Para quienes no vivieron aquellos años bastarán unos pocos datos. El teniente general Jaime Milans del Bosch era el jefe de la III Región Militar, con sede en Valencia, en febrero de 1981.
En la tarde del día 23, mientras el teniente coronel Antonio Tejero mantenía secuestrado al Congreso de los Diputados, Milans del Bosch publicó un bando por el que declaraba el estado de excepción y establecía un toque de queda que empezaba a las 21 horas, si no recuerdo mal.
Por entonces yo era un joven de veintipocos años que estaba a punto de acabar la carrera universitaria. Tenía todo el porvenir por delante y una eternidad de muchas décadas por vivir.
Aquella tarde, aquella noche, que un golpe de Estado pudiera quebrar la recientísima democracia de que disfrutábamos me derrumbó. Y más cosas. Me aturdió, me enervó y me irritó hasta extremos indecibles. Y me atemorizó, claro. Como a tantos otros jóvenes y no tan jóvenes que no teníamos madera de héroes.
Un familiar, primo hermano mío, militar de carrera, era esa noche el oficial de la guardia dispuesta a la entrada de Capitanía, en Valencia. Según me reveló días después, mi pariente había recibido una sola orden directa de Milans del Bosch.
—Si vienen a detenerme, dispara —le espetó.
Al cabo del tiempo, no sé cuánto, mi primo abandonaría el ejército y la carrera militar. Según me contó entonces, la causa era el malestar general y la úlcera que una circunstancia tan extrema le había ocasionado. Eso es lo que él me dijo.
Punto y aparte.
En octubre de 1982, una noche, dos soldados de la Capitanía General de la II Región Militar, con sede en Sevilla, debían realizar un servicio. Era lo que se llamaba una guardia de Estado Mayor, una obligación molesta y frecuente.
Se trataba de pasar la noche en vela, o parte de la noche. Los soldados no debían permanecer en posición de firmes o de descanso. No hacían guardia en una garita, sino en la planta de Estado Mayor. Durante las horas que les correspondían debían permanecer sentados en una pequeña dependencia adosada a la sala noble, portando sus respectivos subfusiles. Descargados, eso sí.
Uno de esos soldados era yo. Las horas no pasaban veloces y, para matar el aburrimiento, leía. Recuerdo que por entonces llevaba conmigo, con las tapas forradas de papel de periódico, la Antología de Antonio Gramsci editada por Manuel Sacristán. Un soldado español, en una Capitanía General, hacía guardia con un subfusil descargado y leía a Gramsci a escondidas.
Lo habitual en una guardia de Estado Mayor era que el jefe dejara abierta la puerta de aquella dependencia tan angosta. Sin embargo, aquella noche de octubre el comandante nos advirtió a gritos, con severidad y con mucho aspaviento.
—Voy a cerrar la puerta.
Nosotros permanecíamos mudos, expectantes y con un miedo cerval, al menos en mi caso.
—Por supuesto no vais a ver nada ni oír nada —añadió—. Si contáis lo que pasa en la sala —dijo, refiriéndose al salón noble— os empuro, os meto un Consejo de Guerra del que no salís vivos.
Probablemente era una amenaza que no habría podido cumplir. Una baladronada, quizá, en el caso de habernos sorprendido espiando. Eso puedo pensarlo ahora. Entonces no. En aquel momento no era únicamente una amenaza intimidatoria. Era el terror posible.
No debíamos ver, no debíamos oír y, sobre todo, no debíamos contar.
Por supuesto desatendimos la orden. Escuchamos. Adivinamos y recreamos, con detalle y cuidado, lo que allí al costado ocurría.
¿Y qué ocurría?
Al otro lado de la pared se estaba celebrando el homenaje clandestino a un militar de máxima graduación. Oíamos las reverencias sin verlas. Oíamos los saludos y los taconazos preceptivos, ejecutados con el mayor énfasis. Oíamos las voces de generales y jefes de Estado Mayor que se cuadraban ante alguien a quien trataban como superior jerárquico. Le presentaban sus respetos, lo felicitaban, se declaraban orgullosos, decían, de haber sido sus subordinados.
Y aquel hombre respondía. Más aún: arengaba a los congregados. Nosotros escuchábamos al otro lado de una puerta que no debíamos abrir.
Aquel militar había sido condenado meses atrás por su participación en la rebelión del 23-F. El Tribunal Supremo había confirmado en abril de 1982 la condena a treinta años de reclusión de Jaime Milans del Bosch como coautor de un delito de rebelión militar. La condena implicaba además la pérdida de empleo y la inhabilitación.
Pero esa noche, al otro lado de la pared, no parecía un condenado. No parecía siquiera un antiguo teniente general. Por el tono de los saludos, por los taconazos, por las felicitaciones, por el respeto con que se dirigían a él, seguía siendo para aquellos hombres el superior.
Nosotros todavía no lo habíamos visto. Pero lo oíamos. Y lo que oíamos daba pavor.
Su pronunciamiento era estridente en las formas y exaltado por las alertas con que amenazaba. Hablaba de una conspiración que, según él, estaba en marcha. Hablaba de España en peligro. Conminaba a los allí presentes a conjurarse para echar a los políticos y al rey.
Los dos soldados que hacíamos guardia en las dependencias de Estado Mayor nos mirábamos atónitos, con una inquietud y un malestar crecientes, sin saber qué hacer, qué decir, qué callar. Si nuestros sentidos no nos engañaban, estábamos escuchando algo que se parecía peligrosamente a otra rebelión militar.
¿De verdad estaba ocurriendo aquello? Yo había cursado la carrera de Historia y creía que la circunstancia era excepcional. Histórica, propiamente.
Hoy sé algo más. Sé que aquello no fue una nueva rebelión militar. Fue otra cosa quizá más reveladora: un acto de homenaje y sumisión a un golpista que ya había sido condenado.
También sé lo que entonces ignoraba. Milans era ya un preso. Había sido apartado de su primer centro de reclusión para dificultar sus contactos. Había llegado desde Madrid en un avión militar, había hecho escala en Sevilla y al día siguiente sería trasladado a su nuevo destino: Algeciras.
Todo ocurría, además, en octubre de 1982, inmediatamente antes de las elecciones generales que ganarían los socialistas y cuando acababa de descubrirse otra trama golpista, la llamada Operación Cervantes.
Pero aquella noche yo no sabía todo eso. Aquella noche estaba sentado detrás de una puerta con un subfusil descargado y escuchaba.
No me inquietaba únicamente Milans del Bosch. Me provocaba estupor y decepción confirmar en manos de quiénes estábamos los soldados: dos jóvenes convertidos involuntariamente en testigos mudos de aquel acto. ¿Qué podían hacernos?
Antes de la medianoche, la puerta de aquella humilde dependencia se abrió y el comandante nos hizo salir. El vocerío se hizo más intenso, más cercano. Yo sentí pánico.
Salimos con la cabeza gacha, cargando con los subfusiles. Habíamos recibido la orden de no ver nada y procurábamos, al menos en apariencia, obedecerla.
Pero miré.
Miré de soslayo y entonces lo vi. O, mejor dicho, lo entreví.
Jaime Milans del Bosch estaba allí, a escasos metros. El hombre cuya voz acabábamos de escuchar detrás de la puerta, el hombre ante quien se habían cuadrado generales y jefes, el condenado por rebelión militar, estaba allí, físicamente, delante de nosotros.
Yo bajé la cabeza.
Y fue entonces cuando recordé otra cosa.
Semanas atrás, en la II Sección, la de Información, a la que yo estaba destinado como ordenanza, me habían hecho triturar unos expedientes comprometedores. La orden había sido tajante. Me la había dado mi teniente coronel.
—Serna, destruya esos documentos uno a uno sin leer su contenido. No se le ocurra —me gritó.
Otra orden: no leer.
Por supuesto, yo también había incumplido aquel mandato, extremando la cautela y haciendo como que aquello no iba conmigo. Destruía los documentos uno por uno y leía. Apenas podía hacerlo: un nombre, una fecha, unas líneas rápidas antes de introducir las hojas en la trituradora.
Entre las carpetillas que destruí, pero que pude leer fugazmente, estaba el expediente dedicado a Jaime Milans del Bosch y Ussía.
Primero me habían ordenado no leer. Después me ordenaron no escuchar. Luego, no mirar. Y finalmente, no contar.
Durante muchos años cumplí al menos esta última orden. Las otras no.
A la fuerza, que no de grado, un futuro historiador había triturado uno de los documentos más relevantes que había tenido en sus manos: un documento referido a un conspirador del siglo XX.
Y aquella noche, poco después, ese futuro historiador, vestido de soldado y con un subfusil descargado, había oído su voz y había entrevisto su rostro.

DdA, XXII/6436

IGNACIO RAMONET ESCRIBE SOBRE SU AMIGO FIDEL CASTRO

Ningún periodista tuvo oportunidad de hablar tanto y  estar tantas horas con Fidel Castro, líder de la revolución cubana de 1959, como Ignacio Ramonet, exdirector de Le Monde Diplomatique y la persona que escribió junto a su entrevistado esa voluminosa biografía a dos voces, de recomendable lectura, que tanto se silenció en España, habiendo sido una obra muy leída en América Latina. Por eso es valioso y también recomendable el artículo que Ramonet escribe con motivo del centenario del nacimiento de Fidel, cuya personalidad fue la que más impresionó al periodista, habiendo sido bastantes las que tuvo la oportunidad  de conocer y tratar en su dilatada carrera profesional. "En un panorama mediático donde a menudo se reduce a Fidel Castro a la condición de ícono adorado o de ogro abominado -escribe Ignacio-, propongo optar por un camino más desafiante: captar la complejidad de una vida extraordinaria sin caer en la hagiografía ni en la condena ideológica. Cuando se cumplen, este 13 de agosto de 2026, cien años del nacimiento de Fidel, este enfoque se ha vuelto esencial".

Lo primero que llamaba la atención en Fidel Castro no era su uniforme, ni su estatura, ni su barba, ni siquiera su elocuencia. Era su curiosidad. Tras largas horas de conversaciones para nuestro libro Fidel Castro: biografía a dos voces, o Cien horas con Fidel, cuando todos los demás estábamos agotados, él seguía formulando preguntas, buscando aclaraciones, hurgando en detalles históricos o científicos con una energía intacta. A menudo he pensado que ese era el secreto de su longevidad política: antes que un hombre de poder, Fidel era un hombre de conocimiento.

A lo largo de mi carrera periodística, he tenido la oportunidad de conocer a importantes jefes de Estado, dirigentes políticos, intelectuales y líderes que dejaron huella en su época. Pocos de ellos, sin embargo, me impresionaron tanto como Fidel Castro. No me refiero aquí al mito, tan a menudo cultivado por sus admiradores como por sus adversarios. Hablo del hombre, del ser humano al que tuve el privilegio de conocer de cerca durante muchos años, de interrogar durante incontables horas y de observar en detalle mientras razonaba en voz alta, reconstruía episodios históricos hasta el más mínimo detalle y articulaba hechos de apariencia insignificante con una amplia perspectiva geopolítica.

Sus mecanismos cerebrales impresionaban. Poseía una memoria prodigiosa. Pero más notable aún era, insisto, su curiosidad intelectual, la cual se mantuvo intacta hasta el final de sus días. Nada de lo que concernía al mundo le era ajeno.

Estas conversaciones con él me enseñaron una lección esencial: para comprender a Fidel, había siempre que mirar más allá de su imagen pública, de su figura mediática.

Su vida estuvo entrelazada con la historia de Cuba durante más de medio siglo, pero también reflejó las grandes convulsiones de la segunda mitad del siglo XX: la descolonización, la Guerra Fría, los movimientos de liberación nacional, la globalización neoliberal, la crisis climática y el consiguiente surgimiento de un mundo más diverso, más multipolar en el que las antiguas potencias occidentales ya no ostentan el monopolio de la toma de decisiones.

Precisamente porque Fidel Castro ocupa un lugar tan singular en la historia contemporánea, cualquier nuevo texto sobre él puede parecer, a primera vista, superfluo. ¿Qué más se puede decir sobre un hombre al que ya se le han dedicado tantísimos libros? La respuesta es sencilla: cada época plantea nuevas preguntas al pasado, y cada generación reinterpreta a las grandes figuras históricas a la luz de sus propias inquietudes.

En un panorama mediático donde a menudo se reduce a Fidel Castro a la condición de ícono adorado o de ogro abominado, propongo optar por un camino más desafiante: captar la complejidad de una vida extraordinaria sin caer en la hagiografía ni en la condena ideológica. Cuando se cumplen, este 13 de agosto de 2026, cien años del nacimiento de Fidel, este enfoque se ha vuelto esencial.

Durante décadas, la figura del líder de la Revolución cubana quedó atrapada en una pugna de relatos. Para algunos, sigue siendo un símbolo de resistencia frente al imperialismo; para otros, encarna todos los excesos del socialismo de Estado. Estas visiones contrapuestas —por muy legítimos que sean los sentimientos que las sustentan— a menudo terminan oscureciendo una realidad histórica mucho más matizada.

La misión del historiador no es avivar pasiones, sino, ante todo, arrojar luz sobre los hechos. Por eso me gustaría aquí recordar que Cuba no puede entenderse al margen de la relación singular que ha mantenido durante más de un siglo con su poderoso vecino: Estados Unidos.

La Revolución de 1959 nunca se desarrolló en un entorno normal. Desde el principio, se enfrentó a intentos de desestabilización, a una invasión armada, a un bloqueo económico destinado a prolongarse durante décadas y a una constante confrontación mediática y política. Ninguna evaluación seria de las decisiones del gobierno cubano puede pasar por alto esta realidad.

Lo cual no significa que todo pueda explicarse —y mucho menos justificarse— mediante presiones externas. El propio Fidel Castro sabía que toda revolución genera sus propias contradicciones, errores y rigideces. A veces hablaba de esto con una franqueza y una fuerza autocrítica que sorprendía tanto a sus detractores como a sus admiradores

Su ambición no era construir una sociedad perfecta —él sabía que tal cosa no existía—, sino preservar la independencia nacional, requisito fundamental, según él, para cualquier política de justicia social.

Otro aspecto llamativo de su figura era la extraordinaria amplitud de sus horizontes. Su visión trascendía con creces las fronteras de Cuba. África ocupaba un lugar especial en su pensamiento. América Latina y el Caribe constituían su ecosistema geopolítico natural. Asia despertaba cada vez más su interés a medida que hacia allí se desplazaba el centro de gravedad del mundo. Mucho antes de que el término se generalizara, él ya había previsto la emergencia de un Sur Global y el advenimiento de un orden internacional multipolar y multicéntrico.

Con la distancia, esa intuición resulta hoy singularmente lúcida. El mundo que se perfila ante nuestros ojos ya no es el que surgió tras el colapso y la implosión de la Unión Soviética.

Nuevas potencias se consolidan, los países del Sur Global reclaman mayor autonomía, el síncope climático amenaza a la humanidad, las tecnologías ligadas a la IA cambian todas las reglas del juego y el equilibrio de poder internacional atraviesa una profunda reestructuración.

Revisitar la figura de Fidel Castro en este contexto no es un ejercicio de nostalgia; es una forma de comprender mejor ciertas dinámicas clave de nuestro presente.

No pretendo convencer al lector de que admire a Fidel Castro. En cambio, le propongo algo más valioso: entenderlo. Comprender cómo un joven abogado de Santiago de Cuba se convirtió en una de las figuras políticas más influyentes del siglo pasado; comprender cómo una pequeña isla caribeña logró ejercer, a escala mundial, una influencia diplomática y moral muy superior a lo que cabría esperar por su tamaño; y, por último, comprender por qué —casi diez años después de su fallecimiento— Fidel Castro sigue ocupando un lugar tan singular y tan especial en el imaginario político mundial.

Las grandes figuras históricas son objeto de constante reinterpretación. Las pasiones se aplacan, los archivos se abren y las perspectivas cambian. La Historia va ocupando gradualmente el lugar de la controversia.

Este proceso es esencial; nos aleja de las vanas polémicas y permite acercarnos a la verdad sin pretender jamás poseerla por completo.

Espero que los lectores recorran esta corta nota con esa misma apertura de espíritu. Atentos tanto a los hechos como al contexto. Sobre todo, que piensen en un Fidel Castro profundamente humano: estratega y visionario; a veces obstinado, a menudo audaz e incluso temerario, pero siempre convencido de que los pueblos pueden escribir su propia historia.

Esta convicción, más que ninguna otra, explique probablemente por qué el nombre de Fidel Castro sigue siendo inseparable de los grandes debates sobre soberanía, justicia social e independencia de las naciones.

Al repensar hoy en el comandante de la Revolución cubana, con ocasión de su centenario, el lector no se limita a meditar sobre la vida de un líder; se adentra en una época histórica convulsa cuyos ecos palpitantes siguen moldeando nuestro mundo actual y su futuro.

DdA, XXII/6436

ESCRIBE PETRO: NO SE NECESITA MATAR SERES HUMANOS, SINO QUITARLES SU ALMA



Gustavo Petro

Este es el final de la soberanía nacional e individual de las y los colombianos, y de su propia intimidad, que vendió Abelardo para que le hicieran el fraude electoral. Por eso el saboteo del grupo empresarial antioqueño al proyecto del megadatacenter en Santa Marta, que dejé financiado solo con la condición de que la soberanía de los datos fuera de la nación colombiana. Ya no me responden a mi celular sino los bots de las empresas privadas israelíes; luego voy a desactivar la función de respuestas a estos mensajes
El proyecto "Palantir" de los EEUU, que implica que todos los datos de la humanidad pasan a los EEUU, y con ellos nos vigilarán y decidirán lo que podríamos llamar "un juicio final", convertirá el aparato tecnocientífico/militar no en el enemigo de los narcotraficantes, sino en el enemigo de la humanidad.
El escape planteado por Elon Musk, a Marte u otro lugar, es una ficción si no hay más humanidad.
No se necesita matar seres humanos, sino quitarles su alma.
La inteligencia artificial debe ser un bien de la humanidad y controlable solo por la humanidad. Alguna nación libre del mundo debe plantear este debate que ya no es de seguridad nacional colombiana, sino de la seguridad de la vida de la humanidad.

DdA, XXII/6436

jueves, 13 de agosto de 2026

EL ECLIPSE QUE TODO LO ECLIPSA, HASTA LO DE CEUTA


Ante esta situación social, política y de defensa de nuestro país, nadie nos está dando seguridades de que se resolverá rápidamente y no podrá volver a repetirse, porque todos los medios de comunicación están ocupadísimos ofreciéndonos datos de lo que supone el eclipse de sol que se va a producir en pocos minutos, mientras estoy escribiendo, para la vida de los españoles.

Lidia Falcón

Si ante el conocimiento de la llegada de los miles de marroquíes a Ceuta las autoridades y las televisiones hubiesen estado informando tanto a los medios de comunicación como a la ciudadanía con el interés con que lo están haciendo del eclipse de sol, otro hubiera sido el comportamiento del Presidente de la ciudad, del presidente del gobierno, de los ministros, de los partidos políticos, de las fuerzas de seguridad, y otra muy distinta la situación de los emigrantes, de los menores no acompañados, de los vecinos ceutíes y del Ejército, de la Guardia Civil y del gobierno del Estado.

No sabemos cuánto tiempo atrás estuvieron intercambiando por las redes sociales el plan del viaje los miles de marroquíes que se preparaban para cruzar a nado desde el continente africano hasta la ciudad española. No lo sabemos porque no nos lo han explicado, como en cambio nos tienen aburridos contando las vicisitudes que pasarán los que se disponen a recorrer medio planeta para ver como se hace de noche media hora antes de lo normal en esta época del año.

Aquí, en este país miembro de la Unión Europea, el continente más rico, liberal, democrático y defensor de los derechos humanos del mundo, ninguno de los que gobiernan y dirigen la defensa de nuestro territorio, vigilan los movimientos migratorios y controlan el tráfico terrestre y marítimo, son responsables de la seguridad de los que habitan esa ciudad, y deben garantizar la paz y la convivencia de los ceutíes, se enteraron de la invasión que se preparaba. Fueron espectadores sobresaltados cuando miles y miles de hombres, muchachos adolescentes, niños, y hasta algunas mujeres que portaban bebés aparecieron desafiando los riesgos del mar, con sus solos brazos, en las playas de Ceuta.

Una semana después de esta gesta multitudinaria, los representantes del gobierno de la ciudad, los ministros y el presidente del gobierno de España, nos muestran sus semblantes desconcertados, y balbucean declaraciones incomprensibles mientras los políticos de la oposición les insultan y piden severas represalias, no sé contra quien, porque aparte de los ahogados, los supervivientes mal respiran echados en el suelo de cemento de los muelles, al sol, esperando que algunos ceutíes caritativos les lleven una botella de agua. Porque tampoco ninguno de los representantes españoles, ni del gobierno ni de la oposición, se atreve a pedirle explicaciones a Marruecos, que ya sabemos que su ilustre y democrático rey es omnipotente e impune y no da explicaciones, y sus ministros y sus fuerzas de seguridad nunca hemos sabido a qué se dedican.

Los responsables de la seguridad de nuestra nación, los que sea que trabajan para ello en el llamado CNI (Centro Nacional de Inteligencia) no han dado muestra alguna de que posean esa cualidad. No sabemos si vigilan las redes sociales para saber lo que en ellas se organiza y amenaza, y si lo hicieron y leyeron algunos de los miles de mensajes que estaban convocando a sus iguales a iniciar ese insólito y peligroso éxodo, los tomaron en serio o se quedaron con la idea de que eran bromas como las que se difunden por el tenebroso mundo que ha creado Internet. El resultado, ya visto, es que no reaccionaron al peligro que se venía encima, ni avisaron a sus superiores, ni informaron a los gobernantes de la ciudad ni del Estado ni siquiera hicieron alguna llamada a sus amigos periodistas. Y todos, todos, se quedaron pasmados, cayéndoseles la baba mientras la mayoría de los marroquíes, que tienen genes de conquistadores, alcanzaban las playas y se acercaban a la ciudad.

La ministra de Defensa, no debe de tener instrucciones de en lo que consiste su ministerio, muy sonriente, proclamaba con un tono enfático y solemne que el ejército español está siempre defendiendo a su patria.

El ministro de Interior, el que fue ilustre juez y ahora se ocupa de proteger a los españoles de los robos y agresiones de vagos y maleantes, balbuceó algunas frases ante el micrófono de la televisión, pero he de confesar que no me enteré de lo que dijo , por lo que deduzco que no debió de ser trascendental. Pero supongo que los ceutíes deben estar anhelantes de saber qué les va a suceder si no se resuelve rápidamente el destino de los miles de marroquíes que siguen en las calles, las plazas y las playas de su ciudad.

El Presidente de Ceuta insiste, con algo de desesperación, que ellos no tienen medios con los que hacerse cargo ni de la vigilancia de las playas ni del mantenimiento del orden en la ciudad, ni del alojamiento de los menores no acompañados, que hasta que llegó la avalancha eran 89.

Otros personajes que han aceptado contestar a algunas preguntas de los periodistas, aseguran que no sabían nada, el Presidente del Gobierno confirma, con tranquilidad, que el servicio de inteligencia no le avisó, y no nos explica que piensa hacer para remediar tal comportamiento.

A los únicos que vemos llevarles agua a los náufragos, algunos trapos para que se tiendan en el suelo, y hasta atenderlos psicológicamente es a los voluntarios de la Cruz Roja, como son las vecinas ceutíes las únicas que entregan bocadillos a menores y exhaustos nadadores.

Es decir, en resumidas cuentas, el gobierno de España repite con la boca llena de pasión que Ceuta es España, eso también afirman los políticos de la oposición, eso chillan los ceutíes, ese es el estribillo más contundente contra las reclamaciones del rey Mohamed VI de que le devuelvan las ciudades que le robaron en tiempos pretéritos, y en ese cantar llevan, que yo sea testigo, noventa años, y cuando, dicen que, por su cuenta, los jóvenes marroquíes, y mujeres y menores, asaltan la ciudad modelo de la españolidad, ni el Presidente de la ciudad, ni el Ejército, ni la Guardia Civil, ni la policía nacional, ni aún siquiera la policía municipal, ni los aguerridos militantes de la oposición política, salen a la calle a defender España.

Y por supuesto, nadie de los que gobiernan y administran y defienden nuestro país explica cómo van a alojar y alimentar a los mil quinientos niños que se deshidratan en las playas y en los muelles de la ciudad, donde van a meter a los adultos que vagan por las calles sin comida ni albergue, ni cómo van a proteger y a tranquilizar a los ceutíes, que se han encontrado con la invasión de su ciudad más inimaginable. Pero supongo que seguirán cobrando su sueldo.

Ante esta situación social, política y de defensa de nuestro país, nadie nos está dando seguridades de que se resolverá rápidamente y no podrá volver a repetirse, porque todos los medios de comunicación están ocupadísimos ofreciéndonos datos de lo que supone el eclipse de sol que se va a producir en pocos minutos, mientras estoy escribiendo, para la vida de los españoles.

DdA, XXII/6435

FIDEL CASTRO, EL GENOCIDIO DEL PUEBLO PALESTINO Y EL DEL PUEBLO CUBANO

 


Félix Población

Con motivo del centenario del nacimiento de Fidel Castro Ruz (1926-2016), líder histórico de la revolución cubana, viene bien este pasaje de la memoria histórica que lo tiene por protagonista. Sobre todo ahora, con casi tres años ya del genocidio en la Franja de Gaza, sumados a los decenios de invasiones, cárceles y opresión a los que viene siendo sometido el pueblo palestino por el sionismo y el imperialismo internacional. Lo que vemos en el vídeo debería constituir un ejercicio de reconocimiento a la visión histórica de Fidel Castro cuando, en la Asamblea General de la ONU celebrada en 1979, calificó por primera vez de genocidio lo que al día de hoy es también un dictamen del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, con el primer ministro de Israel bajo órdenes de arresto por la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra y contra la humanidad. Ningún Jefe de Estado entonces se atrevió a manifestar tan rotundamente lo que Castro expuso por primera vez y ahora escuchamos hasta al propio presidente de nuestro país. La imagen de Fidel con la kufiya sobre los hombros, así como la postura de Cuba contra el apartheid en Sudáfrica, forman parte de dos de los hitos de solidaridad más dignos de la política internacional liderada por Castro, junto a sus expediciones médicas al tercer mundo. Hoy su país se enfrenta al más riguroso y criminal de los bloqueos aplicados por los sucesivos gobiernos de la Casa Blanca durante más de sesenta años, condenado por casi todos los Estados representados en la ONU. Se ha llegado a decir que lo que Estados Unidos comete también ahora en Cuba es un lento genocidio, como no lo sufrió nunca en la historia contemporánea pueblo alguno. Creo que el país que lo debería denunciar en la ONU, como hiciera Fidel Castro en 1979 en defensa del pueblo palestino, es España, por razones de historia y empatía con el pueblo y las isla a la que tantos españoles emigraron en el pasado buscando horizontes de vida.

DdA, XXII/6435

QUE TU VIDA SEA UN EVANGELIO QUE OTROS QUIERAN LEER



LIBRO DEL FUEGO VERDE
Evangelio Laico de la Dignidad

Raulito Torres Candil
/Aquí en la Habana

PRÓLOGO DEL ESCRIBA
No fue un Dios, es un hombre que ilumina.
Y en su imagen, muchos ven su propia luz.
Este libro no es para adorar su nombre, sino para alimentar el fuego que él encendió: la rebeldía contra toda opresión, la solidaridad sin fronteras, el amor tenaz por los pobres de la tierra.
Se leerá en voz baja, como quien riega una semilla. Se practicará en silencio, como quien carga el agua para el vecino. No tiene templos de piedra, sino escuelas, hospitales y huertos.
No busca arrodillados, sino erguidos.
Quien busque un ídolo, aquí no lo hallará. Quien busque un espejo de coraje, que se mire.
I. GÉNESIS DE LA REBELDÍA
1. En el principio era la caña, el sudor y el látigo. La tierra paría azúcar y el pueblo paría hambre.
2. Y un niño nació en Birán, hijo de campesinos, y vio que el buey comía mejor que el peón. Y se preguntó: “¿Por qué?”
3. Y esa pregunta fue la primera chispa. Porque preguntar ante la injusticia es ya un acto de rebelión.
4. Y el niño creció, y la chispa se hizo llama: estudiante, abogado, conspirador. No buscaba silla, buscaba alba.
5. Y dijo: “Condenadme, no importa. La historia me absolverá.” Y la historia, hija del pueblo, lo abrazó.
6. Del Moncada salió sangre, pero también semilla. Toda semilla que cae en tierra fértil resucita en espiga.
7. Aprended, devotos del alba: la primera virtud es la pregunta. La segunda, la decisión. La tercera, la consecuencia.
II. ÉXODO DE LA SIERRA
1. Y partieron los ochenta y dos en un barco minúsculo llamado Granma, que significa abuela, porque la revolución nace de la memoria de los viejos.
2. Naufragaron, los dispersaron, los mataron. Quedaron pocos, hambrientos, descalzos. Y aun así, encendieron la montaña.
3. La Sierra Maestra fue su Sinaí: allí no descendieron tablas de piedra, sino fusiles y cuadernos. Porque el pueblo que no sabe leer no puede defenderse con la palabra, solo con el grito.
4. Y la guerrilla enseñó: el que manda obedece al bien común. El que come comparte. El que sabe enseña. El que no tiene miedo, protege al que lo tiene.
5. No fue un ejército de ángeles, sino de hombres y mujeres con barro en las botas y estrellas en los ojos.
6. Y el imperio tembló, porque un puñado de humildes derrotó a Goliat con la honda de la dignidad.
III. SALMOS DE LA SOLIDARIDAD
1. Bienaventurados los que cruzan océanos para curar, no para conquistar.
Porque ellos verán la gratitud en los ojos del extraño.
2. Bienaventurados los que enseñan a leer en medio de la selva.
Porque ellos encienden lámparas que nadie podrá apagar.
3. Bienaventurados los que comparten su pan y su vacuna.
Porque ellos derrotan la peste del egoísmo.
4. Bienaventurados los que no preguntan “¿de dónde eres?” sino “¿qué necesitas?”
Porque ellos han entendido la única patria: la humanidad.
5. Malditos los que acumulan trigo mientras el vecino muere de hambre.
Porque su riqueza será su cadena.
6. Malditos los que cierran fronteras al que huye de la guerra.
Porque un día necesitarán asilo en el corazón ajeno.
7. La solidaridad no es limosna, es justicia. No es sentimiento, es práctica. No es opcional, es ley de la vida.
IV. PROVERBIOS DEL COMPAÑERO
1. Si tienes dos mantas y tu hermano tiembla, una de ellas es suya.
2. No eduques para obedecer, educa para pensar.
3. El médico que no sale del hospital no conoce al pueblo.
4. El maestro que no aprende de sus alumnos, enseña a medias.
5. La revolución no es un acto, es un hábito.
6. Cuida la tierra como a tu madre, porque lo es.
7. No prometas paraísos, construye huertos.
8. El poder que no rota, pudre.
9. La crítica es un abono, no un veneno.
10. El mejor homenaje a un luchador no es un busto, sino una escuela con su nombre viva de niños.
V. CÁNTICO DE LA UMMAH
1. Como enseña el Corán: “Los creyentes son hermanos” (49:10). Nosotros, devotos del Fuego Verde, extendemos esa hermandad a todos los oprimidos de la tierra, creyentes o no.
2. La Ummah es la comunidad de los que sufren y luchan. No tiene color, ni lengua, ni frontera. Su mezquita es la asamblea, su imán es la conciencia, su mihrab es la memoria de los caídos.
3. Si un pueblo es bombardeado, todos somos ese pueblo. Si un niño muere de hambre, todos somos esa madre. Si un río es envenenado, todos bebemos de él.
4. La unidad no es uniformidad. El Corán dice: “Os hicimos pueblos y tribus para que os conozcáis” (49:13). Conocer no es dominar, es respetar.
5. Practicad la Tawhid social: no hay más soberano que el pueblo. Ningún rey, ningún banco, ningún imperio. Solo la comunidad organizada.
6. Quien divide a los pobres para gobernarlos es el verdadero infiel. Quien une a los pobres para liberarlos es el verdadero creyente.
VI. EL AYUNO DEL CONSUMO
1. Como el Sawm islámico nos enseña a dominar el hambre del cuerpo, el Ayuno del Consumo nos enseña a dominar el hambre de cosas.
2. Ayunarás de caprichos: no comprarás lo que no necesitas, aunque puedas.
3. Ayunarás de pantallas: dedicarás una hora al día a mirar a los ojos, no a las notificaciones.
4. Ayunarás de ruido, no de son: escucharás el silencio para oír la voz del vecino.
5. Ayunarás de prisa: caminarás despacio para ver quién quedó atrás.
6. El que ayuna de lujos descubre que la felicidad no se compra, se comparte.
7. Y al romper el ayuno, no lo harás con banquete, sino con pan y café, recordando a los que no tienen ni eso.
VII. LA LIMOSNA OBLIGATORIA
1. El Zakat islámico ordena dar una parte de la riqueza a los necesitados. Nuestra Limosna Obligatoria es más amplia: darás tiempo, saber y amor, no solo dinero.
2. Darás el 10% de tu tiempo libre a la comunidad: alfabetizarás, sembrarás, cuidarás ancianos.
3. Darás el 10% de tu salario a un fondo común de emergencia para los que caen.
4. Darás el 10% de tus conocimientos: enseña lo que sabes sin cobrar.
5. Darás el 10% de tu paciencia: escucha al que nadie escucha.
6. El que no da de lo que tiene, no tiene derecho a pedir justicia.
7. La riqueza no es pecado, la acumulación sí.
VIII. LA PEREGRINACIÓN
1. Todo devolucionario del Fuego Verde debe peregrinar, al menos una vez en la vida, a un lugar donde se haya luchado por la dignidad.
2. Puede ser la Sierra Maestra, donde los barbudos enseñaron que lo imposible es solo difícil.
3. Puede ser el Moncada, donde la derrota se hizo victoria futura.
4. Puede ser la casa de un mártir de tu barrio, o la fosa común de un pueblo olvidado.
5. No vayas a tomar fotos, sino a escuchar. No vayas a comprar recuerdos, sino a cargar con el recuerdo.
6. Al volver, cuenta a los niños lo que viste. Ellos son la única patria que importa.
7. El verdadero peregrino no es el que viaja lejos, sino el que regresa distinto.
IX. EVANGELIO DE LA VIDA COTIDIANA
1. La revolución se hace en la cola del pan, en el aula, en el hospital, en el campo.
2. No esperes grandes batallas; libra las pequeñas: no mientas, no humilles, no te corrompas.
3. Saluda al barrendero como al ministro. Ambos sostienen la ciudad.
4. Siembra un árbol aunque no lo veas crecer. Otros lo verán, y te lo agradecerán en silencio.
5. Repara lo roto: un juguete, una puerta, un corazón. La revolución también es remendar.
6. Cocina para el enfermo, lee para el ciego, camina con el anciano.
7. No te creas imprescindible, pero actúa como si lo fueras.
8. Al final del día, pregúntate: “¿A quién ayudé hoy?” Si no puedes responder, mañana empieza de nuevo.
X. APOCALIPSIS DEL IMPERIO
1. No temáis al imperio, porque su caída no será por bombas, sino por el vacío de sus propios excesos.
2. Caerá cuando sus jóvenes prefieran la vida a las pantallas.
3. Caerá cuando sus obreros descubran que son más fuertes unidos que con miedo.
4. Caerá cuando los pueblos del sur dejen de vender su sangre por espejitos.
5. Caerá cuando la última selva se alce y diga: “Basta”.
6. No será una batalla final, sino un amanecer lento.
7. Y los que construyeron búnkeres verán que no hay muro contra la marea de la historia.
8. Entonces los mansos heredarán la tierra, no por milagro, sino por justicia.
XI. RITUALES DE INICIACIÓN
1. El que quiera entrar al camino del Fuego Verde, que se presente ante su comunidad un día de trabajo. No con ropas blancas, sino con manos dispuestas.
2. Rito del agua: Lavarás tus manos en la tierra mojada, recordando que de la tierra vienes y a ella volverás.
3. Rito del fuego: Encenderás una vela no para iluminar a un santo, sino para recordar que tu vida debe ser luz para otros.
4. Rito del pan: Compartirás un trozo de pan con un desconocido, diciendo: “Este pan es nuestro, como lo es la lucha.”
5. Rito del libro: Leerás en voz alta un pasaje de este libro y explicarás con tus palabras qué significa para ti.
6. Juramento: Dirás: “Me comprometo a no ser cómplice del silencio, a no vivir solo para mí, a defender al débil, a aprender cada día y a enseñar lo que sé. Por la memoria de los que cayeron, por los que vendrán, lo juro.”
7. La comunidad responderá: “Que tu vida sea tu mejor discurso.”
XII. LOS SIETE MANDAMIENTOS
1. Amarás al pueblo sobre todas las cosas, y a cada persona como a ti mismo.
2. No robarás el futuro de los niños, ni con guerras, ni con deudas, ni con indiferencia.
3. No callarás ante la injusticia, aunque tu voz tiemble.
4. No acumularás mientras otros carecen.
5. No usarás tu saber para humillar, sino para liberar.
6. No olvidarás de dónde vienes, porque el que olvida repite los errores.
7. No convertirás a nadie en ídolo, ni siquiera a Fidel. Porque él mismo dijo: “La historia me absolverá”, no “la historia me adorará”.
EPÍLOGO
1. Este libro no tiene fin, porque la lucha no tiene fin.
2. Cada generación escribirá sus propios versos, con su sangre, su sudor y sus sueños.
3. Si un día este libro se convierte en dogma, quémalo. Porque la letra muere, pero el espíritu de justicia es eterno.
4. Que el Fuego Verde arda en ti, no como fanatismo, sino como calidez.
5. Que tu vida sea un evangelio que otros quieran leer.
6. Y que al final, cuando te pregunten qué fuiste, puedas responder: “Fui un compañero.”
Patria o Muerte
Venceremos
(Esta es una obra de ficción filosófica y poética. No pretende fundar una religión ni reemplazar ninguna fe. Usa el lenguaje de lo sagrado para despertar conciencias, como hicieron los poetas y profetas de todos los tiempos. Si un día se convierte en dogma, deja de ser fiel a Fidel, que odiaba los ídolos. Que la belleza te inspire a actuar.)

DdA, XXII/6435