miércoles, 14 de octubre de 2026

TRES AÑOS DESPUÉS DEL ÚLTIMO BOCHORNO, LA IZQUIERDA INSULTA A SUS VOTANTES

Rufián, Santaolaya y Delgado

Cuando se hacen las cosas a la carrera y con ansias de protagonismo para gobernar pequeños reinos, todo suele ser cutre, muy cutre. Tan cutre como pedir la unidad de la izquierda y no hacer nada para lograrla. Hasta que acabe el plazo de inscripción, la izquierda será una Miss Universo pidiendo la paz mundial. Pasada esa fecha, será la protagonista de una telenovela en la que todos son traidores menos los míos. Tres años después del último bochorno no hay método, ni hoja de ruta, ni intención de minimizar en las urnas el impacto de la derecha. Que tres años después anden haciendo como que están a la carrera, buscando una solución in extremis, es un insulto a sus votantes que sufrirán la llegada de los ultras.

Gerardo Tecé

Poco se valora el arte de no estar, el saber quitarse de en medio. Lo practico con bastante devoción. No voy a sitios si creo que me han invitado por compromiso o educación. He dejado trabajos en los que nunca me enseñaron la puerta de salida, pero estaba claro que no tenía sentido seguir. No aguanto en las fiestas por aguantar ni voy a cumpleaños de amigos de amigos. Mis ex pueden confirmar que, cuando se dice hasta aquí ha llegado la relación, no hay mensajes de madrugada. No estar no es sencillo. Primero hay que haber estado mucho para aprender a no hacerlo. Del FOMO también se sale.

Queda poco para que la izquierda decida quién estará encabezando y quién no sus listas electorales. No pasaría nada si el 99% de quienes se empeñan en estar no estuvieran. En una reunión de CTXT posterior al anuncio de elecciones el 29N, debatimos sobre la unidad de la izquierda. Fue un debate breve porque todos estábamos de acuerdo en algo: no contribuir al circo de las últimas generales 2023. También acordamos sacar un editorial pidiéndoles a los numerosos líderes con ganas de liderar que no abochornasen en esta ocasión a sus propios votantes. Que facilitaran un bloque útil matemáticamente o que se echasen a un lado dejando de cabezas de lista a personas acampadas por la vivienda o a abuelas desahuciadas. Ni caso, por supuesto. Y aquí estamos. Teniendo que hablar de lo que prometimos no hablar. No son los políticos los únicos que incumplen promesas.

Muchos tenemos en boca la unidad de las izquierdas, pero nadie tiene la fórmula para conseguirla. A unos días de que finalice el plazo de inscripción de listas, el trending topic en estos momentos es que Gabriel Rufián es un traidor que ha dinamitado el espacio de la izquierda cuando había prometido reforzarlo. ¿Pues no va el tipo y se presenta por Esquerra? Menudo rostro. Dentro de una hora la tendencia podría ser otra. Por ejemplo, que Rufián es un héroe. Quién sabe. Cuando se hacen las cosas a la carrera y con ansias de protagonismo para gobernar pequeños reinos, todo suele ser cutre, muy cutre. Tan cutre como pedir la unidad de la izquierda y no hacer nada para lograrla. Hasta que acabe el plazo de inscripción, la izquierda será una Miss Universo pidiendo la paz mundial. Pasada esa fecha, será la protagonista de una telenovela en la que todos son traidores menos los míos. Tres años después del último bochorno no hay método, ni hoja de ruta, ni intención de minimizar en las urnas el impacto de la derecha. Que tres años después anden haciendo como que están a la carrera, buscando una solución in extremis, es un insulto a sus votantes que sufrirán la llegada de los ultras.

La falta de método no es casual, es una decisión. Tres años después, muchos seguimos sin entender cuál es el problema de celebrar unas primarias. ¿Por qué no dejar que sea la gente la que decida cómo ensamblar esas diferentes izquierdas con idénticos programas electorales e idénticos problemas de narcisismo? Es curioso que quienes se oponen a las primarias sean, precisamente, quienes desde los altavoces mediáticos madrileños aseguran representar a la mayoría y dibujan a sus posibles competidores como irrelevantes. Si quienes no quieren primarias tienen un método mejor, estaría bien que lo compartiesen. Arrancar una conga, y llamar traidor a quien no se une a la cola, parece no estar funcionando. Entre el método científico de las primarias y la creación de congas, parece haber una tercera vía llamada Rufián. El liderazgo por consenso, por aclamación popular.

Lejos de decepcionar que Rufián lidere las listas de Esquerra en estas elecciones, debería ser de agradecer que quien llegó al Congreso para hablar de Catalunya, haya terminado, como Matute de Bildu o Rego del BNG, hablando de pensiones, salarios mínimos y viviendas en España. No se me ocurre un perfil con mayores garantías que aquel que no gana nada ante los suyos, sino que pierde y lo hace por responsabilidad. Con las primarias descartadas por falta de tiempo, el teléfono de Rufián echando humo parece ser la única esperanza de que la izquierda no tire votos a la basura en unas elecciones cruciales, según la propia izquierda dispuesta a tirar votos. Tirar de liderazgos como el que representa Rufián en estos momentos es muy pobre. Es la prueba de que todo falló antes de llegar a este punto. Fallaron los protagonistas condenados a entenderse, fallaron los métodos, los vetos, los odios personales y el exceso de ganas de estar. Pero el liderazgo de Rufián es lo único que queda hoy como opción viable. Si el método no son las primarias, sino la conga, la conga buena es la del líder de ERC. Pónganse cada uno donde le toque y no usen los mismos altavoces que burdamente lograron dinamitar a la izquierda hoy dividida para repetir que el culpable es el otro. Y no se engañen: ya nadie espera votar con ilusión, sino con efectividad.

DdA, XXII/6496

DEL ROMANTICISMO Y SUS RAZONES (PARA HACER LA VIDA MÁS VIVIBLE)


GRITOS CON CITA Y GLOSA

José Ignacio Fernández del Castro

«El amor, ¿a qué huele?. Parece, cuando se ama,
que el mundo entero tiene rumor de primavera.
Las hojas secas tornan y las ramas con nieve,
y él sigue ardiente y joven, oliendo a rosa eterna.
Por todas partes abre guirnaldas invisibles,
todos sus fondos son líricos -risa o pena-,
la mujer a su beso cobra un sentido mágico
que, como en los senderos, sin cesar se renueva...
Vienen al alma música de ideales conciertos,
palabras de una brisa liviana entre arboledas;
se suspira y se llora, y el suspiro y el llanto

dejan como un romántico frescor de madreselvas...»
Juan Ramón JIMÉNEZ MANTECÓN (Moguer, Huelva, 23 de diciembre de 1881 – San Juan, Puerto Rico,  29 de mayo de 1958), Premio Nobel de Literatura 1956: 
“El amor, ¿a qué huele?” en Laberinto (1913).

Como el amor, la vida no huele a nada y huele a todo lo radicalmente hermoso o desgraciado, puede hacernos sentir una calidez estival en pleno invierno o llenarnos de nostalgias otoñales en medio de la primavera, extiende su magia para transmitir acariciante placidez o gemir maléficos desasosiegos... Suspira y llora, atesora esperanza y se desespera, lucha y se rinde, se hunde y se eleva...
Como el amor, la vida merece ser vivida con romántica vehemencia porque, al menos, esa actitud no nos la podrán recortar los correveidiles de los amos del mundo... Dolerse con los dolores de la vida, amar sus amores, sentir sus sentimientos, pisar sus pasos, es ya un principio de resistencia ante el oprobio globalizado, ante un sistema que quiere que gocemos o padezcamos lo que nos dice la publicidad (el mercado) que debemos gozar o padecer.
El resto es ya una cuestión de recomponer, lírica y colectivamente (o sea, desde el discurso divergente y los actos disidentes), la verdad de nuestras risas y nuestras penas. En la propia casa (si tenemos) o en las plazas. Precisamente porque las calles no son un lugar para vivir… Pero sí para luchar porque nadie tenga que vivir en ellas.

DdA, XXII/6496

EL GALLINERO DE LAS MIL IZQUIERDAS

FÁBULA SOBRE LA UNIDAD, EL PODER Y EL HAMBRE DE LOS ZORROS

Paco Arenas

En una granja había un gallinero cuyos habitantes llevaban generaciones defendiendo la igualdad entre todas las gallinas. Unas eran rojas, otras moradas y algunas lucían plumas multicolores. Todas proclamaban que el grano debía repartirse justamente, que ningún polluelo debía pasar hambre y que los zorros constituían el mayor peligro para la convivencia.
En eso estaban de acuerdo. En casi todo, en realidad.
Una mañana, la gallina más vieja anunció que una manada de zorros se acercaba por el camino.
—¡Hay que organizar la defensa del gallinero!
—¡Por supuesto! —respondieron todas.
—¡Unidad! —cacarearon las rojas.
—¡Unidad verdadera! —replicaron las moradas.
—¡Unidad transformadora! —precisaron las multicolores.
Y, como todas estaban de acuerdo en lo fundamental, comenzaron a discutir.
La primera propuso levantar una empalizada. La segunda estuvo conforme, siempre que se reconociera que la idea original había sido suya. La tercera apoyó la iniciativa, pero exigió decidir quién dirigiría las obras. Una cuarta reclamó una asamblea constituyente para determinar democráticamente el orden en que las gallinas ocuparían los puestos de vigilancia.
—Lo importante es impedir que entren los zorros —recordó una gallina joven.
—¡Nadie discute eso! —le respondieron indignadas.
Entonces llegó la noticia de que los zorros habían alcanzado el primer cercado.
—¡Compañeras, los tenemos encima!
—Precisamente por eso no podemos precipitarnos —dijo la gallina de la cresta más encendida—. Una defensa sin liderazgo legítimo sería un error histórico.
—¡Lo que sería un error histórico es que la dirigieras tú! —replicó otra.
—¡Unidad, unidad! —corearon todas, cada una desde su propio rincón.
Ante la imposibilidad de ponerse de acuerdo, decidieron crear una comisión para estudiar las distintas propuestas. La comisión se dividió en tres.
Una gallina propuso entonces algo verdaderamente revolucionario:
—¿Y si dejamos de discutir y cerramos la puerta?
Se hizo un silencio sepulcral.
—Compañera —respondió la portavoz de las moradas—, nadie puede cerrar una puerta en nombre de todas sin haber consensuado previamente el procedimiento.
—Además —añadió la representante de las multicolores—, habría que determinar de qué lado se cierra. No podemos permitir que una decisión unilateral fracture el gallinero.
La gallina insistió:
—¡Pero nos comerán!
—No dramatices. Ese discurso alarmista favorece a los zorros.
La joven volvió la cabeza hacia el camino. Los zorros ya habían atravesado el primer cercado y avanzaban tranquilamente hacia el segundo.
—¡Pero vienen hacia aquí!
—Precisamente por eso debemos evitar improvisaciones —contestó la gallina más veterana—. La precipitación siempre ha sido enemiga de los procesos históricos.
La asamblea aprobó por unanimidad una declaración en defensa de la unidad. Después se dividió en cuatro grupos para discutir cómo alcanzarla. Al mediodía desaparecieron las primeras gallinas.
La noticia causó una profunda conmoción. Todas condenaron enérgicamente los hechos y guardaron un minuto de silencio, interrumpido únicamente por una discusión sobre quién debía iniciar el homenaje.
Las rojas acusaron a las moradas de haber debilitado la vigilancia con sus constantes exigencias. Las moradas denunciaron que las rojas pretendían apropiarse de la defensa común. Las multicolores lamentaron que ninguna de las dos comprendiera la necesidad de construir un espacio nuevo, aunque discreparon entre ellas sobre el nombre que debía recibir.
Mientras tanto, los zorros cruzaron el segundo cercado.
Uno de ellos, sorprendido por la ausencia de resistencia, se asomó al gallinero. Dentro se celebraba una votación para decidir si la futura alianza debía denominarse Frente Unido, Unidad Popular o Plataforma de Confluencia para la Defensa Democrática del Gallinero.
El zorro entró sin hacer ruido y se llevó a una de las candidatas.
Su desaparición obligó a repetir la votación.
Por la tarde, las gallinas supervivientes alcanzaron un principio de acuerdo histórico: todas estaban dispuestas a renunciar a sus diferencias personales en beneficio del bien común, siempre que las demás hicieran lo mismo primero.
El pacto se celebró con grandes muestras de entusiasmo. Algunas lloraron de emoción. Otras se abrazaron, aunque procurando no rozar sus respectivas crestas.
Se redactó un documento de cuarenta y siete puntos. Los primeros cuarenta y seis recogían principios que ninguna discutía. El último establecía quién debía dirigir la coalición.
Fue imposible aprobarlo.
—¡Nos están comiendo! —gritó una gallina joven, que había pasado toda la jornada junto a la puerta.
—No emplees el miedo como argumento político —le reprochó una de las dirigentes.
—¡Pero es que ya están dentro!
—Eso demuestra la necesidad de una respuesta contundente —replicó otra—. Propongo una declaración conjunta.
—¡Y yo una movilización unitaria! —añadió la tercera.
—Siempre que quede claro quién la convoca —advirtió la cuarta.
En aquel momento, un zorro cruzó tranquilamente la sala y se llevó a la encargada de levantar acta.
La reunión quedó suspendida por falta de secretaria.
Al anochecer apenas sobrevivía una docena de gallinas. Algunas habían empezado a sospechar que quizá estaban equivocando las prioridades, pero ninguna quería exponerse a que la acusaran de romper la unidad.
La más vieja tomó la palabra.
—Compañeras, ha llegado el momento de hacer autocrítica.
Todas asintieron con gravedad.
—Debemos reconocer que hemos cometido errores —continuó—. Hemos sido incapaces de transmitir a nuestras compañeras la importancia de nuestro proyecto. Nos ha faltado pedagogía.
—Y generosidad —añadió una morada.
—Sobre todo generosidad ajena —precisó una roja.
La discusión se prolongó hasta medianoche. Finalmente, acordaron convocar unas primarias abiertas, participativas y vinculantes para elegir a quien encabezaría la defensa común. Cada grupo presentó su propia candidata, convencido de que era la única capaz de garantizar la unidad.
Como ninguna obtuvo la mayoría necesaria, se decidió celebrar una segunda vuelta.
No llegó a celebrarse.
Al amanecer, el gallinero estaba prácticamente vacío. La última gallina permanecía encaramada en el palo más alto, rodeada de plumas dispersas y de los documentos aprobados durante la jornada.
Un zorro viejo entró despacio y se sentó a contemplarla.
—¿Queda alguien más? —preguntó.
—Quedan los principios —respondió ella con dignidad.
El zorro miró alrededor.
—¿Y para qué os han servido?
—Para no traicionarnos.
El animal guardó silencio un instante.
—¿Y qué fue de todas las demás?
La gallina alzó orgullosamente la cabeza.
—Murieron defendiendo sus ideas.
El zorro contempló la puerta abierta, los cercados intactos y las actas esparcidas por el suelo.
—Curioso —murmuró—. Yo diría que murieron discutiendo quién debía defenderlas.
La gallina se indignó.
—¡Eso es una manipulación! ¡Siempre estuvimos de acuerdo en que había que deteneros!
—Ya lo sé —respondió el zorro y se la comió.
Aquella mañana, la manada de zorros celebró una breve reunión para organizar el reparto del gallinero. No hubo discursos, ni candidaturas, ni necesidad de votar. Cada zorro ocupó su lugar y se puso a trabajar.
Antes de marcharse, el más viejo encontró entre las plumas un documento encabezado por unas letras enormes:
«POR LA UNIDAD DEL GALLINERO. NI UN PASO ATRÁS».
Lo leyó con cierta dificultad, se limpió el hocico y dejó el papel donde estaba.
Al día siguiente, el granjero encontró el gallinero vacío. Sobre la mesa permanecía el último acuerdo, firmado por todas las organizaciones.
En su párrafo final podía leerse:
«Las abajo firmantes nos comprometemos solemnemente a no permitir, bajo ningún concepto, que nuestras legítimas diferencias faciliten la entrada de los zorros».
La puerta seguía abierta y los zorros, que nunca habían necesitado ponerse de acuerdo sobre quién debía dirigir la manada, ya habían encontrado otro gallinero.
Moraleja: Todas querían salvar el gallinero. Ninguna estaba dispuesta a que lo salvara otra.
DdA, XXII/6496

¿ESTAMOS ANTE UNA ESTRATEGIA FALLIDA DE PODEMOS?


Félix Población

La entrevista de Silvia Intxaurrondo con Irene Montero ayer en La hora de la 1 no se puede calificar de dura o agresiva, como podrían argumentar quienes consideran que todo y todos están contra Podemos, tal como ha ocurrido sin ningún genero de dudas con este partido y sus dirigentes desde sus mismos orígenes hasta el día de hoy, con una permanente campaña mediática y política de descrédito que ningún otra formación política ha sufrido en la reciente historia de este país. 

En este caso estamos ante una periodista de incuestionable y contrastada profesionalidad de la televisión pública que preguntó a Montero lo que había que preguntar acerca de su acuerdo con Gabriel Rufián y Esquerra Republicana. La candidata de Podemos se limitó a responder lo sabido acerca del pacto de campaña electoral hasta que a la pregunta de la periodista de Baracaldo sobre si hay posibilidad de que el partido morado se integre en el Frente Amplio, Irene Montero contestó concisa y rotundamente que no, para añadir a continuación que el acuerdo con Rufián está abierto a que se incorpore quien quiera. ¿En qué quedamos?

Sin embargo, ustedes -alegó la periodista- siguen negociando con el Frente Amplio, dando a entender Intxaurrondo que no tendría sentido esto si a priori Montero ha respondido con una negativa. Es que para llegar a esos acuerdos Podemos ha planteado unas primarias, replica la candidata del partido morado, por lo que su negativa al acuerdo con el Frente Amplio parece obedecer,  hasta el momento al menos, a que este se niega a realizar unas primarias.  

Finalmente, la periodista hace la pregunta que toca a fin de que el oyente no se líe más de lo que puede comportar esta alianza entre un partido estatal y otro independentista, aunque ambos sean de izquierdas: ¿Si el Frente Amplio no accede a primarias, Podemos concurrirá por separado con ERC?". Nada se aclara con la contestación la entrevistada, que vuelve a ser elusiva: "Vamos a seguir hablando y vamos a seguir intentando todas las formas de colaboración, Silvia". Nunca antes habíamos visto a Montero tan cautelosa y parca en el uso del verbo, manejado esta vez por la eurodiputada con sorprendente concisión y alguna sonrisa nerviosa.

La conclusión a la hora de valorar su intervención de ayer, muy distinta por insustancial a las habituales en ella, es que su presencia en el plató a la hora de dar explicaciones no aportó información clarificadora alguna, como si sobrara tiempo para hacerlo con la campaña electoral a la vista. Sólo vale como titular una negativa que quizá esté adelantando ya un más que probable desenlace. 

Ese desenlace sería infausto para la izquierda y también para Podemos, que ha preferido colaborar con un partido independentista cuyos intereses históricos se centran en Cataluña antes que con partidos estatales ideológicamente próximos. Creo que al partido morado no le va a bastar sólo con el reconocido carisma mediático de Rufián como portavoz de Esquerra en el Congreso para que el refuerzo de este sea importante en la campaña que  desarrolle en el resto de España. Podría no serlo tanto. 

Quiero recordar que hay sectores de la ciudadanía progresista de este país que no han olvidado el grotesco papel jugado por Esquerra en el llamado Procès, donde colaboró en un episodio esperpéntico con Junts, un partido que hoy compite con la extrema derecha catalana y se alía con la derecha extrema española contra las políticas sociales del Gobierno. 

Me temo que estamos ante una estrategia electoral fallida de Podemos. De ser así, nos puede llegar en el peor momento para España desde aquel infausto 23-F. No será preciso esta vez que en el Congreso entren las botas. Bastará  con los votos, un PSOE medroso y la contribución decisiva de unas izquierdas que hacen de sus respectivos ombligos campo de disidencias, en lugar de encauzar en un programa común la política social que las movilizaciones populares han llevado otra vez a calles y plazas (con la vivienda en el centro) ante las insuficiencias de un gobierno que se vino llamando progresista*.

*Última hora: Leído en El Constitucional: El Frente Amplio mueve ficha para sumar a Podemos el 29N: proponen a Irene Montero como número dos por Madrid tras Emilio Delgado, según fuentes del entorno de las negociaciones. La oferta busca desbloquear uno de los principales obstáculos del acuerdo, mientras la formación morada conserva la opción de presentar una lista propia encabezada por la exministra de Igualdad. La propuesta modificaría el reparto que Más Madrid hizo público el domingo, cuando situó a Delgado como primero y a la ministra de Sanidad, Mónica García, como segunda. Las fuentes consultadas describen ahora margen para ceder posiciones e incorporar a Podemos, aunque esa distribución todavía debe concretarse entre las organizaciones y no se ha anunciado oficialmente.

DdA, XXII/6496

martes, 13 de octubre de 2026

PARA QUE EL PSOE GANE HAY QUE ACTIVAR EL BLOQUE DE IZQUIERDAS

La única certeza que tenemos es que durante las próximas semanas el votante progresista se va a ir activando, haciendo cada vez más ajustada una carrera cuyo resultado es aún difícil de predecir. En cualquier caso, el recuerdo del 23J debería ser suficiente para convencernos de que todavía queda mucho partido por delante, y de que 50 días son más que suficientes para armar una victoria.



 Stephan Zhao

Cuando el 29 de mayo de 2023 se convocaron elecciones, llevaba trabajando casi dos años como asesor en La Moncloa, y puedo ahora confesar que no tenía ninguna esperanza de que ese llamamiento anticipado a las urnas pudiese salir bien. Era muy difícil pensar lo contrario, si se tiene en cuenta que no habíamos tenido ni 24 horas para digerir los resultados de las elecciones municipales de la noche anterior. En esa madrugada en la que la izquierda perdió siete gobiernos autonómicos y multitud de ayuntamientos, nadie imaginaba que la espada de Damocles del adelanto electoral iba a caer nada más llegar el amanecer. Lo que siguió ya forma parte de la historia de España.

El pasado lunes, al igual que hace casi cuatro años, la legislatura finalizó de manera abrupta y, de nuevo, son muchos los que solo atisban en el horizonte una inevitable mayoría de derechas, empezando por todas las encuestas publicadas en las últimas semanas. No obstante, si algo demostró el 23J es que “las encuestas son como los perfumes: están hechas para olerlas, no para tragártelas”. Recordemos lo que anunciaban los sondeos en aquel momento: “La suma de Feijóo y Abascal llega a los 180 escaños [...], suficientes para desalojar a Sánchez de La Moncloa”, se podía leer en ABC.

Como bien se observa en el gráfico anterior, prácticamente todos los institutos demoscópicos infraestimaron a la izquierda. Las encuestas situaban al PSOE en el 25% el día que se convocaron las elecciones. Al comienzo de la campaña electoral, esta cifra escaló al 28%, pero en ningún caso se consideró la posibilidad de que los socialistas pudiesen alcanzar el 32% (a punto de empatar al PP), como finalmente ocurrió.

La clave de este ascenso meteórico de siete puntos fue la activación del electorado de izquierdas, algo que sin duda va a ser de nuevo decisivo. Según los últimos datos, los votantes progresistas están mucho más desactivados que los de derechas, algo que no es ninguna novedad. Como puede verse en el gráfico con el que abre este artículo, el 23J la izquierda se lanzó a las elecciones con menos del 60% de sus votantes movilizados, frente a una derecha que partía con más del 70% de su electorado totalmente convencido de su voto. Esta brecha se fue reduciendo a lo largo de la campaña, lo que fue fundamental para la remontada de la izquierda.

Por tanto, el camino hacia la victoria el próximo 29N pasa de nuevo por activar al bloque de izquierdas. No obstante, debemos ser conscientes de que, casi cuatro años después, las coordenadas del debate son otras. El llamamiento a frenar a la extrema derecha, que prendió el fervor progresista las anteriores elecciones, da cada vez más signos de agotamiento. La ola de indignación por la situación de la vivienda se ha llevado por delante cualquier otro asunto, lo que entraña enormes desafíos tanto para la izquierda como para la derecha.


Gracias al último estudio de 40dB., sabemos que el problema de la vivienda interpela esencialmente al votante progresista, y que la mayoría de votantes sigue considerando al PSOE el partido más capacitado para gestionarlo. Ahora bien, el Gobierno central es también percibido como el principal responsable de resolver este problema, y es ineludible el hecho de que la izquierda ha gobernado durante los últimos ocho años. La vivienda encierra así una paradoja que puede resultar determinante: es un problema que puede movilizar al electorado progresista, pero también una de las principales fuentes de frustración con el Gobierno.

Por el momento, la izquierda ha sido muy hábil trazando la línea que divide a los que “son parte del problema” de los que “son parte de la solución”. A esto ha contribuido que PP, Vox y Junts votasen en contra de dos decretos cuyas medidas eran bien valoradas incluso entre sus propios votantes. Pero se va a necesitar algo más para construir la credibilidad necesaria que empuje al votante progresista a acudir a las urnas, con la convicción de que ir a votar tiene algún tipo de propósito.

Entonces, ¿puede la izquierda ganar las elecciones? Todavía es pronto, pero probablemente el PSOE está mucho más cerca de ser primera fuerza de lo que muchos vaticinan. Si recopilamos las encuestas publicadas el mes pasado, las corregimos por su error histórico (cuánto se equivocaron el 23J) y simulamos 10.000 elecciones generales, veremos que los socialistas ya le pisaban los talones al PP. Todo esto antes del comienzo de las movilizaciones por la vivienda y en pleno debate sobre la crisis de Ceuta.

No sabemos si esto va a ser suficiente para formar una nueva mayoría progresista, mucho menos si tenemos en cuenta que aún se desconoce qué forma va a adoptar el artefacto electoral que se está armando a la izquierda del PSOE. La única certeza que tenemos es que durante las próximas semanas el votante progresista se va a ir activando, haciendo cada vez más ajustada una carrera cuyo resultado es aún difícil de predecir. En cualquier caso, el recuerdo del 23J debería ser suficiente para convencernos de que todavía queda mucho partido por delante, y de que 50 días son más que suficientes para armar una victoria.

CTXT  DdA, XXII/6495

EL MITIN DE JEAN-LUC MÉLENCHON EN CLERMONT FERRAND



Félix Población

Este fin de semana he podido ver y escuchar íntegramente, y sin que me aburriera en ningún momento, el mitin multitudinario que protagonizó en la localidad de Clermont Ferrand el líder de la izquierda francesa Jean-Luc Mélenchon. Además de las diez mil personas que llenaron el aforo del lugar en el que se celebró el acto, casi otras tantas estaban congregadas en el exterior, a las que el candidato de La France Insoumise dirigió previamente unas palabras. El discurso de Mélenchon durante algo más de una hora, interrumpido cada poco por un público entusiasta que celebró sus palabras en pro de la juventud como sector social motriz para dar carácter e impulso a su campaña o la jubilación a los 60 años, fue en todo momento vibrante y firme en una persona que, como el protagonista, tiene 75 años y se mantiene física e intelectualmente muy saludable para seguir acometiendo su programa político. Se trata, además, de una personalidad con carisma que ha sabido aglutinar a la izquierda y hace que desde España envidiemos la unidad con la que nuevamente esa izquierda acude a las urnas, cuando tan distinto se nos presenta el panorama durante la campaña electoral en nuestro país. También es admirable que el político francés evite la superficialidad en sus discursos y los dote de un consistente sentido humanístico al referirse, como hizo durante una buena parte de su intervención, a la inteligencia artificial o a los problemas que vive la enseñanza en su país y los objetivos que deben guiar a esta. Lo más llamativo para los titulares de la prensa francesa fue la reivindicación que el líder de La France Insoumise hizo del voto para las personas mayores de 16 años, acogida con aplausos por los asistentes. Faltan aún más de seis meses para la primera vuelta de las elecciones presidenciales en el vecino país y los mítines de Jean-Luc Mélenchon arrojan multitudinarios balances. Nada similar veremos en España este otoño demasiado otoñal*. Las encuestas en Francia son halagüeñas**.

*Me refiero al señalado por la incultura política y democrática de este país, caracterizada por la división de la izquierda y una derecha que cada vez que se celebra el Día de la Hispanidad el 12 de octubre insulta y abuchea al presidente del Gobierno, si no es el de su partido, como herencia manifiesta del viejo régimen.


DdA, XXII/6495

LOS QUE PATROCINAN EL FANGO SE SALPICAN EN MIERDA


Lazarillo

Fue sumamente bochornoso, aunque quizá el adjetivo correcto sería escribir asqueroso, lo que desde el programa Horizonte del canal Cuatro se dijo de Maricarmen Abascal durante el inmisericorde desahucio que sufrió esta anciana madrileña y su posterior hospitalización. Grabadas quedaron las imágenes y las palabras de quienes presentan ese bodrio sectario que ahora, tras el fallecimiento de Maricarmen, pretenden negar. He visto que en las redes se han apresurado a mencionar a las firmas comerciales que contribuyen con sus anuncios a la difusión del citado programa y me pregunto si van a seguir haciéndolo después de esas burlas contra una persona anciana, discapacitada y víctima de un desahucio que conmovió a la opinión pública y que finalmente acabó con su vida. Creo que entre las firmas hay una que aparece como patrocinador y debería plantearse, junto a las demás que colaboran con su publicidad, lo que las denigra hacerlo con programas cuyo contenido es el de haber tenido la valentía de mofarse de la fallecida señora. Los que patrocinan el fango se salpican en mierda y deberían evitarlo si son conscientes de ello.

DdA, XXII/6495

FRAGMENTA MÁS QUE UNE EL PACTO DE ESQUERRA CON PODEMOS

 

Iñaki Errazkin

El acuerdo de colaboración entre Podemos y ERC para las elecciones del 29 de noviembre no es una sorpresa para quien ha seguido la evolución de las negociaciones a la izquierda del PSOE. Lo que sí resulta revelador es el contraste entre el discurso público de Irene Montero y su actuación real. Durante semanas, Podemos ha condicionado su posible incorporación al Frente Amplio (la coalición impulsada por Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Comuns y Más Madrid) a la celebración de primarias abiertas en las que Irene Montero pudiera disputar el liderazgo.
Al mismo tiempo, negociaba en paralelo con ERC un entendimiento que, una vez cerrado, convierte esa integración en prácticamente imposible. El pacto, confirmado hoy, es claro en su diseño. Podemos no presenta lista propia en Cataluña y “contribuye” a la candidatura de ERC, incorporando perfiles propios como independientes en las listas de las cuatro provincias catalanas. A cambio, Gabriel Rufián e Irene Montero hacen equipo en la campaña, con el portavoz de ERC participando en actos de Podemos fuera de Cataluña. Se trata de una fórmula de colaboración territorial y de visibilidad mutua, no de una coalición formal a escala estatal.
Desde el punto de vista de ERC, la lógica es coherente: maximizar resultados en Cataluña, evitar la dispersión del voto de izquierda en su territorio y reforzar la presencia de Rufián más allá de las fronteras catalanas. ERC no ha ocultado su preferencia por competir con su propia marca y ha declinado la oferta de Ada Colau para liderar o integrar el Frente Amplio. En ese sentido, ERC ha jugado con las cartas a la vista: ha priorizado su proyecto soberanista y su autonomía estratégica.
El caso de Podemos es distinto. Irene Montero ha mantenido públicamente que las primarias abiertas eran la “única solución” para ordenar el espacio a la izquierda del PSOE y ha rechazado incorporarse al Frente Amplio sin ese mecanismo. Mientras tanto, las conversaciones con ERC avanzaban hasta el punto de que fuentes de ambos partidos las daban por prácticamente cerradas en los días previos al anuncio. El resultado es que Podemos pedirá el voto para ERC en Cataluña (donde los Comuns, parte integrante del Frente Amplio, son sus competidores directos) mientras sigue reclamando un marco de unidad con el resto del Estado.
Esta dualidad no es una simple táctica de negociación. Es un doble juego que descoloca al proyecto unitario que el propio Podemos decía querer facilitar. Las consecuencias son inmediatas. El Frente Amplio tiene cuatro días (hasta el 16 de octubre) para registrar coaliciones y ha designado a Ada Colau como candidata a la presidencia del Gobierno. Integrar a un partido que, en las cuatro provincias catalanas, apoya electoralmente a su principal rival territorial resulta, como mínimo, problemático. Fuentes de los Comuns y de otras formaciones del espacio han expresado decepción por movimientos que, en la práctica, fragmentan en lugar de sumar.
Podemos puede argumentar pragmatismo: asegurar alguna presencia en un territorio donde su peso es limitado y aprovechar la sintonía personal entre Montero y Rufián. Sin embargo, el calendario y la simultaneidad de las exigencias públicas con las negociaciones discretas socavan ese argumento. Se utiliza el lenguaje de la unidad de las izquierdas para frenar a la derecha mientras se cierra un acuerdo que hace esa unidad más difícil precisamente donde se juegan escaños relevantes. ERC, en este episodio, ha actuado dentro de su lógica política: independencia estratégica, maximización de resultados y rechazo a diluirse en un proyecto estatal que no controla.
Podemos, en cambio, ha gestionado la negociación de forma que genera la percepción justificada de deslealtad hacia quienes mantenían abierta la puerta de la confluencia. El espacio a la izquierda del PSOE llega al final del plazo electoral más fragmentado de lo que el discurso de unidad sugería, y una parte significativa de esa fragmentación tiene nombre y apellido.

DdA, XXII/6495

domingo, 11 de octubre de 2026

LO DE RUFIÁN Y PODEMOS EN "LA SEXTA" ES MUY BURDO

 


Ana Cardo

Lo habitual y también lo lógico es que cuando se publican encuestas en los medios de información, los candidatos preferentes de los encuestados aparezcan en primer término, seguidos de los que están por debajo en las preferencias del respetable. Por esta razón me ha extrañado que el diario digital El Plural, proclive al PSOE, haya publicado en una tipografía inhabitual los resultados de una pequeña encuesta en la que los participantes debían elegir a su candidato preferente para liderar un supuesto Frente Amplio entre los partidos de izquierda. En lugar de aparecer de más a menos los elegidos, con Irene Montero (40 por ciento) a la cabeza y Pablo Bustinduy (24 por ciento) en segundo lugar, se invierte el orden dando preferencia sin orden algunos a quienes cuentan con menor apoyo. Como ayer La Sexta quiso marcarse en su programa nocturno una supuesta exclusiva con el supuesto pacto o colaboración entre Rufián y Podemos (Cataluña/Madrid) al margen del Frente Amplio, me parece preciso advertir que tanto el gráfico de arriba como el citado canal están al juego de rebajar el incuestionable liderazgo del que gozaría Montero entre la ciudadanía de izquierda. Desde luego, la "exclusiva" de La Sexta es tan infumable como aquello del "es muy burdo pero vamos con ello" y me está extrañando que Podemos no la desmienta, aunque quizá sea lo más prudente, habida cuenta la turbia consistencia de la fuente.

DdA, XXII/6494

MARICARMEN ABASCAL: LA DIGNIDAD CÍVICA FRENTE AL DESPOJO

El marco del 78 consagró esta asimetría desde su génesis. Mientras blindó la propiedad privada con amparo preferente, relegó la vivienda al artículo 47, confinada en el capítulo secundario de los principios rectores. En la práctica jurídica cotidiana, esta arquitectura implica que el derecho a un hogar no puede reclamarse de forma directa frente al interés de rentistas o fondos de inversión.


Miguel Bernardo

La muerte de Mari Carmen Abascal, desalojada en camilla tras toda una vida en su hogar, desnudó con una crudeza insoportable el cinismo del sistema actual. Su resistencia vecinal y su doloroso desenlace no constituyen un caso aislado ni una desgracia técnica: representan el síntoma terminal de un orden social que sacrifica a sus miembros más vulnerables para salvaguardar el beneficio especulativo. Mari Carmen encarnó la dignidad cívica frente al despojo; el Estado que la expulsó demostró que, sin un techo inviolable, la ciudadanía no es más que una ficción decorativa.

La tradición republicana enseña que no existe libertad civil posible sin independencia material. La verdadera libertad no consiste en el permiso formal de votar cada cuatro años o transitar libremente por la calle, sino en la ausencia de dominación: la garantía inquebrantable de no vivir sometido al arbitrio ajeno.

Quien carece de un techo seguro o padece la amenaza constante de un desahucio no es un ciudadano soberano; es un siervo contemporáneo obligado a tragar abusos cotidianos y salarios precarios solo para no verse en la indigencia.

El marco del 78 consagró esta asimetría desde su génesis. Mientras blindó la propiedad privada con amparo preferente, relegó la vivienda al artículo 47, confinada en el capítulo secundario de los principios rectores. En la práctica jurídica cotidiana, esta arquitectura implica que el derecho a un hogar no puede reclamarse de forma directa frente al interés de rentistas o fondos de inversión. El régimen protege el lucro mercantil antes que la vida de su propia gente.

Solo un proceso constituyente netamente republicano puede quebrar esta lógica oligárquica. Una Constitución republicana debe elevar la vivienda a derecho fundamental subjetivo e inalienable, prohibir la especulación inmobiliaria, subordinar la propiedad al interés general y construir un parque público protegido contra cualquier privatización.

La memoria de Mari Carmen y de quienes batallan contra los desahucios nos recuerda que la soberanía popular no se sostiene sobre el vacío: la conquista de un hogar digno es, en su raíz, la conquista inaplazable de la República.

LA VOZ DE ASTURIAS  DdA, XXII/6494