domingo, 9 de agosto de 2026

EL ÁTICO DE CHAMBERÍ Y LA DIMISIÓN DE AYUSO


Ana Cardo

Durante toda esta semana el diario ElConstitucional.es viene informando casi a diario del malestar que se respira este verano en la sede del Partido Popular por las polémicas que se centran en la presidenta de la Comunidad de Madrid. El conflicto que ha dividido al parecer a la dirección del partido se centra en el espacioso y lujoso ático, situado en la barrio de Chamberí, cuya compra millonaria se basó en la peregrina idea de tener la presidenta un espacio provisional durante la restauración de la sede del gobierno autonómico, la Real Casa de Correos en la plaza de la Puerta del Sol. Dado que el ático  debe tener por su ubicación uso exclusivamente residencial, según la normativa, el gobierno autonómico anunció después del escándalo suscitado la venta del piso por seis millones y un buen pico de euros para tratar de cerrar el debate generado, pero ocasionando en un sector de la dirección del PP un malestar hacia Ayuso que no es de ahora. Lo que pasa es que la reacción de la lideresa madrileña a una aventurada propuesta de dimisión por parte de Feijóo quizá sería la que sugiere la imagen*, como ha apuntado en redes quien la difundió: ¿Te acuerdas de Casado? ¿Qué nos puede decir Serrano, el presidente del PP madrileño, que tan calladito se muestra con el ático de Chamberí. ¿Y Rodríguez, qué dice Rodríguez ante lo que ocurre en Génova con su Isabel de España?

*Desconozco el nombre del autor de la fotografía, merecedora de galardón.

DdA, XXII/6431

ABELARDO DE LA ESTRIELLA, UNA CARICATURA QUE NO DIGNIFICA AL CARIBE

 Aunque sólo sea por la dignidad, brillantez de exposición y contenido de su lenguaje, cada vez que Gustavo Petro hablaba en los foros o universidades internacionales, soy de los muchos que va a echar de menos al anterior presidente de aquella república, al que le gustaría que se le recordase como guerrero de la vida. Máxime si el actual, cuya victoria en las urnas cuestionó Petro, ofrecerá en sus discurso -dejando aparte su contenido- lo que el firmante del siguiente artículo expone. Quien pretende conducir los destinos de una nación culta y diversa debe estar a la altura intelectual, ética y lingüística de esa nación, sostiene Becerra Murgas, y no un desparpajado camaján dicharachero.



LA CULTURA LINGÜÍSTICA DE ABELARDO DE LA ESPRIELLA, ES POCO MENOS, QUE LA DEL PACHANGA FOLCLÓRICO, LA DEL FILIPICHÍN INSOLENTE, Y LA DEL PIZPIRETA BRAVUCÓN

Francisco Becerra Murgas

La dignidad del lenguaje, también debe ser dignidad de la política, en un acto de posesión presidencial en Colombia: el nuevo presidente, es poco menos, que el desparpajado camaján dicharachero. Hay algo profundamente revelador en la manera como un dirigente político se presenta ante la nación en un acto solemne de posesión presidencial. El discurso de investidura no es una conversación de cantina, una parranda vallenata, ni una tribuna de campaña politiquera, ni una fiesta de compadres: Es un acto republicano en el que las palabras adquieren una responsabilidad histórica, institucional y cultural.
Por eso resulta legítimo preguntarse qué imagen de la Costa Caribe colombiana se proyecta cuando un dirigente, en semejante escenario, recurre a determinadas auto caracterizaciones y expresiones de marcado sabor coloquial. Un costeño verdaderamente culto, académicamente formado, intelectualmente serio, honesto en su conducta pública y educado en el respeto por el idioma difícilmente necesitaría presentarse mediante metáforas de ferocidad, bravata o rusticidad para acreditar su autoridad. La identidad costeña no necesita disfraces folclóricos, ni gesticulaciones de machismo político. La Costa Caribe ha producido escritores, científicos, profesores, juristas, músicos, investigadores y dirigentes de extraordinaria talla intelectual. Desde Gabriel García Márquez hasta innumerables maestros anónimos de nuestras universidades y escuelas, el Caribe colombiano ha demostrado que la espontaneidad del habla costeña puede convivir perfectamente con la profundidad del pensamiento, la elegancia de la expresión y la rigurosidad académica. El problema, entonces, no es ser costeño, popular o coloquial. El problema aparece cuando la vulgaridad se convierte en método de representación política y cuando la estridencia pretende sustituir al argumento.
Un presidente de la República tiene la obligación de elevar el lenguaje público, no de rebajarlo; de representar la pluralidad nacional, no de convertir el escenario presidencial en una prolongación de la plaza pública; de demostrar autoridad intelectual mediante ideas y decisiones, no mediante una teatralización de la personalidad. Cuando un mandatario utiliza deliberadamente una retórica de bravata, puede producir aplausos inmediatos, pero también corre el riesgo de transformar la investidura presidencial en espectáculo. Y una República seria necesita algo diferente: instituciones, pensamiento, sobriedad, conocimiento y responsabilidad histórica. Por eso resulta especialmente desafortunado que la representación política del Caribe termine asociándose con el personaje del “tigre”, del hombre bravucón o del caudillo pintoresco. Esa caricatura no dignifica al Caribe. Por el contrario, puede terminar reproduciendo el viejo estereotipo de que el costeño es necesariamente estridente, informal, insolente, vulgar o intelectualmente ligero.
La verdadera cultura costeña es mucho más grande que esa caricatura de Abelardo de la Espriella.
Un académico costeño verdaderamente humanista no necesita proclamarse feroz para demostrar fortaleza. Su fuerza está en el conocimiento. No necesita recurrir a la insolencia para demostrar carácter. Su carácter se manifiesta en la coherencia. No necesita disfrazarse de personaje popular para obtener legitimidad. Su legitimidad proviene de la ciudadanía y de sus actos de gobierno. Y mucho menos necesita convertir la Presidencia de Colombia en escenario de una representación personalista. La política democrática debería ser, ante todo, una pedagogía de ciudadanía. Quien ocupa la primera magistratura tiene el deber de enseñar, incluso involuntariamente, cómo se ejerce el poder: Con argumentos y no con bravuconadas; con cultura y no con vulgaridad; con autoridad moral y no con teatralidad; con firmeza republicana y no con insolencia. La crítica, por supuesto, no debe confundirse con clasismo. Ser popular no es ser ignorante; hablar coloquialmente no es carecer de cultura; tener identidad regional no significa renunciar al lenguaje académico. Precisamente por eso la exigencia debe ser mayor: quien pretende conducir los destinos de una nación culta y diversa debe estar a la altura intelectual, ética y lingüística de esa nación.

DdA, XXII/6431

sábado, 8 de agosto de 2026

LA IGESIA CATÓLICA EN ESPAÑA: UN PODER BASADO EN INJUTICIAS Y PRIVILEGIOS

El poder de la Iglesia Católica en España, sustentado en un patrimonio inmenso, una financiación privilegiada y  una influencia social arraigada, plantea interrogantes sobre el secularismo y la equidad. A pesar de los avances hacia un Estado laico, su arraigo histórico, reforzado durante el franquismo, y su presencia en ámbitos como la caridad y la educación, evidencian que sigue siendo un actor clave en el panorama español. Este artículo examina su poder económico y social, así como las críticas sobre su falta de transparencia y su relación con el EstadoSu historia de favoritismo bajo el franquismo y su actual dependencia del Estado contrastan con las demandas de una sociedad que reclama mayor separación y justicia fiscal.


Ricardo Guerrero, Nueva Revolución

La Iglesia Católica en España ha mantenido durante siglos un poder e influencia que trascienden lo espiritual, consolidándose como una institución con un vasto patrimonio, una financiación privilegiada y un papel destacado en la sociedad, a menudo a costa de un secularismo incompleto. A pesar de los avances hacia un Estado laico, su arraigo histórico, reforzado durante el franquismo, y su presencia en ámbitos como la caridad y la educación, evidencian que sigue siendo un actor clave en el panorama español. Este artículo examina su poder económico y social, así como las críticas sobre su falta de transparencia y su relación con el Estado.

Patrimonio: Un imperio inmobiliario

La Iglesia Católica es una de las mayores propietarias inmobiliarias de España, con un patrimonio que abarca más de 100.000 propiedades, según estimaciones de organizaciones como la Coordinadora Recuperando.

Este vasto conjunto incluye iglesias, conventos, terrenos agrícolas y viviendas, muchas de las cuales fueron adquiridas o consolidadas a lo largo de la historia mediante donaciones, privilegios reales y, en tiempos más recientes, procesos controvertidos como las inmatriculaciones. Durante el franquismo (1939-1975), la Iglesia recibió un trato de favor excepcional: el régimen le permitió registrar a su nombre miles de bienes sin necesidad de justificar su propiedad, amparándose en la Ley Hipotecaria de 1946. Este mecanismo, que se prolongó hasta 2015, le otorgó la titularidad de inmuebles como la Mezquita de Córdoba, desatando críticas por lo que muchos consideran un «robo legalizado».

Además, la Iglesia disfruta de exenciones fiscales, como la del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI), que le ahorra millones de euros anuales. Europa Laica calcula que estas exenciones, junto con otros beneficios tributarios, ascienden a unos 2.000 millones de euros al año, un privilegio que contrasta con las obligaciones fiscales de los ciudadanos y empresas.

Financiación: Casilla de la Renta y subvenciones estatales

La Iglesia recibe una financiación significativa a través de la casilla del 0,7% en la declaración de la renta, un mecanismo derivado de los Acuerdos Iglesia-Estado de 1979. En 2023, esta vía aportó 360,4 millones de euros, según datos de la Conferencia Episcopal Española (CEE), provenientes de los contribuyentes que marcan voluntariamente esta opción. Aunque los obispos defienden que este dinero no es una subvención estatal directa, sino una decisión de los ciudadanos, críticos como Europa Laica argumentan que detrae recursos del erario público, beneficiando a una institución privada en un contexto de diversidad religiosa y creciente secularización.

A esta cantidad se suman subvenciones directas e indirectas del Estado. Según estimaciones de Europa Laica, la Iglesia recibe más de 11.000 millones de euros anuales entre asignaciones tributarias, exenciones fiscales, mantenimiento de patrimonio y financiación de actividades como la educación concertada y los capellanes en hospitales y prisiones. Por ejemplo, los centros educativos católicos, que representan el 60-70% de la enseñanza concertada, reciben unos 2.500 millones de euros anuales, mientras que los salarios de los profesores de religión católica cuestan al Estado más de 500 millones. Estas cifras reflejan una dependencia estructural del Estado, pese al compromiso de autofinanciación que la Iglesia asumió en 1979 y que, 45 años después, no ha cumplido.

¿Secularismo?

España se define constitucionalmente como un Estado aconfesional desde 1978, pero la realidad dista de ser plenamente secular. Solo el 18,5% de la población se considera católica practicante, según datos recientes, y la secularización avanza entre las nuevas generaciones. Sin embargo, los Acuerdos con la Santa Sede, firmados en 1979, perpetúan una relación privilegiada que choca con el principio de neutralidad religiosa. La presencia de símbolos católicos en actos oficiales, la enseñanza de la religión en escuelas públicas y la financiación estatal de la Iglesia son ejemplos de esta falta de separación efectiva entre Iglesia y Estado.

La influencia de la Iglesia se extiende a la política y la sociedad. Durante el franquismo, se erigió como pilar ideológico del régimen, bendiciendo la «Cruzada» y recibiendo a cambio recursos y poder. Aunque su peso político ha disminuido, sigue ejerciendo presión en temas como la educación o el aborto, a menudo alineándose con sectores conservadores. Su control sobre la educación concertada, que atiende a más de 2,4 millones de alumnos, le permite moldear valores y mantener una presencia cultural significativa.

El negocio de la caridad y la pobreza

Uno de los argumentos recurrentes de la Iglesia es que su labor social «ahorra» al Estado miles de millones de euros. Gestiona más de 9.000 centros sociales, atendiendo a cerca de 4 millones de personas anuales, según la CEE. Sin embargo, esta actividad no está exenta de críticas. Organizaciones como Europa Laica denuncian que la Iglesia ha convertido la caridad en un negocio, utilizando su red de ONG, como Cáritas, para justificar su financiación pública y encubrir su influencia. De los 360 millones recaudados por la casilla del IRPF en 2023, solo el 25% se destinó a fines asistenciales, mientras que el resto se empleó en gastos internos, sueldos y mantenimiento de estructuras.

El Estado ha delegado históricamente la atención a la pobreza en la Iglesia, una tarea que durante el franquismo se reforzó como parte de su alianza con el régimen. Hoy, esta delegación perpetúa un modelo de «industria de la caridad» que, según críticos, sustituye la justicia social laica por una beneficencia confesional. Las subvenciones a entidades católicas, como los 900 millones anuales para actividades hospitalarias, refuerzan esta dinámica, mientras la falta de transparencia sobre el uso de estos fondos alimenta las sospechas de proselitismo y lucro.

Un poder que persiste

El poder de la Iglesia Católica en España, sustentado en un patrimonio inmenso, una financiación privilegiada y una influencia social arraigada, plantea interrogantes sobre el secularismo y la equidad. Su historia de favoritismo bajo el franquismo y su actual dependencia del Estado contrastan con las demandas de una sociedad que reclama mayor separación y justicia fiscal. Mientras la Iglesia defiende su labor como un bien público, las voces críticas la acusan de perpetuar un modelo opaco y privilegiado, donde la caridad y la pobreza se convierten en herramientas de poder más que en soluciones estructurales. En un contexto de creciente secularización, el debate sobre su rol sigue más vivo que nunca.

ASTURIAS LAICA  DdA, XXII/6430

EL ECLIPSE DE 1905: DESCRIPCIÓN E INSTRUCCIONES PARA VERLO ESE AÑO EN ASTURIAS

 


Lazarillo

Se le está dado una amplia difusión mediática, desde hace más tiempo del que se puede dedicar a otro cualquier episodio de relevancia, al eclipse total de sol que tendremos oportunidad de ver en una determinada franja del  territorio de nuestro país. El hecho de que ocurra en el mes vacacional por excelencia, ha repercutido de modo escandaloso en el precio de los hoteles de aquella localidades desde las que se podrá presenciar (Gijón, por ejemplo). Obviamente, estas expectativas, que esperemos no afecten al medio ambiente por localizarse los mejores puntos de observación en determinados parajes, no se daban en 1905, año en que también se dio el mismo fenómeno. Se publicó entonces el folleto que nos facilita el Muséu del Pueblu d'Asturies, editado por la imprenta y librería de Pulido (La Felguera) bajo el título “El eclipse total de sol de 30 de agosto de 1905: descripción del mismo y breves instrucciones para su observación precedidas de un resumen de Geografía Astronómica”. Se trata de un ejemplar de 33 páginas, procedente de la biblioteca de Borja Bordiú Cienfuegos-Jovellanos. En sus páginas podemos leer algo que tiene total vigencia estos días: “El interés que despierta el eclipse de Sol […] y las circunstancias de ser visible como total en gran parte de España, en extraordinarias condiciones, siendo Asturias por este concepto una de las regiones más favorecidas, nos han movido a publicar el presente opúsculo”.

No escuché esta explicación en los medios
...y mira que es necesaria para quienes no la saben.

DdA, XXII/6430

HAY PAISAJES QUE NO VUELVEN DURANTE UNA VIDA

Con este verano, creo que van cinco los que lleva la provincia de Zamora viendo arder sus tierras hasta sumar el mayor territorio quemado de España, cien mil hectáreas, equivalente a lo que suman las islas canarias de Hierro y La Palma. Desde tierras sayaguesas, las últimas calcinadas, nos llega este breve texto, nos dice su autor que en breve la hierba romperá el gris de la ceniza y con el tiempo crecerán los primeros brotes. Puede que alguien como Carlos vuelva a pasear algún día por un alcornocal  parecido al que hasta hace apenas unos días tuve la suerte de recorrer una y otra vez. Pero nosotros no volveremos a conocer este lugar como era. Hay paisajes que no vuelven durante una vida. Desde aquí, por las afinidades con Zamora de este Lazarillo, va un abrazo al sentimiento que tan certeramente expresa el firmante. (Recuerdo que en el viejo Correo de Zamora, periódico que dirigió este Lazarillo hace muchos años, había una sección comarcal titulada Paisaje sayagués. Desde el gobierno autonómico de Castilla y León, por negligencia, indiferencia o ineptitud, se está haciendo una nefasta política en la gestión y previsión de incendios forestales que puede conducir a vaciar aún más población esta provincia): 



Carlos Sánchez Alonso, de Fornillos de Fermoselle

Hace apenas unos días recorría estos mismos caminos sayagueses mientras el incendio avanzaba. Todo era humo, llamas, sirenas, prisas, incertidumbre y la angustia de no saber hasta dónde llegaría el fuego. En medio de ese caos apenas hay tiempo para comprender lo que está ocurriendo. Solo deseas que todo termine cuanto antes.
Es después, cuando regresa el silencio, cuando empiezas a entender lo que realmente ha ocurrido. Hoy he vuelto a recorrer estos lugares. El aire sigue oliendo a humo, algunos troncos aún humean y desprenden calor. Es ahora, precisamente ahora, cuando el incendio deja de ser una emergencia para convertirse en una pérdida.
El suelo ya no es suelo, es una alfombra de ceniza. Los árboles ya no dan sombra, son esqueletos. Y el silencio, después de tanto ruido, resulta sobrecogedor.
Entre todo lo que he visto hay una imagen que no consigo quitarme de la cabeza, los grandes alcornoques de Fornillos de Fermoselle, algunos con varios siglos de vida, abiertos en dos, desplomados sobre el suelo. Árboles que habían sobrevivido al paso de generaciones enteras. Árboles que habían necesitado tres o cuatro siglos para convertirse en lo que eran. Y ahora ya no están.
Sé que la naturaleza volverá. Siempre vuelve. Dentro de poco, la hierba romperá el gris de la ceniza y el verde comenzará a abrirse paso. Con los años llegarán los primeros brotes; dentro de un siglo crecerá un bosque joven y, quizá dentro de dos o tres siglos, alguien camine bajo un alcornocal parecido al que hasta hace apenas unos días tuve la suerte de recorrer una y otra vez.
Pero nosotros no. Nosotros ya no volveremos a conocer este lugar como era. Esa es la diferencia entre el tiempo de la naturaleza y el nuestro.
Por eso, cuando alguien dice, con buena intención, que «ya crecerá otra vez», tiene razón… y al mismo tiempo no la tiene.
Porque crecerá. Pero no para nosotros.

DdA, XXII/6430

viernes, 7 de agosto de 2026

LOS ACUERDOS DE ABRAHAM PARA SOCAVAR EL DERECHO INTERNACIONAL Y EN CONTRA DE LA UE

 Stephen Zunes es profesor de Política y director de Estudios sobre Oriente Medio en la Universidad de San Francisco. Su último libro, escrito en colaboración con Jacob Mundy, es Sáhara Occidental: Guerra, nacionalismo y conflicto sin resolución (Syracuse University Press, 2022). Este artículo se publicó originalmente en inglés en The Nation y en el mismo sostiene el autor que los recientes cruces fronterizos no constituyeron, por tanto, ni una auténtica crisis humanitaria ni una lucha anticolonial, sino que formaban parte de los esfuerzos del creciente eje EEUU-Israel-Marruecos –codificado y reforzado por los denominados Acuerdos de Abraham– para debilitar a un gobierno europeo progresista, dividir a la UE y socavar el derecho internacional y los derechos humanos. Ha sido traducido con DeepL y revisado por la redacción de CTXT.

Trump y el ministro de exteriores marroquí haciendo migas


Stephen Zunes

Lo que provocó las escenas de la semana pasada, en las que 50.000 marroquíes y otras personas entraron en masa en el enclave español de Ceuta, es más complicado de lo que parece. Ceuta es una de las dos ciudades autónomas españolas situadas en la costa norte de Marruecos; llevan siglos habitadas por población española y, al igual que las Islas Baleares en el Mediterráneo y las Islas Canarias en el Atlántico, son territorios españoles reconocidos. Al ser la única parte de la Unión Europea que tiene una frontera terrestre con un país africano, ha sido durante mucho tiempo un destino para migrantes desesperados por cruzar esa frontera internacional fuertemente fortificada.

Sin embargo, las personas que entraron en Ceuta –también las docenas que se ahogaron al intentar sortear la valla fronteriza que se adentra en el mar– no respondían al clásico perfil de refugiado. Las imágenes muestran que casi ninguno llevaba maletas u otras pertenencias personales. También hay vídeos en los que se ven camiones llenos de jóvenes, aparentemente organizados por el Gobierno marroquí, que son trasladados hasta las afueras de Ceuta, así como escenas en las que guardias fronterizos marroquíes les permiten el paso. Incluso hay indicios de que, entre la multitud, había agentes de los servicios de inteligencia marroquíes, en un aparente intento de recabar información sobre la seguridad fronteriza y la respuesta de las autoridades españolas. En todo caso, la llegada simultánea de decenas de miles de personas a la frontera, difícilmente podría haberse producido sin un importante apoyo logístico.

Esta provocación parece haber sido diseñada por el régimen marroquí para poner en aprietos al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, en respuesta a sus esfuerzos por estrechar relaciones con Argelia, rival geopolítico histórico de Marruecos y proveedor clave de gas natural, un recurso cuya disponibilidad se ha visto mermada como consecuencia de las guerras de Ucrania e Irán. Sánchez se había reunido con el presidente argelino la semana anterior. Marruecos orquestó un episodio similar en 2021, cuando facilitó una entrada masiva de personas, en represalia por la decisión de España de permitir la entrada en el país, para recibir tratamiento médico, de Brahim Ghali, el presidente del Sáhara Occidental, cuya soberanía reclama Marruecos.

Quizá no sea una coincidencia que esto ocurra en un momento en el que los gobiernos estadounidense e israelí han mostrado un profundo malestar con el Ejecutivo español por su apoyo a los derechos del pueblo palestino y su oposición a la guerra de Irán.

Trump ha calificado a España de “caso perdido”, y ha asegurada que está dirigida por “gente mala”, en respuesta a la negativa de Pedro Sánchez a aumentar el presupuesto militar del país tanto como él exigía y, en particular, a no permitir el uso de las bases militares estadounidenses en territorio español para la guerra contra Irán o a autorizar el sobrevuelo de aviones militares estadounidenses. El mes pasado, Trump ordenó al secretario del Tesoro que recortara los lazos comerciales con España, a pesar de que es una propuesta inviable debido a la pertenencia de España a la UE, y busca otras formas de castigar al país.

Teniendo en cuenta que Trump ha desarrollado una mayor afinidad con monarcas árabes represivos, como el rey Mohammed VI de Marruecos, que con los aliados europeos tradicionales, quizá no resulte tan sorprendente que optara por criticar más que por  defender a un aliado de la OTAN que se enfrenta a una violación de su territorio soberano.

Dirigentes y políticos estadounidenses aliados con Trump han apoyado abiertamente la idea de que Marruecos asuma el control de los dos territorios españoles de Ceuta y Melilla. Michael Rubin, del American Enterprise Institute, defiende que Marruecos conquiste las ciudades autónomas, y el diputado Mario Díaz-Balart (republicano por Florida), que preside la subcomisión de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes y es uno de los enlaces más cercanos del secretario de Estado, Marco Rubio, en el Congreso, declaró recientemente que los enclaves “no se encuentran en el territorio geográfico de España”, sino que –a pesar de no haber formado parte de Marruecos durante más de 600 años– están “en el territorio de Marruecos”.

Del mismo modo, un artículo publicado en marzo en el medio de comunicación israelí de derecha ynet instaba directamente a Israel a apoyar las reivindicaciones irredentistas de Marruecos como forma de desacreditar la oposición del Gobierno español a la ocupación israelí, insistiendo en que la propia España era un ocupante.

De hecho, funcionarios del Gobierno israelí y defensores proisraelíes en Estados Unidos han insistido en el mensaje de que el Gobierno español es un opresor colonialista y, por lo tanto, no tiene derecho a criticar a Israel, ignorando el hecho de que en los enclaves la mayoría de la población es de etnia española y hay pocos indicios de que incluso sus residentes de etnia árabe y bereber prefieran vivir bajo la monarquía autocrática marroquí.

Si bien la presencia de cualquier territorio europeo en suelo africano es sin duda problemática, independientemente de su historia y demografía particulares, cuesta imaginar que estas figuras de la derecha estén realmente motivadas por el anticolonialismo.

Además, la oleada de cruces fronterizos ha generado imágenes que los partidos de extrema derecha en Europa están utilizando para afirmar que existe una crisis de refugiados incontrolable, lo que alimenta los ataques racistas y xenófobos contra Sánchez y otros gobiernos de izquierdas por permitir una “invasión” extranjera del territorio de la UE. Los gobiernos conservadores europeos han exigido que España sea expulsada del Espacio Schengen, que permite la libre circulación sin pasaporte por la mayor parte de Europa, a pesar de que España mantiene un estricto control migratorio interno entre las ciudades autónomas y la península Ibérica y de que ninguno de los 50.000 que cruzaron de manera ilegal a Ceuta ha logrado llegar al continente europeo.

Mientras tanto, en Estados Unidos, el vicepresidente JD Vance achacó los cruces fronterizos a “las políticas globalistas de la izquierda radical que han permitido la invasión de Occidente”, mientras que Trump advirtió de que escenas similares a las de las decenas de miles de personas de piel oscura que asaltan la frontera en Ceuta se producirían también en Estados Unidos si los demócratas volvieran al poder.

Irónicamente, en lugar de ser anticolonialista, el propio Marruecos es una potencia colonial que ha invadido, ocupado, anexionado y colonizado ilegalmente la nación del Sáhara Occidental, un Estado miembro de pleno derecho de la Unión Africana y reconocido por las Naciones Unidas como territorio no autónomo. Estados Unidos e Israel son los únicos dos países que reconocen formalmente que ese país ocupado se encuentra bajo la soberanía marroquí.

Marruecos lleva mucho tiempo utilizando la amenaza de abrir las compuertas de migrantes hacia España y otros países europeos para obtener concesiones políticas y económicas, incluso en lo que respecta al Sáhara Occidental. Esto llevó incluso a Sánchez, poco después del incidente de 2021 en Ceuta, a respaldar el dudoso “plan de autonomía” de Marruecos para el Sáhara Occidental, que anularía el derecho a la autodeterminación de los saharauis y sentaría el peligroso precedente del reconocimiento internacional de la expansión territorial de un país por la fuerza. Otros gobiernos europeos de izquierdas han hecho lo mismo, dispuestos a sacrificar los principios jurídicos internacionales por temor a que un flujo masivo de refugiados perjudicara su capital político y reforzara a la extrema derecha.

La operación de entrada masiva a Ceuta forma parte de una larga tradición marroquí de aparentar ser “anticolonialistas” como tapadera de su propio colonialismo. Paralelamente a una invasión armada, Marruecos reunió a 300.000 marroquíes desarmados en la “Marcha Verde” de 1975 para reclamar el Sáhara Occidental cuando este estaba a punto de independizarse de España. La conquista, apoyada discretamente por Estados Unidos, contravino directamente una decisión histórica de la Corte Internacional de Justicia y una serie de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que exigían la autodeterminación del pueblo saharaui. La brutal ocupación militar persiste hasta el día de hoy.

Los recientes cruces fronterizos no constituyeron, por tanto, ni una auténtica crisis humanitaria ni una lucha anticolonial, sino que formaban parte de los esfuerzos del creciente eje EEUU-Israel-Marruecos –codificado y reforzado por los denominados Acuerdos de Abraham– para debilitar a un gobierno europeo progresista, dividir a la UE y socavar el derecho internacional y los derechos humanos.

CTXT  DdA, XXII/6429

EL 15 DE AGOSTO DE 1935 EN GIJON, LUEGO DE UNA REVOLUCIÓN Y ANTES DE UNA GUERRA

DIA DE BEGOÑA EN EL MURO 
 

Puede ser una imagen en blanco y negro de multitud y texto



Félix Población

Del día de la fiesta local en aquella villa cantábrica, la Virgen de Begoña, conozco estas dos fotografías de Constantino Suárez, el fotógrafo a quien Gijón debe una parte de su historia gráfica durante el pasado siglo, al menos hasta que la dictadura lo represalió por su pasado republicano, se le internó en la cárcel de El Coto y se le retiró la autorización para el desempeño de la profesión. Siempre pensé que si Suárez hubiese podido fotografiar el Gijón de la inmediata posguerra, igual su ciudadanía tendría mayor consciencia y conciencia de lo que la dictadura representó. Las autoridades de aquel régimen tomaron las medidas propias del mismo para que así no fuera y sólo bastantes años después del fallecimiento de Suárez en 1983, su gran legado pasó a ser, casi de milagro y gracias a perspicacia de un anticuario, parte importante del depósito fotográfico del Muséu del Pueblu d'Asturies.

Las dos instantáneas que vemos datan del 15 de agosto de 1935, once meses antes del golpe de Estado fascista contra el gobierno del Frente Popular, cuyo fracaso dio origen a una guerra de casi tres años, de los que quince meses discurrieron en Gijón, hasta la ocupación de la ciudad por lo sublevados a finales de octubre de 1937, dando lugar a la primera diáspora republicana. 

Pareciera que Constantino Suárez pretendió dejar constancia -tal como se advierte en las dos fotografías- no sólo del abigarramiento de paseantes en El Muro de la playa de San Lorenzo, sino también de la identidad y expresión de los semblantes, con hombres, mujeres y algunos menores con vestuario de estreno, como correspondía por entonces y aún pasa al mayor día festivo de aquella villa. 

Aunque quienes aparecen en la instantánea no tengan vínculos familiares con los gijoneses de ahora más arraigados generacionalmente, hay acaso en el objetivo de Suárez una intención futurible de dejar plasmados con su cámara los rostros de los paseantes para que en el porvenir, tal como hago yo ahora, el pasado de nuestros padres, abuelos y bisabuelos, la sociedad en la que vivieron y el porvenir que les esperaba nos sean más familiares que sin esta intencionada referencia gráfica que personaliza en cierto modo la historia.

A juzgar por lo que vemos en la actitud y ánimo sosegado y jovial de los concurrentes, no cabría imaginar en aquel año que el país estaba a unos cuantos meses de vivir la mayor tragedia de su historia contemporánea, aun habiendo asistido unos cuantos meses atrás (octubre de 1934) a la última revolución obrera de Europa, consecuencia de una huelga general con tal carácter, saldada con 2000 muertos, según el historiador Hugh Thomas, entre quienes la protagonizaron y las fuerzas de orden que la reprimieron con extrema dureza. 

En este sentido, las dos instantáneas del gran fotógrafo gijonés podrían darnos a entender que las sociedades civiles se recomponen por un lado con bastante diligencia tanto de un pasado sangriento reciente, como, por otro, parecen bastante ajenas -de paseo el día de fiesta mayor- a la posibilidad de un porvenir próximo aún peor y que duraría decenios, con fusilamientos, cárceles, exilio y destierros*. Nuestra gratitud por ello, una vez más, a Constantino Suárez y a la perspicacia de su criterio para ver y revelar la historia de su villa.

*No es esta una advertencia baladí para cualquier tiempo histórico, incluido el que estamos viviendo, claro.

DdA, XXII/6429

LA MEMORIA DE AZAÑA SE LLAMA DOLORES RIVAS CHERIF

Hay personas -mujeres en su mayoría- que no ocuparon la primera línea de la historia, pero sin ellas la historia habría perdido parte de su memoria. Este es el caso de Dolores Rivas Cherif, esposa de Manuel Azaña, sin la cual la memoria que tenemos de quien fuera presidente de la Segunda República española no sería la que es en ninguna de sus vertientes, intelectual y política. No fue el único caso de mujeres que guardaron y preservaron la memoria de quienes compartieron su vida y sufrieron con sus maridos el exilio. El hermano de Dolores, el dramaturgo Cipriano Rivas, escribió una de las biografías más interesantes de Manuel Azaña, que suelo recomendar a menudo por ser de las más cruciales para entender la personalidad del protagonista desde la perspectiva de quien fue amigo y cuñado de don Manuel .


Nacida en Madrid el 1 de octubre de 1904, pertenecía a una familia culta y liberal. Su hermano, Cipriano Rivas Cherif, dramaturgo y hombre de teatro, la acercó al círculo intelectual en el que conocería a Manuel Azaña. Entre ambos nació una relación cimentada en el afecto, la admiración y la complicidad, que culminó con su matrimonio en 1929. Desde entonces, Dolores acompañó a Azaña en el recorrido más intenso y dramático de la historia contemporánea de España. Compartió con él las esperanzas de la Segunda República, la responsabilidad del poder, la tragedia de la Guerra Civil y el amargo camino del exilio.
En febrero de 1939 cruzaron juntos la frontera francesa, dejando atrás un país devastado. Poco después se instalaron en Montauban, donde Manuel Azaña vivió sus últimos meses. Dolores permaneció a su lado hasta el final, asistiendo con serenidad y entereza a la muerte del presidente de la República el 3 de noviembre de 1940. En aquellos días oscuros fue ella quien luchó incansablemente por obtener el asilo que el Gobierno de México había ofrecido al matrimonio.
Viuda y exiliada, llegó a Veracruz en junio de 1941. México se convirtió en su patria de acogida durante más de medio siglo. Allí llevó una vida discreta, alejada del protagonismo, pero entregada a una misión silenciosa: preservar el legado moral, político y documental de Manuel Azaña para las generaciones futuras.
Con la llegada de la democracia, España volvió lentamente la mirada hacia quienes habían sufrido el exilio. Dolores recibió diversos reconocimientos institucionales, aunque el mayor de todos fue comprobar que la figura de Azaña comenzaba a ocupar el lugar que le correspondía en la memoria colectiva. Falleció en Ciudad de México el 30 de abril de 1993. Descansa en el Panteón Español, junto a su hermano Cipriano.
Dolores Rivas Cherif no fue únicamente la esposa del último presidente de la Segunda República. Fue la guardiana de una memoria perseguida, la testigo privilegiada de un tiempo decisivo y una mujer cuya discreción resultó tan valiosa como el más brillante de los discursos. Gracias a su fidelidad, una parte esencial de la historia de España logró sobrevivir a la larga noche del franquismo.

DdA, XXII/6429

jueves, 6 de agosto de 2026

LA PRESIDENTA ENCARGADA DE VENEZUELA ESTRECHA MANOS CON EL SIONISMO


 TERCERA Y ÚLTIMA ESPÍSTOLA PARA UN ECO, DESPUÉS DE VER EL ESTRECHÓN DE MANO CON SIONISTAS

Usted ya no existe en el habla de los que sufren, le dice el firmante a la presidenta encargada de Venezuela-; existe solo en los comunicados que nadie lee, por ejemplo en la embajada de Israel, donde la toleran como se tolera un mueble viejo (sí, tampoco se crea cosas), en los pasillos del poder real donde la consideran un trámite, un salvoconducto, una firma previsible. Ese es el desprecio último: la irrelevancia en vida, el ostracismo de los que aún respiran. Viva, Delcy. Viva muchos años. Viva para ver cómo el pueblo, ese al que usted dice haber salvado, reconstruye sobre sus ruinas morales una dignidad que usted ya no podrá habitar.

Raulito Torres Candil/ Aquí en La Habana.

Usted dijo "elegimos vivir". Pronunció esas palabras como quien revela una verdad profunda, cuando en realidad estaba confesando la bancarrota de un proyecto que alguna vez se atrevió a soñar con la dignidad como horizonte. Porque vivir, Delcy, viven también las cucarachas después de la hecatombe nuclear. Viven los gusanos en el cadáver del león. Vive el liquen adherido a la roca inmóvil. La cuestión nunca fue vivir; la cuestión fue siempre para qué, cómo, a costa de qué. Usted resolvió esa pregunta con la contabilidad menuda de quien pesa los huesos propios y ajenos en balanza de mercado, y encontró que los suyos valían más. Felicitaciones: sobrevivió. Pero sobrevivió para ser la administradora de la derrota, la notaria del despojo, la cara amable de la capitulación.
Los pueblos del mundo la miran hoy con ese desprecio ya no tan silencioso que se reserva a los gerentes del fracaso. No es odio: el odio requiere respeto, implica considerar al otro un adversario. Lo que los pueblos sienten por usted y por quienes como usted hicieron del "plegar" una profesión, es algo más corrosivo: es la indiferencia del que pasa frente a la estatua ecuestre de un general que nunca ganó batalla alguna. Es vergüenza ajena...
Hablaba usted del riesgo de masacre. Es cierto: el imperio asesina, encarcela, asfixia. Lo sabemos quienes venimos años siendo sometidos por el genocidio silencioso de un bloqueo real. Pero precisamente porque conocemos al monstruo, porque hemos sentido el peso de su soberbia durante décadas, sabemos distinguir entre quien negocia con el hocico del lobo para ganar tiempo y quien se hace amiga del lobo, almuerza con el lobo, termina pareciéndose al lobo. Usted cruzó esa frontera hace tiempo, y hoy el lobo la llama por su nombre de pila en las sobremesas de la dominación. Eso no es vivir, Delcy: eso es perdurar en calidad de administradora colonial del sufrimiento ajeno.
¿Sabe lo que dicen los migrantes venezolanos que cruzan el Darién con hijos en brazos? ¿Sabe lo que murmuran las madres que paren en hospitales sin luz, los jóvenes que empeñan el futuro por un pasaje de autobús, los viejos que mueren esperando pensiones que no alcanzan ni para el ataúd? No la insultan. No la reclaman. Simplemente han dejado de nombrarla. Usted ya no existe en el habla de los que sufren; existe solo en los comunicados que nadie lee, por ejemplo en la embajada de Israel, donde la toleran como se tolera un mueble viejo (sí, tampoco se crea cosas), en los pasillos del poder real donde la consideran un trámite, un salvoconducto, una firma previsible. Ese es el desprecio último: la irrelevancia en vida, el ostracismo de los que aún respiran.
Usted habló de elegir vivir. Pero vivir, en la tradición de quienes verdaderamente transformaron este continente, nunca fue preservar el pulso a cualquier precio. Vivir fue Bolívar atravesando los Andes con los pulmones rotos y la república a cuestas. Vivir fue Sucre negándose a disparar contra el pueblo en Quito y pagándolo con la vida. Vivir fue el Che en La Higuera diciéndole al verdugo "dispare, no tenga miedo". Vivir fue Allende en La Moneda con el casco y el fusil, mientras los aviones pintaban de humo el cielo de septiembre, vivir fueron 32 cubanos escoltas que decidieron que morir por defender la dignidad de tu pueblo era Vivir eternamente en su corazón...
Vivir fueron los miles de anónimos que jamás ocuparán un cargo ni firmarán un decreto, pero que sostuvieron huelgas de hambre, enfrentaron tanques con piedras, parieron en clandestinidad, amaron en medio de la persecución y murieron sin pedir permiso. Ellos eligieron vivir de tal modo que su muerte se volvió semilla. Usted eligió vivir de tal modo que su vida se volvió estiércol de dólar estéril, abono de nada, fertilizante del olvido.
La historia no la juzgará, Delcy. Eso sería concederle una estatura trágica que no posee. La historia la archivará en una nota al pie, en un párrafo breve de esos manuales que los estudiantes leen con prisa la noche anterior al examen. Será recordada como se recuerda a los virreyes que entregaron las llaves de la ciudad sin disparar un tiro, a los generales que pactaron el desmembramiento de la patria por conservar sus galones. Nadie escribirá odas sobre usted. Nadie pintará su retrato en los muros de las facultades. Nadie pondrá su nombre a una plaza, a una escuela, a un comité de base o a una niña. Será un fantasma burocrático, un eco de pasillo, una firma digital en documentos que el viento del tiempo dispersará sin duelo.
Mientras tanto, el pueblo, ese que usted dice haber salvado de la masacre, volverá a verse muriendo en las salas de espera de los hospitales, en las rutas migratorias, en las cárceles del continente, en la tristeza lenta de quien ve a sus hijos partir y sabe que no volverán. Seguirá muriendo, Delcy, pero sin usted. Porque el pueblo ya empezó a aprender a vivir sin su "consuetudinario servilismo" convertido en doctrina de Estado. Ya empezó a organizarse en la sombra, a curarse con lo que hay, a educar en los resquicios, a resistir en silencio mientras ustedes, los profesionales del pliegue, siguen negociando migajas de soberanía a cambio de migajas de verde impunidad.
Yo, que he gastado la vida en el oficio de las palabras, no encuentro una sola que pueda redimirla. No me sale la piedad. No me nace el consuelo. Solo puedo ofrecerle este espejo de tinta donde se mire y reconozca lo que el imperio hace de quienes eligen arrodillarse: no enemigos a vencer, sino sirvientes a despreciar. Usted ya no es peligrosa para ellos. Usted es útil. Y no hay destino más miserable para quien alguna vez se soñó revolucionaria que convertirse en herramienta del amo, en bisagra del sometimiento, en ese personaje lamentable que entra a las reuniones del poder real no por la puerta principal, sino por la de servicio, y aun así sonríe.
Viva, Delcy. Viva muchos años. Viva para ver cómo el pueblo, ese al que usted dice haber salvado, reconstruye sobre sus ruinas morales una dignidad que usted ya no podrá habitar. Viva para contemplar el día en que los nietos de los que hoy migran pregunten por su nombre y nadie sepa responder. Viva para entender, ya sin tiempo para enmendar, que hay formas de estar muerto que no requieren ataúd ni lápida: basta con haber firmado la propia irrelevancia histórica en el despacho de los vencedores.
Esa es la condena que le deseo. No la cárcel ni el exilio. No la persecución ni el escarnio. Le deseo la larga, interminable, asfixiante supervivencia de quien se sabe despreciada por los suyos, olvidada por los ajenos y tolerada apenas por aquellos a quienes entregó lo poco que quedaba por entregar. Le deseo décadas de vida para rumiar esta carta y todas las que no le escribirán. Le deseo el insomnio de las tres de la mañana, cuando los fantasmas de los que sí eligieron morir de pie se sientan al borde de su cama y no le digan nada, solo la miren.
Y usted sabrá, en ese silencio, que vivir no era suficiente.

DdA, XXII/6428

PARA CIERVOS CON CRITERIO, TOMÁS EL DE LINAREJOS

Lazarillo

Hoy el periódico La Nueva Crónica, que se publica en León bajo la dirección de David Rubio -un director que escribe-, ha tenido la amabilidad de publicar el artículo escrito por este Lazarillo Para ciervos con criterio, Tomás, en donde se considera la inteligencia del así llamado por el vecindario que le dio acogimiento en la localidad zamorana de Linarejos, al estimar el cérvido, ante la oleada de incendios que viene sufriendo la provincia en los últimos cinco años (en torno a cien mil hectáreas quemadas), que allí tiene mayor seguridad. Es de agradecer que en un diario impreso de asuntos varios se tengan en cuenta este tipo de consideraciones con la montaraz criatura, cuando tantos otros temas merecen la atención del respetable, bien sea por ser los habituales en los medios de información o porque pueden importar otros en circunstancias que la actualidad dicte. Los de los incendios forestales no son menores en Castilla y León, una de las comunidades autónomas más dañadas por el fuego y donde la gestión en prevención y extinción deja mucho que desear reiteradamente, año tras año, sin que el electorado cambie de parecer con quienes  la gobiernan.

DdA, XXII/6428