Diario del Aire
miércoles, 10 de junio de 2026
UN ESTADO ACONFESIONAL NO DEBE PRESTAR PÚLPITO A NINGUNA FE
EINSTEIN Y LAS RAÍCES DE LOS OLIVOS PALESTINOS
ÉTICA Y POÉTICA: UN CAMINO DE REGRESO A NUESTRA PROPIA HUMANIDAD
Hay mañanas que se visten de gris en los telediarios y tardes que se salvan
gracias a la palabra. El pasado 27 de mayo, la emblemática sala
Jazzville de Madrid se transformó en una asamblea de resistencia cultural y
humana durante la celebración de la sexta edición de Ética y Poética. El
proyecto, impulsado por la Plataforma del Voluntariado de España (PVE),
organización que coordina el latido de 84 ONG en todo el país, demostró que la
literatura y la acción social comparten la misma raíz.
Paz H. Páramo
El encuentro arrancó bajo el marco del Año
Internacional de las Personas Voluntarias. María Navas,
directora de comunicación de la PVE,
fue la encargada de abrir la velada con una verdad incómoda y necesaria para
los tiempos de codicia y violencia que inundan la actualidad: “El
voluntariado es donar tiempo, no dinero, y quizás es lo más importante que se
puede donar, porque el tiempo no es oro, es vida”. Tras sus
palabras, cedió el testigo al poeta, Gonzalo Escarpa, encargado de
dirigir esta edición.
«La poesía es solidaridad»
Escarpa firmó un manifiesto sobre el escenario que fijó las reglas del
juego de la noche. “No es que la poesía tenga que ver con el compromiso
social, es que la poesía es una de las formas más comunes
del compromiso”, sentenció el poeta. En un discurso ovacionado por el público,
rechazó las etiquetas comerciales y los corsés ideológicos: “No creo que exista
una poesía de la solidaridad, porque la poesía es solidaridad. Denuncia
injusticias, moviliza conciencias y acompaña luchas colectivas… No
existe una poesía del entretenimiento, como no existe un gato policía”.
Citando al pensador Santiago Kovadloff, Escarpa recordó que los
seres humanos somos «una tarea por hacer», un proyecto incompleto,
exactamente igual que un poema. Y bajo esa premisa de imperfección compartida,
dio paso a los «seis recuperadores de los fugaces parentescos de las cosas» que
conformaban el impresionante cartel de la noche.
De la infancia herida al latido de la tierra
Rosana Acquaroni rompió
el fuego literario haciendo suya la máxima “lo personal es político”.
Con una lectura honda y magnética, Acquaroni recorrió versos de su trayectoria,
incluyendo poemas de Discordia de los dóciles, un poemario gestado al calor del
movimiento 15-M, y pasajes de su aclamado 18 ciervas. Sus versos viajaron desde
la crudeza de la memoria familiar y la infancia olvidada (“Soy la hija que te
aguardó despierta cada noche…”) hasta el encuentro místico con la naturaleza,
regalando a los asistentes una sobrecogedora lección de honestidad lírica.
Fotografías sentimentales de Fran Fernández
El contrapunto musical de la primera mitad de la noche lo puso el
cantautor Fran Fernández, quien
subió al escenario de Jazzville armado con su guitarra y una sensibilidad
desbordante. Fernández recogió el guante del compromiso lanzado por Escarpa,
defendiendo el papel del artista como observador de su época.
“Entendí hace muchos años que todo aquel que escriba canciones o poemas debe
ser también observador de su tiempo. Al final, una canción es una fotografía
sentimental o histórica de lo que nos toca vivir”, explicó antes de interpretar
un desgarrador tema de denuncia social donde cargó contra la indiferencia
global frente al dolor ajeno y la deshumanización de las fronteras.
Posteriormente, el músico cambió el tercio hacia la luz con su tema inspirado en un viaje a Ghana junto a creadores como Rozalén y Pasión Vega, recordando que “el amor es un reloj y tienes que llenarlo de tiempo” y lanzando un mensaje de esperanza: “Aunque haya gente que hace mucho ruido y grita demasiado, en el fondo creo que todavía hay mucha bondad, aunque sea más discreta”.
La velada continuó expandiendo sus fronteras con la intervención de Pilar González
España. La poeta, traductora y sinóloga aportó un timbre
ancestral al escenario con una propuesta enfocada en exorcizar el
egocentrismo contemporáneo. A través de una letanía, González España
desnudó las trampas del individualismo en su poema Yo y la
mitología de no hacer nada, un texto que resonó como un espejo incómodo en la
sala al sentenciar: “Yo y ya pueden caer mil bombas si no es sobre mi cabeza
(…) casualmente yo y nada más”.
Tras ella, la cantautora argentina Guada tomó
el relevo defendiendo firmemente que «todo arte es político». Sentada ante el
público, interpretó en primer lugar No somos lo que nos dicen que somos, una
pieza escrita junto a su padre que funciona como un canto de identidad
latinoamericano frente a la explotación de sus recursos. Tras
finalizar el tema, reivindicó la importancia de regalar no solo el tiempo, sino
también la atención, para acto seguido emocionar a la sala con su composición
Antes de que la noche se vuelva madrugada, un canto a la justicia, la memoria y
la persistencia de la historia compartida.
Su actuación dio paso al torbellino de Alexis Díaz
Pimienta, el aclamado rey de la rima que llegó
desde Sevilla para demostrar por qué es considerado un chamán del verso.
Aunque el público esperaba su faceta puramente improvisada, Díaz Pimienta
defendió la poesía escrita leyendo textos de hondo calado social como Otra
poética, el durísimo poema La guerra y los niños, denunciando con crudeza
la situación de la infancia en Gaza amparado en las
demoledoras estadísticas de la ONU, sus sonetos críticos dedicados a los
dolores de Cuba, y Los Empalados, una sobrecogedora crítica contra la
indiferencia generalizada y el consumo de la violencia a través de las
pantallas planas.
Juan Carlos Mestre, profecía de la vulnerabilidad
El broche de oro y la bendición definitiva de la asamblea corrió a cargo
del Premio Nacional de Poesía, Juan Carlos Mestre. Definido por
Escarpa como «mago del orden y del caos«, Mestre volvió a demostrar por
qué es una de las voces más descomunales, generosas y necesarias de las letras
contemporáneas, colocándose, como siempre, del lado de las personas más débiles
a través del poder absoluto de la poesía.
Con su ya icónica fuerza torrencial, el bardo berciano detuvo el tiempo en Jazzville con la lectura de su poema Antepasados («Mis antepasados inventaron la Vía Láctea…»). Su intervención no fue un simple recital, sino una invocación civil; un recordatorio de que la palabra poética es un acto de legítima defensa para los desposeídos y una patria para los que no tienen voz. Mestre envolvió la sala en una atmósfera de misticismo laico al clamar contra los tanques y los lutos ante los masacrados, cerrando su lectura con un rotundo y triplicado «No matarás» que resonó en el silencio de la sala como un mandato absoluto frente a la ruina moral de la fuerza. Como colofón, un momento mágico e imprevisto unió en el escenario a Díaz Pimienta, Guada y Fran Fernández en una improvisación conjunta que encarnó el espíritu del ciclo, la música y la poesía unidas para despertar conciencias.
La sexta edición de Ética y Poética cerró sus puertas en Madrid recordando
una vez más a un público, con los teléfonos apagados y el espíritu encendido,
que la belleza no es un lujo, sino el único camino de regreso a
nuestra propia humanidad.
PERIÓDICO DEL VOLUNTARIADO DdA, XXII/6373
GRITOS CON CITA Y GLOSA (LXXIX): SOBRE LA SALUD MENTAL (COLECTIVA) EN PELIGRO
Por mucho que sea el bienestar sentido en un momento y mucha la seguridad y la cohesión que nos hayan facilitado instituciones y personas, eso no significa nada de cara al mañana... Las figuras de apego y las sensaciones de ventura son tornadizas; es más, el mayor apego y la más nítida percepción de comodidad se vuelven, ante eventuales distancias reales o imaginadas, en desafecto (incluso, con cierta frecuencia, en odio) y malestar insoportable… De ahí el refrán (que, como todos y más allá de sus excesivas generalizaciones, tiene un fuerte componente de cotidianidad empírica), «no hay peor cuña que la del pmismo palo».
martes, 9 de junio de 2026
AL PAPA Y SU IGLESIA: VERDAD, JUSTICIA, REPARACIÓN Y GARANTÍA DE NO REPTICIÓN

Isabel Alonso Dávila, Público, 9 de junio de 2026
Allá por los años 70 me llegó desde Italia una consigna que utilizaban las mujeres que se manifestaban por el derecho al aborto en aquel país. Si no recuerdo mal, decía algo así como «il mio corpo è mio e l’administro io». Es decir, mi cuerpo es mío y lo administro yo, aunque en castellano pierda la rima.
Volví a recordar esta consigna de las mujeres italianas durante los años en que, desde la asociación Derecho a Morir Dignamente, en concreto en mi caso desde Cataluña, luchamos denodadamente por la consecución de un nuevo derecho que, como asociación, llevábamos reivindicando desde el mismo momento de su fundación, en 1984. Nos ha costado años, pero podemos decir con alegría y espíritu de celebración que hoy en día disfrutamos de un derecho más en la disposición de nuestro propio cuerpo, a pesar de la oposición de un sector muy concreto e influyente de nuestra sociedad, la Iglesia Católica, que ha hecho todo lo posible por hurtarnos esa libertad y que, mientras lo ha conseguido, ha obligado a padecer un dolor insoportable, que no querían vivir, a tantas personas que no practicaban su religión.
Recordemos, para hacer memoria y no olvidarlos nunca, los nombres de aquellos que hicieron público su dolor, y su deseo: Ramón Sampedro, Jorge León, Madelein Z., Inmaculada Echevarría, Carlos Santos, Jordi Rodríguez, Montserrat Voltà, Jorge Aramayona, José Antonio Arrabal, Luis de Marco, José N, H., Maribel Tellaetxe, María José Carrasco, Fernando Cuesta, Antoni Monguilod… Junto a ellos, tantas otras personas que tuvieron que morir como no querían, en la clandestinidad muchos, en el exilio suizo otros y siempre sufriendo más de la cuenta. Todo esto hasta que conseguimos en 2021 que el Congreso de los Diputados aprobara la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia (LORE). A pesar de sus limitaciones, y de las trabas judiciales que en algunos casos ha conseguido poner Abogados Cristianos, podemos afirmar que esta nueva legislación, que contenía un nuevo derecho, ha ayudado a muchas personas a ahorrarse unos sufrimientos que no querían vivir.
Es decir, hoy en día somos más libres porque tenemos más derechos para el ejercicio de la libertad, la verdadera libertad que afecta a nuestras vidas, en decisiones muy importantes. Por favor, no permitamos que nos roben la preciosa palabra libertad, que siempre ha sido nuestra, los que en realidad no la estiman y, además, están al acecho para limitárnosla, o quitarnos del todo, en cuanto les dejemos.
He querido compartir estos recuerdos ahora que nos visita el papa y se está poniendo el acento informativo en su mensaje pacifista, que le ha enfrentado a Donald Trump, y a favor de los migrantes y contra el racismo, que le enfrenta a los que alimentan la xenofobia y la utilizan electoralmente. Y claro que podemos valorar muy positivamente sus declaraciones en este sentido, pero esto no puede servir para meter otras bajo la alfombra de la invisibilidad. Tampoco durante la visita del papa.
También ahora tenemos que recordar la posición, y el activismo, de la Iglesia católica en muchos otros temas. Hemos empezado con el de la eutanasia, pero recordemos también las grandes manifestaciones protagonizadas por la Iglesia y los partidos que se llaman liberales contra la ley del divorcio del año 81, cuando gritaban aquello de «Suárez, masón, queremos religión» o pronunciaron discursos donde se oyeron frases como «Cristo no murió por nosotros para que ahora vengan a plantear leyes contra él». Deberíamos recordar siempre que Alianza Popular (ahora PP) votó en contra de la Ley del Divorcio a pesar de que, una vez aprobada, parecía ser el partido que tenía más candidatos a usarla inmediatamente.
Recordemos también la campaña de la Iglesia católica contra el aborto. Respecto a este tema, no está de más recordar que hace poco más de tres años, el 12 de marzo de 2023, coincidiendo con los ataques legales al aborto en algunos estados de Estados Unidos, en las manifestaciones en Madrid contra el derecho al aborto pudimos ver a Jaime Mayor Oreja o María San Gil. También estaban en la manifestación Santiago Abascal o Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio. Todo esto debe servir para la reflexión sobre qué piensan del derecho a la libertad sobre el propio cuerpo los que se autonombran adalides del liberalismo. Y pensar en qué pasaría si les damos mayorías parlamentarias que les permitan hacernos retroceder a un pasado sin derechos.
Recordemos también la campaña contra el matrimonio igualitario. Público nos lo recordaba así, en un artículo de hace 7 años: «En junio de 2005 unas 180.000 personas marcharon en Madrid en defensa del ‘modelo de familia tradicional’». La marcha transcurrió desde Cibeles hasta la Puerta del Sol a grito del lema ‘la familia sí importa’. Entre sus asistentes: obispos y altos cargos del PP como Ana Botella, que encabezaba la protesta». Cuánto dolor ha provocado, y sigue provocando, la Iglesia Católica a tantos jóvenes que no podían, o no les dejan todavía hoy, reconciliarse con unos deseos sexuales absolutamente legítimos.
Pero volvamos al principio de la reflexión, a esa petición a la Iglesia católica de que quite sus manos de nuestros cuerpos, que sería como venir a decirles que respeten las leyes que nos hemos dado a través de nuestros representantes democráticamente elegidos. Claro que pueden recomendar a sus creyentes que no utilicen estos derechos. Sus creyentes, mientras los demás los conservamos, podrán decidir utilizarlos o no hacerlo. Pero habrá que recordar a la Iglesia que el reconocimiento de la diversidad y la libertad de conciencia está en la base de cualquier democracia y que como los derechos son derechos, que no obligaciones, abren el abanico de la libertad de opciones para toda la ciudadanía y no obligan a los que no quieran hacerlo a comulgar con ruedas de molino.
Y es que la inmensa mayoría de la población española no queremos que una religión, u otras, condicionen las leyes que pueden elaborar nuestros parlamentos y, todavía menos, que las intenten torpedear posteriormente a través de acciones que todo el mundo conocemos protagonizadas por grupos integristas y abogados del mismo cariz. Alguien dentro de la Iglesia, quizás, debería decirle a Abogados Cristianos que ese adjetivo que colocan detrás del sustantivo profesional con el que empieza su nombre no es muy apropiado para definir sus actuaciones.
Todavía podríamos nombrar algunos otros temas, para los que habría que añadir el adjetivo «sucias» a la consigna de las italianas con la que comenzábamos el artículo. Por ejemplo, nombrar los abusos sexuales y la pederastia de la Iglesia católica. Por ejemplo, recordar muchos otros temas relacionados con la memoria histórica y el nacionalcatolicismo de la dictadura franquista, como el Patronato de Protección de la Mujer o el bautizo en situación de agonía, tras su suicidio, de Matilde Landa en la cárcel de Palma de Mallorca, que el grupo «Apostasía colectiva Matilde Landa» se ha propuesto que no olvidemos nunca jamás. Y es que no lo tenemos que olvidar. Y, además, ¿cómo es que se atrevieron a bautizar a una mujer que se había suicidado precisamente para no traicionar sus principios pasando por ese ritual, en el mismo momento que negaban ceremonias y entierros religiosos a las familias católicas de algunos suicidas que, quizás, ellas sí, los necesitaban? O el terror infantil provocado por una educación católica poblada de pecados veniales, mortales y sacrilegios, que nos llevarían directamente a las torturas del infierno por la eternidad de la eternidad. O el papel de los curas que no dejaban escribir la última carta, la de la despedida definitiva, a los condenados a muerte, por tribunales militares en juicios sumarísimos, que no se confesaran y comulgaran. Qué dolor me produce pensarlo, conociendo ahora, como conocemos, que estas cartas de despedidas han supuesto un bálsamo para tantas familias de condenados a muerte, para tantas hijas e hijos a quienes les hurtaron la posibilidad de convivir con sus padres o madres. Así que, respecto a estos temas, una petición a la Iglesia católica durante la visita del papa, en este caso con un adjetivo añadido: «Quitad vuestras sucias manos de nuestros cuerpos».
Verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición. También esto le pedimos a la Iglesia católica española y al papa de Roma.
______________
Isabel Alonso Dávila es vocal de Memoria Democrática de la Dirección de Europa Laica.
PONER FIN AL SUFRIMIENTO INFANTIL, FACTOR CIVILIZATORIO INNEGOCIABLE
DETRÁS DE ESE EMPUJÓN, EL MISMO ODIO, LA MISMA MISERIA MORAL E INTELECTUAL
Detrás de ese empujón a una profesora jubilada y solidaria con sus compañeros en las calles de Valencia, de esa violencia, de ese desprecio, se encuentran el mismo odio y la misma sinrazón que condenó a este país a la miseria moral, intelectual y económica durante siglos. Y ya ni siquiera hacen el esfuerzo de disimularlo.
Silvia Cosio
A mi abuelo Benigno el fascismo le robó un hermano durante la Guerra Civil y después le dejó sin escuela. Porque un día los matones de la Falange sacaron a todos los chiquillos de clase y les obligaron a ver cómo fusilaban a sus padres, hermanos, amigos y vecinos, y también a su maestro. Al día siguiente, el maestro asesinado fue sustituido por un cura, pero apenas un par de chicos habían regresado a aquella escuela. El resto, entre ellos mi abuelo Benigno, se tuvieron que poner a trabajar. Y todo volvió a ser como Dios manda: volvió el hambre, el analfabetismo, la superstición, el miedo y la miseria.
Pero mi abuelo Benigno nunca se olvidó de aquella terrible mañana ni de la lección empapada en sangre y envuelta en balas que el fascismo le quiso enseñar. Solo que la aprendió de manera distinta a como aquellos asesinos pretendían. Porque a mi abuelo le robaron la escuela, le cambiaron los libros por los crucifijos y le quisieron obligar a agachar la cabeza, pero él llenó su casa de palabras, leyó teatro clásico, tebeos, novelas del Oeste, enciclopedias y cualquier cosa que cayera en sus manos y no pisó una iglesia, salvo cuando se casó su hijo. Además, todos sus descendientes hemos ido a la Universidad –pública–. Una bofetada en los morros al atrasismo y a los cantos a la muerte del franquismo.
Porque, aunque las élites franquistas lograron mantener prácticamente todo el poder –el simbólico, el político, el económico y el institucional– que usurparon en el 39, tuvieron también que hacer algún pequeño sacrificio a cambio, aunque solo fuera para disimular. Y entre las cosas que se dejaron quitar estaba la educación, cuyo monopolio se le arrebató a la Iglesia para regresar a manos del Estado. Y esto es algo que todavía no nos han perdonado.
Esta guerra de las derechas contra la educación pública no fue solo cosa del franquismo, sino que hunde sus raíces en el odio histórico de las élites españolas hacia el conocimiento y la razón. Es un desprecio y una obsesión que podemos rastrear desde la Contrarreforma hasta nuestros días. Un odio atávico, como primitiva es también su propensión a los golpes de Estado y los alzamientos. Bien sea vestidos de uniforme y sotanas o con togas, las derechas españolas siempre han estado –y siguen– estando dispuestas a acabar con todo –y con todos– para recuperar el poder, para recobrar aquello que creen que es suyo por derecho propio. Y por eso les sobra la educación. Y por eso también temen y detestan la escuela pública y laica. Porque es una institución que no pueden controlar. Así que han decidido ahogarla.
Los conciertos educativos han sido la punta de lanza de la incansable ofensiva reaccionaria contra la escuela pública desde la Transición. Una gota malaya que ha ido socavando sus pilares y parasitando su financiación con la excusa de la libertad, carajo, ese escudo tras el que se protegen los liquidadores y saqueadores del Estado de bienestar. Los mismos que nos piden sacrificios mientras aumenta la brecha de la desigualdad y se llenan los bolsillos de dinero público.
Sin embargo, tras la guerra contra la escuela pública no se esconde, como ocurre con la sanidad, el ansia de hacer solo negocio. Porque con su desmantelamiento se busca liquidar su poder simbólico, pues la escuela pública es ya la única herramienta que nos queda para combatir la desigualdad y la sinrazón. Y por eso van a por ella y a por todos los que la sostienen: profesorado, familias y alumnado. Todos estos años de bombardeo propagandístico contra el oficio de enseñante, todas las estupideces y mentiras sobre la calidad de la enseñanza pública, sobre el supuesto pésimo nivel de su alumnado tenían un único propósito: desmantelar el sistema de enseñanza público para entregarlo a manos de la Iglesia y las empresas. Convertir de nuevo la educación en un sistema de dos velocidades donde el dinero y los privilegios tengan más peso que el conocimiento.
Los mismos que sacaron a rastras a mi abuelo Benigno de su escuela y le dieron una lección manchada en sangre –una lección que ni él ni todos los suyos hemos olvidado nunca–, los mismos que odiaban a los maestros y las maestras republicanos y los condenaron a muerte porque para ellos su oficio y su culpa eran la misma: entregar la educación, las palabras, la Razón y la belleza al pueblo, son los abuelos de los que hoy jalean a la policía que apalea maestras en huelga, que las empuja por la espalda y les revienta cobardemente la cara contra el asfalto. Porque detrás de ese empujón, de esa violencia, de ese desprecio, se encuentran el mismo odio y la misma sinrazón que condenó a este país a la miseria moral, intelectual y económica durante siglos. Y ya ni siquiera hacen el esfuerzo de disimularlo.
CTXT DdA, XXII/6372
PARA CUESTIONAR LEYES DEMOCRÁTICAS, NI UN AYATOLÁ, NI UN OBISPO DE ROMA
Félix Población
Hasta ayer a estas horas, el papa de Roma había echado mano del Evangelio en sus discursos, pero como decíamos también ayer a estas horas, una vez el gobierno de coalición social-comunista le concedió al pontífice el privilegio de hablar en la tribuna del Congreso de los Diputados, León XIV pasó de hacer Evangelio a hacer la política que corresponde a su Estado teocrático de 44 hectáreas y más de 1.400 millones de feligreses. Para satisfacción del pensamiento político más reaccionario, el obispo de Roma ha utilizado la institución más importante de un país democrático, aquella en la que se firman las leyes que los representantes de la ciudadanía acuerdan, para cuestionar varias de ellas con un descaro manifiesto por lo que comporta de injerencia en los asuntos internos de un país soberano y supuestamente aconfesional. León XIX ha justificado con esto que los diputados de Podemos y el BNG renunciaran a acudir al Congreso por estimar improcedente la presencia del pontífice en el Parlamento, primera en la historia de este país. Por contra, hasta siete minutos, siete, duraron los aplausos del resto de los representantes de los partidos políticos al término de la alocución papal, aunque el obispo de Roma haya empleado una parte de sus palabras en disentir de leyes como las del aborto y la eutanasia, aprobadas por el Parlamento español, aparte de estar en contra del matrimonio homosexual o de los derechos de las personas LGTBI, sin que la institución que preside haya reparado a las 400.000 víctimas de abusos sexuales cometidos por el clero católico en España. Posiblemente, tanto el gobierno como la oposición estarán haciendo sus cuentas de lo que conviene resaltar en su respectivo provecho político de la visita papal, pero lo que resulta evidente es que ni un ayatolá ni un obispo de Roma deberían utilizar el Parlamento de una nación democrática para cuestionar las leyes democráticas aprobadas en el mismo*.
*En medio de esta histórica sesión parlamentaria, la diputada de Junts Miriam Nogueras interrumpe los saludos del Papa para pedirle en un aparte que hable en catalán en Barcelona, como gesto de "amor" hacia los catalanes. Se lo dice en inglés, no sabemos como gesto de qué hacia un papa que habla castellano.
**El papa en el Congreso: la anomalía de un Estado que no saber ser aconfesional, (artículo a lee en La Marea)
DdA, XXII/6372
MI LIBERTAD PARA SER, CONTIGO Y CON TODOS, UN POCO MÁS HUMANOS
lunes, 8 de junio de 2026
PETRO DA POR VENCEDOR A ROBERTO SÁNCHEZ EN PERÚ

Leemos en la revista peruana Caretas que el presidente de la república de Colombia, Gustavo Petro, reaccionó a los resultados preliminares de la segunda vuelta presidencial en Perú y ya celebró la ventaja obtenida por Roberto Sánchez en el conteo rápido y el escrutinio parcial de votos. A través de sus redes sociales, Petro afirmó que "el progresismo acaba de ganar la presidencia del Perú" y sostuvo que con este resultado "se ha derrotado la fuerza más de extrema derecha" representada, según indicó, por el fujimorismo. El mandatario colombiano también señaló que el expresidente Pedro Castillo habría sido "reivindicado" por el voto popular. Al margen de la lectura política del resultado, Petro adelantó que, de confirmarse el triunfo de Sánchez, buscará normalizar plenamente las relaciones diplomáticas entre Colombia y Perú, deterioradas desde la crisis política peruana de 2022. "Restableceré completamente las relaciones diplomáticas", escribió. El mandatario también anunció una propuesta de integración regional. Según explicó, planteará al próximo gobierno peruano iniciar una convergencia entre la Comunidad Andina y el Mercosur, con el objetivo de fortalecer los mecanismos de cooperación económica y política en Sudamérica. Las declaraciones se produjeron cuando el conteo oficial aún no había concluido y la diferencia entre Roberto Sánchez y Keiko Fujimori seguía siendo estrecha. De acuerdo con reportes internacionales, la distancia entre ambos candidatos era inferior al 1% de los votos válidos al momento del pronunciamiento de Petro. La reacción del presidente colombiano ha generado atención debido a que las relaciones entre ambos países se enfriaron durante el gobierno de Dina Boluarte, luego de los cuestionamientos de Petro a la destitución de Pedro Castillo y la posterior declaración de persona non grata emitida por autoridades peruanas.
EDITORIAL DEL DIARIO LA JORNADA
En la segunda vuelta de la elección presidencial realizada ayer en Perú, los recuentos parciales de sufragios daban ventaja a la candidata ultraderechista Keiko Fujimori, con 50.15 por ciento de los votos, frente al 46.27 por ciento que lograba su rival progresista, Roberto Sánchez. Un conteo rápido de Ipsos reflejaba una votación mucho más cerrada, con 50.3 por ciento para la hija del difunto dictador Alberto Fujimori, en contraste con 49.7 por ciento para el abanderado del partido del depuesto y encarcelado presidente Pedro Castillo.
Ciertamente, tales cifras distan de configurar los resultados definitivos y la ventaja de Fujimori podría revertirse, habida cuenta de que los votos del interior del país y del agro –donde la izquierda tiene más apoyo que en las urbes como Lima– tardan más en ser contabilizados.
Asimismo, si se aproximan mucho los caudales de sufragios obtenidos por los dos candidatos, habrá que llevar a cabo un meticuloso recuento cuyo desenlace puede tardar semanas, como ocurrió en la primera vuelta de la elección actual y en la segunda de la de 2021, cuando Fujimori y sus partidarios hicieron todo lo que pudieron por revertir en los tribunales su derrota en las urnas. Hace cinco años, la ultraderecha atribuyó su fracaso ante Castillo a una “conjura del comunismo internacional” y no puede descartarse que vuelva a hacerlo ahora en caso de que el veredicto popular no le favorezca. Se ahondaría, así, la inestabilidad política que ha imperado en Perú desde el inicio de este siglo, en el que la nación andina ha tenido 12 presidentes, varios de ellos con menos de un año en el cargo, sin mencionar que en su mayoría han sido imputados e incluso encarcelados por diversos cargos. De modo que, aunque lograra remontar la desventaja que le atribuyen los resultados parciales, Sánchez tendría que moverse en un escenario muy complicado, caracterizado por la atomización y la corrupción imperantes en las fuerzas representadas en el Congreso y, paradójicamente, el poder desmesurado que tiene el Legislativo para imponerse al Ejecutivo, bloquearlo y hasta deponerlo.
Por otra parte, la sola posibilidad de un triunfo de la aspirante de la ultraderecha constituye un elemento de grave preocupación, no sólo por lo que Fujimori representa en términos de avance del autoritarismo, la arbitrariedad, la corrupción y el uso patrimonialista de la administración pública, sino también porque sería un nuevo avance del frente reaccionario internacional que, bajo la dirección de orquesta del trumpismo estadunidense, se ha hecho ya con el poder en Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Honduras. Ello configura un entorno de aislamiento para los gobiernos progresistas que quedan en América Latina, con la continuidad transformadora pendiendo de un hilo en Colombia y Cuba sometida a la asfixia económica por el sadismo injerencista de Washington.
En tales circunstancias, la incertidumbre que arrojan los comicios de ayer en Perú resultan un factor adicional en el periodo oscuro por el que transita el subcontinente.
CARETAS, LA JORNADA, DdA, XXII/6371







