Diario del Aire
domingo, 1 de febrero de 2026
¿Y SI RUSIA ASESINARA A MENORES TRAS UN ALTO EL FUEGO CON UCRANIA?
NO SE PUEDE CALLAR ANTE EVENTOS TAN TRAMPOSOS COMO "LA GUERRA QUE PERDIMOS TODOS"
Los marcos de este evento -dice la profesora de Historia Contemporánea de la Complutense en referencia a las jornadas 1936: La guerra que perdimos todos- son completamente tramposos y en un tiempo de avance de la ultraderecha conviene no callarse, por supuesto, sólo faltaba. Pero tampoco deberíamos entrar al trapo en un evento organizado por escritores que no son especialistas en el tema, financiado por un banco y donde van políticos de derecha y ultraderecha que blanquean la dictadura franquista y justifican el golpe de Estado. Es mi opinión desde una postura sosegada y respetuosa que pretende contribuir al debate con planteamientos serios y científicos.
Ana Martínez Rus
Debatir es siempre útil y positivo en cualquier
ámbito de la vida y en la ciencia más. Pero hay que conocer todas las
claves y tener toda la información previa. La renuncia de David
Uclés a un encuentro sobre la Guerra Civil a través de un vídeo difundido
en redes sociales ha desatado una batalla académica y mediática, aparte del
ruido infernal de insultos en esa barra de bar que es X. El encuentro se
enmarcaba en el ciclo Letras en Sevilla XI y se denominaba 1936: La guerra que todos perdimos.
El título es
un despropósito que enlazaba con la corriente reaccionaria mundial y
con otra nacional muy arraigada de equidistancia de —todos fuimos culpables— en
la contienda de 1936, que fue un conflicto civil e internacional, aunque esto
último se olvida con demasiada frecuencia. La guerra la ganaron los franquistas
y se beneficiaron los vencedores. Eso es indiscutible. Lo demás es una tontería
que denota una intencionalidad maliciosa y un sectarismo destacado. Aunque
hay que decir que el pasado miércoles por la tarde los organizadores
comunicaron su aplazamiento hasta otoño por "presiones de la
ultraizquierda" y para reconfigurar el programa después de las bajas que han
tenido.
Yo voy a
exponer mi opinión al respecto como ciudadana y como historiadora que
no siempre coinciden tras analizar toda la información que se conoce
públicamente. En primer lugar, hay que ver quién organiza el evento y quién lo
financia. Los promotores son el escritor, periodista y académico Arturo
Pérez-Reverte y el periodista de Canal Sur Jesús Vigorra, que saben
de la Guerra Civil lo que yo de ferrocarriles, ahora que todo el mundo es un
experto en accidentes ferroviarios y en trenes de alta velocidad. Que se lo
digan a Nacho Abad, y, sobre todo, a Héctor de Miguel, que con su
humor ácido e inteligente me alegraba el día con el programa Hora Veintipico.
A
continuación, hay que ver quién corre con los gastos y resulta que es un
banco, motivo suficiente para desconfiar de inicio. En concreto, la
Fundación Caja Sol, que sufraga actos académicos y culturales, y suponemos
que ha dado completa libertad a Pérez-Reverte y a Vigorra para conformar el
plantel de ponentes en las mesas y los títulos de esta actividad. Pero también
ha respaldado su labor y el programa final antes del escándalo y de las bajas.
Voy a bolos
académicos donde sólo me pagan desplazamiento y alojamiento, y a otros
donde además recibo remuneraciones que agradezco –aunque ínfimas respecto a lo
que se llevará cualquier político de relumbrón por ir a Sevilla–, pero yo soy
una humilde historiadora que "predico" de mis investigaciones, como
diría mi querido Julio Aróstegui (el pasado miércoles hizo 13 años
que nos dejó). Me encantaría conocer su ácida y aguda opinión sobre este tema.
Como ciudadana
nunca iría a un acto donde participa José María Aznar, el de las mentiras
del 11M entre otras lindezas, como ha hecho David Uclés. Tampoco me
apetecería ir a un acto donde se incluye a Iván Espinosa de los Monteros, que
ha sido dirigente de Vox, un partido racista, ultraderechista y
antifeminista, entre otras muchas virtudes. Pero, como historiadora, debería
sopesar si acepto o no ir a exponer mi discurso, que discrepa de la tónica
general del evento. A mí no me han invitado, por supuesto, y aunque algunos
dirán que escribo desde la envidia o el rencor, nada más lejos y lo saben
quiénes me conocen. Yo he trabajado mucho sobre la Segunda
República y algo de Guerra Civil (como las editoriales de ambas zonas y el
fenómeno del biblocausto),
pero no llego al nivel de especialización de otros ponentes en el tema de la
guerra. Así que mi ausencia está perfectamente justificada.
Y, en segundo
lugar, hay que analizar la calidad de los ponentes y los títulos de las mesas y
de las ponencias. En este sentido, con un rápido vistazo al programa una se da
cuenta que es un totum
revolutum curioso porque vemos a profesionales de la academia
muy reputados para hablar de la guerra, como Julián Casanova, Enrique
Moradiellos, Zira Box o Gutmaro Gómez Bravo –muchos de ellos, además, buenos
amigos míos–, pero también a políticos de todo pelaje, literatos, cineastas
ilustres y gente pintoresca. Eso da cuenta de los intereses de los
organizadores y de la Fundación, aparte de figuras de primera fila de la
política, y quizás lo que menos importa es debatir de manera científica, pero blanquean
y elevan el nivel del acto con la participación de historiadores de
prestigio. También convendría saber si cuando ficharon a Uclés o al resto de
participantes conocían la inclusión del resto de ponentes y sobre el cariz
del evento o de sus títulos. Parece ser que no. Algunos incluso han
desmentido a Pérez-Reverte cuando dijo que el título iba entre interrogaciones
y que había habido un error de imprenta, señalando que siempre fue una
afirmación, desde el principio.
Pero seguimos
analizando los títulos de las ponencias y mesas redondas y entonces paso de
la sorpresa a la indignación como profesional de la historia. Así vemos
que hay una conferencia a cargo de Juan Pablo Fusi, catedrático emérito de
Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), con el
siguiente título: "¿Por qué naufragó la II República?". Resulta
una afirmación increíble, ahora me entero de que el régimen republicano
fracasó, ni siquiera lo ponen en duda con un título menos capcioso que dejara
abierto el tema: "¿Fracasó la República?". Las palabras no son
neutras ni casuales, lo debería saber bien el académico de la Lengua
Pérez-Reverte. Tras años de un avance increíble en la historiografía gracias a
la apertura de archivos nuevos, el acceso a documentación desconocida y a las
nuevas generaciones que nos hemos incorporado desde la muerte de Franco a este
oficio, resulta que hemos llegado en 2026 a la siguiente conclusión: la Segunda
República fracasó. Para este viaje no hacen falta alforjas, hemos retrocedido
muchos años ya que eso lo decían el franquismo y los golpistas de
1936 que se sublevaron e hicieron naufragar la República. La democracia
republicana no fracasó, la hicieron fracasar unos militares
africanistas en connivencia con las potencias fascistas. Mientras yo pido en
las clases a mis alumnos que sean rigurosos, les explico que hay que desmontar
bulos y mitos, y les conmino a que se informen por bibliografía científica y a
que no tomen por serio todo lo que aparece en las redes sociales, de un plumazo
todo se cae desde ciertos sectores de la academia.
Este título y
otros como "¿Todas las cunetas son iguales?", cuando hay
miles de cadáveres de republicanos tirados todavía en cunetas, bajo el cual van
a debatir la exministra Carmen Calvo y Alberto Ruiz-Gallardón (que negó en el
Parlamento cuando era ministro de Justicia la contribución decisiva de los
socialistas, encabezados por Manuel Cordero, en la aprobación del voto de
las mujeres durante las Cortes Constituyentes de la Segunda República). O
"Noventa años después ¿es posible el diálogo sobre la Guerra Civil
española?", con Ester Muñoz –que precisamente se burló en el
Senado del dinero destinado a las exhumaciones de las cunetas–, Antonio
Maíllo de IU, María Márquez del PSOE-A (ambos ya se han borrado del evento) o
Iván Espinosa de los Monteros, que justifica la dictadura y el golpe de
Estado de 1936. ¿Qué entendemos por debate? ¿Alguien debatiría de
manera seria con un negacionista del Holocausto o con un terraplanista? Quizás
deberíamos reflexionar qué es un intercambio de opiniones y
argumentos de forma respetuosa y rigurosa entre gente especialista, que sabe de
lo que habla y aporta algo. ¿Se imaginan un debate científico riguroso entre un
médico reputado, un científico que investiga sobre una vacuna y un
tertuliano antivacunas? ¿O entre un experto en cambio climático y un
negacionista del mismo?
Todas estas
cuestiones nos dan idea de lo tramposo del debate que han planteado
Pérez-Reverte y Vigorra con el patrocinio de la Fundación Caja Sol. Se dan por
válidas muchas premisas de la historiografía neofranquista, mal llamada
revisionista, que son planteamientos de la dictadura remozados con tintes de
modernidad. También hay conferencias más serias con títulos más científicos
como: “Final de la guerra: fue una paz o una victoria”, a cargo de Julián
Casanova, o “¿Fue la Guerra Civil una contienda internacional en suelo
español?”, de Enrique Moradiellos, aparte de la mesa redonda “El cine y la
Guerra Civil española”, con Alejandro Amenábar, Juan Echanove, Sergio
Vila-Sanjuán y Pilar Martínez-Vasseur. A mí me gusta ser justa y rigurosa.
En otra nota
de prensa de la organización hace dos días, difundida en redes, afirmaron que
los profesionales de la historiografía y demás ponentes que mantenían su
asistencia debatirían sobre la inevitabilidad de la guerra. ¡Cáspita!
Ahora resulta además que la guerra era inevitable, no lo sabía. Pero es la
lógica siguiente tras afirmar que la República naufragó. Maniqueísmo y
presupuestos franquistas de manual. Otra cuestión interesante sería saber
en calidad de qué van los políticos: de sus cargos y responsabilidades, como
ciudadanos que van a dar su opinión pero que no son anónimos, o sólo para dar
caché al evento que financia la Fundación Caja Sol y para que sus declaraciones
salgan en un canutazo en los telediarios y en una foto en la prensa escrita con
el logo detrás de los participantes y así obtenga el patrocinador una
publicidad encubierta. Sólo faltaría la financiación de la Fundación Juan March
y del periódico ABC,
que tanto hicieron por el golpe de Estado.
Yo creo que es
muy loable y necesario ir a actos de diferente entidad a difundir tus
investigaciones, así como debatir con gente que no piensa como tú, pero no con
las cartas marcadas y el árbitro comprado. Los marcos de este evento son
completamente tramposos y en un tiempo de avance de la ultraderecha conviene
no callarse, por supuesto, sólo faltaba. Pero tampoco deberíamos entrar al
trapo en un evento organizado por escritores que no son especialistas en el
tema, financiado por un banco y donde van políticos de derecha y ultraderecha
que blanquean la dictadura franquista y justifican el golpe de Estado. Es
mi opinión desde una postura sosegada y respetuosa que pretende contribuir al
debate con planteamientos serios y científicos.
Léase también: La turra que todos perdimos, por David Torres
INFOLIBRE DdA, XXII/6248
viernes, 30 de enero de 2026
LAS DOS RELIGIONES DEL DOCTOR ESQUERDO: LA CIENCIA Y LA REPÚBLICA
El 30 de enero de 1912 murió José María Esquerdo, psiquiatra y político republicano, que como médico, se interesó especialmente por la asistencia a los enfermos mentales y los problemas jurídicos que plantean, siendo el introductor en España de la neuropsiquiatría y la terapia ocupacional.
Nacido en 1842 en la localidad alicantina de Villajoyosa, era el menor de ocho hermanos y quedó huérfano de padre antes de nacer, por lo que fue un hijo póstumo. Fue recogido y educado por un agustino hermano de su madre, que era el único apoyo de la familia. José María se benefició de la gran curiosidad y virtudes pedagógicas de su tío, quien pensaba dirigirlo hacia la carrera eclesiástica.
Cursó tres años en el seminario conciliar de Valencia, pero le faltaba vocación, así que salió e hizo el bachillerato en Valencia, donde se costeó los estudios trabajando para un notario como copista. Después comenzó la carrera de Medicina en Valencia, pero se trasladó a Madrid en 1859 y allí los terminó, doctorándose en 1865. Durante sus estudios, fue influido por Pedro Mata Fontanet, quien le transmitió el interés por la psiquiatría y por los problema jurídicos planteados por los enfermos mentales. Sus notas eran excelentes, y también su popularidad: participó en la Sociedad de Amigos del Estudio y ocupó el cargo de representante de los alumnos en los conflictos universitarios. Fundó y dirigió además un periódico, El Confidente de las Ciencias Médicas, que fue clausurado por el gobernador civil a causa de su irreverencia política. Tras extenderse una epidemia de cólera morbo, el doctor Esquerdo participó en su asistencia no solo como médico, sino como enfermero y camillero. Después ingresó en la Beneficencia Provincial de Madrid por oposición.
En el año revolucionario de 1868, obtuvo plaza de cirujano en el Hospital Provincial de Madrid, donde permaneció hasta 1900. Además empezó a dar clases de asistencia voluntaria en la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid, donde se encargó del "curso libre" de Patología General y Enfermedades Mentales (1868-1877); siendo la asistencia voluntaria, tuvo sin embargo que dividir su grupo en dos a causa de la excesiva concurrencia. No aceptó la propuesta de su amigo, el republicano Manuel Ruiz Zorrilla, ministro de Fomento tras la revolución de 1868, para nombrarlo catedrático oficial. Formó parte también de la organización de la «Escuela Teórico-Práctica de Medicina y Cirugía» de la Beneficencia Provincial de Madrid, donde enseñaría la especialidad de psiquiatría. Igualmente, colaboró en la «Escuela Práctica Libre de Medicina y Cirugía» situada en el Museo Antropológico de Madrid, donde impartió una serie de lecciones publicadas en 1878 con el título de Conferencias sobre las enfermedades mentales.
Introdujo en España la neuropsiquiatría y la terapia ocupacional. En 1877 fundó un famoso sanatorio mental, el Sanatorio Esquerdo, emplazado en Carabanchel, notable por el teatro en que los internos y los cuidadores representaban obras dramáticas y donde eliminó el tratamiento coercitivo extremo de los sanatorios de la época, sustituyéndolo por una asistencia a cargo de médicos y enfermeros adecuadamente instruidos. Esquerdo siente lástima por el perturbado y quiere redimirle pues piensa que el imbécil sin la debida asistencia es un criminal en potencia. También investiga el estrés ocasionado por el fuerte ritmo de la vida urbana y las grandes aglomeraciones de ciudadanos.
Miembro del Partido Republicano Progresista fundado por Ruiz Zorrilla y Salmerón, fue elegido concejal (1891) y diputado por Madrid (1893). A finales de la década de 1880, se convirtió en representante general de Manuel Ruiz Zorrilla, líder de la agrupación republicana progresista, en España. Acumuló, desde entonces, cargos dentro de la agrupación, convirtiéndose en uno de sus más activos propagandistas. Tras la muerte de Ruiz Zorrilla, en junio de 1895, ofrecieron al doctor Esquerdo la jefatura del partido, ya que se le consideraba el sucesor natural de su antiguo líder. Sus propuestas enfatizaron la tendencia revolucionaria del republicanismo, que se proponía derribar las instituciones monárquicas mediante medios insurreccionales. Esas posiciones fueron defendidas por el nuevo órgano de prensa del partido, El Progreso, impulsado económicamente por Esquerdo y dirigido por Lerroux. En 1897 fundó, junto con otros destacados políticos, la Unión Republicana Nacional. En 1901, sin embargo, renunció a la jefatura del Partido Republicano Progresista. La Junta de su agrupación apostaba por la participación electoral, mientras que él defendía el retraimiento: "Fundo dicha renuncia -escribió- en la discordancia existente entre la mayoría de la citada Junta y el que suscribe, aquélla partidaria de la lucha electoral de Diputados a Cortes, que en este momento ha terminado, y un servidor, partidario de la abstención, por considerar impolítica nuestra presencia en las cortes destinadas a proclamar la mayoría de edad de Alfonso XIII".
Su renuncia no fue aceptada, pero desde entonces la agrupación quedó en una situación casi de letargo, al integrarse la mayor parte de sus miembros en la Unión Republicana. Desde esos momentos, las apariciones públicas de Esquerdo fueron menos frecuentes.
En 1910 volvió al frente del progresismo a la primera línea política. Fue elegido de nuevo diputado por Madrid dentro de una coalición de republicanos y socialistas, junto con Pablo Iglesias y Benito Pérez Galdós. Murió en su casa de Madrid, en el número 29 de la calle Serrano y enterrado en la Sacramental de San Lorenzo y San José, en Carabanchel Bajo.
Los testimonios sobre el doctor y su gran ojo clínico son numerosos: “Esquerdo trajo a la psiquiatría española la intuición mediterránea, que adivina lo que todavía no se puede saber, y el primer gesto de liberación del loco, infundiéndole en su asistencia aquel hermoso y cándido espíritu de generosidad liberal y laica” (Marañón, 1973. 136 – 137). También circulaba una coplilla que dice: Fue Esquerdo el mejor doctor / en locura, y muy humano. / Fue también gran orador, / gran líder batallador / del credo republicano. Galdós lo llama en su necrología "apóstol y caudillo de dos religiones: la ciencia y la república". Francisco Giner de los Ríos destaca “su condición de antimilitarista y anticlerical, por el riesgo de que esas dos instituciones sojuzguen el poder civil".
RUEDO IBÉRICO
LA SENADORA FUNDADORA DE "LATINAS POR TRUMP", CONTRA TRUMP
La senadora estatal republicana Ileana García, quien fuera una de las aliadas más reconocidas de Donald Trump en Florida y una de las fundadoras de la organización nacional «Latinas por Trump», ruega detener las redadas emprendidas por el ICE y alega sufrir acoso, bajo el temor de ser detenida junto a sus hijos.
Asimismo, lanzó una dura advertencia a su propio partido: la actual ofensiva migratoria de la administración no solo es «inhumana», sino que conducirá al Partido Republicano a una derrota estrepitosa en las elecciones intermedias de este año. Lo que comenzó como un apoyo total a las políticas de seguridad fronteriza en 2016 se ha transformado en una decepción profunda.
Para García, de 56 años, la situación ha cruzado una línea personal y ética. La senadora relató cómo el clima de vigilancia ha llegado a afectarla directamente, mencionando un incidente en el aeropuerto de Tallahassee donde un agente de la TSA, al escucharla hablar en español, cuestionó su ciudadanía a pesar de haber nacido en Miami.
«Esto ha ido demasiado lejos», afirmó García en entrevista, expresando por primera vez el temor de que su propio hijo, un joven adulto, pueda ser detenido por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) debido a su apariencia hispana.
García apunta directamente a Stephen Miller, asesor de seguridad nacional y artífice de la política migratoria, como el responsable de tácticas que califica de extremas, como sacar a personas de sus vehículos o intentar deportar a niños de hogares de acogida. «Creo que [Trump] perderá las elecciones intermedias por culpa de Stephen Miller», sentenció.
La tensión alcanzó su punto máximo tras la muerte de Alex Pretti, un enfermero de 37 años tiroteado por la Patrulla Fronteriza durante una protesta en Minneapolis el pasado sábado. Mientras la Casa Blanca intentó tildar al fallecido de "terrorista doméstico" y culpó a los líderes demócratas por la "resistencia hostil", García calificó el suceso de «abominable».
DdA, XX/6246
7291: UN EPISODIO DE INHUMANIDAD QUE INEXPLICABLEMNTE SIGUE IMPUNE
La mayor debilidad de Ayuso la devuelve recurrentemente a los meses de marzo, abril y mayo de 2020, el tiempo en el que se concibieron y ejecutaron aquellos “protocolos de la vergüenza” que supusieron una intolerable denegación discriminatoria de asistencia sanitaria y un acto de inhumanidad que hasta la fecha sigue inexplicablemente impune. Por eso, cada vez que el tema resurge, la Presidenta madrileña aumenta su agresividad: “La misma mierda” o, en el día de ayer, “la izquierda frustrada” son algunas de las expresiones con las que Ayuso despacha las reivindicaciones y el dolor de las familias de los muertos en las residencias. No es solo falta de empatía o maldad, es una estrategia de comunicación que persigue una finalidad muy concreta: desviar la atención.
Noelia Adánez
Ayuso está revuelta. La sombra de los “protocolos de la
vergüenza” y de las 7291 víctimas en las residencias que murieron sin ningún
tipo de asistencia médica, persigue a la Presidenta seis años después. Las
declaraciones de uno de los altos cargos de su gobierno de entonces, Carlos Mur
(exdirector general de Coordinación Sociosanitaria del Servicio Madrileño de
Salud), el pasado día 26, apuntan a la Consejería de Sanidad, es decir, a la
entonces viceconsejera de Sanidad, Ana Dávila, como destinataria de los
protocolos, y al exconsejero Enrique Ruiz Escudero, quién concibió la figura de
los geriatras de enlace. Las
declaraciones de Mur y las contradicciones con las de Javier Martínez Peromingo
(el geriatra que presuntamente ideó los protocolos y que terminó por sustituir
a Mur desde mayo de 2020) suponen un tironcito de la manta, así
que es normal que la Presidenta madrileña, que siempre tiene muy cubiertas las
espaldas, se sienta ligeramente expuesta.
Ni Avalmadrid, ni las comisiones de su hermano, ni el fraude
fiscal de su pareja, ni sus negocios con Quirón, ni sus mentiras manifiestas,
ni las muy elaboradas operaciones de intoxicación y desinformación orquestadas
por su jefe de Gabinete. La mayor debilidad de Ayuso la devuelve
recurrentemente a los meses de marzo, abril y mayo de 2020, el momento más
complicado de la pandemia y el tiempo en el que se concibieron y ejecutaron
aquellos “protocolos de la vergüenza” que supusieron una intolerable denegación
discriminatoria de asistencia sanitaria y un acto de inhumanidad que hasta la
fecha sigue inexplicablemente impune.
Por eso, cada vez que el tema resurge, la Presidenta
madrileña aumenta su agresividad: “La misma mierda” o, en el día de ayer, “la
izquierda frustrada” son algunas de las expresiones con las que Ayuso despacha
las reivindicaciones y el dolor de las familias de los muertos en las
residencias. No es solo falta de empatía o maldad, es una estrategia de
comunicación que persigue una finalidad muy concreta: desviar la
atención.
No hablemos de los muertos, hablemos de ella que es la
víctima verdadera, la protagonista de una historia que no es la que los demás
cuentan, es "su" historia, la que a golpe de recursos extraídos del
erario público se cuenta todos los días en periódicos y programas de televisión
afines, la historia que destaca sus outfits, su chulería y el carácter
providencial de sus políticas. La historia de cómo Ayuso trajo a Madrid la
libertad.
Periódicos y programas en los que nunca se pregunta por la
asfixia financiera de las universidades públicas, ni por las becas que el
gobierno de Madrid destina a los alumnos de la concertada, ni por el
fraccionamiento de contratos y facturas en centros de formación profesional, ni
por los recortes en la ley trans, ni por las listas de médicos objetores del
derecho al aborto que Ayuso se niega a entregar, ni por el hecho de que Madrid
sea la única autonomía que carece de una ley de igualdad y una de las varias
gobernadas por la derecha que rehúsa aplicar los beneficios de la ley estatal
de vivienda, ni por una de las cada tres becas comedor que el año pasado el
gobierno de Ayuso se negó a dar, ni por su novio el comisionista ni por el
dúplex que comparten en Chamberí, ni por el Zendal y sus sobrecostes
millonarios, ni por Quirón, ni por las practicas antidemocráticas en la
asamblea que controla con el rodillo de su mayoría, ni por supuesto, por los
muertos en las residencias.
Es imposible no recordar aquel retrato de una doliente Isabel
Díaz Ayuso en la portada de El Mundo el 10 de mayo del año 2020. La
Presidenta aparecía con el gesto ensombrecido por la tristeza. Al lado de su
rostro, el entrecomillado: “Hay que dar el primer paso. Cada semana un negocio
cierra”. No engañaba a nadie. Lo que le apenaba no eran las víctimas, eran los
negocios. Pura coherencia.
En la estrategia comunicativa de Ayuso de estos días, las
víctimas que importan no son las de las residencias, aquellas ante las que
tendría que rendir cuentas, son las de Adamuz, a quienes ha dedicado una misa
intentando contraprogramar el acto institucional de Huelva.
La Presidenta tiene aliados muy poderosos y los recursos de
una comunidad autónoma, la madrileña, que alberga la capitalidad, con todas las
implicaciones que esto tiene, a efectos de poder tanto simbólico como material.
La bicefalia tradicional en el PP, entre un líder de partido estatal y una
lideresa que le disputa protagonismo, es una constante en la historia de la
formación de derechas desde hace más de dos décadas. Antes de Isabel Natividad
Díaz Ayuso, fue su mentora, Esperanza Fuencisla Aguirre, cuyo formidable legado
de “ranas” y “golfadas”, Púnicas y Lezos tiene como
corolario una expresidenta dimitida y dos que han pasado por la cárcel. Y eso
es solo el corolario, porque la lista de condenados es de récord. Respecto
de su legado ideológico, además de haber amadrinado a Ayuso, hizo lo propio con
Santiago Abascal, de manera que nadie puede cuestionarle su papel de faro de la
ultraderecha.
La novedad, en la etapa Feijóo, es que Ayuso se impone
siempre al líder nacional, en parte porque de algún modo el gallego le debe a
ella su posición y en parte porque Ayuso representa a la ultraderecha, un área
del espectro ideológico que tiene mucho tirón. Feijóo tendría que decidir
si su apoyo moral, ideológico y electoral está sobre todo en Madrid o si se ve
capaz de armar una oposición de implantación estatal sin renunciar a la
institucionalidad. Porque con su respaldo a Ayuso en la gestión de las residencias
o a Mazón en la de la Dana, de momento ya ha renunciado a la decencia.
PÚBLICO DdA, XXII/6246
PEP GUARDIOLA Y LA SOLIDARIDAD DEL FÚTBOL ESPAÑOL CON PALESTINA
Lazarillo
Me habría gustado que lo que ocurrió ayer en el Palau Sant Jordi de Barcelona, con el concierto/manifiesto solidario por Palestina, hubiese ocurrido en Madrid y que, como en Barcelona, alguna personalidad deportiva destacada como la de Pep Guardiola, futbolista del Barcelona y de la selección española durante muchos años, y entrenador hoy del Manchester City, tuviera palabras de amor y abrazo para el masacrado pueblo palestino. Que haya sido Guardiola quien abriera ayer el concierto, una persona destacada vinculada al mundo del fútbol, hace que se eche aún más de menos la falta de compromisos públicos con aquel pueblo sufriente en el fútbol español. En la Liga española sólo el Athletic de Bilbao ha sido el club que expresó su solidaridad con Palestina. Mientras discurrían las competiciones en nuestros estadios, en el transcurso de más de dos años, el asesinato de miles de niños y niñas en la Franja de Gaza apenas se hizo notar entre cientos de miles de espectadores. Escuchando las palabras en catalán de Pep ayer en el Palau Sant Jordi, abogando por "no mirar hacia otro lado", eché de menos esas mismas palabras en castellano en cualquiera de nuestros futbolistas históricos en un evento similar. "Mi madre y mi padre me hicieron una buena persona", recordó Guardiola hace poco. No lo ha olvidado. "No soy neutral, soy palestino", dijo, decimos.
DdA, XXII/6246
NO SE PUEDE CONSENTIR QUE UN GRUPO DE ULTRAS SILENCIE UN PROGRAMA DE RADIO
Félix Población
Vi o escuché bastantes veces Hora Veintipico, el programa de Héctor de Miguel en la SER. Se trata de un breve espacio satírico sobre la información política de cada día, algo que, por la propia y precaria política cotidiana española, es tan saludable como necesario.
Siendo emitido por la SER, teniendo el programa una clara orientación progresista y abominando el presentador de la extrema derecha y el integrismo católico, era de prever que le iban a llover a Hora Veintipico y a Héctor de Miguel todo lo que le ha llovido desde los aludidos sectores. Máxime si se considera que, a medida que pasa el tiempo, esos sectores ganan un protagonismo político cada vez más airado, como demuestra el efecto de la parodia que Héctor hizo de Nacho Abad por su carroñera perspectiva informativa del accidente ferroviario de Adamuz en un canal de televisión.
Se ha llegado así hasta los días de la fecha, en los que, sin que la extrema derecha esté en el consejo de ministros y gracias a la impunidad con la que actúa en la calle, ha logrado acabar con el programa de Héctor de Miguel. Unos tipos de esa misma extrema derecha, merced al acoso con el que iban a intimidar a los integrantes del show de Hora Veintipico en un teatro de Móstoles, han conseguido acallar la libertad de expresión ejercida desde un programa de la emisora con más escucha del país.
¿Dónde estaban los agentes del ministro Marlaska, tan efectivos en disolver a ecologistas a la puerta del Congreso, para proteger a los integrantes de Hora Veintipico de un acoso violento que iba a impedirles la realización de su trabajo? ¿Es que de aquí en adelante bastará con que un grupúsculo de agitadores ultramontanos puedan prohibir con su presencia intimidatoria el ejercicio de un derecho constitucional?
Que Hora Veintipico haya dejado de emitirse por decisión del propio Héctor de Miguel, ante la gravedad de las persecuciones a que está siendo sometido desde que presenta su programa, es un fracaso de la vigente democracia española. Responsable del mismo en buena medida es el ministerio del señor Marlaska, incapaz de actuar como corresponde frente a las algaradas en la calle de la extrema derecha y también frente a coacciones y acosos anunciados como el que iba a sufrir Héctor y sus colaboradores en un teatro madrileño.
Porque la libertad de expresión, en una democracia digna, no debe presuponer ningún riesgo para quienes la ejercen. El riesgo lo deben correr quienes tratan de impedir ese derecho con intimidaciones y acosos. En la victoria de los unos y en la derrota de los otros radica la estabilidad y credibilidad democráticas.
Unos cuantos ultras, intimidando y amenazando a Héctor de Miguel y a sus compañeros, han logrado cerrar un programa de radio en la emisora más escuchada de España. No han necesitado que su partido estuviera para ello en el Gobierno.
DdA, XXII/6246
LA LAICIDAD DEL ESTADO ES UN GARANTÍA DE RESPETO A TODAS LAS PERSONAS
Hubo funerales de Estado por las víctimas de la DANA hace poco más un año, pero esta vez, en Huelva -con réplica en Madrid-, hubo o habrá funerales de rito católico por parida doble, como en plena dictadura. Laura Limón hace constar que vivimos en territorios diversos, diversos en creencias, en identidades, en orígenes, en maneras de entender la vida y la muerte. No vivimos en la España de la dictadura, aunque algunas decisiones y actitudes parezcan empeñadas en devolvernos a ella. Un acto institucional de despedida no puede ni debe invisibilizar a quienes no se sienten representadas por un rito religioso concreto. La laicidad del Estado no es una amenaza: es una garantía de respeto para todas las personas. El aplazamiento de un homenaje de Estado laico —con representación de todas las instituciones del Estado, de la comunidad autónoma de Andalucía y de la sociedad onubense— para mantener exclusivamente un funeral religioso católico no es un hecho menor ni neutro, escribe la articulista. El dolor no debería ser nunca un instrumento político. La memoria de las víctimas merece dignidad, pluralidad y respeto. Y nuestra sociedad, que es diversa y plural, merece instituciones que estén a la altura de esa realidad y no de intereses partidistas ni de nostalgias del pasado.
Laura Limón Limón/ Docente, delegada sindical de enseñanza de CGT y onubense.
Antes de entrar en el fondo de este
artículo, y aunque no sea su eje central, considero necesario dejar clara la
postura del sindicato al que pertenezco respecto al modelo ferroviario actual. Desde nuestro sindicato
defendemos sin ambigüedades el ferrocarril como servicio público esencial y
como pilar de una movilidad sostenible, accesible y socialmente justa.
Apostamos por el uso del tren como medio de transporte colectivo, pero no por
un modelo liberalizado en el que la gestión pública de la infraestructura
convive con la explotación privada de la misma.
La privatización del servicio ferroviario diluye responsabilidades y antepone el beneficio económico a la seguridad y al interés general. Desde estas líneas queremos trasladar un mensaje claro al Gobierno central: es urgente repensar el modelo actual y avanzar hacia una renacionalización del ferrocarril, como ya se está haciendo en países como el Reino Unido, devolviendo al sector público el control pleno de un servicio que nunca debió dejar de serlo.
Escribo estas líneas como docente y como delegada sindical de un sindicato de enseñanza, pero sobre todo como onubense que, junto a muchas otras personas de esta tierra, siente un profundo malestar ante la forma en que el Ayuntamiento de Huelva y el Partido Popular han gestionado y manipulado el dolor causado por el trágico accidente de tren en Adamuz.
Lo primero y más importante: mi
máximo respeto a las víctimas, a sus familias y a sus seres queridos. Mi pésame
sincero y profundo, y todo mi apoyo y deseo de pronta recuperación para las
personas que aún permanecen hospitalizadas o convalecientes. Nada de lo que
aquí se expresa pretende empañar su memoria ni su duelo. Precisamente por
respeto a ellas y ellos nace este artículo.
Resulta doloroso comprobar cómo, en
un momento que exigía estar a la altura de las circunstancias, con sensibilidad
y unidad desde el respeto a la diversidad, se ha optado por una vía que
excluye. El aplazamiento de un homenaje de Estado laico —con representación de
todas las instituciones del Estado, de la comunidad autónoma de Andalucía y de
la sociedad onubense— para mantener exclusivamente un funeral religioso
católico no es un hecho menor ni neutro. Es una decisión política,
profundamente ideológica, que no representa a la pluralidad real de nuestra
sociedad.
Especialmente preocupantes han sido
las declaraciones torticeras de un portavoz del Partido Popular afirmando que
el Gobierno de España no debía estar presente. ¿Desde cuándo el dolor colectivo
se jerarquiza según intereses partidistas? ¿Desde cuándo se decide quién puede
o no acompañar institucionalmente a las víctimas en función de cálculos
políticos?
Huelva, Andalucía y el conjunto del
Estado son hoy territorios diversos. Diversos en creencias, en identidades, en
orígenes, en maneras de entender la vida y también la muerte. No vivimos en la
España de la dictadura, aunque algunas decisiones y actitudes parezcan
empeñadas en devolvernos a ella. Un acto institucional de despedida no puede ni
debe invisibilizar a quienes no se sienten representadas por un rito religioso
concreto. La laicidad del Estado no es una amenaza: es una garantía de respeto
para todas las personas.
Como docente, no puedo evitar señalar
una contradicción que resulta especialmente hiriente. Las mismas personas que
desde el Gobierno de Andalucía y desde determinadas instituciones se llenan la
boca hablando de inclusión y diversidad en las aulas son quienes, cuando llega
el momento de demostrar esos valores en la práctica, cierran las puertas a
quienes no encajan en un modelo único: personas no blancas, no españolas, no
católicas. El mensaje que se lanza es devastador, también para nuestro
alumnado: la diversidad se celebra en los discursos, pero se ignora cuando
incomoda.
La alcaldesa de Huelva, que se supone
representa a toda la sociedad onubense y no solo a una parte de ella, ha jugado
un papel clave en esta manipulación del dolor colectivo. Gobernar implica
asumir responsabilidades éticas, especialmente en momentos de tragedia.
Utilizar el sufrimiento para hacer política partidista es una falta de respeto
no solo a las víctimas, sino al conjunto de la ciudadanía.
Tampoco puede obviarse la falta de sensibilidad institucional que supone que la Jefatura del Estado, los reyes, acepten participar en un acto exclusivamente católico sin atender a la diversidad de la sociedad a la que representan. La neutralidad y el respeto a todas las conciencias deberían ser pilares básicos de cualquier representación institucional en un Estado que se define como aconfesional.
Muchas personas —y muy especialmente muchas personas onubenses— sentimos enfado, tristeza e indignación. No por la existencia de un funeral religioso, legítimo para quien así lo desee, sino porque se haya impuesto como único marco de despedida institucional, cancelando un homenaje laico que habría permitido a todas las personas sentirse incluidas y respetadas.
El dolor no debería ser nunca un
instrumento político. La memoria de las víctimas merece dignidad, pluralidad y
respeto. Y nuestra sociedad, que es diversa y plural, merece instituciones que
estén a la altura de esa realidad y no de intereses partidistas ni de
nostalgias del pasado.
Ojalá este doloroso episodio sirva al
menos para abrir una reflexión profunda sobre qué valores defendemos como
comunidad y qué ejemplo queremos dar, también a quienes educamos cada día en
nuestras aulas.
CTXT DdA, XXII/6246
jueves, 29 de enero de 2026
BARBÓN DEBE DEFENDER LA DIGNIDAD DE ASTURIAS QUE SU ARZOBISPO VULNERA
Los obispos de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla, y de Oviedo/Uviéu, Jesús Sanz, han criticado el real decreto aprobado este martes para la regularización de personas migrantes, una decisión “populista y demagógica” que utiliza “como moneda de cambio” a los inmigrantes. Ambos prelados se han pronunciado en sus perfiles de la red social X desoyendo las palabras del presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello, quien tras conocer la decisión del Gobierno aseguró que esta regularización supone “un reconocimiento de la dignidad humana”, aunque afirmó que “quizás” se hacía ahora “porque hay un momento de oportunidad política que lo favorezca”.
CON FRANCO NO ÉRAMOS RACISTAS
Hoy se han regularizado 500.000 migrantes: personas que llevan años trabajando a nuestro lado, sin derechos, invisibles, sosteniendo sectores enteros sin reconocimiento alguno. A partir de ahora seguirán trabajando, cotizando a la Seguridad Social, pagando impuestos y formando parte, por fin, de un marco legal digno. Todos los partidos —salvo los de siempre— estaban de acuerdo. Sin embargo, como el racismo y la xenofobia siguen dando réditos electorales, una vez más, el hombre de paja de la reina de la charca, ha decidido sumarse a la campaña de odio, repitiendo el mismo guion de la extrema derecha, y luego dice que no es presidente porque no quiere....
Paco Arenas*









