viernes, 4 de septiembre de 2026

CEUTA COMO SI DE UN ÁTICO DE SEIS KILOS SE TRATASE

Si hay españoles de bien es que hay españoles de mal y de esas malas lenguas surgió en las últimas horas la idea de que el PP en particular y la derecha en general estarían usando una crisis humanitaria para sus cositas políticas. No hagan caso, se trata de un bulo. Y es que en el PP, especialmente el madrileño, no se quiere a Ceuta, se la ama. Con pasión. Como si de un ático de seis kilos se tratase. 


Gerardo Tecé

Entre la Plaza de la Cibeles de Madrid y la playa del Tarajal de Ceuta hay unos 525 kilómetros en línea recta. Un espacio exterior amplio, que diría Ayuso. Allí donde el Real Madrid celebra sus títulos, el Ayuntamiento del PP, movido por una genuina preocupación por el pueblo ceutí, convocó a miles de españoles de bien, como los definió un miembro del partido de bien. Si hay españoles de bien es que hay españoles de mal y de esas malas lenguas surgió en las últimas horas la idea de que el PP en particular y la derecha en general estarían usando una crisis humanitaria para sus cositas políticas. No hagan caso, se trata de un bulo. Y es que en el PP, especialmente el madrileño, no se quiere a Ceuta, se la ama. Con pasión. Como si de un ático de seis kilos se tratase. 

Donde hay pasión hay locura, y esa locura ha llevado a un conflicto intenso a costa de un pequeño matiz legal en torno a la convocatoria. Tras anunciar el Ayuntamiento de Martínez Almeida la manifestación en apoyo a Ceuta y ponerlo en conocimiento de la Delegación del Gobierno en Madrid, esta respondió que no era necesario, como sucede en otro tipo de manifestaciones, ya que, al estar organizada por una institución pública como el ayuntamiento, se considera un acto institucional. Dicho en castellano: no hace falta que aviséis de la manifestación, podéis organizar lo que os salga de las narices, no sois un particular o asociación que se sirve del derecho de reunión para convocar una manifestación. Lo que parecía fácil se complicó bastante.

¿Cómo que no es una manifestación? El Gobierno quiere prohibir las manifestaciones en apoyo a Ceuta, titularon de repente los mismos diarios madrileños que reciben suculentos ingresos publicitarios de la Comunidad de Madrid para que velen por el bien del pueblo ceutí. Es una más del dictador Pedro Sánchez, exclamaron en el PP, y muchos ciudadanos de bien se preguntaron hasta dónde va a llegar este hombre. Horas más tarde –hay que ser pardillo para no saber que un español de bien reacciona en microsegundos–, desde la Delegación del Gobierno en Madrid sacaron un comunicado desmintiendo lo de la prohibición. Ni vamos a prohibir manifestaciones, ni podemos, ni queremos, y mucho menos actos institucionales como el de Cibeles convocado por el Ayuntamiento, para el que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado ya están listas y organizando que el acto se celebre con normalidad. Ahora sí, más claro el agua, pensó el delegado del Gobierno en Madrid. “No tiene narices de mandarnos a los antidisturbios”, publicó Isabel Díaz Ayuso un mensaje en Twitter junto a la foto del delegado, un señor calvito con gafas que ya no sabía qué marionetas utilizar para explicarse.

Se nota que Sánchez tiene miedo, dijo Feijóo al ser preguntado por la polémica jugándosela frente a un régimen dictatorial, como definen al gobierno de España desde el PP madrileño. Por la gente de Ceuta, se arriesga uno a lo que haga falta, qué ático ni ático. Ojalá una manifestación, acto institucional o como lo quieran llamar, que reclame al gobierno que a los inmigrantes utilizados por el dictador marroquí les sean cubiertas sus necesidades básicas para que las calles de Ceuta recuperen la normalidad. Visto el panorama no tendría demasiado tirón. No tuvo suficiente Ceuta con lo de julio y agosto como para soportar la invasión de pirómanos en septiembre.

CTXT  DdA, XXII/6454

¿QUIÉNES TENDIERON LA TRAMPA A PEDRO SÁNCHEZ EN CEUTA?

Félix Población

Dejando aparte que la gestión llevada a cabo por el gobierno de coalición sobre el conflicto planteado en Ceuta ha sido a lo largo de este pasado mes insatisfactoria, como si se hubiera tomado como una molesta incidencia en tiempo vacacional que no requiriese una pronta toma de decisiones propias de un grave asunto de Estado, es de reconocer que el presidente Sánchez Pérez-Castejón planteó ayer a la oposición la pregunta con la que se habría debido responder al Partido Popular y Vox desde el comienzo del conflicto. Si la derecha extrema, actuando como siempre con el único afán de atacar y hacer caer al gobierno de coalición, sin considerar lo que se está jugando el país en esta cuestión, no ha dejado de criticar la gestión del gobierno con infundios y declaraciones impropias de una política de Estado, Sánchez debería haberle preguntado a sus líderes desde el minuto uno en qué hubiera diferido la gestión si la derecha extrema hubiese ocupado el gobierno. ¿Acaso en que la Guardia Civil y la Policía Nacional disparasen sobre miles de jóvenes y menores desahuciados de futuro en sus respectivos países?. (No olvidemos las muertes de 15 migrantes por ahogamiento en la playa ceutí del Tarajal al disparar la Guardia Civil balas de goma durante uno de los gobiernos de Mariano Rajoy).  Aquí lo que hay que aclarar, y el gobierno no lo está haciendo, es la permisividad a todas luces verosímil de las autoridades marroquíes para que se presentara en la frontera ceutí una avalancha migratoria insólita por su magnitud, con 140 personas fallecidas por ahogamiento, y que recuerda, por su ejecutoria, la de aquella marcha verde, esta sí organizada entonces por el gobierno marroquí para ocupar el Sahara. Aquello le salió bien a Marruecos. Esto no debería salirle igual. Se imponen unas relaciones diplomáticas menos chantajistas y acomodadas a sus intereses de las que se están teniendo hasta ahora. Al respaldo con el Marruecos cuenta por parte de Trump y Netanyahu, debería la Unión Europea oponer el que le corresponde con su frontera sur en España. Actitudes como las de Italia y Dinamarca son, en este sentido, deplorables. 

*La portada del diario francés tituló con acierto en su día: Ceuta, una trampa tendida a Pedro Sánchez. Lo que hay que tratar de saber es la autoría de quienes la tendieron. La posible respuesta habría que encontrarla entre quienes se muestran disconformes con la política exterior de nuestro presidente.

DdA, XXII/6454

MINITUTORIAL DESDE LA HABANA PARA FRENAR LA BRUTOCRACIA



Raulito Torres Candil/desde La Habana 

Mira ecobio, el siglo XXI se presentó con la sonrisa de un mundo que iba a unirse, con mercados que te tendían la mano y democracias de brillo. Pero el tiempo, que es el mejor desenmascarador, nos mostró la verdad del tinglado: eso no era un orden nuevo, era una mutación del mismo bicho, y el bicho ahora es una bestia que ya ni se disfraza. Lo que llaman Brutocracia no es otra cosa que el capitalismo en su fase más perra, donde la crueldad no es un accidente ni un exceso, sino el método de gobierno. Y te lo digo con la lengua afuera: el imperio se quitó la corbata, se puso el uniforme del algoritmo, y te domestica con un dedo en el scroll mientras te vacía los bolsillos con el otro.
Por dentro, la democracia se pudrió como fruta en el piso. Los dos partidos son la misma banda de buitres que se reparten el botín mientras el pueblo se desangra en una guerra civil de redes, raza contra raza, género contra género, vecino contra vecino. Y las pantallas, mi socio, las pantallas son el nuevo opio: te hipnotizan con memes y videítos de gatitos mientras te roban el tiempo y la memoria, y un pueblo sin memoria no puede saber quién es el enemigo. Es el totalitarismo invertido que decía un viejo cerebro: no necesitan quemar libros, solo que nadie tenga tiempo de leerlos. Mientras tanto, la Reserva Federal imprime billones para los fondos buitre, y el ciudadano se traga la píldora del espectáculo, creyendo que ser rico es mejor que ser libre.
Por fuera, el asedio es una necropolítica de manual. Cuba lleva más de sesenta años bajo el bloqueo genocida, con 240 medidas más en la era Trump-Biden, un castigo colectivo para doblegar a un pueblo que se atrevió a decir no. Venezuela sufre el robo descarado de su oro y de su petróleo, y Palestina es el laboratorio perfecto: una prisión a cielo abierto donde dos millones de personas son bombardeadas con drones de última generación mientras el imperio veta resoluciones y llama “antisemita” al que señala la evidencia. No es defensa, es limpieza étnica con traje de diplomacia. Y no solo ellos: Nicaragua, Irán, Corea, todos en la misma lista de condenados por resistir. El patrón es idéntico: sanciones, medios mercenarios, golpes blandos y, si falla, la bomba.
Pero no hay fatalidad, compay, y eso lo canto con la guitarra bien templada. El imperio parece invencible, pero está carcomido por dentro: deuda impagable, cohesión social rota, un ejército que no gana una guerra desde 1945 y una cultura que fabrica zombis en vez de ciudadanos. La resistencia vive en los márgenes: en las fábricas recuperadas, en los campos de olivos, en las escuelas cubanas, en las comunas venezolanas. La primera tarea es apagar la pantalla, mirar a los ojos del vecino, recuperar la palabra y la asamblea. La segunda es nombrar al enemigo sin miedo: imperialismo yanqui, neofascismo algorítmico, Brutocracia. Y la tercera es construir soberanía: comida, energía, historias propias. Porque un pueblo que no produce sus propias historias es un pueblo esclavo. Así que a despertar del coma, que la poesía sigue siendo la escopeta de cañón largo, y el que siembra viento, cosecha tempestades. El futuro no se espera, se siembra hoy con las manos y el corazón encendido.

DdA, XXII/6454

SEIS MESES PARA QUE LOS JESUITAS DE GIJÓN DESALOJEN A LOS "HÉROES DEL SIMANCAS"

Por fin, medio siglo después de la muerte del dictador y otro medio siglo después de que se iniciara la transición democrática, en este año en que el gobierno de coalición progresista ha decidido conmemorar con incuestionable antelación cincuenta de libertad, y después de dos leyes de Memoria Histórica y Democrática, dos, una resolución de la Dirección General de Promoción de la Memoria Democrática incluye el “Monumento a los Héroes del Simancas”, sito en la villa de Gijón, en el Catálogo de símbolos y elementos contrarios a la memoria democrática. Rechaza las alegaciones de la Compañía de Jesús, considera que incumple la legalidad y da seis meses a la Compañía para retirarlo. El Gobierno de España ha ordenado la retirada del llamado Monumento a los Héroes del Simancas, en homenaje a los militares sublevados en julio de 1936 contra la República, tras incluirlo en el Catálogo de símbolos y elementos contrarios a la memoria democrática. La resolución da a la Compañía de Jesús, propietaria del inmueble y del monumento, un plazo máximo de seis meses desde el día siguiente a la notificación para proceder voluntariamente a su retirada. En caso de incumplimiento, se iniciará el procedimiento previsto en la Ley de Memoria Democrática. Es lo que quiere el Ayuntamiento de Gijón, que está en contra de la ley.

Colegio de los jesuitas en Gijón con el monumento a los «Héroes del Simancas» | Fuente foto
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Fuentes Nortes | FAMYR | Ministerio Política Territorial y Memoria Democrática, 3 de septiembre de 2026

El Gobierno de España ha ordenado la retirada del llamado Monumento a los Héroes del Simancas, en homenaje a los militares sublevados en julio de 1936 contra la República, tras incluirlo en el Catálogo de símbolos y elementos contrarios a la memoria democrática. La resolución, firmada el 1 de septiembre por la Dirección General de Promoción de la Memoria Democrática, establece que no existen razones artísticas o arquitectónicas suficientes que justifiquen su conservación.

El 9 de febrero de 2026 la Dirección General de Promoción de la Memoria Democrática, de conformidad con lo establecido en el primer párrafo del artículo 4.1 del Real Decreto 1040/2025, de 19 de noviembre, por el que se establece el procedimiento para la confección del Catálogo de símbolos y elementos contrarios a la memoria democrática y se crea la Comisión técnica sobre símbolos y elementos contrarios a la memoria democrática, acordó incoar de oficio el procedimiento de inclusión en el Catálogo de símbolos y elementos contrarios a la memoria democrática del “Monumento a los Héroes del Simancas” (Gijón)

Revisadas y analizadas las alegaciones el Informe de la Comisión Técnica sobre símbolos y elementos contrarios a la Memoria Democrática concluye

D) Conclusiones

1. Se estima que el monumento es contrario a la memoria democrática en los términos previstos en el artículo 35 de la Ley 20/2022, de 19 de octubre, de Memoria Democrática.

2. Se estima que no concurren razones artísticas o arquitectónicas para justificar su mantenimiento, en los términos previstos en el artículo 35.6 de la Ley 20/2022, de 19 de octubre. 2. Se estima que no concurren razones artísticas o arquitectónicas para justificar su mantenimiento, en los términos previstos en el artículo 35.6 de la Ley 20/2022, de 19 de octubre

Siguen los fundamentos jurídicos y la resolución

RESUELVO

Primero. Inclusión en el Catálogo de símbolos y elementos contrarios a la memoria democrática.

Se incluye en el Catálogo de símbolos y elementos contrarios a la memoria democrática el “Monumento a los Héroes del Simancas” (Gijón).

Segundo. Retirada del espacio público. Se determina la retirada de este elemento en los términos establecidos en el artículo 35.5 de la Ley 20/2022, de 19 de octubre.

No se considera conveniente la conservación del elemento, una vez efectuada su retirada. No obstante, en caso de que el titular decida conservar total o parcialmente los elementos retirados, su depósito y custodia se realizarán en una dependencia determinada por el titular del elemento, sin que ello implique en ningún caso su exposición pública.

La decisión llega después del informe definitivo y vinculante de la Comisión Técnica sobre Símbolos y Elementos Contrarios a la Memoria Democrática, emitido el pasado 31 de julio. El órgano concluyó que el monumento es contrario a la memoria democrática y que no concurren las circunstancias excepcionales previstas en la legislación para mantenerlo.

La resolución da a la Compañía de Jesús, propietaria del inmueble y del monumento, un plazo máximo de seis meses desde el día siguiente a la notificación para proceder voluntariamente a su retirada. En caso de incumplimiento, se iniciará el procedimiento previsto en la Ley de Memoria Democrática.

El monumento fue construido durante la dictadura franquista e inaugurado el 21 de octubre de 1958. La comisión técnica considera que conmemora la resistencia del cuartel de Simancas, un episodio mitificado por el franquismo y protagonizado por militares participantes en el golpe de Estado del 18 de julio de 1936. Según el informe, el conjunto fue concebido dentro de la denominada cultura de la victoria franquista para exaltar a los fallecidos del bando sublevado.

La comisión también destaca la inscripción que acompaña al monumento: «Disparad sobre nosotros. Simancas 18 julio 1936-21 agosto 1936. Caídos por Dios y por la Patria. ¡Presentes!». A su juicio, tanto la finalidad original como la iconografía y el contexto de construcción vinculan inequívocamente el conjunto con las políticas memoriales de la dictadura.

La Compañía de Jesús había alegado durante el procedimiento el valor artístico de la obra, la relevancia de sus autores, su integración en la fachada del colegio y la protección urbanística del inmueble. También había planteado como alternativa su resignificación mediante paneles explicativos. La Comisión Técnica rechazó estos argumentos y concluyó que la autoría de Manuel Álvarez-Laviada y la colaboración del arquitecto Luis Moya Blanco no acreditan por sí solas un valor artístico singular que permita exceptuarlo de la obligación de retirada.

El informe señala además que el monumento no está declarado Bien de Interés Cultural ni incluido en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias. La protección urbanística existente, según la resolución, se refiere al edificio y no al conjunto escultórico adosado posteriormente.

La resolución recuerda que la Ley de Memoria Democrática obliga a retirar los elementos que contengan menciones conmemorativas de exaltación de la sublevación militar y la dictadura. La normativa establece asimismo que esta obligación alcanza a elementos situados en edificios privados o religiosos cuando tienen proyección hacia el espacio público.

FAMYR, Federación Asturiana Memoria y República, impulsora de su retirada, ha celebrado la decisión 

La Federación Asturiana Memoria y República (FAMYR) celebra la resolución del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática que incluye el Monumento a los Héroes del Simancas, en Gijón, en el Catálogo de símbolos y elementos contrarios a la memoria democrática y ordena su retirada […]

[…] La decisión supone un importante avance para quienes durante años han reclamado la eliminación de este vestigio de la dictadura franquista. La propia resolución reconoce que el significado del monumento no puede separarse del contexto en el que fue promovido e inaugurado, de su finalidad conmemorativa, su iconografía y sus inscripciones, todos ellos vinculados a la política de memoria del franquismo. FAMYR considera que ha llegado el momento de dejar atrás las excusas y las propuestas de resignificación. El monumento fue construido para glorificar un episodio de la sublevación franquista y debe ser retirado del espacio público, tal y como establece la legislación de memoria democrática.

La Federación reclama ahora a la Compañía de Jesús, al Principado de Asturias y al Ayuntamiento de Gijón que faciliten el cumplimiento de la resolución y que no se produzcan nuevas maniobras destinadas a retrasar o impedir su ejecución.

De aquellos polvos, estos lodos

FAMYR quiere señalar también que lo ocurrido estos días en las calles de España demuestra que la batalla por la memoria democrática sigue plenamente vigente. De aquellos polvos vienen estos lodos. La impunidad del franquismo, la permanencia durante décadas de sus símbolos y la ausencia de una verdadera política de memoria han contribuido a que hoy sigamos viendo la exaltación del fascismo en nuestras calles.

Retirar el monumento de Simancas no es solamente reparar una injusticia del pasado: es también combatir la normalización del fascismo en el presente. Porque donde se conserva la simbología de una dictadura, se alimenta su legitimación. Y donde se permite su impunidad, el fascismo vuelve a sentirse impune.

FAMYR considera que el monumento franquista de Simancas tiene, por fin, los días contados. La memoria democrática también se construye retirando los símbolos de quienes quisieron destruirla.

ASTURIAS LAICA  DdA, XXII/6454

LA VOLATILIDAD ES LA ESENCIA DE LA VIDA LÍQUIDA CONTEMPORÁNEA

La palabra civilización está ligada etimológicamente al latín civitas 'ciudad'. Era el ámbito en el que palpitaba una comunidad social y política viva, donde los hombres compartían experiencias y aspiraciones, escribe Antonio Monterrubio en este artículo. Un modelo de vida, a su entender, bien distinto al que ocupa hoy a los huéspedes de Megalópolis. En sus calles y plazas puede contemplarse un ajetreado agregado al por mayor de mónadas que ni ven ni oyen. Son como bolas de billar americano cuyo afán máximo es lanzar a los otros hacia el agujero más cercano. La ciudad clásica fue fruto de la creatividad de ese mundo mediterráneo que los exbárbaros del norte quieren reducir hoy a parque temático de sol y playa habitado por camareros. Allí tenían su sitio la alta cultura, el buen gusto, el arte de vivir. Era el hogar adecuado para quienes se reconocían en la noción de humanidad.

                                     Edvard Munch imaginó –o retrató– una Tarde en Karl Johann

Antonio Monterrubio

En la primera década del siglo XXI, Eva Illouz introdujo en la sociología el concepto, particularmente rico, de capitalismo emocional.

Los discursos emocional y económico se moldean mutuamente de modo tal que el afecto es convertido en un aspecto esencial de la conducta económica, y la vida emocional –en especial de la clase media– sigue la lógica de las relaciones y el intercambio económico (La salvación del alma moderna).
La quimera consumista y los engranajes económicos invaden, colonizan y parasitan los vínculos, tanto de las personas con los objetos como de ellas entre sí. La vida privada se satura de emociones al tiempo que se hace pública y notoria. La intimidad deviene categoría central y se apodera del escenario público, tomándolo por asalto. Lo interior se da la vuelta, pasa a ser exterior y, por ende, contable, medible y pesable, carne de control social. La mirada continua de los otros es el método de vigilancia perfecto, el Panóptico ideal.
La ideología emocionalista determina que, en la actualidad, el hedonismo esté hipotecado al Capital. La alegría y el placer se agostan, se embotan al volverse normativos y regulados. Olvidando su ambivalencia, su ambigüedad constitutiva, las emociones y los sentimientos se fosilizan. Los que fueron oasis de libertad personal han sido desecados, asfaltados y reducidos a componente impersonal de una anodina autopista o de una circunvalación.
Como Marx puso negro sobre blanco en El Capital, el valor no es algo inherente a los objetos, sino el resultado de una relación social. Esto no reza solo para la mercancía. En esta época de tecnodependencia y borrachera sin fin de despilfarro, el consumo, la publicidad, el espectáculo, Internet y las mafias de la información someten al individuo a un proceso constante y oneroso de evaluación, revaluación y devaluación. Su valor cotiza en una Bolsa que no cierra en laborales ni en festivos, ni de día ni de noche. Bolsa que, por lo demás, se parece bastante a un bingo. Halagando al paciente hasta límites que dejan atrás la moral y la misma lógica, el Tinglado consigue su propósito: disolver la subjetividad. Cuando el yo se ve despojado de carácter propio y constreñido a construirse una personalidad-máscara a base de artefactos y actividades que son los mismos para todos, la autonomía pierde pie.
Esto es perfectamente extrapolable al otrora florido campo de los sentimientos y las emociones. Los vínculos se rompen o disuelven con facilidad porque, al igual que las cosas, las personas se han vuelto intercambiables. Hipnotizadas por una supuestamente ilimitada libertad de elección, repiten una y otra vez los mismos gestos vacíos, las mismas palabras huecas. Llaman libertad a su derecho a no decidir, a no elegir entre diferentes opciones cuál es la que realmente desean, a no ser protagonistas de su vida, sino marionetas invitadas. La noción de permanencia se ha perdido. Todo es temporal, fugaz, precario, inasible. La volatilidad es la esencia de la vida líquida contemporánea. La idea de compromiso se ha tornado quimérica. La santísima trinidad a la que se encomiendan los fieles de la nueva religión tecnofeudal es yo-aquí-hoy. No hay más tiempo que el instante presente ni otro lugar que aquel que sus pies pisan. El exterior es una entelequia incomprensible que solo ha de servir para la imposible satisfacción de un ego insaciable y extraviado. El solipsismo –intelectual y moral– es el auténtico príncipe de este mundo.
Hacía ya varias décadas que solidaridad, fraternidad e incluso empatía raramente salían del marco familiar, hortus conclusus de toda preocupación por el prójimo. Pero los últimos lustros han hecho retroceder aún más las fronteras de su esfera de acción. Para la mayoría, no existe otro objeto digno de atención que uno mismo. De ahí que los lazos resulten más frágiles que la porcelana fina y sean virtuales, es decir, carentes de asiento físico –y de realidad–. La sociabilidad ha mutado en campo de exhibición y concurso de colas de pavo real, convencido cada ejemplar de ostentar, si no la más rica, al menos la más aparente.
Toda actividad compartida se transforma en un mercado; la emulación y la competición son las relaciones sociales por defecto. Para las mentalidades posmodernas, adictas al nomadismo sin fin, cualquier tipo de vínculo es un mero contrato de asociación de duración indefinida, pero denunciable en todo momento, y que en ningún caso supone compromiso. Si las partes contratantes continúan aceptando esta Sociedad Limitada, no es por deseo de permanencia en el tiempo ni por una suficiente satisfacción mutua, sino porque los intereses personales e intransferibles –psicológicos, sociales, económicos– así lo aconsejan. El cálculo sensato toma el lugar del proyecto común. La confianza, el intercambio, la reciprocidad e incluso la cooperación se esfuman. El hiperindividualismo, el imperio del yo-rey, es incompatible con la disposición a ser vulnerable. El cortoplacismo paraliza la facultad de sentir.
La producción y el consecuente consumo masivo de mercancías llevó a una progresiva uniformización, no de los seres humanos, como a veces se dice con injustificado optimismo, sino de los miembros de las clases medias de los países desarrollados. Alcanzado cierto nivel de confort, estos secundarios imprescindibles en la trama del capitalismo industrial empezaron a elaborar demandas de desmasificación y singularización. Exigían mercancías y servicios con sello de distinción, que marcaran la diferencia, que dejaran claro su estatus especial.
Con esta nueva modalidad de oferta, los empresarios encontraron la oportunidad de luchar contra la saturación de los mercados aguzando el apetito de los consumidores mediante el suministro de productos de «calidad», que proporcionan a la vez una seguridad más elevada y una mayor «autenticidad» (Boltanski, Chiapello: El nuevo espíritu del capitalismo).
De ahí la proliferación de bares con encanto, restaurantes con estrellas, turismo exótico, experiencias inolvidables, spas, balnearios y talasoterapia, cafeterías psicodélicas, boutiques bio y demás parafernalia del buen gusto middleclass. El hisopo con agua bendita qui tollis peccata mundi se sustituyó, en la versión parvenu de la redención, por un aspersor de vinagre balsámico. Aunque quizás este sea más una herramienta para exorcizar la angustia, el malestar, la amargura y la tristeza que, pese a los bienes y servicios materiales, no acaban de irse. Además, el espejismo no tarda en desvanecerse. El consumo de élite sigue estando solo al alcance de la clase gozante. Las clases medias, o los restos de su naufragio, han de conformarse con el simulacro de alcurnia que pueden ofrecer una producción y un consumo de masas. Es el mundo del homo gregis, desprovisto de individualidad y de atributos.
No habrá paz para el súbdito zombi del Imperio de la obsolescencia programada. En la jungla de asfalto, nadie conoce a nadie. La gran ciudad es un inmejorable laboratorio donde estudiar los devastadores efectos de las operaciones y tejemanejes económicos encaminados a alimentar el insaciable apetito de la diosa madre capitalista: la Acumulación. Los catastróficos resultados de esa quimera del oro que es la fiebre del crecimiento ilimitado no disuaden a quienes se llenan con ella los bolsillos. Después de ellos –o a la vez– ya puede venir el diluvio. La metrópoli no es una ciudad salida de su cauce, sino una región. Para subsistir necesita un entramado cuya expansión no puede detenerse. Su enormidad hace que la medida humana, en todos los sentidos de la expresión, se pierda de vista. Ella y su área de influencia, su Hinterland, son la negación, la antítesis de una comunidad. Se trata de agregados de soledades que a duras penas se soportan unas a otras.
Nada revela de manera más visible la abrumadora decadencia de la ciudad moderna que la omnipresente inmundicia y porquería que se junta en sus calles, el ruido y la masiva congestión que llena sus vías, la apatía de su población hacia las cuestiones cívicas y la espantosa indiferencia del individuo ante la violencia física que se inflige públicamente a los demás (Murray Bookchin: Los límites de la ciudad).
La singularidad, el aura que daba a cada urbe su calor y su color particular, no solo se está difuminando: ya no existe. En sus centros gentrificados e indistinguibles, desbordantes de estructuras estandarizadas y paraísos de pacotilla, conglomerados de establecimientos vulgares y pretenciosos, tiendas clónicas, aburridas y ridículas, orgías de ruido y neones, el buen gusto agoniza.
Calle de París, tiempo lluvioso es un cuadro pintado en 1877 por Gustave Caillebotte. Renunciando a la simetría y armonía de la composición, tan estimadas en su época, presenta dos mitades bien distintas. A la izquierda, una panorámica permite distinguir los edificios del fondo. A la derecha, vemos una pareja burguesa en primer plano. Llueve. El pavimento mojado brilla. Los paseantes refugian su soledad bajo los paraguas. Porque aquí las personas ni se miran las unas a las otras. Todos, hombres y mujeres, visten de oscuro en un día oscuro. Cada uno va consigo mismo, y ni solicita ni admite otra compañía. La escena se desarrolla en el mismísimo cogollito despejado por Haussmann. Los protagonistas son gentes acomodadas, que jamás han pasado apuros a fin de mes. Y sin embargo, la sensación que transmiten es de desolación. El calor humano se está evaporando, y la culpa no es de la lluvia. En una ciudad desangelada, los espíritus tiritan.
Quince años después, Edvard Munch imaginó –o retrató– una Tarde en Karl Johann, importante arteria de Copenhague. Asistimos a una procesión de seres inexpresivos, de rostros de palidez enfermiza, una auténtica sonata de espectros. El espacio urbano convertido en un ecosistema hostil para la fraternidad es un escenario de angustia, ansiedad, temor y temblor. El egocentrismo es una enfermedad mortal.
Mucho se habla de la polución del aire y el agua en las ciudades, aunque poco se dedica a ponerle un coto. En cambio, casi no se menciona la carga contaminante que ellas mismas suponen sobre el medio ambiente. Toneladas de basura, residuos tóxicos y orgánicos acaban quién sabe dónde. El transporte requerido para satisfacer las monstruosas necesidades de su vientre deja una huella de carbono salvaje. Su insaciable sed perturba los ciclos hidrológicos de enormes zonas a su alrededor. El crecimiento constante desbarata equilibrios de siglos. Todo parece abocar al urbanismo descarnado de algunos cuadros de Paul Delvaux donde, sobre pedregales yermos, un hombre de chaqué, bastón y bombín se cruza sin mirarse con una mujer a punto de devenir planta. Este es el trasfondo que ocultan las bulliciosas muchedumbres que patean las calles, los edificios y los túneles de ciudades que han perdido su carácter de crisol de productos culturales y sociales esenciales.
Un proverbio medieval, extendido por toda esa Europa que recuperaba una tradición urbana perdida durante siglos, aseguraba que «el aire de la ciudad libera a quien lo respira». Desde luego, se refería en primera instancia a la huida de la servidumbre, pero en su sentido más amplio fue también cierto durante siglos. Ahora ese aire se ha tornado irrespirable en muchos casos. La ciudad como expresión de la comunidad se está desvaneciendo. En su lugar surge un ente insufrible y opresor del que apenas hay refugio tras la puerta del propio hogar. Desaparecidos el espíritu de cooperación y la solidaridad, el único espacio que queda es para la producción y el consumo. Los últimos mohicanos urbanos del intercambio de ideas y emociones son una especie en peligro de extinción. Los valores morales están en decadencia. Solo los contantes y sonantes tienen hoy derecho de ciudad.
La palabra civilización está ligada etimológicamente al latín civitas 'ciudad'. Era el ámbito en el que palpitaba una comunidad social y política viva, donde los hombres compartían experiencias y aspiraciones. Un modelo de vida bien distinto al que ocupa hoy a los huéspedes de Megalópolis. En sus calles y plazas puede contemplarse un ajetreado agregado al por mayor de mónadas que ni ven ni oyen. Son como bolas de billar americano cuyo afán máximo es lanzar a los otros hacia el agujero más cercano. La ciudad clásica fue fruto de la creatividad de ese mundo mediterráneo que los exbárbaros del norte quieren reducir hoy a parque temático de sol y playa habitado por camareros. Allí tenían su sitio la alta cultura, el buen gusto, el arte de vivir. Era el hogar adecuado para quienes se reconocían en la noción de humanidad.
Hoy la ciudad es patrimonio del hombre del rebaño desposeído de sí mismo, adicto a las ilusiones y los engaños, temeroso de la luz. La puebla una clientela anhelada por los más tenebrosos fantasmas de otro tiempo, que enseñan de nuevo la patita por debajo de la puerta. La reposición del paradigma del macho blanco heterosexual y depredador es una estafa premeditada y alevosa. Tenemos delante una reacción de las pulsiones más primarias y salvajes de personajes que sienten peligrar supuestos privilegios de nacimiento por género, etnia, orientación o clase. Una colección de elementos donde cada cual va a lo suyo, todos gritan, nadie escucha y la idea de lo común ha desaparecido es un conjunto, pero no una comunidad. La pérdida del diálogo y la fraternidad transforma el lugar de la realización de los sueños y afanes de los hombres en un tétrico campo de oscuras madrigueras.
Ciudad del cáncer
Otoño urbano
Tristeza de verano
Las grandes arterias de la ciudad vieja
Fantasmas en coches
Sombras eléctricas.
(Jim Morrison: Las nuevas criaturas)

DdA, XXII/6454

jueves, 3 de septiembre de 2026

SOBRE ESTOS TIEMPOS FEROCES Y LAS BANDERAS QUE LOS ENVUELVEN


José Ignacio Fernández del Castro

«Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió: y rompió todos sus versos.
Así es, así fue. Salió una noche
echando espuma por los ojos, ebrio
de amor, huyendo sin saber adónde:
a donde el aire no apestase a muerto.
Tiendas de paz, brizados pabellones,
eran sus brazos, como llama al viento;
olas de sangre contra el pecho, enormes

olas de odio, ved, por todo el cuerpo.
¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces
en vuelo horizontal cruzan el cielo;
horribles peces de metal recorren
las espaldas del mar, de puerto a puerto.
Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad. Bilbao, a once
de abril, cincuenta y uno.
Blas de Otero.»
Blas de OTERO MUÑOZ (Bilbao, Vizcaya, Euskadi, 15 de marzo de 1916 – Majadahonda, Madrid, 29 de junio de 1979): “A la inmensa mayoría” en 
Pido la paz y la palabra (1955 con primera edición completa en España en 1975).

Vuelven los tiempos en los que el aire de nuestras calles se  va enrareciendo en asperezas y disonancias hasta oler a muerto... Muerte de la esperanza, muerte de la ilusión, muerte del ánimo, muerte de la democracia, muerte de la justicia, muerte de lo público, muerte de la cohesión social, muerte de las condiciones de posibilidad de la libertad, muerte de la educación, muerte de la solidaridad, muerte de la cooperación... Muerte, en fin, de lo común. Muerte, incluso, real de quienes, desahuciados de la propia vida, se niegan a prolongar la suya en una pantomima que les condena a la condición de zombis errantes y sumisos... O de quienes maltrechos por una vida precarizada no encontrarán siquiera un hospital público en el que se restañen las heridas de sus sueños y sus cuerpos rotos.

Aquí y ahora huele a muerto, sí, a buenas gentes que sólo pretendían amar y vivir, porque amaban la vida, pero acabaron por comprender que alguien, los dueños del sistema y sus testaferros políticos, poderosos ángeles atroces, les habían arrebatado esa vida, les habían matado por dentro... Y les habían condenado a mirar más abajo para demonizar a y cargar las culpas sobre quienes aún eran víctimas más indefensas del sistema. Así que, casi pura cáscara vacía que acaso conserva un atisbo residual de voluntad de amor y de paz, intentan, intentamos, huir sin saber cómo ni adónde.

Porque ya no parece haber mar ni puerto libre del imperio de esos ángeles atroces donde la buena gente de amor y paz pueda recomponer su singladura vital... Pero nuestro deber de seres humanos, de ciudadanas y ciudadanos, es reconquistar esos lugares para el amor y la paz... Buscarlos en una lucha sin cuartel para declararlos territorios libres de la opresión globalizada, rincones sin bandera (esos trapos que siempre se usan contra alguien) donde aún sea posible amar y vivir, donde aún tengan sentido los versos.

DdA, XXII/6453

PÉREZ REVERTE. LA COLUMNA Y EL EGO

Como bien sabe la gente de la profesión y la ciudadanía más informada en general, el diario El Mundo, bajo la dirección de su fundador y primer director, fue uno de los medios que defendió con mayor predisposición y empeño, duranta la primera legislatura del gobierno de Zapatero, la versión conspiranoica pergeñada por el gobierno precedente -bajo la presidencia de Aznar-, que por ganar votos en las inmediatas elecciones de aquel año mantuvo la participación de ETA en los execrables atentados terroristas perpetrados en Madrid en 2004, los más sangrientos de nuestra historia. En un país con un periodismo de una mayor dignidad y más profesionalidad, y con una historia también algo más cívica, posiblemente ni el medio que divulgó aquellas informaciones ni el director que las permitió durante muchos meses seguirían en activo  profesionalmente. No obstante, para sustituir posiblemente a uno de sus columnistas históricos (Raúl del Pozo), el diario fundado por Ramírez, hoy al frente de El Español, ha fichado al académico Arturo Pérez-Reverte, que a juzgar por la fotografía propagandística que El Mundo da del fichaje, siente la ufanía propia de quien será bien retribuido por el periódico, medio al que Reverte, según sus palabras, "obliga a estar más despierto y le exige más lucidez". La interpretación de la imagen a cargo de mi estimado Justo Serna queda resumida en estos párrafos: "Aquí no parece llegar un columnista dispuesto a escribir, escribe Justo Serna. Comparece —ya digo— una autoridad dispuesta a impartir magisterio. No es un hombre que entra en ‘El Mundo’, sino que el ufano escritor que viene a explicarnos qué es el mundo. O dicho de forma más precisa: Pérez-Reverte no posa junto a los periódicos. Los periódicos parecen puestos ahí para que pose él. Y eso, hay que reconocerlo, es una imagen de una gran sinceridad… involuntaria". Félix Población



Justo Serna

No les voy a mentir. A pesar de haberlo leído abundantemente (o quizá por ello), tengo un concepto muy negativo de Arturo Pérez-Reverte, de su arrogancia, de su pose de francotirador intelectual y de su supuesta equidistancia, que tanto rentabiliza.
Pero confieso que la fotografía con la que ‘El Mundo’ anuncia su fichaje como columnista me parece un compendio visual insuperable de todo lo que representa.
Desconozco cuánto hay en esa puesta en escena de ocurrencia del fotógrafo o de la dirección de arte. Quizá sea iniciativa del propio autor. Aunque, a estas alturas, tampoco importa demasiado.
Lo indiscutible es que Pérez-Reverte acepta encarnar ese papel con una convicción absoluta. Y la representación alcanza ese punto en que la solemnidad empieza, involuntariamente, a parecer parodia.
La imagen no muestra a un escritor trabajando ni a un periodista que llega a una redacción. No vemos a alguien que se incorpora a un proyecto colectivo, sino a una figura que desciende sobre él desde alguna región superior de la conciencia patria.
La iluminación lateral, ligeramente ascendente, le confiere una monumentalidad calculada. El fondo negro suprime cualquier rastro de realidad cotidiana.
¿Y la postura?
El cuerpo ladeado, la mano en el bolsillo, la cabeza erguida, la mirada severa pero razonablemente satisfecha… componen una imagen endiosada. Él no busca un interlocutor.
Y luego está el atrezo: esa columna de periódicos viejos levantada hasta la cintura. No es material de consulta. No son herramientas de oficio. Funcionan como pura iconografía del poder.
Funcionan como el globo terráqueo, la espada, el libro abierto o los infolios en los retratos cortesanos del Siglo de Oro. La pila de ejemplares de ‘El Mundo’ opera aquí como un atributo heráldico.
Pero fijémonos en el detalle decisivo: ni siquiera los toca. No lee, no escribe, no consulta. Los periódicos están ahí como un pedestal. El papel impreso no constituye el espacio de su trabajo. En realidad, constituye la base material de su autoridad.
El titular remata el cuadro: “Este periódico me obliga a estar más despierto, me exige más lucidez”. La zalema de rigor al diario que lo acoge acaba convertida, curiosamente, en una proclamación de su propia agudeza. El periódico le exige más lucidez a él, naturalmente. Los demás nos limitaremos a contemplar cómo la administra.
Pérez-Reverte no se suma a una redacción. Se sitúa sobre la masa de papel como el sujeto oracular encargado de interpretarla. No entra en la casa. Comparece: por cierto por la puerta de atrás, por la contra.
Esa es la paradoja tal vez más irritante: la proclamación de independencia como herramienta para inflar o inflamar del ego. No posa junto a sus futuros compañeros. Posa solo, en la penumbra, como si la pertenencia fuese una vulgaridad reservada a los demás.
La fotografía ofrece así una representación casi perfecta del mito de la equidistancia. El individuo proclama con su pose no pertenecer a ninguna tribu para así poder juzgarlas a todas: a unas más que a otras.
Aquí no parece llegar un columnista dispuesto a escribir. Comparece —ya digo— una autoridad dispuesta a impartir magisterio. No es un hombre que entra en ‘El Mundo’, sino que el ufano escritor que viene a explicarnos qué es el mundo.
O dicho de forma más precisa: Pérez-Reverte no posa junto a los periódicos. Los periódicos parecen puestos ahí para que pose él. Y eso, hay que reconocerlo, es una imagen de una gran sinceridad… involuntaria.

DdA, XXII/6453

CONCIERTO DE SILVIO RODRÍGUEZ: NUNCA EN EL LICEU SE ESCUCHÓ ¡VIVA FIDEL, VIVA CUBA LIBRE!

Antes de leer esta estupenda crónica del recital con el que el cantante cubano Silvio Rodríguez inauguró en Barcelona la que posiblemente pueda ser su última gira por España, me sorprendió no ver en Google reseña alguna del evento en el diario El País. El concierto tuvo lugar en el Liceu de Barcelona con el aforo a rebosar de público, según se advierte en la imagen. De las dos crónicas que puedo leer esta mañana en los diarios, en Público y La Vanguardia, destaco esta última, firmada por Sergio Lozano, en la que este subraya -como no cabe menos por su carácter noticioso en un ámbito escénico como el del teatro catalán- los gritos de "viva Fidel, viva Cuba Libre", nunca antes escuchados allí, y que además fueron respondidos con aplausos por el público asistente. Lozano, el redactor de La Vanguardia, termina su crónica así: "Antes de recibir un largo y sonoro aplauso final, Ojalá y Por quien merece amor, ya en el bis, sonaron a fiesta entre amigos que por fin se atrevieron a alzar la voz para concluir el ruego laico que antes había lanzado con Venga la esperanza y su plegaria: “Lárguese la escarcha, vuele el colibrí”, y con él, que vuelen las verdades que anoche sonaron con la voz del viejo trovador.


Sergio Lozano

Silvio Rodríguez se dejó en casa el kaláshnikov para aparecer anoche en el teatro del Liceu, primera etapa de su gira peninsular. El cantautor, que el pasado marzo recibió el arma que había reclamado para defender a Cuba de Estados Unidos –una imitación sin poder de fuego, en realidad– prefirió subir al escenario con la máquina de matar fascistas, como llamaba Woody Guthrie a su guitarra.

Probablemente nunca antes se habían escuchado en el Liceu gritos de “viva Fidel, viva Cuba Libre”, que alguien lanzó desde el segundo piso y fueron respondidos con aplausos por el público antes de que Joan Isaac y Sílvia Comes celebraran una pequeña previa con versiones del músico cubano que incluyó Cua de núvol, Et dono una cançó, y Oli d’una dona amb barret

El protagonista hizo su aparición luciendo una gorra donde se leía “aprendiz” en la frente, aunque anoche fue maestro a la hora de expresar lo que siente y desea para su maltrecho país y para el mundo. Aquel “cúmulo de verdades esenciales que caben bajo el ala de un colibrí” como escribió José Martí en el ensayo Maestros ambulantes, del que leyó un fragmento al poco de comenzar para seguir con Ala de colibrí.

“Hoy me propongo fundar un partido de sueños” entonó el viejo músico como carta de presentación, reflejo de un espíritu libre y sólido al mismo tiempo, defensor de los ideales comunistas de la revolución, pero crítico al tiempo con ella. O como dijo Martí al poco de comenzar la velada: “Se necesita ser bueno para ser feliz” pero también “se necesita ser próspero para ser bueno”. 

Candidez en la voz -entera a sus 79 años- y terciopelo en las guitarras se mezclaron anoche con la entrega de los asistentes, afiliados todos a la poesía de Rodríguez, donde no se sabe cuándo termina el amor y dónde comienza la reivindicación. La excepción fue un grupo de seis manifestantes que a la puerta de teatro, y rodeados por un cordón policial que les doblaba en número, exhibieron pancartas y lanzaron proclamas contra el castrismo entre la curiosidad de los turistas y el rechazo del público que hacía cola. Los asistentes, tildados de “charos” y “perroflautas” por el pequeño grupo, reaccionaron entre la indiferencia, algunos puños al aire y otras tantas peinetas, que no dejan de ser un puño con el índice alzado.

No llegó el ruido al interior del Liceu, atento a la Historia de las sillas, presto a corear en susurros, con vergüenza de novicio, Quién fuera o Pequeña serenata diurna, con esas letras que tanto pueden hablar de amor como de política, o de ambas cosas a la vez. No es de extrañar que tras los ritmos tropicales de Virgen de occidente -que formará parte de su próximo disco- cantara Viene la cosa, pieza de su último disco donde bromea con el término que en Cuba se utiliza para referirse a la política sin mencionarla. 

Acompañado por siete músicos con la omnipresente flauta a cargo de su esposa, Niurka González, y la hija de ambos, Malva, en las voces, Rodríguez no se movió de la silla durante toda la actuación, que navegó por arreglos suaves, añadidos de jazz y aromas del son cubano, sobresaliente en Escaramujo. Cantó aquella Eva que, liberada, “deja de ser costilla”, así como el recuerdo del Abel Santamaría que en Canción del elegido va “matando canallas con su cañón de futuro”. Y no se olvidó de EE.UU., destinatario que la salsera Me acosa el carapálida, ni del orgullo de ser El necio, con aire de jazz idóneo para un teatro.

Con la misma voluntad fue que el trovador, en lo más explícito de una noche donde también recordó a Pepe Mujica, se enfundó la kufiya (el pañuelo palestino blanco y negro) y leyó el poema Halt!, de Luis Rogelio Nogueras, quien, tras visitar Auschwitz reprochó al pueblo judío por cómo “olvidaron tan pronto el vaho del infierno”. Ató el lamento a La era está pariendo un corazón, y logró así un momento de máxima emoción. A solas con su guitarra interpretó ¿A dónde van?, y cantó La belleza de Aute con esa voz que en el reproche lleva también el perdón y arranca aplausos incluso con los silencios.

Antes de recibir un largo y sonoro aplauso final, Ojalá y Por quien merece amor, ya en el bis, sonaron a fiesta entre amigos que por fin se atrevieron a alzar la voz para concluir el ruego laico que antes había lanzado con Venga la esperanza y su plegaria: “Lárguese la escarcha, vuele el colibrí”, y con él, que vuelen las verdades que anoche sonaron con la voz del viejo trovador.

LA VANGUARDIA  DdA, XXII/6453