lunes, 10 de agosto de 2026

¡CÓMO NO ENTENDER LA PETROTUSA EN COLOMBIA...!


Félix Población

Entusiastas y masivas han sido las despedidas que ha protagonizado días atrás el presidente colombiano Gustavo Petro, una vez complido su papel como primer mandatario de aquella república. Cuentan algunas crónicas -no las de los medios informativos contrarios a su gestión- que las últimas palabras de Petro conmovieron a buena parte de la ciudadanía que les prestó escucha, consciente del final de su periodo al frente del país. Esto, unido al hecho de su despedida, se ha traducido en una expresión popular que llaman Petrotusa, compuesta por el apellido del ya expresidente y la expresión "tusa", que viene a ser el despecho o depresión originados tras una ruptura amorosa.

De ahí que su hija Antonella, con la que salió del palacio presidencial, y Petro hayan mantenido esta conversación en las redes: “Bueno, pá, ¿has escuchado hablar de la Petrotusa?”, preguntó Antonella, a lo que Petro respondió entre risas: “Obvio, yo también tengo tusa”. La hija del exmandatario señaló la existencia de seguidores afectados emocionalmente por la transición, y Petro confirmó que ha visto físicamente y en redes “un poco de gente llorando. Muchísima”. Ante esa realidad, el expresidente hizo un llamado a mantener la esperanza: “Hay que tener esperanza. Creo que es el sentimiento apropiado. No se puede perder la esperanza. Si no, todos los caminos están cerrados y el horizonte se apaga. Y Colombia tiene que tener horizonte. La potencia mundial de la vida es un horizonte”.

Lo dice Gustavo Petro es un país donde Iván Cepeda, el candidato progresista a la presidencia derrotado en unas elecciones cuyo resultado cuestionó el expresidente, acaba de anunciar  que interpondrá una denuncia penal contra Efraín Cepeda ante la Fiscalía General de la Nación, luego de las declaraciones que el dirigente conservador hizo públicamente el pasado 7 de agosto. El congresista del Pacto Histórico aseguró que las afirmaciones en su contra son graves y decidió acudir a la justicia para que se determine si hubo responsabilidad penal.

Según explicó Iván Cepeda, Efraín Cepeda lo acusó de pertenecer a organizaciones armadas ilegales, una afirmación que calificó de “calumniosa y mendaz”. El senador sostuvo que esas declaraciones no solo son falsas, sino que además pueden tener consecuencias sobre su seguridad personal, en un momento en el que, según afirmó, existen amenazas contra su vida. “Estas mentirosas acusaciones propician la violencia en mi contra y agravan las amenazas contra mi vida”, manifestó Iván Cepeda al anunciar la decisión de acudir a la Fiscalía.

Se entiende así mucho mejor la Petrotusa que afecta a quienes en aquella república prefieren voces como la del expresidente, invitando a la esperanza y a la potencia mundial de la vida como horizonte, en lugar de acusaciones falaces que propician la violencia contra el adversario político.

DdA, XXII/6432

CUBA: ESTO NO ES UNA GUERRA YA, SINO UNA MASACRE

El bloqueo –sinónimo de asedio– de Estados Unidos contra Cuba se inició décadas atrás, más o menos cuando se fundaron los Beatles. Con los años, ha arreciado o aflojado según la administración del país norteño. En la actualidad, bajo el mandato de Trump, se halla en un punto álgido. Existe más ensañamiento ahora que en la época del conservadurismo hollywoodense de Reagan o el de la adicción de inyectarse petróleo en vena de Bush hijo. Esto no es una guerra ya, sino una masacre.




Guillermo Carmona Rodríguez/ Matanzas

Con unos guantes de goma dura, como los usados para fregar, apartaba los huevos podridos, negros con vetas amarillas; el papel sanitario doblado con pudor para que no se notaran las manchas marrones; hojas del periódico Granma, coloreadas de roja por la sangre condensada del pedazo de carne que envolvieron, donde aún se podía leer la nota informativa de las últimas sanciones del gobierno estadounidense contra Cuba.

La señora separaba la basura con sumo cuidado. Empleaba solo el canto de la mano para contaminar el guante lo menos posible. Cuando encuentra algún objeto interesante, lo agarra entre el pulgar y el índice y lo levanta para contemplarlo contra la luz del día. Ahora valora un control remoto, destripado de baterías, y yo la analizo a ella. 

Viste un sombrero de ala ancha, inclinado sobre la frente; una camisa azul de cuadros, con los botones cerrados hasta las mangas, para protegerse del violento sol. Respira con dificultad por este calor criminal de guerra. Lo noto en la rápida forma en que se tensa y luego se deshincha el nasobuco. 

Con toda esa indumentaria, se vuelve complejo identificarla. Sin embargo, en la franja de rostro no cubierta se perciben ajados surcos alrededor de los ojos por donde se desliza el sudor como el cauce de un río; filas de arrugas en la frente, y un ceño fruncido. La señora debe tener unos setenta años. 

No resulta extraño hallar en los últimos tiempos en Cuba a “buzos”, sujetos sumergidos en los vertederos con esa máxima japonesa de que la basura de uno constituye el tesoro del otro. Cuando tropiezo con dicho fenómeno siempre me da un pequeño dolor, aquí, en el lado izquierdo de la humanidad. Ante la alta ocurrencia del hecho, uno no se acostumbra, pero sí lo entiende como parte de una triste cotidianidad. 

De la señora me sorprendió que, incluso, arrastrada a hurgar en la sombra del prójimo, tratara de no perder su dignidad; como si el trabajo más aberrante conllevara un mínimo respeto por uno mismo y la labor en sí. También me hizo preguntarme si toda esa ropa, además de cuidar la higiene, no sería también para no ser reconocida ¿Intentaría escapar del ojo público? 

Ella tal vez arribe a su casa con su saco repleto de artículos desechados. Tome una larga ducha; quizás no larga ni ducha, pero sí cargue agua en cubos y con un jarrito se la eche encima y así se purifique de sudores y hedores. Luego, con una bata de dormir, se acomode en el portal a darse sillón para esperar la llegada de la corriente. Con cada balanceo del mueble olvidará un poco la jornada.

Colocó el control remoto en donde estaba. Siguió en su búsqueda y cuando levanta un pulóver con varios agujeros de balas polillas, se percata de mi presencia. Avergonzada por la forma en que la observo baja la mirada, aunque luego levanta la vista y me enfrenta de tú a tú. Avergonzado bajo la mirada y sigo mi camino. 

Como la señora, con su ropaje de espantapájaros, existen miles de cubanos que enfrentan graves situaciones de austeridad. Entonces deben someterse a labores degradantes bajo temperaturas absurdas o arrancarse el pellejo –solo quedará de ellos las cuencas vacías de sus calaveras– en trabajos de baja remuneración para poder sobrevivir. La crisis los empuja a tales menesteres. El Gobierno de Estados Unidos los empuja y el de aquí, con las manos atadas y la mentalidad anudada, no sabe qué hacer.

II

En mi primera adolescencia consumí unas cuantas novelas de aventuras. La táctica del asedio resultaba recurrente en esas páginas. Un ejército enemigo rodeaba una ciudad y obligaba a sus habitantes a morir de hambre o rendirse. Recuerdo una escena en particular bastante repetida en cada libro: después de meses encerrados y sin suministros, los ciudadanos comenzaban a devorar el cuero de la suela de sus zapatos. 

Cuba es una isla-ciudad asediada. El mar Caribe es el foso; los farallones y el diente de perro, las murallas. Las tropas enemigas se ubican a unas cuantas millas, más o menos noventa. Los arietes ahora son económicos; las flechas incendiarias, pixeles y algoritmos; las catapultas lanzan sanciones como si de grandes pedruscos se trataran. 

Incluso con el cambio de estrategia y armamento, los habitantes de la Isla pronto se alimentarán de sus zapatos. Los pondrán en la vajilla fina de la abuela, los sazonarán con un poco de sal, si les alcanza el salario para comprarla. Lo sostendrán encima del plato y al pincharlo con el tenedor y luego con el cuchillo cortarán un jugoso filete de suela. 

El bloqueo –sinónimo de asedio– de Estados Unidos contra Cuba se inició décadas atrás, más o menos cuando se fundaron los Beatles. Con los años, ha arreciado o aflojado según la administración del país norteño. En la actualidad, bajo el mandato de Trump, se halla en un punto álgido. Existe más ensañamiento ahora que en la época del conservadurismo hollywoodense de Reagan o el de la adicción de inyectarse petróleo en vena de Bush hijo. Esto no es una guerra ya, sino una masacre. 

Desde la segunda llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, han escalado las políticas de asfixia contra el pequeño país caribeño. Ello se agravó con la elección de Marco Rubio como secretario de Estado; descendiente de emigrantes de la mayor de las Antillas –no habrá peor bestia que la de tu propia camada–, ha basado gran parte de su carrera política en la agenda anticubana.

Luego de la extracción de Nicolás Maduro y la posterior convección al panamericanismo de Venezuela, Trump prometió que la siguiente nación socialista en caer sería Cuba. Sin embargo, según los parámetros lucrativos de la modernidad, no somos una tierra rica. Al contrario de la Patria de Simón Bolívar y Doña Bárbara, no ostentamos crudo o, como otras naciones, no representamos una amenaza geopolítica; aunque según asevera el Pentágono, sí. La primera potencia nuclear del mundo al parecer es un poco asustadiza. 

Por ello, imagino yo, no han atacado directamente como sucedió en Venezuela. Resulta más lucrativo y más astuto lanzar medidas y medidas como la Orden Ejecutiva 14404 del primero de mayo –al igual que huesos con algún resto de carne– para mantener contento al lobby cubano-americano antes de desgastarse en una intervención militar. Bajo dicha égida, han impuesto restricciones y restricciones: un cerco energético el cual ya supera el medio año y trabas a diferentes empresas y consorcios. Casi todos los meses suman cinco o seis de estos últimos a sus listas negras. 

Por ejemplo, según una nota publicada en el medio Cubadebate, a mediados de julio se vedaron las siguientes entidades: Ministerio de Turismo, Grupo Empresarial de Transporte Marítimo Portuario (GEMAR), Organización Superior de Dirección Empresarial Caudal S.A. (CAUDAL), Grupo Empresarial de Comercio Exterior (GECOMEX).

Todas ellas de una manera u otra intervienen en la obtención de recursos imprescindibles como combustible, alimentos, medicamentos y otros productos de primera necesidad. Emplean como justificación que dichas organizaciones ayudan a enriquecer al Gobierno cubano y a los dirigentes. Esto, inclusive, puede ser cierto o no, aunque huela demasiado a la brea de las flechas incendiarias de la propaganda; sin embargo, al final los más afectados son personas como la señora de la basura con una camisa de cuadros azules bajo el sol de un verano inmensamente cruel.

III

Si no me muevo, no sudo. Estaba tirado en la cama. No soportaba el calor. Creía que el techo en vez de techo era el cristal de aumento de una lupa. Alguien allá arriba dirige los rayos de sol contra la placa de la casa y ellos se concentran y caen en mí. El pobre ventilador recargable no puede hacer nada con su fresco cobarde. Pronto me evaporaría. 

Llamaban desde la puerta del patio. Me levanté con pereza y mientras arrastraba las chancletas me dirijo a averiguar quién era. El niño detuvo los gritos cuando aparecí. “¿Señor, quiere empanadas hoy?”, me preguntó. Lo observé a través de la reja. Poseía una constitución fornida; los ojos grandes y brillosos y el cabello en punta, con ese pelado llamado “los pinchos”, el cual tanto se usó en mi adolescencia. No debe superar los nueve años. Lo delata su postura desequilibrada, cómo juega nervioso con sus manos y la voz aguda. 

Todas las tardes, él sube las escaleras hasta la casa para ofrecerme empanadas de guayaba. Su madre las cocina y él las vende. Casi siempre le compro, aunque no me interese. Es mi modesta manera de ayudar. Nunca le he preguntado qué hace un rapaz de vendedor ambulante y sobre todo con estas piedras tan calientes que rajan el sol. En vez de ir hogar por hogar del barrio con sus dulces, debería estar a la sombra del guayabo del patio con un libro en la mano, o en la playa haciendo ángeles en la arena o jugando fútbol con una portería armada con dos latas. 

En el vecindario se comenta que vive solo con la madre y un hermano más pequeño. El único salario no alcanza para mantener a los tres; entonces siendo el mayor de los hijos, debe ayudar a obtener ingresos. Es muy triste, pero así funciona la dinámica de muchas familias cubanas, quienes deben subsistir a pesar de los apagones, los altos precios, la devaluación de la moneda y la lupa de Dios. 

Después de mi encuentro temprano con la señora en el basurero tenía un dolor aquí, a la derecha del socialismo. Normalmente le pido dos o tres empanadas, pero esa tarde le solicité diez. Le dije que eran para una actividad del trabajo. Mentí. Necesitaba sentirme útil. En un asedio todos sufren, yo incluido; pero siempre habrá quien deba servirse en bandeja de plata sus zapatos antes que los otros.

IV

Han transcurrido casi ocho meses desde el inicio del año y siete desde el fortalecimiento del cerco norteamericano sobre Cuba. Acabó el canijo invierno del trópico y luego la exigua primavera. Llegó el verano con sus látigos de luz. 

El calor excesivo aumenta el déficit eléctrico, porque las máquinas sufren más para funcionar y las personas en la primera oportunidad se refugian detrás de los aires acondicionados y ventiladores, se dispara el consumo y entonces la poca energía alcanza para menos aún. Las epidemias se multiplican en el estío con la proliferación de mosquitos y vertederos. Entramos en un ciclo de malvivir aún más agresivo que en otras estaciones del año. 

Mientras tanto, desde Washington aumentan los arietes. Incluso, en un alarde, propio de los supuestos vencedores, donaron cien millones de dólares, los cuales gestionaría la Iglesia Católica. No es caridad, sino una broma macabra. Al final, no arrodillarán la ciudad-Isla a golpe de desgaste.

Nosotros, los cubanos –la señora digna entre los desperdicios, el niño de las empanadas– seguimos ahí, entre el olor fétido, la pobreza de ánimo y las tentaciones de engullir cuero.

CTXT  DdA, XXII/6432

EL GOBIERNO DE ASTURIAS Y MONOLITO EN EL MAZUCU



Lazarillo

Acabo de leer que por enésima vez ha sido vandalizado en el Alto de la Tornería el monolito dedicado a los últimos resistentes republicanos en Asturias, antes de que las tropas sublevadas ocuparan la región el 21 de octubre de 1937. A la batalla de El Mazucu, en la Sierra del Cuera, se la suele llamar Las Termópilas republicana, al enfrentarse durante dos semanas los 33.000 soldados que componían las Brigadas Navarras de las tropas sublevadas, apoyadas desde el aire por la Legión Cóndor, con los 5.000 hombres del Ejército Popular del Norte. También leo en la misma información que una asociación memorialista de Asturias (FAMYR) ha hecho un llamamiento para que mediante una suscripción popular se repare el monolito como en anteriores ocasiones, a fin de que el odio con el que se le ataca -casi noventa años después del hecho histórico- sea una vez más combatido mediante el honor y memoria que merecen quienes defendieron allí la democracia. Este Lazarillo se pregunta si esa reparación  no la debería hacer, tantas veces como fuera necesaria, el gobierno autonómico de Asturias*, en estricta aplicación de la Ley de Memoria Democrática, entre cuyas funciones está el doble cometido especificado en las primeras líneas: fomentar el conocimiento de las etapas democráticas de la historia de España y de las figuras y movimientos que fueron construyendo los nexos de cultura democrática, así como preservar la memoria de las víctimas de la Guerra de España y la Dictadura franquista. Es lo que dice la ley y no hay mejor y más ilustrativa e ilustradora cultura democrática que la de recordar a quienes se opusieron, como en El Mazucu, a los forjadores de una larga y cruel dictadura.

*El Mazucu debe ser declarado Lugar de la Memoria ya.

DdA, XXII/6432

EN ESPAÑA, EL MAYOR NEGOCIO SIEMPRE HA SIDO ROBAR


Juan Carlos Monedero

En España, robar es un deporte nacional, más arraigado que la tauromaquia, porque viene de más lejos. Los reyes siempre han robado y los reyes son los que construyeron la nación con ayuda de caciques y oligarcas. En España, el mayor negocio siempre ha sido robar.
En España, robar es una salida normalizada porque nunca hemos tenido una nación popular, una esfera pública que te dijera que robar a lo que era de todos y todas estaba feo. Hasta hace quince días, la derecha se jactaba en los bares de que robaba no pagando impuestos. Ahí están grandes españoles de la pulserita debiendo dinero a hacienda, es decir, robando, igual que están en la cárcel grandes ministros y empresarios, también de la pulserita, que robaban a esa España a la que tanto decían querer.
La nación siempre la han hecho los ricos con la sombrilla goyesca de la monarquía. La nación no nos daba nada y siempre nos exigía. Incluso la vida en aventuras imperiales. Es el Buscón, Rinconete y Cortadillo, el lazarillo de Tormes. La picaresca es la respuesta popular a ese país que te exigía y te abandonaba. Pero no nos equivoquemos: los mayores pícaros siempre han sido los reyes, los banqueros y los latifundistas. También los dictadores. Todos dejaban que se robaran las migajas los generales corruptos y los obispos rijosos.
Cuando ha habido un intento de construir una nación diferente a la de los reyes, a la de los oligarcas, los latifundistas, los banqueros y los capataces, ha sido una España republicana, popular, federal y laica que defendía los valores cívicos, lo público, la defensa de la virtud.
A esa España de la dignidad siempre la derrotaron los reyes, aliados con ejércitos que se iban con los nobles y traicionaban al pueblo financiados por los banqueros. Fueron las germanías levantinas, los comuneros de Castilla, Fray Bartolomé de las Casas, el pueblo en armas contra Napoleón, los liberales contra Fernando VII, los héroes de la independencia ejecutados vilmente por la monarquía, los mineros asturianos y los republicanos contra Alfonso XIII y Franco. Fueron los demócratas que pedían la ruptura contra la reforma en la Transición, frenada por el golpe del 23F, y fue el 15M contra Juan Carlos I, aunque ahí ya el golpe fue blando con policías patrióticas y jueces corruptos.
En España, el mayor negocio siempre ha sido robar. Y con la consolidación del Estado en el siglo XIX, robar era un negociado dentro del palacio de gobierno. Robaban liberales, conservadores, moderados y progresistas. Robaron el 100% de los borbones. Se robó en el gobierno de Arias Navarro, de Suárez, de Felipe González -mucho-, de José María Aznar -muchísimo-, de Zapatero, de Rajoy -lo indecible- y también de Pedro Sánchez. Para que no robes, has de tener en la cabeza una idea diferente de España. Por eso los pobres roban menos que los ricos.
¿Quién resiste un cañonazo de 50.000 pesos? podemos preguntarnos con un presidente mexicano. Otro dijo que la moral es un árbol que da moras. El México corrupto se parece mucho a la España de la oligarquía y el caciquismo.
Si los ricos roban, en las películas se espera que los pobres no lo hagan. Pero hay de todo. Si no hay nación, si saquean los borbones, roban los partidos, delinquen los curas y se enriquecen los empresarios sinvergüenzas y los familiares de los corruptos ¿por qué han de ser honestos los pobres? Los ricos roban organizado, con su tanto por ciento fijo como si fuera un sueldo. Los pobres roban de golpe, porque no saben si tendrán otra oportunidad. Los ricos y los pobres se gastan lo que roban en la familia, en ostentación y en putas, unos en señoras caras de alto standing, otros en señoras más baratas. Otras se buscan novios ladrones. Los ricos corrompen a los pobres, porque son los que ofrecen mordidas, comisiones y atajos.
En España se roba porque desde hace trescientos años gobiernan los mismos, tutelados por la figura de la monarquía. En Portugal hay más decencia porque hicieron la revolución de los Claveles. En España, restauramos al rey Juan Carlos.
Así que si quieres que en España se deje de robar, vete pensando en cambiar la monarquía, y con ella, su corte de ladrones, adulones, falsos beatos, nobles, cacerías, palcos y constructoras. Antes de que te roben las pensiones y la sanidad, que es lo que les queda.

DdA, XXII/6432

AHORA LOS CURAS VISTEN A VOLUNTAD Y MEAN MÁS FÁCIL


Valentín Martín
La primera vez que yo vi mear a un cura dejé de creer en el Espíritu Santo. De aquella santísima trinidad que había encendido mi fe escolar me quedaron sólo dos. Todavía no estábamos en los tiempos del cachopo y el gran eclipse de mi vida no llegaría hasta más tarde. Yo sabía que hay 4.200 religiones en el mundo, algunas con varios dioses, la nuestra tenía tres y en latín, por eso era la verdadera. Las religiones existen por el miedo a morir, si no sonase a humor negro diría que levante la mano el moribundo valiente que no.
El caso es que cuando vi mear a un cura por primera vez, perdí buena parte de mi inocencia. Supongo que hasta entonces era un niño cegado por la seducción de los enigmas y para mí un cura era algo así como una sirena.
Habíamos terminado él y yo a solas la misa diaria, yo me iba a la escuela después de robar en la sacristía, volví la cabeza para comprobar que a él no se le olvidaba cerrar la puerta de la iglesia, y entonces lo vi.
El cura dio la vuelta hacia la parte contraria al reloj de sol y le perdí de vista. Me nació el mezuca, volví sobre mis pasos y me asomé. El cura estaba meando contra la pared de la iglesia. Supe entonces que los curas mean lento. Quizás porque entonces las sotanas llevaban botones, se han perdido muchos puestos de trabajo al prescindir de la sastrería eclesiástica, ahora los curas visten como los obreros o los señoritos, a voluntad. Y mean más fácil. No sé si se mantiene Gammarelli en Roma, la sastrería que vestía a los pontífices.
Otro de los descubrimientos que acabaron con mi párvula interpretación de la vida fue el comprobar que debajo de la sotana el cura llevaba pantalones. Algo tan natural me pareció un agravio, se ve que ya estaba dentro de mí el pamemo que me ha acompañado durante ochenta años. También me di cuenta de que el cura cumplía las reglas del seminario donde estaba prohibido mear y hablar a la vez. Alguien dirá que estaba solo, pero es que hay hombres que al mear, silban.
Y ahora que lo pienso, no sé si es por esta calorina o estoy peor que el diagnóstico de la loquera, porque yo sólo iba a la noticia que convulsiona a los periódicos: la penúltima novia de Lamine Yamal tiene infección de orina.
Estamos preocupaos.

DdA, XXII/6432

domingo, 9 de agosto de 2026

EL ÁTICO DE CHAMBERÍ Y LA DIMISIÓN DE AYUSO


Ana Cardo

Durante toda esta semana el diario ElConstitucional.es viene informando casi a diario del malestar que se respira este verano en la sede del Partido Popular por las polémicas que se centran en la presidenta de la Comunidad de Madrid. El conflicto que ha dividido al parecer a la dirección del partido se centra en el espacioso y lujoso ático, situado en la barrio de Chamberí, cuya compra millonaria se basó en la peregrina idea de tener la presidenta un espacio provisional durante la restauración de la sede del gobierno autonómico, la Real Casa de Correos en la plaza de la Puerta del Sol. Dado que el ático  debe tener por su ubicación uso exclusivamente residencial, según la normativa, el gobierno autonómico anunció después del escándalo suscitado la venta del piso por seis millones y un buen pico de euros para tratar de cerrar el debate generado, pero ocasionando en un sector de la dirección del PP un malestar hacia Ayuso que no es de ahora. Lo que pasa es que la reacción de la lideresa madrileña a una aventurada propuesta de dimisión por parte de Feijóo quizá sería la que sugiere la imagen*, como ha apuntado en redes quien la difundió: ¿Te acuerdas de Casado? ¿Qué nos puede decir Serrano, el presidente del PP madrileño, que tan calladito se muestra con el ático de Chamberí. ¿Y Rodríguez, qué dice Rodríguez ante lo que ocurre en Génova con su Isabel de España?

*Desconozco el nombre del autor de la fotografía, merecedora de galardón.

DdA, XXII/6431

ABELARDO DE LA ESTRIELLA, UNA CARICATURA QUE NO DIGNIFICA AL CARIBE

 Aunque sólo sea por la dignidad, brillantez de exposición y contenido de su lenguaje, cada vez que Gustavo Petro hablaba en los foros o universidades internacionales, soy de los muchos que va a echar de menos al anterior presidente de aquella república, al que le gustaría que se le recordase como guerrero de la vida. Máxime si el actual, cuya victoria en las urnas cuestionó Petro, ofrecerá en sus discurso -dejando aparte su contenido- lo que el firmante del siguiente artículo expone. Quien pretende conducir los destinos de una nación culta y diversa debe estar a la altura intelectual, ética y lingüística de esa nación, sostiene Becerra Murgas, y no un desparpajado camaján dicharachero.



LA CULTURA LINGÜÍSTICA DE ABELARDO DE LA ESPRIELLA, ES POCO MENOS, QUE LA DEL PACHANGA FOLCLÓRICO, LA DEL FILIPICHÍN INSOLENTE, Y LA DEL PIZPIRETA BRAVUCÓN

Francisco Becerra Murgas

La dignidad del lenguaje, también debe ser dignidad de la política, en un acto de posesión presidencial en Colombia: el nuevo presidente, es poco menos, que el desparpajado camaján dicharachero. Hay algo profundamente revelador en la manera como un dirigente político se presenta ante la nación en un acto solemne de posesión presidencial. El discurso de investidura no es una conversación de cantina, una parranda vallenata, ni una tribuna de campaña politiquera, ni una fiesta de compadres: Es un acto republicano en el que las palabras adquieren una responsabilidad histórica, institucional y cultural.
Por eso resulta legítimo preguntarse qué imagen de la Costa Caribe colombiana se proyecta cuando un dirigente, en semejante escenario, recurre a determinadas auto caracterizaciones y expresiones de marcado sabor coloquial. Un costeño verdaderamente culto, académicamente formado, intelectualmente serio, honesto en su conducta pública y educado en el respeto por el idioma difícilmente necesitaría presentarse mediante metáforas de ferocidad, bravata o rusticidad para acreditar su autoridad. La identidad costeña no necesita disfraces folclóricos, ni gesticulaciones de machismo político. La Costa Caribe ha producido escritores, científicos, profesores, juristas, músicos, investigadores y dirigentes de extraordinaria talla intelectual. Desde Gabriel García Márquez hasta innumerables maestros anónimos de nuestras universidades y escuelas, el Caribe colombiano ha demostrado que la espontaneidad del habla costeña puede convivir perfectamente con la profundidad del pensamiento, la elegancia de la expresión y la rigurosidad académica. El problema, entonces, no es ser costeño, popular o coloquial. El problema aparece cuando la vulgaridad se convierte en método de representación política y cuando la estridencia pretende sustituir al argumento.
Un presidente de la República tiene la obligación de elevar el lenguaje público, no de rebajarlo; de representar la pluralidad nacional, no de convertir el escenario presidencial en una prolongación de la plaza pública; de demostrar autoridad intelectual mediante ideas y decisiones, no mediante una teatralización de la personalidad. Cuando un mandatario utiliza deliberadamente una retórica de bravata, puede producir aplausos inmediatos, pero también corre el riesgo de transformar la investidura presidencial en espectáculo. Y una República seria necesita algo diferente: instituciones, pensamiento, sobriedad, conocimiento y responsabilidad histórica. Por eso resulta especialmente desafortunado que la representación política del Caribe termine asociándose con el personaje del “tigre”, del hombre bravucón o del caudillo pintoresco. Esa caricatura no dignifica al Caribe. Por el contrario, puede terminar reproduciendo el viejo estereotipo de que el costeño es necesariamente estridente, informal, insolente, vulgar o intelectualmente ligero.
La verdadera cultura costeña es mucho más grande que esa caricatura de Abelardo de la Espriella.
Un académico costeño verdaderamente humanista no necesita proclamarse feroz para demostrar fortaleza. Su fuerza está en el conocimiento. No necesita recurrir a la insolencia para demostrar carácter. Su carácter se manifiesta en la coherencia. No necesita disfrazarse de personaje popular para obtener legitimidad. Su legitimidad proviene de la ciudadanía y de sus actos de gobierno. Y mucho menos necesita convertir la Presidencia de Colombia en escenario de una representación personalista. La política democrática debería ser, ante todo, una pedagogía de ciudadanía. Quien ocupa la primera magistratura tiene el deber de enseñar, incluso involuntariamente, cómo se ejerce el poder: Con argumentos y no con bravuconadas; con cultura y no con vulgaridad; con autoridad moral y no con teatralidad; con firmeza republicana y no con insolencia. La crítica, por supuesto, no debe confundirse con clasismo. Ser popular no es ser ignorante; hablar coloquialmente no es carecer de cultura; tener identidad regional no significa renunciar al lenguaje académico. Precisamente por eso la exigencia debe ser mayor: quien pretende conducir los destinos de una nación culta y diversa debe estar a la altura intelectual, ética y lingüística de esa nación.

DdA, XXII/6431

sábado, 8 de agosto de 2026

LA IGESIA CATÓLICA EN ESPAÑA: UN PODER BASADO EN INJUTICIAS Y PRIVILEGIOS

El poder de la Iglesia Católica en España, sustentado en un patrimonio inmenso, una financiación privilegiada y  una influencia social arraigada, plantea interrogantes sobre el secularismo y la equidad. A pesar de los avances hacia un Estado laico, su arraigo histórico, reforzado durante el franquismo, y su presencia en ámbitos como la caridad y la educación, evidencian que sigue siendo un actor clave en el panorama español. Este artículo examina su poder económico y social, así como las críticas sobre su falta de transparencia y su relación con el EstadoSu historia de favoritismo bajo el franquismo y su actual dependencia del Estado contrastan con las demandas de una sociedad que reclama mayor separación y justicia fiscal.


Ricardo Guerrero, Nueva Revolución

La Iglesia Católica en España ha mantenido durante siglos un poder e influencia que trascienden lo espiritual, consolidándose como una institución con un vasto patrimonio, una financiación privilegiada y un papel destacado en la sociedad, a menudo a costa de un secularismo incompleto. A pesar de los avances hacia un Estado laico, su arraigo histórico, reforzado durante el franquismo, y su presencia en ámbitos como la caridad y la educación, evidencian que sigue siendo un actor clave en el panorama español. Este artículo examina su poder económico y social, así como las críticas sobre su falta de transparencia y su relación con el Estado.

Patrimonio: Un imperio inmobiliario

La Iglesia Católica es una de las mayores propietarias inmobiliarias de España, con un patrimonio que abarca más de 100.000 propiedades, según estimaciones de organizaciones como la Coordinadora Recuperando.

Este vasto conjunto incluye iglesias, conventos, terrenos agrícolas y viviendas, muchas de las cuales fueron adquiridas o consolidadas a lo largo de la historia mediante donaciones, privilegios reales y, en tiempos más recientes, procesos controvertidos como las inmatriculaciones. Durante el franquismo (1939-1975), la Iglesia recibió un trato de favor excepcional: el régimen le permitió registrar a su nombre miles de bienes sin necesidad de justificar su propiedad, amparándose en la Ley Hipotecaria de 1946. Este mecanismo, que se prolongó hasta 2015, le otorgó la titularidad de inmuebles como la Mezquita de Córdoba, desatando críticas por lo que muchos consideran un «robo legalizado».

Además, la Iglesia disfruta de exenciones fiscales, como la del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI), que le ahorra millones de euros anuales. Europa Laica calcula que estas exenciones, junto con otros beneficios tributarios, ascienden a unos 2.000 millones de euros al año, un privilegio que contrasta con las obligaciones fiscales de los ciudadanos y empresas.

Financiación: Casilla de la Renta y subvenciones estatales

La Iglesia recibe una financiación significativa a través de la casilla del 0,7% en la declaración de la renta, un mecanismo derivado de los Acuerdos Iglesia-Estado de 1979. En 2023, esta vía aportó 360,4 millones de euros, según datos de la Conferencia Episcopal Española (CEE), provenientes de los contribuyentes que marcan voluntariamente esta opción. Aunque los obispos defienden que este dinero no es una subvención estatal directa, sino una decisión de los ciudadanos, críticos como Europa Laica argumentan que detrae recursos del erario público, beneficiando a una institución privada en un contexto de diversidad religiosa y creciente secularización.

A esta cantidad se suman subvenciones directas e indirectas del Estado. Según estimaciones de Europa Laica, la Iglesia recibe más de 11.000 millones de euros anuales entre asignaciones tributarias, exenciones fiscales, mantenimiento de patrimonio y financiación de actividades como la educación concertada y los capellanes en hospitales y prisiones. Por ejemplo, los centros educativos católicos, que representan el 60-70% de la enseñanza concertada, reciben unos 2.500 millones de euros anuales, mientras que los salarios de los profesores de religión católica cuestan al Estado más de 500 millones. Estas cifras reflejan una dependencia estructural del Estado, pese al compromiso de autofinanciación que la Iglesia asumió en 1979 y que, 45 años después, no ha cumplido.

¿Secularismo?

España se define constitucionalmente como un Estado aconfesional desde 1978, pero la realidad dista de ser plenamente secular. Solo el 18,5% de la población se considera católica practicante, según datos recientes, y la secularización avanza entre las nuevas generaciones. Sin embargo, los Acuerdos con la Santa Sede, firmados en 1979, perpetúan una relación privilegiada que choca con el principio de neutralidad religiosa. La presencia de símbolos católicos en actos oficiales, la enseñanza de la religión en escuelas públicas y la financiación estatal de la Iglesia son ejemplos de esta falta de separación efectiva entre Iglesia y Estado.

La influencia de la Iglesia se extiende a la política y la sociedad. Durante el franquismo, se erigió como pilar ideológico del régimen, bendiciendo la «Cruzada» y recibiendo a cambio recursos y poder. Aunque su peso político ha disminuido, sigue ejerciendo presión en temas como la educación o el aborto, a menudo alineándose con sectores conservadores. Su control sobre la educación concertada, que atiende a más de 2,4 millones de alumnos, le permite moldear valores y mantener una presencia cultural significativa.

El negocio de la caridad y la pobreza

Uno de los argumentos recurrentes de la Iglesia es que su labor social «ahorra» al Estado miles de millones de euros. Gestiona más de 9.000 centros sociales, atendiendo a cerca de 4 millones de personas anuales, según la CEE. Sin embargo, esta actividad no está exenta de críticas. Organizaciones como Europa Laica denuncian que la Iglesia ha convertido la caridad en un negocio, utilizando su red de ONG, como Cáritas, para justificar su financiación pública y encubrir su influencia. De los 360 millones recaudados por la casilla del IRPF en 2023, solo el 25% se destinó a fines asistenciales, mientras que el resto se empleó en gastos internos, sueldos y mantenimiento de estructuras.

El Estado ha delegado históricamente la atención a la pobreza en la Iglesia, una tarea que durante el franquismo se reforzó como parte de su alianza con el régimen. Hoy, esta delegación perpetúa un modelo de «industria de la caridad» que, según críticos, sustituye la justicia social laica por una beneficencia confesional. Las subvenciones a entidades católicas, como los 900 millones anuales para actividades hospitalarias, refuerzan esta dinámica, mientras la falta de transparencia sobre el uso de estos fondos alimenta las sospechas de proselitismo y lucro.

Un poder que persiste

El poder de la Iglesia Católica en España, sustentado en un patrimonio inmenso, una financiación privilegiada y una influencia social arraigada, plantea interrogantes sobre el secularismo y la equidad. Su historia de favoritismo bajo el franquismo y su actual dependencia del Estado contrastan con las demandas de una sociedad que reclama mayor separación y justicia fiscal. Mientras la Iglesia defiende su labor como un bien público, las voces críticas la acusan de perpetuar un modelo opaco y privilegiado, donde la caridad y la pobreza se convierten en herramientas de poder más que en soluciones estructurales. En un contexto de creciente secularización, el debate sobre su rol sigue más vivo que nunca.

ASTURIAS LAICA  DdA, XXII/6430

EL ECLIPSE DE 1905: DESCRIPCIÓN E INSTRUCCIONES PARA VERLO ESE AÑO EN ASTURIAS

 


Lazarillo

Se le está dado una amplia difusión mediática, desde hace más tiempo del que se puede dedicar a otro cualquier episodio de relevancia, al eclipse total de sol que tendremos oportunidad de ver en una determinada franja del  territorio de nuestro país. El hecho de que ocurra en el mes vacacional por excelencia, ha repercutido de modo escandaloso en el precio de los hoteles de aquellas localidades desde las que se podrá presenciar (Gijón, por ejemplo). Obviamente, estas expectativas, que esperemos no afecten al medio ambiente por localizarse los mejores puntos de observación en determinados parajes, no se daban en 1905, año en que también se dio el mismo fenómeno. Se publicó entonces el folleto que nos facilita el Muséu del Pueblu d'Asturies, editado por la imprenta y librería de Pulido (La Felguera) bajo el título “El eclipse total de sol de 30 de agosto de 1905: descripción del mismo y breves instrucciones para su observación precedidas de un resumen de Geografía Astronómica”. Se trata de un ejemplar de 33 páginas, procedente de la biblioteca de Borja Bordiú Cienfuegos-Jovellanos. En sus páginas podemos leer algo que tiene total vigencia estos días: “El interés que despierta el eclipse de Sol […] y las circunstancias de ser visible como total en gran parte de España, en extraordinarias condiciones, siendo Asturias por este concepto una de las regiones más favorecidas, nos han movido a publicar el presente opúsculo”.

No escuché esta explicación en los medios
...y mira que es necesaria para quienes no la saben.

DdA, XXII/6430

HAY PAISAJES QUE NO VUELVEN DURANTE UNA VIDA

Con este verano, creo que van cinco los que lleva la provincia de Zamora viendo arder sus tierras hasta sumar el mayor territorio quemado de España, cien mil hectáreas, equivalente a lo que suman las islas canarias de Hierro y La Palma. Desde tierras sayaguesas, las últimas calcinadas, nos llega este breve texto, nos dice su autor que en breve la hierba romperá el gris de la ceniza y con el tiempo crecerán los primeros brotes. Puede que alguien como Carlos vuelva a pasear algún día por un alcornocal  parecido al que hasta hace apenas unos días tuve la suerte de recorrer una y otra vez. Pero nosotros no volveremos a conocer este lugar como era. Hay paisajes que no vuelven durante una vida. Desde aquí, por las afinidades con Zamora de este Lazarillo, va un abrazo al sentimiento que tan certeramente expresa el firmante. (Recuerdo que en el viejo Correo de Zamora, periódico que dirigió este Lazarillo hace muchos años, había una sección comarcal titulada Paisaje sayagués. Desde el gobierno autonómico de Castilla y León, por negligencia, indiferencia o ineptitud, se está haciendo una nefasta política en la gestión y previsión de incendios forestales que puede conducir a vaciar aún más población esta provincia): 



Carlos Sánchez Alonso, de Fornillos de Fermoselle

Hace apenas unos días recorría estos mismos caminos sayagueses mientras el incendio avanzaba. Todo era humo, llamas, sirenas, prisas, incertidumbre y la angustia de no saber hasta dónde llegaría el fuego. En medio de ese caos apenas hay tiempo para comprender lo que está ocurriendo. Solo deseas que todo termine cuanto antes.
Es después, cuando regresa el silencio, cuando empiezas a entender lo que realmente ha ocurrido. Hoy he vuelto a recorrer estos lugares. El aire sigue oliendo a humo, algunos troncos aún humean y desprenden calor. Es ahora, precisamente ahora, cuando el incendio deja de ser una emergencia para convertirse en una pérdida.
El suelo ya no es suelo, es una alfombra de ceniza. Los árboles ya no dan sombra, son esqueletos. Y el silencio, después de tanto ruido, resulta sobrecogedor.
Entre todo lo que he visto hay una imagen que no consigo quitarme de la cabeza, los grandes alcornoques de Fornillos de Fermoselle, algunos con varios siglos de vida, abiertos en dos, desplomados sobre el suelo. Árboles que habían sobrevivido al paso de generaciones enteras. Árboles que habían necesitado tres o cuatro siglos para convertirse en lo que eran. Y ahora ya no están.
Sé que la naturaleza volverá. Siempre vuelve. Dentro de poco, la hierba romperá el gris de la ceniza y el verde comenzará a abrirse paso. Con los años llegarán los primeros brotes; dentro de un siglo crecerá un bosque joven y, quizá dentro de dos o tres siglos, alguien camine bajo un alcornocal parecido al que hasta hace apenas unos días tuve la suerte de recorrer una y otra vez.
Pero nosotros no. Nosotros ya no volveremos a conocer este lugar como era. Esa es la diferencia entre el tiempo de la naturaleza y el nuestro.
Por eso, cuando alguien dice, con buena intención, que «ya crecerá otra vez», tiene razón… y al mismo tiempo no la tiene.
Porque crecerá. Pero no para nosotros.

DdA, XXII/6430