Como bien saben los lectores de esta modesta bitácora, este Lazarillo es lector habitual de algunos de los más prestigiosos diarios de América Latina, a los que los diarios más importantes de este país nuestro no suelen prestar la menor atención porque sus intereses empresariales no coinciden con la línea editorial de periódicos como el mexicano La Jornada o el argentino Página/12. Pues bien, en el primero de estos diarios podemos leer cada día una breve sección que tiene el carácter de un editorial abreviado, si bien es tan abreviado a veces que como no se tenga un conocimiento del contexto de lo que leemos, no se puede interpretar del todo, máxime si se refiere a asuntos de política interna del país en donde el periódico se publica. Hoy, sin embargo, sí sabemos del contexto porque el tema es Venezuela y quien lo escribe tiene conocimiento de que determinadas informaciones, como las multitudinarias manifestaciones que se registran en Caracas y otras ciudades en repudio por el ataque armado sufrido por la nación y el secuestro de su presidente y esposa, no se difunden en la mayoría de los medios de información internacionales. O, como ha ocurrido en los telediarios de nuestra televisión pública, se ofrecen de forma manipulada, recortando la perspectiva multitudinaria de las marchas. Imágenes de Trump el invasor, sin embargo, abundan hasta la saciedad, así como las de venezolanos manifestándose a favor del secuestro y ataque armado a su país que causó un centenar de muertos. ¿También secuestró EU las cámaras de los principales noticiaros del mundo, leemos en Rayuela, título de la sección. Porque cubren en todos los sentidos a Trump, pero no lo que pasa en el país invadido...".La portada de La Jornada sí refleja esas manifestaciones: La indignación recorre Caracas y otras capitales, leemos
En medio de la gran mayoría de informaciones indignas de crédito que se difunden a través de las redes sociales y que tenemos ocasión de observar cuando, como en estos días, tiene lugar un episodio histórico de la gravedad que tiene la acción armada de Estados Unidos contra Venezuela y el secuestro del presidente de aquella república, determinadas noticias de naturaleza comprobada cobran a través de esos mismo medios de comunicación una materialidad y relevancia mayores que las que nos pueden ofrecer otros canales más convencionales como la prensa, la radio o la televisión.
En esta ocasión, como en otras, son estos medios convencionales los que recurren a las redes sociales para informar. Se trata de la muerte a tiros de una ciudadana estadounidense por parte de un agente del servicio de inmigración y aduanada de ese país (ICE), caracterizado por la persecución, detención y deportación de migrantes en redadas que, como acaba de ocurrir con los migrantes procedentes de Venezuela, celebraban en las calles que el presidente que los va a expulsar secuestrara al presidente de su propio país.
El suceso ocurrió en el estado de Minnesota y la víctima se llama Renee Good, de 37 años, residente en Minneapolis, según leo en BBC. Vídeos difundidos en medios de comunicación y redes sociales muestran desde varios ángulos el vehículo en el que viajaba la mujer bloqueando parcialmente una calle en el momento en que se aproximan los agentes migratorios.
Estos tratan de abrir la puerta de la conductora, que aparentemente trata de huir acelerando a la derecha. Uno de los agentes, que trataba de bloquear el paso del vehículo, responde con varios disparos hacia el asiento de la conductora, cuyo auto acaba fuera de control y empotrado contra otro que se encontraba estacionado.
Las imágenes son tan explícitas de la facilidad con la que los agentes recurren a las armas con intención de matar que dan idea de las órdenes de mando que reciben de sus superiores en lo referente a las políticas de deportación. Pero esta vez la víctima no ha sido una de las personas perseguidas, sino una ciudadana estadounidense, poeta según leo, cuyo gesto solidario quizá se debió al recuerdo de sus antepasados, cuando llegaron a aquel país en busca del porvenir que ahora pretenden otros.
Si esa conciencia histórica de lo que fueron los suyos en el pasado tuviera la suficiente fuerza entre la población de Estados Unidos, quizá lo que está ocurriendo no sucedería. Pero allí hasta su propio presidente se está cagando con su política en la memoria de juventud de su propia madre, Mary Anne MacLeod (1912-2000), una trabajadora doméstica escocesa, esposa del empresario Fred Trump, que emigró a Estados Unidos en 1930 y diez años más tarde fue ciudadana estadounidense*.
*El alcalde de Minneapolis Jacob Frey dijo después del asesinato de Renee Good lo que cada vez más gente piensa: "ICE, get the fuck out of Minneapolis!" (¡ICE, váyanse a la chingada de Minneapolis!). Ojalá otros alcaldes y gobernadores sigan su ejemplo.
Me atrevo a afirmar, desafiando a quien corresponda, que si la democracia estadounidense deja de avanzar como una fuerza viva, buscando día y noche por medios pacíficos mejorar la suerte de nuestros ciudadanos, el fascismo crecerá en fuerza en nuestra tierra”. La libertad y la liberación son una tarea interminable», dijo Roosevelt. Sus palabras son proféticas y parecen haberse cumplido en el presente bajo la administración del presidente Donald Trump.
Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio de la Vida Cristiana / Logo del Sodalicio ______________________
Martin Scheuch, exsodálite, Religión Digital, 7 de enero de 2026
En 1995, Umberto Eco publicó su ensayo “Eternal Fascism” (“El fascismo eterno”), identificando 14 características típicas de esta ideología, la cual él también denomina ur-fascismo, es decir, el fascismo primordial, arquetípico o eterno, es decir, una forma esencial y subyacente del fascismo que trasciende las manifestaciones históricas concretas (como el fascismo italiano de Mussolini o el nazismo alemán). Según Eco, el ur-fascismo no es un sistema ideológico rígido y coherente, sino una nebulosa de actitudes, impulsos y características que pueden aparecer en combinaciones variables y que sobreviven al fascismo histórico del siglo XX. Estas características pueden manifestarse en movimientos políticos modernos, incluso bajo apariencias inocentes o democráticas, sin que necesariamente se declare abiertamente fascista.
Las reflexiones del filósofo italiano revisten suma actualidad, y nos sirven para identificar los diferentes fascismos que han tomado carta de ciudadanía no sólo en la política actual a nivel mundial, sino también en el ámbito religioso.
__________________
Ya hace 30 años, Eco alertaba sobre el peligro de estas corrientes de pensamiento:
«El ur-fascismo sigue entre nosotros, a veces en ropa de civil. Sería mucho más fácil para nosotros si apareciera en la escena mundial alguien que dijera: “Quiero reabrir Auschwitz, quiero que las Camisas Negras vuelvan a desfilar por las plazas italianas”. La vida no es tan sencilla. El ur-fascismo puede regresar bajo los disfraces más inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y señalar con el dedo cada una de sus nuevas manifestaciones —todos los días, en todas las partes del mundo—.
Merece la pena recordar las palabras de Franklin Roosevelt del 4 de noviembre de 1938: “Me atrevo a afirmar, desafiando a quien corresponda, que si la democracia estadounidense deja de avanzar como una fuerza viva, buscando día y noche por medios pacíficos mejorar la suerte de nuestros ciudadanos, el fascismo crecerá en fuerza en nuestra tierra”. La libertad y la liberación son una tarea interminable».
Las palabras del presidente Roosevelt son proféticas y parecen haberse cumplido en el presente bajo la administración del presidente Donald Trump. Pero quizás lo que más nos puede interesar es cómo se plasman esas características del “fascismo eterno” en asociaciones religiosas, sobre todo las que forman parte de la Iglesia católica. Para ello voy a ir enumerando esas características, comentando cómo se plasmaban en el Sodalicio de Vida Cristiana, una sociedad de vida apostólica que fue suprimida el 14 de abril de 2025 por el Papa Francisco y a la cual yo estuve vinculado durante treinta años.
1. El culto a la tradición. El fascismo eterno se basa en un sincretismo cultural que rechaza la innovación y ve la verdad como ya revelada en un pasado mítico.
En el Sodalicio se veneraba la Antigüedad Cristiana y la Edad Media como épocas de plasmación perfecta de los valores cristianos en la sociedad —lo que conocemos como la cristiandad occidental— y se veía el desarrollo de las ideas a partir del Renacimiento como un declive en decadencia continua que conducía a la configuración de la sociedad moderna.
2. El rechazo al modernismo. Ve la Ilustración y la razón moderna como el origen de la decadencia, aunque pueda aceptar avances tecnológicos superficiales.
El mundo actual era visto como un ente en absoluta decadencia, producto de la Reforma protestante, la Ilustración y la Revolución Francesa, todos ellos sucesos que desembocaron en la sociedad moderna, donde no existiría ningún pensamiento ni sistema ideológico rescatable.
3. El culto a la acción por la acción. La acción se valora por sí misma, sin reflexión; pensar es una forma de debilidad. Se asocia al irracionalismo y al antiintelectualismo.
Si bien en el Sodalicio se insistía en que uno debía tener un pensamiento racional y desconfiar de los sentimientos, no se permitía ser crítico con los postulados ideológicos de la institución. Más bien, se debía actuar sin pensar cuando un superior daba una orden.
4. El desacuerdo es traición. La crítica o el desacuerdo se consideran traición; no se tolera el debate racional.
En el Sodalicio quien criticaba el pensamiento único imperante o manifestaba discrepancias era considerado un traidor, al cual se le tenía que disciplinar y castigar.
5. El miedo a la diferencia. Explotación del temor a lo diferente; el primer enemigo son los “intrusos”. Por definición, es racista.
La frase “un sodálite sólo puede ser amigo de otro sodálite” que repetía Luis Fernando Figari, el fundador del Sodalicio, expresaba la desconfianza que se debía tener hacia todo el que fuera ajeno a la institución. “Un cholo nunca podrá ser un buen sodálite”, otra frase suya, expresaba el desprecio que tenía hacia todo aquel que tuviera ancestros indígenas.
6. Apelación a la frustración social. Surge de la frustración individual o colectiva, especialmente de clases medias amenazadas por crisis económicas o presión de grupos inferiores.
El Sodalicio buscó al principio a sus adeptos entre jóvenes de clases medias y altas, frustrados por la falta de perspectivas en el Perú, que pasó por una dictadura militar en los setenta, y por graves crisis económicas y sociales en los ochenta, a las cuales se sumó la amenaza terrorista en los ochenta y noventa.
7. Obsesión por el complot. Los seguidores se sienten asediados por enemigos internos y externos; la vida nacional se ve como una conspiración permanente.
En los años setenta y ochenta se nos hablaba en el Sodalicio de la conspiración judeo-masónica para dominar el mundo. A eso se sumó la amenaza que constituía el comunismo y su supuesto socio, la teología de la liberación, que presuntamente no era otra cosa que la infiltración del marxismo dentro de la Iglesia. Y al Plan de Dios se contraponía el plan del demonio para descristianizar a la sociedad.
8. El enemigo es a la vez demasiado fuerte y demasiado débil. Los enemigos son humillados, pero al mismo tiempo se les presenta como invencibles para justificar la lucha eterna.
Se nos inculcaba a los sodálites que teníamos la fuerza para vencer al mal en el mundo, pero a la vez este mal era sumamente poderoso y omnipresente, de modo que necesitábamos de la ayuda constante de Dios.
9. La vida es lucha permanente. La paz es vista como una conspiración; se prepara para una batalla final apocalíptica (como el Armagedón o la guerra racial).
“La vida es milicia”, frase atribuida a José Antonio Primo de Rivera, era uno de los lemas que se nos repetía, refrendado por una cita del libro de Job en la versión de la Biblia de Jerusalén: “¿No es una milicia lo que hace el hombre en la tierra?” (Job 7, 1). Las lecturas obligadas de libros de ciencia ficción distópica —como “1984” de George Orwell y “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury, entre otros— alimentaban en nosotros la conciencia de que los tiempos apocalípticos estaban cerca.
10. El desprecio por los débiles (elitismo popular). Se fomenta un elitismo de masas: cada ciudadano desprecia a los inferiores, pero admira a un líder superior.
Los sodálites se concebían como una élite que iba a reformar y salvar a la Iglesia, bajo la guía de su líder Figari, mientras que se tenía en menos a las demás asociaciones y órdenes religiosas —se decía que eran relajadas y poco exigentes— y también a los católicos de a pie, a los cuales se denostaba con el término despectivo de “parroquieros”.
Las firmas del decreto de supresión del Sodalicio ______________
11. El culto al heroísmo y a la muerte. Se educa en el heroísmo; el héroe aspira al martirio, y la muerte es glorificada.
Aquí es pertinente citar dos estrofas del “Himno sodálite a Cristo Rey”, cantado solamente en ocasiones solemnes a puerta cerrada:
Soy de Cristo soldado escogido, su bandera he jurado seguir, lucharé por la fe decidido aunque sea preciso morir, aunque sea preciso morir.
Es María y Cristo que llaman, nos convocan a una lucha sin par.
Cristo Rey, tus sodálites te aman y desean morir por tu ley, y desean morir por tu ley.
12. El machismo y el culto al arma. Transferencia de la voluntad de poder a la esfera sexual (machismo, condena de costumbres no convencionales) y al manejo de armas.
Figari solía hablar del “estilo viril que nos caracteriza” y también nos inculcaba una misoginia profunda: “A la mujer, ¡con la punta del zapato!” Más aún, cuando alguien mostraba desaliento o tenía un momento de debilidad, se le comparaba con las mujeres: “Pareces una hembrita con tetas y todo”.
13. Populismo cualitativo. El líder interpreta la “voluntad del pueblo” de forma selectiva; el parlamento o las instituciones democráticas se rechazan por no representar la verdadera voz popular.
Ni que decir, los mecanismos democráticos eran totalmente ajenos al Sodalicio. Se consideraba la democracia en cuanto sistema político como una muestra de la decadencia de Occidente. Y al interior del Sodalicio, el único que representaba la voluntad de los sodálites era Figari, a quien todos debían obediencia incondicional.
14. Uso de la neolengua. Empleo de un vocabulario pobre y sintaxis simplificada para limitar el pensamiento crítico y complejo.
Como ya lo he señalado en mi libro Las Líneas Torcidas (Lima 2025), “en el Sodalicio se fue creando un léxico propio, que debía ser vehículo de expresión de la espiritualidad sodálite y al cuál debían ceñirse todos los sodálites”. El control del lenguaje era una herramienta para controlar los pensamientos.
Estas características del “fascismo eterno» también serían identificables en otras asociaciones católicas. No debemos parar en denunciar y señalar este mal, que constituye un peligro no sólo para las personas vinculadas a ellas, sino para la sociedad en general.
_______________________
Martín Scheuch ___________________________
Notas Asturias Laica Sobre el Sodalicio de la Vida Cristiana algunas entradas en el blog de Asturias Laica
Otto Kernberg... Psiquiatra experto en líderes malignos: «Hay paralelismos psicológicos entre Trump y Hitler»
ESTE PSIQUIATRA NORTEAMERICANO DE 97 AÑOS ES UNO DE LOS MAYORES ESPECIALISTAS DEL MUNDO EN EL ESTUDIO DE LOS TRASTORNOS DE PERSONALIDAD. HA INVESTIGADO EN ESPECIAL LA MENTE DE LOS LÍDERES MALIGNOS. OTTO KERNBERG TUVO QUE HUIR DE HITLER CUANDO ERA NIÑO. SABE MUY BIEN DE LO QUE HABLA. ENTREVISTA EN XLSEMANAL, FACILITADA POR EL CENTRO PSICOANALÍSTICO DE MADRID (CPM)
Kernberg, de 97 años, tiene un largo día a sus espaldas. La noche anterior, el psiquiatra viajó desde Estados Unidos a Europa, dio una conferencia de seis horas en una clínica en Alemania y después concedió una entrevista televisiva de una hora. A pesar de ello, no muestra rastro de cansancio cuando a las siete de la tarde se sienta para conversar. Otto Kernberg es uno de los psicoanalistas más importantes del último siglo y uno de los mayores especialistas en el estudio de los trastornos de la personalidad.
En 1939 huyó con sus padres de Viena a Chile; casi toda su familia fue asesinada en el Holocausto. En 1961 se marchó a Estados Unidos, donde ha sido Director del Instituto de Trastornos de la Personalidad en Nueva York y Profesor en la Universidad de Cornell. Es considerado uno de los teóricos más influyentes de la psicología profunda moderna.
XLSemanal. Con casi 11 años tuvo que abandonar Viena por ser judío. Hoy, como ciudadano estadounidense, ve cómo personas son deportadas del país y separadas violentamente de sus familias. ¿Qué despierta eso en usted?
Otto Kernberg. No me sorprende que Trump use esos métodos. No espero otra cosa de él. Pero me sorprende la falta de una reacción por parte de los políticos demócratas. Trump dice abiertamente que no es presidente de los estadounidenses, sino de los republicanos, que se siente obligado solo con ellos. Eso es exactamente lo que caracteriza a las dictaduras.
XL. ¿Le viene a la mente alguna imagen de su infancia?
O.K. Hay muchas. Recuerdo el momento en que nos expulsaron de la escuela. De repente quedó claro: ya no pertenecemos. Ya no había amistades entre niños judíos y no judíos, no había conversaciones normales. Por todas partes estaban esos carteles: «Prohibida la entrada a judíos y perros».
«CUANDO UN GRAN GRUPO DE GENTE CAE BAJO UN ELEVADO NIVEL DE ESTRÉS Y MIEDO, DESARROLLA UN COMPORTAMIENTO INFANTIL Y DEPENDIENTE»
XL. ¿Habló de ello con sus padres?
O.K. No, en absoluto. Mis padres intentaron protegerme. Nosotros, los chicos, lo arreglábamos a nuestra manera. Cuatro o cinco niños judíos robábamos dulces en las tiendas. Era terriblemente peligroso para los padres. Pero nos daba un sentimiento de libertad y protesta. Mucho más tarde, cuando mi familia vivía ya en Chile junto con cientos de otros emigrantes alemanes judíos, los jóvenes hablamos entre nosotros sobre nuestras experiencias. Solo entonces me di cuenta de la magnitud de lo sucedido.
XL. ¿Por qué hay gente que anhela los llamados 'hombres fuertes' en la política, aunque mientan y dividan?
O.K. Con esta pregunta hablamos de lo que en psicología se llama 'un gran grupo regresivo': sus miembros tienen la sensación de que son otros los que controlan el mundo y que ellos son sus víctimas y deben rebelarse. A menudo, uno de ellos recibe entonces la tarea de dominar ese mundo hostil. El grupo, cuando cae bajo gran nivel de estrés y miedo, no desarrolla un comportamiento adulto, sino patrones infantiles.
XL. ¿Qué desencadena ese estrés?
O.K. Detrás hay un sentimiento de impotencia, que en cierto modo es un subproducto de la democracia: uno está insatisfecho con las decisiones de la mayoría, no se siente escuchado. Hasta cierto punto es un sentimiento inevitable; todos lo hemos experimentado. Pero, cuando esta sensación se vuelve abrumadora, es un paso natural confiar en un líder grandioso y antisocial.
Retrato de un líder narcisista maligno
Estos líderes surgen cuando se pierden las estructuras sociales y hay grandes escisiones en la población. Los grandes grupos se vuelven regresivos y buscan un líder grandioso, agresivo y desconfiado del mundo exterior. El líder y ellos se retroalimentan, y eso les da libertad para llevar una conducta antisocial (atacar, destruir…) sin sentimiento de culpa. Kernberg asegura que la diferencia entre un estado dictatorial y uno totalitario es que en el dictatorial solo hay que obedecer, mientras que en el totalitario hay que amar al líder.
Personalidad narcisista paranoide
→Egocentrismo extremo, actitud de superioridad, tendencia a sentirse en competencia con los demás, devaluar a los enemigos, incapacidad para relaciones humanas profundas, manipulación, mentiras, conducta antisocial.
Alta inteligencia
→Grandes capacidades orales, carisma y seductor. Si carece de alta inteligencia, compensa su sensación de vacío con drogas, alcohol o sexo.
XL. ¿Por qué habla de un paso natural?
O.K. Porque los grupos regresivos siempre eligen líderes similares. Se ha estudiado psicoanalíticamente ese tipo de grandes grupos, de 150 a 300 personas. Y en poco tiempo todos tuvieron el deseo de elegir un liderazgo narcisista o paranoide.
XL. Es decir, eligen a una persona egocéntrica que quiere ser admirada o alguien que es patológicamente desconfiado y se siente perseguido.
O.K. Cuando el grupo está en una fase moderada, busca un líder del tipo abuelo amable con partes narcisistas. Que calma a todos y promete paz.
«TRUMP TIENE MIEDO DE PUTIN. EN CAMBIO, COMBATE A PEQUEÑOS ESTADOS COMO VENEZUELA Y COLOMBIA PARA HACERSE EL GRAN HOMBRE»
XL. ¿Y cuando el grupo está más agitado?
O.K. Entonces quiere un jefe paranoide que los confirme en sus miedos y los lidere contra el enemigo. Los grupos que están especialmente descontentos y se sienten bajo presión a menudo quieren a alguien que combine ambas cosas: lo narcisista y lo paranoide, es decir, alguien que, por un lado, quiere ser amado, pero también temido. A eso le corresponde una personalidad de liderazgo con narcisismo maligno.
XL. ¿Es Trump así?
O.K. Ciertamente parece querer ser amado por sus seguidores y al mismo tiempo se comporta de tal manera que numerosas otras personas lo combaten. Pero no puedo hacer un diagnóstico psiquiátrico si no lo he examinado. Por lo tanto, no sé si Trump sufre de narcisismo maligno en el sentido clínico. Podría ser que en su vida privada se comportara mucho más razonable y decentemente, aunque no lo creo. Como político, en cualquier caso, muestra rasgos de narcisismo maligno.
XL. ¿Cuáles exactamente?
O.K. Además de la necesidad de ser grandioso, está la agresividad, una sed de venganza casi patológica: Trump se siente rodeado de enemigos, persigue a todos los que alguna vez dijeron algo contra él. Otra característica es la deshonestidad con la que lleva a cabo la lucha contra sus supuestos enemigos. Para él es importante ganar, con qué medios no importa. Sus seguidores lo admiran por eso, porque Trump es valiente en su mentira.
XL. ¿Qué quiere decir con eso?
O.K. Trump les transmite la imagen de que miente por una buena causa: derrotar a una sociedad hostil y mentirosa que sienten que los amenaza, por así decirlo, con sus propias armas. Cuando niega el cambio climático o declara a los científicos enemigos del Estado, eso a los ojos de sus seguidores es una señal de su valentía.
Retrato de un buen líder
Aplicable tanto al líder de una compañía como al líder político de una nación, entre los que Kernberg menciona al presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt.
Alta inteligencia
→Capacidad del líder para tomar decisiones a largo plazo.
Identidad normal
→Es capaz de relacionarse en profundidad con otras personas y de evaluar a sus colaboradores adecuadamente: saber en quiénes confiar y delegar.
Integridad moral
→Necesaria para hacer frente a las inevitables tentaciones de corrupción.
Tendencias narcisistas
→Debe tenerlas para no derrumbarse ante las dificultades y ante los ataques que surgen de fuera de la organización, así como para no dudar de sus propias decisiones e inteligencia.
Ciertas tendencias paranoides
→Entendidas en oposición a una actitud de ingenuidad naíf que impide gestionar los conflictos y las amenazas internas.
XL. ¿Quiere decir que sus votantes son conscientes de que miente?
O.K. Las personas en su entorno de trabajo inmediato probablemente saben que miente. Pero la gran masa de sus seguidores le cree, incluso cuando afirma, por ejemplo, que en realidad él ganó las elecciones de 2020, y no su competidor, Biden. Los millones de estadounidenses que lo siguen piensan ante todo que él es poderoso, que puede lograr lo que quiera y que resuelve todos los problemas. Al mismo tiempo les muestra que es una persona normal, uno de ellos: habla como ellos y se atreve a decir todo, incluso los insultos más groseros, para luchar por su bienestar. Estos son patrones similares al entusiasmo nacionalsocialista de Hitler.
XL. ¿Ve entonces paralelos entre ambas personalidades?
O.K. Sí. Pero, por supuesto, también hay diferencias. Hitler inmediatamente hizo asesinar a personas que declaró enemigas. Y Trump tiene un carisma más infantil, a veces casi juguetón. Hitler, por el contrario, siempre parecía mucho más consecuente, por ejemplo, en la manera en que imponía lo que quería. Pero él tampoco toleraba críticas. Si alguien intentaba criticarlo, se enfadaba y abandonaba a la persona.
«EL MAL NO SOLO ES EL RESULTADO DE LA HISTORIA O DE LA VIDA DE LAS PERSONAS. TAMBIÉN HAY GENTE QUE SE ALIMENTA DE ÉL PARA SENTIRSE PODEROSA»
XL. ¿Los narcisistas malignos se comportan también agresivamente hacia sí mismos y sus seguidores?
O.K. Por supuesto, especialmente cuando subestiman la realidad y sobreestiman su propio poder. También para eso se encuentran ejemplos en Hitler, su campaña contra Rusia fue un momento de autodestrucción. Sus generales podrían haberlo advertido. Pero unos tenían tanto miedo de él y otros lo encontraban tan grandioso que no se atrevieron a decirle lo difícil que sería derrotar un país enorme como la Unión Soviética cuando Estados Unidos estaba a punto de entrar en la guerra.
XL. Cuando los seguidores de Trump asaltaron el Capitolio porque no aceptaban su derrota y la democracia estadounidense pareció tambalearse, ¿usted qué pensó?
O.K. Fue una rebelión abierta contra la sociedad democrática. Gracias a Dios, la rebelión estaba mal organizada y Trump fue incapaz de conducirla a un movimiento revolucionario antidemocrático. Dio grandes discursos y luego se escondió. Trump no es constante. Hace promesas grandiosas, pero generalmente no las persigue hasta el final. De lo que sí es capaz es de reconocer intuitivamente lo que las personas desean y convertirlo en un mensaje. Lo recuerdan: dijo que quería terminar la guerra entre Rusia y Ucrania en un día.
XL. Pero no ha sucedido.
O.K. Al final, Trump tiene miedo de Putin. No se atreve a enfrentarse a él y debe disimularlo para que se mantenga la impresión de su grandiosidad.
XL. ¿Cómo debería tratarse con un político del calibre de Trump?
O.K. Con una oposición fuerte y consecuente que se oriente en el principio del liberalismo democrático.
XL. ¿Qué entiende por eso?
O.K. Una actitud como la que mostró una persona tan valiente como Alexéi Navalni en Rusia, que pagó con su vida criticar a Putin y su régimen. O un intelectual como el historiador Timothy Snyder, que abandonó la Universidad de Yale en protesta. Políticos demócratas como los gobernadores Josh Shapiro en Pensilvania o Gavin Newsom en California no se oponen con suficiente claridad a Trump. Parecen tener miedo de él.
XL. ¿El miedo de los demás anima a una persona como Trump?
O.K. Por supuesto. Sin embargo, si se confronta con alguien igual de poderoso, tiene miedo, como con Putin. Trump podría haberlo obligado a terminar la guerra en Ucrania entregando armas más potentes. No lo hizo. En cambio, da explicaciones ridículas que suenan infantiles sobre lo decepcionado que está con Putin. Y combate a pequeños estados como Venezuela y Colombia, donde puede hacerse el gran hombre.
XL. ¿Trump ha cautivado a Estados Unidos o había en el país un caldo de cultivo para un liderazgo autoritario?
O.K. En Estados Unidos se ha extendido desde hace algún tiempo un sentimiento antidemocrático. Los gobiernos anteriores bajo los presidentes Obama y Biden apoyaron tan claramente a los grupos oprimidos y desfavorecidos que eso provocó protestas y grandes resistencias en el país. Así que sí: podría haber habido otros Trump.
XL. De niño vio que la gente se entusiasmaba cada vez más con el nacionalsocialismo. ¿Es un rasgo básico arcaico del ser humano sentirse atraído por lo autoritario?
O.K. Sí, y eso tiene que ver con la ya mencionada psicología de grupos. Nos lleva de vuelta a un sentimiento infantil, en el que somos dependientes y así no tenemos que asumir ninguna responsabilidad. Se opone a la responsabilidad del adulto por su propio comportamiento. Sin embargo, el deseo de un mundo perfecto y simple tiene algo primitivo. Para eso está Trump.
XL. ¿Qué es exactamente el mal?
O.K. El mal es un comportamiento lleno de odio y destructivo que se explica por la historia de los pueblos o por la vida de las personas. Pero también hay personas cuyo odio se alimenta de sí mismo, que se convierte en un propósito de vida porque así se sienten poderosos y grandiosos.
«Tempo de solidão e de incerteza Tempo de medo e tempo de traição Tempo de injustiça e de vileza Tempo de negação. Tempo de covardia e tempo de ira Tempo de mascarada e de mentira Tempo que mata quem o denuncia Tempo de escravidão. Tempo dos coniventes sem cadastro Tempo de silêncio e de mordaça Tempo onde o sangue não tem rastro Tempo de ameaça.»
«Tiempo de soledad e incertidumbre
Tiempo de miedo y tiempo de traición
Tiempo de injusticia y de vileza
Tiempo de negación.
Tiempo de cobardía y tiempo de ira
Tiempo de mascarada y de mentira
Tiempo que mata a quien lo denuncia
Tiempo de esclavitud.
Tiempo de desleales sin registro
Tiempo de silencio y de mordaza
Tiempo donde la sangre no deja rastro
Tiempo de la amenaza.»
Sophia de Mello BREYNER ANDRESEN
(Oporto, 6 de noviembre de 1919 — Lisboa, 2 de julio de 2004)Prémio Camões 1999,
Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana2003: “Data [à maneira de Eustache Deschamps] ” en Livro Sexto, (1962).
No es sencillo afrontar los retos de este tiempo, hora en que la confusión desborda cualquier certeza y el ansia de construir algo nuevo (y mejor) hace que se olvide a veces la necesidad de eliminar antes drásticamente las vigas carcomidas del edificio de una vida, un mundo, una sociedad podridas en el patetismo de su ya estéril voluntad de poder... Porque, ¿qué pueden realmente quienes ya sólo representan las sombras tras las que intuimos los intereses de los dueños del mundo?, ¿qué pueden más allá del raudo y sumiso acatamiento de la voz de su amo?.
Por eso, en este tiempo en el que la inmensa mayoría de los seres humanos se siente sola en medio de la incertidumbre ante el mañana, la insoportable evidencia de tantas traiciones, públicas y privadas, hacen que florezca el miedo ante una opresión globalizada capaz de las mayores vilezas para garantizar el imperio de la injusticia distributiva... Ahí está Trump, aquel “pacificador” que prometía acabar con las guerras (las de sus amiguetes y con repercusión económica en su mundo, claro, no las africanas que no molestan el tráfico/rapiña internacional de materias primas, como Sudán, o incluso lo favorecen, República Democrática del Congo) en cuestión de semanas, sin acabar con ninguna y ejecutando sin detención ni juicio a ciudadanos extranjeros fuera de su territorio, bombardeando países sin declaración de guerra y secuestrando sus presidentes sin fuero alguno (eso sí, con el aval del Premio Nobel de la Paz a quien le susurraba en la oreja la conveniencia de tales acciones y el alborozo de cuantos pequeños sátrapas ejercen de palmeros)…
Así que cada cual, dentro de esa inmensa mayoría desvalida, padece formás específicas de negación por ser lo que su yo múltiple condensa (mujer o negro, gitano o vieja, desempleada o sarasa, inmigrante o jovenzuelo sin oficio ni beneficio, discapacitado o gorda...) ante las que sólo puede responder con cobarde aceptación o ira frecuentemente irreflexiva en medio de la gran mentira, la gran impostura de esta mascarada de penumbras... Porque el patetismo final de esos actos vacíos de poder (“No al principio de autoridad sin principios” dice uno de los lúcidos disidentes de El Roto) dictados por la tiniebla (donde están quienes manejan realmente la tramoya) siempre pretende doblegar las disidencias y resistencias, matar (física o socialmente, mediante su demonización) a quienes se sienten urgidos a la denuncia de tanto oprobio...
En este tiempo, en fin, de deslealtades multiformes que taimadamente procuran no dejar huella, se nos quiere esclavizar en cuerpo y alma para, silentes o (si fuere menester) con mordaza, servir sin trabas al progreso de la cultura del emprendimiento...
Pero esto se agota... Y hay ya mucha gente, cada día más, que no traga. Así que este tiempo convierte sus grotescos actos finales de poder interpuesto en un reguero de sangre mediática, tan incógnito (“se dice que...”) como ejemplarizante (“mira lo que pasa si...”). Tiempo, a fin de cuentas, de la amenaza en el que Trump, sus secuaces y sus palmeros se pueden comportar en el mundo como envalentonados abusones de patio de colegio mientras ensayan su mueca de ufana sonrisa/desvarío ante la tortícolis que empiezan a padecer el común de los mortales y los supuestos controladores del orden internacional de tanto mirar para otro lado… Tiempo, a buen seguro, en el que acabará siendo necesario reclamar un oportuno Nobel de la Paz para la cobardía.