jueves, 29 de octubre de 2026

ÓSCAR PUENTE DEBERÍA DIMITIR, PERO MÁS CONVENIENTE ES AGUANTAR

 


A título personal, si tuviese que opinar, os diría que con el corazón en la mano recomendaría la dimisión del ministro por mera coherencia institucional. Pero mejor escenario sin duda desde un punto de vista estratégico es no tocar nada y mantener la posición. En la frialdad de la lógica, las concesiones en precampaña se transforman rápidamente en síntomas de agotamiento mientras que la resistencia ante la presión extrema se interpreta desde el electorado como liderazgo y cohesión interna. Falta comprobar, añadimos a lo que dice el autor, las causas del accidente, sin que se descarte ninguna.

Àlex López

¿Qué debe hacer Pedro Sánchez? ¿Debe forzar la dimisión de Puente? ¿Cesarlo? ¿Aguantar? Yo lo tengo muy claro.
Como muchos sabéis mi campo de especialización es la Teoría de Juegos matemática y habitualmente colaboro con empresas multinacionales asesorándolas en la toma de decisiones puramente estratégicas en entornos de alta incertidumbre.
Hoy os propongo un ejercicio pedagógico y técnico y aplicar las matemáticas, siempre serenas y frías, utilizando un modelo dinámico de suma no nula en la encrucijada tan compleja a la que se enfrenta el Gobierno y las exigencias de dimisión sobre el ministro Óscar Puente en plena campaña preelectoral.
A título personal, si tuviese que opinar, os diría que con el corazón en la mano recomendaría la dimisión del ministro por mera coherencia institucional. Esa es la excelencia moral que la izquierda espera, en una clave totalmente opuesta a los motivos que esgrime la derecha. Eso es lo que mi intuición me dicta.
Pero cuando uno se pone la chaqueta de asesor profesional y entra en lo que yo llamo War room, debes dejar las emociones fuera y utilizar la cabeza.
Si el presidente me pidiera consejo como estratega este sería el análisis de los tres posibles escenarios:
1. El Cese.
En teoría de juegos entregar una pieza sin recibir nada a cambio se interpreta como una debilidad. Si Sánchez cesa a Puente la oposición no cambiará su relato ni se dará por satisfecha. Validará el relato sobre la incompetencia y escalará solicitando la dimisión de Pedro Sánchez. El coste electoral sería máximo porque desmovilizaría al votante propio y desataría el pánico.
2. La dimisión.
Sería un intento de cortafuego donde el ministro asumiría el coste en primera persona. Aislaría la crisis temporalmente pero privaría al partido de un perfil fuerte. La oposición se anotaría una victoria psicológica que les daría combustible para toda la campaña.
3. El enrocamiento.
La inacción estratégica consiste en mantener la posición y absorber el impacto inicial. Desde el punto de vista técnico los marcos críticos en política tienen rendimientos decrecientes si no se alimentan con nuevas variables. Si el Gobierno no entrega el cargo del ministro se obliga a la oposición a estirar el mismo argumento durante semanas con el riesgo de saturar al votante moderado y al indeciso.
¿Cuál sería mi recomendación?
El filósofo y militar chino Sun Tzu, en su célebre libro ‘el arte de la guerra’, decía que en el campo de batalla es mejor retroceder un metro que avanzar un centímetro.
El mejor escenario sin duda desde un punto de vista estratégico es no tocar nada y mantener la posición.
En la frialdad de la lógica, las concesiones en precampaña se transforman rápidamente en síntomas de agotamiento mientras que la resistencia ante la presión extrema se interpreta desde el electorado como liderazgo y cohesión interna.
Además esa estrategia produce nerviosismo y sobreactuactión en el rival ofreciendo un vector matemático de salida ideal para contraatacar y desplazar el eje del debate hacia la gestión que está haciendo la oposición y su comportamiento.
En el marco actual un cese o dimisión no le va a mover un solo voto de la derecha hacia el PSOE pero si puede desmovilizar a la izquierda que va en Puente un perfil valiente por no decir que expulsaría a cualquier indeciso.
La política y el ajedrez son parecidos y rara vez se gana entregando la iniciativa al adversario.
Las matemáticas dicen que mantengamos la línea.
Ese sería mi consejo a Sánchez y lo que creo que debería hacer: aguantar.

DdA, XXII/6608

LA ECONOMÍA NEOLIBERAL TAMBIÉN ES UN FALLO HUMANO

La inversión en una infraestructura con tanta demanda de mantenimiento como es el AVE (111.000 euros por kilómetro al año) es probablemente insuficiente en un contexto en el que se ha decidido, siguiendo las directrices de la UE, liberalizar el acceso a las vías y sobrecargarlas con más trenes. La economía neoliberal dice que sí, pero la realidad material se resiente. Eso también es un fallo humano.


EDITORIAL

El 28 de octubre chocaron dos trenes. Los sistemas de seguridad LZB que tenían que haber bloqueado su paso fallaron, y lo único que podía impedir el accidente era una persona. Pero se produjo un fallo humano, nos cuentan.

Un fallo humano. Siempre se suele decir lo mismo, delante de la tragedia. Los humanos son falibles, no como la tecnología, no como la economía, que son impolutas y perfectas. Por tanto, hay que castigar al humano que cometió el fallo, y después seguiremos igual que antes. 

El controlador que dio las órdenes equivocadas, y que quizá pudo saltarse de renglón del LZB3 al LZB4 del manual que leía apresuradamente, se equivocó. Ese es el fallo humano del que nos hablan. Pero solo nos hablan de ese y hubo y hay más. Muchos más. 

El centro de control estaba dando órdenes a ocho trenes al mismo tiempo. Pero solo hemos oído el caos en la sala. En qué condiciones trabaja esta persona que de repente tiene esta responsabilidad inmensa. En qué condiciones trabajan todas las personas en ese centro de control. Seguramente, no en las más adecuadas. Eso también es un fallo humano. 

El sistema informático que controla el LZB que se colgó se basa en un software de 1992. Eso es tres años antes de que saliera el Windows 95, para que se hagan una idea. Poca gente hoy en día puede imaginarse en qué tipo de ordenadores corría eso. De hecho, en la comparecencia ante los medios, el ministro Óscar Puente no le dio mayor importancia a que se hubiera caído el sistema. Como si eso fuera algo habitual en la operativa. Normalizar el fallo, eso también es un fallo humano. 

La inversión en una infraestructura con tanta demanda de mantenimiento como es el AVE (111.000 euros por kilómetro al año) es probablemente insuficiente en un contexto en el que se ha decidido, siguiendo las directrices de la UE, liberalizar el acceso a las vías y sobrecargarlas con más trenes. La economía neoliberal dice que sí, pero la realidad material se resiente. Eso también es un fallo humano. 

Que los trenes tengan que llegar a la hora, que se haga correr a casi 300 kilómetros por hora un tren “a ciegas” porque todo tiene que llegar a la hora, porque nada puede parar para que no se resienta la enorme maquinaria de un sistema económico atroz, que lo devora todo, desde la educación hasta la sanidad, desde la vivienda hasta las infraestructuras. Eso también es un fallo humano, y posiblemente es el peor. Porque todo el mundo lo acepta como necesario e inevitable, cuando es deplorable y tremendamente discutible.

Que no dimita el ministro, aunque sea por pundonor, abrumado por el dolor inmenso. 

Que PP y VOX instrumentalicen la tragedia para poder ganar las elecciones y dejarlo todo exactamente igual, o peor, porque habrá que recortar pensiones y sanidad, nos dicen, entre otras cosas para comprar más armas.

Todo son fallos humanos. Todo es un fallo humano. Porque todo lo que hacemos es humano, y si falla, también es humano. 

También son humanas las víctimas de esta tragedia. Aunque algunos prefieran ignorarlo. 

Léas@también: Si depende de un fallo humano, es un fallo del sistema, por Gerado Tecé: Durante el Gobierno de Rajoy, el presupuesto en mantenimiento se desplomó. Con este Gobierno ha subido considerablemente, pero muy por debajo del aumento de pasajeros tras la liberalización del sector.

CTXT   DdA, XXII/6608

YO NO IBA EN ESE TREN



Alejandro Marías

Vivo en Madrid y, desde hace unos diez años, cada semana viajo en AVE para dar clases de viola da gamba en el Conservatorio Superior de Música de Sevilla. Soy poco temeroso y nada supersticioso. Trato de disfrutar de mi vida día a día, teniendo muy presente que su fin, como para cualquiera, puede no estar lejos. Que nos pille disfrutados.
Es seguramente por esta actitud vital que el horrible accidente de Adamuz me impresionó como a todos, pero no más que a alguien que nunca viaja en tren. Son cosas harto improbables, que pueden ocurrir, pero no está en nuestra mano evitarlas; salvamos el pellejo a diario de peligros que ni intuimos. Puntualmente, pensé en las veces que habría pasado por aquella vía mal soldada o que habría viajado en aquel tren, aunque relativizaba por lo improbable de que te pille algo así. Sin embargo, me fue haciendo mella poco a poco el pensar en tantas caras que veo cada semana a bordo: pasajeros frecuentes y personal de Renfe con quienes apenas cruzo una palabra, pero que veo recurrentemente. No sabemos nuestros nombres ni apenas nada el uno del otro: ellos de mí, que viajo con un instrumento grande; yo de ellos, solo en qué trabajan. Pero conocemos nuestras caras, nos vamos viendo cumplir años, percibimos nuestro estado de ánimo y nos sonreímos para hacernos el día algo mejor. Hasta me atrevería a decir que nos tenemos cierto afecto, aunque solo sea por la fraternidad que surge de viajar en un mismo vehículo (también compartí apagón con algunos de ellos, en un olivar al lado de Urda). No sabía quiénes habían muerto en Adamuz, pero, a lo largo de las siguientes semanas, subía al tren y me llenaba de alegría saber que aquellas caras familiares estaban bien. Así se lo expresé a algún empleado, y sé que era recíproco.
Hoy estoy destrozado. Ya no son “cosas que pueden ocurrir”. Esto no debería poder ocurrir. Durante siete u ocho años prácticamente nunca tuve un retraso en el AVE Madrid-Sevilla. Con independencia de que haya habido un fallo humano, como parece, desde hace dos o tres años no hay día que mi tren no se detenga en medio del trayecto y pase un rato a velocidad de bicicleta. Ahora deduzco por qué y tomo conciencia de que solo era cuestión de tiempo, de que esa línea no funciona bien y de que sus permanentes retrasos estaban avisando a unos políticos y a unos directivos que andan pendientes de otras cosas. Cosas que nada tienen que ver con que lleguemos vivos a nuestro destino.
Pienso en las víctimas, en sus familias destrozadas —que podrían ser la mía—, pero también en tantas caras conocidas que no voy a ver las próximas semanas. No sé cómo os llamáis, casi siempre estoy mirando al iPad y apenas levanto la vista cuando pasáis ofreciendo los poco apetecibles productos del bar móvil, pero ahora estoy pensando en vosotros. Me alegrará mucho mirarnos de nuevo, sonreírnos y saber que tampoco íbamos en ese tren.

DdA, XXII/6608

CUANDO LA CARROÑA POLÍTICA SE ALIMENTA CON EL DOLOR


Francisco González Tejera

La estampa ayer de las Juventudes de Falange y otras organizaciones de la ultraderecha neonazi frente al Ministerio de Transportes en Madrid es el enésimo recordatorio de cómo la carroña política se alimenta del dolor. Con el eco del trágico accidente de tren en Urda todavía fresco, el Cara al Sol, los insultos de "asesino" al ministro Óscar Puente y los disturbios nocturnos demostraron que para ciertos sectores la muerte no es una pérdida, sino un combustible. Pero tras el ruido de las bengalas queda el debate de fondo: cómo gestionan nuestros gobernantes los momentos en los que el Estado falla y se cobran vidas humanas. Y ahí, el historial del Partido Popular arrastra un lastre difícil de sacudir.
Hay una especie de manual no escrito en la derecha española cuando estalla una catástrofe bajo su mando. Ocurrió con el hundimiento del Prestige, con los cadáveres mal identificados del Yak-42, con la mentira oficial del 11-M y, de forma descarnada, durante la pandemia en las residencias de ancianos de Madrid. El patrón siempre es idéntico: primero se minimiza el riesgo, luego el líder desaparece en el momento más crítico y, finalmente, se enciende el ventilador de las culpas para salvar el pellejo político.
El ejemplo más brutal de esta inercia lo vimos con la DANA de Valencia. Mientras los teléfonos de media provincia se ahogaban sin recibir una alerta a tiempo y el agua ya se cobraba las primeras víctimas, Carlos Mazón estiraba una sobremesa privada, bien acompañado, incomunicado y ajeno al comité de emergencias que lo esperaba. Lo que vino después fue un espectáculo todavía más bochornoso de versiones cambiantes, mentiras de patas cortas y una estrategia asquerosa de culpar a los técnicos de la Aemet o a la Confederación Hidrográfica. Al final, la presión de la calle arrancó su dimisión un año tarde, pero el blindaje de su acta de diputado autonómico sigue ahí, como un paraguas de aforamiento por lo que pueda pasar en los juzgados. Para el PP, el caso parece cerrado con los últimos autos que descartan la vía penal directa, pero el veredicto social de negligencia ya es imborrable.
Ahora las tornas han girado. El desastre ferroviario de Urda ha puesto el foco sobre el actual Gobierno central y el desgaste de Óscar Puente parece total a las puertas de unas elecciones generales que huelen a cambio de ciclo. La derecha y Vox han visto la oportunidad perfecta para devolver el golpe, usando el colapso de las infraestructuras como ariete electoral.
La paradoja es que este escenario hace que un gobierno de coalición entre el PP y la extrema derecha parezca inevitable a la vuelta de la esquina. Ojalá no sea así y me equivoque. Y es ahí donde surge la verdadera pregunta. Es muy fácil gritar en la oposición y capitalizar la rabia de la calle, pero el poder desgasta y las crisis siempre vuelven. Cuando les toque a ellos estar al mando de la mesa de emergencias, veremos si un ejecutivo condicionado por Vox aplica la transparencia de la que ahora presumen o si, como dicta su propia historia, vuelven a esconderse detrás de los manuales de control de daños mientras la realidad se mide en el número de ataúdes.
La paradoja es que este escenario hace que un gobierno de coalición entre el PP y la extrema derecha parezca tristemente inevitable a la vuelta de la esquina. Y es ahí donde surge el verdadero escalofrío. Es sumamente fácil jalear la rabia desde la oposición, pero el poder no entiende de discursos y el cambio climático no va a dar tregua. Pensar en cómo este bloque gestionará la próxima DANA, el próximo gran incendio o cualquier crisis sanitaria infunde un temor justificado: con un PP experto en esconderse detrás de los técnicos y un Vox terraplanista que niega la ciencia y purga los servicios de emergencia por motivos ideológicos, el cóctel promete ser letal. Cuando les toque a ellos estar al mando de la mesa de crisis, nos daremos cuenta de que la alternativa al colapso actual puede ser el sálvese quien pueda absoluto. Que el Señor nos coja confesados —y lo dice un agnóstico confeso.

DdA, XXII/6608
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LA ABYECCIÓN MORAL DE LA EXTREMA DERECHA ANTE UNA TRAGEDIA


Como diría el poeta de Orihuela: en Toledo se han muerto como del rayo sesenta y ocho personas, sin mérito para abandonarnos. Y siento más sus injustas muertes que mi vida al no comprender que un error humano pueda causar tanto daño, que la incompetencia pueda ser la causa del dolor o que la imparable tecnología digital lleve a tanta desgracia. Paco Blanco Prieto

Félix Población

Algún artículo editorial lo recuerda hoy al comentar el trágico accidente ferroviario en la provincia de Toledo, debido posiblemente a un fallo humano y a otros informáticos que se han de investigar. Se trata del segundo en nueve meses en una misma línea del AVE. Después del primero, el ministro de Transportes llegó a decir que la posibilidad de otro accidente como el de Adamuz en una línea ferroviaria era "muy baja, bajísima". Con toda seguridad, el propio Óscar Puente habrá recordado sus palabras ayer. 

"No es asumible para un país como España sufrir dos accidentes ferroviarios de alta velocidad en un mismo año", declaró Pedro Sánchez a las pocas horas de ocurrir los hechos. La exigencia de responsabilidades debe ser, por lo tanto, máxima, pues la doble tragedia, con más de un centenar de víctimas mortales, cuestiona la confianza de la ciudadanía en el Estado.

Dicho esto, es inadmisible que cuando aún se desconocían las posibles causas del accidente, hubiera desde la oposición declaraciones aborrecibles por su miseria moral, en las que se reprochaba a Pedro Sánchez sus mítines bailables, llegando al caso la extrema derecha de mantener su campaña política con vistas a la próximas elecciones, algo que los demás partidos suspendieron de inmediato.

No se puede calificar más que de abyecta la actitud del líder de Vox negándose a suspender la campaña electoral de su partido. A la falta de humanidad que eso comporta, añade Abascal el desprecio a todas las víctimas del accidente, a sus familiares y amigos, conmocionados por la tragedia cuando aún sólo habían pasado unas horas de la misma. Fuentes de Vox han participado al diario ElConstitucional.es, literalmente, que "Santiago Abascal mantiene la convocatoria de los actos de precampaña de hoy [por ayer] en Santander y Valladolid. Vox seguirá denunciando la desvergüenza de la "campaña de amor" del PSOE que causa muertos en España". 

Si la ciudadanía de este país tuviera un cierto nivel de cultura y conciencia democráticas, debería reconsiderar ante tamaño exabrupto de ignominia moral lo que representaría un gobierno con ministros de un partido tan resentido por el odio, porque sólo desde un resentimiento histórico con los valores democráticos se puede entender un comportamiento así después de una tragedia humana como la de ayer. 

Sería una auténtica vergüenza para España que después de esto Vox lograse incrementar sus escaños en el Congreso, tal como señalan las encuestas, en lugar de verlos reducidos a lo que su indignidad merece*.

*El accidente de Adamuz ocurrió dos meses antes de las elecciones andaluzas. El de ayer, un mes antes de las elecciones generales.

DdA, XXII/6608

miércoles, 28 de octubre de 2026

LO DE MONTERO Y RUFIÁN EN LA REVUELTA


Lazarillo

No albergaba las mejores expectativas en relación con la presencia de Irene Montero y Gabriel Rufián en La Revuelta, un programa cuyo presentador debería darse cuenta de que su dicción apresurada de calle no es la mejor forma de hacerse entender con claridad. Pienso que el pacto entre Esquerra Republicana y Podemos ha sido un error, y me parece que tanto Rufián como Montero denotaron ayer en el plató de Broncano que tal error les ha afectado. A pesar de conseguir el programa una gran audiencia, aunque muy por debajo de la lograda hace una fechas con Pedro Sánchez, ninguno de los dos invitados estuvo a la altura que cabía esperar en los prolegómenos de una campaña electoral. No creo que con La Revuelta de ayer las respectivas formaciones políticas de uno y otra hayan ganado más votos. La emisión resultó un tanto plana, precaria de contenido, floja de ideas y falta de convicciones, algo que podría parecer extraño en la personalidad de dos personas con una encomiable trayectoria parlamentaria. Más por la proyección política que deberían haber tenido sus intervenciones, lo que ha quedado de sus intervenciones son sus respectivos criterios sobre el sexo bucal (no oral). Muy poco, estando en la que estamos, en dos de las personalidades políticas más destacables de este país.

DdA, XXII/6607

EL MAYOR ACTIVO DE SÁNCHEZ ES EL ODIO Y LOCURA CONTRA SÁNCHEZ

Voy a votar a Sánchez no por él, sino por lo que tiene enfrente, me decía el otro día un conocido y no es el primero al que se lo escucho. Los encuestadores lo escuchan a menudo estos días. El mayor activo de Sánchez es el odio y la locura contra Sánchez. Si de aquí al 29N la derecha comenzase a dar las buenas tardes en lugar de gritar que el gobierno nos fumiga, ganaría las elecciones de calle. El problema es que la derecha política ya no manda en su propia agenda. Las industrias del odio y el bulo necesitan gasolina diaria y van a conseguirla, aunque sea a costa de perpetuar a los mártires que sin querer fabrican. Los Lulas y los Sánchez deberían estar muy agradecidos.

OJO AL DATO: 7.129.000 personas lo vieron en algún momento, con una media de permanencia ante la pantalla de más de 4.000.000 de personas.

 Gerardo Tecé

Ganó Lula. El muerto político, el tipo al que las encuestas le negaban cualquier opción, gobernará hasta 2031. Ganó el responsable, según sus rivales, de los mayores desastres, escándalos de corrupción, inseguridad y crisis económica jamás conocidas en Brasil. Por si fuera poco, el hombre pertenecía, según las redes sociales de la ultraderecha, a varias bandas criminales. Cómo les cunde el tiempo a algunos. Hay más. Durante la campaña electoral arrojó una bandera de Brasil al suelo para después pisotearla en público. La prueba irrefutable es un vídeo descaradamente hecho por IA que sus detractores compartieron millones de veces. Sucedió lo que no podía suceder y ganó el monstruo de nueve dedos, como llamó Bolsonaro al sindicalista que perdió un dedo trabajando cuando tenía 17 años. El líder del Partido de los Trabajadores se ha impuesto a encuestas, bulos, empresarios, el algoritmo, la IA o futbolistas millonarios como Neymar. Hoy todo el mundo habla del ejército de 10 millones de seguidores digitales coordinados por el diputado André Janones, pero sería injusto quitarle el mérito a los millones de ultraderechistas capaces, con su odio, sus mentiras y sus excesos, de movilizar al votante de izquierdas.

¿Podría suceder en España?, se preguntan en estos momentos los gurús digitales de la izquierda nacional con la mirada clavada en sus recién inaugurados canales de whatsapp: mira, ha entrado otro, ya somos mil quinientos. No parece que la remontada, si llegase, tuviese que ver con torcerle el brazo al algoritmo, sino con el autocanibalismo de la derecha. Una derecha capaz de lograr lo más difícil en política, que es movilizar al electorado de izquierdas. Hay síntomas de que ya lo estarían logrando de nuevo. El pasado jueves, la visita de Pedro Sánchez a La Revuelta de TVE arrojó un dato de audiencias absolutamente anormal para un programa de televisión: 7.129.000 personas lo vieron en algún momento, con una media de permanencia ante la pantalla de más de 4.000.000 de personas. En la calle Génova se llevaron un sobresalto porque la cifra no era de programa sino de final de fútbol, lo que indica que hay partido. Y aún falta que llegue la campaña. Aunque lo parezca, oficialmente aún no ha empezado. En ella la derecha seguirá perdiendo votos. No es que Feijóo o Abascal sean torpes. Es que hablar de propuestas es un problemón cuando tus propuestas van dirigidas a beneficiar a la minoría, pero vota la mayoría. Si PPVOX logra 210 escaños, esto habría que cambiarlo. Lo de que vote la mayoría, se entiende. Eso o reducir las campañas al mínimo. Con una tarde va de sobra y ahorraríamos mucho dinero, dirán llegado el momento.

Que Pedro Sánchez tenga opciones en estos momentos de ser el líder más votado –que Feijoó no crea ya en que gobierne el más votado es la prueba evidente– no es mérito del PSOE, sino de una derecha empeñada en fabricar mártires en la otra orilla. Sánchez está a una visita de Milei gritando zurdos hijosdeputa, a un vídeo manipulado por Iker Jiménez, a una mentira de Feijóo o Abascal o una imputación de un familiar que sacó plaza en una biblioteca de Huesca en los años 80, de que tengamos a la derecha pidiendo la hora o, quizá, denunciando un pucherazo a lo Bolsonaro el 29N. Voy a votar a Sánchez no por él, sino por lo que tiene enfrente, me decía el otro día un conocido y no es el primero al que se lo escucho. Los encuestadores lo escuchan a menudo estos días. El mayor activo de Sánchez es el odio y la locura contra Sánchez. Si de aquí al 29N la derecha comenzase a dar las buenas tardes en lugar de gritar que el gobierno nos fumiga, ganaría las elecciones de calle. El problema es que la derecha política ya no manda en su propia agenda. Las industrias del odio y el bulo necesitan gasolina diaria y van a conseguirla, aunque sea a costa de perpetuar a los mártires que sin querer fabrican. Los Lulas y los Sánchez deberían estar muy agradecidos.

CTXT  DdA, XXII/6607

BOLSONARO ABUNDA EN SU DERROTA HUYENDO DE BRASIL


Félix Población

En principio, no aceptó su derrota en la segunda vuelta electoral, después de haber creído en sus posibilidades victoriosas tras la primera. Ahora sabemos que huyó de Brasil con su familia hacia el país que mejor puede arroparle, previo paso por Ecuador. Quien aspiraba a presidir su gran nación y contó con millones de votos de sus conciudadanos, pasó de rechazar el resultado de las urnas a convertirse en un delincuente, después de que pesara sobre su persona una orden expresa de no salir de la nación previa cancelación de su pasaporte por una causa de lavado de dinero. Sigue con ello el ejemplo de su padre, condenado por el Tribunal Supremo Federal a 27 años de prisión. Según Metropoles, el medio que dio la noticia, el gobierno de Donald Trump tuvo previo aviso del viaje de Flavio Bolsonaro, que solicitará asilo político en Estados Unidos, al igual que hizo su hermano Eduardo, sobre quien también pesa en Brasil una orden de captura. El diario Folha de S. Paulo concretó que el gobierno estadounidense habría participado activamente en el plan para sacar a Bolsonaro de Brasil y otorgarle asilo político. Los más de cuatro millones de votos conseguido por Lula da Silva han crecido mucho más ante el deplorable comportamiento de su adversario. Larga vida a Lula por lo que representa frente al Brasil corrupto y retrógrado del clan Bolsonaro. Sería deseable que una parte al menos de los votantes del candidato derrotado tuviesen a bien ahora reconsiderar lo desacertado de su elección. Heredar un presidente corrupto luego de otro que es su padre y está en la cárcel, sería demasiado castigo para un pueblo con muchas necesidades de presidentes como Lula Nueve Dedos colmados de honra y arraigo popular.

DdA, XXII/6607

LA MENTIRA TIENE NOMBRE CONCRETO Y ROSTRO VISIBLE: EL BLOQUEO


La mentira tiene un nombre concreto y un rostro visible: el bloqueo. Mientras el enviado de Washington se empeñaba en negar lo innegable, el canciller cubano ponía sobre la mesa la cruda realidad de un “acto de guerra y de genocidio”. No es una hipérbole poética; es la constatación de un castigo colectivo que mata, que recrudece la crisis energética, que ahoga la economía y que pretende doblegar la voluntad de un pueblo entero. La defensa de la misión cubana en la ONU no es un mero ejercicio diplomático: es la denuncia de un crimen que la comunidad internacional conoce de sobra, pero que últimamente alguno que otro prefiere mirar hacia otro lado para no incomodar al imperio.

Raulito Torres/ desde La Habana

Cuba se respeta!!
No hay tribuna más alta que la que se erige con la verdad, ni voz más potente que la que se niega a ser silenciada. En el gran salón de la Asamblea General de la ONU, donde a menudo resuenan los ecos del cinismo imperial, la delegación cubana volvió a plantar cara. No se trataba de un debate retórico más, sino del reclamo de casi todo un mundo cansado de la prepotencia. Frente a las cortinas imaginarias que intentan ocultar la realidad, allí estuvo la voz de la Revolución, firme y digna, para desenmascarar la política de asfixia que Washington pretende disfrazar de democracia. Es el pulso eterno entre la dignidad de un pueblo pequeño en territorio y enorme en coraje, y el odio de una potencia que no tolera la existencia de un proyecto soberano.
El coraje no se mide en discursos protocolares, sino en la capacidad de interrumpir la mentira en su propia guarida. Bruno Rodríguez Parrilla, con la entereza de quien hereda la tradición de Céspedes y Martí, no se limitó a escuchar estoicamente las calumnias del representante estadounidense. Se irguió, avanzó hacia el estrado y, con la fuerza de la verdad, exigió que se llamara al orden a quien pretendía convertir el foro multilateral en un “chat de Signal” o en la Cámara de Representantes de su país. “Usted miente”, le espetó, señalando que su intervención estaba plagada de calumnias y distorsiones. Ese gesto, esa ruptura del formalismo cómplice, es la más pura expresión de la dignidad cubana: la negativa a aceptar que el poderoso imponga su relato sin resistencia.
La mentira tiene un nombre concreto y un rostro visible: el bloqueo. Mientras el enviado de Washington se empeñaba en negar lo innegable, el canciller cubano ponía sobre la mesa la cruda realidad de un “acto de guerra y de genocidio”. No es una hipérbole poética; es la constatación de un castigo colectivo que mata, que recrudece la crisis energética, que ahoga la economía y que pretende doblegar la voluntad de un pueblo entero. La defensa de la misión cubana en la ONU no es un mero ejercicio diplomático: es la denuncia de un crimen que la comunidad internacional conoce de sobra, pero que últimamente alguno que otro prefiere mirar hacia otro lado para no incomodar al imperio. Cuba, sin embargo, alza la voz por los que no pueden hacerlo, por las familias que sufren la escasez, por los niños cuyo futuro se intenta secuestrar.
Y la respuesta del mundo no se hizo esperar. La abrumadora votación en la Asamblea General, con 167 países exigiendo el fin del bloqueo, es mucho más que un número: es un veredicto moral contra la política de Washington. Ese apoyo mayoritario es la validación de que la verdad de Cuba no es una quimera, sino una causa compartida por casi toda la humanidad. Bruno Rodríguez y su equipo no defienden intereses particulares; defienden el derecho de todo un pueblo a decidir su destino, a construir su propio futuro sin tutelas ni chantajes. La victoria diplomática no se mide en votos, sino en la certeza de que, a pesar de las presiones y las amenazas, la dignidad sigue siendo el arma más poderosa frente a la arrogancia.

La misión cubana en la ONU no es un grupo de burócratas: es la trinchera de la soberanía. Cada intervención, cada denuncia, cada gesto de coraje como el de Bruno Rodríguez Parrilla, es un acto de dignidad que trasciende las paredes de cristal de Naciones Unidas. Es la poesía de la resistencia hecha palabra, el ejemplo de que se puede ser pequeño en recursos y gigante en valentía. Cuba no se rinde, no se vende, no se calla. Y mientras haya una voz que denuncie la mentira y defienda la verdad, la dignidad plena del hombre seguirá teniendo un lugar en el mundo.

DdA, XXII/6607

PARA LA LIBERTAD/ SANGRO, LUCHO, PERVIVO



Damián María Montes

Hay algo en la vida de Miguel Hernández que me conmueve profundamente. Un muchacho de Orihuela que cuidaba cabras y leía con una pasión desmedida se volvió un poeta que conoció el amor, la guerra, el hambre, la pérdida de un hijo y la cárcel. Una vida entera en apenas treinta y un años. Pero hay una escena a la que regreso siempre.
Miguel está preso. Josefina, su mujer, le escribe contándole que no tiene para comer. Se alimenta de pan y cebolla mientras amamanta a su hijo. Imagino a Miguel leyendo aquella carta, encerrado, con la terrible conciencia de que las personas que más ama están sufriendo y sus manos no pueden alcanzarlas.
De aquella impotencia nacieron las “Nanas de la cebolla”. Y hay algo absolutamente sobrecogedor en esos versos. En mitad del hambre y la desesperación, un padre le pide a su hijo que se ría:
“Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso”.
Siempre he pensado que este poema encierra una de las grandes verdades de la literatura: las palabras pueden llegar adonde nuestros brazos no alcanzan.
Todos hemos sentido alguna vez esa impotencia de amar a alguien y ser incapaces de aliviar su dolor. Porque el amor, por inmenso que sea, tiene límites. Y descubrirlo es una de las experiencias más desgarradoras de la vida.
Miguel Hernández conoció esos límites demasiado pronto. Su poesía nació de la tierra, del cuerpo, de la necesidad de vivir y de amar. Por eso sigue estremeciéndonos. Hay una humanidad tan desnuda en sus versos que cuesta leerlos sin sentir que hablan también de nosotros.
Murió a los treinta y un años. Me impresiona pensar en todos los poemas que se quedaron sin escribir, en los abrazos que nunca pudo dar, en la vida que le arrebataron.
Y pienso también en las palabras que consiguió dejarnos. Siguen aquí, casi un siglo después, atravesando nuestra propia historia.
“Para la libertad
sangro, lucho, pervivo”.

DdA, XXII/6607