jueves, 26 de febrero de 2026

SE MATARON LOBOS EN ASTURIAS EN CONTRA DE LA JUSTICIA

 


Tras la sentencia del Tribunal Supremo, que anula la «metodología» en los controles poblacionales del lobo, el Gobierno del Principado de Asturias ha anunciado que «no cabe otra posibilidad que paralizar» las batidas de estos ejemplares. El alto tribunal anuló el programa anual de control aprobado por el Gobierno regional para 2022-2023 al estimar el recurso presentado por la Asociación para la Conservación y Estudio del Lobo Ibérico (ASCEL) -que inicialmente fue desestimado por el Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA)-.

La sentencia también afecta a un artículo concreto (el número 7, en su apartado 5.a) de un decreto del Principado de 2015, que permitía determinar el número de capturas mediante cupos. El consejero de Medio Rural y Política Agraria, Marcelino Marcos, señaló que el Supremo «anula cómo se deben realizar los controles y la metodología de los mismos, que es en lo que se sustenta el programa de control poblacional».

A la matanza de lobos se le llamaba en el programa de control extracción, y han sido tan diligentes quienes lo han ejecutado que se había cumplido hasta ahora en un 81,1 por ciento, con un total de 31 ejemplares abatidos, a los que hay que añadir doce muertes más por otras circunstancias. De donde se deduce que puestos a matar a una especie que ya sufrió en el pasado la diligencia de los ejecutores hasta ponerla al borde de la extinción, hay matadores con mucho celo, aunque sea en contra de la ciencia.

Investigadores de la Universidad de León han demostrado que las medidas de control letal ni son efectivas para reducir los ataques al ganado, pudiendo incluso exacerbar el problema, ni tampoco sirven para reducir la caza ilegal. Es más, varios estudios a nivel internacional señalan que la eliminación de lobos puede aumentar la depredación sobre ganado que no está bien atendido -mediante su recogida durante la noche o el acompañamiento por pastores y perros-, posiblemente como consecuencia de la desestabilización de la estructura de las manadas.

DdA, XXII/6274

LA RENUNCIA DE YOLANDA DÍAZ ABRE PERSPECTIVAS A LA IZQUIERDA

 


Lazarillo

Ayer tuvimos conocimiento a través de ella misma de la renuncia de Yolanda Díaz a presentarse como candidata del movimiento que lideró a las próximas elecciones generales. Era algo que para muchos estaba cantado después de los sucesivos fracasos de Sumar en otras citas electorales. Puede que la renuncia de Díaz comporte el definitivo fracaso de una formación política, aunque eldiario.es, que tanto apostó por ella, disimule: no hay nombres que la sucedan porque de lo que se trata es de construir un proyecto serio, como si lo que queda del original o el original mismo ya no lo fueran Lo probable es que Sumar se diluya. Y lo constructivo sería que se diluyera en esa alianza de izquierdas con menos nombres, siglas y egos, bajo una sola denominación común en todas y cada una de las comunidades autónomas. Bastan para ello dos o tres palabras, a las que sólo cabe añadir una resuelta y sincera capacidad y disposición de re-ilusionar. Una vez más, sí, y todas cuantas hagan falta, como ahora.

DdA, XXII/6274   

MOLESTAN LOS INMIGRANTES, CON LOS JEQUES Y POTENTADOS NO HAY PROBLEMA

La xenofobia multiplica la repulsa a los recién llegados, pero no la explica. Todos sabemos lo mucho que molestan los inmigrantes a ciertas gentes que jamás han visto uno de cerca. En cambio, con potentados y jeques no tienen ningún problema. Charlatanes paranoicos arengan a sus fieles con la imposible integración de seres de otras culturas y religiones, mientras ponen alfombras rojas y regalan sonrisas y parabienes a los ricos que proceden de ellas. Se deduce que el primer motor del rechazo al extraño, antes que el hecho de serlo, es su pobreza. Los tiempos han cambiado poco para los desheredados, escribe el articulista en NR.  El desprecio que recaía en los okies, los desdichados emigrantes de Oklahoma, persigue hoy a los que parten a la busca de un lugar al sol que su propia tierra les niega. 

Antonio Monterrubio 

Elogiemos ahora a hombres famosos es un libro ilustrado con textos de James Agee y fotografías de Walker Evans. Realizado en el verano de 1936 a petición del gobierno federal de los Estados Unidos, se publicó en 1941. ¿Quiénes son esas celebrities a cuya loa está dedicado este volumen? ¿Insignes próceres locales, capitanes de empresa, héroes de guerra, estrellas de Hollywood, ases del béisbol o el fútbol americano? Frío, frío.

Los protagonistas son tres familias de campesinos algodoneros de Alabama más pobres que las ratas. Las secuelas de la Gran Depresión se muestran en toda su crueldad. Palabras e imágenes colaboran para mostrar sin concesiones ni falso pudor la realidad miserable que viven esos desdichados. No hay ornamentación ni dignificación de la penuria y el sufrimiento, sino la simple, y sin embargo tan difícil y costosa crónica de la verdad. Los desolados habitáculos de madera con apenas algún mueble y mínima decoración, las figuras y rostros tristes, demacrados y sin un atisbo de esperanza siguen conmocionando ochenta años después. Algo hiere nuestro interior al contemplar esos primeros planos de hombres, mujeres y niños devastados lanzados a lo más profundo de un pozo del que probablemente nunca podrán salir.

Si las fotos con o sin presencia humana dejan noqueada nuestra sensibilidad, las líneas que las acompañan no les van a la zaga. Es admirable la forma en que Agee evita la tentación del efectismo y de hacer literatura usando como materia prima el dolor del otro. Permanece solidario de lo que ve, de esos seres golpeados por una vida que ha compartido durante unas horas. Y es lúcidamente consciente de que su poder no va más allá del de dar fe. «De hecho nada de lo que pudiera escribir cambiaría nada. Solo sería un «libro» en el mejor de los casos».

Si en las ciudades las secuelas del gran descalabro económico inaugurado en 1929 fueron duras y duraderas, para las poblaciones rurales de los estados agrícolas supusieron una catástrofe sin paliativos. A las impagables deudas contraídas con bancos o usureros se unieron sequías encadenadas que agotaron la tierra. Son los años de la cuenca del polvo. Numerosas familias de granjeros se ven obligadas a recoger las pocas pertenencias que les quedan y emigrar hacia estados más ricos. De ese éxodo se conservan notables testimonios, entre los cuales destaca Madre migrante, fotografía tomada por Dorothea Lange en el marco de un trabajo que le encargó el Servicio de Seguridad Agraria. Aunque no se supo hasta mucho después, esta pobre mujer compungida y casi avergonzada que se aferra a sus hijos tenía nombre, como todo el mundo. Era Florence Owens Thompson. Pese a que el retrato aparece reproducido una y otra vez con el título original, conviene dejar constancia de que tras el icono está el dolor de una persona.

Esa estampa sigue estando de rabiosa actualidad. Legiones de madres migrantes surcan los mares y deambulan por tierras ajenas para toparse con el menosprecio de lugareños desnudados de humanidad. Los peregrinos que llaman a las puertas de Europa, Estados Unidos, Canadá o Australia en demanda de santuario encuentran indiferencia y malignidad, cuando no negras carcajadas. Crece el desasosiego del que ya eran portadores al tener que abandonar su tierra en busca de un horizonte más halagüeño. Y si venciendo los obstáculos y, a costa de sufrimientos indecibles, consiguen aclimatarse y arraigarse, su perplejidad irá en aumento ante la persistente inquina de no pocos vecinos.

La xenofobia multiplica la repulsa a los recién llegados, pero no la explica. Todos sabemos lo mucho que molestan los inmigrantes a ciertas gentes que jamás han visto uno de cerca. En cambio, con potentados y jeques no tienen ningún problema. Charlatanes paranoicos arengan a sus fieles con la imposible integración de seres de otras culturas y religiones, mientras ponen alfombras rojas y regalan sonrisas y parabienes a los ricos que proceden de ellas. Se deduce que el primer motor del rechazo al extraño, antes que el hecho de serlo, es su pobreza.

Pensemos en la hostilidad que ven en un pueblo tras otro los Joad, la familia protagonista de Las uvas de la ira, la novela de Steinbeck llevada al cine por John Ford –y eso dentro de su país–. Cuando estos granjeros de Oklahoma acechados por el hambre toman la carretera 66 hacia una vida nueva en California, tienen que soportar todo tipo de desaires. Aun así, no les queda otra que continuar, a pesar de sus penalidades y de las alertas de quienes se cruzan por su camino con los sueños rotos, el desencanto en el alma y la misma estrechez con la que se fueron. Porque ya no hay donde volver. Oímos con frecuencia a los cada vez más numerosos energúmenos con los que convivimos «Que se vayan a su país», casi siempre con un epíteto de cuatro letras entre su y país. Pero es que ese destino ya no existe. Para la mayoría, salir de allí supuso quemar sus naves. Difícilmente podrán regresar, al menos de forma permanente, y muchos no lo harán nunca. Como los Joad, van a tener que aguantar las tormentas para seguir de pie. Y al igual que ellos, van a ser víctimas de la miseria moral de quienes explotan la miseria real con absoluta impunidad.

La condena que representa la vida que llevan los y, más aún, las que trabajan bajo los plásticos de los invernaderos en nuestro país es la punta del iceberg. Incluso si consiguen un empleo, miles de ellos carecen de papeles años y años. Esto dificulta su día a día, pues corren el riesgo de ser expulsados en cualquier momento, y además les impide el acceso a los mínimos derechos laborales. Sus posibilidades de secundar una huelga son nulas. Recordemos, hablando de Las uvas de la ira, cómo se las gastaban los patrones y cómo Tom Joad es asesinado en el curso de una protesta.

Los tiempos han cambiado poco para los desheredados. El desprecio que recaía en los okies, los desdichados emigrantes de Oklahoma, persigue hoy a los que parten a la busca de un lugar al sol que su propia tierra les niega. Los trabajadores temporeros, los jornaleros y otros abocados a asumir faenas desagradables que los autóctonos desdeñan siguen viviendo en sus carnes la canción de Woody Guthrie:

He trabajado en vuestros vergeles de melocotones y ciruelas,
he dormido en el mismo suelo bajo los rayos de la luna
Nos veréis en el límite de vuestra ciudad;
venimos con el polvo y nos vamos con el viento.
(Pastures of Plenty)

NR  DdA, XXII/6274

23F: ¿45 AÑOS SIN DESCLASIFICAR PARA SABER QUE EL REY ES INVIOLABLE?


Félix Población

Como si asistiéramos a un capítulo de novela en el que el autor  hiciera coincidir de modo alegórico el desenlace de un episodio pasado con la muerte de uno de sus principales protagonistas, ayer falleció en Valencia el teniente coronel Tejero a los 93 años de edad. Su vida se ha prolongado hasta el momento en que el  Gobierno de Pedro Sánchez ha decidido contarnos lo que casi durante medio siglo dio lugar a todo tipo de especulaciones: la documentación sobre el llamado 23 F. El papel del rey en aquel intento de golpe de Estado era una de las cuestiones que más tinta hizo correr, ante la posibilidad de que estuviera implicado en aquella operación, como muchos creemos. A la vista de lo desclasificado, más bien parece que Juan Carlos I, tal como se contó en la historia oficial, se resistió a la intentona. Un especialista en el asunto ha dicho al respecto de la desclasificación: "Lo que sabemos que estaba grabado no sale a la luz y lo que nos muestran son viejas conversaciones sin la menor trascendencia o documentos anónimos y falsas declaraciones". Iñaki Anasagasti nos recuerda hoy que el director del CESID entre 2004 y 2009 manifestó en una entrevista en televisión que todo lo referente al 23 F "había sido debidamente tratado", es decir, "cepillado". El ex político vasco considera que 45 años después entregan cuatro papeluchos debidamente tratados, aludiendo a lo contado por Alberto Saiz en la citada entrevista. A la vista de lo que ayer hemos sabido de la desclasificación en marcha, y si el papel del rey coincide en esa documentación con el que la historia oficial le ha dado, ¿qué sentido habría tenido mantener ocultos esos papeles durante casi medio siglo, dando lugar a todo tipo de especulaciones, entre las que para muchos no resulta nada especulativa y que sitúa al rey con conocimiento previo de lo que se tramaba? Anasagasti recuerda las grabaciones de la amante del soberano Bárbara Rey en las que Juan Carlos I llama jabato el general Armada por mantener la boca cerrada e ir a la cárcel. ¿45 años sin desclasificar el 23 F para saber a la postre lo que ya sabíamos, que el rey es inviolable?*

*Estoy con Pérez Tapias (izquierda socialista, ¿se acuerdan?), para quien los documentos desclasificados sobre el golpe del 23F son una "alfombra roja" para que el rey emérito vuelva de Abu Dabi, con sus deméritos.

**Entre los documentos desclasificados por el Gobierno sobre el intento de golpe del 23-F, aparece uno bastante curioso: una carta de Casa Real al CESID, “personal y reservada” enviada por Sabino Fernández Campo, por entonces número dos de la Casa, a Emilio Alonso Manglano, director del espionaje español, así como descendiente de nobles por la línea materna, y reconocido monárquico.

El motivo, le dice Fernández Campo al “querido Emilio”, es incluir un guión escrito por el rey Juan Carlos en diciembre de 1981, meses después de la fracasada asonada, para una reunión con el presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo, y el ministro de Defensa, Alberto Oliart Saussol. En la reunión, Juan Carlos solicita a los políticos “escuchar las opiniones de los miembros de la Junta de Jefes de Estado Mayor, expuestas con la máxima claridad y franqueza por quienes pueden reflejar no sólo sus propios sentimientos sino los de todos aquellos que tienen a sus órdenes en la organización militar”. El rey está “preocupado” por el estado actual de las Fuerzas Armadas y las posibles simpatías que aún pueda haber por Tejero y los golpistas antes "de su Consejo de Guerra".

Prueba de ello es que el reenvío a Manglano incluye también “fotocopia de dos tarjetas de la sastrería ‘El Corte Español’, donde podrás ver que en la primera de ellas, leídas verticalmente las letras iniciales de las frases, aparece el nombre de Tejero”. “Te lo envío por indicación de S.M. el Rey”, añade el de la Casa Real, que además señala el acróstico en clave al jefe de los espías para que no se le escape.

LINK al artículo completo AQUÍ: https://vanity-fair-spain.visitlink.me/rNLqMM

DdA, XXII/6274

miércoles, 25 de febrero de 2026

VIDEO: ASÍ ESTÁ CUBA



Este reportaje, en el que recogen diversoss testimonio, fue difundido recientemente por el diario mexicano La Jornada y nos presenta un panorama de la isla de Cuba, víctima de un delito económico: “Resistiremos y lucharemos hasta que se acabe esto, pero no nos vamos a rendir”, declaran los habitantes de la isla caribeña, afectada por el decreto de emergencia nacional del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que le permite poner aranceles extraordinarios a los países que envíen petróleo y sus derivados a Cuba. Esta medida, “a la gente le ha despertado muchísimo una fuerza de vivir y de defender la vida en comunidad y defender lo colectivo”, declara Llanisca Lugo, intelectual, psicólogo y diputada de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

DdA, XXII/6273

SUBPERIODISMO CON BURKA O HACIENDO EL PAYASO

Si en este país tocamos a tres o cuatro asesinatos de mujeres por semana -escribe el articulista en el diario Público-, a veces con retoños incluidos, ya estamos más que acostumbrados. Lo que tiene mérito es darle la vuelta a la tortilla y darle voz a la auténtica tragedia, la de esa propietaria a la que no le pagaban y que miren, señores, miren cómo le han dejado el piso. Ella sí que necesita ahora un burka, aunque al reportero no le hace falta disfrazarse de payaso.


David Torres

El periodismo gonzo de Hunter S. Thompson al periodismo tonto de Vito Quiles y Bertrand Ndongo, el arte de informar no deja de reinventarse. Thompson escribía en primera persona, convirtiéndose en el centro de la historia y mimetizándose con ella durante días o semanas, mientras que Quiles y Ndongo prefieren escribir con el micro, metiéndolo al vuelo en las narices de alguien, a ver si hay suerte y pescan una noticia a base de guantazos. Sin embargo, en Telemadrid no paran de revolucionar la profesión y por eso Antonio Naranjo, para informar sobre el burka, cubre a una compañera con el burka de arriba abajo, lo mismo que un día cualquiera se disfraza de payaso para informar de Antonio Naranjo. 

El burka, por cierto, se ha puesto de moda entre las periodistas de derechas, ya que hace nada Rebeca Crespo, de La Gaceta, publicaba una foto de una mujer musulmana tapizada de los pies a la cabeza en una estación de metro y quejándose de que en Madrid los burkas proliferan como hongos. También tengo mala suerte, porque llevo yo más de medio siglo viviendo en la capital y todavía no he visto un solo burka en vivo. Poco después, al publicarse el making of de la foto, se vio que la mujer venía de casa vestida a la moda occidental y que se tapaba con el burka en el andén antes de subirse al metro. Probablemente para no coger una infección o para que no reconocieran debajo a Rebeca Crespo. A estas alturas, todavía no se sabe si la secuencia de la vestimenta se trata de un fotomontaje con IA, si a la mujer se le fue la mano con la mascarilla o si era Antonio Naranjo celebrando el carnaval con retraso.

Estas novedosas técnicas periodísticas tocaron techo la semana pasada, cuando un reportero de Telemadrid fue a informar sobre el asesinato de una inquilina en el barrio de Hortaleza y acabó informando sobre lo poco que pagaba el alquiler y lo mal que limpiaba la casa. El reportero, José Antonio Mesagosa, decía hace dos semanas en una entrevista que en televisión hay que tener mucho cuidado con el ego, porque "es una fábrica de imbéciles". Durante el desfile militar del 12 de octubre, Masegosa aprovechó una entrevista con Ayuso para que la presidenta le diera caña de la buena a Pedro Sánchez. "No es por malmeter, pero…" Así empezó el reportaje: una entradilla que es toda una declaración de ética periodística. En el piso de Hortaleza, con el cadáver de una mujer todavía caliente, le cedió la alcachofa a la propietaria para que despotricara a gusto sobre cómo le habían dejado el piso.

Por un momento, me vino a la cabeza otro reportero de decenios atrás que fue a entrevistar a un pastor de un pueblo perdido en mitad del monte. Un hombre había matado y violado a una mujer y el reportero preguntó: "¿Por qué cree usted que lo hizo?" El pastor, con una respuesta que llevaba incluido acento rural, cayado, boina y pitillo de liar, dijo: "Mire usted, yo creo que lo hizo pa’ satisfacese". En seguida comprendí que aquel recuerdo no tenía nada que ver, que Masegosa había desplazado el foco de la cuestión, con la ropa tirada por ahí, los juguetes y peluches de los dos niños huérfanos, para centrarse en el verdadero nudo del problema.

Lo fácil era informar desde la perspectiva de la víctima, apelar a la compasión por una mujer que no podía pagar el alquiler desde que su pareja se había marchado de casa con una orden de alejamiento y varias denuncias por malos tratos. Petronila -se llamaba Petronila- era madre de dos pequeños y había acudido meses atrás a una asamblea del Sindicato del Barrio de Hortaleza para explicar su situación: que no podía pagar el alquiler porque apenas podía dar de comer a sus hijos y que la casera había desatado contra ella una campaña de acoso mediático. Total, si en este país tocamos a tres o cuatro asesinatos de mujeres por semana, a veces con retoños incluidos, ya estamos más que acostumbrados. Lo que tiene mérito es darle la vuelta a la tortilla y darle voz a la auténtica tragedia, la de esa propietaria a la que no le pagaban y que miren, señores, miren cómo le han dejado el piso. Ella sí que necesita ahora un burka, aunque al reportero no le hace falta disfrazarse de payaso.

PÚBLICO  DdA, XXII/6273

¿PODRÍA LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA EVITAR UN GOBIERNO DE DERECHA EXTREMA?


Félix Población

Desconozco si Gabriel Rufián, el diputado más mediático en la actual legislatura, tuvo en cuenta el detalle, pero los días en que se celebraron dos actos por separado en Madrid en que los intervinientes propusieron la iniciativa de unir a la izquierda, se cumplían noventa años de la concurrencia a las urnas de la coalición de partidos de izquierda que dio lugar a la victoria del Frente Popular el 16 de febrero de 1936. Como se sabe, en esos actos no estuvo presente el único partido de izquierda que logró entrar en el Gobierno junto al Partido Socialista después de varias décadas de bipartidismo turnista entre el PSOE y el Partido Popular. Fueron Podemos primero y Unidas Podemos después las formaciones políticas que lograron en las urnas los mejores resultados electorales de la llamada izquierda transformadora a lo largo del actual régimen de 1978. Nunca durante este periodo histórico un partido político a la izquierda del PSOE logró generar tanta ilusión entre un amplio sector del electorado. Parece por lo tanto previsible que, sin contar con Podemos, la izquierda que se ha pretendido aglutinar en esos actos convocados en torno al 16 de febrero, se queda carente de una formación política que fue imprescindible para lograr hasta 71 escaños en el Congreso de los Diputados. Hoy hemos leído en eldiario.es una encuesta de Ateneo del Dato en la que la Izquierda Plural -según las iniciales que figuran en la misma- integrada por Sumar, Podemos, BNG, Bildu y ERC lograría entre 58 y 63 diputados, disputándole a Vox el tercer lugar. El resultado no sería suficiente para repetir un posible gobierno con el PSOE, que no pasaría de los 97 a 103 escaños, pero sí para amenazar un gobierno en mayoría del Partido Popular con la extrema derecha. Se podría pensar, entonces, que si esa unidad de la izquierda con todos los partidos indicados no fuera teórica -como lo es ahora- y se llegara a fraguar de verdad, el resultado en las urnas sería aún mejor que el previsto por la demoscopia, y hasta cabría la posibilidad de que sería lo suficientemente mejor como para evitar, junto al Partido Socialista, la victoria de las derechas extremadas, tal como ocurrió hace noventa años*.

*Hoy Rufián se ha atrevido a dar un nombre para liderar a esa izquierda plural, el del ministro Bustinduy. Esta no es una decisión que corresponda a una elección individual.

DdA, XXII/6273 

SIN GREGORIO MORÁN SE ENTIENDE MAL EL ÚLTIMO MEDIO SIGLO

Jerónimo Granda, Gregorio Morán y Xuan Cándano 

Tenía este Lazarillo el fundado presentimiento de que la amistad de Xuan con Gregorio Morán y el entendimiento de la profesión que tenían ambos iba a depararnos el obituario que Cándano escribió, publicado ayer en el diario La Nueva España, y que su autor ha tenido la amabilidad de mandarnos. La necrológica es breve pero intensa en su concisa y precisa exposición. Tenía razón Gregorio al comentarle a su amigo y colega, días antes de írsenos,  que lo designaba como el escritor póstumo que firmara estas líneas: "En estos tiempos turbios y mediocres en los que su cultura, su pluma afilada y su radical independencia encontraban refugio en sus Sabatinas Intempestivas -escribe Cándano-, sus seguidores fuimos cambiando de cabecera con él, siempre culo de mal asiento. No puede haber mejor elogio para un periodista, un profesional que siempre debería andar bien equipado con botas y ropa de agua, porque su trabajo consiste en pisar todos los charcos".

UN DÍA PERDIDO

Xuan Cándano

Cuando en los 80 me echaron de un periódico por una entrevista censurada a Gregorio Morán perdí un trabajo, pero gané algo mucho más importante: un amigo al que acabo de perder. La vida es mucho más rica y apasionante cuando disfrutas de la amistad de personas como el periodista y escritor ovetense, un jacobino que renegaba de patrias y banderas, pero que cantaba con sus hijos cuando eran pequeños el “Asturias Patria Querida” al entrar en su tierra, con la que siempre tuvo una gran vinculación emocional. ¿Cómo va el país?, me preguntaba en nuestras continuas e interminables conversaciones telefónicas, porque denominaba así a Asturias, como Jovellanos. O como hacía refiriéndose a Cataluña Josep Pla, otro periodista y escritor extraordinario. 

Sin Gregorio Morán se entiende mal el último medio siglo de España. Era un periodista brillante, como cronista en la Transición y siempre como articulista, hasta el último día. Sus libros son imprescindibles para abordar la evolución de un país desde una dictadura, a la que combatió en la clandestinidad, militando en el PCE, hasta una democracia coronada que no enterró los vicios y los grandes males de la sociedad española, la corrupción y el clientelismo.

Así que Gregorio, que nunca dejó de ser un enfant terrible, un disidente, una oveja negra, porque los años no doblegaron ni a su espíritu combativo ni a su pluma insobornable, acabó siendo un maldito, un escritor incómodo para el poder, las editoriales y los medios de comunicación, acumulando despidos y cancelaciones. Pero para sus muchos lectores era un oasis, como el que encontró en Cataluña antes del Procés.

En estos tiempos turbios y mediocres en los que su cultura, su pluma afilada y su radical independencia encontraban refugio en sus Sabatinas Intempestivas, sus seguidores fuimos cambiando de cabecera con él, siempre culo de mal asiento. No puede haber mejor elogio para un periodista, un profesional que siempre debería andar bien equipado con botas y ropa de agua, porque su trabajo consiste en pisar todos los charcos.

La imagen dura, implacable y ácida en los papeles de Gregorio Morán, que llegó a ser despedido de una de las grandes cabeceras nacionales por criticar al director ¡y a su esposa!, contrastaba con su carácter afable, jovial y divertido en las distancias cortas, con los amigos, los conocidos o los lectores, o con cualquier desconocido que se acercara a él y le tirara de la lengua, porque era un gran conversador, agudo, inteligente, ameno.

A la hora en la que envío este artículo de letraherido que nunca quise escribir tenía una conversación pendiente con él desde el hospital, a través del móvil de su hijo David, porque Gregorio ni lo tenía ni lo quería. Era un caballero analógico. Pensaba arrancarle una sonrisa, como siempre. O él a mi. Nunca lo hablamos, pero no creo que estuviera entre nuestros desacuerdos considerar que un día sin al menos una sonrisa es una jornada perdida.

Como llevaba unos días ingresado, pensaba recordarle que en mi labor de Jefe de Prensa de Gregorio Morán, que llevo tantos años ejerciendo, no entraba dar parte de sus dolencias, porque todo el mundo me llamaba para contactar con él, como hoy me dan el pésame. Tampoco entraba en mis planes escribir esta despedida, aunque él me lo sugería con ironía en el último correo que me envió, hace solo unos días, por un artículo que publiqué en este periódico sobre el libro de César Iglesias con Pedro de Silva: “Desde este momento te designo como el escritor póstumo que elabore mi necrológica, porque sabrás señalar aquello que uno mismo trata de ocultar por discreción o vergüenza”.

Ahí va la necrológica Gregorio, pero hoy no me sale la sonrisa. Me temo que va a ser un día perdido. 

*Más que recomendable es leer esta larga reseña de Sebastiaan Faber, publicada en 2015 del libro de Morán El cura y los mandarines, una obra imprescindible para entender mejor el último medio siglo:

Gregorio Morán es un estorbo, un aguafiestas: el niño que avergüenza a sus padres porque observa verdades que las leyes de la cortesía prohíben formular en voz alta (“¿Papá, por qué es tan feo ese señor?”). No sorprende que Crítica –es decir, Planeta– quisiera censurar El cura y los mandarines, ni que Morán se negara en redondo. (Crítica: “Gregorio, no seas malhablado, ¿por qué no te disculpas ante el señor García de la Concha?”. Gregorio: “¡Porque no quiero! ¡Es un trepa!”). El escándalo de lo que Morán no dudó en calificar como “censura económica” –Planeta abortó el proyecto porque no quiso arriesgar sus contratos rentabilísimos con la Real Academia de la Lengua– ayudó a generar publicidad para el tocho, que acabó publicando Akal.[1] Pero incluso sin ese rifirrafe el libro de Morán habría hecho ruido. Ignorarlo es imposible –y vaya que se ha intentado, como señalaba Juan Goytisolo–. El cura y los mandarines nos acompaña en un paseo por treinta y cuatro años de cultura española, del convulso 1962 hasta 1996, el final de la hegemonía socialista. El panorama es demoledor. Será muy difícil volver a imaginarnos al emperador vestido después de haberle contemplado, durante 800 densas páginas, en toda su grotesca y ridícula desnudez.

DdA, XXII/6273

CUANDO YA NO QUEDAN (CASI) TESTIGOS INCÓMODOS, SE DESCLASIFICA EL 23-F

 


La desclasificación llega cuando ya casi no quedan testigos incómodos en activo: unos por edad, otros por defunción. Se desclasifican cosas cuando ya no molestan, cuando el riesgo de que salgan nombres, o conversaciones comprometedores ha disminuido hasta volverse casi inexistente. En noviembre de 2024, Podemos lo intentó con una moción: desclasificar sin esperar la reforma de la nueva ley de Secretos . El PSOE votó en contra junto a PP y Vox. Si el general golpista Armada soñaba con un gobierno de concentración que incluía a Felipe González, Peces-Barba o Múgica, quizá convenía no abrir ciertas carpetas. Veremos en qué queda la desclasificación anunciada, que esta es otra.

Lucio Martínez Pereda 

El Gobierno ha decidido, por fin, desclasificar la totalidad de los documentos relacionados con el 23 de febrero de 1981. Lo ha hecho invocando una deuda histórica con la ciudadanía, fórmula solemne pero también conveniente. La desclasificación llega cuando ya casi no quedan testigos incómodos en activo: unos por edad, otros por defunción. Se desclasifican cosas cuando ya no molestan, cuando el riesgo de que salgan nombres, o conversaciones comprometedores ha disminuido hasta volverse casi inexistente.

Las solicitudes de desclasificación de los documentos del 23-F han seguido hasta ahora un largo periplo de intentos, desde los primeros intentos pos-transición hasta este anuncio gubernamental de febrero de 2026. Desde finales de los 80, el PNV y, más tarde, nacionalistas vascos y catalanes, insistieron en abrir los archivos militares y del CESID sobre el golpe de 1981, el sumario del Tribunal Supremo, los informes de inteligencia, las cintas de las conversaciones telefónicas interceptadas, el famoso Informe Jáudenes, las escuchas de la Zarzuela y los despachos militares.

Estas peticiones chocaron con la ley de Secretos Oficiales de 1968, un vestigio franquista. La ley sin plazos automáticos de desclasificación dejaba la decisión en manos cada Gobierno. El PNV, fiel a su costumbre de pedir cuentas sobre la Transición, presentó varias proposiciones no de ley para reformar la ley franquista y establecer desclasificaciones automáticas a los 25 años para la materia documental calificada como Secreto y 10 para los Documentos Reservados .

En 2021, ERC, Bildu, Junts, PDeCAT, la CUP, BNG y Podemos registraron proposiciones no de ley exigiendo desclasificar escritos, audios y vídeos del 23-F. Una de ellas llegó al Pleno: se aprobó con los votos de PSOE, Unidas Podemos e independentistas, frente al no de PP, Vox, Cs, UPN y Foro. El texto en lugar de ordenar la desclasificación inmediata, instaba al Gobierno a «promover los cambios necesarios en la Ley de Secretos Oficiales» para hacerlo «de acuerdo a los criterios establecidos en la nueva legislación».

En noviembre de 2024, Podemos volvió a intentarlo con una moción en Pleno: desclasificar sin esperar la reforma de la nueva ley de Secretos . El PSOE votó en contra junto a PP y Vox. Los socios del Gobierno – PNV, ERC, Junts- se quejaron : «¿Por qué no lo hicisteis cuando gobernabais con mayoría absoluta en 1982-1996?». Añadieron con sorna que si el general golpista Armada soñaba con un gobierno de concentración que incluía a Felipe González, Peces-Barba o Múgica, quizá convenía no abrir ciertas carpetas.

Así llegó finalmente el 23 de febrero de 2026, cuarenta y cinco años después del asalto de Tejero. El Gobierno -con la nueva ley de Secretos todavía congelada en el Congreso- optó por la solución necesaria, justa y rápida: su desclasificación por decreto, vía Consejo de Ministros*.

Es de esperar que con la desclasificación de documentos relativa al 23-F, anunciada por el presidente del gobierno 45 años después de los hechos, no se haya referido a la emisión en abierto por TVE de Anatomía de un instante



EL CUADERNO  DdA, XXII/6273

martes, 24 de febrero de 2026

EL SILENCIO DE LOS OBISPOS EL 23-F

El jesuita José María Martín Patino, secretario del cardenal Tarancón, no consiguió que la Conferencia Episcopal Española publicara una nota de condena en las primeras horas. "Yo me lancé a buscar esa nota y no encontré a los obispos, a ninguno de los que buscaba… Al final, encontré a uno que me dijo: ‘Es mejor que la nota la mandes tú solo por tu cuenta’. Y yo fui cobarde, y no lancé la nota, porque no tenía el permiso de mis superiores para hacerlo”.

Tarancón y Martín Patino en el funeral de Carrero Blanco

 | Religión DiGITAL

La Iglesia española guardó el mismo silencio que el resto de las entidades del país. Y así lo reconoció, en una entrevista en ‘El País’, el jesuita José María Martín Patino. Fue en el 20º aniversario del 23-F cuando, cuestionado por la periodista María Antonia Iglesias, el que fuera secretario del cardenal Vicente Enrique y Tarancón, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal, recordara con mucho pesar esa jornada. Un día, por cierto, que en Añastro también era señalado, pues Tarancón acababa su mandato y los obispos elegían a su sucesor, optando, en esa Plenaria, por el arzobispo de Oviedo, Gabino Díaz Merchán.

Pero eso sería después, puesto que esa jornada de la asamblea episcopal se vio también marcada por los acontecimientos políticos. O solo en parte, extrañamente. Así, como recuerda Martín Patino, “lo que pasó es que, cuando los obispos oyeron por la radio que Tejero había tomado el Congreso, siguieron su reunión habitual, hasta las 20:30 horas. Luego, se disolvió la reunión y algunos no durmieron en sus domicilios habituales”.

Justo ahí comenzó la pesadilla para el jesuita, que, infructuosamente, trató de que los prelados, de un modo colegiado, publicaran en esas horas inciertas un comunicado de repulsa del golpe y de apoyo sin ambages a la democracia. Algo que fue incapaz de lograr, para su frustración. De hecho, al rememorarlo, admitió que “me da un poco de vergüenza hablar de esa noche, porque fue la peor noche que yo he pasado como vicario de la Iglesia de Madrid”.

Puesto que “enseguida se vio lo que pasaba, los medios de comunicación pedían una nota, una declaración del Episcopado. Yo me lancé a buscar esa nota y no encontré a los obispos, a ninguno de los que buscaba… Al final, encontré a uno que me dijo: ‘Es mejor que la nota la mandes tú solo por tu cuenta’. Y yo fui cobarde, y no lancé la nota, porque no tenía el permiso de mis superiores para hacerlo”. Desesperado, buscó a quien era “mi cardenal”, Tarancón, aunque se encontró con “no durmió aquella noche en el palacio”. Con todo, aunque al final sí “hablé con él”, su respuesta no era la que buscaba: “Me dijo que eso lo hacían los obispos al día siguiente”.

Finalmente, el comunicado episcopal llegó a las siete de la mañana del día 24, más de cinco horas después de que el Rey hubiera hablado y fuera evidente que el golpe había fracasado… Como lamenta Martín Patino, aunque es cierto que “todos estábamos atemorizados”, la realidad es que, “cuando se pronunciaron los obispos, llegaron tarde. Fue inútil porque ya no defendían la Constitución: la Constitución había sido ya defendida por el pueblo y por los medios de comunicación, sobre todo”.

Echando la vista atrás, el jesuita admitía que “yo todavía tengo remordimientos y sentimiento de culpa, pero la verdad es que aquella noche me la pasé buscando gente que me ayudara a lograr que quienes tenían autoridad en la Iglesia hicieran aquella nota. Yo no conseguí hablar más que con el cardenal Jubany, que fue quien me dijo: ‘¿Por qué no lanzas tú solo la nota, como cosa tuya?’. Pero no era yo, era el Episcopado el que tenía que haber dicho algo. Y no lo conseguí”.

El 28 de febrero de 1981, ya con Díaz Merchán como nuevo presidente de los obispos, la Plenaria de la CEE se cerraba con un comunicado más amplio que la breve nota del día 24. En ella, los pastores argumentaban que “es de todo punto necesario recuperar la conciencia ciudadana y la confianza en las instituciones. Ello exige de los legisladores y gobernantes un claro sentido del bien común, un recto ejercicio de la autoridad y una solidaridad con el pueblo a la escucha fiel de sus aspiraciones”.


ASTURIAS LAICA DdA,XXII/6272