Ana Taboada Coma
Diario del Aire
viernes, 14 de agosto de 2026
MORENO BONILLA BATE RÉCORDS: 45.000 HECTÁREAS QUEMADAS EN NIEBLA Y SIGUE...
LOS HUESOS DE LOS REYES DE ARAGÓN
Lazarillo
Lo acabamos de leer y desde la Fundación José Antonio Labordeta nos llega una impactante fotografía que revela hasta qué punto el fuego cerca al antiguo monasterio de San Juan de la Peña, en la provincia de Huesca. La información se refiere a la retirada del histórico lugar de cuadros, esculturas y huesos, los de los primeros reyes de Aragón. Tal retirada la ha llevado a cabo la Unidad Militar de Emergencias. Las llamas han llegado hasta casi el mismo edificio, sin que al parecer haya afectado a su estructura. La fundación del cantautor aragonés, al que tuvo el gusto de conocer este Lazarillo, nos participa el vacío y el dolor que supone este incendio, otro incendio más en esta España que no deja de arder cada verano, casi por costumbre y sobre todo por nefasta gestión forestal, y que en este caso ha dejado arrasadas zonas extensas de La Hoya y La Jacetania, hasta llegar a los pies mismo del histórico monasterio. Pueblos y aldeas vienen siendo desalojadas estos últimos años cada vez que las llamas queman los montes. En esta ocasión, ha sido el arte y la historia lo que se ha preservado en San Juan de la Peña. Las imágenes de los restos mortales de los reyes de Aragón siendo retiradas del monasterio por la UME son una variante singular en estos episodios de desastre que cada año sufre el país.
DdA, XXII/6436
LAS VÍCTIMAS DE LAS "HORDAS ROJAS" Y SU PRIVILEGIO DE BANDO
Félix Población
Siempre es un buen momento para recordar las atenciones que la dictadura franquista tuvo para con sus víctimas durante la Guerra de España. Más que nada porque entonces, durante la dictadura, no valía argüir que aquello era "levantar heridas", tal como se viene haciendo desde que hace un cuarto de siglo, pasado otro cuatro de siglo desde la muerte del dictador, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) inició la exhumación de las víctimas republicanas asesinadas por los sublevadas y enterradas sin identidad en fosas y cuentas. Cofundador de esa asociación fue mi estimado Santiago Macías, que tiene nombre de trovador medieval gallego, autor de un excelente y documentado libro que recupera la historia del luchador antifranquista Manuel Girón, así como la memoria de la primera guerrilla creada en El Bierzo después de la guerra (El monte y la muerte). Santiago nos aporta hoy este documento, que data del 14 de mayo de 1940, un mes después de que se proclamara en España la Victoria de los sublevados, no la paz, pues la represión se prolongaría en el tiempo. La orden del ministro de Gobernación, aparecida en los Boletines Oficiales de cada provincia, dice literalmente: «...todo aquel que desease exhumar el cadáver de alguno de sus deudos asesinados por la horda marxista, para ser inhumado en el cementerio, podía solicitarlo dentro del plazo de seis meses, sin que tuviera que abonar derechos sanitarios de ninguna clase». Que noventa años después de iniciada aquella barbarie con la sublevación militar, todavía haya habido y siga habiendo quienes digan a los descendientes de las víctimas republicanas, por querer hacer lo propio, que esto es "levantar heridas" resulta indignante. Como dice Santiago, "la memoria del franquismo fue un privilegio de bando; la que hoy se reivindica no es revanchismo, sino una cuestión de humanidad básica. Es, sencillamente, pura empatía y derechos humanos elementales". Lo deplorable es que esta vindicación siga siendo al día de hoy una deuda de las más vergonzosas de la democracia coronada española.
DdA, XXII/6436
CONDENADO MILANS DEL BOSH, FUE HOMENAJEADO EN UNA CAPITANÍA GENERAL
Justo Serna
IGNACIO RAMONET ESCRIBE SOBRE SU AMIGO FIDEL CASTRO
Ningún periodista tuvo oportunidad de hablar tanto y estar tantas horas con Fidel Castro, líder de la revolución cubana de 1959, como Ignacio Ramonet, exdirector de Le Monde Diplomatique y la persona que escribió junto a su entrevistado esa voluminosa biografía a dos voces, de recomendable lectura, que tanto se silenció en España, habiendo sido una obra muy leída en América Latina. Por eso es valioso y también recomendable el artículo que Ramonet escribe con motivo del centenario del nacimiento de Fidel, cuya personalidad fue la que más impresionó al periodista, habiendo sido bastantes las que tuvo la oportunidad de conocer y tratar en su dilatada carrera profesional. "En un panorama mediático donde a menudo se reduce a Fidel Castro a la condición de ícono adorado o de ogro abominado -escribe Ignacio-, propongo optar por un camino más desafiante: captar la complejidad de una vida extraordinaria sin caer en la hagiografía ni en la condena ideológica. Cuando se cumplen, este 13 de agosto de 2026, cien años del nacimiento de Fidel, este enfoque se ha vuelto esencial".
Lo primero que llamaba la atención en Fidel Castro no era su uniforme, ni su estatura, ni su barba, ni siquiera su elocuencia. Era su curiosidad. Tras largas horas de conversaciones para nuestro libro Fidel Castro: biografía a dos voces, o Cien horas con Fidel, cuando todos los demás estábamos agotados, él seguía formulando preguntas, buscando aclaraciones, hurgando en detalles históricos o científicos con una energía intacta. A menudo he pensado que ese era el secreto de su longevidad política: antes que un hombre de poder, Fidel era un hombre de conocimiento.
A lo largo de mi carrera periodística, he tenido la oportunidad de conocer a importantes jefes de Estado, dirigentes políticos, intelectuales y líderes que dejaron huella en su época. Pocos de ellos, sin embargo, me impresionaron tanto como Fidel Castro. No me refiero aquí al mito, tan a menudo cultivado por sus admiradores como por sus adversarios. Hablo del hombre, del ser humano al que tuve el privilegio de conocer de cerca durante muchos años, de interrogar durante incontables horas y de observar en detalle mientras razonaba en voz alta, reconstruía episodios históricos hasta el más mínimo detalle y articulaba hechos de apariencia insignificante con una amplia perspectiva geopolítica.
Sus mecanismos cerebrales impresionaban. Poseía una memoria prodigiosa. Pero más notable aún era, insisto, su curiosidad intelectual, la cual se mantuvo intacta hasta el final de sus días. Nada de lo que concernía al mundo le era ajeno.
Estas conversaciones con él me enseñaron una lección esencial: para comprender a Fidel, había siempre que mirar más allá de su imagen pública, de su figura mediática.
Su vida estuvo entrelazada con la historia de Cuba durante más de medio siglo, pero también reflejó las grandes convulsiones de la segunda mitad del siglo XX: la descolonización, la Guerra Fría, los movimientos de liberación nacional, la globalización neoliberal, la crisis climática y el consiguiente surgimiento de un mundo más diverso, más multipolar en el que las antiguas potencias occidentales ya no ostentan el monopolio de la toma de decisiones.
Precisamente porque Fidel Castro ocupa un lugar tan singular en la historia contemporánea, cualquier nuevo texto sobre él puede parecer, a primera vista, superfluo. ¿Qué más se puede decir sobre un hombre al que ya se le han dedicado tantísimos libros? La respuesta es sencilla: cada época plantea nuevas preguntas al pasado, y cada generación reinterpreta a las grandes figuras históricas a la luz de sus propias inquietudes.
En un panorama mediático donde a menudo se reduce a Fidel Castro a la condición de ícono adorado o de ogro abominado, propongo optar por un camino más desafiante: captar la complejidad de una vida extraordinaria sin caer en la hagiografía ni en la condena ideológica. Cuando se cumplen, este 13 de agosto de 2026, cien años del nacimiento de Fidel, este enfoque se ha vuelto esencial.
Durante décadas, la figura del líder de la Revolución cubana quedó atrapada en una pugna de relatos. Para algunos, sigue siendo un símbolo de resistencia frente al imperialismo; para otros, encarna todos los excesos del socialismo de Estado. Estas visiones contrapuestas —por muy legítimos que sean los sentimientos que las sustentan— a menudo terminan oscureciendo una realidad histórica mucho más matizada.
La misión del historiador no es avivar pasiones, sino, ante todo, arrojar luz sobre los hechos. Por eso me gustaría aquí recordar que Cuba no puede entenderse al margen de la relación singular que ha mantenido durante más de un siglo con su poderoso vecino: Estados Unidos.
La Revolución de 1959 nunca se desarrolló en un entorno normal. Desde el principio, se enfrentó a intentos de desestabilización, a una invasión armada, a un bloqueo económico destinado a prolongarse durante décadas y a una constante confrontación mediática y política. Ninguna evaluación seria de las decisiones del gobierno cubano puede pasar por alto esta realidad.
Lo cual no significa que todo pueda explicarse —y mucho menos justificarse— mediante presiones externas. El propio Fidel Castro sabía que toda revolución genera sus propias contradicciones, errores y rigideces. A veces hablaba de esto con una franqueza y una fuerza autocrítica que sorprendía tanto a sus detractores como a sus admiradores
Su ambición no era construir una sociedad perfecta —él sabía que tal cosa no existía—, sino preservar la independencia nacional, requisito fundamental, según él, para cualquier política de justicia social.
Otro aspecto llamativo de su figura era la extraordinaria amplitud de sus horizontes. Su visión trascendía con creces las fronteras de Cuba. África ocupaba un lugar especial en su pensamiento. América Latina y el Caribe constituían su ecosistema geopolítico natural. Asia despertaba cada vez más su interés a medida que hacia allí se desplazaba el centro de gravedad del mundo. Mucho antes de que el término se generalizara, él ya había previsto la emergencia de un Sur Global y el advenimiento de un orden internacional multipolar y multicéntrico.
Con la distancia, esa intuición resulta hoy singularmente lúcida. El mundo que se perfila ante nuestros ojos ya no es el que surgió tras el colapso y la implosión de la Unión Soviética.
Nuevas potencias se consolidan, los países del Sur Global reclaman mayor autonomía, el síncope climático amenaza a la humanidad, las tecnologías ligadas a la IA cambian todas las reglas del juego y el equilibrio de poder internacional atraviesa una profunda reestructuración.
Revisitar la figura de Fidel Castro en este contexto no es un ejercicio de nostalgia; es una forma de comprender mejor ciertas dinámicas clave de nuestro presente.
No pretendo convencer al lector de que admire a Fidel Castro. En cambio, le propongo algo más valioso: entenderlo. Comprender cómo un joven abogado de Santiago de Cuba se convirtió en una de las figuras políticas más influyentes del siglo pasado; comprender cómo una pequeña isla caribeña logró ejercer, a escala mundial, una influencia diplomática y moral muy superior a lo que cabría esperar por su tamaño; y, por último, comprender por qué —casi diez años después de su fallecimiento— Fidel Castro sigue ocupando un lugar tan singular y tan especial en el imaginario político mundial.
Las grandes figuras históricas son objeto de constante reinterpretación. Las pasiones se aplacan, los archivos se abren y las perspectivas cambian. La Historia va ocupando gradualmente el lugar de la controversia.
Este proceso es esencial; nos aleja de las vanas polémicas y permite acercarnos a la verdad sin pretender jamás poseerla por completo.
Espero que los lectores recorran esta corta nota con esa misma apertura de espíritu. Atentos tanto a los hechos como al contexto. Sobre todo, que piensen en un Fidel Castro profundamente humano: estratega y visionario; a veces obstinado, a menudo audaz e incluso temerario, pero siempre convencido de que los pueblos pueden escribir su propia historia.
Esta convicción, más que ninguna otra, explique probablemente por qué el nombre de Fidel Castro sigue siendo inseparable de los grandes debates sobre soberanía, justicia social e independencia de las naciones.
Al repensar hoy en el comandante de la Revolución cubana, con ocasión de su centenario, el lector no se limita a meditar sobre la vida de un líder; se adentra en una época histórica convulsa cuyos ecos palpitantes siguen moldeando nuestro mundo actual y su futuro.
DdA, XXII/6436
ESCRIBE PETRO: NO SE NECESITA MATAR SERES HUMANOS, SINO QUITARLES SU ALMA
jueves, 13 de agosto de 2026
EL ECLIPSE QUE TODO LO ECLIPSA, HASTA LO DE CEUTA
Ante esta situación social, política y de defensa de nuestro país, nadie nos está dando seguridades de que se resolverá rápidamente y no podrá volver a repetirse, porque todos los medios de comunicación están ocupadísimos ofreciéndonos datos de lo que supone el eclipse de sol que se va a producir en pocos minutos, mientras estoy escribiendo, para la vida de los españoles.
Lidia Falcón
FIDEL CASTRO, EL GENOCIDIO DEL PUEBLO PALESTINO Y EL DEL PUEBLO CUBANO
Félix Población
Con motivo del centenario del nacimiento de Fidel Castro Ruz (1926-2016), líder histórico de la revolución cubana, viene bien este pasaje de la memoria histórica que lo tiene por protagonista. Sobre todo ahora, con casi tres años ya del genocidio en la Franja de Gaza, sumados a los decenios de invasiones, cárceles y opresión a los que viene siendo sometido el pueblo palestino por el sionismo y el imperialismo internacional. Lo que vemos en el vídeo debería constituir un ejercicio de reconocimiento a la visión histórica de Fidel Castro cuando, en la Asamblea General de la ONU celebrada en 1979, calificó por primera vez de genocidio lo que al día de hoy es también un dictamen del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, con el primer ministro de Israel bajo órdenes de arresto por la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra y contra la humanidad. Ningún Jefe de Estado entonces se atrevió a manifestar tan rotundamente lo que Castro expuso por primera vez y ahora escuchamos hasta al propio presidente de nuestro país. La imagen de Fidel con la kufiya sobre los hombros, así como la postura de Cuba contra el apartheid en Sudáfrica, forman parte de dos de los hitos de solidaridad más dignos de la política internacional liderada por Castro, junto a sus expediciones médicas al tercer mundo. Hoy su país se enfrenta al más riguroso y criminal de los bloqueos aplicados por los sucesivos gobiernos de la Casa Blanca durante más de sesenta años, condenado por casi todos los Estados representados en la ONU. Se ha llegado a decir que lo que Estados Unidos comete también ahora en Cuba es un lento genocidio, como no lo sufrió nunca en la historia contemporánea pueblo alguno. Creo que el país que lo debería denunciar en la ONU, como hiciera Fidel Castro en 1979 en defensa del pueblo palestino, es España, por razones de historia y empatía con el pueblo y las isla a la que tantos españoles emigraron en el pasado buscando horizontes de vida.
DdA, XXII/6435






