El diplomático y escritor Íñigo Ramírez de Haro, junto al presidente de Europa Laica, José Antonio Naz, protagonizaron en el antiguo Rectorado de la UCO un coloquio sobre el peso histórico de la religión en las instituciones españolas, organizado por el Colectivo Prometeo. En la presentación se recordó que la colaboración entre ambas organizaciones no es ocasional: el Colectivo Prometeo, fundado hace casi tres décadas, incorporó el laicismo a su ideario desde sus orígenes, y buena parte de sus miembros milita también en Europa Laica.
Ramírez de Haro abrió el coloquio presentando su propia trayectoria como un itinerario de ruptura. Nacido en una familia de la aristocracia española, describió su infancia como la de «un niño católico ejemplar» que, ya adulto, se distanció de los valores religiosos y familiares en los que fue educado. Declarado ateo, situó como eje de su pensamiento el concepto de «excelencia» —que vinculó a la idea griega de areté y a la propia raíz etimológica de «aristocracia»—, entendida como independencia de criterio frente a cualquier ortodoxia, religiosa o política. Insistió en que su intervención abordaba la religión como fenómeno político e institucional, no como cuestión de fe personal, y reivindicó el debate racional frente a la descalificación moral.
Buena parte del coloquio giró en torno a la tesis, defendida por el escritor, de que el esquema de vigilancia mutua instaurado por la Inquisición desde 1478 dejó una impronta duradera en la cultura española, visible, a su juicio, en una desconfianza social hacia la pregunta y la disidencia que situó como antecedente de mecanismos de control desarrollados después por regímenes totalitarios del siglo XX.
El autor relató también su propia experiencia con la censura: la obra de teatro Me cago en Dios (2004), que incluía un manifiesto en el que reclamaba prohibir el adoctrinamiento religioso a menores de edad, le generó, según explicó, varios miles de denuncias, sin llegar a ser procesado. Afirmó además que ese episodio condicionó su carrera diplomática posterior, señalando que un exministro de Asuntos Exteriores le habría comunicado que nunca sería nombrado embajador por lo que había escrito sobre la Iglesia.
Ramírez de Haro fue especialmente crítico con la Ley de Memoria Democrática, a la que reprochó no mencionar el papel de la Iglesia católica española en el golpe de Estado de 1936 ni en los fusilamientos de la posguerra, una omisión que extendió también a buena parte del movimiento memorialista. En un tono muy duro, calificó a la estructura institucional de la Iglesia católica como una «organización criminal» y trazó un paralelismo entre la actitud de ciertos jerarcas eclesiásticos ante el nazismo y el trato dispensado por el actual Gobierno de España al papado. Se trata de afirmaciones y comparaciones que corresponden a la opinión del ponente, expresadas en el marco de un coloquio, y no a una posición editorial de Europa Laica ni del Colectivo Prometeo.
El formato coloquial dio pie a intervenciones del público, entre ellas una precisión sobre la inexistencia de un «sentimiento religioso» como categoría psicológica diferenciada, en el marco de la discusión sobre las leyes que protegen los sentimientos religiosos frente a la crítica y la sátira.
Puede verse el vídeo completo del acto a continuación: https://www.youtube.com/watch?v=YlHF04RTm_M
EUROPA LAICA DdA, XXII/6469










