viernes, 9 de enero de 2026

LA MIRADA DE UN NIÑO DE GAZA

 


Lazarillo

Esos ojos tienen sólo cinco años,
pero han vivido la barbarie y no pueden decirnos
nada más que su rastro de sangre,
la sangre de un hermano asesinado y una madre lisiada
por el odio de los invasores de su tierra de olivos.

Adam Abu Halib necesita tratamiento para sus ojos
y también para su alma mutilada,
sólo así se evitará que a esos ojos y a ese alma
los nuble la tiniebla.
Puede que nos asuste la expresión de esos ojos,
pero es la que le queda a un niño de sólo cinco años
después de haber visto y sentido tanto horror.

Alguien debe curar de inmediato
las heridas físicas de esos ojos,
porque sobre la honda y hosca herida
que expresa esa mirada,
habría que desplegar tanta justicia y humanidad
que quizá no fueran las suficientes nunca
para reparar en lo posible todo lo que nos grita a la cara.

Y TODAVÍA LOS MEDIOS TITULAN ASÍ



DdA, XXI/6223

EL DISCURSO DEL PODER, LAS PALABRAS Y EL SILENCIO

El reciente bombardeo de Estados Unidos contra distintos objetivos en Venezuela ha vuelto a poner en evidencia una verdad incómoda pero persistente: el poder no se ejerce únicamente mediante la fuerza material, sino, y sobre todo, a través de un entramado discursivo que organiza la percepción de los hechos, jerarquiza significados y delimita lo decible y lo no decible. El lenguaje no acompaña pasivamente la acción política y militar; la precede, la legitima y, en muchos casos, la absuelve. Muy interesante el artículo de este doctor en Filosofía del Lenguaje por la Universidad Complutense. El bombardeo sobre Venezuela y el secuestro de su presidente, según García Molina, revelan una de las estrategias centrales del discurso del poder: la construcción de realidades virtuales mediante el relato y el ocultamiento de las realidades fácticas mediante el silencio.


Dr. Bartolo García Molina
De entrada, quiero dejar clara mi posición ideológica, no como gesto provocador sino como acto de honestidad discursiva: soy “izquierdoso”, “zurdo”, “woke”, o como prefieren denominarnos ciertos sectores de la ultraderecha. Al mismo tiempo, considero imprescindible precisar que no respaldo dictadura alguna, ni de derecha ni de izquierda. No soy militante de ningún partido, aunque trato de practicar la moral comunista. Las descalificaciones personales pueden ahorrárselas: no las tomaré en cuenta. Las objeciones sustentadas en argumentos, razonamientos y evidencias, en cambio, serán siempre bienvenidas. Mi posicionamiento enunciativo busca transparentar el lugar desde el cual escribo, algo que el propio discurso hegemónico suele ocultar bajo el ropaje de la supuesta neutralidad.
Empecemos. El reciente bombardeo de Estados Unidos contra distintos objetivos en Venezuela ha vuelto a poner en evidencia una verdad incómoda pero persistente: el poder no se ejerce únicamente mediante la fuerza material, sino, y sobre todo, a través de un entramado discursivo que organiza la percepción de los hechos, jerarquiza significados y delimita lo decible y lo no decible. El lenguaje no acompaña pasivamente la acción política y militar; la precede, la legitima y, en muchos casos, la absuelve.
En los reportes informativos sobre esta agresión, se repiten con notable insistencia ciertos sustantivos que no son elegidos al azar. Me detengo en tres de ellos, presentados aquí en orden alfabético: ataque, captura y dictadura. Cada uno de estos términos activa un paradigma semántico específico y, al mismo tiempo, silencia otros significados posibles que resultarían políticamente incómodos.

Desde la lingüística estructural, Ferdinand de Saussure y Celso J, Benavides y Carlisle González nos enseñaron que las palabras se organizan en la mente en paradigmas: conjuntos de signos asociados por afinidades semánticas, morfológicas o funcionales. Al producir un discurso, el hablante selecciona un término y excluye los demás. Esta selección nunca es inocente, pues cada elección implica una toma de posición ideológica o de cortesía. En el discurso periodístico —que se proclama objetivo y aséptico— esta operación resulta especialmente significativa. Veamos el uso de los tres sustantivos referidos.
ATAQUE
Cuando los medios optan por el sustantivo ataque para referirse al lanzamiento de misiles contra objetivos en territorio venezolano, dejan fuera otros términos igualmente disponibles en el paradigma: agresión, asalto, bombardeo, ofensiva, agravio, etc. No se trata de simples sinónimos intercambiables: cada uno conlleva una carga semántica y jurídica distinta. Ataque puede sugerir una acción puntual, casi defensiva, mientras que agresión remite de inmediato a la violación del derecho internacional y al uso ilegítimo de la fuerza. Al elegir ataque, el discurso informativo atenúa la gravedad del hecho y desactiva su potencial condena moral y legal. Lo que se silencia no es solo una palabra, sino un marco interpretativo completo.
CAPTURA
Algo similar ocurre con el uso reiterado del término captura. En su mismo paradigma se encuentran secuestro, toma, apresamiento, detención, arresto. Sin embargo, captura evoca una acción casi técnica, propia del lenguaje policial o cinematográfico, desprovista de violencia ilegítima. Secuestro, en cambio, introduce la idea de abuso, ilegalidad y vulneración de derechos. Al insistir en que se trató de una captura, el discurso mediático neutraliza de antemano cualquier lectura que asocie la acción con un asalto o una violación flagrante de la soberanía. No hay aquí ingenuidad ni descuido terminológico: hay una estrategia discursiva deliberada.
DICTADURA
El tercer término, dictadura, resulta especialmente revelador. En su paradigma figuran palabras como gobierno, régimen, sistema, administración, presidencia. Es posible —e incluso probable— que el gobierno de Nicolás Maduro reúna características propias de una dictadura. No es ese el punto que discuto. Lo que interroga un analista del discurso es la asimetría: ¿por qué a ciertos gobiernos se les adjudica con entusiasmo y desparpajo la etiqueta de dictadura, mientras que a otros —igualmente autoritarios— se los nombra con eufemismos cuidadosamente administrados? Resulta llamativo, por ejemplo, que a figuras como Abu Mohamad al Golani, presidente actual de Siria y principal comandante del Estado Islámico, nunca se las designe bajo esa categoría, pese a prácticas que podrían justificarla. La cuestión no es quién merece el rótulo, sino quién tiene el poder de imponerlo discursivamente y con qué fines.
Estos tres casos bastan para mostrar que una prensa que se proclama objetiva y que abusa, cuando le conviene, de expresiones como “presuntamente”, aquí ni siquiera guarda las apariencias. A esta selección léxica sesgada se suma un elemento aún más elocuente: el silencio. Silencio sobre el número de víctimas mortales y heridos, sobre las propiedades destruidas, sobre la violación del derecho internacional, sobre la doble moral que permite condenar unas acciones mientras se justifican otras idénticas. El silencio no es ausencia de discurso: es una forma poderosa de decir sin decir; y de callar lo que no conviene decir.
Las acciones de Estados Unidos en Venezuela revelan, así, una de las estrategias centrales del discurso del poder: la construcción de realidades virtuales mediante el relato y el ocultamiento de las realidades fácticas mediante el silencio. Nombrar es ejercer poder; callar, también. Entre palabras cuidadosamente elegidas y omisiones estratégicas, el discurso dominante no solo informa: produce sentido, legitima la violencia y administra la indignación pública.

DdA, XXII/6223

DE LA BANALIDAD DEL MAL A SU CELEBRACIÓN

 Son muchos, ciudadanos conocidos y anónimos, quienes andan estos días reubicándose en el mapa político que propone Donald Trump, escribe el columnista de CTXT en su último artículo. Ese en el que, entre un niño asesinado y un tanque israelí que dispara, uno empatiza con el tanque. Ayer justificaban que el terrible régimen de terror chavista siga en el poder porque al jefe Trump le conviene. Hoy justifican que un matón del ICE hiciera su trabajo asesinando a sangre fría a una rubia ciudadana norteamericana que protestaba desde su coche por la persecución contra sus vecinos de piel oscura. Hace meses dejaron de ver como enemigo a Putin al descubrir que era amigo de Trump y comenzaron a insultar al héroe Zelenski.



Gerardo Tecé

Con Trump te indignas por sus barbaridades, pero aprendes una barbaridad. Era la tarde del 3 de enero cuando el señor naranja nos dio a todos una lección magistral para comenzar el año y, quién sabe, la nueva era. Ya conocen los detalles. Horas antes, el presidente de EEUU había ordenado, como el que ordena unas pizzas, secuestrar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Una forma de libertad como otra cualquiera y ahora tocaba dar una rueda de prensa para regodearse ante los medios internacionales explicando que sheriff no hay más que uno y que tiene pelazo rubio. La derecha planetaria, especialmente la española –esa que le pone velas al franquismo mientras sufre por la falta de calidad democrática en un país muy concreto del planeta, y muy lleno de petróleo, llamado Venezuela– daba brincos de alegría. No era para menos, porque en el esquema mental de los Feijóo, Abascal o Ayuso, Trump era el primo de Zumosol que sabría lo que hay que hacer para defender los intereses de la gran familia derechista cuyos primos viven entre Caracas y Salamanca –barrio. Una familia que estaba a punto de quedarse con el culo al aire, y no los culpo. Nadie imaginábamos que Trump fuese a degollar políticamente en vivo y en directo a Corina Machado, la Ayuso del otro lado del charco, para apostar por la continuidad de un chavismo que ya sabe cómo se perfora un pozo petrolífero y se llena un barril.

De Trump aprendemos cada día y quizá el mayor de los aprendizajes haya sido este último. El que nos dice que el ultraderechismo es consecuencia del hijoputismo y no al revés. Es decir, que primero uno es mala persona, mentiroso, racista, machista y sin escrúpulos, y luego la gente tiende a pensar que uno se debe a la ultraderecha cuando no tiene por qué ser así. Trump odia a la golpista Corina Machado porque le dieron el Nobel de la Paz, pero adora al líder supremo de la comunista Corea del Norte porque le divierte que, cuando un ministro le decepciona, suelte una jauría de perros hambrientos. Puede que estemos ante categorías antiguas cuando hablamos de derecha e izquierda planetaria. Nos lo demuestra Trump apoyando a Delcy Rodríguez y cabreando al ultraderechista Aznar, que pidió un golpe de Estado hecho a su medida y le han mandado una batamanta para que se siente en el sofá y llore: no hay negocio para ti, Jose Mari, ándale, ándale. En realidad, las categorías de la era Trump son hoy diferentes. Por un lado están quienes no aceptan que la ley del más fuerte gobierne el mundo; por otro, las malas personas con poder dispuestas a intentar que así sea; y en último lugar, una legión de lamebotas, que es la categoría más preocupante, más patética y también más divertida.

En una entrevista a Corina Machado, la venezolana se ofrecía a regalarle su Premio Nobel al amo, a ver si así se le pasaba el enfado y la dejaba ser presidenta como ella había soñado. En un vídeo simpatiquísimo, el simpatiquísimo torero Francisco Rivera Ordóñez mostraba su agradecimiento a Donald Trump por haber secuestrado a un presidente y a un país entero robándole su petróleo y le pedía que se animase también con España. Patriotas se llaman. En un tuit, el prestigioso intelectual Marcos de Quinto echaba cuentas de cómo Trump podría ofrecerle un millón de euros a cada ciudadano de Groenlandia para así sobornar a toda una población y satisfacer las ansias imperialistas de Estados Unidos, pero también suyas porque la patria de un chupabotas siempre es, ante todo, el interés del poder. Son muchos, ciudadanos conocidos y anónimos, quienes andan estos días reubicándose en el mapa político que propone Donald Trump. Ese en el que, entre un niño asesinado y un tanque israelí que dispara, uno empatiza con el tanque. Ayer justificaban que el terrible régimen de terror chavista siga en el poder porque al jefe Trump le conviene. Hoy justifican que un matón del ICE hiciera su trabajo asesinando a sangre fría a una rubia ciudadana norteamericana que protestaba desde su coche por la persecución contra sus vecinos de piel oscura. Hace meses dejaron de ver como enemigo a Putin al descubrir que era amigo de Trump y comenzaron a insultar al héroe Zelenski. En un derroche de coherencia, un votante de Trump casado con una peruana detenida en Estados Unidos es noticia hoy porque el tipo defiende a su presidente. Vienen tiempos de horror, sin duda, pero también de echarse unas risas. Hannah Arendt escribió hace 60 años sobre la banalidad del mal sin imaginarse que hoy le tocaría escribir sobre la celebración del mal, incluso a costa de uno mismo.

CTXT DdA, XXII/6223

¿ESTAMOS EMPEZANDO A PAGAR EL DECLIVE DE ESTADOS UNIDOS?

 EL SECUESTRO DE MADURO, UN EPISODIO FRAGMENTADO DE LA TERCERA GUERRA MUNDIAL

No hay que esforzarse demasiado para entender los motivos que han empujado a un Trump histriónico al robo descarado con uso de la fuerza. La crisis de la hegemonía estadounidense, con Rusia y sobre todo China al fondo, lo explica suficientemente.

Doménico Moro

El acto de guerra estadounidense contra Venezuela, que resultó en el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, es de naturaleza imperialista y representa un episodio de lo que el papa Francisco llamó «una tercera guerra mundial librada a pedazos». El secuestro y el bombardeo aéreo que lo acompañó, que causaron decenas de muertes entre civiles y militares venezolanos, son ilegales y, al violar la soberanía de Venezuela, violan el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas (Artículo 2).

Trump justificó la acción militar alegando que Maduro era el jefe de un cártel de la droga y un narcoterrorista. Así, valiéndose de una ley estadounidense aprobada tras el ataque a las Torres Gemelas, logró eludir la autorización del Congreso estadounidense. Sin embargo, lo cierto es que la ONU ha declarado que Venezuela no produce ni vende drogas, que no operan cárteles de la droga en el país y que el tráfico de drogas hacia Estados Unidos utiliza la ruta del Pacífico, no el Caribe, donde se encuentra Venezuela. Trump fue acompañado por Giorgia Meloni y su gobierno, quienes calificaron la acción militar de «legítima», demostrando una vez más su supina alianza con Estados Unidos. Evidentemente, para Meloni, en este caso no hay «agresor y atacado», a diferencia de Ucrania.

Las causas reales de la agresión contra Venezuela son otras.

En primer lugar, está el deseo de Estados Unidos de controlar el petróleo venezolano, como lo ha declarado el propio Trump, al afirmar absurdamente que el gobierno venezolano le «robó» activos petroleros estadounidenses, a pesar de que la materia prima fue nacionalizada en 1976. Venezuela es, desde este punto de vista, el país más importante del mundo, pues posee las mayores reservas probadas de petróleo, 303 mil millones de barriles, significativamente superiores incluso a las del segundo país más grande, Arabia Saudita, con 267 mil millones de barriles [i] . Sin embargo, dado que el interés del imperialismo no reside tanto en explotar las materias primas para sí mismo, sino en impedir su explotación por parte de sus competidores, para Estados Unidos era inaceptable que China pudiera ejercer el control sobre este importante recurso. De hecho, el país oriental fue el segundo destino de las exportaciones venezolanas en 2024, con 2.700 millones de dólares, solo superado por India con 3.200 millones [ii] , además de haber otorgado miles de millones de dólares en préstamos a Venezuela.

El conflicto con China y Rusia, que mantenían acuerdos militares con Venezuela, es la principal causa del ataque, parte de una cadena de acontecimientos que ha caracterizado durante mucho tiempo la guerra indirecta entre Estados Unidos (y los europeos), por un lado, y Rusia y China, por el otro. En este sentido, cabe destacar que la administración Trump representa un salto cualitativo en comparación con otras administraciones. Uno de los pilares del documento de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (noviembre de 2025) es la reconquista del dominio en el hemisferio occidental, es decir, las Américas. El documento afirma que Trump pretende revivir la doctrina establecida por el presidente Monroe en 1823 para reclamar las Américas como un territorio libre de la influencia de otras potencias, que en aquel entonces eran europeas, concretamente Francia y España. Y lo que es más importante, afirma: «Impediremos que competidores fuera del hemisferio occidental posicionen fuerzas u otras fuentes de amenaza, o se apoderen o controlen activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio. Este corolario de Trump es una restauración sensata y contundente del poder y las prioridades estadounidenses, en consonancia con los intereses estadounidenses». [iii]

En realidad, la agresión contra Venezuela no comenzó hoy, y el ataque de Trump forma parte de un proceso que se remonta a 2014, cuando Estados Unidos y la Unión Europea impusieron sanciones cada vez más severas, que en esencia equivalieron a una guerra económica contra el país caribeño. Las sanciones han afectado gravemente al sector petrolero, obstaculizando la exportación de crudo y la importación de maquinaria y repuestos para la industria extractiva. El impacto ha sido severo en toda la economía venezolana, que, al igual que otras economías dependientes de Sudamérica, se basa en un «monocultivo», en este caso el petróleo, que representó el 72% de las exportaciones totales en 2024. Un indicador de la severidad de las sanciones es que en 2015 Venezuela, gracias a las exportaciones petroleras, tuvo un superávit comercial de casi 4.000 millones de dólares, mientras que en 2024 registró una deuda de 600 millones [iv] . Otro indicador es la producción, que en 2024 fue de 920.000 barriles de petróleo diarios, y las exportaciones, de tan solo 660.000 barriles. Estas cifras son extremadamente bajas, especialmente considerando que Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo y en comparación con las registradas por Arabia Saudita, el segundo mayor poseedor de reservas, que, también en 2024, produjo casi 9 millones de barriles diarios y exportó más de 6 millones, es decir, diez veces más. Incluso Libia, un país políticamente inestable durante años y dividido en dos bandos enfrentados, supera a Venezuela, con 1,14 millones de barriles diarios de producción y 1,08 millones de exportaciones [v] .

Por lo tanto, la agresión contra Venezuela y el secuestro de Maduro representan una clara advertencia para Rusia y, en especial, China, que, de hecho, han expresado su enérgica condena a Estados Unidos. Representan, además, un acto de guerra imperialista por parte de Estados Unidos, cuyo objetivo es mantener su esfera de influencia en lo que, según la Doctrina Monroe, ha considerado durante mucho tiempo su propio patio trasero, donde puede actuar a su antojo, incluso entrando y secuestrando a un presidente mientras se encuentra en su propia casa. La comprensión de la Doctrina Monroe por parte de Estados Unidos desde sus inicios queda demostrada por la guerra de conquista contra México en 1846, tras la cual Estados Unidos se anexionó los actuales estados de Texas, California, Arizona y Nuevo México. Los dos últimos siglos han estado marcados por innumerables intervenciones militares directas e indirectas, como el golpe de Estado de 1973 en Chile, durante el cual fue asesinado el presidente Allende, y su apoyo a la Contra contra el gobierno legítimo de Nicaragua en la década de 1980. Hoy, Trump, en cierto modo, recuerda al presidente Theodore Roosevelt, quien a finales del siglo XIX apoyó el imperialismo colonial estadounidense, que comenzó con la toma de algunas colonias españolas, incluyendo Filipinas. La acción contra Venezuela, además, sienta un precedente peligroso incluso para aquellos países en los que Trump ya ha expresado sus ambiciones, empezando por Groenlandia. Después de todo, como escribió Lenin en 1916: «El imperialismo es la era del capital financiero y los monopolios, que en todas partes desarrollan la tendencia hacia la dominación, no hacia la libertad». [vi]

El dominio inherente del imperialismo, especialmente del estadounidense (y europeo), queda confirmado por Trump, quien fue elegido con una plataforma que, entre otras cosas, exigía no librar guerras en el extranjero. Además, en su documento de estrategia, Trump declara que su principal objetivo es oponerse al declive de Estados Unidos y restaurar su dominio mundial. 

    LABORATORIO21/TOPOEXPRESS

¿PRISIÓN PARA RIVERA Y QUILES? ESO QUEDA PARA PABLO HASÉL


Félix Población

Habrá que seguir con atención la iniciativa emprendida por quien fuera senador de Compromís, Carlos Mulet, al denunciar ante la Fiscalía a Fran Rivera, que no sé si es o ha sido matador de toros, y a Vito Quiles, un pseudo-periodista pagado por la derecha extrema, por haber pedido ambos públicamente al presidente Donald Trump que intervenga militarmente en nuestro país y haga con Pedro Sánchez lo que hizo hace una semana en Venezuela, atacando a la nación, matando a un centenar de personas y secuestrando a su presidente y esposa*. Entiende Mulet que uno y otro pueden haber incurrido en una serie de delitos contemplados en el Código Penal, como traición (artículo 581); provocación, proposición o conspiración para traición (artículo 585); provocación a delitos contra el orden constitucional (artículos 544, 548 y concordantes); agravante de publicidad (artículo 22.3); detención ilegal/secuestro -como delito provocado- (163 a 168); provocación, proposición o conspiración para delinquir (17 y 18); delitos contra las instituciones del estado (493 y siguientes) y amenazas graves indirectas (artículo 169). Se trata, en efecto, de ocho delitos, ocho, que podrían comportar entre cinco y diez años de prisión. Debemos recordar que el rapero Pablo Hasél lleva casi cinco años en la cárcel de Ponent (Lleida) por cantar, después de haber sido condenado a seis porque el tribunal consideró que las letras de sus canciones enaltecían el terrorismo e injuriaban a la Corona en la persona del hoy rey emérito huido de España. No se qué pensará el discreto lector de este modesto DdA, pero yo no veo en la cárcel a esos dos tipejos, pese a merecerla y la buena voluntad puesta en ello del exsenador Mulet denunciándolos. Hay que agradecerle, no obstante, su fe en la justicia todavía.

*"Nos dicen que Venezuela no tiene un gobierno democrático pero no quieren que preguntemos si Venezuela tiene una oposición democrática", artículo de Jonathan Martínez en el diario Público.

DdA, XXII/6223

jueves, 8 de enero de 2026

¿SECUESTRÓ TAMBIÉN TRUMP LO QUE OCURRE EN VENEZUELA?

4 DE ENERO, CARACAS
Ministerio del Poder Popular

Lazarillo

Como bien saben los lectores de esta modesta bitácora, este Lazarillo es lector habitual de algunos de los más prestigiosos diarios de América Latina, a los que los diarios más importantes de este país nuestro no suelen prestar la menor atención porque sus intereses empresariales no coinciden con la línea editorial de periódicos como el mexicano La Jornada o el argentino Página/12. Pues bien, en el primero de estos diarios podemos leer cada día una breve sección que tiene el carácter de un editorial abreviado, si bien es tan abreviado a veces que como no se tenga un conocimiento del contexto de lo que leemos, no se puede interpretar del todo, máxime si se refiere a asuntos de política interna del país en donde el periódico se publica. Hoy, sin embargo, sí sabemos del contexto porque el tema es Venezuela y quien lo escribe tiene conocimiento de que determinadas informaciones, como las multitudinarias manifestaciones que se registran en Caracas y otras ciudades en repudio por el ataque armado sufrido por la nación y el secuestro de su presidente y esposa, no se difunden en la mayoría de los medios de información internacionales. O, como ha ocurrido en los telediarios de nuestra televisión pública, se ofrecen de forma manipulada, recortando la perspectiva multitudinaria de las marchas. Imágenes de Trump el invasor, sin embargo, abundan hasta la saciedad, así como las de venezolanos manifestándose a favor del secuestro y ataque armado a su país que causó un centenar de muertos. ¿También secuestró EU las cámaras de los principales noticiaros del mundoleemos en Rayuela, título de la sección. Porque cubren en todos los sentidos a Trump, pero no lo que pasa en el país invadido...".La portada de La Jornada sí refleja esas manifestaciones: La indignación recorre Caracas y otras capitales, leemos

DdA, XXII/6221

LOS AGENTES DE ICE MATAN PORQUE TRUMP SE CISCA EN LA MEMORIA DE SU MADRE

https://www.facebook.com/reel/923707203855396

Félix Población

En medio de la gran mayoría de informaciones indignas de crédito que se difunden a través de las redes sociales y que tenemos ocasión de observar cuando, como en estos días, tiene lugar un episodio histórico de la gravedad que tiene la acción armada de Estados Unidos contra Venezuela y el secuestro del presidente de aquella república, determinadas noticias de naturaleza comprobada cobran a través  de esos mismo medios de comunicación una materialidad y relevancia mayores que las que nos pueden ofrecer otros canales más convencionales como la prensa, la radio o la televisión. 

En esta ocasión, como en otras, son estos medios convencionales los que recurren a las redes sociales para informar. Se trata de la muerte a tiros de una ciudadana estadounidense por parte de un agente del servicio de inmigración y aduanada de ese país (ICE), caracterizado por la persecución, detención y deportación de migrantes en redadas que, como acaba de ocurrir con los migrantes procedentes de Venezuela, celebraban en las calles que el presidente que los va a expulsar secuestrara al presidente de su propio país.

El suceso ocurrió en el estado de Minnesota y la víctima se llama Renee Good, de 37 años, residente en Minneapolis, según leo en BBC. Vídeos difundidos en medios de comunicación y redes sociales muestran desde varios ángulos el vehículo en el que viajaba la mujer bloqueando parcialmente una calle en el momento en que se aproximan los agentes migratorios. 

Estos tratan de abrir la puerta de la conductora, que aparentemente trata de huir acelerando a la derecha. Uno de los agentes, que trataba de bloquear el paso del vehículo, responde con varios disparos hacia el asiento de la conductora, cuyo auto acaba fuera de control y empotrado contra otro que se encontraba estacionado.

Las imágenes son tan explícitas de la facilidad con la que los agentes recurren a las armas con intención de matar que dan idea de las órdenes de mando que reciben de sus superiores en lo referente a las políticas de deportación. Pero esta vez la víctima no ha sido una de las personas perseguidas, sino una ciudadana estadounidense, poeta según leo, cuyo gesto solidario quizá se debió al recuerdo de sus antepasados, cuando llegaron a aquel país en busca del porvenir que ahora pretenden otros.

Si esa conciencia histórica de lo que fueron los suyos en el pasado tuviera la suficiente fuerza entre la población de Estados Unidos, quizá lo que está ocurriendo no sucedería. Pero allí hasta su propio presidente se está cagando con su política en la memoria de juventud de su propia madre, Mary Anne MacLeod (1912-2000), una trabajadora doméstica escocesa, esposa del empresario Fred Trump, que emigró a Estados Unidos en 1930 y diez años más tarde fue ciudadana estadounidense*.

*El alcalde de Minneapolis Jacob Frey dijo después del asesinato de Renee Good lo que cada vez más gente piensa: "ICE, get the fuck out of Minneapolis!" (¡ICE, váyanse a la chingada de Minneapolis!). Ojalá otros alcaldes y gobernadores sigan su ejemplo.

¿CÓMO QUE EN DEFENSA PROPIA?

¿Se puede atropellar de lado?

DdA, XXII/6221

DEL FASCISMO ETERNO AL FASCISMO DEL SODALICIO DE VIDA CRISTIANA

Me atrevo a afirmar, desafiando a quien corresponda, que si la democracia estadounidense deja de avanzar como una fuerza viva, buscando día y noche por medios pacíficos mejorar la suerte de nuestros ciudadanos, el fascismo crecerá en fuerza en nuestra tierra”. La libertad y la liberación son una tarea interminable», dijo Roosevelt. Sus palabras son proféticas y parecen haberse cumplido en el presente bajo la administración del presidente Donald Trump.

Luis Fernando Figarifundador del Sodalicio de la Vida Cristiana / Logo del Sodalicio
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Martin Scheuch, exsodáliteReligión Digital, 7 de enero de 2026

En 1995, Umberto Eco publicó su ensayo “Eternal Fascism” (“El fascismo eterno”), identificando 14 características típicas de esta ideología, la cual él también denomina ur-fascismo, es decir, el fascismo primordial, arquetípico o eterno, es decir, una forma esencial y subyacente del fascismo que trasciende las manifestaciones históricas concretas (como el fascismo italiano de Mussolini o el nazismo alemán). Según Eco, el ur-fascismo no es un sistema ideológico rígido y coherente, sino una nebulosa de actitudes, impulsos y características que pueden aparecer en combinaciones variables y que sobreviven al fascismo histórico del siglo XX. Estas características pueden manifestarse en movimientos políticos modernos, incluso bajo apariencias inocentes o democráticas, sin que necesariamente se declare abiertamente fascista. 

Las reflexiones del filósofo italiano revisten suma actualidad, y nos sirven para identificar los diferentes fascismos que han tomado carta de ciudadanía no sólo en la política actual a nivel mundial, sino también en el ámbito religioso.

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Ya hace 30 años, Eco alertaba sobre el peligro de estas corrientes de pensamiento:

«El ur-fascismo sigue entre nosotros, a veces en ropa de civil. Sería mucho más fácil para nosotros si apareciera en la escena mundial alguien que dijera: “Quiero reabrir Auschwitz, quiero que las Camisas Negras vuelvan a desfilar por las plazas italianas”. La vida no es tan sencilla. El ur-fascismo puede regresar bajo los disfraces más inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y señalar con el dedo cada una de sus nuevas manifestaciones —todos los días, en todas las partes del mundo—.

Merece la pena recordar las palabras de Franklin Roosevelt del 4 de noviembre de 1938: “Me atrevo a afirmar, desafiando a quien corresponda, que si la democracia estadounidense deja de avanzar como una fuerza viva, buscando día y noche por medios pacíficos mejorar la suerte de nuestros ciudadanos, el fascismo crecerá en fuerza en nuestra tierra”. La libertad y la liberación son una tarea interminable».

Las palabras del presidente Roosevelt son proféticas y parecen haberse cumplido en el presente bajo la administración del presidente Donald Trump. Pero quizás lo que más nos puede interesar es cómo se plasman esas características del “fascismo eterno” en asociaciones religiosas, sobre todo las que forman parte de la Iglesia católica. Para ello voy a ir enumerando esas características, comentando cómo se plasmaban en el Sodalicio de Vida Cristiana, una sociedad de vida apostólica que fue suprimida el 14 de abril de 2025 por el Papa Francisco y a la cual yo estuve vinculado durante treinta años.

1. El culto a la tradición. El fascismo eterno se basa en un sincretismo cultural que rechaza la innovación y ve la verdad como ya revelada en un pasado mítico.

En el Sodalicio se veneraba la Antigüedad Cristiana y la Edad Media como épocas de plasmación perfecta de los valores cristianos en la sociedad —lo que conocemos como la cristiandad occidental— y se veía el desarrollo de las ideas a partir del Renacimiento como un declive en decadencia continua que conducía a la configuración de la sociedad moderna.

2. El rechazo al modernismo. Ve la Ilustración y la razón moderna como el origen de la decadencia, aunque pueda aceptar avances tecnológicos superficiales.

El mundo actual era visto como un ente en absoluta decadencia, producto de la Reforma protestante, la Ilustración y la Revolución Francesa, todos ellos sucesos que desembocaron en la sociedad moderna, donde no existiría ningún pensamiento ni sistema ideológico rescatable.

3. El culto a la acción por la acción. La acción se valora por sí misma, sin reflexión; pensar es una forma de debilidad. Se asocia al irracionalismo y al antiintelectualismo.

Si bien en el Sodalicio se insistía en que uno debía tener un pensamiento racional y desconfiar de los sentimientos, no se permitía ser crítico con los postulados ideológicos de la institución. Más bien, se debía actuar sin pensar cuando un superior daba una orden.

4. El desacuerdo es traición. La crítica o el desacuerdo se consideran traición; no se tolera el debate racional.

En el Sodalicio quien criticaba el pensamiento único imperante o manifestaba discrepancias era considerado un traidor, al cual se le tenía que disciplinar y castigar.

5. El miedo a la diferencia. Explotación del temor a lo diferente; el primer enemigo son los “intrusos”. Por definición, es racista.

La frase “un sodálite sólo puede ser amigo de otro sodálite” que repetía Luis Fernando Figari, el fundador del Sodalicio, expresaba la desconfianza que se debía tener hacia todo el que fuera ajeno a la institución. “Un cholo nunca podrá ser un buen sodálite”, otra frase suya, expresaba el desprecio que tenía hacia todo aquel que tuviera ancestros indígenas.

 6. Apelación a la frustración social. Surge de la frustración individual o colectiva, especialmente de clases medias amenazadas por crisis económicas o presión de grupos inferiores.

El Sodalicio buscó al principio a sus adeptos entre jóvenes de clases medias y altas, frustrados por la falta de perspectivas en el Perú, que pasó por una dictadura militar en los setenta, y por graves crisis económicas y sociales en los ochenta, a las cuales se sumó la amenaza terrorista en los ochenta y noventa.

7. Obsesión por el complot. Los seguidores se sienten asediados por enemigos internos y externos; la vida nacional se ve como una conspiración permanente.

En los años setenta y ochenta se nos hablaba en el Sodalicio de la conspiración judeo-masónica para dominar el mundo. A eso se sumó la amenaza que constituía el comunismo y su supuesto socio, la teología de la liberación, que presuntamente no era otra cosa que la infiltración del marxismo dentro de la Iglesia. Y al Plan de Dios se contraponía el plan del demonio para descristianizar a la sociedad.

8. El enemigo es a la vez demasiado fuerte y demasiado débil. Los enemigos son humillados, pero al mismo tiempo se les presenta como invencibles para justificar la lucha eterna.

Se nos inculcaba a los sodálites que teníamos la fuerza para vencer al mal en el mundo, pero a la vez este mal era sumamente poderoso y omnipresente, de modo que necesitábamos de la ayuda constante de Dios.

9. La vida es lucha permanente. La paz es vista como una conspiración; se prepara para una batalla final apocalíptica (como el Armagedón o la guerra racial).

“La vida es milicia”, frase atribuida a José Antonio Primo de Rivera, era uno de los lemas que se nos repetía, refrendado por una cita del libro de Job en la versión de la Biblia de Jerusalén: “¿No es una milicia lo que hace el hombre en la tierra?” (Job 7, 1). Las lecturas obligadas de libros de ciencia ficción distópica —como “1984” de George Orwell y “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury, entre otros— alimentaban en nosotros la conciencia de que los tiempos apocalípticos estaban cerca. 

10. El desprecio por los débiles (elitismo popular). Se fomenta un elitismo de masas: cada ciudadano desprecia a los inferiores, pero admira a un líder superior.

Los sodálites se concebían como una élite que iba a reformar y salvar a la Iglesia, bajo la guía de su líder Figari, mientras que se tenía en menos a las demás asociaciones y órdenes religiosas —se decía que eran relajadas y poco exigentes— y también a los católicos de a pie, a los cuales se denostaba con el término despectivo de “parroquieros”.

Las firmas del decreto de supresión del Sodalicio
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11. El culto al heroísmo y a la muerte. Se educa en el heroísmo; el héroe aspira al martirio, y la muerte es glorificada.

Aquí es pertinente citar dos estrofas del “Himno sodálite a Cristo Rey”, cantado solamente en ocasiones solemnes a puerta cerrada:

Soy de Cristo soldado escogido,
su bandera he jurado seguir,
lucharé por la fe decidido
aunque sea preciso morir,
aunque sea preciso morir.

Es María y Cristo que llaman,
nos convocan a una lucha sin par.

Cristo Rey, tus sodálites te aman
y desean morir por tu ley,
y desean morir por tu ley.

12. El machismo y el culto al arma. Transferencia de la voluntad de poder a la esfera sexual (machismo, condena de costumbres no convencionales) y al manejo de armas.

Figari solía hablar del “estilo viril que nos caracteriza” y también nos inculcaba una misoginia profunda: “A la mujer, ¡con la punta del zapato!” Más aún, cuando alguien mostraba desaliento o tenía un momento de debilidad, se le comparaba con las mujeres: “Pareces una hembrita con tetas y todo”.

13. Populismo cualitativo. El líder interpreta la “voluntad del pueblo” de forma selectiva; el parlamento o las instituciones democráticas se rechazan por no representar la verdadera voz popular.

Ni que decir, los mecanismos democráticos eran totalmente ajenos al Sodalicio. Se consideraba la democracia en cuanto sistema político como una muestra de la decadencia de Occidente. Y al interior del Sodalicio, el único que representaba la voluntad de los sodálites era Figari, a quien todos debían obediencia incondicional.

14. Uso de la neolengua. Empleo de un vocabulario pobre y sintaxis simplificada para limitar el pensamiento crítico y complejo.

Como ya lo he señalado en mi libro Las Líneas Torcidas (Lima 2025), “en el Sodalicio se fue creando un léxico propio, que debía ser vehículo de expresión de la espiritualidad sodálite y al cuál debían ceñirse todos los sodálites”. El control del lenguaje era una herramienta para controlar los pensamientos.

Estas características del “fascismo eterno» también serían identificables en otras asociaciones católicas. No debemos parar en denunciar y señalar este mal, que constituye un peligro no sólo para las personas vinculadas a ellas, sino para la sociedad en general.

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Martín Scheuch
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Notas Asturias Laica
Sobre el Sodalicio de la Vida Cristiana algunas entradas en el blog de Asturias Laica

Martín Scheuch, ex sodalité: “El Sodalicio ha funcionado como una secta desde sus inicios”
El barril del Sodalicio · Gonzalo Banda
El fin del Sodalicio: este es el entramado de organizaciones que disolverá el Papa
El Papa disuelve el Sodalicio, uno de los símbolos de la Iglesia ultra en Latinoamérica
El Sodalicio -organización religiosa ultraconservadora peruana-, un experimento fallido de la guerra fría en Latinoamérica
Un obispo peruano revela que fue víctima de abusos en el Sodalicio y acusa a altos cargos del Vaticano de encubrirlos
«Una monstruosidad»: Exmiembros dicen que la rama femenina del Sodalicio refleja el mismo patrón de abuso
La caída de Cipriani, el cardenal del Opus Dei acusado de abusos que convirtió a Perú en el laboratorio de la Iglesia ultra
Pedro Salinas, investigador: “El Sodalicio utiliza una fachada católica para perpetrar todo tipo de abusos”
El fin del Sodalicio: este es el entramado de organizaciones que disolverá el Papa

miércoles, 7 de enero de 2026

EL PSIQUIATRA OTTO HERNBERG AFIRMA: HAY SIMILITUDES PSICOLÓGICAS ENTRE HITLER Y TRUMP

 Otto Kernberg... Psiquiatra experto en líderes malignos: «Hay paralelismos psicológicos entre Trump y Hitler»

ESTE PSIQUIATRA NORTEAMERICANO DE 97 AÑOS ES UNO DE LOS MAYORES ESPECIALISTAS DEL MUNDO EN EL ESTUDIO DE LOS TRASTORNOS DE PERSONALIDAD. HA INVESTIGADO EN ESPECIAL LA MENTE DE LOS LÍDERES MALIGNOS. OTTO KERNBERG TUVO QUE HUIR DE HITLER CUANDO ERA NIÑO. SABE MUY BIEN DE LO QUE HABLA. ENTREVISTA EN XLSEMANAL, FACILITADA POR EL CENTRO PSICOANALÍSTICO DE MADRID (CPM)



Kernberg, de 97 años, tiene un largo día a sus espaldas. La noche anterior, el psiquiatra viajó desde Estados Unidos a Europa, dio una conferencia de seis horas en una clínica en Alemania y después concedió una entrevista televisiva de una hora. A pesar de ello, no muestra rastro de cansancio cuando a las siete de la tarde se sienta para conversar. Otto Kernberg es uno de los psicoanalistas más importantes del último siglo y uno de los mayores especialistas en el estudio de los trastornos de la personalidad.
En 1939 huyó con sus padres de Viena a Chile; casi toda su familia fue asesinada en el Holocausto. En 1961 se marchó a Estados Unidos, donde ha sido Director del Instituto de Trastornos de la Personalidad en Nueva York y Profesor en la Universidad de Cornell. Es considerado uno de los teóricos más influyentes de la psicología profunda moderna.
XLSemanal. Con casi 11 años tuvo que abandonar Viena por ser judío. Hoy, como ciudadano estadounidense, ve cómo personas son deportadas del país y separadas violentamente de sus familias. ¿Qué despierta eso en usted?
Otto Kernberg. No me sorprende que Trump use esos métodos. No espero otra cosa de él. Pero me sorprende la falta de una reacción por parte de los políticos demócratas. Trump dice abiertamente que no es presidente de los estadounidenses, sino de los republicanos, que se siente obligado solo con ellos. Eso es exactamente lo que caracteriza a las dictaduras.
XL. ¿Le viene a la mente alguna imagen de su infancia?
O.K. Hay muchas. Recuerdo el momento en que nos expulsaron de la escuela. De repente quedó claro: ya no pertenecemos. Ya no había amistades entre niños judíos y no judíos, no había conversaciones normales. Por todas partes estaban esos carteles: «Prohibida la entrada a judíos y perros».
«CUANDO UN GRAN GRUPO DE GENTE CAE BAJO UN ELEVADO NIVEL DE ESTRÉS Y MIEDO, DESARROLLA UN COMPORTAMIENTO INFANTIL Y DEPENDIENTE»
XL. ¿Habló de ello con sus padres?
O.K. No, en absoluto. Mis padres intentaron protegerme. Nosotros, los chicos, lo arreglábamos a nuestra manera. Cuatro o cinco niños judíos robábamos dulces en las tiendas. Era terriblemente peligroso para los padres. Pero nos daba un sentimiento de libertad y protesta. Mucho más tarde, cuando mi familia vivía ya en Chile junto con cientos de otros emigrantes alemanes judíos, los jóvenes hablamos entre nosotros sobre nuestras experiencias. Solo entonces me di cuenta de la magnitud de lo sucedido.
XL. ¿Por qué hay gente que anhela los llamados 'hombres fuertes' en la política, aunque mientan y dividan?
O.K. Con esta pregunta hablamos de lo que en psicología se llama 'un gran grupo regresivo': sus miembros tienen la sensación de que son otros los que controlan el mundo y que ellos son sus víctimas y deben rebelarse. A menudo, uno de ellos recibe entonces la tarea de dominar ese mundo hostil. El grupo, cuando cae bajo gran nivel de estrés y miedo, no desarrolla un comportamiento adulto, sino patrones infantiles.
XL. ¿Qué desencadena ese estrés?
O.K. Detrás hay un sentimiento de impotencia, que en cierto modo es un subproducto de la democracia: uno está insatisfecho con las decisiones de la mayoría, no se siente escuchado. Hasta cierto punto es un sentimiento inevitable; todos lo hemos experimentado. Pero, cuando esta sensación se vuelve abrumadora, es un paso natural confiar en un líder grandioso y antisocial.
Retrato de un líder narcisista maligno
Estos líderes surgen cuando se pierden las estructuras sociales y hay grandes escisiones en la población. Los grandes grupos se vuelven regresivos y buscan un líder grandioso, agresivo y desconfiado del mundo exterior. El líder y ellos se retroalimentan, y eso les da libertad para llevar una conducta antisocial (atacar, destruir…) sin sentimiento de culpa. Kernberg asegura que la diferencia entre un estado dictatorial y uno totalitario es que en el dictatorial solo hay que obedecer, mientras que en el totalitario hay que amar al líder.
Personalidad narcisista paranoide
→Egocentrismo extremo, actitud de superioridad, tendencia a sentirse en competencia con los demás, devaluar a los enemigos, incapacidad para relaciones humanas profundas, manipulación, mentiras, conducta antisocial.
Alta inteligencia
→Grandes capacidades orales, carisma y seductor. Si carece de alta inteligencia, compensa su sensación de vacío con drogas, alcohol o sexo.
XL. ¿Por qué habla de un paso natural?
O.K. Porque los grupos regresivos siempre eligen líderes similares. Se ha estudiado psicoanalíticamente ese tipo de grandes grupos, de 150 a 300 personas. Y en poco tiempo todos tuvieron el deseo de elegir un liderazgo narcisista o paranoide.
XL. Es decir, eligen a una persona egocéntrica que quiere ser admirada o alguien que es patológicamente desconfiado y se siente perseguido.
O.K. Cuando el grupo está en una fase moderada, busca un líder del tipo abuelo amable con partes narcisistas. Que calma a todos y promete paz.
«TRUMP TIENE MIEDO DE PUTIN. EN CAMBIO, COMBATE A PEQUEÑOS ESTADOS COMO VENEZUELA Y COLOMBIA PARA HACERSE EL GRAN HOMBRE»
XL. ¿Y cuando el grupo está más agitado?
O.K. Entonces quiere un jefe paranoide que los confirme en sus miedos y los lidere contra el enemigo. Los grupos que están especialmente descontentos y se sienten bajo presión a menudo quieren a alguien que combine ambas cosas: lo narcisista y lo paranoide, es decir, alguien que, por un lado, quiere ser amado, pero también temido. A eso le corresponde una personalidad de liderazgo con narcisismo maligno.
XL. ¿Es Trump así?
O.K. Ciertamente parece querer ser amado por sus seguidores y al mismo tiempo se comporta de tal manera que numerosas otras personas lo combaten. Pero no puedo hacer un diagnóstico psiquiátrico si no lo he examinado. Por lo tanto, no sé si Trump sufre de narcisismo maligno en el sentido clínico. Podría ser que en su vida privada se comportara mucho más razonable y decentemente, aunque no lo creo. Como político, en cualquier caso, muestra rasgos de narcisismo maligno.
XL. ¿Cuáles exactamente?
O.K. Además de la necesidad de ser grandioso, está la agresividad, una sed de venganza casi patológica: Trump se siente rodeado de enemigos, persigue a todos los que alguna vez dijeron algo contra él. Otra característica es la deshonestidad con la que lleva a cabo la lucha contra sus supuestos enemigos. Para él es importante ganar, con qué medios no importa. Sus seguidores lo admiran por eso, porque Trump es valiente en su mentira.
XL. ¿Qué quiere decir con eso?
O.K. Trump les transmite la imagen de que miente por una buena causa: derrotar a una sociedad hostil y mentirosa que sienten que los amenaza, por así decirlo, con sus propias armas. Cuando niega el cambio climático o declara a los científicos enemigos del Estado, eso a los ojos de sus seguidores es una señal de su valentía.
Retrato de un buen líder
Aplicable tanto al líder de una compañía como al líder político de una nación, entre los que Kernberg menciona al presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt.
Alta inteligencia
→Capacidad del líder para tomar decisiones a largo plazo.
Identidad normal
→Es capaz de relacionarse en profundidad con otras personas y de evaluar a sus colaboradores adecuadamente: saber en quiénes confiar y delegar.
Integridad moral
→Necesaria para hacer frente a las inevitables tentaciones de corrupción.
Tendencias narcisistas
→Debe tenerlas para no derrumbarse ante las dificultades y ante los ataques que surgen de fuera de la organización, así como para no dudar de sus propias decisiones e inteligencia.
Ciertas tendencias paranoides
→Entendidas en oposición a una actitud de ingenuidad naíf que impide gestionar los conflictos y las amenazas internas.
XL. ¿Quiere decir que sus votantes son conscientes de que miente?
O.K. Las personas en su entorno de trabajo inmediato probablemente saben que miente. Pero la gran masa de sus seguidores le cree, incluso cuando afirma, por ejemplo, que en realidad él ganó las elecciones de 2020, y no su competidor, Biden. Los millones de estadounidenses que lo siguen piensan ante todo que él es poderoso, que puede lograr lo que quiera y que resuelve todos los problemas. Al mismo tiempo les muestra que es una persona normal, uno de ellos: habla como ellos y se atreve a decir todo, incluso los insultos más groseros, para luchar por su bienestar. Estos son patrones similares al entusiasmo nacionalsocialista de Hitler.
XL. ¿Ve entonces paralelos entre ambas personalidades?
O.K. Sí. Pero, por supuesto, también hay diferencias. Hitler inmediatamente hizo asesinar a personas que declaró enemigas. Y Trump tiene un carisma más infantil, a veces casi juguetón. Hitler, por el contrario, siempre parecía mucho más consecuente, por ejemplo, en la manera en que imponía lo que quería. Pero él tampoco toleraba críticas. Si alguien intentaba criticarlo, se enfadaba y abandonaba a la persona.
«EL MAL NO SOLO ES EL RESULTADO DE LA HISTORIA O DE LA VIDA DE LAS PERSONAS. TAMBIÉN HAY GENTE QUE SE ALIMENTA DE ÉL PARA SENTIRSE PODEROSA»
XL. ¿Los narcisistas malignos se comportan también agresivamente hacia sí mismos y sus seguidores?
O.K. Por supuesto, especialmente cuando subestiman la realidad y sobreestiman su propio poder. También para eso se encuentran ejemplos en Hitler, su campaña contra Rusia fue un momento de autodestrucción. Sus generales podrían haberlo advertido. Pero unos tenían tanto miedo de él y otros lo encontraban tan grandioso que no se atrevieron a decirle lo difícil que sería derrotar un país enorme como la Unión Soviética cuando Estados Unidos estaba a punto de entrar en la guerra.
XL. Cuando los seguidores de Trump asaltaron el Capitolio porque no aceptaban su derrota y la democracia estadounidense pareció tambalearse, ¿usted qué pensó?
O.K. Fue una rebelión abierta contra la sociedad democrática. Gracias a Dios, la rebelión estaba mal organizada y Trump fue incapaz de conducirla a un movimiento revolucionario antidemocrático. Dio grandes discursos y luego se escondió. Trump no es constante. Hace promesas grandiosas, pero generalmente no las persigue hasta el final. De lo que sí es capaz es de reconocer intuitivamente lo que las personas desean y convertirlo en un mensaje. Lo recuerdan: dijo que quería terminar la guerra entre Rusia y Ucrania en un día.
XL. Pero no ha sucedido.
O.K. Al final, Trump tiene miedo de Putin. No se atreve a enfrentarse a él y debe disimularlo para que se mantenga la impresión de su grandiosidad.
XL. ¿Cómo debería tratarse con un político del calibre de Trump?
O.K. Con una oposición fuerte y consecuente que se oriente en el principio del liberalismo democrático.
XL. ¿Qué entiende por eso?
O.K. Una actitud como la que mostró una persona tan valiente como Alexéi Navalni en Rusia, que pagó con su vida criticar a Putin y su régimen. O un intelectual como el historiador Timothy Snyder, que abandonó la Universidad de Yale en protesta. Políticos demócratas como los gobernadores Josh Shapiro en Pensilvania o Gavin Newsom en California no se oponen con suficiente claridad a Trump. Parecen tener miedo de él.
XL. ¿El miedo de los demás anima a una persona como Trump?
O.K. Por supuesto. Sin embargo, si se confronta con alguien igual de poderoso, tiene miedo, como con Putin. Trump podría haberlo obligado a terminar la guerra en Ucrania entregando armas más potentes. No lo hizo. En cambio, da explicaciones ridículas que suenan infantiles sobre lo decepcionado que está con Putin. Y combate a pequeños estados como Venezuela y Colombia, donde puede hacerse el gran hombre.
XL. ¿Trump ha cautivado a Estados Unidos o había en el país un caldo de cultivo para un liderazgo autoritario?
O.K. En Estados Unidos se ha extendido desde hace algún tiempo un sentimiento antidemocrático. Los gobiernos anteriores bajo los presidentes Obama y Biden apoyaron tan claramente a los grupos oprimidos y desfavorecidos que eso provocó protestas y grandes resistencias en el país. Así que sí: podría haber habido otros Trump.
XL. De niño vio que la gente se entusiasmaba cada vez más con el nacionalsocialismo. ¿Es un rasgo básico arcaico del ser humano sentirse atraído por lo autoritario?
O.K. Sí, y eso tiene que ver con la ya mencionada psicología de grupos. Nos lleva de vuelta a un sentimiento infantil, en el que somos dependientes y así no tenemos que asumir ninguna responsabilidad. Se opone a la responsabilidad del adulto por su propio comportamiento. Sin embargo, el deseo de un mundo perfecto y simple tiene algo primitivo. Para eso está Trump.
XL. ¿Qué es exactamente el mal?
O.K. El mal es un comportamiento lleno de odio y destructivo que se explica por la historia de los pueblos o por la vida de las personas. Pero también hay personas cuyo odio se alimenta de sí mismo, que se convierte en un propósito de vida porque así se sienten poderosos y grandiosos.

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