viernes, 3 de julio de 2026

SI LAS ENCUESTAS ACIERTAN, ESPAÑA ESTARÁ EN BREVE EN MANOS DE UN INCONSCIENTE


¿Cree Feijóo que Sánchez está modificando la ley electoral a su medida o cree que la ‘ley de nietos’ es una buena ley, tanto que él mismo la llevó en su programa electoral de 2023? ¿Cree Feijóo que Junts es un partido golpista y criminal, un partido serio con el que se puede hablar o dependiendo de si es lunes, miércoles o viernes? ¿Cree Alberto Núñez Feijóo que ser migrante te convierte automáticamente en sospechoso de delincuencia como alguna vez ha insinuado o, por el contrario y como asegura en sus reuniones con gallegos migrados, los migrantes son un ejemplo, héroes, si se toma dos vinos?

Gerardo Tecé

Hay un pacto sagrado en la política norteamericana que consiste en que los votantes tienen derecho a saber quién aspira a ser su presidente. Si van a confiar su destino en una persona, si le van a otorgar las llaves del poder del Estado, qué menos que conocer su pasado, a los miembros de su familia, cuál es su equipo favorito y cómo salió su última analítica. Todo. Cuando uno va a pisar el Despacho Oval, nada es secreto personal, todo es información nacional. En España, menos hipócritas, no nos importa tanto el nombre de la mascota del candidato como su pensamiento y sus propuestas. De Feijóo, favorito según las encuestas para convertirse en el próximo presidente de España –y parece que coincide con que él ya sí quiere–, nos habían dicho que era un tipo moderado. Un político serio y sólido en su discurso. Un buen gestor como presidente gallego. Lo de la moderación lo confirmé el día que le escuché decir en la radio, respondiendo a una pregunta, que el franquismo fue producto de un golpe de Estado antidemocrático. Es raro escuchar esta verdad dentro del PP por motivos obvios. Si hoy le preguntasen de nuevo, Feijóo no sólo negaría haber dicho lo que en su momento dijo, sino que juraría que está probado científicamente que la virgen de Covadonga ayudó a Franco a salvar España. De propina, recomendaría no ponerse crema solar porque vete tú a saber. ¿Qué le pasa al agua de Madrid?

Si Feijóo va a convertirse en presidente del gobierno porque así lo han decidido las teles, las radios, los periódicos y los jueces, está bien. Pero, aunque no seamos de Wisconsin, tenemos derecho a saber algo sobre el tipo que ayer presidió Correos y hoy desliza sospechas sobre Correos. No dónde vive, no cuánto cuesta su casa. No se trata de acosarlo como a un Pablo Iglesias cualquiera. Tampoco va la cosa de escrutar los ingresos de sus familiares o los de su pareja. Ni que se llamara Begoña. No es eso. Como ha explicado el propio candidato del PP esta semana, una línea roja que jamás debería traspasarse es la intimidad de los políticos de derechas y sus familias. Estoy de acuerdo, pero ese manto de privacidad al que tiene derecho la derecha, no debería ocultarnos al político. Puede que él no supiera que estaba pasando las vacaciones en el yate de un narcotraficante, pero la ciudadanía merece saber con quién pasaremos, parece, los próximos años. ¿Cree Feijóo que Sánchez está modificando la ley electoral a su medida o cree que la ‘ley de nietos’ es una buena ley, tanto que él mismo la llevó en su programa electoral de 2023? ¿Cree Feijóo que Junts es un partido golpista y criminal, un partido serio con el que se puede hablar o dependiendo de si es lunes, miércoles o viernes? ¿Cree Alberto Núñez Feijóo que ser migrante te convierte automáticamente en sospechoso de delincuencia como alguna vez ha insinuado o, por el contrario y como asegura en sus reuniones con gallegos migrados, los migrantes son un ejemplo, héroes, si se toma dos vinos?

Cada día que pasa, el sólido Alberto Núñez Feijóo amplía los márgenes de lo posible. Ni con Palestina ni con Israel. Ni cambio climático ni tampoco lo contrario: igualdad. ¿Existirá la violencia machista y el odio contra las personas trans cuando gobierne Feijóo o dependerá de la ecuación política? Y la tierra, ¿será plana o según el prisma con el que se mire y lo que diga la última encuesta?

Conocemos a Ayuso, conocemos a Sánchez, a Abascal, a Rufián y a la de Coalición Canaria, si me apuran. Los conocemos porque la política va de ser reconocible representando posiciones. Y para representarlas resulta que hay que tenerlas. ¿Cuáles son las posiciones del señor Feijóo? El modo en que llegó hace cuatro años a la política nacional parece continuar siendo lo más parecido a una posición firme de Feijóo. La foto más fiable que tenemos. Llegó mirando hacia otro lado en la guerra entre quienes denunciaban chanchullos familiares y quienes los protagonizaban. Ganaron los chanchullos y al gallego le encargaron presidir esa victoria sangrienta. Con los cadáveres aún calientes, lo vimos encabezando una mani bajo el título “mafia o democracia”. ¿Ganó la ultraderecha interna en el PP y pusieron al moderado del PP? 

Si Ayuso o Atresmedia dicen blanco, blanco será. Si Abascal dice negro, pues negro. Negro delincuente, se entiende. Hace un tiempo Feijóo aseguraba que no era presidente porque él no quería. No eres tú, soy yo, le dijo el del PP a las mismísimas matemáticas que no sabían cómo aguantarse la risa floja. Si hoy las cuentas salieran, Feijóo hablaría de prioridad nacional o hablaría catalán, depende. Lo que haga falta. En esas estamos. “Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, dirigirá tu vida y lo llamarás destino”, decía Carl Jung. Si las encuestas aciertan, el destino de España estará en breve en manos de un inconsciente.

CTXT  DdA, XXII/6396

LOS TÚNELES DEL ALTO PORMA: SOLUCIONES YA, ANTES DE QUE LO LAMENTEMOS*

Tunel carrerera LE 331 boñar San Isidro

 

Félix Población

La primera vez que crucé los túneles del embalse del Porma, hace ya algunos años, me sorprendió que una carretera como la que comunica Asturias con León a través del Puerto de San Isidro, ofreciera en este tramo unas condiciones nada propicias para circular con seguridad, aun sabiendo que circulaba por la dada en llamar España vaciada/olvidada. 


Como esas condiciones no han mejorado y siguen siendo las mismas, las asociaciones vecinales, los ayuntamientos de la zona y otros colectivos de la montaña oriental leonesa acaban de hacer público un comunicado -dirigido al gobierno autonómico- en el que se reclama un tránsito seguro por los túneles de la carretera LE-331. Está en juego la seguridad vial, una de las responsabilidades públicas más acuciantes cuando no ofrece las suficientes garantías, a la que tienen derecho tanto los vecinos de esos municipios como cuantos viajeros o profesionales transitan por esta carretera de montaña. 


Se trata, además de los vecinos, de trabajadores, ganaderos, servicios públicos, transportistas, familias, visitantes, motoristas, y los miles de usuarios de la estación invernal de San Isidro. Quedan exentos los ciclistas  -entre los que me cuento-, que prefieren eludir internarse en la oscuridad de esos túneles con curva, por los que pedalear sería poco menos que jugarse la vida. 


Las condiciones objetivos de riesgo, según el comunicado, se llaman oscuridad, humedad, hielo en temporada invernal, niebla, nieve, fauna silvestre,- menor y mayor- cambios bruscos de luz en las bocas de entrada y salida, y tránsito frecuente en horas de baja visibilidad, especialmente al amanecer y al atardecer. Es obvio que así, la ciudadanía afectada plantee a este como a los anteriores gobierno autonómicos de Castilla y León, si lo que se requiere para tomar las correspondientes medidas es que se produzca un accidente grave, algo que si no ha ocurrido ya parece cosa de milagro. 


El vecindario del Alto Porma está harto de tanta negligencia en algo tan esencial como es una circulación sin riesgos: "Se trata de que  una infraestructura pública esencial no siga siendo tratada como una carretera residual de una comarca residual", leemos. Como se puede observar por lo que se demanda, no estamos ante una obra desmesurada. Basta con que la circulación por unos túneles de carretera tenga las mismas condiciones de seguridad que en cualquier otra carretera de montaña del país:


  1. Iluminación LED de bajo consumo en el interior de los túneles.
  2. Sistemas de encendido inteligente mediante sensores de presencia.
  3. Energía solar o sistema híbrido con apoyo de red.
  4. Balizamiento luminoso interior y guiado visual.
  5. Señalización activa ante hielo, niebla, nieve o baja visibilidad.
  6. Evaluación técnica del riesgo real del tramo.
  7. Integración ambiental y paisajística de la solución.
  8. Calendario público de ejecución, con presupuesto y responsables definidos.

HERALDO DE LEON DdA, XXII/6396

jueves, 2 de julio de 2026

ALGO TAN POCO PREVISIBLE COMO LOS TERREMOTOS, HACE TRANSPARENTE LA CANALLA HUMANA

Las noticias están centradas en mostrar el desacuerdo con las actuaciones del gobierno. El País, el Mundo, La Vanguardia, el Periódico, ABC, La Razón, tienen una línea editorial. El chavismo y su gobierno actual son un lastre. Represión, corrupción y abandono institucional. Venezuela, señalan, es un Estado fallido, sobrepasado por las circunstancias. Todos los males tienen un nombre y apellido, la presidenta encargada Delcy Rodríguez. En contraposición, la figura de María Corina Machado se presenta como la alternativa democrática. 



Marcos Roitman

Siempre hay palabras para expresar el dolor. También para denunciar la falta de escrúpulos de quienes buscan aprovecharse de un desastre natural para obtener réditos políticos. Un hecho tan poco previsible como son los terremotos, hace transparente la canalla humana.

No hace mucho la humanidad sufrió los efectos de una pandemia zoonótica como el covid-19. Y ahí, se desnudaron las vergüenzas. No sirvió para mostrar lo humano del ser humano. Por el contrario, destapó a políticos, intermediarios y empresarios cuyo objetivo fue enriquecerse con la muerte y la enfermedad. 

Cobraron porcentajes desorbitados, negociaron con las mascarillas, vacunas o certificados de antígenos. Y por si fuera poco, políticos sin escrúpulos se saltaron las reglas. Boris Johnson, José María Aznar, Jair Bolsonaro, Donald Trump, celebraron fiestas, no respetaron la cuarentena y en algún caso llamaron a consumir lejía para contrarrestar el virus.

Hoy, la tragedia sacude a Venezuela, país que sufre la intervención del imperialismo estadunidense, a lo cual se agregan décadas de sanciones económicas, sabotaje, procesos desestabilizadores y una guerra no convencional con diferentes gamas de intensidad, desarrollada durante dos décadas. Se han confiscado sus reservas en oro, cuando no entregadas a opositores. Y se ha desarrollado una campaña mediática a nivel mundial señalando a Venezuela como un país terrorista. 

Un sismo sirve para seguir promoviendo una ayuda internacional destinada a favorecer a las políticas de la oposición. La Unión Europea, como en su momento hizo con Juan Guaidó, autoproclamado presidente interino, dona 3 millones de euros a María Corina Machado para las víctimas del terremoto.

Lo cual es significativo. Constituye un atentado contra el derecho internacional. Ursula von der Leyen y su ministra de Exteriores, Kaja Kallas, prefieren hablar con quienes han decidido conspirar. Para eso sirve el dinero. Los partidos de la oposición venezolana y sus delegaciones en el exterior se aprestan a recibir millones. Abren cuentas para recaudar fondos, solicitan medicamentos y productos no perecederos. Se inicia la campaña: nada para el gobierno ni sus autoridades legítimas. Aducen caos, desorganización, inoperancia y corrupción. Ellos harán llegar las ayudas a los damnificados. Mientras, los medios de comunicación social, redes e influencers sirven para propagar su discurso.

La televisión pública y privada en España emiten imágenes una y otra vez donde se ve un edificio colapsando. A continuación, otro donde se observa gente saliendo de los vagones del Metro de Caracas espantados. Todo presentado como si transcurriera en vivo. Sin embargo, el primer video corresponde al sismo del 6 de febrero de 2023, ocurrido en Turquía y la ciudad de Gaziantep. 

El segundo, donde se ve gente saliendo de los vagones del Metro de Caracas, corresponde al incendio en la línea 1 del Metro de Caracas ocurrido el 25 de septiembre de 2021. Cuando las redes descubren los bulos, televisión española en su noticiero 24 horas tiene que salir a la palestra. No pide disculpas, señala que circulan bulos, obviando haberlos utilizado en sus informativos. Lo han emitido todas las cadenas de televisión. 

Y el mensaje no puede ser más insidioso. Todo lo que ocurre es producto del chavismo. La radio y la prensa escrita no son menos. Sus corresponsales hablan de inoperancia de las autoridades, de indolencia, de una descoordinación y abandono. El pueblo venezolano está desamparado. No hay orden, ni se ve la ayuda por ninguna parte. 

El periódico ABC titula: “Las viviendas sociales de Hugo Chávez se desploman como un castillo de arena”. Pero el desmentido es singular. Exequiel Gallardo, bombero chileno desplazado a La Guaira, experto en recuperación de personas, declara: “las viviendas vacacionales quedaron más destruidas que las sociales”. Y la foto del ABC, para más INRI, la foto muestra las viviendas sociales construidas por el “chavismo” incólumes. Invisibilizan la ayuda internacional entre estados. 

Tampoco mencionan la gran coordinación entre las instituciones públicas desde el gobierno, pasando por los ayuntamientos, los servicios médicos, bomberos, fuerzas armadas, ingenieros, arquitectos, trabajadores desplazados de todos los estados de Venezuela. Y tampoco se habla de los cooperantes internacionales que se han puesto a las órdenes de las autoridades para coordinar los trabajos de rescate y búsqueda de sobrevivientes. Nada sobre los ministros en el terreno y las múltiples organizaciones que trabajan día y noche. Menos de los médicos cubanos desplazados en más 50 para las labores de apoyo en hospitales. 

Las noticias están centradas en mostrar el desacuerdo con las actuaciones del gobierno. El País, el Mundo, La Vanguardia, el Periódico, ABC, La Razón, tienen una línea editorial. El chavismo y su gobierno actual son un lastre. Represión, corrupción y abandono institucional. Venezuela, señalan, es un Estado fallido, sobrepasado por las circunstancias. Todos los males tienen un nombre y apellido, la presidenta encargada Delcy Rodríguez. En contraposición, la figura de María Corina Machado se presenta como la alternativa democrática.

Se puede estar más o menos a favor del gobierno de Delcy Rodríguez, hay más que discutir. Pero no se puede utilizar la catástrofe para emponzoñar una acción ejemplar. Venezuela es un Estado asediado desde dentro y fuera. El objetivo: acabar con el proyecto de cambio social, reconquistar el poder y controlar la producción de hidrocarburos. Sean extranjeros o criollos. Hablen inglés o castellano.

LA JORNADA MX  DdA, XXII/6395

DESDE VENEZUELA: CARTA A LA MISERIA HUMANA EN TIEMPOS DE TRAGEDIA


No dejen de leer este texto, escrito desde el lugar de la tragedia, sobre todo si se siente el lector un tanto asqueado ante lo que la autora denuncia: "Venimos de lejos guardando el luto y la fuerza, escribe Grisel Marroquí,; sabemos lo que es el rugido de las aguas desde la tragedia del río El Limón en 1987, cuando la corriente devoró vidas en Aragua, y la furia de la naturaleza en la vaguada del 99, cuando la montaña se tragó a Vargas y tuvimos que refundar la vida sobre el lodo de la costa. Sabemos lo que es la asfixia: resistimos la hambruna del año 2015, cuando pretendieron vaciarnos los platos de comida para doblegarnos el estómago ignorando que el hambre de libertad de este pueblo no se apaga con decretos ni se rinde ante el asedio. Sabemos de la amenaza imperial y del zarpazo genocida del 3 de enero, una afrenta criminal que pretendió violar nuestra soberanía y enlutó el corazón de la patria. Que sepa el imperio que la soberanía nacional no se negocia ni se entrega. Somos herederos de Bolívar, de ese Simón glorioso que ante el polvo y el escombro de 1812 nos dejó un mandato eterno. ”Si la naturaleza se opone lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”.



Grisel Marroquí

Hoy, cuando se cumplen ocho días de la tragedia que nos convoca, les escribo desde el epicentro del dolor, donde la tierra aún cruje y el aire huele a polvo, a pérdida y a luto. Les escribo a ustedes, los que detrás de una pantalla han convertido la desgracia de un pueblo en un carnaval de desprecio. Hoy quiero enumerar, con profunda indignación, las heridas que sus palabras y sus acciones le infligen a la condición humana en medio de este desastre:
Primero: Los videos del odio digital. Esos registros infames donde se graba el dolor ajeno, el desplome de un hogar o el llanto de una familia, no para clamar por ayuda, sino para acompañarlo de comentarios burlones, de festejos macabros y de una deshumanización que asusta. Han convertido la tragedia en contenido para saciar su propio veneno.
Segundo: Las burlas selectivas ante la muerte. Pretender que el dolor de una pérdida tiene color político es la mayor muestra de indigencia espiritual. La muerte no pide carnet, el escombro no selecciona ideologías y el frío de la Parca es el mismo para todos. Burlarse de los muertos de los urbanismos humildes es un acto de cobardía que les arranca cualquier vestigio de humanidad.
Tercero: Los reclamos innecesarios e inoportunos. En el momento en que los vecinos intentan rescatar lo poco que les queda o buscan desesperadamente a sus familiares a tientas, ustedes aparecen con reproches políticos vacíos, sentencias soberbias y juicios de valor desde la comodidad de la distancia. No construyen, no ayudan, solo ensucian el silencio del luto.
Cuarto: Las ofensas directas a la dignidad de las víctimas. Tratar a los afectados con desprecio, tildarlos con adjetivos degradantes y sugerir que "merecen" la desgracia por sus convicciones, es una bajeza que no tiene justificación alguna. El dolor del hermano es sagrado y se respeta.
Quinto: El periodismo de carroña desde el exilio. Siento una profunda y absoluta vergüenza de que quienes hoy nutren sus programas asquerosos e infernales con nuestras ruinas se llamen mis colegas. Esquinas de pantalla encendidas para devorar nuestro dolor, mercantilizando la carne pisada entre el cemento y las cabillas de los edificios derrumbados. Es una infamia profesional transmitir desde la distancia segura, usando el polvo de los sitios destruidos y los gritos de auxilio de nuestra gente como el libreto de su propio espectáculo mediático.
Sexto: La hipocresía del análisis cómodo ante el asedio. Se desbocan criticando al gobierno, señalando las grietas y las carencias con el dedo inquisidor de la soberbia, pero guardan un silencio cómplice ante la verdadera raíz de nuestro estrangulamiento. Nuestra debacle viene desde las medidas coercitivas unilaterales, desde ese imperio devastador de conciencias, imperio genocida, colonialista y ecocida, que lleva años bloqueando el aire, el cemento, el hierro, los alimentos, la salud y los recursos de este pueblo. El cinismo de sus “análisis” es tan destructor como el sismo mismo: pretenden que olvidemos quiénes nos asfixian mientras nos exigen que corramos sin oxígeno.
Séptimo: El contraste de la luz y la solidaridad inquebrantable. Mientras los mercaderes del dolor teclean insultos desde el extranjero —y también desde Venezuela, su propia tierra—, la verdad se levanta sobre las ruinas con el uniforme de nuestros equipos de rescate. Frente a tanta miseria mediática, hombres y mujeres que desafían el peligro de las réplicas, con las manos rotas de tanto remover escombros, no preguntan por ideologías cuando escuchan un lamento bajo las moles de concreto. A ellos se suma el abrazo fraterno de los rescatistas internacionales; pueblos hermanos que no vacilaron en cruzar fronteras para traernos su aliento, herramientas y experticia en las horas más oscuras. En el terreno, todos ellos —propios y ajenos— demuestran lo que verdaderamente significa la condición humana: arriesgar la vida para salvar la de un desconocido. Esa es la respuesta más contundente al imperio y a sus coristas; el barro en sus botas vale más que todas las pantallas del odio.
Octavo: La mano herida del propio pueblo. Se les olvida mirar la grandeza de la gente común, el poder de la comunidad organizada que no espera instrucciones para salvarse entre sí. Mientras los laboratorios del odio teorizan en las redes, en los callejones son los mismos vecinos quienes comparten el agua, cuidan los hijos del ausente y levantan al herido.
Noveno: La lección de nobleza frente a la indigencia humana (El símil). Resulta una ironía conmovedora ver a los perros rescatistas hundir sus hocicos entre el polvo, arriesgando sus patas entre los hierros retorcidos, guiados únicamente por el instinto puro de salvar una vida, sin importarles quién está abajo. Esos animales demuestran una nobleza y una empatía que ya quisieran tener estos seres desalmados. Mientras un perro rasga la tierra con desesperación para rescatar un hálito de vida, los miserables del teclado usan sus uñas solo para raspar la herida, destilar veneno y celebrar la muerte. Qué inmensa lección de humanidad nos dan los “narices”, y qué profunda degradación muestran aquellos que, teniendo uso de razón, actúan con más saña y menos alma que cualquier criatura de la tierra. Nuestra coraza es la memoria.
A quienes pretenden quebrarnos con su desprecio, les recordamos que este suelo tiene la piel curtida y memoria larga. No saben de qué madera estamos hechos. Olvidan que venimos de resistir los embates más oscuros y que ya sabemos levantar el alma desde el fango y las sacudidas de la tierra.
Sabemos de sismos porque nuestra memoria guarda el crujido del terremoto del 67, que nos enseñó lo frágil que es el concreto en la noche de Caracas, y la fractura del terremoto de Cariaco en el 97, que nos dejó las escuelas caídas y el llanto en el oriente de la patria.
Venimos de lejos guardando el luto y la fuerza; sabemos lo que es el rugido de las aguas desde la tragedia del río El Limón en 1987, cuando la corriente devoró vidas en Aragua, y la furia de la naturaleza en la vaguada del 99, cuando la montaña se tragó a Vargas y tuvimos que refundar la vida sobre el lodo de la costa.
Sabemos lo que es la asfixia: resistimos la hambruna del año 2015, cuando pretendieron vaciarnos los platos de comida para doblegarnos el estómago ignorando que el hambre de libertad de este pueblo no se apaga con decretos ni se rinde ante el asedio.
Sabemos de la amenaza imperial y del zarpazo genocida del 3 de enero, una afrenta criminal que pretendió violar nuestra soberanía y enlutó el corazón de la patria. Que sepa el imperio que la soberanía nacional no se negocia ni se entrega. Somos herederos de Bolívar, de ese Simón glorioso que ante el polvo y el escombro de 1812 nos dejó un mandato eterno. ”Si la naturaleza se opone lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”.
Sabemos del miedo y del encierro, porque transitamos la incertidumbre de la pandemia, cuidándonos en colectivo, cuando países del llamado primer mundo incrementaban, desgraciadamente, su número de víctimas.
Cada golpe nos ha dejado cicatrices, pero ninguna ha podido apagar la terquedad de este pueblo. El escombro material que hoy nos duele no es el primero que nos toca ver, ni será el que nos deje de rodillas.
Guarden su silencio si no van a arrimar el hombro, apaguen sus cámaras si solo buscan alimentar el morbo. Venezuela y su gente están de luto, sí, pero de pie, limpiándose el polvo con manos soberanas. La historia recordará la infamia de sus palabras, pero también la terca dignidad de un pueblo que sabe reconstruirse desde las cenizas".

DdA, XXII/6395

150 AÑOS DE LA INSTITUCION LIBRE DE ENSEÑANZA



Ana Cardo

La Fundación Sierra Pambley recupera para la atención del público interesado un resumen antológico de la historia de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), un proyecto pedagógico que bien se puede decir que transformó España hasta que lo hundió la retrógrada dictadura franquista. La exposición "Institución Libre de Enseñanza. 150 años", que se podrá ver en la localidad leonesa de Villablino entre el 1 de julio y el 30 de agosto de este verano, recorre la historia de uno de los movimientos educativos más influyentes de la España contemporánea, el más odiado por el viejo régimen. Desde su fundación en 1876 por Francisco Giner de los Ríos y un grupo de catedráticos represaliados durante la primera restauración de la monarquía por defender la libertad de cátedra, la ILE impulsó una visión de la educación basada en el pensamiento crítico, la igualdad, el contacto con la naturaleza y la apertura a Europa. La muestra presenta documentos, fotografías y testimonios que permiten al visitante conocer de primera mano el alcance de la más lúcida práctica de enseñanza habida en la historia de este país. Esta exposición se articula en torno a los grandes hitos del institucionismo: la fundación del Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, la creación de la Junta para Ampliación de Estudios, la Residencia de Estudiantes, las Misiones Pedagógicas o la Fundación Sierra Pambley, con especial presencia en la provincia de León, donde nacieron personalidades tales como Fernando de Castro o Gumersindo de Azcárate. A través de estos episodios, se muestra cómo la ILE sentó las bases de lo que los historiadores consideran el más brillante periodo de la cultura y la ciencia, con investigadores como Ramón y Cajal o creadores literarios y artísticos como Federico García Lorca, Salvador Dalí, Luis Buñuel o Juan Ramón Jiménez (dos Premios Nobel entre los citados).

DdA, XXII/6395

ADIÓS, AITANA ALBERTI LEÓN



Valentín Martín

Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde, nos dejó dicho Marguerite. Llegar tarde o no llegar nunca se parece mucho a una estafa que la oscuridad se guarda con la insistencia de los bastardos en los secarrales. Mientras la inmensidad de tantos amores vivos y muertos dibuja la geografía de pueblos y ciudades, llegan palomas equivocadas con el nombre de Alberti en sus alas que debieron quedarse quietas y no responder a la llamada. Porque es verdad que nos iremos, que tenemos los días contados, los nuestros y los de quienes más queremos. Ahora mismo tengo nostalgia de una ausencia repentina y concreta: la de Aitana Alberti León que ya no podrá acudir a una cita cuando antes José Luis Ferris, el escritor más decisivo, había cocinado para los tres en Madrid. Pasó algo y la charladuría con la hija de Rafael y María Teresa quedó para otra ocasión que no llegaría nunca. Tal vez sea verdad que vivir es dejarse gente y cosas por el camino. Hoy me acuerdo de esto cuando ya no veré nunca a Aitana Alberti León que amó tanto a Cuba que en esta Cuba malherida se ha quedado para siempre, transitando como nadie las revoluciones, la cultura, la memoria de la Generación del 27, las cenizas de su padre, el mármol de su madre, y todo el dolor del exilio en una arboleda perdida.
Hoy, una vez más, si me piden amar a cualquier dios, tendría que decir que se vayan con su música a otra parte.

DdA, XXII/6395

miércoles, 1 de julio de 2026

REVOLUCIÓN BOLIVARIANA VERSUS IMPERALISMO HUMANITARIO: LÍNEAS DE FRACTURA DE UN SEÍSMO

La Gran Misión Vivienda Venezuela, el programa de vivienda lanzado por Hugo Chávez en 2011, ha permitido construir millones de «viviendas dignas» en todo el país. La mayoría de estos edificios, construidos por diversas empresas chinas, brasileñas, bielorrusas y venezolanas, resistieron bien el seísmo. Cuando los edificios quedaron inhabitables —lo que ocurrió principalmente a lo largo de la falla costera—, tendieron a inclinarse en lugar de derrumbarse. Años de bloqueo y agresión imperialista han debilitado sin duda a Venezuela en el plano material. Sin embargo, la Revolución bolivariana ha engendrado un nuevo metabolismo social que no será fácil desmantelar: un pueblo organizado y un conjunto de instituciones capaces de responder a las crisis. Si el terremoto ha puesto al descubierto las vulnerabilidades del país, también ha revelado dónde reside su verdadera fortaleza: en el pueblo revolucionario y en unas transformaciones sociales e institucionales profundamente arraigadas.

 


Cira Pascual Marquina y Chris Gilbert
¿Qué cabe esperar de los imperios mediáticos sino el instante humanitario y las ruinas apocalípticas? Tras las campañas de la dictadura, el narcotráfico, la traición o la sumisión a los Estados Unidos, llegan ahora los primeros planos emocionales del Estado fallido, del vacío de poder, del descontento ante la inacción del gobierno. Con objetivos invariables: reforzar la campaña de la extrema derecha contra el gobierno bolivariano y neutralizar la opinión internacional de cara a una intervención exterior. Pero la realidad es muy diferente.
Veinticinco años de construcción de una poderosa organización popular, de una unidad cívico-militar impulsada por Chávez y de un Estado que, pese a más de 1.000 sanciones y el inhumano bloqueo de EE.UU. y la UE, mantiene como prioridad los servicios públicos, marcan la diferencia. A diferencia de los regímenes neoliberales, sin Estado, donde las ONG sirven de correa de transmisión del «imperialismo humanitario», Venezuela ofrece una respuesta rápida y masiva sobre el terreno. La soberanía alimentaria y el gran número de infraestructuras públicas han permitido atender las necesidades más urgentes. Las autoridades ya han distribuido más de 7.000 toneladas de alimentos a 75.238 familias. 10.834 voluntarios se han sumado a los miles de funcionarios de los equipos de protección civil y a los más de 30.000 funcionarios de los cuerpos de seguridad y del ejército para llevar a cabo las operaciones de socorro. El conjunto del personal de los ministerios, de las fuerzas armadas bolivarianas, la red nacional de organizaciones populares —entre ellas más de 5.000 autogobiernos comunales—, sin olvidar la cultura solidaria y anti-individualista de los venezolanos y las venezolanas, han salvado numerosas vidas y restablecido rápidamente los servicios públicos vitales, para pasar a la reconstrucción de miles de viviendas. El valiente personal de la solidaridad internacional, llegado de la ONU y de 32 países —entre ellos China, Suiza, Francia, Cuba, El Salvador, Vietnam, Brasil, Qatar, Estados Unidos, México, Colombia e India— representa la décima parte de la movilización nacional.
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No existe catástrofe puramente natural, sobre todo en un país en estado de sitio. Del mismo modo, la respuesta a toda catástrofe está siempre condicionada por factores sociales, políticos e incluso geopolíticos. Tras el devastador terremoto de 1812, ocurrido durante la lucha por la independencia, Simón Bolívar declaró: «Si la naturaleza se opone a nosotros, lucharemos contra ella y la haremos obedecernos.» Hoy, esta observación puede parecer chocante —como una extraña salida anti-ecológica—, pero lo que Bolívar quería decir es que el proyecto estratégico de emancipación debe permanecer en primer plano y guiar nuestras acciones, incluso ante un desafío natural.
Conviene tener esto presente al reflexionar sobre los seísmos que han golpeado recientemente a Venezuela. El hecho natural es simple: hubo un doble movimiento de tierra, primero una sacudida de magnitud 7,2 seguida, pocos segundos después, de otra de magnitud 7,5. A su paso, las destrucciones se produjeron a lo largo de fallas naturales, como la falla de San Sebastián que bordea la costa de La Guaira, pero también se propagaron a lo largo de fallas creadas por el imperialismo. En primer lugar figuraban las fracturas en las infraestructuras del país, en las capacidades de socorro de emergencia y en el sistema de salud, causadas por más de una década de paralizantes sanciones.
Estas sanciones, que aún superan las 1.000, no se reducen a simples palabras e intenciones hostiles. Las investigaciones llevadas a cabo por Mark Weisbrot en el CEPR de Washington estimaron que habían contribuido a unos 40.000 fallecimientos adicionales en el espacio de un solo año. Para quienes no conocen bien el sistema financiero internacional, el impacto de un régimen de sanciones de este tipo puede ser difícil de comprender. Sin embargo, el resultado neto es que toda transacción internacional se vuelve difícil. El comercio ordinario y las líneas de crédito se desmoronan, mientras que las empresas, los bancos y los gobiernos evitan las transacciones, incluso cuando son técnicamente legales en el marco del régimen de sanciones, pues carecen de certeza y temen represalias futuras.
Las consecuencias afectan a todos los aspectos de la preparación ante catástrofes y de las intervenciones en caso de catástrofe. En Venezuela, millones de personas comenzaron a emigrar poco después de la publicación del decreto presidencial de Obama en 2015, entre ellas médicos, socorristas, ingenieros civiles y otros profesionales cualificados. Se volvió más difícil reparar los equipos pesados de rescate, ya que las piezas de repuesto no podían importarse. Los hospitales tuvieron dificultades para reemplazar los equipos médicos especializados. Los servicios públicos aplazaron las operaciones de mantenimiento debido al agotamiento de la financiación y al temor de los proveedores a verse sometidos a sanciones secundarias. Incluso cuando las transacciones son técnicamente legales, los bancos y los fabricantes suelen actuar con excesivo celo, negándose a participar y obligando a las instituciones a improvisar en un contexto de escasez permanente.
Una segunda serie de fracturas se abrió a raíz de los ataques imperialistas del 3 de enero contra Venezuela, durante los cuales el presidente democráticamente electo Nicolás Maduro fue secuestrado en una operación militar que causó más de un centenar de muertos y dejó a muchas otras personas heridas y traumatizadas. Aunque la Revolución bolivariana logró conservar el poder político —elemento esencial en todo proceso revolucionario—, perdió el control de las ventas de petróleo de Venezuela (pero no de la soberanía sobre sus yacimientos, ni del resto de la economía) y se vio obligada a introducir «reformas» en la muy avanzada legislación del país que regula sus recursos naturales ante el bloqueo occidental, en particular en materia petrolera.
Todo ello significa que el seísmo que golpeó a Venezuela, devastador en todos los sentidos, fue hecho mucho más mortífero —tanto por su impacto inmediato como por sus consecuencias a largo plazo— por factores directamente imputables a la ofensiva continua y multiforme que el imperialismo estadounidense lleva a cabo contra el país y su pueblo. Cerca de 1.500 fallecimientos han sido ya oficialmente contabilizados, y este trágico balance seguirá aumentando en los próximos días. El número total de víctimas se dejará sentir en varios niveles, y la lucha para mitigar sus efectos mediante una respuesta eficaz, soberana y coordinada es ahora un campo de batalla, en cuyo centro se encuentra la contradicción con el imperialismo estadounidense.
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*Reacciones radicalmente diferentes*
Cuando el doble seísmo golpeó, fue percibido como una combinación inquietante de ruidos ensordecedores, sacudidas prolongadas y violentas, y un cielo de colores extraños. Un testigo lo describió como «un viento sin viento». La gente gritaba y los perros estaban presos del pánico. Edificios enteros se derrumbaron en montones de escombros, mientras se abrían grietas en la playa adonde muchos habían acudido a pasar el día festivo. Varios días después, personas permanecen aún atrapadas bajo los escombros. La situación es particularmente grave en las ciudades y pueblos que bordean la costa de La Guaira. En las redes sociales circulan cientos de fotos y nombres mientras las familias buscan desesperadamente a sus seres queridos desaparecidos.
En una situación así, es natural prestar ayuda sin pensar primero en los propios intereses. Eso es precisamente lo que han hecho las poblaciones de todo Venezuela y de los países vecinos. El gobierno de la presidenta en funciones Delcy Rodríguez también reaccionó con rapidez y determinación, movilizando los medios a su disposición en el espíritu centrado en el pueblo que caracteriza a la Revolución bolivariana desde hace tres décadas. Paralelamente a esta respuesta oficial, surgieron contribuciones espontáneas masivas: motos cargadas hasta los topes de suministros aflueron hacia las zonas siniestradas, mientras los voluntarios se unían a la inmensa operación de rescate llevada a cabo por el Estado, y equipos de ayuda procedentes de México, Cuba y Brasil llegaban rápidamente con asistencia concreta.
Si la compasión anima la reacción del gobierno venezolano y de los pueblos de América Latina, no puede decirse lo mismo del imperialismo estadounidense, para el cual la preocupación por la humanidad ha cedido paso a motivaciones de lucro, expropiación y dominación, y que tan a menudo ha buscado sacar provecho de la desgracia ajena. Al día siguiente del seísmo, el secretario de Estado Marco Rubio anunció fríamente que el Ministerio de Guerra, el SOUTHCOM y los marines desempeñarían un papel central en el esfuerzo de «ayuda» estadounidense.
Ya hemos visto cómo se desarrolla este escenario. Tras el devastador seísmo que golpeó Haití en 2010, el caballo de Troya apenas disimulado de la «ayuda humanitaria» estadounidense llegó en forma de un portaaviones y unos 20.000 soldados sobre el terreno. En el caso de Haití, esta ocupación de facto conllevó, entre otras cosas, una pérdida evidente de soberanía, casos probados de agresiones y explotación sexual, así como una epidemia de cólera propagada por las fuerzas de ocupación.
Frente a las ambiciones imperialistas, la voz del pueblo revolucionario venezolano se une en torno a tres reivindicaciones: Estados Unidos debe levantar completamente las sanciones, desbloquear todos los activos venezolanos y permitir al presidente Maduro y a Cilia Flores regresar a Venezuela. Si no se adoptan estas medidas, la presencia estadounidense se asemeja mucho a una simple ocupación militar —parte integrante de las ambiciones de recolonización expresadas por el imperialismo «MAGA» de Donald Trump, con su grotesca resurgencia de la doctrina Monroe.
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*La batalla por el control del discurso*
La lucha para defender de manera global al pueblo venezolano, su futuro y sus proyectos se desarrolla también en el terreno de los medios de comunicación y las redes sociales. Circulan alegaciones falsas y maliciosas que afirman que el gobierno no reacciona o que bloquea la ayuda humanitaria. Al mismo tiempo, vídeos procedentes de catástrofes sin relación con Venezuela —en particular terremotos en Turquía— han sido presentados como imágenes filmadas en Venezuela, acompañados de un aluvión de contenidos generados por IA. Gran parte de esta información proviene de la disconforme oposición de María Corina Machado, que se siente excluida de las negociaciones iniciadas tras el 3 de enero.
Lo que es cierto es que el gran número de conductores bienintencionados que intentaban llegar a La Guaira provocó un colapso en la autopista principal que une Caracas con La Guaira, impidiendo temporalmente la llegada de maquinaria pesada y ambulancias. Del mismo modo, tanta gente, coches y motos se concentraron alrededor de los lugares de socorro que las voces de las personas atrapadas bajo los escombros eran difíciles de escuchar, lo que entorpeció las operaciones de rescate. Los equipos de rescate nacionales e internacionales pidieron que se les dejara espacio para trabajar. El gobierno reaccionó estableciendo un centro de coordinación en el complejo deportivo llamado Poliedro de Caracas, donde la ayuda civil se recoge y se transporta en camiones hasta donde es necesaria. En dicho centro, los voluntarios son evaluados para determinar dónde pueden ser más útiles.
Si la pandemia de COVID nos enseñó algo, es que solo una respuesta dirigida por el Estado puede ser eficaz¹. Los actores no gubernamentales y los particulares son bienvenidos, pero deben inscribirse en un esfuerzo coordinado que solo un Estado soberano puede llevar a cabo. La «gran mentira» más difundida actualmente por los medios extranjeros es esencialmente la misma que siempre se ha utilizado contra la Revolución bolivariana: según esta mentira, un nivel de autoridad estatal comparable al ejercido por los gobiernos del Norte —y probablemente inferior— es calificado de «autoritario» cuando es ejercido en un país del Sur. Al mismo tiempo, algunos afirman que no hay respuesta gubernamental, abriendo así la puerta a una intervención exterior contundente.
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*Preparación revolucionaria*
Este doble seísmo golpeó a un país debilitado por las sanciones, pero fortalecido por la Revolución bolivariana, de 27 años de antigüedad, que ha marcado profundamente todos los aspectos de la sociedad venezolana. Si las sanciones han debilitado sistemáticamente las infraestructuras materiales de Venezuela, la Revolución bolivariana ha pasado más de dos décadas cultivando un nuevo metabolismo social. Aunque aún en proceso de formación, este ya se ha convertido en la mayor fuente de resiliencia del país. Los consejos comunitarios, las comunas, la unión cívico-militar y los programas de vivienda social han contribuido todos a la capacidad del país para responder colectivamente a la crisis.
La revolución no ha dejado de reforzar el parque inmobiliario del país. La Gran Misión Vivienda Venezuela, el programa de vivienda lanzado por Hugo Chávez en 2011, ha permitido construir millones de «viviendas dignas» en todo el país. La mayoría de estos edificios, construidos por diversas empresas chinas, brasileñas, bielorrusas y venezolanas, resistieron bien el seísmo. Cuando los edificios quedaron inhabitables —lo que ocurrió principalmente a lo largo de la falla costera—, tendieron a inclinarse en lugar de derrumbarse. El hecho de concentrar a las poblaciones en bloques de viviendas en lugar de dispersarlas en barrios precarios en laderas de cerros también es más seguro, tanto por las normas de construcción más estrictas como porque facilita la acción colectiva y la aplicación de la ayuda pública.
Un segundo factor es la alianza cívico-militar promovida por Chávez. Este modelo, ya asimilado por el conjunto de la población, se ha convertido en el marco de la respuesta combinada del gobierno, a la vez estatal y voluntaria. La alianza cívico-militar, que Maduro acertadamente amplió para incluir a la policía, ha sido siempre tanto un dispositivo institucional —encarnado por la milicia de seis millones de miembros— como una actitud política más generalizada, arraigada en la conciencia de clase tanto de los civiles como de los militares. Su primer banco de pruebas fue la tragedia de Vargas en 1999, precisamente allí donde el seísmo actual golpeó con más fuerza. La alianza cívico-militar estuvo a la altura de las circunstancias entonces, tal como lo hace hoy.
Finalmente, es en el seno de las comunas socialistas del país donde se perfila la respuesta más visionaria. Equipos de la red «Unión Comunera» se han desplazado a La Guaira para participar en las operaciones de socorro. En la comuna de El Panal, en Caracas, además de evaluar el estado de los edificios del barrio, los comuneros han establecido varios centros de recolección y están creando un refugio para las personas que se han quedado sin hogar a raíz del seísmo.
Al igual que ocurrió con los desafíos planteados por las escaseces alimentarias de mediados de la década de 2010, los ciudadanos de todo el país se vuelcan en las comunas para resolver colectivamente los problemas médicos y existenciales a los que se enfrentan y para encontrar un camino a seguir. Dada la fortaleza del movimiento comunal del país y su sólida formación ideológica, es posible que las comunas vuelvan a convertirse en catalizador de una renovada conciencia política. En estos tiempos difíciles, podrían resultar decisivas para movilizar al pueblo venezolano en torno al proyecto socialista, temporalmente eclipsado por el ataque del 3 de enero.
Años de bloqueo y agresión imperialista han debilitado sin duda a Venezuela en el plano material. Sin embargo, la Revolución bolivariana ha engendrado un nuevo metabolismo social que no será fácil desmantelar: un pueblo organizado y un conjunto de instituciones capaces de responder a las crisis. Si el terremoto ha puesto al descubierto las vulnerabilidades del país, también ha revelado dónde reside su verdadera fortaleza: en el pueblo revolucionario y en unas transformaciones sociales e institucionales profundamente arraigadas.
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¹ Leer «Covid-19 : le modèle vénézuélien, salué par l'OMS mais occulté par les médias», venezuelainfos.wordpress.com
, 20 de abril de 2020.
Fuente original: mronline.org
, 29 de junio de 2026. Traducción al francés: Thierry Fossaert.
Cira Pascual Marquina es educadora popular de la Pluriversidad Patria Grande, iniciativa educativa de la comuna El Panal (Caracas), y miembro de la Red Internacional de Democracia Comunal.
Chris Gilbert es profesor de ciencias políticas en la Universidad Bolivariana de Venezuela, redactor colaborador en Monthly Review y autor de Commune or Nothing! Venezuela's Communal Movement and Its Socialist Project (Monthly Review Press).

DdA, XXII/6394

LOS DERECHOS (DE LOS NIETOS) SE MIDEN POR JUSTICIA, NO POR CÁLCULO ELECTORAL


La imagen corresponde a la primera de las diásporas de españoles republicanos durante la Guerra Civil. Llegan a las costas de Bretaña los asturianos que salieron de los puertos marítimos de su tierra tras la ocupación de Gijón por los sublevados en octubre de 1937. Después, en los primeros meses de 1939, serían los republicanos de todo el país los que salieran por la frontera con Francia huyendo de la represión franquista. Dice Garmón: "Curiosa paradoja: las mismas derechas que en su día persiguieron a aquellas familias ahora cuestionan que sus descendientes recuperen lo que la Dictadura les arrebató por la fuerza. O tal vez no sea una paradoja ese doble castigo". Y añade: "La pregunta nunca puede ser a quién beneficia un derecho. Tampoco lo fue cuando España decidió que las mujeres podían votar. Los derechos no se miden por cálculo electoral, se miden por justicia".

José Antonio Garmón

Hay abuelos y abuelas que salieron de España con una maleta y una herida abierta. Empujados por la guerra, por la dictadura, por perseguir ideas, por amar a quien no debían... tuvieron que rehacer su vida en Buenos Aires, en La Habana, en México, lejos de su tierra, de su lengua, de su gente. Mucho sabemos de eso en Asturias.
Hoy sus nietos y nietas están recuperando lo que nunca debieron perder: la nacionalidad española. Gracias a la Ley de Memoria Democrática, cientos de miles de familias repartidas por el mundo han vuelto a decir "soy español" con el pasaporte en la mano y la memoria intacta.
Y sin embargo, hay en las derechas quien ahora pone en duda si esos nietos "merecen" ser españoles. Curiosa paradoja: las mismas derechas que en su día persiguieron a aquellas familias, ahora cuestionan que sus descendientes recuperen lo que la Dictadura les arrebató por la fuerza. O tal vez no sea una paradoja ese doble castigo.
La pregunta nunca puede ser a quién beneficia un derecho. Tampoco lo fue cuando España decidió que las mujeres podían votar. Los derechos no se miden por cálculo electoral, se miden por justicia. Prefiero que cada nieta, cada nieto, sepan que hay una España que no olvida ni abandona. ¿Y tú?

DdA, XXII/6394