martes, 8 de marzo de 2016

LA GARRA QUEMANTE DEL INFARTO


Félix Población 

Me ha llegado el infarto con su garra quemante
a prenderse en el pecho,
pero le dije: mira, todavía me falta
que la vida que dimos suene a fondo en el alma
de lo que nunca muere,
la música que habita lo que por siempre crece.(*)

(*) Siempre fui dado a la emoción con la música, pero hace meses, escuchando la que suena en el vídeo -con Anna Fusek como solista-, noté más blando que nunca mi corazón. Igual esta emoción desbocada tuvo algo  de advertencia.

DdA, XII/3233

4 comentarios:

Jacint Torrents Puig dijo...

Un abrazo. Vivamos "la música callada, la soledad sonora", y gocemos sobretodo de "la cena que recrea y que enamora".

Lazarillo dijo...

Tenlo por hecho, querido amigo.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,

y con pobre mesa y casa
en el campo deleitoso
con sólo Dios se compasa
y a solas su vida pasa
ni envidiado ni envidioso.

antaramayona dijo...

Mi querido amigo Félix, estar en manos de otros forma parte esencial de la condición humana desde el nacimiento. De hecho, en cuanto venimos al mundo, ya estamos en manos ajenas, a merced de otros: nuestros mayores se ocupan de todo, hasta de lo más elemental para que podamos sobrevivir y son también sus manos las que van dejando su impronta y modelando nuestro talante, nuestros gustos y muestro carácter. Hasta la persona más autónoma y segura de sí misma ha necesitado previamente estar en manos de otros durante años a fin de poder decidir después su rumbo y su horizonte. De ahí también que necesitar franca y abiertamente a los demás no tiene por qué ser signo de debilidad, sino de la misteriosa grandeza de la vida humana y de lo maravillosos que pueden llegar ser el cariño y la cercanía de los otros.
Una de las dimensiones más importantes y sublimes de la vida es amar, y no se puede amar sin estar en los brazos y en las manos del otro. Quien ama puede recibir del otro un inmenso tesoro de afecto, de entrega y de júbilo, pero para ello debe asumir el riesgo de que con el tiempo pueden advenirle también oleadas inconmensurables de dolor. Amar es confiar en que el otro comparte lo que más se quiere sin límites y condiciones. En otras palabras, quien ama se pone en las manos del otro, por lo que el temor de sucumbir al desamor es superado con creces por el anhelo de apurar cada día plácidamente el disfrute del amor.
A veces, el ser humano pasa también por trances particularmente graves y difíciles, en los que puede estar en juego incluso la vida misma en su significado más inmediato y primario y en los que quedan también patentes la fragilidad y la precariedad de la condición humana. Karl Jaspers afirmaba que en tales situaciones-límite queda particularmente de manifiesto el sentido más auténtico y profundo de la vida. En una situación difícil, límite, se llegan a descubrir y percibir colores, sabores, tonalidades y perspectivas especiales e inéditas de la vida, pero también nos quedamos de forma muy señalada en manos de otros. Que la propia vida dependa en determinados momentos de otros, principalmente amigos y expertos, es un acto supremo de entrega y de confianza, que, sea cual fuere su desenlace, acaba por transformarse en una de las realidades más valiosas de que es capaz el ser humano: la amistad.
Ánimo Félix. Siempre estaré contigo.

Lazarillo dijo...

Guardo de aquel día, de aquel abrazo, la certidumbre de que mi viaje al portal de una calle de Zaragoza era a tiro hecho el encuentro con el amigo esencial que hubiera deseado por toda una larga vida de pláticas y afanes. Gracias, Antonio, como bien sabes lo que tus palabras representan para mí en estos momentos, no sigo. ¡Si es que no puedo ni escuchar a nuestra Anna Fusek...Tanta beleza me duele!

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