martes, 6 de octubre de 2015

LOS DIRECTIVOS DESCAMISADOS DE AIR FRANCE

 No debería pasarnos desapercibida la dimensión sintomática que unas imágenes de este carácter pueden tener, teniendo en cuenta la política de recortes aplicada contra los trabajadores en Europa.

Félix Población  

Ayer pudimos ver unas imágenes que quizá lleguen formen parte de la historia de Europa, no sólo de la de Francia. Decenas de trabajadores de Air France-KLM penetraron en la sede de la empresa y acorralaron a los directivos de la aerolínea, en el momento en que iban a informar del plan de ajuste programado, consistente en el despido de 2.900 empleados. 

Para que esta decisión se tomara es indudable que se ha tenido en cuenta un hecho que fue noticia el pasado mes de julio. Air France-KLM anunció entonces un nuevo plan de ahorro de trescientos millones de euros de gastos generales ante una nueva pérdida de dinero en el primer semestre. La aerolínea franco-holandesa se dejó entre enero y junio 636 millones de euros, respecto a los 619 de hace un año. Pese a un aumento de la cifra de negocios por la depreciación del euro respecto al dólar, la rentabilidad real acabó bajando. El avance en el transporte de viajeros se vio penalizado por el de mercancías.

Es muy probable, sin embargo, que tanto Fréderic Gagey, presidente de la aerolínea, como Xavier Broseta, director de recursos humanos, no hayan sufrido las consecuencias de esa reducción de gastos empresariales en sus generosos emolumentos personales. Al menos, si ocurre en Francia lo que pasa en España, que el crecimiento de los sueldos de los directivos desde 2007 es del 14,75%.  Se trata del único grupo profesional que ha ganado poder adquisitivo en esos siete años. Tanto Gagey como Broseta acabaron ayer descamisados, huyendo de unos trabajadores indignados que les despojaron de sus americanas y sus camisas. Puede que ambos hayan sentido miedo, pero no el de verse abocados al paro y al azaroso futuro de las familias afectadas por sus decisiones.

Es sin duda censurable la actitud de quienes han mostrado esa energía en su protesta, como es censurable cualquier acto de violencia, pero si se tiene en cuenta la violencia estatal/patronal que se está ejerciendo sobre los derechos laborales y en contra de la dignidad del trabajo y de los trabajadores en toda Europa, no debería pasarnos desapercibida la dimensión sintomática que unas imágenes de ese carácter pueden tener. 

Hay mucha impotencia y mucho malestar acumulado en millones de desempleados y en millones de familias subsistiendo con salarios de miseria. La violencia sorda que se está practicando contra esos sectores más desfavorecidos de la sociedad no salta a las portadas de los periódicos ni tiene la cobertura de los sucesos de ayer en París, pero se va acumulando, sin que los sindicatos al uso muestren la resistencia debida a su historia.  

Como se sigan vulnerando derechos y libertades, superexplotando a los trabajadores y vulnerando la dignidad de las familias hasta extremos inasumibles que nos retrotraen a los años de conquista de esos derechos, mucho me temo que lo ocurrido ayer en el aeropuerto de París no sea una imagen pasajera en los libros de historia por venir.

Puntos de Página 
Debate en la televisión vasca sobre la violencia. Estoy convencido de que la única medida de fuerza en nuestra sociedad es la que pueda ser comprendida como “desobediencia civil”, es decir, que sea no violenta, que la petición que motiva la protesta sea universal (no para un grupo particular) y que se acepten las consecuencias de los actos. La violencia es la coartada del poder para ejercer su autoritarismo. Por eso siempre ha habido infiltrados en las manifestaciones no siempre comportándose de una manera constitucional (“que soy compañero, que soy compañero”). Pero no nos equivoquemos con esto. Claro que hay una violencia estructural en el sistema, claro que el que despide, el que desahucia, el que rebaja el sueldo, el que aumenta la jornada laboral, el que recorta en cuidados ejerce una violencia legal más dañina que la que ejerce un trabajador al que han echado de su trabajo zarandeando a un directivo. Pero se pierden muchos apoyos cuando la fuerza ocupa el lugar de los argumentos. El cambio hoy solo puede ser electoral. Hay que sumar mayorías, no darse una alegría irracional al cuerpo. Sin violencia, no lo olvidemos, somos muchos más. Y eso es lo único que asusta realmente al poder. Juan Carlos Monedero

DdA, XII/3099

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