martes, 9 de diciembre de 2014

ATENTADOS CONTRA EL PATRIMONIO MONUMENTAL DE SALAMANCA


Victorino García Calderón
Parece un contrasentido que, a la vez que se construye en el casco viejo de Salamanca se esté destruyendo el entramado urbanístico de la ciudad al tiempo que se echa por tierra la mirada sobre ella. Salamanca, Patrimonio de la Humanidad entera, parece ser, más bien, propiedad de los especuladores y de la necedad.
La foto, de un arco iris en un atardecer de primavera sobre el alto soto de torres que forma “la Vieille ville de Salamanque”, que así figura en el registro de las ciudades patrimonio de la humanidad, foto que figura en la cabecera de este artículo, ya no se podrá volver a tomar, ni con arco iris, ni sin él, la especulación despiadada que se ha apoderado de la ciudad desde que gobierna el Partido Popular, los intereses de los especuladores, la elevación de una o dos alturas a tres, cuatro, cinco o seis y bajo-cubierta más sótanos, como ocurre en toda la Vaguada de la Palma, la casi nula protesta por parte de los sumisos ciudadanos, excepto la Asociación de Ciudadanos par la Defensa del Patrimonio, el compadreo de los medios de comunicación, la codicia desmedida de algunos constructores, la supeditación del poder a interés particulares y la permisividad de la legalidad hecha a medida,  están haciendo que los salmantinos nos quedemos sin parte de nuestro patrimonio. Una ciudad, que se jacta de ser la adalid del turismo culto y de calidad, no sólo en Castilla y León, sino en España, incluso en el mundo, no se puede admirar callejeando por ella, como ha ocurrido durante siglos, ahora hay que subirse a la catedral, eso sí, pagando, para poder contemplar la Clerecía y viceversa, o bien salirse de ella para poderla degustar en toda su magnitud.
 La fotografía tiene entre sus atributos, que son muchos, la virtud de congelar el tiempo pasado, no hay más que contemplar fotos de años anteriores para poder darnos cuenta que lo que se está haciendo con la Salamanca monumental es un auténtico terrorismo visual lo que pasa es que esta vez sólo han transcurrido unos meses entre la foto de arriba y la que hoy viernes he realizado casi desde el mismo sitio. Nos debemos preguntar si estos “bobernates” han medido bien unas decisiones que van a condicionar la Salamanca de los decenios venideros en los que, espero, alguien se de cuenta del desastre cometido en estos tiempos y lo intente remediar, si es que puede.

En los años sesenta ya se cometieron barbaridades como la calle Iscar Peira (véase el desastre desde las Úrsulas) y anteriormente La Gran Vía se encargó de destruir todo un barrio y antes se destruyó parte de la ciudad vieja para hacer la Rúa Nueva. Las tres vías se hicieron para una mayor comodidad de vehículos, ahora son o están en trance de ser todas peatonales, como todo el interior de la circunvalación.

Qué decir del fachadismo, uno de los males más asentados en esta nuestra querida ciudad y sólo denunciado desde Asociación de Ciudadanos para la Defensa del Patrimonio. Este mal ha hecho que de la mismísima Plaza Mayor no sean del siglo XVIII más que las fachadas, al igual que la Casa de las Conchas e innumerables edificios más. Vale que algunos son, o han sido, casi imposible recuperarlos, pero otros se podrían haber restaurado como se ha hecho en los cascos históricos de media Europa (dense una vuelta por el casco viejo de Brujas, Amsterdam…) sin contar la destrucción de la memoria colectiva que ha conllevado la desaparición, pese a la oposición ciudadana y de la misma ley, del añorado depósito de aguas de Campoamor, Gran Hotel, Cuartel de Caballería, la vieja estación ferroviaria, los colegios mayores... muchos de ellos sustituidos irremediablemente por edificaciones anodinas o que nada tienen que ver con la característica esencial de la ciudad, por no hablar de la estética granítica y sin vegetación de alto porte que cada día invade más el centro histórico, a excepción de la plaza de Anaya (lamento darles ideas), haciendo que calles y plazas parezcan desiertos grises sin gracia y clónicos de otras ciudades que utilizan exactamente el mismo mobiliario urbano. ¿Por qué?

Es una pena que cuando vengan amigos a vernos y les enseñemos lo deslumbrante que es nuestra ciudad, ya no les podamos enseñar una de la vistas más majestuosas que se podía hacer hasta hace unas semanas: contemplar el alto soto de torres desde Peñuelas de San Blas, de día o de noche que tal da, o sí, y entonces les abriremos los ojos sobre la necedad de los que nos gobiernan y cómo cuidan el Patrimonio de la Humanidad -de todos los seres humanos, que no sólo de los salmantinos- los alcaldes que en esta ciudad han sido y son. El tiempo los pondrá en su sitio cuando alguien se dé cuenta de que los títulos de esta categoría no son un pasaporte para hacer negocios con los amigos del poder, corrupción aparte.

DdA, XI/2866

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