martes, 21 de abril de 2026

SILENCIO OFICIAL PARA LUIS BRANDONI: LA IDEOLOGÍA VALE MÁS QUE EL RESPETO




El presidente de aquella república estaba muy ocupado y entusiasmado abrazándose en Israel a un gobierno genocida con mensajes plenos de ardor guerrero. El testimonio de Guillermo Francella es conmovedor.

Daniel Haggerty

Cuando la ideología vale más que el respeto.
Mientras el país despide a Luis Brandoni, el silencio del gobierno nacional no es solo llamativo: es revelador.
Cerca de la medianoche, ni Javier Milei ni su entorno más íntimo dedicaron una sola palabra de respeto o reconocimiento hacia el querido actor. No fue por falta de actividad: durante todo el día el presidente publicó o replicó decenas de mensajes, la mayoría centrados en Israel y en ataques a periodistas.
La conclusión es difícil de esquivar: cuando alguien no encaja en la lógica oficial, cuando se es opositor, se lo ignora incluso en la muerte. Y eso no es un descuido, es una definición de valores.
Porque despedir a una figura pública no implica acordar con sus ideas. Implica algo más básico: humanidad. Lo que queda expuesto no es una diferencia política, sino una escala de prioridades donde el respeto parece condicionado por la conveniencia ideológica.
Si para los libertarios la vara es esa, entonces no sorprende la percepción social creciente de una falta de valores humanos y morales. No es un eslogan: es lo que muestran los hechos.
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DdA, XXII/6321

¿A QUÉ SE ESPERA PARA EXPULSAR A FELIPE GONZÁLEZ DEL PSOE?


Lazarillo

Desde hace casi un año, la que fuera presidenta del Partido Socialista Obrero Español en Andalucía, Amparo Rubiales, viene recogiendo firmas para la expulsión del PSOE de quien fuera durante muchos años su secretario general y presidente del Gobierno de España, Felipe González. Como es bien sabido, este señor lleva muy mal su arrabal de senectud, que diría el clásico, aunque luzca un artificioso y bronceado semblante bajo su blanco cabello. Además de comentarios críticos propios de la oposición contra la política gubernamental del partido en el que milita, ayer quiso ir más allá con su provocadora actitud sentándose a la mesa con la lideresa de una parte de la oposición venezolana, agasajada por el Partido Popular, y cuyas manifestaciones a favor de la política de coacción y acción armada de Donald Trump contra Venezuela la anulan como alternativa democrática para aquella república, después de ser aclamada por una muchedumbre racista en la Puerta del Sol. La iniciativa de Amparo Rubiales debería complementarse con la inmediata expulsión de Felipe González del Partido Socialista, tal como se hizo en otros casos.

DdA, XXII/6321

LA SIEMBRA DE PARQUES SOLARES DE CHINA EN CUBA


Echamos en falta, en las entrevistas últimamente celebradas por varios medios de información con el presidente de aquella república, preguntas acerca de las relaciones de Cuba con China, sabedores de la colaboración que en materia de energía solar mantienen los gobiernos de ambos países.

DATOTECA

China ha instalado aceleradamente al menos 49 nuevos parques solares en Cuba entre principios de 2025 y abril de 2026, con planes para un total de 75 a 90 centrales, aportando más de 1.000 MW de capacidad para mitigar los apagones de hasta 20 horas. Esta inversión china de 117 millones de dólares busca triplicar la producción solar, llevando su participación del 5,8% a más del 20% de la generación total de la isla.

Impacto en la crisis energética cubana:
Velocidad: Los proyectos se desarrollaron en apenas 12 meses, transformando el sistema eléctrico, que enfrentaba apagones crónicos.
Financiamiento y Tecnología: El acuerdo incluye tecnología y financiamiento chino para 75-90 parques, además de la donación de componentes para la red.
Reducción de dependencia: Esta iniciativa busca aliviar la severa crisis de combustible, superando la escasez de piezas y la dependencia de las importaciones, que se veían afectadas por sanciones.
Expansión Solar: La colaboración incluye planes para instalar 10.000 sistemas fotovoltaicos adicionales en hogares.
El proyecto, apoyado por la administración de Xi Jinping, consolida la presencia china en el Caribe y posiciona a la energía solar como la principal alternativa para estabilizar la red eléctrica nacional.
Ante la imposibilidad de sostener las termoeléctricas, el gobierno de Cuba resiste, ha volcado sus esfuerzos en la energía fotovoltaica, aprovechando el alto índice de radiación solar de la isla. Cuba ha iniciado un ambicioso programa para instalar 2000 MW de potencia solar en un período corto.
Se están construyendo parques solares en diversas provincias, como Ciego de Ávila y Holguín, con apoyo de China que ha proporcionado no solo el equipamiento, paneles e inversores. También asistencia técnica y maquinaria especializada. Solo en el primer trimestre de 2026, se preveía la entrada de más de 100 MW nuevos al sistema.
La alianza con China permite a Cuba eludir algunas de las restricciones financieras internacionales para adquirir tecnología de punta.
Especialistas chinos han capacitado a operarios locales en el uso de máquinas automáticas que colocan las estructuras de soporte en tiempo récord. Se están utilizando equipos de última generación que permiten una mejor gestión del flujo eléctrico, adaptándose a las redes cubanas que a veces son inestables.
Asimismo, se ha incentivado aunque con limitaciones por costos, la importación libre de impuestos de estos paneles para personas naturales y el sector privado, permitiendo que viviendas y talleres funcionen de forma independiente a la red, desahogando la presión en el sistema.
Mientras se agilizan estas fuentes renovables para atenuar la crisis energética, en los últimos días arribó a Cuba el petrolero ruso con 740.000 barriles, equivalente a 100.000 toneladas de crudo.

DdA, XXII/6321

TRECE PUNTOS MÁS SOBRE EL PP CON UNA POLÍTICA DE VIVIENDA DECEPCIONANTE



Félix Población

Habrá quienes piensen que el CIS favorece en sus demoscopias al PSOE y puede estar maquillando los datos de su última encuesta a favor del Gobierno, pero tengo para mí que la política exterior del presidente Pedro Sánchez, sobre todo, está teniendo sus efectos entre la ciudadanía, al margen de los malos resultados electorales cosechados en los territorios autonómicos de Extremadura, Aragón y Castilla y León (algo mejores aquí). Es muy posible, también, que tal como va la geopolítica en Oriente Medio, la postura del Gobierno español ante Netanyahu en la Franja de Gaza y en contra de la guerra en Irán va a ganar puntos más que a perderlos en la órbita europea e internacional. 

Cabe prever que en próximas encuestas no dejarán de crecer las expectativas de voto para el PSOE, mientras que las de la oposición, debido a su política de derecha extrema bajo el contagio de Vox -socio del Partido Popular en algunos gobiernos autonómicos- es posible que mermen de aquí a unas elecciones generales. Todo esto, claro está, si el curso de los acontecimientos sigue cual va, con una política exterior, por parte de la derecha, totalmente errática o muy marcada por el trumpismo manifiesto de la extrema derecha. 

Según la última encuesta del CIS, con los casi trece puntos de ventaja que sacaría el Partido Socialista al Partido Popular y dado que Vox no subiría excesivamente, la derecha y la extrema derecha juntas perderían frente al PSOE y las formaciones políticas a su izquierda por más de seis puntos, con algo más de un 44 por ciento frente a poco más de un 38, sin contar en ningún caso con el voto nacionalista de la derecha vasca, por lo general inclinada al acuerdo con los gobiernos del PSOE.

Falta por dilucidar qué hará la llamada izquierda alternativa para que ese exiguo 8 por ciento que suma actualmente según el sondeo pueda incrementarse con una política de unidad ilusionante, si esto fuera posible, que quizá estimularía el voto de su electorado. Por ahora, y esto creo que también se refleja en la última encuesta del CIS, esa falta de compromiso resuelta, firme y sin suspicacias para que haya una izquierda transformadora unida también se está notando a favor del Partido Socialista. 

Dependerá de Pedro Sánchez evaluar, con las expectativas de voto con las que cuenta ahora su partido, qué le renta más para una convocatoria electoral adelantada: si dejar que se fragüe esa unidad  a la izquierda del PSOE o sorprenderla y poner las urnas antes de que llegue a cuajar, al objeto de cosechar una parte de sus votos. Lo más prudente y creo que lo mejor, en unas circunstancias como las que vivimos, sería lo primero. Pienso que así un nuevo gobierno de coalición haría posible una política transformadora más avanzada y efectiva que la de la actual legislatura, decepcionante sobre todo en  política de vivienda, una asignatura pendiente crucial para la próxima cita con las urnas.

DdA, XXII/6321

GRITOS CON CITA Y GLOSA (LXXII): REIVINDICACIÓN DEL DEJAR HUELLA FRENTE AL PISAR FUERTE


José Ignacio Fernández del Castro

«La vida es difícil. Para estar en paz con uno mismo hay que decir la verdad. Para estar en paz con el prójimo hay que mentir.» Adolfo BIOY CASARES 
(Buenos Aires, Argentina; 15 de septiembre de 1914 – 8 de marzo de 1999) 
Descanso de caminantes (2001).

La sinceridad es, con frecuencia, un problema... Casi siempre nos hace sentirnos bien con nosotros mismos, incluso rendirnos al orgullo personal por el valor demostrado en el servicio a la verdad... Pero muchas veces esa verdad (que no deja de ser “nuestra verdad” , nuestra “forma de ver las cosas”, “nuestra personal vivencia de una situación”) hiere o daña a posibles interlocutores o a terceras personas.
Así que la sinceridad está sobrevalorada y hay que manejarla con la prudencia y la pericia con las que el médico diestro manejaría un bisturí, no sea que, por un catarro o una gripe, dejemos a alguien sin anginas (que para algo estarán ahí desde hace tanto tiempo) o, aún peor, sin un pulmón.
No se trata de hacer una apología de la mentira, ni siquiera cuando es lo que se llama piadosa, sino de apostar por un uso alternativo de la verdad que, consciente de sus componentes subjetivos y de sus proyecciones intersubjetivas, evite sus posibles efectos perniciosos alrededor y potencie su capacidad para liberar/alertar y sugerir/subvertir.
Así contribuiremos a que la vida (al menos en nuestro entorno inmediato) se torne un poco más fácil, menos prejuiciosa y más capaz de soñar (con ánimo de realización práctica común). Porque es siempre muy diferente la egolatría del pisar fuerte de la pulsión colectiva de dejar huella.

DdA, XXII/6321

LA HISTORIA NEGRA DE UN ORFANATO DE LA CIUDAD DE LOS MUCHACHOS

En el centro de la montaña de Collserola (Barcelona), hoy abandonado y en estado de ruina, se reportaron maltratos físicos y emocionales contra centenares de niños durante más de 20 años. Dos exalumnos del orfanato Ciudad de los Muchachos hacen memoria de una institución franquista para huérfanos de la guerra y niños pobres, inaugurada en 1951, con sedes en diversas ciudades. La de Barcelona se convirtió en la "casa de los horrores", en la que las palizas, el maltrato psicológico, la hambruna, los castigos severos e, incluso, la sombra de las agresiones sexuales se convirtieron en el día a día del alumnado.

Valentín y Lale, dos exalumnos de La Ciudad de los Muchachos, junto a imágenes de archivo de la inauguración del centro en 1951
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Sandra VicenteEl Diario

Valentín circula por la carretera de la Rabassada lentamente. Curva tras curva, a medida que los árboles van engullendo la carretera, este hombre de 59 años se va sumergiendo en su infancia. “Hay cosas que no he hablado con mi familia y ya no creo que vaya a hacerlo”, dice tras tomar un desvío. “No te puedes imaginar el miedo. Solo éramos niños, necesitábamos que nos protegieran”, añade.

Son las últimas palabras que pronuncia antes de aparcar el coche en medio de un camino por el que sabe que no pasará nadie. A un lado, el bosque. Al otro, una valla que impide el paso y la vista. Pero Valentín sabe lo que hay detrás. Se encarama al coche y señala hacia el dintel de una casa en ruinas. Allí se puede leer: “Ayuntamiento de Barcelona. Beneficencia Casa Puig. Ciudad de los Muchachos”.

Es el nombre del orfanato en el que pasó buena parte de su infancia, una institución franquista inaugurada en 1951 para huérfanos de la guerra y niños pobres. Fue el proyecto personal del teniente de alcaldía de la época, Alfredo Casanova. Se inspiró en la idea del padre Flanagan, un cura irlandés que ideó un modelo educativo que se caracterizaba por dotar a los internos de mucha autonomía.

El orfanato funcionaba, en efecto, como una ciudad, con alcaldes, jueces, fiscales y delegados de diversas áreas. También constructores o limpiadores. Enmarcado en corrientes pedagógicas modernas, el padre Flanagan llegó a replicar su idea en diversos países. En España hubo diversas Ciudades de los Muchachos, siendo la más famosa la de Ourense, que se convirtió en una escuela de circo.

La de Barcelona ha caído en el olvido, enterrada por el bosque de Collserola. Si bien al principio Casanova creó un colegio que consiguió llevar a la universidad a casi todos los chavales, pronto se convirtió en una “casa de los horrores” en la que las palizas, el maltrato psicológico, la hambruna, los castigos severos e, incluso, la sombra de las agresiones sexuales se convirtieron en el día a día de centenares de niños.

Uno de ellos fue Valentín, que llegó a la Ciudad en 1971, cuando ya no quedaba ni una sombra de lo que había sido aquella utopía pedagógica. Tenía 4 años cuando su madre le dejó en casa con sus tres hermanos; el mayor tenía 7 años, y los pequeños 2 años y 7 meses. Ella tenía que ir a comprar y no tenía con quién dejar a los críos; no era la primera vez que lo hacía y nunca había pasado nada, pero aquel día fue diferente.

Sin querer, Valentín provocó un incendio que se originó en la bombona que alimentaba la calefacción. Los mayores consiguieron sacar a los más pequeños y, aunque ninguno de ellos resultó herido de gravedad, los padres perdieron su custodia. Los de más edad fueron a parar a la Ciudad de los Muchachos y los menores fueron a la Casa del Port, para la etapa de preescolar.

“Allí empezó el infierno”, recuerda Valentín. Relata “palizas increíbles” de los adultos que tenían el encargo de educarles. “Crecí con miedo, sin entender por qué me pasaba todo aquello”, explica. A medida que sigue caminando por un sendero del bosque, recuerda las largas hileras de camas en la habitación que compartía con cerca de 150 niños. El hambre y una escolarización que brilló por su ausencia. El “adoctrinamiento” religioso y la disciplina.

Imagen del archivo municipal con imágenes del día de la inauguración de La Ciudad de los Muchachos de Barcelona
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Tras una cuesta, al fin la ve: la entrada a la Ciudad de los Muchachos, en esa plaza en la que jugaba de pequeño, con la capilla a un flanco y el edificio en el que dormían al otro. Son los dos únicos espacios de la escuela que se mantienen en pie, mientras que la casa en la que se hacían las clases está en ruinas, casi al borde del colapso y comida por la maleza. Hoy, la finca que albergaba las habitaciones es Can Puig, un centro de atención a las drogodependencias.

En la plaza espera Lale. Él también vivió en la escuela, pero 10 años antes que Valentín. Aunque no se conocen, comparten historias de sus infancias. Cotejan nombres, para saber si les pegaba el mismo cura o si el enfermero que les maltrataba las noches de fiebre era el mismo.

Aunque Valentín pudo gozar, gracias a las donaciones de la burguesía, de un cine y de una piscina —que, de hecho, construyeron los mismos niños— esas pequeñas mejoras no hicieron que su infancia fuera mucho mejor que la de Lale. “¿Lo que más recuerdo de este sitio? Las hostias. Y las chinches. Te levantabas rojo de las picadas de bicho”, rememora el más veterano.

Ambos cuentan condiciones “durísimas”: Iban vestidos todo el año con ropa de verano, que no podían cambiarse más que una vez por semana. La única manera de conseguir jabón, papel higiénico o bastoncillos era ganar puntos por buena conducta que canjeaban en un economato.

“A mí esos no me los daban nunca, era un pillo”, dice con una sonrisa socarrona Lale, quien presume de haber sido amigo del Vaquilla mientras sujeta una fotografía de ambos juntos y de haber sido una de las 45 personas que participaron de la gran fuga de La Modelo, en 1978. “La rebeldía me la enseñó La Ciudad. Entendí que, si no me defendía, no dejarían de pegarme ni de matarme de hambre”, insiste este hombre que está sordo de un oído debido a los golpes de uno de los curas, que siempre le atinaba sobre la oreja izquierda.

Entró en el orfanato con solo 5 años porque su madre no tenía recursos para hacerse cargo de él. “Nos decían que éramos pobres porque nuestros padres eran unos rojos de mierda y que, si nosotros no cambiábamos, acabaríamos igual. Y, cuando mencionabas a tu madre, te la dejaban de puta para arriba”, rememora.

Cuando la Iglesia abandonó a los niños

Lale era reticente a volver a La Ciudad de los Muchachos y a recordar su infancia. La etapa que le tocó vivir a él, la de 1961, fue de las más duras, justo cuando el Ayuntamiento dejó la gestión del orfanato en manos de los Hermanos de la Salle y los educadores pasaron a ser curas. La disciplina se endureció y el adoctrinamiento religioso se intensificó.

“Entonces se vino abajo el proyecto”, explica la escritora Teresa Roig, autora del libro La Ciudad de los Muchachos (Navona Editorial), una de las pocas obras que explica la historia de este orfanato. Aunque es de ficción, los hechos que relata beben de las experiencias confesadas por decenas de testimonios como los de Valentín y Lale. “A partir de la llegada de los Hermanos se empiezan a reportar casos de maltrato”, sigue.

Los religiosos estuvieron al frente de la institución hasta finales de los 70, en el periodo cuando tuvo más fama. El régimen sacaba pecho con esa escuela que se enorgullecía de “reconducir a niños descarriados”. Salía en la prensa y recibía a familias acomodadas de Barcelona que hacían donativos e iban a pasar la tarde con los pequeños, a quienes traían merienda y juguetes a cambio de que les hicieran alguna exhibición de gimnasia o recitaran algunos salmos.

“Pero nunca nos dejaban jugar con los regalos. Así como los traían, nos los quitaban y nunca supimos qué hacían con ellos”, cuenta Elías, otro de los antiguos alumnos de La Ciudad. Entró con 3 años y salió con 14, cuando clausuraron el centro. El final de ese orfanato llegó en 1977 y fue de sopetón. “Un buen día, los Hermanos de la Salle se fueron. Sin más”, relata este hombre que ahora tiene 62 años.

No dieron explicaciones, pero la teoría de quienes han estudiado la historia de la institución es que con el fin del franquismo, las donaciones se fueron acabando y, con ello, el negocio ya no era rentable para la congregación religiosa que mantenía a los niños. Así que se marcharon. Lo hicieron de un día para otro, sin avisar ni buscar relevo.

“Aquello se convirtió en una batalla campal”, relata Elías, que vivió aquellos primeros días de caos. Él pudo salir de La Ciudad poco después de que se fueran los Hermanos, pero sus antiguos compañeros le explicaron lo sucedido en el centro. “En esas semanas se hizo de todo. Se prendió fuego a la sala de actos, se recuperaron los juguetes con los que no habíamos podido jugar… Y, también tiraban piedras a quien se intentara acercar”, recuerda este hombre.

Él acabó en el orfanato porque, después de separarse, su madre no tenía más remedio que dejar a los niños con el abuelo para irse a trabajar, pero una de esas veces, el anciano enfermó y acabó en el hospital. Los pequeños pasaron días solos hasta que alguien “se chivó” y la madre perdió la custodia.

Los niños perdieron relación con ella porque, por trabajo, no podía ir a recogerles ni pasar las fiestas con ellos. Además, las cartas que le escribían desde el orfanato eran confiscadas con los curas. Así, ambas partes se sintieron olvidadas por la otra y acabaron perdiendo el contacto. Fueron los tíos de Elías quienes le sacaron de la Ciudad cuando se instaló el caos.

El resto de niños, los que no tenían la suerte de tener familia, fueron repartidos por otros centros. Los que tenían edad para estudiar un oficio, acabaron en pisos tutelados, unos ocho por casa, junto a educadores que se esforzaban -con más o menos éxito- en conseguir que esos adolescentes que, por fin, podían moverse a sus anchas, fueran a clase y se sacaran una FP.

“Nos pegaban lo normal”

Elías, que se intentó escapar, relata palizas y maltrato. Miedo por las noches. También asegura que hay cosas que ha vivido y que no explicará jamás porque no quiere hacer sufrir a los suyos. Pero, por otro lado, relativiza la violencia y asegura que “era lo normal para la época”. Ese, según Teresa Roig es un argumento que se repite entre las decenas de exalumnos a los que entrevistó.

Al menos, entre los que estudiaron allí a partir de la llegada de los Hermanos. Si se pregunta a quienes tuvieron la suerte de vivir las etapas anteriores, la historia cambia mucho. Así lo cuenta Pere, un hombre de 85 años que fue de los que inauguraron La Ciudad de los Muchachos. Entró al centro no porque fuera huérfano ni porque sus padres perdieran la custodia, sino porque los médicos le recomendaron alejarse del centro de aviación del Prat, donde su familia regentaba un bar y se detectaban muchos casos de tuberculosis.

Fue a parar al colegio de Collserola, que en sus inicios seguía los mismos preceptos naturalistas que L’escola del mar. “Gané un concurso literario, era el que más goles marcaba y hasta me hicieron delegado de cultura”, cuenta, visiblemente orgulloso de su infancia. “Fue fantástica”, remacha.

Asegura, además, que la formación era “excelente”. Tanto que, a los chavales que tenían potencial, el centro les llegaba a pagar estudios superiores, como fue su caso. “Muchos fuimos a la universidad. A los que no tenían posibles, hasta les pagaban pisos para quedarse”, relata Pere, que se hizo periodista y acabó dedicándose a la política. Cuenta, de hecho, que su vocación de servicio público nació en La Ciudad de los Muchachos.

“No nos librábamos de cantar el Cara al Sol por las mañanas ni de rezar por las tardes, pero eso era lo único que había del régimen en la escuela. Era insólito ese centro formado por demócratas en plena dictadura. No podía ser más que un defensor de la democracia habiendo estudiado allí”, cuenta.

Pere es consciente de que su relato difiere muchísimo del de niños que vinieron después y, aunque le duela reconocer que el colegio que le dio esa infancia tan feliz se corrompiera, no duda en denunciar los abusos que sufrieron quienes le sucedieron. “Los niños son las personas más vulnerables de la sociedad y, quien juegue con eso, no tiene perdón”, apunta Teresa Roig quien, después de publicar su libro se ha enfrascado en otra lucha: conseguir que el Ayuntamiento dignifique y rehabilite el espacio.

El impulsor de esta iniciativa es Joan Moya, vecino y activista de la zona que interpuso una queja ante el Síndic de Greuges (Defensor del Pueblo catalán) para que el Ayuntamiento oyera sus peticiones. “Al fin y al cabo, el edificio es de titularidad municipal”, añade. Por ahora, el consistorio no tiene previsto “ninguna intervención” en el espacio, más allá de la idea de “algún formato o actividad” en el marco del 50 aniversario de la muerte de Franco, según han apuntado a preguntas de este medio.

Para Moya y para los exalumnos esto no es suficiente y reivindican un compromiso mayor con los niños maltratados. “Por mucho que lo quieran ocultar, pasó. Y fue muy grave” sostiene Moya. Algunos, como Valentín, ven este gesto como una “falta de respeto”. “Si no nos ayuda a resolver este olvido un gobierno socialista, ¿quién lo hará?”, se pregunta.

ASTURIAS LAICA  DdA, XXII/6321

lunes, 20 de abril de 2026

EL HECHO FEROZ DE LA MUERTE COMO SISTEMA DE ELIMINACIÓN Y CONQUISTA

 


Lo que impera hoy en todas las geografías del mundo, escribe en este artículo el escritor y periodista argentino cuyas obras han sido traducidas a más de veinte idiomas, ya no es solamente la muerte, ni solamente la injusticia. Lo que interpela hoy no es sólo la imposibilidad de acuerdos sino el hecho feroz de la muerte como sistema de eliminación y conquista. Ése es, en sí, el mandato maldito que se pretende ocultar para justificar lo injustificable. Por eso la gravedad de esta hora en la que el horror que cubre al Planeta Tierra se define mediante la eliminación masiva de seres humanos.

Mempo Giardinelli

El mamarracho político de la Argentina en las últimas dos semanas, por lo menos, no puede ser soslayado. Por eso esta nota está dedicada en primer lugar a la memoria del Papa Francisco –Jorge Mario Bergoglio (1936-2025)– quien nació en Buenos Aires y fue el primer Papa Latinoamericano y el primero con nombre de Jesuita.

Austero y moderadamente reformista, en su estilo discreto Francisco asumió la defensa de los pobres y la reforma de la iglesia católica, enfocado en la compasión y el diálogo. Y puede apreciarse que marcó un estilo si se observa que incluso su sucesor el actual Papa –el norteamericano León 14– ha quebrado su inicial rol pasivo presumiblemente porque todo lo que hoy desquicia al planeta tiene responsables concretos, y esos responsables no son otros que dos presidentes –el estadounidense Donald Trump y el israelita Benjamin Netanyahu– a quienes quizás podrían empatarse algunos más, pero lo cierto es que esta 3ª Guerra mundial que hoy vive el planeta se siente más indetenible que lo que muchos bienpensantes cree. Las matazones, los feroces bombardeos, la violencia generalizada y la renovada barbarie están hoy descontroladas y no parece haber otros máximos responsables además de Trump y Netayanhu, quienes, guste que se diga o no, son quienes desataron las más bestiales matazones al pueblo Palestino –en Gaza, donde prácticamente los extinguieron – y ahora sobre el pueblo Libanés al Sur de Israel.

Sonará disgustoso para algunos –cierto es– pero sin eufemismos hay que reconocer que también estas brutalidades pusieron en marcha los motores de esta 3ª Guerra mundial aún no declarada pero fácticamente ya desatada con total ferocidad. Y es indesmentible que si esta guerra empezó fue porque hubo líderes que la iniciaron y hoy la sostienen.

Todo lo demás es muy doloroso en los más variados sentidos: las pérdidas humanas, de judíos y musulmanes, de católicos y no católicos, de todas las edades y procedencias, han sido las numerosas víctimas de las crueles decisiones de esos dos presidentes, quienes lideran y deciden el actual y perverso sistema bélico que configura una guerra que es más horrible y perversa que todas las registradas en la Historia de la Humanidad, porque también si se la considera no-guerra ofende, ya que potencialmente puede matar a toda la especie humana.

De ahí que lo que están haciendo estos Señores de la Guerra –ensoberbecidos y violentos y que encima distorsionan y predican mentiras en la tele mundial– es lisa y llanamente imperdonable.

Y lo demás, lo que completa esa brutalidad es el hecho cierto e indesmentible de que a esos señores, devenidos humanoides que matan por decenas y por cientos, no les importa –y probadamente no les importa– lanzar bombazos para un lado o para el otro. Como no les importa establecer si fue un miembro de ésta o aquella presidencia, o si el que daba las órdenes de disparar era cristiano, judío o musulmán.

Lo que hay que decir, y subrayar, es que todas las participaciones, excusas, aspiraciones, justificaciones y discursos de cada una de las partes asesinas son injustificables, y esto condena a los más cautos y a los disimulados, y obviamente a los más soberbios. No hay palabras en todo el planeta ni en todas las lenguas para justificar esta locura universal que hoy definitivamente se mantiene y hasta pretende ser justificada por personajes impresentables.

Y es que lo que impera hoy en todas las geografías del mundo ya no es solamente la muerte, ni solamente la injusticia. Lo que interpela hoy no es sólo la imposibilidad de acuerdos sino el hecho feroz de la muerte como sistema de eliminación y conquista. Ése es, en sí, el mandato maldito que se pretende ocultar para justificar lo injustificable. Por eso la gravedad de esta hora en la que el horror que cubre al Planeta Tierra se define mediante la eliminación masiva de seres humanos.

En esencia, y sea meramente culposo o injustificado, lo que espanta es el dolor que imponen y representan esos presidentes dedicados a exterminar a millones de seres humanos de todas las edades que –sean palestinos, libaneses, persas, negros, blancos, europeos y/o de cualesquiera otras etnias– todo lo que quieren es sobrevivir y recuperar la paz productiva.

Porque todos han sido víctimas, todos fueron y son manipulados, y todos fueron culpados y apaleados imperdonablemente. He aquí, pues, que ése es hoy en día el drama de la Humanidad: uno en el que claramente falta el Papa Francisco y ya algunos procuran ningunear al Papa León 14. Y particularmente a nosotros, argentinas y argentinos que nos encontramos maniatados por una bestia gobernante y también –todo sea dicho– por la cagonería de chorros que gobiernan mintiendo y que en todas las provincias roban y falsean y así despedazan y entregan nuestra Patria, pedacito a pedacito, corrompiendo y robando como las largas catervas de supuestos “libertarios” que de opositores pasaron velozmente a saqueadores.

Y además de ademases lo peor de todo es que a este ritmo lo que se viene puede llegar a ser peor que todo lo peor ya conocido. Y disculparán lectoras y lectores el dolor que impregna esta nota. Pero es que no tiene sentido fingir cuando lo que está imperando es la muerte, no la justicia y mucho menos la esperanza.

Las matazones, los feroces bombardeos, la violencia generalizada y la renovada barbarie están hoy descontroladas y no parece haber otros máximos responsables además de Trump y Netayanhu, quienes, guste que se diga o no, son quienes desataron las más bestiales matazones al pueblo Palestino –en Gaza, donde prácticamente los extinguieron – y ahora sobre el pueblo Libanés al Sur de Israel.

Sonará disgustoso para algunos –cierto es– pero sin eufemismos hay que reconocer que también estas brutalidades pusieron en marcha los motores de esta 3ª Guerra mundial aún no declarada pero fácticamente ya desatada con total ferocidad. Y es indesmentible que si esta guerra empezó fue porque hubo líderes que la iniciaron y hoy la sostienen.

Todo lo demás es muy doloroso en los más variados sentidos: las pérdidas humanas, de judíos y musulmanes, de católicos y no católicos, de todas las edades y procedencias, han sido las numerosas víctimas de las crueles decisiones de esos dos presidentes, quienes lideran y deciden el actual y perverso sistema bélico que configura una guerra que es más horrible y perversa que todas las registradas en la Historia de la Humanidad, porque también si se la considera no-guerra ofende, ya que potencialmente puede matar a toda la especie humana.

De ahí que lo que están haciendo estos Señores de la Guerra –ensoberbecidos y violentos y que encima distorsionan y predican mentiras en la tele mundial– es lisa y llanamente imperdonable.

Y lo demás, lo que completa esa brutalidad es el hecho cierto e indesmentible de que a esos señores, devenidos humanoides que matan por decenas y por cientos, no les importa –y probadamente no les importa– lanzar bombazos para un lado o para el otro. Como no les importa establecer si fue un miembro de ésta o aquella presidencia, o si el que daba las órdenes de disparar era cristiano, judío o musulmán.

Lo que hay que decir, y subrayar, es que todas las participaciones, excusas, aspiraciones, justificaciones y discursos de cada una de las partes asesinas son injustificables, y esto condena a los más cautos y a los disimulados, y obviamente a los más soberbios. No hay palabras en todo el planeta ni en todas las lenguas para justificar esta locura universal que hoy definitivamente se mantiene y hasta pretende ser justificada por personajes impresentables.

Y es que lo que impera hoy en todas las geografías del mundo ya no es solamente la muerte, ni solamente la injusticia. Lo que interpela hoy no es sólo la imposibilidad de acuerdos sino el hecho feroz de la muerte como sistema de eliminación y conquista. Ése es, en sí, el mandato maldito que se pretende ocultar para justificar lo injustificable. Por eso la gravedad de esta hora en la que el horror que cubre al Planeta Tierra se define mediante la eliminación masiva de seres humanos.

En esencia, y sea meramente culposo o injustificado, lo que espanta es el dolor que imponen y representan esos presidentes dedicados a exterminar a millones de seres humanos de todas las edades que –sean palestinos, libaneses, persas, negros, blancos, europeos y/o de cualesquiera otras etnias– todo lo que quieren es sobrevivir y recuperar la paz productiva.

Porque todos han sido víctimas, todos fueron y son manipulados, y todos fueron culpados y apaleados imperdonablemente. He aquí, pues, que ése es hoy en día el drama de la Humanidad: uno en el que claramente falta el Papa Francisco y ya algunos procuran ningunear al Papa León 14. Y particularmente a nosotros, argentinas y argentinos que nos encontramos maniatados por una bestia gobernante y también –todo sea dicho– por la cagonería de chorros que gobiernan mintiendo y que en todas las provincias roban y falsean y así despedazan y entregan nuestra Patria, pedacito a pedacito, corrompiendo y robando como las largas catervas de supuestos “libertarios” que de opositores pasaron velozmente a saqueadores.

Y además de ademases lo peor de todo es que a este ritmo lo que se viene puede llegar a ser peor que todo lo peor ya conocido. Y disculparán lectoras y lectores el dolor que impregna esta nota. Pero es que no tiene sentido fingir cuando lo que está imperando es la muerte, no la justicia y mucho menos la esperanza.

PÁGINA/12 DdA, XXII/6320

NI INTERVENCIÓN NI SUMISIÓN: SOLUCIÓN CUBANA A LOS PROBLEMAS CUBANOS

El coordinador de de la Red de Cubanos en América Latina y El Caribe considera que la mayoría de los cubanos que vivimos fuera de la isla rechazamos cualquier intervención militar. Queremos puentes, no bombas. Queremos mejoras económicas, negociaciones inteligentes, levantamiento del bloqueo, ese castigo inhumano que mata lentamente a nuestra gente,”00 libertad para viajar, invertir y ayudar. Pero sin imponer desde Miami qué gobierno debe tener La Habana, porque eso es colonialismo, no solidaridad. Llamamos a la reflexión a nuestros compatriotas dentro y fuera de la isla, no permitamos que una minoría ruidosa, con pocos lazos reales con Cuba, secuestre el sentimiento de una nación. La Cuba que soñamos no se construye con misiles, sino con trabajo, diálogo y respeto. Ni intervención ni sumisión, solución cubana a los problemas cubanos.


Diego Pérez

Una reciente encuesta publicada por el Miami Herald, realizada a 800 cubanoamericanos del sur de Florida, ha sido presentada como un presunto mandato de la comunidad cubana en el exterior, 79% apoya una intervención militar de EE. UU. en Cuba. Las primeras planas gritan que los cubanos piden bombas, invasión y cambio de régimen por la fuerza. Pero una mirada serena, patriótica y honesta a esas mismas cifras revela una verdad incómoda, dolorosa y silenciada por quienes fabrican esta narrativa, no se trata de la voz de una emigración, sino del eco de un enclave desconectado de la realidad cubana y de los intereses más profundos de la mayoría de sus propios compatriotas en el exterior.
Analicemos los números, con el corazón en la mano. El estudio se limitó a cuatro condados de Florida (Miami-Dade, Broward, Palm Beach y Monroe). Allí reside una fracción de los más de 2.5 millones de cubanos dispersos por EE. UU., América Latina y Europa.
¿Se atreverían sus autores a decir que 800 personas en un rincón de Florida hablan por los cubanos que viven en Madrid, México, Santiago de Chile o La Habana? Sería un acto de soberbia estadística, cuando no de manipulación política y de desprecio hacia quienes sufren cada día el cruel bloqueo que ahoga a nuestra isla.
Pero vayamos al corazón de las contradicciones, a esa herida que no cicatriza. Ese mismo 79% que clama por una intervención militar, con todo lo que ello implica, muertes de civiles, destrucción de hospitales, escuelas y viviendas, una nueva oleada de sufrimiento y más dolor para un pueblo ya castigado por más de seis décadas de un criminal bloqueo, resulta estar compuesto por personas que no viajan a Cuba (76%), no envían ayuda a sus familiares (59%) y no invertirían un solo dólar en la isla bajo el gobierno actual (solo el 2% estaría dispuesto a hacerlo).
Entonces
…. ¿Quién pide las bombas? ….
Aquellos que no ven con sus propios ojos el hambre que dicen querer combatir, aquellos que no mojan sus manos en las remesas que sostienen a millones de familias cubanas, aquellos cuyo único interés económico es nulo mientras exigen sacrificios ajenos. Esa es la hipocresía más cruel, la que duele en el alma de los que sí mandan cada mes un pedazo de su salario para que sus padres no pasen necesidades bajo el acoso inhumano del bloqueo.
La verdadera emigración cubana, la silenciosa, la que trabaja, envía dinero, viaja cada año para abrazar a sus padres y abuelos, la que invierte en pequeños negocios y apuesta por tiempos mejores para los de dentro, no aparece en esta encuesta. Esa mayoría, que no milita en sectores radicalizados, sabe que una intervención militar no traería democracia, sino caos, ocupación y un baño de sangre que tardaría generaciones en cicatrizar. Ningún cubano sensato quiere bombas sobre la casa de sus familiares. Ningún patriota legitima que un poder extranjero decida por las armas el destino de su patria, menos aún cuando ese mismo poder mantiene un bloqueo genocida que la comunidad internacional condena año tras año.
Y hay más, algo que nos estremece, el 78% de los encuestados rechaza cualquier acuerdo económico si el gobierno actual permanece. Es decir, prefieren prolongar el bloqueo y el sufrimiento del pueblo antes que aceptar mejoras concretas que no impliquen un cambio de régimen inmediato.
¿Eso es humanitarismo?
No. Es fundamentalismo político disfrazado de compasión, es la complicidad con el castigo colectivo que impone el bloqueo más largo y cruel que haya conocido nación alguna. Mientras tanto, los verdaderos intereses económicos de unos pocos, grupos vinculados a la industria del embargo, a litigios por propiedades expropiadas hace seis décadas, a fondos que especulan con una Cuba intervenida, se frotan las manos. Ellos sí tienen lucro personal, la reconstrucción posterior a una guerra dejaría jugosos contratos mientras el pueblo llora a sus muertos. Pero no lo dicen abiertamente, porque sus manos están manchadas de la sangre que no quieren ver.
Por eso, desde la óptica de un cubano residente en el exterior, no desde el exilio radicalizado y lleno de odio, sino desde la emigración responsable que ama a Cuba sin odiar a los que se quedaron, alzamos la voz para decir, esta encuesta no nos representa.
La mayoría de los cubanos que vivimos fuera de la isla rechazamos cualquier intervención militar. Queremos puentes, no bombas. Queremos mejoras económicas, negociaciones inteligentes, levantamiento del bloqueo, ese castigo inhumano que mata lentamente a nuestra gente,”00 libertad para viajar, invertir y ayudar. Pero sin imponer desde Miami qué gobierno debe tener La Habana, porque eso es colonialismo, no solidaridad.
Llamamos a la reflexión a nuestros compatriotas dentro y fuera de la isla, no permitamos que una minoría ruidosa, con pocos lazos reales con Cuba, secuestre el sentimiento de una nación. La Cuba que soñamos no se construye con misiles, sino con trabajo, diálogo y respeto. Ni intervención ni sumisión, solución cubana a los problemas cubanos. Esa es la verdadera voluntad. Esa es la patriótica y sensata mayoría que no sale en los titulares del Miami Herald. Porque el bloqueo es la bomba silenciosa que ya mata todos los días, y a esa sí que muchos de esos encuestados prefieren no verla.

DdA, XXII/6320

VANDALISMO ISRAELÍ CONTRA UN CRISTO CRUCIFICADO EN LÍBANO

 


Lazarillo

Llegué a pensar que se trataba de imágenes falsas publicadas en las redes, pero no. El ejército israelí confirmó el lunes por la mañana que uno de sus soldados vandalizó una estatua de Jesucristo en el sur del Líbano, tras la amplia difusión en internet de una imagen que mostraba a un hombre con uniforme militar golpeando la cabeza de la estatua con un mazo. La estatua había sido retirada de la cruz sobre la que se encontraba originalmente. El domingo, L'Orient-Le Jour, periódico libanés, pudo confirmar que la fotografía fue tomada cerca de la aldea cristiana de Debel, pero no pudo precisar la fecha del incidente. Tras un examen inicial de la instantánea, el ejército israelí confirmó la autenticidad de las imágenes y que el hombre que aparece en ellas era un soldado que había estado operando en el sur del Líbano. En un comunicado, el ejército afirmó que consideraba el incidente extremadamente grave y condenó el comportamiento como inaceptable. "Las autoridades militares están llevando a cabo una investigación penal sobre este acto y tomarán las medidas disciplinarias apropiadas y severas contra el culpable", anunció el primer ministro genocida Netanyahu. Dado que hasta Netanyahu lo ha dicho, es probable que se penalice más a ese soldado por atentar contra un símbolo escultórico cristiano que a los soldados israelíes que asesinaron y asesinan menores, médicos o periodistas en Gaza o en el Líbano.

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