lunes, 13 de abril de 2026

LA ARGENTINA DE MILEI: POLICÍAS CONTRA SOTANAS (PREMIO WORLD PRESS FHOTO)



Cora Gamarnik

Esta fotografía de @bourbontadeo titulada “La Argentina de Milei” fue una de las fotos premiadas este año por la World Press Photo.
Lo que vemos en la imagen sucedió a metros del Congreso Nacional el 14 de mayo de 2024. Dos curas, el Padre Francisco “Paco” Olveira y el padre Jorge ‘Chueco’ Romero se acercaron a expresar su solidaridad con los jubilados. En el momento de la foto el padre Romero intentaba socorrer al padre Paco que había sido detenido minutos antes por la policía. Ambos sacerdotes integran el grupo de curas católicos Opción por los Pobres.
Lo que vemos es una hilera de prefectos armados con cascos, escudos, rodilleras, chalecos antibalas, protectores de plástico duro y bastones que aprisionan al cura vestido con una túnica blanca, vieja, ajada, suelta, cómoda, de maga corta. Los prefectos lo agarran violentamente Son muchos contra uno, y ese uno además es un cura.
El blanco de su sotana contrasta con los colores negros y caquis de los uniformes. El bolso que lleva el cura es de una tela de colores típica del norte argentino. Se adivina en la imagen una chalina que está caída y tiene los colores de la Wiphala, un emblema ancestral de los pueblos originarios andinos. La soga de su bolso le rodea la cintura. El padre Jorge se puso zapatillas cómodas para ir a la manifestación, zapatillas negras con cordones rojos. En el momento de la toma sus cordones están desatados. Con su pie izquierdo pisa la bota de uno de los prefectos. Se agarra fuerte para no caerse. Su brazo tenso deja ver dos pulseras en su muñeca derecha.
La foto tuvo en el momento de su publicación una deriva en memes y en dípticos comparativos. Se la comparó con cuadros del barroco como “La captura de Cristo” (1602) de Caravaggio. Es sorprendente la similitud con la escena del arresto de Jesús. En ambas imágenes múltiples cuerpos armados intentan someter a un hombre indefenso. La proximidad física y la tensión de los gestos le otorgan dramatismo a la imagen. La alegoría religiosa habla del sufrimiento físico, de la dimensión sacrificial de un cuerpo violentado como fue el de Jesús.
Pero en la fotografía hay un plus de sentido. El cuerpo del cura resiste. No está derrotado, no se rinde. Se agarra con fuerza de una parte de la pechera de uno de los prefectos. Un efectivo lo sujeta desde atrás, otro lo empuja con un escudo de acrílico. El contraste es brutal. La imagen se inscribe en una genealogía visual que atraviesa la historia del arte occidental: desde la representación del martirio religioso hasta la denuncia moderna de la violencia estatal.
Tadeo tomó la foto de cerca, el encuadre muestra a los cuerpos amontonados, no hay cielo ni distancia que suavice. La proximidad física es parte del mensaje. Los escudos forman una muralla que envuelve y aplasta la figura del sacerdote. No hay fuga posible dentro del cuadro. La escena sucede en plena calle, atrás de adivina en la esquina una pizzería, a la izquierda un kiosco de diarios. Todos están en movimiento, nadie posa, nadie mira al fotógrafo. La nitidez del primer plano contrasta con el fondo ligeramente difuso.
La composición es simétrica: el cura en el centro, los efectivos cerrando desde ambos lados, los escudos con las siglas "PNA" que se reiteran. PNA, PNA. ¿Qué hace la prefectura nacional reprimiendo a un cura? Si eso hacen con él, ¿hasta dónde son capaces de llegar con la represión?
La fotografía se construye sobre ese juego de contrastes: fragilidad y fuerza, claridad y oscuridad, uno contra muchos. Una violencia ejercida a la vista de todos. Una violencia irracional que pretende legitimarse en nombre del orden.
Las marchas de jubilados frente al Congreso se convirtieron desde que asumió Milei en uno de los focos más visibles de la resistencia social al gobierno. Con jubilaciones mínimas que no llegan a cubrir la canasta básica continúan manifestándose a pesar de ser reprimidos de forma constante todos los miércoles.
La foto de Tadeo Bourbon expone con claridad alegórica la desproporción de la maquinaria institucional desplegada para someter a hombres y mujeres que pelean por derechos básicos.
La foto de Tadeo habla de la Argentina de Milei.

DdA, XXII/6314

GAZA, LÍBANO, EL GRAN ISRAEL Y EL FRACASO DEL ORDEN INTERNACIONAL

 "Hay tantos cadáveres que ya no caben”. La frase no es una metáfora ni un recurso retórico. La pronuncia Alejandra Salvat, delegada de Cruz Roja en Líbano, para describir una realidad que desborda cualquier capacidad institucional. En algunos centros sanitarios se han tenido que instalar unidades de refrigeración adicionales para almacenar cuerpos que llegan sin descanso. La muerte, convertida en rutina logística, revela hasta qué punto la escalada militar en la región ha sobrepasado todos los límites. El problema radica en cómo parar la estrategia del Gran Israel ante el precedente que está significando la brutal violencia del expansionismo que alienta el actual gobierno de Netanyahu.

La escena no es una excepción ni un episodio puntual. Es el resultado directo de una presión sostenida sobre territorios que conviven con el conflicto permanente. Países como Líbano, junto a Gaza o Cisjordania, soportan el impacto de una dinámica que combina ofensiva militar, colapso de infraestructuras y una crisis humanitaria que ya no puede gestionarse con los recursos disponibles. En este vídeo que muestra la magnitud de la tragedia se observa con crudeza cómo la acumulación de víctimas se ha convertido en una constante.

Lo que ocurre sobre el terreno no puede entenderse sin analizar las ideas que lo sostienen. Durante años, el concepto del llamado “Gran Israel” fue relegado a los márgenes del debate político, asociado a sectores radicales y sin respaldo explícito desde posiciones de poder. Sin embargo, esa frontera entre lo marginal y lo institucional se ha ido desdibujando progresivamente.

Hoy, esa visión ya no se limita a discursos periféricos. Ha comenzado a aparecer en declaraciones públicas de figuras con responsabilidad gubernamental. La idea de una expansión territorial que trascienda las fronteras actuales, basada en argumentos históricos, religiosos y estratégicos, ha dejado de ser una hipótesis lejana para convertirse en un marco político que condiciona decisiones concretas.

El ministro Bezalel Smotrich ha verbalizado en distintas ocasiones posiciones que apuntan en esa dirección. No se trata solo de palabras. Estas declaraciones encajan con una práctica sobre el terreno que incluye ocupación, desplazamiento forzado y presión constante sobre territorios vecinos. La expansión no se formula únicamente como un proyecto ideológico, sino como una estrategia que se ejecuta paso a paso.

En este contexto, lo que ocurre en Líbano no puede analizarse como un fenómeno aislado. Forma parte de una lógica más amplia en la que la violencia se convierte en herramienta política. Cada infraestructura destruida, cada hospital colapsado y cada cuerpo almacenado en cámaras improvisadas responde a una dinámica estructural que prioriza el control territorial sobre la vida humana.

Las consecuencias son visibles. Sistemas sanitarios al límite, población civil atrapada y una comunidad internacional incapaz de frenar la escalada. La normalización de esta violencia no es casual. Es el resultado de años de impunidad y de una narrativa que ha permitido justificar lo injustificable bajo el paraguas de la seguridad.

Mientras tanto, la realidad sobre el terreno sigue deteriorándose. Las cifras de víctimas aumentan, las infraestructuras se desmoronan y la capacidad de respuesta humanitaria se agota. La pregunta ya no es si la situación es insostenible, sino cuánto tiempo más se va a permitir que continúe. Porque lo que está en juego no es solo el presente de una región, sino el precedente que se establece cuando la violencia sistemática deja de tener consecuencias.

Cuando almacenar cadáveres se convierte en un problema logístico, lo que ha fracasado no es un sistema sanitario, sino todo un orden internacional que ha decidido mirar hacia otro lado.

SPANISH REVOLUTION

QUIEREN ALMA DE OBRA BARATA PARA SU PENSAMIENTO ÚNICO



Valentín Martín

LA DEUDA INFINITA
Llegaron los tigres adolescentes y tú ya no estabas.
Le pedí cuentas a Dios me dio la espalda dijo
Yo soy el que soy.
Desde entonces muecines de paladar gótico fecundan ángeles impúdicos
y septiembres asustadizos.
De los cardos y las brasas nació el joven suicida que yo fui,
en vano he esperado a que fraguara la regeneración de las madrastras.
La tristeza del amor no hace milagros,
los asesinos siguen dejando miguitas de pan para equivocar a las palomas,
han arrasado las playas y han erigido arrecifes.
Bendigo por tanto la hora en que no conociste
a los nuevos bárbaros de Occidente.
Ni sus palabras sucias
ni la melodía de los niños perdidos
ni la canonización de los caníbales
ni los ladrones de sueños
ni perro comiendo perro
ni el duro viento de los genocidios
niños que tan pronto serán ceniza
ni los acantilados desde donde despeñan a los disidentes.
Porque han sembrado el mundo de acantilados
y han exterminado a los disidentes
quieren alma de obra barata para su pensamiento único.
Malditos sean.
Está lloviendo y tú no lo sabrás nunca.
Cuanta soledad.
Nada es como se recuerda
había dicho madre pasados los años.
¿Recordarás tú mi nombre ahí abajo huérfano de vientos tantos años
capitán de profundidades de la rosa que yo beso?
Encarnizadas de amaneceres, silencios y culpabilidades
por quién preguntan las recién casadas
y a quién se encomiendan los arbustos en otoño
si ya no quedan hombres a caballo ni reyes al amor de la lumbre
y es recia como la tarde infinita la pena.
Yo soy el que soy
y no respiró tranquilo hasta derribarte.
Ahora que soy más viejo que tú
me pregunto por ti.
Te amábamos tanto, padre.

DdA, XXII/6314

RADIO KRAS, PATRIMONIO CULTURAL DE GIJÓN


Félix Población

Es muy de celebrar que mi estimado Luis Miguel Piñera, cronista de Gijón con una colaboración semanal en el diario La Nueva España, dedique en la edición de hoy de este periódico una más que merecida crónica a Radio Kras, una iniciativa comunicacional de izquierda que este año cumple nada menos que 41 desde su fundación. El sonoro acrónimo responde al Colectivo Radiofónico Asturiano que puso en marcha este empeño, nacido en Gijón octubre de 1985, con un manifiesto fundacional en el que se hace constar que surge por el carácter conservador y la falta de imaginación de los medios de comunicación de aquella villa, "cosa que no facilita, e incluso impide, la expresión de una realidad rica en proyectos culturales, políticos y sociales alternativos". El acrónimo viene a ser, también, un homenaje a una vieja organización política, las Comunas Revolucionarias de Asturias (CRAS), en las que participaron junto a su inspirador, el recordado profesor anarquista José Luis García Rúa, algunos de los fundadores de esta Radio Kras que aún resiste en el 105 FM: la lucha obrera, la oposición a la OTAN, el antimilitarismo, la música, la insumisión y la cultura en general, formaron parte del guion informativo de esta emisora, tal como recuerda Piñera. Una declaración institucional de los grupos políticos representados en el Ayuntamiento de Gijón en 2015, coincidiendo con el trigésimo aniversario de Radio Kras, evitó el cierre de la emisora por parte de la Jefatura Provincial de Inspección de Telecomunicaciones, que pretendía sancionar al colectivo con una multa de entre 200.000 y 300.000 euros por carecer de licencia para emitir en FM. Esa declaración institucional consideraba a Radio Kras, con todo merecimiento, un "patrimonio cultural irrenunciable de la ciudad". Larga vida, pues, para quienes se han ganado este título y lo mantienen a viva voz después de más de cuatro décadas. Que sea así por muchos años, de parte de quienes en la muy lejana adolescencia y en esa misma villa cantábrica, carentes de libertades, sólo podíamos imaginar en tiempos futuribles iniciativas como Kras.

DdA, XXII/6314

"LA VERDAD ESTÁ EN LUCHA", UN POEMA REVOLUCIONARIO DE LUIS CERNUDA


Ana Cardo

Mi amigo en redes Esteban Zúñiga ha recuperado estos días previos a la conmemoración republicana -eludida de raíz en el vigente régimen-, aparte de la participación del admirable poeta Luis Cernuda en la manifestación de júbilo multitudinario celebrada en las calles de Madrid hace 95 años con motivo de la proclamación de la Segunda República el 14 de abril y el recuerdo de la breve militancia del poeta sevillano en el Partido Comunista (legalizado ahora hace 49 años), dos colaboraciones de Cernuda en la revista Octubre, escritores y artistas revolucionarios, fundada y dirigida por la escritora Teresa León y el poeta gaditano Rafael Alberti. Aunque son de similar enfoque revolucionario ambas colaboraciones, ateniéndose a la cabecera de la revista (sigo echando de menos una edición facsimilar), me parece más interesante la segunda,  que su autor dio a conocer en el número 8 de la publicación, correspondiente al mes de abril de 1934. Se trata de su poema Vientres sentados, que yo desconocía y que Zúñiga ha ilustrado en su muro con la imagen del poeta montado en un burro en el pueblo abulense de Burgohondo, durante unas jornadas de las Misiones Pedagógicas en las que Luis Cernuda participó activamente junto a otros escritores, tratando con sus explicaciones de acercar el arte a las gentes de las aldeas y pueblos del país, víctimas en una proporción elevada de la pobreza y el analfabetismo, durante el tiempo de aquella memorable e histórica actividad cultural, emprendida en el primer bienio republicano:

VIENTRES SENTADOS

Con satisfacción
Como quienes saben
Como quienes tienen en su puño la verdad
Bien apresada para que no escape
Y con orgullo
Como vigilantes de vosotros mismos
Domináis a lo largo a lo ancho de la tierra
Vosotros vientres sentados.

No hay gas
No hay plomo
Que tanto levante que tanto lastre proporcione
Como vuestra seguridad deletérea
Esa seguridad de sentir vuestro saco
Bien resguardado por vuestro trasero.

Miráis a un lado y a otro
Sonreís rasgando maliciosamente la hedionda boca
Y desde allí emitís como el antiguo oráculo
Henchidas necedades
Dictámenes que se escurren entre las rendijas como ratas

Alado el pie vigoroso
El pie juvenil y vigoroso
Que derrumbará bien pronto
Ese saco henchido de fango de maldad de injusticia
Arrastrando consigo vuestro trasero y vientre
Vuestra triste persona que mancha el aire
El aire limpio y justo
Donde hoy nos levantamos
Contra vosotros todos
Contra vuestra moral contra vuestras leyes
Contra vuestra sociedad contra vuestro dios
Contra vosotros mismos vientres sentados
Con una firme espiga
A quien su propia fuerza empuja desde la tierra
Para que se abra al sol
Para que dé su fruto
Fruto de odio y de alegría
Fruto de lucha y de reposo.

La verdad está en lucha y en ella os aguardamos
Vientres sentados
Vientres tendidos
Vientres muertos.

(Luis Cernuda. "Vientres sentados". Fuente: "OCTUBRE. Escritores y artistas revolucionarios". Revista mensual. Número 8 - Página 9. Madrid, abril de 1934).

DdA, XXII/6314

IRÁN: SE PERCIBEN TUFOS DE FAKE EN ESTA PAUSA PACTADA

 Mientras persista un sistema basado en la acumulación militarizada de riqueza, la competencia monopólica entre potencias y la subordinación de la vida a la lógica del capital, toda tregua estará atravesada por ambigüedades irresolubles. Podrá aliviar el sufrimiento en el corto plazo, pero difícilmente podrá garantizar una paz duradera liberada del capitalismo. Así, la tregua no es simplemente un alto al fuego ni un engaño total: es un signo en disputa, un momento de condensación de contradicciones donde se juega, en última instancia, la posibilidad de transformar la guerra administrada en una paz verdaderamente humana.



Fernando Buen Abad

¿Todo es mentira, Donald? ¿Esta pausa pactada es un circo de falacias o una esperanza cierta de pacificación? Se perciben tufos a fake. Nos ha pasado tantas veces. Toda tregua es también una operación ideológica.  Ésta especialmente, y no porque parezca falsa en un sentido absoluto, sino porque su “verdad” está intoxicada por intereses mercantiles concretos que sólo se declaran abiertamente a sangre y fuego. Su tregua, en este sentido, no es una negación de la guerra, sino una de sus formas. 

Suspende el estruendo de las armas mientras intensifica el murmullo de los negocios que buscan domesticar la conciencia de las mayorías. Se construye un relato de racionalidad, de prudencia, incluso de humanismo, que oculta las condiciones estructurales que hacen posible la violencia y ocultan a los muertos adultos e infantes. 

Ahora la palabra “tregua” aparece, en el teatro contemporáneo de la geopolítica, como un signo de alta densidad semiótica que encubre una compleja red de intereses mercantiles, correlaciones de fuerza y operaciones ideológicas. Cuando Donald Trump enuncia o avala una “pausa” en el conflicto que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán, no se trata simplemente de un gesto diplomático hipócrita, sino de una construcción discursiva que debe ser interrogada desde sus condiciones de producción, circulación y recepción. La tregua, como signo, no existe en el vacío: es parte de un sistema de significaciones donde cada palabra, cada imagen mediática, cada gesto institucional, contribuye a jerarquizar la percepción social de la dominación imperial. 

No se trata de dictaminar, en términos ingenuos, si “todo es mentira” o si estamos ante una “esperanza real” de paz, sino comprender qué función cumple la idea misma de tregua en la reproducción de un orden mundial atravesado por la guerra cognitiva, la dictadura de las fake news y la retahíla infinita de falacias lenguaraces perpetradas por Trump. La tregua puede operar simultáneamente como suspensión táctica de hostilidades materiales y como intensificación de la guerra en el plano simbólico. 

De hecho, la historia reciente muestra que los momentos de aparente distensión suelen coincidir con reconfiguraciones estratégicas que permiten a las potencias reordenar sus dispositivos de dominación, optimizar recursos y rearticular legitimidades. Y profundizar la ofensiva mediática. 

Así es el capitalismo, en su fase imperial de acumulación globalizada y financiarizada, que no puede prescindir de la guerra como mecanismo de regulación. La guerra no es un accidente ni una desviación moral, sino una herramienta de saqueo de recursos naturales, explotación de seres humanos, subordinación de mercados, control de recursos estratégicos y disciplinamiento de poblaciones. 

En este contexto, la tregua funciona como un dispositivo de gestión de la violencia: no la elimina, la administra. Ya no se trata de si la tregua es “verdadera” o “falsa”, sino de a quién sirve y qué oculta. 

¿Suspende la violencia para proteger a las poblaciones o para reorganizar la capacidad ofensiva de los aparatos militares? ¿Abre espacios para una transformación estructural o consolida las condiciones que harán inevitable el próximo ciclo de confrontación? 

Nuestra semiótica crítica obliga a leer la tregua no como hecho aislado, sino como un momento dentro de un proceso histórico más amplio donde la guerra y la paz son dos caras de una misma lógica del engaño burgués. Así, la figura de Trump resulta paradigmática, no por su excepcionalidad, sino por su capacidad de condensar en un estilo discursivo monstruoso que en otros contextos se presenta como un arma de aberraciones y dislates al servicio de la confusión programática. Por más imbécil o sicópata que parezca, más velada. 

Su retórica oscila entre la amenaza abierta y la promesa de negociación, entre la exaltación del poder militar y la apelación a acuerdos de negocios. Esta oscilación esquizofrénica no es incoherente: es funcional a una estrategia que combina coerción y consenso, intimidación y seducción. La tregua, en su discurso, puede aparecer cual gesto magnánimo, pero también como advertencia implícita de que la violencia y el horror siguen disponibles. 

Desde una mirada humanista rigurosa, la evaluación de la tregua no puede limitarse a sus efectos inmediatos, aunque estos sean cruciales en términos de vidas humanas. Toda pausa en la violencia que evite muertes es, en ese plano, valiosa. Pero el humanismo no puede reducirse a una ética de la urgencia que ignore las condiciones estructurales. Un humanismo de nuevo género exige interrogar las raíces de la violencia y no contentarse con su administración temporal. De lo contrario, se corre el riesgo de convertir la tregua en un ritual recurrente que legitima la continuidad del sistema que produce la guerra. 

Así la dimensión semiótica de este problema se vuelve evidente cuando se analizan las narrativas mediáticas que acompañan la tregua. Se construyen imágenes de líderes dialogando, de acuerdos firmados, de declaraciones optimistas. 

Estas imágenes funcionan como signos de estabilidad, como promesas de normalidad. Sin embargo, detrás de ellas persisten las estructuras de poder que hacen posible la violencia: bases militares, alianzas estratégicas, sanciones económicas, operaciones encubiertas. La tregua, en este sentido, puede ser leída como una superficie tranquila que oculta un subsuelo criminal en ebullición 

Hay que romper con toda ilusión y desnaturalizar esta tregua como conquista civilizada. Hay que transparentar sus condiciones materiales. Esto no implica adoptar una posición cínica que niegue toda posibilidad de paz, sino construir una comprensión más compleja que permita distinguir entre una paz negativa –ausencia temporal de violencia directa– y una paz positiva –transformación de las condiciones que generan la violencia. 

Mientras persista un sistema basado en la acumulación militarizada de riqueza, la competencia monopólica entre potencias y la subordinación de la vida a la lógica del capital, toda tregua estará atravesada por ambigüedades irresolubles. Podrá aliviar el sufrimiento en el corto plazo, pero difícilmente podrá garantizar una paz duradera liberada del capitalismo. 

Así, la tregua no es simplemente un alto al fuego ni un engaño total: es un signo en disputa, un momento de condensación de contradicciones donde se juega, en última instancia, la posibilidad de transformar la guerra administrada en una paz verdaderamente humana.

LA JORNADA MX. DdA, XXII/6314

domingo, 12 de abril de 2026

NO ES CONSTITUCIONAL EL VÍNCULO ENTRE LAS FUERZAS ARMADAS Y LA IGLESIA

No es constitucional que las Fuerzas Armadas estén vinculadas a la iglesia católica. No es que sea anacrónico, incomprensible y dañino para una democracia avanzada como la nuestra, sino que sencillamente es, a la vez, inaceptable jurídica y políticamente. Además, atenta con fruición contra el respeto a la memoria democrática de este país: Que no puede tolerar prácticamente el mismo tipo de relaciones entre Estado e Iglesia que prosperó sin más en el régimen franquista.

El arzobispo de Iruñea, durante cuatro años padre espiritual del Ejército español embarcado en las guerras de Irak y Afganistán, estrechando la mano a «marines» en la base kirguís de Manas
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Cristóbal Orellana, No violencia62 -blog-

Artículo 16.3 de la Constitución Española: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones». Es decir, sí, el estado tendrá en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española, pero concretamente los servicios sanitarios, el ejército, la judicatura, la policía, el sistema educativo, todas las instituciones del estado, etc., son aconfesionales porque “ninguna confesión tendrá carácter estatal”.

 Por ello, es evidente que se está conculcando la neutralidad confesional del estado español cuando vemos en vigor antiguallas (directamente inspiradas en las vigentes durante el régimen de Franco: Convenio entre la Santa Sede y el Estado Español sobre jurisdicción castrense y asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas, firmado el 5 de agosto de 1950) como esta de hace 50 años (firmada a toda velocidad, un mes después, de la CE de dic. de 1978):  Instrumento de Ratificación del Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre la asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas y el Servicio Militar de clérigos y religiosos, firmado en Ciudad del Vaticano el 3 de enero de 1979

La mezcla entre Fuerzas Armadas e Iglesia Católica es de tal envergadura en España que, en sí mismo, este hecho constituye una significativa laceración, de atrevida impunidad, de lo que debería ser una democracia avanzada. Supone también, ética y políticamente hablando, un duro recuerdo y prorrogación, de provocadora nostalgia, de lo que fue el “nacionalcatolicismo” en la dictadura del general Franco.

La presencia del Arzobispado Castrense de España en las FAS está apoyada, lamentablemente, por ejemplo en el Real Decreto 1145/1990: norma que crea el Servicio de Asistencia Religiosa en las Fuerzas Armadas (SARFAS) y define que la asistencia a los católicos la ejerce el Arzobispado Castrense y adscribe este servicio a la Subsecretaría de Defensa. Los capellanes castrenses suelen ser o comandantes o capitanes y el arzobispo general castrense ostenta un rango que se equipara a la de un oficial general con el empleo de General de División.

Todo esto no es que sea anacrónico, incomprensible y dañino para una democracia avanzada como la nuestra, sino que sencillamente es, a la vez, inaceptable jurídica y políticamente. Además, atenta con fruición contra el respeto a la memoria democrática de este país: Que no puede tolerar prácticamente el mismo tipo de relaciones entre Estado e Iglesia que prosperó sin más en el régimen franquista.

Desde Europa Laica se ha lanzado un Manifiesto, «Hacia un Estado Laico», por la derogación de los Acuerdos con la Santa Sede que hasta el momento más de 40 organizaciones y 100 personalidades respaldan para  la derogación de los acuerdos con la Santa Sede.

ASTURIAS LAICA  DdA, XXII/6313

NO ES CUBA EL RÉGIMEN AUTORITARIO, BELICISTA Y LADRÓN QUE DIRIGE EL MUNDO

Desde Cuba, hombres y mujeres realizan críticas, ponen sobre la mesa los errores y llaman a realizar trasformaciones que supongan fortalecer y mejorar el proceso revolucionario. Baste leer las entrevistas y crónicas del enviado especial de La Jornada, Luis Hernández Navarro. En este sentido, el cantautor Silvio Rodríguez ha dejado constancia de cómo se defiende la soberanía desde las trincheras de la dignidad, sin renunciar a la crítica: “El mundo está dirigido por un régimen autoritario, belicista y ladrón. Y no es Cuba”.


Marcos Roitman Rosenmann

Según el diccionario Espasa de dichos y frases hechas de Alberto Buitrago, “cuando no existía el cemento, los ladrillos o piedras se fijaban con mortero, un compuesto de cal –el material caro y noble– y otra de arena, más abundante”. La expresión se trasladó a la vida cotidiana aludiendo a una buena noticia acompañada de otra de signo contrario. Llevada al terreno de las ideas, ha sido una manera elegante de posicionarse contra una alternativa, reconociendo, a la vez, algún logro. Una forma espuria de construir argumentarios para salvar el honor personal en nombre de la objetividad. Un sí, pero no.

Si nos referimos a Cuba, la expresión “una de cal y otra de arena” se traduce en mucha arena y nada de cal. Para sus detractores, la revolución logró avances en derechos, políticas de igualdad, justicia social, sanidad, educación, vivienda, y trabajo. Sin embargo, se han esfumado. No hay medicamentos, el hambre asedia, el transporte es una pesadilla, las universidades se han deteriorado, el turismo se desploma, los cortes de luz son continuos y el pueblo es reprimido.

La moraleja: llegó la hora de un cambio de régimen, de una transición. Fue bonito mientras duró, hoy es una pesadilla. Así se construye una mezcla entre la mentira y la desinformación. Quienes practican esta retórica, en sentido despectivo, son personajes dizque socialdemócratas, progresistas o de izquierdas. De la derecha ni hablar. De México a Chile, se reproducen columnas de opinión de quienes hacen la vista gorda cuando sus gobiernos reprimen a los pueblos originarios, sean mayas o mapuches.

Desde hace medio siglo, retumban los mismos tópicos para descalificar la revolución cubana. Afirmaciones que enmudecen y no tienen respuesta, y no por su contundencia argumentativa, sino por ignorancia histórica. “En Cuba no hay elecciones”, “se persigue a los católicos”, “no pueden abandonar la isla”. En esta ristra de tópicos participan académicos, artistas, periodistas, reporteros, influencers o comunicólogos.

Sin ir más lejos, mientras redacto recibo un correo de Cubainformación. Su redactor José Manzaneda nos ejemplifica cómo los periodistas Patricia Simón y Álex Zapico se han posicionado a favor del pueblo gazatí, reconociendo la responsabilidad de Israel y Estados Unidos en el genocidio. Pero cuando se trata de un reportaje sobre Cuba, los periodistas no utilizan el mismo baremo. En este sentido desaparecen los condicionantes, el bloqueo económico, las sanciones a terceros y el proceso desestabilizador. En Cuba, la crisis humanitaria es responsabilidad exclusiva del gobierno comunista. Así, Patricia Simón explica las causas del desabastecimiento, la falta de medicamentos o los apagones eléctricos. No hay análisis. “La Cuba que no quiere ni a Trump ni al régimen”, reza su encabezado. Poca cal y mucha arena. Para corroborar su titular, hace uso de entrevistas anónimas, donde se trasluce una sola idea, acabar con el régimen castrista de hambre y miseria. En Infolibre, Patricia Simón editorializa “El pueblo cubano, víctima de Estados Unidos y del régimen castrista”, para a continuación destacar la respuesta de uno de sus entrevistados: “Como si vienen los extraterrestres, pero que esto cambie ya”.

Otro ejemplo: en El País de fecha 8 de abril, edición digital, Carlos Maldonado, su redactor en México, toma como excusa para despotricar contra el gobierno cubano un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), dependiente de la Organización de Estados Americanos (OEA). Se trata de un análisis sobre las misiones de médicos cubanos en el continente. El redactor, antes de dar paso a citas textuales, introduce: “Lo que surgió en la década de los pasados años 60 como una iniciativa de cooperación se ha convertido con el tiempo –y el deterioro económico en Cuba– en una importante fuente de ingresos para el régimen de La Habana”. A continuación entresaca frases y palabras subrayando el sufrimiento de los médicos cubanos en sus misiones. Padecen “esclavitud moderna”, soportan “extensas jornadas laborales” y en Cuba, sus familias sufren “represalias” o son parte de la “trata de personas” orquestada por el régimen.

Me pregunto: ¿viviendo en México, el redactor contrastó el informe con la misión de médicos cubanos? ¿Indagó sobre sus contratos, dónde ejercen? ¿O directamente dio por bueno el informe? Poca cal y mucha arena. Ideología y manipulación. No le interesaba ver cómo sus argumentos se desmoronan. Los médicos cubanos están en pueblos donde sus habitantes no han visto uno en tiempo. Tampoco el sentido ético, bajo el juramento hipocrático, realizado por quienes han estudiado medicina sin coste para ellos ni sus familias. Sin embargo, el artículo se publica en medio de la campaña lanzada por Estados Unidos para que los países rompan sus programas de colaboración con el gobierno cubano y sus médicos. Tampoco destaca cómo la OEA, responsable del informe, insta a sus miembros a romper relaciones diplomáticas con la isla.

Desde Cuba, hombres y mujeres realizan críticas, ponen sobre la mesa los errores y llaman a realizar trasformaciones que supongan fortalecer y mejorar el proceso revolucionario. Baste leer las entrevistas y crónicas del enviado especial de La Jornada, Luis Hernández Navarro. En este sentido, el cantautor Silvio Rodríguez ha dejado constancia de cómo se defiende la soberanía desde las trincheras de la dignidad, sin renunciar a la crítica: “El mundo está dirigido por un régimen autoritario, belicista y ladrón. Y no es Cuba”.

AFRICANDO  DdA, XXII/6313

EL CORONEL REPUBLICANO QUE SE VISITIÓ DE GALA PARA SER FUSILADO

 

El profesor e historiador Ángel Viñas firma con el hijo y sobrino de cuatro represaliados del franquismo un libro atípico en la obra del historiador, pero de indudable interés como testimonio de la represión franquista. El titular se refiere al fusilamiento en 1939 del último jefe del Ejército del Aire republicano: “Lo he hecho por amor a la verdad y a España, a la mejor España", ha dicho Viñas, después de que Juan José Aparicio Cascón, de 95 años, le enviara las memorias de la familia. El historiador se animó a firmar mano a mano con Aparicio Cascón El doloroso camino de una familia de Ciudad Rodrigo. República, guerra, dictadura  (ed. Universidad de Salamanca), es decir, a fundir en un volumen de 202 páginas la Historia con mayúsculas y la historia personal de “una familia machacada”, porque la primera vez que supo de las circunstancias de la muerte del coronel Cascón se le saltaron las lágrimas.

 

Natalia Junquera/ El País

El 3 de agosto de 1939, el coronel Manuel Cascón, de 44 años, escribe su última carta: “Queridísima madre, hermanas y sobrinos: Ha llegado la hora fatal para ustedes, pues para mí es la redención de tantas miserias. No hay necesidad de que a su ánimo pretenda convencer que no he sido ni un asesino, ni un ladrón, ni un inductor. No he sido más que un buen militar, que por esto me quedé aquí, habiéndome podido marchar, y por ello les pido perdón, pues es el último disgusto que les doy. Dios sabe perfectamente lo que he sido y lo que soy, limpio de toda bajeza y con un amor a los míos tan grande que es imposible manifestárselo…”.

Dos días después, a las 20 horas, el médico asignado reconoce el cadáver, que presenta “heridas de pequeño proyectil en cabeza y tórax”. El coronel, último responsable de la aviación militar republicana, viste uniforme de gala. Deseó estrenarlo ese día. También se negó a que le vendaran los ojos porque quería mirar de frente a los militares sublevados que lo habían obligado a limpiar letrinas, a los traidores que le habían detenido y condenado a muerte por el delito que solo ellos habían cometido, “rebelión”. Previamente, intuyendo la inminencia del final, Cascón se había hecho tomar una fotografía para los suyos, la misma que, casi nueve décadas después, corona la mesa del salón de su sobrino.

Jurista retirado, Juan José Aparicio Cascón, de 95 años, envió al historiador Ángel Viñas las memorias de su familia con la ilusión de que pudieran formar parte de un libro. Se está quedando ciego, así que en lugar de escribir, grabó decenas de audios en los que daba cuenta de toda la información que había recopilado sobre sus parientes represaliados. Viñas explica que entonces estaba rematando otras tres investigaciones, y en su prolífica obra no había “ningún libro parecido”. Empezó en los setenta, indagando en las relaciones económicas entre Alemania y España durante la Guerra Civil, es decir, en la ayuda de Hitler a Franco; los verdaderos motivos de la contienda, el oro de Moscú y los papeles de Negrín; el pacto con EE UU; los sobornos británicos… Si con 85 años se animó a firmar mano a mano con Aparicio Cascón El doloroso camino de una familia de Ciudad Rodrigo. República, guerra, dictadura, editado por la Universidad de Salamanca, es decir, a fundir en un volumen de 202 páginas la Historia con mayúsculas y la historia personal de “una familia machacada”, fue porque la primera vez que supo de las circunstancias de la muerte del coronel Cascón se le saltaron las lágrimas. Y no es una forma de hablar, porque, al explicarlo, vuelve a emocionarse: “Pudo huir con sus compañeros y no lo hizo porque había jurado ser leal a la República. Me impresionó que se vistiera con el uniforme de gala para colocarse frente al pelotón de fusilamiento. No todo el mundo muere así. Decidí hacer este libro por amor a la verdad, por amor a la historia, y aunque suene ridículo, por amor a España, a la mejor España. Para que este país sepa quiénes fueron los mejores españoles”.

En su casa de Madrid, Cascón Aparicio abre un maletín donde guarda el tesoro triste de su familia: cartas de despedida, fotografías de los asesinados, consejos de guerra. El coronel no es la única víctima. “A mi padre, Eduardo Aparicio Fernández, fueron a buscarlo el 15 de diciembre de 1936. Acababa de llegar del banco y estábamos comiendo. Aparecieron dos personas que se identificaron como policías y le dijeron: ‘Tiene que acompañarnos para hacer unas declaraciones en el Ayuntamiento’. Fue la última vez que lo vimos. Yo tenía seis años y mi hermana Lely, nueve”.


Juan José Aparicio Cascón muestra la carta de despedida de su tío Manuel Cascón, fusilado en 1939.Carlos Rosillo

Eduardo Aparicio no pertenecía a ningún partido político y dirigía una oficina bancaria en Ciudad Rodrigo (Salamanca). Cuando se lo llevaron detenido, ya habían fusilado “al primo Manolo”, es decir, a Manuel Martín Cascón, alcalde de la localidad, quien antes de ser ejecutado también escribió emocionantes cartas de despedida. “Querido primo Eduardo: se celebró el Consejo de Guerra y ya sabes el fatal resultado. No os apartáis un momento de mi imaginación, mi pobrecita madre, ¡mis hijos! ¿Qué será de ellos? Todos, todos me atormentáis con vuestro recuerdo…“; “Queridísimo hermano Avelino: Ocultad a mi madre el sacrificio de mi vida hasta sus últimos momentos; sé que le costará la vida y solamente su recuerdo me ahoga y destroza el corazón. ¿Por qué habrá hombres tan malos? El notario Martín López tiene instrucciones que con más calma redacté. No obstante, en estos momentos, conservo el ánimo tan sereno como mi conciencia limpia…“.

Manuel Martín Gascón fue fusilado el 30 de agosto de 1936, tras un consejo de guerra que condenó a muerte a todos los miembros de la corporación municipal, salvo a dos que también fueron asesinados en el traslado de Salamanca a Burgos. A Eduardo Aparicio y Avelino Martín Gascón los asesinaron el 16 de diciembre. El notario al que el alcalde se refería en su carta era José Martín López, padre de la escritora Carmen Martín Gaite.

Juan José Aparicio Cascón muestra al historiador Ángel Viñas las fotografías de sus familiares represaliados por el franquismo. Carlos Rosillo

Los sublevados tomaron Ciudad Rodrigo el 20 de julio de 1936. A los registros, multas y detenciones se sucedieron las ejecuciones extrajudiciales y por consejo de guerra. “A mi padre y a los seis que detuvieron con él”, relata Aparicio Cascón, “los llevaron a la prisión de partido, que hoy es una residencia de ancianos. Estuvieron allí hasta aproximadamente las dos de la madrugada, cuando los trasladaron a una finca llamada La Rábida para matarlos. Los asesinos los dejaron allí hasta que a la mañana siguiente pasó un pastor y le obligaron a enterrarlos en una fosa común. La familia de mi padre se había unido al autodenominado alzamiento con bastante entusiasmo. Creo que la mayor tragedia de los hermanos y amigos de mi padre fue constatar la crueldad de la represión viviéndola en su propia familia. Al enterarse de dónde estaba enterrado, consiguieron una autorización verbal para exhumar el cadáver y llevarlo al cementerio de Béjar. Salieron en el camión de un transportista cargado de muebles y les acompañó un carrero de la fábrica de mis tíos. Fue él quien sacó el cadáver de la fosa. Me contó que era el segundo, que estaban enterrados todos juntos, con varios impactos de bala en el pecho y el tiro de gracia en la cabeza. El hijo del transportista me explicó que su padre lo pasó muy mal, ya que tuvo que limpiar el cadáver para poder ver la cara y reconocerlo. Enfermó a consecuencia del impacto que le produjo”.

La familia “bien conectada” se movió y llegó, indirectamente, relata Viñas, hasta el “arrogante jefe de la autodenominada España nacional, el Generalísimo Francisco Franco”, cuyo telegrama encabeza el expediente de pseudoinvestigación que se inició el 2 de enero de 1937 para que un juez militar instruyera “diligencias previas de averiguación de las causas de la desaparición de Eduardo Aparicio”. En el colmo del cinismo, las fuerzas que lo habían pasado por las armas, sin juicio ni sentencia, investigaban su desaparición cuando ya la propia familia había recibido autorización verbal para exhumar el cadáver. Se tomó declaración al capitán de carabineros, quien lo mandó detener, dijo, “por referencias de ser contrario al glorioso Movimiento Nacional”, y al director de la cárcel, que aseguró que había sido puesto en libertad y desde entonces no habían tenido más noticia suya. El expediente se cerró sin señalar culpable alguno. Después de todo, las ejecuciones extrajudiciales eran entonces, explica Viñas, un “método habitual”.

Los juicios tampoco implicaban, ni mucho menos, mayores garantías. El historiador recuerda cómo se le revolvieron “las tripas” al leer el manual que había escrito el general Felipe Acedo Colunga, fiscal jefe del Ejército de Ocupación, para retorcer el derecho y construir una “justicia de exterminio”. Acedo Colunga se inspiró en la Inquisición y asumió las tesis del derecho nazi para condenar a muerte a miles de personas “no por lo que habían hecho, sino por lo que eran y pensaban”. En el documento de instrucciones jurídicas para el nuevo Régimen habla expresamente de la necesidad de realizar una “depuración despojada de todo sentimiento de piedad” para “eliminar a todos los que no estén identificados espiritual y materialmente con el Movimiento”.

EL PAÍS DdA, XXII/6313

¿Y SI LEÓN XIV EXCOMULGARA A VANCE?


Félix Población

Hace poco leímos que el vicepresidente de los Estados Unidos, J.D. Vance, publicará su segundo libro este próximo junio, centrado en su conversión tardía al catolicismo. Nacido en una familia protestante evangélica, Vance nunca encontró en la religión un pilar fundamental de su vida, vida que en  2025, tras la elección de Donald Trump, pasó a ser la del primer vicepresidente republicano de confesión católica en la historia de Estados Unidos. Su conversión al catolicismo tuvo lugar en  2019, a los 34 años de edad, algo que, según el político, representó para él dar un nuevo propósito a su vida. Ahora, con la publicación de su nuevo libro, titulado Comunión: encontrando mi camino de regreso a la fe, el vicepresidente estadounidense relata cómo pasó por el ateísmo hasta terminar siendo la última visita oficial recibida por el anterior Papa Francisco, un día antes de su muerte. Sin embargo, como es sabido, las relaciones entre El Vaticano y el gobierno del país natal del actual pontífice no son actualmente las que cabría esperar con un vicepresidente católico. León XIV fue muy rotundo al calificar hace días de inaceptables e inadmisibles las palabras de Donald Trump respecto a la posibilidad de destrucción de Irán si el gobierno de este país no aceptaba, como ocurrió ayer en Islamabad, las condiciones impuestas por Estados Unidos para llegar a la paz. Ayer mismo circularon rumores y/o noticias con relación al empeoramiento de esas relaciones a raíz del anuncio del Papa de no visitar su país en 2026 para conmemorar los 250 años de su fundación. En su lugar, visitará a los refugiados de Lampedusa, como corresponde a un representante de Cristo. Se está llegando a hablar, a cuenta de ese empeoramiento en las relaciones, de la posibilidad de que León XIX excomulgara a Vance y le aguara la presentación de su nuevo libro. Puede que en El Vaticano se lo estén pensando si, como parece, a partir del fracaso de Islamabad el anunciado "infierno" del que habló Trump se desata sobre la población iraní. Que un vicepresidente católico pueda colaborar activamente con Netanyahu en un nuevo genocidio en Irán debería merecer por lo menos una respuesta de ese tenor por parte del Santo Padre que vive en Roma.

DdA, XXII/6213