Diario del Aire
sábado, 17 de octubre de 2026
TODA LA IZQUIERDA DESUNIDA DEBERÍA PEDIR PERDÓN
EL 29-N NOS JUGAMOS EL SISTEMA PÚBLICO DE PENSIONES: MÁXIMA PARTICIPACIÓN
Es mentira que el sistema público de pensiones esté quebrado. Su sostenibilidad depende de decisiones políticas que determinan la distribución de la renta, de la evolución de la productividad, del empleo, de los salarios y de cómo se financie. Lo que hay que hacer es blindarlo frente a quienes, como en Chile, quieren convertir nuestras pensiones en un negocio privado. El 29 de noviembre también se decide eso. Vox lo ha dicho sin rodeos, y el PP lleva años abonando el terreno con incentivos fiscales a los planes privados, con discursos sobre la quiebra del sistema y con la idea de que las cotizaciones son un capital individual.
Juan Torres López
En plena precampaña de las elecciones del 29 de noviembre, la derecha española ha vuelto a poner sobre la mesa una vieja receta: sustituir, en todo o en parte, el sistema público de pensiones basado en la solidaridad por la capacidad que cada persona tenga de ahorrar a lo largo de su vida laboral.
El responsable económico de Vox, José María Figaredo, ha afirmado que el sistema público de pensiones, que paga cada mes a unos diez millones de personas, “es un zombi” y “está quebrado”. Su receta es la reforma hacia un modelo mixto que combine el reparto con la capitalización individual. No es solo una propuesta. El Partido Popular lleva años preparando el terreno para que se lleve a cabo. En 2014, Esperanza Aguirre defendió ante la convención nacional del PP que las cotizaciones se considerasen un capital que pertenece a cada trabajador, compatible con los criterios de capitalización de las compañías de seguros. El Gobierno de Rajoy optó por el camino gradual de estimular los planes privados con ventajas fiscales y facilidades de rescate. Formas distintas, más bruscas o más suaves, de ir en la misma dirección, la de trasladar la jubilación desde un derecho colectivo hacia el ahorro individual invertido en los mercados financieros. Aunque hay que señalar por pura honestidad que esta idea no es patrimonio exclusivo del PP y de Vox. Es, en realidad, el programa de la derecha económica, de la banca y de sus centros de estudio y, a veces, ha encontrado acomodo en el propio PSOE. Fue un Gobierno de Felipe González el que reguló en 1987 los planes y fondos de pensiones privados y el ministro José Luis Escrivá, ya con Pedro Sánchez de presidente, fomentó en 2022 una ley para impulsar los planes de pensiones de empleo con fondos de promoción pública.
Por eso es muy importante entender que, detrás de esa expresión amable de “modelo mixto”, hay un cambio radical que pone en peligro el bienestar de las personas que se jubilan sin disponer de grandes patrimonios.
En un sistema de reparto, como el español, las cotizaciones de quienes trabajan hoy pagan las pensiones de quienes están jubilados. La pensión es un derecho reconocido por ley y garantizado por el Estado y su cuantía se conoce de antemano porque depende de lo cotizado y de los años trabajados, no de lo que pase en la Bolsa. En un sistema de capitalización, por el contrario, cada trabajador ahorra en una cuenta individual y una gestora privada invierte ese dinero en los mercados financieros. La pensión que reciba cuando se jubile no está asegurada, sino que será lo que haya en la cuenta el día de la jubilación, sea mucho o poco, según la evolución de la inflación y los mercados financieros.
Quienes defienden la capitalización para evitar, según dicen, la insostenibilidad de las pensiones públicas, siempre omiten lo fundamental: es un sistema mucho más inseguro, menos rentable, más peligroso y, sobre todo, perjudicial para las rentas más bajas.
No es verdad que la capitalización resuelva el problema que dice resolver, el de la insostenibilidad de las pensiones públicas por razones demográficas, porque “en el futuro habrá muchos viejos y pocos trabajadores cotizando”.
Las pensiones, se financien como se financien, siempre se pagan con lo que se produce cada año. Un fondo privado no guarda pan ni medicinas para dentro de cuarenta años: guarda acciones y bonos que habrá que vender cuando llegue la jubilación. Y, si de verdad hubiera menos trabajadores produciendo y menos ahorro, también habría menos compradores para esos activos que quienes se vayan jubilando tendrán que vender para obtener dinero líquido. Si las pensiones públicas estuvieran amenazadas por un problema demográfico exactamente igual lo estarían los fondos privados.
Además, los fondos privados de pensiones rinden mucho menos de lo que prometen. Según los datos de INVERCO que analiza el catedrático de Hacienda Pública Ignacio Zubiri, los fondos españoles con 25 años de antigüedad apenas han logrado una rentabilidad real del 0,42% anual. Como ha señalado Zubiri, “bajo supuestos razonables, ahorrando durante 20 años el 10% de su salario, el trabajador obtendría una pensión que no llegaría al 10% de su último salario. Y con 30 años, su pensión no llegaría al 15% de su último salario”.
Los fondos de pensiones privados también son extraordinariamente inseguros. Si los mercados caen, como en 2008 y en otras muchas ocasiones, la pensión privada se hunde. Se volatiliza total o parcialmente. Aunque la gestora, eso sí, cobra siempre.
Tampoco dicen quienes defienden el tránsito a la capitalización que el cambio que habría que hacer desde el sistema actual es carísimo. Tanto, que se puede decir que es inviable hacerlo. Habría que seguir pagando las pensiones de reparto mientras las cotizaciones se iban desviando a cuentas privadas, de modo que una generación tendría que pagar dos veces.
Por supuesto, se omite también que los sistemas de capitalización multiplican la desigualdad. Las personas con salarios bajos, en situación de precariedad, quienes hayan tenido carreras interrumpidas y, sobre todo, las mujeres arrastran esa desventaja hasta la vejez sin ningún mecanismo solidario que las compense.
¿Por qué entonces se defiende que se pase a un sistema de pensiones privado que tiene muchos más defectos objetivos, peligros financieros e inconvenientes que el sistema público? La respuesta es sencilla: transferir al sector financiero la gestión de la enorme masa de ahorro y dinero que suponen las pensiones públicas es un negocio gigantesco. Nada de lo anterior es teoría. En Chile hicieron todo esto y lo que allí ha ocurrido es lo que debe tomarse como referencia y aviso a navegantes.
La dictadura de Pinochet impuso en Chile, en 1980, la capitalización individual a través de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP). Aunque, significativamente, hubo dos colectivos a los que dejó fuera del experimento y que conservaron el viejo sistema público: los militares y los policías. Los arquitectos del modelo sabían bien cuál de los dos sistemas era mejor.
Los resultados después de varias décadas confirman el diagnóstico y lo ocurrido justo este año lo resume todo. Las siete AFP, que controlan activos por unos 229.000 millones de dólares y son la única fuente de ahorro para la jubilación de la mayoría de los chilenos, se lanzaron en los dos últimos años a comprar productos financieros que les darían beneficios si los tipos de interés estadounidenses seguían bajando. Pero ocurrió lo contrario y han registrado pérdidas que rondan los 7.700 millones de dólares. El golpe más duro lo recibió el fondo más conservador, el que se recomienda a quienes están a punto de jubilarse, y lo que perdieron no se evaporó: lo ganaron bancos como Société Générale, Bank of America o BNP Paribas.
La reacción de los responsables del fiasco tampoco tiene desperdicio. El presidente de la patronal de las AFP se negó a hablar de pérdida y la llamó “valorización económica del fondo”, y un consejero técnico de la propia Superintendencia propuso como remedio que quienes estén a punto de jubilarse aplacen su retiro hasta que el mercado se recupere.
Y Chile no es una excepción desafortunada. La Organización Internacional del Trabajo ha documentado que, de los treinta países que privatizaron total o parcialmente sus pensiones entre 1981 y 2014, dieciocho tuvieron que revertir la reforma, entre ellos Argentina, Hungría, Polonia y Bolivia.
Es mentira que el sistema público de pensiones esté quebrado. Su sostenibilidad depende de decisiones políticas que determinan la distribución de la renta, de la evolución de la productividad, del empleo, de los salarios y de cómo se financie. Lo que hay que hacer es blindarlo frente a quienes, como en Chile, quieren convertir nuestras pensiones en un negocio privado. El 29 de noviembre también se decide eso. Vox lo ha dicho sin rodeos, y el PP lleva años abonando el terreno con incentivos fiscales a los planes privados, con discursos sobre la quiebra del sistema y con la idea de que las cotizaciones son un capital individual.
Y si alguien tenía dudas, las ha despejado uno de los grandes altavoces mediáticos de la derecha. El director de OkDiario, Eduardo Inda, comentaba en el programa Milenio las declaraciones de la portavoz parlamentaria del PP, Ester Muñoz, que había puesto en duda el futuro del sistema público, y pidió silencio: “Cállate con las pensiones, que es un tema sensible”. “Que hablen –dijo– el 30N o cuando ya estén formando gobierno”. No le pidió al PP que garantizara las pensiones, sino que no hablara de ellas hasta que los votantes ya no pudieran tenerlo en cuenta. Esto es lo que está en juego en las próximas elecciones.
CTXT DdA, XXII/6499
DESAHUCIOS: ASÍ TRATÓ CÁRITAS A UN ANCIANO DEL BABRIO DE TETUÁN SEGÚN UMBRAL
El cantaor y escritor granadino Juan Pinilla, a quien admiramos, ha tenido la amabilidad de recordarnos al olvidado columnista Francisco Umbral durante su último periodo como tal en el diario El Mundo (Los placeres y los días)), después de que lo fuera durante muchos años en el diario El País. El escritor vallisoletano publicó en el citado periódico el 29 de diciembre de 1989 el artículo que sigue, titulado Cuento de Navidad, sobre un tipógrafo al que Cáritas estaba acosando para que desalojara la vivienda que ocupaba en el barrio madrileño de Tetuán de las Victorias, propiedad de la mencionada y caritativa organización católica:

viernes, 16 de octubre de 2026
FRENTE AMPLIO Y FRENTE ESTRECHO
La unidad es el arma del pueblo, pero hay quien, en nombre de la izquierda, la dinamita. No se puede construir el llamado "frente amplio", sin contar con las organizaciones sociales, sindicales, políticas y con la participación de la sociedad civil mediante su voto. Porque así lo que se construye es el frente estrecho*. Diego Cañamero
*Si en horas se acuerda ofertar una sola papeleta de izquierdas, no sólo se optimizarían escaños, también se movilizaría mucha abstención. Coincido plenamente con mi estimado Javier Batanero.
DdA, XXII/6498
EL DISCURSO Y EL MÉTODO DE FEDERICO JIMÉNEZ: DEL INSULTO A LA PARODIA
Justo Serna
EL SISTEMA PÚBLICO DE PENSIONES Y LA DERECHA EXTREMA
Félix Población
En el programa otrora de alienígenas y fuerzas ocultas del tal Iker en Cuatro, a cuyo presentador tan bien parodió en tiempos Mota, se estila ahora la tertulia ultramontana, con capítulos tan nauseabundos como el de las burlas con una anciana desahuciada de su vivienda, fallecida a los pocos días después de años de resistirse con el Sindicato de Inquilinas a abandonarla.
Con todo, hay ocasiones en que el tal Iker y su contertulio Inda prestan un servicio público al respetable. Diez millones y medio de electores son demasiados para anunciarles una posible quiebra del sistema público antes de concurrir a las urnas, comentó el periodista patrañero. Mejor está no irse de la lengua ahora para después aplicar los recortes oportunos o lo que corresponda en comandita con la extrema derecha.
El tal Inda recordó que ya antes de los comicios de 2023, Feijóo tuvo un desliz similar, de ahí su rectificación inmediata y poco creíble ahora, sin que a Pedro Sánchez se le escapara oportunistamente la ocasión para garantizar la revalorización de las pensiones conforme al IPC antes de fin de año, asegurando que el sistema público es sostenible.
Es factible, por esto, que el equipo de campaña del PSOE centre su programa electoral en la vivienda y las pensiones para fomentar el voto útil progresista que el sistema electoral y las divisiones de la izquierda van a propiciar. Si el primer asunto, con un parque público de vivienda a la cola de la Unión Europea, afecta sobre todo a los jóvenes y ha movilizado a la ciudadanía en las últimas semanas con una acampada en la Puerta del Sol, algo de preocupación les habrá entrado a los diez millones y medio de pensionistas después de escuchar a Ester Muñoz que el actual sistema público de pensiones es insostenible, coincidiendo en ello con Figaredo, el ceñudo diputado de Vox*.
Que tanto Muñoz como su jefe hayan dicho después lo contrario, me parece que cuestiona aún más la credibilidad y lo que vayan a hacer su partidos y su extrema derecha en esta materia. La colaboración del patrañero Inda ha sido indispensable a través de un programa otrora de alienígenas y fuerzas.
*Y ahora la que faltaba, Ayuso.
DdA, XXII/6498
NUNCA SERÁS ESCRITOR
Fernando Portolés
JUAN CARLOS MONEDERO: EL EXCESO DE CÁLCULO NO ES POLÍTICA, ES POLITIQUERÍA
Me parece oportuno y necesario el breve análisis que hace el profesor Juan Carlos Monedero de lo que está dando de sí, para no variar, la situación que vive la izquierda en España ante la convocatoria adelantada de elecciones generales y la imposibilidad, a una cuantas horas de que concluya el plazo de presentación de candidaturas, de una conjunta de esa izquierda para el 29 de noviembre. Esto comportará no sólo tirar a la basura cientos de miles de votos y la posibilidad de duplicar los escaños a conseguir en el Congreso, sino permitir que la derecha extrema gobierne en los próximos años y por primera vez desde la extinción de la dictadura franquista. El exceso de cálculo no es política, escribe Monedero, sino politiquería y donde tenías un gran apoyo, luego queda nada, o aún peor, una derecha que va a poder justificar sus barbaridades.
jueves, 15 de octubre de 2026
¿NO BASTA CON ESTO?: UNIDA LA IZQUIERDA LOGRARÍA EL DOBLE DE ESCAÑOS
Todos los estudios lo dicen y no hace falta ser un lince: con el mismo número de votos, la izquierda, si se une, obtendría como mínimo el doble de diputados y diputadas que si va por separado. Repitámoslo hasta hacerlo posible, escribe la articulista. A lo que me permito añadir: si no les basta con estos números a los que hasta ahora les tocaría por dignidad haber llegado a un acuerdo, con la que nos puede caer el 29 de noviembre, es como para decir apaga y vámonos.
Marge Ferré
La unidad electoral de la izquierda no
es un deseo, es una necesidad. Lo es si lo que se quiere es impedir que los
neofascistas vuelvan a gobernar España, esta vez sin Franco, pero con
intenciones parecidas.
Lo es, una necesidad, si se entiende
que para cambiar una realidad dada lo que hay que hacer es trabajar sobre ella;
sobre la realidad, quiero decir, no sobre los deseos. Y la realidad en nuestro
país desde que alguien plantó la primera tienda en Sol, es la de un tiempo
político acelerado.
Parece ya lejano, afortunadamente,
pero fue hace poco que vivimos un verano en el que la derecha y su enjambre
mediático, judicial, económico y youtubero nos enfangaron en debates sobre el
odio a los condenados de la tierra que cruzaron a Ceuta, pretendiendo hacer del
racismo el eje articulador de la política en España. Recuerdo pensar “cómo les
gusta odiar” mientras veía videos de hordas queriendo patear migrantes. También
pensé que odiar es su espacio favorito, es el lugar oscuro y húmedo en el que
crecen. Al miedo, que es lo que en el fondo sienten, le encanta la oscuridad.
Pero llegó el otoño y una tienda de
campaña, en la plaza que ilumina, les rompió el relato y al hacerlo, la rabia
justa encendió un tiempo diferente; cuando la realidad grita, se hace audible y
ya no te puedes hacer el sordo.
Las acampadas por el derecho a la
vivienda importan porque lo que ha cambiado el tiempo político no ha sido solo
el desahucio de Maricarmen, sino la lucha desencadenada para que esa barbaridad
no pueda volver a ocurrir. Es la reacción a lo injusto lo que lo cambia la
realidad y eso es, precisamente, lo que es una Huelga General; algo así como un
grito masivo que anuncia hartazgo, un “se acabó” que marca el camino y que dice
que vamos en serio. Una Huelga General es la expresión de la voluntad colectiva
de que lo injusto ha de ser resuelto.
Los que así lo entendemos (y somos
millones) sabemos que en las elecciones que Sol precipita, hay que hacer todos
los esfuerzos para que ese anhelo -vivienda, salarios, precio- cristalice, se
convierta en políticas públicas que cambien a mejor la realidad cotidiana de la
gente y que eso no es política en pequeño. Es política en grande.
Sabido es que, para hacerlo, para
materializar ese anhelo, hay que sortear un muro cuidadosamente construido: la
ley electoral es la que es (de nuevo la tozuda realidad sobre la que hay que
trabajar) y obliga a la unidad de la izquierda. Me consta que muchas y muchos
están trabajando por ello, unas a regañadientes, otros más convencidos, las
mejores en la sombra… pero da igual, ha de hacerse. No solo por sumar más
escaños, sino por otro motivo mucho más precioso.
Si la gente importa, su voto también.
Una propuesta que garantice que cada voto a la izquierda cuente y que, por el
camino y de propina, le quite diputados a Vox. Todos los estudios lo dicen y no
hace falta ser un lince: con el mismo número de votos, la izquierda, si se une,
obtendría como mínimo el doble de diputados y diputadas que si va por separado.
Repitámoslo hasta hacerlo posible: que los neofranquistas no gobiernen España
pasa por la unidad electoral de la izquierda y esa es la contradicción principal.
Lo demás es secundario.
La buena noticia es que en ese
espacio no hay insalvables divergencias programáticas, debates sí, pero no
antagónicos, sobre la defensa de Palestina, la paz, la vivienda, la sanidad, la
educación, la igualdad… Un país mejor y para su gente frente a rentistas y
especuladores, un país que haga de la solidaridad un recurso inagotable.
Enfrente, un PP que anuncia
sacrificios que sabemos sobre qué hombros pretende cargar y un Vox que quiere
emular a Milei y su jornada laboral de 12 horas, salarios de miseria, regalarle
nuestras pensiones a la banca y nuestro país a Donald Trump. No hay grises ni
equidistancia posible: este tiempo político acelerado es un tiempo de disputa y
por eso me atrevo a recordar que ni los partidos ni las huelgas son fines en sí
mismos, sino herramientas construidas para canalizar la escucha cuando la gente
grita.
Su voz ha abierto, como una ventana,
un tiempo político que rompe predicciones, que incomoda y pone nerviosos a
caseros, banqueros y a traficantes de armas y por eso, ni más ni menos,
defiendo la unidad.
Hay que saber leer el tiempo
histórico y escuchar a quienes lo construyen, voces que hoy exigen una
candidatura de la izquierda lo más unitaria posible. Así que me sumo a las
muchas que ya apelan a no decepcionar a la gente y a trabajar desde la realidad
desafiable. Animo, desde estas líneas llenas de realidad y deseo, a trabajar
por la unidad de la izquierda, hasta el último minuto.
PÚBLICO DdA. XXII/6497
REPRESIÓN POLICIAL EN MADRID Y MARLASKA DE NÚMERO 5 POR EL PSOE
Ana Cardo
Ayer la Universidad Complutense de Madrid (UCM) dio a conocer un comunicado en el que condenaba las violentas cargas policiales llevadas a cabo en la Ciudad Universitaria con motivo de la huelga y el paro académico de la enseñanza en Madrid en defensa de la educación pública. En el texto se hace constar que el citado centro académico no solicitó ni promovió la presencia de la Policía Nacional ni su intervención en el campus. Tenemos, por lo tanto, que el piquete informativo se dedicaba a informar, que la UCM no llamó en ningún momento a la policía y que, por lo tanto, la Delegación del Gobierno de Madrid o el ministro Marlaska deberían dar explicaciones sobre una violencia que causó varios heridos entre quienes ejercían su derecho de manifestación, expresión y huelga. Ayer precisamente supimos que el ministro del Interior ocupará en las listas por Madrid del Partido Socialista la quinta plaza, cuando quedan aún algunas semanas para la celebración de elecciones y las movilizaciones del profesorado y el alumnado, que se prometen masivas en la capital del reino, sólo acaban de empezar. Quizá al Partido Socialista le conviniera un número cinco en sus listas menos represor de los derechos que que se ejercen en la calle y más enérgico con las algaradas de los antidemócratas.









