viernes, 30 de enero de 2026

LAS DOS RELIGIONES DEL DOCTOR ESQUERDO: LA CIENCIA Y LA REPÚBLICA


El 30 de enero de 1912 murió José María Esquerdo, psiquiatra y político republicano, que como médico, se interesó especialmente por la asistencia a los enfermos mentales y los problemas jurídicos que plantean, siendo el introductor en España de la neuropsiquiatría y la terapia ocupacional.

Nacido en 1842 en la localidad alicantina de Villajoyosa, era el menor de ocho hermanos y quedó huérfano de padre antes de nacer, por lo que fue un hijo póstumo. Fue recogido y educado por un agustino hermano de su madre, que era el único apoyo de la familia. José María se benefició de la gran curiosidad y virtudes pedagógicas de su tío, quien pensaba dirigirlo hacia la carrera eclesiástica.

Cursó tres años en el seminario conciliar de Valencia, pero le faltaba vocación, así que salió e hizo el bachillerato en Valencia, donde se costeó los estudios trabajando para un notario como copista. Después comenzó la carrera de Medicina en Valencia, pero se trasladó a Madrid en 1859 y allí los terminó, doctorándose en 1865. Durante sus estudios, fue influido por Pedro Mata Fontanet, quien le transmitió el interés por la psiquiatría y por los problema jurídicos planteados por los enfermos mentales. Sus notas eran excelentes, y también su popularidad: participó en la Sociedad de Amigos del Estudio y ocupó el cargo de representante de los alumnos en los conflictos universitarios. Fundó y dirigió además un periódico, El Confidente de las Ciencias Médicas, que fue clausurado por el gobernador civil a causa de su irreverencia política. Tras extenderse una epidemia de cólera morbo, el doctor Esquerdo participó en su asistencia no solo como médico, sino como enfermero y camillero. Después ingresó en la Beneficencia Provincial de Madrid por oposición.

En el año revolucionario de 1868, obtuvo plaza de cirujano en el Hospital Provincial de Madrid, donde permaneció hasta 1900. Además empezó a dar clases de asistencia voluntaria en la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid, donde se encargó del "curso libre" de Patología General y Enfermedades Mentales (1868-1877); siendo la asistencia voluntaria, tuvo sin embargo que dividir su grupo en dos a causa de la excesiva concurrencia. No aceptó la propuesta de su amigo, el republicano Manuel Ruiz Zorrilla, ministro de Fomento tras la revolución de 1868, para nombrarlo catedrático oficial. Formó parte también de la organización de la «Escuela Teórico-Práctica de Medicina y Cirugía» de la Beneficencia Provincial de Madrid, donde enseñaría la especialidad de psiquiatría. Igualmente, colaboró en la «Escuela Práctica Libre de Medicina y Cirugía» situada en el Museo Antropológico de Madrid, donde impartió una serie de lecciones publicadas en 1878 con el título de Conferencias sobre las enfermedades mentales.

Introdujo en España la neuropsiquiatría y la terapia ocupacional. En 1877 fundó un famoso sanatorio mental, el Sanatorio Esquerdo, emplazado en Carabanchel, notable por el teatro en que los internos y los cuidadores representaban obras dramáticas y donde eliminó el tratamiento coercitivo extremo de los sanatorios de la época, sustituyéndolo por una asistencia a cargo de médicos y enfermeros adecuadamente instruidos. Esquerdo siente lástima por el perturbado y quiere redimirle pues piensa que el imbécil sin la debida asistencia es un criminal en potencia. También investiga el estrés ocasionado por el fuerte ritmo de la vida urbana y las grandes aglomeraciones de ciudadanos.

Miembro del Partido Republicano Progresista fundado por Ruiz Zorrilla y Salmerón, fue elegido concejal (1891) y diputado por Madrid (1893). A finales de la década de 1880, se convirtió en representante general de Manuel Ruiz Zorrilla, líder de la agrupación republicana progresista, en España. Acumuló, desde entonces, cargos dentro de la agrupación, convirtiéndose en uno de sus más activos propagandistas. Tras la muerte de Ruiz Zorrilla, en junio de 1895, ofrecieron al doctor Esquerdo la jefatura del partido, ya que se le consideraba el sucesor natural de su antiguo líder. Sus propuestas enfatizaron la tendencia revolucionaria del republicanismo, que se proponía derribar las instituciones monárquicas mediante medios insurreccionales. Esas posiciones fueron defendidas por el nuevo órgano de prensa del partido, El Progreso, impulsado económicamente por Esquerdo y dirigido por Lerroux. En 1897 fundó, junto con otros destacados políticos, la Unión Republicana Nacional. En 1901, sin embargo, renunció a la jefatura del Partido Republicano Progresista. La Junta de su agrupación apostaba por la participación electoral, mientras que él defendía el retraimiento: "Fundo dicha renuncia -escribió- en la discordancia existente entre la mayoría de la citada Junta y el que suscribe, aquélla partidaria de la lucha electoral de Diputados a Cortes, que en este momento ha terminado, y un servidor, partidario de la abstención, por considerar impolítica nuestra presencia en las cortes destinadas a proclamar la mayoría de edad de Alfonso XIII".

Su renuncia no fue aceptada, pero desde entonces la agrupación quedó en una situación casi de letargo, al integrarse la mayor parte de sus miembros en la Unión Republicana. Desde esos momentos, las apariciones públicas de Esquerdo fueron menos frecuentes.

En 1910 volvió al frente del progresismo a la primera línea política. Fue elegido de nuevo diputado por Madrid dentro de una coalición de republicanos y socialistas, junto con Pablo Iglesias y Benito Pérez Galdós. Murió en su casa de Madrid, en el número 29 de la calle Serrano y enterrado en la Sacramental de San Lorenzo y San José, en Carabanchel Bajo.

Los testimonios sobre el doctor y su gran ojo clínico son numerosos: “Esquerdo trajo a la psiquiatría española la intuición mediterránea, que adivina lo que todavía no se puede saber, y el primer gesto de liberación del loco, infundiéndole en su asistencia aquel hermoso y cándido espíritu de generosidad liberal y laica” (Marañón, 1973. 136 – 137). También circulaba una coplilla que dice: Fue Esquerdo el mejor doctor / en locura, y muy humano. / Fue también gran orador, / gran líder batallador / del credo republicano. Galdós lo llama en su necrología "apóstol y caudillo de dos religiones: la ciencia y la república". Francisco Giner de los Ríos destaca “su condición de antimilitarista y anticlerical, por el riesgo de que esas dos instituciones sojuzguen el poder civil".

RUEDO IBÉRICO

LA SENADORA FUNDADORA DE "LATINAS POR TRUMP", CONTRA TRUMP

 



La senadora estatal republicana Ileana García, quien fuera una de las aliadas más reconocidas de Donald Trump en Florida y una de las fundadoras de la organización nacional «Latinas por Trump», ruega detener las redadas emprendidas por el ICE y alega sufrir acoso, bajo el temor de ser detenida junto a sus hijos.

Asimismo, lanzó una dura advertencia a su propio partido: la actual ofensiva migratoria de la administración no solo es «inhumana», sino que conducirá al Partido Republicano a una derrota estrepitosa en las elecciones intermedias de este año. Lo que comenzó como un apoyo total a las políticas de seguridad fronteriza en 2016 se ha transformado en una decepción profunda.

Para García, de 56 años, la situación ha cruzado una línea personal y ética. La senadora relató cómo el clima de vigilancia ha llegado a afectarla directamente, mencionando un incidente en el aeropuerto de Tallahassee donde un agente de la TSA, al escucharla hablar en español, cuestionó su ciudadanía a pesar de haber nacido en Miami.

«Esto ha ido demasiado lejos», afirmó García en entrevista, expresando por primera vez el temor de que su propio hijo, un joven adulto, pueda ser detenido por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) debido a su apariencia hispana.

García apunta directamente a Stephen Miller, asesor de seguridad nacional y artífice de la política migratoria, como el responsable de tácticas que califica de extremas, como sacar a personas de sus vehículos o intentar deportar a niños de hogares de acogida. «Creo que [Trump] perderá las elecciones intermedias por culpa de Stephen Miller», sentenció.

La tensión alcanzó su punto máximo tras la muerte de Alex Pretti, un enfermero de 37 años tiroteado por la Patrulla Fronteriza durante una protesta en Minneapolis el pasado sábado. Mientras la Casa Blanca intentó tildar al fallecido de "terrorista doméstico" y culpó a los líderes demócratas por la "resistencia hostil", García calificó el suceso de «abominable».

DdA, XX/6246

7291: UN EPISODIO DE INHUMANIDAD QUE INEXPLICABLEMNTE SIGUE IMPUNE

La mayor debilidad de Ayuso la devuelve recurrentemente a los meses de marzo, abril y mayo de 2020, el tiempo en el que se concibieron y ejecutaron aquellos “protocolos de la vergüenza” que supusieron una intolerable denegación discriminatoria de asistencia sanitaria y un acto de inhumanidad que hasta la fecha sigue inexplicablemente impune. Por eso, cada vez que el tema resurge, la Presidenta madrileña aumenta su agresividad: “La misma mierda” o, en el día de ayer, “la izquierda frustrada” son algunas de las expresiones con las que Ayuso despacha las reivindicaciones y el dolor de las familias de los muertos en las residencias. No es solo falta de empatía o maldad, es una estrategia de comunicación que persigue una finalidad muy concreta: desviar la atención. 


Noelia Adánez

Ayuso está revuelta. La sombra de los “protocolos de la vergüenza” y de las 7291 víctimas en las residencias que murieron sin ningún tipo de asistencia médica, persigue a la Presidenta seis años después. Las declaraciones de uno de los altos cargos de su gobierno de entonces, Carlos Mur (exdirector general de Coordinación Sociosanitaria del Servicio Madrileño de Salud), el pasado día 26, apuntan a la Consejería de Sanidad, es decir, a la entonces viceconsejera de Sanidad, Ana Dávila, como destinataria de los protocolos, y al exconsejero Enrique Ruiz Escudero, quién concibió la figura de los geriatras de enlace. Las declaraciones de Mur y las contradicciones con las de Javier Martínez Peromingo (el geriatra que presuntamente ideó los protocolos y que terminó por sustituir a Mur desde mayo de 2020) suponen un tironcito de la manta, así que es normal que la Presidenta madrileña, que siempre tiene muy cubiertas las espaldas, se sienta ligeramente expuesta.

Ni Avalmadrid, ni las comisiones de su hermano, ni el fraude fiscal de su pareja, ni sus negocios con Quirón, ni sus mentiras manifiestas, ni las muy elaboradas operaciones de intoxicación y desinformación orquestadas por su jefe de Gabinete. La mayor debilidad de Ayuso la devuelve recurrentemente a los meses de marzo, abril y mayo de 2020, el momento más complicado de la pandemia y el tiempo en el que se concibieron y ejecutaron aquellos “protocolos de la vergüenza” que supusieron una intolerable denegación discriminatoria de asistencia sanitaria y un acto de inhumanidad que hasta la fecha sigue inexplicablemente impune.

Por eso, cada vez que el tema resurge, la Presidenta madrileña aumenta su agresividad: “La misma mierda” o, en el día de ayer, “la izquierda frustrada” son algunas de las expresiones con las que Ayuso despacha las reivindicaciones y el dolor de las familias de los muertos en las residencias. No es solo falta de empatía o maldad, es una estrategia de comunicación que persigue una finalidad muy concreta: desviar la atención. 

No hablemos de los muertos, hablemos de ella que es la víctima verdadera, la protagonista de una historia que no es la que los demás cuentan, es "su" historia, la que a golpe de recursos extraídos del erario público se cuenta todos los días en periódicos y programas de televisión afines, la historia que destaca sus outfits, su chulería y el carácter providencial de sus políticas. La historia de cómo Ayuso trajo a Madrid la libertad. 

Periódicos y programas en los que nunca se pregunta por la asfixia financiera de las universidades públicas, ni por las becas que el gobierno de Madrid destina a los alumnos de la concertada, ni por el fraccionamiento de contratos y facturas en centros de formación profesional, ni por los recortes en la ley trans, ni por las listas de médicos objetores del derecho al aborto que Ayuso se niega a entregar, ni por el hecho de que Madrid sea la única autonomía que carece de una ley de igualdad y una de las varias gobernadas por la derecha que rehúsa aplicar los beneficios de la ley estatal de vivienda, ni por una de las cada tres becas comedor que el año pasado el gobierno de Ayuso se negó a dar, ni por su novio el comisionista ni por el dúplex que comparten en Chamberí, ni por el Zendal y sus sobrecostes millonarios, ni por Quirón, ni por las practicas antidemocráticas en la asamblea que controla con el rodillo de su mayoría, ni por supuesto, por los muertos en las residencias. 

Es imposible no recordar aquel retrato de una doliente Isabel Díaz Ayuso en la portada de El Mundo el 10 de mayo del año 2020. La Presidenta aparecía con el gesto ensombrecido por la tristeza. Al lado de su rostro, el entrecomillado: “Hay que dar el primer paso. Cada semana un negocio cierra”. No engañaba a nadie. Lo que le apenaba no eran las víctimas, eran los negocios. Pura coherencia.

En la estrategia comunicativa de Ayuso de estos días, las víctimas que importan no son las de las residencias, aquellas ante las que tendría que rendir cuentas, son las de Adamuz, a quienes ha dedicado una misa intentando contraprogramar el acto institucional de Huelva. 

La Presidenta tiene aliados muy poderosos y los recursos de una comunidad autónoma, la madrileña, que alberga la capitalidad, con todas las implicaciones que esto tiene, a efectos de poder tanto simbólico como material. La bicefalia tradicional en el PP, entre un líder de partido estatal y una lideresa que le disputa protagonismo, es una constante en la historia de la formación de derechas desde hace más de dos décadas. Antes de Isabel Natividad Díaz Ayuso, fue su mentora, Esperanza Fuencisla Aguirre, cuyo formidable legado de “ranas” y “golfadas”, Púnicas y Lezos tiene como corolario una expresidenta dimitida y dos que han pasado por la cárcel. Y eso es solo el corolario, porque la lista de condenados es de récord. Respecto de su legado ideológico, además de haber amadrinado a Ayuso, hizo lo propio con Santiago Abascal, de manera que nadie puede cuestionarle su papel de faro de la ultraderecha.

La novedad, en la etapa Feijóo, es que Ayuso se impone siempre al líder nacional, en parte porque de algún modo el gallego le debe a ella su posición y en parte porque Ayuso representa a la ultraderecha, un área del espectro ideológico que tiene mucho tirón. Feijóo tendría que decidir si su apoyo moral, ideológico y electoral está sobre todo en Madrid o si se ve capaz de armar una oposición de implantación estatal sin renunciar a la institucionalidad. Porque con su respaldo a Ayuso en la gestión de las residencias o a Mazón en la de la Dana, de momento ya ha renunciado a la decencia.

PÚBLICO  DdA, XXII/6246


PEP GUARDIOLA Y LA SOLIDARIDAD DEL FÚTBOL ESPAÑOL CON PALESTINA

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Lazarillo

Me habría gustado que lo que ocurrió ayer en el Palau Sant Jordi de Barcelona, con el concierto/manifiesto solidario por Palestina, hubiese ocurrido en Madrid y que, como en Barcelona, alguna personalidad deportiva destacada como la de Pep Guardiola, futbolista del Barcelona y de la selección española durante muchos años, y entrenador hoy del Manchester City, tuviera palabras de amor y abrazo para el masacrado pueblo palestino. Que haya sido Guardiola quien abriera ayer el concierto, una persona destacada vinculada al mundo del fútbol, hace que se eche aún más de menos la falta de compromisos públicos con aquel pueblo sufriente en el fútbol español. En la Liga española sólo el Athletic de Bilbao ha sido el  club que expresó su solidaridad con Palestina. Mientras discurrían las competiciones en nuestros estadios, en el transcurso de más de dos años, el asesinato de miles de niños y niñas en la Franja de Gaza apenas se hizo notar entre cientos de miles de espectadores. Escuchando las palabras en catalán de Pep ayer en el Palau Sant Jordi, abogando por "no mirar hacia otro lado", eché de menos esas mismas palabras en castellano en cualquiera de nuestros futbolistas históricos en un evento similar. "Mi madre y mi padre me hicieron una buena persona", recordó Guardiola hace poco. No lo ha olvidado. "No soy neutral, soy palestino", dijo, decimos.

DdA, XXII/6246

NO SE PUEDE CONSENTIR QUE UN GRUPO DE ULTRAS SILENCIE UN PROGRAMA DE RADIO


Félix Población

Vi o escuché bastantes veces Hora Veintipico, el programa de Héctor de Miguel en la SER. Se trata de un breve espacio satírico sobre la información política de cada día, algo que, por la propia y precaria política cotidiana española, es tan saludable como necesario. 

Siendo emitido por la SER, teniendo el programa una clara orientación progresista y abominando el presentador de la extrema derecha y el integrismo católico, era de prever que le iban a llover a Hora Veintipico y a Héctor de Miguel todo lo que le ha llovido desde los aludidos sectores. Máxime si se considera que, a medida que pasa el tiempo, esos sectores ganan un protagonismo político cada vez más airado, como demuestra el efecto de la parodia que Héctor hizo de Nacho Abad por su carroñera perspectiva informativa del accidente ferroviario de Adamuz en un canal de televisión.

Se ha llegado así hasta los días de la fecha, en los que, sin que la extrema derecha esté en el consejo de ministros y gracias a la impunidad con la que actúa en la calle, ha logrado acabar con el programa de Héctor de Miguel. Unos tipos de esa misma extrema derecha, merced al acoso con el que iban a intimidar  a los integrantes del show de Hora Veintipico en un teatro de Móstoles, han conseguido acallar la libertad de expresión ejercida desde un programa de la emisora con más escucha del país. 

¿Dónde estaban los agentes del ministro Marlaska, tan efectivos en disolver a ecologistas a la puerta del Congreso, para proteger a los integrantes de Hora Veintipico de un acoso violento que iba a impedirles la realización de su trabajo? ¿Es que de aquí en adelante bastará con que un grupúsculo de agitadores ultramontanos puedan prohibir con su presencia intimidatoria el ejercicio de un derecho constitucional? 

Que Hora Veintipico haya dejado de emitirse por decisión del propio Héctor de Miguel, ante la gravedad de las persecuciones a que está siendo sometido desde que presenta su programa, es un fracaso de la vigente democracia española. Responsable del mismo en buena medida es el ministerio del señor Marlaska, incapaz de actuar como corresponde frente a las algaradas en la calle de la extrema derecha y también frente a coacciones y acosos anunciados como el que iba a sufrir Héctor y sus colaboradores en un teatro madrileño.

Porque la libertad de expresión, en una democracia digna, no debe presuponer ningún riesgo para quienes la ejercen. El riesgo lo deben correr quienes tratan de impedir ese derecho con intimidaciones y acosos. En la victoria de los unos y en la derrota de los otros radica la estabilidad y credibilidad democráticas.

Unos cuantos ultras, intimidando y amenazando a Héctor de Miguel y a sus compañeros, han logrado cerrar un programa de radio en la emisora más escuchada de España. No han necesitado que su partido estuviera para ello en el Gobierno.

DdA, XXII/6246

LA LAICIDAD DEL ESTADO ES UN GARANTÍA DE RESPETO A TODAS LAS PERSONAS

Hubo funerales de Estado por las víctimas de la DANA hace poco más un año, pero esta vez, en Huelva -con réplica en Madrid-, hubo o habrá funerales de rito católico por parida doble, como en plena dictadura. Laura Limón hace constar que vivimos en territorios diversos, diversos en creencias, en identidades, en orígenes, en maneras de entender la vida y la muerte. No vivimos en la España de la dictadura, aunque algunas decisiones y actitudes parezcan empeñadas en devolvernos a ella. Un acto institucional de despedida no puede ni debe invisibilizar a quienes no se sienten representadas por un rito religioso concreto. La laicidad del Estado no es una amenaza: es una garantía de respeto para todas las personas. El aplazamiento de un homenaje de Estado laico —con representación de todas las instituciones del Estado, de la comunidad autónoma de Andalucía y de la sociedad onubense— para mantener exclusivamente un funeral religioso católico no es un hecho menor ni neutro, escribe la articulistaEl dolor no debería ser nunca un instrumento político. La memoria de las víctimas merece dignidad, pluralidad y respeto. Y nuestra sociedad, que es diversa y plural, merece instituciones que estén a la altura de esa realidad y no de intereses partidistas ni de nostalgias del pasado.





Laura Limón LimónDocente, delegada sindical de enseñanza de CGT y onubense.

Antes de entrar en el fondo de este artículo, y aunque no sea su eje central, considero necesario dejar clara la postura del sindicato al que pertenezco respecto al modelo ferroviario actual. Desde nuestro sindicato defendemos sin ambigüedades el ferrocarril como servicio público esencial y como pilar de una movilidad sostenible, accesible y socialmente justa. Apostamos por el uso del tren como medio de transporte colectivo, pero no por un modelo liberalizado en el que la gestión pública de la infraestructura convive con la explotación privada de la misma.

La privatización del servicio ferroviario diluye responsabilidades y antepone el beneficio económico a la seguridad y al interés general. Desde estas líneas queremos trasladar un mensaje claro al Gobierno central: es urgente repensar el modelo actual y avanzar hacia una renacionalización del ferrocarril, como ya se está haciendo en países como el Reino Unido, devolviendo al sector público el control pleno de un servicio que nunca debió dejar de serlo. 

Escribo estas líneas como docente y como delegada sindical de un sindicato de enseñanza, pero sobre todo como onubense que, junto a muchas otras personas de esta tierra, siente un profundo malestar ante la forma en que el Ayuntamiento de Huelva y el Partido Popular han gestionado y manipulado el dolor causado por el trágico accidente de tren en Adamuz.

Lo primero y más importante: mi máximo respeto a las víctimas, a sus familias y a sus seres queridos. Mi pésame sincero y profundo, y todo mi apoyo y deseo de pronta recuperación para las personas que aún permanecen hospitalizadas o convalecientes. Nada de lo que aquí se expresa pretende empañar su memoria ni su duelo. Precisamente por respeto a ellas y ellos nace este artículo.

Resulta doloroso comprobar cómo, en un momento que exigía estar a la altura de las circunstancias, con sensibilidad y unidad desde el respeto a la diversidad, se ha optado por una vía que excluye. El aplazamiento de un homenaje de Estado laico —con representación de todas las instituciones del Estado, de la comunidad autónoma de Andalucía y de la sociedad onubense— para mantener exclusivamente un funeral religioso católico no es un hecho menor ni neutro. Es una decisión política, profundamente ideológica, que no representa a la pluralidad real de nuestra sociedad.

Especialmente preocupantes han sido las declaraciones torticeras de un portavoz del Partido Popular afirmando que el Gobierno de España no debía estar presente. ¿Desde cuándo el dolor colectivo se jerarquiza según intereses partidistas? ¿Desde cuándo se decide quién puede o no acompañar institucionalmente a las víctimas en función de cálculos políticos?

Huelva, Andalucía y el conjunto del Estado son hoy territorios diversos. Diversos en creencias, en identidades, en orígenes, en maneras de entender la vida y también la muerte. No vivimos en la España de la dictadura, aunque algunas decisiones y actitudes parezcan empeñadas en devolvernos a ella. Un acto institucional de despedida no puede ni debe invisibilizar a quienes no se sienten representadas por un rito religioso concreto. La laicidad del Estado no es una amenaza: es una garantía de respeto para todas las personas.

Como docente, no puedo evitar señalar una contradicción que resulta especialmente hiriente. Las mismas personas que desde el Gobierno de Andalucía y desde determinadas instituciones se llenan la boca hablando de inclusión y diversidad en las aulas son quienes, cuando llega el momento de demostrar esos valores en la práctica, cierran las puertas a quienes no encajan en un modelo único: personas no blancas, no españolas, no católicas. El mensaje que se lanza es devastador, también para nuestro alumnado: la diversidad se celebra en los discursos, pero se ignora cuando incomoda.

La alcaldesa de Huelva, que se supone representa a toda la sociedad onubense y no solo a una parte de ella, ha jugado un papel clave en esta manipulación del dolor colectivo. Gobernar implica asumir responsabilidades éticas, especialmente en momentos de tragedia. Utilizar el sufrimiento para hacer política partidista es una falta de respeto no solo a las víctimas, sino al conjunto de la ciudadanía.

Tampoco puede obviarse la falta de sensibilidad institucional que supone que la Jefatura del Estado, los reyes, acepten participar en un acto exclusivamente católico sin atender a la diversidad de la sociedad a la que representan. La neutralidad y el respeto a todas las conciencias deberían ser pilares básicos de cualquier representación institucional en un Estado que se define como aconfesional. 

Muchas personas —y muy especialmente muchas personas onubenses— sentimos enfado, tristeza e indignación. No por la existencia de un funeral religioso, legítimo para quien así lo desee, sino porque se haya impuesto como único marco de despedida institucional, cancelando un homenaje laico que habría permitido a todas las personas sentirse incluidas y respetadas.

El dolor no debería ser nunca un instrumento político. La memoria de las víctimas merece dignidad, pluralidad y respeto. Y nuestra sociedad, que es diversa y plural, merece instituciones que estén a la altura de esa realidad y no de intereses partidistas ni de nostalgias del pasado.

Ojalá este doloroso episodio sirva al menos para abrir una reflexión profunda sobre qué valores defendemos como comunidad y qué ejemplo queremos dar, también a quienes educamos cada día en nuestras aulas.

CTXT  DdA, XXII/6246

jueves, 29 de enero de 2026

BARBÓN DEBE DEFENDER LA DIGNIDAD DE ASTURIAS QUE SU ARZOBISPO VULNERA

Los obispos de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla, y de Oviedo/UviéuJesús Sanz, han criticado el real decreto aprobado este martes para la regularización de personas migrantes, una decisión “populista y demagógica” que utiliza “como moneda de cambio” a los inmigrantes. Ambos prelados se han pronunciado en sus perfiles de la red social X desoyendo las palabras del presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello, quien tras conocer la decisión del Gobierno aseguró que esta regularización supone “un reconocimiento de la dignidad humana”, aunque afirmó que “quizás” se hacía ahora “porque hay un momento de oportunidad política que lo favorezca”.



Cándido G. Carnero

Asturias arrastra desde hace tiempo una anomalía democrática que se ha normalizado de forma preocupante: un arzobispo que actúa como agitador político y un Gobierno autonómico que prefiere el gesto simbólico antes que la defensa firme de los intereses de su ciudadanía.
Jesús Sanz Montes no es solo un representante de la Iglesia católica en Asturias. Es, desde hace años, un personaje que utiliza su púlpito para atacar derechos civiles, cuestionar avances sociales y despreciar de forma reiterada a una sociedad que no se ajusta a su visión ideológica del mundo. Cada intervención pública suya es un nuevo episodio de confrontación, siempre dirigido contra los más vulnerables y siempre en contra del sentir mayoritario de la ciudadanía asturiana.
Su oposición al acuerdo para indemnizar a las víctimas de abusos sexuales dentro de la Iglesia no es una opinión más: es una falta de respeto intolerable. No se trata de un debate jurídico ni de una discrepancia técnica. Se trata de personas que fueron dañadas, silenciadas y abandonadas durante décadas, y que hoy reclaman algo tan básico como reconocimiento y reparación. Posicionarse contra eso no es valentía ni coherencia doctrinal; es negacionismo moral.
Resulta especialmente grave que quien se supone debe predicar compasión, justicia y amparo a los débiles utilice su influencia para desacreditar a las víctimas y convertir su sufrimiento en un arma arrojadiza política. Eso no es religión. Eso es poder mal ejercido.
Pero igual de preocupante es el silencio —cuando no la tibieza— del Gobierno del Principado. Asturias ha visto cómo su presidente protagonizaba una visita histórica al Vaticano, la primera de un presidente autonómico, sin que nadie sepa exactamente para qué. No se informó con claridad de los objetivos, no se explicaron los resultados y, sobre todo, no se percibió ninguna defensa explícita de la dignidad de la sociedad asturiana frente a los continuos desprecios del arzobispo.
Si aquella reunión pretendía ser algo más que una fotografía, fue una oportunidad perdida. Perdida para exigir respeto institucional. Perdida para trasladar el malestar social existente en Asturias. Perdida para pedir responsabilidades ante una figura que ha cruzado demasiadas líneas sin consecuencia alguna.
Lo que queda es la sensación de que se optó por el gesto, por la visibilidad y por el cálculo político, en lugar de por la defensa clara de los intereses de Asturias. Y eso tiene un coste.
Mientras tanto, el Principado sigue tomando decisiones que poco tienen que ver con resolver los problemas reales de esta tierra: concesiones de suelo público para universidades privadas, facilidades para empresas vinculadas a la industria armamentística y una preocupante falta de ambición para reconstruir un tejido industrial que se desmorona. Asturias se vacía, se precariza y envejece, mientras se nos ofrece simbología institucional como sustituto de políticas valientes.
La realidad es sencilla y dura: Asturias no se arregla con visitas papales. Se arregla con decisiones políticas. Con defensa del interés público. Con valentía para decir basta cuando una figura eclesiástica utiliza su cargo para dividir, insultar y deslegitimar a la ciudadanía.
Ni el arzobispo de Oviedo representa a Asturias, ni su discurso refleja los valores de esta sociedad. Y ningún presidente, ni gobierno de coalición «progresista»“ como el de Asturias, deberían mirar hacia otro lado cuando una institución religiosa actúa como actor político sin asumir responsabilidades.
Asturias merece respeto. Merece un gobierno que la defienda y no que se esconda detrás de gestos vacíos. Merece líderes que se enfrenten a los problemas reales y no que los disimulen con solemnidad institucional.
Porque la dignidad de una tierra no se negocia ni se fotografía. Se defiende.

LA VOZ DE ASTURIAS DdA, XXII/6245

CON FRANCO NO ÉRAMOS RACISTAS

Hoy se han regularizado 500.000 migrantes: personas que llevan años trabajando a nuestro lado, sin derechos, invisibles, sosteniendo sectores enteros sin reconocimiento alguno. A partir de ahora seguirán trabajando, cotizando a la Seguridad Social, pagando impuestos y formando parte, por fin, de un marco legal digno. Todos los partidos —salvo los de siempre— estaban de acuerdo. Sin embargo, como el racismo y la xenofobia siguen dando réditos electorales, una vez más, el hombre de paja de la reina de la charca, ha decidido sumarse a la campaña de odio, repitiendo el mismo guion de la extrema derecha, y luego dice que no es presidente porque no quiere....


Paco Arenas*

Con Franco no éramos racistas. Éramos pobres, obedientes, blanquitos de muchas noches en blanco de hambre. Los moros venían con bayoneta y chilaba, extraños y exóticos, como salidos de una postal antigua de África para morir por una patria que no era suya. Cuando Franco trajo a España casi cien mil mercenarios marroquíes, los «patriotas» aplaudían con furia y fervor, como quien bendice una cruzada. Venían a matar. Ahora vienen a trabajar. Entonces tenían la bendición del general, de obispos y cardenales y hasta del cura del pueblo. Hoy son los últimos, los más pobres, los que recogen los tomates, los ajos, porque a los españoles nos duelen los riñones, los que trabajan en la construcción y quienes recogen la basura que nosotros no queremos tocar.
Antes se les aplaudía desde los balcones, con el NO-DO repitiendo su desfile como un rezo militar. Matar por España era digno de procesión. Ahora, si vienen a recoger tomates, se les recibe con bates y sospecha, y si uno hace una barbaridad, se considera a todos culpables.
Con Franco no éramos racistas. Solo teníamos un enemigo: el que pensaba diferente a lo que mandaba el enano del Pardo, aunque tuviera los ocho apellidos castellanos, porque si eran catalanes, vascos o valencianos, ya eran aún más sospechosos.
A esos españoles, el cura daba hostias —y no eran simbólicas. Y los guardias, a los disidentes, los apaleaban y no para sacudir el polvo.
Al moro se le reservaba un lugar de honor en las filas, porque su paso marcial era útil para escoltar al caudillo, ese hombre pequeño que firmaba penas de muerte en la sobremesa, con un brazo amputado a la pobre Santa Teresa, sin remordimientos de conciencia.
No venían migrantes entonces. ¿Quién iba a venir? No éramos destino, ni refugio, ni esperanza. Éramos un decorado rígido, olor a misa, incienso y naftalina. Los que salían éramos nosotros, con las maletas de cartón apretadas en trenes grises, a vendimiar y ganar en un mes, lo que en España necesitaríamos cinco, a servir cafés en Suiza, a tragar desprecio en francés o alemán. Luego volvíamos con un Mercedes de segunda mano, presumiendo de patria como quien presume de cicatriz: como en España, en ningún lugar.
Con Franco no éramos racistas. Nadie venía de América o de África a trabajar, porque aquí el trabajo era castigo y el hambre, rutina. Sonaban las canciones de Juanito Valderrama y Dolores Abril en aquel programa de onda corta llamado «España para los españoles», aunque algunos afinábamos el oído para captar las ondas lejanas de «Radio España Independiente», donde cabía la esperanza.
Decíamos que los racistas eran otros: los alemanes, los franceses, los suizos. Nosotros no éramos racistas, éramos tan imbéciles que gritábamos «Spain is different», con la boca llena de orgullo, en inglés de escuela vieja, sin saber muy bien que sí, que éramos diferentes, pero para mal y para vergüenza nuestra. Para ellos, los europeos, África comenzaba en los Pirineos, para nosotros Europa.
Ahora sí lo somos. Racistas sin el valor de confesarlo, con un pero, los más, sin pero, otros. Nos irrita el acento del que limpia el baño, del que recoge nuestras cerezas, del que sirve la cerveza en la terraza. Nos molesta su necesidad, su urgencia, su existencia, que sean pobres, el espejo viejo, sin azogue, en el que no queremos recordarnos.
Decimos que no somos racistas, pero en Torre Pacheco hubo patrullas con calaveras bordadas y esvásticas en la gorra, y gente que se cree más romana que humana, más aria que vecina. Y hoy, aunque bien alimentados, somos los hijos y nietos de esos emigrantes que se fueron a buscarse la vida al extranjero o en nuestra propia patria.
Hoy se han regularizado 500.000 migrantes: personas que llevan años trabajando a nuestro lado, sin derechos, invisibles, sosteniendo sectores enteros sin reconocimiento alguno. A partir de ahora seguirán trabajando, cotizando a la Seguridad Social, pagando impuestos y formando parte, por fin, de un marco legal digno. Todos los partidos —salvo los de siempre— estaban de acuerdo. Sin embargo, como el racismo y la xenofobia siguen dando réditos electorales, una vez más, el hombre de paja de la reina de la charca, ha decidido sumarse a la campaña de odio, repitiendo el mismo guion de la extrema derecha, y luego dice que no es presidente porque no quiere....
Nos falta memoria, quizá neuronas, o tal vez sea que la Historia se repite o simplemente cambia de piel o de uniforme.

*Su último libro publicado es «Las abarcas desiertas» y «Magdalenas sin azúcar» lleva varias ediciones.

DdA, XXII/6245

EL CANTO DE SPRINGSTEEN A LAS CALLES DE MINNEAPOLIS























Lazarillo

La gran vitalidad de Bruce Springsteen (76 años) no sólo se comprueba en sus multitudinarios conciertos, a los que concurren gentes de varias generaciones, sino en reacciones como la que ha tenido el cantante ante los asesinatos por los agentes enmascarados del ICE de dos pacíficos ciudadanos, activamente solidarios con los inmigrantes acosados, perseguidos y deportados por el actual gobierno de Donald Trump. "Escribí esta canción el sábado, la grabé ayer y la presento hoy en respuesta al terrorismo de Estado que se está extendiendo sobre la ciudad de Minneapolis. Está dedicada a la gente de Minneapolis, a nuestros inocentes vecinos inmigrantes y en memoria de Alex Pretti y Renee Good". Leyendo estas palabras, escuchando a Springsteen y, sobre todo, valorando su inmediata reacción como creador ante los actos de barbarie perpetrados por el gobierno de su país, deberíamos sentirnos algo reconfortados porque hay motivo para la esperanza. No debería Donald Trump ignorar o despreciar el poder de inmediatez e incidencia que la música y los versos de Springsteen puede tener sobre su porvenir como primer mandatario. Igual supera esta vez al del dinero. Oh nuestra Minneápolis, oigo tu voz/Llorando a través de la niebla sangrienta/Recordaremos los nombres de aquellos que murieron/En las calles de Mineápolis, canta Springsteen. Léase la letra aquí

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DAVID UCLÉS: LA MENTIRA HACE RUIN AL SER QUE LA BLANDE


Uclés fue el primero de los participantes en discrepar del título del evento y negarse a participar en el mismo. Luego hicieron lo propio otros. Hoy David considera el hecho de que no se celebren o aplacen las jornadas convocadas para dentro de unos días -quizá porque fueron demasiados los que renunciaron- como una victoria y una reparación: "Han mentido públicamente. Los participantes no conocíamos la nómina de invitados -el propio Vigorra me pidió disculpas por haber dicho lo contrario y me aseguró que matizaría estas palabras-, y el título nunca llevó signos de interrogación, tal como afirmaba Arturo ayer en varios periódicos. Por suerte, Internet tiene memoria. La mentira hace ruin al ser que la blande. Parece que no estamos tan dormidos y nos atrevemos a señalar mensajes que blanquean el fascismo y el franquismo, por mucho poder que tenga el organizador".

David Uclés

No bebo alcohol, pero me he venido a tomar un vino para brindar por, lo que considero, una reparación/victoria moral: las polémicas jornadas «literarias» de Pérez Reverte han sido canceladas hasta el otoño. ¿La razón? Hemos sido muchos los que, al ver que habíamos sido manipulados, nos hemos bajado de los actos.
Para mí, es una victoria y una reparación.
Victoria porque parece que no estamos tan dormidos y nos atrevemos a señalar mensajes que blanquean el fascismo y el franquismo, por mucho poder que tenga el organizador.
Reparación ya que he sido vejado por una multitud de amigos de Reverte, y descalificado por el propio escritor, quien un sábado me alababa públicamente y al día siguiente me defenestraba. No han jugado limpio. Han mentido públicamente. Los participantes no conocíamos la nómina de invitados -el propio Vigorra me pidió disculpas por haber dicho lo contrario y me aseguró que matizaría estas palabras-, y el título nunca llevó signos de interrogación, tal como afirmaba Arturo ayer en varios periódicos. Por suerte, Internet tiene memoria. La mentira hace ruin al ser que la blande.
También se atrevió Reverte a decir que mis lectores deberían reconsiderar si merece la pena seguir leyéndome. ¡Qué declaración tan osada y miserable! Y todo esto por decir el pasado sábado, de forma educada y sin menospreciar a ningún organizador, que estaba incómodo y no quería acudir.
Y el ruido que formaron… Llevo dos años recorriéndome el país. Hablé de memoria histórica en casi más de trescientos actos y dirigí un podcast con cincuenta intelectuales de ideal político distinto. No tengo miedo al diálogo, como he demostrado de sobra, pero nunca conversaré con aquellos que desean derribar los derechos sociales que tanto nos costó levantar, tampoco con criminales de guerra. Ni secundaré ningún acto en el que participen. Jamás.
Hay cientos de eventos en torno a la memoria. Y decenas de asociaciones para la recuperación de la memoria histórica. No todo se acaba en Sevilla. Al contrario.
¿Qué se decía cuando se brinda? ¡Ah, sí! ¡Salud!

DdA, XXII/6245