domingo, 18 de octubre de 2026

LA IZQUIERDA SE AUTONOMBRA CON UN HUMOR INTELIGENTE

Es lo que escribe el columnista de CTTX: para ilustrarlo cita los nombres de las izquierdas: No hay más que ver los nombres. Sumar es un partido que se dedicó a restar vetando a Podemos, que es un partido que para nada puede. Como las discotecas a las que pillan sirviendo garrafón, ahora a Sumar le han cambiado el nombre y después de la nueva inauguración se llama Frente Amplio sin importar que ahora sea más estrecho que el frente anterior. Dentro de este frente que no ha logrado la unidad de la izquierda hay partidos como Izquierda Unida. Izquierda-Unida, ¿lo pillas, Gurb? Otro es Más Madrid, cuando todo el mundo coincide en que, si algo necesita urgentemente España, es menos Madrid.



Gerardo Tecé

Cientos de arañazos, hematomas, puntos de sutura y dedos en el ojo después, la izquierda española anuncia que ha conseguido unirse en Valencia y Canarias. He visto apareamientos de hámsters menos violentos, querido Gurb. La política española es un espectáculo digno de ver, muy curioso. Las ideas se defienden a través de partidos y, cuando hay elecciones, cada partido político saca un programa. Menos la izquierda, que del programa saca muchos partidos políticos. A ti, que llevas 35 años dando vueltas por ahí disfrazado de Marta Sánchez, no creo que nada te sorprenda ya.

Para estas elecciones había mucha ilusión puesta en un tal Rufián, querido Gurb. ¿Lo conoces? Si no es así, te cuento que es el líder de un partido separatista empeñado en unir España. ¿No es curiosa la política por aquí? El tipo es muy querido por todos los votantes. Gracias a eso, los trescientos veinticuatro mil quinientos doce líderes que componen las izquierdas se verían obligados a enterrar al fin sus traumas de adolescencia para pasar a la adultez de la mano de Rufián. Ese era el plan, pero… “He fracasado”, ha dicho por televisión Rufián con cara de profesor de primaria deseando darse de baja cuando ha visto que no había nada que hacer. Al parecer, el líder independentista se ha equivocado en su estrategia uniendo. En la tele lo han explicado muy bien. Por lo visto, se trataba de que todos los partidos se fueran acercando a Rufián, pero en el orden correcto. Y como el primero fue Podemos, los del Frente Amplio han dicho que así no, que lo de Rufián ya no sirve. Que la única solución era que Podemos, cuya presencia con Rufián les impedía unirse, se uniera a ellos directamente. Yo qué sé, Gurb, aquí ando intentando arreglar la nave, pero la puñetera pieza que falta no me llega.

La izquierda, querido Gurb, además de curiosa es divertida. Todo el mundo ahí maneja un humor inteligente. Cosa fina e irónica. No hay más que ver los nombres. Sumar es un partido que se dedicó a restar vetando a Podemos, que es un partido que para nada puede. Como las discotecas a las que pillan sirviendo garrafón, ahora a Sumar le han cambiado el nombre y después de la nueva inauguración se llama Frente Amplio sin importar que ahora sea más estrecho que el frente anterior. Dentro de este frente que no ha logrado la unidad de la izquierda hay partidos como Izquierda Unida. Izquierda-Unida, ¿lo pillas, Gurb? Otro es Más Madrid, cuando todo el mundo coincide en que, si algo necesita urgentemente España, es menos Madrid.

Los medios tampoco te dejan aburrirte. Si fulano le ofrece a mengano que se una a sus siglas, titulan que fulano intenta lograr la unidad. Si es mengano el que se la ofrece a fulano, titulan que mengano intenta imponer sus condiciones. Todo esto, querido Gurb, sucede porque los votantes de uno y otro lado son unos románticos y se niegan a ver que en mitad de un proceso de divorcio le piden unión matrimonial a quienes deberíamos pedirles órdenes de alejamiento para que no se hagan daño. Cómo de absurda será la cosa que quienes más repiten la palabra unidad y responsabilidad por la tele son los que hace unos años se escindieron de los otros a unos días de las elecciones. Al final, mucha gente de izquierdas acabará votando al PSOE. Un partido de centro que ha convocado elecciones porque piensa que el problema de la vivienda, frente al que no ha hecho nada, le beneficiará a la hora de que Sánchez no pierda la suya. Es una izquierda Desesperada, como imagino que cantas tú cada día metido en el cuerpo de Marta Sánchez, querido Gurb.

CTXT  DdA, XXII/6500

PREMIOS POZO FORTUNA: POR LA LIBERTAD Y LOS DERECHOS HUMANOS


Lazarillo

Como nos recuerda mi estimada María A. Suárez, el Pozo Fortuna, situado en el concejo de Mieres, es un símbolo de la lucha por la dignidad y los Derechos Humanos. Ayer, con motivo de la décimo segunda edición de los premios  que llevan ese nombre, se hizo entrega de los mismos al exmagistrado del Tribunal Supremo José Antonio Martín Pallín, a Laura González, primera mujer presidenta de la Junta General del Principado, y a José Sierra, primer alcalde demócrata de la villa de Grado durante 23 años, con cuya amistad se honra este Lazarillo. Pepe Sierra forma parte de la Asociación Memorialista de Grado y a su empeño debemos la recuperación de los restos mortales del alcalde republicano de esta localidad, Carlos Barredo, asesinado por las tropas sublevadas. El Pozo Fortuna fue una explotación minera situada en el Valle de Turón, Asturias. Después de la caída del frente norte en 1937, los sublevados emplearon la caña del pozo como fosa común. Se estima que en su interior fueron arrojados los cuerpos de entre 300 y 400 víctimas de la represión de la dictadura. Posteriormente, antes de que se reanudase la actividad minera en la posguerra, la fosa fue sellada con una losa de hormigón, con la que se pretendió sellar igualmente el olvido de las víctimas. Desde este año, el Pozo Fortuna es oficialmente otro lugar de la Memoria Democrática, cuyo sentido es darle luz.

DdA, XXII/6500

UN BESO CONTRA UNA OPOSICIÓN DESHONRADA


Félix Población

No sabremos la repercusión que tendrá en las urnas -si la tiene- que al comienzo de la precampaña electoral Pedro Sánchez haya besado a su esposa en pleno mitin, pero cuando un juez se ha empeñado en la hora de su ocaso laboral en llevar a Begoña Gómez a los tribunales ante la algazara las derechas extremas, podría ocurrir que tal detalle, con cálido abrazo incluido y una frase que va más allá del vínculo que los une como pareja (Nos han intentado quebrar y estamos más fuertes), tuviese algún efecto beneficioso para el Partido Socialista el 29 de noviembre próximo. Un digital ultramontano ha llegado a decir que con el beso, calificado por sus adversarios políticos de montaje, Pedro Sánchez pretende recuperar nada menos que el cinturón rojo de Madrid. Siento desconocer la identidad del autor de la fotografía, pero aparte de la significación que se le debe dar a este beso en la historia de las campañas electorales -no recordamos otro por parte de un presidente del Gobierno-, la imagen capta la actitud complacida en los rostros de los militantes y simpatizantes del PSOE, acaso porque son conscientes de que ayer Pedro Sánchez y Begoña Gómez sorprendieron gratamente a buena parte del país, en medio de un ambiente político en el que la oposición PP+Vox no ha dejado de abusar del insulto, la descalificación y el desabrimiento. Repetido por una parte del público asistente el pasado 12 de octubre antes del desfile militar en Madrid, el vomitivo agravio perpetrado contra el presidente del Gobierno por la presidenta de la Comunidad de Madrid deshonrará para siempre a su partido.

DdA, XXII/6500

EN LA AULAS SE ENSEÑA QUE LA FUERZA NO DA LA RAZÓN, MARLASKA



Singlutemia Maralar

Por mucho que haya quien sostenga que ser profesor consiste exclusivamente en transmitir conocimientos, nuestro trabajo no puede entenderse sin esa otra parte, cada vez más compleja y más imprescindible, que es educar. El profesorado educa mientras enseña, incluso cuando explica una subordinada, corrige una ecuación o intenta que alguien deje de confundir el volumen de su voz con la razón que le asiste.
Por ejemplo, educar a la adolescencia consiste, entre otras cosas, en aprender a no responder a la violencia con violencia. Incluso cuando quien tenemos delante nos desafía, nos provoca o nos insulta explícitamente, poniendo a prueba nuestra paciencia de manera sistemática. No porque seamos santos, ni porque no tengamos sangre en las venas, sino porque sabemos que tener autoridad sobre alguien no nos concede el derecho a convertir nuestra frustración en su castigo.
Es una de las lecciones más difíciles de enseñar y una de las más necesarias en esta sociedad que nuestra chavalada está aprendiendo a habitar —y a veces a padecer— también a través de unas redes sociales donde la humillación cotiza al alza, la agresividad consigue audiencia y los mismos adultos confunden imponerse con tener razón.
Por eso se me revuelven las entrañas cuando veo a agentes de la Policía Nacional, un cuerpo al que se encomienda la protección de nuestros derechos, emplear una fuerza que, a la vista de las imágenes de las concentraciones de Madrid, parece absolutamente innecesaria, desproporcionada y abusiva. No contra quienes enseñan a ejercer la violencia, sino contra quienes llevamos años intentando enseñar a contenerla.
En las aulas hay provocaciones, insultos y desafíos a diario. Y ningún docente puede convertir su autoridad en una licencia para agredir a sus alumnos. Nuestra responsabilidad exige ser conscientes del poder que ejercemos sobre el otro, precisamente para impedir que ese poder se vuelva abusivo. No siempre es fácil, pero es nuestra obligación y no conozco ningún protocolo educativo que permita resolver a hostias la mala conducta de un adolescente.
La autoridad, cuando se ejerce éticamente, no consiste en poder golpear sin recibir respuesta, sino en comprender por qué no se debe golpear, incluso cuando se dispone de fuerza suficiente para hacerlo.
Y estos días, contemplando determinadas actuaciones policiales en Madrid, una acaba preguntándose en qué dependencia se ha quedado guardada esa diferencia. Si en la comisaría, en el vestuario o en algún lugar mucho más preocupante, en la conciencia de quien confunde una orden con una absolución.
Los profesores a los que se ha golpeado somos quienes recibimos cada mañana a sus hijos en nuestras aulas. Somos quienes los educamos, quienes los acompañamos y quienes intentamos garantizarles un futuro mejor. Y nos han golpeado por defender sus derechos, por reclamar las condiciones que necesitan para aprender y por exigir la escuela pública que merecen.
Los nacionales han golpeado a quienes cuidan y educan a sus hijos mientras ellos trabajan. A quienes intentan que aprendan a resolver sus conflictos sin violencia. A quienes les explican que la fuerza no convierte una injusticia en justicia, que obedecer no siempre significa hacer lo correcto y que ninguna autoridad está por encima de los derechos de las personas. Ea.
Las imágenes están ahí. Cada cual sabrá qué necesita hacer para no verlas...
No hay porra que pueda borrar a hostias semejante contradicción, ni uniforme que la vuelva menos vergonzosa. El examen de conciencia, por supuesto, es cosa suya.
También me pregunto quién decidió desplegar a los antidisturbios en estas concentraciones y con qué instrucciones. Porque la responsabilidad de quien ejecuta una actuación no elimina la de quien la ordena, ni la obediencia convierte automáticamente una decisión en legítima, ¿no? Habrá que aclararlo. En un Estado de derecho, las preguntas incómodas no se resuelven con porrazos. ¿O sí?
Un uniforme no convierte la violencia en justicia, ¿o sí? Una porra no otorga autoridad moral, ¿o sí? Y una orden no hace desaparecer la responsabilidad individual, por muchas protecciones que lleve quien la ejecuta ni por reglamentaria que sea el arma que porta. ¿O sí?
Hola, Marlaska, ¿estás ahí?
Los cuerpos de varios estudiantes y de algún profesor/a van a conservar durante mucho tiempo las marcas de los golpes. Las responsabilidades deberán esclarecerse y exigirse. Pero hay algo que las imágenes ya han dejado claro: la distancia que puede abrirse entre la autoridad que una institución representa y la conducta de quienes la ejercen.
En las aulas intentamos enseñar que la fuerza no da la razón y estos días, algunos nacionales se han empeñado en impartir la lección contraria. Y después habrá quien nos pida que eduquemos en el respeto a la autoridad. Manda huevos. O porras.
Mi querida policía nacional, no, así, no.

DdA, XXII/6500

sábado, 17 de octubre de 2026

J. C. MONEDERO: UN VIENTO PONZOÑOSO SE HA LLEVADO LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA

Desde fuera de España, en donde estoy, me preguntan qué ha pasado. Y apenas acierto a decir, con sentimientos encontrados, que la derecha franquista come feliz palomitas viendo el bochornoso espectáculo de la fragmentación que tanto les ayuda, y que está claro que había gente interesada en que estuviéramos lejos los que entendemos todo esto como un auténtico disparate que va a dejar una dolorosa huella.



Juan Carlos Monedero

A los votantes de izquierdas les da lo mismo el relato sobre quién ha sido más culpable de esta fragmentación suicida. Suena todo falso. Nadie asume tampoco ninguna responsabilidad del fracaso, y los lamentos, sin consecuencias, parecen formar parte también de ese relato electoral. Lo indudable es que el Frente Amplio no es en verdad amplio, que MásMadrid ha preferido desde el comienzo jugar su juego, que @IreneMontero irá en las listas de ERC en Barcelona y que, junto a @gabrielrufian, harán campaña frente a @AdaColau. A ver quién lo entiende. Irene Montero haciendo campaña contra Ada Colau en la lista de un partido independentista.
Otro tanto harán Montero y Rufián en Madrid, donde @PODEMOS podrá exhibir, como suele, sus muchas y razonables cuitas frente a Sumar y MásMadrid (nacidas de una traición ya vieja que no dice nada a los jóvenes), y Rufián tendrá que explicar por qué no hay que votar a @EmilioDelgadoOr, con el que arrancó los encuentros que iban dirigidos a unificar a la izquierda. No serán pocos los que tengan la sensación de haber sido engañados.
Decir que la división en Madrid y Barcelona no afecta ni a esas provincias ni al resto de España, demuestra un insuficiente respeto a quienes se les pide el voto. Si se puede presentar en Barcelona alguien de Madrid es porque el voto es nacional, de manera que el mensaje nacional -que no hay unidad- afecta a todas y cada una de las provincias. Incluidas en la que se ha pactado gracias a que hay menos toxicidad que en las grandes capitales y porque se ha podido desterrar la rabia que han incubado las izquierdas entre ellas. La conclusión es que el trabajo que hicimos uniendo a las izquierdas de todo el Estado y por el que hemos pagado un precio tan alto se lo lleva el viento. Un viento ponzoñoso.
Desde fuera de España, en donde estoy, me preguntan qué ha pasado. Y apenas acierto a decir, con sentimientos encontrados, que la derecha franquista come feliz palomitas viendo el bochornoso espectáculo de la fragmentación que tanto les ayuda, y que está claro que había gente interesada en que estuviéramos lejos los que entendemos todo esto como un auténtico disparate que va a dejar una dolorosa huella.

DdA, XXII/6499

TODA LA IZQUIERDA DESUNIDA DEBERÍA PEDIR PERDÓN


Félix Población

Desde el primer momento me sorprendió e incluso me defraudó el pacto suscrito entre Gabriel Rufián e Irene Montero, convencido de que quien salía beneficiado del mismo sería el mediático portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso durante esta legislatura. Ahora, escuchando a Enric Juliana, me confirmo en mis apreciaciones. Rufián ha hecho de modo convincente su trabajo para reforzar a su partido en Cataluña, sin que de su buen y teatral quehacer se vaya a beneficiar nadie más. Incluyo en esa capacidad actoral del diputado por Esquerra la inmediata petición pública de perdón que éste formuló por no haber logrado la unidad de la izquierda y que probablemente también tenga su efecto positivo en las urnas catalanas. Irene Montero, en cambio, teniendo a los medios en contra -según es norma-, va a quedar como la responsable de que Podemos no esté en el ridículo Frente Amplio, de cuya angostura son responsables los tres partidos que lo integran, con la agravante, además, de que el pacto previo con Rufián no le será rentable electoralmente al partido morado. Pesan para ello, sobre todo en el electorado no catalán, el independentismo de Esquerra y su cuota de responsabilidad en el ridículo procés junto a partidos catalanistas que ahora Rufián califica con razón de extrema derecha. Creo que Gabriel Rufián ha estado acertado pidiendo perdón por algo que posiblemente se temía y que a la postre va a beneficiar a sus partido. Pienso que también Podemos debería hacer lo propio por la unidad no lograda. De hecho, toda esa izquierda desunida debería estar pidiendo perdón por su fracaso antes del que posiblemente les deparará las urnas. Sobre todo porque, otra vez en la Puerta del Sol como en el 15-M, una acampada de jóvenes -en este caso en contra de los rentistas especuladores- se seguirá sintiendo huérfana de una representación política sólida en el Congreso que luche por sus reivindicaciones*.

*Cuando hay fame y no hay panchón, todos riñen y todos tienen razón. Abuela Elvira.

DdA, XXII/6499

EL 29-N NOS JUGAMOS EL SISTEMA PÚBLICO DE PENSIONES: MÁXIMA PARTICIPACIÓN

Es mentira que el sistema público de pensiones esté quebrado. Su sostenibilidad depende de decisiones políticas que determinan la distribución de la renta, de la evolución de la productividad, del empleo, de los salarios y de cómo se financie. Lo que hay que hacer es blindarlo frente a quienes, como en Chile, quieren convertir nuestras pensiones en un negocio privado. El 29 de noviembre también se decide eso. Vox lo ha dicho sin rodeos, y el PP lleva años abonando el terreno con incentivos fiscales a los planes privados, con discursos sobre la quiebra del sistema y con la idea de que las cotizaciones son un capital individual.


Juan Torres López

En plena precampaña de las elecciones del 29 de noviembre, la derecha española ha vuelto a poner sobre la mesa una vieja receta: sustituir, en todo o en parte, el sistema público de pensiones basado en la solidaridad por la capacidad que cada persona tenga de ahorrar a lo largo de su vida laboral.

El responsable económico de Vox, José María Figaredo, ha afirmado que el sistema público de pensiones, que paga cada mes a unos diez millones de personas, “es un zombi” y “está quebrado”. Su receta es la reforma hacia un modelo mixto que combine el reparto con la capitalización individual. No es solo una propuesta. El Partido Popular lleva años preparando el terreno para que se lleve a cabo. En 2014, Esperanza Aguirre defendió ante la convención nacional del PP que las cotizaciones se considerasen un capital que pertenece a cada trabajador, compatible con los criterios de capitalización de las compañías de seguros. El Gobierno de Rajoy optó por el camino gradual de estimular los planes privados con ventajas fiscales y facilidades de rescate. Formas distintas, más bruscas o más suaves, de ir en la misma dirección, la de trasladar la jubilación desde un derecho colectivo hacia el ahorro individual invertido en los mercados financieros. Aunque hay que señalar por pura honestidad que esta idea no es patrimonio exclusivo del PP y de Vox. Es, en realidad, el programa de la derecha económica, de la banca y de sus centros de estudio y, a veces, ha encontrado acomodo en el propio PSOE. Fue un Gobierno de Felipe González el que reguló en 1987 los planes y fondos de pensiones privados y el ministro José Luis Escrivá, ya con Pedro Sánchez de presidente, fomentó en 2022 una ley para impulsar los planes de pensiones de empleo con fondos de promoción pública.

Por eso es muy importante entender que, detrás de esa expresión amable de “modelo mixto”, hay un cambio radical que pone en peligro el bienestar de las personas que se jubilan sin disponer de grandes patrimonios.

En un sistema de reparto, como el español, las cotizaciones de quienes trabajan hoy pagan las pensiones de quienes están jubilados. La pensión es un derecho reconocido por ley y garantizado por el Estado y su cuantía se conoce de antemano porque depende de lo cotizado y de los años trabajados, no de lo que pase en la Bolsa. En un sistema de capitalización, por el contrario, cada trabajador ahorra en una cuenta individual y una gestora privada invierte ese dinero en los mercados financieros. La pensión que reciba cuando se jubile no está asegurada, sino que será lo que haya en la cuenta el día de la jubilación, sea mucho o poco, según la evolución de la inflación y los mercados financieros.

Quienes defienden la capitalización para evitar, según dicen, la insostenibilidad de las pensiones públicas, siempre omiten lo fundamental: es un sistema mucho más inseguro, menos rentable, más peligroso y, sobre todo, perjudicial para las rentas más bajas.

No es verdad que la capitalización resuelva el problema que dice resolver, el de la insostenibilidad de las pensiones públicas por razones demográficas, porque “en el futuro habrá muchos viejos y pocos trabajadores cotizando”.

Las pensiones, se financien como se financien, siempre se pagan con lo que se produce cada año. Un fondo privado no guarda pan ni medicinas para dentro de cuarenta años: guarda acciones y bonos que habrá que vender cuando llegue la jubilación. Y, si de verdad hubiera menos trabajadores produciendo y menos ahorro, también habría menos compradores para esos activos que quienes se vayan jubilando tendrán que vender para obtener dinero líquido. Si las pensiones públicas estuvieran amenazadas por un problema demográfico exactamente igual lo estarían los fondos privados.

Además, los fondos privados de pensiones rinden mucho menos de lo que prometen. Según los datos de INVERCO que analiza el catedrático de Hacienda Pública Ignacio Zubiri, los fondos españoles con 25 años de antigüedad apenas han logrado una rentabilidad real del 0,42% anual. Como ha señalado Zubiri, “bajo supuestos razonables, ahorrando durante 20 años el 10% de su salario, el trabajador obtendría una pensión que no llegaría al 10% de su último salario. Y con 30 años, su pensión no llegaría al 15% de su último salario”.

Los fondos de pensiones privados también son extraordinariamente inseguros. Si los mercados caen, como en 2008 y en otras muchas ocasiones, la pensión privada se hunde. Se volatiliza total o parcialmente. Aunque la gestora, eso sí, cobra siempre.

Tampoco dicen quienes defienden el tránsito a la capitalización que el cambio que habría que hacer desde el sistema actual es carísimo. Tanto, que se puede decir que es inviable hacerlo. Habría que seguir pagando las pensiones de reparto mientras las cotizaciones se iban desviando a cuentas privadas, de modo que una generación tendría que pagar dos veces.

Por supuesto, se omite también que los sistemas de capitalización multiplican la desigualdad. Las personas con salarios bajos, en situación de precariedad, quienes hayan tenido carreras interrumpidas y, sobre todo, las mujeres arrastran esa desventaja hasta la vejez sin ningún mecanismo solidario que las compense.

¿Por qué entonces se defiende que se pase a un sistema de pensiones privado que tiene muchos más defectos objetivos, peligros financieros e inconvenientes que el sistema público? La respuesta es sencilla: transferir al sector financiero la gestión de la enorme masa de ahorro y dinero que suponen las pensiones públicas es un negocio gigantesco. Nada de lo anterior es teoría. En Chile hicieron todo esto y lo que allí ha ocurrido es lo que debe tomarse como referencia y aviso a navegantes.

La dictadura de Pinochet impuso en Chile, en 1980, la capitalización individual a través de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP). Aunque, significativamente, hubo dos colectivos a los que dejó fuera del experimento y que conservaron el viejo sistema público: los militares y los policías. Los arquitectos del modelo sabían bien cuál de los dos sistemas era mejor.

Los resultados después de varias décadas confirman el diagnóstico y lo ocurrido justo este año lo resume todo. Las siete AFP, que controlan activos por unos 229.000 millones de dólares y son la única fuente de ahorro para la jubilación de la mayoría de los chilenos, se lanzaron en los dos últimos años a comprar productos financieros que les darían beneficios si los tipos de interés estadounidenses seguían bajando. Pero ocurrió lo contrario y han registrado pérdidas que rondan los 7.700 millones de dólares. El golpe más duro lo recibió el fondo más conservador, el que se recomienda a quienes están a punto de jubilarse, y lo que perdieron no se evaporó: lo ganaron bancos como Société Générale, Bank of America o BNP Paribas.

La reacción de los responsables del fiasco tampoco tiene desperdicio. El presidente de la patronal de las AFP se negó a hablar de pérdida y la llamó “valorización económica del fondo”, y un consejero técnico de la propia Superintendencia propuso como remedio que quienes estén a punto de jubilarse aplacen su retiro hasta que el mercado se recupere.

Y Chile no es una excepción desafortunada. La Organización Internacional del Trabajo ha documentado que, de los treinta países que privatizaron total o parcialmente sus pensiones entre 1981 y 2014, dieciocho tuvieron que revertir la reforma, entre ellos Argentina, Hungría, Polonia y Bolivia.

Es mentira que el sistema público de pensiones esté quebrado. Su sostenibilidad depende de decisiones políticas que determinan la distribución de la renta, de la evolución de la productividad, del empleo, de los salarios y de cómo se financie. Lo que hay que hacer es blindarlo frente a quienes, como en Chile, quieren convertir nuestras pensiones en un negocio privado. El 29 de noviembre también se decide eso. Vox lo ha dicho sin rodeos, y el PP lleva años abonando el terreno con incentivos fiscales a los planes privados, con discursos sobre la quiebra del sistema y con la idea de que las cotizaciones son un capital individual.

Y si alguien tenía dudas, las ha despejado uno de los grandes altavoces mediáticos de la derecha. El director de OkDiario, Eduardo Inda, comentaba en el programa Milenio las declaraciones de la portavoz parlamentaria del PP, Ester Muñoz, que había puesto en duda el futuro del sistema público, y pidió silencio: “Cállate con las pensiones, que es un tema sensible”. “Que hablen –dijo– el 30N o cuando ya estén formando gobierno”. No le pidió al PP que garantizara las pensiones, sino que no hablara de ellas hasta que los votantes ya no pudieran tenerlo en cuenta. Esto es lo que está en juego en las próximas elecciones.

CTXT DdA, XXII/6499

DESAHUCIOS: ASÍ TRATÓ CÁRITAS A UN ANCIANO DEL BABRIO DE TETUÁN SEGÚN UMBRAL

El cantaor y escritor granadino Juan Pinilla, a quien admiramos, ha tenido la amabilidad de recordarnos al olvidado columnista Francisco Umbral durante su último periodo como tal en el diario El Mundo (Los placeres y los días)), después de que lo fuera durante muchos años en el diario El País. El escritor vallisoletano publicó en el citado periódico el 29 de diciembre de 1989 el artículo que sigue, titulado Cuento de Navidad, sobre un tipógrafo al que Cáritas estaba acosando para que desalojara la vivienda que ocupaba en el barrio madrileño de Tetuán de las Victorias, propiedad de la mencionada y caritativa organización católica: 

Eugenio Villaverde Lara, viudo, tipógrafo que fue, de 85 años, vecino de Jerónima Llorente, en Tetuán de las Victorias, está siendo acosado por Cáritas, la organización religiosa que preside monseñor Suquía, para que abandone el piso que ocupa desde hace cincuenta años, guerra civil incluida, porque el inmueble es ahora de dicha organización y quieren hacer allí una residencia de ancianos.
Pretenden deshacerse de un viejo real, factual, fatal, que está ahí, por remediar a unos viejos hipotéticos en el futuro. Pero uno piensa que más vale viejo en mano que ciento volando. Por navidad es que siempre está pasando un cuento de navidad. Esta casa se la compró Cáritas a la propietaria del inmueble, ya fallecida, por poco dinero y muchas bendiciones, informa Interviú. Ahora quieren comprar los pisos a los inquilinos por escaso dinero, y Eugenio Villaverde dice que ni siquiera llegan a lo ofrecido en principio. Eugenio Villaverde gasta un rostro enérgico y cansado, finas manos de tipógrafo, corazón broncopático, bufanda color teja, próstata (o sea que padece), hipertensión, chaqueta príncipe de Gales, muy aparente, y pantalón de pana.
Como no puede subir las escaleras del juzgado, le hacen los interrogatorios dentro de un coche, en el paseo del Prado. La otra parte contratante de la primera parte, o sea monseñor Suquía, en cambio, no se digna presentarse a las citas judiciales. Suquía es experto en finanzas eclesiásticas y hasta tiene una cartera económica en el Vaticano, pero en el proceso no figura su carnet de identidad «por razón de su cargo».
Los arcángeles tampoco presentan carnet de identidad, que son espíritus puros y de sexo no bien definido en Trento, en Nicea o donde fuera eso.
Este cuento de navidad, entre Dickens y Buero Vallejo, con algo de «Historia de una escalera», o sea de sainete negro (espero que el maestro Berlanga haga una película sobre el tema, antes de que se la hagan sus recientes imitadores), tiene detrás toda una lóbrega y complicada historia de hipotecas, detectives, párrocos y miseria. Eugenio Villaverde tiene el piso muy apañado, para ser un hombre solo y viejo, con azulejos crema, ventanas verdes, fregona y detergentes de la televisión. O sea que existe, es un personaje de sainete/cuento, ya digo, pero en vivo. Cáritas, en cambio, funciona legalmente como «Persona Moral», o sea espíritu puro. Esto es la lucha del hombre contra las instituciones/abstracciones, una cosa kafkiana.
Eugenio Villaverde, sí, es un Kafka de la tercera edad perdido entre las páginas de «El proceso», y hasta parece de la película de Orson Welles ese interrogatorio dentro de un automóvil por las voces/portavoz del Ausente sin identidad (ni carnet de), que encima sólo es una «Persona Moral». ¿Acaso Eugenio Villaverde es una persona inmoral? Bueno, pues esta es la Cáritas que hace poco le hizo movida a Matilde Fernández por «discriminarla» en sus asistencias sociales. Cuando la realidad coincide fantasmalmente con la fábula negra y la leyenda negra (sobre todo la Leyenda Negra), el cronista de lo que pasa apenas tiene nada que decir.
Si el barón von Thyssen hace realidad los cuentos de hadas, a Suquía parece que se le dan mejor los cuentos de navidad, sólo que en vivo, en crudo, en pobre, con pobres y ancianos de verdad, que tienen carnet de identidad y próstata (seguro que las Personas Morales no, que eso no viene en Santo Tomás).
Eugenio Villaverde Lara, de 85, tipógrafo y viudo, que está del corazón y de la próstata, no se sabe protagonista de Dickens, pero le da que el cuento acaba mal. En tanto, ya digo, el piso lo tiene muy curioso.

DdA, XXII/6499

viernes, 16 de octubre de 2026

FRENTE AMPLIO Y FRENTE ESTRECHO


 

La unidad es el arma del pueblo, pero hay quien, en nombre de la izquierda, la dinamita. No se puede construir el llamado "frente amplio", sin contar con las organizaciones sociales, sindicales, políticas y con la participación de la sociedad civil mediante su voto. Porque así lo que se construye es el frente estrecho*. Diego Cañamero

*Si en horas se acuerda ofertar una sola papeleta de izquierdas, no sólo se optimizarían escaños, también se movilizaría mucha abstención. Coincido plenamente con mi estimado Javier Batanero.

DdA, XXII/6498

EL DISCURSO Y EL MÉTODO DE FEDERICO JIMÉNEZ: DEL INSULTO A LA PARODIA


La agresividad cumple una función persuasiva y sirve para construir la figura del comunicador. Lo que parece un hombre que pierde los estribos es, en buena medida, un método. En realidad, una pose muy estudiada. La primera estrategia convierte la opinión en certeza. Afirmaciones categóricas, repeticiones enfáticas, ningún matiz. De ese modo, el comentario suena a sentencia. Lo que cuenta es decir la interpretación con tanta rotundidad que cualquier objeción parezca inútil, aunque no se haya probado nada. El oyente se lleva un diagnóstico cerrado y, en un mundo confuso, eso tranquiliza. Siempre hay alguien que sabe quién tiene la culpa. Y casi nunca es el que habla. La segunda estrategia es la descalificación, que va del insulto directo a la ironía, de la parodia a la caricatura.

Justo Serna

España es un país en el que siempre hay alguien dispuesto a explicar lo que acaba de ocurrir, lo que está pasando y, sobre todo, lo que pasará. Hay un hombre en España que lo hace todo…Da igual que los hechos sean confusos, que falten datos o que los pronósticos de ayer se hayan venido abajo esta misma mañana: el opinador profesional siempre tiene una respuesta. Y cuando no la tiene, le queda algo todavía más útil, una opinión.
Antonio Villarreal ha dedicado a este conglomerado de emisoras, platós y redes un libro, ‘Tertulianos. Un viaje a la industria de la opinión en España’ (2026). Es útil, y conviene leerlo con la radio apagada, prestando atención.
Durante quince días de enero y febrero de 2025, mientras llevaba a su hija al colegio, Villarreal fue anotando en una hoja de cálculo los nombres de los tertulianos que oía al saltar de una cadena a otra, de un programa a otro, dirigidos por Carlos Herrera, Àngels Barceló, Carlos Alsina, Federico Jiménez Losantos.
En esRadio la tarea era sencilla. Allí, observa Villarreal, la tertulia suele ser un largo monólogo del presentador que los colaboradores interrumpen de vez en cuando alzando la voz “como pistoleros disparando al mar”. La imagen es espléndida. No sabemos si esos pistoleros quieren abatir algún pez, hacerse notar o comprobar que el revólver todavía funciona. Da lo mismo: el dueño del barco sigue al timón, y hablando.
El inventario de Villarreal llegó a 314 tertulianos, casi tantos como diputados tiene el Congreso, con la ventaja de que a estos no hace falta votarlos. Es mucha gente para un país que no siempre parece tener tantos asuntos nuevos que discutir. Detrás de esa abundancia hay un cambio en el oficio. Investigar exige tiempo, dinero y comprobaciones. Opinar sale barato.
La tertulia llena horas de programación y convierte cualquier suceso en una ronda de interpretaciones. La radio asentó el género en la Transición, la televisión le añadió bronca y teatro, y las redes han hecho que la conversación no se acabe nunca.
En esa industria, Losantos es el caso más visible de un comunicador cuya personalidad se ha convertido en el producto. La biografía ayuda a entenderlo. Fue militante comunista de orientación maoísta antes de pasar al ultraliberalismo y a la derecha más dura. En 1981 sufrió un atentado de Terra Lliure, y desde entonces no ha dejado de pelearse con políticos y periodistas, incluidos algunos que antes fueron de los suyos.
Esa trayectoria forma parte del personaje tanto como sus opiniones, igual que su facilidad de palabra, su cultura, su rapidez en la réplica y una afición a la invectiva que, delante del micrófono, encuentra pocos frenos.
Su discurso cabe en un espacio ideológico reconocible, pero no habla como portavoz de ningún partido, y sus choques con dirigentes del PP o de Vox alimentan entre sus seguidores la imagen de un periodista que no se pliega ante nadie.
Para saber cómo funciona ese lenguaje hay que acudir a la tesis doctoral de José M. López Martín, ‘La descortesía en el lenguaje radiofónico. El discurso de Federico Jiménez Losantos’ (2011).
Sobre un corpus de intervenciones emitidas entre 2007 y 2011, que cubre sus últimos años en la COPE y los primeros en esRadio, López Martín identifica cuatro estrategias: intensificar la opinión, descalificar al adversario, imponerse al oyente y expresar el desacuerdo de forma radical.
Su conclusión es que la agresividad cumple una función persuasiva y sirve para construir la figura del comunicador. Lo que parece un hombre que pierde los estribos es, en buena medida, un método. En realidad, una pose muy estudiada.
La primera estrategia convierte la opinión en certeza. Afirmaciones categóricas, repeticiones enfáticas, ningún matiz. De ese modo, el comentario suena a sentencia.
Lo que cuenta es decir la interpretación con tanta rotundidad que cualquier objeción parezca inútil, aunque no se haya probado nada. El oyente se lleva un diagnóstico cerrado y, en un mundo confuso, eso tranquiliza. Siempre hay alguien que sabe quién tiene la culpa. Y casi nunca es el que habla.
La segunda estrategia es la descalificación, que va del insulto directo a la ironía, de la parodia a la caricatura.
López Martín se detiene en el humor, quizá el rasgo más característico de Losantos. La burla ataca y entretiene a la vez. El político se convierte en un personaje ridículo, reconocible por sus defectos y contradicciones, y el oyente se suma con una sonrisa cómplice.
El chiste suaviza la imagen del que habla sin restarle un gramo de violencia a lo que dice. El rival sale empequeñecido y el locutor luce su ingenio para el ultraje.
Hay en la tesis de López Martín un ejemplo muy revelador. En enero de 2011, Losantos afirma que el PSOE no tiene cabeza y finge adelantarse a la objeción de algún oyente: ¿tendrá al menos corazón? Responde con una risa sardónica y despacha la pregunta.
Nadie le ha llevado la contraria. Él solo imagina la discrepancia para finalmente formularla y liquidarla. Toda la conversación ocurre dentro de su propio discurso.
Los colaboradores pueden seguir disparando al mar: Losantos tiene hasta adversarios imaginarios para mantener vivo el combate. Y, como es natural, siempre les gana.
La imposición, tercera estrategia identificada, se sirve de imperativos, exhortaciones, preguntas retóricas y apelaciones directas que colocan al periodista por encima de quien le escucha.
El desacuerdo radical, la cuarta, va más allá de rebatir argumentos y pone en duda la credibilidad, la capacidad o incluso la legitimidad del contrario.
El debate se desplaza así de los hechos a las identidades, y los errores del otro pasan a explicarse por su naturaleza política o moral.
López Martín aporta aquí una distinción importante. En su corpus, los ataques a socialistas y a ciertos nacionalistas apuntan a su identidad política, mientras que las críticas al PP se dirigen sobre todo a decisiones, errores o carencias concretas.
A los primeros se les atribuyen defectos de fondo, una mala índole. A los segundos se les reprocha, muchas veces, falta de firmeza.
Esa asimetría, documentada para aquellos años y, a mi juicio, más acusada hoy, explica que la crítica a los propios refuerce la identidad ideológica en vez de debilitarla.
Losantos puede atacar a dirigentes conservadores y presentarse a la vez como guardián de unos principios que ellos habrían traicionado.
Este discurso funciona, en parte, porque convierte la indignación en una experiencia compartida. Quien sintoniza a Losantos no siempre busca información nueva. A menudo quiere escuchar a alguien decir, con más gracia y más saña, lo que él ya piensa.
El locutor pone palabras a un malestar previo y hace de la irritación de este o de aquel una comunidad de oyentes, unida por la familiaridad de una voz, la repetición de ciertos agravios y el gusto de ver ridiculizado al adversario. La indignación tiene además una ventaja comercial: se renueva cada mañana, como el pan.
Funciona también la promesa de contar lo que otros callan. Los programas más combativos construyen su autoridad denunciando a unos medios supuestamente sometidos al poder.
Así, un comunicador instalado en una empresa radiofónica, con audiencia fiel y enorme presencia pública, puede presentarse como voz de la resistencia frente al sistema. La resistencia, eso sí, con calefacción y horario fijo.
Esa posición no tiene que ser del todo falsa para resultar eficaz: basta con que el público vea en ella una independencia que echa en falta en otros sitios. En el caso de Losantos, las broncas con la propia derecha la refuerzan.
Nada de esto convierte toda opinión conservadora en propaganda, ni a todos sus oyentes en partidarios de sus excesos.
Pero la repetición de argumentarios, la selección interesada de los hechos y la fabricación de enemigos colectivos favorecen una lectura cerrada de la realidad. El problema empieza cuando los hechos ya no sirven para contrastar las opiniones, solo para confirmarlas.
Por eso, el éxito de Losantos no se explica solo por sus ideas. Lo singular es la mezcla de ideología, carácter y espectáculo: una función diaria de sátira, ultraje, certeza y confrontación con el locutor en el centro del escenario. Sus oyentes no sintonizan únicamente para saber qué ha pasado, sino para oír qué dice Federico de lo que ha pasado. La noticia pone el argumento del día, pero el protagonista es quien la cuenta.
Leídos juntos, el libro de Villarreal y la tesis de López Martín muestran que la rudeza verbal puede ser un oficio, una marca y una forma de entretenimiento.Conviene, con todo, no sacar conclusiones apresuradas. Gritar no hace falsa una opinión, como hablar bajo no la hace verdadera, y que un periodista tenga convicciones fuertes, use la sátira o se enfrente al poder no tiene nada de reprochable.
Lo reprochable es confundir la eficacia retórica y la invectiva con el conocimiento. Un argumento puede ser brillante y estar equivocado. Igual que una caricatura puede ser divertida y, a la vez, injusta. Ridiculizar al adversario nunca ha servido para quitarle la razón.
Vuelvo a los pistoleros de Antonio Villarreal. Mientras Losantos sigue con su monólogo, los colaboradores disparan de vez en cuando al mar.
Los disparos hacen ruido, agitan la superficie y entretienen al público. Cuántos dan en el blanco, nadie lo sabe. Quizá lo grave no sea que en España se hable demasiado, sino que hayamos acabado confundiendo la contundencia de las palabras ultrajantes con la solidez de las razones. Y algo más: entre tantos dispuestos a explicarnos el mundo, cuesta cada vez más distinguir a quienes tienen algo que contar de quienes solo necesitan seguir hablando. O insultando.

DdA, XXII/6498