martes, 27 de octubre de 2026

DOS CLAVES: LA MANO IZQUIERDA DE LULA Y SU MOVILIZACIÓN DIGITAL


Lazarillo

Una de las enseñanzas relevantes que para la izquierda y el progresismo en general ha significado la victoria de Lula da Silva en la segunda vuelta de las elecciones brasileñas, ha sido la movilización digital encabezada por André Janones, un diputado apenas conocido cuya estrategia digital marca un antes y un después en la campaña electoral de aquella república. Su trabajo al frente del canal Ejército de Lula ha sido decisivo para el triunfo final, partiendo además de una derrota en la primera vuelta. El canal, creado para centralizar las instrucciones dirigidas a los simpatizantes en internet, logró un alcance masivo, superando los 10 millones de seguidores. A través de esta plataforma, Janones diseñó “misiones” diarias que incluían la difusión de videos, el impulso de hashtags de crítica a Flávio Bolsonaro y la realización de búsquedas específicas en Google, tratando de inclinar la balanza a favor del líder del Partido de los Trabajadores (PT). Me dicen que en el Partido Socialista de España se trabaja apresuradamente estos días en esa misma línea de comunicación. A Lula le favoreció, además, un adversario tan torpe que pretendió menospreciar los nueve dedos del reelecto presidente, aunque en torpeza la derecha española ande casi a la par, quizá porque cada vez se acaba de creer menos lo que las encuestas registran hasta ahora.

DdA, XXII/6606

GIJÓN HOMENAJEA A GARCÍA LORCA MESES DESPUÉS DE SU ASESINATO


Félix Población

Es muy probable que después del asesinato en su Granada del poeta Federico García Lorca por los sublevados en 1936 y una vez se tuvo noticia del mismo en la España leal a la República, el homenaje de la villa de Gijón al autor de Yerma haya sido de los primeros que se celebraron en nuestro país. 

Para tener noticia del mismo, he recurrido una vez más a Luis Miguel Piñera, cronista oficial de la ciudad asturiana, que me ha aportado la correspondiente documentación periodística al respecto. Se trata de la información publicada por los diarios Avance y CNT, ambos publicados en Gijón, entre los días 12 y 14 de enero de 1937, cuando el Grupo de Ensayos Teatrales del Ateneo Obrero puso en escena en el teatro Robledo dos actos de las obras dramáticas de García Lorca Mariana Pineda y Bodas de Sangre. Previamente, el recitador Luis Iniesta leyó el poema que Antonio Machado dedicó a Federico ante el tenso silencio del respetable. 

El éxito superó todas las previsiones, leemos, ante la interpretación de Quetina Robles, Ángeles Simón, Iluminada Carrillo (desconocemos si era familia de Santiago Carrillo, natural de aquella villa) y Fernando U. Castejón. En el homenaje celebrado también intervino el poeta gijonés Luis A. Piñer (1910-1999), amigo de García Lorca, que ofreció una conferencia sobre la obra lorquiana, y el sexteto musical Astoria con fragmentos de obras de Albéniz y Granados. 

En la nota redactada por el diario socialista Avance, dirigido por Javier Bueno (fusilado después por la dictadura en 1939), leemos lo que sigue: "García Lorca, Federico García, cayó asesinado por plomo de traidores, cara a la luz de la madrugada y ante la tapia de blanco enjalbegado meridional. Ayer fue su homenaje, homenaje del pueblo asturiano a su memoria, que perdurará siempre como símbolo. Para baldón de sus asesinos y ejemplo de los artistas dignos que ha de parir la sociedad nueva, digna y culta que estamos gestando en los campos de batalla".

Nadie imaginaba posiblemente entonces que en esa misma ciudad, unos años después, Gijón homenajearía a Hitler y a la Legión Cóndor que bombardeó durante la guerra aquella villa, desde agosto de 1936 a unos días antes de su ocupación por los sublevados en octubre de 1937.

DdA, XXII/6606

LA "COMILONA" DE PEDRO SÁNCHEZ

  

Ana Cardo 

Poco que añadir a lo que comenta mi estimado Melquiades García a propósito del titular con el que el diario La Nueva España (edición Gijón), perteneciente a Prensa Ibérica, resume la comida de Pedro Sánchez en Asturias con motivo del multitudinario mitin que encabezó en Gijón. Parece más propio de aquella prensa ultramontana que se estilaba en nuestro país hace muchos años, cuando con el término "comilona" se venía a desprestigiar no sólo a los políticos (en este caso a Pedro Sánchez) sino a la propia política como actividad mediante la que se perseguía exclusivamente el medro y el engorde propios. Quiero pensar que, de ser cierto tal titular en un primera edición, el citado diario lo haya rectificado (por bochornoso) en cuanto asomó a la luz pública y corrió por las redes. De no ser así, debería al menos La Nueva España, diario independiente, redactarlo del mismo modo la próxima vez que la familia real, tan idolatrada por ese medio cada vez que hay ocasión, o los políticos de la derecha satisfagan su apetito en alguno de los sabrosos comedores que ofrecen su suculento yantar en aquella hospitalaria tierra*.

*Me dicen desde Asturias que este sesgo en los titulares de LNE no es de ahora, sino que caracteriza al periódico. 

DdA, XXII/6606

GRITOS CON CITA Y GLOSA (XCIX): DE LA SOLIDARIDAD COMO REFUGIO URGENTE O QUÉ ES EL PUEBLO


José Ignacio Fernández del Castro

«—¿Qué tenías que ver con el pueblo?. Al pueblo le gusta Chaikovski. (Digo lo que no quiero decir. ¡Calla, Rosa María, por lo que más quieras!)
—¿Con el pueblo?. Aunque te extrañe, todo.
—¿Qué es el pueblo?.
—La gente que Dios ha puesto sobre la tierra.
—¿Crees en Dios?.
—No. No en el que tú crees.
—¿Entonces en cuál?.
—En ninguno y en todos. Defendemos a los que nada tienen contra los que lo poseen todo.
—¿No te parece muy elemental?.
—Lo es. Pero esto es precisamente lo que nos empujó a todos: lo elemental, lo primario, lo evidente, lo legítimo, lo auténtico, el arranque. Tuve confianza.
—¿En qué?.
—En mí.
—¿No la tenías antes?.
—No.
La mira, los ojos en los ojos.
—Me crecieron raíces.
—Y te hiciste comunista.
—Sí.
Se extraña de que no le tome la mano, sentados, ni el brazo por la calle; de que no hiciera intento de besarla. ¿Lo desea?. Dícese que no.
—¿Y qué esperas de toda esta matanza?.
—De la matanza, como es natural, nada. Pero estamos luchando por, por… un poder creador.
—¿Qué es eso?.
—No es fácil describírtelo. La esperanza…
—¿De que les guste a todos Stravinski o Ravel?.
—Es una buena definición para una alumna del Conservatorio.
—Así, ¿bien separados el bien y el mal?.

—No me hagas más tonto de lo que soy.»
Max AUB MOHRENWITZ (París, Francia, 2 de junio de 1903 – Ciudad de México, México, 
22 de julio de 1972): Campo del Moro –El Laberinto Mágico V- (1963).

Vivimos tiempos confusos en los que el repliegue de la razón de la igualdad (de la igualdad material mínima, que la formal máxima poco les cuesta “concederla” a los amos del mundo) ha dejado el campo libre al discurso ufano de la competencia (y hasta de la exclusión de los débiles)... El impulso de lo que Adam Smith llamara sano egoísmo como motor de un crecimiento económico que siempre aplaza el problema de la justicia distributiva en aras de la acumulación, ha arrasado con todo y ha configurado un imaginario colectivo en el que cualquier apuesta igualitaria o comunitarista aparece como una simplificación trasnochada, como una tontería maniquea, casi como un exabrupto...
Pero el caso es que el presente sometimiento gozoso (y bien remunerado) de las burocracias estatales y las castas políticas que las gestionan al servicio de los intereses de los amos del mundo (ejerciendo, pues, una especie de plutocracia delegada), garantiza (o trata de garantizar) la implantación política de dicho imaginario (a fin de cuentas, el más sofisticado producto del capitalismo es el pobre de derechas)… Aunque choque frontalmente con una situación en la que las diferencias en la participación en la riqueza aumentan cada día entre los seres humanos, haciendo más ricos a los menos y más miserables a los más.
Así que, aún sin saber muy bien qué es ya eso que llamábamos el pueblo, la cosa comienza a no colar... Y la cohesión social misma ya está en juego, frenada tan sólo por las redes de solidaridad horizontal renacidas más allá de los arbitrios de los Estados y las inercias residuales del espejismo del bienestar.

DdA, XXII/6606

lunes, 26 de octubre de 2026

LA BOLA BLANCA



Félix Maraña

La vida de Federico García Lorca (1898-1936) no fue lúgubre, oscura o negra, como se pregona con harta insistencia. Fue la de un hombre feliz, creativo y genial, que buscó la libertad personal, luchando contra las ataduras morales y sociales de su tiempo. Pero fue uno de los pocos españoles que disfrutó de la educación, la cultura, los viajes, las vivencias en New York y es, como Cervantes, Unamuno o Machado, lo mejor del pensamiento en los dos últimos siglos.
Su obra intelectual, magnífica, a pesar de su juventud, perdurará por su lucidez y universalidad. Y su tragedia final, asesinado por la bestia, le hermana con cientos de miles de ciudadanos que en los dos últimos siglos han sido víctimas en España de la barbarie y el odio, alimentado por las corrientes ideológicas y religiosas a las que Lorca combatió pacíficamente con su inteligencia. No se lo perdonaron.
Unos le dicen héroe, otros, mártir, guía o ejemplo. Fue una persona a quien la historia le negó patria, libertad y horizonte. Pero yo me quedo con su obra y sus carcajadas, aquella alegría que endulzaba cualquier estancia y que, como me dijo un día Gabriel Celaya, compañero suyo en la Residencia de Estudiantes de Madrid, era una carcajada honda, limpia y productora de ecos lumínicos.

DdA, XXII/6506

ACEITUNERAS ANDALUZAS ASESINADAS

María Arriaza Calero

Félix Población

Miguel Hernández se refirió a los aceituneros altivos de Jaén en su conocido poema, que difundió y popularizó la voz de Paco Ibáñez. Fuimos muchos los que los descubrimos en nuestra adolescencia junto a la guitarra de quien es reconocido como pionero de la canción de autor en España. Hoy me he acordado de las aceituneras asesinadas en Sevilla, que también habrían podido merecer un poema del autor de Orihuela. El 24 de octubre de 1936, los sublevados contra el gobierno del Frente Popular de la Segunda República fusilaron en Sevilla a los 21 años de edad a María Arriaza Calero. Trabajaba en el campo como aceitunera y era militante de la UGT en la localidad de San Juan de Aznalfarache, su pueblo natal. Me acabo de encontrar con la belleza jovial de su rostro en una vieja fotografía. María fue detenida por las tropas franquistas por ser miembro del sindicato socialista y se la encarceló en el buque-prisión Cabo Carvoeiro, en el puerto de Sevilla, hasta la fecha de su ejecución. Este barco de vapor fue cedido por la familia Ybarra al ejército golpista para internar a una media de 500 prisioneros republicanos cada día, muchos de los cuales fueron fusilados. A María Ariza la acompañaron el 24 de octubre de 1936 ante las tapias del cementerio de San Fernando ocho mujeres, todas ellas aceituneras del mismo pueblo de San Juan de Aznalfarache: Rosario González Rodríguez, Leonisa Panadero Maya, Francisca Porro Domínguez, Gabina Isabel Porro Domínguez, Victoria Quintanilla Muñiz, Josefa Romero Barberán, Guadalupe Sánchez López y José Tierno García. La orden de matar la dio Manuel Díaz Criado, segundo del general felón Queipo de Llano, cuyos restos mortales permanecieron en la basílica de La Macarena hasta 2022, mientras la tierra callada de Andalucía se quedó sin las manos y el sudor de esas aceituneras, a las que se pretendió enterrar en el olvido cuando contaban entre 14 y 43 años de edad y dejaron huérfanos a nueve hijos*.

*Vaya también, con ocasión del nonagésimo aniversario de aquellos asesinatos, un recuerdo solidario para los aceituneros y aceituneras del sur de Líbano, a quienes las tropas invasoras israelíes, al igual que vienen haciendo en Cisjordania e hicieron en Gaza, arrancan sus olivos para desarraigar a los campesinos de la tierra que les pertenece, dejando sembrados de explosivos de muerte los campos de aceituna, entre las centenarias raíces rotas. Lo ha contando Marta Maroto en su última crónica con la concisión y proximidad que la caracteriza.

DdA, XXII/6506

NETANYAHU EXPLOTA LA VIOLENCIA Y LA GUERRA CON FINES PROPAGANDÍSTICOS

 Con los comicios a sólo tres días y una acuciante necesidad de evitar la derrota para alejar la rendición de cuentas por sus actos de corrupción y su sospechoso manejo de los informes sobre el ataque del 7 de octubre de 2023, es evidente que Netanyahu explota la violencia con fines propagandísticos, sin reparar en el costo humano de su uso político de la guerra.


EDITORIAL

El viernes, dos soldados israelíes fueron asesinados y tres resultaron heridos cuando patrullaban la ciudad de Hebrón, parte del territorio palestino de Cisjordania ocupado de manera ilegal por Israel desde 1967.

Los dos presuntos atacantes fueron abatidos en el lugar. Tel Aviv no realizó ninguna investigación antes de usar el ataque como pretexto para recrudecer sus operaciones de limpieza étnica en toda Cisjordania: todos los habitantes del barrio donde ocurrieron los hechos fueron obligados a huir y el ejército de ocupación comenzó la demolición de edificios sin ninguna relación con el atentado, una forma de castigo colectivo codificada como crimen de guerra y llevada a cabo por Israel con total impunidad. Decenas de palestinos fueron secuestrados por los invasores y la ciudad entera fue sitiada.

El primer ministro israelí y prófugo de la Corte Penal Internacional, Benjamin Netanyahu, se apresuró a visitar el área, donde prometió lanzar una operación sobre Cisjordania a una escala que no se ha visto desde la Guerra de los Seis Días “en el momento en que determinemos”.

Asimismo, afirmó que los invasores destruirán los hogares de los palestinos –a los que se refirió como “infraestructura terrorista”– y construirán más de 100 nuevos asentamientos y más de 100 granjas. Las granjas no tienen un propósito productivo, son un mecanismo para arrebatar mayores extensiones de tierra a los palestinos. Fuentes del ejército colonial confirmaron que el objetivo es desplazar a los árabes y dejar que los colonos se expandan libremente.

El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, sostuvo que Israel actuará para destruir Cisjordania, dejando claro el “precio muy alto” de defenderse de la ocupación. Subrayó que los visto ayer es “apenas el comienzo”.

Las declaraciones de los gobernantes mencionados y de sus colegas en la clase política israelí sólo pueden leerse como la intención de elevar las operaciones genocidas en Cisjordania a la misma escala de terror alcanzada en Gaza. La referencia a la Guerra de los Seis Días resulta en particular ominosa.

Dicho conflicto, ocurrido entre el 5 y el 10 de junio de 1967, fue provocado por Israel con el designio de apoderarse de los territorios de Cisjordania, Jerusalén Este, la franja de Gaza, los Altos del Golán y la península del Sinaí. Con excepción de esta última, devuelta a Egipto en 1982, mantiene un régimen colonial sobre el resto.

Como ha hecho durante toda su historia, Tel Aviv aseguró que se trató de un acto de defensa propia ante un inminente asalto de sus vecinos, pero el peligro nunca existió.

Menájem Beguín (ministro sin cartera en ese momento y posterior primer ministro) admitió: “las concentraciones de tropas egipcias en los accesos del Sinaí no probaban que el presidente Gamal Abdel Nasser estuviera realmente a punto de atacarnos. Debemos ser honestos con nosotros mismos. Nosotros decidimos atacarlo”.

Isaac Rabin (jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas israelíes en 1967) reconoció: “No creo que Nasser quisiera la guerra. Las dos divisiones que envió al Sinaí el 14 de mayo no habrían sido suficientes para lanzar una ofensiva contra Israel. Él lo sabía y nosotros lo sabíamos”.

Además, los sucesos deben enmarcarse en una siniestra tradición política israelí: asesinar palestinos en las vísperas de elecciones políticas.

Con los comicios a sólo tres días y una acuciante necesidad de evitar la derrota para alejar la rendición de cuentas por sus actos de corrupción y su sospechoso manejo de los informes sobre el ataque del 7 de octubre de 2023, es evidente que Netanyahu explota la violencia con fines propagandísticos, sin reparar en el costo humano de su uso político de la guerra.

LA JORNADA  DdA, XXII/6506

sábado, 24 de octubre de 2026

AL FINAL DEL DÍA, LULA ES LA HUMANIDAD



Gabriel Boric

Mañana en Brasil se enfrentan dos proyectos de mundo muy distintos. Y en vez de referirme a Bolsonaro y lo que representa prefiero hablarles de Lula, de ese viejo lindo que con 80 años sigue luchando por y con todos nosotros.
Lula siempre te recibe con una sonrisa, y con toda la historia y experiencia que tiene, nunca deja de preguntar “cómo estás”. Pero lo pregunta en serio, no por una mera formalidad. De él aprendí que puedes no saber el nombre de una persona que te saluda, pero que siempre, siempre, tenemos que darnos el tiempo de mirar a los ojos. En esos segundos de conexión, cuando es genuina, se transmite un mundo. Y les prometo que mirando a los ojos del pueblo, como lo hace Lula, se aprende más de historia y de la vida que en cualquier doctorado.
Lula ha cambiado para mejor la existencia de mucha gente, y nunca está satisfecho porque sabe que se puede más. Que en un mundo más rico que nunca no podemos quedarnos tranquilos mientras siga habiendo pobres. También es claro en que hay que generar riqueza, y no olvida nunca, como obrero que es, que esa riqueza debe ser justamente distribuida y trabaja duro para ello.
Lula ha sido un guardián también del planeta, en especial de su pulmón más importante que es el Amazonas. Frente a la desforestación ha dicho basta, pero también ante la crisis climática se ha plantado frente a los países ricos a exigirles que son ellos los que más responsabilidad tienen.
Lula ha estado en la cárcel por persecuciones de diverso tipo, pero no guarda rencor, es un hombre de paz. Quizás eso lo aprendió del gran Pepe, que también fue su amigo. En cualquier caso me consta que a él lo mueve el amor, y no el odio.
Yo estoy agradecido de Lula porque ha sido generoso con nuestra generación, pero no solo enseñando sino que también dispuesto a aprender. Y siempre con cariño. Una vez me dijo que quería vivir hasta los 120 años, porque tenía mucha energía y ganas de compartir lo que hasta ahora le ha tocado. Yo le creo.
Mañana son las elecciones y espero de todo corazón que Lula gane. Porque al final del día, Lula es humanidad.
Con la esperanza intacta!

DdA, XXII/6505

TERTSCH, LA LÓGICA DEL SAVONAROLA: NADIE ES LO BASTANTE PURO

Ni siquiera la Corona ha escapado a sus admoniciones. Cuando en marzo de 2026 Felipe VI reconoció que durante la conquista de América hubo muchos abusos, Tertsch se declaró estupefacto. Le recordó al Rey que el verdadero abuso era el de un gobierno al que calificaba de criminal y contrapuso los excesos de la Conquista a la “colosal y gloriosa obra” de España. El monárquico que defendía la Corona frente a Iglesias acababa sermoneando al monarca. Es la lógica del predicador, del Savonarola: nadie es lo bastante puro. Ni siquiera el Rey, si se aparta de la ortodoxia que el predicador considera verdadera.




Justo Serna

La mutación
Lo primero que llama la atención en Hermann Tertsch es el exotismo de su nombre y apellido. Luego no hay tal cosa: nació en Madrid en 1958, hijo de Ekkehard Tertsch, periodista y diplomático austríaco afincado y casado en España, y de una madre perteneciente a la familia aristocrática de los Del Valle Lersundi. Un madrileño de Serrano con apellido de opereta vienesa.
Hoy se le conoce por sus bravuconerías, por sus machadas, por sus excesos de tertuliano y de tuitero, por su derechismo ufano. Por sus encontronazos con ese rojo llamado Wyoming. Y, desde 2019, por su escaño de Vox en el Parlamento Europeo, que ha convertido en púlpito, en barra de bar y en trinchera, según el día.
Lo vemos en televisión o en la pantalla del móvil y ya nos tememos el resultado. Su estilo bronco y achulapado es cargante, como cargante es la ira bíblica con la que se expresa. No siempre fue así. Experimentó una metamorfosis que, lejos de detenerse, ha seguido su curso durante casi dos décadas.
Aspecto de pijo siempre tuvo, eso es cierto, con sus ondas en el pelo y sus trajes de color beige. Pero el corresponsal culto y bien informado de otros tiempos ha dejado paso a un personaje atronador, convencido de que el mundo está lleno de enemigos y de que a él le corresponde denunciarlos.
¿Qué sucedió entre uno y otro? ¿Cambió de convicciones o llevó hasta sus últimas consecuencias ciertas inclinaciones que ya estaban presentes en su escritura?
El corresponsal
Insisto: no siempre fue así. Empezó en 1982 como corresponsal de la agencia EFE en Viena y pronto pasó a El País, donde alcanzó celebridad cubriendo la Europa Central y del Este.
Escribió varios libros valiéndose de esas experiencias. A comienzos de los noventa, sus vibrantes crónicas, tan diferentes del estilo frío de ‘El País’, y su apreciable cultura hicieron de él una voz atendible, autorizada. Llegó a ser jefe de Opinión y subdirector del periódico entre 1993 y 1996.
En principio, el lenguaje del reportero en activo tiende a ser imparcial, neutro y límpido. En la prosa del corresponsal Tertsch había una implicación subjetiva que fue creciendo conforme su apellido alcanzaba cierta fama y sus juicios encontraban lectores dispuestos a celebrarlos.
Eran chispazos que el reportero se consentía, valoraciones que los destinatarios le toleraban porque la caída del Muro de Berlín y sus efectos no podían dejar al cronista como mero observador. Había que explicar lo que ocurría, interpretar acontecimientos que parecían desmentir de un día para otro cuanto se había dado por seguro durante décadas.
El ojo de Hermann Tertsch fue para muchos lectores, durante más de un lustro, un lustro rápido y asombroso, una lente de aumento y, sobre todo, un análisis informado de lo que ocurría en el mapa.
Así, países insólitos, independencias sobrevenidas, matanzas inexplicables y personajes salidos de una película de espías o de gánsteres. Quien quiera medir la distancia entre aquel Tertsch y el de hoy no tiene más que releer aquellas crónicas. Eran de alguien que miraba antes de juzgar.
Pero acaso la distancia no sea tan grande como parece. En aquellas páginas había ya una concepción moralizante del periodismo, una voluntad de distinguir entre víctimas y verdugos, entre quienes defendían la libertad y quienes la amenazaban. No era necesariamente un defecto. La cuestión es qué sucede cuando esa disposición se independiza de los hechos y el juicio acaba precediendo a la observación.
El predicador
Los conflictos de los Balcanes y la impotencia o el cinismo de la Unión Europea radicalizaron y ensombrecieron la pluma de Tertsch. Sus crónicas y columnas se fueron convirtiendo en púlpitos o estrados desde los que enjuiciar o procesar a quienes consideraba enemigos de la humanidad o sus secuaces.
¿Quiénes eran esos enemigos? Los antagonistas temibles de la civilización, con un perfil cada vez más abstracto y mayúsculo: el Nacionalismo criminal, el Terrorismo homicida, el Fanatismo intolerante. Grandes abstracciones, como la Maldad, que él detectaba, percibía y diagnosticaba.
Al cabo de los años dejó de ejercer de corresponsal para escribir columnas propagandistas de opinión en la sección de Internacional. Era allí, en aquel espacio pequeño y privilegiado, adonde debía dirigirse quien quisiera hacerse una idea severa del estado del mundo.
La tarea de Tertsch ya no consistía principalmente en suministrar datos, noticias o informaciones, sino en evaluar con severidad, como un predicador.
Aprovechaba cualquier circunstancia periodística para defender a Dios —sí, así como lo leen— y para arremeter contra quienes lo negaban, sujetos perdidos, enfermos de relativismo o de pereza moral.
Durante meses se entregó a la defensa de Juan Pablo II, negando que el Papa tuviera algo que ver con ideologías ultramontanas. Después siguió su combate contra el paganismo, la impiedad, el ateísmo y la vida muelle de los occidentales.
Al convertir sus columnas en trincheras contra esos enemigos, empleaba la palabra como proyectil, pero también como banderín de enganche.
Abrazó la causa de lo políticamente incorrecto y comenzó a presentarse como alguien rodeado de envidiosos y adversarios, muchos de ellos entre los colegas progres de su propio periódico.
Aprobó a Bush, celebró a Juan Pablo II y defendió a Israel con un fervor que chocaba con posiciones frecuentes en la línea editorial de la casa. Su tono se hizo más agrio y grandilocuente.
Sin embargo, no se trataba únicamente de un cambio ideológico. También estaba modificándose su manera de intervenir en el debate público: cada discrepancia parecía exigir una respuesta moral y cada adversario corría el riesgo de convertirse en enemigo.
Al final, las cosas acabaron de manera previsible. En marzo de 2007 salió de ‘El País’ en medio de discrepancias con la línea editorial y presentó su marcha como una gran cacicada de Jesús de Polanco. Era el primer capítulo de un relato que ya no abandonaría, el del disidente perseguido.
El tertuliano
Tertsch recaló enseguida en ‘ABC’, y desde allí pontificó con más furor contra la izquierda, los socialistas, los ateos, los sindicalistas, los ecologistas, los socialdemócratas, los tibios. Contra los tirios y los troyanos. A la columna sumó las tertulias: Antena 3, Telemadrid, Canal Nou. Ya no era el corresponsal que contaba; era el contertulio que sentenciaba.
En 2008, en plena hegemonía de Esperanza Aguirre, Telemadrid le confió la dirección y presentación de ‘Diario de la noche’, el informativo nocturno que había dejado Fernando Sánchez Dragó.
La crítica televisiva recibió su estreno con sorna: nervioso, trabucado, envuelto en una chaqueta que le venía grande. Pero el puesto no era menor. La cadena pública servía entonces de ariete contra el Gobierno de Zapatero, y Tertsch se acomodó a aquella orientación sin esfuerzo aparente.
El comité de empresa llegó a cifrar en torno a un millón de euros la facturación vinculada a su trabajo para la televisión autonómica. Su paso por Telemadrid confirmó su acercamiento a las posiciones neoconservadoras y, sobre todo, la adaptación de su discurso a un medio en el que la contundencia y la provocación obtenían una recompensa inmediata.
En diciembre de 2009, a la salida de un local del centro de Madrid, se vio envuelto en un altercado. Él denunció haber sufrido una paliza y sostuvo que podía existir una motivación política. Las informaciones posteriores sobre la investigación apuntaron, en cambio, a una pelea sin ese móvil acreditado.
Tertsch grabó un editorial desde la cama del hospital y convirtió el episodio en materia de controversia pública. La escena parecía hecha a medida de su nueva personalidad mediática: el incidente se transformaba en agravio y el agravio en programa.
Dejó la dirección del informativo, pero no el discurso. Desde ‘ABC’, desde los platós y, cada vez más, desde Twitter, fue afilando una imagen que rozaba la caricatura. Llegó a augurar en Telemadrid que Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero matarían a gente si se dieran las condiciones.
Twitter le suspendió temporalmente la cuenta. En 2017, HazteOír le concedió un premio como defensor de las libertades frente a lo políticamente correcto, y él lo aceptó encantado. El tertuliano ya tenía su público; le faltaba un partido.
El eurodiputado
En abril de 2019 Vox lo incorporó a su candidatura para las elecciones europeas, y en julio comenzó su actividad parlamentaria. Fue vicepresidente del grupo de Conservadores y Reformistas Europeos, asumió responsabilidades en las relaciones internacionales de su partido y en junio de 2024 renovó el escaño. Desde entonces forma parte de Patriotas por Europa, grupo del que es vicepresidente.
El Parlamento Europeo recibía ahora al predicador con credenciales. La metamorfosis profesional había culminado: el periodista que opinaba se había convertido en el fanático que propaga.
No tardó en estrenarse. En enero de 2020, en vísperas de la investidura de Pedro Sánchez, escribió en Twitter que las Fuerzas Armadas debían aplicar el artículo 8 de la Constitución para interrumpir lo que calificaba de “un obvio proceso golpista”. Podemos e Izquierda Unida presentaron una querella ante el Supremo.
Su enfrentamiento con Pablo Iglesias venía de lejos y había tenido consecuencias judiciales. En 2019 fue condenado a indemnizar con 15.000 euros al padre del dirigente de Podemos por relacionarlo, mediante mensajes publicados en Twitter, con el asesinato de un policía en 1973. La Audiencia Provincial de Zamora confirmó la sentencia en septiembre de 2020.
No era el único litigio. Ese mismo año, el Tribunal Supremo confirmó otra condena, de 12.000 euros, por vulnerar el derecho al honor de la familia Iglesias mediante afirmaciones sobre el abuelo de Pablo Iglesias y su supuesta participación en crímenes durante la Guerra Civil. El alto tribunal consideró que aquellas imputaciones no habían sido contrastadas con la diligencia exigible. La historia, convertida en munición política, había acabado en los tribunales.
El repertorio parlamentario de estos años es largo y desigual. En diciembre de 2024, junto a Jorge Buxadé, protagonizó una protesta durante una intervención de Zapatero en la Eurocámara, acusándolo de proximidad al régimen de Maduro y exhibiendo carteles sobre María Corina Machado. Venezuela, Cuba y la Iberosfera son ya sus grandes causas exteriores. En 2022 el régimen iraní lo incluyó en su lista de sancionados, una decisión que Tertsch pudo exhibir como reconocimiento involuntario de su actividad política. El antiguo corresponsal de Europa Central y del Este había encontrado un nuevo escenario internacional, aunque ahora intervenía en él desde la militancia y no desde la crónica.
Ni siquiera la Corona ha escapado a sus admoniciones. Cuando en marzo de 2026 Felipe VI reconoció que durante la conquista de América hubo muchos abusos, Tertsch se declaró estupefacto. Le recordó al Rey que el verdadero abuso era el de un gobierno al que calificaba de criminal y contrapuso los excesos de la Conquista a la “colosal y gloriosa obra” de España.
El monárquico que defendía la Corona frente a Iglesias acababa sermoneando al monarca. Es la lógica del predicador, del Savonarola: nadie es lo bastante puro. Ni siquiera el Rey, si se aparta de la ortodoxia que el predicador considera verdadera.
Su instrumento principal ya no es la columna, sino X. La red social le permite una intervención constante, sin las demoras de la edición periodística ni las exigencias argumentales de una crónica. Allí puede responder a un adversario, denunciar una amenaza, celebrar una causa y descubrir una nueva traición en cuestión de minutos.
No es solo que Tertsch haya cambiado de ideas o que se haya desplazado cada vez más a la derecha. También han cambiado los medios en los que se expresa y el público al que se dirige.
La columna exigía cierta elaboración; la tertulia recompensaba la contundencia; X favorece la repetición, la reacción inmediata y la disputa permanente. En ese ambiente, el predicador ha encontrado una forma de multiplicar sus sermones.
Coda: el tonto perfecto
Hace unos años, en un brevísimo rifirrafe que tuvimos por escrito, me llamó tonto perfecto. Eso me dijo. Fue su principal argumento. Me quedé muy tranquilo. Ese diagnóstico tan certero me ahorró unos años de psicoanálisis. Imagino. Desde entonces he seguido su trayectoria con la curiosidad del entomólogo: del corresponsal al predicador, del predicador al tertuliano, del tertuliano al eurodiputado que interviene a todas horas en las redes sociales. Cada etapa ha añadido decibelios y ha restado matices. Lo que no ha cambiado, o acaso se ha ido acentuando, es la inclinación a convertir cada asunto en agravio y cada adversario en enemigo de la civilización.
Gracias, Hermann, hermano. Yo ya me he curado. Tú sigue, sigue con tu mala baba. Ahora, además, con dietas de Bruselas.

DdA, XXII/6505

SÁNCHEZ SE APUNTA A LA ESPAÑA DE LORCA EN GRANADA


Félix Población

Llevado por la actualidad del poeta asesinado en el verano de 1936, como consecuencia de un filme de cuestionable valor sobre la significación política del autor de La casa de Bernarda Alba y el entendimiento de la infausta guerra en la que fue ejecutado por los vencedores al cabo de un mes de conflicto (La bola negra), Pedro Sánchez no podía dejar sin consignar en su mitin de Granada la personalidad y la obra de Federico García Lorca. Bien traída sea siempre la poesía al atril de los mítines políticos -casi siempre huérfanos de versos-, máxime cuando desde la oposición reaccionaria se prodiga un retórica más bien burda y casi siempre muy torpe. El candidato a la Presidencia del Gobierno cuatro años más eligió además un excelente poema de las Nuevas canciones de Federico García. Lo transcribo porque personalmente le estoy muy agradecido a Pedro Sánchez, como admirador de la obra del poeta granadino, que después de la esperpéntica visita del presidente argentino a España vomitando agravios y volviendo a ofrecer una imagen bochornosa de sí mismo que ni han querido soportar presencialmente sus afines para no mermar sus expectativas electorales, haya recurrido a la poesía de Federico García Lorca para reconfortarnos de tanta politiquería ruin a base de invectivas e insultos. Ya sabemos que el líder del PSOE lo hace por apuntarse un tanto cultural de modo oportunista, pero como ha leído los versos hasta bien, pues hay que decirle que vale y que se repita, más que nada por la falta que nos hace siempre la cultura. La de la cultura era, al fin y al cabo, la España de Lorca, asesinada:

Dice la tarde: “¡Tengo sed de sombra!”
Dice la luna: “¡Yo, sed de luceros!”
La fuente cristalina pide labios
y suspira el viento.

Yo tengo sed de aromas y de risas,
sed de cantares nuevos
sin lunas y sin lirios,
y sin amores muertos.

Un cantar de mañana que estremezca
a los remansos quietos
del porvenir. Y llene de esperanza
sus ondas y sus cienos.

Un cantar luminoso y reposado
pleno de pensamiento,
virginal de tristezas y de angustias
y virginal de ensueños.

Cantar sin carne lírica que llene
de risas el silencio
(una bandada de palomas ciegas
lanzadas al misterio).

Cantar que vaya al alma de las cosas
y al alma de los vientos
y que descanse al fin en la alegría
del corazón eterno.

DdA, XXII/6505