lunes, 2 de febrero de 2026

DE LA SERIE "CON FRANCO SE VIVÍA MEJOR": EL ALBAÑIL QUE QUERÍA SER ESCRITOR


Paco Arenas
Reconozco —no lo voy a negar— que solo un loco puede soñar con ser escritor sin apenas haber pisado la escuela. Un iluso idealista, sí, de esos que sueñan con palabras que antes deben buscar en el diccionario, porque nadie se las enseñó. Un crío que terminó de cambiar los dientes cambiando lápices por callos.
Desde los once años trabajé de casi todo: repartía propaganda de discotecas y restaurantes por la mañana y por la tarde; luego, desde las seis de la tarde hasta la una o las dos de la madrugada, en una pista de Scalextric, y muchos días, en el tiempo libre, pintando camisetas, descargando cajas… y aun así, robaba minutos a la vida para leer.
Con trece empecé a «trabajar en serio», por decirlo de alguna manera, porque a esa edad lo serio debería ser crecer y estudiar, no doblar la espalda. En un hotel hacía jornadas que parecían castigos: de ocho de la mañana a diez u once de la noche, y si había entradas de clientes, también me quedaba por la noche. Mi trabajo era subir maletas por la escalera, mientras el director o el recepcionista subían por el ascensor. Aquello era una metáfora perfecta de España: unos cargábamos el peso y otros se ahorraban los peldaños.
En invierno era peor. Hacía hormigón, y entonces el hormigón se hacía a mano, como si fuera una penitencia. Subía carretillas que pesaban más que yo por rampas de tablones, o cavaba cimientos para chalets de lujo en Es Cubells, esa urbanización donde pasaban el verano estrellas del cine y la música: Brigitte Bardot, Úrsula Andress… No eran jornadas de ocho horas —ya hubiéramos querido—; eran de siete de la mañana a siete de la tarde. Doce horas mal pagadas. Doce horas aprendiendo, a golpes, que el cuerpo también aprende dolor de riñones, esguinces que no evitaban que siguieses trabajando, porque si no, no cobrabas , con las yemas de los dedos sangrantes por el eccema provocadas por el cemento.
Así que a nadie le extrañe que no me tragase lo que decía el director de la escuela, don José: «Franco protege a todos los españoles». Protegía, sí: pero protegía a los que tenían dinero, a los explotadores. A los demás nos protegía… del descanso.
Y de aquellos años de explotación infantil, ¿cuánto pensáis que cotizaron mis patronos por mí? No llegó a nueve meses. Lo supe cuando pedí por primera vez mi historia laboral: en una empresa donde trabajaba los inviernos, de noviembre a abril, figuran tres días y dos semanas cotizados. Primer año, un día. Segundo año, dos días. Tercer año, ningún día. Cuarto año, 1976, dos semanas: Franco recién muerto en su cama, y yo, vivo, pero sin derechos.

El resto del tiempo pertenece al hotel: cuatro años. Uno de botones, sin asegurar. Dos de ayudante de camarero: el primero sin asegurar, el segundo dos meses. Y el tercero, de recepcionista, asegurado todo el tiempo… porque en recepción llevaba los libros de contabilidad.
Y yo, aun así, no podía quejarme: las mujeres lo tenían peor. Las camareras de pisos rara vez estaban aseguradas. Se rompían los riñones haciendo camas y luego ayudaban en el comedor o en la lavandería. De seguros sociales, poco o nada. Recuerdo a dos —madre e hija— que protestaron con razón y fueron despedidas sin ningún derecho. Ya había muerto el dictador. Fueron a Comisiones Obreras, que funcionaba sin tener todavía cobertura legal, y se encontraron con que no habían cotizado ni un solo día. En los hoteles, lo habitual era asegurar a uno o dos trabajadores, y si alguien caía enfermo o tenía un accidente, se apañaban con un médico de confianza. Pero seguro, lo que se dice seguro, nada. España iba bien: pero iba bien para quien no limpiaba la basura del Régimen.
Y yo leía. Leía como quien se agarra a una tabla en mitad del naufragio. Leía hasta quedarme dormido con el libro abierto, y todavía me sobraba tiempo para soñar: escribir, y luchar por un mundo mejor. Leía de todo: desde la Biblia hasta libros prohibidos que llegaban, no sé cómo, de México, de Argentina, de Francia o de Suecia —sí, también de Suecia— por aquellos exiliados chilenos que se refugiaron en el país escandinavo. Repito, hay que estar muy loco —o ser más cabezón que una mula roma— para pensar que alguien que apenas fue a la escuela pueda juntar cuatro letras… y que encima le sobren seis.
Con las manos agrietadas por el eccema del cemento empecé a escribir. Y por cada frase que daba por buena rompía diez. Pero, poco a poco, mi mundo gris, en aquella España gris, empezó a coger color. No por milagro: cabezonería. Porque cada palabra que lograba engarzar con otra era un logro personal, una victoria pacífica y rebelde contra la injusticia.
Y aquí estoy. El albañil que soñaba ser escritor, o sea, este que lo es, lleva ya muchos libros escritos, el último «Las abarcas desiertas», y otros con miles de lectores como «Magdalenas sin azúcar» y otros cuantos más de los que aquel niño campesino, niño o joven albañil, camarero o tabernero, que apenas fue a la escuela, jamás pudo llegar a soñar.
DdA, XXII/6250

INMIGRANTES 1957: LA HISTORIA NO SE REPITE, PERO SU MÚSICA SE PARECE

El odio es ya de por sí asqueroso, escribe Malvar en el diario Público -después de remontarse a los tiempos del chabolismo en el Madrid de los años cincuenta y a una ley franquista para devolver a los inmigrantes  que lo ocupaban a sus lugares de origen-, pero si además es un odio indocumentado y falaz, como el de Feijóo, Abascal y satélites, da también miedo. Si nada lo remedia, en 2027 recuperaremos con nuestros votos la España de 1957. Qué manera de progresar, españoles. Es de temer que el diagnóstico con el que termina el firmante su artículo pueda cumplirse.

Chabolismo en Entrevías

Aníbal Malvar

En septiembre de 1957, el gobierno franquista publicó en el BOE un decreto que prohibía la entrada en Madrid de cualquier ciudadano español que careciera de vivienda en la capital. En las estaciones de tren, se establecieron controles policiales que devolvían en caliente a los migrantes andaluces, extremeños y gallegos hacia su tierra si no podían acreditar casa y contrato. En vez de la golden visa, el golden pisito berlanguiano.

Antes de la publicación de aquel decreto, el ambiente en Madrid era irrespirable. El discreto encanto de la burguesía había dejado de ser discreto, con tanto bárbaro desembarcando en las costas matritenses. Los grandes periódicos y revistas elaboraban fantasiosos reportajes sobre las tendencias delincuenciales y salvajes de aquellos otros españoles que invadían Madrid y la infestaban de chabolas.  Indignados ciudadanos pagaban esquelas en los medios para animar a los machos de la sociedad civil a organizarse en somatenes armados y salir a cazar gallegos, extremeños y andaluces chaboleros e ilegales, que suponían un peligro para nuestras mujeres y nuestra cultura. 

Lo de habitar infraviviendas lo destaca como delictivo Francisco Franco en su decreto: “[Están] ocupando [sin K, pero casi] terrenos lindantes con importantes vías de comunicación e incluidos en planes urbanísticos aprobados o en proyecto”. Por eso, según el régimen, debían ser extinguidos. Los provincianos que en 1957 asaltábamos Madrid éramos los putos moros de ahora y estábamos okupando, lo cual, como gallego, me llena hoy de orgullo moro. 

Franco movilizó en los arrabales de Madrid ejércitos y excavadoras. Arrasaron sin piedad los asentamientos chaboleros destruyendo también los pocos enseres de aquellas familias famélicas. A los que honradamente habían construido su chabola en un pobre terrenito propio, les expropiaron el terrenito para cedérselo a las grandes inmobiliarias, que se forrarían construyendo sobre aquellos arrabales de Madrid durante los años 60 y 70. Y a los gallegos, andaluces y extremeños los deportaron hacinados en vagones de ganado hacia sus provincias y de vuelta al hambre. La historia no se repite, pero su música se parece. 

Tras aquella exitosa operación de desinfección de Madrid gracias a la ley anti jornaleros (así se conoció popularmente la de 1957), los madrileños se dieron cuenta de que se habían quedado sin hortelanos, vaqueros, albañiles, poceros y esclavos en general. Ya no estaban en el mercado negro laboral las míticas nodrizas gallegas y asturianas de grandes tetas que daban de mamar a los hijos asténicos de la alta burguesía. Las nodrizas asturianas y gallegas son, en sí mismas, un género literario singular dentro de nuestra maravillosa novela de posguerra. Muchos respetables autores escribieron sobre aquellas mujeres con ternura y poesía, sin percatarse jamás de que aquellos bellos pezones eran pezones esclavos.

El caso es que el franquismo tuvo que relajar la aplicación de aquel decreto, pues el sistema productivo echaba de menos mano de obra barata y sin cultura suficiente para plantear demandas laborales. Y hasta les acabaron construyendo infraviviendas con unas pocas menos goteras que sus viejas chabolas, haciendo ricos a unos cuantos constructores cuyos apellidos siguen apareciendo en el Íbex-35. 

Costó mucho. Pero Madrid acabó admitiendo que aquellos invasores extremeños, gallegos y andaluces eran necesarios. Y, con el desarrollismo, hasta les dieron aguinaldo por Navidad. 

Según recientes estudios demoscópicos, la sangre de aquellos expatriados por ley se ha vuelto sangre racista en solo 68 años. A ojo de buen cubero que estudia el CIS y el INE, hay unos cinco o seis millones de españoles vivos en edad de recordar aquella época en primera persona. No es la prehistoria. Más del 15% de la población con derecho a voto vivió en aquella España segregacionista o de apartheid, que es como hay que decirlo ahora para que te entiendan. Y ese 15% hoy vota mayoritariamente racismo, expulsión, aporofobia, crueldad: PP, Vox, Junts, Aliança Catalana. Incluso, ay, la ERC de Gabriel Rufián, declarado y orgulloso charnego que debería aplicarse a sí mismo, con efecto retroactivo, las leyes que hoy sugiere implementar contra los que, como su familia, están huyendo del terror o del hambre o de todas las cosas.

Como coda a esta nada sabia reflexión, y por relajar el ambiente un poco, añadiré solo anecdóticamente que una vez más Alberto Núñez Feijóo no ha perdido esta dorada oportunidad de hacer nuevamente el ridículo. Tanto el líder popular como su lideresa Isabel Díaz Ayuso corrieron a criticar que la reciente regularización de medio millón de trabajadores migrantes impulsada por Podemos la hacía Pedro Sánchez para comprar su voto. O no se enteraron o no se quisieron enterar de que esa regularización no habilita a los recién regularizados para votar en 2027. Pero lo nada sorprendente es que ninguno de los dos habló de otra cosa que de votos, no de seres humanos, niños, mujeres, ancianos, amputados y banalidades woke por el estilo. 

El odio es ya de por sí asqueroso. Pero si además es un odio indocumentado y falaz, como el de Feijóo, Abascal y satélites, da también miedo. Si nada lo remedia, en 2027 recuperaremos con nuestros votos la España de 1957. Qué manera de progresar, españoles. 

 PÚBLICO  DdA, XXII/6250

EL SOLIPSISMO* INTELECTUAL Y MORAL ES EL AUTÉNTICO PRÍNCIPRE DE ESTE MUNDO


Como Marx puso negro sobre blanco en El Capital, el valor no es algo inherente a los objetos, sino el resultado de una relación social. Esto no reza solo para la mercancía. En esta época de la tecno-dependencia y la borrachera sin fin de despilfarro, el consumo, la publicidad, el espectáculo, Internet y las mafias de la información someten al individuo a un proceso constante y oneroso de evaluación, revaluación y devaluación. Su valor cotiza en una Bolsa que no cierra en laborales ni en festivos, ni de día ni de noche. Bolsa que, por lo demás, se parece bastante a un bingo. Halagando al paciente hasta límites que dejan atrás la moral y la misma lógica, el Tinglado consigue su propósito: disolver la subjetividad.

Antonio Monterrubio 

Los discursos emocional y económico se moldean mutuamente de modo tal que el afecto es convertido en un aspecto esencial de la conducta económica y la vida emocional –en especial de la clase media– sigue la lógica de las relaciones y el intercambio económico (La salvación del alma moderna).

En la primera década del siglo XXI, Eva Illouz introdujo en la sociología el concepto, particularmente rico, de capitalismo emocional

La quimera consumista y los engranajes económicos invaden, colonizan y parasitan los vínculos, tanto de las personas con los objetos como de ellas entre sí. La vida privada se satura de emociones al tiempo que se hace pública y notoria. La intimidad deviene categoría central y se apodera del escenario público, tomándolo por asalto. Lo interior se da la vuelta, pasa a ser exterior y, por ende, contable, medible y pesable, carne de control social. La mirada continua de los otros es el método de vigilancia perfecto, el Panóptico ideal.

La ideología emocionalista determina que, en la actualidad, el hedonismo esté hipotecado al Capital. La alegría y el placer se agostan, se embotan al volverse normativos y regulados. Olvidando su ambivalencia, su ambigüedad constitutiva, las emociones y los sentimientos se fosilizan. Los que fueron oasis de libertad personal han sido desecados, asfaltados y reducidos a componente impersonal de una anodina autopista o de una circunvalación.

Como Marx puso negro sobre blanco en El Capital, el valor no es algo inherente a los objetos, sino el resultado de una relación social. Esto no reza solo para la mercancía. En esta época de la tecnodependencia y la borrachera sin fin de despilfarro, el consumo, la publicidad, el espectáculo, Internet y las mafias de la información someten al individuo a un proceso constante y oneroso de evaluación, revaluación y devaluación. Su valor cotiza en una Bolsa que no cierra en laborales ni en festivos, ni de día ni de noche. Bolsa que, por lo demás, se parece bastante a un bingo. Halagando al paciente hasta límites que dejan atrás la moral y la misma lógica, el Tinglado consigue su propósito: disolver la subjetividad. Cuando el yo se ve despojado de carácter propio y constreñido a construirse una personalidad-máscara a base de artefactos y actividades que son los mismos para todos, la autonomía pierde pie.

Esto es perfectamente extrapolable al otrora florido campo de los sentimientos y las emociones. Los vínculos se rompen o disuelven con facilidad porque, al igual que las cosas, las personas se han vuelto intercambiables. Hipnotizadas por una supuestamente ilimitada libertad de elección, repiten una y otra vez los mismos gestos vacíos, las mismas palabras huecas. Llaman libertad a su derecho a no decidir, a no elegir entre diferentes opciones cuál es la que realmente desean, a no ser protagonistas de su vida, sino marionetas invitadas. La noción de permanencia se ha perdido. Todo es temporal, fugaz, precario, inasible. La volatilidad es la esencia de la vida líquida contemporánea. La idea de compromiso se ha tornado quimérica. La santísima trinidad a la que se encomiendan los fieles de la nueva religión tecnofeudal es yo-aquí-hoy. No hay más tiempo que el instante presente ni otro lugar que aquel que sus pies pisan. El exterior es una entelequia incomprensible que solo ha de servir para la imposible satisfacción de un ego insaciable y extraviado. El solipsismo –intelectual y moral– es el auténtico príncipe de este mundo.

*Teoría filosófica que postula que la realidad externa solo es comprensible a través del yo.

DdA, XXII/6250

LA RUINDAD EN POLÍTICA



Félix Población

Es casi seguro que con su libro sobre la muerte de miles de ancianos ancianos en las residencias (7291 en la Comunidad de Madrid), el periodista berciano Manuel Rico, a quien estimo profesional y personalmente, se haya ganado un lugar en la historia contemporánea del periodismo en España. El medio de información para el que entonces trabajaba, Infolibre, también. Nadie de la profesión ha sabido indagar, documentar y contar mejor lo que ocurrió en las residencia de mayores de este país y lo que el gobierno de Isabel Díaz Ayuso perpetró contra más de siete mil ciudadanos y ciudadanas, víctimas de la pandemia del COVID, dejándolos morir solos y sin asistencia hospitalaria. 

Mientras prosiguen las investigaciones penales sobre el más desolador y vergonzoso episodio de nuestra reciente historia y los altos cargos sanitarios de aquel gobierno autonómico se culpan mutuamente de los protocolos que bloquearon la asistencia de los ancianos en los hospitales, su presidenta, entonces y ahora, tiene la desfachatez de insultar a los familiares de la víctimas calificándolas de "plataforma de frustrados". 

Ante semejante falta de vergüenza, era de esperar que quien escribió tan a fondo sobre la inhumana muerte de tantos ancianos tuviera la reacción que ha tenido, porque, en efecto, estamos ante un ser humano miserable que, desde el puesto que ocupa al frente de un gobierno autonómico y con las posibilidades que mantiene de liderar a su propio partido, debería servir a los demócratas de alerta máxima para que a la derecha extrema se la combatiera en las urnas con todo el denuedo y unidad de acción que me temo nos falta. 

Porque, en efecto, llamar frustrados y resentidos a las personas que perdieron a sus familiares en las condiciones en que lo hicieron, no es propio sólo de la nefasta e inhumana política llevada a cabo por el gobierno que encabeza esa mujer. Tal reacción es propia de una persona miserable y ruin, cuyo protagonismo en la política española, cada vez que interviene con sus declaraciones, viene siempre subrayado por el odio al adversario ideológico, campo en el que tiene como colaboradores a su servicio, pagados con dinero público, a medios sub-periodísticos cuyo objetivo no es otro que la provocación permanente, el insulto*, la difamación y la patraña. 

Está muy claro, aunque a menudo se repartan culpas en general, que es desde la derecha y la extrema derecha desde donde se está tratando de generar, desde hace demasiados años, un clima de crispación en la vida política española, coincidente siempre con las legislaturas en que a la derecha le toca ser oposición. La presidenta del gobierno autonómico de Madrid está jugando en ello el papel estelar.

Sería muy grave para este país que, bajo el actual y airado clima político propiciado por gente como esa señora -con el asesoramiento de su jefe de gabinete-, y con la colaboración del trumpista Abascal o el propio Feijoó para no ser menos, su influencia se dejara notar a favor en unas elecciones generales. La ruindad en política no debería merecer el respaldo democrático de la ciudadanía, por sus efectos en contra de la propia democracia. Pero si estamos donde estamos debe de ser porque en buena medida merecemos estar donde estamos: sintiendo ya asomar esos efectos.

*Ayer en Teruel una edil del PP siguió el ejemplo de Ayuso llamando a Sánchez hijo de puta. 


DdA,XXII/6250 

DE LA "GUERRA PERDIDA POR TODOS" A LAS AUTORIDADES ECLESIÁSTICAS EN UN FUNERAL

Estas dos breves cartas se publicaron anteayer en la sección de Cartas al Director del diario El País. Hacen referencia a dos asuntos que pueden parecer distintos, pero si se ha dado el primero, la convocatoria de unas jornadas en las que se pretendía lisa y francamente blanquear la dictadura de 1939, es porque medio siglo después del fallecimiento del dictador y con más de cuarenta años de régimen democrático, la iglesia católica tiene el poder, como dice el segundo comunicante, de rebajar a los ciudadanos a la condición de feligreses, mientras que a los obispos se les otorga, en la transmisión de un funeral confesional por la televisión pública de un Estado que no lo es, la calidad de autoridades eclesiásticas. Tal como ocurría en la dictadura franquista. En cuanto al aplazamiento de un homenaje de Estado laico para priorizar un funeral religioso católico por las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz, no es un hecho menor ni neutro, como alguien escribió, sino una decisión política con sesgo marcadamente ideológico, propia también de un régimen confesional como el que se nos impuso al final de un guerra cruel en la que la jerarquía eclesiástica ganó su título de autoridad. Lazarillo

LOS QUE SÍ PERDIERON LA GUERRA CIVIL

La Guerra Civil la ganaron los militares rebeldes y la perdió el ejército republicano, en el que combatieron mis dos abuelos. En mi familia siempre supimos que nosotros éramos del bando de los vencidos. Y que vivíamos mucho peor que los que la habían ganado. La jornada sobre la guerra civil titulada La Guerra Civil que todos perdimos no deja de ser un nuevo intento de blanquear el golpe militar de 1936 y la represión posterior del régimen franquista. No se puede ser equidistante entre los que se levantaron contra el gobierno legal de la República y los que la defendieron. Que hubo un golpe de Estado contra la legalidad y que Franco fue un dictador criminal son certezas históricas referidas en múltiples tratados sin la más mínima duda. Y no, quien escribe esos textos no son exaltados ultraizquierdistas, sino respetables expertos y profesores, muchos de ellos de prestigiosas universidades nacionales y extranjeras. Necesitamos más educación sobre la Guerra Civil y el franquismo y menos debates sesgados que solo sirven para confundir y dar alas a la ultraderecha heredera de los que sí que ganaron esa guerra. Gregorio Garrido Cantarero. Getafe (Madrid)

¿CIUDADANOS o FELIGRESES?

Vi la retransmisión por TVE de la misa funeral por las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz. Hizo su entrada el jefe del Estado y sonó el himno nacional. Estado aconfesional, acto religioso con un montón de obispos y clérigos, como si todo fuese lo mismo, rebajando a la población del rango de ciudadanos al de feligreses o parroquianos. En el relato, la alusión constante a los obispos como “autoridades eclesiásticas”, en un país donde la única autoridad deviene del poder civil legítima y democráticamente constituido y no del Vaticano. Cándido Barral Alvarello. A Coruña.

DdA, XXII/6250

SEÑOR ARZOBISPO DE OVIEDO: DEJE DE AVERGONZAR REITERADAMENTE A LA IGLESIA

Contundente comunicado, firmado por un centenar de personas de la sociedad asturiana, de confesión católica, dirigido al arzobispo de Oviedo, reprobando sus declaraciones sobre la regularización de más de medio millón de personas inmigrantes, que el prelado cuestionó y tildó de medida demagógica por parte del actual gobierno de la nación. Otros colectivos de base de la iglesia asturiana se han manifestado en igual sentido con respecto a Sanz Montes. Deje de avergonzar a esta iglesia de Asturias, le dicen al arzobispo. "¿No todos caben? ¿Quiere decir que hay ya más de los que caben? ¿Se está apuntando a la política de las deportaciones? ¿Va a desautorizar a las organizaciones de Iglesia que apoyaron esta medida de regularización y a su propia Cáritas? Y en cuanto a su discrepancia con la posición acordada en la Conferencia Episcopal a favor de la ILP que reclamaba esta regularización excepcional, es todo lo contrario de una expresión de comunión y lealtad con sus iguales en el ministerio".


“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz” (Mt. 4, 16) se nos decía en la liturgia de la Navidad. La medida de regularización de inmigrantes, que el Arzobispo cuestiona, es una gran luz para las 500.000 personas que se beneficiarán del real decreto para una regularización extraordinaria; una medida que responde a una demanda ciudadana sostenida durante años con 700.000 firmas de apoyo. Es un hecho que nos debería llenar de alegría, porque se hace realidad que ese “pueblo” migrante ve una luz grande para sus vidas. Parroquias, comunidades cristianas, creyentes en general, viendo esta realidad desde la mirada de Jesús, apoyan y se alegran por este paso necesario, independientemente de circunstancias de oportunidad política u otras que se están mencionando con intención de confundir y amedrentar a la gente.

Pero las manifestaciones públicas del Arzobispo de Oviedo sobre esta materia, reiteradamente usan argumentos y expresiones que se alejan de los mandatos bíblicos y se aproximan mucho más a las voces extremistas que tratan de presentar al inmigrante como sospechoso, delincuente, invasor… En concreto, en su última “aportación” hasta ahora, insiste en que “todos no caben”, expresión absurda, entre otras cosas porque los que serán regularizados ya están aquí. Y siembra de nuevo la sospecha con la frase: “descartando a cuantos se nos cuelan”. En otras ocasiones ha sugerido la invasión demográfica musulmana planificada o que “algunos traen carnet de terrorista”. Sus palabras traslucen una visión del inmigrante alejada de los valores cristianos y de la doctrina católica, insistentemente reiterada desde antiguo por el magisterio de la Iglesia y actualizada con gran empeño por el papa Francisco y ahora por León XIV.

¿Todos no caben? Debe recordar el Arzobispo que el ministerio sagrado no le confiere competencia alguna para dilucidar la capacidad (y necesidad) que tiene un país, en este caso España, o una región, en este caso Asturias, para incorporar población inmigrante. Se trata de una valoración que corresponde a los técnicos en la materia y que, más allá del recurso de las regularizaciones (usado varias veces por gobiernos de diferente signo en las últimas décadas), debería ser establecida políticamente mediante leyes adecuadas. Por cierto, que en la Fundación FOESSA de Cáritas hay excelentes técnicos en estas materias que le podrán asesorar.

Y en vez de sembrar sospechas y reticencias, sería muy pertinente que hiciera una llamada a todos los políticos para buscar un acuerdo cuanto antes que proporcione un marco legal estable y generoso a las migraciones en España; sería mucho más constructivo y propio de su ministerio eclesial, en lugar de apuntarse al “bombardeo” tendencioso, usando argumentos extremistas que ofenden a la inteligencia, faltan a la misericordia e insultan a las personas extranjeras, en su inmensa mayoría gente honrada y trabajadora, que están entre nosotros buscando una vida mejor.

¿Ha visto el Arzobispo a los grupos de trabajadores senegaleses recogiendo las manzanas en las pumaraes de Asturias este pasado otoño? Pues ahí han estado, ganándose apenas la manutención del día. Con su humildísimo trabajo están aportando a esa “Cultura de la Sidra”, orgullo de Asturias y Patrimonio de la Humanidad; pero lo hacen en condiciones de gran precariedad. Y muchos nos alegramos de que ahora, ellos y otros muchos hombres y mujeres trabajadores vayan a tener una vida algo mejor, puedan trabajar legalmente y tener los derechos que corresponden a la dignidad de toda persona (repase por favor Dignitas Infinita, del Papa Francisco).

¿No todos caben? ¿Quiere decir que hay ya más de los que caben? ¿Se está apuntando a la política de las deportaciones? ¿Va a desautorizar a las organizaciones de Iglesia que apoyaron esta medida de regularización y a su propia Cáritas? Y en cuanto a su discrepancia con la posición acordada en la Conferencia Episcopal a favor de la ILP que reclamaba esta regularización excepcional, es todo lo contrario de una expresión de comunión y lealtad con sus iguales en el ministerio.

¿Cuántos caben? Lo que está claro y es de notorio sentido común, es que cada vez van a “caber” más, dada nuestra evolución demográfica y el contexto de nuestro mercado laboral. Por ello, en lugar de preocuparse por cuántos hay o cuántos vienen, al ministerio pastoral corresponde la tarea de enseñar e implementar la doctrina católica que manda “acoger, proteger, promover e integrar” al migrante (repase Fratelli Tutti de Francisco) y que recuerda, en palabras de León XIV (Dilexi Te), que la misión de la Iglesia es construir puentes, no muros, ver hijos donde otros ven amenazas y descubrir que cada migrante rechazado es Cristo llamando a la puerta de la comunidad. Le rogamos encarecidamente a monseñor Sanz que deje de avergonzar reiteradamente, con sus manifestaciones impropias, a esta Iglesia de Asturias, que hace dieciséis años también le acogió a él para ejercer entre nosotros no otra cosa que la función de pastor, maestro de la fe y testigo del evangelio de la misericordia.

DdA, XXII/6249

domingo, 1 de febrero de 2026

LA CRISIS AGUDA DE ESTADOS UNIDOS ESTÁ FIRMADA POR SU PRESIDENTE

No hay la menor duda de que Estados Unidos se encuentra, en los hechos, en una situación de emergencia, y Donald Trump tenía sobrados motivos para declararla, como lo hizo ayer. La crisis aguda de la superpotencia tiene una firma inmediata y clara: un garabato furioso de líneas gruesas, angulosas y agresivas que corresponden a la rúbrica del presidente de Estados Unidos y que simbolizan el declive, acaso terminal, de su país.  


Pedro Miguel

No es para menos: la economía cruje por todos lados como efecto de la inflación, la incertidumbre financiera y los incendios en distintos ámbitos del comercio internacional; es patente el deterioro de las condiciones de vida de sectores crecientes de la sociedad; hay una inocultable corrupción galopante, practicada y alentada por el círculo presidencial; se erosiona la Organización del Tratado del Atlántico Norte, punta de lanza estratégica estadunidense en Europa, pero también en Medio Oriente, Asia Central y África; los vínculos de Washington con sus aliados y socios históricos están severamente debilitados; se vive un conjunto de confrontaciones interinstitucionales y exaspera y polariza a la opinión pública el espectáculo de grupos paramilitares que asesinan, hieren, golpean y secuestran a personas en las calles de diversas ciudades con la bendición de la Casa Blanca. 

La evaluación de la gravedad de la circunstancia es acertada; lo equivocado es el diagnóstico de su causa. La “amenaza inusual y extraordinaria” es el desbarajuste interno y externo provocado desde la cúpula del régimen, encabezada por el único dictador en el mundo que –¡bravo por la sinceridad!– se reconoce como tal (https://shorturl.at/mNN9M); decir que proviene de Cuba es un mal chiste que sólo se le pudo ocurrir a Marco Rubio y que nadie más que su jefe podría expresar en público sin sonrojarse. 

La afirmación de que “las políticas, prácticas y acciones del gobierno de Cuba están diseñadas para perjudicar a Estados Unidos y apoyar a países hostiles, grupos terroristas transnacionales y agentes malignos que buscan destruir a Estados Unidos” (https://shorturl.at/n74oq) lleva a imaginar un poderoso Estado caribeño que trata de aplastar a una pobre nación desamparada e inerme situada al norte. 

Algo parecidamente estúpido arguye el autor de bestsellers fascistas Peter Schweizser en su libro The Invisible Coup: How American Elites and Foreign Powers Use Immigration as a Weapon (https://shorturl.at/EY2fS), en el que afirma que México promueve, por medio de sus consulados, un golpe de Estado en la nación vecina y que procura “afectar las elecciones presidenciales” estadunidenses. 

Se trata, en ambos casos, de ejemplos de mecanismo proyectivo, del que se ha hablado ya en este espacio: “cuando percibimos algún aspecto negativo de otra persona, algo que nos produce rechazo y desagrado, incluso cuando apenas conocemos al otro, muy posiblemente estemos proyectando en la otra persona aspectos propios que nos resultan intolerables” (https://shorturl.at/ElTIN). 

En ambos casos, la realidad es exactamente la contraria: son las prácticas y acciones de Washington las que están diseñadas para perjudicar a Cuba y para financiar y promover “grupos terroristas internacionales y agentes malignos” que buscan la destrucción del gobierno cubano. Y es Estados Unidos el que ha practicado una sistemática intromisión en la política interna de México, ya sea con la anuencia de presidentes serviles, como todos los del periodo neoliberal, o con la oposición explícita de los gobiernos de la 4T, y ya fuera con Trump, con Biden o nuevamente, con Trump. Recuérdese, si no, cómo el metiche ex embajador Ken Salazar se creía con derecho a opinar sobre la Reforma Judicial aprobada en nuestro país a fines del sexenio pasado (https://shorturl.at/SdgAh). 

Pero más allá de las colisiones entre los dichos del trumpismo y la realidad, el hecho es que los primeros exhiben, además de posibles condiciones clínicas por parte del dictador –oportunamente aprovechadas por sus subordinados para impulsar intereses propios–, intentos de huida hacia adelante y ensayos para construir molinos de viento externos que le permitan eludir la cada vez más angustiosa situación interna y la disfuncionalidad inocultable de su gobierno. 

En fin, es claro que Estados Unidos se encuentra en emergencia nacional. Pero el factor que la ha desencadenado no es China, ni Irán, ni Europa, ni Venezuela, ni Cuba, y mucho menos México. La crisis aguda de la superpotencia tiene una firma inmediata y clara: un garabato furioso de líneas gruesas, angulosas y agresivas que corresponden a la rúbrica del presidente de Estados Unidos y que simbolizan el declive, acaso terminal, de su país. 

LA JORNADA  DdA, XXII/6248

¿Y SI RUSIA ASESINARA A MENORES TRAS UN ALTO EL FUEGO CON UCRANIA?

Esto ocurría semanas después de proclamado el alto el fuego

Félix Población

Desde que el gran padrino de Netanyahu y emperador en declive de occidente decidió un alto el fuego en la Franja de Gaza, después de que durante más de dos años las tropas israelíes asesinaran a decenas de miles de personas entre las que una gran mayoría fueron mujeres y menores, se viene hablando en los medios de comunicación con rutinaria y ofensiva costumbre de los asesinatos que sigue perpetrando Israel contra el pueblo palestino, sin que se repare apenas en la prolongación de la masacre que supone esta barbarie seguida a la barbarie. Los palestinos asesinados por fuego israelí pese al alto el fuego en vigor desde el 10 de octubre ascienden a 520, tras el asesinato de 26 gazatíes este sábado, entre ellos a una familia de siete miembros en una tienda de campaña en Jan Yunis (sur) y once muertos en el bombardeo de una comisaria en la ciudad de Gaza, según fuentes médicas y de la defensa civil. Más de medio millar de palestinos asesinados bajo un supuesto alto el fuego es una cifra como para escandalizar a unos medios de comunicación libres e independientes, pero tratándose de personas de un pueblo acostumbrado a las masacres durante decenios y siendo su verdugo el Estado de Israel bajo el amparo del Donald Trump el pacificador, el envase informativo y hasta el opinativo peca de rutinario cuando lo que debería primar sería la indignación. Que se sepa, Israel sigue matando sin que haya indicios de que los milicianos de Hamás hayan roto el alto el fuego y hayan causado bajas entre las tropas de Netanyahu. ¿Se sabe ya, por cierto, el número de bajas israelíes durante la que se llamó guerra contra Hamás?). Con su continuada matanza de menores, el Estado genocida no deja de reafirmarse como tal bajo un falso e hipócrita alto el fuego y una no menos vergonzosa junta de paz en proyecto, de la que forma parte el genocida mayor, según plan de su padrino y seguro servidor en armamento, el del alto el fuego que sigue teniendo permitido el asesinato de menores palestinos. ¿Imaginan la que se armaría si después de un alto el fuego entre Rusia y Ucrania las tropas rusas asesinaran a familias a menores ucranianos?

DdA, XXII/6248

NO SE PUEDE CALLAR ANTE EVENTOS TAN TRAMPOSOS COMO "LA GUERRA QUE PERDIMOS TODOS"

 Los marcos de este evento -dice la profesora de Historia Contemporánea de la Complutense en referencia a las jornadas 1936: La guerra que perdimos todos-  son completamente tramposos y en un tiempo de avance de la ultraderecha conviene no callarse, por supuesto, sólo faltaba. Pero tampoco deberíamos entrar al trapo en un evento organizado por escritores que no son especialistas en el tema, financiado por un banco y donde van políticos de derecha y ultraderecha que blanquean la dictadura franquista y justifican el golpe de Estado. Es mi opinión desde una postura sosegada y respetuosa que pretende contribuir al debate con planteamientos serios y científicos.

Ana Martínez Rus

Debatir es siempre útil y positivo en cualquier ámbito de la vida y en la ciencia más. Pero hay que conocer todas las claves y tener toda la información previa. La renuncia de David Uclés a un encuentro sobre la Guerra Civil a través de un vídeo difundido en redes sociales ha desatado una batalla académica y mediática, aparte del ruido infernal de insultos en esa barra de bar que es X. El encuentro se enmarcaba en el ciclo Letras en Sevilla XI y se denominaba 1936: La guerra que todos perdimos

El título es un despropósito que enlazaba con la corriente reaccionaria mundial y con otra nacional muy arraigada de equidistancia de —todos fuimos culpables— en la contienda de 1936, que fue un conflicto civil e internacional, aunque esto último se olvida con demasiada frecuencia. La guerra la ganaron los franquistas y se beneficiaron los vencedores. Eso es indiscutible. Lo demás es una tontería que denota una intencionalidad maliciosa y un sectarismo destacado. Aunque hay que decir que el pasado miércoles por la tarde los organizadores comunicaron su aplazamiento hasta otoño por "presiones de la ultraizquierda" y para reconfigurar el programa después de las bajas que han tenido.

Yo voy a exponer mi opinión al respecto como ciudadana y como historiadora que no siempre coinciden tras analizar toda la información que se conoce públicamente. En primer lugar, hay que ver quién organiza el evento y quién lo financia. Los promotores son el escritor, periodista y académico Arturo Pérez-Reverte y el periodista de Canal Sur Jesús Vigorra, que saben de la Guerra Civil lo que yo de ferrocarriles, ahora que todo el mundo es un experto en accidentes ferroviarios y en trenes de alta velocidad. Que se lo digan a Nacho Abad, y, sobre todo, a Héctor de Miguel, que con su humor ácido e inteligente me alegraba el día con el programa Hora Veintipico.

A continuación, hay que ver quién corre con los gastos y resulta que es un banco, motivo suficiente para desconfiar de inicio. En concreto, la Fundación Caja Sol, que sufraga actos académicos y culturales, y suponemos que ha dado completa libertad a Pérez-Reverte y a Vigorra para conformar el plantel de ponentes en las mesas y los títulos de esta actividad. Pero también ha respaldado su labor y el programa final antes del escándalo y de las bajas.

Voy a bolos académicos donde sólo me pagan desplazamiento y alojamiento, y a otros donde además recibo remuneraciones que agradezco –aunque ínfimas respecto a lo que se llevará cualquier político de relumbrón por ir a Sevilla–, pero yo soy una humilde historiadora que "predico" de mis investigaciones, como diría mi querido Julio Aróstegui (el pasado miércoles hizo 13 años que nos dejó). Me encantaría conocer su ácida y aguda opinión sobre este tema.

Como ciudadana nunca iría a un acto donde participa José María Aznar, el de las mentiras del 11M entre otras lindezas, como ha hecho David Uclés. Tampoco me apetecería ir a un acto donde se incluye a Iván Espinosa de los Monteros, que ha sido dirigente de Vox, un partido racista, ultraderechista y antifeminista, entre otras muchas virtudes. Pero, como historiadora, debería sopesar si acepto o no ir a exponer mi discurso, que discrepa de la tónica general del evento. A mí no me han invitado, por supuesto, y aunque algunos dirán que escribo desde la envidia o el rencor, nada más lejos y lo saben quiénes me conocen. Yo he trabajado mucho sobre la Segunda República y algo de Guerra Civil (como las editoriales de ambas zonas y el fenómeno del biblocausto), pero no llego al nivel de especialización de otros ponentes en el tema de la guerra. Así que mi ausencia está perfectamente justificada.

Y, en segundo lugar, hay que analizar la calidad de los ponentes y los títulos de las mesas y de las ponencias. En este sentido, con un rápido vistazo al programa una se da cuenta que es un totum revolutum curioso porque vemos a profesionales de la academia muy reputados para hablar de la guerra, como Julián Casanova, Enrique Moradiellos, Zira Box o Gutmaro Gómez Bravo –muchos de ellos, además, buenos amigos míos–, pero también a políticos de todo pelaje, literatos, cineastas ilustres y gente pintoresca. Eso da cuenta de los intereses de los organizadores y de la Fundación, aparte de figuras de primera fila de la política, y quizás lo que menos importa es debatir de manera científica, pero blanquean y elevan el nivel del acto con la participación de historiadores de prestigio. También convendría saber si cuando ficharon a Uclés o al resto de participantes conocían la inclusión del resto de ponentes y sobre el cariz del evento o de sus títulos. Parece ser que no. Algunos incluso han desmentido a Pérez-Reverte cuando dijo que el título iba entre interrogaciones y que había habido un error de imprenta, señalando que siempre fue una afirmación, desde el principio.

Pero seguimos analizando los títulos de las ponencias y mesas redondas y entonces paso de la sorpresa a la indignación como profesional de la historia. Así vemos que hay una conferencia a cargo de Juan Pablo Fusi, catedrático emérito de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), con el siguiente título: "¿Por qué naufragó la II República?". Resulta una afirmación increíble, ahora me entero de que el régimen republicano fracasó, ni siquiera lo ponen en duda con un título menos capcioso que dejara abierto el tema: "¿Fracasó la República?". Las palabras no son neutras ni casuales, lo debería saber bien el académico de la Lengua Pérez-Reverte. Tras años de un avance increíble en la historiografía gracias a la apertura de archivos nuevos, el acceso a documentación desconocida y a las nuevas generaciones que nos hemos incorporado desde la muerte de Franco a este oficio, resulta que hemos llegado en 2026 a la siguiente conclusión: la Segunda República fracasó. Para este viaje no hacen falta alforjas, hemos retrocedido muchos años ya que eso lo decían el franquismo y los golpistas de 1936 que se sublevaron e hicieron naufragar la República. La democracia republicana no fracasó, la hicieron fracasar unos militares africanistas en connivencia con las potencias fascistas. Mientras yo pido en las clases a mis alumnos que sean rigurosos, les explico que hay que desmontar bulos y mitos, y les conmino a que se informen por bibliografía científica y a que no tomen por serio todo lo que aparece en las redes sociales, de un plumazo todo se cae desde ciertos sectores de la academia.

Este título y otros como "¿Todas las cunetas son iguales?", cuando hay miles de cadáveres de republicanos tirados todavía en cunetas, bajo el cual van a debatir la exministra Carmen Calvo y Alberto Ruiz-Gallardón (que negó en el Parlamento cuando era ministro de Justicia la contribución decisiva de los socialistas, encabezados por Manuel Cordero, en la aprobación del voto de las mujeres durante las Cortes Constituyentes de la Segunda República). O "Noventa años después ¿es posible el diálogo sobre la Guerra Civil española?", con Ester Muñoz –que precisamente se burló en el Senado del dinero destinado a las exhumaciones de las cunetas–, Antonio Maíllo de IU, María Márquez del PSOE-A (ambos ya se han borrado del evento) o Iván Espinosa de los Monteros, que justifica la dictadura y el golpe de Estado de 1936. ¿Qué entendemos por debate? ¿Alguien debatiría de manera seria con un negacionista del Holocausto o con un terraplanista? Quizás deberíamos reflexionar qué es un intercambio de opiniones y argumentos de forma respetuosa y rigurosa entre gente especialista, que sabe de lo que habla y aporta algo. ¿Se imaginan un debate científico riguroso entre un médico reputado, un científico que investiga sobre una vacuna y un tertuliano antivacunas? ¿O entre un experto en cambio climático y un negacionista del mismo?

Todas estas cuestiones nos dan idea de lo tramposo del debate que han planteado Pérez-Reverte y Vigorra con el patrocinio de la Fundación Caja Sol. Se dan por válidas muchas premisas de la historiografía neofranquista, mal llamada revisionista, que son planteamientos de la dictadura remozados con tintes de modernidad. También hay conferencias más serias con títulos más científicos como: “Final de la guerra: fue una paz o una victoria”, a cargo de Julián Casanova, o “¿Fue la Guerra Civil una contienda internacional en suelo español?”, de Enrique Moradiellos, aparte de la mesa redonda “El cine y la Guerra Civil española”, con Alejandro Amenábar, Juan Echanove, Sergio Vila-Sanjuán y Pilar Martínez-Vasseur. A mí me gusta ser justa y rigurosa.

En otra nota de prensa de la organización hace dos días, difundida en redes, afirmaron que los profesionales de la historiografía y demás ponentes que mantenían su asistencia debatirían sobre la inevitabilidad de la guerra. ¡Cáspita! Ahora resulta además que la guerra era inevitable, no lo sabía. Pero es la lógica siguiente tras afirmar que la República naufragó. Maniqueísmo y presupuestos franquistas de manual. Otra cuestión interesante sería saber en calidad de qué van los políticos: de sus cargos y responsabilidades, como ciudadanos que van a dar su opinión pero que no son anónimos, o sólo para dar caché al evento que financia la Fundación Caja Sol y para que sus declaraciones salgan en un canutazo en los telediarios y en una foto en la prensa escrita con el logo detrás de los participantes y así obtenga el patrocinador una publicidad encubierta. Sólo faltaría la financiación de la Fundación Juan March y del periódico ABC, que tanto hicieron por el golpe de Estado.

Yo creo que es muy loable y necesario ir a actos de diferente entidad a difundir tus investigaciones, así como debatir con gente que no piensa como tú, pero no con las cartas marcadas y el árbitro comprado. Los marcos de este evento son completamente tramposos y en un tiempo de avance de la ultraderecha conviene no callarse, por supuesto, sólo faltaba. Pero tampoco deberíamos entrar al trapo en un evento organizado por escritores que no son especialistas en el tema, financiado por un banco y donde van políticos de derecha y ultraderecha que blanquean la dictadura franquista y justifican el golpe de Estado. Es mi opinión desde una postura sosegada y respetuosa que pretende contribuir al debate con planteamientos serios y científicos

Léase también: La turra que todos perdimos, por David Torres

INFOLIBRE  DdA, XXII/6248

viernes, 30 de enero de 2026

LAS DOS RELIGIONES DEL DOCTOR ESQUERDO: LA CIENCIA Y LA REPÚBLICA


El 30 de enero de 1912 murió José María Esquerdo, psiquiatra y político republicano, que como médico, se interesó especialmente por la asistencia a los enfermos mentales y los problemas jurídicos que plantean, siendo el introductor en España de la neuropsiquiatría y la terapia ocupacional.

Nacido en 1842 en la localidad alicantina de Villajoyosa, era el menor de ocho hermanos y quedó huérfano de padre antes de nacer, por lo que fue un hijo póstumo. Fue recogido y educado por un agustino hermano de su madre, que era el único apoyo de la familia. José María se benefició de la gran curiosidad y virtudes pedagógicas de su tío, quien pensaba dirigirlo hacia la carrera eclesiástica.

Cursó tres años en el seminario conciliar de Valencia, pero le faltaba vocación, así que salió e hizo el bachillerato en Valencia, donde se costeó los estudios trabajando para un notario como copista. Después comenzó la carrera de Medicina en Valencia, pero se trasladó a Madrid en 1859 y allí los terminó, doctorándose en 1865. Durante sus estudios, fue influido por Pedro Mata Fontanet, quien le transmitió el interés por la psiquiatría y por los problema jurídicos planteados por los enfermos mentales. Sus notas eran excelentes, y también su popularidad: participó en la Sociedad de Amigos del Estudio y ocupó el cargo de representante de los alumnos en los conflictos universitarios. Fundó y dirigió además un periódico, El Confidente de las Ciencias Médicas, que fue clausurado por el gobernador civil a causa de su irreverencia política. Tras extenderse una epidemia de cólera morbo, el doctor Esquerdo participó en su asistencia no solo como médico, sino como enfermero y camillero. Después ingresó en la Beneficencia Provincial de Madrid por oposición.

En el año revolucionario de 1868, obtuvo plaza de cirujano en el Hospital Provincial de Madrid, donde permaneció hasta 1900. Además empezó a dar clases de asistencia voluntaria en la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid, donde se encargó del "curso libre" de Patología General y Enfermedades Mentales (1868-1877); siendo la asistencia voluntaria, tuvo sin embargo que dividir su grupo en dos a causa de la excesiva concurrencia. No aceptó la propuesta de su amigo, el republicano Manuel Ruiz Zorrilla, ministro de Fomento tras la revolución de 1868, para nombrarlo catedrático oficial. Formó parte también de la organización de la «Escuela Teórico-Práctica de Medicina y Cirugía» de la Beneficencia Provincial de Madrid, donde enseñaría la especialidad de psiquiatría. Igualmente, colaboró en la «Escuela Práctica Libre de Medicina y Cirugía» situada en el Museo Antropológico de Madrid, donde impartió una serie de lecciones publicadas en 1878 con el título de Conferencias sobre las enfermedades mentales.

Introdujo en España la neuropsiquiatría y la terapia ocupacional. En 1877 fundó un famoso sanatorio mental, el Sanatorio Esquerdo, emplazado en Carabanchel, notable por el teatro en que los internos y los cuidadores representaban obras dramáticas y donde eliminó el tratamiento coercitivo extremo de los sanatorios de la época, sustituyéndolo por una asistencia a cargo de médicos y enfermeros adecuadamente instruidos. Esquerdo siente lástima por el perturbado y quiere redimirle pues piensa que el imbécil sin la debida asistencia es un criminal en potencia. También investiga el estrés ocasionado por el fuerte ritmo de la vida urbana y las grandes aglomeraciones de ciudadanos.

Miembro del Partido Republicano Progresista fundado por Ruiz Zorrilla y Salmerón, fue elegido concejal (1891) y diputado por Madrid (1893). A finales de la década de 1880, se convirtió en representante general de Manuel Ruiz Zorrilla, líder de la agrupación republicana progresista, en España. Acumuló, desde entonces, cargos dentro de la agrupación, convirtiéndose en uno de sus más activos propagandistas. Tras la muerte de Ruiz Zorrilla, en junio de 1895, ofrecieron al doctor Esquerdo la jefatura del partido, ya que se le consideraba el sucesor natural de su antiguo líder. Sus propuestas enfatizaron la tendencia revolucionaria del republicanismo, que se proponía derribar las instituciones monárquicas mediante medios insurreccionales. Esas posiciones fueron defendidas por el nuevo órgano de prensa del partido, El Progreso, impulsado económicamente por Esquerdo y dirigido por Lerroux. En 1897 fundó, junto con otros destacados políticos, la Unión Republicana Nacional. En 1901, sin embargo, renunció a la jefatura del Partido Republicano Progresista. La Junta de su agrupación apostaba por la participación electoral, mientras que él defendía el retraimiento: "Fundo dicha renuncia -escribió- en la discordancia existente entre la mayoría de la citada Junta y el que suscribe, aquélla partidaria de la lucha electoral de Diputados a Cortes, que en este momento ha terminado, y un servidor, partidario de la abstención, por considerar impolítica nuestra presencia en las cortes destinadas a proclamar la mayoría de edad de Alfonso XIII".

Su renuncia no fue aceptada, pero desde entonces la agrupación quedó en una situación casi de letargo, al integrarse la mayor parte de sus miembros en la Unión Republicana. Desde esos momentos, las apariciones públicas de Esquerdo fueron menos frecuentes.

En 1910 volvió al frente del progresismo a la primera línea política. Fue elegido de nuevo diputado por Madrid dentro de una coalición de republicanos y socialistas, junto con Pablo Iglesias y Benito Pérez Galdós. Murió en su casa de Madrid, en el número 29 de la calle Serrano y enterrado en la Sacramental de San Lorenzo y San José, en Carabanchel Bajo.

Los testimonios sobre el doctor y su gran ojo clínico son numerosos: “Esquerdo trajo a la psiquiatría española la intuición mediterránea, que adivina lo que todavía no se puede saber, y el primer gesto de liberación del loco, infundiéndole en su asistencia aquel hermoso y cándido espíritu de generosidad liberal y laica” (Marañón, 1973. 136 – 137). También circulaba una coplilla que dice: Fue Esquerdo el mejor doctor / en locura, y muy humano. / Fue también gran orador, / gran líder batallador / del credo republicano. Galdós lo llama en su necrología "apóstol y caudillo de dos religiones: la ciencia y la república". Francisco Giner de los Ríos destaca “su condición de antimilitarista y anticlerical, por el riesgo de que esas dos instituciones sojuzguen el poder civil".

RUEDO IBÉRICO