viernes, 16 de octubre de 2026

FRENTE AMPLIO Y FRENTE ESTRECHO


 

La unidad es el arma del pueblo, pero hay quien, en nombre de la izquierda, la dinamita. No se puede construir el llamado "frente amplio", sin contar con las organizaciones sociales, sindicales, políticas y con la participación de la sociedad civil mediante su voto. Porque así lo que se construye es el frente estrecho*. Diego Cañamero

*Si en horas se acuerda ofertar una sola papeleta de izquierdas, no sólo se optimizarían escaños, también se movilizaría mucha abstención. Coincido plenamente con mi estimado Javier Batanero.

DdA, XXII/6498

EL DISCURSO Y EL MÉTODO DE FEDERICO JIMÉNEZ: DEL INSULTO A LA PARODIA


La agresividad cumple una función persuasiva y sirve para construir la figura del comunicador. Lo que parece un hombre que pierde los estribos es, en buena medida, un método. En realidad, una pose muy estudiada. La primera estrategia convierte la opinión en certeza. Afirmaciones categóricas, repeticiones enfáticas, ningún matiz. De ese modo, el comentario suena a sentencia. Lo que cuenta es decir la interpretación con tanta rotundidad que cualquier objeción parezca inútil, aunque no se haya probado nada. El oyente se lleva un diagnóstico cerrado y, en un mundo confuso, eso tranquiliza. Siempre hay alguien que sabe quién tiene la culpa. Y casi nunca es el que habla. La segunda estrategia es la descalificación, que va del insulto directo a la ironía, de la parodia a la caricatura.

Justo Serna

España es un país en el que siempre hay alguien dispuesto a explicar lo que acaba de ocurrir, lo que está pasando y, sobre todo, lo que pasará. Hay un hombre en España que lo hace todo…Da igual que los hechos sean confusos, que falten datos o que los pronósticos de ayer se hayan venido abajo esta misma mañana: el opinador profesional siempre tiene una respuesta. Y cuando no la tiene, le queda algo todavía más útil, una opinión.
Antonio Villarreal ha dedicado a este conglomerado de emisoras, platós y redes un libro, ‘Tertulianos. Un viaje a la industria de la opinión en España’ (2026). Es útil, y conviene leerlo con la radio apagada, prestando atención.
Durante quince días de enero y febrero de 2025, mientras llevaba a su hija al colegio, Villarreal fue anotando en una hoja de cálculo los nombres de los tertulianos que oía al saltar de una cadena a otra, de un programa a otro, dirigidos por Carlos Herrera, Àngels Barceló, Carlos Alsina, Federico Jiménez Losantos.
En esRadio la tarea era sencilla. Allí, observa Villarreal, la tertulia suele ser un largo monólogo del presentador que los colaboradores interrumpen de vez en cuando alzando la voz “como pistoleros disparando al mar”. La imagen es espléndida. No sabemos si esos pistoleros quieren abatir algún pez, hacerse notar o comprobar que el revólver todavía funciona. Da lo mismo: el dueño del barco sigue al timón, y hablando.
El inventario de Villarreal llegó a 314 tertulianos, casi tantos como diputados tiene el Congreso, con la ventaja de que a estos no hace falta votarlos. Es mucha gente para un país que no siempre parece tener tantos asuntos nuevos que discutir. Detrás de esa abundancia hay un cambio en el oficio. Investigar exige tiempo, dinero y comprobaciones. Opinar sale barato.
La tertulia llena horas de programación y convierte cualquier suceso en una ronda de interpretaciones. La radio asentó el género en la Transición, la televisión le añadió bronca y teatro, y las redes han hecho que la conversación no se acabe nunca.
En esa industria, Losantos es el caso más visible de un comunicador cuya personalidad se ha convertido en el producto. La biografía ayuda a entenderlo. Fue militante comunista de orientación maoísta antes de pasar al ultraliberalismo y a la derecha más dura. En 1981 sufrió un atentado de Terra Lliure, y desde entonces no ha dejado de pelearse con políticos y periodistas, incluidos algunos que antes fueron de los suyos.
Esa trayectoria forma parte del personaje tanto como sus opiniones, igual que su facilidad de palabra, su cultura, su rapidez en la réplica y una afición a la invectiva que, delante del micrófono, encuentra pocos frenos.
Su discurso cabe en un espacio ideológico reconocible, pero no habla como portavoz de ningún partido, y sus choques con dirigentes del PP o de Vox alimentan entre sus seguidores la imagen de un periodista que no se pliega ante nadie.
Para saber cómo funciona ese lenguaje hay que acudir a la tesis doctoral de José M. López Martín, ‘La descortesía en el lenguaje radiofónico. El discurso de Federico Jiménez Losantos’ (2011).
Sobre un corpus de intervenciones emitidas entre 2007 y 2011, que cubre sus últimos años en la COPE y los primeros en esRadio, López Martín identifica cuatro estrategias: intensificar la opinión, descalificar al adversario, imponerse al oyente y expresar el desacuerdo de forma radical.
Su conclusión es que la agresividad cumple una función persuasiva y sirve para construir la figura del comunicador. Lo que parece un hombre que pierde los estribos es, en buena medida, un método. En realidad, una pose muy estudiada.
La primera estrategia convierte la opinión en certeza. Afirmaciones categóricas, repeticiones enfáticas, ningún matiz. De ese modo, el comentario suena a sentencia.
Lo que cuenta es decir la interpretación con tanta rotundidad que cualquier objeción parezca inútil, aunque no se haya probado nada. El oyente se lleva un diagnóstico cerrado y, en un mundo confuso, eso tranquiliza. Siempre hay alguien que sabe quién tiene la culpa. Y casi nunca es el que habla.
La segunda estrategia es la descalificación, que va del insulto directo a la ironía, de la parodia a la caricatura.
López Martín se detiene en el humor, quizá el rasgo más característico de Losantos. La burla ataca y entretiene a la vez. El político se convierte en un personaje ridículo, reconocible por sus defectos y contradicciones, y el oyente se suma con una sonrisa cómplice.
El chiste suaviza la imagen del que habla sin restarle un gramo de violencia a lo que dice. El rival sale empequeñecido y el locutor luce su ingenio para el ultraje.
Hay en la tesis de López Martín un ejemplo muy revelador. En enero de 2011, Losantos afirma que el PSOE no tiene cabeza y finge adelantarse a la objeción de algún oyente: ¿tendrá al menos corazón? Responde con una risa sardónica y despacha la pregunta.
Nadie le ha llevado la contraria. Él solo imagina la discrepancia para finalmente formularla y liquidarla. Toda la conversación ocurre dentro de su propio discurso.
Los colaboradores pueden seguir disparando al mar: Losantos tiene hasta adversarios imaginarios para mantener vivo el combate. Y, como es natural, siempre les gana.
La imposición, tercera estrategia identificada, se sirve de imperativos, exhortaciones, preguntas retóricas y apelaciones directas que colocan al periodista por encima de quien le escucha.
El desacuerdo radical, la cuarta, va más allá de rebatir argumentos y pone en duda la credibilidad, la capacidad o incluso la legitimidad del contrario.
El debate se desplaza así de los hechos a las identidades, y los errores del otro pasan a explicarse por su naturaleza política o moral.
López Martín aporta aquí una distinción importante. En su corpus, los ataques a socialistas y a ciertos nacionalistas apuntan a su identidad política, mientras que las críticas al PP se dirigen sobre todo a decisiones, errores o carencias concretas.
A los primeros se les atribuyen defectos de fondo, una mala índole. A los segundos se les reprocha, muchas veces, falta de firmeza.
Esa asimetría, documentada para aquellos años y, a mi juicio, más acusada hoy, explica que la crítica a los propios refuerce la identidad ideológica en vez de debilitarla.
Losantos puede atacar a dirigentes conservadores y presentarse a la vez como guardián de unos principios que ellos habrían traicionado.
Este discurso funciona, en parte, porque convierte la indignación en una experiencia compartida. Quien sintoniza a Losantos no siempre busca información nueva. A menudo quiere escuchar a alguien decir, con más gracia y más saña, lo que él ya piensa.
El locutor pone palabras a un malestar previo y hace de la irritación de este o de aquel una comunidad de oyentes, unida por la familiaridad de una voz, la repetición de ciertos agravios y el gusto de ver ridiculizado al adversario. La indignación tiene además una ventaja comercial: se renueva cada mañana, como el pan.
Funciona también la promesa de contar lo que otros callan. Los programas más combativos construyen su autoridad denunciando a unos medios supuestamente sometidos al poder.
Así, un comunicador instalado en una empresa radiofónica, con audiencia fiel y enorme presencia pública, puede presentarse como voz de la resistencia frente al sistema. La resistencia, eso sí, con calefacción y horario fijo.
Esa posición no tiene que ser del todo falsa para resultar eficaz: basta con que el público vea en ella una independencia que echa en falta en otros sitios. En el caso de Losantos, las broncas con la propia derecha la refuerzan.
Nada de esto convierte toda opinión conservadora en propaganda, ni a todos sus oyentes en partidarios de sus excesos.
Pero la repetición de argumentarios, la selección interesada de los hechos y la fabricación de enemigos colectivos favorecen una lectura cerrada de la realidad. El problema empieza cuando los hechos ya no sirven para contrastar las opiniones, solo para confirmarlas.
Por eso, el éxito de Losantos no se explica solo por sus ideas. Lo singular es la mezcla de ideología, carácter y espectáculo: una función diaria de sátira, ultraje, certeza y confrontación con el locutor en el centro del escenario. Sus oyentes no sintonizan únicamente para saber qué ha pasado, sino para oír qué dice Federico de lo que ha pasado. La noticia pone el argumento del día, pero el protagonista es quien la cuenta.
Leídos juntos, el libro de Villarreal y la tesis de López Martín muestran que la rudeza verbal puede ser un oficio, una marca y una forma de entretenimiento.Conviene, con todo, no sacar conclusiones apresuradas. Gritar no hace falsa una opinión, como hablar bajo no la hace verdadera, y que un periodista tenga convicciones fuertes, use la sátira o se enfrente al poder no tiene nada de reprochable.
Lo reprochable es confundir la eficacia retórica y la invectiva con el conocimiento. Un argumento puede ser brillante y estar equivocado. Igual que una caricatura puede ser divertida y, a la vez, injusta. Ridiculizar al adversario nunca ha servido para quitarle la razón.
Vuelvo a los pistoleros de Antonio Villarreal. Mientras Losantos sigue con su monólogo, los colaboradores disparan de vez en cuando al mar.
Los disparos hacen ruido, agitan la superficie y entretienen al público. Cuántos dan en el blanco, nadie lo sabe. Quizá lo grave no sea que en España se hable demasiado, sino que hayamos acabado confundiendo la contundencia de las palabras ultrajantes con la solidez de las razones. Y algo más: entre tantos dispuestos a explicarnos el mundo, cuesta cada vez más distinguir a quienes tienen algo que contar de quienes solo necesitan seguir hablando. O insultando.

DdA, XXII/6498

EL SISTEMA PÚBLICO DE PENSIONES Y LA DERECHA EXTREMA


Félix Población

En el programa otrora de alienígenas y fuerzas ocultas del tal Iker en Cuatro, a cuyo presentador tan bien parodió en tiempos Mota, se estila ahora la tertulia ultramontana, con capítulos tan nauseabundos como el de las burlas con una anciana desahuciada de su vivienda, fallecida a los pocos días después de años de resistirse con el Sindicato de Inquilinas a abandonarla. 

Con todo, hay ocasiones en que el tal Iker y su contertulio Inda prestan un servicio público al respetable. Diez millones y medio de electores son demasiados para anunciarles una posible quiebra del sistema público antes de concurrir a las urnas, comentó el periodista patrañero. Mejor está no irse de la lengua ahora para después aplicar los recortes oportunos o lo que corresponda en comandita con la extrema derecha.

El tal Inda recordó que ya antes de los comicios de 2023, Feijóo tuvo un desliz similar, de ahí su rectificación inmediata y poco creíble ahora, sin que a Pedro Sánchez se le escapara oportunistamente la ocasión para garantizar la revalorización de las pensiones conforme al IPC antes de fin de año, asegurando que el sistema público es sostenible. 

Es factible, por esto, que el equipo de campaña del PSOE centre su programa electoral en la vivienda y las pensiones para fomentar el voto útil progresista que el sistema electoral y las divisiones de la izquierda van a propiciar. Si el primer asunto, con un parque público de vivienda a la cola de la Unión Europea, afecta sobre todo a los jóvenes y ha movilizado a la ciudadanía en las últimas semanas con una acampada en la Puerta del Sol, algo de preocupación les habrá entrado a los diez millones y medio de pensionistas después de escuchar a Ester Muñoz que el actual sistema público de pensiones es insostenible, coincidiendo en ello con Figaredo, el ceñudo diputado de Vox.

Que tanto Muñoz como su jefe hayan dicho después lo contrario, me parece que cuestiona aún más la credibilidad y lo que vayan a hacer su partidos y su extrema derecha en esta materia. La colaboración del patrañero Inda ha sido indispensable a través de un programa otrora de alienígenas y fuerzas ocultas.

DdA, XXII/6498

NUNCA SERÁS ESCRITOR

 


Fernando Portolés

Nunca serás escritor - me dijo la señorita Conchita devolviéndome el cuento.
Tenía 9 años y aquello era lo primero que escribía. Se titulaba "El héroe" y sólo recuerdo su frase final: "Y todos fueron a abrazar a sus familias". Lo había encuadernado con cartulina azul y había hecho algunos dibujos a lápiz.
Recuerdo que aquel viernes, mis abuelos nos recogieron en el colegio para pasar el fin de semana en el pueblo.
Fui todo el viaje en silencio, con la mirada perdida en el paisaje fugaz de la ventanilla y las palabras de la señorita Conchita resonando en mi cabeza:
- Nunca serás escritor.
Mi abuelo era muy observador y enseguida se daba cuenta de mi estado de ánimo, cantarín casi siempre que íbamos al pueblo. Aunque yo no le miraba, me daba cuenta de que él me observaba por el retrovisor.
Era un puente de San Isidro y estábamos cerca ya del final de curso. Aunque estábamos en primavera, el verano asomaba ya detrás de los calores del mediodía. Mi abuelo empezaba a llevar pañuelo en el bolsillo de atrás de su pantalón de pana para el sudor de la huerta y empezaba ya a remangarse las camisas. Era una de mis épocas favoritas.
Cuando llegamos era tarde. El cielo estiraba la luz, pero el ocaso le ponía ya un filo púrpura a las nubes. Pronto se haría de noche.
Después de cenar nos sentamos un momento delante de la alberca, frente al macizo gris de la montaña.
- ¿Me lo vas a contar? - me preguntó mi abuelo.
Le miré. Nunca tenía que preguntarme las cosas dos veces.
- La señorita Conchita me ha dicho que nunca seré escritor - dije sin rodeos - Teníamos que escribir un cuento y el mío no le gustó.
Mi abuelo no respondió nada. Entornó los ojos mirando hacia la oscuridad de la carretera que pasaba por delante de la finca.
- Mañana toca plantar las tomateras - dijo por fin - Así que vete a dormir, que te despertaré pronto.
Y así fue. Comenzamos temprano, cuando el huerto aún permanecía en umbría. Había un muro que tapaba el sol hasta media mañana. Trabajábamos en silencio. Sólo se oía el ruido de la azada rompiendo la tierra y el runrún lejano de un tractor.
Yo observaba a mi abuelo formando las regueras. Pero algo iba mal. Él siempre era un hombre preciso y aquel día estaba trazando unas líneas ondulantes que serpenteaban como una culebra.
- Abuelo, ¿por qué haces los surcos así? - pregunté acercándome al borde del huerto - Siempre me has dicho que tienen que ser rectos para que el agua corra bien.
Mi abuelo se enderezó y se limpió el sudor de la frente con el pañuelo. El sol pronto asomaría por el muro.
- Porque así fue el primer huerto que hice en mi vida - respondió mirando aquellas líneas sinuosas - Mi padre no era hombre de campo y nadie me enseñó cómo mover la azada, ni con qué fuerza tenía que golpear la tierra. Al principio, los del pueblo me decían que esto no era lo mío. Pero no les escuché. Empecé a visitar otras huertas y a fijarme en cómo trabajaba la tierra la gente que sabía. Y aprendí, después de hacerlo mal muchas veces.
Nos quedamos en silencio. No dije nada. Él tampoco. Sólo me miró y me dió mi azada pequeña. El sol iluminaba ya medio huerto y había trabajo por delante enderezando aquellos largos montículos de tierra.
Y decidí que sí, que sería escritor. Para hablar de la huerta, de mi abuelo y de aquellas conversaciones en los días de siembra.
Eso sí, con renglones rectos. Como las regueras.

DdA, XXII/6498

JUAN CARLOS MONEDERO: EL EXCESO DE CÁLCULO NO ES POLÍTICA, ES POLITIQUERÍA

Me parece oportuno y necesario el breve análisis que hace el profesor Juan Carlos Monedero de lo que está dando de sí, para no variar, la situación que vive la izquierda en España ante la convocatoria adelantada de elecciones generales y la imposibilidad, a una cuantas horas de que concluya el plazo de presentación de candidaturas, de una conjunta de esa izquierda para el 29 de noviembre. Esto comportará no sólo tirar a la basura cientos de miles de votos y la posibilidad de duplicar los escaños a conseguir en el Congreso, sino permitir que la derecha extrema gobierne en los próximos años y por primera vez desde la extinción de la dictadura franquista. El exceso de cálculo no es política, escribe Monedero, sino politiquería y donde tenías un gran apoyo, luego queda nada, o aún peor, una derecha que va a poder justificar sus barbaridades.

DdA, XXII/6498

jueves, 15 de octubre de 2026

¿NO BASTA CON ESTO?: UNIDA LA IZQUIERDA LOGRARÍA EL DOBLE DE ESCAÑOS

Todos los estudios lo dicen y no hace falta ser un lince: con el mismo número de votos, la izquierda, si se une, obtendría como mínimo el doble de diputados y diputadas que si va por separado. Repitámoslo hasta hacerlo posible, escribe la articulista. A lo que me permito añadir: si no les basta con estos números a los que hasta ahora les tocaría por dignidad haber llegado a un acuerdo, con la que nos puede caer el 29 de noviembre, es como para decir apaga y vámonos.


Marge Ferré

La unidad electoral de la izquierda no es un deseo, es una necesidad. Lo es si lo que se quiere es impedir que los neofascistas vuelvan a gobernar España, esta vez sin Franco, pero con intenciones parecidas.

Lo es, una necesidad, si se entiende que para cambiar una realidad dada lo que hay que hacer es trabajar sobre ella; sobre la realidad, quiero decir, no sobre los deseos. Y la realidad en nuestro país desde que alguien plantó la primera tienda en Sol, es la de un tiempo político acelerado.

Parece ya lejano, afortunadamente, pero fue hace poco que vivimos un verano en el que la derecha y su enjambre mediático, judicial, económico y youtubero nos enfangaron en debates sobre el odio a los condenados de la tierra que cruzaron a Ceuta, pretendiendo hacer del racismo el eje articulador de la política en España. Recuerdo pensar “cómo les gusta odiar” mientras veía videos de hordas queriendo patear migrantes. También pensé que odiar es su espacio favorito, es el lugar oscuro y húmedo en el que crecen. Al miedo, que es lo que en el fondo sienten, le encanta la oscuridad.

Pero llegó el otoño y una tienda de campaña, en la plaza que ilumina, les rompió el relato y al hacerlo, la rabia justa encendió un tiempo diferente; cuando la realidad grita, se hace audible y ya no te puedes hacer el sordo.

Las acampadas por el derecho a la vivienda importan porque lo que ha cambiado el tiempo político no ha sido solo el desahucio de Maricarmen, sino la lucha desencadenada para que esa barbaridad no pueda volver a ocurrir. Es la reacción a lo injusto lo que lo cambia la realidad y eso es, precisamente, lo que es una Huelga General; algo así como un grito masivo que anuncia hartazgo, un “se acabó” que marca el camino y que dice que vamos en serio. Una Huelga General es la expresión de la voluntad colectiva de que lo injusto ha de ser resuelto.

Los que así lo entendemos (y somos millones) sabemos que en las elecciones que Sol precipita, hay que hacer todos los esfuerzos para que ese anhelo -vivienda, salarios, precio- cristalice, se convierta en políticas públicas que cambien a mejor la realidad cotidiana de la gente y que eso no es política en pequeño. Es política en grande.

Sabido es que, para hacerlo, para materializar ese anhelo, hay que sortear un muro cuidadosamente construido: la ley electoral es la que es (de nuevo la tozuda realidad sobre la que hay que trabajar) y obliga a la unidad de la izquierda. Me consta que muchas y muchos están trabajando por ello, unas a regañadientes, otros más convencidos, las mejores en la sombra… pero da igual, ha de hacerse. No solo por sumar más escaños, sino por otro motivo mucho más precioso.

Si la gente importa, su voto también. Una propuesta que garantice que cada voto a la izquierda cuente y que, por el camino y de propina, le quite diputados a Vox. Todos los estudios lo dicen y no hace falta ser un lince: con el mismo número de votos, la izquierda, si se une, obtendría como mínimo el doble de diputados y diputadas que si va por separado. Repitámoslo hasta hacerlo posible: que los neofranquistas no gobiernen España pasa por la unidad electoral de la izquierda y esa es la contradicción principal. Lo demás es secundario.

La buena noticia es que en ese espacio no hay insalvables divergencias programáticas, debates sí, pero no antagónicos, sobre la defensa de Palestina, la paz, la vivienda, la sanidad, la educación, la igualdad… Un país mejor y para su gente frente a rentistas y especuladores, un país que haga de la solidaridad un recurso inagotable.

Enfrente, un PP que anuncia sacrificios que sabemos sobre qué hombros pretende cargar y un Vox que quiere emular a Milei y su jornada laboral de 12 horas, salarios de miseria, regalarle nuestras pensiones a la banca y nuestro país a Donald Trump. No hay grises ni equidistancia posible: este tiempo político acelerado es un tiempo de disputa y por eso me atrevo a recordar que ni los partidos ni las huelgas son fines en sí mismos, sino herramientas construidas para canalizar la escucha cuando la gente grita.

Su voz ha abierto, como una ventana, un tiempo político que rompe predicciones, que incomoda y pone nerviosos a caseros, banqueros y a traficantes de armas y por eso, ni más ni menos, defiendo la unidad.

Hay que saber leer el tiempo histórico y escuchar a quienes lo construyen, voces que hoy exigen una candidatura de la izquierda lo más unitaria posible. Así que me sumo a las muchas que ya apelan a no decepcionar a la gente y a trabajar desde la realidad desafiable. Animo, desde estas líneas llenas de realidad y deseo, a trabajar por la unidad de la izquierda, hasta el último minuto.

PÚBLICO  DdA. XXII/6497


REPRESIÓN POLICIAL EN MADRID Y MARLASKA DE NÚMERO 5 POR EL PSOE


Ana Cardo

Ayer la Universidad Complutense de Madrid (UCM) dio a conocer un comunicado en el que condenaba las violentas cargas policiales llevadas a cabo en la Ciudad Universitaria con motivo de la huelga y el paro académico de la enseñanza en Madrid en defensa de la educación pública. En el texto se hace constar que el citado centro académico no solicitó ni promovió la presencia de la Policía Nacional ni su intervención en el campus. Tenemos, por lo tanto, que el piquete informativo se dedicaba a informar, que la UCM no llamó en ningún momento a la policía y que, por lo tanto, la Delegación del Gobierno de Madrid o el ministro Marlaska deberían dar explicaciones sobre una violencia que causó varios heridos entre quienes ejercían su derecho de manifestación, expresión y huelga. Ayer precisamente supimos que el ministro del Interior ocupará en las listas por Madrid del Partido Socialista la quinta plaza, cuando quedan aún algunas semanas para la celebración de elecciones y las movilizaciones del profesorado y el alumnado, que se prometen masivas en la capital del reino, sólo acaban de empezar. Quizá al Partido Socialista le conviniera un número cinco en sus listas menos represor de los derechos que que se ejercen en la calle y más enérgico con las algaradas de los antidemócratas. 

DdA, XXII/6497

NAZA: CONTRA LA TECNOLOGÍA DEL EXTERMINIO



Alejandro Álvarez

Hace diez años visité el campo de exterminio de Auschwitz. Allí vi con claridad el funcionamiento de una industria perfectamente planificada para el exterminio de personas (judíos, comunistas, gitanos y otros grupos étnicos o políticos). El conocimiento de aquella maquinaria de aniquilación de personas me produjo una conmoción que, si bien no con la misma intensidad, aún siento siempre que recuerdo aquella visita y me vienen a la mente algunos de los espacios de aquel macabro lugar. Entonces, tenía la vana esperanza de que tal grado de elaboración técnica e industrial para exterminar a personas no volviera a repetirse y que la razón y la ética impedirían la reproducción de semejante barbarie.
Ayer fui al cine a ver NAZA. Salí del documental con una mezcla de rabia, indignación, impotencia, abatimiento y ganas de gritar al mundo que esto no puede ser, que Gaza es Auschwitz, que es imprescindible frenar al monstruo, no solo por el genocidio que está cometiendo con los palestinos sino porque, sabiéndolo, pues ya no es posible ignorarlo para quien no se niegue a ver la realidad, tenemos el deber ético y humano de pararlo si no queremos ser parte de esa barbarie. No podemos ser indiferentes, no tenemos derecho a mirar para otro lado, nuestra humanidad ni nuestro sentido moral no pueden permitirnos la inacción ante semejante depravación, ante tal desarrollo de la tecnología, ante tal refinamiento técnico y deshumanizado para aniquilar a un pueblo.
NAZA no nos presenta a antisionistas o antisemitas o antijudíos criticando, descalificando o injuriando a Israel sino a los protagonistas de las masacres, miembros de las Fuerzas de Defensa de Israel o miembros de su aparato de inteligencia desvelando con precisión cómo la tecnología israelí se ha desarrollado al máximo para controlar y llevar al exterminio al pueblo palestino, hasta qué punto todas y todos los miembros de ese pueblo están controlados por Israel y cómo este Estado da órdenes de matar palestinos sin importar si los aniquilados son niños, mayores o ancianos indefensos, combatientes de Hamás o mujeres cuidando a sus hijos, porque ninguno de ellos cuentan como personas, simplemente son NAZAs, "daños colaterales", unos daños que cada vez son menos colaterales y más objetivos a abatir sin otra consideración que su condición racial, individuos, independientemente de su edad o género, a los que hay que exterminar para quedarse con su tierra, borrándolos de la Historia.

Los testimonios de los que han accedido a darlos sobre las acciones y los métodos llevados a cabo por Israel en su empeño en acabar con el pueblo palestino para ocupar toda su tierra ponen de manifiesto con claridad que el Estado de Israel prioriza sobre cualquier otra consideración su voluntad de anexión de todo el territorio palestino, y esa prioridad ha llevado a quienes dirigen el Estado y a buena parte de la sociedad israelí a arrinconar o enterrar toda sensibilidad humana que cuestione ese objetivo primordial. Y para justificarlo han generado un relato que ha deshumanizado a los palestinos, los ha cosificado y les ha negado la condición de seres humanos para así no sentir culpa ante el genocidio que están cometiendo contra ellos.

La persecución que ya ha iniciado el gobierno de Israel contra los directores del documental y de quienes han participado en el mismo, desvelando las estrategias de exterminio de los palestinos, no se fundamenta en que el documental traslade mentiras sobre la actuación israelí, sino todo lo contrario, los persigue porque desvelan una verdad terrible que, por un lado, sitúa a Israel en la misma orilla genocida que los nazis y, por otro, echa por tierra las pretendidas justificaciones israelíes sobre el tan falso como manido relato del derecho a defenderse o del combate al terrorismo. Porque lo que el documental desvela, por boca de los que han estado fijando los objetivos o disparando las bombas, es que hay una planificación tan afinada como perversa para matar palestinos ya sea por bombas, por hambre o por enfermedad. Ese es el gran valor de NAZA y por eso ese documental debería ser visto por millones de personas en nuestro país y muchas más en todo el mundo. Es una tremenda lección y también una inyección de sensibilidad para poner en acción nuestros cuerpos y nuestras mentes contra la barbarie que nos acecha. Que nadie se pierda este valiosísimo documental.

DdA, XXII/6497

EL SOFISMA DE LA "UNIDAD" Y LA TRAMPA DEL DEDAZO

 


@JotaEmeGcNew en X

El sofisma de la “unidad” y la trampa del dedazo, o cuando Javier Aroca da en el clavo. Hilo dedicado a mi admirado tertuliano, antropólogo y hombre de izquierdas.

Lo ha explicado con una claridad demoledora Javier Aroca: la “unidad” se ha convertido en un sofisma al que apela la izquierda cuando cunde la desesperación. Una trampa de la retórica política usada para exigir sumisión, no para sumar desde abajo.
Resulta paradójico, y casi sarcástico, escuchar dar lecciones de “unidad” a formaciones como Izquierda “Unida” o las ruinas de Sumar, plataformas compuestas por decenas de pequeñas siglas de aparato. ¿De qué unidad nos hablan quienes han sido incapaces de cohesionar nada?
La realidad es que, para estos actores, el concepto “unidad” nunca ha significado trabajar en pie de igualdad. En su diccionario, “unidad” significa única y exclusivamente que Podemos se integre aceptando las condiciones e imposiciones que los demás decidan en despachos.
La “unidad” como fetiche se utiliza para tres cosas:
1. Tapar la falta de programa transformador.
2. Justificar la ausencia de primarias abiertas.
3. Culpabilizar a quien no trague con el “dedazo” de la división de la izquierda.
Pretenden que la militancia y los votantes olviden que el “Frente Amplio” rehúsa poner urnas abiertas para ordenar sus listas. Llaman “intransigencia” a exigir que la gente decida y llaman “generosidad” a la imposición de sus propios candidatos prefijados.
Como bien advierte Aroca, cuando la política se reduce a un mercadeo orgánico entre cúpulas de partidos en lugar de movilizar a la ciudadanía, el resultado no es la unidad: es la parálisis y el desencanto del electorado progresista.
La verdadera unidad no se impone por decreto ni mediante chantajes emocionales frente a la extrema derecha. La unidad real se construye respetando la autonomía de las partes, reconociendo la plurinacionalidad y dando la palabra a la gente en primarias abiertas.
Basta de sofismas. Que no nos vendan “unidad” quienes solo buscan la subordinación de la izquierda transformadora. Menos política de despacho y más democracia de base.

DdA, XXII/6497

EL CIS ACLARA POR QUÉ PP Y VOX SE INVENTARON LO DEL PUCHERAZO



Félix Población

Casi al tiempo que Pedro Sánchez disolviera las Cortes y convocara un adelanto de elecciones generales para el 29 de noviembre, el CIS promovió una de sus encuestas entre los día 1 y 6 de octubre. Como la convocatoria se hizo el día 5, muchos de los encuestados no estaban al tanto de la noticia fechada este día, por lo que el resultado demoscópico quizá podría haberse incrementado más a favor del Partido Socialista de lo que el CIS refleja. 

Según el barómetro de este mes, los socialistas se recuperan de la caída experimentada en septiembre y llegan al 34 por ciento de votos, a casi doce puntos (22,2 por ciento) que como estimación de voto lograría el Partido Popular. Lo perdido por este partido lo ganaría en parte su extrema derecha, con algo más del 17 por ciento, a poco más de un punto de su récord del pasado mes de febrero. 

El PP lograría 94 escaños y 63 obtendría Vox, para hacer entre ambos un total de 157, cinco menos que los que conseguiría el PSOE sin contar con los once del Frente Amplio, los tres de Podemos, los nueve de Bildu y los once de Esquerra Republicana, con cuyas aportaciones la izquierda conseguiría en el Congreso 186 escaños. 

Falta saber, hasta que comience la campaña electoral, la evolución en los próximos días del asunto de la unidad de la izquierda y otras eventualidades que puedan darse hasta el día en que se abran las urnas. Hasta entonces estos guarismos de expectativas de voto pueden crecer o decrecer a favor o en contra de los partidos concurrentes. Hay que tener en cuenta que las encuestas del CIS en las pasados comicios fueron las que más se acercaron a los resultados finales. 

De la que acabamos de conocer este mes de octubre se puede colegir por qué tanto el Partido Popular como Vox se pusieran nerviosos ante la convocatoria adelantada de elecciones, sacando de sus respectivas mangas la patraña trumpista de un posible pucherazo o fraude electoral. No olvidemos que esta convocatoria la planteó el presidente Sánchez tras negarse las derechas a aprobar los decretos sobre vivienda, fruto de las movilizaciones ciudadanas por el inhumano desahucio de la vivienda en que residía Maricarmen Abascal, fallecida pocos días después*.

*Leído hoy en el diario El País: Los expertos consultados creen que la izquierda está sobrerrepresentada porque muchos votantes de derechas rechazan participar en las entrevistas. El organismo público lo niega. Pero lo cierto es que en 2023, el CIS se acercó más que en ninguna otra encuesta al resultado final.

DdA, XXII/6497