En Europa, escribe hoy el autor del artículo en CTXT a propósito de la nueva película de Santiago Segura, el padre espiritual de la ultraderecha derrotado y en América, Trump preparándose para la tremenda hostia de las midterm elections, nos dibujan un futuro mejor del que nos cuentan la ficción y el telediario. Ojalá, tras Torrente presidente, tengamos nueva entrega de la saga llamada Torrente vuelve a ser parodia. En ese caso me temo que Abascal y alguna gente más dejaría de ir al cine para sorpresa de un inocente Santiago Segura que no tendría ni idea de que sus pelis tuviesen cierto papel político. Me quedo de piedra, amiguetes.
Gerardo Tecé
No he visto Torrente 6. Igual me pierdo algo, pero estoy dispuesto a correr el riesgo. Como con Gran Hermano, creo que la primera vez estuvo bien y que después ya no hacía falta tomarse tantas molestias. Desde 1998 hasta hoy Santiago Segura se las ha tomado una y otra vez. Con esos números en la taquilla y en la cuenta corriente no me extraña. El otro día lo vi promocionando la nueva peli de la saga en el programa de David Broncano. Si Torrente es para mayores de 16 años, el discurso de su director en la tele pública era para todos los públicos, incluyendo niños. No hacía falta que el hombre mágico mandase a nadie a dormir. “Vivimos en una sociedad llena de intolerancia y agresividad”, se quejaba amargamente Santiago Segura porque al parecer hay gente que se mete con él y su peli en redes sociales, ¿te lo puedes creer? “Hay que aniquilar a todos los moros, panchitos y negros”, opinaba hace poco desde la tolerancia el Dandy de Barcelona, amiguete de Santiago Segura que forma parte del reparto de Torrente presidente porque este es un país libre y el que no quiera que no vea la peli, saltaba Santiago Segura de la problemática de la intolerancia a la defensa de la libertad para ser intolerante con tal soltura que parecía haber dirigido Todo a la vez en todas partes.
Sin llegar a ser Dani Güiza me gusta mucho Torrente. No la película, sino el concepto en sí. La sociología que baila a su alrededor. Un prota de El Día de la Bestia, peli fundacional del cine español moderno, crea la saga de mayor éxito de la historia de España bajo la premisa de reírnos del fascismo pestilente y residual y, pasados los años, ese fascismo que sigue siendo pestilente –siempre lo es– ya no es residual y nadie sabe si Torrente es parodia, apología o negocio sin más. Como en el caso de la ultraderecha real, la de la ficción también tiene pinta de ser un negocio sin más moral detrás. Lo cual sitúa a esta peli en la órbita sentimental de la derecha franquista que un lunes te censura la proyección de Lightyear porque aparecen dos mujeres besándose y un martes te dice que hay que ir a ver Torrente como acto en defensa de libertad. Abascal, rodeado de un grupo de bros de Vox, fue visto saliendo de la sala y diciendo que había pasado un buen rato, lo cual nos indicaría a los que no hemos visto la película que igual algunas trazas de fascismo sí que contiene, pero siendo Abascal vete a saber si la ha entendido. Como le pasa al amiguete de El Dandy y su preocupación por la intolerancia, para los censores de toda la vida Torrente es libertad, aire fresco. Dudo mucho que las risas que genera Torrente fuera del cine las pueda empatar dentro.
Decía en una entrevista de promoción de su peli José Luis, perdón, Santiago, que al contrario que otras personas trans, Bibiana Fernández sí se ha ganado el derecho a ser mujer. Porque se ha inyectado sus hormonas, se ha puesto maquillaje, ido a comisaría a por su DNI y se ha teñido de rubia para tranquilidad de quienes, ávidos de la libertad que les proporciona Torrente, temen que cualquiera pueda elegir libremente lo que es sin superar pruebas de esfuerzo. Bien. Quizá Santiago Segura, tipo de izquierdas según él, pero de izquierdas de verdad, como Cayetano Martínez de Irujo, Pablo Motos e incluso Felipe González, no haya hecho el esfuerzo suficiente para que lo consideremos como tal y no cómplice de según qué movimientos reaccionarios. Como tú dices, queremos que te lo ganes, Santiago.
Entre risas y risas con Baratito Quiles o el Dandy, Torrente aporta su granito de arena al distópico presente cinematográfico que nos cuenta que es más probable el futuro en un búnker bajo tierra con tipos como Torrente aspirando a dirigir países que uno con Trump y Netanyahu entre rejas y soleadas semanas laborales de cuatro días. Como la derecha política, la audiovisual también miente. Los ciclos cambian y este de fascistas pestilentes podría estar terminando. El miedo de hoy será la rabia de mañana y con rabia han votado en Hungría mandar al ultraderechista Orbán a la papelera de la historia de la que nunca debió salir. En Europa, el padre espiritual de la ultraderecha derrotado y en América, Trump preparándose para la tremenda hostia de las midterm elections, nos dibujan un futuro mejor del que nos cuentan la ficción y el telediario. Ojalá, tras Torrente presidente, tengamos nueva entrega de la saga llamada Torrente vuelve a ser parodia. En ese caso me temo que Abascal y alguna gente más dejaría de ir al cine para sorpresa de un inocente Santiago Segura que no tendría ni idea de que sus pelis tuviesen cierto papel político. Me quedo de piedra, amiguetes.
CTXT DdA, XXII/6315







