miércoles, 29 de abril de 2026

QUE LA MENTIRA POLÍTICA QUEDE IMPUNE ES UNA ANOMALÍA DEMOCRÁTICA GRAVE

El día, lejano al parecer, en que el pueblo, todos sin exclusión, entendamos que la mentira en general y en especial en política es imperdonable, y como consecuencia de ella, retiremos nuestra confianza y apoyo a quienes nos mienten con un descaro absoluto y arrogancia al hacerlo, entonces, y sólo entonces, seremos un pueblo serio, responsable y ecuánime. Mientras tanto, chapotearemos en la ciénaga de la estulticia. Si la mentira no le pasa factura a quien la comete, y los ciudadanos dejamos que eso pase, estamos abriendo una puerta muy peligrosa a un mundo cada vez más hostil, más deshumanizado y más injusto. Porque la mentira persigue fines que siempre tiene que ver con desprestigiar a algo o a alguien para denigrarlo. Manipular la opinión de las personas para que tomen partido por algo o alguien.


Fernando Rodríguez Calleja

Ser un cínico es el cenit de la perfección en la mentira. Porque, al delito impúdico de la mentira – aunque algunos afirmen que mentir no es ilegal -- hay que añadirle la insolencia y la arrogancia. Una persona cínica es aquella que actúa con falsedad y además con absoluta desvergüenza y descaro extremo. No lo digo yo, lo dice la definición del diccionario de la RAE. El cínico, además de todo esto, utiliza el desprecio como una constante para expresar burla e incluso hace esfuerzos para que se le note por medio del sarcasmo y la ironía, utilizando ambas en lo que él considera “humor”.
El cínico es tan pérfido, tan taimado y artero, que es tremendamente peligroso. No solamente porque, al faltar a la verdad, causa males de toda índole. Sino también, porque puede causar un mal todavía mayor, como el de hacernos dudar de nuestra propia certeza. El cínico miente con un aplomo y una flema que puede hacer dudar hasta al propio Papa de Roma de la existencia de dios. Ante un cínico hay que tener una convicción y una certeza absoluta para no caer en el abismo de la duda ¡Cuidado con ellos! Claro que el cínico nos puede engañar, pero su mentira sólo vale para una vez. En la siguiente, a menos que se sea un lerdo babeante – que también abundan -- ya no cuela.
No todos los mentirosos son cínicos: hasta para eso hay que “valer”. Al mentiroso “normal” se le descubre con facilidad: no tiene el cuajo y la frialdad del profesional experimentado, es más zafio y descuidado. El mentiroso “normal” se recrea en explicaciones redundantes que nadie le pide, metiéndose en “charcos” de los que luego no pueden salir ni en directo, ni en “diferido”. Abunda en detalles sin importancia repitiéndolos constantemente con el objeto de desviar la atención hacia otro lado, es el famoso “Y tú más” El mentiroso “normal” suele afirmar cosas que son de fácil comprobación, por lo que su mentira tiene poco recorrido. Por poner un ejemplo: cuando el “cadáver político” de Toni Cantó afirmó en Twitter que <<"La mayor parte de las denuncias por violencia de género son falsas y que las comisarías estaban llenas de denuncias falsas”>> O quizá sirviera también de ejemplo el eurodiputado de VOX, Hermann Tertsch, asegurando que <<”El abuelo de Pablo Iglesias participó durante la Guerra del 36 en la caza de civiles inocentes en la retaguardia madrileña,”>> por lo que fue condenado a una multa de 12.000 € por vulnerar el derecho al honor. Este último podría tener la eximente de que, supuestamente, viera todo eso del abuelo de Iglesias en un brote de “Delirium tremens”. Ya conocen al personaje.
Cínicos los ha habido siempre, por haberlos los ha habido hasta en la Biblia, y el primero fue Caín que tras matar a su hermano, y ante la pregunta de su dios, dijo aquello de << "¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?">> Pero no quisiera yo remontarme tan lejos: volvamos a nuestros días, que haberlos, haylos, y de todos los colores y condiciones. Hay cínicos que afirman que jamás dormirían tranquilos si tuvieran que gobernar con ciertos fulanos “perroflauteros”. O aquellos que juraban que había armas de destrucción con impuestos añadidos. Alguno que afirmó que estaba perfectamente informado y localizado, mientras la riada se llevaba a sus conciudadanos. También había otros que acusaban a fiscales generales con argumentos espurios basados en que tenían “el pelo banco”. Pero de todos los conocidos, el mayor cínico de todos ellos, es un tipo que nadie sabe quién es, aunque todo el mundo lo conoce, excepto, claro está, el Poder Judicial: un tal M. Rajoy.
NO LO SHÉ, NO ME CONSHTA, LO DESHCONOZCO.
La actitud de M. Rajoy no sería la que es si estuviera ante un tribunal normal: ecuánime, imparcial y objetivo. Pero el gallego “shisheante” juega en casa y además con los árbitros comprados. Se sabe impune porque el “entrenador- instructor” anterior, llamémosle García Castellón – lo sacó en la lista de convocados y ahora está solamente de testigo en el banquillo. Es decir, que asiste al partido desde la banda – entiéndase “banda” como el lateral del campo y no como organización criminal con ánimo de lucro -- No es la primera vez que un “entrenador- instructor” mete un gol desde medio campo, pero este en especial, es un experto, es más, no sabe jugar de otra manera. Menos mal que ya no está en activo.
M. Rajoy tiene facetas añadidas a ese cinismo que todavía lo hacen más peligroso, una de ellas es esa expresión en la cara de pasmarote, de despistado atolondrado, de ensimismado simplón. Ese semblante de alelado no deja de ser una impostura para parecer indefenso, desamparado y perdido. Pretende con ello dar ese efecto de sorpresa ¿Y qué hago yo aquí? Es una técnica muy ladina y que M. Rajoy domina a la perfección y que además le ha dado mucho juego. Aunque yo no descartaría que, de tanto usarla, el “personaje” haya sustituido a la “persona”.
M. Rajoy es ya perro viejo, lleva en la política desde los años 70 del siglo pasado. Procedía de Unión Nacional Española (UNE) un partido fundado en 1975 por el exministro de Franco, Gonzalo Fernández de la Mora, un defensor a ultranza de la figura política del dictador, un tecnócrata del régimen franquista y firme defensor del inmovilismo. Un partido cuya ideología era el catolicismo, el franquismo y el tradicionalismo y que su posición política era marcadamente de extrema derecha. Después se afilió a la Alianza Popular de Manuel Fraga, un falangista de la vieja guardia, destacado exministro de Franco de infausta memoria, y que al final refundió a toda la extrema derecha en lo que dura hasta hoy que es el Partido Popular, también conocido hoy en día como la O.C.Á.L (Organización Criminal con Ánimo de Lucro). Una trayectoria brillante en la mejor escuela posible. Una escuela cuyo lema en latín es <<” Mendacium non est illicitum”>> lo que en román paladín es <<”Mentir no es ilegal”>>
M. Rajoy ha sido de todo, bueno de todo no, especifiquemos. No ha sido “sincero” nunca, es más no sabe ni el significado de esa palabra. Otra cosa que no es, es ser “demócrata”. Tampoco sabe su significado porque nunca le ha interesado esa palabra. Al fin y al cabo alguien que cree en el franquismo no puede ser demócrata. Fue parlamentario gallego con AP en el 81, fue Director General de Relaciones Institucionales de la Xunta, presidente de la Diputación de Pontevedra y Vicepresidente de la Xunta de Galicia entre 1986 y 1987. Después pasó a ser diputado en el Congreso de los Diputados durante diez legislaturas de 1986 a 2018, cuando lo echaron. En ese mismo periodo fue Miembro del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Popular. Fue Vicesecretario General del Partido Popular: 1990 – 2003. Secretario General del Partido Popular: 2003 – 2004. Termina de Presidente Nacional del Partido Popular: 2004 – 2018. Eso en cuanto a cargos en el partido nacional en Madrid.
Pero lo cargos no terminan ahí, también los ocupa en el gobierno de España, con “Mr. Ánsar”. Es nombrado Ministro de Administraciones Públicas: 1996 - 1999. Ministro de Educación y Cultura: 1999 – 2000 Ministro del Interior: 2001 – 2002. Ministro Portavoz del Gobierno: 2002 – 2003. Ministro de la Presidencia: 2002 – 2003. Vicepresidente Primero del Gobierno: 2000 – 2003 y finalmente Presidente del Gobierno: 2011 - 2018 (X, XI y XII legislaturas, esta última incompleta por la moción de censura) Ya ven, 43 años en política de los cuales 37 con cargos públicos, o lo que se ha dado en llamar <<”A la sopa boba”>>
MENTIR NO ES ILEGAL
Que la mentira política quede impune es una anomalía democrática grave. Que desde la dirección de un partido político se afirme que “mentir no es ilegal” da pie a pensar cuál es la catadura moral y ética de todos sus integrantes y por añadidura de sus votantes, que son los que lo sustentan en el poder. Admitir como argumento y excusa que los adversarios mienten y como ciudadano seguir apoyando a los propios, que también mienten, es una incongruencia absurda, porque los que perdemos siempre somos los mismos: nosotros, los ciudadanos, y no ellos, los políticos.
La mentira se ha instaurado de tal forma en el poder político que se admite con normalidad e incluso es tolerada. Nos mienten con tal descaro que resulta obsceno escucharlos. Pero hay gente, gente corriente, ciudadanos, a los que la mentira no les hace mella porque prefiere transigir con ella mientras sea la propia. Saben que les mienten, pero aceptan que lo hagan mientras que critican las mentiras de los adversarios políticos. ¿Recuerdan aquel refrán? <<” Quédeme yo tuerto si mi enemigo se queda ciego”>> Pues algo de eso hay. Es patético, pero es así.
El día, lejano al parecer, en que el pueblo, todos sin exclusión, entendamos que la mentira en general y en especial en política es imperdonable, y como consecuencia de ella, retiremos nuestra confianza y apoyo a quienes nos mienten con un descaro absoluto y arrogancia al hacerlo, entonces, y sólo entonces, seremos un pueblo serio, responsable y ecuánime. Mientras tanto, chapotearemos en la ciénaga de la estulticia. Si la mentira no le pasa factura a quien la comete, y los ciudadanos dejamos que eso pase, estamos abriendo una puerta muy peligrosa a un mundo cada vez más hostil, más deshumanizado y más injusto. Porque la mentira persigue fines que siempre tiene que ver con desprestigiar a algo o a alguien para denigrarlo. Manipular la opinión de las personas para que tomen partido por algo o alguien. Y por último engañar a la opinión pública dándoles esperanza y prometiéndoles la luna, para luego hacer todo lo contrario.
Si queremos ser una democracia sería, ecuánime e igualitaria. Si queremos ser respetados y respetables. Tenemos que cambiar el “chip”. La mentira tiene que ser desdeñada y desdeñable. MENTIR SI TIENE QUE SER ILEGAL. No sólo eso, tiene que ser punible y condenable con graves sanciones. A quien se le demuestre que miente, bien sea en la vida civil o en la política, hay que hacerle pagar por su delito, y además debe ser ejemplarizante. Ahora eso es imposible porque uno de los poderes del Estado está absolutamente corrompido ¿Se puede impartir justicia contra los mentirosos cuando es la justicia la que los ampara? Eso sólo depende de nosotros. A llegado la hora de elegir.

DdA, XXII/6329

EN EL PP SIGUEN HASTA 20 DIRIGENTES VINCULADOS A LA ETAPA KITCHEN

Si quienes estaban entonces siguen ahora, escribe Miñano, no hay ruptura, no hay limpieza, no hay regeneración. Hay continuidad. Y ahí está el núcleo del problema: no es solo lo que ocurrió, sino lo que se mantiene. Cuando un partido intenta cerrar en falso sus episodios más oscuros apelando al tiempo, pero conserva a los mismos protagonistas en posiciones de poder, la corrupción deja de ser pasado para convertirse en presente.



Ricardo Miñana

Es Javier Arenas: toda una vida instalado en la política, ejemplo de esa cultura de poder que convierte lo público en una carrera perpetua. Un “señorito” político sostenido por los impuestos de los ciudadanos, con un historial de declaraciones cuestionadas y una forma de actuar que muchos consideran ajena a cualquier exigencia real de responsabilidades.
Declaró en la trama Kitchen, uno de los episodios más graves por el presunto uso de recursos del Estado para tapar corrupción. Y aquí llega el argumento recurrente del Partido Popular: dicen que eso ocurrió “hace cuatro legislaturas”, como si el paso del tiempo borrara los hechos o diluyera las responsabilidades. Pero lo que no dicen es lo importante: que hasta una veintena de dirigentes vinculados a esa etapa siguen hoy dentro del partido, ocupando cargos o influyendo directamente en su rumbo.
Ese silencio no es casual. Porque desmonta el relato de renovación. Si quienes estaban entonces siguen ahora, no hay ruptura, no hay limpieza, no hay regeneración. Hay continuidad.
Y ahí está el núcleo del problema: no es solo lo que ocurrió, sino lo que se mantiene. Cuando un partido intenta cerrar en falso sus episodios más oscuros apelando al tiempo, pero conserva a los mismos protagonistas en posiciones de poder, la corrupción deja de ser pasado para convertirse en presente.
No es una cuestión de memoria, es una cuestión de coherencia. Y mientras esa coherencia no exista, el discurso de cambio no será más que eso: discurso.
La conclusión es incómoda pero difícil de esquivar: cuando no hay una ruptura real, cuando los protagonistas siguen siendo los mismos dentro del PP, la corrupción deja de ser un episodio para convertirse en una característica persistente. No es algo que “pasó”, es algo que no se ha resuelto.

DdA, XXII/6329

PACO IBÁÑEZ, EN EL TEATRO REAL, EN UN TIEMPO DE IGNOMINIA


Félix Población

Habiendo sido y siendo la de Paco Ibáñez una de las carreras más dilatadas como cantor y compositor, nada menos que setenta años, es muy posible que ni el propio Ibáñez imaginara, cuando se subió por primera vez a un escenario, que cumplidos los 91 años de edad cantaría en el mismísimo Teatro Real de Madrid. Lo hizo el pasado lunes, presentando su disco Vivencias, que pretende ser una reivindicación del humanismo frente a la barbarie, una luz en tiempos de ignominia como los de ahora. Quizá por esto, lo primero que se escuchó en el concierto que dio Ibáñez junto a su guitarrista Mario Mas, ha sido la grabación de unos versos de José Agustín Goytisolo: Por eso digo una vez más:/ que nadie piense o grite ‘no puedo más y aquí me quedo’./ Mejor mirarles a la cara y decir alto:/ ‘Tirad hijos de perra, somos millones y el planeta no es vuestro'. La primera canción compuesta por Ibáñez tiene por letra el poema de Luis de Góngora La más bella niña y el primer disco, que data de 1964, tiene a Góngora y a Federico García Lorca como los primeros poetas musicados por el cantor. Que Paco Ibáñez llegue al Teatro Real en un tiempo que tiene otra vez carácter de barbarie, debería ser una buena noticia, porque se le otorga una proyección al cantautor que se ha ganado con creces desde que rompió el silencio oscuro de la dictadura. Nunca se cantaron en el Real palabras tan necesarias como las que Ibáñez cantó hace unos días en tan carismático escenario. Paco Ibáñez en el Teatro Real con los poetas de nuestra vida en un tiempo de ignominia. El cantautor no se olvidó de nombrar y calificar a los genocidas. Todo el teatro cantó al finalizar el concierto el poema de Rafael Alberti A galopar. Una frase quedó inscrita en el escenario junto a las imágenes de los poetas que hicieron camino y cantar, verso a verso, durante nada menos que siete décadas junto a Paco Ibáñez: Nos queda la palabra. 

DdA, XXII/6329

JUDÍOS PROTEGIENDO A PASTORES PALESTINOS DE COLONOS JUDÍOS



Lo habitual es que a través de las redes sociales y algunos medios de comunicación palestinos nos lleguen imágenes de la agresividad y  violencia con la que son atacados los ciudadanos palestinos en Cisjordania por los colones palestinos, generalmente armados, que en ocasiones incluso llegan al asesinato. Raro es que ese tipo de imágenes aparezcan en otros medios, como la de programar la sed de los palestinos cerrando pozos de agua, según leemos hoy. Las escenas de violencia son especialmente indignantes cuando las víctimas son menores y los agresores son soldados israelíes. Pero en Israel también hay grupos minoritarios de personas dispuestas a respaldar y proteger a quienes sufren esa persecución y acoso, como se nos cuenta en el siguiente comentario  quien integra uno de esos grupos de apoyo en un escenario tan singular como el desierto de Judea. Tal acción solidaria merece ser resaltada en un conflicto tan pródigo en acometidas reiteradas de barbarie, incluso en tiempos que dicen de tregua y siguen sumando asesinatos entre la población palestina. Un abrazo desde aquí a los integrantes de Standing Together y demás grupos pacifistas israelíes. 

Javier de la Puerta/ desde Jerusalén

Yo siempre insisto en la gran admiración que siento por el pueblo judío. Con mi información sobre el activismo pacifista judío, intento transmitir una imagen que no sale en los medios de comunicación, la de judíos de todas las edades que dedican tiempo y esfuerzo ayudando a la población palestina de mil maneras. Nosotros pertenecemos a Standing Together, pero hay otros grupos pacifistas.
Aquí vemos a dos voluntarios judíos sentados, Yaara Shilo y Yotam Lidor, junto a dos pastores beduinos, en el desierto de Judea. Grupos de colonos judíos radicales los atacan de mil maneras. La presencia de voluntarios judíos amortigua la agresividad, por lo general, aunque corremos cierto riesgo. La fotografía la ha hecho un tercer voluntario, Alain Eskénasy. Hay voluntarios ininterrumpidamente desde el pasado octubre, incluyendo las noches. Las 24 horas del día, los 7 días de la semana. A mí me toca el próximo jueves. La foto es de hoy a las 18:00.
En lo que a mí respecta, solo recordar que yo me negué a hacer el servicio militar en España, siendo de los primeros objetores de conciencia. El pacifismo lo llevo en la sangre. Y a veces me río, porque vivo en el país probablemente más belicista del mundo.

DdA, XXII/6329

A ESTA NATURALEZA MUERTA SÓLO LE FALTA LA MOSCA



La extrañaba a este Lazarillo que el escritor Juan José Millás Millás, a través de su habitual sección en El País Semanal, en la que pone pie largo a una fotografía que le sea especialmente atrayente, curiosa o interesante, no tuviera entre las que selecciona con este fin esta del rey que sigue siendo emérito después de su presencia en la plaza de toros de Sevilla para dar lustre cañí a la dinastía de la que forma parte. Juan Carlos de Borbón, junto a la infanta Elena, aparece sentado, en el centro de la instantánea, en una de las salas más borbónicas del Museo del Prado, rodeado por unos cuantos matadores de toros y sus cuadrillas, luciendo todos ellos sus trajes de faena y sus capotes. No nos dice Millás el autor intelectual -es sólo un decir- de la idea, pero es probable que el rey padre quisiera marcar distancia con su sucesor en unos días en que éste llegó incluso a reconocer abusos en la conquista de México, además de mostrar de suyo y por lo general una actitud mucho más reservada y esporádica a la hora de asistir a los tan mal llamados festejos taurinos. "Esa fotografía -escribe Millás- ,como los membrillos del pintor Sánchez Cotán, se descompone mientras la miramos. Y uno busca la mosca, convencido de que, cuando la encuentre, entenderá el sentido último de la escena. Y de la vida". Aunque la mosca no se encuentre o no esté en esa naturaleza muerta, coincidimos con el escritor en que lo propio de una naturaleza así esté a punto de fermentar y oler:

"He aquí una naturaleza muerta a la que solo le falta, como recordatorio de la corrupción, la mosca posada sobre la fruta más madura del conjunto. Una de esas moscas tan bien pintadas que dan ganas de espantarlas con la mano. Me vienen a la memoria las pinturas de Sánchez Cotán con sus coles suspendidas en la penumbra, perfectas, pero también a punto de pudrirse. Recuerdo algunas naturalezas muertas del Museo del Prado, donde la fruta brilla con el fulgor sospechoso del oro de los trajes taurinos. Esa capa de barniz sobre la muerte.

Hay en este género pictórico, además de racimos de uva y cacharros de cocina, tiempo detenido, aire rancio: la respiración agónica de lo que no dura. Se aprecia el momento inmediatamente anterior al deterioro, que es el verdadero asunto del cuadro, porque toda naturaleza muerta es una naturaleza a punto de fermentar y oler.

La fotografía de Juan Carlos I rodeado de toreros pertenece a esa tradición, aunque haya sido tomada siglos después y con otro tipo de pigmentos. No hay fruta, pero hay carne. No hay mosca visible, pero se la presiente. Los ternos, las sonrisas, las posturas, todo está dispuesto con la precisión de un bodegón clásico, como si alguien hubiera solicitado a los personajes que no respiraran para no estropear la composición. Pero, igual que en las pinturas antiguas, lo que interesa no es la quietud, sino la inminencia de algo. Esa fotografía, como los membrillos de Sánchez Cotán, se descompone mientras la miramos. Y uno busca la mosca, convencido de que, cuando la encuentre, entenderá el sentido último de la escena. Y de la vida".

DdA, XXII/6329

LAS EXTREMAS DERECHAS NO GANARÁN LAS ELECCIONES EN 2027

Se trata, dice Cervera, de que la democracia —aun esta nuestra que arrastra demasiado peso del franquismo— no acabe hecha polvo en manos de los herederos de quienes ya se la cargaron en nuestra historia. Tienen los medios de la democracia para atentar contra ella, ya no necesitan tanques ni aviones. Lo dicen abiertamente: les gusta la dictadura franquista. Quieren volver atrás para que los demás nos escondamos en el silencio. Las izquierda no pueden permitirse tenderles ese puente plata hacia el fascismo.


Cuando Feijóo le hacia "el cobra" a Abascal

Alfons Cervera

Cuando empiezo a escribir esta columna se me ha pasado una miaja el miedo. Lo he sentido desde hace y durante mucho tiempo. Aún a ratos está ahí, como una señal de precaución defensiva frente a un peligro desconocido. O al revés: claramente conocido. A lo mejor es que le he hecho caso a Mario Benedetti y el miedo se ha convertido en coraje. O he acabado estando seguro de que las victorias llegan poco a poco, pero llegan, como también decía el gran poeta uruguayo. Vengo de muy atrás, del tiempo en que vivir era difícil. Para mucha gente, imposible. De cuando mi abuelo Claudio, en la casa junto al río en Gestalgar, nos contaba a los nietos por las noches historias de muertos y desaparecidos. No sabíamos que esos muertos y esos desaparecidos eran de verdad pero estaba prohibido pronunciar sus nombres.

Vengo, de entre otros muchos sitios, de aquel ya lejano 1 de Mayo en que con Pep y Rodri decidimos que Rodri fuera a la mani y Pep y yo a echar una mano a un amigo que se quería tirar por un balcón. Nosotros le ganamos la partida al peso de la gravedad. A Rodri lo infló a hostias la policía en un portal del centro de València. O cuando el teléfono sonaba a todas horas, fuera de noche o de día,  y lo tuvimos intervenido la tira de meses por orden judicial y ahora —casi 40 años después— sé que lo peor no es que suene el teléfono fijo —o el móvil— y te ofrezcan cambiarte la tarifa de la electricidad o preguntarte a quién vas a votar en las próximas elecciones. Tantos años después sé que lo peor no es que alguien te hable al otro lado del teléfono aunque sea para venderte la moto, sino que digas "diga" y es como si al otro lado hubiera un muerto. O alguien que reconoce la voz y sabe que se ha equivocado. O un fascista.

O sea, y discúlpenme ustedes por este preámbulo tan personal como seguramente también intransferible: no sé si el miedo lo es, intransferible quiero decir. Pero lo nombro. En muchas ocasiones es difícil no sentirlo. Aunque no estemos solos, como el melancólico protagonista de Balada de otoño, esa machadiana canción de Joan Manuel Serrat que me conmueve profundamente cada vez que la escucho. Este país ha tenido que cargar a lo largo de su historia con toneladas y toneladas de miedos a la espalda. Ahora estamos en el regreso de la bestia. Ha sido poco a poco. Muchos años blanqueando al PP ha supuesto el avance de su ala ultra con el beneplácito de quienes desde la propia izquierda siempre consideraron la tropa de Fraga y Aznar parte imprescindible de la democracia. No sé por qué. Lo que sé es que ahora poca gente defiende esa condición. Sencillamente porque desde hace muchos años –sobre todo desde que está al mando Núñez Feijóo– no hay ninguna diferencia entre el PP y Vox. Ninguna diferencia es ninguna. En mi tierra valenciana gobiernan juntos, aunque quieran hacer el paripé de que no. Ya pueden decir lo que les dé la gana: el PP valenciano después de Mazón es el mismo que cuando mandaba el caradura del Ventorro. Ahora se llama Pérez Llorca el sustituto, pero el amor que siente por la extrema derecha es el mismo que el que profesaba abiertamente y sin tapujos su antecesor. Arrasan con todo lo que no consideran de su exclusivo interés y el de los suyos. Adelante con el machismo, con la supresión de las ayudas a la recuperación de la Memoria Democrática, abajo los impuestos a los ricos, persecución del valenciano como lengua propia, ejercer la censura como en los tiempos más oscuros de la dictadura, prevaricar como ha sucedido en el reparto de vivienda pública en el Ayuntamiento de Alicante, criminalizar la inmigración bajo la batuta asquerosamente criminal de Abascal y sus falanges fascistas…

No usaré el término "derecha" cuando me refiera al PP: hablaré de "extrema derecha" directamente. Menos líos. Y sí: me da miedo muchas veces que gobierne la extrema derecha. No quiero regresar a los tiempos de antes, a ese pasado que como decía Faulkner nunca acaba de pasar y es siempre presente. No quiero que las amenazas de los ultras tengan el sello oficial de las instituciones democráticas. Lo que quiero es que haya un gobierno progresista y de izquierdas. Eso quiero.

Por eso está bien que se hable de la necesaria unidad de las izquierdas. Necesaria no quiere decir que todo vale con tal de evitar la vuelta del franquismo. Que se discutan la iniciativa de Gabriel Rufián y otros miles de iniciativas que serán bienvenidas (ahí Mónica Oltra) si consiguen articular una realidad en que incluso las voces discrepantes puedan unirse sobre lo que nos junta a las izquierdas más que sobre lo que nos separa. Eso ha de ser posible. Este país no se merece la vuelta de los fascistas a ningún gobierno. A ninguno. Pero una vez dicho esto: ¿por qué no dedicamos aunque sea unas líneas al PSOE? Es que parece que todo lo dicho, todo lo discutido sobre la unidad de las izquierdas no vaya con ese partido. Me hace gracia cuando escucho voces socialistas diciendo que necesitan la unidad a su izquierda. La pregunta del millón: ¿para qué la necesitan? ¿Para quedarse siempre sin dar el último paso que asegure sin trampa ni cartón políticas de izquierdas? ¿Para preferir la Monarquía a la República? ¿Para que la Constitución se quede como está y muchos de sus derechos fundamentales hechos unos zorros? ¿Para que en cuestiones como la inmigración –a pesar de los avances con las últimas regularizaciones– siga mareando la perdiz y no apueste definitivamente y de forma contundente por la igualdad de derechos? ¿Para que siga manejando datos de la macroeconomía en vez de entrar en las casas y comprobar que es imposible llegar ya no a fin de mes sino de la primera semana? ¿Para que sigan los desahucios ya no como antes sino más cada día con una impunidad para los fondos buitre que aterra? ¿Para que disponer de una vivienda digna, en propiedad o alquiler, siga siendo, como el pollo de Carpanta en los tebeos de mi infancia, un sueño imposible? ¿Para eso necesita el PSOE una izquierda fuerte a su izquierda: para seguir actuando con miedo a la derecha y sus poderes económicos a la hora de aplicar de verdad políticas de izquierda? Por descontado que dar la cara como lo está haciendo en la política internacional se merece un respeto. Pero aquí…

Dígase lo que se diga, la extrema derecha de PP y Vox da miedo. Sentir miedo, decirlo a las claras cuando te están amenazando a ti y a gente que conoces, es reconocerte en lo más profundo y noble de lo humano. Hace unas semanas, sin ir más lejos, cuatro individuos disfrazados para el ataque no se atrevieron a reventar la presentación de mi última novela en València: como había mucha gente, se limitaron a unas risotadas, un leve pataleo y el portazo del cabreo por la ocasión perdida. No lo soy y tal vez por eso me repugnan los valientes estilo legionario, como esos nazis que siempre van en manada para disimular su cobardía, como esos mamarrachos con las mangas de la camisa por encima del codo que se retratan, pecho al aire y obsceno trapo con el aguilucho por bandera, delante de las cámaras y los micrófonos de los youtubers fachas, como esos mismos youtubers fachas que se saben protegidos por buena parte de la policía y sobre todo por la mayoría de los jueces en este país que cada vez ve más disminuida su fortaleza democrática. Pero lo que más miedo me da es que dejemos el paso libre a esa gentuza para que el matonismo fascista campe a sus anchas por las calles y en los despachos oficiales.

De eso se trata, precisamente. De que la democracia —aun esta nuestra que arrastra demasiado peso del franquismo— no acabe hecha polvo en manos de los herederos de quienes se cargaron la República hace casi noventa años. Los golpes de Estado ya no necesitan tanques ni aviones. Tienen los medios de la democracia para atentar contra ella. Lo están haciendo desde hace mucho tiempo. No se esconden. Lo dicen abiertamente: les gusta la dictadura franquista. Quieren volver a ella para que los demás nos escondamos en el silencio como en los tiempos de sus antepasados vencedores de la guerra. La izquierda —las izquierdas— no nos podemos permitir tenderles ese puente de plata hacia la vuelta del fascismo. No seré yo quien diga —entre otras cosas porque no lo sé— cómo hemos de hacerlo. Pero hemos de hacer posible que el miedo cambie de bando, que vean cómo hemos convertido nuestro miedo en una inequívoca señal de coraje, que no lo van a tener fácil para ganar las elecciones el año que viene, que Feijóo, Abascal y sus falanges antidemocráticas, como ya pasó en julio de 2023, se van a quedar una vez más con dos palmos de narices.

La unidad de los partidos democráticos es necesaria. No sé cómo se consigue eso en poco más de un año. Pero hay que intentar que esa unidad sea posible. Sin que se diluya lo que cada cual es cuando se junten las siglas de sus partidos. Sabiendo que en algunos sitios será fácil, en otros difícil y tal vez en otros imposible. Pero creo que hay que intentarlo, que al menos hay que intentarlo. Que las hostias que le arrearon a Rodri aquel lejanísimo 1 de Mayo no regresen de nuevo a manos de los herederos de las porras, las malditas pelotas de goma, los botes de humo y las pistolas fascistas. Y desde luego, una pregunta que repito para acabar este relato seguramente demasiado personal y casi seguro que intransferible: ¿y el PSOE? ¿Qué dice el PSOE? Lo pregunto porque no lo sé. Porque siempre se queda en el penúltimo paso antes de dar el paso definitivo hacia políticas de izquierdas. A ver ahora…

Ojalá disculpen este rollo tan personal que les he soltado. Pero algo he conseguido: escribiendo del miedo he acabado por no sentirlo. A lo mejor es porque sé que ustedes están ahí y que, como cantaba mi paisano y amigo Raimon, «somos muchos más de los que ellos quieren y dicen». Y por eso estoy casi seguro de que el año que viene las extremas derechas no ganarán las elecciones. Como el 23 de julio de 2023 más o menos. ¿Que soy el premio Guinness de todos los ilusos? Pues a lo mejor. Pero qué quieren que les diga: me siento bien con ese premio. Seguro que además habrá mucha gente que quiera compartirlo. No sé. A ver…

INFOLIBRE  DdA, XXII/6329

martes, 28 de abril de 2026

LA AUDIENCIA NACIONAL Y EL CRUCE DE PIERNAS DE DOS EXVICEPRESIDENTES


Lazarillo

Hace unos días, en el juicio o lo que sea contra la cúpula del Ministerio del Interior que se celebra en la Audiencia Nacional, observamos a quien fuera vicepresidenta del Gobierno  de entonces con M. Rajoy en La Moncloa, Soraya Sanz de Santamaría. Algunos, hace muchos años, defendiendo el derecho a la libertad de expresión en los medios de comunicación, probamos un banquillo literal sin respaldo y debimos descruzar la piernas a requerimiento de la autoridad judicial. Mucho más tarde, el propio Pablo Iglesias hubo de hacer lo propio, pero la vicepresidenta de M. Rajoy no fue molestada en ese sentido durante su concisa y casi monosilábica comparecencia en la Audiencia Nacional. Se la ve cómoda y hasta relajada, aunque atacada de la misma amnesia que sufre su partido con el caso Kitchen. Claro que, como dice alguien a propósito de la doble imagen,  ¿vas tú a comparar el valor de la vicepresidencia de un miembro del Gobierno del partido más corrupto de Europa, con la vicepresidencia del de un miembro de un partido como Podemos, denunciado e investigado por activa y por pasiva, sin una sola sentencia condenatoria en su haber? No podemos hacer otra cosa si la justicia igual para todos nos pone tan fácil la comparanza.

DdA, XXII/6328

¿CÓMO ES QUE IGLESIA RECAUDA MÁS SI LAS ASIGNACIONES IRPF DECRECEN?


Jorge Otero

Desde el año 2007, el año que empezaron a registrarse estos datos, las estadísticas de la Agencia Tributaria reflejan una curiosa paradoja: La Iglesia católica recauda cada vez más dinero del Estado al tiempo que el número de contribuyentes que marcan la casilla para sostener su actividad cae a sus mínimos históricos. Lo que no parece cambiar es el apoyo a la Iglesia entre las clases más pudientes: de acuerdo con los datos recogidos en el último Informe Anual de Recaudación Tributaria de 2025 (PDF), correspondiente al año 2024, las rentas más altas escogen tres veces más la casilla de la Iglesia que las rentas más bajas.

La Iglesia católica percibió 429 millones de euros del Impuesto de la Renta de las Personas Físicas (IRPF) a pesar de que el año pasado solo un 10,1% de las declaraciones marcó en exclusiva la X de la Iglesia. En 2007, ese porcentaje era del 21,4%, justo el doble. Si se suma a aquellos contribuyentes que marcaron las dos opciones, la de la Iglesia y fines sociales (algo permitido por la Agencia Tributaria), el porcentaje de declaraciones del IRPF que brinda apoyo económico a la Iglesia alcanza el 30,6%. En 2007, ese porcentaje era del 34,4%.

Si, como señala el informe de la Agencia Tributaria, "la asignación a la Iglesia católica muestra una clara trayectoria decreciente" desde el año 2007, ¿cómo se explica entonces que la Iglesia recaude cada vez más? 

PÚBLICO  DdA, XXII/6328

TODA LA IZQUIERDA JUNTA (PSOE INCLUIDO) SÍ EVITARÍA UN GOBIERNO DE DERECHA EXTREMA


Félix Población

A falta de lo que se pacte en el nuevo gobierno de Castilla y León y de lo que dispongan las próximas elecciones en Andalucía, ya tenemos a la extrema derecha en los gobiernos autonómicos de Extremadura y Aragón. En ambos casos se ha hecho notar la expresión que más va definir uno y otro ejecutivo. Recuerda al "América first" de Donald Trump, pero como en España tenemos experiencia histórica sobre el fascismo, lo que el Partido Popular y Vox pactan en Extremadura y Aragón es la llamada "prioridad nacional", un concepto mucho más arraigado en la historia patria y que se puede vincular con el de "redención nacional" que utilizó Onésimo Redondo, líder del nacional-sindicalismo, al que también se denominó como fascismo a la española. Obviamente, ante la vinculación del principal partido de la oposición con el concepto de "prioridad nacional" en dos comunidades autónomas, dos, concepto que constituye una flagrante discriminación que hace añicos el principio de igualdad constitucional entre la ciudadanía, es hasta posible que esto pueda llegar a restar expectativas de voto del Partido Popular en Andalucía, por halagüeñas que parecieran hasta la fecha. Temiendo este efecto en la Comunidad de Madrid, su presidenta ha sido rauda en la crítica a esa "prioridad nacional", consciente de que le pueda afectar también a ella en las urnas. Vivimos en un tiempo en que no se puede confiar en aquel electorado que se decía de centro y que antes basculaba su voto ora al PSOE, ora al Partido Popular, porque está claro que esta sociedad se ha dejado llevar por las corrientes ideológicas más reaccionarias que circulan por Europa. Por esto, cuando la derecha y la extrema derecha confluyen en gobiernos de derecha extrema en varias comunidades autónomas, lo que cabe esperar es que también lo hagan a escala nacional en unas futuras elecciones generales. Hemos llegado al punto en que sólo una confluencia de toda la izquierda junta, incluido el Partido Socialista, evitaría que la derecha extrema llegue a gobernar en España. Parece difícil, pero entre lo difícil y lo peor, mucho peor por conocido, hay que escoger lo primero porque lo que cuenta es defender la democracia*.

    LA SEGREGACIÓN ABRE TRINCHERAS


*La clave de la nueva invención de Vox, que también compra el PP, no es la escasez de recursos (esa es la coartada), sino la definición de quién pertenece al “nosotros” que los merece. (CTXT).



DdA, XXII/6328

ESPAÑA, LA ENERGÍA DEL SOL Y EL VIENTO, Y ORMUZ


Enrique de Teso

Hace un año fue el apagón. Inmediatamente saltaron lobbies de la energía nuclear y toda la infantería conservadora (ejem, llamémosla conservadora): la culpa fue de las renovables; fanatismo climático, talibanismo verde, comisarias políticas de Sánchez ignaras en asuntos de energía.
Hoy. El consorcio europeo ENTSO-E descarta que las renovables hayan sido la causa. Se estrangula Ormuz y dice Finantial Times que España soporta mejor el temporal, gracias a las renovables. The New York Times pone matices a la prédica de Sánchez, pero da datos de la menor dependencia de España de petróleo y gas gracias a las renovables (Francia, con su abundante energía nuclear, está siendo mucho más afectada por Ormuz). Maarten Wetselaar, CEO de la antigua CEPSA, dice que España puede ser la Arabia Saudí de Europa, gracias a la energía del sol y el viento. Este señor cobró en 2025 un sueldo de 6,2 millones de euros. No es comunista.
Todo esto puede cambiar por cualquier cosa, pero un año después, confirmamos cuánto mintieron los que mienten siempre. Llamémoslos conservadores.

DdA, XXII/6328