La verdadera política está en las calles, las y los acampados, manifestantes, los sindicatos de inquilinas y de estudiantes. Este nuevo poder popular, la mayor fuerza de choque desde el 15M, no tiene referentes políticos pero ha hecho envejecer varios lustros a la clase política nacida hace diez o doce años. La credibilidad se gana peleando, conquistando o recuperando derechos, y en esto el mejor ejemplo son quienes han tenido la valentía de decir basta y amotinarse, señalando con toda claridad que el problema de la vivienda es consecuencia de la acción de un mercado desregulado, sumada a la inacción política, también la de la izquierda. A los partidos del Gobierno y aledaños les toca mirar, acompañar y dejar de molestar con sus ruidos internos. El mensaje de la calle parece decirles: se acabó el postureo. Hagan lo que sea mejor para las necesidades de la gente. Abandonen sus atalayas, sus inflados egos y sus odios de familia. Sean útiles, discretos y humildes.
EDITORIAL
El editorial pidiendo el voto antes de unas elecciones es una vieja tradición del periodismo norteamericano. Una práctica que consiste en intentar exponer a los lectores las ideas del medio, argumentando sobre aquellas posiciones políticas que son las más recomendables. A nadie le sorprendería que desde CTXT, un medio abiertamente progresista, se pidiese el voto en las próximas elecciones generales para las fuerzas de izquierda. Siempre lo hemos hecho así desde 2015 y no es necesario que lo hagamos de nuevo, porque los votantes progresistas saben bien que lo que se juegan es defender la democracia y los derechos de todas frente a quienes quieren apropiarse de ambas cosas para el beneficio de unos pocos.
Sí creemos, sin embargo, y dándole la vuelta a esa larguísima tradición periodística, que es nuestro deber llamar a nuestra comunidad lectora a movilizarse y acompañar las formidables protestas de los jóvenes en las plazas y en las calles, a participar en la Huelga General por la vivienda, y, por supuesto, a acudir en masa a las urnas el 29-N –o, mejor aún, a las oficinas de Correos si ese día no pueden votar–.
Y, por último, también nos gustaría trasladar algunas reflexiones del Consejo Editorial a los partidos y candidatos situados a la izquierda del PSOE.
El ciclo político ha cambiado en solo dos semanas. Lo viejo ha muerto y lo nuevo todavía no ha nacido. El Gobierno de coalición no ha puesto fácil trazar una defensa entusiasta del trabajo hecho. Como denunciaba una enorme pancarta de las acampadas en la Puerta del Sol en su protesta frente al Congreso, “PSOE y Sumar, responsables de nuestra miseria”. Tras ocho años en el poder, el balance en derechos (dejando aparte la ley mordaza) sólo puede ser calificado de insuficiente. Es cierto que el salario mínimo y las pensiones subieron –mucho menos que los alquileres y la cesta de la compra–, y que se implementaron escudos sociales tras las crisis concatenadas, pero el crecimiento macroeconómico no ha llegado a la clase trabajadora ni a la mayoría de los jóvenes, que viven hoy angustiados por el problema de la vivienda. El PSOE no ha sido capaz no ya de articular leyes o medidas eficaces, sino palabra alguna para aclararnos su posición ante el principal problema para la mayoría de ciudadanos y ciudadanas de este país. La respuesta más precisa data de febrero de 2021, cuando, preguntado un tal José Luis Ábalos por el asunto, respondió el entonces ministro que “la vivienda es un derecho, pero también un bien de mercado”. Ni machista ni feminista, dirían algunos.
Si uno mira a la izquierda, las cosas no están mejor. Aunque Podemos, Izquierda Unida, los partidos del espacio Sumar y las fuerzas de izquierda nacionalista tienen un discurso claro sobre la vivienda como derecho básico, a siete semanas del voto todavía no están definidos muchos liderazgos, y en algunos casos ni siquiera conocemos las estrategias electorales. Y asistimos de nuevo, especialmente dentro de la izquierda madrileña, al bochornoso espectáculo de las autopostulaciones cesaristas y el diálogo de sordos, todos a la suya caminando de la mano hacia el suicidio colectivo.
Quizá haya que recordarles que a esta nueva extrema derecha de la motosierra solo se la puede vencer con altura de miras colectiva, responsabilidad y una calculadora muy precisa. Que el espacio a la izquierda del PSOE no les pertenece ya, y hoy menos que nunca, porque la verdadera política está en las calles, las y los acampados, manifestantes, los sindicatos de inquilinas y de estudiantes. Este nuevo poder popular, la mayor fuerza de choque desde el 15M, no tiene referentes políticos pero ha hecho envejecer varios lustros a la clase política nacida hace diez o doce años. La credibilidad se gana peleando, conquistando o recuperando derechos, y en esto el mejor ejemplo son quienes han tenido la valentía de decir basta y amotinarse, señalando con toda claridad que el problema de la vivienda es consecuencia de la acción de un mercado desregulado, sumada a la inacción política, también la de la izquierda.
Las calles, encendidas por el salvaje desahucio de Maricarmen Abascal y galvanizadas por la admirable inteligencia política del Sindicato de Inquilinas, son hoy la dignidad, la ética y el futuro de la izquierda. A un diagnóstico claro han sumado la astucia en la estrategia, uniendo a los sindicatos de clase con las organizaciones feministas, antirracistas, ecologistas y otros movimientos de base para convocar la Huelga General. A los partidos del Gobierno y aledaños les toca mirar, acompañar y dejar de molestar con sus ruidos internos. El mensaje de la calle parece decirles: se acabó el postureo. Hagan lo que sea mejor para las necesidades de la gente. Abandonen sus atalayas, sus inflados egos y sus odios de familia. Sean útiles, discretos y humildes.
¿Cómo se traducirá esto en la esfera electoral? De momento, la nueva vieja política madrileña da la impresión de no poder renunciar a sus peores dinámicas cainitas. Estamos ante una emergencia social, pero muchos se empeñan en avergonzar a la gente aireando ante las cámaras unas fisuras internas que ya dan más pereza que tristeza.
Preséntense juntos o separados allá donde la calculadora diga que tiene sentido para sumar escaños. Apártense de las circunscripciones donde un ramillete de partiditos sólo valdría para fragmentar el voto en favor de PP y Vox. Y si quieren hacer un frente amplio de verdad, pacten con el PSOE unas listas conjuntas donde haga falta. Hablen menos a cámara y más entre ustedes. Pero, sobre todo y por favor, abrevien este calvario y pónganse cuanto antes al servicio y a la orden del Sindicato de Inquilinas y del nuevo poder popular. Por detrás, no por delante. Solo así será posible que la ciudadanía pueda pensar que votar a esta izquierda irreformable podrá colaborar en impedir la anunciada vuelta a los oscuros tiempos del nacionalcatolicismo (2.0).
CTXT DdA, XXII/6489




