miércoles, 22 de julio de 2026

DOS MILLONES DE PERSONAS DEFIENDEN EN LA CALLE LA SANIDAD PÚBLICA EN MADRID


Félix Población

Coincidiendo con los dos millones de madrileños que se reunieron en las calles de la ciudad para recibir y festejar la victoria de la selección española en el Mundial de Fútbol el pasado domingo, con celebración masiva en la Plaza de Cibeles, las urgencias del Hospital Universitario La Paz se han vuelto a colapsar un verano más. Algunos trabajadores del centro han denunciado que hasta 38 pacientes, 38, se llegaron a juntar en un espacio con sólo doce camas, atendidas por tan sólo dos enfermeras y dos técnicos auxiliares, en unas circunstancia que han calificado de "grave riesgo" para la salud de los pacientes. La situación se hizo tan insostenible -leo- que los sanitarios presentaron un escrito al juez de guardia, denunciando tal colapso, mientras una de las enfermeras acabó llorando de impotencia por no poder atender correctamente a todos los pacientes, ante la desbordante demanda y la falta de personal asistencial. A esta falta de personal habitual cada verano, se le suma el disparo de ingresos por las olas de calor cada vez más frecuentes que sufre Madrid. Los sindicatos sanitarios llevan años advirtiendo de que la sanidad pública de nuestro país no está preparada para afrontar veranos cada vez más extremos. Algunos hemos pensado estos días, después de comprobar que hasta dos millones de personas son capaces de llenar las calles y plazas de Madrid para celebrar un éxito futbolístico internacional, sin más necesidad de convocatoria que la propia del éxito un día anterior, que si la sensibilidad social y política de la ciudadanía fuera la misma ante el manifiesto y creciente declive de la sanidad pública en estos últimos años, quizá evitaríamos que el derecho histórico y social que nos asiste a la misma tuviera posibilidades de dejar de serlo ante la interesada gestión de gobiernos que vienen favoreciendo descaradamente la privatización de los servicios, como es el caso del de la Comunidad de Madrid.

DdA, XXII/6414

EL NACIMIENTO, SIN MITOS, DE LA SEMANA NEGRA DE GIJÓN

Si la derecha nos criticó con dureza desde el inicio, la izquierda más radical tampoco nos dio tregua, escribe mi estimado Paco Abril, uno de los organizadores de la primera Semana Negra de Gijón, celebrada en el puerto de El Musel. Llegaron a circular pasquines con nuestras fotos acusándonos de despilfarrar dinero público. Una pintada sentenciaba: «Trabajadores en lucha contra el enchufismo y el despilfarro de la Semana Negra y por la creación de empleo”. Recibí llamadas anónimas insultantes a altas horas de la madrugada, y hasta fui abordado de manera violenta en el café San Miguel acusándome de beneficiarme de todavía no sé qué. Fue un acoso brutal que casi acaba en derribo".



Paco Abril

Igual que le ocurrió muchas veces, al tratar de hacer una síntesis descubría cosas que no sabía.
Pedro de Silva, Una semana muy negra.
La Semana Negra no surgió por casualidad. Su nacimiento explica, en gran medida, su desarrollo posterior. Conocer esa historia, sin mitificaciones, resulta imprescindible para entender su evolución.
Rebobinemos la película. Vayamos al principio, al año 1987. Puedo relatarlo en primera persona porque formé parte del parto y del reparto. Lo que sigue no es, no puede serlo, una historia definitiva, sino el relato documentado de cómo viví desde dentro su surgimiento.
En el verano de ese año llegó a Gijón, procedente de México, donde residía, el escritor Paco Ignacio Taibo II. Venía con la intención de realizar el IV Encuentro de la Asociación de Escritores Policíacos, de la que era vicepresidente. Los anteriores encuentros, sin montajes a su alrededor, se habían celebrado en La Habana, México y Crimea.
Tini Areces, entonces alcalde de la ciudad, fue quien hizo posible que la reunión de escritores, que quería presentar envuelta en un festejo rompedor, se celebrara en Gijón. Sin su decidido respaldo no se habría conseguido. Ofreció la ciudad para acoger a los autores del género negro, frente a la posibilidad, muy viable, de que el encuentro se llevara a Barcelona, con el apoyo, sobre todo, del novelista Manuel Vázquez Montalbán.
El Musel como escenario idóneo de este evento fue una idea del escritor Juan Cueto y del diseñador Chus Quirós. Cueto lo relata en «Callejón sin salida», un artículo sin desperdicio, publicado en el hoy casi inencontrable (a no ser en el Archivo Municipal), número cero del periódico A quemarropa. Cueto empieza diciendo: «Yo no sé cómo se escribe una novela criminal, pero juraría que en el principio de todo es el escenario». Después de hablar del cambio de rumbo de la novela criminal iniciado por Raymond Chandler, argumenta:
«Resulta que (Chus Quirós y yo) teníamos un impresionante escenario para el género, de escala faraónica, es decir hollywoodiana, pero nos faltaba el resto del género... Cada vez que atravesábamos la frontera del puerto de El Musel repetíamos lo mismo: aquí hay que hacer algo. Era un escenario en busca de autores. Los fantásticos platós de El Musel exigían la película correspondiente. Y la película, en buena lógica escenográfica, en puro rigor hard, sólo podía ser una negra».
Más adelante añade: «Una lluviosa tarde de agosto nos encontramos con dos amigos que arrastraban el problema contrario. Porque Paco Ignacio Taibo junior y Silverio Cañada sénior no tenían justamente lo que a nosotros nos sobraba. Tenían personajes y guión, un excelente puñado de novelistas criminales y el encuentro de escritores del género, pero no sabían dónde meterlos».
Juan Cueto no solo encontró «el lugar» por excelencia, sino que lo fundamentó en una idea muy suya: pensar en lo global actuando en lo local, anticipando lo que el llamaba pensamiento «glocal».
Una vez decidido que la reunión de escritores criminales se realizaría en El Musel, quedaba lo más importante: llenar ese apabullante escenario. Ya teníamos un inmejorable contenedor; ahora había que llenarlo de contenido.
A finales del verano de 1987, el entonces director de la Fundación de Cultura, Jorge Fernández León, me anunció que, como Coordinador de Bibliotecas, tenía que formar parte del equipo organizador del encuentro de escritores. Traté por todos los medios de eludir el encargo. Estaba metido de lleno en la creación de la Red de Bibliotecas Municipales y este «chollo» suponía una dedicación casi plena.
No sé cuántas veces me repetí la frase de un genial relato corto de Herman Melville: «Preferiría no hacerlo». De nada valieron mis excusas.
La organización de aquella movida, que aún no tenía nombre, se asentó en el otoño de 1987 al constituirse dos comités: uno organizador, con representantes de las más diversas instituciones, presidido por Juan Cueto. El otro, el comité ejecutivo, el de los currantes que tenía que armar todo el tinglado, estaba formado, en principio, por Humberto Fernández, Avelino R. Miravalles, Paco Ignacio Taibo II, Manolo Cuervo y un servidor. Nada más empezar nos quedamos en un quinteto de tres: Taibo regresó a México y no volvería hasta la primavera. Manolo Cuervo (excelente crítico de cine) se retiró a las pocas semanas.
Nuestra misión consistía en encontrar una salida al enorme «callejón sin salida» de El Musel. Aquel espacio parecía imposible de convertir en el gran plató que pretendía Juan Cueto, sobre todo si teníamos en cuenta el exiguo presupuesto del que disponíamos.
Al principio, apenas sabíamos cuáles iban a ser nuestras funciones como comité ejecutivo. Pronto nos dimos cuenta, un tanto alarmados, de que lo que se nos pedía era, nada más y nada menos, que concebir aquel proyecto desde cero y dotarlo de contenidos.
Asumido el pequeño detalle de que sólo éramos tres personas para poner a rodar aquella película criminal, nos olvidamos de lo imposible de la tarea y nos pusimos manos a la obra.
Cada cual tenía su cometido. Si no recuerdo mal, a Humberto le tocó impulsar un ciclo de cine negro, coloquios en un auténtico ring de boxeo, gestionar los chiringuitos, las actuaciones musicales y las exposiciones. Avelino asumió la complicada tarea de gestionar los viajes de más de sesenta escritores venidos de todo el mundo, ocuparse de las atracciones y de organizar el «Tren Negro«, que traería a todos los escritores desde Madrid hasta Gijón.
A mí me correspondió la comprometida tarea de elaborar los contenidos. Cada propuesta presentada fue debatida y valorada de manera rigurosa y eficaz. No hubo problema alguno en preparar una Feria del Libro Criminal, pues resultaba casi lo único que figuraba en el guión previo. Pero sí me costó que se aceptara la propuesta de elaborar un periódico propio y que, para colmo, se titulara «A quemarropa». Nadie veía su necesidad. Tampoco que se trajera un circo que por la tarde ofreciera un espectáculo para todos los públicos, y, por la noche, se convirtiera en la gran sala en la que podrían actuar orquestas como la Pasadena. Fue arduo, asimismo, convencerlos para que en ese escenario se representaran cada día acciones teatrales que dirigiría Jaroslaw Bielski con guiones de Maxi Rodríguez. O que un mago, Luis Arza, realizara sus sorprendentes trucos entre el asombrado y maravillado público asistente.
Resultó muy difícil. Nos enredamos en las dudas, pero se consiguió.
Y no puedo olvidarme del grupo de diseñadores Blu (formado por Montse, Ana, Pablo y Poppy), creadores de la imagen de la Semana Negra que todavía se mantiene, ni de decoradores dirigidos por Chus Quirós que trataron de convertir El Musel en Chinatown.
La idea no consistía solo en celebrar un encuentro de escritores de novela policiaca —ya de por sí interesante—, sino de transformar durante unos días El Musel en un inmenso decorado de película negra: un Chinatown del Cantábrico poblado de detectives, contrabandistas, boxeadores, periodistas, feriantes, actores, libreros, artesanos, hosteleros, músicos y escritores llegados de medio mundo.
El pintor Úrculo fue el encargado de realizar el cartel del acontecimiento. Las grandes letras blancas que todavía anuncian este evento, y la emblemática figura de un hombre corriendo, inspirada en un personaje interpretado por el actor Richard Widmark, fueron también obra de aquel magnífico equipo de diseño.
A principios del año 1988, nos tocó a Avelino y a mí presentar la Semana Negra en Madrid. Llevábamos la primera mascota, que habían confeccionado en La Coruña el colectivo llamado Barriga verde.
No puedo dejar de mencionar un asunto, en esta apretada síntesis, al que todavía no he encontrado una explicación satisfactoria: los desmesurados ataques que se desataron contra la primera Semana Negra nada más anunciarse su celebración. No nos dieron respiro. La crítica fue constante, sobre todo desde la prensa local. Ahí están las hemerotecas para comprobarlo. Como botón de muestra traigo a colación uno de los más corrosivos artículos que se han escrito en Gijón contra un acontecimiento festivo-cultural. Se titula «Poisonville», cuya traducción es «ciudad ponzoñosa». Es el nombre de la ciudad que aparece en la novela Cosecha roja, de Dashiell Hammett. Lo firma J. M. Ceinos. Se publica en el diario El Comercio. Entresaco alguno de sus párrafos:
«Convertir a Gijón en la capital cultural de la cornisa cantábrica consiste en ofertar a la ciudadanía un aluvión de actividades que, bajo la apariencia de cultura, esconden, tras una carcasa inmejorablemente presentada, la nada, el vacío». Y sigue: «En Gijón, la cultura oficial, que no la real, es un plato aderezado con nepotismo, con presunción y con proyectos faraónicos». Y profetiza sin temor a equivocarse: «Cuando todo este montaje acabe, sólo quedarán las páginas amarillas de los periódicos como testigos mudos de que Gijón ha sido la «Poisonville del Cantábrico».
Si la derecha nos criticó con dureza desde el inicio, la izquierda más radical tampoco nos dio tregua. Llegaron a circular pasquines con nuestras fotos acusándonos de despilfarrar dinero público. Una pintada sentenciaba: «Trabajadores en lucha contra el enchufismo y el despilfarro de la Semana Negra y por la creación de empleo”.
Recibí llamadas anónimas insultantes a altas horas de la madrugada, y hasta fui abordado de manera violenta en el café San Miguel acusándome de beneficiarme de todavía no sé qué. Fue un acoso brutal que casi acaba en derribo.
Tampoco conseguí que ningún periodista, y fueron por lo menos cuatro a los que se lo propuse, quisiera dirigir el periódico «A quemarropa». Así que acabé dirigiéndolo yo mismo. Conté para ello con la inestimable ayuda, entre otros, del bibliotecario, escritor y editor Carlos González Espina.
Lo que no consigo explicarme es el silencio o la complacencia posterior de los que fueron tan beligerantes con la organización de aquella primera Semana Negra.
Pero demos marcha atrás a la película: cuando Taibo II volvió a Gijón uno o dos meses antes de la inauguración. Lo veíamos ir de asombro en asombro, alabando sorprendido todo lo que habíamos conseguido preparar durante ocho meses casi sin respirar.
La estructura de la primera Semana Negra estaba ya terminada. El programa cerrado, el periódico a punto de imprimirse, los espacios definidos, la organización en marcha… Las ediciones posteriores se asentaron sobre los cimientos de aquel modelo inicial.
Las casi cuarenta ediciones posteriores, son otra historia, una historia que necesita ser contada para entender a fondo un acontecimiento cultural rupturista y novedoso que, con sus luces y sus sombras, ha tenido una importante repercusión en Gijón y en el «mundo mundial», como diría Manolito Gafotas.
La más demoledora crítica de aquella primera «folixia oscura», ya se dijo, apareció en el diario local, pero también ese mismo diario publicó ¡la más halagadora! Apareció firmada nada menos que por Till, seudónimo usado por Francisco Carantoña, que fue, durante más de cuarenta años, director de El Comercio. Pocos escritores han tenido una influencia tan grande en la ciudad. Leamos su «crítica elevadora»:
«De todo el programa del primer tercio del verano, el festejo más sonado ha sido la Semana Negra, con múltiples facetas, pues ha reunido aspectos gremiales, académicos, espectaculares, de fomento marítimo-literario, y hasta tuvo clases prácticas agonístico-delictivas. Bromas aparte, hay que reconocerle a la Semana Negra que ha tenido un equipo organizador experto en llamar la atención, lo cual no es un defecto, desde el punto de vista del fomento estival, y hasta cabría pensar que si se le encargase la organización de una Semana de Asturias, a primeros de agosto, el desfile que ahora languidece superaría a los carnavales de Río».
Resulta difícil encontrar un reconocimiento mejor para ese gran trabajo colectivo que supuso poner en pie aquella Primera Semana Negra y convertir a Gijón, por unos intensos días, en el Chinatown del Cantábrico. Y así, en aquel «callejón sin salida» comenzó una de las aventuras culturales más singulares de la España democrática. Como decía Juan Cueto: «Esos son los buenos callejones, muchacho. Porque la única cultura viva que conozco es la que te puede matar».

DdA, XXII/6414

LA ATENCIÓN INFORMATIVA A LAS CAMPEONAS Y A LOS CAMPEONES


Lazarillo

Pues sí, puestos a glosar las excelencias del fútbol español con el respaldo general del mundo del deporte a escala internacional -con la excepción de Argentina, cuya selección fue justamente derrotada en el reciente Mundial-, no hay que olvidar que se da el caso de que, además de los varones, también España es campeona del mundo con las mujeres. Esto es algo que debería decirse mucho más de lo que se ha dicho a lo largo de estos días de exaltación del fútbol masculino, porque nunca se ha dado esta doble circunstancia en el fútbol internacional y se trata de un hecho singular en sí mismo. Las mujeres también han destacado por su buen fútbol de equipo y por la limpieza en ejercerlo frente a las selecciones adversarias. También, como en el caso de los hombres y teniendo en cuenta la juventud y el talento de las integrantes, La Roja femenina promete más éxitos de los conseguidos hasta ahora en un inmediato porvenir. Por eso cree este Lazarillo que no estaría de más dedicarle informativamente al fútbol femenino una parte al menos de la desmesurada atención que se le presta al masculino, tal como acaba de ocurrir tras su magnífica trayectoria en el Mundial. Lo está mereciendo desde hace años y ya es hora de que se tenga en cuenta en los medios de comunicación en general y, sobre todo, en nuestra televisión pública, sumamente olvidadiza al respecto, en comparación con el tratamiento que se le da al fútbol masculino.

DdA, XXII/6414  

JULIO IGLESIAS AMENAZA A ELDIARIO.ES CON UNA CUANTIOSA INDEMNIZACIÓN


Ana Cardo

Tal como se preveía, leemos esta mañana en el boletín del subdirector de elDiario.es, Juanlu Sánchez,  que "Julio Iglesias ha interpuesto una querella contra el periódico por la publicación de nuestra investigación sobre él. Se querella específicamente también contra nuestro director, Ignacio Escolar, contra Elena Cabrera, Ana Requena y María Ramírez como autoras y coordinadoras de la investigación, y contra mí como subdirector y responsable del podcast donde también contamos la exclusiva. La querella está llena de falsedades para trasladar la idea de que el relato de las extrabajadoras que denunciaron por agresión sexual a Julio Iglesias era “un montaje periodístico”. Nos acusa de los delitos de injurias con publicidad y calumnias, y de un delito contra la integridad moral. Amenaza con pedir una indemnización de “importante cuantía”. Es de subrayar esto último, pues lo que se puede interpretar de la amenaza es que el potentado cantante quizá lo que pretenda sea hundir o dañar económicamente a este medio de información que, dada la personalidad e influencias del denunciado, se ha jugado materialmente el tipo con la publicación del reportaje. Se trata sin duda de uno los episodios periodísticos más importantes de la reciente historia de este país, sobre el que conviene mantener abierta la alerta informativa.

DdA, XXII/6414

martes, 21 de julio de 2026

ESTADOS UNIDOS EJERCE UNA ADMINISTRACIÓN COLONIAL EN VENEZUELA

Estados Unidos ha conculcado el derecho a la autodeterminación de Venezuela, imponiendo un plan político a la medida de sus intenciones anexionistas e involucra a nuestro país en el esquema de su guerra geopolítica en el medio oriente, con peligrosas consecuencias para nuestra seguridad como nación, escribe Elías Jaua en su blog Horizonte en disputaLa ocupación del clan Trump solo ampliará y consolidará estructuralmente el subdesarrollo y la miseria. Solo recobrando nuestra autodeterminación nacional podremos intentar, una vez más y cuantas veces sea necesario, edificar una Patria que cobije a toda la familia venezolana, esto es, una auténtica República. Así será. ¡Vamos a luchar! 

Foto: Jesús Vargas
Elías Jaua

La inocencia no mata al pueblo, pero tampoco lo salva, lo salvará su conciencia y en eso me apuesto el alma”.

Alí Primera

Aún impactados tras haber sufrido dos terremotos continuos, con el alma entristecida por los compatriotas fallecidos y heridos, conmovidos por el dolor de los familiares que aún buscan a sus seres queridos, al menos para darles cristiana sepultura, solidarios con la angustia de las decenas de miles de familias sin casa, con todos los dolores del mundo en un solo tiempo, no podemos dejar de hablar y escribir sobre la necesidad de luchar por la independencia y la dignidad de Venezuela. De hecho, la tragedia que hoy nos golpea lo hace más perentorio.

Aprovechándose de la situación de catástrofe, han desembarcado tropas armadas de Estados Unidos en La Guaira, se han apostado buques de guerra en nuestras costas y el espacio aéreo venezolano es vulnerado a diario por drones, aviones y helicópteros de la potencia ocupante. No han rescatado a nadie, no han socorrido a nadie, solo ocupan, miden terrenos, controlan instalaciones portuarias y aeroportuarias. Humillan.

Anuncian fastuosas reconstrucciones junto al gobierno de Israel, sobre cuyos principales dirigentes cursan sustentadas acusaciones de genocidio evidente contra el pueblo palestino en la Corte Penal Internacional y en la Corte Internacional de Justicia. Un pueblo de paz como el venezolano, solidario, con una tradición de lucha por la independencia, la convivencia pacífica y por la causa humana, no merece esta afrenta.

Ignominia agravada por el silencio de las dirigencias políticas de todos los sectores con vocería permisada, con representación y responsabilidades en las distintas instituciones del Estado, al parecer más interesadas en presentarse como la mejor opción para colaborar con el plan de colonización del gobierno de Trump, que en cumplir con su deber constitucional de preservar la integridad y la dignidad de la República.     

En estas circunstancias, quienes amamos profundamente a esta Patria nuestra, Venezuela, estamos obligados a denunciar, una vez más, que el gobierno de Estados Unidos:

  1. Ejerce una administración colonial en Venezuela, comercializando nuestros recursos y apropiándose de nuestros ingresos económicos, por lo demás necesarios para la reconstrucción tras los terremotos y para la superación de la precaria situación económica y social de la población en general. Esto agravado por la imposición de un plan leonino y corrupto de pago de la deuda externa que compromete un alto porcentaje de las finanzas públicas por lo que resta de este siglo. 
  2. Ha conculcado el derecho a la autodeterminación, imponiendo un plan político a la medida de sus intenciones anexionistas.   
  3. Desarrolla una invasión militar en nuestro espacio geográfico que inicia el pasado mes de agosto de 2025, pasando por el vil ataque misilístico del 3 de enero de 2026, con saldo de muertos y heridos, continúa con varias incursiones y ataques en los meses siguientes, y actualmente se expresa en el desembarco de soldados y equipos fuertemente armados en La Guaira, en junio de este mismo año, con el grave riesgo que significa esta presencia para la integridad física y moral de la población, especialmente mujeres, niñas y niños.
  4. Obliga a implantar un modelo neoliberal extractivista que excluye a las grandes mayorías del bien común y dañará irreversiblemente nuestro ecosistema.
  5. Involucra a Venezuela en el esquema de su guerra geopolítica en el medio oriente, con peligrosas consecuencias para nuestra seguridad como nación.

En consecuencia, como pueblo debemos elevar nuestra conciencia sobre la gravedad de la ocupación y sus consecuencias; y confiar en nuestras capacidades como nación para impulsar una agenda unitaria que nos permita:

  1. Recuperar el derecho a la autodeterminación política, institucional y legislativa. Los venezolanos y venezolanas somos los que debemos decidir democráticamente quién nos gobierna y qué leyes e instituciones necesitamos y queremos, en el marco de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
  2. Recuperar la soberanía económica: comercializar libremente nuestros recursos y productos.  Que el Estado venezolano sea quien administre, bajo estrictos controles fiscales, los ingresos de esos recursos para el bien común y de manera urgente, para superar las consecuencias económicas y sociales de la emergencia provocada por los terremotos y una década de caos económico y brutales, injustas e ilegales sanciones.
  3. Exigir la salida de tropas militares y agentes de seguridad de Estados Unidos y del Estado de Israel, y el cese de cualquier tipo de operación militar extranjera en el espacio geográfico venezolano. La seguridad de la nación compete al Estado venezolano.
  4. Construir un modelo y un plan de desarrollo político, económico y social de inclusión e igualdad social, acordado entre todas las corrientes de pensamiento político.
  5. Ejercer nuestro derecho a tener relaciones pacíficas y de cooperación con todas las naciones del mundo que compartan los principios de humanidad y convivencia internacional. 

Compatriotas, nos quieren convencer de que no tenemos capacidad de administrar nuestra nación, que la única manera de lograr el desarrollo y el bienestar es siendo tutelados o anexados por el gobierno de Estados Unidos. Falso de toda falsedad. Necesario es que el pueblo venezolano sepa que Estados Unidos ni desarrolla, ni genera bienestar para las grandes mayorías en los países ocupados, algo que es contrario a su doctrina.

Esta administración colonial solo establecerá enclaves de extracción petrolera y minera, sin saldos económicos para la nación, sin límites en la violación a los derechos del pueblo venezolano, y con una atroz destrucción ambiental. La consecuencia será la profundización y generalización de la miseria estructural, como se evidencia en todos los países ocupados durante las últimas décadas.

Es necesario y oportuno alertar desde ya que en La Guaira se producirá un proceso de gentrificación y desplazamiento de la población local, para que la familia Trump, sus allegados y socios de negocios dispongan de los mejores terrenos para desarrollar un enclave inmobiliario asociado a servicios portuarios, aeroportuarios y turísticos. Seguramente esto ocurriría también en algunas otras poblaciones costeras.

Las actuales circunstancias nos exigen hacer todo cuanto esté a nuestro alcance para lograr un acuerdo nacional orientado a recuperar nuestra República, y demostrarnos que sí podemos construir aquí en suelo venezolano una sociedad democrática, donde podamos vivir todos y todas con igualdad, justicia y dignidad.  La ocupación del clan Trump solo ampliará y consolidará estructuralmente el subdesarrollo y la miseria. Solo recobrando nuestra autodeterminación nacional podremos intentar, una vez más y cuantas veces sea necesario, edificar una Patria que cobije a toda la familia venezolana, esto es, una auténtica República. Así será. ¡Vamos a luchar!                                                               

HORIZONTE EN DISPUTA  DdA, XXII/6413

LA SELECCIÓN ARGENTINA ES UNA VERGÜENZA: NO SABE GANAR NI PERDER


Como lector habitual del diario argentino Página/12, de tendencia progresista, lamento que cuanto se refiere al marrullero y agresivo Mundial disputado por la selección de aquella república, glosado en el siguiente artículo, no se refleje para nada en el citado periódico. Antes al contrario, se elogia el campeonato jugado por la albiceleste, una selección que no sabe ganar ni perder, dejando pendiente que la FIFA sancione con el rigor que merece su actitud al final del partido disputado frente a la selección española.

Nejemye Tenenbaum

He defendido al equipo argentino cuando mereció ser defendido, pero no hay apología por la ruin, racista y agresiva actitud de sus jugadores. Una pauta de comportamiento no solo en esta copa del mundo. En el mundial de Qatar, el Dibu hizo un gesto obsceno frente al representante qatarí, colocando su trofeo en la entrepierna, como si estuviera en un tabledance. Después, en los festejos en Buenos Aires, sostuvo en sus manos un muñeco negro con cara de Mbappé, un gesto racista. En los festejos después de ganar la Copa America en el 2024, cantaron himnos racistas y homofóbicos en el autobús, con tal desvergüenza que incluso Enzo Fernández los publicó en un video en su cuenta de Instagram. La cantidad de faltas agresivas que cometieron en este mundial fue grotesca, los árbitros los ayudaron en muchos partidos, esto reconocido por la mayoría de los comentaristas deportivos en todo el mundo. Jugaron un partido final, pobre, al contrario de una España digna, fina y en general caballerosa, y además de perdonarles una expulsión y anularle un gol válido a España, se enojaron por perder y se dedicaron a golpear a los jugadores españoles. Esto no bastó, cuando España fue galardonada con la copa, los jugadores argentinos les dieron la espalda. Parece que Argentina no sabe ni ganar ni perder, cuando ganan y cuando pierden se comportan igual, como rufianes y bullies. Es una vergüenza y su público y seguidores deberían reprocharlo, algo que no veo en redes. Es importante ganar, pero siempre honorablemente, siempre, no a base de favoritismos, corrupción y golpes.

DdA, XXII/6413

PETRO: "NADIE SE PUEDE DIVERTIR CON LA MUERTE DE NADA QUE VIVA EN LA TIERRA"

Un adolescente colombiano emocionado escucha el discurso de despedida de Gustavo Petro

Lazarillo

Hace dos años y después de catorce intentos, el gobierno de Gustavo Petro logró erradicar de la historia de aquella república las corridas de toros, así como las prácticas de rejoneo, novilladas, becerradas y tientas. Denominada la ley de "No más olé", fue sancionada en la plaza de toros de La Santamaría de Bogotá. "Nadie se puede divertir con la muerte de nada que esté vivo en el planeta Tierra, dijo ayer en su despedida de la presidencia del país el presidente colombiano. Ahora miren la diferencia: entra uno que no solo admira corridas de toros, sino genocidios, y que va a abrir relaciones diplomáticas con quien toda la humanidad ha dicho que debe ser juzgado en un tribunal internacional por haber asesinado a 22.000 bebés en sus cunas, aplastados por los techos de los edificios derribados por misiles. ¿Cómo se le puede llamar a un ser humano que ha asesinado con sus propias armas a 22.000 bebés y a 72.000 ciudadanos solo porque no tienen su religión y su cultura?". También tuvo Gustavo Petro unas palabras para el Mundial de Fútbol: "¿Por qué perdieron Argentina y Colombia en el fútbol? Por codicia y falta de humildad. Lo dije. Me miraron feo, pero hoy, a la luz de los hechos, puedo decir por qué ganó España: porque ese equipo trabaja y se ayuda entre sí. La ayuda es lo que salva a la humanidad. Si la humanidad se acaba en las próximas décadas o en un siglo, será por la codicia y por nada más". Entre la audiencia había un joven, captado por las cámaras, cuyo rostro era reflejo de la emoción y la esperanza en la despedida al primer mandato de su presidente.

DdA, XXII/6413

GANÓ KEYNE YAMAL


Quizá el destino de Lamine Yamal sea malgastar su fortuna y su talento entre fiestas de aduladores y novias deslumbrantes. Quizá. Pero a mí me gusta ver que la estrella de España es un chico que levantó una bandera palestina. Solo es un gesto, como lo es bailar con su hermano pequeño, Keyne Yamal. O como lo es el de Nico Williams, entregando la medalla a su madre, que tuvo el valor de cruzar el Sahara para terminar saltando la valla de Melilla.

David Pablo Montesinos

No estoy en condiciones de emitir una opinión sesuda sobre la final mundialista porque aún no he visto el partido. Digo “aún” porque tengo la grabación y supongo que en algún momento me la pondré. Pero no, no lo vi en directo.
Hay un primer motivo, y es que con eso de la tdt, la radio, movistar y los demás formatos ya no sé muy bien qué significa eso de “en directo”. Lo que puedo decirles es que durante el campeonato me he enterado de los goles de España como diez o doce segundos antes de verlos en mi pantalla, pues quienes disponen de otros canales me lo hacen saber a gritos.
El segundo es menos confesable. Recientemente mi cardiólogo me dijo que me cuidara la tensión, llámenme cobarde. Verán. Yo puedo ver perder a mi equipo sin grandes dramas, entre otras cosas porque he encajado demasiadas derrotas -futbolísticas y de las otras, que duelen más- como para ahora volverme pusilánime con una tontada tan grande como es esto del fútbol. Tuve sin embargo durante la semana el presentimiento de que pasaría lo que finalmente pasó. Bajo la excusa del “dejar jugar”, la FIFA, que lleva medio siglo pareciéndome una organización corrupta, alecciona a los árbitros para que “no se carguen los partidos”, lo cual termina beneficiando a los violentos y daña seriamente al fútbol.
Soy crítico con aquellos que confunden el fútbol con la vida. “Nuestra felicidad es efímera e ilusoria, pero ¿qué felicidad no lo es?”, he leído a una amiga argentina en estos días. Por supuesto que amamos, lloramos y sonreímos desde la pura fantasía, como cuando nos emocionamos con un poema o sufrimos el rechazo de alguien a quien queríamos. No obstante, conviene aterrizar de vez en cuando, debemos saber que el malestar de la gente está asociado a cuestiones como tener un techo, no ver a tus hijos pasar hambre o disponer de un seguro médico. Me alegró mucho el gol de Ferrán Torres, pero lo cambiaría por ver desaparecer a tipos como Trump, o puestos a mirar a la Argentina, al espantajo de Milei.
A riesgo de contradecirme voy a aprovechar el momento para decir algo que quizá haya más españoles dispuestos a escuchar en este momento, aunque solo sea porque por un rato baja el suflé de la polarización y el sempiterno encono de las dos Españas. No creo que haya que ser buena gente para ganar al fútbol, como no lo es para ser rico o para ganar Miss Universo. Pero es que este equipo que dirige un señor tan normal y sensato como Luis De La Fuente tiene la virtud de ganar exhibiendo valores admirables, como ya advertí hace dos años cuando ganó la Eurocopa. Me gusta ver la naturalidad sin excesos con la que los jugadores celebraron el título. No es ejemplar volverse loco señalando tus partes al público cuando marcas un gol, humillando a los oponentes o besando en la boca a una señora que no te lo ha pedido. Resido en un barrio donde demasiada gente vive convencida de que para sobrevivir hay que ser tramposo, duro y despiadado. Este campeonato del mundo ha derrotado esa ideología. Y quien tenga problemas de vocabulario que a esto le llame “buenismo”.
Quizá, después de todo, no vayamos por tan mal camino como nos dicen que vamos todos los días los fanáticos que han decidido que la única España que mola es la que a ellos les gusta y que un gobierno progresista es algo intolerable. Este equipo contiene vascos y catalanes, negros y magrebíes, conservadores y rojos. Un delantero que defiende al colectivo lgtbi tuvo las santas narices de saludar con evidente hostilidad a un presidente norteamericano que exhibe conductas criminales con la misma estupidez con la que no sabe apartarse de una foto donde no debe estar.
Quizá el destino de Lamine Yamal sea malgastar su fortuna y su talento entre fiestas de aduladores y novias deslumbrantes. Quizá. Pero a mí me gusta ver que la estrella de España es un chico que levantó una bandera palestina. Solo es un gesto, como lo es bailar con su hermano pequeño, Keyne Yamal. O como lo es el de Nico Williams, entregando la medalla a su madre, que tuvo el valor de cruzar el Sahara para terminar saltando la valla de Melilla.

DdA, XXII/6413

GRITOS CON CITA Y GLOSA (LXXXV): SOBRE AUTENTICIDAD Y VEROSIMILITUD


Nacho Fernández del Castro

«La autenticidad es una cosa, la veracidad es otra. (...). La misma verosimilitud no siempre es para el lector un criterio decisivo ya que la noción de lo plausible en materia histórica depende de las costumbres prejuicios e ignorancias de cada época
Marguerite Cleenewerck de Crayencour, conocida como 
Marguerite YOURCENAR, pseudónimo y nombre oficial tras adquirir la nacionalidad estadounidense en 1947 (Bruselas, Bélgica, 8 de junio de 1903 – Bar Harbor, Mount Desert Island, Maine, Estados Unidos,  17 de diciembre de 1987): 
Sous bénéfice d'inventaire  (1962).

La historia aliterada nos ofrece infinitas posibilidades de leer el mundo, porque precisamente esa aliteración esconde el ritmo en el que se encuentran las costumbres, prejuicios e ignorancias de la época narrada con las costumbres, prejuicios e ignorancias de quien la narra (y su tiempo, claro)... Y, al final, con nuestras propias costumbres, prejuicios e ignorancias de lectores ávidos de confirmar intuiciones y sospechas.


No todo lo auténtico es veraz, ni, con frecuencia, en su radicalidad sincera, lo pretende... Pero, si somos capaces de captar ese ritmo del encuentro diacrónico de costumbres, prejuicios e ignorancias, de participar de ese entusiasmo narrativo en suma, no podremos dejar de considerar su versión, cuando menos, plausible... Y, simplemente, degustarla para ver más lejos que un telescopio.

DdA, XXII/6413

lunes, 20 de julio de 2026

A MENOS FÚTBOL, MÁS BARRO. Y ESO LO PERMITIÓ EL ÁRBITRO



España levantó la copa con talento, hielo en las venas y la cabeza erguida, firme ante la podredumbre de un rival que le dio la espalda durante la entrega.
Quedó la copa en manos españolas, Paredes atrapado en su caricatura de matón, Messi alejándose con la cabeza gacha, entre lágrimas, como Scaloni, y el vestuario argentino todavía oliendo a lo que ninguna victoria o copa logra lavar: mierda moral. Y todo esto me pone muy triste

Carlos G. Pranger

Argentina (hablo de la selección de fútbol y no de un país) tiró la final sobre el mostrador avinagrado de un bar de la A92, hecha un trapo grasiento y descolorido. Patético. Entraba la derrota en las quinielas, es cierto, aunque el revolcón en la basura existió por pura voluntad. Hacer el jabalí (los puercos me perdonarán) fue una decisión. Ese retrato terminó siendo exhibido en directo ante todo el planeta. España opuso fútbol, pulso firme y cabeza fría. Argentina prefirió repartir tarascadas, cocotazos, saliva y el matonismo de la última copa en la discoteca del pueblo.
El partido murió ahogado entre empujones y gestos de barra brava.
A menos fútbol, más barro. Y eso lo permitió el árbitro.
El orgullo argentino terminó por convertirse en una incapacidad para aceptar la derrota. Convirtieron el fracaso en gresca. Leandro Paredes encarnó la peste. Desde que pisó el campo —Scaloni lo sabía— ejerció de matón: entradas destempladas, codazos a escondidas, insultos al oído, la sonrisa del acomplejado que busca la bronca para tapar que no distingue que el balón es redondo. Una masculinidad de saldo, podrida de resentimiento.
A su alrededor, la cuadrilla aceptó el barro, encabezada por Otamendi —del origen de su apellido mejor callo y pienso en el ejemplo de Oyarzabal—, y se amontonó para encararse, para morder, para arañar en una agonía patética. Ganar admite imposturas; perder muestra la educación de un equipo. En esa prueba, Argentina quedó desnuda. Y en el centro de la quema permanecía Lionel Messi.
El tipo asistió al naufragio con las manos en los bolsillos.
Su adiós exigía otra dignidad. Acabó envuelto en cocotazos, empujones y aspavientos. En el momento exacto de exigir autoridad, Messi eligió la cueva. Es un genio con la pelota en los pies y un tullido cuando el juego pide liderazgo moral. Anticipa espacios invisibles, resuelve en un milisegundo las jugadas más complejas; no obstante, frente al colapso, prefiere la mudez. Aquel silencio escondía la más pura cobardía.
Mantuvo el mentón hundido en el pecho, los brazos caídos, la mirada fija en el césped manchado. Omitió las órdenes a los suyos, esquivó frenar la jauría, ahogó cualquier palabra capaz de salvar el honor de la camiseta. Eligió el rol de Tiresias. Compartió vestuario con Carles Puyol durante una larga década. Puyol mandaba con el pecho, pese a su cortina de rizos, con la garra, con un berrido a tiempo que frenaba al compañero irrespetuoso, que defendía la camiseta enfrentándose a los suyos si rebasaban la dignidad. Jamás habría permitido lo de ayer. Messi absorbió los títulos e ignoró la lección.
Domina la pelota; la habitación le resulta enorme.
Slavko Vinčić ejerció de cómplice. Llegó tarde a cada hachazo. Anuló goles legales. Permitió la pudrición del partido entre pechazos, amenazas y saliva. Un árbitro existe para imponer orden; el esloveno prefirió esconderse tras el silbato, temblando ante la jauría que él mismo había soltado. Dejó la final a la intemperie. La autoridad le desbordó por completo.
¿Cómo elige la FIFA a un árbitro así, con sus “problemas” legales pasados? Pensándolo bien, es solo el reflejo del mundo de los sabinianos de turno que tanto padecemos: falta de escrúpulos y rapiña en la moqueta. Porque en la moqueta del palco los carroñeros buscaban su tajada. Donald Trump inflaba el tórax entre los focos, convirtiendo la violencia del césped en un circo. La política recurre al fútbol para legitimar su autoridad: el opio del pueblo. La sombra del ausente Javier Milei también flotaba sobre la escena, usando al equipo como salvavidas de su gestión. Ante el desastre social, el poder se agazapa en el vestuario y rapiña la emoción para convertirla en propaganda.
España levantó la copa con talento, hielo en las venas y la cabeza erguida, firme ante la podredumbre de un rival que le dio la espalda durante la entrega.
Quedó la copa en manos españolas, Paredes atrapado en su caricatura de matón, Messi alejándose con la cabeza gacha, entre lágrimas, como Scaloni, y el vestuario argentino todavía oliendo a lo que ninguna victoria o copa logra lavar: mierda moral.
Y todo esto me pone muy triste.

DdA, XXII/6412