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«...A veces, para algunas personas, el nombre de un escritor, el título de un libro pueden equivaler al de una patria.» Leonardo SCIASCIA (Racalmuto, Agrigento, Sicilia, Italia, 8 de enero de 1921 - Palermo, 20 de noviembre de 1989): Porte aperte –Puertas abiertas- (1987).
Cuando el Estado-nación moderno hace aguas en una marejada de poderes económicos transnacionales y organizaciones supranacionales con voluntad de mercaderes, acaso necesitamos (seguramente siempre lo hemos necesitado) otro tipo de patria que nos preste el calor del terruño, ahorrándonos chovinismos y xenofobias... Y, ya sin aldeas (convertidas en paisaje pintoresco para el fomento del turismo rural) ni verdaderos barrios (sin vida interna, transformados en inhóspitos habitáculos para el descanso de las alienadas huestes que llenan los grandes centros comerciales), habremos de volver la mirada a las mejores historias escritas...
¿Quién no ha sentido, en algún momento, que los aconteceres del Macondo de Cien años de soledad, de la Vetusta de La Regenta o los rincones de La Mancha transitados por Don Quijote eran más suyos que el tedio o las tensiones que envolvían su vida cotidiana?... ¿Quién no ha encontrado mil veces en Gabo, Clarín o Cervantes esa sensación maravillosa y reconfortante de las palabras mágicas que describen lo maravilloso o terrible del mundo al calor de una chimenea o una hoguera?.
"Hay tantos cadáveres que ya no caben”. La frase no es una metáfora ni un recurso retórico. La pronuncia Alejandra Salvat, delegada de Cruz Roja en Líbano, para describir una realidad que desborda cualquier capacidad institucional. En algunos centros sanitarios se han tenido que instalar unidades de refrigeración adicionales para almacenar cuerpos que llegan sin descanso. La muerte, convertida en rutina logística, revela hasta qué punto la escalada militar en la región ha sobrepasado todos los límites. El problema radica en cómo parar la estrategia del Gran Israel ante el precedente que está significando la brutal violencia del expansionismo que alienta el actual gobierno de Netanyahu.
La escena no es una excepción ni un episodio puntual. Es el resultado directo de una presión sostenida sobre territorios que conviven con el conflicto permanente. Países como Líbano, junto a Gaza o Cisjordania, soportan el impacto de una dinámica que combina ofensiva militar, colapso de infraestructuras y una crisis humanitaria que ya no puede gestionarse con los recursos disponibles. En este vídeo que muestra la magnitud de la tragedia se observa con crudeza cómo la acumulación de víctimas se ha convertido en una constante.
Lo que ocurre sobre el terreno no puede entenderse sin analizar las ideas que lo sostienen. Durante años, el concepto del llamado “Gran Israel” fue relegado a los márgenes del debate político, asociado a sectores radicales y sin respaldo explícito desde posiciones de poder. Sin embargo, esa frontera entre lo marginal y lo institucional se ha ido desdibujando progresivamente.
Hoy, esa visión ya no se limita a discursos periféricos. Ha comenzado a aparecer en declaraciones públicas de figuras con responsabilidad gubernamental. La idea de una expansión territorial que trascienda las fronteras actuales, basada en argumentos históricos, religiosos y estratégicos, ha dejado de ser una hipótesis lejana para convertirse en un marco político que condiciona decisiones concretas.
El ministro Bezalel Smotrich ha verbalizado en distintas ocasiones posiciones que apuntan en esa dirección. No se trata solo de palabras. Estas declaraciones encajan con una práctica sobre el terreno que incluye ocupación, desplazamiento forzado y presión constante sobre territorios vecinos. La expansión no se formula únicamente como un proyecto ideológico, sino como una estrategia que se ejecuta paso a paso.
En este contexto, lo que ocurre en Líbano no puede analizarse como un fenómeno aislado. Forma parte de una lógica más amplia en la que la violencia se convierte en herramienta política. Cada infraestructura destruida, cada hospital colapsado y cada cuerpo almacenado en cámaras improvisadas responde a una dinámica estructural que prioriza el control territorial sobre la vida humana.
Las consecuencias son visibles. Sistemas sanitarios al límite, población civil atrapada y una comunidad internacional incapaz de frenar la escalada. La normalización de esta violencia no es casual. Es el resultado de años de impunidad y de una narrativa que ha permitido justificar lo injustificable bajo el paraguas de la seguridad.
Mientras tanto, la realidad sobre el terreno sigue deteriorándose. Las cifras de víctimas aumentan, las infraestructuras se desmoronan y la capacidad de respuesta humanitaria se agota. La pregunta ya no es si la situación es insostenible, sino cuánto tiempo más se va a permitir que continúe. Porque lo que está en juego no es solo el presente de una región, sino el precedente que se establece cuando la violencia sistemática deja de tener consecuencias.
Cuando almacenar cadáveres se convierte en un problema logístico, lo que ha fracasado no es un sistema sanitario, sino todo un orden internacional que ha decidido mirar hacia otro lado.
SPANISH REVOLUTION
Valentín Martín
Félix Población
Es muy de celebrar que mi estimado Luis Miguel Piñera, cronista de Gijón con una colaboración semanal en el diario La Nueva España, dedique en la edición de hoy de este periódico una más que merecida crónica a Radio Kras, una iniciativa comunicacional de izquierda que este año cumple nada menos que 41 desde su fundación. El sonoro acrónimo responde al Colectivo Radiofónico Asturiano que puso en marcha este empeño, nacido en Gijón octubre de 1985, con un manifiesto fundacional en el que se hace constar que surge por el carácter conservador y la falta de imaginación de los medios de comunicación de aquella villa, "cosa que no facilita, e incluso impide, la expresión de una realidad rica en proyectos culturales, políticos y sociales alternativos". El acrónimo viene a ser, también, un homenaje a una vieja organización política, las Comunas Revolucionarias de Asturias (CRAS), en las que participaron junto a su inspirador, el recordado profesor anarquista José Luis García Rúa, algunos de los fundadores de esta Radio Kras que aún resiste en el 105 FM: la lucha obrera, la oposición a la OTAN, el antimilitarismo, la música, la insumisión y la cultura en general, formaron parte del guion informativo de esta emisora, tal como recuerda Piñera. Una declaración institucional de los grupos políticos representados en el Ayuntamiento de Gijón en 2015, coincidiendo con el trigésimo aniversario de Radio Kras, evitó el cierre de la emisora por parte de la Jefatura Provincial de Inspección de Telecomunicaciones, que pretendía sancionar al colectivo con una multa de entre 200.000 y 300.000 euros por carecer de licencia para emitir en FM. Esa declaración institucional consideraba a Radio Kras, con todo merecimiento, un "patrimonio cultural irrenunciable de la ciudad". Larga vida, pues, para quienes se han ganado este título y lo mantienen a viva voz después de más de cuatro décadas. Que sea así por muchos años, de parte de quienes en la muy lejana adolescencia y en esa misma villa cantábrica, carentes de libertades, sólo podíamos imaginar en tiempos futuribles iniciativas como Kras.
DdA, XXII/6314
Ana Cardo
Mi amigo en redes Esteban Zúñiga ha recuperado estos días previos a la conmemoración republicana -eludida de raíz en el vigente régimen-, aparte de la participación del admirable poeta Luis Cernuda en la manifestación de júbilo multitudinario celebrada en las calles de Madrid hace 95 años con motivo de la proclamación de la Segunda República el 14 de abril y el recuerdo de la breve militancia del poeta sevillano en el Partido Comunista (legalizado ahora hace 49 años), dos colaboraciones de Cernuda en la revista Octubre, escritores y artistas revolucionarios, fundada y dirigida por la escritora Teresa León y el poeta gaditano Rafael Alberti. Aunque son de similar enfoque revolucionario ambas colaboraciones, ateniéndose a la cabecera de la revista (sigo echando de menos una edición facsimilar), me parece más interesante la segunda, que su autor dio a conocer en el número 8 de la publicación, correspondiente al mes de abril de 1934. Se trata de su poema Vientres sentados, que yo desconocía y que Zúñiga ha ilustrado en su muro con la imagen del poeta montado en un burro en el pueblo abulense de Burgohondo, durante unas jornadas de las Misiones Pedagógicas en las que Luis Cernuda participó activamente junto a otros escritores, tratando con sus explicaciones de acercar el arte a las gentes de las aldeas y pueblos del país, víctimas en una proporción elevada de la pobreza y el analfabetismo, durante el tiempo de aquella memorable e histórica actividad cultural, emprendida en el primer bienio republicano: