lunes, 9 de febrero de 2026

SALVO EN ANDALUCÍA, LOS NO CREYENTES SON MAYORÍA EN ESPAÑA POR PRIMERA VEZ

 Aunque se sigan celebrado funerales católicos, como acabamos de comprobar con las víctimas del accidente ferroviario en Adamuz, y la iglesia católica siga manteniendo privilegios propios del régimen dictatorial -como no pagar el IBI, impuestos sobre el patrimonio o impuestos sobre legados y donaciones-, lo cierto es que por primera vez en siglos, según el Barómetro sobre Religión y Creencias, la ciudadanía no creyente es mayoría en España, salvo en la comunidad autónoma de Andalucía donde el número de católicos llega al 57 por ciento. Al otro extremo se encuentra Cataluña, donde se registra el porcentaje más bajo (37 por ciento). Hace 25 años, el 83 por ciento de los españoles se declaraban católicos y sólo el 8,7 por ciento de la población se consideraba no creyente. Los no creyentes ahora suman el 51 por ciento, mientras el 49 por ciento dice creer en alguna confesión religiosa.

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Aristóteles Moreno/Cordópolis.

España acaba de cruzar un umbral sin precedentes. Por primera vez en su historia, los no creyentes superan al número de personas religiosas. Y no es un dato menor en un país sometido a la hegemonía católica desde hace más de cinco siglos y al islam en el periodo andalusí. Eso, al menos, certifica el informe del Barómetro sobre Religión y Creencias en España, publicado el mes pasado por la Fundación Pluralismo y Convivencia, dependiente del Ministerio de la Presidencia.

El análisis se sustenta en 4.742 entrevistas personales, 744 en Andalucía, y consolida una clara tendencia sociológica de creciente pérdida de influencia de las religiones tradicionales en beneficio de la secularización y el surgimiento de las espiritualidades alternativas. Baste recordar que hace apenas 25 años, más del 83% de los españoles se declaraban católicos y los no creyentes solo representaban un 8,7% de la población. Los ateos entonces rozaban el 5% y las religiones minoritarias sumaban un exiguo 1%.

En solo un cuarto de siglo, el panorama ha cambiado radicalmente. En un extenso informe de 152 páginas, plagado de indicadores sobre espiritualidad y religión, el Barómetro acredita que los no creyentes ya suman el 51% de la población frente al 49% de las personas que se consideran fieles de alguna confesión. Las mujeres (52%) son más religiosas que los hombres, mientras que los jóvenes (33%) se alejan progresivamente de las creencias tradicionales frente a los mayores de 65 años (56%).

El catolicismo cae a su peor registro histórico (46%), mientras que las confesiones minoritarias siguen creciendo (8%) y los indiferentes, agnósticos y ateos alcanzan ya el 42%. El proceso de secularización, sin embargo, no es homogéneo. Cataluña (31%), País Vasco (34%) y Asturias (39%) encabezan la caída de la hasta ahora confesión mayoritaria, que se sostiene gracias al gran número de fieles que aún conservan en Andalucía (57%), Castilla La Mancha (57%) y Castilla y León (56%).

El informe del Barómetro sobre Religión y Creencias no desagrega los datos provinciales, pero el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sí lo hace. Y en su estudio estadístico de diciembre pasado señaló que el 58,3% de los cordobeses aseguran profesar la confesión católica, cinco puntos y medio más que la media nacional. Córdoba, por lo tanto, es una de las provincias con mayor arraigo religioso de toda España.

El estudio también recoge otras variables sociológicas significativas que definen el perfil del creyente. Las creencias religiosas tienen mayor anclaje entre la población sin estudios o con niveles básicos (68%) al tiempo que decaen entre los universitarios (44%). La derecha concentra un mayor número de católicos (69%), por encima del centro ideológico (55%) y la izquierda (30%).

En sus conclusiones, el Barómetro subraya la práctica división a partes iguales de la población española entre creyentes (49%) y no creyentes (51%). Y describe un “paisaje religioso fragmentado y en transición”, que se caracteriza por el “declive de las formas religiosas tradicionales y el surgimiento de creencias difusas, espiritualidades heterodoxas y formas híbridas de pertenencia”.

El 45% de las personas consultadas creen en la existencia del alma y un 40% admiten la realidad de las “energías”. La vida después de la muerte cobra veracidad para el 35% de los encuestados, mientras que un 25% creen en los ángeles y un 24% en los milagros. En Andalucía, todas estas categorías cuentan con cuatro o cinco puntos porcentuales más, en consonancia con un sentimiento de religiosidad mayor.

En general, la religión ha perdido peso en la escala moral del individuo. Para la mayoría de las personas, la familia (90%) es el elemento decisivo que le da sentido a su vida. Le sigue la amistad (79%) y el crecimiento personal (78%). Hasta las mascotas (47%) se han colocado en un lugar de prioridades superior a la religión (31%).

También la práctica religiosa ha decaído notablemente. La población que no va nunca a misa se sitúa ya en el 43%, frente a los que lo hacen habitualmente (18%), de forma mensual (7%) o alguna vez al año (15%). En Andalucía, el índice de desapego a la liturgia católica es cinco puntos inferior a la media nacional. En otras confesiones, la práctica religiosa es casi veinte puntos superior.

De este macroestudio de la Fundación Pluralismo y Convivencia, se deducen algunas premisas concluyentes, a juicio de Mar Griera, catedrática de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona. “España ya no es un país de mayoría católica”, asegura contundente en un análisis publicado en la web de la Fundación. Pero matiza: “Tampoco es un país completamente secularizado”.

En opinión de Griera, y pese a la apariencia de los datos, la sociedad española ha avanzado hacia una realidad de “mayor complejidad” donde el marco religioso ya no puede describirse en “términos binarios católico-ateo” sino que expresa una situación “fragmentada”. Por ejemplo: un 26% de quienes dicen pertenecer a una religión no se consideran personas espirituales o interesadas en lo sagrado. “Es decir, muestran adscripciones a la religión de corte cultural e identitario más que vinculadas a la experiencia cotidiana de la fe religiosa”, sostiene la catedrática.

De la misma manera, abunda la socióloga, “no ser miembro de ninguna confesión religiosa no te convierte automáticamente en ateo. Un 40% de los agnósticos afirman confiar en algún tipo de realidad espiritual o fuerza vital y un 16% cree en el poder de la naturaleza y la madre tierra”. En todo caso, bajo el prisma de Griera, la secularización “avanza de forma gradual y continuada”, pero no es un “proceso uniforme”.

Para el cordobés José Antonio Naz, presidente de Europa Laica, los datos del Barómetro confirman una tendencia imparable puesta de manifiesto en múltiples ocasiones por su organización. “España está secularizada”, asegura en conversación telefónica. “Ya quedan muy pocos católicos practicantes, aunque hay un repunte de creyentes musulmanes y evangélicos debido a la inmigración”, explica. El último CIS sitúa la tasa de católicos practicantes en un 18%.

La razón por la cual Andalucía sigue siendo la locomotora que tira del menguante tren del catolicismo, a ojos de Naz, es el poder de las tradiciones y las fiestas populares. “El fenómeno de las procesiones está siendo utilizado por la jerarquía católica”, sostiene el representante laicista. De hecho, el número de eventos católicos en Córdoba ha experimentado cifra récord en 2025, según datos municipales difundidos por Cordópolis. Nada menos que 879 ocupaciones religiosas de la vía pública, a razón de 17 cada semana, han sido registradas el pasado año en un fenómeno de explosión cofrade sin precedentes.

El desplome del catolicismo en España, más de 30 puntos en solo 25 años, no ha erosionado el poder social, político y económico de la Iglesia, que mantiene intactos sus privilegios históricos, a juicio de José Antonio Naz. “Es paradójico que el poder de la Iglesia todavía se percibe por todas partes y se sigue funcionando con esquemas de la tradición católica”. En su opinión, el Gobierno debería profundizar en la laicidad del Estado, tal como estipula la Constitución española. “Los datos del Barómetro dan más razones al Gobierno para cambiar sus vínculos con la Iglesia”, remarca.

El presidente de Europa Laica subraya, sobre todo, la caída en picado del catolicismo entre los jóvenes, cuya tasa de religiosidad apenas supera el 20%. “No hay vuelta atrás”, sentencia Naz. Y, sin embargo, “se están inflando los conciertos educativos” con las órdenes religiosas, cuyo catolicismo es “cada vez más conservador”, alerta.

ASTURIAS LAICA  DdA, XXII/6257

domingo, 8 de febrero de 2026

HE SENTIDO A MI PADRE EN EL JARDÍN/ PODANDO LOS ROSALES COMO SI FUERA MARZO...

Pedro Ojeda Escudero (Valladolid, 1963) es un filólogo español, profesor de literatura y escritor, creador, en 2006, de uno de los primeros blogs culturales dedicados a la literatura en España, La acequia, cuyo impacto en el mundo cultural es destacado.  Ha publicado los poemarios Esguevas (2013), Echo al fuego los restos del naufragio (2014) y Piel (2015) y el diario literario La metáfora del mirlo (2019). Piel ha sido traducido al italiano en el año 2017 


DdA, XXII/6256

EL DESENTERRAMIENTO DEL BUSTO DE PABLO IGLESIAS

 La fundación Pablo Iglesias, que en su día presidió Fernando Claudín (1913-1990), a quien llegué a conocer en dicha sede por aquellos años transicionales, ha tenido a bien difundir estos días la fotografía que ilustra este post y que data del 7 de febrero de 1979, cuando fue desenterrado el busto de Pablo Iglesias Posse que se encontraba desde el final de la Guerra Civil bajo los jardines del parque madrileño de El Retiro, donde la militancia socialista lo preservó no sólo de los últimos lances del conflicto sino también de la más que posible destrucción a la que lo hubiera condenado la dictadura naciente. Antes de la guerra se encontraba en el actual Paseo de Camoens, pero una vez desenterrado no volvió a su lugar de origen ni al parque madrileño, como se llegó a plantear. Se le alojó en la sede del PSOE en la calle de Ferraz, donde sigue, sin que haya recuperado el lugar público que merecería la figura histórica del fundador del citado partido y la Unión General de Trabajadores (UGT). Entre quienes aparecen en la instantánea del desenterramiento aquel día de invierno vemos a un joven Alfonso Guerra, enfrentado en la actualidad al líder del Partido Socialista y actual Presidente del Gobierno, y partidario de que el PSOE y el Partido Popular, cada vez más orientado hacia la extrema derecha, se entiendan.



El 7 de febrero de 1979 fue desenterrado el busto de Pablo Iglesias, oculto en el madrileño parque de El Retiro al final de la guerra civil para evitar su completa destrucción por parte de las autoridades franquistas.
Formaba parte del monumento conmemorativo al fundador del PSOE levantado en el Parque del Oeste de Madrid inaugurado el 3 de mayo de 1936, realizado por el escultor Emiliano Barral, el arquitecto Santiago Esteban de la Mora y el pintor Luis Quintanilla. Este monumento se encontraba situado en lo que hoy son las canchas de baloncesto del Paseo Camoens. En forma de L, en su interior se encontraban las pinturas alegóricas de la vida de Pablo Iglesias realizadas por Quintanilla. En el espacio interior había un jardín con dos grandes grupos escultóricos de Barral, a lo que se sumaba, en lugar preeminente, el busto de Pablo Iglesias.
Durante la guerra civil el monumento sufrió numerosos daños al estar situado en pleno frente de batalla desde noviembre de 1936 y en zona de atrincheramiento de las tropas franquistas. Durante los primeros años de la dictadura, el monumento permaneció tapiado y alejado de las miradas de la gente, hasta que en 1959 se decidió su demolición, aprovechando el granito para la construcción de la nueva valla de los jardines de El Retiro en la zona de la calle Menéndez Pelayo.
La cabeza sólo sufrió daños en la nariz y en la boca, y antes de que pudiera ser dinamitada, José Pradal, delineante y director de las oficinas del Parque, logró detener su destrucción con la excusa de que el material de la que estaba realizada no fraguaría bien con el cemento. Con la ayuda de dos jardineros pudo ocultarla enterrándola en lo que hoy son los jardines de Cecilio Rodríguez del propio parque madrileño. La localización del busto la plasmó en unos planos que envió a su hermano Gabriel Pradal en Toulouse. Este, exdiputado socialista en las Cortes y director de El Socialista. A la muerte de Gabriel Pradal el 15 de septiembre de 1968, los planos pasaron a su hija Kalinka quien en 1977, ya en España, hace entrega de una copia de los mismos a la Ejecutiva del PSOE a través del diputado socialista, también exiliado junto con Pradal, Máximo Rodríguez.
No se decidió sacar a la luz la escultura hasta dos años más tarde, coincidiendo con el centenario del Partido. Pese a los planos, se tardó en identificar exactamente el lugar donde se encontraba enterrado el busto. Una vez desenterrado fue expuesto en la sede del PSOE, en la calle Ferraz, donde puede seguir viéndose hoy en día. Se valoró la idea de ubicarlo permanentemente en El Retiro, así como de restaurarlo, pero finalmente se decidió mantenerlo en la sede del partido y con las “cicatrices” de los mazazos que recibió con la intención de ser destruido.

DdA, XXII/6256

TRUMP REPRESENTA A QUIENES CONFUNDEN LA FUERZA CON LA BRUTALIDAD

Representar a Michelle Obama y Barack Obama como simios no es solo racismo explícito. Es la reactivación consciente de uno de los dispositivos más antiguos y brutales del poder colonial: la animalización del otro para justificar su exclusión del campo humano. No hay metáfora inocente ahí. No hay ambigüedad cultural. Hay una línea histórica que conecta esa imagen con siglos de esclavitud, linchamientos, zoológicos humanos, segregación y exterminio simbólico. Quien niegue eso no está confundido: está mintiendo. Trump no es una anomalía individual. Es la expresión concentrada de una estructura de poder que ha normalizado la crueldad, ha mercantilizado el odio y ha convertido el racismo en herramienta política legítima. Cuando el monstruo se muestra -escribe Claudia Aranda- , no basta con apartar la mirada ni con esperar que se canse. Hay que nombrarlo, señalarlo y enfrentarlo. No por moralismo, sino por supervivencia ética. Porque una humanidad que normaliza la animalización del otro ya ha comenzado a descomponerse.


Claudia Aranda

Hay un punto en el ejercicio del poder en que el escándalo deja de ser accidente y se convierte en método. Un punto en que la provocación deja de buscar aplauso y pasa a medir impunidad. Un punto —peligrosísimo— en que el poder ya no necesita disfrazarse de civilización porque ha comprobado que nada, absolutamente nada, le ocurre cuando cruza todos los límites.
La imagen publicada por Donald Trump no es un error. No es un desliz. No es una broma de mal gusto ni un exceso de redes sociales. Es un síntoma. Y como todo síntoma, revela una enfermedad profunda: la certeza de que se puede humillar, deshumanizar y degradar sin consecuencias reales.
Representar a Michelle Obama y Barack Obama como simios no es solo racismo explícito. Es la reactivación consciente de uno de los dispositivos más antiguos y brutales del poder colonial: la animalización del otro para justificar su exclusión del campo humano. No hay metáfora inocente ahí. No hay ambigüedad cultural. Hay una línea histórica que conecta esa imagen con siglos de esclavitud, linchamientos, zoológicos humanos, segregación y exterminio simbólico. Quien niegue eso no está confundido: está mintiendo.
Que la publicación haya sido retirada doce horas después, solo bajo presión, no atenúa el hecho. Lo agrava. Porque demuestra que no existía arrepentimiento, solo cálculo. No existía conciencia, solo evaluación de costos. El mensaje fue lanzado, probado, medido. El monstruo salió a escena para comprobar, una vez más, cuánto puede avanzar antes de que alguien intente detenerlo.
Y aquí está el núcleo del problema: Trump no es una anomalía individual. Es la expresión concentrada de una estructura de poder que ha normalizado la crueldad, ha mercantilizado el odio y ha convertido el racismo en herramienta política legítima. Trump no inventó esa lógica. La encarnó con una obscenidad inédita y, precisamente por eso, la volvió visible.
Cuando el poder se siente absoluto, se desnuda. Cuando cree ser dueño del mundo, deja de fingir humanidad. No porque haya cambiado, sino porque ya no necesita esconderse. La impunidad prolongada produce esto: la certeza de que todo está permitido, incluso lo que destruye el tejido moral más básico de una sociedad.
El racismo no es un insulto más en el repertorio de la violencia simbólica. Es una tecnología de destrucción humana. No se juega con él porque no se juega con aquello que no tiene repuesto. Cada acto racista no solo hiere a una persona o a un grupo: erosiona el pacto mínimo que hace posible la convivencia. Introduce la idea de que hay vidas que valen menos, cuerpos que importan menos, dignidades que pueden ser trituradas para entretenimiento o cálculo político.
¿Quién y a quiénes representa hoy el hombre más poderoso del mundo? Esa es la pregunta que la imagen obliga a formular. Representa a quienes confunden fuerza con brutalidad. A quienes creen que la humillación del otro reafirma su propia grandeza. A quienes han decidido que la democracia es un obstáculo, la empatía una debilidad y la dignidad humana un estorbo.
Trump es todo lo que está mal en la humanidad contemporánea no porque sea único, sino porque es exitoso. Porque millones ven en él no un accidente, sino un modelo. Porque su ascenso confirma que la barbarie no llega de golpe: se instala lentamente, normalizada, defendida, justificada, hasta que un día se exhibe sin pudor y aún así encuentra excusas.
El verdadero horror no es la imagen. El verdadero horror es la red de silencios, relativizaciones y complicidades que la rodean. Es el “no era para tanto”, el “hay cosas más importantes”, el “también del otro lado pasa”. No. Aquí no hay simetría posible. Aquí hay un abuso de poder que apunta directo al corazón de lo humano.
¿Cuánto dolor puede causar un hombre así en el poder? La historia ya lo respondió demasiadas veces. Cada vez que el racismo fue tolerado como opinión. Cada vez que la deshumanización fue tratada como provocación. Cada vez que la violencia simbólica fue minimizada antes de convertirse en violencia real.
No se trata de Trump como individuo. Se trata del mundo que permite que Trump exista, gobierne y se sienta impune. Un mundo que ha confundido libertad de expresión con licencia para destruir al otro. Un mundo que ha olvidado que la civilización no se mide por el poder que acumula, sino por los límites que se impone.
Cuando el monstruo se muestra, no basta con apartar la mirada ni con esperar que se canse. Hay que nombrarlo, señalarlo y enfrentarlo. No por moralismo, sino por supervivencia ética. Porque una humanidad que normaliza la animalización del otro ya ha comenzado a descomponerse.
Y porque con el racismo no se juega. Nunca. No hay margen. No hay permiso. No hay segunda oportunidad para lo irreparable.

    PRESSENZA DdA, XXII/6256

sábado, 7 de febrero de 2026

AZCÓN REHÚYE A INTXAURRONDO Y OPTA POR VITO


Lazarillo

Deberían tenerlo en cuenta los electores mañana en las urnas de Aragón. Quien rechaza los quince derechos a que tiene derecho en la televisión pública para dar a conocer sus ideas y las de su partido respecto al programa con el que aspira a presidir aquel gobierno autonómico, ha candidato del Partido Popular, Jorge Azcón, que ha optado por renunciar a esta posibilidad en La Hora de La Una. Esto, por lo nada habitual, también puede entenderse como una cierta prevención ante las preguntas que pudo haberle planteado la presentadora del programa, Silvia Intxaurrondo, que como es sabido no tiene reservas a la hora de llevar su cometido ante cualquier invitado, como bien sabe el jefe de Azcón. Debería restar puntos a la hora de lograr votos que el candidato de un partido declinara acudir a un medio de comunicación público, acaso con la creencia de que su presencia ante las cámaras se los podría restar. Ya hubo varias de estas con representantes del Partido Popular. No habría faltado, entre las preguntas de la periodista vasca, la relativa a la presencia en el último mitin del Partido Popular de ciertos agitadores indeseables de extrema derecha, con el objetivo desesperado de que Vox no le reste al PP más votos de los previstos.

DdA, XXII/6255

DE LA MATANZA DE LOBOS EN ASTURIAS AL LOBO AMISTOSO DE LA SELVA NEGRA


En el corazón de la Selva Negra, un lobo identificado como GW2672m se ha convertido en protagonista de un caso insólito: enfrenta una orden de ejecución por ser “demasiado amistoso”. Su comportamiento, considerado “atípico” por las autoridades, consiste en acercarse con calma a excursionistas y perros, incluso apareciendo en selfies tomadas por los caminantes. El Ministerio de Medio Ambiente de Baden-Württemberg autorizó su caza, alegando que la falta de miedo hacia los humanos representa un riesgo. Sin embargo, la organización conservacionista Naturschutzinitiative presentó un recurso de emergencia ante el Tribunal Administrativo de Stuttgart, que suspendió temporalmente la orden mientras se evalúa su legalidad.

Las reacciones han sido encontradas. Para algunos, como Michaela Jung, el encuentro con el lobo fue un momento místico y pacífico, que los llevó a iniciar peticiones en línea para salvarlo. Otros, como Matthias Wiegert, confesaron sentirse intimidados y redujeron sus paseos solitarios en el bosque. El ministerio sostiene que los intentos de capturarlo vivo fracasaron y que el fenómeno del “turismo del lobo” —personas que buscan verlo deliberadamente— agrava la situación. Los conservacionistas, en cambio, argumentan que la curiosidad y la falta de timidez no justifican una medida letal, ya que los lobos están estrictamente protegidos por la legislación europea.

Por ahora, GW2672m sigue con vida gracias a la intervención judicial, mientras se debate si su cercanía con los humanos es una amenaza… o simplemente un recordatorio de la fascinación que despierta la naturaleza cuando se cruza con nosotros.

DdA, XXII/6255

EL TESTIMONIO VITAL DE LOS REFUGIADOS ESPAÑOLES EN LA FUNDACIÓN NEGRÍN

El profesor de la Universidad de Cantabria Aurelio Velázquez considera “fundamental” el Archivo Negrín, radicado en Las Palmas, para “reconstruir el entramado enormemente complejo” de la ayuda humanitaria a los refugiados españoles durante los primeros años del exilio. El profesor viene trabajando en esa línea de investigación, sobre la que ofreció una conferencia en la Fundación Juan Negrín.

Aurelio Velázquez, junto a un retrato del doctor Negrín, en la sede de su fundación.

El historiador destaca, entre otros documentos, las denominadas  “cartas de súplica”,  de las que “hay cientos” en el fondo documental del doctor Juan Negrín López, jefe del gobierno de la República entre 1937 y 1945 (lo seguiría siendo durante los primeros años del exilio).

Velázquez aprovechó una reciente visita a Gran Canaria para participar en la 23ª edición del Curso de Historia Política Contemporánea -que tuvo lugar en diciembre en la Casa Museo León y Castillo-, para visitar el Archivo Negrín, en la Fundación Juan Negrín de Las Palmas, donde encontró abundante documentación relativa a la organización de la ayuda humanitaria durante la guerra de España y el exilio, una línea de investigación en la que trabaja desde hace años y sobre la que versó su conferencia.

La ayuda humanitaria durante la guerra se coordina a través de la Presidencia del Consejo de Ministros. “Hay una interrelación directa con un envío de correspondencia constante”, señala el investigador, que aclara que “buena parte de esta documentación se encuentra aquí, en el Archivo Negrín, mientras otras fuentes”, precisa, “han desaparecido”.

El profesor de la Universidad de Cantabria destaca dos aportaciones del Archivo Negrín relativas al exilio: las cartas de súplica y la correspondencia relacionada con el SERE (Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles) y, de manera específica, la de Negrín con Pablo de Azcárate -que fue embajador de la República en Londres y colaborador estrecho del jefe de gobierno-,  que recoge también aspectos relacionados con la incorporación de España al Plan Marshall, a las Naciones Unidas y sobre qué hacer en caso de que caiga el régimen franquista.  

“En este archivo hay un fondo enorme de las cartas de súplica que envían los refugiados, donde piden ayuda: que se les traslade a México o que se les dé un subsidio. Es una fuente importantísima porque nos permite ver sus estrategias: cómo se presentaban, cómo tratan de convencer para que se les ayudase o qué aspectos de su vida priorizaron; es una fuente muy rica”.

El fondo documental custodiado en la Fundación Juan Negrín de Las Palmas desde diciembre de 2013 ofrece, además, documentación sobre las relaciones con otras organizaciones, como los embarques a México, “probablemente la cuestión más llamativa de la actividad del SERE”. En verano de 1939 se fletan tres barcos (el Sinaia, el Ipanema y el Mexique) para trasladar a entre 4.000 y 5.000 refugiados al país azteca.

“Esos embarques los hacen en colaboración con otras organizaciones: un comité británico, un comité argentino … De todo esto también hay registro documental en Las Palmas:  cartas, informes, parte de la documentación relativa a la embajada mexicana…, todo esto es fundamental para reconstruir ese entramado enormemente complejo de organizaciones de ayuda que colaboran entre ellas en Francia durante las primeros años del exilio”.

El investigador destaca además la documentación que se conserva en el Archivo Negrín sobre la etapa del estadista canario en Londres, a donde se traslada cuando el ejército de Hitler ocupa Francia.  “Esta  parte está muy poco estudiada,  son las gestiones que hacen, primero, porque se les reconozca como gobierno en el exilio, – una batalla perdida por que el Reino Unido apostaba por Franco como baluarte del anticomunismo- y después, el trabajo en Londres, donde crean instituciones como  el Hogar Español para atender a los refugiados españoles”.

DdA, XXII/6255

viernes, 6 de febrero de 2026

ESPAÑA TAMPOCO NECESITA SALVADORES TECNOLÓGICOS



Una empresa privada (Telegram) decide intervenir en el debate político usando su posición privilegiada de fuerza que ningún gobierno democrático podría permitirse sin ser acusado, con razón, de abuso. La libertad digital no se protege con alarmas apocalípticas, se protege con transparencia, con control democrático y con una ciudadanía crítica que no acepta que ni un gobierno ni una plataforma le dicten lo que debe pensar. España no necesita salvadores tecnológicos, necesita debate informado y plataformas que respeten el espacio democrático en el que operan.

Alejandra Caldevilla

Ayer Telegram envió un mensaje masivo a todos sus usuarios en España acusando al Gobierno de querer instaurar un “Estado de vigilancia”.
Es decir, que una empresa privada extranjera decidió intervenir en el debate político español usando su posición privilegiada, sin contexto, sin matices y sin posibilidad de réplica.
Telegram denuncia supuestos intentos de control estatal, pero omite algo esencial y es que las plataformas tecnológicas también ejercen poder, y no poco, controlan infraestructuras de comunicación, algoritmos, datos, canales de difusión y cuando una empresa así decide enviar un mensaje político masivo, lo hace desde una posición de fuerza que ningún gobierno democrático podría permitirse sin ser acusado, con razón, de abuso.
El mensaje está diseñado para activar miedo, no para informar, exagera, simplifica y convierte un debate complejo, que sí creo que debiera darse en el Parlamento y en la sociedad civil, en un ultimátum emocional, no invita a leer la ley, ni a contrastar fuentes, busca la indignación inmediata.
Las regulaciones digitales pueden discutirse, criticarse y mejorarse, pero ese debate pertenece a la ciudadanía y por supuesto que Telegram tiene derecho a expresar su postura, lo que no tiene es legitimidad para autoproclamarse defensora de la libertad digital mientras envía una alerta nacional con su propaganda política a millones de personas como si fuera un parte de emergencia.
La libertad digital no se protege con alarmas apocalípticas, se protege con transparencia, con control democrático y con una ciudadanía crítica que no acepta que ni un gobierno ni una plataforma le dicten lo que debe pensar.
España no necesita salvadores tecnológicos, necesita debate informado y plataformas que respeten el espacio democrático en el que operan.

DdA, XXII/6254

CHOMSKY Y EPSTEIN: NO HABRÁ COMUNICADO DE LA FAMILIA DEL PENSADOR


Miguel Mora

No ha sido una decisión fácil, y es dolorosa porque Noam Chomsky ha sido el referente moral de mucha gente, y porque además tuvo la generosidad de aceptar la presidencia de honor de la revista CTXT en febrero de 2015, cuando nos concedió una entrevista en su despacho del MIT pese a que nadie nos conocía. Pero las últimas filtraciones del Archivo Epstein, que revelan que Chomsky fue amigo íntimo y asesor del pederasta Jeffrey Epstein, son demasiado graves como para mirar hacia otro lado.

Esta semana, el patronato de la Fundación Contexto y Acción ha debatido largamente si la editora de CTXT debía mantener a Chomsky como presidente de honor de la revista. La discusión ha sido intensa y apasionada. Y el resultado de la votación, en la que han participado 14 de las 15 patronas y patronos, ha sido de 11 votos a favor de retirar la distinción y tres en contra. Por tanto, nuestro admirado Noam Chomsky, que sigue vivo a los 97 años aunque ya sin facultades para defenderse, deja de ser el buque insignia honorífico de la revista.

Durante el debate, los defensores de Chomsky argumentaron que los correos filtrados por el Gobierno Trump entre el lingüista y pensador anarquista y el millonario y supremacista judío es un asunto privado, que no daña a nadie. Todos hemos sostenido en privado afirmaciones o críticas que no sostendríamos en público, dice ese sector minoritario del patronato, de manera que cancelar a Chomsky porque esos correos hayan salido a la luz es una decisión exagerada, punitivista y no exenta de moralina: “Moralismo y más moralismo. Resulta que si encima has hecho grandes cosas, entonces el castigo es aún mayor”, escribió uno de los defensores de no hacer nada. “Nadie discute que se equivocó gravemente en su juicio sobre Epstein, pero nada de lo que hizo o dijo sirvió para salvar a Epstein. Estuvo ciego, sí, pero eso como hecho (no como símbolo) es una nimiedad al lado de sus contribuciones y su compromiso. No dañó a nadie, más que por su indiferencia en este caso concreto…”.

Los partidarios de que Chomsky deje de ser presidente de honor alegaron que nadie trata de borrar su obra y sus contribuciones, claves para la formación del pensamiento crítico de varias generaciones, sino de que un intelectual que se pone del lado de un abusador y no respeta a las víctimas no puede representar los valores de la revista ni los fines que persigue la fundación.

Varios apuntan la incoherencia que supone que un pensador que dedicó su vida a decir las verdades al poder haya frecuentado el círculo íntimo de un personaje siniestro, obscenamente rico, creador de una red de prostitución de menores y mujeres para hombres muy poderosos y vinculado con el Mossad. Y destacan el apoyo que Chomsky le prestó –según se lee en un correo de 2019 firmado como Noam– al mostrar su solidaridad a Jeffrey Epstein por la “horrible manera” en que, según él, los medios y la opinión pública trataban al delincuente sexual. En ese mail, Chomsky hablaba de la “histeria en torno al abuso de las mujeres”.

“Mandan los tiempos, no la biografía. Si a Marx lo hubiesen pillado puteando a los trabajadores, el pedestal se hubiera roto. En estos tiempos no se puede ser referente de nadie ayudando a tapar abusos a menores”, dijo uno de los partidarios de prescindir de Chomsky. “No se trata de moralismo, sino de que defender a un violador de menores en serie es indefendible y no puede representarnos”, añadió.

“No estamos cancelando a nadie. No se queman sus libros”, señaló otro de los promotores de la decisión. “Se le quitan todos los honores y se explica alto y claro por qué, y lo mucho que nos duele. Los lectores y donantes merecen una explicación. O varias, si hay debate como evidentemente hay”.

José Antonio Martín Pallín, presidente de honor de la Fundación Contexto y Acción, con voz pero sin voto en la decisión, resume así la paradoja de una decisión muy complicada: “Los avatares y azares de las vidas privadas pueden ser y muchas veces son lamentables. Pero la potencia de su pensamiento y su acción política permanecerán para siempre”.

CTXT se puso en contacto ayer con Avi, la hija de Chomsky, para preguntarle si la familia pensaba emitir algún comunicado sobre el asunto. Su respuesta fue un escueto “no”.

Larga vida, pues, al pensamiento y al activismo que encarnó Noam Chomsky como intelectual. Y tolerancia cero con quienes defienden a los abusadores, incluso a los convictos, y desprecian a las víctimas que sufren abusos.

*El Patronato decidió también cambiar la denominación del premio Noam Chomsky. A partir de ahora se llamará premio Magda Mora, en homenaje a la fundadora y mecenas de CTXT, fallecida el pasado 10 de enero.

CTXT  DdA, XXII/6254

¿ERAN UN DEBATE LAS JORNADAS SEVILLANAS O UNA PELEA DE BAR?

El debate no es un bien absoluto, como no lo es la libertad ni la tolerancia -al menos si no definimos los términos previamente. Dar la palabra a un negacionista de la crisis climática o el Holocausto en pie de igualdad con científicos o historiadores no nos hace mejores como sociedad ni expande nuestro conocimiento ni refuerza la democracia. Tampoco lo hace dar libertad a Elon Musk para que la utilice para convertir X en un pozo de mentiras y odio. Más bien lo contrario. La discusión, en el caso de las jornadas de Sevilla sobre la Guerra Civil -escribe el articulista-el debate debería haber sido sobre el marco de las jornadas, sobre lo que realmente pretendían producir y sobre si era posible una discusión franca en las condiciones propuestas. Sobre si era realmente un debate. O una pelea de bar. O la consagración de un discurso. O la exaltación de algún ego.


Alfredo González-Ruibal

Nada más sano que debatir. El debate está en la raíz de la democracia y del conocimiento crítico. Se debate en los parlamentos y las universidades. No debaten las dictaduras ni los fundamentalistas. Confrontar opiniones nos hace entender al otro, matizar posturas y descubrir nuevos conceptos e ideas. ¿Quién puede estar en contra de debatir? Oponerse es de sectarios. Es fácil. De hecho, es demasiado fácil. 

La derecha ha secuestrado la idea de debate como lo ha hecho con otros conceptos positivos -la tolerancia o la libertad. Y al apropiarse de ellos coloca a cualquiera que se resista en una posición perdedora de antemano. Si no te gusta la libertad de Ayuso, estás en contra de la libertad; si no aceptas el debate que te propone Pérez-Reverte, estás en contra del intercambio de ideas.  

En el caso de los debates, la apropiación hace que la derecha los gane incluso sin que tengan lugar. Si se hubieran celebrado las famosas jornadas de Sevilla sobre la Guerra Civil, hubiera ganado la visión conservadora, por la propia forma en que se habían diseñado; si no se celebran, como ha sido el caso, la victoria es aún mayor: la derecha presenta a la izquierda como la eterna totalitaria. La virtud y la razón, por tanto, siempre están con ellos. 

Las jornadas no eran en realidad tan distintas de los debates que propone la ultraderecha pop a sus rivales. Recuerda a lo que ha hecho estos días Soto Ivars con Laura Freixas o el youtuber RickyEdit con Irene Montero. El "no" siempre es signo de cobardía, de sectarismo o de no tener razón.  

Hay muchos más casos. La frase "te propongo públicamente un debate" se ha convertido en un lugar común entre influencers con más tiempo libre que neuronas. Proponen un debate como quien reta a un combate de boxeo. Y en realidad es de lo que se trata. No buscan un intercambio de ideas, sino una pelea a la puerta del bar, jaleados por sus incondicionales.  

En el caso de las famosas jornadas de Pérez-Reverte, toda la discusión quedó reducida a una falsa dicotomía: debate sí, debate no. Pero aceptar el juego en esos términos es perderlo de antemano. Debate sí, claro. Igual que libertad sí y tolerancia también. Cantidad de opinadores liberales se marcaron unos  puntos fáciles de superioridad moral al defender el diálogo público como bien absoluto.  

Pero el debate no es un bien absoluto, como no lo es la libertad ni la tolerancia -al menos si no definimos los términos previamente. Dar la palabra a un negacionista de la crisis climática o el Holocausto en pie de igualdad con científicos o historiadores no nos hace mejores como sociedad ni expande nuestro conocimiento ni refuerza la democracia. Tampoco lo hace dar libertad a Elon Musk para que la utilice para convertir X en un pozo de mentiras y odio. Más bien lo contrario. 

La realidad es que hay situaciones que no se pueden abordar de forma dicotómica, sino que requieren ampliar las cuestiones: ¿cuáles son los límites necesarios que debemos imponer a la libertad para que la libertad siga existiendo? ¿En qué condiciones un debate es legítimo? Es más ¿cuándo es un debate realmente un debate y no otra cosa? No tienen una respuesta sencilla. Y es fácil equivocarse -a mí me ha pasado. 

En el caso de las jornadas sevillanas, la discusión no se debería haber centrado tanto en si había que participar o no en el encuentro, sobre si está bien debatir o no debatir con posturas que nos parecen intolerables. Tampoco, creo, sobre las personas que participaban. La discusión debería haber sido, aquí como en cualquier debate similar, sobre el marco de las jornadas, sobre lo que realmente pretendían producir y sobre si era posible una discusión franca en las condiciones propuestas. Sobre si era realmente un debate. O una pelea de bar. O la consagración de un discurso. O la exaltación de algún ego. 

Una vez que estalló la polémica, la derecha ganó la partida, porque la izquierda decidió dejarse arrastrar por el marco que le impusieron. O bien desempeñaron el papel de intolerantes que se esperaba de ellos, para regocijo de los organizadores y sus hinchas, o bien se alinearon con la organización, defendiendo la legitimidad de debatir -en abstracto.  

Para la próxima, intentemos ponérselo un poco más difícil. Hagamos preguntas.

PÚBLICO  DdA, XXII/6254