Silvio Rodríguez durante el primero de sus cuatro shows agendados en Chile. Foto: Guille Salazar (Red Eyes Concerts, productora. Vía Instagram)
Lazarillo
Silvio Rodríguezse define como un“trovador del tiempo”, y posiblemente –para algunos admiradores– es un hacedor de canciones que a lo largo de más de seis décadas ha logrado entrelazar emoción y conciencia, con una propuesta musical y poética ligada a ritmos populares, a estructuras versales y estróficas de la tradición hispanoamericana, y al tránsito entre las diversas facetas de las contradicciones humanas, la intimidad del ser, y “las circunstancias que me tocaron vivir”, como señala en una de sus respuestas. Recientemente, durante su gira por varios países de Iberoamérica, Silvio Rodrigue estuvo en Chile y se refirió al balance de su larga trayectoria como cantautor en estos términos: "Creo que he sido una persona con una suerte enorme. Por haber nacido donde y cuando nací; por haber escogido un oficio que es como seguir jugando, asumiéndome niño para siempre. Que, para colmo, te aplaudan y te paguen por hacer lo que te vino en gana, puede parecer demasiado". También tuvo palabras para la crisis y asedio externo que sufre su país: "En cierto sentido siempre hemos estado en crisis. Es crítico –muy crítico—plantearse un mundo en el que imperen la piedad y altruismo. Esa es la causa de todo lo que nos sucede". Finalmente se refirió a las jóvenes generaciones: "Hace unos días, en un evento trovadoresco que se hace anualmente en la ciudad de Santa Clara, llamado “Longina”, como la canción de Manuel Corona –uno de los padres de la primera trova–, me preguntaron qué le diría a los jóvenes. Pasando por alto que me aterra ese tipo de preguntas –dicen que “solo da consejos quien ya no puede dar malos ejemplos”–, te voy a responder lo mismo: mientras más feo luce el panorama, más ganas tengo de crear belleza".
Tal como se infería del artículo que firmé ayer, lo de Aragón con la izquierda olía a abstención y así parece ser a juzgar por los datos que tenemos hoy en algunos medios de información. Los 38.000 votos perdidos por el Partido Socialista, que tuvieron como resultado la pérdida de cinco escaños, no se fueron a ningún partido de izquierda, ni siquiera a la Chunta, que logró duplicar los suyos, porque entre este partido, IU-Sumar y Podemos sólo se consiguieron 7.000 votos más que en las elecciones anteriores, de los que la mayoría corresponden a la Chunta.
Ocurre por lo tanto en Aragón lo que podría suceder en otras comunidades autónomas e incluso podría darse en unas elecciones generales: que a la derecha y la extrema derecha las une un mayor celo participativo, mientras que una parte del electorado de la izquierda, con el del PSOE incluido, la desmotivación, la frustración o el hartazgo ante tantas promesas incumplidas o tantas divisiones por siglas o cabezas de cartel les hace quedar en casa.
Ante esa apatía o desmotivación, ha sido Gabriel Rufián, espoleado acaso por el pedigrí mediático ganado con sus intervenciones en el Congreso, quien está por sondear la posibilidad de un frente unido de izquierda plurinacional, pero nada más plantearlo ha encontrado la resistencia de su propio partido, que como otros partidos independentistas de izquierda pone por delante que sus intereses están en Cataluña o Euskadi. Tampoco creo que el invento motivara demasiado a una parte del electorado de izquierda del resto de España, reacio ante la posibilidad de un entendimiento con el independentismo vasco o catalán.
¿Qué alternativa hay entonces para que no nos gobierne más pronto que tarde la derecha extrema? Me temo que, de no darse unas circunstancias extraordinarias hasta la convocatoria de las próximas elecciones generales que alteren la tendencia que indican hasta ahora las elecciones autonómicas, nos va tocar hacernos a la idea de que ese será el gobierno central que viene, según ocurrió ya en Italia. Lo puede propiciar en buena medida la abstención del electorado de izquierda, si no se remedia. Habrá que esperar por lo tanto lo que la gestión de ese gobierno traiga consigo, bajo la influencia de Vox, para que desde la izquierda y su electorado haya la reacción unitaria que actualmente está muy lejos de ocurrir*.
Mientras la ultraderecha mundial intentaba avanzar con el mismo guion de odio, miedo y xenofobia que promueve Donald Trump, Portugal cerró filas y votó en sentido contrario.
En febrero de 2026, el socialista António José Seguro arrasó en las urnas, ganando la presidencia con cerca del 67% de los votos, frente al candidato de extrema derecha André Ventura, aliado ideológico del trumpismo europeo, que apenas alcanzó un tercio del respaldo ciudadano.
El mensaje fue claro y demoledor:
Europa no quiere el modelo Trump.
El discurso antiinmigrante no convenció.
La democracia resistió.
Seguro, exlíder del Partido Socialista y figura institucional, construyó su victoria con un mensaje de estabilidad, diálogo y respeto democrático, justo lo contrario al caos político que Trump exporta allá donde puede.
El 9 de marzo de 2026 tomará posesión como presidente, sucediendo a Marcelo Rebelo de Sousa, en lo que muchos ya califican como un freno histórico al avance de la extrema derecha en Europa.
«Cuando el padre tuvo millones amasados por él y el primerío que fue trayendo desde la lejana aldea asturiana, descubrió que era época de casarse, que necesitaba una mujer para perpetuar la familia, la suya propia, su estirpe de aldeanos milenariamente aferrados a la pomarada y al maizal, a la espuerta y al cuido del cerdo y la vaca, equilibrados en las almadreñas, con la boina y el zurrón y a flor de labio una praviana, firmes en una sabiduría telúrica. Ni padre ni madre acompañándolo en la aventura de América. Viejos apegados ellos a la tierra nativa, al duro corte de los picachos y al cencerro de las cabras mezclado al tintineo de la campana de la ermita, suficiente todo para sus corazones sencillos. Primerío tan solo en América a su alrededor. Y hasta esa frontera del medio siglo, nada más que el afán de enriquecerse, de abrir sucursales al negocio, de vender clavos y pernos, alcayatas y españoletas, y todo el cesto que encierra una ferretería; de vender y almacenar mercaderías y dineros. Sin descanso.»
Marta BRUNET CÁRAVES (Chillán, Región del Biobío, Chile,
9 de agosto de 1897 - Montevideo, Uruguay, 27 de octubre de 1967):
Inicio del “Capítulo 2: Raza de inmigrantes” de Amasijo (1962).
La historia de nuestros antepasados emigrados a América es una sucesión de hambres y luchas personales, de descubrimientos y ambiciones, de afanes de acumulación y nostalgias del origen, de recuerdos evanescentes y afectos aplazados… No hay mayor estímulo, mejor caldo de cultivo para el egoísmo capitalista que las historias de los emigrantes triunfadores (es decir, enriquecidos, pues esa parece que sea la única medida de su triunfo).
Y por eso sembraron, con frecuencia, las inmediaciones de las pomaradas originarias de ésta su tierra natal, con palmeras orgullosas en su altura dominante... Y construyeron mansiones de pretencioso barroquismo... Y restauraron o construyeron relamidas iglesias aldeanas... Simples muestras, frecuentemente inútiles, nunca utilizadas personalmente, de poderío.
Hoy los nuevos ricos, los amos del mundo, en cualquier caso, no pretenden mostrar su poder con semejantes dispendios simbólicos (que sólo disfrutan y atesoran en su ámbito privado)... En lo público, prefieren demostrar su control sobre vidas y haciendas, a través de la casta política (en la que, de vez en cuando y según su particular dosis de narcisismo ególatra, empiezan a integrarse), transformando a su antojo leyes y normas, desmantelando derechos para mejor afianzar sus intereses.
Porque la educación o la salud, y hasta la misma miseria ajena, también son su negocio... Como lo son los propios inmigrantes. Pero, por muchos motivos (pragmáticos, éticos y hasta estéticos) la ciudadanía de a pie no puede permitirse (no podemos permitirnos) prescindir de los inmigrantes de hoy. Aunque sólo sea para que no nos dejen solos con estos nacionales del presente… Y con los amos del mundo.
Si en la escuela mandan criterios de ciencia, convivencia e igualdad, en las redes sociales los niños son educados por un algoritmo diseñado por multimillonarios desatados y propensos al nazismo. Las redes son la escuela abierta 24 horas que la ultraderecha necesita en su modelo educativo de odio, bulos y anulación intelectual. Entiende Teceé que prohibir que los menores de 16 accedan a las redes sociales está bien. Prohibir que multimillonarios extranjeros accedan al control de nuestras sociedades estaría aún mejor.
Gerardo Tecé
El Gobierno de España anuncia una ley que prohibirá a los menores de 16 años acceder a redes sociales.Like. Hace tiempo que lo venían pidiendo madres, padres, profesores, psicólogos y todo tipo de especialistas en educación que, con estudios científicos bajo el brazo, comparan la exposición tóxica a las redes sociales con el alcohol o el tabaco. No hay duda de que la medida era necesaria y, si la hubiese, sepa usted que la manada franquista de Vox se ha puesto a gritar libertad confirmando el pleno acierto. El Gobierno de España anuncia una ley que prohibirá a los menores de 16 años acceder a redes sociales.Like. Hace tiempo que lo venían pidiendo madres, padres, profesores, psicólogos y todo tipo de especialistas en educación que, con estudios científicos bajo el brazo, comparan la exposición tóxica a las redes sociales con el alcohol o el tabaco. No hay duda de que la medida era necesaria y, si la hubiese, sepa usted que la manada franquista de Vox se ha puesto a gritar libertad confirmando el pleno acierto. Los que exigen poder sacar a sus hijos de clase si el profesor explica que mujeres, homosexuales o negros merecen el mismo respeto que cualquier otro, defienden que los menores permanezcan expuestos al salvaje oeste digital repleto de bulos, odio, pederastia y violencia. Los que exigen poder sacar a sus hijos de clase si el profesor explica que mujeres, homosexuales o negros merecen el mismo respeto que cualquier otro, defienden que los menores permanezcan expuestos al salvaje oeste digital repleto de bulos, odio, pederastia y violencia ¿Por qué será? La respuesta es bastante simple. Si en la escuela mandan criterios de ciencia, convivencia e igualdad, en las redes sociales los niños son educados por un algoritmo diseñado por multimillonarios desatados y propensos al nazismo. Las redes son la escuela abierta 24 horas que la ultraderecha necesita en su modelo educativo de odio, bulos y anulación intelectual.
“Deja que los tecno-oligarcas ladren, Sancho, es señal de que cabalgamos”, respondía el presidente del Gobierno español ante la avalancha de insultos y amenazas recibida por parte de los señores del algoritmo. Elon Musk, el de Twitter, el hijo del apartheid sudafricano, el financiador de Trump, el del saludo nazi, asegura que Sánchez es un fascista sin especificar si eso significa que al hombre más rico del mundo le gusta el presidente español o no. Pavel Durov, dueño ruso de Telegram imputado en Francia por obstruir investigaciones sobre pederastia y narcotráfico, criticó la medida hablando de vigilancia masiva en España en un mensaje masivo que envió, sin permiso de los usuarios, a millones de teléfonos móviles. “Obras son amores y no buenas razones”, le decía Sancho Panza a su mujer antes de embarcarse en las aventuras con Don Quijote en un fragmento que deberían leerse en el Gobierno de España en estos momentos. La medida de prohibición hasta los 16 años es un acierto, pero no pasa de ser una tirita que deja sin tratar la herida real: las redes sociales que operan en España y Europa están en manos de tipos que, sin disimulo, maniobran contra los intereses europeos, difunden información falsa y odio para desestabilizar la convivencia de nuestras sociedades e imponer gobiernos ultraderechistas en manos de millonarios. Las redes sociales son un sector estratégico que el Gobierno debería atreverse a proteger sin miedo a que lo llamen censor. Trump no lo tuvo cuando amenazó con cerrar Tik Tok, propiedad de una empresa china, en Estados Unidos. Musk, por supuesto, no dijo nada entonces.
Es mejor educar que prohibir, dicen los buenistas que aún no se han enterado de la época en la que vivimos. El problema es que a los millonarios que ponen al algoritmo a adoctrinar a los menores con bulos y odio no se les puede educar. Se les puede combatir en todo caso con leyes estatales. Las redes no son, como hace unos años, un terreno neutral en el que está representada la sociedad con sus virtudes y defectos naturales. Hoy, las redes son un terreno de juego manipulado e inclinado hacia la extrema derecha. Si usted comparte un mensaje crítico con el racismo, el algoritmo lo invisibilizará. Si usted comparte un mensaje violento contra los migrantes, el algoritmo lo promocionará llevándolo a millones de personas. Es un sistema nada neutral, nada libre, nada casual. Los jóvenes acceden a un espacio en manos de multimillonarios que han decidido promocionar el racismo, el machismo o la negación de la ciencia para dibujar un mundo a su medida. Los Estados, además de proteger a sus menores, deberían ejercer su derecho obligando a los millonarios a respetar las leyes nacionales o cerrar sus negocios. Al fascismo, como demuestra Donald Trump cada vez que amenaza con cerrar medios y plataformas, no le tiembla el pulso a la hora de defender sus intereses ultraderechistas. Aprendamos de ellos. Prohibir que los menores de 16 accedan a las redes sociales está bien. Prohibir que multimillonarios extranjeros accedan al control de nuestras sociedades estaría aún mejor.
El declive de Occidente, escribe Lavinia Marchetti en el siguiente artículo, no radica en la pérdida de su poder militar, sino en la pérdida de su alma, enterrada bajo los escombros de Gaza y tras los muros de alambre de púas de sus fronteras. Reconocer este declive es el primer y doloroso paso para intentar detenerlo. Existe un hilo conductor -mantiene la articulista- que vincula la represión de las protestas universitarias por Palestina con la militarización de las fronteras y la retórica de la seguridad: el rechazo a la complejidad y la elección de la fuerza como único lenguaje
Lavinia Marchetti
Ante la historia, el poder se ha despojado de su máscara. Ya no nos enfrentamos a las ficciones tranquilizadoras del contrato social ni a las promesas teleológicas del progreso liberal. Muchos finalmente han comprendido cómo funciona el derecho, tanto internacional como nacional: favorece a unos pocos, es decir, a quienes lo establecen.
Lo que presenciamos, desde Ucrania hasta Gaza, desde los centros de detención del ICE en Estados Unidos hasta las calles de Italia, es la revelación de la naturaleza necropolítica del poder moderno. La deriva autoritaria es el resultado lógico de un sistema que, al sentirse amenazado por la extinción o la pérdida de hegemonía, reacciona devorando sus propios principios.
El primer crujido: Covid
Como observó Franco «Bifo» Berardi, la pandemia fue tanto un evento sanitario global como un colapso psicológico global, una «psicodeflación» que allanó el camino para una nueva forma de control. El virus expuso la impotencia de la política tradicional y allanó el camino para un estado de excepción permanente.
Aceptamos la suspensión de las libertades en nombre de la vida, pero una vez superada la emergencia viral, el mecanismo no se detuvo; simplemente se trasladó al escenario bélico. La guerra ruso-ucraniana y la devastación de Gaza, lamentablemente, no son simples anomalías, sino manifestaciones de esa «guerra perpetua» que Michel Foucault identificó como la corriente subyacente oculta de las instituciones políticas.
Foucault afirmó: «La ley no es pacificación, porque tras la ley la guerra continúa rugiendo en todos los mecanismos de poder, incluso los más regulares. Es la guerra la que constituye el motor de las instituciones y el orden: la paz, incluso en sus mecanismos más minúsculos, libra la guerra silenciosamente. En otras palabras, tras la paz debemos ser capaces de ver la guerra: la guerra es la clave».
La política ya no es la continuación de la guerra por otros medios; la guerra se ha convertido en la forma misma de la política. En este escenario, la verdad ya no es universal, sino un arma partidista, una producción estratégica necesaria para justificar la dominación. Por eso vivimos en un mundo psicótico inducido desde afuera por estafadores y propagandistas.
Gaza, el abismo moral de Occidente
El punto de no retorno moral de Occidente se produjo en los escombros de Gaza. Durante año y medio, el mundo presenció en directo lo que muchos expertos y tribunales internacionales calificaron de genocidio, envuelto en un silencio ensordecedor o, peor aún, en una complicidad activa.
La propaganda ha trabajado incansablemente para deshumanizar a las víctimas, reduciéndolas a “animales humanos” o “daños colaterales”, en una aplicación perfecta de la lógica colonial que niega la humanidad del otro para legitimar su borrado.
El culmen de este cinismo es la “Junta de Paz” de la administración Trump, un organismo que pretende reemplazar el derecho internacional con transacciones comerciales, donde un asiento permanente cuesta mil millones de dólares.
El plan para transformar Gaza en una «Riviera», tras la expulsión de la población indígena, no es solo una limpieza étnica: es la mercantilización total de la geografía, donde se borra la memoria y la existencia de un pueblo para dar paso a inversiones inmobiliarias. Este es el verdadero rostro de un poder que ya no reconoce al otro como entidad política, sino solo como un obstáculo físico que debe ser eliminad.
La deriva autoritaria trumpiana y el panóptico digital
Si Gaza es un laboratorio de destrucción, Estados Unidos, bajo el segundo mandato de Trump, es un laboratorio de control interno. Y ambos están conectados, como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).
La deportación masiva es una reestructuración del orden social mediante el terror y la vigilancia. El uso de tecnologías como las proporcionadas por Palantir y Zignal Labs para monitorear a la población e identificar la disidencia crea un nexo transnacional de control que vincula las tácticas de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) con las del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
Estamos presenciando lo que Simone Weil temía: la transformación de las estructuras políticas en máquinas de producción de pasión colectiva y la supresión del pensamiento crítico. El autoritarismo no necesita abolir las elecciones; simplemente necesita vaciarlas de significado, reemplazando el debate con violencia espectacular y la persecución del «enemigo interno», ya sea el migrante, el estudiante manifestante, el activista climático, el tiroteo contra una mujer que se niega a detenerse o la enfermera que filma abusos.
Nos encontramos en una bifurcación evolutiva. Por un lado, está el camino del tecno-totalitarismo, la guerra perpetua y la extinción, donde la humanidad queda reducida a datos biométricos y mano de obra prescindible. Por otro, existe la posibilidad, aunque remota, de resistencia ética.
El declive de Occidente no radica en la pérdida de su poder militar, sino en la pérdida de su alma, enterrada bajo los escombros de Gaza y tras los muros de alambre de púas de sus fronteras. Reconocer este declive es el primer y doloroso paso para intentar detenerlo.
Como sugirió Bobbio, no podemos permitirnos el lujo del pesimismo; la historia no ha terminado, pero depende de nosotros decidir si el próximo capítulo lo escribirán los opresores o quienes, a pesar de todo, resisten. Bobbio nos advirtió que la democracia es frágil y que el fascismo no es un fósil histórico, sino una ola que siempre puede regresar si se pierde la vigilancia ciudadana.
Los recientes proyectos de ley de seguridad (ddl sicurezza) que pretenden criminalizar la disidencia y restringir los espacios de protesta son síntomas de un Estado que teme a sus ciudadanos.
Existe un hilo conductor que vincula la represión de las protestas universitarias por Palestina con la militarización de las fronteras y la retórica de la seguridad: el rechazo a la complejidad y la elección de la fuerza como único lenguaje. Como señaló Pierre Clastres, el Estado tiende naturalmente hacia lo Uno, hacia una centralización que niega la multiplicidad. La «guerra contra la sociedad» de la que hablaba Foucault es ahora una guerra preventiva contra cualquier forma de alteridad que desafíe el orden establecido.
Noam y yo reconocemos la gravedad de los crímenes de Jeffrey Epstein y el profundo sufrimiento de sus víctimas. Nada en esta declaración pretende minimizar dicho sufrimiento, y expresamos nuestra solidaridad incondicional con las víctimas, escribe Valery Chomsky en este comunicado que se ha hecho esperar y que quizá mucho lectores de su marido esperaban desde hace días. No obstante, creo que en CTXT y su director, Miguel Mora, se han apresurado a tomar decisiones con respecto a Chomsky.
Nota: La amistad de Noam Chomsky con Jeffrey Epstein se ha convertido en fuente de controversia. Tras sufrir un derrame cerebral grave en junio de 2023, Chomsky no puede hacer comentarios al respecto. Su esposa, Valeria, ha respondido a preguntas sobre sus contactos con Epstein en la declaración que figura a continuación. La publico aquí con pequeñas correcciones tipográficas.
Declaración de Valéria Chomsky
Como muchos saben, mi esposo, Noam Chomsky, que ahora tiene 97 años, enfrenta importantes problemas de salud después de sufrir un derrame cerebral devastador en junio de 2023. Actualmente, Noam recibe atención médica las 24 horas del día, los 7 días de la semana y está completamente incapacitado para hablar o participar en un discurso público.
Desde esta crisis de salud, he estado completamente absorta en el tratamiento y la recuperación de Noam, siendo la única responsable de él y de su tratamiento médico. Noam y yo no contamos con ningún tipo de apoyo en relaciones públicas. Por esta razón, solo ahora he podido abordar el asunto de nuestros contactos con Jeffrey Epstein.
Noam y yo hemos sentido un profundo peso por las preguntas sin resolver en torno a nuestras interacciones pasadas con Epstein. No queremos que este capítulo quede envuelto en ambigüedad. A lo largo de su vida, Noam ha insistido en que los intelectuales tienen la responsabilidad de decir la verdad y exponer las mentiras, especialmente cuando esas verdades les resultan incómodas.
Como es bien sabido, una de las características de Noam es creer en la buena fe de las personas. Su excesiva confianza, en este caso específico, nos llevó a tomar decisiones muy equivocadas. Con razón se han planteado preguntas sobre las reuniones de Noam con Epstein y sobre la asistencia administrativa que brindó su oficina en relación con un asunto financiero privado, que no tenía absolutamente ninguna relación con ninguna de las conductas criminales de Epstein.
Noam y yo conocimos a Epstein al mismo tiempo, durante uno de sus eventos profesionales en 2015, cuando muy poca gente conocía la condena de Epstein en 2008 en el estado de Florida, mientras que la mayoría del público, incluidos Noam y yo, la desconocía. Eso solo cambió tras el informe de noviembre de 2018 del Miami Herald. Cuando nos presentaron a Epstein, se presentó como un filántropo de la ciencia y un experto en finanzas. Al presentarse así, Epstein captó la atención de Noam y comenzaron a escribirse. Sin saberlo, abrimos la puerta a un caballo de Troya.
Epstein comenzó a rodear a Noam, enviándole regalos y creando oportunidades para conversaciones interesantes en áreas en las que Noam ha trabajado extensamente. Lamentamos no haber percibido esto como una estrategia para atraparnos y socavar las causas que Noam defiende. Almorzamos en el rancho de Epstein una vez, con motivo de un evento profesional; asistimos a cenas en su casa de Manhattan y nos alojamos varias veces en un apartamento que nos ofreció cuando visitamos Nueva York. También visitamos el apartamento de Epstein en París una tarde con motivo de un viaje de trabajo. En todos los casos, estas visitas estaban relacionadas con los compromisos profesionales de Noam. Nunca fuimos a su isla ni supimos nada de lo que ocurría allí.
Asistimos a reuniones sociales, almuerzos y cenas donde Epstein estuvo presente y se trataron asuntos académicos. Nunca presenciamos ningún comportamiento inapropiado, delictivo o reprobable por parte de Epstein ni de otros. En ningún momento vimos niños ni menores de edad presentes. Epstein propuso reuniones entre Noam y figuras que le interesaban, debido a sus diferentes perspectivas sobre temas relacionados con su obra y pensamiento. Fue en este contexto académico que Noam escribió una carta de recomendación.
El correo electrónico de Noam a Epstein, en el que este le pidió consejo sobre la prensa, debe interpretarse en contexto. Epstein le había afirmado a Noam que estaba siendo perseguido injustamente, y Noam habló desde su propia experiencia en controversias políticas con los medios. Epstein creó una narrativa manipuladora sobre su caso, en la que Noam, de buena fe, creyó. Ahora está claro que todo fue orquestado, ya que, al menos, una de las intenciones de Epstein era intentar que alguien como Noam reparara la reputación de Epstein por asociación.
Las críticas de Noam nunca se dirigieron al movimiento feminista; al contrario, siempre ha apoyado la equidad de género y los derechos de las mujeres. Lo que ocurrió fue que Epstein aprovechó las críticas públicas de Noam hacia la cultura de la cancelación para presentarse como víctima de ella.
Solo después del segundo arresto de Epstein en [julio] de 2019, supimos el alcance y la gravedad de lo que entonces eran acusaciones, y ahora están confirmadas, de crímenes atroces contra mujeres y niños. Fuimos negligentes al no investigar a fondo sus antecedentes. Fue un grave error, y por ese error de juicio, me disculpo en nombre de ambos. Noam me contó, antes de su derrame cerebral, que sentía lo mismo.
En 2023, la respuesta pública inicial de Noam a las preguntas sobre Epstein no reconoció adecuadamente la gravedad de sus crímenes ni el dolor persistente de sus víctimas, principalmente porque Noam dio por sentado que condenaba tales crímenes. Sin embargo, siempre se requiere una postura firme y explícita en estos asuntos.
Fue profundamente perturbador para ambos darnos cuenta de que nos habíamos involucrado con alguien que se presentó como un amigo útil pero que llevó una vida oculta de actos criminales, inhumanos y pervertidos. Desde que se reveló el alcance de sus crímenes, estamos conmocionados.
Para aclarar el cheque: Epstein le pidió a Noam que desarrollara un desafío lingüístico que Epstein quería establecer como premio regular. Noam trabajó en él y Epstein envió un cheque por US$20,000 como pago. La oficina de Epstein se puso en contacto conmigo para coordinar el envío del cheque a nuestra dirección particular.
En cuanto a la transferencia reportada de aproximadamente $270,000, debo aclarar que estos eran fondos propios de Noam. En ese momento, Noam había identificado inconsistencias en sus recursos de jubilación que amenazaban su independencia económica y le causaban gran angustia. Epstein ofreció asistencia técnica para resolver esta situación específica.
En este asunto, Epstein actuó en consecuencia, recuperando los fondos para Noam, en una muestra de ayuda y muy probablemente como parte de una maquinación para obtener mayor acceso a Noam. Epstein actuó únicamente como asesor financiero en este asunto específico. Que yo sepa, Epstein nunca tuvo acceso a nuestras cuentas bancarias ni de inversión. También es importante aclarar que Noam y yo nunca tuvimos ninguna inversión con Epstein o su oficina, ni individualmente ni como pareja.
Espero que esto aclare y explique retrospectivamente las interacciones de Noam Chomsky con Epstein. Noam y yo reconocemos la gravedad de los crímenes de Jeffrey Epstein y el profundo sufrimiento de sus víctimas. Nada en esta declaración pretende minimizar dicho sufrimiento, y expresamos nuestra solidaridad incondicional con las víctimas.
The New York Times aseguró que la policía mexicana se encuentra “abrumada” por los cárteles de la droga debido al uso de armamento y municiones hechos para el ejército de Estados Unidos. En particular, el rotativo documentó que el 30 de noviembre de 2019, un convoy de camionetas con hombres armados “con una ametralladora pesada y potente, y rifles de calibre 50” entró a la ciudad de Villa Unión, Coahuila, y abrió un fuego tan nutrido que hizo temblar la Tierra. Al reunir los casquillos de la escena donde fallecieron 19 presuntos delincuentes, cuatro policías y dos civiles, los investigadores hallaron que la munición estaba marcada con las iniciales LC, usadas por la planta de cartuchos del ejército de Estados Unidos en Lake City, propiedad del gobierno federal y el mayor fabricante de cartuchos de rifle utilizados por los efectivos del Pentágono.
EDITORIAL DEL DIARIO LA JORNADA
Aunque las balas de calibre 50 son tan potentes que se emplean para destruir vehículos e incluso aviones ligeros, en Estados Unidos se encuentran en venta libre para el público en general como parte del conocido libertinaje que caracteriza a la comercialización, posesión, portación y uso de armas de fuego en ese país. Vale la pena recordar que, pese a los trágicos tiroteos que devastan escuelas, templos religiosos, supermercados, conciertos y cines en el territorio estadunidense, las armerías apenas rechazan 0.5 por ciento de las peticiones de compra; en algunos estados, ni siquiera se necesita ser mayor de edad para adquirirlas, y una ley aprobada durante el reaganismo prohíbe a gobiernos estatales o locales preservar información personal de los dueños de armas de fuego, por lo que ni siquiera se cuenta con un registro de quiénes y cuántas tienen en su poder. Es decir, cualquiera puede adquirir una cantidad ilimitada de municiones en las 9 mil 811 armerías existentes en las cuatro entidades que comparten frontera con nuestro país y contrabandearlas hacia el sur sin que siquiera se registre su nombre.
Por estos motivos, desde agosto de 2021, el gobierno federal mexicano ha presentado demandas en cortes estadunidenses contra fabricantes de armas que diseñan, comercializan y distribuyen sus productos de formas que facilitan activamente el tráfico ilícito hacia México. Pese a que el Poder Judicial de Washington optó por proteger a la industria de la muerte, el Estado mexicano obtuvo una victoria moral al probar la responsabilidad estadunidense en proveer al crimen organizado la potencia de fuego que le permite plantar cara a las autoridades y arrebatar cientos de miles de vidas tanto de personas involucradas en actividades ilícitas como de civiles que no tienen nada que ver con la delincuencia.
Ahora se sabe que no sólo la iniciativa privada, sino el propio gobierno estadunidense es un proveedor de primer orden para los cárteles que la Casa Blanca dice perseguir con todo su poderío. Se trata de una confirmación contundente de la hipocresía que tiñe todos los aspectos de la falsa “guerra contra las drogas” y de que para Washington el combate a las organizaciones criminales es un mero pretexto para violentar la soberanía de otras naciones, injerencismo que tiene como principal víctima a la región de América Latina y el Caribe.
El presidente Donald Trump, quien en varias ocasiones se ha ufanado de conocer todos los movimientos y tener localizados a todos los narcotraficantes al sur del río Bravo, haría bien en usar el formidable aparato de espionaje con que afirma contar para controlar lo que pasa con el crimen dentro de su propio país, en vez de derrochar dinero público en secuestrar mandatarios, cazar niños de cinco años y respaldar el genocidio contra el pueblo palestino.
Después de casi duplicar sus votos en Extremadura y pendientes de elecciones autonómicas en Castilla y León y Andalucía, nadie debería poner en duda que la extrema derecha se está frotando las manos ante los resultados cosechados ayer también en Aragón. Vox ha duplicado el número escaños en aquella Comunidad y si esto o hasta algo más que esto se produjera en los comicios autonómicos siguientes -personalmente lo creo más que previsible-, podríamos llegar a unas elecciones generales en las que la extrema derecha deje de ser el comodín del Partido Popular para gobernar en España para convertirse en un socio imprescindible que determine la línea política a seguir en el ejecutivo. Las elecciones adelantadas por el Partido Popular en Extremadura y Aragón no han servido para dejar atrás a Vox, como torpemente se pretendió por parte de quienes las convocaron, sino para que la extrema derecha avance para conseguir el papel de partido imprescindible para una futura gobernanza de la derecha extrema en el país. Lo ocurrido en Extremadura y Aragón es un adelanto de lo que va a suceder en Castilla y León y en Andalucía, porque la evidente derechización de la sociedad española prefiere el original a la copia, y lo que viene haciendo el Partido Popular desde hace años es copiar la política extremista de Vox*, con la presidenta del gobierno autonómico de Madrid como máximo exponente. Dicen que Aragón es electoralmente en España lo que Ohio en Estados Unidos, por lo que Vox, de duplicar sus votos en unos comicios generales -y teniendo en cuenta que ya consiguió 55 escaños en las elecciones de 2019-, dejaría de ser un socio minoritario en el Consejo de Ministros para convertirse en un partido de cogobierno, algo que hace poco más de siete años, cuando obtuvo su primera representación parlamentaria en las elecciones autonómicas de Andalucía (12 escaños), era imprevisible. Se dirá que la sociedad española se ha derechizado hasta ese extremo en tan poco tiempo, pero también hay que tener en cuenta la frustración y decepciones sufridas por el electorado de la izquierda dividida, como prueban sus paupérrimos resultados ayer en Aragón, algo que no ocurrió con la izquierda no dividida en Extremadura.
*En el tramo final de campaña electoral de Aragón, el PP decidió cruzar una frontera que llevaba tiempo difuminando. Invitó al agitador ultra Vito Quiles a su mitin de cierre y blanqueó su presencia llamándole “valiente”. Compartió escenario con Los Meconios, un grupo conocido por convertir el insulto político y la fantasía violenta en espectáculo musical. Cada gesto de normalización es un empujón electoral para la extrema derecha. Cada guiño legitima su marco. Cada copia refuerza al original.
Muitas felicitações a todos os meus amigos e irmãos portugueses.
Aunque se sigan celebrado funerales católicos, como acabamos de comprobar con las víctimas del accidente ferroviario en Adamuz, y la iglesia católica siga manteniendo privilegios propios del régimen dictatorial -como no pagar el IBI, impuestos sobre el patrimonio o impuestos sobre legados y donaciones-, lo cierto es que por primera vez en siglos, según el Barómetro sobre Religión y Creencias, la ciudadanía no creyente es mayoría en España, salvo en la comunidad autónoma de Andalucía donde el número de católicos llega al 57 por ciento. Al otro extremo se encuentra Cataluña, donde se registra el porcentaje más bajo (37 por ciento). Hace 25 años, el 83 por ciento de los españoles se declaraban católicos y sólo el 8,7 por ciento de la población se consideraba no creyente. Los no creyentes ahora suman el 51 por ciento, mientras el 49 por ciento dice creer en alguna confesión religiosa.
España acaba de cruzar un umbral sin precedentes. Por primera vez en su historia, los no creyentes superan al número de personas religiosas. Y no es un dato menor en un país sometido a la hegemonía católica desde hace más de cinco siglos y al islam en el periodo andalusí. Eso, al menos, certifica el informe del Barómetro sobre Religión y Creencias en España, publicado el mes pasado por la Fundación Pluralismo y Convivencia, dependiente del Ministerio de la Presidencia.
El análisis se sustenta en 4.742 entrevistas personales, 744 en Andalucía, y consolida una clara tendencia sociológica de creciente pérdida de influencia de las religiones tradicionales en beneficio de la secularización y el surgimiento de las espiritualidades alternativas. Baste recordar que hace apenas 25 años, más del 83% de los españoles se declaraban católicos y los no creyentes solo representaban un 8,7% de la población. Los ateos entonces rozaban el 5% y las religiones minoritarias sumaban un exiguo 1%.
En solo un cuarto de siglo, el panorama ha cambiado radicalmente. En un extenso informe de 152 páginas, plagado de indicadores sobre espiritualidad y religión, el Barómetro acredita que los no creyentes ya suman el 51% de la población frente al 49% de las personas que se consideran fieles de alguna confesión. Las mujeres (52%) son más religiosas que los hombres, mientras que los jóvenes (33%) se alejan progresivamente de las creencias tradicionales frente a los mayores de 65 años (56%).
El catolicismo cae a su peor registro histórico (46%), mientras que las confesiones minoritarias siguen creciendo (8%) y los indiferentes, agnósticos y ateos alcanzan ya el 42%. El proceso de secularización, sin embargo, no es homogéneo. Cataluña (31%), País Vasco (34%) y Asturias (39%) encabezan la caída de la hasta ahora confesión mayoritaria, que se sostiene gracias al gran número de fieles que aún conservan en Andalucía (57%), Castilla La Mancha (57%) y Castilla y León (56%).
El informe del Barómetro sobre Religión y Creencias no desagrega los datos provinciales, pero el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sí lo hace. Y en su estudio estadístico de diciembre pasado señaló que el 58,3% de los cordobeses aseguran profesar la confesión católica, cinco puntos y medio más que la media nacional. Córdoba, por lo tanto, es una de las provincias con mayor arraigo religioso de toda España.
El estudio también recoge otras variables sociológicas significativas que definen el perfil del creyente. Las creencias religiosas tienen mayor anclaje entre la población sin estudios o con niveles básicos (68%) al tiempo que decaen entre los universitarios (44%). La derecha concentra un mayor número de católicos (69%), por encima del centro ideológico (55%) y la izquierda (30%).
En sus conclusiones, el Barómetro subraya la práctica división a partes iguales de la población española entre creyentes (49%) y no creyentes (51%). Y describe un “paisaje religioso fragmentado y en transición”, que se caracteriza por el “declive de las formas religiosas tradicionales y el surgimiento de creencias difusas, espiritualidades heterodoxas y formas híbridas de pertenencia”.
El 45% de las personas consultadas creen en la existencia del alma y un 40% admiten la realidad de las “energías”. La vida después de la muerte cobra veracidad para el 35% de los encuestados, mientras que un 25% creen en los ángeles y un 24% en los milagros. En Andalucía, todas estas categorías cuentan con cuatro o cinco puntos porcentuales más, en consonancia con un sentimiento de religiosidad mayor.
En general, la religión ha perdido peso en la escala moral del individuo. Para la mayoría de las personas, la familia (90%) es el elemento decisivo que le da sentido a su vida. Le sigue la amistad (79%) y el crecimiento personal (78%). Hasta las mascotas (47%) se han colocado en un lugar de prioridades superior a la religión (31%).
También la práctica religiosa ha decaído notablemente. La población que no va nunca a misa se sitúa ya en el 43%, frente a los que lo hacen habitualmente (18%), de forma mensual (7%) o alguna vez al año (15%). En Andalucía, el índice de desapego a la liturgia católica es cinco puntos inferior a la media nacional. En otras confesiones, la práctica religiosa es casi veinte puntos superior.
De este macroestudio de la Fundación Pluralismo y Convivencia, se deducen algunas premisas concluyentes, a juicio de Mar Griera, catedrática de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona. “España ya no es un país de mayoría católica”, asegura contundente en un análisis publicado en la web de la Fundación. Pero matiza: “Tampoco es un país completamente secularizado”.
En opinión de Griera, y pese a la apariencia de los datos, la sociedad española ha avanzado hacia una realidad de “mayor complejidad” donde el marco religioso ya no puede describirse en “términos binarios católico-ateo” sino que expresa una situación “fragmentada”. Por ejemplo: un 26% de quienes dicen pertenecer a una religión no se consideran personas espirituales o interesadas en lo sagrado. “Es decir, muestran adscripciones a la religión de corte cultural e identitario más que vinculadas a la experiencia cotidiana de la fe religiosa”, sostiene la catedrática.
De la misma manera, abunda la socióloga, “no ser miembro de ninguna confesión religiosa no te convierte automáticamente en ateo. Un 40% de los agnósticos afirman confiar en algún tipo de realidad espiritual o fuerza vital y un 16% cree en el poder de la naturaleza y la madre tierra”. En todo caso, bajo el prisma de Griera, la secularización “avanza de forma gradual y continuada”, pero no es un “proceso uniforme”.
Para el cordobés José Antonio Naz, presidente de Europa Laica, los datos del Barómetro confirman una tendencia imparable puesta de manifiesto en múltiples ocasiones por su organización. “España está secularizada”, asegura en conversación telefónica. “Ya quedan muy pocos católicos practicantes, aunque hay un repunte de creyentes musulmanes y evangélicos debido a la inmigración”, explica. El último CIS sitúa la tasa de católicos practicantes en un 18%.
La razón por la cual Andalucía sigue siendo la locomotora que tira del menguante tren del catolicismo, a ojos de Naz, es el poder de las tradiciones y las fiestas populares. “El fenómeno de las procesiones está siendo utilizado por la jerarquía católica”, sostiene el representante laicista. De hecho, el número de eventos católicos en Córdoba ha experimentado cifra récord en 2025, según datos municipales difundidos por Cordópolis. Nada menos que 879 ocupaciones religiosas de la vía pública, a razón de 17 cada semana, han sido registradas el pasado año en un fenómeno de explosión cofrade sin precedentes.
El desplome del catolicismo en España, más de 30 puntos en solo 25 años, no ha erosionado el poder social, político y económico de la Iglesia, que mantiene intactos sus privilegios históricos, a juicio de José Antonio Naz. “Es paradójico que el poder de la Iglesia todavía se percibe por todas partes y se sigue funcionando con esquemas de la tradición católica”. En su opinión, el Gobierno debería profundizar en la laicidad del Estado, tal como estipula la Constitución española. “Los datos del Barómetro dan más razones al Gobierno para cambiar sus vínculos con la Iglesia”, remarca.
El presidente de Europa Laica subraya, sobre todo, la caída en picado del catolicismo entre los jóvenes, cuya tasa de religiosidad apenas supera el 20%. “No hay vuelta atrás”, sentencia Naz. Y, sin embargo, “se están inflando los conciertos educativos” con las órdenes religiosas, cuyo catolicismo es “cada vez más conservador”, alerta.