miércoles, 17 de junio de 2026

"EL PAÍS" VUELVE A LA GRAN COALICIÓN: ES EL MERCADO, AMIGO

El articulista se centra en un reciente editorial del diario El País bajo la etapa  Oughourlian , en el que abogaba,  frente a una España y Europa cambiantes, por partidos fuertes. Partidos como los de antes. Un PSOE de verdad. Vota Felipe, vamos. Y cuando el felipismo mande, pues vota PP, que decían aquellos editoriales de hace diez años. En España, los ciclos políticos no los marcan los escaños del Congreso, sino los sillones de Gran Vía 32, y el Grupo PRISA ya trabaja en un ciclo político llamado Alberto Núñez Feijóo. Antonio Caño, hoy flamante columnista en The Objective, aplaude la nueva línea derechista del diario del votante de izquierdas. Periódico dispuesto a recuperar el trabajo que quedó a medias en 2017 cuando el apuñalado Sánchez abrió los ojos. Toca volver a la idea de la gran coalición.

 

Gerardo Tecé

La semana pasada cancelé mi suscripción a El País. Otra vez. La anterior, con Antonio Caño como director, me atendió por teléfono una señora que me preguntó cabreada por los motivos de mi marcha. Como intento evitar conflictos innecesarios, respondí que el giro a la derecha del periódico me había abierto los ojos y ahora me gustaba más el ABC o La Razón. No sois vosotros, es Marhuenda que me cae simpatiquísimo el tío, dije. Ella me deseó suerte y colgamos sin gritarnos. Diez años después, al otro lado del teléfono la estrategia parece haber cambiado. En lugar de centrarse en las razones del adiós –para mí que las intuyen– o ser inquisitoriales, esta vez la nueva señora –espero que no fuera la misma o empezaremos a coger confianza– puso todo su empeño en hablarme en plan colega de la cantidad de suplementos asociados a la suscripción a El País que me perdería si me iba. En plan, qué pesada está la gente últimamente con la política, ¿no? La experiencia girando a la derecha es un grado.

Entre que me caduca y no la suscripción –era anual– sigo leyendo El País. Especialmente opinión. Algunos autores porque me gustan, otros para ser testigo de la deriva ideológica del periódico del que siempre he sido lector, y los editoriales porque me divierte el travestismo. Disfruto como un niño al ver a Sergio Ramos disfrazado de líder de los Latin Kings cuando va a un combate de su amigo Topuria y de conservador del Louvre con jersey de cuello alto y gafas de pasta cuando tiene que leer un PowerPoint. Mis respetos. También a El País y a sus editoriales, capaces de adoptar, a lo Mortadelo, forma de rosa o cactus según les pille el ciclo político y económico, valga la redundancia. Tras intuir con los enfoques informativos de estas últimas semanas que El País estrenaba nueva era, esta semana lo confirmábamos con “Imprescindible socialdemocracia”, un edito en el que el Grupo PRISA redefinía el concepto de socialdemocracia. No es que ahora seamos de derechas, señores suscriptores, es que somos de izquierdas, pero de izquierdas de verdad. Como Felipe González, Juan del Val o el cantante de Mocedades. No es mala estrategia para evitar que cínicos como yo les cuenten por teléfono que se llevan su suscripción a La Razón.

El mundo es hoy un lugar peligroso por culpa de los extremismos, decía el editorial sin especificar demasiado, pero dejando entrever que extremismo es tanto Pedro Sánchez al frente del PSOE como un neonazi al frente de la quema de un centro de acogida de niños migrantes. Los extremos, ya saben, se tocan. Nos hemos desviado mucho de los años ochenta y nunca debimos hacerlo, necesitamos recuperar la democracia, restaurar la separación de poderes, insistía el periódico progresista en abstracto, sin nombrar la Justicia en manos de la derecha, ni el control del Supremo por detrás, ni a Begoña Gómez teniendo que entregar el pasaporte porque su secretaria envió unos mails para una cosa de la universidad. El editorial, predecible como los movimientos en los despachos madrileños, concluía que frente a una España y Europa cambiantes se necesitan partidos fuertes. Partidos como los de antes. Un PSOE de verdad. Vota Felipe, vamos. Y cuando el felipismo mande, pues vota PP, que decían aquellos editoriales de hace diez años.

En España, los ciclos políticos no los marcan los escaños del Congreso, sino los sillones de Gran Vía 32, y el Grupo PRISA ya trabaja en un ciclo político llamado Alberto Núñez Feijóo. Antonio Caño, hoy flamante columnista en The Objective, aplaude la nueva línea derechista del diario del votante de izquierdas. Periódico dispuesto a recuperar el trabajo que quedó a medias en 2017 cuando el apuñalado Sánchez abrió los ojos. Toca volver a la idea de la gran coalición. En Ferraz, García Page; en Moncloa, Feijóo. Por la mañana café, por la tarde ron y para el lector un follón, baila Jan Martínez Ahrens, actual director del periódico, en la casita de Oughourlian. Como cualquier espectador de Succession sabe, no suele haber un solo motivo. Es la adjudicación de una licencia de televisión en abierto, son las cuentas pendientes con Sánchez, es una lucha de poder dentro del Consejo de PRISA, es una nueva estrategia en previsión de que la publicidad institucional cambie de bando. Es el mercado, amigo.

Hablaba hace poco con un amigo sobre la situación del Sevilla, nuestro equipo de fútbol. Siendo dramática en lo deportivo, lo que más jode es no poder hacer nada en lo institucional. Un club de fútbol es una empresa privada ante la que solo cabe mirar y callar, pero resulta que no es lo mismo una empresa que fabrica fútbol a una que fabrica zapatos. En el fútbol, y ya imaginarán que también hablo de fabricar periódicos, hay mucho más que un cliente al otro lado. Hay identidad, hay ideología, hay sentimiento de pertenencia que casa bastante mal con las normas del mercado, amigo. Desde esas normas es absolutamente respetable que una empresa privada como PRISA un día sea de izquierdas y al siguiente de derechas, en función de lo más rentable para sus cuentas anuales. Desde las normas del periodismo y la pluralidad, no tanto. Decía el editorial que vivimos tiempos de tormenta política. Se ve que no le echaron un ojo a la AEMET en lo mediático.

CTX  DdA, XXII/6381

¿ESTAMOS ANTE OTRO VERANO ARRASADOR DEL PATRIMONIO NATURAL?


Félix Población

Como las lluvias han sido abundantes esta primavera y las olas de calor van a dejar de ser olas para convertirse en algo casi habitual y frecuente cada verano (ya la hemos notado en mayo), es de temer que los riesgos de incendio de nuestro patrimonio natural (con la colaboración de desalmados) puedan ser lo mismos que hace un año, cuando dos provincias leonesas, sobre todo, Zamora y León registraron otra vez (en el caso de Zamora) los peores incendios de su historia. Si entonces se gestionó mal la prevención y el auxilio a las zonas arrasadas, con tres víctimas mortales entre los agentes forestales, la falta de medidas tomadas por el anterior y el nuevo gobierno de Castilla y León recientemente (con Vox incorporado al mismo), nos hace temer una repetición de lo ocurrido en 2025. Otra vez se volverían a reiterar los mismos titulares en los periódicos y telediarios, quizá con nuevas pérdidas de vidas humanas, porque el que debería ser uno de los asuntos que, junto a la sanidad en el ámbito rural*, mas atención preventiva debería merecer por parte del ejecutivo del presidente Mañueco, se traduce en un cambio de consejería en el nuevo gobierno para el titular de Medio Ambiente que tan nefasto papel tuvo en los años anteriores, con las mayores superficies quemadas en la historia de la comunidad. Los castellanos y leoneses, que han vuelto a votar preferentemente al Partido Popular en las últimas elecciones autonómicas, quizá se consuelen viendo que un gobierno del mismo signo, el de Extremadura, recortó en derechos sociales para sextuplicar el presupuesto dedicado al espectáculo de tortura y muerte de un toro: de 30.000 a 180.000 euros. A no ser que el modelo extremeño sea a imitar.

*Las citas médicas telefónicas están tardando una semana de promedio en algunos pueblos de la provincia de Salamanca, cuando a veces los consultorios en esos pueblos (con dos médicos) están vacíos.

**Léase también @ El reino del fuego.

DdA, XXII/6381

LA PEQUEÑA EMIGRANTE DEL FOTÓGRAFO MARIO PASCUAL


Ana Cardo

De entre las 150 fotografías que desde este mes de junio y hasta diciembre  forman parte de la exposición que se ha inaugurado en Gijón y corresponde a la obra de Mario Pascual Alonso (1927-2012), nos quedamos con esta que data de 1955 y que refleja una imagen de la emigración. Habían pasado tres años desde que se suprimió la cartilla de racionamiento, pero en Asturias, partiendo del puerto de El Musel, perduraba la expectativa de América como horizonte de porvenir, elegida desde muchos decenios atrás por las generaciones precedentes. En este caso, llama la atención la buena crianza y aspecto risueño y buen vestir de la niña antes de embarcar para Venezuela. El fotógrafo Mario Pascual se caracterizó a partir de los años cincuenta del pasado siglo por una obra de contenido social, centrada en la vida laboral tanto de la industria como del campo en Asturias. La muestra recoge en esta ocasión dos vertientes: la dedicada al mundo de la cultura en Madrid (escritores, cineastas, actores), que data de 1963, y la que tiene por protagonistas a los nadies, que diría Eduardo Galeano, gente más o menos marginada. Es de agradecer a Isabel Pascual, hija del fotógrafo, la donación en 2019 de su obra al Muséu del Puebu d'Asturies, organizador de otra buena exposición. 

DdA, XXII/6381

INMATRICULACIONES: LO QUE PASA EN ESPAÑA ES UNA EXCEPCIÓN A NIVEL MUNDIAL

Entrevista a Antonio Manuel Rodríguez, jurista, profesor de Derecho y escritor, y a Aristóteles Moreno, periodista de investigación con tres décadas de trayectoria y experto en cultura andalusí, co-autores de El expolio de las inmatriculaciones de la Iglesia, un libro que no es un mero ejercicio de arqueología jurídica; es un manifiesto necesario que denuncia la mayor operación de apropiación de bienes públicos en la historia de la democracia española. Estamos ante una investigación que levanta el velo sobre la opacidad registral para exponer un proceso de descapitalización sin precedentes. En un Estado que se presume aconfesional y democrático, la existencia de un «coto privado» eclesiástico sobre el patrimonio común no es solo una anomalía, es un asalto a la soberanía ciudadana. Los citados voces de referencia en la Plataforma Mezquita-Catedral de Córdoba, habiendo liderado una batalla que trasciende lo local para convertirse en una cuestión de Estado. Como introducción a la cuestión, os recomendamos este artículo publicado en Viento Sur Las inmatriculaciones: un expolio monumental, del que es autor Andrés Valentín, miembro de la Plataforma de Defensa del Patrimonio Navarro y de la Ejecutiva de Recuperando. Obviamente, para nada se tuvo en cuenta en los medios de comunicación convencionales el expolio de las inmatriculaciones durante la reciente visita de León XIV. El interés de la entrevista justifica su extenso tratamiento. Aristóteles Moreno recuerda al final de la interviú que esta legislatura empezó sacando al crucifijo del Consejo de Ministros y va a terminar metiendo al Papa en el Congreso de los Diputados.

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Pablo F. Ganfornina, Nueva Revolución

Pablo P. Ganfornina: El término «inmatriculación» es el acto jurídico mediante el cual se inscribe un bien inmueble (como una finca o terreno) por primera vez en el Registro de la Propiedad, abriendo así su historial registral. Es un concepto que suena técnico, casi aséptico, pero es el epicentro de un fenómeno que hablando de las inmatriculaciones de la Iglesia ha afectado, según vuestra investigación, a 100.000 bienes y al 80% del patrimonio histórico del país. Podemos decir que se trata de un acto que la Iglesia ha realizado bajo un privilegio medieval: el obispo actuando como su propio notario. Para entender la arquitectura del expolio, distinguís varios hitos clave: el franquismo, la constitución de 1978, la reforma de Aznar de 1998 y estos últimos 20 años desde que se empiezan a conocer más los primeros casos. Vayamos por partes, ¿Por qué un libro sobre las inmatriculaciones de la iglesia?

Aristóteles Moreno: Bueno, pues porque este es el final de un largo camino comunitario, colectivo, formado por mucha gente, aunque nosotros lo hayamos firmado. Un camino que llevamos recorriendo hace casi 15 años, en el que descubrimos dos cosas que nos preocuparon mucho.

Una era que a la Mezquita de Córdoba le habían quitado el nombre y que estaba sometida a un plan de falsificación de la historia verdaderamente absurdo y cutre. Y la segunda razón era porque descubrimos que había sido privatizada, gracias a Antonio Manuel, que publicó un artículo en la prensa local tras conseguir la nota simple de la inscripción.

Claro, al principio la mayor parte de nosotros desconocíamos muchas cosas de la Mezquita, sobre todo de su régimen jurídico, e iniciamos un camino de conocimiento. Y de conocimiento colectivo y de inteligencia comunitaria que nos ha permitido crecer muchísimo, aprender mucho del edificio, y eso lo hemos combinado con una relación con otras asociaciones de España que habían pasado por el mismo problema, que en sus comunidades tenían también edificios emblemáticos e inmatriculados por la Iglesia. Y ahí, creamos una amplia red en la que compartimos mucha información y llegamos a la conclusión de que todo este conocimiento no se podía quedar en el cajón ni en el cubo de la basura. Había que compartirlo con la gente que quisiera aprender ahora y en el futuro. Es un libro que siembra para que algún día alguien con responsabilidad pública pueda utilizar toda la información y la argumentación jurídica, histórica y patrimonial que nosotros vertemos aquí y pueda desanudar este enorme y lamentable nudo de las inmatriculaciones.

Pablo P. Ganfornina: Desde luego el argumento de que «la propiedad del Estado ataca la libertad religiosa» es una falacia que el propio Vaticano ha desmontado en otros países. Sin ir más lejos, tenemos la paradoja portuguesa, donde el Vaticano aceptó mediante concordato en los años 40 que los templos son propiedad del Estado. ¿Por qué lo que es válido en Portugal es calificado de «persecución» en España? También podríamos hablar de Francia y México, donde las catedrales son públicas y el culto sigue intacto. ¿Se ha fomentado en España cierto «catetismo» de creer que para que haya rezos debe haber propiedad privada de la jerarquía? ¿Cómo se vive esa excepcionalidad española?

Antonio Manuel Rodríguez: Desde la ignorancia y desde la sumisión. Es decir, es como una mezcla de ignorancia consentida e impuesta. Porque en efecto el caso español es una excepción a nivel mundial. A nadie se le pasa por la cabeza poder privatizar el Taj Mahal, el Machu Picchu, las pirámides del Cairo.

Y sin embargo, en España la Catedral de Burgos, la Catedral de Mallorca, la Catedral de Santiago o la Mezquita de Córdoba están inscritas en el registro de la propiedad a nombre de obispos y de diócesis o de cabildos. Todo eso se ha debido francamente a un escándalo jurídico, económico, social y en mi juicio ciudadano. Porque piensa que España ha sufrido el mayor desmantelamiento histórico de su patrimonio.

Esto es un hecho que ha acaecido delante de nuestras narices. Esto no ocurrió hace un siglo y medio ni hace tres. Esto pasó antes de ayer y de hecho todavía sigue pasando aunque por otra vía. Que este pueblo en general mire para otro lado cuando ha perdido lo común, cuando ha perdido lo que era suyo. Ya digo, no solamente edificios emblemáticos que forman parte de nuestra tradición histórica y cultural. Es que nos han robado plazas, calles, probablemente la misma plaza donde jugaron de niños o donde se enamoraron.

Entonces, a mí me duele especialmente un caso tan excepcional como el de España que no pasa en ningún otro lugar. Yo suelo repetir muchas veces que la Catedral de Lisboa pertenece al Estado de Portugal. Que la Catedral de Notre Dame pertenece al Estado francés. Que la Catedral de Colonia pertenece al Estado alemán. Que la Avenida de Westminster pertenece al Estado británico. Y la Mezquita de Córdoba pertenece a un obispo. Y que eso se normalice tiene que ver mucho con que nos han privado algo tan grande, tan grande, tan grande que no nos duele.

Pablo P. Ganfornina: En este sentido, la Iglesia siempre ha construido un relato de victimismo histórico en torno a las desamortizaciones liberales del siglo XIX. Es más, tras las desamortizaciones, el Concordato de 1851 estipuló que el Estado mantendría a la Iglesia a cambio de aceptar las ventas ya realizadas, pero muchos bienes se quedaron en un limbo de ‘uso común’. Al ver que mediante las inmatriculaciones se han apropiado de unos 100.000 bienes, según vuestra investigación, ¿podríamos interpretar este fenómeno como una ‘contradesamortización’ silenciosa impulsada por la jerarquía en el siglo XX y XXI para cobrarse aquella deuda histórica? ¿Se aprovechó la Iglesia de la ambigüedad de los acuerdos del siglo XIX para registrar un siglo después templos y terrenos que el propio Estado decimonónico ya sostenía con fondos públicos? Porque una de las cosas que me ha llamado la atención también en vuestra investigación es que atendiendo a los números, el proceso de inmatriculaciones se acelera en momentos muy concretos de la historia. ¿Qué pensáis?

Aristóteles Moreno: Precisamente contradesamortización es la palabra que utiliza Antonio Manuel cuando se refiere a este fenómeno. Y él es profesor de Derecho y posiblemente uno de los mayores expertos en la perspectiva jurídica. Claro, es que la Iglesia Católica, y yo creo que este es el elemento central para entender un poco todo esto, históricamente ha sido un brazo administrativo incrustado en el Estado desde la Edad Media.

Claro, cuando en el siglo XIX los gobiernos liberales desamortizan a la Iglesia, es que la Iglesia y gran parte de la aristocracia se habían quedado con el país entero. Se habían repartido el país. Y en una concepción de un Estado moderno, lógicamente, lo que posteriormente fue una empresa privada, como era la Iglesia Católica, no podía ser dueña de tanto.

Sobre todo dueña de tanto, en gran medida, a que se había apropiado de esos bienes por un privilegio que tenía sentido al ser una parte de la administración. Gran parte de esos bienes, o muchos de ellos, obedecían a una función común, pública, comunitaria, que había incorporado, y que era en gran medida su custodia, porque gran parte de esos bienes eran bienes de carácter religioso, en un país donde el catolicismo era culto oficial del Estado. Esto la Revolución Francesa y Francia lo entendió muy bien cuando en 1905 separan a la Iglesia del Estado, porque estaban juntas. Allí se entendió muy bien que todos esos bienes se habían incorporado gracias a la posición de la Iglesia y sobre todo porque tenían un cometido público y común. Y entonces, una vez que se separan, lógicamente, se desafectan y no quedan bajo la propiedad de lo que a partir de entonces fue una empresa privada, sino bajo el amparo del Estado, aunque muchos de ellos siguieran teniendo una función de culto católico. Y yo creo que esa fue una solución muy inteligente y muy racional.

La Catedral de Notre Dame es del Estado, pero sigue sirviendo a los fieles católicos con total normalidad. Y son los sacerdotes o los curas los que dan misa allí, pero realmente la propiedad no es suya. Yo creo que este es un poco el elemento central que debe prevalecer a la hora de entender y explicar todo este fenómeno que hoy en día es muy difícil de entender porque la Iglesia no juega el mismo papel. Porque ya tenemos claro que la Iglesia es una empresa privada, aunque muchas veces invada y con mucha frecuencia funciones que no le corresponden dentro de la Administración del Estado. Todo esto demuestra que es muy difícil en un país como España, donde el catolicismo ha tenido una penetración en la Administración pública tan poderosa y tan duradera en el tiempo, es muy difícil realmente devolverla al sitio donde debe estar, que es la esfera privada.

Pablo P. Ganfornina: Siguiendo en esta línea, nos gustaría reflexionar con vosotros sobre el papel de la Iglesia como institución clave para entender la oposición a la II República española, el golpe de estado de 1936 y la dictadura posterior, en definitiva, para entender la historia de España. La Constitución republicana de 1931 y la Ley de Patrimonio de 1933 declararon que el tesoro artístico e histórico del país estaba bajo la salvaguarda del Estado y pertenecía a la nación, independientemente de quién lo gestionara. ¿Fue la posterior Ley Hipotecaria franquista de 1946 una estrategia deliberada para demoler el armazón jurídico republicano y devolverle a la Iglesia el control absoluto?

Antonio Manuel Rodríguez: La Iglesia y el Estado, desde el antiguo régimen, son como hermanas siamesas cosidas por el corazón y por el bolsillo. Son exactamente la misma cosa. Mi compañero Aristóteles lo ha explicado con muchísima claridad. Era un brazo administrativo más del Estado. Pero es que yo digo todavía más. Es que es el Estado mismo. Se siente el Estado.

El escudo de España sigue siendo una cruz, una corona y la división territorial que surgió después de la conquista de Granada. Es decir, el escudo de España sigue siendo la radiografía del antiguo régimen. Y la Iglesia responde con un espasmo muy cruel siempre que ese poder es tocado. En realidad, las cuestiones morales, las cuestiones más simbólicas no le preocupan tanto. En realidad lo que le preocupa es cuando le tocas el dinero. La Iglesia, como dice Juan José Tamayo, cambió el becerro del oro por el oro del becerro. Y cuando le tocas el oro es cuando realmente reacciona.

Reaccionó cuando José Bonaparte declaró la nacionalización de los bienes de la Iglesia. Y se alió con el constitucionalismo de 1812 que proclama a España como un Estado católico, apostólico y romano. Para después desafectarse y volver al antiguo régimen. Reaccionó con las desamortizaciones. No porque perdiera lo que era suyo porque no era suyo. En las desamortizaciones no se le está quitando nada a la Iglesia porque no les pertenecía. Por eso no percibían indemnización a cambio. Pero con los gobiernos conservadores tuvieron que pactar el concordato de 1851 para poder permitirle que tuvieran propiedades privadas. Y aún así solo inscribían la posesión de los templos de culto y de la mayoría de los bienes porque no les pertenecían. Y volvieron a reaccionar. Volvieron a reaccionar con la Segunda República. Pero por la Ley de Congregaciones Religiosas es muy probable que si no hubieran sido nacionalizados los bienes, la reacción de la Iglesia no hubiera sido tan desmesurada. Hasta el punto de poder plantearnos con seriedad si fue un golpe militar con el apoyo de la Iglesia o un golpe de la Iglesia con el apoyo de los militares.

¿Y qué ocurrió en la Constitución del 78? Que prefirió no tocarse ante ese pavor. Nadie quiso abrir la caja de Pandora. Se estaba separando la Iglesia del Estado. Es decir, las hermanas siamesas estaban siendo operadas y sin embargo se les dejó que siguieran compartiendo el corazón y el bolsillo. Ese es el problema. El limbo jurídico que surge después del 78 fue el que no supo responder en su momento durante la transición y la post transición de la que nos olvidamos permanentemente.

Siempre se culpa a la transición de los grandes males que está padeciendo la democracia contemporánea. Pero eso es un error. La democracia fue un comienzo que marca una época que de repente es cortada, un hachazo descomunal en 1982. ¿Por qué no se siguió? ¿Por qué no se siguió cuando verdaderamente se había alcanzado el poder y donde las reformas hubieran sido más favorables? Se hizo justamente lo contrario.

En realidad ahora devolver una situación que se ha tolerado durante tantos años es muy complicado a pesar que jurídicamente sea fácil. Pero claro, volver atrás lo que no se hizo durante miles de años es clar, lo que ha cambiado respecto de la Iglesia Católica en España ha sido una cuestión de hace medio siglo. Durante miles de años los bienes de la Iglesia eran bienes públicos. Eso lo cambió Franco primero y Aznar después, y nadie lo cambió con la Constitución Española. De forma que mientras eso no ocurra, la Iglesia ahora separada del Estado sabe que la única forma de mantener su posición privilegiada es acaparando poder y la apropiación de 100.000 bienes, de los cuales la inmensa mayoría forman parte de nuestro patrimonio histórico y cultural, es la mejor forma de perpetuarse.

Antonio manuel Rodríguez y Aristóteles Moreno
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Pablo P. Ganfornina: Por el momento en el que nos encontramos, en el que parece que volvemos a tener la necesidad de hacer pedagogía con lo que fue el régimen de Franco, me gustaría profundizar en la pregunta anterior. En el libro “Ni Una, Ni Grande, Ni Libre”, Nicolás Sesma nos habla sobre la complicidad social como estrategia política del Franquismo. Él enfatiza en el papel de la Ley de Responsabilidades Políticas 1939, con la cual señala la expropiación de bienes a los vencidos para venderlos. Leyendo vuestro libro me preguntaba ¿podemos pensar que la Ley Hipotecaria de 1946 sería otra cara de la misma moneda que pagaba a buen precio la complicidad social de la que nos habla Nicolás Sesma en la España de posguerra? ¿Acaso no facilitó esa sociología del franquismo que los obispos inmatricularan fincas, plazas y cementerios en los pueblos sin que ningún vecino o ayuntamiento se atreviera a toserles o a exigir escrituras? ¿Acaso no podemos considerar este inmenso privilegio registral el ‘pago en especie’ que la dictadura otorgó a la Iglesia por haber bautizado la Guerra Civil como una ‘Santa Cruzada’?

Aristóteles Moreno: Fíjate que yo pienso, y Antonio Manuel tiene mucho más conocimiento que yo en términos jurídicos, que la Ley Hipotecaria de 1946 lo que hace es devolver a la Iglesia el sitio que históricamente tuvo porque a mí me parece que esa idea es una idea clave. De hecho, en el reglamento, la Iglesia lo que hace es compararse con los otros funcionarios del Estado porque realmente la Iglesia siempre había tenido en la conciencia administrativa, social, del poder en España una posición dominante de autoridad pública. Es que la Iglesia cuando en 1236 Fernando III entra aquí lo hace acompañado del Obispo Juan de Osma y realmente el Obispo forma parte de su corte. Es un funcionario más porque el catolicismo es un elemento central ideológico de esa concepción del nuevo orden como antes lo había sido con el Islam. Yo creo que realmente las religiones entonces jugaban ese papel medular de la concepción del mundo y el poder político no era ajeno a ello ni antes de 1236 ni después. De hecho la Iglesia Católica ha ordenado nuestra vida política, social, económica, moral, ética de los ciudadanos durante siglos.

¿Y qué hace la República? Romper eso. Porque la República realmente española copia una idea que viene de Francia. Manuel Azaña era un afrancesado y un hombre que admiraba la revolución francesa y admiraba el marco político y social que estaba desarrollando. Y si tú te vas a la Ley de Congregaciones Religiosas y te vas a los debates parlamentarios, que yo he leído, ellos hacen referencia continuamente a la solución francesa y a la comprensión francesa. Oiga, en un Estado moderno la Iglesia Católica ya no decide, ya no forma parte del corazón del Estado. Nosotros vamos a construir un orden político ajeno al catolicismo.

Pero lo que pasa es que en España el tradicionalismo, el antiguo régimen estaba pegado a todos los poderes. Y eso fue un proceso muy difícil de hacer tanto que la República fue destruida a bombazos. Y yo creo que el elemento religioso fue fundamental. Más que cualquier otro. Más que el miedo a la revolución soviética. Más que el miedo a todas las ideas que llegaban de Rusia. Porque Franco era un beato y era un hombre muy tradicionalista. Y entendía que lo que estaba haciendo la República era romper la idea de España. Que para el pensamiento tradicionalista era nuclear.

El gran debate del siglo XIX era justamente ese. De hecho, en la Constitución de 1812, la liberal, se hace en nombre de la única religión verdadera. Y todas las constituciones, las cinco constituciones del XIX no ponen en duda en absoluto esa idea. Y quien lo hace son los republicanos. Porque los republicanos realmente son los que albergan el espíritu liberal. La Segunda República y Azaña era un liberal auténtico. Un liberal moderno, un hombre moderno. Y yo creo que eso es lo que el tradicionalismo, por supuesto la Iglesia católica, el ejército y gran parte de la sociedad no comprendían, no aceptaban.

Hoy se ve desde otra óptica porque España se ha secularizado. Pero en el siglo XIX y XX el catolicismo era medular de este país. Y yo creo que la ley hipotecaria lo que hace Franco es trasladar en términos jurídicos lo que él pensaba que debía ser. Y es que la iglesia era una autoridad pública. Y por eso le dio esa prerrogativa.

Pablo P. Ganfornina: Aterrizando el tema. Se que para vosotros la Mezquita de Córdoba no es solo un monumento; en este caso, lo consideráis el mejor ejemplo y casi podríamos decir que es la prueba del delito. Con más de 175 páginas dedicadas a este caso, vuestra investigación demuestra que estamos ante un bien de dominio público cuya naturaleza ha sido secuestrada por la jerarquía católica. Sin embargo, la Iglesia insiste en el mito de la basílica visigoda bajo el suelo para justificar una «continuidad» de propiedad. Si los arqueólogos ya han desmentido este bulo, ¿por qué el Cabildo persiste en la mentira?

Aristóteles Moreno: Bueno, esto de la basílica es uno de los argumentos que ha utilizado la Iglesia Católica para reivindicar el solar. Digamos que es un truco histórico que le ha permitido a la Administración Pública, porque yo creo que ese argumento, esta falta de prueba, todo lo contrario, incluso sus propios arqueólogos, contratados por el propio Cabildo, no hace muchos años, afirmaron taxativamente que ellos, después de un largo estudio con medios muy avanzados, tecnológicos, de georradar y de muchas otras herramientas, habían llegado a la conclusión que lo que ellos llevaban exhibiendo como basílica de San Vicente, debajo de la mezquita primitiva de Abderraman I, no era una iglesia. Claro, la pregunta es cómo se le permite a la Iglesia Católica falsear la historia de esa manera por parte de la Administración Pública.

Oiga usted, en un bien de esta naturaleza no podemos permitir que se utilice de una manera tendenciosa el conocimiento. Entonces, bueno, ahora estamos en un nuevo proceso. Esos arqueólogos le han dado otro salvoconducto a la iglesia católica que se llama complejo episcopal. Según este nuevo concepto, debajo de la Mezquita había una serie de edificios que pertenecían al obispo, de los cuales tampoco tenemos prueba determinante, pero ahí diluimos, ya no tenemos que probar que hay alguna iglesia en algún sitio. Ahora decimos que todo eso pertenecía al obispo en un momento en que el obispo era un poder importante y todo eso son hipótesis, lógicamente no están demostradas.

A mí me parece que nosotros no debemos distraernos con esas cosas, que realmente eso sobre el debate de fondo no añade ni quita nada. Es absolutamente indiferente lo que haya. De hecho, en la iglesia fernandina la mayor parte de ellas fueron construidas sobre mezquitas. Eso es una realidad arqueológica. ¿Eso cambia en algo la propiedad o la soberanía? En nada. Más bien añade a la historia y a la comprensión sobre lo que ha sido nuestro territorio de acumulación y sucesión de culturas. Así que yo creo que ahí, más allá de contemplar estas maniobras efectistas que la iglesia ha puesto en marcha, a mí lo único que me molesta de todo es la absoluta libertad que tienen en la divulgación sobre el patrimonio. Eso es un derecho de los ciudadanos, y que sea maltratada de esa forma y con una impunidad dentro de la administración. Es que para eso tenemos la Consejería de Cultura, para precisamente evitar que se divulguen bulos de esa trascendencia. Y que se siguen manteniendo, porque si se visita la Mezquita hoy mismo te enseñan que hay un agujero en la mezquita primitiva y siguen diciendo que es la antigua Basílica de San Vicente.

Pero ese trampantojo tiene un hilo conductor mucho más perverso y es hacernos creer que el uso determina el dominio o determina la naturaleza del bien. Es decir, el que eso fuese en otro tiempo de uso cristiano no significa que pertenezca a la iglesia católica. Y de hecho, fíjate si es un trampantojo que todos los yacimientos arqueológicos pertenecen al Estado. Así que da igual lo que haya debajo, pero si fuese un complejo episcopal, pertenecería al Estado. No tiene ningún sentido que el complejo episcopal del subsuelo pertenezca al Estado, es decir, sea dominio público, y lo que esté encima sea dominio privado. No tiene ningún sentido.

Pablo P. Ganfornina: el caso es que no es la única fake news, también tenemos el bulo de la donación real de Fernando III en 1236 ¿no? La cuestión es que si esto fue así, ¿por qué la Iglesia nunca ha presentado ese título y tuvo que recurrir a la autocertificación opaca en 2006?

Antonio Manuel Rodríguez: En cuanto a la donación, es consecuencia de lo que hemos hecho con la Plataforma. O sea, nuestros argumentos son los que forzaron el bulo de la donación. Porque cuando la jerarquía católica va a inmatricular el bien, se siente tan segura de que eso le pertenece, que establece como criterio para apropiárselo la consagración. Es decir, de nuevo, el que fue consagrado como catedral. El uso condiciona el dominio. Claro, cuando nosotros nos enteramos, lo primero que hacemos es desmontarlo. O sea, perdona, la consagración no es una forma de adquirir el dominio. Entonces, recuerdo que los primeros años saltan de una forma bastante despectiva, incluso petulante, como mirándote por encima del hombro, diciendo, pero bueno, ¿qué me estás contando? Si no fuese una consagración, sería por usucapión. ¿Qué más da? Llevamos muchísimo tiempo poseyéndola.

Claro, vuelven a equivocarse. Si dices que la has adquirido por la posesión en el tiempo, estás reconociendo que no es tuya. Y claro, si no es tuya, ¿de quién era? Y tienes que tener mucho cuidado de decir que era de la corona, porque entonces tampoco podrías usucapirla, porque los bienes públicos no se pueden adquirir por la posesión en el tiempo. Entonces, cuando vuelven a equivocarse ya por segunda vez, es cuando sacan el tema de la donación. Y lo hacen con toda la intención. Le da igual que sea verdad o mentira.

Es que le da lo mismo. La cuestión es que cuando ya hay una donación, aunque sea falsa, yo sé que esto va a sorprender, ¿no? Aunque sea falsa, lo que está es determinando que el bien es privado. Esto es un tema muy complejo desde un punto de vista jurídico, pero viene a ser como, aunque no tengo título, esto me obliga a usucapir por la vía extraordinaria que son 30 años. Da igual, una tontería. Pero lo hacen porque confirma la privatización del bien. Es decir, un bulo confirma la privatización del bien, pero también reafirma el que han mentido hasta tres veces, el que se han equivocado hasta tres veces, que han tenido que autocorregirse tres veces. Si, en efecto, hubiese sido suya, ¿por qué no la registraron en el siglo XIX? Porque no podían. ¿Y por qué no podían? Porque los templos de culto no se podían inmatricular porque eran bienes de dominio público. Es decir, solo pudieron hacerlo después de una reforma de Aznar en 1998.

Y cuando lo hacen, si de verdad les pertenece, ¿por qué no lo acreditan? Porque tampoco tenían forma de acreditarlo. Yo suelo decir muchas veces, y espero que quede claro, que la pregunta de quién es la mezquita es capciosa. La pregunta pertinente es ¿qué es la mezquita? Y yo creo que hay una convención unánime en que la mezquita ni se puede vender, ni se puede hipotecar, ni se puede embargar. En consecuencia, es bien de dominio público y entonces jamás tenía que haber sido inscrita en el registro de la propiedad.

Pablo P. Ganfornina: Y la Mezquita no está sola. Porque este no es un problema solo de templos, sino de apropiación de plazas, montes, cementerios y ermitas rurales. La movilización municipalista en Navarra reveló una realidad que la Iglesia pretendía mantener oculta. Tenemos el Caso de Ucieza (Palencia), donde un ciudadano con títulos de propiedad vio cómo el obispo le arrebataba sus bienes y como Estrasburgo condenó a España con 600.000 euros que pagó el Estado con dinero público en lugar de exigir que la Iglesia devolviera el bien. También podríamos hablar del arte prerrománico asturiano, que es un arte fantástico que fue construido como un programa arquitectónico de representación del poder de los monarcas astures y que también ha sido inmatriculado, o la arquitectura mudéjar aragonesa. Pero después hay una serie de bienes pequeñitos, insignificantes, que yo creo que ahí se ve incluso con más claridad la arbitrariedad del mecanismo de la inmatriculación. A mi en particular, me llamó mucho la atención el caso de la Ermita de los Verdiales en Málaga.

Aristóteles Moreno: Yo no lo conocía, lo pudimos conocer gracias a que hablamos con el propietario. Y claro, cuando conoces ese tipo de casos, te quedas alucinado. El caso de los Verdiales es un caso muy interesante. Se produce en los montes de Málaga y es un caso de religiosidad popular que seguramente se reproduce en miles de casos en toda España.

¿En qué consiste? En el siglo XVIII, esa zona, los montes de Málaga, solo 10 kilómetros de la capital, empieza a colonizarse de ganaderos y agricultores. Y pronto se dan cuenta de que necesitan un templo para rezar. El catolicismo, volvemos otra vez a la idea original, era una ideología o una religión absolutamente penetrada en la vida social de todo el mundo. ¿Qué es lo que ocurrió? Uno de los vecinos cedió un cobertizo de aperos de labranza.

Y ahí empezaron a remodelarlo de tal forma que, por ejemplo, el altar provenía del mármol de una pescadería. Y ese edificio, que era un edificio típico de la arquitectura andaluza, tenía dos alojamientos de sus extremos donde vivían ganaderos. Con el paso del tiempo se convirtió en la Ermita de los Verdiales, que es una de las expresiones de religiosidad popular más importantes de la provincia de Málaga, y llegó a manos de un propietario después de muchas transmisiones, que se llamaba Andres Jesús Palomo, taxista y albañil. Y este señor invirtió ahí, reformó todo, reabrió la Ermita, porque la Ermita durante mucho tiempo estaba en ruinas y se utilizaba como corral de gallinas.

En el año 2003 se presenta el registro de la propiedad y aporta 11 documentos mercantiles, que nosotros los tenemos en nuestro poder porque él nos lo dio. Todo normal hasta que en diciembre de 2012, el obispo de Málaga se presenta ante el registro de la propiedad y sin un solo papel, con una mera auto-certificación, gracias a la Ley Hipotecaria, se queda con la ermita. El señor propietario no se entera y el registrador de la propiedad se lo permite. Esto es una anomalía, porque tenía doble inmatriculación. Debería por lo menos haber comunicado al primer propietario y no lo hace siquiera. Entonces, este señor se entera de que el obispo le ha quitado la ermita. El obispo de Málaga tenía un papel, que crea ex profeso, crea una parcela que no existía para quedarse solamente con ese trocito. O sea, que él transforma la realidad del territorio y de la propiedad.

Esa ermita sigue estando en manos del obispo. Y ahí es que a mí me llama mucho la atención. Él propietario habló lógicamente con el obispo, que seguramente él no se prestaría a eso, pero hablaría con el vicario y le respondieron que como está consagrada era suya. Pero hace muy poquito, nos hemos enterado que en un pueblo de Málaga, en Nerja, el obispo le ha devuelto la ermita al ayuntamiento de Nerja. Claro, ¿esto qué nos dice? ¿Qué arbitrariedad no? O sea, que usted devuelve o se apropia de lo que quiere, teniendo los mismos papeles en un caso y en otro, siendo igual de propietario uno que otro, porque el Ayuntamiento de Nerja demostró, parece ser, fehacientemente, con documentos, que la ermita era municipal.

En ese caso, ¿por qué lo devuelve? Y en el otro caso, ¿por qué lo niega? Está claro que aquí hay una arbitrariedad que no se sostiene de ninguna forma, sin ningún criterio y que la justicia permanece al margen de algo realmente que tiene poca explicación.

Pablo P. Ganfornina: Para ir cerrando la entrevista. Después de hablar sobre esta relación entre Iglesia y Estado en España, ¿cómo valoráis la visita del Papa, incluyendo su presencia en el Congreso? ¿Qué valoración podemos hacer un poco de esta visita, teniendo además una autoridad de la iglesia católica en nuestro país, estos días que podemos esperar del nuevo papá?

Antonio Manuel Rodríguez: Bueno, a mí ese tema me queda grande, lo digo de antemano. A ver, lo que hemos planteado nosotros en este libro no es una cuestión anticlerical. Y yo creo que eso es importante colocarlo desde el principio. Este libro apela a la defensa de la constitucionalidad y a la defensa de nuestro patrimonio público. Defender la laicidad de un estado es como defender un mar en calma donde todos los barcos puedan navegar. Los barcos de los creyentes y los de los no creyentes. Creo que somos conscientes de que en este mar hay un barco que es un transatlántico, que es la Iglesia católica. Y que la iglesia católica, como enorme empresa, necesita de recursos. Y más que adorar a Dios, necesita adorar al dinero que lo mantenga. Y ese debate no ha salido en la presencia del Papa.

El Papa, dentro de ese humanismo cristiano, que echo tanto en falta en las derechas, que yo descubrí, por ejemplo, en personas como Manuel Clavero o en la democracia cristiana de la década de los 60 o de los 70, y que también tiene su otra cara en el cristianismo de izquierda, tan clave en la consecución, por ejemplo, de nuestra democracia o en la consecución de la transición autonómica andaluza. En esta causa hay apoyos directos de redes cristianas populares, de comunidades cristianas. Entonces, yo creo que el Papa, en ese lenguaje de humanismo cristiano, a mí me parece que está bien que diga eso. Pero yo no voy a entrar en las normas de su club. O sea, el catolicismo es un club privado que ha decidido que lo eligen hombres, solo para hombres. Por ejemplo, en este tema, normalmente nunca se habla de la cuestión de género y no estaría mal recordar que esas cosas no pasan.

Pero yo, desde fuera, no lo voy a cuestionar. Yo creo que, como Estado laico, se tiene que respetar. Lo que no tiene sentido es que un Estado laico haya promovido y tolerado ilegalidades en masa, inconstitucionalidades en masa, para que la jerarquía católica, hoy, sea el mayor propietario del Estado. Ese tema no se ha nombrado en ningún momento. Se ha hablado de que sí está en contra del aborto, de la eutanasia. Se ha hablado de todos los mensajes positivos en relación al respeto al diferente y al migrante. Pero nadie ha hablado de la cuestión realmente medular. Y es que la Conferencia Epicopal Española no deja de ser Iglesia Sociedad Anónima. Y que, para mantenerse, para mantener esa enorme estructura, necesita un inmensísimo poder. Y que el mayor aliado para mantenerlo ha sido el Estado. Y, probablemente, su mayor aliado han sido los gobiernos de izquierda. Es decir, ha tenido más apoyo del gobierno de izquierda por ese temor ancestral a la reacción. Y eso está como en el ADN de nuestro Estado. Y por eso, cada vez que ha habido un intento de secularización, las reacciones son tan bestias, son tan bruscas, son tan desproporcionadas, que la clase política tiene vértigo, tiene miedo. Y eso es lo que echamos en falta.

Al principio, cuando vino el Papa, creo recordar por terminar, que fue Félix Bolaños que dijo «Es una alegría que venga el Papa porque hemos cerrado acuerdos en temas como la educación concertada». Y habló de las inmatriculaciones. Parece ser que han acordado algo sobre las inmatriculaciones, pero no lo sabemos. Entonces, bueno, eso también forma parte del ADN de la Iglesia, que es trabajar en las catacumbas y que todas las cuestiones sean del mismo color de la sotana que visten.

Aristóteles Moreno: Muy brevemente. Yo quiero recordar que esta legislatura empezó sacando al crucifijo del Consejo de Ministros y va a terminar metiendo al Papa en el Congreso de los Diputados. Yo creo que eso es muy significativo. Creo que en ese aspecto, y coincido con Antonio Manuel, este Gobierno arrancó con un impulso, con una idea de profundizar en el proyecto laicista o en el laicismo de Estado, ha terminado asustado y un poco reculando. En lo que hemos visto estos días, y este despliegue, es evidente que no es propio de un país aconfesional. La movilización de las estructuras políticas, de la televisión pública… y como la llegada de un líder religioso, de una comunidad legítima, ha invadido muchos terrenos.

Pero paradójicamente, ¿cómo estará el mundo que hoy en día el Papa anterior y este se han convertido en aliados de pensamiento progresista? Y eso lo que dice es cómo hay muchos poderes muy retrógrados que están amenazando muchas cosas y que, aunque sea de forma provisional, temporal, estratégica, parezca que el Papa es un aliado del pensamiento progresista.

Pablo P. Ganfornina: ¿Cómo está el mundo y cómo está la izquierda?

Aristóteles Moreno: Bueno, la izquierda lo que pasa es que yo creo que está en una situación muy débil y se agarra a los pocos cabos que tiene. Pero bueno, todo es provisional, todo es volátil, no sabemos qué puede pasar en los próximos meses o años.


Pablo P. Ganfornina es profesor de Secundaria en Geografía e Historia y militante de Anticapitalistas. Esta entrevista se publicó originalmente en Viento Sur.

ASTURIAS LAICA  DdA, XXII/6381

martes, 16 de junio de 2026

EL AYUNTAMIENTO DE SALAMANCA RESTRINGE LA CULTURA DE LOS LIBROS

 


Tras una reunión mantenida con los concejales de Cultura y de Educación, se nos ha informado al colectivo de librerías anticuarias de Salamanca de la decisión de reducir la Feria a 9 días, de los 16 días que ha durado siempre. Como opción alternativa, si queremos más días, nos plantean dejar la Plaza Mayor de la ciudad y celebrarla en otro sitio. Por más que hemos argumentado que la Feria es un reclamo para la cultura y el turismo de calidad, que no es económicamente viable si se reducen los días -especialmente, para aquellas librerías que vienen de fuera y que tienen unos mayores costes de alojamiento, portes, …-, y que fuera de la Plaza ya se ha probó hace años en varias ediciones y no funcionó, eso no ha motivado ningún cambio en su decisión. El Ayuntamiento ni si quiera se ha molestado en tener en cuenta la opinión de los libreros para tener una feria de calidad donde vuelvan a venir algunas de las mejores librerías de España como en años anteriores.
¿PARA QUIÉN TRABAJAN DICHAS CONCEJALÍAS? ¿A QUÉ INTERESES SIRVEN? Desde La Nave [librería anticuaria de la ciudad] observamos una apuesta decidida de dichas concejalías en continuar con el proyecto de convertir la ciudad en un escenario para turistas de despedidas, un macro-abrevadero para un turismo de corto plazo, que viene, pero no tiene motivos para volver, un decorado vacío de piedras desde el que apelan a una cultura que destruyen.
La Feria del libro antiguo y de ocasión, una de las más reconocidas de España, lleva siendo ninguneada y desmontada año tras año. Su alta calidad ha sido fruto de un muy buen trabajo realizado por el equipo de Bibliotecas Municipales desde hace tres décadas, equipo que ha visto como cada año se le ponían más zancadillas para su organización. Este año el Ayuntamiento ha decidido acabar de destruir la Feria.
Desde La Nave agradecemos que difundáis esta situación, que si conocéis a periodistas en medios locales, nacionales o internacionales les hagáis llegar la noticia, que por cualquier cauce legal que encontréis le manifestéis al Ayuntamiento vuestra contrariedad con las decisiones que están tomando.
El Ayuntamiento es Amazon friendly, nosotros no.

DdA, XXII/6380

JUEGOS Y TRAMPAS SANGRIENTAS DE ANCIANOS QUE ACTÚAN COMO NIÑOS PSICÓPATAS

Juegos y trampas sangrientas de ancianos que actúan como niños psicópatas. En España, los fascistas violentos ─y juveniles─ de Núcleo Nacional buscan militantes para su causa en los gimnasios donde se practica esa lucha. Aprende, Perro, dónde está la verdad. La verdad es nuestra, dicen. La verdad está impresa en la cara de vuestro luchador español.



Adolfo Ayuso Roy

Los partidarios de la sangre ganan posiciones en el tablero electrónico de las principales bolsas del mundo. Este nuevo fascismo ha crecido allí y desde allí intenta impregnar el corazón del mundo. Esos políticos, que la mayoría detestamos, no son sino repugnantes marionetas de esos tecno-empresarios que aspiran a ser billonarios. El señor Musk invirtió 44.000 millones en la compra de Twiter y ya lo ha conseguido. Todos ellos han decidido que el mundo es de los fuertes, han roto los consensos internacionales de paz, respeto y reparto, lo quieren todo. Están rompiendo la paz de cada país. Incluso pretenden apoderarse de nuestras cabezas. Sajando unas e invadiendo de silencio y miedo el resto.
No es una anécdota ese combate que Donald Trump ha elegido como guinda de su ochenta cumpleaños. Se practica dentro de un octógono sellado por redes de alambre. El boxeo es un juego de señoritas, no hay blandos guantes, aquí se pueden utilizar las piernas, las rodillas, los codos, los estrangulamientos, dislocaciones y sumisiones en el suelo. Donald Trump decidió que quería que Justin Gaethje, un estadounidense nacido en Arizona, masacrara sin piedad a Ilia Topuria, español de origen georgiano, que se formó en esta lucha despiadada en Alicante, a donde se trasladó en 2012. Era otro mensaje a Perro Sánchez, una de sus malditas obsesiones. Tu chico ha perdido. Como lo ha sido ese clonado de un teléfono, que la agencia norteamericana que controla a su ejército antiinmigración (ICE) ha entregado de forma sospechosa a un juez español que pretende imputar a Zapatero, el hombre que no se levantó de su asiento cuando desfilaba la bandera estadounidense en un evento militar.
Juegos y trampas sangrientas de ancianos que actúan como niños psicópatas. En España, los fascistas violentos ─y juveniles─ de Núcleo Nacional buscan militantes para su causa en los gimnasios donde se practica esa lucha. Aprende, Perro, dónde está la verdad. La verdad es nuestra, dicen. La verdad está impresa en la cara de vuestro luchador español.
Pero saben que, por el momento, somos más, muchos más, los que nos oponemos a esa barbarie. Los fascistas hacen ruido, mucho ruido, desde las redes y la prensa excremental. Su ruido persigue nuestro silencio. No vamos a callar. Mañana MIÉRCOLES, A LAS 8 DE LA TARDE, EN PLAZA ESPAÑA DE ZARAGOZA. Nuestro pequeño y sensacional ruido por la paz y la dignidad en Palestina. Palestina es el experimento más avanzado para demostrar al mundo hasta dónde pueden llegar. La cara de "nuestro luchador" es solo una ejemplo de patio de colegio.

DdA, XXII/6380

LA SEMÁNTICA DEL ODIO EN LA BOCA IMPECABLE DE LOS JÓVENES



Marta Marco Alario

Me van a llamar loca por advertir
el regreso del "rojos" y la llegada del "zurdos"
que creíamos enterrados bajo la cal húmeda de la Historia.
La semántica del odio circula ahora por las aulas
como una enfermedad mal curada.
No está en las gargantas viejas de los pollagrises rancios y desdentados de memoria selectiva;
ahora está en la boca impecable de los jóvenes.
Criajos que confunden pensamiento con algoritmo,
que han aprendido la "política"
en la cloaca radiactiva de internet,
entre hombres que monetizan la frustración de adolescentes que no tienen dónde caerse muertos,
y convierten la crueldad en una estética deseable.
Repiten consignas con la misma convicción hueca
con la que , en otros siglos, levantaron hogueras.
Llaman “guarros” a quienes aún creen en lo colectivo.
Dicen “rojos” como quien escupe sobre una tumba
cuyo nombre desconocen.
E ignoran. Lo ignoran todo. El algoritmo ha elegido al nini. Al que enterró al padre muerto por sobredosis. Al que tiene a su madre enrejada.
El algoritmo fascista sabe perfectamente a qué crío ata.
Ignoran el peso específico del miedo.
Ignoran lo que significa
que una palabra deje de ser una palabra
y se convierta en una forma de señalamiento.
No saben —y quizá ahí resida toda la tragedia—
que el fascismo nunca entra anunciándose como fascismo.
Los pobres tontos, chulos militarizados,
no saben que siempre llega disfrazado de hartazgo, de incorrección política,
de falsa rebeldía adolescente, de pose moderna.
Llega haciéndole creer al muchacho vulnerable
que por fin pertenece a algo.
Que su rabia tiene dirección y sentido.
Que su precariedad es culpa del extranjero,
del pobre,
de la mujer que alza demasiado la voz,
del marica que ya no se esconde
y de la bollera que habla en formato de señor.
Y entonces el pensamiento crítico
empieza a parecer sospechoso,
la empatía, ridícula,
la cultura, elitista
y la solidaridad, una debilidad vergonzosa.
No me asusta que me levanten la voz.
Ni la consigna brutal.
Sino la naturalidad con la que regresan ciertas sombras y los idiotas no las reconocen.
La velocidad con la que la memoria democrática se ha erosionado en una sociedad incapaz de sostener la atención más de treinta segundos seguidos.
Me aterra descubrir
que hemos educado a una generación entera
que se bebe eslóganes pero que no detecta la propaganda.
Y mientras tanto la canalla avanza.
Con sus discursos simplificados hasta el hueso.
Con sus enemigos inventados.
Con su carroñera capacidad
para convertir la ignorancia en identidad política.
Y una empieza a vigilarse.
A calcular cada palabra.
A preguntarse qué comentario provocará la mueca, la burla, el intercambio de miradas,
el desprecio inmediato.
Porque el miedo colectivo
no comienza con los tanques.
Comienza cuando la gente decente
empieza a hablar más bajo.
Hay algo que apesta en esta pulsión de juventud enfurecida
que juega con símbolos y discursos
que otros llevaron cosidos a la piel
camino de una cuneta.
Llamadme loca.

DdA, XXII/6380

MARCO RUBIO, EL VERDUGO DE SEDA. GENEALOGÍA DE UNA SOMBRA


Si Cuba se levanta, Marco Rubio se derrumba. Él necesita la isla arrodillada para que su identidad de gusano privilegiado tenga sentido. Es un vampiro existencial que se nutre de la sangre de un pueblo al que dice representar, pero al que condena a la asfixia con una sonrisa de hipócrita. Él es uno de los mayores productores de balseros y vulcanólogos en los últimos tiempos, que luego rechaza; es el arquitecto de la escasez que luego fotografía para justificar más sanciones....Lo más abyecto de Rubio es su uso del significante “libertad”. Ha vaciado la palabra de su contenido material. Para él, la libertad no es comer, sanarse o educarse. No. La libertad es el derecho del capital a devorarlo todo, empezando por la soberanía de los pueblos. En su retórica, la democracia es el nombre marketinizado de la sumisión al Imperio.

Raulito Torres/Aquí La Habana
Para entender al sicario, hay que visitar la fábrica del crimen. El origen no justifica, pero delinea la arquitectura del horror. Marco Antonio Rubio no nació en el solar del hambre, nació en la antesala del sueño americano, hijo de la pequeña burguesía cubana que hizo del exilio no un duelo, sino un negocio ontológico. Su padre y su madre, con Trabajos dignos, hay que decirlo, pero envueltos en la mitología de la "Cuba de ayer", una isla que para él nunca fue geografía, sino una herida heredada que aprendió a rascar hasta sacarle pus rentable.
Desde la humedad de Miami, el joven Marco no sólo aprendió el materialismo de la necesidad, también aprendió la teología del resentimiento. Su etapa mormona es clave: encontró en aquella fe la estructura vertical y mesiánica que cuadraba su narcisismo en ciernes. No buscaba a Dios, buscaba un escenario. La política no fue para él la administración de lo común, sino la escenificación de una venganza metafísica.
Aquí llegamos al núcleo duro de su ser, ahí político. No estamos ante un conservador clásico. El conservador teme al cambio; el fascista teme a la vida y necesita administrar la muerte para sentirse vivo. Rubio ejerce lo que podríamos llamar, torciendo a Mussolini, una necropolítica vicaria. No dispara, pero su palabra es el gatillo ideológico que legitima el hambre.
Su manera de ejercer el poder no es la del burócrata frío. Es peor: es la del predicador emocional del sadismo. Cuando Rubio, con su perfecto inglés y su traje caro, firma una nueva enmienda contra el pueblo cubano o veta la entrada de remesas, no está haciendo política exterior. Está realizando un ritual de pureza. Su “máxima” fascista no es “pienso, luego existo”, es “hago sufrir al otro, luego soy el elegido”.
Su bloqueo es su sostén "psicovívitus"*.
Si Cuba se levanta, Marco Rubio se derrumba. Él necesita la isla arrodillada para que su identidad de gusano privilegiado tenga sentido. Es un vampiro existencial que se nutre de la sangre de un pueblo al que dice representar, pero al que condena a la asfixia con una sonrisa de hipócrita. Él es uno de los mayores productores de balseros y vulcanólogos en los últimos tiempos, que luego rechaza; es el arquitecto de la escasez que luego fotografía para justificar más sanciones....
Lo más abyecto de Rubio es su uso del significante “libertad”. Ha vaciado la palabra de su contenido material. Para él, la libertad no es comer, sanarse o educarse. No. La libertad es el derecho del capital a devorarlo todo, empezando por la soberanía de los pueblos. En su retórica, la democracia es el nombre marketinizado de la sumisión al Imperio.
Su fascismo contemporáneo no lleva botas militares; lleva mocasines italianos. No grita en una plaza; twittea con veneno destilado en frío. Es el rostro “aceptable” del odio en el Congreso, el latino que cierra la puerta a los latinos, el hijo de inmigrantes que demoniza la inmigración. Es la encarnación de lo que el filósofo existencialista llamaría la mala fe: un ser que se miente a sí mismo para escapar de la angustia de saberse un traidor a su clase, a su estirpe y a su humanidad.
Mira su trayectoria: del Tea Party a lamer las botas de Trump, aquel que insultó a su esposa y humilló su hombría. No tiene ideología, tiene una prótesis de acero en lugar de espina dorsal. Es un hombre sin atributos, un recipiente vacío que se llena con el veneno que le sirve el donante de turno, siempre y cuando ese veneno sirva para estrangular un poco más la esperanza de los de abajo.
Escúchame, Marco, desde esta trinchera de palabras a la que nunca podrás censurar su voz... Tú, que te escondes tras el imperio como un niño tras las faldas de una madre violenta. El pueblo cubano no te vio crecer, no te vio transfigurarte en un dictador de la miseria ajena.., hasta que apareciste con tus ademanes prenazsistas hace ya varios años...
Tu vida es una elegía a la bajeza. Te crees Moisés, pero eres el Faraón, con el corazón tan endurecido que ni las lágrimas de once millones de almas en la isla, ni el grito de la madre que no encuentra la medicina, logran hacerte un rasguño en la conciencia. Porque tu conciencia es un desierto donde la solidaridad no florece.
Pero quiero decirte algo, en este español caribeño que reniegas pero que te delata: la ceiba de la nación cubana tiene raíces más hondas que el asfalto de Miami. Soportamos el cañón español, el látigo yanqui y la ingratitud de sus hijos descarriados. Tú no eres el mayor verdugo, eres apenas un aspirante, un triste émulo de los Somoza, Pinochets, Videlas... que terminan mordiendo el polvo de la historia. Eres el dolor, sí, pero eres un dolor que ya se canta, un dolor que ya se baila, un dolor que, como todo lo que toca el alma cubana, estamos transformando en resistencia, en ritmo y en futuro.
No te tenemos miedo, Marco. Te tenemos lástima. Porque cuando la historia te pase la cuenta, no tendrás Patria que te llore ni pueblo que te recuerde. Serás polvo de archivo, una nota al pie en la gran épica de la resistencia caribeña. Y en La Habana, mientras tanto, un solar entero te dedicará una guaracha burlona, porque ese, el del choteo frente al verdugo, es nuestro más profundo y eterno acto de soberanía.

Lástima te tengo, sombra. Porque has hecho de tu vida una larga y penosa ceremonia de muerte. Y cuando mueras, la vida en Cuba seguirá bailando sobre tu restos de recuerdo y tú memoria será entonces, el polvo culpable y barrido en una oficina de intereses . 

*Licencia del autor. Me da la gana.

DdA, XXII/6380