martes, 21 de julio de 2026

ESTADOS UNIDOS EJERCE UNA ADMINISTRACIÓN COLONIAL EN VENEZUELA

Estados Unidos ha conculcado el derecho a la autodeterminación de Venezuela, imponiendo un plan político a la medida de sus intenciones anexionistas e involucra a nuestro país en el esquema de su guerra geopolítica en el medio oriente, con peligrosas consecuencias para nuestra seguridad como nación, escribe Elías Jaua en su blog Horizonte en disputaLa ocupación del clan Trump solo ampliará y consolidará estructuralmente el subdesarrollo y la miseria. Solo recobrando nuestra autodeterminación nacional podremos intentar, una vez más y cuantas veces sea necesario, edificar una Patria que cobije a toda la familia venezolana, esto es, una auténtica República. Así será. ¡Vamos a luchar! 

Foto: Jesús Vargas
Elías Jaua

La inocencia no mata al pueblo, pero tampoco lo salva, lo salvará su conciencia y en eso me apuesto el alma”.

Alí Primera

Aún impactados tras haber sufrido dos terremotos continuos, con el alma entristecida por los compatriotas fallecidos y heridos, conmovidos por el dolor de los familiares que aún buscan a sus seres queridos, al menos para darles cristiana sepultura, solidarios con la angustia de las decenas de miles de familias sin casa, con todos los dolores del mundo en un solo tiempo, no podemos dejar de hablar y escribir sobre la necesidad de luchar por la independencia y la dignidad de Venezuela. De hecho, la tragedia que hoy nos golpea lo hace más perentorio.

Aprovechándose de la situación de catástrofe, han desembarcado tropas armadas de Estados Unidos en La Guaira, se han apostado buques de guerra en nuestras costas y el espacio aéreo venezolano es vulnerado a diario por drones, aviones y helicópteros de la potencia ocupante. No han rescatado a nadie, no han socorrido a nadie, solo ocupan, miden terrenos, controlan instalaciones portuarias y aeroportuarias. Humillan.

Anuncian fastuosas reconstrucciones junto al gobierno de Israel, sobre cuyos principales dirigentes cursan sustentadas acusaciones de genocidio evidente contra el pueblo palestino en la Corte Penal Internacional y en la Corte Internacional de Justicia. Un pueblo de paz como el venezolano, solidario, con una tradición de lucha por la independencia, la convivencia pacífica y por la causa humana, no merece esta afrenta.

Ignominia agravada por el silencio de las dirigencias políticas de todos los sectores con vocería permisada, con representación y responsabilidades en las distintas instituciones del Estado, al parecer más interesadas en presentarse como la mejor opción para colaborar con el plan de colonización del gobierno de Trump, que en cumplir con su deber constitucional de preservar la integridad y la dignidad de la República.     

En estas circunstancias, quienes amamos profundamente a esta Patria nuestra, Venezuela, estamos obligados a denunciar, una vez más, que el gobierno de Estados Unidos:

  1. Ejerce una administración colonial en Venezuela, comercializando nuestros recursos y apropiándose de nuestros ingresos económicos, por lo demás necesarios para la reconstrucción tras los terremotos y para la superación de la precaria situación económica y social de la población en general. Esto agravado por la imposición de un plan leonino y corrupto de pago de la deuda externa que compromete un alto porcentaje de las finanzas públicas por lo que resta de este siglo. 
  2. Ha conculcado el derecho a la autodeterminación, imponiendo un plan político a la medida de sus intenciones anexionistas.   
  3. Desarrolla una invasión militar en nuestro espacio geográfico que inicia el pasado mes de agosto de 2025, pasando por el vil ataque misilístico del 3 de enero de 2026, con saldo de muertos y heridos, continúa con varias incursiones y ataques en los meses siguientes, y actualmente se expresa en el desembarco de soldados y equipos fuertemente armados en La Guaira, en junio de este mismo año, con el grave riesgo que significa esta presencia para la integridad física y moral de la población, especialmente mujeres, niñas y niños.
  4. Obliga a implantar un modelo neoliberal extractivista que excluye a las grandes mayorías del bien común y dañará irreversiblemente nuestro ecosistema.
  5. Involucra a Venezuela en el esquema de su guerra geopolítica en el medio oriente, con peligrosas consecuencias para nuestra seguridad como nación.

En consecuencia, como pueblo debemos elevar nuestra conciencia sobre la gravedad de la ocupación y sus consecuencias; y confiar en nuestras capacidades como nación para impulsar una agenda unitaria que nos permita:

  1. Recuperar el derecho a la autodeterminación política, institucional y legislativa. Los venezolanos y venezolanas somos los que debemos decidir democráticamente quién nos gobierna y qué leyes e instituciones necesitamos y queremos, en el marco de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
  2. Recuperar la soberanía económica: comercializar libremente nuestros recursos y productos.  Que el Estado venezolano sea quien administre, bajo estrictos controles fiscales, los ingresos de esos recursos para el bien común y de manera urgente, para superar las consecuencias económicas y sociales de la emergencia provocada por los terremotos y una década de caos económico y brutales, injustas e ilegales sanciones.
  3. Exigir la salida de tropas militares y agentes de seguridad de Estados Unidos y del Estado de Israel, y el cese de cualquier tipo de operación militar extranjera en el espacio geográfico venezolano. La seguridad de la nación compete al Estado venezolano.
  4. Construir un modelo y un plan de desarrollo político, económico y social de inclusión e igualdad social, acordado entre todas las corrientes de pensamiento político.
  5. Ejercer nuestro derecho a tener relaciones pacíficas y de cooperación con todas las naciones del mundo que compartan los principios de humanidad y convivencia internacional. 

Compatriotas, nos quieren convencer de que no tenemos capacidad de administrar nuestra nación, que la única manera de lograr el desarrollo y el bienestar es siendo tutelados o anexados por el gobierno de Estados Unidos. Falso de toda falsedad. Necesario es que el pueblo venezolano sepa que Estados Unidos ni desarrolla, ni genera bienestar para las grandes mayorías en los países ocupados, algo que es contrario a su doctrina.

Esta administración colonial solo establecerá enclaves de extracción petrolera y minera, sin saldos económicos para la nación, sin límites en la violación a los derechos del pueblo venezolano, y con una atroz destrucción ambiental. La consecuencia será la profundización y generalización de la miseria estructural, como se evidencia en todos los países ocupados durante las últimas décadas.

Es necesario y oportuno alertar desde ya que en La Guaira se producirá un proceso de gentrificación y desplazamiento de la población local, para que la familia Trump, sus allegados y socios de negocios dispongan de los mejores terrenos para desarrollar un enclave inmobiliario asociado a servicios portuarios, aeroportuarios y turísticos. Seguramente esto ocurriría también en algunas otras poblaciones costeras.

Las actuales circunstancias nos exigen hacer todo cuanto esté a nuestro alcance para lograr un acuerdo nacional orientado a recuperar nuestra República, y demostrarnos que sí podemos construir aquí en suelo venezolano una sociedad democrática, donde podamos vivir todos y todas con igualdad, justicia y dignidad.  La ocupación del clan Trump solo ampliará y consolidará estructuralmente el subdesarrollo y la miseria. Solo recobrando nuestra autodeterminación nacional podremos intentar, una vez más y cuantas veces sea necesario, edificar una Patria que cobije a toda la familia venezolana, esto es, una auténtica República. Así será. ¡Vamos a luchar!                                                               

HORIZONTE EN DISPUTA  DdA, XXII/6413

LA SELECCIÓN ARGENTINA ES UNA VERGÜENZA: NO SABE GANAR NI PERDER


Como lector habitual del diario argentino Página/12, de tendencia progresista, lamento que cuanto se refiere al marrullero y agresivo Mundial disputado por la selección de aquella república, glosado en el siguiente artículo, no se refleje para nada en el citado periódico. Antes al contrario, se elogia el campeonato jugado por la albiceleste, una selección que no sabe ganar ni perder, dejando pendiente que la FIFA sancione con el rigor que merece su actitud al final del partido disputado frente a la selección española.

Nejemye Tenenbaum

He defendido al equipo argentino cuando mereció ser defendido, pero no hay apología por la ruin, racista y agresiva actitud de sus jugadores. Una pauta de comportamiento no solo en esta copa del mundo. En el mundial de Qatar, el Dibu hizo un gesto obsceno frente al representante qatarí, colocando su trofeo en la entrepierna, como si estuviera en un tabledance. Después, en los festejos en Buenos Aires, sostuvo en sus manos un muñeco negro con cara de Mbappé, un gesto racista. En los festejos después de ganar la Copa America en el 2024, cantaron himnos racistas y homofóbicos en el autobús, con tal desvergüenza que incluso Enzo Fernández los publicó en un video en su cuenta de Instagram. La cantidad de faltas agresivas que cometieron en este mundial fue grotesca, los árbitros los ayudaron en muchos partidos, esto reconocido por la mayoría de los comentaristas deportivos en todo el mundo. Jugaron un partido final, pobre, al contrario de una España digna, fina y en general caballerosa, y además de perdonarles una expulsión y anularle un gol válido a España, se enojaron por perder y se dedicaron a golpear a los jugadores españoles. Esto no bastó, cuando España fue galardonada con la copa, los jugadores argentinos les dieron la espalda. Parece que Argentina no sabe ni ganar ni perder, cuando ganan y cuando pierden se comportan igual, como rufianes y bullies. Es una vergüenza y su público y seguidores deberían reprocharlo, algo que no veo en redes. Es importante ganar, pero siempre honorablemente, siempre, no a base de favoritismos, corrupción y golpes.

DdA, XXII/6413

PETRO: "NADIE SE PUEDE DIVERTIR CON LA MUERTE DE NADA QUE VIVA EN LA TIERRA"

Un adolescente colombiano emocionado escucha el discurso de despedida de Gustavo Petro

Lazarillo

Hace dos años y después de catorce intentos, el gobierno de Gustavo Petro logró erradicar de la historia de aquella república las corridas de toros, así como las prácticas de rejoneo, novilladas, becerradas y tientas. Denominada la ley de "No más olé", fue sancionada en la plaza de toros de La Santamaría de Bogotá. "Nadie se puede divertir con la muerte de nada que esté vivo en el planeta Tierra, dijo ayer en su despedida de la presidencia del país el presidente colombiano. Ahora miren la diferencia: entra uno que no solo admira corridas de toros, sino genocidios, y que va a abrir relaciones diplomáticas con quien toda la humanidad ha dicho que debe ser juzgado en un tribunal internacional por haber asesinado a 22.000 bebés en sus cunas, aplastados por los techos de los edificios derribados por misiles. ¿Cómo se le puede llamar a un ser humano que ha asesinado con sus propias armas a 22.000 bebés y a 72.000 ciudadanos solo porque no tienen su religión y su cultura?". También tuvo Gustavo Petro unas palabras para el Mundial de Fútbol: "¿Por qué perdieron Argentina y Colombia en el fútbol? Por codicia y falta de humildad. Lo dije. Me miraron feo, pero hoy, a la luz de los hechos, puedo decir por qué ganó España: porque ese equipo trabaja y se ayuda entre sí. La ayuda es lo que salva a la humanidad. Si la humanidad se acaba en las próximas décadas o en un siglo, será por la codicia y por nada más". Entre la audiencia había un joven, captado por las cámaras, cuyo rostro era reflejo de la emoción y la esperanza en la despedida al primer mandato de su presidente.

DdA, XXII/6413

GANÓ KEYNE YAMAL


Quizá el destino de Lamine Yamal sea malgastar su fortuna y su talento entre fiestas de aduladores y novias deslumbrantes. Quizá. Pero a mí me gusta ver que la estrella de España es un chico que levantó una bandera palestina. Solo es un gesto, como lo es bailar con su hermano pequeño, Keyne Yamal. O como lo es el de Nico Williams, entregando la medalla a su madre, que tuvo el valor de cruzar el Sahara para terminar saltando la valla de Melilla.

David Pablo Montesinos

No estoy en condiciones de emitir una opinión sesuda sobre la final mundialista porque aún no he visto el partido. Digo “aún” porque tengo la grabación y supongo que en algún momento me la pondré. Pero no, no lo vi en directo.
Hay un primer motivo, y es que con eso de la tdt, la radio, movistar y los demás formatos ya no sé muy bien qué significa eso de “en directo”. Lo que puedo decirles es que durante el campeonato me he enterado de los goles de España como diez o doce segundos antes de verlos en mi pantalla, pues quienes disponen de otros canales me lo hacen saber a gritos.
El segundo es menos confesable. Recientemente mi cardiólogo me dijo que me cuidara la tensión, llámenme cobarde. Verán. Yo puedo ver perder a mi equipo sin grandes dramas, entre otras cosas porque he encajado demasiadas derrotas -futbolísticas y de las otras, que duelen más- como para ahora volverme pusilánime con una tontada tan grande como es esto del fútbol. Tuve sin embargo durante la semana el presentimiento de que pasaría lo que finalmente pasó. Bajo la excusa del “dejar jugar”, la FIFA, que lleva medio siglo pareciéndome una organización corrupta, alecciona a los árbitros para que “no se carguen los partidos”, lo cual termina beneficiando a los violentos y daña seriamente al fútbol.
Soy crítico con aquellos que confunden el fútbol con la vida. “Nuestra felicidad es efímera e ilusoria, pero ¿qué felicidad no lo es?”, he leído a una amiga argentina en estos días. Por supuesto que amamos, lloramos y sonreímos desde la pura fantasía, como cuando nos emocionamos con un poema o sufrimos el rechazo de alguien a quien queríamos. No obstante, conviene aterrizar de vez en cuando, debemos saber que el malestar de la gente está asociado a cuestiones como tener un techo, no ver a tus hijos pasar hambre o disponer de un seguro médico. Me alegró mucho el gol de Ferrán Torres, pero lo cambiaría por ver desaparecer a tipos como Trump, o puestos a mirar a la Argentina, al espantajo de Milei.
A riesgo de contradecirme voy a aprovechar el momento para decir algo que quizá haya más españoles dispuestos a escuchar en este momento, aunque solo sea porque por un rato baja el suflé de la polarización y el sempiterno encono de las dos Españas. No creo que haya que ser buena gente para ganar al fútbol, como no lo es para ser rico o para ganar Miss Universo. Pero es que este equipo que dirige un señor tan normal y sensato como Luis De La Fuente tiene la virtud de ganar exhibiendo valores admirables, como ya advertí hace dos años cuando ganó la Eurocopa. Me gusta ver la naturalidad sin excesos con la que los jugadores celebraron el título. No es ejemplar volverse loco señalando tus partes al público cuando marcas un gol, humillando a los oponentes o besando en la boca a una señora que no te lo ha pedido. Resido en un barrio donde demasiada gente vive convencida de que para sobrevivir hay que ser tramposo, duro y despiadado. Este campeonato del mundo ha derrotado esa ideología. Y quien tenga problemas de vocabulario que a esto le llame “buenismo”.
Quizá, después de todo, no vayamos por tan mal camino como nos dicen que vamos todos los días los fanáticos que han decidido que la única España que mola es la que a ellos les gusta y que un gobierno progresista es algo intolerable. Este equipo contiene vascos y catalanes, negros y magrebíes, conservadores y rojos. Un delantero que defiende al colectivo lgtbi tuvo las santas narices de saludar con evidente hostilidad a un presidente norteamericano que exhibe conductas criminales con la misma estupidez con la que no sabe apartarse de una foto donde no debe estar.
Quizá el destino de Lamine Yamal sea malgastar su fortuna y su talento entre fiestas de aduladores y novias deslumbrantes. Quizá. Pero a mí me gusta ver que la estrella de España es un chico que levantó una bandera palestina. Solo es un gesto, como lo es bailar con su hermano pequeño, Keyne Yamal. O como lo es el de Nico Williams, entregando la medalla a su madre, que tuvo el valor de cruzar el Sahara para terminar saltando la valla de Melilla.

DdA, XXII/6413

GRITOS CON CITA Y GLOSA (LXXXV): SOBRE AUTENTICIDAD Y VEROSIMILITUD


Nacho Fernández del Castro

«La autenticidad es una cosa, la veracidad es otra. (...). La misma verosimilitud no siempre es para el lector un criterio decisivo ya que la noción de lo plausible en materia histórica depende de las costumbres prejuicios e ignorancias de cada época
Marguerite Cleenewerck de Crayencour, conocida como 
Marguerite YOURCENAR, pseudónimo y nombre oficial tras adquirir la nacionalidad estadounidense en 1947 (Bruselas, Bélgica, 8 de junio de 1903 – Bar Harbor, Mount Desert Island, Maine, Estados Unidos,  17 de diciembre de 1987): 
Sous bénéfice d'inventaire  (1962).

La historia aliterada nos ofrece infinitas posibilidades de leer el mundo, porque precisamente esa aliteración esconde el ritmo en el que se encuentran las costumbres, prejuicios e ignorancias de la época narrada con las costumbres, prejuicios e ignorancias de quien la narra (y su tiempo, claro)... Y, al final, con nuestras propias costumbres, prejuicios e ignorancias de lectores ávidos de confirmar intuiciones y sospechas.


No todo lo auténtico es veraz, ni, con frecuencia, en su radicalidad sincera, lo pretende... Pero, si somos capaces de captar ese ritmo del encuentro diacrónico de costumbres, prejuicios e ignorancias, de participar de ese entusiasmo narrativo en suma, no podremos dejar de considerar su versión, cuando menos, plausible... Y, simplemente, degustarla para ver más lejos que un telescopio.

DdA, XXII/6413

lunes, 20 de julio de 2026

A MENOS FÚTBOL, MÁS BARRO. Y ESO LO PERMITIÓ EL ÁRBITRO



España levantó la copa con talento, hielo en las venas y la cabeza erguida, firme ante la podredumbre de un rival que le dio la espalda durante la entrega.
Quedó la copa en manos españolas, Paredes atrapado en su caricatura de matón, Messi alejándose con la cabeza gacha, entre lágrimas, como Scaloni, y el vestuario argentino todavía oliendo a lo que ninguna victoria o copa logra lavar: mierda moral. Y todo esto me pone muy triste

Carlos G. Pranger

Argentina (hablo de la selección de fútbol y no de un país) tiró la final sobre el mostrador avinagrado de un bar de la A92, hecha un trapo grasiento y descolorido. Patético. Entraba la derrota en las quinielas, es cierto, aunque el revolcón en la basura existió por pura voluntad. Hacer el jabalí (los puercos me perdonarán) fue una decisión. Ese retrato terminó siendo exhibido en directo ante todo el planeta. España opuso fútbol, pulso firme y cabeza fría. Argentina prefirió repartir tarascadas, cocotazos, saliva y el matonismo de la última copa en la discoteca del pueblo.
El partido murió ahogado entre empujones y gestos de barra brava.
A menos fútbol, más barro. Y eso lo permitió el árbitro.
El orgullo argentino terminó por convertirse en una incapacidad para aceptar la derrota. Convirtieron el fracaso en gresca. Leandro Paredes encarnó la peste. Desde que pisó el campo —Scaloni lo sabía— ejerció de matón: entradas destempladas, codazos a escondidas, insultos al oído, la sonrisa del acomplejado que busca la bronca para tapar que no distingue que el balón es redondo. Una masculinidad de saldo, podrida de resentimiento.
A su alrededor, la cuadrilla aceptó el barro, encabezada por Otamendi —del origen de su apellido mejor callo y pienso en el ejemplo de Oyarzabal—, y se amontonó para encararse, para morder, para arañar en una agonía patética. Ganar admite imposturas; perder muestra la educación de un equipo. En esa prueba, Argentina quedó desnuda. Y en el centro de la quema permanecía Lionel Messi.
El tipo asistió al naufragio con las manos en los bolsillos.
Su adiós exigía otra dignidad. Acabó envuelto en cocotazos, empujones y aspavientos. En el momento exacto de exigir autoridad, Messi eligió la cueva. Es un genio con la pelota en los pies y un tullido cuando el juego pide liderazgo moral. Anticipa espacios invisibles, resuelve en un milisegundo las jugadas más complejas; no obstante, frente al colapso, prefiere la mudez. Aquel silencio escondía la más pura cobardía.
Mantuvo el mentón hundido en el pecho, los brazos caídos, la mirada fija en el césped manchado. Omitió las órdenes a los suyos, esquivó frenar la jauría, ahogó cualquier palabra capaz de salvar el honor de la camiseta. Eligió el rol de Tiresias. Compartió vestuario con Carles Puyol durante una larga década. Puyol mandaba con el pecho, pese a su cortina de rizos, con la garra, con un berrido a tiempo que frenaba al compañero irrespetuoso, que defendía la camiseta enfrentándose a los suyos si rebasaban la dignidad. Jamás habría permitido lo de ayer. Messi absorbió los títulos e ignoró la lección.
Domina la pelota; la habitación le resulta enorme.
Slavko Vinčić ejerció de cómplice. Llegó tarde a cada hachazo. Anuló goles legales. Permitió la pudrición del partido entre pechazos, amenazas y saliva. Un árbitro existe para imponer orden; el esloveno prefirió esconderse tras el silbato, temblando ante la jauría que él mismo había soltado. Dejó la final a la intemperie. La autoridad le desbordó por completo.
¿Cómo elige la FIFA a un árbitro así, con sus “problemas” legales pasados? Pensándolo bien, es solo el reflejo del mundo de los sabinianos de turno que tanto padecemos: falta de escrúpulos y rapiña en la moqueta. Porque en la moqueta del palco los carroñeros buscaban su tajada. Donald Trump inflaba el tórax entre los focos, convirtiendo la violencia del césped en un circo. La política recurre al fútbol para legitimar su autoridad: el opio del pueblo. La sombra del ausente Javier Milei también flotaba sobre la escena, usando al equipo como salvavidas de su gestión. Ante el desastre social, el poder se agazapa en el vestuario y rapiña la emoción para convertirla en propaganda.
España levantó la copa con talento, hielo en las venas y la cabeza erguida, firme ante la podredumbre de un rival que le dio la espalda durante la entrega.
Quedó la copa en manos españolas, Paredes atrapado en su caricatura de matón, Messi alejándose con la cabeza gacha, entre lágrimas, como Scaloni, y el vestuario argentino todavía oliendo a lo que ninguna victoria o copa logra lavar: mierda moral.
Y todo esto me pone muy triste.

DdA, XXII/6412

EL PENTÁGONO LOS QUIERE CON MÁS TESTOSTERONA PARA EL ARDOR GUERRERO

Ante el propósito del Pentágono de devolver a las tropas estadounidenses un aura de masculinidad ancestral, el articulista estima que las guerras de hoy día consisten mayormente en bombardear desde lejos, sentado frente a un ordenador (el chicle es opcional), masacrar poblaciones civiles indefensas y matar niños por millares, una especialidad del ejército israelí, que chorrea testosterona por los cuatro costados. Se conoce que allá, en Israel, los soldados son todos hombres muy hombres. No tengo yo mucha idea de los últimos adelantos en industria armamentística, pero a lo mejor los misiles teledirigidos y los drones llevan un recipiente preparado para la testosterona, como los sargentos de infantería. “Aquí mi fusil, aquí mi pistola”, voceaba el sargento Hartman desfilando con el arma al hombro y estrujándose los huevos a punto de nieve.



David Torres

Estados Unidos (ya me dirán si esto es nombre para un país serio) cada vez se parece más a los viejos anuncios del coñac Soberano, aquel que era cosa de hombres. La semana pasada, el Pentágono anunció que hará análisis anuales de testosterona a todos los soldados mayores de 30 años, con el fin de restaurar el “espíritu guerrero” del ejército. A ver, no es que fuesen a hacer exámenes anuales de matemáticas o de cultura general: con sostener una ametralladora y apretar el gatillo mientras uno masca chicle, suficiente. Alejandro Magno tuvo de maestro a Aristóteles y su modelo de virtud era Aquiles, pero ni Aquiles ni Alejandro Magno con todos sus macedonios le hubieran durado cinco minutos en el campo de batalla a un solo marine armado con una M250 y un paquete de chicles.

Bien mirado, no parece que la testosterona haga mucha falta en los campos de batalla actuales. Las guerras de hoy día consisten mayormente en bombardear desde lejos, sentado frente a un ordenador (el chicle es opcional), masacrar poblaciones civiles indefensas y matar niños por millares, una especialidad del ejército israelí, que chorrea testosterona por los cuatro costados. Se conoce que allá, en Israel, los soldados son todos hombres muy hombres. No tengo yo mucha idea de los últimos adelantos en industria armamentística, pero a lo mejor los misiles teledirigidos y los drones llevan un recipiente preparado para la testosterona, como los sargentos de infantería. “Aquí mi fusil, aquí mi pistola”, voceaba el sargento Hartman desfilando con el arma al hombro y estrujándose los huevos a punto de nieve.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, podría reemplazar sin esforzarse mucho al sargento Hartman, al Recluta Patoso, a Pedazo de Animal y a medio reparto de La chaqueta metálica. De hecho, ya los ha reemplazado, que por algo cambió el nombre de Departamento de Defensa por el de Departamento de Guerra. Defenderse es de mariquitas, pero guerrear es cosa de hombres. Por eso Hegseth no sólo posee unas mandíbulas diseñadas para mascar de una vez medio kilo de chicle y una epidermis tapizada con toda clase de tatuajes bélicos, sino que además lleva las barras y estrellas impresas en el pañuelo, en el forro de la chaqueta y probablemente hasta en los calzoncillos. Por lo visto, el patriotismo se mide básicamente en los niveles de testosterona, de ahí que a Hegseth no le gusten mucho las mujeres ni las personas trans en el ejército. Tampoco le gustan los negros, pero ése es otro tema que no tiene nada que ver con la testosterona.

Lo que pretende Hegseth es devolver a las tropas estadounidenses un aura de masculinidad ancestral, una “buena base biológica” a base de inyecciones de testosterona. De momento serán voluntarias, aunque la idea es que los militares del siglo XXI parezcan neandertales mecanizados: ahí está él mismo para dar ejemplo. En 2024 se registraron más de ocho mil agresiones sexuales dentro del ejército, pero se ve que a Hegseth le parecen pocas. “Se ha terminado lo de ir con pies de plomo”, dice en referencia al modo en que se gestionan los casos de abusos contra mujeres uniformadas, una forma de hablar, la del plomo y los pies, que resulta bastante cristalina en su caso.

“Hay que agarrar a los países del coño” podría ser el lema de Estados Unidos en política internacional después de sus intervenciones en Venezuela e Irán, otra forma de hablar de la que ya había dado pistas Trump al comentar sus relaciones con las mujeres. Un anuncio de coñac Soberano que recuerda aquel chiste donde un mexicano se jactaba de que en su pueblo eran todos machos muy machos. Ah, le respondía otro mexicano, pues en mi pueblo somos la mitad machos y la mitad hembras, y no vea lo bien que lo pasamos. Para recobrar el espíritu guerrero, Hegseth ha invocado la figura de Aquiles, el legendario héroe griego, sin caer en la cuenta de que Aquiles, aparte de irascible e imprevisible, desobedecía órdenes directas del mando y hacía lo que le daba la gana. Ni siquiera mascaba chicle. Ay, el día en que se entere lo que había de verdad entre Aquiles y Patroclo.

PÚBLICO  DdA, XXII/6412

LO MEJOR DE TODO: EL FÚTBOL DE "LA ROJA" SEMBRÓ GAZA DE GOZO


Si el fútbol, como deporte y más allá del montaje organizado en este Mundial, tiene alguna oportunidad de sobrevivir, será erradicando de los terrenos de juego los espectáculos lamentables que ofrece Argentina con su forma de jugar y con la falta absoluta de un mínimo espíritu deportivo de sus componentes. Es muy lamentable que un equipo con esos mimbres haya llegado a jugar la final de la más importante competición mundial. La connivencia culpable de la FIFA con esa asquerosa forma de entender el fútbol tendría que ser denunciada y las personas implicadas en semejante mascarada, apartadas de toda posibilidad de seguir infectando el mundo del fútbol.
Manuel Goti del Sol


Félix Población

Algunos futbolistas de la selección argentina, una vez terminado el partido en el que fueron merecidamente derrotados por la selección española, mostraron su mal perder agrediendo a alguno de los vencedores*. Si siempre está de más una acción así en el deporte, lo está mucho más cuando hasta el propio seleccionador de la albiceleste reconoció que la de España había sido una victoria justa e incuestionable, un criterio ampliamente compartido por los expertos. Como dijo uno de los futbolistas de La Roja en los días previos a la final de esta competición mundial, había en el equipo más ganas de ganar que temor a perder, y esto es lo que se demostró en el campo a lo largo de todo el partido, con repetidas ocasiones de gol, salvadas en algunos casos por el portero argentino con una actuación sobresaliente. La albiceleste, por contra, sólo hizo que interviniera Unai Simó en una sola ocasión a lo largo del tiempo reglamentario. Fueron esas ganas de victoria las que durante los ocho partidos impulsaron a La Roja, con un estilo y ejecutoria ejemplar de equipo y un juego limpio, sobre todo si se compara con el de la selección argentina, que llegó a esta final después de disputar varios partidos con arbitrajes descaradamente favorables a su juego marrullero y en algún caso violento, como también sucedió ayer. Por esto quizá alguien dijo de esta final que fue la más desigual de la historia, con una selección, la española, que dominó a la adversaria en todo momento, mientras que la argentina no halló forma de sacudirse de ese dominio hasta que tuvo el marcador en contra, ya en las postrimerías de la prórroga y a la desesperada. Por todo ello creo que la albiceleste no mereció estar esta vez, una más, en la final del Mundial del fútbol. También, por el mal perder de algunos de sus jugadores agrediendo al final del partido a quienes les habían derrotado en buena lid**.

*Aunque las agresiones las vio el árbitro, pongo en duda que haya sanciones a los implicados. De momento, la FIFA ha abierto expediente, algo que no esperaba.

**Como ciudadano español, lo que más me satisfizo de la victoria de la selección española, aparte de su fútbol de conjunto -tan modélicamente necesario para nuestro país-, es lo celebrada que ha sido La Roja en las plazas en ruinas de la ciudad de Gaza. Por eso, antes que las imágenes del mal perder de algunos futbolistas de la albiceleste, mejor ilustrar este artículo con el vídeo que recoge la alegría de los gazatíes. Y también con este gesto de Nico Williams, que marcó, según creo, un gol legal, anulado sin que el árbitro consultara el VAR.


NICO WILLIAMS ENTREGA SU MEDALLA A SUS PADRES

En 1994, cuando solo había pasado año y medio del vil asesinato de Lucrecia Pérez y los discursos de odio contra los emigrantes hacían su agosto en España, María Confort Arthuer y Felix Williams atravesaron el desierto del Sáhara a pie, completando así una travesía de mas de 5.600 kilómetros desde su Ghana natal a Melilla. En la búsqueda de un futuro para el hijo que ella llevaba en sus entrañas, Felix se quemó la planta de los pies, insensibles desde entonces. Aún así, consiguieron entrar, como ilegales, en España, y establecerse aquí para trabajar. Porque, aunque los herederos de aquellas hordas racistas sigan repitiendo aún hoy, a eso venían: a trabajar.
Ayer, el segundo hijo de María Confort y Felix Williams dio la asistencia gracias a la que Ferrán Torres marcó el gol que le dio la victoria a España en el Mundial. Y no lo hicieron solos, sino con un juego hermoso sin grandes estrellas pero sí mucho compañerismo; con un sentido de equipo que unía en un solo objetivo a dos hijos de emigrantes ilegales con los de un electricista valenciano, el de una ertzaina y un guardia civil o el de unos obreros extremeños.

Esa imagen; esta de Nico Williams entregándole su medalla a sus padres; esto sí empieza a parecerse más al país en el que yo creo. Esto sí.
Arantza Margolles Berán

DdA, XXII/6412 

domingo, 19 de julio de 2026

NO SOY UNA CARADURA, LE DICE A FEIJÓO UNA ENFERMA DE CÁNCER

Nada que añadir a lo expuesto con suma claridad por la firmante en esta breve misiva, publicada ayer en la sección de Cartas al Director del diario El País, salvo agradecerle que lo haya hecho y desearle lo mejor para sobrellevar su enfermedad. Ya que va dirigida al líder de la oposición, por las declaraciones a las que Carmen responde, sería de humana condición que éste tuviera la decencia de disculparse con Carmen Crespo Toril y con quienes pueden estar pasando por circunstancias similares a las de la firmante. Mucho me temo que esto no va a ser posible.


 DdA, XXII/6411

DE CRUZADA CON UNA PRESUNTA PAJA, DE PUNTILLAS ANTE UNA PRESUNTA VIGA


Convendría que quienes convierten 18.000 euros y 323.000 en tertulias interminables, portadas diarias y apocalipsis nacionales, dedicaran al menos una parte de ese entusiasmo cuando las cifras investigadas se cuentan por decenas de millones en comisiones y por miles de millones en beneficios fiscales.

José Sarria

La gran noticia política de la semana es que, tras meses de investigaciones, la UCO concluye que Santos Cerdán habría ingresado 18.000 euros y disfrutado, junto a su familia, de bienes y servicios valorados en unos 323.000 euros procedentes, presuntamente, de Servinabar.
Y sí, eso es un escándalo. No voy a justificar, bajo ningún concepto, las presuntas chorizadas ni los desmanes atribuidos al exsecretario de Organización del PSOE. Si la Justicia demuestra los hechos, que responda con todo el peso de la ley.
Pero conviene no perder la perspectiva.
Porque enfrente tenemos el llamado caso Montoro, una investigación que supera ya los ocho años y en la que los investigadores sostienen que el despacho Equipo Económico (posteriormente Global Afteli) habría obtenido, presuntamente, entre 48 y 50 millones de euros en comisiones por influir en modificaciones legislativas favorables a determinadas empresas. Y, según las actuaciones judiciales, esas reformas habrían supuesto beneficios fiscales para esas compañías cercanos a los 2.200 millones de euros: mientras unos juegan al parchís, otros revientan la banca con el BOE en la mano.
La corrupción no tiene color político, venga de quien venga es una canallada, sin paliativos ni justificaciones de ningún tipo. Ahora bien, convendría que quienes convierten 18.000 euros y 323.000 en tertulias interminables, portadas diarias y apocalipsis nacionales, dedicaran al menos una parte de ese entusiasmo cuando las cifras investigadas se cuentan por decenas de millones en comisiones y por miles de millones en beneficios fiscales.
Y, visto lo visto, hay quien monta una cruzada por una presunta paja mientras pasa de puntillas ante una presunta viga.

DdA, XXII/6411