Diario del Aire
miércoles, 25 de febrero de 2026
VIDEO: ASÍ ESTÁ CUBA
SUBPERIODISMO CON BURKA O HACIENDO EL PAYASO
Si en este país tocamos a tres o cuatro asesinatos de mujeres por semana -escribe el articulista en el diario Público-, a veces con retoños incluidos, ya estamos más que acostumbrados. Lo que tiene mérito es darle la vuelta a la tortilla y darle voz a la auténtica tragedia, la de esa propietaria a la que no le pagaban y que miren, señores, miren cómo le han dejado el piso. Ella sí que necesita ahora un burka, aunque al reportero no le hace falta disfrazarse de payaso.
David Torres
El periodismo gonzo de Hunter S. Thompson al periodismo tonto
de Vito Quiles y Bertrand Ndongo, el arte de informar no deja de reinventarse.
Thompson escribía en primera persona, convirtiéndose en el centro de la
historia y mimetizándose con ella durante días o semanas, mientras que Quiles y
Ndongo prefieren escribir con el micro, metiéndolo al vuelo en las narices de
alguien, a ver si hay suerte y pescan una noticia a base de guantazos. Sin
embargo, en Telemadrid no paran de revolucionar la profesión y por eso Antonio
Naranjo, para informar sobre el burka, cubre a una compañera con el burka de
arriba abajo, lo mismo que un día cualquiera se disfraza de payaso para
informar de Antonio Naranjo.
El burka, por cierto, se ha puesto de moda entre las
periodistas de derechas, ya que hace nada Rebeca Crespo, de La Gaceta,
publicaba una foto de una mujer musulmana tapizada de los pies a la cabeza en
una estación de metro y quejándose de que en Madrid los burkas proliferan como
hongos. También tengo mala suerte, porque llevo yo más de medio siglo viviendo
en la capital y todavía no he visto un solo burka en vivo. Poco después, al
publicarse el making of de la foto, se vio que la mujer venía de casa
vestida a la moda occidental y que se tapaba con el burka en el andén antes de
subirse al metro. Probablemente para no coger una infección o para que no
reconocieran debajo a Rebeca Crespo. A estas alturas, todavía no se sabe si la
secuencia de la vestimenta se trata de un fotomontaje con IA, si a la mujer se
le fue la mano con la mascarilla o si era Antonio Naranjo celebrando el
carnaval con retraso.
Estas novedosas técnicas periodísticas tocaron techo la
semana pasada, cuando un reportero de Telemadrid fue a informar sobre el
asesinato de una inquilina en el barrio de Hortaleza y acabó informando sobre
lo poco que pagaba el alquiler y lo mal que limpiaba la casa. El reportero,
José Antonio Mesagosa, decía hace dos semanas en una entrevista que en
televisión hay que tener mucho cuidado con el ego, porque "es una fábrica
de imbéciles". Durante el desfile militar del 12 de octubre, Masegosa aprovechó
una entrevista con Ayuso para que la presidenta le diera caña de la buena a
Pedro Sánchez. "No es por malmeter, pero…" Así empezó el reportaje:
una entradilla que es toda una declaración de ética periodística. En el piso de
Hortaleza, con el cadáver de una mujer todavía caliente, le cedió la alcachofa
a la propietaria para que despotricara a gusto sobre cómo le habían dejado el
piso.
Por un momento, me vino a la cabeza otro reportero de
decenios atrás que fue a entrevistar a un pastor de un pueblo perdido en mitad
del monte. Un hombre había matado y violado a una mujer y el reportero
preguntó: "¿Por qué cree usted que lo hizo?" El pastor, con una
respuesta que llevaba incluido acento rural, cayado, boina y pitillo de liar,
dijo: "Mire usted, yo creo que lo hizo pa’ satisfacese". En
seguida comprendí que aquel recuerdo no tenía nada que ver, que Masegosa había
desplazado el foco de la cuestión, con la ropa tirada por ahí, los juguetes y
peluches de los dos niños huérfanos, para centrarse en el verdadero nudo del
problema.
Lo fácil era informar desde la perspectiva de la víctima, apelar a la compasión por una mujer que no podía pagar el alquiler desde que su pareja se había marchado de casa con una orden de alejamiento y varias denuncias por malos tratos. Petronila -se llamaba Petronila- era madre de dos pequeños y había acudido meses atrás a una asamblea del Sindicato del Barrio de Hortaleza para explicar su situación: que no podía pagar el alquiler porque apenas podía dar de comer a sus hijos y que la casera había desatado contra ella una campaña de acoso mediático. Total, si en este país tocamos a tres o cuatro asesinatos de mujeres por semana, a veces con retoños incluidos, ya estamos más que acostumbrados. Lo que tiene mérito es darle la vuelta a la tortilla y darle voz a la auténtica tragedia, la de esa propietaria a la que no le pagaban y que miren, señores, miren cómo le han dejado el piso. Ella sí que necesita ahora un burka, aunque al reportero no le hace falta disfrazarse de payaso.
PÚBLICO DdA, XXII/6273
¿PODRÍA LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA EVITAR UN GOBIERNO DE DERECHA EXTREMA?
Félix Población
Desconozco si Gabriel Rufián, el diputado más mediático en la actual legislatura, tuvo en cuenta el detalle, pero los días en que se celebraron dos actos por separado en Madrid en que los intervinientes propusieron la iniciativa de unir a la izquierda, se cumplían noventa años de la concurrencia a las urnas de la coalición de partidos de izquierda que dio lugar a la victoria del Frente Popular el 16 de febrero de 1936. Como se sabe, en esos actos no estuvo presente el único partido de izquierda que logró entrar en el Gobierno junto al Partido Socialista después de varias décadas de bipartidismo turnista entre el PSOE y el Partido Popular. Fueron Podemos primero y Unidas Podemos después las formaciones políticas que lograron en las urnas los mejores resultados electorales de la llamada izquierda transformadora a lo largo del actual régimen de 1978. Nunca durante este periodo histórico un partido político a la izquierda del PSOE logró generar tanta ilusión entre un amplio sector del electorado. Parece por lo tanto previsible que, sin contar con Podemos, la izquierda que se ha pretendido aglutinar en esos actos convocados en torno al 16 de febrero, se queda carente de una formación política que fue imprescindible para lograr hasta 71 escaños en el Congreso de los Diputados. Hoy hemos leído en eldiario.es una encuesta de Ateneo del Dato en la que la Izquierda Plural -según las iniciales que figuran en la misma- integrada por Sumar, Podemos, BNG, Bildu y ERC lograría entre 58 y 63 diputados, disputándole a Vox el tercer lugar. El resultado no sería suficiente para repetir un posible gobierno con el PSOE, que no pasaría de los 97 a 103 escaños, pero sí para amenazar un gobierno en mayoría del Partido Popular con la extrema derecha. Se podría pensar, entonces, que si esa unidad de la izquierda con todos los partidos indicados no fuera teórica -como lo es ahora- y se llegara a fraguar de verdad, el resultado en las urnas sería aún mejor que el previsto por la demoscopia, y hasta cabría la posibilidad de que sería lo suficientemente mejor como para evitar, junto al Partido Socialista, la victoria de las derechas extremadas, tal como ocurrió hace noventa años*.
*Hoy Rufián se ha atrevido a dar un nombre para liderar a esa izquierda plural, el del ministro Bustinduy. Esta no es una decisión que corresponda a una elección individual.
DdA, XXII/6273
SIN GREGORIO MORÁN SE ENTIENDE MAL EL ÚLTIMO MEDIO SIGLO
Jerónimo Granda, Gregorio Morán y Xuan Cándano
Tenía este Lazarillo el fundado presentimiento de que la amistad de Xuan con Gregorio Morán y el entendimiento de la profesión que tenían ambos iba a depararnos el obituario que Cándano escribió, publicado ayer en el diario La Nueva España, y que su autor ha tenido la amabilidad de mandarnos. La necrológica es breve pero intensa en su concisa y precisa exposición. Tenía razón Gregorio al comentarle a su amigo y colega, días antes de írsenos, que lo designaba como el escritor póstumo que firmara estas líneas: "En estos tiempos turbios y mediocres en los que su cultura, su pluma afilada y su radical independencia encontraban refugio en sus Sabatinas Intempestivas -escribe Cándano-, sus seguidores fuimos cambiando de cabecera con él, siempre culo de mal asiento. No puede haber mejor elogio para un periodista, un profesional que siempre debería andar bien equipado con botas y ropa de agua, porque su trabajo consiste en pisar todos los charcos".
UN DÍA PERDIDO
Xuan Cándano
Cuando en los 80 me echaron de un periódico por una entrevista censurada a Gregorio Morán perdí un trabajo, pero gané algo mucho más importante: un amigo al que acabo de perder. La vida es mucho más rica y apasionante cuando disfrutas de la amistad de personas como el periodista y escritor ovetense, un jacobino que renegaba de patrias y banderas, pero que cantaba con sus hijos cuando eran pequeños el “Asturias Patria Querida” al entrar en su tierra, con la que siempre tuvo una gran vinculación emocional. ¿Cómo va el país?, me preguntaba en nuestras continuas e interminables conversaciones telefónicas, porque denominaba así a Asturias, como Jovellanos. O como hacía refiriéndose a Cataluña Josep Pla, otro periodista y escritor extraordinario.
Sin Gregorio Morán se entiende mal el último medio siglo de España. Era un periodista brillante, como cronista en la Transición y siempre como articulista, hasta el último día. Sus libros son imprescindibles para abordar la evolución de un país desde una dictadura, a la que combatió en la clandestinidad, militando en el PCE, hasta una democracia coronada que no enterró los vicios y los grandes males de la sociedad española, la corrupción y el clientelismo.
Así que Gregorio, que nunca dejó de ser un enfant terrible, un disidente, una oveja negra, porque los años no doblegaron ni a su espíritu combativo ni a su pluma insobornable, acabó siendo un maldito, un escritor incómodo para el poder, las editoriales y los medios de comunicación, acumulando despidos y cancelaciones. Pero para sus muchos lectores era un oasis, como el que encontró en Cataluña antes del Procés.
En estos tiempos turbios y mediocres en los que su cultura, su pluma afilada y su radical independencia encontraban refugio en sus Sabatinas Intempestivas, sus seguidores fuimos cambiando de cabecera con él, siempre culo de mal asiento. No puede haber mejor elogio para un periodista, un profesional que siempre debería andar bien equipado con botas y ropa de agua, porque su trabajo consiste en pisar todos los charcos.
La imagen dura, implacable y ácida en los papeles de Gregorio Morán, que llegó a ser despedido de una de las grandes cabeceras nacionales por criticar al director ¡y a su esposa!, contrastaba con su carácter afable, jovial y divertido en las distancias cortas, con los amigos, los conocidos o los lectores, o con cualquier desconocido que se acercara a él y le tirara de la lengua, porque era un gran conversador, agudo, inteligente, ameno.
A la hora en la que envío este artículo de letraherido que nunca quise escribir tenía una conversación pendiente con él desde el hospital, a través del móvil de su hijo David, porque Gregorio ni lo tenía ni lo quería. Era un caballero analógico. Pensaba arrancarle una sonrisa, como siempre. O él a mi. Nunca lo hablamos, pero no creo que estuviera entre nuestros desacuerdos considerar que un día sin al menos una sonrisa es una jornada perdida.
Como llevaba unos días ingresado, pensaba recordarle que en mi labor de Jefe de Prensa de Gregorio Morán, que llevo tantos años ejerciendo, no entraba dar parte de sus dolencias, porque todo el mundo me llamaba para contactar con él, como hoy me dan el pésame. Tampoco entraba en mis planes escribir esta despedida, aunque él me lo sugería con ironía en el último correo que me envió, hace solo unos días, por un artículo que publiqué en este periódico sobre el libro de César Iglesias con Pedro de Silva: “Desde este momento te designo como el escritor póstumo que elabore mi necrológica, porque sabrás señalar aquello que uno mismo trata de ocultar por discreción o vergüenza”.
Ahí va la necrológica Gregorio, pero hoy no me sale la sonrisa. Me temo que va a ser un día perdido.
*Más que recomendable es leer esta larga reseña de Sebastiaan Faber, publicada en 2015 del libro de Morán El cura y los mandarines, una obra imprescindible para entender mejor el último medio siglo:
Gregorio Morán es un estorbo, un aguafiestas: el niño que avergüenza a sus padres porque observa verdades que las leyes de la cortesía prohíben formular en voz alta (“¿Papá, por qué es tan feo ese señor?”). No sorprende que Crítica –es decir, Planeta– quisiera censurar El cura y los mandarines, ni que Morán se negara en redondo. (Crítica: “Gregorio, no seas malhablado, ¿por qué no te disculpas ante el señor García de la Concha?”. Gregorio: “¡Porque no quiero! ¡Es un trepa!”). El escándalo de lo que Morán no dudó en calificar como “censura económica” –Planeta abortó el proyecto porque no quiso arriesgar sus contratos rentabilísimos con la Real Academia de la Lengua– ayudó a generar publicidad para el tocho, que acabó publicando Akal.[1] Pero incluso sin ese rifirrafe el libro de Morán habría hecho ruido. Ignorarlo es imposible –y vaya que se ha intentado, como señalaba Juan Goytisolo–. El cura y los mandarines nos acompaña en un paseo por treinta y cuatro años de cultura española, del convulso 1962 hasta 1996, el final de la hegemonía socialista. El panorama es demoledor. Será muy difícil volver a imaginarnos al emperador vestido después de haberle contemplado, durante 800 densas páginas, en toda su grotesca y ridícula desnudez.
DdA, XXII/6273
CUANDO YA NO QUEDAN (CASI) TESTIGOS INCÓMODOS, SE DESCLASIFICA EL 23-F
La desclasificación llega cuando ya casi no quedan testigos incómodos en activo: unos por edad, otros por defunción. Se desclasifican cosas cuando ya no molestan, cuando el riesgo de que salgan nombres, o conversaciones comprometedores ha disminuido hasta volverse casi inexistente. En noviembre de 2024, Podemos lo intentó con una moción: desclasificar sin esperar la reforma de la nueva ley de Secretos . El PSOE votó en contra junto a PP y Vox. Si el general golpista Armada soñaba con un gobierno de concentración que incluía a Felipe González, Peces-Barba o Múgica, quizá convenía no abrir ciertas carpetas. Veremos en qué queda la desclasificación anunciada, que esta es otra.
Lucio Martínez Pereda
El Gobierno ha decidido, por fin, desclasificar la totalidad de los documentos relacionados con el 23 de febrero de 1981. Lo ha hecho invocando una deuda histórica con la ciudadanía, fórmula solemne pero también conveniente. La desclasificación llega cuando ya casi no quedan testigos incómodos en activo: unos por edad, otros por defunción. Se desclasifican cosas cuando ya no molestan, cuando el riesgo de que salgan nombres, o conversaciones comprometedores ha disminuido hasta volverse casi inexistente.
Las solicitudes de desclasificación de los documentos del 23-F han seguido hasta ahora un largo periplo de intentos, desde los primeros intentos pos-transición hasta este anuncio gubernamental de febrero de 2026. Desde finales de los 80, el PNV y, más tarde, nacionalistas vascos y catalanes, insistieron en abrir los archivos militares y del CESID sobre el golpe de 1981, el sumario del Tribunal Supremo, los informes de inteligencia, las cintas de las conversaciones telefónicas interceptadas, el famoso Informe Jáudenes, las escuchas de la Zarzuela y los despachos militares.
Estas peticiones chocaron con la ley de Secretos Oficiales de 1968, un vestigio franquista. La ley sin plazos automáticos de desclasificación dejaba la decisión en manos cada Gobierno. El PNV, fiel a su costumbre de pedir cuentas sobre la Transición, presentó varias proposiciones no de ley para reformar la ley franquista y establecer desclasificaciones automáticas a los 25 años para la materia documental calificada como Secreto y 10 para los Documentos Reservados .
En 2021, ERC, Bildu, Junts, PDeCAT, la CUP, BNG y Podemos registraron proposiciones no de ley exigiendo desclasificar escritos, audios y vídeos del 23-F. Una de ellas llegó al Pleno: se aprobó con los votos de PSOE, Unidas Podemos e independentistas, frente al no de PP, Vox, Cs, UPN y Foro. El texto en lugar de ordenar la desclasificación inmediata, instaba al Gobierno a «promover los cambios necesarios en la Ley de Secretos Oficiales» para hacerlo «de acuerdo a los criterios establecidos en la nueva legislación».
En noviembre de 2024, Podemos volvió a intentarlo con una moción en Pleno: desclasificar sin esperar la reforma de la nueva ley de Secretos . El PSOE votó en contra junto a PP y Vox. Los socios del Gobierno – PNV, ERC, Junts- se quejaron : «¿Por qué no lo hicisteis cuando gobernabais con mayoría absoluta en 1982-1996?». Añadieron con sorna que si el general golpista Armada soñaba con un gobierno de concentración que incluía a Felipe González, Peces-Barba o Múgica, quizá convenía no abrir ciertas carpetas.
Así llegó finalmente el 23 de febrero de 2026, cuarenta y cinco años después del asalto de Tejero. El Gobierno -con la nueva ley de Secretos todavía congelada en el Congreso- optó por la solución necesaria, justa y rápida: su desclasificación por decreto, vía Consejo de Ministros*.
Es de esperar que con la desclasificación de documentos relativa al 23-F, anunciada por el presidente del gobierno 45 años después de los hechos, no se haya referido a la emisión en abierto por TVE de Anatomía de un instante.
EL CUADERNO DdA, XXII/6273
martes, 24 de febrero de 2026
EL SILENCIO DE LOS OBISPOS EL 23-F
El jesuita José María Martín Patino, secretario del cardenal Tarancón, no consiguió que la Conferencia Episcopal Española publicara una nota de condena en las primeras horas. "Yo me lancé a buscar esa nota y no encontré a los obispos, a ninguno de los que buscaba… Al final, encontré a uno que me dijo: ‘Es mejor que la nota la mandes tú solo por tu cuenta’. Y yo fui cobarde, y no lancé la nota, porque no tenía el permiso de mis superiores para hacerlo”.
La Iglesia española guardó el mismo silencio que el resto de las entidades del país. Y así lo reconoció, en una entrevista en ‘El País’, el jesuita José María Martín Patino. Fue en el 20º aniversario del 23-F cuando, cuestionado por la periodista María Antonia Iglesias, el que fuera secretario del cardenal Vicente Enrique y Tarancón, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal, recordara con mucho pesar esa jornada. Un día, por cierto, que en Añastro también era señalado, pues Tarancón acababa su mandato y los obispos elegían a su sucesor, optando, en esa Plenaria, por el arzobispo de Oviedo, Gabino Díaz Merchán.
Pero eso sería después, puesto que esa jornada de la asamblea episcopal se vio también marcada por los acontecimientos políticos. O solo en parte, extrañamente. Así, como recuerda Martín Patino, “lo que pasó es que, cuando los obispos oyeron por la radio que Tejero había tomado el Congreso, siguieron su reunión habitual, hasta las 20:30 horas. Luego, se disolvió la reunión y algunos no durmieron en sus domicilios habituales”.
Justo ahí comenzó la pesadilla para el jesuita, que, infructuosamente, trató de que los prelados, de un modo colegiado, publicaran en esas horas inciertas un comunicado de repulsa del golpe y de apoyo sin ambages a la democracia. Algo que fue incapaz de lograr, para su frustración. De hecho, al rememorarlo, admitió que “me da un poco de vergüenza hablar de esa noche, porque fue la peor noche que yo he pasado como vicario de la Iglesia de Madrid”.
Puesto que “enseguida se vio lo que pasaba, los medios de comunicación pedían una nota, una declaración del Episcopado. Yo me lancé a buscar esa nota y no encontré a los obispos, a ninguno de los que buscaba… Al final, encontré a uno que me dijo: ‘Es mejor que la nota la mandes tú solo por tu cuenta’. Y yo fui cobarde, y no lancé la nota, porque no tenía el permiso de mis superiores para hacerlo”. Desesperado, buscó a quien era “mi cardenal”, Tarancón, aunque se encontró con “no durmió aquella noche en el palacio”. Con todo, aunque al final sí “hablé con él”, su respuesta no era la que buscaba: “Me dijo que eso lo hacían los obispos al día siguiente”.
Finalmente, el comunicado episcopal llegó a las siete de la mañana del día 24, más de cinco horas después de que el Rey hubiera hablado y fuera evidente que el golpe había fracasado… Como lamenta Martín Patino, aunque es cierto que “todos estábamos atemorizados”, la realidad es que, “cuando se pronunciaron los obispos, llegaron tarde. Fue inútil porque ya no defendían la Constitución: la Constitución había sido ya defendida por el pueblo y por los medios de comunicación, sobre todo”.
Echando la vista atrás, el jesuita admitía que “yo todavía tengo remordimientos y sentimiento de culpa, pero la verdad es que aquella noche me la pasé buscando gente que me ayudara a lograr que quienes tenían autoridad en la Iglesia hicieran aquella nota. Yo no conseguí hablar más que con el cardenal Jubany, que fue quien me dijo: ‘¿Por qué no lanzas tú solo la nota, como cosa tuya?’. Pero no era yo, era el Episcopado el que tenía que haber dicho algo. Y no lo conseguí”.
El 28 de febrero de 1981, ya con Díaz Merchán como nuevo presidente de los obispos, la Plenaria de la CEE se cerraba con un comunicado más amplio que la breve nota del día 24. En ella, los pastores argumentaban que “es de todo punto necesario recuperar la conciencia ciudadana y la confianza en las instituciones. Ello exige de los legisladores y gobernantes un claro sentido del bien común, un recto ejercicio de la autoridad y una solidaridad con el pueblo a la escucha fiel de sus aspiraciones”.
ASTURIAS LAICA DdA,XXII/6272
GRITOS CON CITA Y GLOSA (LXIV): ESCRIBIR PARA VOLVER A NOSOTROS MISMOS
José Ignacio Fernández del Castro
UN ARTÍCULO DE GREGORIO MORÁN: EL GRITO DE HILDA FARFANTE
Félix Población
Mi siempre apreciada Remedios Palomo nos recuerda hoy, con motivo del fallecimiento de nuestro admirado Gregorio Morán, el efecto que tuvieron en su día en el escritor asturiano las palabras que Hilda Farfante pronunció en el cementerio de la localidad asturiana de Cangas del Narcea el 18 de diciembre de 2001 en memoria y como homenaje a los 84 vecinos asesinados por las tropas golpistas en 1936, entre los que estaban sus padres, maestros republicanos.
Recordaba ayer Diego Díaz en la revista Nortes la querencia que Morán sintió siempre por su tierra, en donde estuvo el pasado verano, según consta en una fotografía tomada en Ribadesella en la que aparecen el escritor junto al cantautor Jerónimo Granda y el periodista Xuan Cándano, del que pronto leeremos un artículo sobre el fallecido columnista.
Hubo una oportunidad para que tanto a Jerónimo Granda como a Gregorio Morán les reconociera Oviedo con la distinción que ambos merecen, propuesta precisamente por Cándano, fundador y director durante toda una década de la revista Atlántica XXI, todo un ejemplo de periodismo independiente y crítico. La iniciativa de hacer del cantautor y el escritor hijos predilectos de Oviedo contó con el respaldo de Somos Oviedo e Izquierda Unida, pero fue vetada por un sector del Partido Socialista, que formaba parte del tripartito de izquierdas que administraba entonces la ciudad. El PSOE no le perdonó a Gregorio Morán las críticas que esta formación política recibió por parte del escritor ovetense.
Es difícil que haya una segunda oportunidad para quien, junto a Jerónimo Granda, dejó y sigue dejando constancia -en el caso de este último- de una obra avalada por su total independencia de criterio y afilada capacidad crítica ante lo establecido, sin casarse nunca con el poder. No deja de ser curioso que Gregorio Morán haya fallecido el mismo día que se perpetró aquel esperpéntico intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, siendo como fue él quien con más denuedo y lucidez desveló las interioridades de la llamada transición democrática a lo largo de sus libros.
Mi estimada Remedios ha querido rescatar hoy uno de los artículos -entre los muchos otros que podrían servirnos para admirar a su autor- por los que Gregorio Morán merece figurar entre los columnistas más sobresalientes de la historia del periodismo español. El grito de Hilda Farfante, publicado en su sección Sabatinas intempestivas del diario La Vanguardia, versa sobre la intervención de la mencionada en el cementerio de Cangas del Narcea aquel día de diciembre: "Hay que pasar 65 años esperando a gritar por los tuyos para poder hablar así, con esa fuerza y con esa fe".
Me temo que vamos a tener que esperar también mucho para que otro columnista como Morán pueda compararse con lo que Gregorio nos ha dejado escrito en libros y periódicos.
PODER Y MANIPULACIÓN
Léase@también: Gran cronista de la Transición y azote del nacionalismo catalán, por Iñaki Ellacuría: Los últimos años de vida Morán no fueron un camino amable. Su vocación de francotirador, su incorrección política y su desprecio por lo que consideraba inane e idiota -como el nuevo periodismo de redes sociales e influencers- le pasaron factura. Especialmente desde que la dirección de La Vanguardia, dirigida por aquel entonces por Màrius Carol, prohibiese en 2017 la publicación de su artículo "Los medios (de comunicación) del Movimiento Nacional", lo que supuso su salida de la cabecera tras tres décadas. Una ruptura que le dejó sin su tribuna preferencial y, lo que es más contraproducente en Cataluña, sin el aval del diario que define quién está en el lado del bien.
DdA, XXII/6272
BILL GATES Y LA INDIFERENCIA HACIA LOS LÍMITES ÉTICOS DEL PODER
Quizá no sea un villano en el sentido literal, pero sí representa algo profundamente problemático: una lógica tecnocrática y distante, casi sociopática en su indiferencia hacia los límites éticos del poder. Para algunos, eso es suficiente para cerrar el juicio moral. No con odio, sino con una conclusión firme: no todo lo que se disfraza de bien común lo es realmente.
ABATIDO EL MENCHO, CUNDEN DOS FRENTES DE ALARMA EN MÉXICO
La muerte del máximo cabecilla del cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), derivada de un enfrentamiento ocurrido la mañana de ayer en la localidad de Tapalpa, Jalisco, entre individuos de ese grupo delictivo y fuerzas de la Secretaría de la Defensa Nacional, generó en varias entidades del país una brutal reacción por células del cártel que bloquearon carreteras y calles, incendiaron vehículos, sucursales del Banco del Bienestar y tiendas Oxxo. Se registraron, además, un motín en el penal de Puerto Vallarta y ataques a la Guardia Nacional en San Juan de los Lagos, con un saldo parcial de 10 efectivos gubernamentales fallecidos y 12 heridos, además de una víctima civil que murió en fuego cruzado. Paralelamente a las agresiones del CJNG, se desató un alud de noticias falsas y alarmistas –varias de ellas, originadas en Estados Unidos–, que llegaron hasta nuestros telediarios en España. Protéjase a la presidenta de la nación.
EDITORIAL
La muerte del máximo cabecilla del cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), derivada de un enfrentamiento ocurrido la mañana de ayer en la localidad de Tapalpa, Jalisco, entre individuos de ese grupo delictivo y fuerzas de la Secretaría de la Defensa Nacional, generó en varias entidades del país una brutal reacción por células del cártel que bloquearon carreteras y calles, incendiaron vehículos, sucursales del Banco del Bienestar y tiendas Oxxo. Se registraron, además, un motín en el penal de Puerto Vallarta y ataques a la Guardia Nacional en San Juan de los Lagos, con un saldo parcial de 10 efectivos gubernamentales fallecidos y 12 heridos, además de una víctima civil que murió en fuego cruzado.
Evidentemente, estas acciones criminales no sólo tenían el propósito de dificultar los desplazamientos de las fuerzas del orden, sino también generar pánico y zozobra entre la población civil y afectar a los beneficiarios de los programas sociales del gobierno, principales usuarios del Banco del Bienestar, especialmente en las zonas donde el cártel ha tenido una mayor presencia.
En forma paralela a las agresiones del CJNG, se desató un alud de noticias falsas y alarmistas –varias de ellas, originadas en Estados Unidos–, ya fuera desde cuentas que formalmente pertenecen a periodistas y opinadores como desde granjas de bots anónimos, que amplificaron los efectos de las acciones delictivas.
En ese contexto, incluso se llegó a decir que fueron militares estadunidenses quienes acabaron con la vida de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, cuando la realidad es que la participación de las autoridades del país vecino se limitó a aportar información complementaria, en el marco de los acuerdos de cooperación vigentes en materia de seguridad. Y por enésima ocasión, voces de la oposición política buscaron aprovechar una circunstancia nacional difícil para denostar al gobierno de Claudia Sheinbaum.
Más allá de esa doble campaña de amedrentamiento y confusión, la muerte de Oseguera Cervantes plantea interrogantes ineludibles sobre lo que ocurrirá con la que es considerada la más poderosa organización criminal del país en la actualidad.
Sin demeritar la importancia del golpe que le fue propinado ayer por la acción conjunta del Ejército, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional, hay antecedentes de cárteles que, tras perder a su máximo jefe por captura o por muerte en enfrentamiento, se trenzan en cruentos enfrentamientos internos por el liderazgo, se fragmentan en grupos antagónicos –lo que da lugar a prolongados escenarios de violencia en las regiones en las que operan–, o se atomizan, dando paso a pequeñas células delictivas que empiezan a actuar por su cuenta.
Cabe esperar que las autoridades de los tres niveles de gobierno tengan la capacidad para evitar consecuencias como las referidas y, en lo inmediato, que puedan restablecer la seguridad pública en las zonas donde se vio alterada ayer. Y en lo que respecta a los multiplicadores de la zozobra, es deseable que entiendan que sus acciones resultan perniciosas no para el gobierno actual, sino para el país en su conjunto.
LA JORNADA MX. DdA, XXII/6272









