El autor de este artículo publicado hoy en Infolibre es periodista y colaborador de UNRWA en Cisjordania y da cifras que han quedado ensombrecidas ante la atroz masacre perpetrada por Israel en la Franja de Gaza: alrededor de mil personas han sido asesinadas en Cisjordania a manos de colonos y fuerzas israelíes y, tan solo entre enero de 2024 y septiembre de 2025, cerca de 40.000 palestinos y palestinas han tenido que abandonar sus hogares en la operación de desplazamiento forzoso más extensa desde 1967. Un informe reciente de UNRWA ha confirmado que octubre de 2025 ha sido el mes más violento en Cisjordania desde que se comenzó a monitorizar la situación en 2013. Con todo, los agricultores palestinos vuelven cada día a sus campos, plantan y recolectan sus olivos. En cada árbol que vuelve a brotar afirman su arraigo y su fortaleza: pase lo que pase, permanecerán en su tierra.
Loai Warrzwaz
Este miércoles 26, en el Día Mundial del Olivo, este
símbolo milenario de paz, sabiduría y armonía se ve ensombrecido por la
realidad que viven miles de familias
palestinas. Mientras en otros lugares del Mediterráneo se celebra la
cosecha, en Cisjordania, incluida Jerusalén Este, muchos agricultores ni
siquiera pueden acceder a sus campos debido a la violencia de los colonos
israelíes y las restricciones impuestas a su libertad de movimiento.
Estos hechos se suman a una
situación de violencia sin precedentes. Desde que comenzó la ofensiva sobre
Gaza en 2023, alrededor de mil personas han sido
asesinadas en Cisjordania a manos de colonos y fuerzas israelíes y, tan
solo entre enero de 2024 y septiembre de 2025, cerca de 40.000 palestinos
y palestinas han tenido que abandonar sus hogares en la operación de
desplazamiento forzoso más extensa desde 1967. En total, 934.000
refugiados viven en Cisjordania y dependen de los servicios esenciales
prestados por la Agencia de Naciones Unidas para la Población Refugiada de
Palestina en Oriente Próximo. Con 4.600 trabajadores, UNRWA es un
proveedor esencial de educación, atención sanitaria o protección social.
En este contexto, el olivo adquiere
este año un significado especial como emblema de resiliencia y un
recordatorio urgente de la difícil situación que atraviesan las personas
refugiadas en Cisjordania. La conexión palestina con la tierra es profunda,
y el olivo representa mucho más que una fuente de sustento: encarna
identidad, herencia y firmeza. Regiones como Beit Jala, en la gobernación de
Belén, son famosas por su preciado aceite de oliva, pero los repetidos ataques
israelíes amenazan año tras año esta tradición tan apreciada. Como dijo el
poeta palestino Mahmoud Darwish: “si la oliva conociera a su guardián, su
aceite se convertiría en lágrimas”.
Durante la actual temporada, que
ahora llega a su fin, extensas zonas de Cisjordania han sido escenario de
continuos ataques por parte de colonos israelíes, que han arrancado
árboles, agredido a los agricultores e, incluso, atacado a los
periodistas que documentaban los hechos.
Ataques de sur
a norte
En la comunidad de Khirbet Umm
al-Kheir, al sur de Hebrón, los colonos asaltaron los olivares y atacaron a los
habitantes, hiriendo a varias personas. A mediados de octubre, las fuerzas
israelíes arrancaron 150 olivos en la aldea de Umm al-Kheir, en
Masafer Yatta. Allí viven decenas de familias refugiadas de Palestina,
desplazadas desde la Nakba de 1948, que continúan enfrentándose a intentos
constantes de expulsión. Incidentes similares se han registrado en
Susya, al sur de Hebrón, y en Sa'ir, al norte, donde decenas de olivos han sido
destruidos.
En la localidad de Beita, al sur de
Nablus, los periodistas Nail Buaytal, Ranin Sawafteh, Muhammad Al-Atrash, Loay
Al-Saeed y Nasser Ishtiyeh fueron agredidos mientras cubrían un
evento de recolección de aceitunas cerca de un asentamiento. Además, decenas de
agricultores y paramédicos resultaron heridos.
Voces desde
los olivares
En Abu Falah, al noreste de Ramala,
Samir Shuman se acercó a su tierra para comprobar el estado de sus olivos. Los
colonos los habían arrancado todos excepto uno. “Estos olivos tienen
alrededor de 30 años. Algo precioso se ha perdido sin reemplazo. Ellos arrancan
mientras nosotros plantamos, pero no nos moverán de esta tierra”, lamenta
Falah. “En mi aldea han destruido alrededor de 800 olivos, pero yo replantaré lo
que se ha perdido. Y si los arrancan de nuevo, volveré a plantarlos una y
otra vez”, añade, convencido de que la firmeza de su comunidad es lo que les
mantiene en pie a pesar de las circunstancias.
Más al sur, en Al-Minya, cerca de
Belén, la cosecha ha vuelto a transcurrir bajo ataques y disparos: “los colonos
irrumpieron en nuestra aldea y abrieron fuego. Mi primo recibió un disparo
en el muslo, mi hermano en el pie y otro familiar también. Aun así, continuamos
recogiendo aceitunas. Estos árboles son más que una fuente de ingresos: son
el símbolo de Palestina y nuestra identidad”, explica Adnan Jabareen, un
vecino de la aldea. “La producción de este año ha caído significativamente
debido a los ataques y la falta de lluvia, pero nunca abandonaremos
nuestra tierra, seguiremos plantando y cosechando”, continúa.
Un
informe reciente de UNRWA ha confirmado que octubre de 2025 ha sido el mes más
violento en Cisjordania desde que se comenzó a monitorizar la situación en 2013
Para los habitantes de Turmus Aya,
una localidad situada a escasos kilómetros al norte, la violencia se ha vuelto
cotidiana. Ayman Abu Alya estaba en su tierra con un familiar cuando más de 45
colonos les atacaron: “intentaron golpear el vehículo y matarnos, pero con la
protección de Dios, sobrevivimos. Mi pariente fue brutalmente golpeado y tuve
que llevarlo al hospital con una hemorragia interna. Yo sobreviví
milagrosamente, pero estos ataques se han vuelto diarios”.
Abdullah Awwad también cultiva en
Turmus Aya. Tiene unos 300 dunums —lo que equivale a unos 300.000
metros cuadrados de tierra—, donde había plantado unos 4.000 olivos. Hace
poco, los colonos arrancaron cerca de 2.000. “La producción de esta
temporada está siendo muy baja y el miedo sigue dominando a los agricultores.
Incluso mientras cosechábamos, un pariente mío y un voluntario estadounidense
resultaron heridos. A pesar de todo, continuaremos cultivando y cosechando”,
relata.
La destrucción
de los olivos precipita el desplome de la producción
Según el Consejo Palestino del
Olivo y del Aceite de Oliva, unos 128.000 dunums de olivares —128 kilómetros
cuadrados— se encuentran hoy bajo amenaza: 40.000 tras el muro de
separación y 88.000 rodeados por asentamientos, donde los agricultores solo
pueden acceder con permisos especiales.
Su director, Fayyad Fayyad, asegura
que “este año se espera que la producción alcance únicamente entre 8.000 y
10.000 toneladas, en comparación con un promedio de 22.500 toneladas durante
los últimos diez años”. Y continúa: “desde 1967, más de un millón de
olivos han sido destruidos en Cisjordania. Desde 2010, se ha documentado
mediante fotos y vídeos la destrucción de 250.000 árboles. Desde el 7 de
octubre de 2023, hemos perdido más de 50.000 árboles”.
En la franja de Gaza, tras más de
dos años de violencia y destrucción generalizada, quedan menos de 100.000
olivos, de los 1,2 millones que había. La infraestructura también ha sido
arrasada: solo cinco prensas siguen funcionando para extraer el aceite de las
pocas aceitunas que aún pueden recogerse.
Naciones
Unidas pide protección para los olivos palestinos
Un informe reciente de UNRWA ha
confirmado que octubre de 2025 ha sido el mes más violento en la
región desde que se comenzó a monitorizar la situación en 2013. La temporada de
la oliva ha transcurrido entre restricciones y ataques, en un clima de
inseguridad que ha condicionado cada jornada en el campo.
Roland Friedrich, director de UNRWA
en Cisjordania, subraya que “las familias deben tener acceso sin obstáculos a
sus tierras para recoger aceitunas de forma segura. La cosecha de aceitunas es
la principal fuente de ingresos para decenas de miles de personas
palestinas”.
La preocupación es compartida por
la Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas.
Su director en el territorio Palestino ocupado, Ajith Sunghay, asegura que
la violencia creciente durante la temporada de aceitunas es una de las muchas
agresiones israelíes diseñadas para desposeer a las personas palestinas,
facilitar la expansión de los asentamientos y anexionarse la tierra, e insta a
la comunidad internacional a “ejercer la máxima presión para proteger a la
población civil, detener y revertir las políticas de anexión en rápida
expansión y garantizar la rendición de cuentas por décadas de
violaciones de los derechos de las personas palestinas según el derecho
internacional”.
El olivo,
símbolo de resiliencia
Este año, la cosecha de aceitunas
en Cisjordania no ha sido únicamente una labor agrícola, sino una demostración
de la resiliencia y la identidad del pueblo palestino. Los olivos —ese
vínculo vivo con la tierra— siguen siendo arrancados o destruidos, y quienes
los cuidan y viven de sus frutos siguen trabajando bajo la amenaza constante de
ataques. Aun así, los agricultores vuelven cada día a sus campos, plantan y recolectan.
En cada árbol que vuelve a brotar afirman su arraigo y su fortaleza: pase lo
que pase, permanecerán en su tierra.
INFOLIBRE DdA, XXI/6179