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jueves, 2 de julio de 2026

ADIÓS, AITANA ALBERTI LEÓN



Valentín Martín

Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde, nos dejó dicho Marguerite. Llegar tarde o no llegar nunca se parece mucho a una estafa que la oscuridad se guarda con la insistencia de los bastardos en los secarrales. Mientras la inmensidad de tantos amores vivos y muertos dibuja la geografía de pueblos y ciudades, llegan palomas equivocadas con el nombre de Alberti en sus alas que debieron quedarse quietas y no responder a la llamada. Porque es verdad que nos iremos, que tenemos los días contados, los nuestros y los de quienes más queremos. Ahora mismo tengo nostalgia de una ausencia repentina y concreta: la de Aitana Alberti León que ya no podrá acudir a una cita cuando antes José Luis Ferris, el escritor más decisivo, había cocinado para los tres en Madrid. Pasó algo y la charladuría con la hija de Rafael y María Teresa quedó para otra ocasión que no llegaría nunca. Tal vez sea verdad que vivir es dejarse gente y cosas por el camino. Hoy me acuerdo de esto cuando ya no veré nunca a Aitana Alberti León que amó tanto a Cuba que en esta Cuba malherida se ha quedado para siempre, transitando como nadie las revoluciones, la cultura, la memoria de la Generación del 27, las cenizas de su padre, el mármol de su madre, y todo el dolor del exilio en una arboleda perdida.
Hoy, una vez más, si me piden amar a cualquier dios, tendría que decir que se vayan con su música a otra parte.

DdA, XXII/6395

martes, 16 de junio de 2026

LEOPOLDO ALAS "CLARÍN", CRONISTA Y MEDIADOR EN "LA HUELGA DE LA PESETA"

 


Félix Población

Agradezco a mi estimado Luis Miguel Piñera la publicación de este artículo en el diario La Nueva España, cuando se cumplen 125 años de la muerte del protagonista, en el que se nos informa de que lo último que escribió con toda probabilidad Leopoldo Alas "Clarín", autor de La Regenta y de un relato que para algunos de los que formamos parte de mi generación fue decisivo para acercarnos en la infancia a la literatura (Adiós Cordera), fueron cinco crónicas periodísticas publicadas en el mes de febrero de 1901 sobre la primera gran huelga que tuvo lugar en la villa de Gijón y que popularmente fue conocida por La huelga de la peseta. 

Se trata de los últimos textos impresos firmados por Clarín en el citado periódico, cuya labor como crítico literario conocíamos, pero no como cronista de lo que hoy en día sería la sección de Laboral de un diario. Sólo cinco meses más tarde falleció el escritor al que "nacieron" en Zamora en 1852, al ser su padre Genaro García-Alas gobernador ese año de aquella provincia. La esquela se publicó en el diario ovetense El Carbayón, haciendo constar su profesión de catedrático de Derecho de la Universidad de Oviedo, así como los nombres de su esposa Onofre García Argüelles y sus hijos e hija: Leopoldo, Adolfo y Elisa. 

En el artículo de Piñera se habla de la relación que tuvo Clarín con Gijón, en donde asistió a la inauguración del Ateneo Casino Obrero en 1881. También, del día en que Benito Pérez Galdós y Leopoldo Alas, buenos amigos, pasaron la jornada paseando por la villa asturiana un 15 de junio de 1894. Fue con ocasión del estreno de dos obras del escritor canario en el Teatro Jovellanos, La de San Quintín y La loca de la casa

Lo más interesante del artículo escritor por Luis Miguel son esas cinco crónicas que Clarín publicó en el diario El Imparcial sobre La huelga de la peseta, de la que no sólo fue cronista contando sus peculiaridades en la primera página del citado periódico, sino también mediador entre los obreros y la patronal, labor elogiada en el diario El Socialista por Manuel Vigil Montoto, dirigente asturiano del PSOE y director de La Aurora Social. 

"Los obreros del Muelle [puerto interior gijonés] -cuenta Piñera-, nucleados en torno a la sociedad "La Cantábrica", iniciaron una huelga en febrero de 1901 que terminó con cierre patronal y con la paralización de toda la ciudad. No hubo periódicos en Gijón durante todo el mes de febrero (volvieron a estar en la calle el día 1 de marzo) y el día 9 de marzo se levantó el estado de guerra que se había decretado semanas antes. Los trabajadores gijoneses -seguimos leyendo en La Nueva España- pedían una jornada de ocho horas (antes hacían diez horas y media); un aumento de salario hasta llegar a una peseta al día (de ahí el nombre popular que se le dio a la huelga) y una prestación en caso de accidente de trabajo. No atendidas las peticiones y convocada la huelga general en la ciudad, Óscar Olavarría, que era el dirigente de la patronal, reclutó a varios cientos de obreros castellanos para suplir a los gijoneses y, en varias tandas, se incorporaron a los trabajos durante el mes de febrero. Digamos que en no pocos casos esos obreros leoneses terminaron por sumarse al paro y que su llegada a la ciudad era contestada multitudinariamente".

Por si alguien tiene interés en esos últimos escritos de Clarín publicados en El Imparcial, aquí va el primero como muestra, gracias a la amabilidad que ha tenido en procurármelo el cronista oficial de Gijón. Los siguientes se publicaron los días 10,14,16 y 20 de febrero en la primera página y se pueden consultar digitalmente en la Hemeroteca Nacional:


El Imparcial, Madrid, 9 de febrero de 1901

LA CUESTIÓN OBRERA EN GIJÓN

Me encarga El Imparcial que hable a sus lectores, en artículos breves, del conflicto económico de Gijón. Mucho me honra la confianza que en mí se pone; pero es tan difícil el empeño, que casi me pesa de haberlo aceptado. Seguro estoy de mi conciencia, pero no de los medios con que puedo contar para el acierto. Que empiece enseguida el trabajo se me pide; mas como necesito informes seguros, inmediatos, precisos, que sólo puedo adquirir hablando directamente con los que dirigen la acción de la lucha, iré a Gijón y procuraré ver las cosas de cerca, y juzgar por algo mejor que apariencias y rumores. Verdad que los rumores y las apariencias también pueden tener su importancia, en cuestiones como ésta, en que se trata de intereses que tienen un aspecto de vida pública por referirse a la suerte de grandes masas. La opinión, así del público neutral, como de los mismos obreros y patronos que no intervengan en la dirección de los sucesos, como la de las mismas autoridades, puede influir no poco en las vicisitudes de tales conflictos; y esa opinión puede estar fundada en noticias vagas, inexactas.

Así, por ejemplo, la medida de gobierno, que ya es un hecho, de declarar en estado de guerra (para que haya paz) toda la provincia de Oviedo, obedece, pues buena intención hay que suponerla, a malos informes. Si se hubiera ido a beber en las fuentes a que yo he acudido, ya para este primer artículo, se hubiera adquirido la convicción que yo tengo de que podrá haber chispazos parciales de desorden, pero sin que se deba temer el contagio, que sería el que pudiera justificar esos alardes preventivos, y algo provocativos, de fuerza.

Si público “burgués” y gobernantes estuvieran un poco más enterados de cómo está organizada en España parte de la llamada “clase” obrera, para procurar ir mejorando sus condiciones en su relación con el capital, hubieran podido notar estos días, en la marcha que llevan los sucesos de Gijón, en lo que dependen de los obreros (escuela de “sociología práctica” muy digna de atención), que de las dos grandes tendencias que se disputan el predominio en la dirección de la conducta solidaria de los obreros organizados, ha vencido aquí hasta ahora, y todo indica que seguirá venciendo, el criterio de los prudentes, de los cautos, de los que “se apresuran despacio”. Sus fines no son más anodinos que los de los otros, pero son más pacíficos sus medios “actuales”, y menos favorables a la propagación de los conflictos, y sobre todo, de los desórdenes. Como estos artículos han de ser muy cortos, pero han de ser varios, y no puede decirse todo a la vez, prefiero hoy insistir en este aspecto de la cuestión, que es el que perentoriamente interesa al público en general.

¿Debe temerse que la crisis de Gijón se propague a otros grandes centros obreros, por lo menos a los de la provincia? Creo que no. No hay que confundir la asistencia que a los huelguistas pueden prestar los obreros organizados de otras partes, no sólo de Asturias, sino de toda España, con el contagio de la huelga y menos con una actitud levantisca. Los que hablaron, por ejemplo, del viaje de dos mil obreros de Langreo a Gijón, no debían de estar bien informados.

La organización de “clase” de los obreros de España se divide hoy en las dos grandes tendencias indicadas, que “a grosso modo” podemos denominar socialista y anarquista; pero entendiéndose que ni estas dos tendencias dejan de prestarse auxilio y ofrecer cierta solidaridad cuando se trata de intereses comunes de “clase”, ni de tales asociaciones, en la relación meramente “económica, obrera”, están excluidos los trabajadores neutros en punto a ideal de “partido”. La tendencia que en general puede llamarse socialista, tiene una especie de órgano supremo en la “Unión General de Trabajadores”, cuyo comité está en Madrid; institución organizada en forma que podemos llamar federal. “Federación regional de resistencia” creo que se llama otro gran centro, que, como indica su nombre, tiene, entre otros casos, el fin de organizar la resistencia cuando hay que poner en práctica la solidaridad económica, amparando a los obreros sin trabajo por causas que importan a la acción común, como verbi gracia, las huelgas; es decir, ciertas huelgas. Creo que en este organismo predomina, por lo menos, el elemento anarquista. Por supuesto, que aunque su nombre lo indique, también la “Unión General de Trabajadores” tiene entre sus fines el de la resistencia. Parece ser que hay otras asociaciones de obreros, de cierta importancia, desligadas de las dos anteriores, ni de tendencia socialista ni anarquista, a lo menos dentro de partidos oficiales; y creo que es en Andalucía donde radican, teniendo principalmente por objeto intereses del trabajo agrícola. Se me dice que a pesar de las diferentes tendencias, las dos grandes agrupaciones arriba mencionadas prestan su apoyo material a los obreros que lo necesitan, siendo de los organizados, sin distinguir de partido. Más reacias parece que se muestran en este punto esas otras asociaciones que podemos llamar independientes.

En la huelga general de Gijón han empezado a llegar ya auxilios, para la resistencia, de muchos núcleos de España; pero, según mis informes, hasta ahora casi todas las cantidades recibidas provienen de las sociedades que constituyen la “Unión General de Trabajadores”. La “Federación Regional”, por ahora, ha mandado poco, dicen. También se han recibido socorros, pues así pueden llamarse, de entidades obreras ajenas a todos los organismos citados. Naturalmente, los obreros asociados del resto de Asturias también contribuyen a la resistencia; pero hay que notar que el criterio de la tendencia socialista, la predominante, con mucho, entre los organizados y de partido, es que “no deben vaciarse las cajas”, sino ayudar a los de Gijón, con prudencia, pensando en posibles contingencias futuras. Además, y esto es muy importante, repugna esta tendencia -la mejor dirigida, la más disciplinada, creo- un paro más general, que invada a la provincia. Esta conducta es sistemática. Se funda en dos principales razones, una de oportunidad, de “táctica”; otra de “crédito social”, a que atienden mucho estos disciplinados socialistas. Si se extiende el paro, menos dinero hay para ayudar a los de la huelga actual, menos podrían éstos defenderse; pues no se les podrá mandar recursos y habrá que distraer para los nuevos huelguistas algo de lo que hoy va a los de Gijón. Estas huelgas de contagio, inmotivadas, desacreditan, y a la que hay que atender es a la originaria, a la que “simboliza” ahora la lucha con el patrono. No hay que dividir la atención ni la fuerza.

La otra razón para rechazar el paro por “contagio” (para asustar al “burgués” o para irritar al obrero hambriento y provocar la lucha) es que a la “clase” le conviene que sepa el mundo que ella no provoca conflictos “por qué sí”; si viene el paro, que venga por culpa de los patronos. Pues bueno, este criterio templado, que aleja los temores de desorden y de extensión del conflicto, fue el que los elementos de la tendencia pacífica y prudente hicieron triunfar en Gijón cuando, reunidas las diferentes “juntas” de las asociaciones obreras, prevaleció la idea de no provocar el paro general. Hubo quien lo propuso, quien quería intimidar al patrono y al pueblo neutro, llevando a la masa obrera a una situación desesperada, que la arrojara a la violencia. Pero predominó el sentido de orden. Y el paro general, o poco menos, vino, pero por acción de los patronos. Podrían éstos acaso justificarlo (de eso hablaré otro día), pero vino porque ellos quisieron, no por huelga general.

¿No lo ve el gobierno? En Asturias predomina una acción obrera orgánica, seria, disciplinada, que tal vez obra con “las de Caín” para ciertos intereses, pero que aborrece el desorden, la propagación injustificada de los conflictos. Estos obreros, siguiendo tal camino, podrán dar mucho que pensar a los patronos, como capitalistas, pero no es probable que susciten cuestiones de orden público. Claro que precauciones de policía, nadie las hubiera censurado, ni los mismos obreros “cautos”, los de “las manos en los bolsillos”, como diría Iglesias, pues no se puede responder de incidentes aislados, esporádicos, desagradables; pero de eso a declarar la provincia entera en estado de guerra, hay mucha distancia. Malo fuera que el gobierno, con tal aparato militar, provocara aquí un nuevo ejemplar del “Gran Galeoto”, de Echegaray. ¿Para qué sirve, por ahora, el estado de guerra? Para evitar, o dificultar a lo menos, que se junten los núcleos directivos de patronos y de obreros, que, de llegar a una inteligencia, son los que tienen que deliberar y convenirse. Para concluir por hoy, y con objeto de que se vea que ese criterio pacífico y disciplinado que hasta ahora reina entre los obreros ofrece garantías de fuerza para seguir predominando, presentaré algunos datos de la organización obrera en Asturias.

Hay centros meramente “económicos” en que entran obreros con partido y sin partido, y hay centros que llaman “políticos”, es decir, que son socialistas. También hay centros mixtos, económicos y políticos. En Gijón, Oviedo y Avilés hay asociaciones económicas y políticas (socialistas). En Felguera,  tres, económicas. En Langreo mixtas (con 2.000 asociados). En Mieres igual, con 4.000. Lo mismo que en Oviedo, aunque no faltan anarquistas, predominan socialistas, cuya regla de conducta queda explicada en Mieres, Langreo y Avilés. En mi próximo artículo empezaré tratando de la historia de la huelga actual; y anticipo que, según informes, no tuvo origen en la concesión de las ocho horas hecha por el Ayuntamiento a sus operarios, cuando el viaje de la reina. De otras “ocho horas” se trata. CLARÍN

DdA, XXII/6380

viernes, 12 de junio de 2026

ABEJARUCO DANDO RAZÓN DE SU NOMBRE



Jero Milán

Hola a todos.

Ya vuelan por el Terruño los primeros pollos de Abejaruco de esta temporada. Andan cazando por los sotos y los prados de ribera, siendo el azote de insectos de toda condición. No se puede acumular más belleza en un pájaro. Son absolutamente maravillosos.
La otra tarde mientras me sobrevolaban, recordaba yo mis encuentros con ellos. Recordaba esos instantes, esos momentos únicos que compartí esta primavera con estas preciosidades. Y a la vez pensaba en voz alta. Que suerte tenemos los fotógrafos de vida salvaje y sobre todo los amantes de la naturaleza. No se puede ser más feliz con tan poco. Nos basta un encuentro, un momento, un instante especial en el campo para irnos a casa con una sonrisa dibujada en la cara y con una sensación de felicidad plena. A veces es un paisaje, a veces unas luces, a veces un instante, a veces un animal, da igual. Somos felices con el mero hecho de estar ahí, de sentirnos parte de esa naturaleza que amamos, y que nos enseña y nos ayuda a crecer cada día como personas.
Feliz fin de semana a todos.
Saludos y que la naturaleza os guíe.

DdA, XXII/6376

miércoles, 10 de junio de 2026

ÉTICA Y POÉTICA: UN CAMINO DE REGRESO A NUESTRA PROPIA HUMANIDAD

Hay mañanas que se visten de gris en los telediarios y tardes que se salvan gracias a la palabra. El pasado  27 de mayo, la emblemática sala Jazzville de Madrid se transformó en una asamblea de resistencia cultural y humana durante la celebración de la sexta edición de Ética y Poética. El proyecto, impulsado por la Plataforma del Voluntariado de España (PVE), organización que coordina el latido de 84 ONG en todo el país, demostró que la literatura y la acción social comparten la misma raíz.


Paz H. Páramo

El encuentro arrancó bajo el marco del Año Internacional de las Personas VoluntariasMaría Navas, directora de comunicación de la PVE, fue la encargada de abrir la velada con una verdad incómoda y necesaria para los tiempos de codicia y violencia que inundan la actualidad: El voluntariado es donar tiempo, no dinero, y quizás es lo más importante que se puede donar, porque el tiempo no es oro, es vida”. Tras sus palabras, cedió el testigo al poeta, Gonzalo Escarpa, encargado de dirigir esta edición.

«La poesía es solidaridad»

Escarpa firmó un manifiesto sobre el escenario que fijó las reglas del juego de la noche. “No es que la poesía tenga que ver con el compromiso social, es que la poesía es una de las formas más comunes del compromiso”, sentenció el poeta. En un discurso ovacionado por el público, rechazó las etiquetas comerciales y los corsés ideológicos: “No creo que exista una poesía de la solidaridad, porque la poesía es solidaridad. Denuncia injusticias, moviliza conciencias y acompaña luchas colectivas… No existe una poesía del entretenimiento, como no existe un gato policía”.

Citando al pensador Santiago Kovadloff, Escarpa recordó que los seres humanos somos «una tarea por hacer», un proyecto incompleto, exactamente igual que un poema. Y bajo esa premisa de imperfección compartida, dio paso a los «seis recuperadores de los fugaces parentescos de las cosas» que conformaban el impresionante cartel de la noche.

De la infancia herida al latido de la tierra

Rosana Acquaroni rompió el fuego literario haciendo suya la máxima “lo personal es político”. Con una lectura honda y magnética, Acquaroni recorrió versos de su trayectoria, incluyendo poemas de Discordia de los dóciles, un poemario gestado al calor del movimiento 15-M, y pasajes de su aclamado 18 ciervas. Sus versos viajaron desde la crudeza de la memoria familiar y la infancia olvidada (“Soy la hija que te aguardó despierta cada noche…”) hasta el encuentro místico con la naturaleza, regalando a los asistentes una sobrecogedora lección de honestidad lírica.

Fotografías sentimentales de Fran Fernández

El contrapunto musical de la primera mitad de la noche lo puso el cantautor Fran Fernándezquien subió al escenario de Jazzville armado con su guitarra y una sensibilidad desbordante. Fernández recogió el guante del compromiso lanzado por Escarpa, defendiendo el papel del artista como observador de su época. “Entendí hace muchos años que todo aquel que escriba canciones o poemas debe ser también observador de su tiempo. Al final, una canción es una fotografía sentimental o histórica de lo que nos toca vivir”, explicó antes de interpretar un desgarrador tema de denuncia social donde cargó contra la indiferencia global frente al dolor ajeno y la deshumanización de las fronteras.

Posteriormente, el músico cambió el tercio hacia la luz con su tema inspirado en un viaje a Ghana junto a creadores como Rozalén y Pasión Vega, recordando que “el amor es un reloj y tienes que llenarlo de tiempo” y lanzando un mensaje de esperanza: “Aunque haya gente que hace mucho ruido y grita demasiado, en el fondo creo que todavía hay mucha bondad, aunque sea más discreta”.

La velada continuó expandiendo sus fronteras con la intervención de Pilar González España. La poeta, traductora y sinóloga aportó un timbre ancestral al escenario con una propuesta enfocada en exorcizar el egocentrismo contemporáneo. A través de una letanía, González España desnudó las trampas del individualismo en su poema Yo y la mitología de no hacer nada, un texto que resonó como un espejo incómodo en la sala al sentenciar: “Yo y ya pueden caer mil bombas si no es sobre mi cabeza (…) casualmente yo y nada más”.

Tras ella, la cantautora argentina Guada tomó el relevo defendiendo firmemente que «todo arte es político». Sentada ante el público, interpretó en primer lugar No somos lo que nos dicen que somos, una pieza escrita junto a su padre que funciona como un canto de identidad latinoamericano frente a la explotación de sus recursos. Tras finalizar el tema, reivindicó la importancia de regalar no solo el tiempo, sino también la atención, para acto seguido emocionar a la sala con su composición Antes de que la noche se vuelva madrugada, un canto a la justicia, la memoria y la persistencia de la historia compartida.

Su actuación dio paso al torbellino de Alexis Díaz Pimienta, el aclamado rey de la rima que llegó desde Sevilla para demostrar por qué es considerado un chamán del verso. Aunque el público esperaba su faceta puramente improvisada, Díaz Pimienta defendió la poesía escrita leyendo textos de hondo calado social como Otra poética, el durísimo poema La guerra y los niños, denunciando con crudeza la situación de la infancia en Gaza amparado en las demoledoras estadísticas de la ONU, sus sonetos críticos dedicados a los dolores de Cuba, y Los Empalados, una sobrecogedora crítica contra la indiferencia generalizada y el consumo de la violencia a través de las pantallas planas.

Juan Carlos Mestre, profecía de la vulnerabilidad

El broche de oro y la bendición definitiva de la asamblea corrió a cargo del Premio Nacional de Poesía, Juan Carlos Mestre. Definido por Escarpa como «mago del orden y del caos«, Mestre volvió a demostrar por qué es una de las voces más descomunales, generosas y necesarias de las letras contemporáneas, colocándose, como siempre, del lado de las personas más débiles a través del poder absoluto de la poesía. 

​Con su ya icónica fuerza torrencial, el bardo berciano detuvo el tiempo en Jazzville con la lectura de su poema Antepasados («Mis antepasados inventaron la Vía Láctea…»). Su intervención no fue un simple recital, sino una invocación civil; un recordatorio de que la palabra poética es un acto de legítima defensa para los desposeídos y una patria para los que no tienen voz. Mestre envolvió la sala en una atmósfera de misticismo laico al clamar contra los tanques y los lutos ante los masacrados, cerrando su lectura con un rotundo y triplicado «No matarás» que resonó en el silencio de la sala como un mandato absoluto frente a la ruina moral de la fuerza. Como colofón, un momento mágico e imprevisto unió en el escenario a Díaz Pimienta, Guada y Fran Fernández en una improvisación conjunta que encarnó el espíritu del ciclo, la música y la poesía unidas para despertar conciencias.

La sexta edición de Ética y Poética cerró sus puertas en Madrid recordando una vez más a un público, con los teléfonos apagados y el espíritu encendido, que la belleza no es un lujo, sino el único camino de regreso a nuestra propia humanidad.

PERIÓDICO DEL VOLUNTARIADO  DdA, XXII/6373

sábado, 6 de junio de 2026

SI EL FASCISMO ES UN CAPITALISMO DE EXCEPCIÓN, AQUÍ ESTÁ, HABLANDO DE LIBERTAD

Buen momento el de un poemario para entrevistar al escritor y poeta Felipe Alcaraz, que acaba de publicar el titulado Barrio Alto (Final de viaje) y que se declara perplejo en los tiempos que corren, si bien no inmóvil, como le cuenta a Raúl Bocanegra en el diario Público, abriendo la charla con una frase del pueblo que oyó a una mujer de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), justamente en el Barrio Alto. Le preguntaron: ¿Qué? ¿Cómo te va la vida? Y ella respondió: Aquí en la putada de seguir viva. Tenemos que seguir luchando, si no, habrán ganado los que quieren que nos muramos cuanto antes". Frente a a quienes dicen que seamos rigurosos, que esto no es exactamente fascismo, entiende Alcaraz que si el fascismo es un capitalismo de excepción, un capitalismo cabreado en esta etapa, pues sí es fascismo, neofascismo, y vendrá, como decía Saramago, con traje de Armani y con corbata y hablando de libertad.


El histórico dirigente comunista (1943), exsecretario general del Partido Comunista de Andalucía (PCA), exdiputado en el Congreso de los Diputados, expresidente ejecutivo del Partido Comunista de España (PCE) y exportavoz federal de Izquierda Unida, dice que "Sanlúcar de Barrameda, junto a Linares, son de los pueblos de mediana población con más pobreza y paro de Europa. Pero allí es distinto [se vive] de una forma especial, hay un terremoto lento, un thriller inminente de la gente, una lucha, una resistencia frente al Estado, que lo que quiere es que la gente se muera cuanto antes para evitar gastos. Y la gente se defiende", reflexiona.

Para Alcaraz, la poesía también es una herramienta de lucha política. "Las banderas de los pobres —afirma— son la ropa tendida en la azotea tremolando al viento. Es la indicación de aquí están los pobres, que tienen en el atardecer de Sanlúcar su ópera. El atardecer es la ópera de los pobres. Y lo hago desde ese punto de vista de, como diría Machado, la demofilia, del amor por la gente. El padre de Machado firmaba como Demófilo, el que ama a la gente, los artículos". "Todo acto revolucionario, decía el Che, comporta de principio un acto de amor. Esa relación con la gente y cómo resiste, se olvida. Como hay en este país, unos millones de pobres que no se ven", añade Alcaraz.

"Ahí estoy —abunda en este asunto— haciendo poesía como una lucha ideológica más. ¿Por qué? La base de la poesía que hacemos los que no queremos estar en la norma [está en] Bertold Brecht, en Pier Paolo Pasolini, en Blas de Otero, toda esta gente. Aparece entonces una poesía absolutamente distinta, jamás panfletaria, pero de estructura diferente, la que hizo Javier Egea, el poeta de Granada. Es una poesía distinta a la lírica, el alarido del yo profundo. Esta vez el alarido viene de fuera, de los conflictos sociales y también de los internos, pero visto de otra manera. Por ejemplo, lo del amor no es el amor que termina en una joyería, en una tienda o en el Corte Inglés. Es el amor como dijo Alan Badiou: la relación entre dos personas, con independencia del sexo, en una relación especial. Es la unidad mínima de comunismo".

Además de la letra P que inauguran las palabras perplejo y poesía, hay otras dos pes que dan comienzo a los vocablos pintura y, claro está, política, que son otras de las dos cuestiones que ocupan, desde siempre y aún hoy, el tiempo de Alcaraz. La última instantánea de Antonio Machado es el título de la exposición de pinturas que ha inaugurado en Sevilla esta semana, en paralelo a la presentación de su poemario, en la sala El Cachorro, y que estará abierta hasta el próximo 27 de junio.

"He hecho una serie de pinturas a partir de una fotografía que hizo Corpus Barga a Machado en la estación de Portbou, cuando iba de camino a Colliure. Antonio Machado tenía una expresión entre esperanza y desesperación. Con 63 años aparentaba 93. Esa es la última instantánea de Antonio Machado y sobre esa foto he hecho una serie de retratos. Esta última fotografía se oculta a veces porque demuestra lo que es la terrible historia de España, este país de centenares de golpes, asonadas y pronunciamientos. Y esa cara demacrada de Machado, absolutamente rota que intenta al final expresar también algo de esperanza es algo que se está ocultando mucho".

La situación política actual es lo que tiene fundamentalmente "perplejo" a Alcaraz. Así describe el mundo de hoy: "Dicen que seamos rigurosos, que esto no es exactamente fascismo, pero si el fascismo es un capitalismo de excepción, un capitalismo cabreado en esta etapa, pues sí es fascismo, neofascismo y vendrá, como decía Saramago, con traje de Armani y con corbata y hablando de libertad. Entonces, en España esto se traduce en recomponer el inconsciente franquista. Con eso de 'se vivía mejor entonces', están relanzando el inconsciente franquista que se junta con esta gran internacional de Donald Trump, una especie de extraliberalismo, que están creando un nuevo orden mundial".

"Yannis Varoufakis —prosigue— ha hablado de tecnofeudalismo. Creo que no, que es simplemente el capital postmoderno que ha convertido todo en mercado, todo: espacio, obra, materia y carne. El mundo es mercado, todo es mercado. Estamos en un presente rabioso, radical, donde la mentira bien dicha equivale a la verdad y aquí hay que meter la crisis del periodismo y de la política, de la política representativa y la organizada. Hay que salir de esa situación que se va agrandando y que parece que en las próximas generales se puede concretar".

PÚBLICO  DdA, XXII/6369

viernes, 5 de junio de 2026

UN PERRO ES ALGUIEN QUE SE QUEDA A TU LADO CUANDO TODO ESTÁ MÁS OSCURO



Amelia

Me llamo Amelia. Mi marido se llama Leandro. Tenemos setenta y cinco y setenta y seis años, y llevamos casados desde que yo tenía veintitrés.
Me dicen que ya no se hace así, pero nosotros lo hicimos así — y nos fue bien. Nos jubilamos hace diez años. Leandro fue profesor de taller en un instituto, y yo, bibliotecaria. Cuando nuestra hija Marta nos dijo que los nietos ya eran mayores para «acordarse de verdad de la abuela y el abuelo», Leandro anunció que íbamos a recorrer el país en autocaravana antes de que, como él decía, «el cuerpo se acuerde de que está cansado».
Compramos una autocaravana de segunda mano. La preparamos para seis semanas. Llevamos al perro — Rayo, un pastor alemán, ocho años entonces, cuarenta y dos kilos, con esa cara seria, atenta y levemente desconfiada que la raza lleva como uniforme. Leandro lo había criado desde cachorro.
Seis semanas. De este a oeste, por el camino largo. La casa de Marta en el norte fue el principio. Su hermana Cristina en el sur, el final. Todo lo de en medio era simplemente el camino.
Aquella noche fue el cuarto martes del viaje. Estábamos en una carretera que no sabría reconocer aunque mi vida dependiera de ello. Habíamos parado en un arcén amplio de grava para dormir — a Leandro le gustaba conducir mucho y parar tarde, y odiaba los campings de pago. «El campo abierto es gratis», decía. Era una de las pocas cosas en las que tenía opiniones firmes.
Yo leía en la cama del fondo. Él estaba delante, cerrando la cabina para la noche. Y entonces le oí hacer un sonido.
No era una palabra. Era un pequeño «hh» — el sonido que hace un hombre cuando algo le golpea en el pecho sin que lo vea venir — y luego lo oí caer. Se golpeó contra la mesa plegable y se deslizó al suelo de la autocaravana con ese derrumbe lento y lateral que voy a ver el resto de mi vida.
Fui hacia él. Mis rodillas ya no son lo que eran. Fui de todas formas. Me arrodillé a su lado en el suelo, y su cara era gris — no pálida, gris, del color que toma una cara cuando la sangre deja de hacer lo que tiene que hacer — y su mano derecha estaba sobre el pecho y sus ojos estaban abiertos buscándome.
Dije su nombre. Él intentó decir el mío.
Voy a contaros lo que entendí en ese segundo, porque fue lo que determinó todo lo que hice después. Mirando su cara, entendí que no teníamos mucho tiempo. Y entendí que la única posibilidad estaba fuera de la autocaravana, no dentro.
Cogí el teléfono. Sin cobertura. Por supuesto, sin cobertura. Llevábamos dos días perdiéndola y recuperándola.
Me levanté de ese suelo más rápido de lo que me había movido en quince años, fui hasta la parte delantera y miré la carretera. No había nada. Ni faros en ninguna dirección. Solo oscuridad, estrellas y ese silencio que te llena los oídos como algodón.
Yo no conduzco. No he conducido desde 1994, cuando un problema de oído me quitó el equilibrio una temporada, Leandro tomó el volante en silencio y yo en silencio nunca lo recuperé. No podría haber arrancado esa autocaravana. No podría haberla conducido. No podría haber parado un coche que no estaba en la carretera.
En ese arcén tenía dos cosas. Una era un marido muriéndose en el suelo. La otra era un pastor alemán de cuarenta y dos kilos parado en el pasillo, mirándome, esperando, como Rayo siempre miraba y esperaba — con las orejas ya levantadas y todo el cuerpo inclinado hacia delante, como si hubiera notado que la noche había cambiado de marcha antes que yo.
Abrí la puerta de la autocaravana. Señalé hacia la oscuridad. No recuerdo exactamente lo que hizo mi voz, pero las palabras sí las recuerdo, porque no me han abandonado.
— Rayo. Ve. Ve a buscar a alguien. Por favor.
Saltó a la oscuridad tan rápido que apenas vi su silueta desaparecer. Se fue — al aire negro de la noche, a la nada.
Volví con Leandro. Me senté a su lado en el suelo, cogí su mano. Estaba caliente, pero él estaba muy quieto — no quieto como cuando uno duerme, sino quieto como cuando algo dentro hace todo lo posible por no detenerse. Le hablé. No recuerdo qué. Algo sobre Marta y Cristina. Algo sobre que todavía no habíamos llegado al final del viaje. Algo bastante tonto sobre que me había prometido enseñarme la sierra.
No sé cuánto tiempo pasó. Quizás diez minutos. Quizás veinte. En la oscuridad en el suelo de una autocaravana junto a un marido que se está muriendo, el tiempo deja de ser lo que normalmente es.
Y entonces oí algo fuera.
Voces. Una voz de hombre, luego una de mujer. Pasos sobre la grava. Un golpe en la puerta.
— ¡Oiga! ¿Hay alguien? Su perro se ha puesto en medio de la carretera y no se movía. Hemos salido del coche y ha echado a correr hacia aquí, y...
Abrí la puerta.
Era una pareja joven. Treinta y tantos, quizás algo más. Iban de camino hacia el sur. El hombre vio a Leandro enseguida, le dijo algo a su mujer, y ella ya estaba llamando — ellos sí tenían cobertura, otra compañía — mientras él ya estaba junto a Leandro, con una voz tranquila y segura. Resultó ser técnico de emergencias médicas, volviendo de unas jornadas de formación.
Técnico de emergencias. Volviendo de una formación médica. Detenido por un pastor alemán en medio de una carretera vacía a la una de la madrugada.
La ambulancia llegó a los dieciocho minutos.
Leandro había tenido un infarto. Grave, dijeron los médicos después, con esa entonación con la que entendí que si hubiera pasado un poco más de tiempo, la conversación habría sido otra.
Estuvo diez días ingresado. Yo viví en la autocaravana en el aparcamiento del hospital. Rayo vivió conmigo.
Al décimo día, Leandro salió del hospital por su propio pie, apoyado en mi brazo. Vio a Rayo junto a la puerta de la autocaravana. Se arrodilló delante de él — los médicos probablemente no lo habrían aprobado — y lo abrazó con los dos brazos.
Rayo se dejó abrazar. Quieto, serio, con esa cara suya que decía: «Todo en orden. Lo encontré. Lo traje».
A casa llegamos al final. Un poco más tarde de lo previsto.
Cristina salió a la puerta y nos miró a nosotros, luego a Rayo, luego otra vez a nosotros.
— Papá — dijo —, tienes cara de tener algo que contar.
— Lo tengo — dijo Leandro —. Pero primero que entre Rayo. Se lo ha ganado.
Ahora tiene once años. El hocico casi todo blanco. Camina más despacio que antes. Pero cuando Leandro entra en una habitación, sigue levantando la cabeza y inclinándose un poco hacia delante — por si acaso. Como si siempre estuviera listo.
Pienso mucho en aquella noche. En la oscuridad. En la puerta que abrí sin saber si había alguien al otro lado. En cómo dije «por favor» — no a Rayo, creo. Solo a la noche.
Y en que la noche respondió.
¿Creéis que los perros entienden más de lo que pensamos? ¿O que a veces, en el momento justo, aparece exactamente lo que se necesita? Si esta historia os ha emocionado, compartidla con quienes saben que un perro no es solo un animal. Es alguien que se queda a tu lado cuando todo está más oscuro.

DdA, XXII/6368

martes, 26 de mayo de 2026

SILVIO RODRÍGUEZ: SIGUE CRECIENDO LA DECADENCIA DEL MAYOR IMPERIO DE LA HISTORIA

Este otoñó visitará diversas ciudades de España el cantautor cubano, casi medio siglo después de aquella primera gira en 1977, cuando nuestro país inauguraba la llamada transición democrática. Silvio Rodríguez aún gasta papeles para recordar, “para anotar e incluso para desvariar”, responde a la pregunta de si, bien entrados como estamos en la era digital y al filo de sus seis décadas de carrera, sigue emborronando cuadernos a mano con primeras versiones. “… Claro, después todo eso se transforma en bits”, añade. Días atrás anunció con un video en redes sociales su próxima gira: un recorrido por ocho ciudades españolas entre septiembre e inicios de octubre. En el país ibérico se presentó por última vez en 2021, y debutó en 1977. Aquel fue un año fundamental en la transición española, con la celebración de las primeras elecciones democráticas, después del fin de la dictadura franquista.


Vía correo electrónico le pedimos una breve evocación de aquella experiencia vivida hace casi medio siglo, y algún adelanto sobre los conciertos que vendrán. Mientras aguarda que se complete la instalación de paneles solares en su estudio para sortear los apagones diarios y poder comenzar los ensayos, nos hace llegar estas respuestas.

¿Cómo fue la gira que te llevó a España por primera vez?

Nos presentamos en colegios mayores y en pueblitos. Duró como mes y medio. También estuvimos en eventos, en fiestas regionales. Recuerdo que hubo un estadio, en Málaga, supongo que por alguna fiesta.

¿Qué representó para tu carrera?

Primero, la impresión de conocer España, sabiendo que parte de mis ancestros procedían de por allá. Tenía 30 años. El año anterior había viajado dos veces a la República Popular de Angola, en plena guerra. Había olvidado un poco este otro tipo de viaje. Algo bueno que recuerdo es que aquella gira sirvió para que latinoamericanos de países con gobiernos militares conocieran nuestro trabajo y enviaran nuestras canciones a sus países, tanto en casetes como en vinilos camuflados con otras portadas de discos. De esto nos enteraríamos años después, cuando pudimos visitar esos países.

Según la promoción, celebras 50 años de carrera, ¿qué repertorio llevarás? ¿Con qué criterio seleccionas las canciones para celebrar tu vida artística a partir de una obra tan prolífica?

En realidad son casi 60. Empecé profesionalmente el 13 de junio de 1967, en el programa de televisión "Música y Estrellas". Esto quiere decir que cuando llegue a España voy a haber cumplido 59 años de carrera profesional como trovador, y harán 49 años de mi primera visita a ese país. La idea es hacer temas de todos los tiempos: de aquellos iniciales, de los del medio y de algunos últimos también.

Recorrerás ocho ciudades entre septiembre y octubre. ¿Alguna o algunas de ellas tienen una significación especial para ti?

La verdad es que siento afecto por todas las regiones del Estado español. De todas partes guardo recuerdos especiales en algún sentido. Del País Vasco siempre he recibido enormes muestras de solidaridad con nuestra isla. En Cataluña tengo un nieto, un hijo y una nuera. En Valencia está o estaba una tremenda Asociación de Solidaridad con Cuba. Con Galicia acabo de hacer una colaboración, con Uxía, en un tema suyo dedicado a la escritora Begoña Caamaño, que además fue mi amiga. En Alicante tengo a Antonio Gades, un hermano inmortal; y más andaluza que mi querida Pepa Flores, habría que mandarla a hacer. En Granada tengo a Paco Marín, un luthier asombroso y buen amigo. Imagínate en Madrid, donde tengo a los Aute, que son mi familia. Tengo tantos amigos en toda la península, tantos recuerdos, tantas buenas vivencias, que siempre que regreso a España es como continuar una conversación que interrumpimos hace un rato.

Has dicho alguna vez que desde que empezaste a actuar piensas que cada gira puede ser la última, y que nunca te consideraste “un animal de escena”. ¿Qué te llevó a decir sí a esta gira?

Me llevó a decir sí el hecho de que hace un lustro que no hacía conciertos por allá. Y porque son jóvenes y afectuosos los organizadores, y me caen bien.

¿Habrá concierto de partida en La Habana?

O de regreso. Aún no lo hemos decidido.

¿Cómo se prepara una gira internacional desde una ciudad que resiste el coma inducido de un bloqueo de combustibles (y de tanto más)?

Es un lío constante la falta de petróleo. Nos golpea con el transporte y la electricidad. En [los Estudios] “Ojalá" estamos en proceso de colocar paneles solares, para poder grabar y ensayar. Por suerte, los ensayos no requieren de burocracia estatal alguna. Los músicos siempre estamos dispuestos y trabajamos las horas que sean necesarias.

El diálogo musical con artistas jóvenes —exponentes del trap, el reguetón, el rap— supone un cruce entre mundos distintos o distantes. ¿Qué te parecen estos géneros?

Me parecen productos de los tiempos y de las tecnologías.

A propósito de géneros, siempre has dicho que en tu búsqueda creativa das importancia a que cada trabajo tenga vida propia, que no se parezca a otro; también has incursionado en numerosos estilos musicales y formatos, ¿hay alguno que no hayas explorado y te gustaría hacerlo?

Me hubiera gustado desarrollarme más orquestalmente. Inconforme con eso, en el año 2000 me propuse orquestar un largo y variado trabajo para el que compuse bastante y que llamé “Expedición". Por otra parte, es muy difícil no parecerse a uno mismo, mucho más cuando se ha andado un buen tramo. Hay recurrencias que son inevitables. A esas características algunos les llaman “estilo”. Cuando empecé a componer me preocupaba –y lo expresé– que mis trabajos se parecieran entre sí. Por esa razón he sido muy autoexigente, aunque determinadas recurrencias o preferencias es imposible que no se manifiesten (en definitiva, uno es uno mismo, mal que le pese).

Junto al músico y productor argentino Alejo Stivel has lanzado la canción “Déjame en paz”, con un videoclip hecho con inteligencia artificial. ¿Qué piensas sobre la IA, “gran tema” del momento? ¿Te interesa experimentar con ella en tu trabajo?

En cosas como ese video, que realmente es magnífico, me parece bien experimentar con la IA. Pero en lo que es mi trabajo composicional, prefiero seguir “a la antigua”, como decía aquel cuento.

¿Cuál es el lugar de un artista en un momento histórico marcado por tanta fragmentación y tanto ruido?

Creo que está bien que cada cual decida cómo conducirse. Yo me confieso producto de mi geografía, de mis circunstancias históricas, de la familia que me tocó tener. Tomando en cuenta todo esto, hay comportamientos que me son esenciales. Hay principios que me han formado y que, sencillamente, son parte de mis huesos, de mi espíritu: ser solidario, respetuoso, humanista… Son cosas sin las que no sabría vivir.

Tu lista de colaboraciones recientes es muy diversa: del rapero argentino Milo J, X Alfonso, hasta Chico Buarque, que no necesita presentación. ¿Qué buscas al compartir una canción con alguien? ¿Hay un criterio, una intuición?

Empiezo aclarando que no siempre tengo tiempo para aceptar invitaciones, cosa que lamento. En los casos que ha sido posible, he buscado complacer a quienes me invitan a colaborar con su trabajo. El criterio que sigo es que me guste la canción, sentirme bien interpretando la música y las palabras propuestas. Así me pasó con Camilo: me gustó mucho su canción y por aquellos días pude dedicarle algo de tiempo. En el caso de Alejo, parte del texto es mío, porque escribimos a cuatro manos la canción. El caso de Chico es muy especial, porque fue un gesto solidario que él ha tenido con Cuba, en nuestra dura situación actual. Él vino hasta La Habana a grabar en nuestro estudio Ojalá, con un gesto de hermano. Con él vinieron su esposa, la abogada Carol Proner, y su hijo Francisco, que hizo el video. Fue una acción solidaria con Cuba.

Comenzaste tu oficio antes de mediados de los 70. ¿Nos compartes una memoria de tus primeros momentos a solas con la guitarra, y de cuando empezaste a encontrar en esa relación un camino de vida?

Sí, como expliqué antes, llevo 59 años de carrera profesional en la música. Mis primeros momentos a solas con la guitarra fueron durante mi servicio militar en 1964 (primer llamado), en el campamento militar de Managua. Desde que tuve mi propio instrumento, cada instante que pude lo dediqué a superarme e intentar escribir canciones. Como en aquel primer llamado daban muy pocos pases, tuve muchas noches solo, practicando, tratando de ampliar mi escaso universo guitarrístico. En los festivales de aficionados de las FAR empecé a cantar mis temas, con un compañero llamado Luis López. El último año de servicio lo pasé en la revista "Verde Olivo", donde me daban pase los fines de semana. En uno de ellos, el periodista y narrador Guillermo Rosales, amigo mío desde el semanario Mella, me llevó a conocer a Belinda Romeu, que tocaba la guitarra y hacía canciones como yo. Aquella noche conocí a su padre, Mario Romeu, un pianista extraordinario y director de la orquesta de la radio y la televisión. Fue Mario quien me puso ante las cámaras, aquel martes 13 de junio de 1967.

Cincuenta y nueve años de carrera son también cincuenta y nueve años de vida en Cuba. ¿Cómo describes la distancia entre el país en el que empezaste a cantar y el de hoy?

En 1967 ya teníamos bloqueo, pero también más posibilidades y amigos. Faltaba mucha épica. El Che aún vivía y estaban activas las ideas tercermundistas de la Tricontinental. Estábamos a tres años de la zafra del 70 y a punto de la Ofensiva Revolucionaria, lo que significó la estatalización de toda actividad laboral del país (error que se entiende por la influencia del campo socialista, pero que todavía estamos pagando). Yo era un exrecluta (la gente nos llamaba “hombres de 7 pesos”). De pronto me propusieron un programa de televisión semanal y 100 pesos mensuales de sueldo. Yo vivía con mi madre y mi hermana menor y pedí 200. Ese fue mi sueldo histórico casi hasta que me jubilé, a los 60 años. Fuimos una juventud patriótica y también rebelde, contestona. Nos querían, pero no todo el tiempo (y mucho menos todo el mundo). Por suerte, hubo personas como Haydée, como Alfredo, como el mismo Fidel, que se preocuparon por los que empezábamos. La inmensa mayoría de mis compañeros de generación han muerto; algunos viven fuera. Hoy sigue creciendo la decadencia del imperio más grande de la historia humana, lo que arrastra al mundo político, económico y propagandístico. Se cometen genocidios como el de Palestina a la vista de todos. Los principios que el fin de la Segunda Guerra Mundial fijó son pisoteados. La ONU, anulada. ¿Hará falta una guerra nuclear para volver a la decencia? Dicen que después no quedaría mucha vida. Los abusadores siguen usando ese chantaje.

On Cuba News DdA, XXII/6356

viernes, 15 de mayo de 2026

SANGRE QUE ATESORABA PARA EL AMOR SUS DONES


Lazarillo

Acabamos de tener noticia de la llegada a las librerías de una nueva obra del historiador Mario Amorós, del que tuvimos el gusto de leer varias biografías, todas excelentes, como las de Pablo Neruda, Salvador Allende o Dolores Ibarruri. Ahora Amorós nos obsequia con la del poeta Miguel Hernández, del que también estos días se han publicado en Alianza Editorial sus escritos periodísticos durante la guerra, despreciados por Andrés Trapiello en un artículo publicado en el diario El Mundo, donde critica con insania el editor de la obra, Joaquín Riera Ginestar, lo que impulsó a éste a la correspondiente réplica. De ambos libros esperamos dar cumplida cuenta en este DdA porque los dos me parecen imprescindibles, aunque Trapiello prefiera a Chaves Nogales, que puede que escribiera mejor de la guerra como profesional del periodismo, pero que no la contó tan de cerca como lo hizo Hernández.  Por quitarnos el mal sabor de boca que dejan siempre estas menudencias, sobre todo cuando se notan en exceso filias y fobias, recuperamos este poema de Miguel Hernández, que no necesita más crédito que el de sus versos -escribiendo dos años después del comienzo de la guerra- para llegarnos al alma:

Es sangre, no granizo, lo que azota mis sienes
Son dos años de sangre: son dos inundaciones.
Sangre de acción solar, devoradora vienes,
hasta dejar sin nadie y ahogados los balcones.
Sangre que es el mejor de los mejores bienes.
Sangre que atesoraba para el amor sus dones.
Vedla enturbiando mares, sobrecogiendo trenes,
desalentando toros donde alentó leones.
El tiempo es sangre. El tiempo circula por mis venas.
Y ante el reloj y el alba me siento más que herido,
y oigo un chocar de sangres de todos los tamaños.
Sangre donde se puede bañar la muerte apenas:
fulgor emocionante que no ha palidecido,
porque lo recogieron mis ojos de mil años".
18 de julio 1936, 18 de julio 1938

DdA, XXII/6346

miércoles, 13 de mayo de 2026

MURIÓ "EL CABRERO", PASTOR DE NUBES, AL QUE EL MIEDO HIZO REBELDE


Ana Cardo

Muchas de las letras de las canciones del cantaor flamenco El Cabrero, fallecido ayer en Sevilla a los 81 años de edad, fueron escritas por su compañera de vida Elena Bermúdez, como ésta de Pastor de nubesque data del año 2011 y habla del nacer y el morir: "Nací una tarde de octubre / cuando pardean los cerros / y en el llano los rastrojos / tapizan los barros negros. / Cuna de cabrero pobre / pañales de trapos viejos / de dolor fue el primer grito / el segundo fue de miedo / Si el dolor templó mi voz / como a los buenos cencerros / el miedo me hizo rebelde / en vez de hacerme borrego. / Amaneceres de frío, atardeceres de acero / mi infancia fue una ilusión / si la tuve, no me acuerdo. / Por eso, a veces me paro / a jugar con lo que encuentro / a la piola con el alma / y al escondite con el tiempo / Y cuando el tiempo me gane / Ya cansado y para viejo / jugaré a pastor de nubes / y a sacar coplas al viento".

DdA, XXII/6344